Si llegaste aquí buscando ciberbullying qué hacer, probablemente ya viste algo: un grupo de WhatsApp donde se ríen de tu hijo, una cuenta falsa con su nombre, una foto que circula, mensajes que le llegan a cualquier hora. Y probablemente también sentiste el impulso de hacer dos cosas a la vez: escribirle al agresor y quitarle el celular a tu hijo. Las dos empeoran el problema. Esta guía te dice, en orden, qué hacer en las primeras horas, cómo guardar las pruebas para que sirvan, qué te debe el colegio según la ley chilena vigente desde julio de 2026, cuándo el ciberacoso es delito y dónde se denuncia, y cómo cuidar la salud mental de tu hijo mientras tanto.
Todo lo que sigue tiene respaldo: metaanálisis sobre qué pasa con los niños y adolescentes que sufren ciberacoso, estudios sobre qué estrategias frenan de verdad la agresión, los artículos exactos de la Ley 21.809 y del Código Penal, y datos chilenos recientes. Donde la evidencia es débil, lo digo.
Ciberbullying qué hacer: la respuesta corta
Ante el ciberbullying, el orden importa: escucha sin castigar (y prométele a tu hijo que no le vas a quitar el celular por contarte), guarda las pruebas antes de bloquear a nadie (capturas con fecha, hora, nombre de usuario y enlace), no respondas ni dejes que él responda, bloquea y reporta en la plataforma, y presenta una denuncia por escrito en el colegio, que por ley debe activar un protocolo con plazos. Si hay amenazas, difusión de fotos íntimas, extorsión o suplantación, denuncia además a la PDI, a Carabineros o a la Fiscalía. Y si aparecen señales de depresión o ideas de muerte, consulta a un profesional esa misma semana, porque el riesgo es real y está medido.
¿Qué es el ciberbullying y en qué se diferencia del bullying de patio?
El ciberbullying (o ciberacoso) es el acoso escolar que se ejerce por medios digitales: mensajes, redes sociales, videojuegos en línea, grupos de chat, cuentas falsas, difusión de fotos o videos. Sigue siendo bullying, con sus tres marcas: intención de dañar, repetición y desequilibrio de poder entre quien agrede y quien recibe; de hecho, un estudio con 893 escolares españoles mostró que las mismas variables que predicen el bullying presencial predicen también el ciberbullying, sumadas a las propias del entorno virtual (Casas, Del Rey y Ortega-Ruiz, 2013, a partir de la definición clásica de Olweus). En Chile la definición legal lo incluye desde 2011: la Ley 20.536 definió el acoso escolar como el hostigamiento reiterado que provoca “maltrato, humillación o fundado temor”, “ya sea por medios tecnológicos o cualquier otro medio”. La Ley 21.809, publicada el 1 de abril de 2026 y en vigor desde el 1 de julio de 2026, reescribió ese artículo y mantuvo la frase: acoso escolar es también el que se hace “por medios tecnológicos”, dentro o fuera del establecimiento.
Lo que cambia respecto del bullying de patio es la forma, y esa forma pesa. Coloroso (2008) recoge cuatro razones por las que el daño puede ser mayor: las comunicaciones en línea pueden ser extremadamente crueles; no hay escapatoria, porque la victimización es continua, las 24 horas; el material puede distribuirse por todo el mundo y a menudo no se puede recuperar; y quien acosa puede ser anónimo y reclutar a desconocidos. A eso se suma algo que los padres suelen subestimar: el niño acosado por internet no descansa al llegar a la casa. El celular que tiene en la mano es el lugar donde lo acosan.
Otra diferencia práctica: casi nunca viene solo. Un metaanálisis de 42 estudios con 266.888 niños y adolescentes encontró que alrededor de un tercio de las víctimas de bullying presencial también sufría ciberacoso, y que solo un tercio de las cibervíctimas estaba libre de acoso presencial (Li, Wang, Martin-Moratinos, Bella-Fernández y Blasco-Fontecilla, 2024). Otro metaanálisis de 80 estudios llegó a lo mismo desde el otro lado: el bullying presencial es el doble de frecuente que el ciber, y los dos van muy correlacionados (Modecki, Minchin, Harbaugh, Guerra y Runions, 2014). En la práctica, si tu hijo está siendo acosado en un grupo de WhatsApp del curso, lo más probable es que también lo esté en la sala. Pregunta por las dos cosas.
¿Qué tan común es el ciberbullying y qué consecuencias tiene?
En el metaanálisis de Li et al. (2024), la tasa promedio de cibervictimización fue de 11,1 % (frente a 24,3 % de victimización presencial). En Chile no hay una cifra nacional equivalente para escolares, pero el SIMCE 2024 aporta una pista desde la mirada de los profesores: en II medio, un 53 % de los docentes declara observar estudiantes que molestan a sus compañeros por redes sociales, y un 34 % amenazas a través de plataformas digitales, según la Radiografía de la Convivencia Escolar 2025 de Acción Educar, elaborada con datos de la Agencia de Calidad de la Educación.
Por qué importa: el ciberacoso no es “cosa de adolescentes que se pasan de la raya”. Es uno de los factores de riesgo mejor documentados para depresión y conducta suicida en esta edad.
- Una revisión sistemática con 156.384 menores de 25 años calculó que las víctimas de ciberacoso tienen 2,35 veces más probabilidad de autolesionarse y 2,10 veces más de presentar conductas suicidas que quienes no lo sufren (John et al., 2018).
- Un metaanálisis publicado en JAMA Pediatrics encontró que la victimización por pares duplica el riesgo de ideación suicida (OR 2,23) y de intentos (OR 2,55), y que el ciberbullying se relacionó con la ideación suicida más fuertemente que el bullying presencial (van Geel, Vedder y Tanilon, 2014).
- Cuando se juntan los dos tipos de acoso, el riesgo se multiplica: en Li et al. (2024), el OR de ideación suicida fue 3,52 para quien solo sufría ciberacoso y 6,64 para quien sufría ambos; el de intento de suicidio, 3,52 y 7,82.
- La relación con la depresión es consistente en 57 estudios de 17 países (Hu, Bai, Pan y Li, 2021), y un metaanálisis reciente de 27 estudios longitudinales confirma que el ciberacoso predice síntomas de salud mental meses después, con un efecto pequeño pero constante (Lee et al., 2026).
En Chile la relación también se ha medido. En una muestra de 2.370 chilenos de 15 a 29 años de todas las regiones, la cibervictimización se asoció a síntomas depresivos a través del miedo a quedarse solo (Varela, Hernández, Miranda, Barlett y Rodríguez-Rivas, 2022), y una encuesta probabilística nacional publicada en la Revista Médica de Chile mostró que, a todas las edades entre 15 y 29, la probabilidad de síntomas depresivos sube a medida que sube el nivel de ciberagresión (Rojas, Bravo, Miranda, Varela y Pacheco, 2024). Hay un efecto más silencioso que también deja huella: en la encuesta escolar de Estados Unidos, los adolescentes ciberacosados faltaban más al colegio por miedo, con un riesgo entre 1,8 y 2,1 veces mayor (Grinshteyn y Yang, 2017).
Nada de esto significa que tu hijo vaya a deprimirse o a hacerse daño. Significa que el ciberacoso es un problema de salud, no de disciplina, y que la respuesta tiene que incluir cuidar cómo está él, no solo frenar al agresor.
Paso 0: por qué tu hijo no te lo contó (y qué hacer con eso)
Antes de actuar, conviene entender por qué te enteraste tarde o de rebote. Las razones para callar son las mismas del bullying presencial (vergüenza, miedo a la represalia, la idea de que nadie puede o quiere ayudar, la regla de no “sapear”), y Coloroso (2008, pp. 213-214) añade una específica del ciberacoso: el miedo a que, si cuentan, los padres les quiten el celular o les restrinjan internet. Para un adolescente eso es perder su vida social entera, y muchos prefieren aguantar.
Los datos confirman lo difícil que es pedir ayuda. En una muestra de 2.054 adolescentes noruegos, solo el 9,7 % había buscado ayuda externa en seis meses; sufrir bullying presencial aumentaba la probabilidad de pedirla, pero sufrir ciberbullying no (Kaiser, Kyrrestad y Fossum, 2020). Y en Australia, entre 2.338 jóvenes de 12 a 18 años, las cibervíctimas tenían peor salud mental, tendían a no usar los servicios de apoyo en línea y estaban más conectadas después de las once de la noche; padres y amigos seguían siendo su principal fuente de ayuda (Spears, Taddeo, Daly, Stretton y Karklins, 2015). Sí hay una buena noticia: cuando se les pregunta a los propios adolescentes, más del 88 % dice que revelaría un ciberacoso, y los más jóvenes consideran útiles a los padres y a la policía (Betts, Spenser y Baguley, 2022). Quieren contarlo. Lo que necesitan es la certeza de que contarlo no les va a costar el teléfono ni una escena.
Si sospechas y aún no tienes confirmación, las señales son las mismas del bullying presencial (dolores de cabeza y de estómago sin causa, problemas para dormir, no querer ir al colegio, irritabilidad, retiro de amigos), con un matiz digital: cambia el ánimo justo después de mirar el celular, lo esconde o lo apaga de golpe cuando entras, cierra cuentas o crea otras nuevas, o al revés, no quiere soltarlo nunca. Hay una guía completa de señales de bullying en niños por edad en este mismo sitio.
Paso 1: escuchar sin castigar (y no quitarle el celular)
La primera conversación decide si vas a tener las siguientes. Coloroso (2008, p. 214) lo dice sin rodeos: asegúrale de antemano que no le vas a quitar el celular ni el computador por haber sido víctima. Quitárselo es, desde su punto de vista, castigarlo a él por lo que otro le hizo, y lo deja aislado justo cuando más necesita a sus amigos.
Qué hacer en esa conversación:
- Empieza por cómo se siente y después pregunta por los hechos. “Cuéntame” funciona mejor que “¿por qué no me dijiste?”.
- No minimices (“son cosas de internet, no les hagas caso”) ni dramatices (“los voy a destruir”). Las dos reacciones hacen que deje de contarte.
- Pregunta desde cuándo, quiénes, en qué plataformas, si también pasa en el colegio, y si él ha respondido algo. Sin tono de interrogatorio.
- Dile lo que vas a hacer y hazlo con él, no a sus espaldas. Los adolescentes temen que los padres “vayan al colegio” y lo empeoren; que participe en decidir los pasos reduce esa sensación.
- Si te pide que no hagas nada, escúchalo entero y luego explícale por qué no actuar no es una opción. Coloroso (2008, p. 218) es tajante: con el ciberbullying, la inacción nunca es una alternativa.
Esto no es solo buen trato: el apoyo de los padres es uno de los pocos factores que amortiguan el daño. En un estudio con 908 adolescentes de 13 a 15 años seguidos durante un año, el apoyo parental percibido debilitó la relación entre la cibervictimización y la depresión, las quejas de salud y la autolesión medidas un año después (Wright, 2024). Y en seis colegios de Santiago, el apoyo familiar se asoció a menos cibervictimización y el conflicto familiar a más (Rodríguez-Rivas, Varela, González y Chuecas, 2022). Cómo reaccionas hoy es parte del tratamiento.
Paso 2: guardar las pruebas antes de borrar o bloquear
Este paso va antes de bloquear a nadie, y es el que más gente se salta por el apuro de hacer desaparecer el contenido. Sin pruebas, el colegio no puede investigar y la policía no puede hacer nada. Coloroso (2008, p. 215) lo resume en una palabra de su regla SCBT: copiar (Copy) todos los mensajes y fotos antes de cualquier otra cosa.
Cómo guardar pruebas que sirvan:
- Capturas de pantalla completas, donde se vea el nombre de usuario o número que envía, la fecha y la hora, y el contexto (no solo el mensaje recortado). En un perfil o publicación, captura también la dirección (URL) y el nombre de la cuenta.
- No borres nada del teléfono de tu hijo: ni los mensajes, ni las conversaciones, ni las fotos recibidas, aunque duelan. Si él ya borró, revisen si la conversación se puede exportar o si otro compañero conserva el contenido.
- Exporta las conversaciones (WhatsApp, Instagram y otras aplicaciones permiten exportar o descargar el historial) y guarda el archivo en un lugar que no dependa del teléfono.
- Graba la pantalla si el contenido es un video, una historia que desaparece a las 24 horas o un mensaje que se autodestruye.
- Anota en un documento aparte una cronología: qué día empezó, qué pasó cada vez, quién estaba en el grupo, quién lo vio. Con fecha. Esa cronología es lo que vas a entregar al colegio y, si corresponde, a la policía.
- Guarda dos copias (por ejemplo, una carpeta en la nube y un correo enviado a ti mismo con los archivos adjuntos).
Si hay fotos o videos íntimos de un menor de edad, no los reenvíes a nadie, ni siquiera “para que vean lo que pasó”: reenviar material sexual de un menor es un delito en sí mismo, aunque la intención sea buena. Guarda la captura de que existe y entrégala solo a la policía o a la Fiscalía.
Paso 3: no responder, bloquear y reportar en la plataforma
Ahora sí. Con las pruebas guardadas, el orden es: no responder, bloquear, reportar.
No responder. Ni tu hijo ni tú. Coloroso (2008, p. 214) explica que cualquier respuesta, incluso una asertiva que en el patio funcionaría, suele alimentar el ciberacoso: puede usarse para presentar a la víctima como provocadora o puede copiarse y editarse para “poner palabras en su boca”. Tampoco le escribas al agresor ni a sus padres por redes sociales: lo que digas en caliente termina circulando como captura.
Bloquear y reportar. Bloquea al agresor y a las cuentas que difunden el contenido, reporta los mensajes y publicaciones en la plataforma (todas las grandes redes tienen un canal para denunciar acoso, suplantación de identidad y difusión de imágenes íntimas), y pide la eliminación del contenido. Si la cuenta es falsa y usa el nombre o la foto de tu hijo, repórtala como suplantación. Si hace falta, cambien número, nombre de usuario o cuenta.
Qué dice la evidencia sobre esto: en un estudio con 2.092 niños y adolescentes checos, 422 de ellos atacados en línea, las estrategias que las víctimas juzgaron más eficaces para frenar la agresión fueron las soluciones técnicas (bloquear contactos), buscar apoyo e ignorar a propósito al agresor; la represalia fue poco frecuente en todos los grupos (Machackova, Cerna, Sevcikova, Dedkova y Daneback, 2013). Pero el mismo estudio deja una advertencia: para las víctimas de ciberbullying grave y prolongado, esas estrategias resultaron menos eficaces, aunque las usaran igual de seguido. Traducido: bloquear y reportar sirve, y hay que hacerlo, pero cuando el acoso lleva semanas o viene de varios compañeros, no basta. Ahí entran el colegio y, si corresponde, la ley.
Paso 4: denunciar el ciberbullying en el colegio (lo que te debe la ley)
Aunque el acoso ocurra en un grupo de WhatsApp a las once de la noche, si quienes acosan son compañeros, el colegio tiene la obligación legal de actuar. Es el punto donde más padres se frustran (“me dijeron que como fue fuera del colegio no pueden hacer nada”), y es falso: el artículo 16 B del DFL 2 de 2009, tal como lo reescribió la Ley 21.809, define el acoso escolar como el hostigamiento reiterado realizado “dentro o fuera del establecimiento educacional”, “sea por medios tecnológicos o por cualquier otro medio”.
Lo que la ley obliga al colegio desde el 1 de julio de 2026 (los establecimientos tienen plazo de adecuación hasta abril de 2027, según la ficha oficial de Ayuda Mineduc):
- Activar el protocolo. El artículo 16 B dice que el establecimiento “deberá activar oportunamente el protocolo contra el acoso escolar contemplado en su reglamento interno y de acuerdo a los plazos que éste disponga”.
- Investigar con plazo. El reglamento debe fijar etapas y plazos de investigación, garantizar que los involucrados sean oídos y evitar la revictimización; “en el caso de estudiantes el plazo máximo de investigación será de dos meses” (artículo 16 E, letra g).
- Apoyar a la víctima. Respecto de la persona afectada, el reglamento debe contemplar “medidas de apoyo psicosocial y acciones de reparación” (artículo 16 E, letra g). No solo sancionar al otro: cuidar al tuyo.
- Un canal confidencial. Cada colegio debe tener un canal “seguro y confidencial para recibir denuncias con reserva de identidad” (artículo 16 E, letra e). Si tu hijo o un compañero testigo no quiere exponerse, ese canal existe por ley.
- Deber de reportar. Todo el personal y los adultos de la comunidad escolar tienen el deber de reportar al equipo directivo cualquier información sobre hechos que puedan constituir acoso (artículo 16 E, letra f). Un profesor que “se enteró” no puede guardárselo.
- El reglamento en tu mano. El colegio debe entregar el reglamento interno a los apoderados al momento de la matrícula, en papel o en formato digital, y tenerlo en su sitio web (artículo 16 G). Pídelo: ahí están el protocolo y sus plazos concretos.
Cómo presentar la denuncia para que active todo lo anterior:
- Por escrito, al encargado o coordinador de convivencia escolar (la ley homologa a los encargados actuales al nuevo cargo de coordinador de convivencia), con copia a la dirección. Un correo sirve; pide acuse de recibo.
- Con los hechos concretos: quién, cuándo, en qué plataforma, qué se dijo o publicó, quiénes participaban y quiénes lo vieron. Adjunta las capturas (Paso 2), no las describas.
- Nombra la ley: “presento esta denuncia de acoso escolar por medios tecnológicos en los términos del artículo 16 B del DFL 2 de 2009, modificado por la Ley 21.809, y solicito la activación del protocolo del reglamento interno”.
- Pide tres cosas: que se activen medidas de protección inmediatas para tu hijo, que se te informe el plazo de la investigación y que se te comunique el resultado por escrito.
- Guarda copia de todo lo que envíes y de todo lo que te respondan.
Si el colegio no responde, o responde que “no es tema del colegio”, la Superintendencia de Educación recibe denuncias en línea y en el 600 3600 390. En 2025 recibió 17.076 denuncias por convivencia escolar, 5.396 de ellas por maltrato entre estudiantes (Acción Educar, 2025). La Superintendencia fiscaliza que el colegio cumpla su propio reglamento; no investiga el hecho en lugar del colegio, pero puede sancionar al establecimiento que no lo hace. Si no sabes cómo redactar la denuncia escolar, hay un artículo aparte sobre cómo intervenir con los padres de un niño con bullying y el pilar del cluster explica qué es el bullying y sus tipos.
Paso 5: cuándo el ciberacoso es delito en Chile y cómo denunciarlo
La mayor parte del ciberacoso entre escolares se resuelve en el colegio. Pero hay conductas que, según el caso, pueden constituir delito, y ahí corresponde denunciar además a la policía o a la Fiscalía. Los siguientes son los tipos penales que con más frecuencia se relacionan con el ciberacoso; si una conducta concreta encaja o no en ellos lo decide la Fiscalía y, en su caso, un tribunal, no esta guía:
- Amenazas. El artículo 296 del Código Penal castiga al que “amenazare seriamente a otro con causar a él mismo o a su familia” un mal que constituya delito, y considera agravante que las amenazas se hagan “por escrito”. “Te voy a matar”, “sé dónde vives” o “voy a subir tus fotos” por chat entran en esta categoría cuando son verosímiles.
- Trato degradante a un menor. La Ley 21.013 (2017) incorporó el artículo 403 ter: “el que sometiere” a un menor de 18 años “a un trato degradante, menoscabando gravemente su dignidad” comete delito. Una campaña sostenida de humillación contra un niño puede calificar.
- Difusión de imágenes o conversaciones privadas. El artículo 161-A castiga a quien, sin autorización, capte o grabe imágenes, hechos o comunicaciones de carácter privado en lugares que no son de libre acceso al público, y con “igual pena” a quien las difunda. Compartir una foto tomada en el baño o en la casa de alguien, o filtrar un chat privado, puede caer aquí.
- Sextorsión y grooming. El artículo 366 quáter sanciona a quien determine a un menor de 14 años a enviar imágenes de contenido sexual o lo exponga a material pornográfico, y extiende las mismas conductas a los menores de 14 a 18 cuando median amenazas; el propio artículo dice que las penas “se aplicarán también cuando los delitos descritos en él sean cometidos a distancia, mediante cualquier medio electrónico”, y agrava la pena si el autor falsea su identidad o edad.
- Injurias y calumnias. El Código Penal define la injuria como “toda expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio de otra persona” (artículo 416) y la calumnia como “la imputación de un delito determinado pero falso” (artículo 412). Son delitos de acción privada: se persiguen por querella, no por denuncia simple, y en la práctica se usan poco entre menores.
Quién se hace cargo depende de la edad del agresor. Según la Fiscalía de Chile, si quien agrede tiene 14 años o más, “la Fiscalía se hace cargo y te entrega protección”; si tiene menos de 14, “se hace cargo el Tribunal de Familia”, que puede adoptar medidas de protección. Que el agresor sea menor de 14 no significa que no se pueda hacer nada: significa que la vía es distinta.
Dónde denunciar:
- Fiscalía: 600 333 0000, o en cualquier fiscalía local.
- Policía de Investigaciones (PDI): en la unidad más cercana, o en la Brigada Investigadora del Cibercrimen para hechos cometidos por medios digitales. Para delitos en curso, 134.
- Carabineros: 133 en cualquier comisaría.
- Si tu hijo es menor de 18, ChileAtiende indica que debe ir acompañado de su tutor legal o de una persona mayor de 18 años.
Lleva las pruebas del Paso 2 impresas y en un pendrive, y tu cronología. Y una advertencia sobre las expectativas: la denuncia penal protege y pone un límite, pero no repara sola el daño emocional ni arregla la convivencia en el curso. Esas dos cosas siguen siendo del colegio y del tratamiento.
Paso 6: cuidar la salud mental de tu hijo (y saber cuándo consultar)
Todo lo anterior frena al agresor. Esto es lo que cuida al hijo. Las cifras del comienzo (el doble de riesgo de autolesión y de conducta suicida, más del triple de ideación suicida cuando el ciberacoso se suma al presencial) no describen a todos los niños acosados, pero sí a una fracción que necesita atención, y esa fracción no siempre se ve.
Qué hacer en casa mientras dura el proceso:
- Mantén las rutinas y la vida social fuera de la pantalla: deporte, amigos del barrio, primos, cualquier espacio donde tu hijo sea otra cosa que “el del video”.
- Revisen juntos el uso del celular por la noche. No como castigo: como protección del sueño. Las cibervíctimas tienden a estar más conectadas después de las once (Spears et al., 2015), y los problemas de sueño son una de las señales más consistentes del acoso.
- Habla del tema sin convertirlo en el único tema. Pregunta cómo estuvo el día, no solo cómo va la denuncia.
- Vigila los cambios de ánimo, sobre todo en las semanas siguientes a la denuncia, cuando puede haber represalias o exclusión del grupo.
Cuándo consultar a un psicólogo, sin esperar a que “se le pase”:
- Lleva más de dos o tres semanas triste, irritable o retraído, o dejó de disfrutar lo que le gustaba (revisa las señales de depresión en adolescentes que no parecen depresión).
- No quiere ir al colegio o presenta dolores frecuentes sin causa médica.
- Duerme mal de forma sostenida o cambió mucho su apetito.
- Encuentras cortes, quemaduras o marcas, o lo escuchas decir que no vale nada o que quisiera desaparecer.
- El acoso es grave, lleva meses o incluye material sexual.
Si expresa ideas de muerte o de hacerse daño, no lo dejes solo y busca ayuda ese mismo día: la línea *4141 del Ministerio de Salud atiende gratis las 24 horas con psicólogos, Salud Responde es el 600 360 7777, y en una urgencia se va al servicio de urgencia más cercano. Hay una guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas: qué decir, qué no y a dónde llamar.
Sobre el tratamiento: la evidencia más sólida para los síntomas que deja el acoso (ansiedad, depresión, estrés postraumático) viene de la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma. Un metaanálisis de 28 ensayos controlados y 33 estudios no controlados con 4.523 niños y adolescentes encontró mejorías grandes del estrés postraumático de antes a después del tratamiento (g = 1,14) y resultados favorables frente a los grupos control (g = 0,52), con un mínimo de ocho sesiones (Thielemann, Kasparik, König, Unterhitzenberger y Rosner, 2022). Ojo con el matiz: esos ensayos incluyen a niños expuestos a distintos tipos de trauma, no solo a víctimas de bullying, así que la extrapolación se hace con cautela. El protocolo clínico está descrito en tratamiento psicológico para víctimas de bullying en niños.
Ciberbullying: qué hacer si eres tú la víctima
Esta parte es para ti si eres adolescente y llegaste buscando qué hacer. Si eres madre o padre, puedes compartirla con tu hijo. El responsable del acoso es quien lo ejerce, no quien lo recibe, y hay pasos concretos que ayudan.
Qué hacer hoy
Coloroso (2008, cap. 10) resume el ciberacoso en cuatro pasos que puedes empezar hoy:
- No respondas. Contestar con rabia suele alimentar al acosador, y tu mensaje puede recortarse para que parezca que empezaste tú.
- Guarda todo. Haz capturas con el nombre de usuario, la fecha y la hora antes de borrar nada. Sirven para que el colegio active su protocolo y, si hay amenazas, para una denuncia.
- Bloquea y reporta. Bloquea la cuenta y repórtala en la plataforma. En el estudio con 2.092 niños y adolescentes checos, las víctimas juzgaron que bloquear contactos, buscar apoyo e ignorar a propósito eran las estrategias más eficaces (Machackova et al., 2013).
- Cuéntaselo a un adulto. Una madre, un padre, un profesor o el encargado de convivencia escolar.
No reenvíes ni compartas lo que humilla a otros, aunque sea para defenderte. Y si hay fotos íntimas tuyas circulando, no las reenvíes a nadie: guarda la captura de que existen y entrégasela a un adulto o a la policía.
A quién contárselo y cuándo pedir ayuda
Contarlo cuesta, y los datos lo reflejan. En un estudio con 1.266 escolares finlandeses víctimas de bullying, solo el 55,4 % se lo había contado a alguien. Un 34,0 % se lo contó a un adulto en casa y un 20,6 % a un profesor (Blomqvist et al., 2019).
Ese mismo estudio encontró que contaban más quienes sentían que su profesor no toleraba el bullying y que sus compañeros defendían a las víctimas. Si el primer adulto no te responde, prueba con otro. Por ley, cada colegio debe tener un canal confidencial para recibir denuncias con reserva de identidad (artículo 16 E, letra e).
Hablar con alguien también te protege. En una encuesta con 317.869 adolescentes de 12 a 17 años en 83 países, el apoyo de los pares y el de los padres se asociaron con menos riesgo de sufrir bullying (Biswas et al., 2020).
Pide ayuda profesional esta semana si llevas días sin dormir, con dolores de cabeza o de estómago sin causa médica, con ataques de pánico o sin ganas de ver a nadie. Esas señales aparecen entre las consecuencias del acoso que describe Coloroso (2008, cap. 2).
Si has pensado en hacerte daño o en desaparecer, pide ayuda hoy mismo. La línea *4141 del Ministerio de Salud atiende gratis las 24 horas, y Salud Responde es el 600 360 7777.
¿Y si mi hijo es el que acosa, o el que mira y comparte?
Pasa más de lo que los padres esperan, y suele llegar por una llamada del colegio. Dos cosas que conviene saber antes de reaccionar.
La primera: quien acosa también está en riesgo. En la revisión de John et al. (2018), los perpetradores de ciberacoso tuvieron 1,21 veces más probabilidad de conductas suicidas y 1,23 de ideación suicida que los no perpetradores. Y en el metaanálisis de Psychological Bulletin, lo que más se asoció a la perpetración fueron las creencias que normalizan la agresión y la desconexión moral, es decir, la idea de que “en internet no cuenta” (Kowalski, Giumetti, Schroeder y Lattanner, 2014). Eso se trabaja; no se resuelve con un castigo de una semana sin celular.
La segunda: Coloroso (2008, pp. 212-213) propone que la respuesta empiece por la pérdida de los privilegios ligados a la herramienta usada, y siga con los mismos pasos que para cualquier niño que acosa: disciplina con restitución, resolución y reconciliación; oportunidades de hacer el bien; nutrir la empatía; enseñar habilidades de amistad; y supervisar de cerca lo que hace con las pantallas. La disciplina, dice, tiene que considerar la intención, la gravedad y qué pasos reparadores hacen falta para que el niño vuelva a un rol prosocial, en persona y en la red.
Y los espectadores importan tanto como el agresor. Coloroso (2008, p. 218) enseña a los niños a no dar “me gusta” ni reenviar lo que humilla a un compañero, a guardar copia y entregársela al afectado, y a contárselo a un adulto que actúe. No es solo buena voluntad: un metaanálisis de 49 estudios muestra que las intervenciones que enseñan a los espectadores a actuar tienen un efecto moderado (d = 0,25), y que lo que funciona es darles conocimiento, confianza en que pueden hacer algo y habilidades concretas (Chen, Lin, Wu y Chan, 2025). Un curso donde nadie reenvía es un curso donde el ciberacoso se apaga solo.
¿Qué funciona para prevenirlo? Lo que dice la evidencia sobre los programas
Vale la pena saberlo, porque es lo que puedes pedirle al colegio más allá de tu caso. Los programas contra el ciberbullying funcionan, pero con efectos modestos. El metaanálisis de Gaffney, Farrington, Espelage y Ttofi (2019), con 26 evaluaciones (15 de ellas ensayos aleatorizados), estimó que reducen la perpetración alrededor de un 10 a 15 % y la victimización alrededor de un 14 %. Una revisión posterior de 50 estudios con 45.371 participantes encontró efectos pequeños pero significativos (g = -0,18 para perpetración y -0,13 para victimización), sin que casi ningún moderador cambiara la cifra (Polanin et al., 2022).
Tres detalles útiles para conversar con el colegio:
- Los programas de ciberbullying fueron más eficaces cuando los impartían expertos con dominio de la tecnología que cuando los daban los profesores (Ng, Chua y Shorey, 2022). Preguntar quién dicta el taller no es un detalle.
- Los programas que involucran a los padres también tienen efectos pequeños (DME -0,17), y funcionan mejor cuando son cortos y tienen una base teórica clara (Wang y Jiang, 2023). Un taller de una tarde bien diseñado rinde más que un ciclo largo sin modelo detrás.
- En 33 programas seguidos en el tiempo, los efectos fueron mayores con una duración de cuatro meses o más y en formato presencial, y se vieron en la conducta más que en las actitudes (Liu et al., 2025). Una charla aislada no cambia un curso.
Nada de esto reemplaza lo que ya hiciste: guardar pruebas, denunciar, cuidar a tu hijo. Pero un colegio que tiene un programa serio, y no solo un protocolo en un cajón, es un colegio donde tu denuncia tiene más probabilidades de servir.
Qué hacer y qué no, en una tabla
| Qué hacer | Qué no hacer |
|---|---|
| Escuchar primero cómo se siente, después los hechos | Empezar por “¿por qué no me dijiste?” |
| Prometer que no le quitarás el celular por contarte | Quitarle el teléfono como primera medida |
| Capturas completas con usuario, fecha, hora y enlace | Borrar los mensajes “para que no los vea más” |
| Cronología escrita con fechas y testigos | Confiar en la memoria para la reunión con el colegio |
| Bloquear y reportar en la plataforma, después de guardar las pruebas | Responder al agresor o escribirle a sus padres por redes |
| Denuncia escrita al colegio citando el artículo 16 B y pidiendo plazos | Aceptar el “fue fuera del colegio, no podemos hacer nada” |
| Superintendencia (600 3600 390) si el colegio no responde | Ir a la casa del otro niño |
| Fiscalía, PDI o Carabineros si hay amenazas, extorsión o imágenes íntimas | Reenviar el material íntimo “para que lo vean” |
| Consultar a un psicólogo si hay señales de depresión o autolesión | Esperar a que “se le pase con el tiempo” |
Preguntas frecuentes
¿Qué hago primero si mi hijo sufre ciberbullying?
Escúchalo sin castigarlo y prométele que no le quitarás el celular por contarte. Después, antes de bloquear a nadie, guarda las pruebas: capturas completas con nombre de usuario, fecha, hora y enlace, y una cronología escrita. Recién entonces bloquea, reporta en la plataforma y presenta la denuncia por escrito en el colegio.
¿El colegio tiene obligación de actuar si el acoso fue por WhatsApp fuera del horario escolar?
Sí. El artículo 16 B del DFL 2, reescrito por la Ley 21.809 vigente desde julio de 2026, define el acoso escolar como el hostigamiento reiterado entre estudiantes realizado dentro o fuera del establecimiento, “sea por medios tecnológicos o por cualquier otro medio”. El colegio debe activar su protocolo, investigar en un plazo máximo de dos meses y contemplar medidas de apoyo para la víctima.
¿Cómo denunciar ciberbullying en Chile ante la policía?
Si hay amenazas, extorsión, difusión de imágenes íntimas o suplantación, denuncia en la Fiscalía (600 333 0000), en la PDI (unidad más cercana o Brigada Investigadora del Cibercrimen) o en Carabineros (133), con las pruebas impresas y en digital. Si el agresor tiene 14 años o más interviene la Fiscalía; si tiene menos, el Tribunal de Familia. Un menor denuncia acompañado de un adulto.
¿Qué ley regula el ciberbullying en Chile?
En el ámbito escolar, la Ley 20.536 de 2011 incluyó el acoso “por medios tecnológicos” en la definición de acoso escolar, y la Ley 21.809 (publicada el 1 de abril de 2026, en vigor desde el 1 de julio) reescribió esa definición y las obligaciones del colegio. En el ámbito penal, según el caso pueden aplicarse las amenazas (art. 296), el trato degradante a menores (art. 403 ter), la difusión de imágenes privadas (art. 161-A) o la sextorsión (art. 366 quáter).
¿Sirve bloquear al agresor o es peor?
Sirve, y hay que hacerlo después de guardar las pruebas. En un estudio con 2.092 niños y adolescentes, las víctimas juzgaron que bloquear contactos, buscar apoyo e ignorar a propósito eran las estrategias más eficaces para frenar la agresión. Pero para los casos graves y prolongados esas mismas estrategias resultaron menos eficaces: ahí el bloqueo se combina con la denuncia en el colegio y, si corresponde, en la policía.
¿Cuándo debo llevar a mi hijo a un psicólogo por ciberbullying?
Cuando lleva más de dos o tres semanas triste, irritable o retraído, no quiere ir al colegio, duerme mal, tiene dolores sin causa médica, se hace daño o dice que quisiera desaparecer, o cuando el acoso es grave, lleva meses o incluye material sexual. Las cibervíctimas tienen el doble de riesgo de autolesión y de conducta suicida; si hay ideas de muerte, llama al *4141 el mismo día.
Lo que tu hijo necesita ver
Tu hijo va a recordar dos cosas de este episodio: lo que le hicieron, y qué pasó cuando te lo contó. La segunda está en tus manos. Si te vio escuchar, guardar las pruebas con calma, ir al colegio con la ley en la mano y no perder el control, aprendió que pedir ayuda funciona. Si el ciberacoso ya le está pasando la cuenta (no duerme, no quiere ir al colegio, se aísla, se hace daño), no lo dejes cargar con eso solo mientras la investigación avanza: puedes agendar una consulta para evaluar cómo está y qué necesita ahora, no dentro de dos meses.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
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