Ya hablaste con la profesora. Quizás también con el inspector o con la encargada de convivencia. Te dijeron que lo iban a ver, que son cosas de niños, que tu hijo tiene que aprender a defenderse. Y las semanas pasan, tu hijo sigue llegando callado, con dolor de estómago los domingos en la noche, y nadie del colegio te ha vuelto a llamar. Si estás buscando mi hijo sufre bullying y el colegio no hace nada, probablemente ya agotaste la paciencia y la vía amable.
Esta guía te da lo que falta en casi todas las páginas que hablan del tema: la ruta exacta que fija la ley chilena (con sus plazos), cómo escalar cuando el colegio no cumple, dónde denunciar, y qué hacer en casa mientras tanto, con lo que la investigación dice que de verdad protege a un niño acosado. Es larga a propósito. Puedes leerla de corrido o ir directo al paso en el que estás.
Respuesta corta: mi hijo sufre bullying y el colegio no hace nada, ¿qué hago?
En Chile el colegio está obligado por ley a activar su protocolo contra el acoso escolar en cuanto toma conocimiento, a proteger al estudiante afectado desde ese momento y a terminar la investigación en un máximo de dos meses. Si no lo hace, el camino es: dejar todo por escrito, exigir el protocolo y sus plazos, escalar al director y al sostenedor, y denunciar en la Superintendencia de Educación (atencionsie.supereduc.cl o 600 3600 390). Si hay lesiones, amenazas o difusión de imágenes, además se denuncia a Carabineros, PDI o Fiscalía. Mientras tanto, lo que más protege a tu hijo es que le creas, que no lo hagas responsable, y que la casa sea un lugar cálido y previsible.
Qué está obligado a hacer el colegio (y en qué plazo)
Desde el 1 de julio de 2026 rige la Ley 21.809 de Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas, que reescribió las reglas sobre acoso escolar de la Ley General de Educación. Vale la pena saber qué dice, porque cambia la conversación con el colegio: dejas de pedir un favor y pasas a exigir un deber legal.
Y no estás ante algo raro que el colegio pueda tratar como excepción. Un metaanálisis de 116 estudios con más de 600.000 participantes estima que uno de cada cuatro niños y adolescentes en el mundo es víctima de acoso escolar (Ariani, Putri, Firdausi y Aini, 2025). En Chile, la última medición comparable publicada, con datos de 2004, encontró que el 47 % de los estudiantes de 7.º básico a 1.º medio había sido acosado en el último mes (Fleming y Jacobsen, 2009). Es un problema de todos los colegios, y por eso la ley les exige a todos un protocolo.
Lo que la ley obliga a todo colegio, en lenguaje llano:
- Activar el protocolo de acoso escolar «oportunamente» y respetando los plazos que el propio reglamento interno fija (artículo 16 B). Ese reglamento tiene que existir, tener protocolo, y decir plazos.
- Proteger al estudiante afectado desde el primer día. Las medidas de protección «se determinarán desde el momento en que el establecimiento tome conocimiento de los hechos», y pueden incluir separar de sala al denunciante y al denunciado, o suspender al agresor hasta quince días hábiles cuando no haya otra forma de resguardar a la víctima (artículo 16 E, letra j).
- Investigar en un máximo de dos meses. Para estudiantes, «el plazo máximo de investigación será de dos meses», con derecho de las familias a ser oídas y a presentar antecedentes (artículo 16 E, letra g).
- Ofrecer apoyo psicosocial y reparación a la persona afectada, no solo sancionar al que agrede (artículo 16 E, letra g).
- Tener un canal seguro y confidencial para recibir denuncias con reserva de identidad (artículo 16 E, letra e).
- Reportar. Todo el personal y los adultos de la comunidad escolar tienen el deber de informar al equipo directivo cualquier hecho que pueda ser acoso (artículo 16 E, letra f). Un profesor que «lo vio pero no era su curso» no tiene esa excusa.
- Entregarte el reglamento y el protocolo al matricular, impreso o digital, con constancia de que lo recibiste, y tenerlo publicado en su sitio web (artículo 16 G).
- Tener un equipo de convivencia liderado por una persona a cargo de la coordinación de convivencia educativa, profesional de la educación o del área psicosocial, con jornada completa (artículo 15).
Y una definición que conviene tener a mano, porque muchos colegios siguen tratando el aislamiento como si no fuera acoso. La ley define acoso escolar como «toda acción u omisión constitutiva de agresión u hostigamiento reiterado, realizada dentro o fuera del establecimiento educacional por estudiantes que, en forma individual o colectiva, atenten en contra de otra u otro estudiante», y pone como ejemplo expreso «el aislamiento injustificado de una o un estudiante» y «el ignorar deliberadamente a una o un estudiante de forma colectiva», por medios tecnológicos o por cualquier otro medio (artículo 16 B). Excluir a tu hija de todos los grupos de WhatsApp del curso es acoso escolar según la ley chilena. Que nadie te diga lo contrario.
Si quieres entender mejor qué distingue el bullying de una pelea puntual, en qué es el bullying están las tres marcas clásicas: intención de dañar, repetición y desequilibrio de poder.
Cuando el colegio dice que «ya lo vio»: las respuestas que en realidad significan que no hizo nada
Casi ningún colegio te va a decir «no vamos a hacer nada». Lo que escuchas son frases que suenan a respuesta y no lo son. Barbara Coloroso (2008), en su libro sobre el acosador, el acosado y el testigo, describe el caso de una madre a la que la profesora le propuso que su hijo Howard dejara de usar su apodo para que los compañeros dejaran de burlarse. La madre respondió: ¿para que le digan Howard el Cobarde? Coloroso lo resume así: no es raro que la situación se vea como un problema que el niño acosado tiene que resolver solo, y que los adultos sientan poca empatía por él (p. 183). Estas son las versiones chilenas de esa misma respuesta:
| Lo que te dicen | Lo que significa | Lo que corresponde |
|---|---|---|
| «Son cosas de niños, a esa edad son así» | Ven el acoso como algo normal y no van a intervenir | Recordar que la ley lo define como acoso y exigir el protocolo por escrito |
| «Tu hijo también tiene lo suyo» / «es muy sensible» | Le trasladan la responsabilidad a la víctima | Pedir que la investigación mire la conducta de los agresores, no el carácter del agredido |
| «Que no les haga caso, que se aleje de ellos» | Le piden al niño que resuelva solo lo que los adultos no resuelven | Exigir medidas de protección concretas (artículo 16 E, letra j) |
| «Ya hablamos con los niños» | Una conversación no es un protocolo | Preguntar en qué etapa del protocolo están y qué plazo tiene |
| «No podemos hacer nada si no lo vimos» | Confunden prueba con obligación de investigar | El deber de investigar nace con la denuncia, no con el testigo |
La investigación respalda esta desconfianza. En un estudio con 34 profesores de segundo y cuarto básico y 363 alumnos, los profesores que veían el bullying como algo normal eran menos propensos a intervenir, y la forma en que intervenían cambiaba lo que pasaba después en la sala (Kochenderfer-Ladd y Pelletier, 2008). Zych, Farrington, Llorent y Ttofi (2017) resumen ese y otros estudios, en su síntesis de los factores que protegen del acoso, en una línea que conviene recordar: separar a los estudiantes involucrados se asoció a menos victimización, castigar al agresor no cambió el nivel de victimización, y aconsejarle a la víctima que evite al agresor se asoció a más victimización, no a menos (p. 46).
O sea que el consejo más común que reciben los niños («ignóralo, aléjate») es justo el que la evidencia muestra que no funciona. Coloroso (2008) es igual de clara del lado del niño: la pasividad invita a más agresión, pero devolver la agresión tampoco sirve; lo que ayuda es la respuesta asertiva, con adultos que respalden (pp. 140-142).
Paso 1: documenta todo, desde hoy
Antes de escalar necesitas un registro. No porque te vayan a pedir «pruebas» para investigar (la obligación del colegio nace con tu denuncia), sino porque la Superintendencia, un tribunal o el propio director van a responder distinto frente a una carpeta ordenada que frente a un relato.
Lo que va en el registro:
- Cada episodio con fecha, hora, lugar y quiénes estaban. Con las palabras de tu hijo, sin editar. Si dice «me tiraron la mochila al baño el martes en el recreo largo», eso es lo que se anota.
- Capturas de pantalla de mensajes, grupos, publicaciones. Con fecha visible. Si hay ciberacoso, en ciberbullying: qué hacer paso a paso está el detalle de cómo guardar pruebas digitales sin que se pierdan.
- Certificados médicos si hubo golpes, y el registro de consultas al pediatra por dolores de estómago, de cabeza o problemas de sueño. Un metaanálisis de 30 estudios encontró que los niños acosados tienen más del doble de riesgo de problemas psicosomáticos que los no acosados (Gini y Pozzoli, 2013). Esos síntomas son parte del daño, y el pediatra puede dejarlos escritos.
- Copia de cada comunicación con el colegio. Correos, mensajes por la agenda, la libreta. Si una reunión fue verbal, esa misma tarde manda un correo resumiendo lo que se dijo y lo que se acordó: «Según conversamos hoy con la profesora jefe, el colegio se comprometió a…». Ese correo convierte una conversación en un documento.
- Las faltas al colegio por miedo o malestar, con fecha. Faltar por sentirse inseguro es una señal medida: en la encuesta nacional de escolares de Estados Unidos, haber sido acosado se asoció a faltar a clases por miedo (Steiner y Rasberry, 2015).
Un dato que ayuda a tomarse en serio lo que tu hijo contó. Entre 1.266 escolares finlandeses identificados como víctimas, solo el 55 % le había contado a alguien, el 34 % a un adulto de la casa y apenas el 21 % a un profesor (Blomqvist, Saarento-Zaprudin y Salmivalli, 2020). Si tu hijo te lo dijo, ya hizo lo más difícil. Si todavía no te lo ha dicho y solo sospechas, en cómo saber si mi hijo sufre bullying hay una lista de señales por edad.
Paso 2: exige el protocolo por escrito y actívalo formalmente
La mayoría de los padres «avisa» al colegio. Lo que hay que hacer es denunciar formalmente, que es otra cosa. La ley dice que las inquietudes se canalizan «por los conductos formales» y que los conflictos y vulneraciones «deberán ser comunicados al establecimiento de conformidad con lo dispuesto en su reglamento interno» (artículo 16 A). Eso te obliga a ti, pero también los obliga a ellos: una denuncia formal dispara el protocolo y sus plazos.
Cómo hacerlo bien:
- Pide el reglamento interno y el protocolo de acoso escolar. Debieron entregártelo al matricular (artículo 16 G) y tiene que estar en el sitio web del colegio. Si no lo encuentras, pídelo por correo; que no lo tengan o no te lo entreguen ya es una falta que se puede denunciar.
- Lee el protocolo antes de la reunión. Busca tres cosas: quién recibe las denuncias, qué plazos fija para cada etapa, y qué medidas de protección contempla. Coloroso (2008) recomienda pedir siempre una copia de la política antiacoso del colegio y revisar que diga cómo se denuncia, cómo se investiga y qué pasa con los involucrados (pp. 176-178, 181). En Chile, además, la ley obliga a que todo eso esté escrito.
- Presenta la denuncia por escrito, dirigida al coordinador o encargado de convivencia y al director, con copia a la profesora jefe. Que diga: los hechos (del registro del paso 1), que se trata de acoso escolar según el artículo 16 B, que solicitas la activación del protocolo, qué medidas de protección inmediatas pides para tu hijo (artículo 16 E, letra j), y que pides respuesta escrita con los plazos de cada etapa. Pide que te confirmen la recepción con fecha.
- Pide una reunión con acta. Que quede escrito quién estuvo, qué se acordó y para cuándo. Coloroso (2008) cuenta el caso de Sophie, de doce años, cuya profesora le dijo que «así se comportan las niñas de esa edad» y empezó a listar lo que Sophie hacía para provocar las burlas; la madre no se quedó en esa reunión, escaló al director, y el director aplicó medidas con las agresoras y mandó a la profesora a capacitarse (pp. 183-184). La lección es simple: si la persona que te atiende minimiza, la reunión siguiente es con su superior.
- Anota el día en que vence el plazo. El del protocolo para la primera respuesta, y el legal de dos meses para cerrar la investigación. Si el protocolo no fija plazos, dilo en tu denuncia y pide que fijen uno por escrito.
Una precisión sobre qué pedir. No pidas «que castiguen» al otro niño. Pide protección para el tuyo y que se aplique el protocolo. La ley exige que las sanciones sean proporcionales y que la expulsión sea excepcional (artículo 16 E, letra i), y la evidencia coincide: en los programas escolares que funcionan, los componentes que se asocian a mayores reducciones del acoso son el enfoque de colegio completo, una política antiacoso escrita, reglas de aula, información a los padres, trabajo con las víctimas y el involucramiento informal de los propios compañeros. Eso encontró un análisis de 82 programas antiacoso (Gaffney, Ttofi y Farrington, 2021). Bien aplicados, esos programas reducen la perpetración en torno a un 19-20 % y la victimización un 15-16 %, según el metaanálisis previo del mismo equipo (Gaffney, Ttofi y Farrington, 2019): ayudan, y también dejan claro que ningún programa protege solo a tu hijo. Olweus, el investigador que fundó este campo, insistía en sanciones «no hostiles y no físicas», aplicadas con consistencia y acompañadas de límites firmes y de adultos que actúan con autoridad sin autoritarismo (Olweus, 1993, citado en Coloroso, 2008, pp. 176 y 186).
Paso 3: si no responden a tiempo, escala (dentro y fuera del colegio)
Aquí es donde la mayoría de las familias se atasca: mandaron la carta, tuvieron la reunión, y otra vez silencio. Este es el orden.
3a. Dentro del colegio: director y sostenedor
Si la coordinación de convivencia no responde en el plazo del protocolo, el siguiente es el director, por escrito, adjuntando la denuncia original y señalando que el plazo venció. Si el director tampoco responde, el sostenedor (la corporación, la fundación, el Servicio Local de Educación Pública o la municipalidad, según el colegio). La ley pone al sostenedor el deber de «promover y fomentar un proceso educativo libre de violencia, acoso y discriminación» (artículo 16 A). Un correo al sostenedor con la cronología de lo que hiciste y de lo que el colegio no hizo suele mover cosas que la coordinación no movió.
3b. Cómo denunciar el bullying en la Superintendencia de Educación
Si el colegio no activó el protocolo, no adoptó medidas de protección o dejó pasar los dos meses, corresponde denunciar el bullying en la Superintendencia de Educación, que es el organismo que fiscaliza que los colegios cumplan la normativa educacional. El maltrato escolar está entre las materias que recibe expresamente, según Ayuda Mineduc. Tres canales:
- En línea, en atencionsie.supereduc.cl, completando el formulario con tus datos de contacto.
- Por teléfono, al 600 3600 390.
- Presencial, en las oficinas regionales de atención de denuncias.
Qué adjuntar: tu denuncia escrita al colegio con la fecha de recepción, las actas o correos de las reuniones, el registro de hechos, los certificados médicos y la constancia de que los plazos vencieron sin respuesta. La Superintendencia va a mirar, sobre todo, si el colegio hizo lo que su propio reglamento y la ley le exigen. Por eso el paso 2 importa tanto: sin denuncia formal previa, lo que se fiscaliza queda cojo.
La Defensoría de la Niñez orienta sobre qué se puede denunciar ante la Superintendencia y puede ser un apoyo cuando sientes que la vulneración de derechos es más amplia que el episodio puntual.
3c. Cuando además es un delito
Hay conductas que, además de acoso escolar, son delitos: golpes que dejan lesiones, amenazas, robo, difusión de imágenes íntimas, hostigamiento sexual. Ahí el protocolo del colegio no basta. Según la Fiscalía de Chile, si los hechos son delitos cometidos por personas mayores de 14 años, la Fiscalía se hace cargo y entrega protección; si quienes los cometen tienen menos de 14, se hace cargo el Tribunal de Familia, donde un juez revisa lo ocurrido y adopta medidas. La denuncia se hace en Carabineros, PDI o directamente en la Fiscalía; su fono de orientación es el 600 333 0000. ChileAtiende explica los requisitos.
Un matiz importante: denunciar un delito y denunciar al colegio no son excluyentes ni se estorban. Una cosa persigue al que agredió; la otra, al establecimiento que no protegió. Puedes y a veces debes hacer las dos.
Mientras tanto, en casa: cómo ayudar a tu hijo que sufre bullying
El proceso con el colegio puede tardar semanas. Tu hijo sigue yendo a clases mañana. Y aquí la investigación tiene algo bueno que decir: lo que pasa en la casa modifica de forma medible cuánto daño deja el acoso.
El estudio más elegante sobre esto siguió a 1.116 pares de gemelos. Cuando ambos gemelos habían sido acosados y uno recibía más calidez de la madre que el otro, el que recibía más calidez tenía menos problemas de conducta; como comparten genética, el efecto solo puede ser del ambiente (Bowes, Maughan, Caspi, Moffitt y Arseneault, 2010). En otro seguimiento de 3.136 adolescentes, los acosados que salieron mejor de lo esperado tenían más autoestima, poco conflicto con los padres y no eran hostigados por sus hermanos (Sapouna y Wolke, 2013). Y en una muestra de 317.869 adolescentes de 83 países, que los padres entendieran sus problemas y pasaran tiempo libre con ellos se asoció a menos probabilidad de ser acosado (Biswas et al., 2020).
Un matiz, para no vender más de lo que hay. La calidez no lo arregla todo: en 11.844 niños seguidos dos años, la calidez de los padres redujo los síntomas depresivos en general, pero no amortiguó de forma clara el efecto específico del acoso (Martínez et al., 2024). Y en 1.007 adolescentes chinos, el apoyo materno protegía hasta cierto punto, con un efecto que dejaba de crecer cuando el apoyo pasaba a ser excesivo (Wu, Li, Liu, Tian y Ding, 2025). La casa protege; no reemplaza que el colegio haga su trabajo.
Con eso claro, esto es lo que ayuda:
- Créele y dilo con esas palabras. Coloroso (2008) insiste en que para sanar el niño «debe poder contar su historia y ser creído, que se reconozca su dolor y pueda expresar su rabia» (p. 153). Minimizar («ya va a pasar, no le des importancia») hace que entierre el dolor, y ahí se queda (p. 153).
- No lo hagas responsable. Nada de «¿y tú qué hiciste?» como primera pregunta. Coloroso (2008) señala que los niños que se culpan de ser acosados tienden a sucumbir más a las tácticas del agresor y a deprimirse (p. 139). Primero el dolor, después los hechos.
- No le enseñes a devolver la burla. Las frases hirientes de vuelta («el que lo dice lo es») agitan más al agresor y convierten a tu hijo en uno (Coloroso, 2008, pp. 140-141); la pasividad, por su parte, invita a más agresión (p. 141). Lo que sí sirve son respuestas asertivas, cortas, que le permitan retirarse con dignidad, y saber cuándo pedir ayuda a un adulto o irse (pp. 142-143).
- Cuida los ritmos de la casa. Sueño, comidas, un rato de juego o de algo que le guste sin pantallas. Que haya un lugar en el día donde no sea «el niño del problema».
- Fortalece su red fuera del curso. Un primo, un taller, un deporte, un grupo scout. Coloroso (2008) le dedica páginas enteras a esto: tener amigos y saber entrar a un grupo amortigua el acoso y ayuda a recuperarse de él (pp. 144-148).
- Mantén el contacto con el colegio aunque no respondan. Cada semana, un correo corto: cómo está tu hijo, qué pasó, qué falta. Es registro y es presión.
Si te preguntas si todo esto tiene evidencia más allá de las cohortes, la tiene. Un ensayo aleatorizado con 111 familias de niños de 6 a 12 años con acoso crónico probó un programa que combinaba crianza facilitadora con habilidades sociales y emocionales para el niño: redujo la victimización observada por los profesores (d = 0,56), los síntomas depresivos (d = 0,56) y aumentó cuánto le gustaba el colegio al niño (d = 0,65) frente al grupo de control (Healy y Sanders, 2014). Y un metaanálisis de programas para padres encontró un efecto global significativo sobre la reducción del bullying, con menos perpetración y menos victimización (Chen, Zhu y Chui, 2021). Trabajar con la familia funciona, y el propio artículo del ensayo lo dice: refuerza el trabajo del colegio, no lo reemplaza.
Para el detalle de cómo se trabaja con la familia en terapia, en intervención con los padres de un niño con bullying está el protocolo clínico completo.
¿Debo cambiarlo de colegio?
Es la pregunta que más pesa y la que menos evidencia directa tiene: no existen ensayos que comparen cambiar de colegio con quedarse. Lo que hay son pistas para decidir con la cabeza fría.
Primera pista. Healy, Thomas, Sanders y Scott (2022) revisaron por qué algunos niños siguen siendo acosados incluso después de que su colegio aplica un programa antiacoso, y encontraron tres factores de riesgo: rechazo de los pares, problemas internalizantes y peor calidad de la relación padres-hijo. Los tres viajan con el niño al colegio nuevo. Si el cambio no va acompañado de trabajo sobre esos tres frentes, el riesgo de que el problema se repita existe. Los mismos autores señalan algo incómodo: los programas de colegio completo pueden dejar peor a los estudiantes que siguen siendo victimizados después de aplicarlos, quizá porque los hacen más visibles. Es un argumento para no confiar solo en «el colegio ya tiene programa».
Segunda pista. Hay situaciones en que el cambio es lo correcto y no hay que darle más vueltas: cuando hay riesgo físico real y el colegio no protege; cuando tu hijo dejó de ir por miedo y el colegio lo trata como un problema de asistencia; cuando ya escalaste y la respuesta institucional es hostil contigo. En esos casos, cambiar de colegio no es rendirse. Es protegerlo mientras la denuncia a la Superintendencia sigue su curso, porque una cosa no quita la otra.
Tercera pista. Si decides cambiarlo, hazlo con él, no por él. Que sepa por qué, que participe en elegir, y que el colegio nuevo reciba de ti la información justa (que hubo acoso, qué necesita) sin que tu hijo llegue con la etiqueta de «víctima» colgada. Si el rechazo a ir al colegio ya se instaló, en rechazo escolar: mi hijo no quiere ir al colegio está cómo se aborda.
Cuándo pedir ayuda profesional
Mientras peleas con el colegio, hay que mirar a tu hijo. El acoso no es una experiencia neutra que se olvida al cambiar de curso.
Los datos son consistentes. Un metaanálisis de 165 estudios encontró que la evidencia más fuerte de causalidad va del acoso a la depresión, la ansiedad, la peor salud general y la ideación y conducta suicida (Moore et al., 2017). En 11.108 gemelos británicos, la exposición al acoso a los 11 años contribuyó causalmente a la ansiedad, con un efecto que persistía dos años después aunque ya no a los cinco (Singham et al., 2017). En 1.363 niños de Quebec, quienes vivieron acoso crónico y severo entre los 6 y los 13 años tenían a los 15 años más del doble de riesgo de depresión incapacitante y más del triple de suicidalidad que los de baja exposición (Geoffroy et al., 2018). Y en niños pequeños, de 6 a 11 años, en siete países europeos, el 17 % de las víctimas reportaba ideación suicida, frente al 13 % de los no involucrados (Husky et al., 2022). A esa edad. Por eso «ya va a pasar» no es una opción.
Hay que decir también lo contrario, porque es verdad y da esperanza. Cuando se controlan las vulnerabilidades previas con diseños de gemelos y emparejamiento, el efecto propio del acoso sobre los síntomas es pequeño y tiende a diluirse a largo plazo, lo que los autores leen como capacidad de resiliencia (Schoeler, Duncan, Cecil, Ploubidis y Pingault, 2018). La mayoría de los niños acosados se recupera. Los que quedan marcados son, sobre todo, los que vivieron acoso frecuente y prolongado sin que nadie interviniera: en la cohorte británica de 1958, quienes fueron acosados con frecuencia a los 7 y 11 años tenían a los 45-50 casi el doble de riesgo de depresión y más del doble de suicidalidad (Takizawa, Maughan y Arseneault, 2014). Actuar ahora es lo que separa un mal año de una marca de décadas, como concluye la revisión anual de Arseneault sobre el impacto persistente del acoso (Arseneault, 2018). Si te interesa qué queda en el adulto, en secuelas del bullying en la vida adulta está el detalle.
Señales para consultar a un psicólogo infantil sin esperar a que el colegio resuelva:
- Cambios de ánimo que duran más de dos semanas: tristeza, irritabilidad, llanto fácil, o lo contrario, que ya no reacciona a nada.
- Dejó de querer ir al colegio o falta con dolores que el pediatra no explica.
- Duerme mal, tiene pesadillas, volvió a mojar la cama o a dormir contigo.
- Dice cosas como «ojalá no existiera», «todos estarían mejor sin mí», o habla de la muerte. Esto se atiende hoy, no la próxima semana. En cómo ayudar a alguien con ideas suicidas está qué hacer en las primeras horas.
- Se aisló también de los amigos que sí tenía, o dejó lo que antes le gustaba.
- Empezó a agredir a hermanos o a ti, o a hacerse daño.
Lo que un psicólogo puede ofrecer tiene respaldo. La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, adaptada al acoso, muestra en metaanálisis mejoras grandes en síntomas postraumáticos y moderadas en depresión y ansiedad en niños y adolescentes (Thielemann, Kasparik, König, Unterhitzenberger y Rosner, 2022), aunque la mayoría de esos estudios incluye distintos tipos de trauma y no solo víctimas de acoso. El detalle del tratamiento está en tratamiento psicológico para víctimas de bullying, y si lo que predomina es la ansiedad, en ansiedad en niños: síntomas y qué hacer.
En Chile, si necesitas orientación inmediata, Salud Responde atiende al 600 360 7777. Para una visión general en español, MedlinePlus tiene una página sobre acoso escolar.
Preguntas frecuentes sobre qué hacer si mi hijo sufre bullying en el colegio
¿Cuánto tiempo tiene el colegio para responder a una denuncia de bullying?
La ley obliga a activar el protocolo «oportunamente» y según los plazos del propio reglamento interno del colegio, y fija un máximo de dos meses para cerrar la investigación cuando los involucrados son estudiantes (artículo 16 E). Las medidas de protección para tu hijo no esperan la investigación: deben adoptarse desde que el colegio toma conocimiento.
¿Puedo denunciar en la Superintendencia de Educación sin haber denunciado antes en el colegio?
Puedes, pero conviene hacerlo después. La Superintendencia fiscaliza si el colegio cumplió su reglamento y la ley, así que necesita ver que el colegio supo y no actuó. Denuncia primero por escrito en el colegio, guarda la constancia, y si no responden en plazo, recurre a atencionsie.supereduc.cl o al 600 3600 390 con toda la documentación.
¿Qué se considera acoso escolar según la ley chilena?
El artículo 16 B de la Ley General de Educación lo define como toda acción u omisión de agresión u hostigamiento reiterado, dentro o fuera del colegio, por uno o varios estudiantes contra otro, que le provoque maltrato, humillación o temor fundado, o un clima escolar hostil. Incluye expresamente el aislamiento injustificado y el ignorar deliberadamente a un estudiante de forma colectiva, por cualquier medio, incluido el digital.
¿El colegio puede suspender o expulsar al niño que acosa a mi hijo?
Puede suspenderlo como medida de protección hasta quince días hábiles, solo cuando no haya otra forma de resguardar al afectado, y puede volver a hacerlo si reincide durante la investigación. La expulsión y la cancelación de matrícula son excepcionales por ley, y siempre deben preferirse medidas formativas. Pedir protección para tu hijo es más eficaz que pedir castigo para el otro.
¿Qué hago si mi hijo no quiere ir al colegio por el bullying?
Tómalo como una señal de gravedad, no como una falta de asistencia. Anota cada día que falta y por qué, avisa al colegio por escrito que la inasistencia se debe al acoso no resuelto, pide medidas de protección inmediatas, y consulta a un psicólogo infantil. Faltar por miedo es una consecuencia medida del acoso y suele anticipar rechazo escolar más difícil de revertir.
¿Sirve hablar directamente con los padres del niño que acosa?
A veces sí, si ya se conocen y hay buena relación, pero hazlo después de la denuncia formal y nunca como reemplazo de ella. Involucrar a más adultos alrededor del problema se asocia a menos acoso, según la síntesis de Zych et al. (2017), pero una conversación entre padres sin el colegio de por medio puede terminar en acusaciones cruzadas y sin nadie que proteja al niño. Si vas a hacerlo, que sea con el colegio presente.
Lo que no puedes delegar
El colegio tiene obligaciones legales claras y plazos. Tu trabajo es hacérselas cumplir con registro, por escrito y escalando sin miedo cuando no responden: coordinación de convivencia, director, sostenedor, Superintendencia de Educación. Si hay delito, Carabineros, PDI o Fiscalía. Ninguna de esas puertas es «exagerar».
Lo que ningún trámite hace por ti es lo de la casa: que tu hijo sepa que le crees, que no es culpa suya, que hay adultos que no se van a rendir, y que el mundo tiene más gente que la de su curso. Eso, la evidencia lo muestra con claridad, es lo que decide cuánto daño deja el acoso y cuánto se repara.
Si notas que tu hijo cambió, que está más callado, que no quiere ir, que duerme mal, o simplemente si tú ya no puedes más con esto, podemos ayudar. Un psicólogo infantil puede evaluar cómo está, trabajar con él las habilidades que lo protegen y acompañarte a ti en el proceso con el colegio. Agenda una consulta y lo vemos juntos.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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Arseneault, L. (2018). Annual Research Review: The persistent and pervasive impact of being bullied in childhood and adolescence: Implications for policy and practice. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 405-421. https://doi.org/10.1111/jcpp.12841
Biswas, T., Scott, J. G., Munir, K., Thomas, H. J., Huda, M. M., Hasan, M. M., David de Vries, T., Baxter, J., & Mamun, A. A. (2020). Global variation in the prevalence of bullying victimisation amongst adolescents: Role of peer and parental supports. EClinicalMedicine, 20, 100276. https://doi.org/10.1016/j.eclinm.2020.100276
Blomqvist, K., Saarento-Zaprudin, S., & Salmivalli, C. (2020). Telling adults about one’s plight as a victim of bullying: Student- and context-related factors predicting disclosure. Scandinavian Journal of Psychology, 61(1), 151-159. https://doi.org/10.1111/sjop.12521
Bowes, L., Maughan, B., Caspi, A., Moffitt, T. E., & Arseneault, L. (2010). Families promote emotional and behavioural resilience to bullying: Evidence of an environmental effect. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 51(7), 809-817. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2010.02216.x
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