Categoría: Bullying y Acoso Escolar

  • Intervención con los padres de un niño con bullying: protocolo clínico paso a paso

    Intervención con los padres de un niño con bullying: protocolo clínico paso a paso

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Cuando un niño llega a consulta por acoso escolar, el foco clínico casi siempre recae en él: su ansiedad, su autoestima rota, las ganas de no ir al colegio. Y está bien que así sea. Pero hay una palanca terapéutica que suele quedar relegada al “le doy un par de pautas a los papás al final” y que la evidencia coloca mucho más al centro. La intervención con los padres de un niño con bullying no es un anexo de la terapia: es un componente con fases, objetivos propios y un orden que importa.

    Si atiendes estos casos, ya conoces la escena. Padres que entran desbordados, oscilando entre la culpa (“algo hicimos mal, no lo vimos a tiempo”) y la rabia (“voy a hablar yo mismo con ese otro niño”). Dos reacciones humanas, comprensibles, y las dos capaces de empeorar el cuadro si nadie las trabaja.

    Lo que sigue ordena ese trabajo en un protocolo de cinco fases, apoyado en metaanálisis y ensayos controlados recientes. Vas a ver por qué incluir a los padres cambia los resultados, qué conviene evaluar antes de empezar, y cómo guiarlos fase por fase sin caer en el consejo genérico.

    En síntesis: el trabajo con los padres de un niño víctima de bullying se estructura en cinco fases: regular sus propias emociones, sustituir la sobreprotección por crianza facilitadora, enseñarles a validar sin culpar, coordinar con la escuela y consolidar en sesiones conjuntas. La evidencia muestra que los componentes familiares reducen la victimización y los síntomas, sobre todo cuando combinan habilidades de los padres y del niño.

    ¿Por qué los padres son parte del tratamiento y no un anexo?

    Incluir a la familia mejora los resultados. Un metaanálisis sobre programas de crianza para prevenir el bullying encontró un efecto global significativo en la reducción del acoso, con menos victimización y menos perpetración (Chen, Zhu & Chui, 2021). La familia no es el escenario del acoso, pero sí el primer contexto donde el niño aprende a vincularse, y eso la vuelve un objetivo de intervención de pleno derecho.

    Hay un dato que conviene tener presente al justificar este trabajo ante la familia. Cuando se analizan los componentes que de verdad mueven la aguja, la evaluación de programas antibullying de Gaffney y colegas mostró que incluir información para los padres se asoció a mayores tamaños de efecto, con reducciones cercanas al 15-16% en victimización (Gaffney, Ttofi & Farrington, 2021). No es un detalle decorativo del programa: es uno de sus ingredientes activos.

    Y acá viene el matiz que vuelve este trabajo tan delicado. Los programas escolares por sí solos no alcanzan para todos. Una revisión sobre intervenciones familiares advierte que, en los niños que siguen siendo victimizados pese al programa de la escuela, las intervenciones a nivel de centro pueden incluso asociarse a más depresión y peor autoestima (Healy, Thomas, Sanders & Scott, 2022). Esos son, justamente, los niños que terminan en nuestra consulta. La familia se vuelve entonces el complemento que la escuela no logró cubrir.

    El protocolo de un vistazo

    Antes de entrar al detalle, este es el mapa de las cinco fases. No es una secuencia rígida de sesiones numeradas, sino un orden lógico: cada fase prepara el terreno de la siguiente.

    Fase Foco Objetivo clínico Apoyo en evidencia
    1 Regular las emociones de los padres Que la culpa y la rabia no contaminen la respuesta Benatov (2019)
    2 De la sobreprotección a la crianza facilitadora Calidez con autonomía, no rescate Grama et al. (2024); Wu et al. (2025); Healy & Sanders (2014)
    3 Conversar y validar sin culpar Apertura, revelación, co-regulación Van Niejenhuis et al. (2020); Benatov (2019)
    4 Coordinar con la escuela Mensaje alineado casa-escuela, sin escalar Van Niejenhuis et al. (2020); Olweus (1993)
    5 Sesiones conjuntas y mantenimiento Consolidar logros, prevenir recaídas Cohen et al. (2006); Kendall (2011)

    Antes de empezar: qué mapear en la primera entrevista con los padres

    La evaluación con los padres cubre cuatro frentes: el estado emocional de ellos, su estilo de crianza, la calidad del vínculo con el hijo y el riesgo del niño. Saltarse este mapeo lleva a dar pautas que la familia no puede sostener todavía, porque su propio malestar las bloquea.

    Empieza por lo que no siempre se pregunta: cómo están ellos. La respuesta emocional de los padres predice su afrontamiento. Conviene también situar el riesgo del niño con claridad, porque cambia la urgencia de todo lo demás. Un análisis en 28 países estimó que la victimización se asocia a un 44% más de riesgo de conducta suicida, con la soledad como mediador parcial (Peprah et al., 2023). La detección de ideación suicida no es opcional en estos casos.

    Para el componente del acoso en sí, apóyate en instrumentos validados de convivencia escolar y victimización, como los cuestionarios de Ortega y Del Rey o el EBIPQ y el ECIPQ para acoso cara a cara y digital (Ortega-Ruiz, Del Rey & Casas, 2016). Te dan una línea base y un lenguaje compartido con la escuela.

    [EXPERIENCIA: en mi experiencia, cuando dedico la primera sesión solo a escuchar a los padres sin entregar todavía ninguna pauta, las pautas de las semanas siguientes “prenden” mucho mejor.]

    Fase 1. Regular las emociones de los padres

    La primera intervención no es con el niño, es con la regulación emocional de los padres. Sus emociones predicen lo que harán, y algunas reacciones bienintencionadas terminan dañando. Antes de pedirles que sostengan a su hijo, hay que ayudarlos a sostenerse a ellos.

    La evidencia acá es muy concreta. En un estudio sobre las emociones y el afrontamiento de los padres, la culpa predijo evitación y autoinculpación, y se asoció a dar menos apoyo al hijo; la rabia predijo respuestas de represalia, presentes en cerca de uno de cada cuatro padres; y la tristeza, en cambio, se asoció a más apoyo efectivo (Benatov, 2019). Dar apoyo al niño fue, además, el predictor más fuerte de la sensación de eficacia parental.

    ¿Qué hacer con esto en sesión? Tres movimientos.

    • Normaliza la tristeza y la preocupación. Son las emociones que empujan hacia el apoyo. No hay que apagarlas, hay que validarlas.
    • Desactiva la culpa antes que cualquier otra cosa. La culpa paraliza y lleva al “mejor no remover”. Reencuadra: que no lo detectaran antes no es negligencia, es lo habitual cuando un niño esconde lo que le pasa.
    • Contén la rabia y dale un cauce. La rabia pide acción inmediata, casi siempre del tipo equivocado (encarar a la otra familia, exigir castigo). Reconoce la legitimidad del enojo y redirígelo hacia el plan estructurado de las fases siguientes.

    Fase 2. De la sobreprotección a la crianza facilitadora

    El objetivo de esta fase es calidez con autonomía, no rescate. Es la fase más contraintuitiva, porque el instinto del padre asustado es proteger más, y “más protección” no siempre ayuda. Acá es donde el clínico aporta algo que la familia no ve sola.

    La distinción la marca la evidencia con bastante nitidez. Una revisión sistemática de 158 estudios encontró que la calidez, la concesión de autonomía y el estilo democrático protegen frente a la victimización, mientras que la hostilidad, el conflicto entre los padres y la sobreimplicación (la sobreprotección) operan como factores de riesgo (Grama et al., 2024). Proteger de más, paradójicamente, deja al niño más expuesto.

    Hay un hallazgo todavía más fino que vale la pena traducir para los padres. En un estudio longitudinal con adolescentes, el efecto del apoyo materno no fue lineal: un apoyo percibido como excesivo se asoció a más problemas internalizantes, y el apoyo moderado fue el que mejor funcionó (Wu et al., 2025). En la misma línea, la cohorte ABCD con casi 12.000 niños mostró que la calidez parental, por sí sola, no amortiguó de forma robusta el impacto de la victimización (Martínez et al., 2024). El mensaje clínico: cariño sí, pero acompañado de habilidades, no de blindaje.

    ¿Cómo se ve la crianza facilitadora en la práctica? Es el enfoque que mejor respaldo tiene. El ensayo controlado de Resilience Triple P, con 111 familias de niños con acoso crónico, combinó crianza facilitadora con enseñar al niño habilidades socioemocionales, y logró mejoras de tamaño moderado en victimización informada por docentes, síntomas depresivos y aceptación entre pares (Healy & Sanders, 2014). La clave fue trabajar a la vez las dos puntas: lo que hacen los padres y lo que puede hacer el niño.

    Pautas para entregar a los padres en esta fase:

    • Acompañar la resolución de problemas, sin resolver por él. Preguntar “¿qué se te ocurre que podrías hacer?” antes de dar la solución.
    • Fomentar autonomía y vida social fuera del grupo agresor. Una amistad protectora pesa.
    • Sostener rutinas y límites cálidos. La estructura previsible calma; la sobrevigilancia ansiosa contagia alarma.

    Fase 3. Enseñarles a conversar y validar sin culpar

    Esta fase entrena la conversación entre padres e hijo: validar lo que siente sin culparlo ni minimizar. Es donde se juega que el niño siga contando lo que le pasa, en lugar de cerrarse.

    El dato que motiva a los padres es simple y potente: los niños le cuentan el acoso más a sus padres que a sus profesores. En el ensayo sobre cooperación familia-escuela, alrededor del 67% de los niños acosados se lo había contado a sus padres, frente a un 53% que se lo dijo al docente (Van Niejenhuis et al., 2020). Los padres son la puerta de entrada; conviene que esa puerta quede abierta.

    Cómo guiar esa conversación, paso a paso, para que los padres la ensayen:

    • Validar primero, resolver después. “Tiene sentido que estés asustado, cualquiera lo estaría.” La validación baja la activación y habilita el relato.
    • No culpar a la víctima, ni siquiera de forma encubierta. Frases como “¿y tú qué hiciste para que te molesten?” cierran la puerta. El acoso no se gana.
    • Evitar el “defiéndete a los golpes”. Suena protector, pero suele aumentar el riesgo y traslada al niño la responsabilidad de frenar al agresor.
    • Co-regular, no minimizar. Ni “no es para tanto” ni el drama que desborda. Un tono firme y calmado le enseña al niño que esto se puede manejar.

    Fase 4. Coordinar con la escuela sin escalar el conflicto

    El objetivo es un mensaje alineado entre casa y escuela, sin convertir el contacto en una batalla. El acoso es un fenómeno grupal y contextual; ninguna familia lo resuelve sola desde afuera del colegio.

    La intervención clásica de Olweus ya situaba la coherencia entre adultos como pieza central: la familia y la escuela deben transmitir el mismo mensaje de tolerancia cero al acoso, de forma sostenida (Olweus, 1993). Cuando los adultos van descoordinados, el niño queda en tierra de nadie.

    El ensayo de cooperación familia-escuela aporta el cómo. Los efectos aparecieron cuando padres y docentes lograron alinearse y sostener un contacto regular, no reactivo (Van Niejenhuis et al., 2020). Traduce eso en indicaciones para los padres:

    • Documentar antes de reunirse. Fechas, hechos, capturas si es ciberacoso. Datos, no acusaciones.
    • Entrar como aliados, no como fiscales. El objetivo es un plan conjunto, no ganar una pelea con el colegio. Recursos como StopBullying.gov ofrecen guías para orientar esta conversación.
    • Pedir seguimiento con fecha. Una reunión sin plan de revisión se diluye.
    • Cuidar el canal con el hijo. Contarle qué se va a hacer y respetar, hasta donde el riesgo lo permita, su miedo a “que sea peor”.

    Fase 5. Sesiones conjuntas, consolidación y prevención de recaídas

    La última fase integra lo trabajado en encuentros padre-hijo y blinda los avances. Es el momento de pasar de las pautas a la práctica compartida y de anticipar las recaídas.

    Acá los modelos de tratamiento del trauma y la TCC infantil ofrecen estructura. La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT) contempla sesiones conjuntas padre-hijo una vez que ambos llegaron por separado a cierta regulación, para compartir lo trabajado y restaurar la comunicación (Cohen, Mannarino & Deblinger, 2006). En la TCC infantil, los padres operan como colaboradores y co-terapeutas que sostienen las habilidades fuera de sesión (Kendall, 2011). El niño practica, los padres refuerzan, el cambio se generaliza al día a día.

    Para el cierre y el mantenimiento, deja con la familia un plan de recaídas concreto: qué señales mirar, qué hacer si reaparece, a quién contactar. Recuerda que la calidad sostenida del vínculo familiar es protectora a largo plazo: en datos longitudinales del Reino Unido, la fuerza del apoyo familiar percibido por el niño fue el factor protector más eficaz frente a la victimización (Chrysanthou & Vasilakis, 2020).

    Errores frecuentes y señales de alarma

    Algunos errores parentales aparecen una y otra vez, y conviene anticiparlos. Coloroso (2003) los resume bien: minimizar (“son cosas de niños”), sobrerreaccionar y tomar el control por completo, empujar al hijo a responder con violencia, o resolverlo enteramente por él sin devolverle ninguna agencia. Nombrar estos errores con los padres, sin juzgarlos, suele prevenirlos.

    En lo digital, el matiz cambia. Frente al ciberacoso, el apoyo parental percibido se asoció a una relación más débil entre cibervictimización y depresión o autolesiones (Wright, 2024), y la disponibilidad emocional pesa más que el control del dispositivo. Acompañar, no solo vigilar.

    Deriva o intensifica el nivel de atención cuando aparezcan señales de alarma: ideación o conducta suicida, autolesiones, síntomas de estrés postraumático, negativa sostenida a asistir al colegio, o un deterioro funcional marcado. Según la Asociación Americana de Psicología, el acoso escolar puede tener efectos duraderos en la salud mental; la supervisión, la conexión y el vínculo parental se comportan como factores protectores transculturales, según datos de 65 países (Man et al., 2022): reforzar ese vínculo es, en sí mismo, parte del tratamiento.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es necesario incluir a los padres o basta con atender al niño?

    Incluirlos mejora los resultados. El metaanálisis de programas de crianza halló reducciones significativas de victimización, y los componentes de información a padres aportan parte del efecto de los programas antibullying. Atender solo al niño desaprovecha el contexto que más sostiene su recuperación a largo plazo.

    ¿Qué hago si los padres quieren ir a encarar al otro niño o a su familia?

    Valida la rabia, pero frena la acción. La represalia, presente en cerca de un cuarto de los padres, suele escalar el conflicto y trasladar el problema. Redirige ese impulso hacia el plan estructurado: documentar, coordinar con la escuela y reforzar al hijo.

    ¿Cómo manejo la culpa de los padres por no haberlo detectado antes?

    Reencuádrala temprano. La culpa predice evitación, autoinculpación y menos apoyo al hijo. Explica que ocultar el acoso es lo habitual en los niños y que detectarlo ahora es lo que cuenta. Una culpa desactivada libera energía para acompañar.

    ¿Conviene decirle al niño que se defienda físicamente?

    Por lo general, no. Suena protector, pero aumenta el riesgo y le carga al niño la responsabilidad de frenar al agresor. Es preferible trabajar habilidades sociales, redes de apoyo y la coordinación con la escuela, que es quien debe garantizar la seguridad.

    ¿En qué se diferencia este trabajo del tratamiento del niño víctima de bullying?

    Son módulos complementarios. El tratamiento del niño aborda su sintomatología; el trabajo con los padres regula sus emociones, ajusta la crianza y coordina con la escuela. La evidencia de mayor efecto combina ambas puntas a la vez.


    Sobre el autor

    Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia. Especializado en intervención clínica con niños, adolescentes y familias en contextos de acoso escolar.

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    Referencias

    Benatov, J. (2019). Parents’ feelings, coping strategies and sense of parental self-efficacy when dealing with children’s victimization experiences. Frontiers in Psychiatry, 10, 700. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00700

    Chen, Q., Zhu, Y., & Chui, W. H. (2021). A meta-analysis on effects of parenting programs on bullying prevention. Trauma, Violence & Abuse. https://doi.org/10.1177/1524838020915619

    Chrysanthou, G. M., & Vasilakis, C. (2020). Protecting the mental health of future adults: Disentangling the determinants of adolescent bullying victimisation. Social Science & Medicine, 253, 112961. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2020.112942

    Cohen, J. A., Mannarino, A. P., & Deblinger, E. (2006). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. Guilford Press.

    Coloroso, B. (2003). The bully, the bullied, and the bystander. HarperCollins.

    Gaffney, H., Ttofi, M. M., & Farrington, D. P. (2021). What works in anti-bullying programs? Analysis of effective intervention components. Journal of School Psychology, 85, 37-56. https://doi.org/10.1016/j.jsp.2020.12.002

    Grama, D. I., Georgescu, R. D., Coşa, I. M., & Dobrean, A. (2024). Parental risk and protective factors associated with bullying victimization in children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Clinical Child and Family Psychology Review. https://doi.org/10.1007/s10567-024-00473-8

    Healy, K. L., & Sanders, M. R. (2014). Randomized controlled trial of a family intervention for children bullied by peers. Behavior Therapy, 45(6), 760-777. https://doi.org/10.1016/j.beth.2014.06.001

    Healy, K. L., Thomas, H. J., Sanders, M. R., & Scott, J. G. (2022). Empirical and theoretical foundations of family interventions to reduce the incidence and mental health impacts of school bullying victimization. International Review of Psychiatry. https://doi.org/10.1080/09540261.2022.2045260

    Kendall, P. C. (Ed.). (2011). Child and adolescent therapy: Cognitive-behavioral procedures (4a ed.). Guilford Press.

    Man, X., Liu, J., & Xue, Z. (2022). Effects of bullying forms on adolescent mental health and protective factors: A global cross-regional research based on 65 countries. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(4), 2426. https://doi.org/10.3390/ijerph19042374

    Martínez, M., Damme, K. S., Vargas, T., et al. (2024). Longitudinal study of peer victimization, social support, and mental health during early adolescence. Psychological Medicine. https://doi.org/10.1017/s0033291724000035

    Olweus, D. (1993). Bullying at school: What we know and what we can do. Blackwell.

    Ortega-Ruiz, R., Del Rey, R., & Casas, J. A. (2016). Evaluar el bullying y el cyberbullying: Validación española del EBIPQ y del ECIPQ. Psicología Educativa, 22(1), 71-79. https://doi.org/10.1016/j.pse.2016.01.004

    Peprah, P., Asare, B. Y., Nyadanu, S. D., et al. (2023). Bullying victimization and suicidal behavior among adolescents in 28 countries and territories: A moderated mediation model. Journal of Adolescent Health. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2023.01.029

    Swearer, S. M., Espelage, D. L., & Napolitano, S. A. (2009). Bullying prevention and intervention: Realistic strategies for schools. Guilford Press.

    Van Niejenhuis, C., Huitsing, G., & Veenstra, R. (2020). Working with parents to counteract bullying: A randomized controlled trial of an intervention to improve parent-school cooperation. Scandinavian Journal of Psychology, 61(1), 117-131. https://doi.org/10.1111/sjop.12522

    Wright, M. F. (2024). The associations among cyberbullying victimization and Chinese and American adolescents’ mental health issues: The protective role of perceived parental and friend support. International Journal of Environmental Research and Public Health, 21(9), 1135. https://doi.org/10.3390/ijerph21081069

    Wu, N., Li, Z., Liu, T., Tian, Y., & Ding, R. (2025). Does being bullied predict adolescent psychological problems? The moderating role of parental responses to adolescents’ negative emotions. Journal of Youth and Adolescence. https://doi.org/10.1007/s10964-025-02240-6

  • Tratamiento Psicológico para Víctimas de Bullying en Niños: Protocolo Clínico Paso a Paso

    Tratamiento Psicológico para Víctimas de Bullying en Niños: Protocolo Clínico Paso a Paso

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    El niño que llega a tu consulta porque “no quiere ir al colegio” puede estar usando esa frase para envolver algo mucho más complejo: miedo crónico, vergüenza internalizada, hipervigilancia constante y, en algunos casos, pensamientos de muerte. Cuando el bullying está activo (cuando el agresor sigue ahí, en el mismo patio, el mismo grupo de WhatsApp) el tratamiento no puede seguir el formato estándar del trabajo con trauma. El estresor no ha cesado. Y eso cambia todo.

    Este protocolo está escrito para psicólogos clínicos que trabajan o se van a encontrar con víctimas de acoso escolar activo. No pretende reemplazar tu formación en TCC o en trauma: pretende darte un mapa clínico aplicable desde la primera sesión, con criterios claros para cada fase y con la evidencia que respalda cada decisión.

    TL;DR: El tratamiento para víctimas de bullying activo tiene cuatro fases: (1) evaluación y seguridad, (2) psicoeducación y regulación emocional, (3) reestructuración cognitiva + habilidades sociales + asertividad, y (4) consolidación y prevención de recaídas. El modelo con mayor evidencia es la TF-CBT, con eficacia Nivel 1a para TEPT, depresión y ansiedad en niños. El trabajo con padres y la coordinación escolar no son opcionales: sin ellos, el tratamiento individual tiene el techo demasiado bajo.


    ¿Por qué el bullying activo es una emergencia clínica?

    Un meta-análisis de 2025 que analizó 116 estudios con 603,231 participantes cifra la prevalencia global de victimización por bullying en el 25% de los niños y adolescentes (Ariani et al., 2025). No es un problema marginal. Es el problema más frecuente que llega a consulta disfrazado de “dificultades escolares”, “problemas de sueño” o “somatizaciones sin causa médica”.

    El daño clínico está bien documentado, y es causal, no solo correlacional. Un estudio con 11,108 pares de gemelos publicado en JAMA Psychiatry demostró que la exposición al bullying a los 11 años predice de forma independiente ansiedad (β = 0.27; IC 95%, 0.22–0.33), depresión, hiperactividad e inatención (Singham et al., 2017). Y esos efectos sobre la ansiedad persisten al menos dos años después de que el acoso cesa.

    Pero hay algo que los datos de prevalencia no capturan bien: cuando el bullying sigue activo, el sistema nervioso del niño no puede procesar. La victimización crónica actúa como un estresor recurrente que mantiene al niño en estado de alarma permanente. Las memorias no se integran, los síntomas no remiten, y la terapia de trauma clásica (aplicada sin antes detener el ciclo) puede incluso retraumatizar.

    Por eso el protocolo empieza siempre en el mismo lugar: seguridad antes que procesamiento.


    Evaluación inicial: qué medir antes de intervenir

    La evaluación de una víctima de bullying activo tiene tres niveles que no se pueden saltar.

    Nivel 1: Evaluación del riesgo vital

    La primera prioridad es siempre la ideación suicida. Un estudio europeo con 5,183 niños de 6 a 11 años en siete países encontró que el 17.1% de las víctimas de bullying reportaron ideación suicida, comparado con el 13.3% de los no involucrados (Husky et al., 2022). En niños que son víctimas-perpetradores, esa cifra sube al 24.4%. La ideación suicida en la infancia es un síntoma que los padres suelen no reportar porque no preguntan, y que el niño raramente verbaliza espontáneamente.

    Preguntar directamente es tu obligación clínica. No preguntar no protege al niño; lo desampara.

    Evalúa además: autolesiones actuales, conductas de evitación severa (rechazo escolar persistente de más de dos semanas), e indicadores de TEPT complejo como disociación o flashbacks frecuentes.

    Nivel 2: Análisis funcional del bullying

    El análisis funcional te da el mapa del problema en este niño concreto:

    • Antecedentes: ¿Dónde ocurre? ¿Quién inicia? ¿Hay testigos? ¿Existe también ciberbullying?
    • Pensamiento automático: ¿Qué se dice el niño cuando ocurre? (“Soy raro”, “No valgo nada”, “Nadie me va a ayudar”)
    • Respuesta emocional y fisiológica: Náuseas, taquicardia, llanto, congelamiento, disociación
    • Conducta resultante: Evitación, inhibición, búsqueda de adulto, respuesta agresiva reactiva
    • Consecuencias: Qué refuerza y mantiene el ciclo

    Instrumentos recomendados para la evaluación específica de bullying (Ortega & Del Rey, 2010):

    • EBIPQ (European Bullying Intervention Project Questionnaire): victimización y agresión cara a cara
    • ECIPQ (European Cyberbullying Intervention Project Questionnaire): acoso digital
    • Cuestionarios de Convivencia Escolar: perspectiva del niño, el docente y la familia

    Nivel 3: Diagnóstico de la sintomatología clínica

    Para medir el impacto psicopatológico real, utiliza instrumentos validados:

    Área Instrumento recomendado
    TEPT PCL-5, Posttraumatic Diagnostic Scale
    Depresión PHQ-9, BDI
    Ansiedad social SAS-A, SPIN
    Cribado global CBCL (Child Behavior Checklist)
    Entrevista estructurada K-SADS-PL (niños), SCID-5 (adolescentes)

    En consulta, lo que aparece con frecuencia es que los padres llegan con la historia del colegio pero sin datos: saben que algo pasa, pero no tienen aún la dimensión real del daño psicológico. Las escalas te dan eso. Te dan un punto de partida medible y te permiten demostrarle a la familia (y al niño) que el cambio está ocurriendo. [EXPERIENCIA: añade aquí una observación clínica propia sobre el primer contacto con víctimas de bullying activo]


    El protocolo clínico: 4 fases, 16 a 20 sesiones

    El modelo con mayor evidencia para el tratamiento del trauma en niños víctimas de bullying es la TF-CBT (Trauma-Focused Cognitive Behavioral Therapy) de Cohen, Mannarino y Deblinger (2006). Un meta-análisis de 4,523 participantes en 28 ensayos controlados aleatorizados reportó efectos grandes para TEPT (g = 1.14, IC 0.97–1.30) y favorables versus condiciones control (g = 0.52, IC 0.31–0.73) (Thielemann et al., 2022). El protocolo mínimo requiere 8 sesiones individuales; para bullying activo, lo habitual es entre 16 y 20 sesiones.

    La adaptación al bullying activo añade una fase previa al procesamiento del trauma que el protocolo estándar de trauma no contempla: hay que parar el estresor antes de procesar.


    Fase 1: Seguridad y estabilización (sesiones 1–3)

    Objetivo clínico: Que el niño sienta que tiene aliados concretos, que el acoso se está tomando en serio y que hay un plan activo.

    Con el niño:

    • Establecer la alianza terapéutica. Validar: sus reacciones son normales dado lo que está viviendo. La vergüenza es uno de los primeros obstáculos: muchos niños sienten que “algo tienen de malo” que atrae el acoso.
    • Psicoeducación básica adaptada a su edad: ¿qué es el bullying? ¿por qué los acosadores actúan así? ¿por qué cuesta tanto pedir ayuda?
    • Enseñar la técnica SSTA (Parar, Frenar, Pensar, Actuar) para manejar situaciones de crisis emocional aguda en el colegio.
    • Identificar a dos adultos de confianza dentro de la escuela: un “referente de seguridad” al que puede acudir cuando ocurra algo.

    Con la familia (primera sesión parental):

    • Psicoeducación: qué es el bullying, cómo lo procesa el niño neurológicamente, por qué el castigo al agresor por sí solo no resuelve el daño psicológico ya generado.
    • Primeros acuerdos de acompañamiento: escucha activa sin minimizar y sin reaccionar con alarma excesiva. Ambos extremos interfieren con el proceso.

    Coordinación escolar:

    • Primera reunión con el equipo del centro (orientador, jefe de estudios, tutor). El objetivo es construir un plan de seguridad con responsables claros: quién vigila en recreo, cómo se notifica al tutor si hay un incidente, qué protocolo activa el centro cuando el niño reporta.
    • Si la escuela no tiene protocolo o se muestra inactiva: documentar cada comunicación y orientar a los padres sobre sus derechos.

    Esta fase es la que más resistencia genera en los padres: quieren que el niño “esté mejor ya”. Tu labor es explicar que sin seguridad primero, cualquier trabajo emocional tiene el suelo inestable.

    Fase 2: Psicoeducación y regulación emocional (sesiones 4–7)

    Objetivo clínico: Que el niño tenga herramientas para identificar y regular sus emociones antes de exponerse a material cognitivo más exigente.

    Con el niño:

    • El “termómetro del malestar” (escala SUDS, 0–10): identificar el nivel de activación en tiempo real, antes de que sea inmanejable.
    • Técnicas de regulación adaptadas a la edad: respiración diafragmática, anclaje sensorial 5-4-3-2-1, relajación muscular progresiva en versión lúdica.
    • Diario emocional: registro semanal de situaciones de bullying + emoción + intensidad SUDS + pensamiento automático.
    • Introducción al modelo TCC: la triada pensamiento–emoción–conducta. Para niños de 6–9 años: el “niño detective” que investiga si sus pensamientos son verdad. Para 10–12 años: la triada dibujada como un ciclo que se puede romper.

    Con la familia (segunda sesión parental):

    • Cómo responder cuando el niño llega con malestar desde el colegio. El error más frecuente: dar soluciones inmediatas cuando lo que el niño necesita primero es sentirse escuchado. Validar antes de aconsejar.

    Fase 3: Reestructuración cognitiva, habilidades sociales y asertividad (sesiones 8–14)

    Objetivo clínico: Modificar los patrones cognitivos que mantienen el malestar y entrenar respuestas adaptativas ante el acoso.

    Reestructuración cognitiva:

    • Identificación de “pensamientos calientes”: “Soy un inútil”, “Nadie me va a defender nunca”, “Es culpa mía que me hagan esto”.
    • Cuestionamiento socrático: ¿qué evidencia tengo de que eso es verdad? ¿hay otras explicaciones posibles? ¿qué le diría a un amigo que pensara eso?
    • Registro de pensamientos alternativos más adaptativos. No se trata de “pensar positivo”: se trata de pensar de forma más precisa y funcional.
    • Trabajo específico con la internalización del abuso: muchas víctimas de bullying asumen que “algo tienen de malo” que provoca el acoso. Desmontarlo requiere un trabajo cuidadoso y sostenido, no retórico.

    Habilidades sociales y asertividad:

    • La metáfora del tiburón, el ratón y el oso (Swearer et al., 2009): el acosador espera pasividad (ratón) o agresividad reactiva (tiburón). El objetivo terapéutico es la respuesta asertiva (oso): firme, directa, sin hostilidad.
    • Role-playing de situaciones reales que el niño ha vivido: qué dice, cómo se posiciona el cuerpo, cuándo se va si el contexto es peligroso.
    • Ensayo conductual con retroalimentación específica: el niño practica en consulta, recibe feedback, repite hasta que la respuesta fluye.
    • Entrenamiento en buscar apoyo: a quién reportar en el colegio, cómo hacerlo sin sentirse “soplón”.

    Activación conductual:

    El aislamiento post-bullying es uno de los mantenedores más potentes de la depresión. Identificar actividades que producen dominio o placer y programarlas como tarea terapéutica. No es “distracción”: es activación conductual con base empírica (Kendall, 2011).

    Fase 4: Consolidación, integración y prevención de recaídas (sesiones 15–20)

    Objetivo clínico: Cierre del proceso con un niño que ha internalizado recursos y tiene un plan para lo que viene.

    Para los casos con TEPT estructurado, en esta fase se incorporan técnicas de procesamiento del trauma. La exposición gradual imaginaria y la exposición en vivo gradual a situaciones escolares evitadas. Un meta-análisis de 94 estudios confirma la eficacia de la TCC en jóvenes expuestos a trauma, y matiza algo útil: sus distintas variantes no se diferenciaron entre sí de forma significativa, y lo que sí moderó el resultado fue el tipo de trauma (Q = 24.09, p = 0.004) (Yohannan et al., 2022).

    El EMDR puede ser una alternativa válida para niños con memorias traumáticas bien delimitadas que muestran resistencia a la exposición imaginaria convencional (Swearer et al., 2009).

    Cierre del proceso:

    • Revisión del camino recorrido: comparar las puntuaciones iniciales con las actuales en PCL-5, PHQ-9 y SAS-A.
    • Carta del niño hacia su yo futuro: qué aprendió, qué tiene ahora que antes no tenía.
    • Plan de acción ante posibles recurrencias: señales de alarma que reconoce en sí mismo, pasos concretos.
    • Sesión de cierre con la familia: celebrar los avances, reforzar lo que hicieron bien, dejar la puerta abierta.

    Trabajo con la familia: el terapeuta no trabaja solo

    El apego seguro con los padres actúa como amortiguador contra el impacto del bullying (Swearer et al., 2009). La calidad de la red familiar predice en parte la respuesta al tratamiento. Por eso el trabajo con padres no es opcional y no se reduce a una sola sesión informativa.

    Qué incluye la psicoeducación parental completa:

    1. Cómo reconocer señales de bullying sin esperar a que el niño lo verbalice
    2. Por qué el niño no reporta: vergüenza, miedo a empeorar la situación, creencia de que el adulto no podrá ayudar de verdad
    3. Cómo escuchar sin reaccionar: la validación emocional antes del consejo
    4. Qué no hacer: minimizar (“son cosas de niños”), restar gravedad, confrontar al acosador de forma impulsiva, presionar al niño para que “se defienda solo”
    5. Cómo coordinarse con la escuela de forma efectiva y sostenida
    6. El impacto del bullying del hijo en la familia: los padres también necesitan un espacio de contención

    Un patrón que aparece con frecuencia en consulta: los padres alternan entre la sobreprotección (que refuerza al niño en el rol de víctima) y la presión de rendimiento. Ambas respuestas, aunque nacen del amor, alimentan el ciclo. [EXPERIENCIA: añade aquí tu observación clínica sobre este patrón]


    Coordinación con la escuela: de la queja al plan de seguridad

    La escuela es el entorno donde el bullying ocurre. Sin una respuesta activa del sistema escolar, el tratamiento individual tiene alcance limitado.

    El plan de seguridad escolar debe incluir:

    • Mapeo de espacios de riesgo: pasillos, baños, recreo, transporte escolar
    • Un referente adulto al que el niño puede acudir en cualquier momento sin consecuencias negativas
    • Protocolo claro de notificación cuando hay un incidente, con registro escrito
    • Seguimiento semanal con el tutor durante las primeras 6 semanas de tratamiento
    • Evaluación del clima de aula: ¿hay líderes positivos que pueden actuar como aliados?

    Cuando la escuela no responde: documenta cada comunicación, pide respuestas por escrito e informa a los padres de sus derechos y de las vías de escalada disponibles.


    Cuando el cuadro es más complejo: TEPT-C, depresión mayor e ideación suicida

    Un estudio longitudinal reciente con jóvenes con historia de victimización por bullying encontró que la victimización crónica aumenta el riesgo de TEPT complejo (TEPT-C): mayor dificultad de regulación emocional, alteraciones del autoconcepto y perturbaciones relacionales profundas (Liu et al., 2024). El TEPT-C no responde igual que el TEPT simple a los protocolos estándar.

    Señales que deben modificar el plan de tratamiento:

    • Ideación suicida persistente o con plan estructurado
    • Autolesiones actuales
    • Disociación recurrente durante las sesiones
    • Historia de múltiples victimizaciones (bullying + maltrato en el hogar)
    • Rechazo escolar severo con más de dos semanas consecutivas de ausencia
    • Ausencia de respuesta clínica tras 6–8 semanas de tratamiento activo

    En estos casos, la derivación a un equipo de salud mental infanto-juvenil debe estar sobre la mesa. El trabajo individual en consulta privada tiene límites, y reconocerlos a tiempo es parte del estándar de cuidado.


    Indicadores de progreso y criterios de alta

    Indicadores de progreso (sesión a sesión):

    • Reducción ≥ 20% en PCL-5 y PHQ-9 como señal mínima de respuesta clínica
    • Asistencia escolar regular: uno de los indicadores más sensibles al cambio real
    • Uso espontáneo de las técnicas de regulación en situaciones reales
    • Al menos un episodio donde el niño respondió asertivamente o buscó ayuda de forma efectiva

    Criterios de alta:

    • Puntuaciones del PCL-5, PHQ-9 y SAS-A por debajo de umbrales clínicos
    • El niño puede hablar de las experiencias de bullying sin respuesta emocional desorganizadora
    • Reintegración funcional en el entorno escolar: asistencia regular, al menos un vínculo social positivo
    • La familia cuenta con recursos y sabe cuándo volver a consultar
    • El bullying activo ha cesado, o el niño tiene estrategias funcionales para manejarlo

    Un meta-análisis de 58 estudios clínicos en atención rutinaria encontró tasas de remisión de entre 50.7% y 83.3% post-tratamiento y en seguimiento para TCC en trastornos internalizantes en jóvenes, con una tasa de abandono del 12.2% (Wergeland et al., 2021). Cuando el tratamiento está bien encuadrado, los niños y sus familias se quedan. Y mejoran.


    Preguntas frecuentes sobre el tratamiento psicológico para víctimas de bullying

    ¿Cuántas sesiones necesita un niño víctima de bullying activo?

    El protocolo mínimo basado en TF-CBT requiere 8 sesiones según el manual de Cohen, Mannarino y Deblinger (2006). Para bullying activo, el rango habitual es de 16 a 20 sesiones en cuatro fases. Los casos con TEPT complejo o comorbilidades pueden requerir más, ajustándose a la respuesta clínica del niño.

    ¿Cuándo derivar a psiquiatría infantil?

    Cuando hay ideación suicida con plan, autolesiones frecuentes, disociación recurrente, síntomas psicóticos, o cuando el niño no muestra respuesta funcional tras 6–8 semanas de tratamiento activo con TCC. La derivación no es un fracaso terapéutico; es parte del protocolo en casos de alta complejidad.

    ¿Se puede intervenir con el agresor aún presente en el colegio?

    Sí, pero con una condición no negociable: debe existir un plan de seguridad activo con responsables claros en la escuela. Sin ese plan, el trabajo de consulta opera contra el estresor activo. La coordinación escolar no es complementaria al tratamiento; es parte estructural de él.

    ¿Siempre hay que incluir a la familia en el tratamiento?

    La evidencia indica que los mejores resultados se obtienen con intervención combinada niño + familia. El apoyo familiar predice mejor pronóstico (Swearer et al., 2009). Las sesiones parentales son psicoeducación y entrenamiento de recursos mínimos, pero son imprescindibles.

    ¿Qué pasa si hay ciberbullying además del acoso presencial?

    Evaluarlo con el ECIPQ y añadir al tratamiento un módulo de higiene digital: qué hacer ante un mensaje acosador, cómo reportar en la plataforma, cómo establecer límites digitales acordados con la familia. El ciberbullying es 24/7 y no cesa fuera del colegio.

    ¿Qué diferencia hay entre el tratamiento del bullying y el de otros traumas?

    La diferencia fundamental es que el estresor es activo y social. En el trauma por evento único se puede procesar de inmediato; en el bullying activo hay que asegurar el entorno primero. Además, el bullying daña específicamente la identidad social del niño, lo que requiere trabajo cognitivo específico más allá del protocolo de trauma estándar.


    Conclusión

    El bullying activo en niños no es un problema que se resuelva solo, ni con el tiempo, ni diciéndole al niño que “los ignore”. Es un estresor clínico con consecuencias documentadas a largo plazo. Y tiene tratamiento. Un tratamiento con protocolo, con evidencia de Nivel 1a, con fases claras y con criterios medibles.

    Tu rol como psicólogo abarca la evaluación rigurosa, la psicoeducación familiar, la coordinación escolar y el seguimiento sistemático. Cuando todas esas piezas se activan en paralelo, los niños mejoran.

    Si tienes a un niño víctima de bullying activo en tu sala de espera, este protocolo es tu punto de partida.

    ¿Tienes un caso de bullying infantil en el que necesitas orientación clínica o supervisión? Nicolás Alcayaga atiende consultas en Terapia Online Chile. Agenda una sesión aquí →


    Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Nicolás Alcayaga
    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy →


    Referencias

    Ariani, T. A., Putri, A. R., Firdausi, F. A., & Aini, N. (2025). Global prevalence and psychological impact of bullying among children and adolescents: A meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 385, 119446. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.119446

    Cohen, J. A., Mannarino, A. P., & Deblinger, E. (2006). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. Guilford Press.

    Husky, M. M., Bitfoi, A., Carta, M. G., et al. (2022). Bullying involvement and suicidal ideation in elementary school children across Europe. Journal of Affective Disorders, 298, 142–148. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.12.023

    Kendall, P. C. (2011). Child and adolescent therapy: Cognitive-behavioral procedures (4.ª ed.). Guilford Press.

    Liu, M., Liu, A., Liu, S., Xu, B., & Wu, X. (2024). Longitudinal cross-lagged relationships of complex post-traumatic stress disorder, depression, and anxiety among adolescents and emerging adults with childhood bullying victimization experiences. Depression and Anxiety, 2024, 1–12. https://doi.org/10.1155/da/9166230

    Newman, K. L., Alexander, D. S., & Rovers, J. P. (2023). Sadness, hopelessness and suicide attempts in bullying: Data from the 2018 Iowa Youth Survey. PLoS One, 18(2), e0281744. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0281106

    Olweus, D. (1993). Bullying at school: What we know and what we can do. Blackwell.

    Ortega, R. (Ed.). (2010). Agresividad injustificada, bullying y violencia escolar. Alianza Editorial.

    Singham, T., Viding, E., Schoeler, T., et al. (2017). Concurrent and longitudinal contribution of exposure to bullying in childhood to mental health. JAMA Psychiatry, 74(11), 1112–1119. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2017.2678

    Swearer, S. M., Espelage, D. L., & Napolitano, S. A. (2009). Bullying prevention and intervention: Realistic strategies for schools. Guilford Press.

    Thielemann, J. F. B., Kasparik, B., König, J., Unterhitzenberger, J., & Rosner, R. (2022). A systematic review and meta-analysis of trauma-focused cognitive behavioral therapy for children and adolescents. Child Abuse & Neglect, 134, 105899. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2022.105899

    Wergeland, G. J. H., Riise, E. N., & Öst, L. G. (2021). Cognitive behavior therapy for internalizing disorders in children and adolescents in routine clinical care. Clinical Psychology Review, 82, 101918. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101918

    Xian-Yu, C. Y., Deng, N. J., Zhang, J., et al. (2022). Cognitive behavioral therapy for children and adolescents with post-traumatic stress disorder: Meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 308, 310–321. https://doi.org/10.1016/j.jad.2022.04.111

    Yohannan, J., Carlson, J. S., & Volker, M. A. (2022). Cognitive behavioral treatments for children and adolescents exposed to traumatic events: A meta-analysis examining variables moderating treatment outcomes. Journal of Traumatic Stress, 35, 706–717. https://doi.org/10.1002/jts.22755

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.