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  • Ansiedad en el duelo: síntomas y qué hacer

    Ansiedad en el duelo: síntomas y qué hacer

    Desde la muerte de esa persona el corazón se te acelera sin motivo, duermes a ratos y cada vez que suena el teléfono piensas lo peor. Esperabas tristeza. Nadie te avisó de esta inquietud que no te deja quieta.

    Si buscaste duelo y ansiedad porque tienes ansiedad después de la muerte de un ser querido, esta guía reúne lo que dice la investigación y los libros de Worden, Neimeyer y Boss. Explica por qué aparece, qué síntomas son esperables, cuándo hay ataques de pánico y qué puedes hacer.

    Respuesta corta: la ansiedad es una parte frecuente del duelo, porque la pérdida activa el miedo a la separación, al desamparo y a la propia mortalidad. Suele ir cediendo. Conviene consultar cuando se intensifica, aparecen crisis de pánico, evitas todo lo que recuerda a la persona o te impide funcionar.

    ¿Qué relación hay entre duelo y ansiedad?

    La ansiedad es una respuesta natural del sistema de apego a la separación de un ser querido, tanto en niños como en adultos. Una revisión sobre duelo y ansiedad la describe como un rasgo muy común del duelo y a menudo descuidado (Shear y Skritskaya, 2012).

    Esa misma revisión añade dos cosas. Enfrentarte a tu propia muerte también dispara ansiedad, y la pérdida puede desencadenar un trastorno de ansiedad que, si aparece, puede prolongar el duelo.

    Worden (2013) ubica la ansiedad en un rango amplio: desde una leve inseguridad hasta fuertes ataques de pánico. Una parte nace del desamparo (el temor de no poder cuidarte sola o solo) y otra de la conciencia de que tú y los demás también pueden morir.

    ¿Es normal sentir ansiedad después de la muerte de un ser querido?

    Sí. Es esperable y no indica que estés elaborando mal el duelo. Una revisión en The Lancet concluye que el duelo no es una enfermedad y que la mayoría de las personas se adapta sin ayuda profesional (Stroebe et al., 2007).

    Un grupo menor desarrolla complicaciones. Una revisión de curso y tratamiento estima que cerca del 10 % de las personas en duelo desarrolla duelo prolongado y que el resto va mejorando con el tiempo (Szuhany et al., 2021).

    No existe una cifra publicada de cuánto dura la ansiedad de un duelo normal, y quien da un número exacto lo está inventando. Lo que sí sirve es mirar la dirección: si con los meses baja, vas bien.

    ¿Por qué el duelo da tanta ansiedad?

    Worden (2013) explica que el duelo rompe un vínculo de apego, y la separación activa de inmediato una angustia que empuja a buscar a la persona: confundir a un desconocido con ella, decir su nombre en voz alta o esperar que entre por la puerta. Esa búsqueda disminuye a medida que el recuerdo se vuelve interno.

    Neimeyer (2019) la entiende como un golpe a tu mundo previsible. La muerte superó tu capacidad de explicar, predecir y controlar lo que pasa, y de ahí salen preguntas como «¿cómo voy a seguir viviendo sin esta persona?». Boss (2025) agrega que sin certezas (una desaparición, una demencia) la ansiedad es constante porque falta el cierre.

    Hay tres fuentes frecuentes de miedo:

    • Separación: el sobresalto cuando suena el teléfono, la cama vacía, el miedo a quedar sola o solo.
    • Desamparo: la duda de si podrás con las cuentas, las decisiones o los hijos sin esa persona.
    • Mortalidad: si ella murió, puede morir cualquiera, incluido tú.

    ¿Qué síntomas de ansiedad aparecen en el duelo?

    Los síntomas son corporales, emocionales y de pensamiento. Worden (2013), siguiendo a Lindemann, describe como normales en el duelo agudo estos signos físicos, que se parecen a los de la ansiedad:

    • Vacío en el estómago e inquietud.
    • Opresión en el pecho y en la garganta.
    • Falta de aire, respiración corta o suspiros frecuentes.
    • Hipersensibilidad al ruido.
    • Sensación de irrealidad («camino por la calle y nada parece real»).
    • Sequedad de boca, debilidad muscular y falta de energía.

    Neimeyer (2019) suma oleadas de nerviosismo, palpitaciones, náuseas y problemas digestivos. En el plano emocional aparecen miedo, irritabilidad y sobresalto. En el plano mental, pensamientos de catástrofe («nunca lo voy a superar») y preocupación por perder a otras personas.

    El sueño suele resentirse. Worden (2013) observa que el insomnio de los primeros tiempos y el miedo a la cama vacía suelen reflejar el temor a la soledad o las pesadillas.

    Si tienes dolor de pecho, palpitaciones o falta de aire intensos o nuevos, un médico debe descartar primero una causa física. Una vez descartada, saber que el cuerpo reacciona así al duelo suele bajar el miedo a las propias sensaciones.

    ¿Puede haber duelo y ataques de pánico a la vez?

    Sí. Worden (2013) menciona expresamente los ataques de pánico dentro de la ansiedad del duelo, y Neimeyer (2019) señala que ante una muerte repentina la persona puede sentirse desbordada y en pánico en los primeros momentos, como una defensa ante algo demasiado doloroso.

    Un episodio aislado de pánico en medio de un duelo reciente no basta para pensar en un trastorno. Preocupa cuando se repite, cuando temes tanto la próxima crisis que empiezas a evitar lugares o situaciones, o cuando interpretas las sensaciones como una catástrofe inminente.

    Clark y Beck (2010) describen esa interpretación como el núcleo del trastorno de pánico. Se ve así: la taquicardia y la opresión del pecho se leen como señal de un infarto o de que estás perdiendo el control, y el miedo intensifica las sensaciones. En cómo distinguir un ataque de ansiedad de uno de pánico hay más detalle.

    ¿Cuándo la ansiedad deja de ser parte del duelo?

    Cuando cambia de naturaleza. En el duelo la preocupación mira hacia atrás, a la pérdida, a la culpa y a lo que se perdió. Clark y Beck (2010) describen que en los trastornos de ansiedad el foco se desplaza al peligro futuro, a lo impredecible y a lo incontrolable.

    Los manuales de TCC citados señalan estas pistas de que la respuesta cruzó el umbral:

    • Interfiere de forma importante con el trabajo, los estudios o las relaciones.
    • Te mantiene en alerta continua, con cadenas de «¿y si…?» sobre futuras pérdidas.
    • Aparecen crisis de pánico con miedo a morir o a perder la razón.
    • Evitas con rigidez lugares, objetos, conversaciones o recuerdos del fallecido, o dependes de alcohol, fármacos o compañía permanente para tolerarlo.

    Beck y colaboradores (2024) advierten que la evitación extrema por miedo o culpa impide procesar la pérdida y puede mantener el malestar.

    La investigación muestra que ambas cosas se encuentran con frecuencia, aunque con muestras clínicas hay que interpretar con cautela:

    • En 242 adultos en duelo con un trastorno de ansiedad, el 12 % tenía síntomas de duelo complicado sobre el umbral, frente a menos del 1 % de 155 personas en duelo sin diagnóstico (Marques et al., 2013).
    • En 454 pacientes ambulatorios con trastornos del ánimo o de ansiedad, el 23 % tenía duelo complicado, y entre ellos la ansiedad por separación del adulto era más frecuente (56 % frente a 40 %) (Pini et al., 2012).
    • En 205 personas en duelo, los síntomas de duelo prolongado, depresión y ansiedad por separación se comportaron como dimensiones distintas, con correlaciones de moderadas a grandes (Boelen, 2013).

    Esa distinción importa porque cada cuadro se trata distinto. Shear y Skritskaya (2012) insisten en que los trastornos de ansiedad ligados al duelo necesitan reconocerse y tratarse.

    ¿Es ansiedad del duelo o duelo prolongado?

    Son cosas diferentes que pueden coexistir. El duelo prolongado se define por un anhelo o una preocupación persistente por la persona fallecida, junto con otros síntomas, que causa deterioro y se extiende más allá de lo esperable. La CIE-11 lo plantea a partir de 6 meses desde la muerte (OMS, 2024).

    El DSM-5-TR exige al menos 12 meses en adultos, según un estudio de validación de esos criterios (Prigerson et al., 2021). Un metaanálisis de 14 estudios con adultos tras muertes no violentas estimó una prevalencia de 9,8 % (Lundorff et al., 2017).

    La ansiedad puede acompañar al duelo prolongado, pero no siempre es lo central. Una revisión sistemática de estudios longitudinales sugiere de forma tentativa que los síntomas de duelo prolongado podrían predecir los de depresión y estrés postraumático, con mucha heterogeneidad y sin resultados claros para la ansiedad (Janshen y Eisma, 2024).

    Si quieres ver qué se hace cuando el duelo se complica, la guía de terapia de duelo lo explica.

    ¿Qué hacer con la ansiedad en el duelo?

    Lo que sigue combina propuestas de Worden (2013), Neimeyer (2019) y Boss (2025). Son medidas de autocuidado y no sustituyen una evaluación si los síntomas son intensos.

    1. Alterna sentir y descansar. Neimeyer (2019) recoge el modelo del proceso dual: hay ratos para llorar, escribir o mirar fotos, y ratos para trabajar, hacer ejercicio o estar con amigos. Esos descansos del dolor son una herramienta adaptativa y no evitación.
    2. Pon nombre a lo que pasa. Saber que las palpitaciones, el nudo en la garganta y la irrealidad son reacciones esperables del duelo baja el miedo a ellas. Boss (2025) subraya que darle nombre a la angustia reduce la culpa de «estar fallando».
    3. Escribe. Neimeyer (2019) propone un diario de 15 minutos al día durante unos 4 días, sobre los recuerdos dolorosos o los temores del futuro, y programar después un rato para salir del estado de dolor, como pasear o conversar. Worden (2013) usa cartas al fallecido para volcar pensamientos que dan vueltas de noche.
    4. Revisa los pensamientos de desastre. Ante «no puedo vivir sin esta persona», Worden (2013) sugiere recordar qué decisiones y qué recursos tenías antes de la pérdida, y dividir lo práctico en pasos pequeños.
    5. Cuida el cuerpo. Neimeyer (2019) menciona la relajación, el ejercicio y la respiración lenta. Una guía de respiración diafragmática explica cómo hacerla. Úsala para bajar la activación y no para huir de la sensación como si fuera peligrosa, porque eso refuerza el miedo (Clark y Beck, 2010).
    6. Habla con alguien de confianza. Neimeyer (2019) destaca contar con alguien a quien explicarle la angustia sin que interrumpa con su propia agenda.
    7. Protege el sueño. Worden (2013) acepta rituales temporales que reconfortan, como dormir con un objeto simbólico o con una mascota, y reserva los ansiolíticos para uso puntual en cuadros agudos, bajo indicación médica. Si el insomnio se instala, esta guía puede ayudar.

    ¿Qué tratamiento hay cuando la ansiedad se complica?

    Depende de qué predomine. Si hay un trastorno de pánico o de ansiedad generalizada, la TCC es el abordaje descrito en los manuales (Clark y Beck, 2010; Tolin, 2024). Para el pánico se usa la exposición a las sensaciones corporales temidas, para que la persona compruebe que no son peligrosas, y la eliminación de conductas de seguridad.

    Para la preocupación se usa un momento fijo del día para preocuparse y la exposición a los peores escenarios imaginados.

    Estas técnicas se hacen con un profesional. En tratamiento del trastorno de pánico se detalla qué funciona. Faltan ensayos que pongan a prueba la TCC estándar para el pánico específicamente en personas en duelo: lo que se sabe viene de los manuales y de la clínica.

    Si lo central es el duelo prolongado, hay terapias específicas. En un ensayo con 395 adultos, respondió el 82,5 % de quienes recibieron terapia del duelo complicado frente al 54,8 % de quienes recibieron placebo con seguimiento clínico (Shear et al., 2016). Agregar citalopram no mejoró los síntomas de duelo, aunque sí redujo más los depresivos.

    Otro ensayo con 80 adultos con duelo prolongado comparó TCC con exposición a los recuerdos de la muerte y TCC con apoyo. A los 6 meses, cumplía criterios de duelo prolongado el 14,8 % con exposición y el 37,9 % con TCC sola, entre quienes completaron el tratamiento (Bryant et al., 2014).

    ¿Por qué tengo miedo de que muera otra persona?

    Es un temor frecuente. Worden (2013) lo vincula a la conciencia de la propia mortalidad y a la vulnerabilidad de perder a otros seres queridos que despierta una muerte cercana. Shear y Skritskaya (2012) lo ubican entre los desencadenantes naturales de ansiedad.

    Ayuda reconocerlo como parte del duelo y no como una predicción. También ayuda mantener los contactos habituales con tus seres queridos, conversarlo con ellos y volver de a poco a las rutinas.

    Si el miedo se vuelve una vigilancia constante (llamar varias veces para comprobar que están bien, no poder separarte de ellos), es una señal para consultar. La ansiedad por separación en adultos tiene su propia guía.

    En niños, Webb (2010) describe la ansiedad por separación como miedo intenso a alejarse del progenitor que sobrevive, aferramiento y necesidad de reafirmación constante, por ejemplo a la hora de dormir o de ir al colegio.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar si la ansiedad no cede con los meses o crece, si hay crisis de pánico repetidas, si evitas todo lo que recuerda a la persona, si tu funcionamiento se deteriora o si necesitas alcohol o fármacos para aguantar. No hace falta esperar ningún plazo.

    Si hay ideas de hacerte daño, no esperes. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    La guía para superar un duelo y la página sobre el duelo explican el proceso normal.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal tener ataques de pánico después de la muerte de un ser querido?

    Puede ocurrir. Worden (2013) incluye los ataques de pánico dentro del rango de la ansiedad del duelo, sobre todo en los primeros momentos. Se vuelve una señal de consulta si se repiten, si temes la siguiente crisis y empiezas a evitar situaciones, o si interpretas las sensaciones como un peligro mortal.

    ¿Cuánto dura la ansiedad en el duelo?

    Ninguna fuente fija una cifra. Lo esperable es que vaya bajando de intensidad con los meses, aunque pueda reaparecer en aniversarios o fechas especiales. Si después de 6 a 12 meses sigue igual o crece, o antes si te impide vivir, vale la pena consultar.

    ¿Puede el duelo causar un trastorno de ansiedad?

    Una pérdida puede desencadenar un trastorno de ansiedad, como el pánico, y Shear y Skritskaya (2012) advierten que puede prolongar el duelo. Los estudios disponibles son sobre todo transversales, así que muestran que las dos cosas coinciden y no cuál causa a cuál.

    ¿Qué hago si me despierto de noche con el corazón acelerado?

    Son sensaciones de un cuerpo en alerta y ceden por sí solas. Respira lento sin forzarte, evita mirar la hora y no luches por dormirte. Si pasa con frecuencia, o hay dolor de pecho o falta de aire intensos, consulta con un médico y luego con un psicólogo.

    ¿Sirven los ansiolíticos para la ansiedad del duelo?

    Son una decisión médica. Worden (2013) los reserva para cuadros agudos de ansiedad o insomnio y de forma puntual, porque no resuelven el proceso de duelo. En el ensayo de Shear et al. (2016), el citalopram no mejoró los síntomas de duelo. Si los necesitas, que sea con indicación médica.

    ¿Es normal tener miedo a que se muera otro familiar?

    Sí. Después de una muerte cercana se hace más presente que las personas queridas pueden morir. Cuando el miedo es constante, te hace controlar a los demás o te impide vivir, conviene consultarlo.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Distinguir entre la ansiedad esperable del duelo y un cuadro que necesita tratamiento cuesta cuando estás dentro. Si quieres ordenar lo que sientes o ver cómo sería trabajarlo por videollamada, puedes escribir a través de la página de contacto. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Boelen, P. A. (2013). Symptoms of prolonged grief, depression, and adult separation anxiety: Distinctiveness and correlates. Psychiatry Research, 207(1-2), 68-72. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2012.09.021
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Bryant, R. A., Kenny, L., Joscelyne, A., Rawson, N., Maccallum, F., Cahill, C., Hopwood, S., Aderka, I., & Nickerson, A. (2014). Treating prolonged grief disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 71(12), 1332-1339. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2014.1600
    • Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.
    • Janshen, A., & Eisma, M. C. (2024). Bidirectional associations between prolonged grief symptoms and depressive, anxiety, and posttraumatic stress symptoms: A systematic review. Journal of Traumatic Stress, 37(6), 825-836. https://doi.org/10.1002/jts.23061
    • Lundorff, M., Holmgren, H., Zachariae, R., Farver-Vestergaard, I., & O’Connor, M. (2017). Prevalence of prolonged grief disorder in adult bereavement: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 212, 138-149. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.01.030
    • Marques, L., Bui, E., LeBlanc, N., Porter, E., Robinaugh, D., Dryman, M. T., Nadal-Vicens, M., Worthington, J., & Simon, N. (2013). Complicated grief symptoms in anxiety disorders: Prevalence and associated impairment. Depression and Anxiety, 30(12), 1211-1216. https://doi.org/10.1002/da.22093
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Pini, S., Gesi, C., Abelli, M., Muti, M., Lari, L., Cardini, A., Manicavasagar, V., Mauri, M., Cassano, G. B., & Shear, K. M. (2012). The relationship between adult separation anxiety disorder and complicated grief in a cohort of 454 outpatients with mood and anxiety disorders. Journal of Affective Disorders, 143(1-3), 64-68. https://doi.org/10.1016/j.jad.2012.05.026
    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
    • Shear, M. K., Reynolds, C. F., Simon, N. M., Zisook, S., Wang, Y., Mauro, C., Duan, N., Lebowitz, B., & Skritskaya, N. (2016). Optimizing treatment of complicated grief: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 73(7), 685-694. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2016.0892
    • Shear, M. K., & Skritskaya, N. A. (2012). Bereavement and anxiety. Current Psychiatry Reports, 14(3), 169-175. https://doi.org/10.1007/s11920-012-0270-2
    • Stroebe, M., Schut, H., & Stroebe, W. (2007). Health outcomes of bereavement. The Lancet, 370(9603), 1960-1973. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(07)61816-9
    • Szuhany, K. L., Malgaroli, M., Miron, C. D., & Simon, N. M. (2021). Prolonged grief disorder: Course, diagnosis, assessment, and treatment. Focus, 19(2), 161-172. https://doi.org/10.1176/appi.focus.20200052
    • Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Duelo congelado (retrasado): qué es y cómo destrabarlo

    Duelo congelado (retrasado): qué es y cómo destrabarlo

    Hiciste las llamadas, ordenaste los papeles, atendiste a la familia y le diste las gracias a quienes vinieron al funeral. Pasaron las semanas y seguiste funcionando. Un día alguien te pregunta cómo estás y la respuesta honesta es que no sientes nada. Ni pena ni rabia ni alivio. Solo un vacío raro, y la duda de si algo anda mal contigo.

    Muchas personas escriben exactamente eso en el buscador: «no siento nada después de la muerte de mi papá». Si te pasa algo parecido, esta guía explica qué se llama duelo congelado y en qué se diferencia del duelo retrasado y del duelo inhibido.

    También resume qué dice la investigación sobre no sentir nada y qué ayuda a que la pérdida empiece a moverse. Se apoya en estudios publicados y en los libros de Worden, Boss, Neimeyer y Webb.

    Respuesta corta: el duelo congelado es un duelo que no arranca o queda detenido, y que casi no se siente ni se expresa. No sentir nada al principio es habitual y protector. Se vuelve un problema cuando el bloqueo dura meses, aparecen síntomas que no se explican o el dolor estalla años después ante cualquier pérdida menor.

    Para destrabarlo conviene ir acercándote a la pérdida de a poco y con apoyo, sin obligarte a llorar, y consultar si llevas varios meses atascado.

    ¿Qué es el duelo congelado o retardado? Definición

    El duelo congelado es el nombre popular de un duelo que no empieza o que queda en pausa. La persona funciona, resuelve y se muestra entera, pero casi no siente ni expresa la pérdida. En la literatura clínica el mismo fenómeno aparece con otros nombres: duelo retrasado (también llamado retardado), inhibido o ausente. Y existe un uso técnico distinto del término, el de Pauline Boss, que se explica más abajo.

    La mayoría de las páginas de divulgación mezclan todos esos nombres como si fueran sinónimos. Los autores clínicos los separan, y esa separación sirve para entender qué le pasa a cada persona.

    ¿Es lo mismo duelo congelado, retrasado, inhibido y ausente?

    No exactamente. Estas son las distinciones que hacen los libros clínicos que usamos como base:

    • Duelo retrasado, inhibido o pospuesto. Worden (2013, cap. 5) lo describe como una reacción emocional insuficiente en el momento de la muerte. El dolor no desaparece: queda aplazado y vuelve tiempo después, a menudo ante una pérdida posterior que en sí misma no parecía tan grande.
    • Duelo ausente. Es la idea de Helene Deutsch (1937, citada por Worden): una omisión casi total de la expresión afectiva. Worden aclara que en la práctica rara vez hay ausencia real de dolor, sino un bloqueo.
    • Duelo enmascarado. El dolor se expresa por otra vía: síntomas físicos o conductas que la persona no relaciona con la pérdida (Worden, 2013).
    • Duelo «aparentemente ausente». Para Neimeyer (2019, caps. 1 y 4), a veces falta la estructura de significados para asimilar lo ocurrido, o la persona dosifica el dolor para atender lo urgente.
    • Duelo congelado en sentido de Boss. Boss (2025, caps. 1 y 4) usa «duelo congelado» para la parálisis ante una pérdida ambigua, como una desaparición o una demencia. Allí la causa viene de afuera: la incertidumbre.

    ¿Es raro no sentir nada después de la muerte de alguien?

    No. Worden (2013, cap. 1) describe un embotamiento inicial que sirve de escudo frente a una avalancha emocional que sería insoportable de asimilar de golpe. Neimeyer (2019) lo compara con mirar fijamente al sol: la mente mira y desvía la mirada. Esa dosificación es parte de un duelo sano.

    Tampoco hay una sola manera correcta de vivirlo. Martin y Doka distinguen un estilo intuitivo, que se expresa con emoción y palabras, y uno instrumental, que se procesa pensando, haciendo y resolviendo (Worden, 2013, cap. 3; Neimeyer, 2019, cap. 5). Las fuentes aclaran que el estilo instrumental es una forma legítima de afrontar y puede convivir con un duelo sano.

    La investigación respalda esa variedad. En un estudio con 205 personas enviudadas, seguidas desde antes de la muerte del cónyuge hasta 18 meses después, el patrón más frecuente fue la resiliencia y el duelo «común» fue relativamente infrecuente (Bonanno et al., 2002). Una revisión de 2021 resume que entre el 26 % y el 45 % de las personas en duelo muestra síntomas bajos y estables (Szuhany et al., 2021).

    Wortman y Silver ya lo habían planteado en 1989: en una revisión clásica mostraron que ni la depresión es inevitable tras una pérdida, ni la falta de malestar prueba patología, ni «trabajar» la pérdida a toda costa tiene el respaldo que se le atribuía.

    ¿Qué tan frecuente es el duelo retrasado de verdad?

    Es poco frecuente. Worden (2013, cap. 5) cita el hallazgo de Bonanno y colaboradores (2002): un 4 % de duelo retrasado en esos 205 viudos y viudas seguidos durante 18 meses. Con los mismos instrumentos, el propio Worden encontró un 8 % en 70 personas seguidas durante dos años.

    Son cifras de viudez en Estados Unidos, no de Chile ni de otros tipos de pérdida. En las bases revisadas no encontramos estudios que midan la frecuencia del duelo retrasado o congelado en población chilena. Quien dé un porcentaje local está inventándolo.

    ¿Por qué un duelo puede quedarse congelado?

    Los libros clínicos señalan varios factores que favorecen el bloqueo (Worden, 2013, caps. 3 y 5; Neimeyer, 2019; Boss, 2025):

    • Ser «el fuerte» de la familia. Quien sostiene a los demás reprime lo propio, y el entorno suele reforzarlo.
    • Falta de apoyo social en el momento de la muerte, o un entorno que repite «hay que ser fuerte» y «hay que seguir adelante».
    • Pérdidas múltiples o seguidas, que superan la capacidad de procesar una por una.
    • Una relación muy ambivalente o muy dependiente, donde el cariño convivía con rabia o culpa sin hablar.
    • Muertes súbitas, estigmatizadas o sin cuerpo, como suicidios, abortos o desapariciones, rodeadas de silencio.
    • Un estilo de apego evitativo, que minimiza la necesidad de apoyo (Worden, 2013, cap. 3).

    La evitación sostenida merece una mención aparte. Un modelo basado en el apego la ubica como pieza central del duelo complicado, y en 128 personas en tratamiento evitar los recordatorios de la pérdida aportaba deterioro funcional (Shear et al., 2007). En 100 viudas de guerra en Kosovo, la evitación y la rumiación predecían más síntomas de duelo prolongado (Morina, 2011).

    Un estudio con 288 adultos en duelo añade un matiz: en el grupo con más síntomas convivían acercarse a la pérdida (rumiar, añorar) y evitarla a la vez (Eisma y Lenferink, 2023). Son datos de duelo prolongado, no de duelo congelado en sentido estricto, y en su mayoría son estudios transversales. Sirven para entender el riesgo de evitar siempre, no para decir que evitar un tiempo sea dañino.

    ¿Cómo saber si un duelo está congelado? Señales y ejemplos

    Un solo signo no alcanza. Worden (2013, cap. 5), a partir de una lista de Lazare, enumera señales que sugieren un duelo no elaborado. Algunas de las más claras son estas:

    • Una pena desproporcionada al hablar del fallecido, como si hubiera muerto ayer, aunque hayan pasado años.
    • Una reacción desmedida ante una pérdida menor: una película, la muerte de una mascota o de un conocido.
    • Conservar sus cosas intactas, como si fuera a volver, o deshacerte de todo de inmediato.
    • Síntomas físicos parecidos a los que tuvo la persona antes de morir, sobre todo cerca de aniversarios.
    • Aislarte o evitar lugares y actividades que te la recuerdan.
    • Tristeza sin explicación en fechas concretas del año.
    • Conductas de riesgo, como más alcohol o autolesiones.

    Estas señales orientan, no diagnostican. Muchas tienen otras causas, y las molestias físicas deben verlas primero un médico.

    ¿Qué reactiva un duelo congelado?

    Lo habitual es un detonante. Worden (2013) menciona otra pérdida posterior, incluso pequeña, hitos como una graduación, el nacimiento de un hijo o llegar a la edad en que murió el familiar, las fechas simbólicas y hasta una película o una canción. Cuando se enciende, la intensidad suele sorprender a la propia persona, que sabe que su reacción es excesiva para lo que acaba de pasar.

    Si te ocurre, más que un retroceso suele ser el duelo pendiente buscando salida. Sobre las fechas que remueven recuerdos, hay una guía del sitio sobre el aniversario traumático, y si lo que te pasa es no poder llorar, esta otra.

    ¿En qué se diferencia del duelo prolongado y de la depresión?

    El duelo prolongado es el que se mantiene intenso y atascado mucho tiempo después de una muerte. Se parece al congelado en que ambos duran, pero no son lo mismo.

    La CIE-11 de la OMS (2024) lo define con un anhelo o una preocupación persistente por la persona fallecida, con dolor emocional intenso, más de seis meses después de la muerte y con deterioro importante. El DSM-5-TR pide 12 meses en adultos y 6 en niños, según los criterios validados por Prigerson y su equipo (Prigerson et al., 2021). Afecta a una minoría, alrededor del 10 % según Szuhany et al. (2021).

    El embotamiento emocional y la evitación pueden formar parte del cuadro, pero el núcleo es la añoranza o la preocupación. En el duelo congelado, en cambio, lo llamativo es que la pena casi no se siente o no sale. A veces uno deriva en el otro.

    La depresión mayor se diferencia porque la tristeza y la falta de placer se extienden a toda la vida. En el duelo, el sufrimiento se centra en quien murió. Si dudas, el test de duelo prolongado del sitio sirve de cribado, sin entregar un diagnóstico.

    ¿Cómo se destraba un duelo congelado?

    Primero, un límite honesto: no existen ensayos clínicos de una intervención pensada para el «duelo congelado» como tal. Lo que sigue combina lo que proponen los libros clínicos con lo que sí se ha estudiado en duelo complicado.

    Si el duelo quedó postergado

    Worden (2013, cap. 6) plantea que el objetivo es resolver los conflictos que impiden las tareas del duelo y dar permiso para sentir lo que se evitó. Entre sus recursos:

    • Hablar con el fallecido en tiempo presente, como en la técnica de la silla vacía, guiada por un terapeuta.
    • Mirar la ambivalencia: preguntarse qué se echa de menos y también qué no, o en qué decepcionó la persona.
    • Dosificar: acercarse al dolor en cantidades manejables y volver después a la rutina.
    • No forzar las defensas. Las resistencias se respetan y se trabajan, sin exigir un cierre apurado.

    Neimeyer (2019) suma las cartas que no se envían, el diario del proceso y las preguntas que reconstruyen el significado de la pérdida. Si una tarea te desborda, se deja de lado un tiempo. El modelo del proceso dual propone alternar entre mirar la pérdida y ocuparse de la vida (Stroebe y Schut, 1999), una oscilación que describe cómo se hace sin quedar arrasado.

    Si la pérdida es ambigua

    Para Boss (2025, caps. 6 a 8), lo que descongela es nombrar la situación: reconocer que la parálisis es una reacción normal ante una incertidumbre real y no un defecto propio. Luego aprender a sostener a la vez dos ideas opuestas («está y no está»), ajustar el control, adaptar los rituales a la nueva realidad y dejar de perseguir un cierre que la situación no permite.

    Lo que dicen los estudios sobre tratar la evitación

    En 131 adultos mayores con duelo prolongado, la baja de la evitación mediaba la mejoría de los síntomas, aunque los autores no pudieron probar que cambiara antes que los resultados (Lechner-Meichsner et al., 2022). Y en un ensayo aleatorizado con 212 personas, una terapia cognitivo-conductual específica para duelo prolongado y una terapia centrada en el presente mejoraron mucho, con una ventaja modesta de la primera (Rosner et al., 2025).

    Eso aplica a quien cumple criterios de duelo prolongado. Una revisión paraguas de 33 revisiones concluye que las intervenciones de duelo ayudan sobre todo de forma condicionada, así que no todo el mundo en duelo necesita terapia (Avis et al., 2025).

    Qué puedes hacer por tu cuenta, sin forzarte

    • Date permiso para no sentir nada y para sentir de pronto mucho. Las dos cosas pueden ocurrir.
    • Habla de la persona con alguien de confianza, aunque sea un recuerdo breve. Contar cómo murió ayuda a hacerlo real.
    • Prueba escribirle una carta que no vas a enviar, y suspéndela si te angustia demasiado.
    • Marca un ritual a tu medida: una visita, una vela, una comida que le gustaba.
    • Mantén las rutinas y el descanso. Alternar sentir y hacer es parte del proceso.
    • Evita exigirte llorar o «cerrar» el tema. Presionarte rara vez abre nada.

    Si buscas una guía para acompañar a otra persona, puedes leer qué decirle a alguien que perdió a un ser querido. Para una visión general, están las guías de duelo y de cómo superar un duelo, y sobre guardarse las emociones, la de reprimir emociones.

    ¿Y si lo vive un niño o un adolescente?

    En la infancia, un duelo que parece ausente es lo esperable. Webb (2010, caps. 1 y 2) explica que los niños toleran poco el dolor continuo: se entristecen un rato y vuelven al juego, un «intervalo corto de tristeza». Por eso los términos ausente, inhibido o retrasado describen a menudo un funcionamiento normal a esa edad.

    Worden (1996) agrega que el duelo infantil se revisita a medida que el niño crece: en una graduación o en una boda vuelve a preguntarse cómo sería su relación con quien murió. Es una nueva elaboración de la pérdida. Las pautas del NCTSN (2022) recomiendan no pedirle que hable si no quiere, y usar la palabra «murió» en vez de eufemismos.

    Lo que mira Webb es cuánto interfiere el duelo con su desarrollo, no cuán pronto o fuerte se muestra. Si frena el colegio, los amigos o las metas, conviene una evaluación. Una revisión de 2023 subraya el rol de los adultos cuidadores como facilitadores del duelo (Alvis et al., 2023). Más detalles en las guías sobre cómo explicarle la muerte a un niño y duelo en adolescentes.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Cuando el bloqueo dura meses y te impide retomar la vida, cuando aparecen síntomas físicos que imitan los del fallecido, o antes si hay ideas de hacerte daño. Los plazos de los diagnósticos son una referencia, no una regla de lo que «tiene que» pasar.

    Algunas señales de que conviene consultar:

    • Llevas meses sintiéndote atrapado, sin poder reorganizar tu vida, o con la sensación de estar paralizado en el tiempo.
    • Una pérdida pequeña te desborda y no entiendes por qué.
    • Tu cuerpo reproduce molestias de la persona que murió y los exámenes médicos no encuentran causa.
    • Hay depresión que no cede, consumo de alcohol o sustancias para no sentir, o ideas de reunirte con el fallecido.
    • La muerte fue repentina, violenta o sin cuerpo, y sientes que tu mundo no tiene sentido (ver duelo traumático).

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no sentir nada después de la muerte de alguien?

    Sí, sobre todo al principio. Worden (2013) describe el embotamiento como un escudo natural, y Neimeyer (2019) como una forma de dosificar el dolor. Conviene prestar atención si el vacío dura meses, o si la pena aparece de golpe y desproporcionada ante una pérdida menor.

    ¿Cuánto tiempo puede estar congelado un duelo?

    No se conoce un plazo, porque no hay estudios que lo midan. Worden describe duelos que reaparecen meses o años después ante un detonante. Los diagnósticos de duelo prolongado miran desde los seis meses (CIE-11) o los 12 meses (DSM-5-TR), pero cada persona tiene su ritmo.

    ¿Es mejor obligarme a llorar para sacarlo?

    Forzarlo carece de respaldo. Un estudio de 2005 comparó el procesamiento del duelo y la evitación deliberada en viudos y padres en duelo de Estados Unidos y China, y en los estadounidenses ambos predijeron peor ajuste a largo plazo (Bonanno et al., 2005). Lo útil es acercarse de a poco y con apoyo, sin presionarte.

    ¿Qué diferencia hay entre duelo congelado y duelo prolongado?

    El congelado casi no se siente ni se expresa; el prolongado es intenso, persistente y con añoranza dominante. Pueden coexistir o uno derivar en el otro. Para el diagnóstico de duelo prolongado se exigen seis meses (CIE-11) o 12 (DSM-5-TR) y un deterioro importante. Solo un profesional puede evaluarlo.

    Mi duelo reapareció años después por otra pérdida. ¿Qué hago?

    Es una forma conocida de duelo retrasado: la nueva pérdida activa la anterior sin elaborar. Worden (2013) recomienda conectar la intensidad actual con la pérdida pasada y retomar sus tareas con apoyo, hablando de la muerte original y expresando lo que quedó reprimido. Consultar acelera el proceso y lo hace más seguro.

    ¿Qué hago si estoy pensando en morir o en reunirme con quien murió?

    Cuéntaselo hoy a alguien cercano y no te quedes solo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Cargar con un duelo que no logra moverse puede ser agotador, sobre todo cuando por fuera pareces estar bien. Si quieres entender qué parte de lo que sientes (o no sientes) pertenece a esta pérdida y cuál a otras, o acompañar a un hijo que no llora, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Alvis, L., Zhang, N., Sandler, I. N., & Kaplow, J. B. (2023). Developmental manifestations of grief in children and adolescents: Caregivers as key grief facilitators. Journal of Child & Adolescent Trauma, 16(2), 447-457. https://doi.org/10.1007/s40653-021-00435-0
    • Avis, K. A., Missler, M., van Deursen, D., Lenferink, L. I. M., Stroebe, M., & Schut, H. (2025). The efficacy of bereavement interventions: A systematic umbrella review. Harvard Review of Psychiatry, 33(3), 127-148. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000426
    • Bonanno, G. A., Papa, A., Lalande, K., Zhang, N., & Noll, J. G. (2005). Grief processing and deliberate grief avoidance: A prospective comparison of bereaved spouses and parents in the United States and the People’s Republic of China. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 73(1), 86-98. https://doi.org/10.1037/0022-006x.73.1.86
    • Bonanno, G. A., Wortman, C. B., Lehman, D. R., Tweed, R. G., Haring, M., Sonnega, J., Carr, D., & Nesse, R. M. (2002). Resilience to loss and chronic grief: A prospective study from preloss to 18-months postloss. Journal of Personality and Social Psychology, 83(5), 1150-1164. https://doi.org/10.1037/0022-3514.83.5.1150
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Deutsch, H. (1937). Absence of grief. Psychoanalytic Quarterly, 6, 12-22. (Citado en Worden, 2013.)
    • Eisma, M. C., & Lenferink, L. I. M. (2023). Co-occurrence of approach and avoidance in prolonged grief: A latent class analysis. European Journal of Psychotraumatology, 14(2), 2190544. https://doi.org/10.1080/20008066.2023.2190544
    • Lechner-Meichsner, F., Mauro, C., Skritskaya, N. A., & Shear, M. K. (2022). Change in avoidance and negative grief-related cognitions mediates treatment outcome in older adults with prolonged grief disorder. Psychotherapy Research, 32(1), 78-90. https://doi.org/10.1080/10503307.2021.1909769
    • Morina, N. (2011). Rumination and avoidance as predictors of prolonged grief, depression, and posttraumatic stress in female widowed survivors of war. Journal of Nervous and Mental Disease, 199(12), 921-927. https://doi.org/10.1097/nmd.0b013e3182392aae
    • National Child Traumatic Stress Network. (2022). Ayudando a niños en edad escolar con duelo traumático: Consejos para cuidadores [y hojas equivalentes para preescolares y adolescentes]. https://www.nctsn.org/resources/helping-school-age-children-traumatic-grief-tips-caregivers-sp
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
    • Rosner, R., Rau, J., Kersting, A., Rief, W., Steil, R., Rummel, A.-M., Vogel, A., & Comtesse, H. (2025). Grief-specific cognitive behavioral therapy vs present-centered therapy: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 82(2), 109-118. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.3409
    • Shear, K., Monk, T., Houck, P., Melhem, N., Frank, E., Reynolds, C., & Sillowash, R. (2007). An attachment-based model of complicated grief including the role of avoidance. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, 257(8), 453-461. https://doi.org/10.1007/s00406-007-0745-z
    • Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197-224. https://doi.org/10.1080/074811899201046
    • Szuhany, K. L., Malgaroli, M., Miron, C. D., & Simon, N. M. (2021). Prolonged grief disorder: Course, diagnosis, assessment, and treatment. Focus, 19(2), 161-172. https://doi.org/10.1176/appi.focus.20200052
    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Worden, J. W. (1996). Children and grief: When a parent dies. Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.
    • Wortman, C. B., & Silver, R. C. (1989). The myths of coping with loss. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 57(3), 349-357. https://doi.org/10.1037/0022-006x.57.3.349

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Primera Navidad sin un ser querido: ideas para pasarla

    Primera Navidad sin un ser querido: ideas para pasarla

    Se acerca diciembre y alguien en la familia pregunta, con cuidado, qué van a hacer este año. En la mesa de siempre falta una silla. Los villancicos suenan en el supermercado, el pan de pascua ya está en las vitrinas y tú todavía no sabes si tienes fuerzas para esa cena.

    Si buscaste cómo pasar la Navidad en duelo, o cómo enfrentar las fiestas de fin de año en duelo, sobre todo tu primera Navidad sin un ser querido, esta guía reúne lo que dicen la investigación sobre el duelo y los libros de Worden, Neimeyer y Webb. Te ayuda a prepararte antes de la fecha, decidir qué mantener y qué cambiar, pedir lo que necesitas y reconocer cuándo conviene buscar apoyo.

    Respuesta corta: la primera Navidad sin alguien que murió suele ser una de las fechas más duras del primer año, y sentirlo así es esperable. No existe una forma correcta de pasarla. Lo que más ayuda es decidir con anticipación y en conversación con tu familia qué harás, incluir a la persona de un modo que te haga sentido y tener una salida si el día te sobrepasa.

    ¿Por qué la primera Navidad sin un ser querido duele tanto?

    Porque la fecha pone la ausencia delante de todos. Worden (2013) señala que las vacaciones y la Navidad se cuentan entre los períodos más difíciles del duelo, ya que el contraste entre la celebración y la pérdida hace tangible lo que falta. La silla vacía, el plato que ya nadie sirve y la receta de esa persona hacen que la realidad de la muerte vuelva a sentirse reciente.

    Neimeyer (2019) llama al primer año el «año de las primeras veces»: la primera Navidad, el primer cumpleaños, el primer aniversario. En los primeros meses suele haber una especie de anestesia, y al llegar una fecha cargada de significado aparecen oleadas de añoranza que él llama picos de duelo. Según Neimeyer, esas oleadas son parte normal de acomodarse a la pérdida y no un retroceso.

    La investigación acompaña esa experiencia. Una revisión sistemática de 58 artículos concluyó que existe la llamada reacción de aniversario, es decir, reacciones físicas y psicológicas alrededor de fechas como el día de la muerte, los cumpleaños y otras ocasiones significativas, aunque la literatura es muy heterogénea (Leaune et al., 2025). Que sea frecuente no significa que le ocurra a todo el mundo ni que vaya a ser insoportable.

    ¿Es normal sentirse peor en estas fechas?

    Sí, y también es normal sentirse mejor de lo que esperabas. El duelo no baja en línea recta. Neimeyer lo describe como un avance de «dos pasos adelante y uno atrás», donde la tristeza convive con momentos de risa y de energía.

    Un estudio clásico siguió a 233 personas en duelo por muerte natural durante dos años. La aceptación fue la reacción más respaldada en casi todo momento y la añoranza fue la emoción negativa que más se mantuvo, con un pico hacia los cuatro meses (Maciejewski et al., 2007). Dicho de otro modo, extrañar mucho a alguien convive con ir aceptando que murió.

    Otro estudio en 614 adultos jóvenes en duelo encontró que lo que mejor predecía cómo estaban no eran los meses transcurridos sino cuánto sentido habían podido darle a la pérdida. También registró más malestar al acercarse el segundo aniversario de la muerte (Holland y Neimeyer, 2010). El tiempo solo no ordena el duelo, y las fechas importantes pueden volver a mover cosas.

    La mayoría de las personas atraviesa este período sin desarrollar un trastorno. Una revisión sobre duelo prolongado estima que cerca del 10 % lo desarrolla (Szuhany et al., 2021), y un análisis de 16 países mostró que la cifra baja a cerca del 5 % en muestras probabilísticas (Comtesse et al., 2024).

    ¿Cómo pasar la primera Navidad sin un ser querido?

    La mejor intervención, según Worden (2013), es prever y planificar las fiestas con antelación en familia. Decidir con tiempo cómo se pasarán esos días disminuye la incertidumbre y evita llegar a la Nochebuena improvisando con el ánimo al límite. Estos pasos ordenan esa preparación:

    1. Habla antes de la fecha. Reúnanse una tarde de noviembre, con niños y adolescentes incluidos, y pregunten qué necesita cada uno. Neimeyer (2019) advierte contra el «mito de la uniformidad»: un mismo ritual no le sirve igual a todos, así que conviene escuchar las preferencias de cada persona.
    2. Decide qué mantienes, qué cambias y qué dejas para otro año. Pueden conservar la cena, pero hacerla en otra casa, a otra hora o con otro menú. También vale suspender algo por esta vez. Worden (2013) aclara que hay que respetar el ritmo de cada uno y no apurar a nadie.
    3. Reparte las tareas que antes hacía esa persona. Quién cocina, quién compra, quién arma el árbol. Resolverlo antes evita que un detalle práctico termine en una discusión o en un llanto a medianoche.
    4. Ten una salida. Si te invitan a una reunión, avisa al anfitrión que quizás no te quedes todo el tiempo. Ir un rato, o llegar y poder irte, también cuenta como participar.
    5. Evita decisiones grandes en estas semanas. Worden (2013) recomienda no tomar decisiones drásticas e irreversibles, como vender la casa, regalar todas sus cosas o mudarte de ciudad, solo por escapar del dolor.
    6. Cuida lo básico. Dormir, comer y moverte un poco no solucionan el duelo, pero un cuerpo agotado lo hace más difícil de sostener.

    ¿Qué rituales pueden ayudar el día de Navidad?

    Los rituales dan una forma al dolor, y en las fiestas en duelo pueden ser un punto de apoyo. Neimeyer (2019) explica que son instrumentos culturales y familiares que aportan estructura al caos emocional y dejan un espacio legítimo para la tristeza y la memoria. En lugar de cancelar la celebración o actuar como si nada hubiera pasado, propone gestos pequeños y flexibles:

    • Encender una vela o poner una fotografía en la mesa.
    • Reservar su silla o su puesto, o poner su plato para quien quiera servirse algo en su nombre.
    • Cocinar su receta o preparar su bebida o su postre favorito.
    • Dedicar un minuto al inicio de la cena para nombrarlo, brindar o compartir una anécdota. Hacerlo al comienzo permite que el resto de la reunión sea más llevadera.
    • Escribirle una carta que no se envía, o dejar un mensaje en un libro de recuerdos familiar.
    • Donar un juguete o un alimento en su nombre.

    Neimeyer cuenta el caso de una familia que, tras la muerte del padre, se reunió en la cabaña y sintió un silencio doloroso después de la cena. Una de las hijas sacó del armario la chaqueta naranja que él usaba para caminar por el bosque y salió a dar el paseo en su nombre. Hubo risas y lágrimas, y la familia sintió cerca al padre.

    Conviene ser honesto con lo que se sabe. En un estudio con 552 personas en duelo los funerales y los rituales se consideraron útiles, pero no se halló una asociación significativa entre usarlos y la intensidad de las reacciones de duelo (Mitima-Verloop et al., 2021). Los rituales acompañan lo que sientes sin garantizar alivio, así que vale la pena elegir los que te hagan sentido a ti.

    ¿Y si sientes su presencia en la mesa?

    Es más frecuente de lo que se comenta. Una revisión en español señala que entre el 47 % y el 82 % de las personas en duelo percibe de algún modo la presencia del fallecido, que la mayoría (69 % a 75 %) la vive de manera positiva y que rara vez se cuenta por miedo a ser juzgado (Sabucedo Serrano, 2025).

    Sentir que está en la sala, oír su voz o soñar con esa persona en estas fechas no es una señal de locura. Si te ocurre y te consuela, no necesitas corregirlo. Si te angustia o te cuesta distinguir lo real, vale la pena comentarlo con un profesional, sin dramatizar.

    ¿Cómo manejar la culpa por reír o disfrutar?

    Muchas personas sienten culpa al reírse en una reunión o al pasarlo bien por un rato. Worden (2013) la llama culpa de recuperación: el temor de estar deshonrando la memoria del fallecido o de que otros piensen que no le importaba. Aclara que sentir gratificación y momentos de esparcimiento forma parte de reorientar el vínculo y seguir viviendo, y que eso no resta amor.

    Neimeyer (2019) describe esos momentos como agridulces: «la primera vez que me reí a gusto después de su muerte» trae alegría y también una punzada. Reír y recordar una anécdota con cariño en la mesa familiar puede ser una forma de compartir la pena, no una traición.

    Si, al contrario, no tienes ganas de celebrar nada, también es una respuesta posible. Puedes pasar el día tranquilo, hacer algo distinto o salir de la ciudad. Lo que sí conviene vigilar es el aislamiento total: aunque decidas no celebrar, buscar compañía de una persona de confianza suele ayudar.

    ¿Qué hacer si la familia presiona o dice frases que duelen?

    Es común que el entorno, por incomodidad, recurra a frases como «hay que seguir adelante» o «a él no le gustaría verte así». Worden (2013) las menciona como tópicos bienintencionados y dañinos.

    Los datos lo confirman: en una encuesta nacional en Japón a personas que perdieron a alguien por cáncer, más del 60 % de quienes recibieron comentarios de otros los consideró poco útiles, y el más doloroso fue «enfatizaron los aspectos positivos de la muerte» (Ishida et al., 2018).

    Lo útil se parece más a una compañía sin apuro.

    Una encuesta a 678 personas en duelo en Australia halló que las fuentes de apoyo más usadas fueron las informales, como familia y amigos, y que lo menos útil era la insensibilidad, los malos consejos y la falta de empatía (Aoun et al., 2018). Una revisión exploratoria concluyó que ajustarse a las necesidades de quien recibe el apoyo caracteriza lo que ayuda (Tognela et al., 2025).

    Puedes anticiparte con frases sencillas:

    • «Este año prefiero una cena corta. Si me quedo callada, no es que esté mal contigo.»
    • «Me sirve que me escuchen, no que me den consejos.»
    • «Quiero que hablemos de él. Si en algún momento me cuesta, te aviso.»
    • «Necesito salir un rato. Vuelvo en veinte minutos.»

    Neimeyer (2019) sugiere pedir una respuesta auténtica, por ejemplo que te pregunten «¿cómo estás hoy?» o «¿quieres que hablemos de ello?», y aceptar que dentro de una misma familia coexisten estilos de duelo distintos. Para quienes quieren acompañar a otra persona, hay una guía sobre qué decirle a alguien que perdió a un ser querido.

    ¿Cómo acompañar a niños y adolescentes en Navidad?

    Los niños necesitan verdad simple, rutina y opciones. El Dougy Center, centro de referencia en duelo infantil, recomienda marcar las fechas significativas e invitar a los menores a decidir si quieren participar y cómo: encender una vela, cocinar la comida favorita del fallecido, compartir recuerdos o visitar el cementerio (Dougy Center, 2025). Darles esa elección les devuelve un poco de control.

    La Red Nacional para el Estrés Traumático Infantil de Estados Unidos (NCTSN) sugiere recordarles que no tuvieron la culpa, poner fotos del fallecido y hacer juntos un libro de recuerdos. También señala que los niños alternan la tristeza con las ganas de jugar, y que no hay que obligarlos a hablar (NCTSN, 2022).

    Webb (2010) habla de la «capacidad de tristeza corta» de los niños: no sostienen un dolor largo, así que conviene no obligarlos a permanecer sentados en una reunión extensa y permitir que se retiren a jugar con un adulto de apoyo.

    La guía española de Cid Egea (2011) agrega no mandarlos a casa de un vecino para «protegerlos», porque la compañía de la familia es su principal protección, y mostrar la propia pena de forma explicada: «lloro porque me acuerdo de la abuela y la echo de menos».

    Un dato apoya el cuidado del adulto. Una revisión de 17 estudios de programas para niños que perdieron a un progenitor halló que apoyar también al progenitor sobreviviente se asociaba con mayor capacidad de sostener a sus hijos (Bergman et al., 2017).

    Si tú estás en duelo y cuidas niños, pedir ayuda para ti también es cuidarlos. Puedes leer más en las guías sobre cómo explicarle la muerte a un niño según su edad y sobre el duelo en adolescentes.

    ¿Qué hacer si vas a pasar la Navidad solo o lejos de tu familia?

    Tener un plan es más importante que tener una multitud. Puedes acordar una videollamada a una hora fija, preparar algo pequeño que sea tuyo, o aceptar la invitación de una persona de confianza con permiso para irte pronto.

    Un seguimiento de 328 personas viudas mostró que más apoyo social se asociaba con menos soledad, y que la compañía de amigos pesaba más que la de familiares (Utz et al., 2013). Si no tienes con quién estar, un grupo de duelo o un voluntariado ese día también cuentan.

    ¿Cuándo el malestar de Navidad pide ayuda profesional?

    Un día difícil no es un trastorno. Conviene consultar cuando el dolor no te deja funcionar durante semanas, no solo en la fecha.

    El trastorno de duelo prolongado tiene plazos distintos según el manual. En la CIE-11 de la OMS se plantea cuando la reacción de duelo persiste de forma atípicamente larga, al menos más de 6 meses desde la muerte (OMS, 2024).

    En el DSM-5-TR, según un estudio de validación de sus criterios, se exige que hayan pasado al menos 12 meses en adultos y 6 en niños y adolescentes, con síntomas casi todos los días durante el último mes (Prigerson et al., 2021). Eso significa que, en la primera Navidad, lo más probable es que todavía no corresponda ese diagnóstico, aunque sí puede haber un sufrimiento que merezca ayuda.

    Señales para consultar, sin esperar a ningún plazo:

    • La pena, la rabia o la culpa ocupan la mayor parte del día y te quitan el sueño de forma repetida.
    • Sientes un embotamiento que no se va, o evitas todo lo que te remite a la persona.
    • Te cuesta cumplir con el trabajo, la casa o tu cuidado personal.
    • Aparecen síntomas de depresión o ansiedad, o bebes más alcohol para aguantar.
    • Piensas que no vale la pena seguir o en hacerte daño. En ese caso pide ayuda de inmediato.

    Una revisión paraguas de 33 revisiones concluyó que las intervenciones de duelo son en general útiles, aunque la mayoría de las revisiones dio apoyo condicional y los propios autores señalan que la calidad es limitada (Avis et al., 2025).

    Dicho sin rodeos: no todas las personas en duelo necesitan terapia, y a quienes la necesitan les puede servir. Si quieres medir cómo vas, existe un test de duelo prolongado y una guía sobre por qué ciertas fechas remueven el trauma.

    Si hoy estás mal, cuéntaselo a alguien cercano y no te quedes solo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    Para entender el duelo en general, la página sobre el duelo y la guía de cómo superar un duelo explican qué es esperable.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no tener ganas de celebrar la primera Navidad sin mi ser querido?

    Sí. Muchas familias cambian o acortan la celebración el primer año, y eso es una decisión válida. Lo que ayuda es decidirlo con anticipación y en conversación, para que nadie se sienta obligado ni excluido. Si no celebras, busca de todos modos algún contacto con una persona de confianza.

    ¿Debo poner su lugar en la mesa?

    Depende de lo que le haga sentido a tu familia. Para algunos, una silla reservada o una vela es un gesto que honra su memoria. Para otros, duele más. Pregúntenle a cada uno y prueben. Neimeyer plantea que un mismo ritual no sirve igual a todos.

    ¿Está mal reírme o pasarlo bien?

    No. La risa y el duelo conviven. Worden llama culpa de recuperación al temor de deshonrar al fallecido por disfrutar, y aclara que esos momentos son parte de seguir viviendo y no restan amor. Puedes reír y extrañarlo en la misma noche.

    ¿Cómo llevo la Navidad si hay niños en casa?

    Mantén las rutinas, cuéntales con palabras simples qué va a pasar, ofréceles opciones para participar y no les exijas estar tristes ni contentos. Puedes mostrar tu propia pena de forma explicada. Los niños alternan el llanto con el juego, y eso es normal.

    ¿La segunda Navidad también duele?

    Puede. En un estudio con adultos jóvenes en duelo hubo más malestar al acercarse el segundo aniversario de la muerte (Holland y Neimeyer, 2010), aunque ese dato no habla de la Navidad como tal. Algunas personas sienten alivio y otras notan que la segunda duele distinto.

    ¿Cuándo debo preocuparme?

    Cuando el malestar se mantiene durante semanas, te impide funcionar, te aísla o aparecen ideas de hacerte daño. No necesitas esperar a que pase un plazo para pedir ayuda. Un solo día difícil no es motivo de alarma.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Atravesar la primera Navidad sin alguien que quieres puede ser más llevadero cuando lo hablas antes con quien sabe acompañarlo. Si quieres ordenar lo que sientes, pensar cómo organizar la fecha con tu familia o saber si lo que vives se está volviendo demasiado pesado, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
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    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Terapia de duelo: qué es y cuándo pedir ayuda

    Terapia de duelo: qué es y cuándo pedir ayuda

    Pasaron semanas o meses desde la muerte de alguien importante y una pregunta empieza a molestar: ¿esto es lo esperable o ya necesito ayuda? A tu alrededor te dicen que es cuestión de tiempo, y a ratos el tiempo parece no estar haciendo nada.

    Si buscaste terapia de duelo, qué es y cuándo conviene pedirla, esta guía resume lo que dicen la investigación y los libros de Worden, Neimeyer, Webb y Boss. Explica en qué consiste, quién la necesita, cómo son las sesiones, qué enfoques tienen respaldo y si funciona por videollamada.

    Respuesta corta: la terapia de duelo es una psicoterapia centrada en la pérdida. La mayoría de las personas en duelo no la necesita, pero sirve a quienes quedan atascadas: el dolor no baja, la vida no se retoma o la muerte fue violenta, súbita o ambigua. Puedes pedir ayuda sin esperar ningún plazo.

    ¿Qué es la terapia de duelo?

    La terapia de duelo es un tratamiento psicológico para el duelo que se complicó, es decir, cuando algo bloquea el proceso natural de adaptación a la pérdida. Worden (2013) la distingue de la consejería de duelo, que acompaña un duelo normal para que la persona avance por sus tareas en un plazo razonable.

    La terapia usa técnicas psicoterapéuticas especializadas para resolver los conflictos que bloquean esa adaptación, y la hace un profesional de salud mental.

    Worden (2013) describe cuatro formas en que un duelo puede complicarse:

    • Crónico: se alarga sin llegar a una conclusión y la persona siente que sigue atrapada años después.
    • Retrasado: la reacción inicial fue contenida, por ejemplo por la necesidad de «ser fuerte», y reaparece más tarde, a veces ante un detonante menor.
    • Exagerado: el dolor es tan intenso que deriva en un cuadro clínico, como una depresión mayor o un trastorno de ansiedad.
    • Enmascarado: el dolor se expresa en síntomas físicos o conductas que la persona no vincula con la pérdida.

    El mismo marco sirve para otras pérdidas. Neimeyer (2019) lo aplica también a divorcios, pérdidas de trabajo o de capacidades físicas, y por eso existe una guía sobre el duelo por divorcio.

    ¿Todas las personas en duelo necesitan terapia?

    No. Una revisión sobre duelo prolongado estima que cerca del 10 % de las personas en duelo lo desarrolla y que el resto va cediendo con el tiempo (Szuhany et al., 2021). Un análisis de 16 países dio una prevalencia media del 13 %, pero cayó al 5 % en muestras probabilísticas (Comtesse et al., 2024).

    Hay quienes advierten que las cifras más altas están infladas: una carta crítica señala que vienen de muestras no probabilísticas y de cuestionarios sin entrevista clínica (Eisma, 2025). La terapia tampoco es un trámite obligatorio. Una revisión paraguas de 33 revisiones encontró que las intervenciones de duelo suelen ser útiles, pero casi siempre con apoyo condicional y con calidad metodológica limitada (Avis et al., 2025).

    Lo que sí ayuda a casi todos es lo cotidiano: compañía, hablar de la persona y tiempo. Para entender qué es esperable en cada etapa, la guía sobre cómo superar un duelo y la página sobre el duelo explican el proceso normal.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar cuando el dolor no cede, impide funcionar o la pérdida tiene características que aumentan el riesgo. Worden (2013), siguiendo la clínica de Lazare, enumera señales de que un duelo se está complicando:

    • Una tristeza desmedida al hablar del fallecido, como si la muerte hubiera ocurrido ayer, aunque hayan pasado años.
    • Una reacción desproporcionada ante un hecho menor, que responde a una pérdida anterior no elaborada.
    • Síntomas físicos parecidos a los de la enfermedad del fallecido.
    • Conservar todo intacto como si fuera a volver, o deshacerse de todo de inmediato.
    • Un cambio brusco de estilo de vida, con aislamiento marcado o evitación rígida de lugares y recuerdos.
    • Depresión, culpa persistente, consumo de sustancias o pensamientos de hacerse daño.
    • Una tristeza inexplicable que reaparece cada año en aniversarios y fiestas.

    Worden (2013) también menciona factores que elevan el riesgo: una muerte repentina, violenta o estigmatizada, una relación muy dependiente o muy conflictiva, varias pérdidas seguidas, una pérdida ambigua y poco apoyo social. Una metarregresión de 25 estudios halló que el duelo prolongado apareció en cerca de la mitad de las personas tras pérdidas no naturales (accidentes, suicidios u homicidios), con mucha variación entre estudios (Djelantik et al., 2020).

    Los manuales fijan plazos mínimos para diagnosticar un trastorno, y consultar no depende de ellos. La CIE-11 plantea el diagnóstico cuando la reacción de duelo persiste más de 6 meses desde la muerte (OMS, 2024).

    El DSM-5-TR exige al menos 12 meses en adultos y 6 en niños y adolescentes, con síntomas casi todos los días durante el último mes, según un estudio de validación de esos criterios (Prigerson et al., 2021). Si quieres tomar una referencia, existe un test de duelo prolongado.

    Si hay ideas de hacerte daño, no esperes. Una revisión de 37 estudios sobre pérdidas violentas encontró una asociación importante entre duelo prolongado e ideación suicida, y sus autores piden evaluarla con cuidado (Heeke et al., 2019). En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    ¿Cómo es una terapia de duelo y qué técnicas usa?

    Empieza por una evaluación. Worden (2013) recomienda una historia detallada de las pérdidas de la persona, descartar causas médicas si hay síntomas físicos y revisar si existe depresión grave, ansiedad clínica o trauma que cambien el tratamiento. Después se pacta un contrato terapéutico para explorar la relación con el fallecido y lo que quedó sin resolver.

    El trabajo se ordena alrededor de las cuatro tareas del duelo que propone Worden (2013), y cada una tiene sus herramientas:

    1. Aceptar la realidad de la pérdida. El terapeuta pide el relato detallado de la muerte, usa palabras directas («murió») en vez de eufemismos y puede trabajar con fotos o pertenencias.
    2. Elaborar el dolor. Se da permiso para sentir emociones difíciles como la rabia, la culpa o el alivio, y se usan cartas de despedida y, a veces, la técnica de la silla vacía.
    3. Adaptarse a un mundo sin la persona. Se identifica qué funciones cumplía el fallecido y se practican las que ahora toca asumir, además de reconstruir la identidad.
    4. Encontrar una conexión duradera y seguir viviendo. Se ayuda a ubicar al fallecido en la memoria sin que eso impida nuevos proyectos ni vínculos.

    Worden (2013) describe la terapia del duelo complicado como un proceso breve y estructurado, de 8 a 10 sesiones semanales, y señala que una resolución plena rara vez toma menos de un año. Los protocolos de investigación son algo más largos: 16 sesiones el de Shear, 12 el de Komischke y 11 el de Bryant. Cada proceso se ajusta a la persona.

    ¿Qué tipos de terapia de duelo tienen respaldo?

    La mejor evidencia es para la terapia cognitivo-conductual centrada en el duelo y para la terapia del duelo complicado de Shear, que incorpora elementos del apego y de la TCC.

    • Terapia del duelo complicado. En un ensayo con 395 adultos, respondió el 82,5 % de quienes recibieron esta terapia frente al 54,8 % de quienes recibieron placebo con seguimiento clínico (Shear et al., 2016).
    • TCC centrada en el duelo. En un ensayo alemán con 212 personas, la terapia específica y una terapia centrada en el presente produjeron grandes mejorías. La específica fue algo mejor al terminar, pero un año después esa ventaja ya no era clara (Rosner et al., 2025). Conversar sobre lo que duele hoy, con un profesional, también ayuda.
    • TCC frente a mindfulness. En un ensayo con 100 adultos y 11 sesiones de 90 minutos, la TCC centrada en el duelo redujo más los síntomas a los 6 meses que la terapia cognitiva basada en mindfulness, con un efecto grande (Bryant et al., 2024).
    • Reconstrucción de significado. Neimeyer (2019) propone que el duelo es un proceso activo de rehacer el sentido de la vida tras la pérdida, con preguntas guiadas, escritura sobre la pérdida y cartas que no se envían. Un estudio abierto de su versión online con 25 personas mostró mejoras, aunque sin grupo de comparación (Batista et al., 2025).
    • Duelo y trauma a la vez. Una revisión de 14 estudios concluyó que los tratamientos que abordan juntos el trauma y el duelo prolongado suelen funcionar, sin que quede claro que añadir exposición mejore los resultados (Eddinger et al., 2021). La guía sobre duelo traumático profundiza.

    ¿Sirven los medicamentos para el duelo?

    No tratan el duelo en sí. En el mismo ensayo de Shear et al. (2016), el citalopram solo no se distinguió del placebo. Cuando se sumó a la terapia no mejoró los síntomas de duelo, aunque sí redujo más los síntomas depresivos.

    Worden (2013) coincide: los fármacos no resuelven los conflictos de separación, y su lugar es tratar una depresión mayor o una ansiedad o un insomnio severos para poder trabajar psicológicamente. Esa decisión la toma un médico o psiquiatra, no un texto de internet.

    ¿Es mejor la terapia individual o la grupal?

    Worden (2013) considera la terapia individual el formato preferente para un duelo complicado, y reserva los grupos de apoyo para el duelo normal o para casos bien seleccionados. La investigación matiza esa jerarquía. En un ensayo con 113 mayores de 65 años, 12 sesiones semanales de TCC en grupo no resultaron inferiores a las individuales a los 6 meses (Komischke et al., 2026).

    El grupo puede ser una buena opción, sobre todo si la soledad pesa. El abandono fue del 23 % en el grupo y del 19 % en el formato individual.

    ¿Funciona la terapia de duelo online?

    Parece funcionar, con evidencia aún limitada. Un metaanálisis de 9 ensayos con 1.349 personas encontró que las intervenciones por internet redujeron los síntomas de duelo, depresión y estrés postraumático, con una calidad de evidencia de baja a moderada (Zuelke et al., 2021).

    La evidencia más cercana para quienes hablan español viene de un estudio de factibilidad con 31 personas con duelo prolongado. Comparó un programa de TCC por internet con el mismo tratamiento por videollamada, y ambos redujeron los síntomas. El abandono fue mayor en el programa por internet (50 %) que en la videollamada (33 %) (Tur et al., 2025). Con una muestra tan pequeña, es una señal alentadora que falta confirmar.

    Si prefieres conversar con una persona, la terapia de duelo online por videollamada reproduce lo central del formato presencial. En qué dice la evidencia sobre terapia online y presencial y en la página de terapia psicológica online puedes ver cómo funciona.

    ¿Cómo elegir un psicólogo para duelo?

    Elige a alguien con formación en psicoterapia del duelo y pregúntale cómo trabaja. Worden (2013) indica que la terapia del duelo complicado requiere un profesional de salud mental con formación específica. Puedes preguntarle:

    • Cómo evalúa si tu duelo es esperable o complicado.
    • Qué enfoque usa y cuántas sesiones estima, sabiendo que es una estimación.
    • Cómo se coordina con tu médico si hace falta evaluar una medicación.
    • Qué hace si aparecen ideas de hacerte daño.

    También conviene confirmar que figure en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud. Una revisión de psicoterapias para el duelo prolongado señala que el trastorno afecta a una minoría pequeña de las personas en duelo, así que un buen terapeuta distingue cuándo acompañar y cuándo tratar (LaPlante et al., 2024).

    ¿Y si quien necesita ayuda es un niño o un adolescente?

    La mayoría de los niños en duelo se adapta si tiene cerca adultos estables y sinceros, pero Webb (2010) y Worden (1996) estiman que entre el 10 % y el 15 % desarrolla un duelo que afecta su funcionamiento. Las señales de alerta incluyen pensamientos de autolesión, pesadillas continuas, caída del rendimiento escolar, quejas físicas repetidas, regresiones que se prolongan más de unas semanas y tristeza o agresividad persistentes.

    En menores la familia forma parte del tratamiento. Una revisión de 17 estudios de programas para hijos que perdieron a un progenitor mostró que apoyar también al adulto sobreviviente se asociaba con mayor capacidad para sostener a los niños (Bergman et al., 2017).

    Los programas preventivos para todos los niños tienen un efecto pequeño, según un metaanálisis de 39 estudios, y es mayor cuando el malestar es alto (Hanauer et al., 2024).

    Hay guías específicas sobre cómo explicarle la muerte a un niño y sobre el duelo en adolescentes.

    ¿Qué pasa si la pérdida es ambigua o nadie reconoce tu duelo?

    Las pérdidas ambiguas (una desaparición, una demencia, una adicción) no ofrecen un cierre. Boss (2025) explica que la parálisis de quien las vive nace de una situación sin certezas. La terapia empieza por ponerle nombre al problema, entrena el pensamiento dialéctico («está y no está») y apuesta por vivir con la incertidumbre en vez de exigir un cierre que no llega.

    Algo parecido ocurre con los duelos que el entorno minimiza, como el de una mascota, una ex pareja o un aborto. En estos casos la terapia ofrece un espacio de validación y permiso para sentir lo que la familia o la comunidad negó (Boss, 2025). Puedes leer más en la guía sobre pérdida ambigua y en la de duelo por la muerte de una mascota.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura una terapia de duelo?

    Depende del caso. Worden (2013) describe un proceso breve de 8 a 10 sesiones para el duelo complicado, y los protocolos de investigación usan entre 11 y 16 sesiones. Cada persona avanza a su ritmo, y es razonable acordar con el terapeuta una revisión periódica de cómo va el proceso.

    ¿Es lo mismo terapia de duelo que un grupo de apoyo o una consejería?

    No. Worden (2013) reserva la consejería para el duelo normal y la terapia para el duelo complicado, que requiere un profesional de salud mental. Un grupo de apoyo ofrece compañía y experiencias compartidas. Pueden combinarse, y que un grupo te sirva no significa que no necesites terapia, ni al revés.

    ¿Hay que esperar un tiempo antes de empezar?

    No. Los plazos de 6 y 12 meses son criterios diagnósticos y no reglas para consultar. Worden (2013) sitúa el acompañamiento desde la primera semana o semanas después del funeral, sin presionar a nadie en las primeras horas de shock. Puedes consultar cuando lo necesites.

    ¿La terapia de duelo me hará olvidar a la persona?

    Worden (2013) define la cuarta tarea como hallar una conexión duradera con el fallecido mientras se emprende una vida nueva. Neimeyer (2019) habla de transformar el vínculo en uno simbólico y continuo, hecho de recuerdos, valores y legado. Los recuerdos se quedan, y lo que cambia es el lugar que la persona ocupa en tu vida.

    ¿Se puede hacer terapia de duelo online?

    Sí. Los estudios disponibles, aunque pequeños, muestran mejoras en síntomas de duelo con intervenciones por internet y por videollamada (Zuelke et al., 2021; Tur et al., 2025). Funciona mejor cuando hay un terapeuta que acompaña y cuando tienes un espacio tranquilo y privado para las sesiones.

    ¿Sirve la terapia de duelo si la pérdida no fue una muerte?

    Sí. Neimeyer (2019) la aplica a divorcios, pérdida de empleo o de capacidades físicas. Lo que decide si conviene es cuánto afecta la pérdida a tu vida.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Decidir si empezar una terapia de duelo cuesta menos cuando lo conversas con alguien que sabe de esto. Si quieres ordenar lo que sientes, saber si tu duelo se está complicando o explorar cómo sería trabajarlo por videollamada, puedes escribir a través de la página de contacto. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Avis, K. A., Missler, M., van Deursen, D., Lenferink, L. I. M., Stroebe, M., & Schut, H. (2025). The efficacy of bereavement interventions: A systematic umbrella review. Harvard Review of Psychiatry, 33(3), 127-148. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000426
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    • Bryant, R. A., Azevedo, S., Yadav, S., Cahill, C., Kenny, L., Maccallum, F., Tran, J., Choi-Christou, J., Rawson, N., Tockar, J., Garber, B., Keyan, D., & Dawson, K. S. (2024). Cognitive behavior therapy vs mindfulness in treatment of prolonged grief disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 81(7), 646-654. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.0432
    • Comtesse, H., Smid, G. E., Rummel, A.-M., Spreeuwenberg, P., Lundorff, M., & Dückers, M. L. A. (2024). Cross-national analysis of the prevalence of prolonged grief disorder. Journal of Affective Disorders, 350, 359-365. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.01.094
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    • Rosner, R., Rau, J., Kersting, A., Rief, W., Steil, R., Rummel, A.-M., Vogel, A., & Comtesse, H. (2025). Grief-specific cognitive behavioral therapy vs present-centered therapy: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 82(2), 109-118. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.3409
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    • Worden, J. W. (1996). Children and grief: When a parent dies. Guilford Press.
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Qué decirle a alguien en duelo: frases que ayudan y las que no

    Qué decirle a alguien en duelo: frases que ayudan y las que no

    Alguien a quien quieres perdió a su mamá, a su pareja o a un amigo, y ahora tienes que verlo en el velorio, llamarlo o escribirle. Llevas rato ensayando frases y ninguna te convence. Es normal: pocas situaciones dejan tan en blanco como saber qué decirle a alguien que perdió a un ser querido.

    Esta guía reúne lo que muestran las encuestas a personas en duelo, las revisiones de estudios y los libros de Worden y Neimeyer. Verás qué frases suelen consolar, cuáles duelen aunque se digan con cariño, qué decir en un funeral y cómo seguir cerca cuando el resto ya volvió a su rutina.

    Puedes leerla de corrido o ir directo a la parte que necesites. Si la persona te dice que quiere morir o reunirse con quien murió, salta a la sección sobre cuándo hace falta algo más que compañía.

    Respuesta corta: di algo breve y sincero, como «lamento mucho lo de tu mamá, aquí estoy», nombra a quien murió y ofrece una ayuda concreta en vez de «avísame si necesitas algo». Evita las frases que minimizan («al menos…»), que explican la muerte («todo pasa por algo») o que dicen cómo debería sentirse la persona. Y vuelve a escribirle semanas después, cuando casi todos dejan de hacerlo.

    ¿Qué decirle a alguien que perdió a un ser querido?

    Lo que mejor funciona es reconocer la pérdida con palabras simples, admitir que no existe la frase perfecta y dejar que la otra persona marque el ritmo. Pesa más la actitud que la fórmula: que se note que escuchas, que no tienes prisa por arreglar nada y que el fallecido sigue siendo alguien de quien se puede hablar.

    Estas son las frases y palabras de consuelo para alguien en duelo que se desprenden de los libros de referencia:

    • Reconoce lo ocurrido con palabras simples. «Lamento mucho lo de tu papá.» «Supe lo de Marta y quería estar contigo.» Sin teorías sobre por qué pasó y sin adornos.
    • Admite que no sabes qué decir. Worden (2013) destaca que reconocer con sencillez «no sé qué decirte, pero aquí estoy» suena más auténtico y consuela más que un cliché.
    • Pregunta en vez de suponer. Neimeyer (2019) propone preguntas abiertas que dejan a la persona fijar el tema, como «¿cómo estás hoy?» o «¿tienes ganas de hablar de ello?». Una guía del Dougy Center lo resume en una consigna: preguntar, no asumir (Dougy Center, 2025).
    • Nombra a quien murió y cuenta un recuerdo concreto. Worden (2013) señala que existe la creencia equivocada de que mencionar al fallecido hará sufrir, cuando la mayoría de los dolientes quiere hablar de su ser querido. Neimeyer (2019) añade que las anécdotas breves, como «me acuerdo de cuando tu mamá nos hacía reír con sus historias», transmiten un consuelo profundo.
    • Escucha sin corregir. Worden (2013) recomienda dejar que la persona repase cómo murió su ser querido y exprese llanto, rabia o culpa sin juzgarla ni apurarla.

    Lo que dicen las propias personas en duelo coincide con esto. En un estudio cualitativo con personas que vivieron una pérdida traumática, el apoyo emocional fue el que más deseaban, y quedaron poco satisfechas con el apoyo de la familia, de la comunidad y de los profesionales (Cacciatore et al., 2021).

    En una encuesta a 678 personas en duelo en Australia, la ayuda venía sobre todo de familiares, amigos y funerarias. Lo que describían como útil era sentir cercanía, tener a alguien con quien contar, sentirse parte de un grupo y recibir orientación (Aoun et al., 2018).

    ¿Qué frases evitar con alguien en duelo?

    Duelen las frases que minimizan la pérdida («al menos…»), la explican («todo pasa por algo»), apuran la recuperación («ya pasará») o dicen cómo debería sentirse la persona («tienes que ser fuerte»). Casi nunca se dicen con mala intención. Fallan porque cortan la conversación justo cuando el doliente necesitaba contarla.

    La investigación va en la misma línea. En una encuesta nacional a 630 personas que habían perdido a alguien por cáncer en Japón, más del 60 % de quienes habían recibido ese tipo de comentarios los consideró poco útiles. El que más dolió fue que enfatizaran los aspectos positivos de la muerte (Ishida et al., 2018).

    En la encuesta australiana, las quejas más repetidas sobre el apoyo recibido fueron la insensibilidad, el apoyo esperado que no llegó, los malos consejos, la falta de empatía y los obstáculos del sistema (Aoun et al., 2018).

    Wortman y Silver revisaron las creencias más repetidas sobre el duelo: que la depresión es inevitable, que hay que «trabajar» la pérdida, que todos se recuperan y la superan. La investigación disponible no las respaldaba, y los autores advirtieron que esas ideas equivocadas llevan a los demás a responder de maneras poco útiles (Wortman y Silver, 1989).

    Estas son las frases que más aparecen en los libros y guías, con lo que puedes decir en su lugar:

    • «Al menos…» («al menos tienes otros hijos», «al menos ya no sufre»). Minimiza la pérdida y empuja a mirar el lado bueno (Dougy Center, 2025). Worden (2013) incluye en la misma familia «eres joven, puedes tener más hijos». En su lugar: «¿cómo ha sido esto para ti?».
    • «Está en un lugar mejor», «es la voluntad de Dios», «todo pasa por algo». Neimeyer (2019) advierte que estas fórmulas suelen hacer más mal que bien. El Dougy Center (2025) explica el motivo: darle sentido a la muerte desde fuera supone que la otra persona comparte tu visión del mundo. En su lugar: «aquí estoy para escucharte».
    • «Sé cómo te sientes». Worden (2013) cuenta que provoca ganas de responder «¿qué vas a saber tú?». El Dougy Center (2025) añade que incluso dentro de una misma familia cada uno vive el duelo distinto, y que la frase pone el foco en quien habla. Comparar con tus propias pérdidas tiene el mismo efecto (Worden, 2013). En su lugar: «¿cómo ha sido para ti?».
    • «Sé fuerte», «sé valiente», «eres muy fuerte». Worden (2013) las cuenta entre los tópicos que refuerzan la represión del dolor, y el Dougy Center (2025) agrega que dejan poco espacio para un duelo desordenado. En su lugar: «conmigo no tienes que estar bien».
    • «El tiempo lo cura», «ya pasará», «estarás bien». Worden (2013) y Neimeyer (2019) las describen como frases que apuran y no consuelan. En su lugar: «no hay apuro, aquí voy a estar».
    • «No te sientas así», «ellos querrían que fueras feliz». Quitarle la emoción a alguien comunica que sentirla está mal, y lo que el fallecido habría querido conviene dejárselo a quien lo conoció mejor (Dougy Center, 2025). En su lugar, nombra lo que ves: «se nota que te pesa la culpa; si quieres contarme más, te escucho».
    • Consejos que nadie pidió. Los sermones y los «deberías» provocan rechazo (Worden, 2013), y los malos consejos aparecen entre las quejas más comunes de los dolientes (Aoun et al., 2018). Si crees que puedes aportar una idea, pregunta antes si la quiere.

    Una excepción útil: si la persona usa esas palabras primero (por ejemplo, dice que su papá «descansa» o que «era su hora»), puedes acompañarla con las suyas. El problema aparece cuando la frase la pones tú.

    ¿Por qué decimos cosas que no ayudan?

    Las frases torpes suelen nacer de la incomodidad ante el dolor ajeno y del apuro por arreglarlo. Una revisión exploratoria de 23 estudios sobre apoyo informal tras un duelo encontró que lo que ayuda es ajustarse a lo que la persona necesita, y que la incomodidad de quien apoya aparece entre los rasgos de las interacciones poco útiles.

    La misma revisión halló que, en 13 de los 14 estudios cuantitativos, las interacciones pensadas como apoyo fueron vividas como apoyo (Tognela et al., 2025). Dicho sencillo: la intención cuenta, y un tropiezo de palabras no arruina nada si la persona siente que estás ahí.

    También hay una razón para esforzarse. Una revisión sistemática señaló que pocos factores del duelo se pueden modificar después de la muerte tanto como el apoyo social, aunque los 42 estudios revisados tenían limitaciones metodológicas (Logan et al., 2017).

    Si ya soltaste una de estas frases, tiene arreglo. Puedes retomar con algo como «creo que me expresé mal el otro día; lo que quería decirte es que me importa cómo estás».

    ¿Qué decir en un funeral o velorio para dar el pésame?

    En un funeral basta una frase corta y un gesto: dar el pésame, decir quién eres si no te conocen y, si hay confianza, nombrar a quien murió. No hay estudios que midan qué frase exacta ayuda más allí. Las pautas salen de encuestas a dolientes y de guías de especialistas, y apuntan a menos explicación y más presencia.

    • Si conoces bien a la persona: «lamento mucho la muerte de tu papá, aquí estoy contigo». Un abrazo dice lo que la frase no alcanza.
    • Si conoces poco a la familia: preséntate y di cómo conociste a quien murió. «Soy Camila, trabajé con tu mamá varios años. Lamento mucho su muerte.» Un recuerdo concreto, si lo tienes, vale más que una fórmula.
    • Si no sabes qué decir: «no sé qué decirte, pero estoy aquí» (Worden, 2013).
    • Si llora: quédate, no cambies de tema y no le pidas que se calme. Worden (2013) recomienda permitir el llanto sin apurar ni intentar anestesiar el dolor.
    • Si se enoja con los médicos, con el fallecido o con la vida: escúchala. Worden (2013) y Neimeyer (2019) ven la rabia como una respuesta habitual ante la impotencia, y censurarla aísla.
    • Sobre cómo murió: deja que cuente la familia, si quiere. Repasar las circunstancias de la muerte le ayuda a hacerla real (Worden, 2013).
    • Si hay niños: usa las palabras «murió» y «está muerto», sin «se quedó dormido» ni «se fue de viaje». Los eufemismos confunden y pueden dar miedo (Cid Egea, 2011). Más ejemplos en la guía para explicarle la muerte a un niño.

    Un caso frecuente en Chile es el «te acompaño en el sentimiento». Es una fórmula de cortesía aceptada y, en un velorio con mucha gente, el saludo habitual. Worden (2013) observa que hasta esa frase puede cerrar la conversación cuando es lo único que se dice. Si tienes confianza, súmale un abrazo, un recuerdo o una pregunta.

    Si el mensaje es por WhatsApp, correo o tarjeta, valen las mismas reglas, con una ventaja: puedes releer antes de enviar. Dos ejemplos:

    • «Me enteré de lo de tu papá y lamento mucho tu pérdida. No tienes que responder. El sábado te llevo comida y, si no quieres hablar, la dejo en la puerta.»
    • «Pienso en ti y en Marta. Cuando quieras contarme cómo estás, te escucho.»

    ¿Cómo ofrecer ayuda concreta?

    «Avísame si necesitas algo» es una frase amable que casi nunca se usa. El Dougy Center (2025) explica por qué: pone sobre la persona en duelo la tarea de saber qué necesita y de pedirlo. La alternativa son ofrecimientos específicos, y conviene dejar claro que puede decir que no.

    • «Voy al supermercado, ¿te traigo algo?»
    • «¿Qué noche de esta semana te acomoda que te lleve comida hecha?»
    • «El lunes paso a las cinco a hacer contigo los trámites que falten, si quieres.»
    • «Puedo llevar a los niños al colegio mientras tanto.»

    Worden (2013) apunta en la misma dirección: ayudar a resolver problemas cotidianos concretos sirve más que los discursos o los consejos abstractos. La ayuda práctica no reemplaza a la escucha, porque el apoyo que más deseaban las personas del estudio de Cacciatore et al. (2021) era el emocional.

    Cómo acompañar a alguien en duelo después del funeral

    El apoyo se concentra en el velorio y en los primeros días, y se apaga a las pocas semanas, justo cuando la persona sigue necesitándolo (Worden, 2013; Dougy Center, 2025). En un seguimiento de 328 personas mayores de 50 años que habían enviudado, tanto la soledad como el apoyo social bajaron durante el primer año y medio.

    En ese mismo estudio, más apoyo se asoció con menos soledad, sobre todo el de los amigos. Los autores sugieren que sirve más el apoyo que está a mano y que deja a la persona expresarse (Utz et al., 2013).

    Algunas formas concretas de seguir presente:

    • Escribe o llama a las dos o tres semanas. Es el momento en que el entorno se retira. Un «¿cómo vas esta semana?» basta.
    • Marca en el calendario las fechas señaladas: cumpleaños, aniversario de la muerte, Navidad, el Día de la Madre o del Padre. Pueden remover mucho, como explica la guía sobre el aniversario traumático.
    • Nombra a quien murió sin esperar a que la persona lo haga primero. Si el tema le pesa, lo dirá.
    • Deja elegir: «¿quieres que hablemos de él hoy o prefieres que te distraiga un rato?».

    Cuando la muerte fue súbita o violenta, el apoyo de la familia y los amigos importa especialmente. Una revisión sistemática de 16 estudios halló que más apoyo social se asociaba con menos síntomas de depresión y de estrés postraumático, y que los resultados sobre duelo complicado eran contradictorios. Son asociaciones, y los propios autores piden estudios longitudinales para saber si el apoyo causa la mejoría (Scott et al., 2020).

    ¿Cambia lo que se dice según el tipo de pérdida?

    El fondo es el mismo, con matices:

    • Muerte de un hijo: frases como «al menos tienes otros hijos» o «eres joven, puedes tener más» están entre las que Worden (2013) menciona como dañinas.
    • Muerte de un familiar cuando hay niños en casa: usa lenguaje concreto y cuéntales la verdad con palabras simples (Cid Egea, 2011; Dougy Center, 2025). La guía de cómo explicarle la muerte a un niño trae ejemplos por edad.
    • Pérdida ambigua (una desaparición, una demencia avanzada): Boss (2025) plantea que reconocer con sinceridad «no sé qué va a pasar» genera más confianza que una promesa vacía, y que decir «agradece que sigue vivo» invalida un dolor que no tiene cierre.

    ¿Cuándo hace falta algo más que compañía?

    Tu compañía ayuda, pero no es un tratamiento. Anima a la persona a consultar si pasan los meses y el dolor no se mueve, si no puede trabajar ni atender a quienes dependen de ella, si recurre al alcohol o a medicamentos para aguantar, o si el anhelo por quien murió ocupa casi todo su día.

    La guía de duelo prolongado explica sus criterios, y la guía general de duelo describe las reacciones esperables.

    Pide ayuda con urgencia si la persona habla de morir o de hacerse daño. Quédate con ella, pregúntale con calma qué está pensando y no la dejes sola si los pensamientos son concretos.

    En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, gratuita y disponible todo el día) o a Salud Responde al 600 360 7777. En una emergencia, llama al 131 o ve a urgencias.

    Más información general en la página de la APA sobre duelo y en MedlinePlus. Para entender el proceso completo, revisa la guía de cómo superar un duelo.

    Lo que todavía no se sabe

    Casi toda la evidencia viene de Estados Unidos, Europa, Australia y Japón, y mezcla encuestas, estudios cualitativos y revisiones con limitaciones metodológicas. No encontramos estudios chilenos sobre qué frases ayudan o duelen en nuestro contexto, ni ensayos que comparen mensajes específicos de condolencia.

    Por eso esta guía describe patrones que repiten las encuestas y los libros de Worden y Neimeyer, y no promete que una frase funcione siempre. Cada duelo es distinto, y la mejor señal sigue siendo cómo reacciona la persona que tienes enfrente.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué decir en un funeral cuando no sabes qué decir?

    Di algo breve y sincero: «lamento mucho tu pérdida, estoy aquí». Admitir que no sabes qué decir también sirve y, según Worden, consuela más que un cliché. Si conoces algo de quien murió, un recuerdo concreto suma. No hace falta explicar la muerte ni dar consejos: acompañar basta.

    ¿Qué frases no se le deben decir a alguien que perdió a un ser querido?

    Las que minimizan («al menos…»), explican («todo pasa por algo», «está en un lugar mejor»), apuran («ya pasará», «el tiempo lo cura») o dicen cómo sentirse («sé fuerte», «no te sientas así»). Tampoco ayuda «sé cómo te sientes». Casi nunca hay mala intención, pero cortan la conversación. Sirven mejor las preguntas abiertas.

    ¿Está mal decir «te acompaño en el sentimiento»?

    Es una fórmula de cortesía aceptada, y en un velorio con mucha gente es el saludo habitual. Worden observa que, si es lo único que se dice, puede cerrar la conversación. Cuando hay confianza, conviene sumarle un abrazo, un recuerdo o una pregunta abierta.

    ¿Cuánto tiempo hay que seguir acompañando a alguien en duelo?

    No existe un plazo comprobado. Se sabe que el apoyo suele concentrarse en el funeral y apagarse a las pocas semanas, cuando la persona aún lo necesita. Un mensaje a las dos o tres semanas, otro en las fechas señaladas y la disposición a escuchar meses después son un buen criterio.

    ¿Qué hago si la persona no quiere hablar del fallecido?

    Respeta su ritmo y ofrece sin presionar: «si quieres hablar de él, aquí estoy; si no, también». Evita forzar la conversación, pero no dejes de nombrarlo siempre. Si pasan las semanas y se aísla, deja de comer o de dormir, anímala a consultar a un profesional.

    ¿Qué hacer si alguien en duelo dice que quiere morir?

    Quédate con la persona, pregúntale con calma si piensa en hacerse daño y no la dejes sola si la respuesta es sí. En Chile puedes llamar al *4141, que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Acompañar a alguien en duelo puede remover tus propias pérdidas, y a veces cuesta saber cómo sostener a otro sin quedarte vacío. Si quieres ordenar lo que sientes o aprender a acompañar mejor, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas llegar con las palabras listas: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Aoun, S. M., Breen, L. J., White, I., Rumbold, B., & Kellehear, A. (2018). What sources of bereavement support are perceived helpful by bereaved people and why? Empirical evidence for the compassionate communities approach. Palliative Medicine, 32(8), 1378-1388. https://doi.org/10.1177/0269216318774995
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Cacciatore, J., Thieleman, K., Fretts, R., & Jackson, L. B. (2021). What is good grief support? Exploring the actors and actions in social support after traumatic grief. PLOS ONE, 16(5), e0252324. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0252324
    • Cid Egea, L. (2011). Explícame qué ha pasado: Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo. https://www.cop.es/uploads/PDF/GUIA-PARA-AYUDAR-A-LOS-ADULTOS-A-HABLAR-DE-LA-MUERTE-Y-EL-DUELO-CON-LOS-NINOS.pdf
    • Dougy Center: The National Grief Center for Children & Families. (2025). What to say instead. Dougy Center. https://www.dougy.org/assets/uploads/What-to-say-instead.pdf
    • Ishida, M., Onishi, H., Morita, T., Uchitomi, Y., Shimizu, M., Tsuneto, S., Shima, Y., & Miyashita, M. (2018). Communication disparity between the bereaved and others: What hurts them and what is unhelpful? A nationwide study of the cancer bereaved. Journal of Pain and Symptom Management, 55(4), 1061-1067.e1. https://doi.org/10.1016/j.jpainsymman.2017.12.493
    • Logan, E. L., Thornton, J. A., & Breen, L. J. (2017). What determines supportive behaviors following bereavement? A systematic review and call to action. Death Studies, 42(2), 104-114. https://doi.org/10.1080/07481187.2017.1329760
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
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    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.
    • Wortman, C. B., & Silver, R. C. (1989). The myths of coping with loss. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 57(3), 349-357. https://doi.org/10.1037/0022-006x.57.3.349

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Duelo por divorcio: etapas y cómo atravesarlo

    Duelo por divorcio: etapas y cómo atravesarlo

    Te separaste, o estás en camino, y lo que sientes se parece bastante a un luto. Tristeza que llega sin aviso, rabia, alivio mezclado con culpa, y la sensación de haber perdido no solo a una persona, sino una vida entera de planes y rutinas. Eso tiene nombre: duelo por divorcio, y vale igual para un duelo por separación sin papeles de por medio.

    Esta guía explica por qué duele tanto, si existen de verdad las etapas, cuánto suele tardar según los estudios de seguimiento, qué hace diferente a este duelo del que sigue a una muerte y qué ayuda a superar un divorcio. También deja claro cuándo conviene pedir apoyo profesional.

    Respuesta corta: el duelo por divorcio es la reacción normal ante la pérdida de una pareja, de un proyecto de vida y de una identidad. No sigue cinco etapas fijas. La mayoría de las personas mejora con los años, aunque unas se recuperan rápido, otras lento y una minoría se queda atascada. Se puede avanzar con apoyo, y consultar a tiempo ayuda.

    ¿Por qué el divorcio se vive como un duelo?

    Duelo es la respuesta a cualquier pérdida significativa, no solo a una muerte. Neimeyer (2019) la define como un daño en los recursos personales, materiales o simbólicos con los que hemos establecido un vínculo emocional. Un divorcio daña los tres a la vez: la persona, el hogar y la imagen de quién eres.

    Según Neimeyer (2019), la separación suele pasar por conmoción, rabia, desorganización y reorganización, un ciclo parecido al de una muerte pero con rasgos propios. Uno de ellos es que fue una decisión: alguien eligió terminar, y esa elección alimenta la culpa, el reproche y la duda de si fue lo correcto.

    También cambia la identidad. Pasas de ser «parte de una pareja» a ser una persona sola, y esa transición cuesta incluso cuando el divorcio era lo mejor que podía pasar (Neimeyer, 2019).

    Etapas del duelo por divorcio: ¿existen de verdad?

    Casi todo lo que se encuentra en internet repite las cinco etapas de Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Ese modelo nació observando a personas con enfermedades terminales y se extendió a todo tipo de pérdidas, divorcio incluido. Conviene saber qué respaldo tiene.

    Un estudio con 233 personas en duelo por una muerte natural probó la teoría. La incredulidad no dominó al inicio, la aceptación fue de lo más frecuente en todo momento y el anhelo fue la emoción negativa más intensa entre el mes 1 y el 24. Los picos llegaron en orden: anhelo hacia el mes 4, ira hacia el 5 y síntomas depresivos hacia el 6 (Maciejewski et al., 2007).

    Dos cosas se desprenden de ahí. Primero, las emociones sí suben y bajan en oleadas, pero se mezclan y se repiten. Segundo, ese estudio trata de muertes, y no existe un estudio equivalente para el divorcio. Por eso conviene tomar las «etapas del divorcio» como un mapa orientativo. Ningún calendario te obliga a cumplirlas.

    Las cuatro tareas de Worden aplicadas al divorcio

    Worden (2013) propone un modelo más útil para actuar que para describir: cuatro tareas del duelo. Aplicadas a una separación se ven así:

    1. Aceptar que la relación terminó. Aquí la negación toma la forma de la fantasía de una reconciliación o de actuar como si nada hubiera cambiado.
    2. Atravesar el dolor. Tristeza, rabia, culpa, soledad y sensación de rechazo. Worden advierte contra las «curas geográficas» y contra reemplazar el vacío con una nueva pareja demasiado pronto.
    3. Adaptarse a un mundo sin la pareja. Cambian la casa, el dinero, la crianza y también la imagen de uno mismo.
    4. Recolocar emocionalmente a la ex pareja. Con un fallecido se busca una conexión simbólica. Con un ex que sigue vivo, la tarea es soltar la energía romántica y definir un nuevo rol, como el de copadre o conocido.

    ¿Cuánto dura el duelo por divorcio? Lo que muestran los estudios

    Ninguna cifra vale para todos. Los estudios que siguieron a miles de personas durante años muestran varios caminos posibles.

    Una revisión de la literatura sobre divorcio en adultos concluyó que las personas varían mucho: el divorcio beneficia a algunas, produce descensos temporales de bienestar en otras y empuja a otras por una trayectoria descendente de la que quizá no se recuperan del todo (Amato, 2000).

    Los datos de seguimiento lo confirman:

    En una ruptura de pareja, un seguimiento cada dos semanas durante 30 semanas distinguió cuatro trayectorias de síntomas depresivos: resiliencia, recuperación rápida, recuperación lenta y malestar crónico. Los grupos lento y crónico se diferenciaban por más neuroticismo y más rumiación (Verhallen et al., 2022). No es un estudio de divorcios, pero ilustra el patrón.

    ¿Cambia el duelo según quién pidió el divorcio?

    Suele cambiar. Según Neimeyer (2019), quien inicia la separación a menudo ha ido soltando el vínculo en silencio durante meses o años, mientras que la otra parte se entera de golpe y queda aturdida. Con el tiempo cada uno arma una historia distinta en la que se justifica y culpa al otro.

    Por eso dos personas que estuvieron casadas entre sí no viven el mismo duelo. Quien pidió el divorcio puede sentir culpa y pena, y a la vez dudar de su derecho a sentirlas. Esa pena es legítima: haber decidido terminar no la anula.

    Un duelo por divorcio que casi nadie reconoce

    Después de una muerte hay funeral, pésames y licencias de trabajo. Después de un divorcio hay trámites. Neimeyer (2019) señala que muchas pérdidas asociadas, como la red de amigos, el estatus o la seguridad económica, reciben poco apoyo social, y que la persona termina procesando el dolor en soledad. Eso se llama duelo desautorizado.

    Boss (2025) clasifica el divorcio como una pérdida ambigua de tipo 1: la ex pareja ya no vive contigo, pero sigue muy presente en tu mente y en tus decisiones, sobre todo si hay hijos o bienes en común. Sin certificado ni ritual de cierre, el duelo puede quedar «congelado». Para ver el duelo en general, con sus tipos y sus señales, revisa la guía de duelo.

    Cuando hay hijos, Boss recomienda separar con claridad lo que terminó (la pareja) de lo que continúa (la crianza compartida y los compromisos), y poner límites explícitos al contacto cotidiano (Boss, 2025). Sobre cómo lo viven ellos, puedes leer cómo afecta el divorcio a los hijos según la edad y, si quien lo vive es una hija o hijo ya mayor, qué hacer cuando tus padres se van a divorciar.

    ¿Qué ayuda a superar un divorcio?

    No existe una receta única, pero hay estudios que apuntan a hábitos y apoyos concretos. Ninguno promete rapidez.

    Tratarte como tratarías a un amigo. En 109 adultos en pleno divorcio, quienes mostraron más autocompasión al hablar de su separación tuvieron menos intrusión emocional del divorcio en su vida diaria, y el efecto se mantuvo hasta nueve meses después (Sbarra et al., 2012). Autocompasión significa hablarte con amabilidad, recordar que a muchos les pasa algo parecido y mantener la calma emocional sin exigirte rapidez.

    Cuidado con darle vueltas. La rumiación, repasar una y otra vez qué falló y qué se pudo hacer distinto, se asoció a trayectorias de recuperación más lentas (Verhallen et al., 2022).

    Escribir no siempre ayuda. En un ensayo con 90 adultos recién separados, la escritura expresiva empeoró la recuperación de quienes buscaban activamente un sentido a la separación, comparada con una escritura neutra (Sbarra et al., 2013). Si escribes, hazlo con apoyo y no como una forma de forzar una explicación.

    Contar la historia con alguien que escuche. Neimeyer (2019) plantea que la adaptación no ocurre solo con el paso del tiempo. Requiere reescribir el relato de cómo se llegó hasta aquí, idealmente ante oyentes empáticos, y no deshacerse de golpe de todo recuerdo.

    Programas guiados. Un ensayo con 110 adultos (77 % separados o divorciados) mostró que una intervención de autoayuda guiada por internet, basada en modelos de afrontamiento del duelo, redujo el duelo, la depresión, la soledad y la amargura frente a una lista de espera, con beneficios que se mantuvieron a los tres meses. La muestra se autoseleccionó y era mayoritariamente femenina (Brodbeck et al., 2019).

    En Dinamarca, el seguimiento de cinco años de otra intervención digital para personas divorciadas halló 28 % menos recetas de medicamentos de salud mental, sin diferencias en consultas de atención primaria ni hospitalizaciones en el total del periodo (Hald et al., 2025).

    Ojo con el rebote. Si sientes la tentación de llenar el vacío con otra relación inmediata, la guía de cómo superar una ruptura amorosa y la de separarse o seguir intentando abordan esas dudas con más detalle. Si tu patrón en las relaciones es la ansiedad de perder al otro, cómo superar el apego ansioso puede darte contexto.

    ¿Es un trastorno? El duelo prolongado y el divorcio

    Los criterios diagnósticos de duelo prolongado de la CIE-11 y del DSM-5-TR exigen la muerte de una persona cercana como condición de entrada (OMS, 2024; Prigerson et al., 2021). Por eso, formalmente, no se diagnostica «duelo prolongado por divorcio».

    Eso no significa que el sufrimiento no cuente. Una tristeza intensa, la falta de ganas, el insomnio o la ansiedad que no ceden pueden corresponder a una depresión o a otro cuadro que un profesional puede evaluar. El duelo por divorcio no es una enfermedad, pero puede complicarse.

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Consulta si pasan los meses y no sientes alivio parcial, si no puedes trabajar o cuidar a tus hijos, si duermes muy poco o casi todo el día, si recurres al alcohol u otras sustancias para aguantar, o si la rabia y la rumiación ocupan casi todo tu día. Los apoyos también sirven antes de llegar a eso: pedir ayuda no exige estar al borde.

    Un buen momento para consultar es cuando el vínculo con la ex pareja te sigue bloqueando, por ejemplo con contactos que reabren la herida, o cuando hay conflicto fuerte por los hijos.

    Pide ayuda con urgencia si aparecen ideas de morir o de hacerte daño. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL) y, en una emergencia, al 131. Más información general sobre divorcio y salud emocional en la página de la APA y en MedlinePlus.

    Lo que todavía no se sabe

    La investigación sobre el duelo tras un divorcio es menos abundante de lo que parece. La mayoría de los estudios citados miden satisfacción con la vida, depresión o malestar, y no «duelo» como tal. No hay un criterio diagnóstico, ni una duración normal en meses, ni datos chilenos que nos digan cómo evoluciona aquí.

    Tampoco conocemos ensayos de psicoterapia presencial dirigida específicamente al duelo por divorcio. Las intervenciones evaluadas son sobre todo digitales, y se probaron en Europa. Por eso esta guía describe lo observado y las orientaciones de Worden, Neimeyer y Boss, sin prometer un plazo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuáles son las etapas del duelo por divorcio?

    Se suelen citar las cinco de Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), pero no hay estudios que las confirmen en divorcios y no ocurren en orden. Lo más útil es pensar en oleadas de emociones y en las cuatro tareas de Worden: aceptar, sentir el dolor, adaptarse y recolocar a la ex pareja.

    ¿Cuánto dura el duelo por divorcio?

    El plazo varía mucho. En estudios de seguimiento, la satisfacción con la vida suele bajar antes del divorcio y recuperarse de manera gradual durante los años siguientes, con mucha variación entre personas. Unas se recuperan rápido, otras lento y una minoría sigue con malestar importante. Si pasan los meses sin mejoría, conviene consultar.

    ¿Es normal sentir duelo si yo pedí el divorcio?

    Sí. Quien inicia la separación también pierde la relación, los planes y la identidad de pareja, y suele sumar culpa. Según Neimeyer, quien inicia suele haber empezado a soltar el vínculo antes, pero igual atraviesa la pérdida. Que hayas decidido terminar no te quita el derecho a estar triste.

    ¿Cómo se supera un divorcio?

    La evidencia apunta a varias cosas: tratarte con autocompasión, no quedarte dándole vueltas, contar tu historia a alguien que escuche, no apurarte a reemplazar a la pareja, y buscar apoyo profesional si el malestar no cede. Esto no apura el proceso. Superar no significa olvidar, sino poder recordar sin que te desborde.

    ¿Se puede hablar de duelo prolongado después de un divorcio?

    No como diagnóstico, porque la CIE-11 y el DSM-5-TR piden una muerte como condición. Aun así, un malestar intenso y persistente después de una separación merece evaluación profesional: puede ser depresión, ansiedad u otro cuadro tratable, y un psicólogo ayuda a distinguirlo.

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo por mi divorcio?

    Cuando el malestar te impide trabajar, dormir, cuidar de tus hijos o relacionarte, cuando recurres al alcohol para aguantar, o cuando pasan los meses sin alivio. También si te cuesta cortar el contacto que te hace daño. Ante ideas de morir o de hacerte daño, llama al *4141.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Un divorcio se atraviesa mejor cuando alguien escucha tu versión sin apurarte. Si llevas tiempo dándole vueltas o sientes que no avanzas, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas tener claro qué sientes para empezar: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Amato, P. R. (2000). The consequences of divorce for adults and children. Journal of Marriage and Family, 62(4), 1269-1287. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2000.01269.x
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Bourassa, K. J., Sbarra, D. A., & Whisman, M. A. (2015). Women in very low quality marriages gain life satisfaction following divorce. Journal of Family Psychology, 29(3), 490-499. https://doi.org/10.1037/fam0000075
    • Brodbeck, J., Berger, T., Biesold, N., Rockstroh, F., & Znoj, H. J. (2019). Evaluation of a guided internet-based self-help intervention for older adults after spousal bereavement or separation/divorce: A randomised controlled trial. Journal of Affective Disorders, 252, 440-449. https://doi.org/10.1016/j.jad.2019.04.008
    • Hald, A. N., Fallesen, P., Eriksson, F., & Hald, G. M. (2025). Digital health intervention for and long-term health outcomes of a divorce cohort with linked Danish data: 5-year posttrial follow-up of a randomized controlled trial. Journal of Medical Internet Research, 27, e69387. https://doi.org/10.2196/69387
    • Lucas, R. E. (2005). Time does not heal all wounds: A longitudinal study of reaction and adaptation to divorce. Psychological Science, 16(12), 945-950. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2005.01642.x
    • Maciejewski, P. K., Zhang, B., Block, S. D., & Prigerson, H. G. (2007). An empirical examination of the stage theory of grief. JAMA, 297(7), 716-723. https://doi.org/10.1001/jama.297.7.716
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
    • Sbarra, D. A. (2015). Divorce and health: Current trends and future directions. Psychosomatic Medicine, 77(3), 227-236. https://doi.org/10.1097/psy.0000000000000168
    • Sbarra, D. A., Boals, A., Mason, A. E., Larson, G. M., & Mehl, M. R. (2013). Expressive writing can impede emotional recovery following marital separation. Clinical Psychological Science, 1(2), 120-134. https://doi.org/10.1177/2167702612469801
    • Sbarra, D. A., Smith, H. L., & Mehl, M. R. (2012). When leaving your ex, love yourself: Observational ratings of self-compassion predict the course of emotional recovery following marital separation. Psychological Science, 23(3), 261-269. https://doi.org/10.1177/0956797611429466
    • van Scheppingen, M. A., & Leopold, T. (2020). Trajectories of life satisfaction before, upon, and after divorce: Evidence from a new matching approach. Journal of Personality and Social Psychology, 119(6), 1444-1458. https://doi.org/10.1037/pspp0000270
    • Verhallen, A. M., Alonso-Martínez, S., Renken, R. J., Marsman, J.-B. C., & ter Horst, G. J. (2022). Depressive symptom trajectory following romantic relationship breakup and effects of rumination, neuroticism and cognitive control. Stress and Health, 38(4), 653-665. https://doi.org/10.1002/smi.3123
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Pérdida ambigua: qué es y cómo vivir con ella

    Pérdida ambigua: qué es y cómo vivir con ella

    Hay personas que no están y que tampoco se han ido del todo: un hijo del que no se sabe nada, una pareja que un día dejó de contestar, una madre que sigue en casa pero ya no te reconoce. La pérdida ambigua nombra ese dolor, el de perder a alguien sin la certeza ni el ritual que acompañan a una muerte.

    Esta guía explica qué es, cuáles son los dos tipos que describió Pauline Boss, qué ejemplos cotidianos y extremos existen, qué dice la investigación sobre su efecto en la salud mental y qué puede ayudar. También responde qué hacer cuando alguien se fue sin despedirse.

    Respuesta corta: la pérdida ambigua es un duelo sin muerte confirmada o sin cierre posible. Describe una situación que se puede atravesar con apoyo, y el malestar que produce es una reacción comprensible. En una muestra de refugiados, los síntomas de duelo prolongado fueron más intensos ante un familiar desaparecido que ante uno fallecido. Conviene consultar cuando la incertidumbre te bloquea la vida diaria.

    ¿Qué es la pérdida ambigua? Definición según Pauline Boss

    Pauline Boss, en su libro La pérdida ambigua, la define como una pérdida incompleta, incierta o indeterminada dentro de una relación importante (Boss, 2025). Falta justo lo que una muerte confirmada sí trae: un certificado, un cuerpo, un funeral y una comunidad que te da el pésame. Sin esas señales, el duelo no consigue empezar ni terminar.

    Boss llama a ese estado duelo congelado. Su idea central es que el sufrimiento viene de una situación externa que sigue sin resolverse, y que no demuestra un defecto de la persona que sufre (Boss, 2025).

    Por eso la pérdida ambigua es una experiencia relacional y no un diagnóstico. Se vive como un vaivén entre la esperanza de que algo cambie y la desesperanza de que no cambie nunca.

    ¿Cuáles son los dos tipos de pérdida ambigua según Pauline Boss?

    Boss, terapeuta familiar que empezó a describir el fenómeno con familias de soldados desaparecidos en combate, distingue dos formas (Boss, 2025). Lo que las une es una discrepancia entre quién está en el cuerpo y quién está en la mente.

    Pérdida ambigua tipo 1: ausencia física, presencia psicológica

    La persona no está a tu alcance, pero sigue muy presente en tus pensamientos, tus emociones y tus decisiones. No sabes si volverá, si está viva o si vas a recibir una explicación. Boss incluye aquí a los desaparecidos, los secuestrados, el progenitor que se fue tras un divorcio, la madre biológica de un niño dado en adopción y las personas que emigran (Boss, 2025).

    Pérdida ambigua tipo 2: presencia física, ausencia psicológica

    La persona está a tu lado, pero su mente o su vínculo emocional no. Boss menciona el Alzheimer y otras demencias, los daños cerebrales graves, las adicciones, las enfermedades mentales crónicas y también a quien está tan absorbido por el trabajo que es inalcanzable para su familia (Boss, 2025).

    Ejemplos de pérdida ambigua: de lo extremo a lo cotidiano

    El concepto nació con las desapariciones, pero la literatura científica lo usa hoy para muchas situaciones. Estos son los ejemplos con más estudios.

    Hay también una forma colectiva. Tras la toma masiva de rehenes en Israel, un estudio con 740 personas halló que la incertidumbre compartida se asociaba con más malestar psicológico general, incluso entre quienes no conocían a ningún rehén (Yehene et al., 2024). Es un contexto de guerra, así que no conviene extrapolarlo sin más.

    ¿Y si alguien se fue sin despedirse? Ghosting, abandono y rupturas

    Boss dedica un capítulo, «Marcharse sin decir adiós», a las personas que se van sin explicación: divorcios, abandonos, distanciamientos familiares (Boss, 2025). Según ella, la falta de causa clara lleva a buscar explicaciones dentro de uno mismo y a pensar que la marcha fue por culpa propia.

    Boss no habla de ghosting. Aun así, el patrón encaja con su tipo 1: la persona se fue y sigue ocupando tu cabeza. Aplicar el concepto a un mensaje que nadie contesta es una extensión razonable, pero es una extensión, no un hallazgo.

    La investigación sobre ghosting es más cauta de lo que se lee en redes. En 626 adultos de 18 a 40 años, haber sido ghosteado no se relacionó por sí solo con menos satisfacción vital, más soledad ni más indefensión. Sí se relacionó el breadcrumbing, que es dar migajas de atención sin compromiso (Navarro et al., 2020).

    Es un estudio transversal y preliminar: no prueba que el ghosting no duela, solo que en esa muestra no se distinguió.

    Otra investigación cambia un poco la lectura. En experimentos con distintos escenarios, quienes hacían ghosting decían preocuparse por el bienestar de la otra persona más de lo que ella creía, en parte porque quien es ignorado subestima los motivos de cuidado del otro (Park y Klein, 2024). No quita el dolor del silencio, pero puede ayudar a no leerlo como prueba de que no valías.

    Si la relación era larga o central en tu vida, la pérdida se parece más a una ruptura. Para ese caso, mira cómo superar una ruptura amorosa.

    ¿Por qué duele distinto que un duelo por una muerte?

    Hay varias razones que la investigación va describiendo.

    Los límites de la familia se vuelven borrosos. Boss usa el término ambigüedad de límites para la confusión sobre quién está dentro o fuera de la familia y qué rol tiene cada uno: «¿sigo casada si mi marido está desaparecido?», «¿tengo o no un padre si se fue?» (Boss, 2025).

    En 47 refugiados sirios con síntomas postraumáticos, tener un familiar cercano desaparecido y más ambigüedad de límites se asociaron con un duelo prolongado más intenso, y la ambigüedad de límites también con más depresión (Renner et al., 2021).

    La mente sigue buscando. En 64 cuidadores de personas con trastornos de conciencia, la ambigüedad de límites mediaba la relación entre la necesidad de cierre, la frecuencia de visitas y la sensación de que el paciente seguía presente, por un lado, y el duelo, por otro. Las autoras interpretan que esa ambigüedad dificulta integrar la pérdida (Zaksh et al., 2019).

    Falta el reconocimiento. Sin funeral y sin pésame, el duelo queda «sin reconocer». Una revisión de la literatura sobre personas desaparecidas señala que, a diferencia de la muerte, aquí la esperanza forma parte de la experiencia porque la persona podría volver, y que falta investigación sobre su papel (Wayland et al., 2016).

    Puede ser más intenso que el duelo por una muerte. En 87 refugiados en Alemania, quienes tenían un familiar desaparecido (33) mostraron más síntomas de duelo prolongado que quienes tenían un familiar fallecido (54), aunque la proporción con probable trastorno no difirió. Los autores plantean que podría ser un factor de riesgo específico (Comtesse et al., 2022).

    El papel de la rumiación y la autocompasión

    En 137 familiares de personas desaparecidas hace tiempo, más autocompasión se asoció con menos duelo prolongado, depresión y estrés postraumático. La rumiación sobre el duelo explicó parte de esa relación (Lenferink et al., 2017). Es un estudio transversal: sugiere un camino, no lo demuestra.

    ¿La pérdida ambigua es un trastorno? ¿Y el duelo prolongado?

    No. «Pérdida ambigua» describe una situación, no un diagnóstico. Y el duelo prolongado, que sí es un diagnóstico, parte de una muerte: el DSM-5-TR exige que haya pasado al menos 12 meses desde la muerte de una persona cercana (Prigerson et al., 2021), y la CIE-11 pide como requisito una historia de duelo tras el fallecimiento de alguien cercano (OMS, 2024).

    Eso significa que ante una desaparición, un abandono o una enfermedad que cambia a la persona, ese diagnóstico no aplica por definición. Lo que sí puede aparecer es depresión, ansiedad, estrés postraumático o un bloqueo para tomar decisiones, y todo eso se evalúa y se trata.

    Los investigadores igual miden síntomas de duelo prolongado en estos contextos. Hay un instrumento en desarrollo para esto, el Ambiguous Loss Inventory Plus, que tiene validez aparente y de contenido preliminar y todavía necesita evaluaciones psicométricas (Comtesse et al., 2023). Por eso esta guía no incluye un test con puntaje: no existe uno validado.

    Si tu pérdida fue una muerte, el test de duelo prolongado y la guía de duelo y sus tipos son un mejor punto de partida.

    ¿Cómo vivir con una pérdida ambigua? Las seis pautas de Boss

    Boss propone aprender a vivir con la incertidumbre en vez de esperar un cierre que quizá nunca llegue. Para ello describe seis pautas (Boss, 2025):

    1. Encontrar sentido. Nombrar lo que te pasa como pérdida ambigua quita parte del desconcierto y de la culpa. También implica sostener dos ideas a la vez: «mi ser querido se ha ido y, en otro sentido, sigue conmigo».
    2. Ajustar el control. Soltar la exigencia de una solución perfecta y poner la energía en las decisiones cotidianas que sí dependen de ti.
    3. Reconstruir la identidad. Redefinir quién eres y qué rol tienes ahora, por ejemplo como cuidadora o como madre o padre que cría solo.
    4. Normalizar la ambivalencia. Sentir amor y rabia, o querer que la persona vuelva y a la vez que la espera termine, es una respuesta comprensible ante algo sin resolver.
    5. Revisar el apego. Pasar de la cercanía física a una conexión psicológica o simbólica, de modo que el cariño no congele tu vida ni cierre la puerta a otros vínculos.
    6. Descubrir una nueva esperanza. Orientarla hacia metas realistas, la creatividad o la ayuda a otros, en vez de hacia un final perfecto.

    Boss también plantea que, sin ritos oficiales, vale la pena crear los propios para nombrar el dolor y honrar lo que se perdió y lo que permanece (Boss, 2025). Robert Neimeyer (2019) coincide en que el objetivo es reescribir la historia de vida para integrar el cambio, y no olvidar.

    Qué dice la investigación sobre lo que ayuda

    Conviene ser claros: en la búsqueda que hicimos para esta guía no apareció ningún ensayo clínico aleatorizado ni metaanálisis que compare tratamientos para la pérdida ambigua. Lo que hay es evidencia más débil.

    • Autocompasión y menos rumiación se asocian con menos síntomas en familiares de desaparecidos (Lenferink et al., 2017).
    • Esperanza y resiliencia se asocian con menos pérdida ambigua en familiares de personas con adicción (Florentin y Rice, 2026).
    • Validación emocional, comunicación abierta en la familia y apoyo psicosocial aparecieron como factores protectores en hermanos de niños con cáncer (Yuste Segarra et al., 2026).
    • Psicoeducación sobre la ambigüedad de límites en grupos de apoyo es una propuesta de los autores de un estudio con refugiados, no un tratamiento probado (Renner et al., 2021).
    • Un grupo de pares para madres de adolescentes autistas que usó el marco de la pérdida ambigua describió más comprensión, autocompasión y estrategias de afrontamiento. Es un solo caso, no una prueba de eficacia (Chase, 2022).

    Una advertencia más: casi todos estos estudios miran asociaciones. Que la esperanza acompañe a una menor pérdida ambigua no demuestra que tenerla cause alivio, porque puede ser al revés.

    Un estudio cualitativo con ocho familiares de personas desaparecidas en Italia observó que, sin hallazgo de la persona, algunos desarrollaban duelo prolongado y otros un impulso a ayudar a otros, descrito como crecimiento postraumático. También destacó que la comunidad puede ayudar o empeorar las cosas (Testoni et al., 2020).

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Boss recomienda consultar cuando la incertidumbre produce síntomas que limitan la vida (depresión profunda, ansiedad crónica, insomnio), cuando la persona o la familia no logra tomar decisiones prácticas, o cuando aparecen formas de afrontar que dañan, como el abuso de alcohol o el aislamiento extremo (Boss, 2025).

    También cuenta que muchas personas llegan a terapia por conflictos de pareja o por una tristeza «sin causa clara» y no mencionan una pérdida inconclusa de fondo, como un divorcio no digerido, el abandono de una pareja o la demencia de un progenitor. Si te suena familiar, nómbralo en la primera sesión.

    Pide ayuda con urgencia si aparecen ideas de morir o de hacerte daño. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL) y, en una emergencia, al 131. Si el trauma de la pérdida aparece como recuerdos intrusivos, revisa duelo traumático.

    Lo que todavía no se sabe

    La pérdida ambigua es un concepto clínico muy influyente, pero la base empírica es joven. Casi todos los estudios citados son transversales, cualitativos o con muestras pequeñas, y muchos vienen de contextos de guerra o desplazamiento. No hay un instrumento validado con puntos de corte ni ensayos de tratamientos específicos.

    Por eso esta guía describe lo observado y las orientaciones de Boss y Neimeyer, sin prometer una receta. Tampoco sabemos si el ghosting entre adultos jóvenes produce un duelo comparable al de una desaparición. Con lo recuperado, eso no se puede afirmar.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la pérdida ambigua en palabras simples?

    Es perder a alguien sin certeza ni despedida: la persona no está físicamente pero sigue muy presente en tu mente, o está a tu lado pero ya no es la misma por una enfermedad o una adicción. Pauline Boss la describe como un duelo sin cierre posible, que puede dejar a la persona atascada entre la esperanza y la desesperanza.

    ¿Cuáles son ejemplos de pérdida ambigua?

    Un familiar desaparecido, un hijo dado en adopción, un divorcio o un abandono sin explicación, la migración de un ser querido, la demencia o el daño cerebral de un familiar, la adicción o una enfermedad mental crónica en alguien cercano, o la hermana de un niño con cáncer que se queda sin la atención de sus padres.

    ¿Se puede vivir un duelo sin muerte?

    Sí. Aunque el diagnóstico de duelo prolongado exige una muerte, el dolor por una desaparición, un abandono o una enfermedad que cambia a la persona es real y está estudiado. En 87 refugiados, el duelo por un familiar desaparecido fue incluso más intenso, en síntomas, que por uno fallecido.

    ¿Cómo se supera una pérdida ambigua?

    Boss plantea aprender a vivir con la incertidumbre en lugar de esperar un cierre que quizás no llegue: nombrar la pérdida, ajustar el control, sostener el pensamiento «tanto lo uno como lo otro», normalizar la ambivalencia, revisar el apego y encontrar una nueva esperanza. No hay ensayos clínicos que comparen tratamientos específicos.

    ¿El ghosting es una pérdida ambigua?

    Puede parecerse, porque alguien se va sin explicación y sigue ocupando tu cabeza, pero Boss no habla de ghosting y la evidencia es limitada. En un estudio con 626 adultos, el ghosting por sí solo no se asoció con menos satisfacción vital ni más soledad. Si la relación era central en tu vida, el duelo sí puede ser real.

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo?

    Cuando la incertidumbre te impide funcionar: depresión o ansiedad que limitan tu día, insomnio persistente, dificultad para decidir, aislamiento o consumo de alcohol para tolerar el malestar. También si te cuesta entender por qué estás tan mal por una pérdida que nadie reconoce. Ante ideas de morir, llama al *4141.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Una pérdida ambigua pesa más cuando nadie la nombra. Si llevas tiempo viviendo con una espera, una ausencia o una persona que ya no es la misma, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas tener claro qué sientes para empezar: basta con contar cómo estás. Para una mirada más amplia, revisa también cómo explicarle la muerte a un niño si en tu familia hay niños viviendo la situación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Chase, B. (2022). The unexpected comfort of feeling it all: A support group for mothers of autistic adolescents using the lens of ambiguous loss. Clinical Social Work Journal, 50(4), 436-444. https://doi.org/10.1007/s10615-022-00834-2
    • Comtesse, H., Killikelly, C., Hengst, S. M. C., Lenferink, L. I. M., de la Rie, S. M., Boelen, P. A., & Smid, G. E. (2023). The Ambiguous Loss Inventory Plus (ALI+): Introduction of a measure of psychological reactions to the disappearance of a loved one. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(6), 5117. https://doi.org/10.3390/ijerph20065117
    • Comtesse, H., Lechner-Meichsner, F., Haneveld, J., Vogel, A., & Rosner, R. (2022). Prolonged grief in refugees living in Germany confronted with ambiguous or confirmed loss. Anxiety, Stress, & Coping, 35(3), 259-269. https://doi.org/10.1080/10615806.2021.1967936
    • Florentin, A., & Rice, K. (2026). Hope, resilience, and ambiguous loss among affected family members of individuals with substance use disorders. Journal of Substance Use and Addiction Treatment, 184, 209912. https://doi.org/10.1016/j.josat.2026.209912
    • Frank, J. B. (2008). Evidence for grief as the major barrier faced by Alzheimer caregivers: A qualitative analysis. American Journal of Alzheimer’s Disease & Other Dementias, 22(6), 516-527. https://doi.org/10.1177/1533317507307787
    • Giovannetti, A. M., Černiauskaitė, M., Leonardi, M., Sattin, D., & Covelli, V. (2015). Informal caregivers of patients with disorders of consciousness: Experience of ambiguous loss. Brain Injury, 29(4), 473-480. https://doi.org/10.3109/02699052.2014.990514
    • Legramante, Y. Y. d. S., Oliveira, P. S. d., Araujo-Betetti, P. N., Santos, F. L. d., Santos, K. d. S., & Fortuna, C. M. (2025). Um olhar sobre a saúde mental de familiares com entes desaparecidos: Revisão de escopo. Ciência & Saúde Coletiva, 30(9), e19632023. https://doi.org/10.1590/1413-81232025309.19632023
    • Lenferink, L. I. M., Eisma, M. C., de Keijser, J., & Boelen, P. A. (2017). Grief rumination mediates the association between self-compassion and psychopathology in relatives of missing persons. European Journal of Psychotraumatology, 8(sup6), 1378052. https://doi.org/10.1080/20008198.2017.1378052
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    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
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    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
    • Renner, A., Jäckle, D., Nagl, M., Plexnies, A., Röhr, S., Löbner, M., Grochtdreis, T., Dams, J., König, H.-H., Riedel-Heller, S., & Kersting, A. (2021). Traumatized Syrian refugees with ambiguous loss: Predictors of mental distress. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(8), 3865. https://doi.org/10.3390/ijerph18083865
    • Testoni, I., Franco, C., Palazzo, L., Iacona, E., Zamperini, A., & Wieser, M. A. (2020). The endless grief in waiting: A qualitative study of the relationship between ambiguous loss and anticipatory mourning amongst the relatives of missing persons in Italy. Behavioral Sciences, 10(7), 110. https://doi.org/10.3390/bs10070110
    • Wayland, S., Maple, M., McKay, K., & Glassock, G. (2016). Holding on to hope: A review of the literature exploring missing persons, hope and ambiguous loss. Death Studies, 40(1), 54-60. https://doi.org/10.1080/07481187.2015.1068245
    • Weiss, C. R., Baker, C., Gillespie, A., & Jones, J. (2023). Ambiguous loss in family caregivers of loved ones with cancer, a synthesis of qualitative studies. Journal of Cancer Survivorship, 17(2), 484-498. https://doi.org/10.1007/s11764-022-01286-w
    • Yehene, E., Ohayon, S., Yahav, A., & Levine, H. (2024). Collective ambiguous loss after mass hostage-taking in war: Exploring public mental health outcomes and resilience. European Journal of Psychotraumatology, 15(1), 2434313. https://doi.org/10.1080/20008066.2024.2434313
    • Yuste Segarra, M., Rueda-Extremera, M., Santiago-Gónzalez, C., & Cantero-García, M. (2026). Grieving in the shadows: A systematic review of invisible losses in siblings of pediatric cancer patients. Death Studies. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1080/07481187.2026.2659897
    • Zaksh, Y., Yehene, E., Elyashiv, M., & Altman, A. (2019). Partially dead, partially separated: Establishing the mechanism between ambiguous loss and grief reaction among caregivers of patients with prolonged disorders of consciousness. Clinical Rehabilitation, 33(2), 345-356. https://doi.org/10.1177/0269215518802339

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Sentir la presencia de un ser querido fallecido: ¿es normal?

    Sentir la presencia de un ser querido fallecido: ¿es normal?

    Estás en la cocina, en el auto o a punto de dormirte, y de pronto sientes la presencia de un ser querido fallecido: un paso conocido, un olor, la certeza de que está en la pieza de al lado. Después llega la pregunta incómoda: ¿me estoy volviendo loco o es normal?

    Esta guía resume lo que la investigación sabe sobre sentir la presencia de un ser querido fallecido: qué significan, cuán frecuentes son, por qué ocurren, cuándo acompañan y cuándo conviene pedir ayuda.

    Respuesta corta: sí, es una experiencia habitual del duelo. En muchos estudios con personas viudas, entre 3 y 6 de cada 10 la viven, casi siempre como un consuelo. Por sí sola no indica psicosis ni un duelo mal hecho. Merece atención si te da miedo, si viene con desesperanza o ideas de morir, o si te aleja de tu vida.

    ¿Es normal sentir la presencia de un ser querido fallecido?

    Sí. Es una de las vivencias más estudiadas del duelo y una de las menos contadas. En el primer gran estudio, Rees entrevistó a 293 personas viudas en Gales y casi la mitad había tenido alguna experiencia de su pareja muerta: verla, oírla o sentirla cerca. Muy pocas se lo habían contado a alguien (Rees, 1971).

    Medio siglo después las cifras se parecen. Una revisión crítica de estudios con personas viudas calculó que entre el 30 y el 60 % tiene este tipo de vivencias (Castelnovo et al., 2015). En una encuesta danesa a 310 adultos mayores, el 42 % las había vivido en los primeros 6 a 10 meses tras la muerte de su pareja (Kamp et al., 2023).

    Una revisión de 2025 las ubica entre el 47 y el 82 % según el estudio, y señala que cerca de 7 de cada 10 personas las describen como positivas (Sabucedo Serrano, 2025). Las cifras varían porque cada investigación pregunta distinto y casi todas usan muestras pequeñas. Lo que se repite en todas es que no se trata de algo raro.

    ¿Cómo se siente la presencia de alguien que murió?

    Rara vez es una aparición de película. Lo más común es una sensación de cercanía sin ver nada. Neimeyer (2019), al resumir estudios de seguimiento, cuenta que cerca del 60 % de las personas en duelo percibe la presencia del fallecido durante los dos primeros años. Un 20 % lo ve u oye, un 10 % siente su contacto y un 4 % percibe su olor.

    Las formas que más se describen son estas:

    • Presencia sentida: la certeza de que está en la habitación, a veces sentado al borde de la cama.
    • Voz: oír que te llama o una frase suya.
    • Imagen: verlo de reojo o en un lugar donde solía estar.
    • Tacto u olor: un roce o un perfume que asocias con la persona.
    • Sueños: si es lo que te pasa, revisa soñar con un familiar fallecido.

    En el estudio danés, ver y oír a la pareja se vivía de forma muy parecida a los contactos cotidianos de antes de la muerte (Kamp et al., 2023).

    Un estudio describió el caso de una persona que oía con regularidad la voz de su ser querido fallecido, como si viniera de fuera, sin malestar ni deterioro. Es un solo caso, pero muestra que puede ocurrir sin que nada ande mal (Vilhauer, 2025).

    ¿Qué significa sentir la presencia de un ser querido fallecido y por qué ocurre?

    Existen varias explicaciones a la vez. J. William Worden (2009) considera la sensación de presencia como el equivalente cognitivo de la añoranza: la mente sigue buscando a la persona con la que convivía, y esa búsqueda a veces se vive como una presencia. Robert Neimeyer (2019) lo entiende desde los vínculos continuos: la muerte transforma la relación, que pasa de apoyarse en la presencia física a apoyarse en una conexión simbólica.

    La revisión interdisciplinaria más completa, escrita por un grupo del Consorcio Internacional para la Investigación de Alucinaciones, concluyó que la gran mayoría de estas experiencias son benignas y que conviene entenderlas según la historia, la relación y la cultura de cada persona (Kamp et al., 2020).

    ¿Quiénes las viven con más frecuencia?

    En un análisis de factores predisponentes con los mismos 310 adultos daneses, se asociaron a estas experiencias haber vivido algo parecido en duelos anteriores, una historia de trauma interpersonal, una relación muy cercana antes de la muerte y una visión del mundo más religiosa o espiritual. No se asociaron a diagnósticos de salud mental registrados (Kamp et al., 2022).

    Rees (1971) también halló que eran más frecuentes tras un matrimonio largo y feliz.

    Quien busca “siento que mi papá fallecido está conmigo” encuentra que casi toda esta evidencia viene de viudos y viudas. Hay menos estudios sobre la muerte de un padre, una madre, un hermano o un hijo adulto. Lo más probable es que la lógica sea la misma (a más cercanía, más presencia), pero hoy es una inferencia y no un dato.

    ¿Sentir la presencia del fallecido es una alucinación?

    Los investigadores hablan de “alucinaciones del duelo” para referirse a percibir al fallecido por cualquier sentido o sentir su presencia. La palabra asusta, así que parte de la literatura prefiere “experiencias sensoriales o casi sensoriales del fallecido” (Kamp et al., 2020; Sabucedo Serrano, 2025). Lo que cuenta es el contexto: la misma percepción puede ser una vivencia normal de duelo o el síntoma de otra cosa.

    Worden (2009) las incluye entre las reacciones del duelo no complicado y las describe como experiencias pasajeras de las primeras semanas, que no anuncian un duelo más difícil. Rees (1971) halló que no se relacionaban con el aislamiento social ni con la depresión conocida.

    ¿Cómo se distingue de una psicosis?

    Con base en el manual de Caballo (2015) sobre los trastornos psicóticos, en un duelo normal suelen darse estas condiciones:

    • Mantienes el juicio de realidad. Sabes que la persona murió y, pasado el primer impacto, reconoces que fue una vivencia inusual y no un hecho comprobable.
    • Es breve o va y viene, en lugar de instalarse de forma continua.
    • No hay ideas delirantes, es decir, creencias falsas e inamovibles, como las de persecución, de ruina o de culpa.
    • No hay voces que comenten tus actos, conversen entre sí u ordenen hacer algo.
    • Tu pensamiento y tu conducta siguen organizados, y tu funcionamiento general se mantiene.

    La Organización Mundial de la Salud (2024) lo recoge en la CIE-11: percibir la presencia del fallecido poco después de la muerte es frecuente en varias culturas y no debe tomarse por sí solo como síntoma de psicosis ni de duelo prolongado.

    ¿Es una vivencia cultural o religiosa?

    Depende de quién la interprete. Una revisión transcultural señala que percibir al fallecido es común en el duelo y que, según la cultura, se ve como algo deseable y normal o como algo peligroso (Sabucedo et al., 2023).

    La psicología describe la experiencia y sus efectos. No puede confirmar ni descartar que el fallecido esté presente. Para muchas personas tiene un sentido espiritual o religioso, y ese sentido puede convivir con lo que explica la investigación.

    En una encuesta online a 1.004 personas que habían vivido estos contactos, la mayoría dijo valorarlos y haber sentido consuelo, y solo 1 de cada 8 contó que le hizo más dolorosa la ausencia (Elsaesser et al., 2021). Respondieron voluntariamente personas que ya habían vivido o se interesaban en estas experiencias, así que la encuesta no sirve para estimar cuán común es.

    ¿Ayuda o hace daño sentir la presencia de un ser querido fallecido?

    Para la mayoría ayuda. En un estudio con 50 personas de unos 70 años seguidas durante el primer año de viudez, la mitad sentía la presencia de su pareja y alrededor de un tercio la veía, la oía o le hablaba, y lo consideraban útil (Grimby, 1993). Neimeyer (2019) cuenta que entre el 80 y el 85 % de quienes la viven encuentra consuelo.

    Hay un matiz que la investigación no esconde. En 175 personas viudas evaluadas cuatro años después, quienes tenían estas experiencias mostraban más síntomas de duelo prolongado, estrés postraumático, depresión y soledad emocional (Kamp et al., 2019). En una muestra de 51 viudas alemanas, sentir la presencia se asoció de forma moderada con más dificultades cognitivas y emocionales (Wittkowski y Scheuchenpflug, 2024).

    Un seguimiento posterior ordena mejor el cuadro. Entre los 310 adultos mayores evaluados a los 6-10 y a los 18-20 meses, quienes tenían estas experiencias mostraban al inicio más síntomas, pero solo una minoría superaba los puntos de corte de malestar, y su evolución fue igual de favorable que la de quienes no las tenían.

    Los autores proponen verlas como una de varias reacciones posibles al duelo, no como un indicador de complicaciones en sí (Kamp et al., 2024).

    Las dos cosas pueden ser ciertas. La experiencia es habitual y reconfortante para casi todos, y en algunas personas aparece junto a más tristeza y soledad. Los estudios no muestran que la presencia cause el sufrimiento: puede ser que quien sufre más tienda a percibirla más.

    ¿Está bien hablarle a quien murió? Los vínculos continuos

    Mucha gente se pregunta si hablar con los muertos es sano o una señal de que algo anda mal. Durante décadas se pensó que sanar era “soltar” a la persona. Worden (2009) reformuló la cuarta tarea del duelo como hallar una conexión duradera con el fallecido mientras se emprende una vida nueva. Neimeyer (2019) propone mantener esa conexión con cartas, objetos, rituales o proyectos que continúen lo que la persona valoraba.

    La evidencia es más cauta. Una revisión sistemática de 79 estudios halló que estos vínculos traen a la vez consuelo y malestar, que la literatura aún no podía confirmar si conservarlos ayuda más que soltarlos y que apuntan a un potencial adaptativo (Hewson et al., 2024).

    Un estudio cualitativo que siguió durante dos años a cuatro personas describió que estas experiencias sostienen el vínculo y se vuelven significativas con el tiempo (Hewson et al., 2025).

    Los libros de duelo distinguen cuándo el vínculo sostiene y cuándo frena. Sostiene si te permite seguir viviendo, abrirte a otras relaciones y proyectos. Frena si congela tu vida: prometerte no volver a querer a nadie, dejar la habitación intacta para negar la muerte o decidirlo todo preguntándole al ausente (Worden, 2009; Neimeyer, 2019; Boss, 2025).

    Pauline Boss (2025) describe que cuando no hubo cuerpo ni despedida, como en una desaparición (lo que se conoce como pérdida ambigua), la persona sigue psicológicamente presente porque falta la certeza que permitiría cerrar, y eso puede congelar el duelo.

    Qué puedes hacer cuando sientes su presencia

    Las primeras ideas vienen del trabajo clínico de Worden (2009) y Neimeyer (2019); las dos últimas son pautas generales. Ninguna reemplaza una evaluación profesional:

    1. No lo reprimas ni lo analices en el momento. Deja que pase como lo que es: una vivencia del duelo.
    2. Cuéntalo a alguien de confianza. Muchas personas se lo guardan por miedo a que las crean locas: Rees (1971) halló que pocas personas lo comentaban, y Sabucedo Serrano (2025) advierte que rara vez se menciona en consulta.
    3. Háblale si te hace bien. Puedes conversar en voz alta o escribirle una carta sobre lo que quedó pendiente. En terapia se usa también la técnica de la silla vacía.
    4. Anota cuándo aparece: fechas, lugares, estados de ánimo. A veces el patrón ayuda a entender qué necesita tu duelo.
    5. Dale un lugar a su recuerdo: un objeto, un álbum, una fecha para recordarlo. Son formas de vínculo continuo.
    6. Cuida tu rutina: dormir, comer y mantener el contacto con otras personas hace más llevadero el duelo.

    Si acompañas a alguien que te cuenta que lo siente, lo que más ayuda es escuchar sin ridiculizar ni corregir. Neimeyer (2019) propone la regla del 80/20: escuchar la mayor parte del tiempo y hablar poco. Puedes preguntar “¿cómo te sientes con eso?” antes de dar tu opinión.

    Si tu duelo te pesa, revisa cómo superar un duelo y sus etapas y la guía sobre el duelo y sus tipos.

    ¿Cuándo preocuparse por sentir la presencia de un fallecido?

    La experiencia deja de ser un consuelo y pide evaluación cuando se junta con alguno de estos signos:

    • Te da terror, o llega con pesadillas y escenas de la muerte que se repiten (ver duelo traumático).
    • Vienen ideas de morir para reunirte con la persona, o pensamientos de hacerte daño.
    • Aparecen voces que ordenan o comentan lo que haces, o creencias fijas que nadie puede mover.
    • Dejas de poder trabajar, estudiar o cuidarte, o te aíslas por completo.
    • El anhelo y la desesperanza son intensos casi todos los días y no ceden con los meses.

    El duelo prolongado es un diagnóstico específico. Según los criterios del DSM-5-TR, exige al menos 12 meses desde la muerte en adultos, con anhelo o preocupación por la persona casi todos los días y varios síntomas más (Prigerson et al., 2021).

    La CIE-11 pide más de 6 meses (OMS, 2024). Sentir la presencia no figura entre esos criterios. Si te preguntas por el tuyo, puedes revisar el test de duelo prolongado.

    Niños y adolescentes que sienten la presencia de su mamá o su papá

    Es muy frecuente. En el Harvard Child Bereavement Study, Worden (1996) halló que el 81 % de los niños que habían perdido a su mamá o su papá se sentía observado o acompañado por esa persona a los 4 meses, y que dos tercios seguían sintiéndolo a los 2 años. Muchos le hablaban, soñaban con ella o con él, o lo ubicaban en un lugar concreto, como el cielo.

    Webb (2010) recomienda que los adultos escuchen con respeto, sin burlarse ni corregir, y que distingan el afecto de la experiencia. Si el niño la vive con calma y seguridad, se acompaña. Si le da miedo, o cree que su papá o su mamá lo vigila para castigarlo, conviene intervenir, aclarar que la muerte no fue su culpa y que lo querían.

    Según las fuentes, conviene consultar con un especialista infantil si hay pesadillas o terror recurrentes, si cree que volverá físicamente y eso le impide asumir la pérdida, si cae el rendimiento escolar o aparece un aislamiento marcado, o si dice que quiere morir para estar con esa persona. Para más contexto, revisa cómo explicarle la muerte a un niño.

    Lo que todavía no se sabe

    Conviene ser honestos con los límites. Casi todos los estudios citados trabajan con muestras pequeñas, de conveniencia o de viudos mayores, y gran parte de la información proviene de Dinamarca, Gran Bretaña y Alemania. No existe una escala validada para medir estas experiencias, así que cada investigación pregunta distinto.

    Tampoco se sabe qué intervención específica funciona mejor ni por qué algunas personas las viven y otras no. Por eso esta guía no entrega interpretaciones cerradas: describe lo observado y las señales de alerta.

    ¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo?

    Consulta si el duelo te desborda, si la presencia te produce miedo, si hay culpa persistente o si estás pensando en hacerte daño. En Chile, ante riesgo suicida puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), y si es una emergencia, al 131.

    Hablar con un profesional reparte un peso grande, y una terapia online permite hacerlo desde casa, a tu ritmo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal sentir la presencia de un ser querido fallecido?

    Sí. Los estudios con personas viudas calculan que entre el 30 y el 60 % la vive, y una revisión reciente la sitúa entre el 47 y el 82 % según el estudio. La mayoría la describe como positiva. Si a ti no te ocurre, tampoco hay nada que corregir: ninguna investigación la trata como un paso obligatorio del duelo.

    ¿Sentir la presencia de un fallecido es una alucinación?

    Técnicamente se la llama alucinación del duelo cuando se percibe por algún sentido, pero no equivale a un trastorno psicótico. En el duelo normal conservas el juicio de realidad, la vivencia es breve y no hay delirios ni voces que ordenen. Muchos autores prefieren hablar de experiencias sensoriales del fallecido.

    ¿Sentir la presencia del fallecido significa que mi duelo no está resuelto?

    No necesariamente. Algunos estudios hallaron más síntomas de duelo prolongado en quienes la viven, pero un seguimiento de 310 adultos mayores mostró que solo una minoría superaba los puntos de corte, y que su evolución fue igual de favorable que la de quienes no la vivían. Pesan más la intensidad del sufrimiento y cuánto interfiere con tu vida.

    ¿Cuánto dura sentir la presencia de alguien que murió?

    Varía mucho. Rees (1971) halló que podía durar años y que era más común en la primera década de viudez. En los niños del Harvard Child Bereavement Study, dos tercios seguían sintiéndola a los 2 años. En un seguimiento cualitativo de cuatro personas, la experiencia fue cambiando de lugar y de sentido a lo largo de dos años.

    ¿Debo contárselo a mi psicólogo o a mi familia?

    Conviene hacerlo con alguien que sepas que te va a escuchar. Los estudios señalan que muchas personas lo callan por miedo a ser juzgadas y que un profesional que lo ridiculiza o lo patologiza puede empeorar la experiencia. Un buen terapeuta lo toma como parte de tu historia de duelo y pregunta cómo la vives.

    ¿Cuándo debo preocuparme?

    Cuando te da terror, cuando vienen ideas de morir para reunirte con la persona, cuando aparecen voces que ordenan o creencias que nadie puede mover, o cuando no puedes funcionar en tu vida diaria. Un momento aislado de presencia, aunque sea intenso, no suele ser señal de alarma.

    Si necesitas hablar de lo que estás viviendo

    Si esta experiencia te remueve más de lo que puedes sostener, puedes conversarla en una consulta online. No necesitas tener claro qué significa antes de pedir ayuda: se empieza por contar cómo estás. Para una mirada más amplia, revisa también el duelo por la muerte de una mascota, donde los vínculos continuos aparecen igual.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder.
    • Caballo, V. E. (Dir.). (2015). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 1. Trastornos por ansiedad, sexuales, afectivos y psicóticos. Siglo XXI.
    • Castelnovo, A., Cavallotti, S., Gambini, O., & D’Agostino, A. (2015). Post-bereavement hallucinatory experiences: A critical overview of population and clinical studies. Journal of Affective Disorders, 186, 266-274. https://doi.org/10.1016/j.jad.2015.07.032
    • Elsaesser, E., Roe, C. A., Cooper, C. E., & Lorimer, D. (2021). The phenomenology and impact of hallucinations concerning the deceased. BJPsych Open, 7(5), e148. https://doi.org/10.1192/bjo.2021.960
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    • Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2024). The impact of continuing bonds following bereavement: A systematic review. Death Studies, 48(10), 1001-1014. https://doi.org/10.1080/07481187.2023.2223593
    • Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2025). A longitudinal study of sensory and quasi-sensory experiences following bereavement using interpretative phenomenological analysis. Death Studies. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1080/07481187.2025.2547237
    • Kamp, K. S., Moskowitz, A., Due, H., & Spindler, H. (2024). Are sensory experiences of one’s deceased spouse associated with bereavement-related distress? Omega, 89(3), 895-915. https://doi.org/10.1177/00302228221078686
    • Kamp, K. S., O’Connor, M., Spindler, H., & Moskowitz, A. (2019). Bereavement hallucinations after the loss of a spouse: Associations with psychopathological measures, personality and coping style. Death Studies, 43(4), 260-269. https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1458759
    • Kamp, K. S., Steffen, E. M., Alderson-Day, B., Allen, P., Austad, A., Hayes, J., Larøi, F., Ratcliffe, M., & Sabucedo, P. (2020). Sensory and quasi-sensory experiences of the deceased in bereavement: An interdisciplinary and integrative review. Schizophrenia Bulletin, 46(6), 1367-1381. https://doi.org/10.1093/schbul/sbaa113
    • Kamp, K. S., Steffen, E. M., Moskowitz, A., & Spindler, H. (2022). Sensory experiences of one’s deceased spouse in older adults: An analysis of predisposing factors. Aging & Mental Health, 26(1), 140-148. https://doi.org/10.1080/13607863.2020.1839865
    • Kamp, K. S., Steffen, E. M., Moskowitz, A., & Spindler, H. (2023). Prevalence and phenomenology of sensory experiences of a deceased spouse: A survey of bereaved older adults. Omega, 87(1), 103-125. https://doi.org/10.1177/00302228211016224
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
    • Rees, W. D. (1971). The hallucinations of widowhood. British Medical Journal, 4(5778), 37-41. https://doi.org/10.1136/bmj.4.5778.37
    • Sabucedo, P., Evans, C., & Hayes, J. (2023). Perceiving those who are gone: Cultural research on post-bereavement perception or hallucination of the deceased. Transcultural Psychiatry, 60(6), 879-890. https://doi.org/10.1177/1363461520962887
    • Sabucedo Serrano, P. (2025). Alucinaciones o presencias del duelo en psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 36(132), 98-104. https://doi.org/10.5944/rdp.v36i132.45682
    • Vilhauer, R. P. (2025). Very present and very real: A case study of regularly hearing the voice of the deceased without distress in bereavement. Omega, 92(2), 1080-1097. https://doi.org/10.1177/00302228231195104
    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Wittkowski, J., & Scheuchenpflug, R. (2024). Exploring an extended conception of grief: Sense of presence and grief reactions in German widows. Omega, 88(3), 876-888. https://doi.org/10.1177/00302228211054653
    • Worden, J. W. (1996). Children and grief: When a parent dies. Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2009). Grief counseling and grief therapy: A handbook for the mental health practitioner (4.ª ed.). Springer. (Edición en español: El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia, Paidós.)

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Cuentos para explicar la muerte a un niño

    Cuentos para explicar la muerte a un niño

    Los cuentos para explicar la muerte sirven mejor como puerta de entrada a una conversación que como explicación completa. Si buscas un cuento para explicar la muerte a un niño que perdió a su abuelo, a uno de sus padres o a su mascota, aquí encuentras libros comentados por edad, criterios para elegirlos y una forma de leerlos que ayuda a conversar.

    También separa tres cosas que las listas de libros suelen mezclar: lo que la investigación dice sobre usar libros con niños en duelo, lo que recomiendan las guías clínicas y lo que son simplemente títulos populares. Casi todo lo que sigue viene del segundo grupo, y se avisa cada vez que es así.

    Respuesta corta: elige un libro que diga “murió” con todas sus letras, léelo tú con el niño en tramos cortos, pregúntale qué entiende y deja que lo pida las veces que quiera. El libro ayuda a conversar, y la explicación sigue siendo tuya.

    ¿Sirven los cuentos para explicar la muerte a un niño?

    Son un apoyo, con una evidencia todavía débil. Las guías clínicas los recomiendan para abrir la conversación y poner en palabras lo que el niño siente, pero no encontramos ensayos que midan si un cuento concreto reduce el duelo infantil. Lo que hay son estudios sobre cómo son estos libros y propuestas de práctica.

    Nancy Boyd Webb (2010) describe la biblioterapia como un buen punto de partida para hablar de sentimientos difíciles entre el adulto y el niño. Cid Egea (2011) señala que el cuento, el dibujo y el juego son el lenguaje natural de la infancia, porque los niños no siempre expresan el dolor con palabras abstractas.

    En la misma línea, un artículo de trabajo social en cuidados paliativos pediátricos propone usar la biblioterapia con hermanos y familias en duelo, y describe un programa que ofrece libros a pacientes, familias y profesionales (Rusch et al., 2020). Es una propuesta de práctica, no un estudio de resultados.

    Un trabajo cualitativo pequeño aporta otra pista. Siete adultos que tenían menos de seis años cuando su padre se suicidó revisaron diez álbumes ilustrados y dieron su impresión de cuáles les habrían servido. Los autores concluyen que los libros pueden abrir la comunicación y acompañar las tareas del duelo de Worden, y dejaron criterios para elegirlos (Watson et al., 2021).

    Para tener una medida más amplia, una revisión sistemática de 2026 analizó la biblioterapia creativa en colegios, con niños de 5 a 16 años. Encontró 23 estudios y 13 informaron mejoras en salud mental, pero pocos estaban bien protegidos contra el sesgo y los autores concluyen que todavía no hay evidencia sólida (Redman et al., 2026).

    Esa revisión trata de salud mental en general y no de duelo, pero es lo más cercano que existe. Conclusión práctica: un cuento puede ayudar, y conviene esperar de él una conversación, no un efecto terapéutico por sí solo.

    Cómo elegir libros infantiles sobre la muerte: 6 criterios

    Antes de pagar por un libro, vale la pena saber cómo son los que existen. Una revisión sistemática analizó 210 libros infantiles sobre la muerte publicados entre 1995 y 2015 en inglés, francés y español (Arruda-Colli et al., 2017). Los resultados dan las pistas para elegir:

    • Quién muere: en la mayoría era un abuelo (78 libros) o una mascota (44). Solo 5 trataban de un niño que se muere. Si la persona que murió es otra, conviene revisar con más cuidado que el libro se ajuste a lo que vivió tu hijo.
    • Cómo lo dicen: el 75 % usaba la palabra “muerte” o “morir”. El resto recurría a eufemismos.
    • Qué agregan: 122 libros incluían elementos espirituales, como el cielo.
    • Qué te dan a ti: menos de una cuarta parte traía herramientas para hablar del tema con el niño.

    Con eso en mente, estos son los criterios que se repiten en las guías de Cid Egea (2011), Webb (2010), Neimeyer (2019) y el Dougy Center (2025):

    1. Que nombre la muerte. Los niños pequeños entienden de forma literal. “Se durmió”, “se fue de viaje” o “se convirtió en estrella” pueden producir miedo a dormir o la espera de un regreso que no llegará.
    2. Que explique el cuerpo antes que el cielo. Cid Egea (2011) propone decir primero la verdad física (el cuerpo dejó de funcionar y ya no siente) y recién después, si la familia lo cree, la creencia espiritual.
    3. Que no sugiera culpa. A esas edades es común creer que un enojo o una rabieta pudo causar la muerte. Un buen libro no refuerza esa idea.
    4. Que describa sin imponer. Webb (2010) y Neimeyer (2019) prefieren historias que muestran sensaciones y posibilidades, y desconfían de las que dicen cómo debe sentirse el niño o le fijan etapas universales.
    5. Que se parezca a la pérdida real. Un libro sobre un abuelo anciano no se ajusta a la muerte de un papá a los 40.
    6. Que tenga un cierre posible. Webb (2010) toma de Donald Davis la idea de historias completas: una base inicial, una pérdida que cambia el mundo del personaje y un cierre con esperanza y aprendizaje.

    Y un último filtro que no está en ninguna ficha: léelo tú antes. Así sabes cuántas preguntas va a abrir y cuáles prefieres contestar con tus palabras.

    Cuentos para explicar la muerte a los niños, por edad (lista comentada)

    Las edades son orientativas y sirven para ubicar un cuento para explicar la muerte a niños de distintas etapas. La guía de Cid Egea (2011) agrupa sus recomendaciones en tres tramos: hasta 6 o 7 años, de 7 a 12 y adolescentes. Las editoriales a veces sugieren otra cosa.

    El corazón y la botella aparece en esa guía para los 7 a 12 años, mientras que sus fichas comerciales lo ofrecen desde los 3 o los 5. Guíate por lo que el niño entiende y pregunta.

    Cuentos para niños pequeños: hasta los 6 o 7 años

    • ¿De qué sirve la muerte? (Fundación FAROS, Hospital Sant Joan de Déu, 2020). Un niño cuyo abuelo está por morir. Se puede descargar en PDF desde el sitio de la fundación, lo que lo vuelve fácil de probar antes de comprar otro libro.
    • ¡No es fácil, pequeña ardilla! (Elisa Ramón y Rosa Osuna, Kalandraka; original de 2003). Una ardilla pequeña llora a su madre y duda de que vuelva a ser feliz. Según su sinopsis, el cariño ayuda a sanar. Revisa si nombra la muerte con claridad; si no, dilo tú al leerlo.
    • Para siempre (Alan Durant y Debi Gliori, 2004; título original Always and Forever). Una familia de animales del bosque aprende a vivir sin uno de los suyos, el zorro, que enferma y muere. Cierra con sus amigos recordando al zorro y sintiéndolo presente.
    • Adiós (Rafa Guerrero y Jesús López, Marcombo, 2022). Para niños de 4 a 8 años según la editorial. Lucas y María quieren a su abuela; ella enferma, la llevan al hospital y muere, y el cuento muestra también la funeraria. Trae preguntas de reflexión, un juego de búsqueda en las páginas y una guía para adultos. Su autor es psicólogo infantil.
    • La isla del abuelo (Benji Davies, Andana, 2015). La historia trata de Leo y su abuelo, y de una isla llena de colores donde el abuelo decide quedarse. Ayuda en Acción lo incluye entre sus cuentos sobre la muerte para niños de 3 a 6 años. Cuenta la despedida con una metáfora, así que con los más pequeños el adulto tiene que traducirla: “el abuelo murió, y esta isla muestra cuánto se querían”.

    Cid Egea (2011) recomienda además para este tramo El abuelo de Tom ha muerto (Marie-Aline Bawin y Chantal Hellings, 2000), Te echo de menos (Paul Verrept, 2001) y Nana vieja (Margaret Wild y Ron Brooks, 2000).

    De 7 a 12 años

    • El corazón y la botella (Oliver Jeffers, Fondo de Cultura Económica, 2010). Una niña guarda su corazón en una botella para protegerse; con el tiempo la botella pesa y ella se interesa cada vez menos por lo que la rodea. Es un libro de imágenes y metáforas, útil para conversar sobre qué hacemos con la pena. Para hablar de la muerte misma necesitarás sumar tus palabras.
    • Cuando fallece un ser querido. Guía para niños ante la muerte de alguien (Michaelene Mundy, 2010) y Cuando estoy triste (Mundy, 2001). Libros de la guía de Cid Egea pensados para el niño que ya entiende que la muerte es definitiva.
    • Cuando faltan mamá o papá. Un libro para consolar a los niños (R. W. Allen y D. Grippo, 2010). Es uno de los títulos de la guía dedicados a la pérdida de un progenitor.
    • Los recuerdos viven eternamente. Un libro de recuerdos para los niños afligidos por una muerte (Sharon Rugg, 1997). Un libro para completar, más que para leer. Se explica más abajo.

    También figuran en esa guía El ángel del abuelo (Jutta Bauer, 2011) y Mi amiga invisible (Marta Canals y Susana Aguilar, 2011).

    Preadolescentes y adolescentes

    • El pato, la muerte y el tulipán (Wolf Erlbruch, Barbara Fiore Editora, 2007). La guía de Cid Egea lo cita como El pato y la muerte y lo ubica en este tramo. La muerte aparece como un personaje más junto al pato.
    • El arco iris de la abuela (Tarisa Bunnag y Eva Jaume, 2008), otro título de la guía para esta edad.
    • Las telarañas de Carlota (E. B. White, 1952). Neimeyer (2019) y Webb (2010) la incluyen entre las lecturas para niños mayores. Es una novela, y la muerte de Carlota llega hacia el final.

    Si lees en inglés, la lista de Webb (2010) también incluye clásicos como When Dinosaurs Die (Laurie Krasny Brown y Marc Brown), The Dead Bird (Margaret Wise Brown) y My Grandpa Died Today (Joan Fassler).

    Dónde encontrar más cuentos, gratis y en Chile

    La Pontificia Universidad Católica de Chile publicó una guía digital para adultos, ¿A dónde van los que mueren?, escrita por Mario Inzulza y Maili Ow, que según la nota de la universidad revisa más de 40 obras de literatura infantil disponibles en Chile.

    La guía distingue dos tipos de preguntas para hacer después de leer: las “preguntas refugio”, que consuelan y exploran emociones, y las “preguntas ventana”, que amplían la idea hacia el mundo. Sirve para ampliar esta lista con títulos disponibles en el país.

    Otro recurso gratuito es la guía Explícame qué ha pasado (Cid Egea, 2011), de donde sale gran parte de la lista anterior.

    ¿Y si la muerte de tu familia no se parece a la del cuento?

    En la revisión de Arruda-Colli, el fallecido era sobre todo un abuelo o una mascota. Si la muerte fue repentina, violenta o por suicidio, el libro apacible puede chocar con lo que el niño vio y escuchó en casa.

    Webb (2010) advierte que imponer la historia tranquila del libro u ocultar las circunstancias crea un secreto familiar. Si el niño nota la contradicción, se fabrica sus propias explicaciones, que suelen ser peores que la verdad. En una muerte repentina, las guías sugieren explicar la causa física en pocas palabras y sin detalles que puedan quedar como imágenes angustiantes.

    En un suicidio, Webb (2010) y el Dougy Center (2025) aconsejan un lenguaje honesto y ajustado a la edad: la persona tenía un sufrimiento emocional o una enfermedad que le alteró el pensamiento, tomó una decisión para detener su dolor y nada de lo que hizo o dijo el niño la causó.

    Para estos casos, el Dougy Center tiene un cuaderno de actividades, After a Suicide: An Activity Book for Grieving Kids, que Webb cita.

    Otra salida es escribir el cuento a medida. Webb (2010) relata el caso de un niño de 5 años cuyo hermano murió de forma repentina: al no encontrar libros que reflejaran su vivencia, creó una historia ilustrada junto con su padre. Esa historia es la base de When I Die, Will I Get Better? (Joeri y Piet Breebaart, 1993), que Neimeyer (2019) también recomienda.

    Si en tu familia hubo un suicidio y alguien habla de hacerse daño, en Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL). La guía sobre duelo traumático trata estas pérdidas con más detalle.

    Cómo leer un cuento sobre la muerte con un niño, paso a paso

    La lectura importa tanto como el libro. Estas pautas salen de Webb (2010), Cid Egea (2011), el Dougy Center (2025) y el National Child Traumatic Stress Network (2022).

    1. Léelo antes tú, para saber qué páginas te van a remover y qué dudas va a abrir.
    2. Elige un momento tranquilo, sin apuro y no justo antes de dormir si el libro lo deja inquieto.
    3. Léelo por tramos. Crenshaw y Lee, citados por Webb, sugieren leer un episodio breve cada vez para que el niño pueda preguntar y asimilar sin sentirse desbordado.
    4. Pregúntale qué entiende. Cid Egea (2011) destaca que lo central durante la lectura es saber qué está entendiendo: “¿qué crees que le pasó?” deja ver qué fantasías está armando.
    5. Responde con la verdad, en dosis que pueda digerir. Usa “murió”, explica que el cuerpo dejó de funcionar y repite que ningún enojo ni pensamiento provoca una muerte.
    6. Déjalo conducir. Si cierra el libro o se va a jugar, no lo fuerces. Cid Egea sugiere decir algo como “si quieres, luego seguimos hablando”. Los niños oscilan entre la pena y el juego, y eso es esperable.
    7. Acepta la repetición. Pedir el mismo cuento muchas veces es una forma de comprobar la realidad de la pérdida, y la previsibilidad lo tranquiliza (Webb, 2010; NCTSN, 2022).

    Un detalle que ayuda: si te emocionas mientras lees, no hace falta esconderlo. Explicarle que lloras porque echas de menos a alguien le enseña que la tristeza se puede sentir y sostener. La guía sobre cómo explicarle la muerte a un niño por edades amplía qué decir y qué evitar en cada etapa.

    El libro de recuerdos: el cuento que escriben juntos

    Hay un libro que ningún autor puede escribir por ti: el de los recuerdos de esa persona. Las guías de NCTSN, Worden, Neimeyer, Webb y Cid Egea lo recomiendan como proyecto compartido para mantener el vínculo con quien murió.

    Ayuda a distinguir la muerte del olvido: el cuerpo dejó de existir, pero la persona sigue presente en los relatos y en el afecto de la familia. Worden agrega que los niños suelen volver a su libro a medida que crecen, y cada vez lo leen con una comprensión nueva.

    Se hace con una libreta o un álbum, fotos, dibujos, cartas o recortes. Entre los 3 y los 5 años el adulto hace de secretario: el niño elige las fotos y dicta lo que quiere escribir. A partir de los 6 años participa con más autonomía, escribiendo y armando sus propias páginas. Neimeyer propone frases para empezar, que puedes completar con él:

    • “El primer recuerdo que tengo de ti es…”
    • “Los mejores momentos que pasé contigo fueron…”
    • “Lo que más te gustaba hacer era…”
    • “Lo que hago para mantener vivo tu recuerdo es…”

    Para pérdidas traumáticas, el NCTSN (2022) señala que el libro también ayuda a recuperar recuerdos agradables cuando el niño solo repite las imágenes del momento de la muerte. Si quien murió es un animal, la misma idea funciona: la guía sobre el duelo por la muerte de una mascota explica cómo acompañar esa primera pérdida.

    ¿Cuándo un cuento no alcanza?

    Un libro no reemplaza ni la presencia del adulto ni la ayuda profesional cuando hace falta. Webb (2010), el NCTSN (2022) y el Dougy Center (2025) coinciden en las señales que justifican consultar:

    • Las reacciones impiden vivir con normalidad: no puede ir al colegio, jugar o estar con amigos, y esto dura más de uno o dos meses.
    • Habla de querer morir o de reunirse con la persona que murió, o hay autolesiones.
    • Culpa que no cede: la convicción firme de haber causado la muerte, por más que se le explique lo contrario.
    • Imágenes que vuelven: pesadillas continuas o pánico después de una muerte violenta o repentina.
    • Quedó “congelado”: pasados varios meses sigue sin retomar su vida, con anhelo intenso o aislamiento extremo.

    Casi todos los niños en duelo tienen días difíciles y la mayoría no necesita terapia. Si dudas, preguntar a un profesional no compromete nada. La guía sobre el duelo y sus tipos y la de cómo superar un duelo ayudan a ubicar qué es esperable en un adulto y qué ya merece consulta.

    Lo que todavía no se sabe

    No hay ensayos que comparen un cuento con otro, ni que midan si leer un libro sobre la muerte reduce los síntomas de duelo en niños. La revisión de Redman et al. (2026) sobre biblioterapia en colegios llega a la misma conclusión para la salud mental en general.

    Lo que existe sobre los cuentos sobre el duelo es descriptivo: cómo son los libros (Arruda-Colli et al., 2017), qué temas repiten (un análisis de 47 álbumes ilustrados chinos encontró que usan la naturaleza como marco, normalizan la muerte y proponen mantener un vínculo con la persona fallecida; Fu et al., 2025) y qué opinan algunos adultos que perdieron un padre siendo muy pequeños (Watson et al., 2021).

    Tampoco encontramos datos chilenos sobre qué libros usan las familias ni cómo reaccionan los niños a cada uno. Las edades de este artículo salen de guías clínicas, y la mejor referencia sigue siendo el niño que tienes delante.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué cuento puedo leerle a un niño de 4 años para explicar la muerte?

    Para esa edad sirven álbumes como Adiós (recomendado por la editorial para 4 a 8 años), Para siempre o ¡No es fácil, pequeña ardilla!. Léelo tú con él, en tramos cortos, y nombra la muerte con palabras claras. Un libro con metáforas necesita que lo traduzcas: “murió” explica lo que el cuento sugiere.

    ¿A qué edad se pueden leer cuentos sobre la muerte?

    Las guías no fijan una edad mínima. Webb (2010) incluye libros para preescolares de 3 a 5 años, y Cid Egea (2011) abre su lista con títulos para menores de 6 o 7. Con los más pequeños el adulto es indispensable, porque entienden de forma literal y pueden quedarse con ideas distorsionadas de lo que oyen.

    ¿Es normal que mi hijo pida el mismo cuento una y otra vez?

    Sí. Repetir una historia es una forma de comprobar la realidad de la pérdida y de digerir un tema difícil en dosis pequeñas. Las fuentes aconsejan responder con paciencia y las mismas palabras. Si además deja de dormir, evita hablar del tema o se angustia mucho, vale la pena consultar.

    ¿Sirven los cuentos que hablan del cielo o de los ángeles?

    Pueden servir si la familia comparte esa creencia, pero van después de la explicación física: el cuerpo dejó de funcionar y no siente nada. En la revisión de 210 libros, 122 incluían elementos espirituales como el cielo. Frases como “Dios se lo llevó” pueden asustar o generar rabia hacia Dios.

    ¿Qué hago si mi hijo se asusta con un cuento?

    Pausa la lectura, pregúntale qué le asustó y responde con la verdad en pocas palabras. Si quiere dejarlo, no insistas: puedes retomarlo otro día o elegir otro libro. Si aparecen pesadillas persistentes, miedo a dormir o rechazo a separarse de ti durante semanas, conviene consultar a un psicólogo infantil.

    ¿Puedo usar un cuento si la muerte fue por suicidio?

    Sí, pero con cuidado: muchos libros cuentan la muerte de un abuelo o una mascota y no se parecen a un suicidio. Conviene explicar la causa con honestidad y sin detalles, y complementar con material específico, como el cuaderno After a Suicide del Dougy Center. En estos casos el acompañamiento profesional pesa más.

    Si necesitas acompañamiento

    Elegir el libro es la parte fácil. Lo difícil suele ser decidir qué decir cuando el niño pregunta algo que no esperabas. Si te cuesta encontrar las palabras o tu hijo lleva semanas con reacciones que te preocupan, puedes conversarlo en una consulta online. No hace falta tener todo resuelto para pedir ayuda.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Arruda-Colli, M. N. F., Weaver, M. S., & Wiener, L. (2017). Communication about dying, death, and bereavement: A systematic review of children’s literature. Journal of Palliative Medicine, 20(5), 548-559. https://doi.org/10.1089/jpm.2016.0494
    • Cid Egea, L. (2011). Explícame qué ha pasado: Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo. https://www.cop.es/uploads/PDF/GUIA-PARA-AYUDAR-A-LOS-ADULTOS-A-HABLAR-DE-LA-MUERTE-Y-EL-DUELO-CON-LOS-NINOS.pdf
    • Dougy Center: The National Grief Center for Children & Families. (2025). Ten tips for supporting children who are grieving. Dougy Center. https://www.dougy.org/assets/uploads/10-tips-for-supporting-children-who-are-grieving.pdf
    • Fu, C., Xu, H., Stjernswärd, S., & Glasdam, S. (2025). Socialisation of children to cope with death, bereavement and grief: A Berger and Luckmann inspired analysis of children’s picture books in a Chinese context. OMEGA: Journal of Death and Dying. https://doi.org/10.1177/00302228251313671
    • National Child Traumatic Stress Network. (2022). Ayudando a niños en edad escolar con duelo traumático: Consejos para cuidadores [y hojas equivalentes para preescolares y adolescentes]. https://www.nctsn.org/resources/helping-school-age-children-traumatic-grief-tips-caregivers-sp
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Redman, H., Mutanda, D., Bethel, A., Miller, R., Melendez-Torres, G. J., & Green, J. (2026). Does creative bibliotherapy delivered in schools improve mental health-related outcomes for 5-16 year olds? A systematic review. Arts & Health, 18(2), 164-186. https://doi.org/10.1080/17533015.2025.2599866
    • Rusch, R., Greenman, J., Scanlon, C., Horne, K., & Jonas, D. F. (2020). Bibliotherapy and bereavement: Harnessing the power of reading to enhance family coping in pediatric palliative care. Journal of Social Work in End-of-Life & Palliative Care, 16(2), 85-98. https://doi.org/10.1080/15524256.2020.1745728
    • Watson, C., Cutrer-Párraga, E. A., Heath, M., Miller, E. E., Young, T. A., & Wilson, S. (2021). Very young child survivors’ perceptions of their father’s suicide: Exploring bibliotherapy as postvention support. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(21), 11384. https://doi.org/10.3390/ijerph182111384
    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia. Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Perder un hijo: cómo vivir el duelo

    Perder un hijo: cómo vivir el duelo

    Si llegaste aquí, quizá perdiste a un hijo hace días, hace años, o quieres acompañar a alguien a quien le pasó. Lo primero: lo que sientes tiene sentido. Perder un hijo rompe el orden en que esperamos que ocurra la vida, y no existe una forma correcta de atravesarlo ni un calendario que cumplir.

    Esta guía junta lo que muestran los estudios y los libros de referencia sobre el duelo por la muerte de un hijo: qué es esperable sentir, cuánto puede durar, qué pasa en la pareja y en los hermanos, cuándo el duelo se complica y qué ayuda.

    Puedes leerla entera o ir a la parte que necesites. Si en algún momento aparecen ideas de morir, salta a la sección sobre pedir ayuda.

    Respuesta corta: la muerte de un hijo es una de las pérdidas más duras que existen, y su duelo suele ser intenso y largo. Eso es esperable y no significa que lo estés haciendo mal. Con el tiempo, muchos padres encuentran una forma de seguir viviendo con el recuerdo de su hijo. Si el dolor se queda fijo, existen tratamientos y vale la pena consultar.

    ¿Por qué perder un hijo duele distinto que otras pérdidas?

    Worden (2013) describe la muerte de un hijo como una de las experiencias más devastadoras que puede vivir una persona, porque rompe el orden esperado de las generaciones y deja a los padres con la sensación de haber fallado en proteger. Neimeyer (2019) añade que sacude el «mundo de presuposiciones», es decir, la idea de que el mundo es justo, predecible y más o menos seguro.

    Los estudios de seguimiento van en la misma línea. En el Wisconsin Longitudinal Study se comparó a 428 padres que habían perdido un hijo con 428 padres similares que no. Unos 18 años después, los padres en duelo tenían en promedio más síntomas depresivos, menor bienestar y más problemas de salud, y más probabilidad de haber vivido un episodio depresivo o una ruptura matrimonial (Rogers et al., 2008).

    Esos mismos autores encontraron algo que da esperanza. La recuperación no dependió de la causa de la muerte ni de cuánto tiempo había pasado. Se asoció a tener un sentido de propósito en la vida y a tener otros hijos (Rogers et al., 2008).

    Eso no es un consejo: Worden (2013) advierte contra la idea de reemplazar al hijo que murió. Lo que muestra el dato es que seguir criando y proyectando futuro se asocia a una mejor recuperación.

    ¿Qué se siente al perder un hijo?

    Las reacciones varían mucho. Es habitual alternar entre tristeza profunda, rabia, entumecimiento, miedo y momentos de calma que luego producen culpa. Worden (2013) describe una lucha típica de las primeras semanas: «saber y no creer». Sabes que murió, pero una parte de ti se resiste a aceptarlo.

    La culpa merece mención aparte, porque casi todos los padres la sienten. Worden (2013), citando a Miles y Demi, distingue cinco tipos:

    • Culpa cultural: sentir que se falló en la tarea social de proteger al hijo.
    • Culpa causal: creer que se provocó la muerte por algo hecho u omitido, o por una herencia genética.
    • Culpa moral: vivir la muerte como un castigo por faltas pasadas.
    • Culpa de superviviente: la pregunta de por qué murió él y no yo.
    • Culpa de recuperación: sentir que volver a disfrutar es traicionar su memoria.

    Ponerle nombre a cada una ayuda a notarla cuando aparece. No se resuelve con razonamientos, pero hablarla con alguien que escuche sin apurarte suele aliviarla.

    Conservar la habitación del niño intacta durante semanas o meses es muy frecuente y no es una señal de alarma por sí sola. Worden (2013) la entiende como parte de esa alternancia entre creer y no creer. Se vuelve un problema cuando pasan los años y el cuarto se mantiene como si el hijo fuera a volver, porque ahí el duelo quedó detenido.

    ¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un hijo?

    No existe un plazo que valga para todos, y los estudios muestran por qué. Ambas cosas son ciertas a la vez: el dolor agudo cede con el tiempo y, para muchos padres, algo de él queda de por vida.

    En una encuesta poblacional sueca a padres que habían perdido un hijo por cáncer, quienes llevaban entre 4 y 9 años de duelo tenían más riesgo de ansiedad (riesgo relativo 1,5) y de depresión (1,4) que padres sin esa pérdida. El exceso de riesgo era mayor a los 4-6 años y se acercaba a cero a los 7-9 años (Kreicbergs et al., 2004).

    Las madres mostraron más malestar, y perder un hijo de 9 años o más implicó más riesgo, sobre todo para los padres.

    Esos promedios esconden mucha variación. En el estudio de Wisconsin, unos 18 años después seguía habiendo diferencias medias (Rogers et al., 2008).

    Y en otro estudio sueco, los padres que decían no haber elaborado su duelo, 4 a 9 años después, informaban peor salud psicológica y física que los que sí lo habían elaborado. Los varones con duelo no resuelto tenían, además, más problemas para dormir (Lannen et al., 2008).

    Dicho con sencillez: hay quienes se van reorganizando de forma gradual y quienes siguen con un duelo muy intenso durante años. Ninguna de las dos cosas dice algo sobre cuánto amas a tu hijo.

    ¿Qué riesgos para la salud trae perder un hijo?

    Los registros nacionales de países nórdicos permiten seguir a muchísimas familias durante décadas.

    En Dinamarca, una cohorte de más de un millón de personas encontró que los padres que perdieron un hijo tenían un riesgo relativo de 1,67 de ser hospitalizados por primera vez por un trastorno psiquiátrico. Fue de 1,78 en madres y de 1,38 en padres, y en las madres era mayor el primer año pero seguía elevado cinco años o más después (Li et al., 2005).

    El mismo grupo danés siguió hasta 18 años a 21.062 padres en duelo y 293.745 controles. Las madres tuvieron más mortalidad por causas naturales y no naturales, y los padres, más mortalidad temprana por causas no naturales (Li et al., 2003).

    En Suecia, una cohorte con toda la población halló más mortalidad en madres que perdieron un hijo de 10 a 17 años, sobre todo por accidentes y suicidios. En los padres el efecto fue más tenue y apareció pasados ocho años (Rostila et al., 2012).

    Son riesgos relativos de grupos, no predicciones. Una revisión de 17 estudios sobre salud física de los padres en duelo encontró que los resultados eran contradictorios en casi todas las enfermedades examinadas y que muchos estudios tenían problemas de calidad (Hendrickson, 2009). La conclusión práctica es cuidarse y vigilar el ánimo, sin dar por hecho que el cuerpo se va a enfermar.

    ¿Cómo afecta la muerte de un hijo a la pareja?

    Aquí hay dos ideas que se pueden tener a la vez. La pérdida compartida crea un vínculo único: son las dos únicas personas del mundo que perdieron a ese hijo concreto. Y vivirla cada uno por su lado puede distanciar (Worden, 2013, citando a Klass).

    Las diferencias suelen ser de estilo. Neimeyer (2019) y Worden (2013) describen un estilo más intuitivo, de hablar, llorar y buscar apoyo, y otro más instrumental, de hacer, resolver y procesar en silencio. Ninguno es mejor ni mide un amor distinto. El problema aparece cuando uno lee el estilo del otro como falta de cariño: «a él no le importa» o «ella solo quiere llorar».

    La investigación apunta a lo mismo. En un seguimiento de 219 parejas a los 6, 13 y 20 meses, el duelo lo predijeron sobre todo factores compartidos (edad del hijo, causa y carácter inesperado de la muerte, número de hijos que quedan), mientras que la depresión se predijo por factores individuales como el género o buscar ayuda profesional (Wijngaards-de Meij et al., 2005).

    Otro estudio con 229 parejas neerlandesas mostró que lo que más pesaba en la satisfacción de la relación era cómo percibía cada uno el duelo del otro. Quienes sentían que su pareja tenía más o menos duelo que ellos estaban menos satisfechos que quienes lo percibían parecido, incluso controlando el duelo real de cada uno (Buyukcan-Tetik et al., 2017).

    ¿Se separan las parejas? Rogers et al. (2008) hallaron más probabilidad de ruptura matrimonial en el grupo en duelo. Worden (2013) matiza que la idea de que casi todas se separan es un mito, y que cuando ocurre suele haber problemas previos que el duelo agrava. Ninguna cifra decide por ti; lo que sí ayuda es saber que el distanciamiento es una reacción frecuente y trabajable.

    Para reconectar, Christensen, Doss y Jacobson (2014) proponen hablar de la crisis como un problema compartido y no como un defecto del otro, expresar lo vulnerable (miedo, soledad) antes que el reproche y pedir una pausa cuando la tensión sube. Worden (2013) y Neimeyer (2019) añaden acordar formas de contacto que no exijan sexo, como abrazos tranquilos, y no tomar decisiones irreversibles en la fase aguda.

    ¿Y los hermanos que quedan?

    La literatura los llama «los dolientes olvidados»: viven una pérdida enorme mientras la atención está puesta en los padres. Davies y Limbo (2010) resumen su vivencia en cuatro ideas: duele por dentro, no entienden lo que pasó, sienten que no pertenecen y sienten que no alcanzan para devolver la alegría a la familia.

    Lo que ayuda cambia con la edad, pero hay cuatro líneas comunes en esas fuentes:

    • Explicar con palabras concretas lo que pasó, sin eufemismos como «se quedó dormido», y repetirlo las veces que haga falta.
    • Desmentir la culpa. Los niños piensan con facilidad que sus peleas o enojos causaron la muerte.
    • Incluirlos en los ritos de despedida, preguntándoles si quieren participar.
    • No cargarlos con cuidar a sus padres ni convertirlos en el sustituto del hermano que murió, algo contra lo que advierte Worden (2013).

    Si el hermano es pequeño, la guía de cómo explicarle la muerte a un niño tiene ejemplos de frases según la edad. En adolescentes, ten presente que refugiarse en los amigos suele ser una forma de sostenerse y no indiferencia (Davies y Limbo, 2010).

    Cuando la muerte fue súbita o violenta

    Un accidente, un suicidio o un homicidio suman al duelo un componente traumático. Herman (2015) explica que la muerte violenta de un familiar rompe la confianza básica en el mundo, y que el miedo y el recuerdo del horror pueden competir con el dolor por la ausencia. Ninguno de los dos se resuelve solo tratando el otro.

    Los datos muestran que el riesgo de complicarse sube. Un metaanálisis de 25 estudios sobre pérdidas no naturales (accidentes, desastres, suicidios y homicidios) estimó una prevalencia agrupada de duelo prolongado de 49 %, mayor cuando moría un hijo único. Los autores piden cautela por la gran heterogeneidad de las muestras, así que es un orden de magnitud y no una probabilidad personal (Djelantik et al., 2020).

    Una revisión sistemática de siete estudios sobre padres que perdieron un hijo por muerte accidental asoció peores resultados con la forma de la muerte, el apoyo percibido, la justicia percibida y las comorbilidades (Champion y Kilcullen, 2025).

    Si reconoces recuerdos que irrumpen, pesadillas, evitación de lugares o cosas, o un sobresalto permanente, son reacciones esperables ante un golpe así. Foa et al. (2007) recomiendan una evaluación cuando siguen pasado un mes e interfieren con tu vida. Las fechas señaladas pueden removerlos, como explica la guía sobre el aniversario traumático.

    ¿Qué ayuda a superar el duelo por la muerte de un hijo?

    Seguir vinculado a tu hijo, sin quedarte detenido. Worden (2013) plantea como cuarta tarea del duelo hallar una conexión duradera con el fallecido al embarcarse en una vida nueva. Muchos padres lo hacen con rituales, un lugar de recuerdo, un álbum, cartas a su hijo o una causa en su nombre (becas, fundaciones, grupos de ayuda).

    Buscar sentido, a tu ritmo. En un estudio con 156 padres en duelo, el 45 % no había podido darle sentido a la pérdida y el 21 % no veía ningún beneficio posible, y esos padres tenían síntomas de duelo más intensos.

    Entre quienes sí encontraron sentido, lo más común fueron la espiritualidad y las creencias religiosas, y un mayor deseo de ayudar a otros (Lichtenthal et al., 2010). Es un estudio transversal, por lo que no prueba qué causa qué.

    Hablar con otros padres. Worden (2013) destaca los grupos de pares, como The Compassionate Friends, porque permiten hablar abiertamente del hijo, algo que el entorno suele evitar por incomodidad. Si tu círculo cercano cambia de tema cuando nombras a tu hijo, es una necesidad real y no una rareza tuya.

    Escribir con guía. Neimeyer (2019) propone ejercicios como una carta no enviada al hijo, un relato de la pérdida en tercera persona o un libro de recuerdos con la familia. Funcionan mejor como parte de un proceso acompañado que como una tarea para sacar el dolor de golpe.

    Terapia. Aquí conviene ser honestos. Una revisión sistemática de ensayos sobre intervenciones para padres y hermanos en duelo (grupos de apoyo, consejería, psicoterapia, intervención en crisis) halló que la mayoría mostraba algún efecto en alguna medida, pero con problemas metodológicos graves y muy poca evidencia de calidad suficiente para confirmarlo (Endo et al., 2015).

    Para el duelo que se complica sí existe un tratamiento específico. Szuhany et al. (2021) describen la terapia de duelo complicado, una intervención estructurada de unas 16 sesiones que combina elementos cognitivo-conductuales con trabajo sobre la pérdida y sobre la reconstrucción de la vida. Los fármacos, según esa revisión, por sí solos no reducen el duelo; sí se usan cuando coexisten depresión mayor, ansiedad grave o insomnio.

    ¿Cuándo el duelo se vuelve un trastorno?

    La CIE-11 llama trastorno de duelo prolongado a una respuesta de duelo persistente, con anhelo intenso o preocupación constante por el fallecido, que supera las normas culturales del entorno y dificulta el funcionamiento. Exige más de 6 meses desde la muerte (OMS, 2024).

    El DSM-5-TR pide al menos 12 meses en adultos, síntomas casi todos los días durante el último mes y al menos tres de estos ocho: sentir que se perdió parte de uno mismo, incredulidad, evitación de los recordatorios, dolor emocional intenso, dificultad para reintegrarse a la vida, entumecimiento, sentir que la vida no tiene sentido y soledad intensa (Prigerson et al., 2021).

    En la población general, algo cercano al 10 % de las personas en duelo desarrolla un duelo prolongado (Szuhany et al., 2021). Una revisión de 2025 sobre padres que perdieron un hijo señala que corren un riesgo mayor, y revisa diferencias por sexo, tipo de pérdida y tiempo transcurrido (Yaffe y Levkovich, 2025). No entrega una cifra concreta, y esa es una limitación que conviene reconocer.

    Recibir este diagnóstico significa que el dolor se quedó fijo y que existen tratamientos para destrabarlo.

    Si estás acompañando a alguien que perdió un hijo

    Quedarse importa más que acertar con las palabras. Algunas ideas que se desprenden de las fuentes:

    • Nombra al hijo. Worden (2013) señala que los padres necesitan hablar de él y que el entorno suele evitarlo.
    • No apures ni compares. Evita frases como «todo pasa por algo» o «al menos tienes otros hijos».
    • Ofrece ayuda concreta, como comidas, trámites o llevar a los hermanos al colegio, mejor que un «avísame si necesitas algo».
    • Sigue presente. Mantén el contacto meses después, no solo en las primeras semanas.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Consulta si pasan los meses y el dolor no se mueve, si no puedes trabajar o atender a otros hijos, si recurres al alcohol o a medicamentos para aguantar, si la culpa o la rabia ocupan casi todo tu día, o si evitas por completo lugares y objetos que te recuerdan a tu hijo.

    También si en la pareja la distancia crece y ya no logran hablar. Pedir ayuda antes de llegar a esos extremos también es válido.

    Pide ayuda con urgencia si piensas en morir o en hacerte daño. Desear no despertar o reunirte con tu hijo aparece en muchos duelos, y eso se puede conversar.

    Si los pensamientos se vuelven concretos, llama de inmediato al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, gratuita y disponible todo el día) o a Salud Responde al 600 360 7777. En una emergencia, llama al 131 o ve a urgencias.

    Más información general sobre el duelo en la página de la APA y en MedlinePlus. Para ver el duelo en general, con sus tipos y sus señales, revisa la guía de duelo y la de cómo superar un duelo.

    Lo que todavía no se sabe

    Buena parte de la evidencia sobre padres en duelo viene de Dinamarca, Suecia, Estados Unidos y los Países Bajos, y muchos estudios se centran en pérdidas por cáncer. No encontramos estudios chilenos que digan cuánto dura aquí el duelo ni qué ayuda más en nuestro contexto.

    Tampoco hay ensayos sólidos que comparen terapias específicas para padres en duelo, como Endo et al. (2015) dejan claro, ni cifras fiables de duelo prolongado en padres. Por eso esta guía describe lo observado y las orientaciones de Worden y Neimeyer, sin prometer plazos ni resultados.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un hijo?

    El plazo varía mucho. En estudios con padres que perdieron un hijo por cáncer, el exceso de ansiedad y depresión se acercaba a cero entre 7 y 9 años después, pero en otros seguimientos de unos 18 años todavía había más síntomas en promedio. La intensidad suele bajar, y el vínculo con el hijo se mantiene.

    ¿Cómo superar la muerte de un hijo?

    Más que superarla, se aprende a vivir con ella. Ayudan mantener un vínculo con el hijo mediante recuerdos y rituales, hablar de él con personas que escuchen, compartir con otros padres en duelo, cuidar a los hijos que quedan y pedir apoyo profesional si el dolor se queda fijo. Nada de eso exige olvidar.

    ¿Es normal sentirse culpable por la muerte de un hijo?

    Sí, es una de las reacciones más comunes. Worden distingue culpa cultural, causal, moral, de superviviente y de recuperación. Muchas veces no tiene base real, pero igual duele. Hablarla con alguien de confianza o con un psicólogo ayuda a soltar la parte que no corresponde y a convivir con la que sí pesa.

    ¿El duelo de un hijo rompe a las parejas?

    Aumenta la tensión, y en un estudio hubo más rupturas matrimoniales entre padres en duelo que en padres comparables. Aun así no es un destino. Cuando se separan, suele haber problemas previos que el duelo agrava. Entender que cada uno duela distinto, hablarlo y pedir terapia de pareja a tiempo protege la relación.

    ¿Cuándo el duelo por un hijo es un trastorno de duelo prolongado?

    Cuando el anhelo o la preocupación por el hijo siguen casi a diario pasados 6 meses (según la CIE-11) o 12 meses (según el DSM-5-TR), y le quitan funcionamiento a la vida. Es distinto de tener un dolor fuerte. Se diagnostica con un profesional y existen tratamientos específicos, como la terapia de duelo complicado.

    ¿Qué hacer si tengo pensamientos de morir después de perder a mi hijo?

    Cuéntaselo a alguien hoy mismo. Desear reunirte con tu hijo es frecuente en el duelo, pero no debe quedarse guardado. En Chile puedes llamar al *4141, que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si estás en peligro inmediato, llama al 131. Hay ayuda disponible hoy mismo.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Nadie debería atravesar esto en soledad. Si llevas tiempo cargando solo con el dolor, o sientes que tú y tu pareja ya no logran hablar de él, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas saber qué decir para empezar: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Buyukcan-Tetik, A., Finkenauer, C., Schut, H., Stroebe, M., & Stroebe, W. (2017). The impact of bereaved parents’ perceived grief similarity on relationship satisfaction. Journal of Family Psychology, 31(4), 409-419. https://doi.org/10.1037/fam0000252
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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