Duelo traumático: qué es

Pintura impresionista de una mecedora vacía en un porche tras la lluvia, ilustración del duelo traumático y cómo se elabora

Suena el teléfono temprano en la mañana. Te dicen que tu hermano murió en un accidente, o que a tu papá lo encontraron sin vida, o que a tu amiga la atacaron. Pasan las semanas y lo que te contaban del duelo no calza con lo que te pasa. No solo lloras: ves una y otra vez la escena que ni siquiera presenciaste, te sobresaltas con cualquier ruido, evitas la calle donde ocurrió y te pasas las noches repasando qué habría cambiado si hubieras llamado antes. Y alrededor la gente empieza a decir que ya debería estar pasando.

Eso tiene nombre. El duelo traumático es el que aparece cuando una muerte es repentina, violenta o atroz, y el dolor de extrañar a esa persona se mezcla con el terror de cómo murió. Aquí vas a ver qué es el duelo traumático, en qué se diferencia del duelo normal, del duelo complicado y del estrés postraumático, cuánta gente se complica, qué ayuda a elaborarlo y cuándo conviene consultar.

La respuesta corta

El duelo traumático es el duelo que sigue a una muerte repentina, violenta o atroz (homicidio, suicidio, accidente, desastre), en el que la pena por la ausencia se entrelaza con síntomas de trauma: imágenes intrusivas, evitación, alerta constante y culpa. Como etiqueta clínica es descriptiva. Los diagnósticos formales son el trastorno de duelo prolongado y el trastorno de estrés postraumático (TEPT), que pueden aparecer por separado o juntos. Complicarse es bastante más frecuente tras una muerte no natural, pero no es inevitable, y hay tratamientos con respaldo para ambos cuadros.

¿Qué es el duelo traumático y cómo se define?

Judith Herman (2015) define la pérdida traumática como la muerte de un ser querido que ocurre de forma violenta, repentina o atroz, como en un homicidio, un suicidio, una guerra o un desastre. Cuando eso pasa, explica, el dolor natural del duelo queda interrumpido por el terror y la indefensión del propio hecho: la persona llora la ausencia y, al mismo tiempo, queda atrapada en el horror de la forma en que murió.

La investigación llega a lo mismo. Una revisión sistemática de 46 estudios sobre pérdida traumática (Jann et al., 2024) parte de que, cuando un evento traumático y una pérdida coinciden, ambos pueden disparar a la vez estrés postraumático y duelo patológico. Smid et al. (2015) usan el término duelo traumático para el duelo persistente complejo (la categoría provisional del DSM-5, antes del trastorno de duelo prolongado) que viene con síntomas de estrés postraumático o de depresión tras una pérdida traumática. Describen cuatro procesos que lo mantienen: el recuerdo de la pérdida se integra mal, la pérdida se valora de forma muy negativa, hay sensibilidad a los desencadenantes y se evita el malestar.

El duelo por muerte violenta es el caso más conocido, pero el concepto cubre también accidentes, desastres, pérdidas múltiples y la desaparición de una persona.

¿Qué diferencia hay entre duelo traumático, duelo normal, duelo complicado y TEPT?

La confusión entre estos términos es habitual, incluso entre profesionales. Esta es la versión corta:

  • Duelo normal. Es un proceso de adaptación a la pérdida, con llanto, tristeza y momentos de retiro que ayudan a reorganizar la vida. Barreto et al. (2013) advierten que no hay que presuponer patología en quien está de duelo, y piden separar tres cosas: las reacciones puntuales a un golpe, las etapas normales de adaptación y la psicopatología estructurada. En el duelo común, además, hay costumbres y rituales que sostienen a la persona (Herman, 2015). Si buscas una visión general de los tipos de duelo, lo tienes en esta guía sobre el duelo.
  • Duelo complicado. Es el nombre tradicional del duelo que se bloquea o se cronifica, con angustia persistente, aislamiento e incapacidad de retomar la vida cotidiana (Barreto et al., 2013). Los manuales actuales hablan de trastorno de duelo prolongado, que entró a la CIE-11 en 2018 y al DSM-5-TR en 2022 (Stroebe et al., 2024). La CIE-11 lo describe como una añoranza o preocupación persistente por la persona fallecida, con intenso dolor emocional, que dura más de seis meses y sobrepasa lo esperable en la cultura de esa persona (según la descripción del trastorno para la CIE-11).
  • TEPT. Se organiza alrededor del miedo y de la amenaza para la vida: intrusiones, hiperactivación, indefensión (el trastorno de estrés postraumático tiene su propia guía). El duelo se organiza alrededor del dolor por la relación perdida, la añoranza y la pérdida de sentido (Herman, 2015).
  • Duelo traumático. Es lo que queda cuando una pérdida de ese tipo ocurre en condiciones de trauma: el dolor del duelo y el terror del TEPT se mezclan y se alimentan entre sí.

Por eso la diferencia entre duelo y trauma importa a la hora de tratar. La revisión de Jann et al. (2024) encontró que la relación con la persona fallecida, los problemas previos de salud mental y las creencias religiosas se asociaban más con los síntomas de duelo patológico que con los de TEPT, mientras que el apoyo social y las emociones sociales (como la vergüenza o la culpa) se asociaban con ambos. La mayoría de esos estudios eran transversales, así que muestran asociaciones y no causas.

Un estudio con 647 personas en duelo desde hacía al menos seis meses (Smith y Ehlers, 2021) apunta en la misma línea. Quienes tenían duelo prolongado, solo o junto con TEPT, mostraban más valoraciones negativas sobre la pérdida y recuerdos más intensos de ella que quienes tenían solo TEPT. Y sentirse desconectado de los demás aumentaba la probabilidad de tener ambos cuadros a la vez.

¿Cuáles son los síntomas del duelo traumático?

Las fuentes de Herman (2015) y de Foa, Hembree y Rothbaum (2007) describen cuatro núcleos que suelen mezclarse.

Intrusión. Imágenes o recuerdos sensoriales del momento de la muerte o del sufrimiento de la persona, pesadillas y escenas que irrumpen sin avisar. Herman habla de las «huellas de la muerte»: los detalles gráficos de cómo ocurrió, que vuelven a la mente aunque tú no los hayas visto.

Evitación y embotamiento. Bloquear pensamientos, lugares y conversaciones para no sentir un dolor que parece insoportable. Herman observa también una resistencia curiosa al duelo: el miedo a que, si empiezas a llorar, nunca vas a poder parar, o la sensación de que conservar el síntoma es una forma de seguir fiel a quien murió.

Anhelo y desconexión. Una añoranza desesperada por la presencia de la persona, junto con el aislamiento de quienes siguen vivos. Herman recoge la sensación de pertenecer más al mundo de los muertos que al de los vivos.

Culpa y rabia. La culpa del sobreviviente, la convicción de que pudiste haberlo evitado, y a veces fantasías de venganza. Herman propone una explicación de la culpa: imaginar que se pudo haber actuado distinto resulta, paradójicamente, menos insoportable que aceptar la impotencia total ante lo ocurrido.

Un metaanálisis de 37 estudios con adultos que perdieron a alguien por homicidio, suicidio o accidente (Heeke et al., 2019) encontró que lo que más se asociaba con duelo prolongado eran otros problemas de salud mental (correlaciones de 0,50 a 0,59), las ideas o conductas suicidas (0,41) y la rumiación (0,42). Casi todos los estudios eran transversales, de modo que son pistas sobre qué mirar y no una cadena de causas. Astin y Resick (2015) añaden que la muerte traumática por accidente, asesinato o suicidio aumenta el riesgo de TEPT, de depresión, de consumo de sustancias y de culpa extrema.

Nada de esto significa que cada una de estas reacciones sea un trastorno. Para entender mejor qué hace un hecho así en la mente, puedes leer sobre qué es el trauma psicológico. Foa et al. (2007) señalan que en las primeras semanas tras un hecho así son esperables la alerta exagerada, las intrusiones, la evitación, el embotamiento y la tristeza profunda, y que en la mayoría de las personas disminuyen de forma gradual, sobre todo durante los primeros tres meses.

¿Cuántas personas desarrollan un duelo complicado tras una muerte violenta?

La respuesta honesta es que depende mucho de a quién se mida. Un metaanálisis de 25 estudios (Djelantik et al., 2020), el primero sobre duelo prolongado tras pérdidas no naturales (accidentes, desastres, suicidios y homicidios), obtuvo una prevalencia agrupada de 49%. La prevalencia fue mayor en los estudios sobre la muerte de un hijo único, sobre homicidios y fuera de países occidentales, y menor cuando había pasado más tiempo o la pérdida había ocurrido en un desastre natural. Los autores piden cautela por la heterogeneidad de los estudios.

Esa cifra tiene que leerse junto a otra. En duelos por causas naturales, alrededor del 10% desarrolla duelo prolongado (Szuhany et al., 2021). Y una carta de análisis crítico (Eisma, 2025) sostiene que las cifras muy altas de duelo prolongado que circulan están probablemente sobreestimadas, por el uso de muestras no probabilísticas y de cuestionarios autoinformados en lugar de entrevistas clínicas, y señala que la mayoría de las personas responde con resiliencia a los sucesos graves.

Lo que sí se puede decir con tranquilidad es que una muerte violenta es una condición de riesgo, no una sentencia. Muchas personas que pasan por ella se recuperan sin desarrollar un trastorno, y las que se complican suelen tener salida con ayuda adecuada.

¿Por qué el duelo por muerte violenta se complica tanto?

Herman (2015) pone el acento en lo que la violencia rompe. Una muerte atroz destruye la sensación básica de seguridad, la idea de que el mundo tiene cierto orden y justicia, y la confianza en los demás. Además, quien pierde a alguien de este modo suele quedarse sin los rituales y las costumbres que sostienen un duelo común, y sin reconocimiento público de lo ocurrido.

La justicia también pesa. Una revisión de 35 estudios sobre familiares y amigos de personas asesinadas (Lebel et al., 2026) encontró que los factores posteriores a la muerte más estudiados eran los ligados al sistema judicial (18 estudios), los sociales (17) y los de afrontamiento (13). Una revisión de 7 estudios con madres y padres que perdieron a un hijo en un accidente (Champion y Kilcullen, 2025) asoció peores resultados con la forma de la muerte, el tipo de relación, el tiempo desde la pérdida, el apoyo y la justicia percibidos y las comorbilidades. Herman agrega que el proceso judicial puede ser hostil y volver a herir, pero que, vivido con apoyo y desde una posición de fuerza, también puede empoderar.

El sentido que la persona logra darle a lo ocurrido parece más decisivo que el calendario. Un estudio con 614 adultos jóvenes en duelo por causas naturales y violentas (Holland y Neimeyer, 2010) encontró apoyo limitado para la idea de etapas ordenadas: lo que mejor predecía el estado de duelo era cuánto sentido le había encontrado la persona a la pérdida, no los meses transcurridos. También apareció un aumento del malestar al acercarse el segundo aniversario.

Cuando hay desaparecidos, Herman plantea que sin cuerpo, sin verdad y sin reconocimiento público el duelo común no puede seguir su curso.

¿Cuánto dura un duelo traumático?

Nadie puede darte una cifra, y quien lo haga la está inventando. Para el duelo sin componente traumático, las etapas y los tiempos se explican en cómo superar un duelo. Lo que se sabe es parcial. En el metaanálisis de Djelantik et al. (2020), a mayor tiempo desde la pérdida había menor prevalencia de duelo prolongado, lo que sugiere que el tiempo ayuda a muchas personas, aunque no a todas. Los seis meses de la CIE-11 son un umbral para evaluar si el duelo se está complicando y no un plazo de vencimiento.

Una revisión de 8 estudios longitudinales con 2.914 adultos en duelo (Janshen y Eisma, 2024) vio que los síntomas de duelo prolongado predecían los de depresión y estrés postraumático con más constancia que al revés. Sugiere, de forma tentativa, que un duelo prolongado sin atender puede arrastrar otros cuadros. Ese patrón no apareció en los dos estudios con el método más estricto, así que conviene tomarlo como pista y no como hallazgo firme.

¿Y en niños y adolescentes?

Los menores también viven duelos traumáticos. Una revisión de 18 estudios con 5.034 niños y adolescentes (Jann et al., 2026) halló que las reacciones intrapersonales se asociaban con frecuencia tanto a síntomas de duelo desadaptativo como a síntomas postraumáticos, y que otros problemas de salud mental se asociaban con ambos en todos los estudios que los midieron. No se pudo concluir nada sobre el peso de las circunstancias de la pérdida, y solo tres estudios eran longitudinales.

La prevalencia de duelo prolongado en niños y adolescentes en duelo, según una revisión de cinco estudios (Falala et al., 2024), va de 10,4% a 32%. Se asoció a más síntomas el sexo femenino, la evitación cognitiva, los estresores crónicos como las dificultades económicas y la exposición a otros traumas o pérdidas, y el apoyo social parece proteger. En cuanto a ayudas, un metaanálisis de 39 estudios (Hanauer et al., 2024) halló que las intervenciones preventivas reducen los síntomas de duelo con un efecto pequeño en los estudios controlados (g = 0,18).

¿Cómo se elabora un duelo traumático?

La guía más clara está en el modelo de tres etapas de Herman (2015), pensado para el trauma, que sirve también para la pérdida traumática.

Primero, seguridad y estabilización. Antes de recordar o de llorar a fondo hay que recuperar cierto control del cuerpo (dormir, comer, bajar la hiperactivación) y del entorno (un lugar seguro, personas de confianza). Herman afirma que la seguridad tiene prioridad sobre todo lo demás, y considera uno de los errores más frecuentes meterse a fondo en los recuerdos y en el dolor sin haber estabilizado antes a la persona.

Después, recuerdo y duelo. La memoria traumática sin procesar es fragmentada, más parecida a imágenes sueltas que a una historia. El trabajo consiste en convertirla en un relato organizado y detallado, con los hechos, las imágenes, las sensaciones del cuerpo y las emociones, ante un testigo compasivo que no interroga como un detective. Aquí entra el duelo propiamente dicho: Para Herman, llorar la pérdida es una forma de recuperar la propia vida interior y no una rendición. Cuando la narración se repite en un espacio seguro, va perdiendo su carga de activación, y llega un momento en que el hecho deja de ser el centro de la vida y pasa a ser un recuerdo integrado. Los rituales y los actos de reconocimiento público, como un homenaje o un monumento, ayudan donde las costumbres habituales no alcanzan.

Por último, reconexión. La persona vuelve a proyectarse hacia adelante y a construir vínculos de confianza.

¿Qué dice la evidencia sobre los tratamientos?

Hay evidencia sólida para tratar el duelo prolongado, aunque casi ninguna es específica de la pérdida violenta. Un ensayo con 212 personas con trastorno de duelo prolongado (Rosner et al., 2025) comparó una terapia cognitivo-conductual específica para duelo con una terapia centrada en el presente. Ambas lograron grandes reducciones de síntomas a los 12 meses; la específica fue algo superior al terminar el tratamiento y esa ventaja quedó como tendencia al año. Otro ensayo con 100 adultos (Bryant et al., 2024) halló que la terapia cognitivo-conductual centrada en el duelo redujo más los síntomas a los seis meses que una terapia cognitiva basada en mindfulness.

Para cuando duelo y trauma van juntos, una revisión de 14 estudios de tratamientos concurrentes (Eddinger et al., 2021) concluyó que en general son eficaces para el TEPT y el duelo prolongado a la vez, y que los que incluyen exposición rinden de forma similar a los que no. Las limitaciones de los estudios impiden afirmar que la exposición agregue algo. Smid et al. (2015) proponen un tratamiento integrado de cinco partes (información y motivación, exposición centrada en el duelo, objetos de recuerdo y escritura, búsqueda de sentido y ritual de despedida), aunque se trata de una propuesta con un caso ilustrativo y no de un ensayo.

Herman recoge además que las técnicas de exposición reducen el miedo y las intrusiones pero no resuelven por sí solas el duelo de familiares de fallecidos o desaparecidos. Una revisión paraguas de 33 revisiones (Avis et al., 2025) añade un matiz: el apoyo de las intervenciones de duelo fue incondicional en 7 y condicional en 24, y los autores advierten que la calidad de las revisiones limita las conclusiones. Que ayuden no equivale a que toda persona en duelo necesite terapia.

Falta, de hecho, evidencia directa sobre qué funciona mejor y cuándo empezar tras una pérdida violenta específicamente.

¿Qué no ayuda?

Las fuentes de Herman (2015) coinciden en cuatro cosas que tienden a empeorar el proceso:

  • Apurar el duelo. Intentar «sacarse el trauma de encima» rápido y sin seguridad previa desestabiliza. El duelo no se acelera.
  • Alimentar la venganza. Las fantasías de venganza aumentan el tormento interno, se vuelven tan intrusivas como el hecho y no cambian lo ocurrido. Herman propone convertir esa rabia en indignación justa, es decir, en la exigencia de responsabilidad por canales legales o sociales.
  • El silencio. Callar el hecho, o que el entorno mire hacia otro lado, frena la integración del trauma y deja a la persona aislada. Barreto et al. (2013) describen algo parecido, la conspiración del silencio, como factor que complica el duelo.
  • Forzar el perdón. Un perdón exigido de forma prematura es una trampa. Herman sostiene que la recuperación no requiere perdonar a quien hizo daño.

Cómo acompañar a alguien que vive un duelo traumático

Si quieres ayudar a alguien cercano, lo que mejor se desprende de Herman (2015) y de Foa et al. (2007) es devolverle control y presencia sin presionarlo:

  • Ofrece compañía y un entorno seguro. A veces la presencia tranquila de alguien de confianza ya baja la alerta.
  • Pregunta qué necesita y deja que decida lo que pueda: a quién ver, cuándo hablar, qué comer.
  • Escucha si quiere hablar y respeta el silencio si prefiere callar. Frases como «estoy aquí» o «tienes derecho a sentirte así» validan.
  • Evita pedirle el relato completo o hacerle preguntas de interrogatorio, y evita frases como «tienes que ser fuerte», «no pienses en eso» o «al menos estás vivo».
  • No lo juzgues por cómo reaccionó (por qué no lloró, por qué no hizo algo distinto) y no le exijas perdonar.
  • Si sus irritaciones o su retraimiento te desgastan, ten presente que son efecto del trauma y busca orientación para no cargarlo tú solo.

Cuándo buscar ayuda profesional

Conviene consultar si, pasado un mes o dos, los recuerdos intrusivos, la evitación o la alerta siguen intensos y te impiden trabajar, dormir o cuidar de ti. También si usas alcohol u otras sustancias para anestesiarte, si aparecen episodios de despersonalización (sentir que tu cuerpo no te pertenece) o de irrealidad, si te autolesionas, o si te quedaste sin red de apoyo. Para el trastorno de duelo prolongado, la CIE-11 pide que la reacción dure más de seis meses y cause un deterioro importante, pero no necesitas esperar a cumplir ese plazo para pedir ayuda.

Los pensamientos de morir o de hacerte daño tienen prioridad (si es otra persona quien los tiene, esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas puede orientarte). Heeke et al. (2019) recomiendan evaluar con cuidado la ideación suicida en quienes han vivido una pérdida violenta, porque es uno de los correlatos más fuertes del duelo prolongado. Si estás en peligro ahora, llama a urgencias. En Chile, la línea *4141 del Ministerio de Salud atiende gratis desde un celular, todos los días y a cualquier hora, con psicólogos capacitados. También puedes llamar a Salud Responde (600 360 7777).

Preguntas frecuentes

¿El duelo traumático y el duelo complicado son lo mismo? Se solapan, pero no son idénticos. El duelo complicado (hoy, trastorno de duelo prolongado) describe un duelo que se bloquea o se cronifica, sea cual sea la causa de la muerte. El duelo traumático nombra el caso en que esa pérdida ocurre en condiciones de trauma, con síntomas de estrés postraumático o de depresión mezclados con el duelo (Smid et al., 2015).

¿El duelo traumático es lo mismo que el TEPT? No. Pueden darse juntos, pero el TEPT se organiza alrededor del miedo y de la amenaza, y el duelo, alrededor de la pérdida y la añoranza. En un estudio con 647 personas, quienes tenían duelo prolongado mostraban valoraciones y recuerdos de la pérdida distintos de quienes tenían solo TEPT (Smith y Ehlers, 2021).

¿Cuánto dura un duelo traumático? No hay una cifra respaldada. En los estudios, cuanto más tiempo desde la pérdida, menor prevalencia de duelo prolongado, y el sentido que la persona le encuentra a lo ocurrido predice mejor su estado que los meses transcurridos. Lo útil es mirar si el malestar baja de forma gradual o se mantiene intenso y te incapacita.

¿Es normal no poder llorar o sentir un vacío? Es una reacción descrita. Foa et al. (2007) incluyen el embotamiento y la evitación entre las reacciones esperables en las primeras semanas, y Herman registra el miedo a empezar a llorar y no poder parar. Si se prolonga y te aísla, vale la pena consultarlo.

¿Una muerte por suicidio es un duelo traumático? Puede serlo. Las revisiones que estudian pérdidas violentas incluyen el suicidio junto con el homicidio y el accidente (Heeke et al., 2019). En esos casos hay que mirar con especial cuidado la culpa, la rumiación y la propia ideación suicida de quien sobrevive.

¿Ayuda hablar de cómo murió? Con seguridad previa y con alguien que escuche sin interrogar, sí: Herman describe el relato ordenado ante un testigo compasivo como parte del trabajo de duelo. Forzarlo antes de tiempo, o exigirlo desde fuera, puede empeorar las cosas.

Si el duelo no se mueve

Perder a alguien de forma violenta o repentina deja heridas de dos tipos que se entrelazan, la pena y el trauma, y cada una pide su trabajo. Con un orden sensato (primero seguridad, luego relato y duelo) y con tratamientos que existen para ambas, la mayoría de las personas puede volver a vivir con la pérdida a cuestas. Si llevas semanas con el recuerdo encima y el duelo no se mueve, podemos revisar juntos qué parte es pena, qué parte es trauma y por dónde conviene empezar. Escríbeme desde la página de contacto y coordinamos una sesión online.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

  • Astin, M. C., & Resick, P. A. (2015). Tratamiento cognitivo-conductual del trastorno por estrés postraumático. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 1: Trastornos por ansiedad, sexuales, afectivos y psicóticos (pp. 171-208). Siglo XXI de España Editores.
  • Avis, K. A., Missler, M., van Deursen, D., Lenferink, L. I. M., Stroebe, M., & Schut, H. (2025). The efficacy of bereavement interventions: A systematic umbrella review. Harvard Review of Psychiatry, 33(3), 127-148. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000426
  • Barreto, M. P., Arranz, P., Barbero, J., & Bayés, R. (2013). Intervención psicológica con personas en la fase final de la vida. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 2: Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 431-451). Siglo XXI de España Editores.
  • Bryant, R. A., Azevedo, S., Yadav, S., Cahill, C., Kenny, L., Maccallum, F., Tran, J., Choi-Christou, J., Rawson, N., Tockar, J., Garber, B., Keyan, D., & Dawson, K. S. (2024). Cognitive behavior therapy vs mindfulness in treatment of prolonged grief disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 81(7), 646-654. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.0432
  • Champion, M. J., & Kilcullen, M. (2025). Complicated grief following the traumatic loss of a child: A systematic review. Omega, 91(4), 2142-2164. https://doi.org/10.1177/00302228231170417
  • Djelantik, A. A. A. M. J., Smid, G. E., Mroz, A., Kleber, R. J., & Boelen, P. A. (2020). The prevalence of prolonged grief disorder in bereaved individuals following unnatural losses: Systematic review and meta regression analysis. Journal of Affective Disorders, 265, 146-156. https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.01.034
  • Eddinger, J. R., Hardt, M. M., & Williams, J. L. (2021). Concurrent treatment for PTSD and prolonged grief disorder: Review of outcomes for exposure- and nonexposure-based treatments. Omega, 83(3), 446-469. https://doi.org/10.1177/0030222819854907
  • Eisma, M. C. (2025). Prevalence rates of prolonged grief disorder are overestimated. European Journal of Psychotraumatology, 16(1), 2520634. https://doi.org/10.1080/20008066.2025.2520634
  • Falala, A., Lannes, A., Bui, E., & Revet, A. (2024). Prevalence of prolonged grief disorder in bereaved children and adolescents: A systematic review. L’Encéphale, 50(5), 557-565. https://doi.org/10.1016/j.encep.2023.11.016
  • Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Oxford University Press.
  • Hanauer, C., Telaar, B., Rosner, R., & Doering, B. K. (2024). The efficacy of psychosocial interventions for grief symptoms in bereaved children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 350, 164-173. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.01.063
  • Heeke, C., Kampisiou, C., Niemeyer, H., & Knaevelsrud, C. (2019). A systematic review and meta-analysis of correlates of prolonged grief disorder in adults exposed to violent loss. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), 1583524. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1583524
  • Herman, J. L. (2015). Trauma y recuperación: Cómo superar las consecuencias de la violencia. Espasa. (Obra original publicada en 1992)
  • Holland, J. M., & Neimeyer, R. A. (2010). An examination of stage theory of grief among individuals bereaved by natural and violent causes: A meaning-oriented contribution. OMEGA: Journal of Death and Dying, 61(2), 103-120. https://doi.org/10.2190/OM.61.2.b
  • Jann, P., Netzer, J., & Hecker, T. (2024). Traumatic loss: A systematic review of potential risk factors differentiating between posttraumatic stress disorder and prolonged grief disorder. European Journal of Psychotraumatology, 15(1), 2371762. https://doi.org/10.1080/20008066.2024.2371762
  • Jann, P., Winkler, N., Karutz, H., Hulde, V., & Hecker, T. (2026). Risk factors for maladaptive grief and posttraumatic stress in children and adolescents following loss: A systematic review. Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, 20(1), 55. https://doi.org/10.1186/s13034-026-01076-7
  • Janshen, A., & Eisma, M. C. (2024). Bidirectional associations between prolonged grief symptoms and depressive, anxiety, and posttraumatic stress symptoms: A systematic review. Journal of Traumatic Stress, 37(6), 825-836. https://doi.org/10.1002/jts.23061
  • Lebel, S., Lépine, O., & Brillon, P. (2026). Mental health of homicidally bereaved individuals: A systematic review of post-homicide factors. Omega, 93(1), 659-688. https://doi.org/10.1177/00302228241245751
  • Rosner, R., Rau, J., Kersting, A., Rief, W., Steil, R., Rummel, A.-M., Vogel, A., & Comtesse, H. (2025). Grief-specific cognitive behavioral therapy vs present-centered therapy: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 82(2), 109-118. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.3409
  • Smid, G. E., Kleber, R. J., de la Rie, S. M., Bos, J. B. A., Gersons, B. P. R., & Boelen, P. A. (2015). Brief eclectic psychotherapy for traumatic grief (BEP-TG): Toward integrated treatment of symptoms related to traumatic loss. European Journal of Psychotraumatology, 6, 27324. https://doi.org/10.3402/ejpt.v6.27324
  • Smith, K. V., & Ehlers, A. (2021). Prolonged grief and posttraumatic stress disorder following the loss of a significant other: An investigation of cognitive and behavioural differences. PLOS ONE, 16(4), e0248852. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0248852
  • Stroebe, M. S., Schut, H. A. W., & Eisma, M. C. (2024). On the classification and reporting of prolonged grief: Assessment and research guidelines. Harvard Review of Psychiatry, 32(1), 15-32. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000389
  • Szuhany, K. L., Malgaroli, M., Miron, C. D., & Simon, N. M. (2021). Prolonged grief disorder: Course, diagnosis, assessment, and treatment. Focus, 19(2), 161-172. https://doi.org/10.1176/appi.focus.20200052