Tratamiento del Trastorno de Pánico: Qué Funciona, Cuánto Dura y Cómo Elegir

Pintura impresionista de alguien soltando las amarras de un bote hacia aguas mas calmas, sobre el tratamiento del trastorno de panico

Si llegaste hasta acá, probablemente ya sabes lo que es: el corazón que se dispara sin motivo, la sensación de que no entra el aire, el miedo a morirte o a perder el control, y después el miedo al próximo ataque. Lo que quieres saber ahora es otra cosa. Para el trastorno de pánico, el tratamiento existe, está bien estudiado y funciona en la mayoría de las personas. Lo que casi nadie te explica es cuál elegir, en qué consiste de verdad, cuánto tarda y qué pasa cuando lo dejas.

Esta guía responde eso con la evidencia en la mano: dos metaanálisis en red (uno de psicoterapias, otro de medicamentos), una revisión de JAMA de 2022, las guías de medicina familiar y el manual de terapia cognitiva de Clark y Beck (2010). Si todavía no tienes claro si lo tuyo es trastorno de pánico o ataques aislados, empieza por la guía completa del trastorno de pánico y vuelve acá.

Trastorno de pánico, tratamiento que funciona: la respuesta corta

Los dos tratamientos con más respaldo son la terapia cognitivo-conductual (TCC) y los antidepresivos ISRS o IRSN. Rinden parecido en la fase aguda, y la TCC conserva mejor lo ganado cuando termina. Las benzodiacepinas (clonazepam, alprazolam) alivian rápido pero no son la primera opción. Un tratamiento típico dura entre 3 y 6 meses de trabajo activo, más 6 a 12 meses de mantenimiento si hay medicación.

Lo que sigue explica cada pieza: qué se hace en la terapia, qué medicamento se usa y por qué, cómo elegir entre uno, otro o ambos, y qué esperar después.

¿Se cura el trastorno de pánico?

En la mayoría de los casos, sí: la persona deja de tener ataques o los tiene tan de vez en cuando que dejan de organizarle la vida. Con TCC, entre el 40 % y el 90 % de los pacientes termina el tratamiento sin ataques de pánico, según la revisión de más de 25 ensayos que resumen Clark y Beck (2010, p. 325). Con antidepresivos, hace falta tratar a unas 10 personas durante 2 a 6 meses para que una más alcance la remisión que con placebo (DeGeorge et al., 2022).

Conviene decir también lo que no es. Sin tratamiento, el trastorno de pánico tiende a ser crónico: la revisión de JAMA de 2022 describe que muchas personas pasan años con síntomas antes de tratarse, y que afecta al 5,2 % de la población a lo largo de la vida (Szuhany y Simon, 2022). Ocho de cada diez personas con trastorno de pánico tienen además otro diagnóstico en algún momento, casi siempre otro trastorno de ansiedad o una depresión (American Psychiatric Association, 2022). Eso importa para el tratamiento, porque lo que se trata no es solo el ataque.

“Curarse”, entonces, quiere decir algo concreto: perder el miedo a las sensaciones del cuerpo. Quien logra eso puede volver a sentir taquicardia en una escalera sin que se convierta en un ataque. Ese es el objetivo real de todo lo que viene.

Terapia cognitivo-conductual: el tratamiento del trastorno de pánico con más evidencia

La TCC es la psicoterapia más estudiada para el pánico, y la que mejor sale parada cuando se comparan todas entre sí. Un metaanálisis en red de 136 ensayos con más de 7.000 participantes encontró que la TCC supera al tratamiento habitual con un tamaño de efecto moderado (DME de -0,67) y con confianza moderada en la evidencia; la terapia psicodinámica breve también mostró beneficio, pero con confianza baja, y al retirar los estudios con alto riesgo de sesgo solo la TCC siguió siendo superior (Papola et al., 2022).

Frente a un placebo psicológico o una pastilla de placebo, el efecto de la TCC es pequeño a moderado (g de Hedges de 0,39), según la misma revisión de JAMA (Szuhany y Simon, 2022). Ese número parece modesto hasta que se lo compara con los antidepresivos, cuyo efecto frente a placebo en pánico es también pequeño (DME de -0,30). Es decir: los dos funcionan, ninguno es mágico, y los dos son claramente mejores que no hacer nada.

Lo que distingue a la TCC es lo que pasa después de terminarla. En el ensayo clásico de Clark y colaboradores (1994), que Clark y Beck (2010, p. 326) resumen, el 85 % de quienes recibieron terapia cognitiva seguía sin ataques a los 15 meses, contra el 47 % con relajación aplicada y el 60 % con imipramina. La terapia enseña algo que la persona se lleva; la pastilla actúa mientras se toma.

Qué se hace en la TCC del pánico, sesión a sesión

Un tratamiento cognitivo-conductual del pánico no es “hablar de la ansiedad”. Es un protocolo con componentes definidos, que suele tomar entre 10 y 12 sesiones individuales, más algunas de refuerzo. Clark y Beck (2010, pp. 313-314) lo organizan en cinco objetivos: bajar la sensibilidad a las sensaciones corporales, debilitar la interpretación catastrófica de esas sensaciones (“me está dando un infarto”), fortalecer la capacidad de encontrar una explicación realista, eliminar la evitación y las conductas de seguridad, y aumentar la tolerancia al malestar.

Para eso, las sesiones combinan estas piezas:

  1. Psicoeducación con tu propio ciclo. En la primera sesión se reconstruye un ataque reciente paso a paso: qué sensación apareció primero, qué pensaste, qué hiciste. El terapeuta muestra cómo la interpretación (“no me entra aire, me voy a asfixiar”) es lo que convierte una sensación en pánico. Se presenta como una hipótesis a comprobar, no como una verdad que aceptar.
  2. Inducción de síntomas (exposición interoceptiva). Desde la segunda o tercera sesión se provocan a propósito las sensaciones temidas. Es la pieza central y tiene su apartado más abajo.
  3. Reestructuración cognitiva. Se revisa la evidencia a favor y en contra de la catástrofe temida, y se construye una explicación alternativa para cada sensación.
  4. Experimentos conductuales. Se ponen a prueba las predicciones (“si subo la escalera corriendo me va a dar un ataque”) en la vida real.
  5. Exposición gradual en vivo. Si hay evitación agorafóbica (no tomar el metro, no ir al mall, no alejarse de casa), se arma una jerarquía de situaciones y se recorre de menor a mayor dificultad. Sobre eso hay más en la guía de agorafobia.
  6. Prevención de recaídas. Las últimas sesiones preparan para lo que viene: que alguna vez volverá una sensación fuerte, y qué hacer cuando pase.

Si quieres entender cómo funciona esta terapia en la ansiedad en general, la explicación está en qué es la terapia cognitivo-conductual y en la TCC para la ansiedad.

Exposición interoceptiva: provocar a propósito lo que te da miedo

Suena contradictorio. Quien tiene pánico organiza su vida para no sentir el corazón acelerado, y el tratamiento le pide justamente producirlo. La razón es simple: el pánico se sostiene en una regla aprendida (“estas sensaciones son peligrosas”), y esa regla solo se desaprende comprobando, en el cuerpo, que la catástrofe no llega.

Los ejercicios son breves y se repiten muchas veces, primero en sesión y después como tarea. Clark y Beck (2010, pp. 315-316) recogen los más usados: hiperventilar durante un minuto o dos, girar en una silla giratoria, respirar a través de una bombilla delgada, contener la respiración, correr en el lugar, apretar un bajalenguas contra la garganta. Según el estudio de Antony y colaboradores que ellos citan, girar, hiperventilar y respirar por la bombilla son los que producen sensaciones más parecidas a un ataque real; levantar la cabeza rápido o mirar una luz apenas provocan nada. Se hace después de descartar contraindicaciones médicas (embarazo, asma grave, cardiopatía, hipotensión postural), y siempre con un propósito explícito: ver si la interpretación catastrófica se cumple.

Que esta pieza sea la que más importa no es una opinión. Un análisis de componentes de 72 ensayos con 4.064 pacientes desmontó la TCC del pánico para ver qué parte hace el trabajo: la exposición interoceptiva y el formato presencial se asociaron con mayor eficacia y mejor aceptación, mientras que la relajación muscular y la exposición en realidad virtual se asociaron con menor eficacia. La diferencia entre la combinación más eficaz y la menos eficaz, ambas vendidas como “TCC basada en evidencia”, fue una razón de probabilidades de remisión de 7,69 (Pompoli et al., 2018). Dicho en simple: no toda TCC es igual, y la que incluye exposición interoceptiva es la que funciona.

Una pista práctica para el lector: si llevas varias sesiones de “terapia para el pánico” y nunca te han pedido hiperventilar, girar o provocarte mareo, vale la pena preguntar por qué.

¿Y respirar? Por qué la respiración y la relajación ya no son el centro

Es la técnica que aparece en todos los blogs, y tiene su lugar. Pero la evidencia le bajó el rango. El reentrenamiento en respiración nació en los protocolos de los años 80 con la idea de que la hiperventilación causaba el ataque. Hoy se sabe que en muchos ataques reales no hay hiperventilación, y que enseñar a controlar la respiración no añade beneficio. Clark y Beck (2010, pp. 322-323) citan el estudio de Schmidt y colaboradores (2000): a los 12 meses, el 57 % del grupo con TCC sin entrenamiento respiratorio cumplía criterios de recuperación, frente al 37 % del grupo que sí lo recibió. Por eso el manual lo marca como componente “opcional”.

Hay un riesgo más sutil: la respiración controlada puede convertirse en una conducta de seguridad (Clark y Beck, 2010, p. 323). Si respiras lento “para que no me dé”, cada vez que no te da le atribuyes el mérito a la respiración, y la creencia de fondo (“si no lo controlo, colapso”) sale reforzada. Lo mismo ocurre con la relajación muscular, que en el análisis de componentes de Pompoli et al. (2018) se asoció con menor eficacia. Si usas la respiración diafragmática, úsala como forma de bajar el nivel general de activación en el día, no como escudo contra el próximo ataque.

Medicamentos para los ataques de pánico y el trastorno de pánico: cuáles, cuánto tardan, cuánto tiempo

Los antidepresivos ISRS (sertralina, escitalopram, paroxetina, fluoxetina, citalopram) y el IRSN venlafaxina son la primera línea farmacológica para el trastorno de pánico, por su eficacia y por un perfil de efectos adversos más tolerable que el de los antidepresivos antiguos (Szuhany y Simon, 2022; Bighelli et al., 2016). Que se llamen “antidepresivos” confunde a muchos pacientes: en el pánico se usan por su efecto sobre la ansiedad, no porque el diagnóstico sea depresión.

La revisión Cochrane de 2023, un metaanálisis en red de 70 ensayos, encontró que casi todos los fármacos estudiados superan al placebo en respuesta, con poca diferencia entre clases; dentro de los ISRS, paroxetina y fluoxetina tienen evidencia más sólida que sertralina, y los autores advierten que la calidad de los estudios es baja en general (Guaiana et al., 2023). Tres datos prácticos que sí están bien establecidos:

  • Tardan. El efecto de un ISRS se nota en semanas, no en días: el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos advierte que los antidepresivos pueden tardar varias semanas en empezar a funcionar, y que los efectos secundarios de las primeras semanas son la razón habitual para empezar con dosis bajas e ir subiendo.
  • Cuántos mejoran. Con antidepresivos, tratar a 10 personas durante 2 a 6 meses produce una remisión adicional respecto al placebo (NNT de 10) (DeGeorge et al., 2022).
  • Cuánto tiempo. La recomendación es mantenerlos al menos 6 a 12 meses después de mejorar, precisamente para reducir las recaídas (DeGeorge et al., 2022).

Un medicamento lo indica y lo ajusta un médico (general o psiquiatra), no un psicólogo. Lo que el psicólogo sí hace es coordinar con ese médico, sobre todo cuando se combinan tratamientos o cuando llega el momento de retirar la pastilla.

Benzodiacepinas (clonazepam, alprazolam): por qué no son la primera opción

Son los medicamentos que más rápido alivian un ataque. En el metaanálisis en red de Cochrane, diazepam, alprazolam y clonazepam quedaron entre los más eficaces para reducir la frecuencia de ataques, y como los mejor tolerados a corto plazo (Guaiana et al., 2023). Entonces, ¿por qué no empezar por ahí?

Por lo que pasa después. Las guías clínicas coinciden en que las benzodiacepinas no son más eficaces que los antidepresivos, y que aumentan el riesgo de tolerancia, abstinencia y mortalidad, por lo que no deben usarse como primera línea ni a largo plazo (DeGeorge et al., 2022). A eso se suma un problema específico del pánico: una pastilla que apaga el ataque en minutos es la conducta de seguridad perfecta. La persona nunca llega a comprobar que la sensación pasa sola, que es lo que cura.

Esto no significa que estén prohibidas. En una crisis aguda, o mientras el ISRS empieza a actuar, un uso breve y pautado puede tener sentido. Lo que la evidencia desaconseja es el “clonazepam bajo la lengua cuando lo necesite” durante meses. Si ya llevas tiempo tomándolas, no las dejes de golpe: la retirada se hace gradual y con un médico. Hay una guía sobre benzodiacepinas, dosis y retirada en este mismo sitio.

¿Terapia, pastillas o las dos? Cómo elegir

La psicoterapia es tan eficaz como la farmacoterapia para el trastorno de pánico y puede usarse sola o combinada; la combinación probablemente es más eficaz que cualquiera de las dos por separado (DeGeorge et al., 2022). Con un matiz importante que la revisión de JAMA (Szuhany y Simon, 2022) deja claro al resumir los metaanálisis: sumar un antidepresivo a la TCC mejora el resultado frente a TCC más placebo (g de 0,61), pero sumar un ansiolítico como una benzodiacepina a la TCC no aporta nada medible (g de -0,10, no significativo). Y Clark y Beck (2010, p. 326) resumen los grandes ensayos comparativos con una frase: la TCC es al menos tan eficaz como la medicación, y combinar ambas da poca ventaja adicional.

Terapia cognitivo-conductual Antidepresivo (ISRS / IRSN) Combinación
Eficacia en la fase aguda Moderada frente al tratamiento habitual; pequeña a moderada frente a placebo (Papola et al., 2022; Szuhany y Simon, 2022) Pequeña frente a placebo; NNT de 10 para remisión (Szuhany y Simon, 2022; DeGeorge et al., 2022) Probablemente algo mayor que cada una sola (DeGeorge et al., 2022)
Cuándo se nota Desde las primeras semanas, con trabajo activo del paciente En semanas; puede empeorar la inquietud al inicio Como el antidepresivo, con la terapia avanzando en paralelo
Qué pasa al terminar Lo ganado se mantiene en la mayoría; recaídas del 0 % al 14 % en los ensayos con seguimiento (van Dis et al., 2020) Recaída de hasta el 50 % si se retira antes del año (DeGeorge et al., 2022) Depende de si se hizo terapia con exposición real
Conviene especialmente si Quieres una herramienta propia; hay evitación o agorafobia; prefieres no medicarte; estás embarazada o planeas estarlo Hay depresión comórbida importante; los ataques son tan frecuentes que no puedes empezar la terapia; no hay acceso a TCC Cuadro grave o con depresión; ataques muy frecuentes; casos que no respondieron a uno solo
Ojo con Necesita un terapeuta que haga exposición interoceptiva, no solo conversar Efectos secundarios; riesgo de recaída al suspender; no enseña nada Coordinar médico y psicólogo; evitar que la pastilla se vuelva conducta de seguridad

Una regla práctica para orientarse: si puedes empezar terapia con un profesional que trabaje con exposición, empieza por ahí. Si los ataques son diarios, no logras salir de la casa o hay una depresión encima, la medicación puede ser lo que te permita llegar a la terapia. Y si ya estás tomando un ISRS y te va bien, la terapia no compite con él: es lo que te va a permitir dejarlo sin recaer.

¿Qué pasa cuando dejas la medicación?

Es la pregunta que más miedo da, y tiene respuesta medida. Un metaanálisis publicado en el BMJ reunió 28 ensayos con 5.233 pacientes con trastornos de ansiedad que habían respondido a un antidepresivo y fueron asignados al azar a seguir con él o a cambiarlo por placebo. Suspenderlo triplicó la probabilidad de recaer en el año siguiente (razón de probabilidades de 3,11): recayó el 36,4 % de quienes pasaron a placebo frente al 16,4 % de quienes continuaron, y la recaída llegó antes (Batelaan et al., 2017). En el pánico en particular, retirar el antidepresivo antes del año lleva a una recaída en hasta la mitad de los pacientes (DeGeorge et al., 2022).

Eso no quiere decir “para siempre”. Quiere decir que la retirada se planifica: después de 6 a 12 meses estable, de forma gradual, y de preferencia habiendo hecho terapia con exposición mientras tanto. Los autores del BMJ son explícitos en que la falta de datos más allá de un año no es una recomendación de suspender al año, y que la decisión debe mirar el largo plazo (efectos secundarios, preferencias, riesgo de recaída).

Con la TCC la historia es otra. Un metaanálisis de 69 ensayos sobre el efecto a largo plazo de la TCC en los trastornos de ansiedad encontró que en el trastorno de pánico las mejoras se mantienen hasta 12 meses después de terminar el tratamiento, con tasas de recaída de entre el 0 % y el 14 % en los ensayos que las midieron; más allá del año los datos son escasos y el efecto dejó de ser significativo, lo que los autores atribuyen a la falta de estudios largos y de buena calidad (van Dis et al., 2020). Y hay un dato que ayuda a entender por qué la terapia aguanta: la mejor prevención de recaídas, según Clark y Beck (2010, p. 321), es que la persona sea capaz de provocarse a propósito las sensaciones temidas incluso cuando está muy ansiosa. Quien puede hacer eso ya no le teme al ataque.

Cuánto dura el tratamiento y cómo saber si está funcionando

Nadie puede prometer una fecha, pero sí un mapa. Estos plazos salen de los protocolos de TCC (Clark y Beck, 2010) y de las recomendaciones farmacológicas (DeGeorge et al., 2022):

Momento Qué debería estar pasando
Semanas 1 a 3 Ya entiendes tu ciclo de pánico. Empezaron los ejercicios de inducción de síntomas. Si hay medicación, dosis baja y posibles molestias iniciales
Semanas 4 a 8 Los ataques bajan en frecuencia o intensidad. Empiezas a exponerte a situaciones evitadas. El antidepresivo empieza a hacer efecto
Meses 3 a 4 La mayoría de los protocolos de TCC termina aquí (10 a 12 sesiones). Muchas personas llevan semanas sin ataques completos
Meses 4 a 6 Sesiones de refuerzo espaciadas. Plan escrito de qué hacer si vuelve una sensación fuerte
Meses 6 a 12 Si hay antidepresivo, se mantiene hasta aquí como mínimo, y recién entonces se planifica la retirada gradual con el médico

Cómo saber que va bien: los ataques bajan, pero sobre todo cambia tu reacción a las sensaciones. Notar el corazón acelerado y pensar “es taquicardia, ya pasa” en vez de “me voy a morir” es la señal de que el tratamiento está haciendo lo suyo. Volver a hacer cosas que evitabas es la otra.

Cómo saber que no va bien: llevas 8 a 10 sesiones y los ataques siguen igual; en terapia nunca has hecho exposición; dependes de una pastilla de rescate para salir; o la evitación creció. Nada de eso significa que seas “un caso perdido”. Significa que hay que revisar el plan.

Cuando el tratamiento no funciona: qué revisar

Una parte de los pacientes no alcanza la remisión completa con los tratamientos de primera línea (Ziffra, 2021). Antes de concluir que “nada sirve”, conviene revisar cinco cosas:

  • La terapia no incluía exposición. Es el motivo más frecuente. Hablar de la ansiedad, relajarse o “manejar el estrés” no es TCC del pánico (Pompoli et al., 2018).
  • Hay agorafobia que no se está trabajando. La evitación mantiene el miedo aunque los ataques hayan bajado; cuando es marcada, la exposición en vivo tiene que ser el centro del tratamiento (Clark y Beck, 2010, p. 319). La agorafobia se asocia además con mayor gravedad y peor pronóstico (American Psychiatric Association, 2022).
  • Hay una depresión u otro trastorno de ansiedad debajo. Con un 80 % de comorbilidad a lo largo de la vida, es la regla y no la excepción; a veces lo primero que hay que tratar es eso.
  • La benzodiacepina de rescate se volvió el tratamiento. Mientras exista un “por si acaso” en el bolsillo, el cuerpo no aprende que puede solo.
  • Alcohol, cafeína alta o sustancias. Cualquier cosa que produzca sensaciones parecidas al pánico alimenta el ciclo, y el alcohol para “calmar” es una trampa conocida.

Si nada de eso explica el estancamiento, hay segundas líneas farmacológicas (otros antidepresivos como los tricíclicos, o cambiar de ISRS) que evalúa un psiquiatra (Ziffra, 2021; Guaiana et al., 2023). Lo que la evidencia no respalda son el cannabis medicinal ni los suplementos de venta libre, que además tienen riesgos (Ziffra, 2021).

Dónde tratarse en Chile

Si quieres empezar por la terapia, busca un psicólogo que trabaje con terapia cognitivo-conductual y pregúntale directamente si hace exposición interoceptiva. Esa pregunta filtra mucho. En el sistema público, el punto de entrada es el CESFAM que te corresponde, que puede derivarte a psicólogo o a psiquiatra según el caso; en el sistema privado, un psicólogo clínico puede atenderte de forma presencial u online, y coordinar con un médico si hace falta medicación.

Si tienes dudas sobre a quién acudir primero, la diferencia entre ataque de ansiedad y ataque de pánico y la guía sobre qué hacer durante un ataque de ansiedad ayudan a ordenar el cuadro antes de la primera consulta. Y si una crisis te sobrepasa ahora mismo, Salud Responde atiende las 24 horas al 600 360 7777, y la línea *4141 del Ministerio de Salud orienta en salud mental.

Preguntas frecuentes sobre el tratamiento del trastorno de pánico

¿El trastorno de pánico se cura o solo se controla?

En la mayoría de las personas los ataques desaparecen o se vuelven muy ocasionales y dejan de generar miedo. Con TCC, entre el 40 % y el 90 % termina sin ataques (Clark y Beck, 2010). Lo que cambia de verdad es la interpretación de las sensaciones corporales: cuando una taquicardia deja de significar peligro, el trastorno pierde su motor.

¿Cuánto dura el tratamiento del trastorno de pánico?

Un protocolo de TCC toma unas 10 a 12 sesiones (3 a 4 meses), más algunas de refuerzo. Si hay antidepresivo, se recomienda mantenerlo al menos 6 a 12 meses después de mejorar (DeGeorge et al., 2022). Retirarlo antes del año se asocia con recaída en hasta la mitad de los pacientes.

¿Es mejor la terapia o los medicamentos?

Rinden parecido en la fase aguda y la combinación probablemente es algo mejor que cada uno solo (DeGeorge et al., 2022). La diferencia está después: lo aprendido en TCC se mantiene al terminar, mientras que el antidepresivo protege solo mientras se toma. Si puedes acceder a TCC con exposición, suele ser el mejor punto de partida.

¿Se puede tratar el trastorno de pánico sin medicamentos?

Sí. La TCC sola es un tratamiento de primera línea con eficacia comparable a la farmacológica (Papola et al., 2022; Szuhany y Simon, 2022). La medicación se vuelve más necesaria cuando los ataques son muy frecuentes, hay depresión importante o la persona no logra empezar la terapia por la intensidad del cuadro.

¿Qué pasa si dejo el antidepresivo?

Suspenderlo triplica el riesgo de recaída en el año siguiente: 36 % frente a 16 % de quienes continúan, según un metaanálisis de 28 ensayos (Batelaan et al., 2017). Por eso se retira de forma gradual, después de 6 a 12 meses estable, y de preferencia habiendo hecho terapia con exposición durante ese tiempo.

¿El clonazepam sirve para el trastorno de pánico?

Alivia el ataque en minutos y en los ensayos reduce su frecuencia, pero las guías no lo recomiendan como primera línea ni a largo plazo por el riesgo de tolerancia, abstinencia y mortalidad (DeGeorge et al., 2022). En el pánico tiene un costo extra: usado como rescate, impide que la persona compruebe que el ataque pasa solo.

Qué hacer esta semana

Si tienes trastorno de pánico y todavía no estás en tratamiento, el paso concreto es uno: agendar una primera consulta y llegar con dos preguntas anotadas. Al psicólogo, si trabaja con exposición interoceptiva. Al médico, si la medicación que te ofrece es un ISRS y por cuánto tiempo la plantea. Con esas dos respuestas ya puedes tomar una decisión informada.

Si prefieres partir con una evaluación online, puedes agendar una sesión para revisar tu caso, definir si el tratamiento indicado es terapia, medicación o ambos, y armar el plan con los tiempos de esta guía como referencia. Cuanto antes se rompe el ciclo del miedo al miedo, menos vida se lleva.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.

Batelaan, N. M., Bosman, R. C., Muntingh, A., Scholten, W. D., Huijbregts, K. M., & van Balkom, A. J. L. M. (2017). Risk of relapse after antidepressant discontinuation in anxiety disorders, obsessive-compulsive disorder, and post-traumatic stress disorder: Systematic review and meta-analysis of relapse prevention trials. BMJ, 358, j3927. https://doi.org/10.1136/bmj.j3927

Bighelli, I., Trespidi, C., Castellazzi, M., Cipriani, A., Furukawa, T. A., Girlanda, F., Guaiana, G., Koesters, M., & Barbui, C. (2016). Antidepressants and benzodiazepines for panic disorder in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(9), CD011567. https://doi.org/10.1002/14651858.CD011567.pub2

Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. The Guilford Press.

DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35977134/

Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Davies, S. J., Furukawa, T. A., Imai, H., Dias, S., Caldwell, D. M., Koesters, M., Tajika, A., Bighelli, I., Pompoli, A., Cipriani, A., Dawson, S., & Robertson, L. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(11), CD012729. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3

Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

Pompoli, A., Furukawa, T. A., Efthimiou, O., Imai, H., Tajika, A., & Salanti, G. (2018). Dismantling cognitive-behaviour therapy for panic disorder: A systematic review and component network meta-analysis. Psychological Medicine, 48(12), 1945-1953. https://doi.org/10.1017/S0033291717003919

Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

van Dis, E. A. M., van Veen, S. C., Hagenaars, M. A., Batelaan, N. M., Bockting, C. L. H., van den Heuvel, R. M., Cuijpers, P., & Engelhard, I. M. (2020). Long-term outcomes of cognitive behavioral therapy for anxiety-related disorders: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 77(3), 265-273. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.3986

Ziffra, M. (2021). Panic disorder: A review of treatment options. Annals of Clinical Psychiatry, 33(2), 124-133. https://doi.org/10.12788/acp.0014

Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

Conocer más · Agendar una consulta