Ataque de Ansiedad o Ataque de Pánico: Cómo Distinguirlos

Pintura impresionista de una persona reflejada a medias en un espejo junto a dos metronomos, sobre ataque de ansiedad o de panico

Por el equipo editorial de Terapia Online Chile

Estabas en la fila del supermercado, o manejando, o viendo tele en tu casa. De pronto el corazón se disparó, te faltó el aire y pensaste con toda seriedad que te estabas muriendo. Pasó, pero quedaste con la pregunta dando vueltas: ¿eso fue un ataque de pánico, o fue un ataque de ansiedad?

La diferencia entre ataque de ansiedad y ataque de pánico no es un detalle de vocabulario. Cambia lo que conviene hacer después. Y hay algo que casi ningún artículo dice de entrada: de los dos términos, solo uno existe formalmente en los manuales diagnósticos.

Acá vas a encontrar en qué se distinguen de verdad, cuáles son los 13 síntomas que definen el pánico, qué señales apuntan a que hay que descartar antes una causa médica, y una guía interactiva (toma un minuto) para comparar tu propio episodio con los criterios clínicos. Conviene leer lo que viene antes de usarla: sin entender los dos criterios que mandan, el resultado se lee mal.

La respuesta corta

Un ataque de pánico aparece de golpe, llega a su punto máximo en menos de 10 minutos e incluye al menos 4 de 13 síntomas físicos y mentales definidos por el DSM-5-TR. Lo que la gente llama ataque de ansiedad sube de a poco, se sostiene más tiempo y no tiene una definición diagnóstica formal. El pánico es una alarma que estalla; la ansiedad es una marea que sube.

¿Cuál es la diferencia entre un ataque de ansiedad y un ataque de pánico?

La distinción clínica se juega en dos cosas concretas: la curva del tiempo y la ubicación del peligro.

El ataque de pánico es una respuesta de alarma inmediata. Clark y Beck (2010) lo describen como una oleada brusca de miedo intenso acompañada de hiperactivación fisiológica, donde la persona interpreta que una catástrofe (un infarto, un desmayo, volverse loca) está a punto de ocurrir en cuestión de segundos. El peligro se siente ahora.

La ansiedad funciona al revés. Es una emoción orientada al futuro: preocupación sostenida por algo que podría pasar mañana, la semana que viene o nunca. Genera tensión, insomnio y desgaste, pero no estalla en una alarma súbita salvo que aparezca esa lectura catastrófica del cuerpo.

Ese es el punto que ordena todo lo demás. Según el modelo de Clark (1986) sobre el origen cognitivo del pánico90011-2), el estrés acumulado no se convierte en pánico por sí solo. Hace falta un paso más: que la persona interprete una sensación corporal común (una taquicardia, una opresión en el pecho, un mareo al pararse rápido) como la señal de una catástrofe inminente. Esa interpretación dispara más síntomas, que confirman la sospecha, que disparan más síntomas. El círculo se cierra en minutos.

La tabla que resume las diferencias

Ataque de pánico“Ataque de ansiedad”
Cómo empiezaDe golpe, muchas veces sin aviso ni motivo visibleVa subiendo de a poco: minutos, horas o días
Cuánto tarda en llegar a lo peorMenos de 10 minutosSin pico definido; puede sostenerse horas
Cuánto duraSuele ceder entre 5 y 20 minutosPuede durar todo el día o instalarse por semanas
Dónde está el peligroAquí y ahora, dentro del cuerpoEn el futuro, en lo que podría pasar
Qué se temeMorir, desmayarse, perder el controlQue algo salga mal, no dar abasto, fallar
IntensidadMáxima, arrolladoraVariable, de leve a muy alta
¿Está en el DSM-5-TR?Sí, con criterios operativosNo es una categoría diagnóstica formal

¿Es lo mismo un ataque de ansiedad y de pánico?

No, y la asimetría entre los dos términos explica buena parte de la confusión. El ataque de pánico está definido con precisión en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022): inicio abrupto, pico en minutos y un umbral de 4 síntomas sobre 13. El ataque de ansiedad no aparece en ese manual. Es una expresión del lenguaje cotidiano, útil para describir cómo se siente algo, pero imprecisa para decidir qué hacer.

Cuando alguien dice “me dio un ataque de ansiedad”, clínicamente suele estar describiendo una de estas cuatro cosas:

  • Un episodio de ansiedad aguda: un alza brusca de aprensión y tensión que no llega al umbral del pánico.
  • Un ataque de síntomas limitados (paucisintomático): el mismo fenómeno del pánico, con la misma curva súbita, pero con 1 a 3 síntomas en vez de 4 o más.
  • Una escalada de aprensión ansiosa: preocupación rumiante que se acumula hasta un pico agudo de malestar.
  • Una expresión cultural del malestar, como el “ataque de nervios” descrito en poblaciones latinas, que se parece al pánico pero puede incluir llanto, gritos o caídas.

Que el término no sea diagnóstico no significa que la experiencia sea menos real. Significa que “ataque de ansiedad” describe un grupo de fenómenos distintos, y cada uno se aborda distinto.

Los 13 síntomas que definen un ataque de pánico

El DSM-5-TR fija una lista cerrada. Para hablar de ataque de pánico se necesitan 4 o más de estos, con inicio brusco y máximo en menos de 10 minutos:

  1. Palpitaciones o corazón acelerado
  2. Sudoración
  3. Temblores o sacudidas
  4. Sensación de falta de aire o de ahogo
  5. Sensación de atragantarse
  6. Dolor u opresión en el pecho
  7. Náuseas o malestar abdominal
  8. Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo
  9. Escalofríos o sensación de calor
  10. Hormigueo o entumecimiento
  11. Sensación de irrealidad o de estar separado del propio cuerpo
  12. Miedo a perder el control o a volverse loco
  13. Miedo a morir

Buena parte de esta lista se explica por un mecanismo bastante prosaico: la hiperventilación. Al respirar más rápido de lo necesario se elimina demasiado dióxido de carbono, y esa caída de CO2 produce por sí sola mareo, hormigueo, opresión en el pecho y debilidad. El detalle cruel es que también genera sensación de asfixia, lo que hace respirar todavía más rápido. Muchos de los síntomas que la persona lee como prueba de que se está muriendo son, en realidad, la consecuencia de cómo está respirando.

Si marcaste menos de 4 síntomas, no quedas fuera de nada. Clark y Beck (2010) advierten que fijarse solo en las crisis completas oculta el malestar real de quien las vive: las crisis paucisintomáticas funcionan igual y se intercalan con las completas.

Compara tu episodio con los criterios clínicos

Ya tienes los dos criterios que mandan: cómo empezó y cuánto tardó en llegar a lo peor. Esta guía las cruza con los 13 síntomas y con las señales que obligan a mirar primero al cuerpo. No entrega un puntaje ni un diagnóstico. Responde con calma, pensando en el episodio más reciente, y no hay respuestas trampa.

¿Fue un ataque de pánico o una escalada de ansiedad?

Esta guía compara lo que viviste con los criterios del ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). Toma un minuto. No entrega un puntaje ni un diagnóstico: solo te dice a cuál de los dos cuadros se parece tu episodio.

1. ¿Cómo empezó?
2. ¿Cuánto tardó en llegar a lo peor?
3. ¿Cuáles de estos sentiste durante el episodio?

Marca todos los que reconozcas. Son los 13 síntomas que define el DSM-5-TR.

4. ¿Ocurrió alguna de estas cosas?

Si marcas alguna, lo primero es descartar una causa médica. Si no ocurrió ninguna, deja todo sin marcar.

5. ¿Es la primera vez?

Falta responder las preguntas 1, 2 y 5 para poder comparar.

Orientación educativa basada en los criterios de ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). No es un diagnóstico ni reemplaza una evaluación profesional: el diagnóstico de trastorno de pánico lo hace un clínico en entrevista, descartando antes causas médicas.

¿Y si no fue ninguno de los dos?

Acá hay algo que los artículos de comparación suelen saltarse, y es lo más importante de todo el texto. Varias condiciones médicas producen episodios que se parecen mucho a un ataque de pánico. El DSM-5-TR nombra explícitamente el hipertiroidismo, el hiperparatiroidismo, el feocromocitoma, los trastornos vestibulares, las crisis convulsivas y los cuadros cardiopulmonares como arritmias, taquicardia supraventricular, asma y EPOC.

Una revisión sobre trastornos de ansiedad publicada en JAMA señala que síntomas como palpitaciones, molestias torácicas, falta de aire o mareo pueden requerir examen físico y electrocardiograma para descartar asma, arritmias e hipertiroidismo antes de atribuirlos a la ansiedad (Szuhany & Simon, 2022).

Hay señales que inclinan la balanza hacia una causa médica y que conviene mencionarle al médico tal cual:

  • El primer episodio aparece después de los 45 años
  • Vértigo real, la sensación de que todo gira
  • Pérdida de conciencia
  • Pérdida del control de esfínteres
  • Habla trabada o arrastrada
  • No recordar parte de lo ocurrido

Ninguna de esas cosas es típica de un ataque de pánico. Si alguna ocurrió, el orden correcto se invierte: primero la evaluación médica, después la conversación sobre ansiedad.

Tener una crisis no es tener un trastorno

Esta confusión hace sufrir a mucha gente sin necesidad. Las crisis de pánico aisladas son bastante comunes en población general: más de un tercio de los adultos jóvenes sin diagnóstico psiquiátrico vive al menos un ataque de pánico en el curso de un año (Clark & Beck, 2010).

El trastorno de pánico es otra cosa y exige criterios bastante más estrictos: al menos dos ataques inesperados, seguidos de un mes o más en que la persona vive preocupada por que se repitan, teme sus consecuencias, o cambia su conducta para evitarlos.

Fíjate en dónde está el corte. No lo define la cantidad de crisis ni lo espantosas que sean, sino el mes de miedo a que vuelvan. Ese es el momento en que la crisis deja de ser un episodio y se convierte en un problema que se sostiene solo.

El mecanismo que lo sostiene tiene nombre: las conductas de seguridad. Cargar siempre un ansiolítico, tomarse el pulso, sentarse apenas se nota un latido fuerte, no salir sin compañía. Alivian en el momento, y ese alivio es justamente la trampa: la persona termina atribuyendo el no haberse muerto a la maniobra que hizo, y nunca llega a comprobar que esas sensaciones eran inofensivas por su cuenta. La creencia de peligro queda intacta. Algo parecido pasa con la evitación: dejar de ir al metro, al mall o al supermercado protege hoy y encoge la vida a mediano plazo, que es como se abre la puerta a la agorafobia y al trastorno de pánico propiamente tal.

Qué hacer mientras estás en medio de una crisis

Lo que la evidencia respalda va bastante a contramano de la intuición.

Deja de pelear con las sensaciones. Suena raro, pero apurar que se vayan es lo que las alarga. Permitirles estar ahí funciona mejor. Son extremadamente incómodas y no son peligrosas: no van a causar un infarto ni locura, por muy convincente que se sienta lo contrario.

No escapes si puedes evitarlo. Si la crisis te agarra en una situación cotidiana, quedarte es lo que enseña a tu sistema que el lugar no era el problema. Si el malestar es insoportable y necesitas salir, sal, pero quédate cerca y vuelve apenas puedas.

Suelta las muletas. Revisar el pulso, buscar que alguien te confirme que estás bien, salir corriendo al servicio de urgencia por un episodio ya conocido. Cada una de esas maniobras compra calma inmediata y refuerza la idea de que sin ellas algo terrible habría pasado.

Saca el foco de adentro. Durante el pánico la atención se pega a las señales del cuerpo y las amplifica. Devolverla al entorno, con suavidad y sin exigirte, corta esa lupa.

Sobre la respiración vale un matiz que rara vez se menciona. Respirar lento ayuda a bajar la activación, pero si se transforma en la técnica que usas para escapar del miedo, pasa a ser una conducta de seguridad más y sabotea el aprendizaje. Úsala como una herramienta más, no como el salvavidas del que dependes.

¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

Cuatro señales bastan para justificar una consulta, sin esperar a que la cosa empeore:

  • Interfiere con tu vida. El miedo anticipatorio o la evitación empiezan a afectar tu trabajo, tus estudios o tus relaciones.
  • Se sostiene en el tiempo. La preocupación se mantiene la mayor parte de los días y cuesta controlarla.
  • Las falsas alarmas se repiten. Tienes crisis inesperadas con frecuencia, sin amenaza real a la vista.
  • Cambiaste tu rutina. Dejaste de hacer cosas que antes hacías sin problema para no arriesgarte a otra crisis.

La noticia buena es concreta. Un metaanálisis en red de 136 ensayos clínicos publicado en el British Journal of Psychiatry ubicó a la terapia cognitivo-conductual como una de las opciones de primera línea más razonables para el trastorno de pánico, con una diferencia media estandarizada de -0,67 frente al tratamiento habitual (Papola et al., 2022). Cuando se requiere apoyo farmacológico, una revisión Cochrane de tratamientos farmacológicos para el pánico respalda a los antidepresivos ISRS como opción de primera línea (Guaiana et al., 2023).

Vale la pena decir por qué insistir con esto. Una guía clínica sobre ansiedad generalizada y trastorno de pánico en adultos consigna que buena parte de las personas con trastornos de ansiedad no recibe diagnóstico correcto, y una proporción importante nunca llega a tratarse (DeGeorge et al., 2022). No es que no haya tratamiento. Es que muchos no llegan a él.

El tratamiento del pánico, además, es específico. Se trabaja sobre la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales, con exposición interoceptiva: provocar a propósito taquicardia o mareo en un contexto seguro para comprobar que no pasa nada. Eso es distinto de lo que se hace en trastorno de ansiedad generalizada, donde el foco está en la preocupación y en las creencias sobre preocuparse. Por eso importa saber cuál de los dos tienes enfrente.

Preguntas frecuentes

¿Un ataque de ansiedad y una crisis de angustia son lo mismo?

“Crisis de angustia” es la traducción clásica al español de panic attack, y en textos clínicos equivale a ataque de pánico, no a ataque de ansiedad. En el habla cotidiana los tres términos se mezclan. Si quieres precisión, fíjate en la curva: inicio brusco con pico en minutos apunta a pánico.

¿Cuánto dura un ataque de pánico?

Suele alcanzar su punto máximo en menos de 10 minutos y ceder entre 5 y 20 minutos. El malestar general, el cansancio y la sensación de estar “raro” pueden prolongarse bastante después de que la crisis pasó. Si un episodio intenso dura horas sin bajar, probablemente no sea un ataque de pánico.

¿Un ataque de pánico puede matarme o hacerme perder la razón?

No. Es la pregunta más frecuente y la respuesta es clara: los síntomas son consecuencia de una activación de alarma y de la hiperventilación, no de una falla cardíaca ni de un quiebre psicótico. Se siente como una emergencia médica sin serlo, y esa contradicción es justamente lo que lo hace tan aterrador.

¿Puedo tener un ataque de pánico mientras duermo?

Sí. Los ataques nocturnos despiertan a la persona desde el sueño con la misma oleada de síntomas físicos, sin que exista ningún pensamiento previo. Suelen asustar más porque no hay ningún desencadenante a la vista. Siguen la misma lógica y responden al mismo tratamiento.

¿Qué pasa si tuve solo un ataque de pánico en mi vida?

Un episodio aislado es más común de lo que parece y por sí solo no configura ningún trastorno. Más de un tercio de los adultos jóvenes vive uno en el curso de un año. Lo que marca la diferencia es lo que viene después: si aparece un mes de miedo a que se repita, conviene consultar.

¿Cómo sé si tengo que ir a urgencias?

Si es tu primera crisis, si empezó después de los 45 años, o si hubo desmayo, vértigo intenso, habla trabada o pérdida de memoria, hazte revisar. Ante dolor de pecho por primera vez, la consulta médica es lo prudente. Con crisis ya evaluadas y conocidas, ir a urgencias cada vez suele funcionar como conducta de seguridad.

Con qué quedarte

Si tu episodio arrancó de golpe y llegó a su peor momento en minutos, con el cuerpo gritando que algo terrible estaba pasando, eso se parece a un ataque de pánico. Si fue una marea que subió durante horas o días de tensión, se parece más a lo que llamamos ataque de ansiedad. Y si aparecieron desmayos, vértigo o lagunas de memoria, lo primero es descartar una causa médica.

En los tres casos hay algo que hacer, y ninguno mejora solo por aguantar más tiempo. Si las crisis se están repitiendo, o si ya cambiaste tu rutina para que no vuelvan a pasar, ese es el momento de pedir hora. El trastorno de pánico es de los cuadros que mejor responden a tratamiento cuando se aborda con las herramientas correctas.

Agenda una primera sesión y conversemos sobre lo que estás viviendo.

Referencias

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. The Guilford Press.

Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461-470. https://doi.org/10.1016/0005-7967(86)90011-2

DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35977134/

Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Davies, S. J., Furukawa, T. A., Imai, H., Dias, S., Caldwell, D. M., Koesters, M., Kikkawa, T., Bighelli, I., Cipriani, A., & Cowen, P. J. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(11), CD012729. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3

Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

Ruiz, M. Á., Díaz, M. I., & Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.

Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.

Sobre este contenido

Revisado por el equipo clínico de Terapia Online Chile, psicólogos clínicos con práctica en atención de adultos. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación clínica individual. Los criterios diagnósticos citados provienen del DSM-5-TR y toda afirmación clínica está referenciada a su fuente en el apartado de Referencias. Última actualización: septiembre de 2026.

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.