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    Ataque de Ansiedad o Ataque de Pánico: Cómo Distinguirlos

    Por el equipo editorial de Terapia Online Chile

    Estabas en la fila del supermercado, o manejando, o viendo tele en tu casa. De pronto el corazón se disparó, te faltó el aire y pensaste con toda seriedad que te estabas muriendo. Pasó, pero quedaste con la pregunta dando vueltas: ¿eso fue un ataque de pánico, o fue un ataque de ansiedad?

    La diferencia entre ataque de ansiedad y ataque de pánico no es un detalle de vocabulario. Cambia lo que conviene hacer después. Y hay algo que casi ningún artículo dice de entrada: de los dos términos, solo uno existe formalmente en los manuales diagnósticos.

    Acá vas a encontrar en qué se distinguen de verdad, cuáles son los 13 síntomas que definen el pánico, qué señales apuntan a que hay que descartar antes una causa médica, y una guía interactiva (toma un minuto) para comparar tu propio episodio con los criterios clínicos. Conviene leer lo que viene antes de usarla: sin entender los dos criterios que mandan, el resultado se lee mal.

    La respuesta corta

    Un ataque de pánico aparece de golpe, llega a su punto máximo en menos de 10 minutos e incluye al menos 4 de 13 síntomas físicos y mentales definidos por el DSM-5-TR. Lo que la gente llama ataque de ansiedad sube de a poco, se sostiene más tiempo y no tiene una definición diagnóstica formal. El pánico es una alarma que estalla; la ansiedad es una marea que sube.

    ¿Cuál es la diferencia entre un ataque de ansiedad y un ataque de pánico?

    La distinción clínica se juega en dos cosas concretas: la curva del tiempo y la ubicación del peligro.

    El ataque de pánico es una respuesta de alarma inmediata. Clark y Beck (2010) lo describen como una oleada brusca de miedo intenso acompañada de hiperactivación fisiológica, donde la persona interpreta que una catástrofe (un infarto, un desmayo, volverse loca) está a punto de ocurrir en cuestión de segundos. El peligro se siente ahora.

    La ansiedad funciona al revés. Es una emoción orientada al futuro: preocupación sostenida por algo que podría pasar mañana, la semana que viene o nunca. Genera tensión, insomnio y desgaste, pero no estalla en una alarma súbita salvo que aparezca esa lectura catastrófica del cuerpo.

    Ese es el punto que ordena todo lo demás. Según el modelo de Clark (1986) sobre el origen cognitivo del pánico90011-2), el estrés acumulado no se convierte en pánico por sí solo. Hace falta un paso más: que la persona interprete una sensación corporal común (una taquicardia, una opresión en el pecho, un mareo al pararse rápido) como la señal de una catástrofe inminente. Esa interpretación dispara más síntomas, que confirman la sospecha, que disparan más síntomas. El círculo se cierra en minutos.

    La tabla que resume las diferencias

    Ataque de pánico“Ataque de ansiedad”
    Cómo empiezaDe golpe, muchas veces sin aviso ni motivo visibleVa subiendo de a poco: minutos, horas o días
    Cuánto tarda en llegar a lo peorMenos de 10 minutosSin pico definido; puede sostenerse horas
    Cuánto duraSuele ceder entre 5 y 20 minutosPuede durar todo el día o instalarse por semanas
    Dónde está el peligroAquí y ahora, dentro del cuerpoEn el futuro, en lo que podría pasar
    Qué se temeMorir, desmayarse, perder el controlQue algo salga mal, no dar abasto, fallar
    IntensidadMáxima, arrolladoraVariable, de leve a muy alta
    ¿Está en el DSM-5-TR?Sí, con criterios operativosNo es una categoría diagnóstica formal

    ¿Es lo mismo un ataque de ansiedad y de pánico?

    No, y la asimetría entre los dos términos explica buena parte de la confusión. El ataque de pánico está definido con precisión en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022): inicio abrupto, pico en minutos y un umbral de 4 síntomas sobre 13. El ataque de ansiedad no aparece en ese manual. Es una expresión del lenguaje cotidiano, útil para describir cómo se siente algo, pero imprecisa para decidir qué hacer.

    Cuando alguien dice “me dio un ataque de ansiedad”, clínicamente suele estar describiendo una de estas cuatro cosas:

    • Un episodio de ansiedad aguda: un alza brusca de aprensión y tensión que no llega al umbral del pánico.
    • Un ataque de síntomas limitados (paucisintomático): el mismo fenómeno del pánico, con la misma curva súbita, pero con 1 a 3 síntomas en vez de 4 o más.
    • Una escalada de aprensión ansiosa: preocupación rumiante que se acumula hasta un pico agudo de malestar.
    • Una expresión cultural del malestar, como el “ataque de nervios” descrito en poblaciones latinas, que se parece al pánico pero puede incluir llanto, gritos o caídas.

    Que el término no sea diagnóstico no significa que la experiencia sea menos real. Significa que “ataque de ansiedad” describe un grupo de fenómenos distintos, y cada uno se aborda distinto.

    Los 13 síntomas que definen un ataque de pánico

    El DSM-5-TR fija una lista cerrada. Para hablar de ataque de pánico se necesitan 4 o más de estos, con inicio brusco y máximo en menos de 10 minutos:

    1. Palpitaciones o corazón acelerado
    2. Sudoración
    3. Temblores o sacudidas
    4. Sensación de falta de aire o de ahogo
    5. Sensación de atragantarse
    6. Dolor u opresión en el pecho
    7. Náuseas o malestar abdominal
    8. Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo
    9. Escalofríos o sensación de calor
    10. Hormigueo o entumecimiento
    11. Sensación de irrealidad o de estar separado del propio cuerpo
    12. Miedo a perder el control o a volverse loco
    13. Miedo a morir

    Buena parte de esta lista se explica por un mecanismo bastante prosaico: la hiperventilación. Al respirar más rápido de lo necesario se elimina demasiado dióxido de carbono, y esa caída de CO2 produce por sí sola mareo, hormigueo, opresión en el pecho y debilidad. El detalle cruel es que también genera sensación de asfixia, lo que hace respirar todavía más rápido. Muchos de los síntomas que la persona lee como prueba de que se está muriendo son, en realidad, la consecuencia de cómo está respirando.

    Si marcaste menos de 4 síntomas, no quedas fuera de nada. Clark y Beck (2010) advierten que fijarse solo en las crisis completas oculta el malestar real de quien las vive: las crisis paucisintomáticas funcionan igual y se intercalan con las completas.

    Compara tu episodio con los criterios clínicos

    Ya tienes los dos criterios que mandan: cómo empezó y cuánto tardó en llegar a lo peor. Esta guía las cruza con los 13 síntomas y con las señales que obligan a mirar primero al cuerpo. No entrega un puntaje ni un diagnóstico. Responde con calma, pensando en el episodio más reciente, y no hay respuestas trampa.

    ¿Fue un ataque de pánico o una escalada de ansiedad?

    Esta guía compara lo que viviste con los criterios del ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). Toma un minuto. No entrega un puntaje ni un diagnóstico: solo te dice a cuál de los dos cuadros se parece tu episodio.

    1. ¿Cómo empezó?
    2. ¿Cuánto tardó en llegar a lo peor?
    3. ¿Cuáles de estos sentiste durante el episodio?

    Marca todos los que reconozcas. Son los 13 síntomas que define el DSM-5-TR.

    4. ¿Ocurrió alguna de estas cosas?

    Si marcas alguna, lo primero es descartar una causa médica. Si no ocurrió ninguna, deja todo sin marcar.

    5. ¿Es la primera vez?

    Falta responder las preguntas 1, 2 y 5 para poder comparar.

    Orientación educativa basada en los criterios de ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). No es un diagnóstico ni reemplaza una evaluación profesional: el diagnóstico de trastorno de pánico lo hace un clínico en entrevista, descartando antes causas médicas.

    ¿Y si no fue ninguno de los dos?

    Acá hay algo que los artículos de comparación suelen saltarse, y es lo más importante de todo el texto. Varias condiciones médicas producen episodios que se parecen mucho a un ataque de pánico. El DSM-5-TR nombra explícitamente el hipertiroidismo, el hiperparatiroidismo, el feocromocitoma, los trastornos vestibulares, las crisis convulsivas y los cuadros cardiopulmonares como arritmias, taquicardia supraventricular, asma y EPOC.

    Una revisión sobre trastornos de ansiedad publicada en JAMA señala que síntomas como palpitaciones, molestias torácicas, falta de aire o mareo pueden requerir examen físico y electrocardiograma para descartar asma, arritmias e hipertiroidismo antes de atribuirlos a la ansiedad (Szuhany & Simon, 2022).

    Hay señales que inclinan la balanza hacia una causa médica y que conviene mencionarle al médico tal cual:

    • El primer episodio aparece después de los 45 años
    • Vértigo real, la sensación de que todo gira
    • Pérdida de conciencia
    • Pérdida del control de esfínteres
    • Habla trabada o arrastrada
    • No recordar parte de lo ocurrido

    Ninguna de esas cosas es típica de un ataque de pánico. Si alguna ocurrió, el orden correcto se invierte: primero la evaluación médica, después la conversación sobre ansiedad.

    Tener una crisis no es tener un trastorno

    Esta confusión hace sufrir a mucha gente sin necesidad. Las crisis de pánico aisladas son bastante comunes en población general: más de un tercio de los adultos jóvenes sin diagnóstico psiquiátrico vive al menos un ataque de pánico en el curso de un año (Clark & Beck, 2010).

    El trastorno de pánico es otra cosa y exige criterios bastante más estrictos: al menos dos ataques inesperados, seguidos de un mes o más en que la persona vive preocupada por que se repitan, teme sus consecuencias, o cambia su conducta para evitarlos.

    Fíjate en dónde está el corte. No lo define la cantidad de crisis ni lo espantosas que sean, sino el mes de miedo a que vuelvan. Ese es el momento en que la crisis deja de ser un episodio y se convierte en un problema que se sostiene solo.

    El mecanismo que lo sostiene tiene nombre: las conductas de seguridad. Cargar siempre un ansiolítico, tomarse el pulso, sentarse apenas se nota un latido fuerte, no salir sin compañía. Alivian en el momento, y ese alivio es justamente la trampa: la persona termina atribuyendo el no haberse muerto a la maniobra que hizo, y nunca llega a comprobar que esas sensaciones eran inofensivas por su cuenta. La creencia de peligro queda intacta. Algo parecido pasa con la evitación: dejar de ir al metro, al mall o al supermercado protege hoy y encoge la vida a mediano plazo, que es como se abre la puerta a la agorafobia y al trastorno de pánico propiamente tal.

    Qué hacer mientras estás en medio de una crisis

    Lo que la evidencia respalda va bastante a contramano de la intuición.

    Deja de pelear con las sensaciones. Suena raro, pero apurar que se vayan es lo que las alarga. Permitirles estar ahí funciona mejor. Son extremadamente incómodas y no son peligrosas: no van a causar un infarto ni locura, por muy convincente que se sienta lo contrario.

    No escapes si puedes evitarlo. Si la crisis te agarra en una situación cotidiana, quedarte es lo que enseña a tu sistema que el lugar no era el problema. Si el malestar es insoportable y necesitas salir, sal, pero quédate cerca y vuelve apenas puedas.

    Suelta las muletas. Revisar el pulso, buscar que alguien te confirme que estás bien, salir corriendo al servicio de urgencia por un episodio ya conocido. Cada una de esas maniobras compra calma inmediata y refuerza la idea de que sin ellas algo terrible habría pasado.

    Saca el foco de adentro. Durante el pánico la atención se pega a las señales del cuerpo y las amplifica. Devolverla al entorno, con suavidad y sin exigirte, corta esa lupa.

    Sobre la respiración vale un matiz que rara vez se menciona. Respirar lento ayuda a bajar la activación, pero si se transforma en la técnica que usas para escapar del miedo, pasa a ser una conducta de seguridad más y sabotea el aprendizaje. Úsala como una herramienta más, no como el salvavidas del que dependes.

    ¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

    Cuatro señales bastan para justificar una consulta, sin esperar a que la cosa empeore:

    • Interfiere con tu vida. El miedo anticipatorio o la evitación empiezan a afectar tu trabajo, tus estudios o tus relaciones.
    • Se sostiene en el tiempo. La preocupación se mantiene la mayor parte de los días y cuesta controlarla.
    • Las falsas alarmas se repiten. Tienes crisis inesperadas con frecuencia, sin amenaza real a la vista.
    • Cambiaste tu rutina. Dejaste de hacer cosas que antes hacías sin problema para no arriesgarte a otra crisis.

    La noticia buena es concreta. Un metaanálisis en red de 136 ensayos clínicos publicado en el British Journal of Psychiatry ubicó a la terapia cognitivo-conductual como una de las opciones de primera línea más razonables para el trastorno de pánico, con una diferencia media estandarizada de -0,67 frente al tratamiento habitual (Papola et al., 2022). Cuando se requiere apoyo farmacológico, una revisión Cochrane de tratamientos farmacológicos para el pánico respalda a los antidepresivos ISRS como opción de primera línea (Guaiana et al., 2023).

    Vale la pena decir por qué insistir con esto. Una guía clínica sobre ansiedad generalizada y trastorno de pánico en adultos consigna que buena parte de las personas con trastornos de ansiedad no recibe diagnóstico correcto, y una proporción importante nunca llega a tratarse (DeGeorge et al., 2022). No es que no haya tratamiento. Es que muchos no llegan a él.

    El tratamiento del pánico, además, es específico. Se trabaja sobre la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales, con exposición interoceptiva: provocar a propósito taquicardia o mareo en un contexto seguro para comprobar que no pasa nada. Eso es distinto de lo que se hace en trastorno de ansiedad generalizada, donde el foco está en la preocupación y en las creencias sobre preocuparse. Por eso importa saber cuál de los dos tienes enfrente.

    Preguntas frecuentes

    ¿Un ataque de ansiedad y una crisis de angustia son lo mismo?

    “Crisis de angustia” es la traducción clásica al español de panic attack, y en textos clínicos equivale a ataque de pánico, no a ataque de ansiedad. En el habla cotidiana los tres términos se mezclan. Si quieres precisión, fíjate en la curva: inicio brusco con pico en minutos apunta a pánico.

    ¿Cuánto dura un ataque de pánico?

    Suele alcanzar su punto máximo en menos de 10 minutos y ceder entre 5 y 20 minutos. El malestar general, el cansancio y la sensación de estar “raro” pueden prolongarse bastante después de que la crisis pasó. Si un episodio intenso dura horas sin bajar, probablemente no sea un ataque de pánico.

    ¿Un ataque de pánico puede matarme o hacerme perder la razón?

    No. Es la pregunta más frecuente y la respuesta es clara: los síntomas son consecuencia de una activación de alarma y de la hiperventilación, no de una falla cardíaca ni de un quiebre psicótico. Se siente como una emergencia médica sin serlo, y esa contradicción es justamente lo que lo hace tan aterrador.

    ¿Puedo tener un ataque de pánico mientras duermo?

    Sí. Los ataques nocturnos despiertan a la persona desde el sueño con la misma oleada de síntomas físicos, sin que exista ningún pensamiento previo. Suelen asustar más porque no hay ningún desencadenante a la vista. Siguen la misma lógica y responden al mismo tratamiento.

    ¿Qué pasa si tuve solo un ataque de pánico en mi vida?

    Un episodio aislado es más común de lo que parece y por sí solo no configura ningún trastorno. Más de un tercio de los adultos jóvenes vive uno en el curso de un año. Lo que marca la diferencia es lo que viene después: si aparece un mes de miedo a que se repita, conviene consultar.

    ¿Cómo sé si tengo que ir a urgencias?

    Si es tu primera crisis, si empezó después de los 45 años, o si hubo desmayo, vértigo intenso, habla trabada o pérdida de memoria, hazte revisar. Ante dolor de pecho por primera vez, la consulta médica es lo prudente. Con crisis ya evaluadas y conocidas, ir a urgencias cada vez suele funcionar como conducta de seguridad.

    Con qué quedarte

    Si tu episodio arrancó de golpe y llegó a su peor momento en minutos, con el cuerpo gritando que algo terrible estaba pasando, eso se parece a un ataque de pánico. Si fue una marea que subió durante horas o días de tensión, se parece más a lo que llamamos ataque de ansiedad. Y si aparecieron desmayos, vértigo o lagunas de memoria, lo primero es descartar una causa médica.

    En los tres casos hay algo que hacer, y ninguno mejora solo por aguantar más tiempo. Si las crisis se están repitiendo, o si ya cambiaste tu rutina para que no vuelvan a pasar, ese es el momento de pedir hora. El trastorno de pánico es de los cuadros que mejor responden a tratamiento cuando se aborda con las herramientas correctas.

    Agenda una primera sesión y conversemos sobre lo que estás viviendo.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. The Guilford Press.

    Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461-470. https://doi.org/10.1016/0005-7967(86)90011-2

    DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35977134/

    Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Davies, S. J., Furukawa, T. A., Imai, H., Dias, S., Caldwell, D. M., Koesters, M., Kikkawa, T., Bighelli, I., Cipriani, A., & Cowen, P. J. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(11), CD012729. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

    Ruiz, M. Á., Díaz, M. I., & Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Sobre este contenido

    Revisado por el equipo clínico de Terapia Online Chile, psicólogos clínicos con práctica en atención de adultos. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación clínica individual. Los criterios diagnósticos citados provienen del DSM-5-TR y toda afirmación clínica está referenciada a su fuente en el apartado de Referencias. Última actualización: septiembre de 2026.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Agorafobia: Qué Es, Síntomas y Tratamiento con Evidencia

    Agorafobia: Qué Es, Síntomas y Tratamiento con Evidencia

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Subes al metro y, antes de que cierren las puertas, ya estás buscando la salida. En el supermercado eliges una fila cercana al pasillo. Si vas lejos de casa, necesitas saber quién podría acompañarte. A veces el problema se nota. Otras veces parece que tu vida simplemente se fue achicando.

    Si llegaste buscando agorafobia qué es, la respuesta no es “miedo a los espacios abiertos”. La agorafobia es el miedo intenso a estar en situaciones donde escapar podría ser difícil o donde sientes que no recibirías ayuda si aparece pánico, mareo, desmayo u otro síntoma que te asusta. Tiene tratamiento, y la recuperación no exige lanzarte de golpe a lo que más temes.

    Respuesta corta: agorafobia, qué es y cómo se trata

    La agorafobia es un trastorno de ansiedad en el que temes y evitas situaciones porque anticipas que sería difícil salir o recibir ayuda. Puede incluir transporte público, multitudes, filas, espacios abiertos o cerrados y salir sin compañía. El tratamiento con más respaldo es la terapia cognitivo conductual, especialmente la exposición gradual y planificada.

    ¿Qué es la agorafobia realmente?

    La agorafobia es un miedo persistente ligado a la sensación de quedar atrapado, perder el control o no contar con ayuda. El centro del problema no es el lugar. Es lo que la persona cree que podría ocurrir allí y la dificultad que imagina para ponerse a salvo.

    Por eso dos lugares que parecen opuestos pueden provocar el mismo temor. Un puente amplio y un ascensor pequeño comparten algo: salir rápido puede parecer complicado. Lo mismo pasa en un bus lleno, una fila, un cine, una autopista o una plaza lejos de casa.

    Los sistemas diagnósticos actuales la separan del trastorno de pánico. Puedes tener agorafobia con ataques de pánico, pero también sin ellos. La revisión clínica de los trastornos de ansiedad publicada en JAMA subraya que estos cuadros suelen volverse crónicos y afectar el trabajo, las relaciones y la calidad de vida cuando no se reconocen y tratan (Szuhany & Simon, 2022).

    ¿Cuáles son los síntomas de la agorafobia?

    Los síntomas de agorafobia combinan miedo anticipatorio, sensaciones físicas y cambios de conducta. La señal más reveladora suele ser la evitación: dejas de ir, acortas el recorrido, necesitas compañía o soportas la situación con un malestar intenso.

    Las situaciones temidas suelen incluir dos o más de estas categorías:

    • Usar metro, bus, tren, avión u otro transporte público.
    • Estar en espacios abiertos, como puentes, estacionamientos o plazas.
    • Permanecer en lugares cerrados, como cines, ascensores o tiendas.
    • Hacer una fila o estar en una multitud.
    • Salir de casa sin compañía.

    El miedo puede ser a desmayarte, vomitar, perder el control, no encontrar un baño, tener síntomas de pánico o sentirte expuesto sin una salida rápida. La descripción clínica de Mayo Clinic recoge esas cinco situaciones y señala que el miedo, la evitación y el deterioro suelen mantenerse durante seis meses o más.

    También pueden aparecer palpitaciones, respiración rápida, presión en el pecho, sudoración, temblor, mareo, náuseas, hormigueo o sensación de irrealidad. Esos síntomas no prueban por sí solos que haya agorafobia. Importa el patrón completo: qué anticipas, qué evitas y cuánto limita tu vida.

    ¿Agorafobia es lo mismo que miedo a salir de casa?

    No exactamente. El miedo a salir de casa puede ser una consecuencia grave de la agorafobia, pero no la define por sí solo. Algunas personas salen con normalidad si van acompañadas, conducen su propio auto o conocen una ruta de escape. Otras pueden salir del barrio, pero evitan el metro, las filas o los lugares alejados de atención médica.

    También hay otros motivos para dejar de salir: depresión, ansiedad social, trauma, una enfermedad física, miedo a caer, dolor, dificultades de movilidad o una amenaza real en el entorno. Una evaluación clínica no parte de la etiqueta. Parte de la pregunta “¿qué temes que ocurra si sales y qué haces para impedirlo?”.

    ¿Cómo se forma el círculo de evitación?

    La evitación alivia la ansiedad en el momento, y justo por eso se vuelve una trampa. Cada escape le enseña al cerebro que el lugar era peligroso y que salir de allí te salvó. La próxima vez, la alarma aparece antes y pide más condiciones para sentir seguridad.

    El circuito suele verse así:

    1. Anticipas una situación, por ejemplo viajar en metro.
    2. Notas una sensación corporal, como mareo o taquicardia.
    3. La interpretas como señal de desmayo, pérdida de control o peligro.
    4. Escapas, cancelas la salida o buscas compañía inmediata.
    5. La ansiedad baja y el escape queda reforzado.

    Con el tiempo aparecen las conductas de seguridad: sentarte junto a la puerta, llevar medicamentos “por si acaso”, revisar hospitales cercanos, llamar durante todo el trayecto o depender siempre de alguien. Algunas pueden servir como puente al comienzo. El problema aparece cuando se vuelven requisitos rígidos y nunca compruebas que podrías tolerar la ansiedad sin ellas.

    La consecuencia se nota fuera del cuerpo. El mapa de lugares “seguros” se reduce, mientras crecen las rutas prohibidas. La casa puede terminar convertida en el único sitio que promete control.

    Agorafobia y ataques de pánico: ¿cuál es la diferencia?

    Un ataque de pánico es un episodio breve de miedo intenso con síntomas físicos y cognitivos. La agorafobia es un patrón persistente de temor y evitación de situaciones. Pueden coexistir, pero una cosa no obliga a la otra.

    Ataque de pánico Trastorno de pánico Agorafobia
    Qué ocurre Oleada súbita de miedo intenso Ataques inesperados recurrentes y preocupación por repetirlos Miedo a situaciones donde escapar o recibir ayuda parece difícil
    Duración del núcleo Minutos Preocupación y cambios de conducta durante semanas o más Miedo y evitación persistentes, habitualmente seis meses o más
    Puede ocurrir solo Sí Sí, con o sin agorafobia Sí, con o sin ataques de pánico
    Qué se evita No necesariamente hay evitación Sensaciones o contextos asociados a ataques Transporte, multitudes, filas, espacios abiertos o cerrados, salir solo

    La agorafobia aparece con frecuencia junto al trastorno de pánico, y esa combinación suele asociarse con mayor gravedad clínica (Szuhany & Simon, 2022). Un ataque puede incluir palpitaciones, sensación de ahogo, dolor de pecho, mareo y miedo a morir. Para entender el diagnóstico más amplio, está la guía sobre trastorno de pánico.

    ¿Cómo se diagnostica la agorafobia?

    El diagnóstico se hace con una entrevista clínica. Un test puede ordenar síntomas, pero no reemplaza revisar las situaciones temidas, la duración, la interferencia, los ataques de pánico, las conductas de seguridad y otras explicaciones posibles.

    El profesional suele revisar:

    • Qué lugares o situaciones provocan miedo y cuáles evitas.
    • Qué crees que pasaría si no pudieras escapar.
    • Desde cuándo ocurre y cuánto afecta trabajo, estudios, vínculos o controles médicos.
    • Si necesitas compañía o soportas la situación con ansiedad intensa.
    • Si hay ataques de pánico inesperados o solo ansiedad situacional.
    • Consumo de cafeína, alcohol, cannabis, estimulantes o medicamentos.
    • Problemas médicos que podrían explicar síntomas nuevos o atípicos.

    Palpitaciones, dolor de pecho, dificultad respiratoria, vértigo y desmayo también pueden tener causas médicas. Un inicio tardío, una pérdida real de conciencia, síntomas neurológicos, dolor torácico distinto o dificultad respiratoria nueva merecen evaluación médica. No conviene atribuirlos automáticamente a ansiedad.

    ¿Cuál es el tratamiento de la agorafobia con más evidencia?

    El tratamiento de la agorafobia se adapta a la gravedad, las preferencias y las barreras reales de cada persona. La terapia cognitivo conductual (TCC), con exposición gradual, es la opción psicológica con más respaldo. En algunos casos se añade medicación indicada y supervisada por un médico.

    Una revisión sistemática y metaanálisis en red de 136 ensayos, con 9.559 participantes y una mayoría con agorafobia asociada, encontró que la terapia conductual, la TCC, la terapia cognitiva y la psicoterapia psicodinámica breve superaban al tratamiento habitual en la fase aguda (Papola et al., 2022). La certeza varió entre muy baja y moderada, así que no existe una receta idéntica para todos.

    Exposición gradual en vivo

    La exposición consiste en acercarte de forma repetida y planificada a las situaciones evitadas, permaneciendo el tiempo suficiente para aprender algo nuevo: que la ansiedad puede subir y bajar, que puedes tolerarla y que el desenlace temido no ocurre como lo imaginabas.

    “Gradual” importa. El plan puede empezar por caminar una cuadra acompañado, luego repetirla solo, entrar cinco minutos a una tienda y avanzar hacia recorridos más difíciles. La jerarquía se acuerda con la persona. Forzar la situación más temida, sin preparación ni consentimiento, puede aumentar el abandono y es una mala práctica.

    La TCC también puede incluir psicoeducación, revisión de interpretaciones catastróficas, exposición a sensaciones corporales si hay pánico y reducción progresiva de conductas de seguridad. El orden y la dificultad se ajustan según el caso, con práctica entre sesiones y revisión de lo aprendido.

    ¿Sirven los medicamentos?

    Los medicamentos pueden ayudar, sobre todo cuando la ansiedad es intensa, hay ataques de pánico frecuentes o resulta muy difícil iniciar la exposición. No se eligen por cuenta propia.

    Un metaanálisis en red de 87 ensayos con 12.800 participantes encontró que varias clases de fármacos superaban al placebo para el trastorno de pánico con o sin agorafobia, aunque la certeza de la evidencia fue de moderada a muy baja (Chawla et al., 2022). Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina suelen considerarse una opción de primera línea por el equilibrio entre eficacia y tolerabilidad.

    Las benzodiacepinas pueden aliviar rápido, pero tienen riesgos de tolerancia, dependencia y síntomas de retirada. Por eso no suelen ser la primera opción para un tratamiento sostenido. El inicio, ajuste y suspensión de cualquier medicamento deben hacerse con un médico.

    La combinación de TCC y un antidepresivo puede ser útil en cuadros moderados o graves. Un ensayo que comparó TCC, un ISRS y ambos juntos encontró una mejoría más rápida con el tratamiento combinado, aunque los tres grupos mejoraron (Van Apeldoorn et al., 2013).

    En Chile, el Ministerio de Salud recomienda individualizar la decisión entre terapia grupal e individual en adultos con trastorno de pánico, con o sin agorafobia. La disponibilidad, la fase del problema y las preferencias también cuentan.

    ¿Qué puedes hacer si ahora te cuesta salir?

    Si el miedo ya limita tu movilidad, empieza por medir el patrón, sin obligarte a “ser valiente”. Anota durante una semana qué situaciones evitas, qué predices que ocurrirá, cuánto sube la ansiedad y qué necesitas llevar o hacer para sentirte seguro.

    Ese registro ayuda a construir una jerarquía realista. Puede ordenar situaciones desde “incómoda pero posible” hasta “hoy imposible”. Trabajar primero en la zona intermedia suele dar más información que empezar por el extremo.

    Si no puedes llegar a una consulta presencial, pregunta por una primera sesión online. Mayo Clinic señala alternativas iniciales por video o teléfono cuando salir de casa es una barrera. La atención remota no elimina la exposición: permite preparar el plan y acompañar los primeros pasos.

    Evita diseñar exposiciones bruscas si tienes desmayos reales, una condición médica inestable, consumo problemático o síntomas físicos nuevos. En esos casos se necesita una evaluación previa y un plan coordinado.

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Conviene consultar cuando la evitación dura semanas o meses, se extiende a nuevas situaciones o ya afecta trabajo, estudios, vínculos, compras, trámites o controles de salud. También si necesitas compañía para casi toda salida, consumes alcohol o sedantes para enfrentarla o tienes ataques de pánico frecuentes.

    Busca evaluación médica urgente ante dolor de pecho nuevo o intenso, dificultad respiratoria distinta de episodios previos, pérdida de conciencia, debilidad de un lado del cuerpo, confusión o síntomas neurológicos. Si hay riesgo de hacerte daño o no puedes cubrir necesidades básicas, llama al *4141 desde un celular en Chile, contacta a Salud Responde al 600 360 7777 o acude a urgencias.

    Pedir ayuda no te obliga a exponerte de golpe. Una buena evaluación sirve precisamente para decidir por dónde empezar y qué apoyos conviene mantener mientras recuperas autonomía.

    Preguntas frecuentes sobre agorafobia

    ¿La agorafobia se cura?

    Muchas personas mejoran de forma marcada con tratamiento y recuperan actividades que habían dejado. El proceso suele ser gradual y puede tener retrocesos. La meta es ampliar tu movilidad y reducir la evitación hasta que el miedo deje de organizar tus decisiones, aunque alguna vez vuelva la ansiedad.

    ¿Se puede tener agorafobia sin ataques de pánico?

    Sí. La agorafobia y el trastorno de pánico son diagnósticos distintos. Puedes temer quedar atrapado, desmayarte, perder el control o no recibir ayuda aunque nunca hayas tenido ataques de pánico inesperados. La evaluación debe aclarar qué síntomas temes y en qué situaciones aparecen.

    ¿Por qué necesito que alguien me acompañe para salir?

    La compañía baja la sensación de peligro y puede servir como apoyo temporal. Se vuelve una conducta de seguridad problemática cuando pasa a ser una condición indispensable y te impide comprobar que también puedes tolerar la situación sin esa ayuda. En terapia, el apoyo suele retirarse de manera gradual.

    ¿La exposición consiste en enfrentar el peor miedo de una vez?

    No. La exposición bien hecha se planifica, se acuerda y avanza por pasos repetibles. La persona conoce el objetivo, practica habilidades y revisa lo aprendido. Lanzarse sin preparación a la situación más temida puede aumentar el malestar y el abandono, especialmente si existen problemas médicos o trauma sin evaluar.

    ¿Cuánto dura el tratamiento de la agorafobia?

    No hay una duración única. Depende de cuánto se ha reducido la vida cotidiana, si hay pánico, depresión u otros problemas y la frecuencia con que se practican las exposiciones. La TCC suele ser estructurada y de tiempo limitado, pero un cuadro grave o de muchos años puede requerir un proceso más largo.

    Recuperar espacio empieza por un mapa preciso

    La agorafobia puede hacer que cada salida parezca una prueba y que la casa se convierta en el único lugar manejable. Ese patrón se aprende y también puede modificarse. El tratamiento trabaja con pasos medibles, repetidos y ajustados a tu situación, no con empujones.

    Si tu mapa de lugares seguros se está reduciendo, puedes agendar una consulta online para evaluar qué mantiene el miedo, descartar otras causas y construir una jerarquía de exposición que puedas sostener.

    Sobre el autor

    Nicolás Alcayaga es psicólogo clínico, especializado en Terapia Cognitivo Conductual. Está inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud de Chile. Su experiencia profesional incluye atención en adicciones y en el sistema público y privado de salud. Conoce su perfil profesional.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.

    Chawla, N., Anothaisintawee, T., Charoenrungrueangchai, K., Thaipisuttikul, P., McKay, G. J., Attia, J., & Thakkinstian, A. (2022). Drug treatment for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ, 376, e066084. https://doi.org/10.1136/bmj-2021-066084

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Van Apeldoorn, F. J., Van Hout, W. J. P. J., Timmerman, M. E., Mersch, P. P. A., & den Boer, J. A. (2013). Rate of improvement during and across three treatments for panic disorder with or without agoraphobia: Cognitive behavioral therapy, selective serotonin reuptake inhibitor or both combined. Journal of Affective Disorders, 150(2), 313-319. https://doi.org/10.1016/j.jad.2013.04.012

  • Trastorno de Pánico: Qué es, síntomas, diagnóstico y tratamiento

    Trastorno de Pánico: Qué es, síntomas, diagnóstico y tratamiento

    Un ataque puede empezar con el corazón acelerado, falta de aire o mareo. En pocos minutos aparece una certeza difícil de discutir: “me está pasando algo grave”. Cuando estas crisis son inesperadas y después queda un miedo persistente a que vuelvan, puede haber un trastorno de pánico. Tiene tratamiento, pero primero hay que diferenciarlo de un episodio aislado y de problemas médicos con síntomas parecidos.

    Respuesta breve: qué es el trastorno de pánico

    El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad caracterizado por ataques de pánico inesperados y recurrentes. Tras al menos uno, la persona pasa un mes o más preocupada por nuevos ataques, por sus consecuencias, o cambia su conducta para evitarlos. Un ataque aislado no basta para establecer el diagnóstico.

    • El ataque de pánico es una oleada brusca de miedo o malestar que alcanza gran intensidad en minutos.
    • El trastorno de pánico incluye repetición inesperada, miedo anticipatorio o evitación que afecta la vida cotidiana.
    • La agorafobia puede aparecer cuando se evitan lugares donde escapar o recibir ayuda parece difícil.
    • Los tratamientos con más respaldo incluyen terapia cognitivo-conductual (TCC) y, cuando corresponde, medicamentos indicados por un médico.
    • Dolor de pecho, desmayo real, dificultad para hablar o síntomas nuevos requieren valoración médica, sobre todo si nunca han sido evaluados.

    ¿Qué diferencia hay entre un ataque de pánico y el trastorno de pánico?

    Un ataque de pánico es un episodio, no un diagnóstico por sí solo. Puede ocurrir una vez durante una etapa de estrés, aparecer dentro de otro problema de salud mental o acompañar una condición médica. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos aclara que no todas las personas que tienen un ataque desarrollan el trastorno.

    Para hablar de trastorno de pánico, los criterios clínicos exigen ataques inesperados y recurrentes. Además, durante al menos un mes debe existir preocupación persistente por otro ataque o un cambio conductual importante, como dejar de usar transporte público, hacer ejercicio o salir sin compañía (American Psychiatric Association, 2022).

    La palabra “inesperado” importa. Una crisis que aparece únicamente al hablar en público puede encajar mejor con ansiedad social; una que surge solo ante una araña puede relacionarse con una fobia específica. El diagnóstico revisa el contexto completo, no solo la intensidad del miedo.

    Si quieres reconocer el episodio en sí, revisa la guía sobre síntomas físicos y causas de un ataque de pánico. Esta página se concentra en lo que ocurre cuando los ataques se repiten y empiezan a organizar la vida alrededor del miedo.

    ¿Cuáles son los síntomas del trastorno de pánico?

    Durante el ataque, el miedo o malestar aumenta con rapidez. Los síntomas pueden sentirse físicos, mentales o ambos. El DSM-5-TR describe un conjunto de manifestaciones, de las cuales deben aparecer al menos cuatro durante la crisis (American Psychiatric Association, 2022).

    Los síntomas físicos frecuentes son:

    • palpitaciones o aceleración del corazón;
    • sudoración, temblor, escalofríos o sofocos;
    • sensación de falta de aire, ahogo u opresión;
    • dolor o molestia en el pecho;
    • náuseas o malestar abdominal;
    • mareo, inestabilidad o sensación de desmayo;
    • hormigueo o entumecimiento.

    También puede aparecer sensación de irrealidad, de estar separado de uno mismo, miedo a perder el control, a “volverse loco” o a morir. Los síntomas suelen alcanzar su punto máximo en minutos. Después puede quedar cansancio, vergüenza o una vigilancia intensa del cuerpo.

    El trastorno añade algo que no termina cuando baja la crisis: la persona empieza a esperar el siguiente ataque. Puede revisar su pulso, ubicar salidas, llevar medicamentos “por si acaso” o evitar cualquier actividad que aumente la respiración. Esa ansiedad anticipatoria suele producir más deterioro que la duración breve del ataque.

    ¿Por qué ocurre el ciclo del pánico?

    El modelo cognitivo explica el pánico como un circuito de falsa alarma. Una sensación corporal corriente, por ejemplo una palpitación después de subir escaleras, se interpreta como señal de una catástrofe inmediata. El miedo activa más el cuerpo y esa activación parece confirmar el peligro (Clark & Beck, 2010).

    El ciclo suele avanzar así:

    1. Aparece una sensación, un pensamiento o una situación que llama la atención.
    2. La atención se fija en el cuerpo y busca señales de peligro.
    3. La sensación se interpreta de manera catastrófica: “es un infarto”, “voy a desmayarme” o “perderé el control”.
    4. La alarma corporal aumenta las palpitaciones, la respiración rápida, el mareo o el hormigueo.
    5. La persona escapa, evita o usa una conducta de seguridad. El alivio inmediato refuerza la idea de que escapar era necesario.

    Clark y Beck (2010) y Tolin (2024) describen cómo las conductas de seguridad bloquean un aprendizaje decisivo. Si la persona atribuye el final del ataque a sentarse junto a una salida o llevar un ansiolítico, no descubre que la catástrofe temida tampoco ocurría sin ese recurso.

    Esto no significa que el pánico sea “imaginario”. Las sensaciones son reales. Lo que el tratamiento pone a prueba es la interpretación de peligro y la necesidad de escapar de cada sensación.

    Causas y factores que aumentan la vulnerabilidad

    No existe una sola causa del trastorno de pánico. La evidencia reúne vulnerabilidades biológicas, aprendizaje, estrés y formas de interpretar las sensaciones corporales. Una https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744“>revisión clínica amplia sobre trastornos de ansiedad señala la interacción entre factores temperamentales, ambientales y familiares (Szuhany & Simon, 2022).

    Entre los factores asociados aparecen la sensibilidad a la ansiedad, el afecto negativo, la adversidad infantil, acontecimientos estresantes y antecedentes familiares de trastornos de ansiedad o del ánimo. El tabaquismo, el consumo elevado de cafeína y algunas sustancias también pueden provocar o intensificar sensaciones que luego se interpretan como amenaza.

    Tener uno de estos factores no determina que una persona desarrollará el trastorno. Sirven para comprender vulnerabilidades, no para buscar una causa única ni culpar a la familia o a quien tiene los síntomas.

    ¿Qué relación hay entre trastorno de pánico y agorafobia?

    La agorafobia es el temor y la evitación de situaciones donde escapar podría parecer difícil o donde la ayuda no estaría disponible si aparecen síntomas. Puede incluir transporte público, filas, centros comerciales, espacios abiertos, lugares cerrados o salir sin compañía.

    La evitación también puede ser interoceptiva. Algunas personas dejan de hacer ejercicio, tomar café, bailar, tener relaciones sexuales o subir escaleras porque esas actividades aceleran el corazón o la respiración. Otras dependen de señales de seguridad, como ir siempre acompañadas o sentarse cerca de una puerta (Clark & Beck, 2010; Tolin, 2024).

    El alivio de evitar dura poco, pero enseña al cerebro que la situación era peligrosa. Con el tiempo, el mapa de lugares “seguros” puede hacerse cada vez más pequeño. La presencia de agorafobia suele asociarse con mayor gravedad y peor evolución si no se trata.

    El pánico también puede coexistir con depresión, ansiedad generalizada, ansiedad social, estrés postraumático, consumo problemático y otros cuadros. Una evaluación completa busca esas combinaciones porque cambian las prioridades del tratamiento.

    ¿Cómo se diagnostica el trastorno de pánico?

    El diagnóstico es clínico. Se basa en una entrevista sobre la forma de los ataques, su frecuencia, si son esperados o inesperados, lo que ocurre después y el impacto en la vida. Un cuestionario puede ordenar la información, pero no reemplaza esa evaluación.

    El profesional también debe descartar otras explicaciones. Una revisión para atención primaria menciona hipertiroidismo, arritmias, asma, enfermedad pulmonar, efectos o retirada de medicamentos, cafeína, alcohol, cocaína, anfetaminas y cannabis entre los problemas que pueden producir síntomas semejantes (DeGeorge et al., 2022).

    También se diferencia de:

    • ansiedad generalizada, donde predomina una preocupación persistente sobre varios asuntos;
    • ansiedad social, cuando el miedo se centra en la evaluación de otras personas;
    • fobias específicas, si la crisis aparece ante un estímulo concreto;
    • trastorno obsesivo-compulsivo o estrés postraumático, cuando el ataque está ligado a obsesiones o recordatorios traumáticos;
    • depresión, consumo de sustancias y otros cuadros que pueden coexistir con el pánico.

    El inicio por primera vez después de los 45 años, el desmayo verdadero, la incontinencia, el vértigo intenso, la dificultad para hablar o una presentación muy distinta de los ataques previos justifican una evaluación médica más cuidadosa (Clark & Beck, 2010).

    ¿Sirven los tests de ansiedad?

    Las escalas sirven para cribado, gravedad y seguimiento. No todas miden lo mismo. El GAD-7 fue diseñado para ansiedad generalizada, mientras que la PDSS evalúa dimensiones más específicas del pánico. Puedes revisar la comparación entre Goldberg, BAI y GAD-7 y la guía de PDSS, CATP y PADIS.

    Una puntuación alta puede indicar que conviene evaluar. Una baja tampoco descarta por sí sola un problema si hay ataques inesperados, evitación o deterioro funcional.

    Tratamiento del trastorno de pánico: qué tiene más respaldo

    El tratamiento se elige según gravedad, preferencias, comorbilidades, tratamientos previos y acceso. Las opciones principales son psicoterapia, medicamentos o una combinación. La decisión farmacológica corresponde a un médico y debe considerar efectos adversos, embarazo, consumo de sustancias y otras condiciones de salud.

    Terapia cognitivo-conductual

    La TCC es la psicoterapia con respaldo más consistente. Un https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148“>metaanálisis en red de 136 ensayos aleatorizados encontró que la TCC se mantenía más eficaz que el tratamiento habitual incluso al excluir estudios con alto riesgo de sesgo (Papola et al., 2022).

    En el trastorno de pánico, la TCC suele incluir:

    • psicoeducación sobre la alarma corporal y el ciclo del pánico;
    • identificación y puesta a prueba de interpretaciones catastróficas;
    • exposición interoceptiva a sensaciones temidas, realizada de manera planificada y segura;
    • exposición gradual a situaciones evitadas;
    • reducción de conductas de seguridad;
    • prevención de recaídas y práctica entre sesiones.

    La exposición interoceptiva no busca tranquilizar de inmediato. Busca aprender, mediante experiencias repetidas, que sensaciones como taquicardia, mareo o falta de aire pueden tolerarse y no anuncian automáticamente una catástrofe. El ejercicio se adapta a la salud de la persona y se realiza dentro de un plan profesional, no como reto improvisado en internet.

    La TCC online también puede ser útil cuando es un tratamiento estructurado y cuenta con apoyo adecuado. La modalidad no cambia la necesidad de evaluar riesgos, diagnóstico diferencial y objetivos individuales.

    Medicamentos

    Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN) suelen considerarse opciones farmacológicas de primera línea. Una https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3“>revisión Cochrane en red comparó antidepresivos y benzodiazepinas para el trastorno de pánico en adultos (Guaiana et al., 2023).

    Los antidepresivos tardan semanas en mostrar beneficio y pueden producir efectos adversos al inicio. No deben iniciarse, ajustarse ni suspenderse sin indicación médica. DeGeorge et al. (2022) recomiendan mantenerlos entre seis y doce meses después de responder para reducir recaídas, según el caso clínico.

    Las benzodiazepinas pueden aliviar síntomas a corto plazo, pero no se recomiendan como primera opción ni para uso prolongado por tolerancia, dependencia, abstinencia e interacciones. Si ya las usas, no las suspendas de golpe: habla con quien las indicó.

    ¿Psicoterapia, medicamentos o ambos?

    La psicoterapia puede ser tan eficaz como la farmacoterapia para muchas personas. Una combinación puede ser razonable cuando los síntomas son intensos, hay comorbilidad o la respuesta a una sola intervención es insuficiente. La mejor opción no se decide por una regla universal, sino por beneficios, riesgos y preferencias informadas.

    Qué hacer durante un ataque de pánico

    Si los episodios ya fueron evaluados y reconoces el patrón, estas acciones pueden ayudarte a atravesarlo sin alimentar el ciclo:

    1. Nombra lo que ocurre: “esto se parece a un ataque de pánico y va a bajar”.
    2. Quédate en un lugar seguro. Si conduces o realizas una actividad de riesgo, detente.
    3. Permite que la respiración encuentre un ritmo cómodo. Evita forzar inhalaciones muy profundas y rápidas, porque pueden aumentar el mareo.
    4. Mira el entorno y describe datos concretos: dónde estás, qué ves y qué acción segura puedes hacer ahora.
    5. Reduce la lucha contra cada sensación. Observa cómo cambia con el paso de los minutos.
    6. Después, registra qué ocurrió antes, qué temiste, qué hiciste y cuánto duró. Esa información sirve en terapia.

    Estas medidas no sustituyen el tratamiento ni sirven para asumir que todo dolor de pecho es ansiedad. Si el episodio es nuevo, distinto, muy intenso o tienes dudas sobre una causa médica, busca evaluación.

    Cuándo pedir ayuda urgente en Chile

    Pide atención médica urgente si hay dolor de pecho nuevo o persistente, pérdida de conciencia, dificultad marcada para respirar, debilidad de un lado del cuerpo, problemas para hablar, confusión, una lesión, consumo o sobredosis de sustancias, o cualquier señal que haga pensar en una emergencia física. En Chile, el SAMU recibe emergencias médicas en el 131 las 24 horas.

    Si aparecen ideas de suicidio, intención de hacerte daño o sientes que no puedes mantenerte a salvo, busca ayuda inmediata. Desde celulares puedes llamar gratis al *4141, línea de prevención del suicidio del MINSAL, disponible todo el día. Salud Responde orienta en el 600 360 7777.

    Aunque no haya una urgencia, conviene consultar cuando los ataques se repiten, evitas lugares o actividades, visitas urgencias con frecuencia por las mismas sensaciones, dependes de alcohol o medicamentos para afrontarlas, o el miedo afecta trabajo, estudio, sueño o relaciones.

    ¿El trastorno de pánico se cura?

    Muchas personas reducen de manera marcada los ataques y recuperan actividades evitadas con un tratamiento adecuado. La mejoría no siempre es lineal. Puede haber sensaciones intensas o algún ataque ocasional sin que eso borre lo aprendido.

    Sin tratamiento, el curso puede volverse crónico, sobre todo cuando crecen la agorafobia, la depresión, el estrés sostenido o el consumo de sustancias. Con tratamiento, el pronóstico mejora. El objetivo es cambiar la respuesta a las sensaciones temidas y recuperar libertad de movimiento, aunque alguna vez vuelva a acelerarse el corazón.

    La prevención de recaídas suele incluir práctica de exposición, reconocimiento temprano de evitaciones, un plan para periodos de estrés y revisión médica cuando cambian los síntomas.

    Preguntas frecuentes sobre el trastorno de pánico

    ¿Cuánto dura un ataque de pánico?

    Suele alcanzar su máxima intensidad en pocos minutos y luego disminuir. Algunas sensaciones o el cansancio pueden durar más. El tiempo por sí solo no permite diagnosticar: importa el conjunto de síntomas, si los ataques son inesperados, qué ocurre después y si existe una causa médica o por sustancias.

    ¿Un ataque de pánico puede dar mientras duermo?

    Sí. Los ataques nocturnos pueden despertar a la persona con palpitaciones, falta de aire o miedo intenso. También existen problemas cardíacos, respiratorios y del sueño con síntomas parecidos. Si es la primera vez, hay desmayo, dolor persistente u otra señal atípica, corresponde una evaluación médica.

    ¿El trastorno de pánico es peligroso para el corazón?

    Un ataque de pánico ya evaluado no es un infarto, aunque puede sentirse parecido. No conviene autodiagnosticar un dolor de pecho nuevo. La edad, los antecedentes médicos, la duración y los síntomas asociados cambian la evaluación. Ante duda de emergencia, llama al 131 o acude a urgencias.

    ¿La agorafobia siempre acompaña al trastorno de pánico?

    No. Son diagnósticos diferentes y pueden aparecer juntos o por separado. En el pánico, la evitación suele crecer por miedo a tener síntomas sin poder escapar o recibir ayuda. Detectarla temprano importa porque puede limitar transporte, trabajo, estudio, ejercicio y vida social.

    ¿Cuál es el mejor tratamiento para los ataques de pánico?

    La TCC tiene el respaldo más consistente entre las psicoterapias. Los ISRS e IRSN son opciones farmacológicas habituales cuando un médico los considera apropiados. Algunas personas mejoran con psicoterapia, otras con medicamentos y otras con ambos. La elección depende de gravedad, preferencias, comorbilidades y respuesta previa.

    ¿Se puede tratar el trastorno de pánico por videollamada?

    Sí. La TCC puede realizarse online si mantiene una evaluación clínica, objetivos claros, práctica de exposición y seguimiento. La videollamada no elimina la necesidad de descartar causas médicas ni de derivar a urgencias o psiquiatría cuando la situación lo requiere.

    Recuperar espacio, no solo bajar síntomas

    El cambio suele notarse cuando vuelves a hacer algo que el miedo había retirado de tu vida: viajar, ejercitarte, salir sin revisar cada sensación o permanecer en un lugar aunque aparezca ansiedad. Ese proceso se trabaja de forma gradual.

    Si los ataques o la evitación están reduciendo tu vida, puedes consultar por atención psicológica online. Llevar un registro breve de los episodios, las situaciones evitadas y los tratamientos previos ayuda a aprovechar la primera entrevista.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164. https://www.aafp.org/afp/2022/0800/generalized-anxiety-disorder-panic-disorder

    Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Davies, S. J. C., Furukawa, T. A., Imai, H., Dias, S., Caldwell, D. M., Koesters, M., Tajika, A., Bighelli, I., Pompoli, A., Cipriani, A., Dawson, S., & Robertson, L. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 11, CD012729. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3

    National Institute of Mental Health. (2025). El trastorno de pánico: Lo que usted debe saber. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/trastorno-de-panico-cuando-el-miedo-agobia

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

    Ruiz Fernández, M. A., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo-conductuales. Desclée de Brouwer.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2nd ed.). Guilford Press.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Diagnóstico de Ataques de Pánico: Proceso clínico y diferencias con tests de ansiedad (Goldberg, BAI, GAD-7)

    Diagnóstico de Ataques de Pánico: Proceso clínico y diferencias con tests de ansiedad (Goldberg, BAI, GAD-7)

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Sentir que el corazón se dispara, que el aire no alcanza, que algo grave está a punto de ocurrir sin ninguna razón visible. Y luego, cuando el episodio pasa, la duda que queda encima: ¿qué fue eso? ¿es del corazón? ¿es ansiedad? ¿me debería preocupar?

    Si ya buscaste en internet, probablemente te cruzaste con el test de Goldberg, el BAI o el GAD-7. Los hiciste, leíste el resultado, y sigues sin saber bien qué significa en relación a los ataques de pánico. Tiene sentido: esas herramientas miden ansiedad en general, no pánico específicamente, y la diferencia importa.

    En este artículo vas a entender el proceso clínico real para diagnosticar un ataque de pánico (y cuándo eso se convierte en un trastorno de pánico), qué mide exactamente cada uno de esos tests y por qué ninguno solo es suficiente para este cuadro, y qué escalas usan los especialistas cuando quieren evaluar el pánico con precisión.


    TL;DR: Un ataque de pánico se diagnostica mediante entrevista clínica, criterios del DSM-5 y descarte de causas médicas. Los tests de Goldberg, BAI y GAD-7 miden ansiedad general, no trastorno de pánico específicamente. Para evaluarlo con precisión, los especialistas usan la PDSS-SR o el PHQ-PD.


    ¿Qué es un ataque de pánico y en qué se diferencia del trastorno de pánico?

    Un ataque de pánico es un episodio discreto de miedo o malestar intenso, de inicio súbito, que alcanza su pico en menos de diez minutos. Para que se llame así, deben estar presentes al menos cuatro de 13 síntomas posibles: palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de falta de aire, opresión en el pecho, náuseas, mareos, entumecimiento, escalofríos, desrealización, despersonalización, miedo a morir o miedo a “volverse loco” (Clark & Beck, 2010).

    Lo que suele sorprender: los ataques aislados son mucho más comunes de lo que se piensa. Más de un tercio de los adultos jóvenes experimenta al menos uno al año (Clark & Beck, 2010). Tener un ataque no significa tener un trastorno.

    El trastorno de pánico es otra cosa. El DSM-5 exige dos o más ataques recurrentes e inesperados, es decir, que ocurren “de la nada”, sin un detonante situacional claro. Y después de al menos uno de esos ataques, la persona debe experimentar durante un mes o más alguno de estos: preocupación persistente porque vuelvan, miedo a sus implicaciones (“me va a dar un infarto”, “voy a perder la razón”) o un cambio conductual significativo como evitar el metro, salir solo con compañía o dejar de hacer ejercicio por miedo a que el corazón se acelere (American Psychiatric Association, 2022).

    La diferencia clave no son los ataques en sí. Es lo que pasa entre ellos.

    [EXPERIENCIA: En consulta veo con frecuencia personas que llegan después de meses viviendo en alerta, revisando cada latido, planificando cada salida según la distancia al hospital más cercano. El ataque fue el punto de partida, pero el trastorno lo construye el miedo al siguiente.]


    Cómo se diagnostica: el proceso clínico paso a paso

    El diagnóstico de un trastorno de pánico no viene de un test online. Requiere una evaluación clínica con tres pilares.

    Primer pilar: la entrevista clínica. El psicólogo o médico recoge la historia detallada de los episodios: ¿cuándo ocurrió el primero?, ¿qué estabas haciendo?, ¿llegan sin aviso o hay algo que los desencadene?, ¿qué piensas en el momento pico?, ¿qué haces para sentirte más seguro? Esas preguntas no son al azar. Apuntan a los criterios diagnósticos y al modelo que explica por qué el trastorno se mantiene (Clark & Beck, 2010).

    Segundo pilar: los criterios del DSM-5. El manual establece con precisión cuántos síntomas, por cuánto tiempo y bajo qué condiciones. La American Psychological Association reconoce el trastorno de pánico como un cuadro específico y tratable, claramente distinguible de otros trastornos de ansiedad.

    Tercer pilar: el descarte médico. Este es el paso que más se omite y que más importa. Antes de confirmar un trastorno de pánico, hay que descartar causas orgánicas. No porque sean frecuentes, sino porque equivocarse tiene consecuencias. El clínico evalúa y, en muchos casos, deriva a medicina general para descartar condiciones como hipertiroidismo, feocromocitoma, arritmias cardíacas, hipoglucemia o condiciones cardiopulmonares como asma o EPOC, que pueden provocar síntomas idénticos a los ataques de pánico (American Psychiatric Association, 2022).


    Qué señales hacen sospechar una causa médica y no un ataque de pánico

    El DSM-5-TR es explícito: hay características atípicas que deben activar una alerta. Si los episodios comenzaron después de los 45 años, si van acompañados de vértigo, pérdida de consciencia, pérdida de control de esfínteres, habla arrastrada o amnesia posterior, el origen es probablemente médico (American Psychiatric Association, 2022).

    Una revisión publicada en JAMA (Szuhany & Simon, 2022) señala que síntomas como palpitaciones, molestias torácicas, disnea o mareos son tan comunes en los ataques de pánico como en afecciones médicas. Ante la duda, corresponde hacer un examen físico y, si hay indicios, un electrocardiograma, perfil tiroideo o monitoreo Holter.

    La buena noticia: cuando se descartan estas causas y el diagnóstico apunta al trastorno de pánico, hay tratamientos con muy buena evidencia. Pero llegar a ese diagnóstico correcto es el primer paso.


    El modelo cognitivo: por qué los ataques se retroalimentan solos

    Para entender qué evalúan los tests y por qué algunos no aplican bien al pánico, conviene conocer el mecanismo que mantiene el trastorno.

    Clark (1986) propuso el modelo cognitivo del pánico, refinado más tarde junto a Beck (Clark & Beck, 2010): el motor del trastorno son las interpretaciones catastróficas de sensaciones corporales normales.

    El ciclo funciona así: una sensación física banal (una palpitación por café, tensión muscular por estrés) activa una interpretación catastrófica (“esto es un infarto”, “algo muy malo está pasando”). Esa interpretación genera miedo real, que activa el sistema nervioso autónomo y produce más síntomas. Y esos síntomas nuevos se leen como “evidencia” de que la catástrofe es inminente, cerrando la espiral.

    Lo que sostiene el ciclo después son tres mecanismos (Clark & Beck, 2010):

    • Hipervigilancia interoceptiva: el cuerpo queda en modo “escaneo” constante. La persona nota cambios físicos que cualquier otra ignoraría, y cada uno puede disparar el ciclo.
    • Ansiedad anticipatoria (“miedo al miedo”): la propia ansiedad se convierte en amenaza. El trastorno no es tener ataques: es vivir pendiente del próximo.
    • Conductas de seguridad: llevar ansiolíticos “por si acaso”, evitar el metro, salir siempre acompañado. Estas conductas alivian en el momento pero mantienen la creencia de que sin ellas algo malo ocurriría, impidiendo que el sistema aprenda que las sensaciones son inofensivas.

    Este modelo tiene una implicación directa para los tests: una escala que mida “ansiedad” en términos generales no captura ninguno de estos mecanismos específicos. Por eso los especialistas recurren a herramientas más precisas.


    Test de Goldberg, BAI y GAD-7: qué mide cada uno (y sus límites reales)

    Esta es la comparativa que probablemente te trajo aquí. Veamos cada herramienta con honestidad.

    ¿Qué es el test de Goldberg para ansiedad?

    La Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg (GADS) fue diseñada para cribado rápido en atención primaria (Goldberg et al., 1988). Tiene dos subescalas independientes: ansiedad (9 ítems, punto de corte en 4 o más) y depresión (9 ítems, punto de corte en 2 o más), con formato sí/no.

    Su propósito es claro: detectar si hay malestar que justifique una evaluación más profunda. No distingue entre trastornos, no mide el componente somático agudo del pánico y no captura el “miedo al miedo” ni la evitación agora fóbica. Su correlación alta con síntomas depresivos la hace poco discriminativa entre cuadros específicos.

    Dicho de otro modo: el test de Goldberg puede decirte que algo pasa y que conviene consultar. No puede decirte qué es exactamente.

    ¿Qué mide el test BAI (Inventario de Ansiedad de Beck)?

    El BAI fue desarrollado por Beck y colaboradores (Beck et al., 1988) y tiene 21 ítems en escala de 0 a 3, con un rango total de 0 a 63. Sus rangos de interpretación son: 0-7 ansiedad mínima, 8-15 leve, 16-25 moderada y 26 o más severa.

    Una ventaja real para el contexto del pánico: el 75% de sus ítems evalúa activación fisiológica (palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de ahogo), que es justamente el núcleo somático de los ataques. Un meta-análisis Cochrane con 14 estudios y más de 6.000 participantes (Eck et al., 2025) encontró que para detectar trastorno de pánico el BAI alcanza un AUC de 0.80, con sensibilidad de 0.72 y especificidad de 0.77 en el punto de corte de 16.

    Pero hay matices que importan: ese mismo meta-análisis señala que la evidencia disponible es limitada (solo 4 estudios para trastorno de pánico específicamente) y con riesgo de sesgo. El BAI no mide frecuencia de ataques, evitación agora fóbica ni “miedo al miedo”. Identifica que hay ansiedad intensa con componente físico, pero no distingue bien entre trastorno de pánico y otras condiciones con perfil somático similar.

    Es útil como parte de una evaluación. No como único instrumento.

    ¿Qué evalúa el GAD-7 y para qué sirve?

    El GAD-7 (Spitzer et al., 2006) tiene 7 ítems que preguntan por la frecuencia de preocupación, nerviosismo, dificultad para relajarse y anticipación de eventos negativos. Fue diseñado específicamente para el trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

    Una revisión sistemática del USPSTF publicada en JAMA (O’Connor et al., 2023) encontró que el GAD-7 tiene excelente rendimiento para lo que fue diseñado: sensibilidad de 0.79 y especificidad de 0.89 para TAG en punto de corte de 10. Para trastorno de pánico, el rango de detección de la versión breve (GAD-2) va del 50% al 91%, una amplitud que refleja precisamente su limitación para este propósito.

    El GAD-7 no captura frecuencia de ataques, evitación agora fóbica, interpretaciones catastróficas de sensaciones físicas ni el “miedo al miedo”. Tolin (2024) recomienda explícitamente no usarlo como herramienta de seguimiento para pánico y reemplazarlo por la PDSS-SR. El GAD-7 mide preocupación crónica. El pánico es otra cosa.

    La comparativa directa: BAI versus GAD-7 para cribado de pánico

    Para ansiedad en general, el GAD-7 supera al BAI (AUC 0.86 vs. 0.83). Para trastorno de pánico específicamente, ambos alcanzan un AUC de 0.80 y la diferencia no es sustancial. La evidencia actual no es suficiente para recomendar uno sobre el otro con firmeza para este propósito (Eck et al., 2025).

    La conclusión que importa: ninguno de los dos fue diseñado para diagnosticar trastorno de pánico. Son herramientas de cribado general. Úsalos como punto de partida para una conversación con un profesional, no como diagnóstico en sí mismos.


    Las escalas específicas de pánico: qué capturan que los otros tests no

    Si el objetivo es evaluar trastorno de pánico con precisión, los especialistas usan instrumentos diseñados exactamente para eso.

    PDSS-SR (Panic Disorder Severity Scale Self-Report): 7 ítems en escala de 0 a 4 (rango 0-28). Mide las siete dimensiones nucleares del trastorno: frecuencia de ataques, malestar durante los episodios, ansiedad anticipatoria, evitación agora fóbica, evitación interoceptiva, interferencia laboral e interferencia social (Shear et al., 1997). Un puntaje de 9 o más sugiere evaluación formal; la recuperación clínica se define como 2 o menos. Una reducción de 6 puntos o más indica mejora significativa.

    PHQ-PD (Patient Health Questionnaire para trastorno de pánico): según DeGeorge y colaboradores en American Family Physician (2022), es actualmente la herramienta de cribado más precisa para trastorno de pánico en personas con episodios de ansiedad o miedo súbito.

    ASI (Anxiety Sensitivity Index): mide la vulnerabilidad al “miedo al miedo”. Los pacientes con trastorno de pánico puntúan en promedio dos desviaciones estándar por encima de la población general (Clark & Beck, 2010).

    ACQ y BSQ: el Agoraphobic Cognitions Questionnaire evalúa la frecuencia de pensamientos catastróficos durante los ataques (“voy a tener un infarto”, “me voy a desmayar”); el Body Sensations Questionnaire mide la intensidad del miedo a sensaciones físicas específicas como mareo o taquicardia. Estas herramientas ayudan al psicólogo a identificar exactamente qué tipo de interpretación catastrófica mantiene el ciclo del pánico, lo que permite personalizar la terapia cognitivo-conductual (Ruiz, Díaz & Villalobos, 2012).

    [EXPERIENCIA: Cuando trabajo con alguien con ataques de pánico, la entrevista y las escalas específicas me dan información distinta. La entrevista me da el contexto y la historia; las escalas me dan un punto de base para medir la evolución. El BAI al inicio del tratamiento y la PDSS-SR mes a mes me cuentan cosas distintas y complementarias.]


    Cuándo buscar ayuda profesional

    Si tuviste dos o más ataques de pánico inesperados y empezaste a reorganizar tu vida para evitar que vuelvan (dejas de hacer ejercicio, evitas ciertos lugares, necesitas siempre a alguien cerca), eso es señal de que conviene consultar. No porque estés en peligro, sino porque hay tratamientos eficaces y el patrón tiende a reforzarse con el tiempo si no se trabaja.

    La Organización Mundial de la Salud reconoce los trastornos de ansiedad como los más prevalentes a nivel mundial. El trastorno de pánico ocurre comórbidamente con otros trastornos de ansiedad en aproximadamente el 80% de los casos (Szuhany & Simon, 2022), lo que hace importante una evaluación completa.

    La terapia cognitivo-conductual tiene décadas de evidencia como tratamiento de primera línea para el trastorno de pánico (Clark & Beck, 2010; Tolin, 2024). El objetivo del tratamiento no es eliminar las sensaciones físicas, sino cambiar la interpretación que las convierte en catástrofe.

    Buscar ayuda no es confirmar que “algo está muy mal”. Es lo contrario: es tomar la decisión de entender lo que pasa y trabajarlo con alguien que conoce el camino.


    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo se diferencia un ataque de pánico de un problema cardíaco?

    Los síntomas físicos se superponen mucho (palpitaciones, presión en el pecho, falta de aire), lo que hace que la duda sea completamente válida. Los ataques cardíacos suelen aparecer con esfuerzo físico y no remiten en minutos; los ataques de pánico pasan solos en 20-30 minutos. Una revisión en JAMA (Szuhany & Simon, 2022) recomienda evaluación médica con electrocardiograma o perfil tiroideo ante la primera duda. Siempre es mejor descartar.

    ¿Qué test o escala es mejor para diagnosticar ataques de pánico?

    El diagnóstico es clínico, no depende de un test solo. Para evaluación específica del trastorno de pánico, la PDSS-SR y el PHQ-PD son las herramientas más validadas. Los tests de Goldberg, BAI y GAD-7 miden ansiedad general y funcionan bien como cribado inicial, pero no como diagnóstico diferencial del trastorno de pánico.

    ¿Es lo mismo ansiedad que trastorno de pánico?

    No. La ansiedad es una respuesta normal ante amenazas reales o percibidas. El trastorno de pánico es un cuadro específico con ataques inesperados y recurrentes más un patrón de evitación o miedo anticipatorio que altera la vida cotidiana. Alguien puede tener ansiedad generalizada sin tener ataques de pánico, y viceversa (Clark & Beck, 2010).

    ¿Qué diferencia hay entre el GAD-7 y el BAI?

    El GAD-7 mide preocupación crónica y generalizada: fue diseñado para el trastorno de ansiedad generalizada. El BAI mide activación ansiosa con énfasis en síntomas físicos. Para pánico, el BAI capta mejor el componente somático, pero ninguno fue diseñado para este trastorno específicamente (Eck et al., 2025; O’Connor et al., 2023).

    ¿Cuándo se puede confirmar el diagnóstico de trastorno de pánico?

    Cuando el clínico confirma al menos dos ataques inesperados y un mes o más de preocupación persistente por que vuelvan, miedo a sus implicaciones o cambios conductuales para evitarlos; y una vez descartadas causas médicas o por sustancias, según los criterios del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022).

    ¿Me estoy volviendo loco si tengo ataques de pánico?

    No. La sensación de “volverse loco” es uno de los síntomas clásicos del ataque, pero no refleja lo que ocurre en el cerebro. El ataque de pánico no produce daño neurológico ni pérdida del juicio: es una respuesta de alarma disparada en el momento equivocado, interpretada de forma catastrófica por la mente (Clark & Beck, 2010).

    ¿Qué es el test de Goldberg para ansiedad?

    Es una escala de cribado con formato sí/no desarrollada para detectar ansiedad o depresión en atención primaria (Goldberg et al., 1988). No diagnostica trastornos específicos: indica si el nivel de malestar justifica una evaluación más profunda. Tiene 9 ítems de ansiedad (punto de corte en 4) y 9 de depresión (punto de corte en 2). Es la puerta de entrada, no el destino.

    ¿Qué mide el BAI (Inventario de Ansiedad de Beck)?

    El BAI mide la intensidad de síntomas de ansiedad, con énfasis marcado en los físicos: el 75% de sus ítems son somáticos (palpitaciones, sudoración, temblores). Es sensible al cambio con el tratamiento y tiene buena correlación con el trastorno de pánico, pero no mide las dimensiones específicas del trastorno como frecuencia, evitación o anticipación (Beck et al., 1988).

    ¿Cómo sé si mis ataques de pánico son ya trastorno de pánico?

    La diferencia está en lo que ocurre entre los ataques. Si después de uno empezaste a reorganizar tu vida, a preocuparte por cuándo vendrá el próximo o a interpretar cualquier sensación física como señal de peligro, es probable que el patrón ya sea un trastorno de pánico. Consultar a un psicólogo es el siguiente paso natural.


    Dar el primer paso tiene sentido

    Entender qué es lo que pasa, cómo se llama y qué lo sostiene no es lo mismo que resignarse a vivir con ello. Al contrario: es el mapa que necesitas para elegir bien el camino.

    Si llegaste aquí buscando respuestas sobre los ataques de pánico, el proceso de diagnóstico o la diferencia entre los tests disponibles, ya tienes una base mucho más sólida. El siguiente paso, si todavía no lo has dado, es conversarlo con un profesional.

    Si quieres evaluar tu situación con alguien que trabaja específicamente con estos cuadros, puedes agendar una consulta con Nicolás Alcayaga en Terapia Online Chile. La primera sesión está diseñada para que entiendas qué está pasando y qué opciones tienes.


    Revisado por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico (Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) — Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)).


    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Publishing.

    Beck, A. T., & Clark, D. A. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    Beck, A. T., Epstein, N., Brown, G., & Steer, R. A. (1988). An inventory for measuring clinical anxiety: Psychometric properties. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 56(6), 893–897.

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2nd ed.). Guilford Press.

    DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157–164. https://www.aafp.org/pubs/afp/issues/2022/0700/p157.html

    Eck, S., Dümmler, D., Aktürk, Z., et al. (2025). Beck Anxiety Inventory (BAI) for detecting anxiety disorders in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews. https://doi.org/10.1002/14651858.cd015457

    Goldberg, D. P., Bridges, K., Duncan-Jones, P., & Grayson, D. (1988). Detecting anxiety and depression in general medical settings. BMJ, 297(6653), 897–899.

    O’Connor, E. A., Henninger, M. L., Perdue, L. A., et al. (2023). Anxiety screening: Evidence report and systematic review for the USPSTF. JAMA, 329(24), 2166–2185. https://doi.org/10.1001/jama.2023.9301

    Ruiz, M. A., Díaz, M. I., & Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo-conductuales. Desclée de Brouwer.

    Shear, M. K., Brown, T. A., Barlow, D. H., Money, R., Sholomskas, D. E., Woods, S. W., Gorman, J. M., & Papp, L. A. (1997). Multicenter Collaborative Panic Disorder Severity Scale. American Journal of Psychiatry, 154, 1571–1575.

    Spitzer, R. L., Kroenke, K., Williams, J. B. W., & Löwe, B. (2006). A brief measure for assessing generalized anxiety disorder: The GAD-7. Archives of Internal Medicine, 166(10), 1092–1097.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431–2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2nd ed.). Guilford Press.

    Foto de Nicolás Alcayaga

    Nicolás Alcayaga — Psicólogo Clínico

    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) • Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Escalas para el Trastorno de Pánico: CATP, PDSS y PADIS. Guías y descargas en PDF

    Escalas para el Trastorno de Pánico: CATP, PDSS y PADIS. Guías y descargas en PDF

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Elegir bien qué escala usar puede marcar la diferencia entre una evaluación que orienta el tratamiento desde la primera sesión y una que se limita a documentar lo que ya sabemos. Para el trastorno de pánico, hay más de una opción disponible, y cada una responde a una pregunta clínica distinta: ¿esta persona cumple criterios? ¿Con qué intensidad está viviendo el cuadro? ¿Qué cogniciones específicas están sosteniendo el ciclo del pánico?

    Esta guía reúne en un solo lugar las tres herramientas con más evidencia y más presencia en la literatura de habla hispana: la PDSS (Escala de Gravedad del Trastorno de Pánico), el CATP (Cuestionario Abreviado del Trastorno de Pánico) y el PADIS (Panic Disorder Screener). Para cada una encontrarás ficha técnica completa, instrucciones de puntuación, puntos de corte con interpretación clínica y dónde conseguirla. Una advertencia útil antes de seguir: de las tres, solo el CATP se descarga gratis y completo en castellano (PDF del artículo de validación, con el cuestionario en el Anexo I); la PDSS y el PADIS se publicaron en revistas de suscripción y más abajo explicamos cómo se accede a cada una.

    Ninguna reemplaza la entrevista diagnóstica. Pero bien usadas, hacen que esa entrevista rinda mucho más.

    TL;DR: La PDSS evalúa la gravedad del trastorno de pánico en 7 ítems (rango 0-28); su versión de autoinforme (PDSS-SR) es la herramienta de seguimiento sesión a sesión. El CATP mide cogniciones catastrofistas, autoeficacia y gravedad en 24 ítems, validado en castellano. El PADIS criba el trastorno en 5 ítems, con punto de corte de 4. Los tres son de uso libre en clínica e investigación, pero solo el CATP tiene su cuestionario completo en un PDF descargable sin pagar.

    ¿Qué escalas existen para evaluar el trastorno de pánico?

    El trastorno de pánico afecta aproximadamente al 5.2% de la población a lo largo de la vida, con mayor frecuencia en mujeres (Szuhany & Simon, 2022). Sin tratamiento, el curso tiende a cronificarse: solo el 12% de los pacientes logra una remisión completa a los cinco años (Clark & Beck, 2010). Entre el 71% y el 97.8% de quienes padecen trastornos de ansiedad no son diagnosticados correctamente, y cerca del 41% no recibe ningún tratamiento (Szuhany & Simon, 2022).

    La Organización Mundial de la Salud sitúa los trastornos de ansiedad como la categoría diagnóstica más prevalente a nivel global. Los instrumentos de evaluación, en ese contexto, no son un trámite burocrático: son lo que permite detectar, cuantificar y seguir de cerca la respuesta al tratamiento.

    Para el trastorno de pánico, los instrumentos disponibles se organizan en tres funciones:

    • Cribado diagnóstico: herramientas breves para identificar si el paciente probablemente cumple criterios (PADIS).
    • Gravedad clínica: escalas que cuantifican la intensidad del cuadro y hacen seguimiento terapéutico (PDSS, PDSS-SR).
    • Perfil cognitivo-conductual: cuestionarios que desagregan las cogniciones y conductas que mantienen el pánico, para orientar la intervención (CATP).

    El estándar de oro diagnóstico sigue siendo el ADIS-IV o ADIS-5, combinado con un registro semanal de ataques de pánico (Tolin, 2024). Las escalas descritas a continuación son complementos esenciales, no sustitutos de la entrevista clínica.

    PDSS: Escala de Gravedad del Trastorno de Pánico

    La escala de gravedad del trastorno de pánico PDSS es una herramienta de 7 ítems, administrada por el clínico, que evalúa la gravedad global del cuadro en las últimas dos semanas. Con un rango de 0 a 28 y categorías de severidad bien definidas, es la medida de referencia para cuantificar la intensidad del trastorno antes de iniciar tratamiento.

    Ficha técnica

    Campo Datos
    Nombre completo Panic Disorder Severity Scale (PDSS)
    Autores Shear et al. (1997)
    Número de ítems 7
    Formato de respuesta Likert 0-4 por ítem
    Rango total 0-28
    Administración Heteroaplicada (clínico)
    Versión española validada Fusté et al. (2018)
    Fiabilidad (versión española) Alpha = .74; ICC > .90

    Qué evalúa cada ítem

    Los 7 ítems cubren dimensiones distintas del cuadro:

    1. Frecuencia de ataques de pánico completos e incompletos
    2. Angustia durante los ataques
    3. Angustia anticipatoria ante ataques esperados o síntomas somáticos leves
    4. Evitación o malestar en situaciones agorafóbicas
    5. Evitación de sensaciones interoceptivas
    6. Interferencia en el funcionamiento laboral
    7. Interferencia en el funcionamiento social y familiar

    Esta estructura permite identificar qué dimensión del cuadro es más pronunciada. No es lo mismo un paciente con alta frecuencia de ataques pero poca evitación que uno con ataques esporádicos y un aislamiento severo: la PDSS diferencia ambos perfiles con claridad.

    Interpretación de la puntuación

    Puntuación total Categoría de gravedad
    0-9 Baja
    10-18 Moderada
    19-28 Alta

    En la práctica, los pacientes que llegan con puntuaciones en rango moderado ya suelen presentar una evitación instalada que impacta la rutina cotidiana. Lo que la PDSS ítem a ítem permite ver es por dónde empieza a deteriorarse el funcionamiento; y no siempre es por la frecuencia de los ataques sino por la ansiedad anticipatoria o la restricción situacional.

    Cómo obtenerla: la validación española de Fusté et al. (2018) se publicó en The Spanish Journal of Psychology, que es de suscripción: comprobado en agosto de 2026, Cambridge Core solo muestra el resumen y no hay copia legal gratuita en repositorios. Se consigue por biblioteca universitaria, por acceso institucional o escribiendo a los autores, que es la vía habitual y la que corresponde. No la reproducimos aquí. Si lo que necesitas es un cuestionario en castellano que puedas descargar hoy, ese es el CATP, más abajo.

    PDSS-SR: La versión de autoinforme

    La PDSS-SR mantiene los mismos 7 dominios de la PDSS clínica, con la diferencia de que la completa el propio paciente sin que el clínico la administre. Eso la convierte en la herramienta de elección para el monitoreo sesión a sesión durante el tratamiento (Tolin, 2024).

    Ficha técnica

    Campo Datos
    Nombre completo Panic Disorder Severity Scale-Self Report (PDSS-SR)
    Administración Autoaplicada (paciente)
    Número de ítems 7 (mismos dominios que la PDSS clínica)
    Rango total 0-28
    Fiabilidad test-retest r = 0.81
    Media clínica al inicio del tratamiento 10.5
    Media normativa 0.4

    Referencias clínicas para el seguimiento

    Tolin (2024) define dos puntos concretos para usar la PDSS-SR como medida de cambio terapéutico:

    • Cambio confiable: una reducción de 6 o más puntos respecto a la evaluación inicial supera el error de medición y puede interpretarse como mejora real.
    • Recuperación clínica: una puntuación de 2 o menos indica que el paciente se encuentra dentro del rango normativo.

    Tener esos dos umbrales permite hacer algo concreto en la sesión: mostrar al paciente en un gráfico dónde estaba, dónde está y cuánto falta para cruzar la línea de recuperación. Muchos equipos envían la PDSS-SR la tarde anterior a la sesión. Tres minutos de tiempo del paciente, sin costo para el clínico.

    CATP: Cuestionario Abreviado del Trastorno de Pánico

    El cuestionario abreviado del trastorno de pánico (CATP) es el instrumento en castellano diseñado específicamente para evaluar las tres dimensiones cognitivas y conductuales que la PDSS no cubre: qué tan catastrofistas son las interpretaciones del paciente sobre sus síntomas, cuánta autoeficacia tiene para manejar los ataques y cuál es su percepción de la gravedad del trastorno. Fue validado en España por Sánchez-Arribas, Chorot, Valiente y Sandín (2015), y su artículo de validación es de acceso abierto: el cuestionario entero, con sus instrucciones, está en el Anexo I.

    Ficha técnica

    Campo Datos
    Nombre completo Cuestionario Abreviado del Trastorno de Pánico (CATP)
    Autores Sánchez-Arribas, Chorot, Valiente y Sandín (2015)
    Número de ítems 24
    Subescalas 3 (EICP, EAP, EGP)
    Administración Autoaplicada
    Idioma Castellano (validación original en español)
    Acceso Libre (uso clínico e investigación)

    Estructura de subescalas

    EICP (Evaluación de Interpretaciones Catastrofistas del Pánico)

    Esta subescala captura las creencias que alimentan el ciclo del pánico. Clark y Beck (2010) describen el ciclo con precisión: una sensación física (palpitaciones, mareo, disnea) activa esquemas de amenaza que generan una interpretación catastrófica, lo que intensifica los síntomas y escala el ataque. Las interpretaciones más frecuentes se organizan así:

    Sensación Interpretación catastrófica típica
    Palpitaciones / taquicardia “Me está dando un ataque al corazón”
    Mareo / sensación de irrealidad “Me voy a desmayar / me estoy volviendo loco”
    Dificultad para respirar “Me voy a asfixiar”
    Hormigueo / entumecimiento “Estoy teniendo un derrame cerebral”
    Náuseas “Me voy a vomitar delante de todos”

    La EICP organiza esas interpretaciones en tres factores: consecuencias físicas, cognitivas y sociales. Esta desagregación es clínicamente útil porque el contenido de las cogniciones catastrofistas no es igual en todos los pacientes, y el foco de la reestructuración cognitiva debería responder a ese perfil específico.

    EAP (Evaluación de Autoeficacia ante el Pánico)

    Mide la confianza del paciente en su capacidad de afrontar los ataques sin recurrir a conductas de seguridad. La EAP es especialmente sensible al avance terapéutico: a medida que la exposición interoceptiva progresa, la puntuación en autoeficacia sube, y ese cambio puede rastrearse cuantitativamente sesión a sesión.

    EGP (Evaluación de la Gravedad del Pánico)

    Evalúa la percepción global del impacto del trastorno desde el punto de vista subjetivo del paciente. Complementa pero no reemplaza la PDSS: la EGP capta cómo el paciente vive el peso del cuadro, que no siempre coincide con la intensidad objetiva de los síntomas.

    Cómo obtenerlo: el artículo de validación de Sánchez-Arribas et al. (2015) está en acceso abierto en la Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, editada por la AEPCP y alojada en la UNED, e incluye el cuestionario completo.

    Descarga el CATP en PDF (fuente oficial)

    Enlazamos el PDF del editor, no una copia nuestra: son las 16 páginas del artículo de validación, con los 24 ítems del CATP y sus instrucciones en el Anexo I (páginas 99 y 100). Es el único de los tres instrumentos de esta guía que puedes tener completo, en castellano y sin pagar.

    Abrir el PDF en revistas.uned.es

    PADIS: Panic Disorder Screener

    El PADIS es una herramienta de cribado de 5 ítems, de acceso libre, desarrollada por Batterham, Mackinnon y Christensen para detectar trastorno de pánico en población general y atención primaria con el menor costo posible de administración.

    Ficha técnica

    Campo Datos
    Nombre completo Panic Disorder Screener (PADIS)
    Autores Batterham et al. (2015)
    Número de ítems 5
    Formato de respuesta Ítem 1: 0-4; ítems 2-5: 0-3
    Rango total 0-13
    Punto de corte ≥ 4
    Sensibilidad 77-84%
    Especificidad 77-84%
    Administración Autoaplicada o por entrevista
    Idioma Inglés (sin validación publicada en español)
    Acceso Libre (citar Batterham et al., 2015)

    Qué miden los 5 ítems

    Los ítems del PADIS cubren los elementos centrales del diagnóstico según el DSM-5-TR (APA, 2022): la presencia de ataques de pánico inesperados, la angustia y preocupación que generan y los cambios conductuales secundarios. La formulación es directa, sin jerga técnica, lo que permite aplicarlo sin entrenamiento especializado.

    Un puntaje de 4 o más indica que el paciente probablemente cumple criterios de trastorno de pánico y debería avanzar a una evaluación más completa. Con sensibilidad y especificidad entre el 77% y el 84%, el PADIS funciona como primera bandera de riesgo, no como diagnóstico.

    Nota sobre validación: El PADIS no cuenta con validación publicada en español ni con baremos latinoamericanos. Los puntos de corte provienen de la muestra australiana original.

    Cómo obtenerlo: los cinco ítems aparecen en el material suplementario de Batterham et al. (2015), en Psychiatry Research. Comprobado en agosto de 2026: la revista es de suscripción y no hay versión de acceso abierto depositada, así que el suplemento se consulta con acceso institucional. El instrumento se creó para usarse libremente en cribado poblacional, pero eso no lo convierte en un PDF que podamos repartir nosotros.

    ¿Qué escala usar y en qué momento?

    Cada herramienta tiene un rol dentro del proceso evaluativo. Combinarlas con criterio es más eficiente que usarlas todas a la vez o no usar ninguna.

    Necesidad clínica Herramienta Tiempo aprox.
    Cribado rápido en atención primaria o triaje PADIS 2-3 min.
    Cuantificar gravedad antes de iniciar tratamiento PDSS (clínica) 5-10 min.
    Monitoreo sesión a sesión durante TCC PDSS-SR 3-5 min. (paciente)
    Perfil cognitivo para orientar la TCC CATP 10-15 min.
    Batería pre-tratamiento completa PDSS + CATP + ASI-3 + Panic Log 30-40 min.

    Tolin (2024) recomienda que la batería pre-tratamiento incluya una medida de sensibilidad a la ansiedad (ASI-3), una medida de evitación cognitiva (ACQ) y el registro semanal de ataques, además de la PDSS. En contextos hispanohablantes, el CATP puede cumplir parte de esa función integrando en 24 ítems lo que el ACQ y el BSQ abordan por separado.

    Una secuencia que simplifica la organización clínica: administrar el PADIS en el primer contacto, la PDSS y el CATP en la evaluación inicial presencial, y la PDSS-SR al inicio de cada sesión durante el tratamiento.

    Otros instrumentos complementarios

    El trastorno de pánico raramente llega solo. El 80% de los pacientes tienen otro diagnóstico psiquiátrico comórbido a lo largo de la vida (Bighelli et al., 2016). La tasa de comorbilidad con trastorno de ansiedad generalizada alcanza el 68%, y con depresión mayor el 24-88% (Bighelli et al., 2016; Guaiana et al., 2023). La batería de evaluación, por tanto, debe ir más allá del diagnóstico principal.

    ASI-3 (Anxiety Sensitivity Index-3)
    18 ítems, 3 factores: físico, cognitivo y social. La sensibilidad a la ansiedad, el “miedo al miedo”, es la principal vulnerabilidad cognitiva para el desarrollo del pánico (Clark & Beck, 2010). Media normativa: 19.1; media en trastorno de pánico: 36.4 (aproximadamente 2 desviaciones estándar por encima). Es la variable que más cambia con una exposición interoceptiva bien conducida.

    BAI (Beck Anxiety Inventory)
    21 ítems (0-3), rango 0-63. Un punto de corte de 8 identifica al 89% de los pacientes con trastorno de pánico (Tolin, 2024). Útil como medida amplia de síntomas cuando se sospecha comorbilidad ansiosa.

    ACQ (Agoraphobic Cognitions Questionnaire)
    15 ítems. Media clínica: 28; baja a 19 tras tratamiento exitoso. Evalúa las cogniciones de peligro en situaciones agorafóbicas.

    BSQ (Body Sensations Questionnaire)
    17 ítems. Media clínica: 46.3 vs. 28.4 en controles. Mide el miedo a las sensaciones corporales típicas del pánico.

    MI (Mobility Inventory)
    26 situaciones, escala 1-5, evaluadas en dos condiciones (solo / acompañado). Es la medida de referencia para la evitación agorafóbica situacional.

    Registro semanal de pánico (Panic Log)
    No es una escala, pero es el instrumento más informativo para la evaluación conductual. Capta en tiempo real si los ataques son esperados o inesperados, su intensidad máxima, su duración y la interpretación catastrófica que los acompañó. Sin este registro, los datos de escala pierden parte de su utilidad clínica (Tolin, 2024).

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuántos ítems tiene la PDSS?

    La PDSS tiene 7 ítems, cada uno puntuado de 0 a 4, con un total posible de 0 a 28. Cada ítem cubre una dimensión distinta: frecuencia de ataques, angustia durante los ataques, ansiedad anticipatoria, evitación agorafóbica, evitación interoceptiva e interferencia funcional laboral y social. La estructura ítem a ítem permite identificar qué dimensión del cuadro es más pronunciada en cada paciente.

    ¿Cómo se interpreta la puntuación de la PDSS?

    Los rangos de gravedad son: 0-9 (baja), 10-18 (moderada) y 19-28 (alta). En la versión de autoinforme (PDSS-SR), una reducción de 6 o más puntos respecto a la línea base indica cambio confiable por encima del error de medición; una puntuación de 2 o menos corresponde al criterio de recuperación clínica (Tolin, 2024).

    ¿Qué mide el CATP y en qué se diferencia de la PDSS?

    El CATP mide tres dimensiones que la PDSS no cubre: las interpretaciones catastrofistas sobre los síntomas de pánico (EICP), la autoeficacia para afrontar los ataques (EAP) y la gravedad percibida del trastorno (EGP). La PDSS cuantifica la intensidad conductual y el impacto funcional; el CATP mapea el perfil cognitivo para diseñar la intervención de reestructuración cognitiva dentro de la TCC.

    ¿Cuál es la diferencia entre la PDSS clínica y la PDSS-SR?

    La PDSS clínica la administra el terapeuta mediante una breve entrevista; la PDSS-SR la completa el propio paciente de forma autónoma, evaluando los mismos 7 dominios. La PDSS-SR tiene fiabilidad test-retest de r = 0.81 y está recomendada para el monitoreo sesión a sesión durante el tratamiento (Tolin, 2024).

    ¿Qué es el PADIS y para qué sirve?

    El PADIS (Panic Disorder Screener) es una herramienta de cribado de 5 ítems para detectar trastorno de pánico en atención primaria y población general. Un puntaje de 4 o más indica que el paciente probablemente cumple criterios del trastorno. Sensibilidad y especificidad: 77-84%. Acceso libre citando a Batterham et al. (2015).

    ¿Cuándo es preferible usar cada escala?

    El PADIS es el punto de entrada: cribado en 2-3 minutos. Si es positivo, la PDSS cuantifica la gravedad antes de iniciar tratamiento. El CATP mapea el perfil cognitivo para orientar la TCC. La PDSS-SR queda como medida de seguimiento sesión a sesión durante el proceso terapéutico.

    ¿Cómo se diagnostica el trastorno de pánico?

    El diagnóstico requiere, según el DSM-5-TR (APA, 2022), al menos dos ataques de pánico inesperados más un mes de consecuencias: preocupación persistente por nuevos ataques o un cambio conductual significativo. El estándar de referencia diagnóstica es el ADIS-IV más un registro semanal de ataques. Se descartan causas orgánicas antes de cerrar el diagnóstico.

    Cuándo buscar evaluación profesional

    Si durante la lectura reconociste en tu propia experiencia o en la de alguien cercano los patrones que describen estas escalas, conviene recordar algo: el trastorno de pánico tiene muy buen pronóstico con tratamiento. La TCC logra respuesta en cerca del 78% de quienes completan el proceso terapéutico (Clark & Beck, 2010; Tolin, 2024). Un metaanálisis de 136 ensayos clínicos aleatorizados encontró que la TCC produce una mejora significativa respecto al tratamiento habitual, con un tamaño del efecto de -0.67 (Papola et al., 2022). La farmacoterapia con ISRS o IRSN tiene un número necesario a tratar (NNT) de 10 para remisión después de 2-6 meses (DeGeorge et al., 2022).

    Buscar ayuda no es un signo de debilidad. Es el primer paso dentro de un proceso que, con el apoyo adecuado, funciona bien.

    Si tienes dudas sobre la aplicación de estas escalas o quieres acompañamiento profesional, puedes agendar una consulta aquí.

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    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy completo

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5a ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

    Batterham, P. J., Mackinnon, A. J., & Christensen, H. (2015). The Panic Disorder Screener (PADIS): Development of an accurate and brief population screening tool. Psychiatry Research, 228(1-2), 72-76. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2015.04.016

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2a ed.). Guilford Press.

    Bighelli, I., Trespidi, C., Castellazzi, M., Cipriani, A., Furukawa, T. A., Girlanda, F., Guaiana, G., Koesters, M., & Barbui, C. (2016). Antidepressants and benzodiazepines for panic disorder in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews. https://doi.org/10.1002/14651858.CD011567.pub2

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164.

    Fusté, G., Gil, M. A., López-Sola, C., Rosado, S., Bonillo, A., Pailhez, G., Bulbena, A., Pérez, V., & Fullana, M. A. (2018). Psychometric properties of the Spanish version of the Panic Disorder Severity Scale. The Spanish Journal of Psychology, 21, e5. https://doi.org/10.1017/sjp.2018.6

    Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Koesters, M., Ireson, M., Saryiannidou, E., & Davies, S. J. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews.

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis. The British Journal of Psychiatry, 220(5), 266-275.

    Sánchez-Arribas, C., Chorot, P., Valiente, R. M., & Sandín, B. (2015). Evaluación de factores cognitivos positivos y negativos relacionadas con el trastorno de pánico: Validación del CATP. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 20(2), 85-100. https://doi.org/10.5944/rppc.vol.20.num.2.2015.15164

    Shear, M. K., Brown, T. A., Barlow, D. H., Money, R., Sholomskas, D. E., Woods, S. W., Gorman, J. M., & Papp, L. A. (1997). Multicenter collaborative panic disorder severity scale. American Journal of Psychiatry, 154(11), 1571-1575.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2799052

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2a ed.). Guilford Press.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

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