Por Terapia Online Chile
Llevan años juntos y todavía no sabe cómo te gusta el café. O peor: cree que sí sabe. Los test para parejas divertidos funcionan justo ahí, en ese punto ciego que se forma cuando la convivencia se vuelve automática y dejamos de preguntar porque suponemos que ya conocemos la respuesta.
Aquí abajo hay dos cosas que se pueden usar hoy mismo: un juego online de preguntas con marcador, que toma unos quince minutos y no pide registrarse, y una lista de 36 preguntas ordenadas en tres niveles, de las livianas a las que cuesta contestar. Antes vale la pena entender qué hacen realmente estos juegos, porque de eso depende cómo leen el resultado cuando les salga un número más bajo del que esperaban.
La respuesta corta
Un test para parejas divertido no mide el amor ni predice el futuro de la relación: es una excusa estructurada para preguntar cosas que ya no se preguntan. La evidencia sí respalda el mecanismo de fondo. Hacer juntos algo novedoso y compartir respuestas personales aumenta la sensación de cercanía en minutos, aunque el puntaje del juego no tenga ningún valor diagnóstico.
¿Sirven los tests para parejas divertidos o son puro relleno?
Sirven, pero no para lo que la mayoría cree. Un cuestionario recreativo no tiene detrás ningún proceso de validación: nadie analizó sus ítems, nadie estableció qué puntaje separa a una pareja que anda bien de una que anda mal, nadie lo probó en muestras representativas. Por eso no debe usarse para clasificar el estado de una relación ni para tomar decisiones importantes.
Su lugar es otro, y es un lugar legítimo: la conversación. Cuando el test funciona, lo que queda son las tres preguntas que fallaron y que abrieron un tema del que no se hablaba hace meses. El porcentaje se olvida a los diez minutos.
En consulta esto se nota. [EXPERIENCIA: muchas parejas llegan diciendo “no tenemos de qué hablar” y en realidad tienen bastante, lo que perdieron fue el hábito de preguntar sin agenda, sin que la conversación sea para resolver algo.]
Lo que sí tiene respaldo: jugar juntos y preguntar en serio
Dos hallazgos clásicos sostienen la idea de que jugar en pareja no es tiempo perdido.
El primero es sobre la novedad. Un conjunto de cinco estudios de Arthur Aron y su equipo, que combinó encuestas con tres experimentos de laboratorio, encontró que las parejas que participaban juntas en una tarea novedosa y activadora de apenas siete minutos reportaban después mejor calidad de relación que las que hacían una tarea rutinaria (Aron et al., 2000). El efecto se sostuvo incluso al comparar con un grupo que no hacía ninguna actividad. Siete minutos de algo distinto, hecho entre los dos.
El segundo es sobre las preguntas. El mismo laboratorio diseñó un procedimiento de autorrevelación recíproca en el que dos desconocidos se hacen preguntas que van escalando en intimidad durante 45 minutos. Quienes pasaban por esa secuencia terminaban sintiéndose más cercanos que quienes conversaban de temas triviales durante el mismo tiempo (Aron et al., 1997). De ahí salió lo que la prensa bautizó como “las 36 preguntas para enamorarse”, que es una simplificación del estudio original.
Hay un detalle de ese trabajo que casi nunca se cuenta y que importa. En los estudios 2 y 3, los investigadores probaron si ayudaba emparejar a la gente por afinidad de opiniones, hacerles creer que se iban a caer bien o plantearles explícitamente la meta de acercarse. Ninguna de las tres cosas produjo efecto. Lo que movió la aguja fue el procedimiento: preguntas concretas, por turnos, subiendo de nivel. Proponerse conectar no basta. Sentarse a hacerlo, sí.
¿Qué preguntas revelan más? Lo que muestran 43 estudios de pareja
Aquí es donde un test de parejas bien armado se separa de una lista al azar sacada de una revista.
El proyecto más grande hecho hasta ahora sobre esta pregunta reunió 43 bases de datos longitudinales de 29 laboratorios distintos y aplicó aprendizaje automático para ver qué variables predicen de verdad la calidad de una relación. Los cinco factores que predijeron con más consistencia fueron el compromiso percibido en el otro, el aprecio, la satisfacción sexual, la percepción de qué tan satisfecho está el otro y el conflicto (Joel et al., 2020). En conjunto, las variables propias de la relación explicaron hasta un 45% de la varianza en el momento inicial.
Dos matices honestos sobre ese mismo estudio. Las variables reportadas por uno mismo predijeron entre dos y cuatro veces más que las reportadas por la pareja. Y el cambio en la calidad de la relación a lo largo del tiempo resultó, en palabras de los autores, prácticamente impredecible a partir de cualquier combinación de autoinformes. Ningún test, ni divertido ni serio, sabe cómo van a estar ustedes en dos años.
Lo aprovechable para un juego de preguntas es lo otro: si van a preguntar, conviene preguntar por lo que pesa. Qué agradece el otro y no dice. Qué cree que ustedes agradecen de él. Qué tan seguro se siente de que esto va en serio. Eso rinde más que averiguar su color favorito.
Test de parejas: preguntas para jugar en tres niveles
Estas 36 preguntas están ordenadas como en el procedimiento de Aron: empiezan livianas y terminan en terreno personal. La regla es simple. Responden los dos, por turnos, sin interrumpir y sin corregir la respuesta del otro. Si una pregunta no dan ganas de contestarla, se salta y se dice por qué se saltó, que suele ser más interesante que la respuesta.
Nivel 1: liviano (para romper el hielo)
- Si tuvieran un día libre sin obligaciones y sin celular, ¿qué harían?
- ¿Qué canción te delata: la que cantas fuerte cuando no hay nadie?
- ¿Cuál es la comida que te arregla un mal día?
- ¿Qué lugar del mundo mirarías primero en un mapa si pudieras partir mañana?
- ¿Qué costumbre tuya crees que al otro le da risa?
- ¿Cuál fue la primera impresión que te llevaste de mí?
- ¿Qué película o serie verías otra vez sin aburrirte?
- ¿Qué te da más lata de la rutina de la semana?
- Si pudieras ser bueno en algo de un día para otro, ¿qué elegirías?
- ¿Qué regalo te ha gustado más en tu vida y por qué?
- ¿Qué hacías los domingos cuando eras chico?
- ¿Cuál es tu manera favorita de perder el tiempo?
Nivel 2: personal (aquí empieza lo bueno)
- ¿De qué te sientes orgulloso y casi nunca cuentas?
- ¿Qué aprendiste de tus papás sobre cómo se quiere a alguien?
- ¿Cuándo fue la última vez que lloraste, y por qué?
- ¿Qué te da miedo del futuro que compartimos?
- ¿Qué necesitas de mí cuando andas mal y no sabes pedirlo?
- ¿Qué amistad te marcó y qué pasó con ella?
- ¿Qué decisión tuya cambiarías si pudieras volver atrás?
- ¿Qué parte de tu trabajo te agota más de lo que dices?
- ¿Qué crees que la gente entiende mal de ti?
- ¿Qué cosa mía te costó acostumbrarte y ya no te molesta?
- ¿Cómo te diste cuenta de que esto iba en serio?
- ¿Qué te gustaría que yo te preguntara más seguido?
Nivel 3: profundo (con calma y sin público)
- ¿Qué te gustaría que dijeran de ti dentro de veinte años?
- ¿Hay algo que no me hayas contado y quisieras contarme algún día?
- ¿Qué haces cuando estás dolido conmigo y no lo dices?
- ¿En qué momento de estos años te sentiste más solo estando conmigo?
- ¿Qué crees que a mí me cuesta perdonarte?
- ¿Qué tendría que pasar para que sintieras que esto ya no da más?
- ¿Qué te da pudor pedirme en la intimidad?
- ¿Qué herida tuya sigue abierta y a veces se mete entre nosotros?
- Si me pasara algo grave, ¿qué te arrepentirías de no haberme dicho?
- ¿Qué significa para ti que alguien te cuide de verdad?
- ¿Qué parte de nuestra vida juntos te gustaría recuperar?
- ¿Qué te gustaría que construyéramos en los próximos cinco años?
El nivel 3 no es para hacerlo en una comida familiar ni con el televisor prendido. Guárdenlo para una noche tranquila.
Test para parejas: ¿qué tanto se conocen? (juego online)
Ahora sí. Este es el clásico test para parejas que tanto se conocen, en versión de juego online, y tiene dos partes. La primera es una ronda de diez preguntas donde uno adivina lo que respondería el otro y después se compara con la respuesta real: al final aparece el marcador y, sobre todo, la lista de lo que quedó pendiente de conversar. La segunda es el mazo de las 36 preguntas de arriba, mezcladas y por nivel, para cuando quieran seguir.
Respondan con calma. No hay respuestas trampa y el marcador no va a ninguna parte.
Juego de preguntas para parejas
Dos formas de jugarlo: una ronda de “cuánto nos conocemos” con marcador, y un mazo de 36 preguntas que suben de nivel. No entrega diagnósticos ni puntajes psicológicos.
¿Quieren revisar la relación en serio y no como juego? Se puede agendar una primera sesión de terapia de pareja online.

¿Qué hacen con las respuestas que no coincidieron?
Esa es la parte útil del juego. Las preguntas falladas son material, no una mala nota.
La forma de conversarlas importa más que el contenido. La línea de investigación de John Gottman identificó cuatro patrones de interacción que distinguen con bastante consistencia a las parejas que andan bien de las que andan mal: la crítica al carácter del otro, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión, ese apagarse y dejar de responder en medio de la discusión. Un análisis de redes publicado en 2025 encontró que el desprecio era el patrón con mayor centralidad dentro del conjunto, seguido por la defensividad (Hashemi et al., 2025). Un estudio con parejas donde uno de los dos tenía trastorno límite de personalidad mostró que más crítica y más evasión predecían peor satisfacción doce meses después (Beeney et al., 2019).
Traducido al juego: si el otro falla una pregunta y la reacción es “obvio, si nunca me pescas”, el ejercicio se acaba de arruinar. Si la reacción es “ya, cuéntame entonces”, recién empieza.
Conviene decir también qué tan lejos llega ese modelo. La evidencia original de Gottman viene de muestras pequeñas y bastante homogéneas, en su mayoría parejas casadas, heterosexuales y de clase media en Estados Unidos, así que generalizar tiene límites. Y la famosa cifra de más de 90% de precisión para predecir divorcios proviene de los propios laboratorios del autor: no ha sido replicada con esa magnitud por estudios independientes a gran escala. Los cuatro patrones son útiles como brújula de conversación. No son una bola de cristal.
Cuándo el juego deja de ser juego
Hay respuestas que cambian el aire de la sala. Si al jugar aparece alguna de estas, lo que corresponde no es seguir con la pregunta 12:
- Miedo a decir la verdad delante del otro, o calcular la respuesta para evitar una reacción.
- Control sobre el dinero, los horarios, la ropa, las amistades o el teléfono.
- Descalificaciones que ya no son “chistes”, aunque se digan riendo.
- Cualquier forma de agresión física o sexual, incluida la presión para tener relaciones.
- Revisar el celular del otro, exigir ubicación permanente, celos que se defienden como muestra de amor.
Nada de eso se resuelve con un test. La Organización Mundial de la Salud documenta que la violencia de pareja es la forma más común de violencia contra las mujeres en el mundo. En Chile, el Fono Orientación 1455 de SernamEG atiende las 24 horas y es gratuito.
Si lo que aparece es otra cosa, un desgaste largo, celos que ahogan o una dependencia que asfixia a los dos, hay evaluaciones específicas que sí están diseñadas para eso. Sirven de punto de partida el test de relación tóxica o saludable, el cuestionario de dependencia emocional y, para entender por qué a uno le cuesta acercarse y al otro le cuesta soltar, el test de tipo de apego.
Tests de revista y tests validados: en qué se diferencian
La diferencia no es el tono ni la seriedad de las preguntas. Es el proceso.
Un instrumento validado pasa por análisis factorial, pruebas de fiabilidad, comparación con otras medidas y estudios en muestras amplias, hasta que se puede decir con respaldo qué significa cada puntaje. Los que se usan en terapia de pareja son conocidos: la Escala de Ajuste Diádico de Spanier (1976), con 32 ítems y cuatro subescalas; el Couples Satisfaction Index, construido con teoría de respuesta al ítem y más preciso que sus antecesores en todo el rango de puntajes (Funk y Rogge, 2007); la Relationship Assessment Scale de Hendrick (1988), de solo 7 ítems; y la Couple Relationship Scale, pensada para seguir el avance sesión a sesión (Anderson et al., 2022).
Un test de revista no tiene nada de eso. Puede ser entretenido, puede abrir una conversación buena, y no puede decirles si su relación está sana. Cuando un cuestionario online promete lo segundo, está prometiendo algo que no puede cumplir.
La American Psychological Association mantiene material de consulta sobre relaciones de pareja para quien quiera leer más por su cuenta.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas preguntas debería tener un test para parejas divertido?
Entre 10 y 36, según el rato que tengan. Diez preguntas alcanzan para una ronda de sobremesa de quince minutos. El procedimiento experimental de Aron usaba tres bloques que escalaban en intimidad a lo largo de 45 minutos, y esa estructura (de lo liviano a lo personal) importa más que el número total.
¿Los tests para parejas online son confiables?
Como entretenimiento, sí. Como medida, no. Ningún cuestionario recreativo tiene puntos de corte validados, por lo que su resultado no indica si una relación está bien o mal. Para eso existen escalas como el Couples Satisfaction Index o la Escala de Ajuste Diádico, que se aplican e interpretan con un profesional.
Sacamos un puntaje bajo en el test de qué tanto nos conocemos. ¿Es mala señal?
No por sí solo. Un marcador bajo dice que hay información desactualizada entre ustedes, algo esperable después de años de rutina, mudanzas, hijos o cambios de trabajo. La señal preocupante no es fallar preguntas: es que al fallarlas aparezca desprecio, burla o una discusión que ya conocen de memoria.
¿Qué preguntas hacerle a mi pareja para conocerla mejor?
Las que apuntan a lo que la investigación asocia con la calidad de la relación: qué agradece y no dice, qué le hace sentir que uno está comprometido, qué le da miedo del futuro compartido, cómo le gustaría que lo cuidaran cuando anda mal. Las preguntas de gustos sirven para partir, no para llegar.
¿Sirve hacer estos juegos si llevamos poco tiempo juntos?
Sirve, y hay evidencia a favor: el procedimiento de preguntas escalonadas se probó originalmente entre desconocidos y generó más cercanía que conversar de temas triviales. En parejas nuevas conviene no saltarse el nivel 1, que es el que construye la confianza para el resto.
¿Y si mi pareja se niega a jugar?
Es información, no un rechazo. Vale la pena preguntar qué le incomoda: a veces es el formato (se siente examen), a veces es el miedo a que la conversación termine en pelea. Si cualquier intento de hablar de la relación termina mal, ese patrón sí se trabaja en terapia de pareja.
Para cerrar
Un test para parejas divertido no arregla nada por sí mismo. Lo que puede hacer, y no es poco, es devolverles media hora de curiosidad mutua en una semana que probablemente estuvo llena de logística. Las preguntas que fallaron son la agenda de las próximas conversaciones.
Si al jugar apareció algo más grande que un dato desactualizado, una distancia que ya llevaba tiempo, discusiones que se repiten igual desde hace años, o la sensación de estar solo estando acompañado, eso se puede trabajar. En terapia de pareja online se ordena qué está pasando entre los dos y qué se puede cambiar, sin tener que esperar a que la situación toque fondo. Agendar una primera sesión es un buen primer movimiento.
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
Referencias
- Anderson, S. R., Johnson, L. N., Miller, R. B., & Barham, C. C. (2022). The Couple Relationship Scale: A brief measure to facilitate routine outcome monitoring in couple therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 48(2), 464-483. https://doi.org/10.1111/jmft.12541
- Aron, A., Melinat, E., Aron, E. N., Vallone, R. D., & Bator, R. J. (1997). The experimental generation of interpersonal closeness: A procedure and some preliminary findings. Personality and Social Psychology Bulletin, 23(4), 363-377. https://doi.org/10.1177/0146167297234003
- Aron, A., Norman, C. C., Aron, E. N., McKenna, C., & Heyman, R. E. (2000). Couples’ shared participation in novel and arousing activities and experienced relationship quality. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 273-284. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.273
- Beeney, J. E., Hallquist, M. N., Scott, L. N., Ringwald, W. R., Stepp, S. D., Lazarus, S. A., Mattia, A. A., & Pilkonis, P. A. (2019). The emotional bank account and the four horsemen of the apocalypse in romantic relationships of people with borderline personality disorder. Clinical Psychological Science, 7(5), 1063-1077. https://doi.org/10.1177/2167702619830647
- Funk, J. L., & Rogge, R. D. (2007). Testing the ruler with item response theory: Increasing precision of measurement for relationship satisfaction with the Couples Satisfaction Index. Journal of Family Psychology, 21(4), 572-583. https://doi.org/10.1037/0893-3200.21.4.572
- Hashemi, B., Zarghami, M. H., & Nodehi, D. (2025). Understanding marital conflict: A network analysis of Gottman’s four horsemen. Journal of Sex & Marital Therapy, 51(8), 985-997. https://doi.org/10.1080/0092623X.2025.2583088
- Hendrick, S. S. (1988). A generic measure of relationship satisfaction. Journal of Marriage and the Family, 50(1), 93-98. https://doi.org/10.2307/352430
- Joel, S., Eastwick, P. W., Allison, C. J., Arriaga, X. B., Baker, Z. G., Bar-Kalifa, E., Bergeron, S., Birnbaum, G. E., et al. (2020). Machine learning uncovers the most robust self-report predictors of relationship quality across 43 longitudinal couples studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 117(32), 19061-19071. https://doi.org/10.1073/pnas.1917036117
- Spanier, G. B. (1976). Measuring dyadic adjustment: New scales for assessing the quality of marriage and similar dyads. Journal of Marriage and the Family, 38(1), 15-28. https://doi.org/10.2307/350547
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.








