Tratamiento de la Ansiedad: Qué Funciona, Cuánto Dura y Cómo Elegir (Terapia, Fármacos o Ambos)

Pintura impresionista de dos caminos de tratamiento preparados juntos en un meson, sobre el tratamiento de la ansiedad

Si llegaste hasta aquí, probablemente ya sabes que lo tuyo no es “nervios normales”. Llevas semanas o meses con el cuerpo en alerta, durmiendo mal, evitando cosas que antes hacías sin pensar. Y ahora la pregunta cambió: ya no es “qué me pasa”, es “qué hago con esto”. Esta guía responde eso. El tratamiento de la ansiedad tiene décadas de investigación detrás, y la evidencia es bastante clara sobre qué sirve, qué no, cuánto tarda y cómo decidir entre terapia, medicamentos o los dos. Vamos por partes.

En corto: los trastornos de ansiedad responden bien al tratamiento. La terapia cognitivo conductual (TCC) con exposición y los antidepresivos ISRS o IRSN son las dos opciones de primera línea, con eficacia parecida en las comparaciones directas. La terapia se mide en semanas, no en años (las dosis óptimas van de 4 a 26 sesiones semanales según el problema); el fármaco se mantiene al menos 6 a 12 meses después de mejorar. La elección depende de la gravedad, de lo que ya probaste y de tu preferencia.

¿La ansiedad tiene tratamiento?

Sí, y de los más estudiados en salud mental. Los trastornos de ansiedad (trastorno de ansiedad generalizada, pánico, ansiedad social, fobias) responden a la psicoterapia y a la medicación, y para cada una hay cientos de ensayos clínicos. El problema no es la falta de tratamiento eficaz. El problema es que la mayoría de las personas nunca lo recibe.

Las Encuestas de Salud Mental de la OMS lo midieron en 21 países: de quienes tuvieron un trastorno de ansiedad en el último año, solo el 27,6 % recibió algún tratamiento y apenas el 9,8 % recibió uno que cumpliera criterios mínimos de adecuación (Alonso et al., 2018). Y hay un dato previo que explica bastante: solo 4 de cada 10 sentían que necesitaban ayuda.

En Chile la foto es parecida. El estudio nacional de prevalencia psiquiátrica encontró que los trastornos más frecuentes a lo largo de la vida eran justamente los de ansiedad (agorafobia 11,1 %, fobia social 10,2 %, fobia simple 9,8 %), por delante de la depresión, y que de las personas con un solo trastorno apenas una cuarta parte había buscado atención (Vicente et al., 2006). Los datos tienen años, pero no hay una encuesta nacional posterior que los reemplace.

Dicho de otro modo: si estás leyendo esto, ya vas más adelante que la mayoría. Lo que sigue es para que ese impulso no se pierda en una decisión mal informada.

¿Qué tratamientos para la ansiedad tienen evidencia?

Tres caminos tienen respaldo sólido: la terapia cognitivo conductual, los antidepresivos de tipo ISRS e IRSN, y la combinación de ambos. Las guías internacionales coinciden en ese orden de prioridad, y lo que las diferencia entre sí son matices. La tabla resume lo que dice la evidencia de cada opción, con las cifras de los metaanálisis que la sostienen.

OpciónQué esQué muestra la evidenciaPara quién suele indicarse
Terapia cognitivo conductual (TCC)Sesiones semanales estructuradas: entender cómo funciona tu ansiedad, cambiar las interpretaciones de amenaza y exponerte gradualmente a lo que evitasFrente a placebo, efecto moderado (g = 0,56) y casi el triple de probabilidad de responder (Carpenter et al., 2018); es la psicoterapia de primera línea en todas las guíasPrimera opción en casi todos los casos; imprescindible cuando hay evitación
Antidepresivos ISRS / IRSNFármacos que se toman a diario y tardan semanas en hacer efecto; los receta un médicoFrente a placebo, efecto medio en TAG (DME -0,55) y ansiedad social (-0,67), menor en pánico (-0,30) (Szuhany y Simon, 2022); duloxetina, venlafaxina, escitalopram y pregabalina destacan en TAG (Slee et al., 2019)Ansiedad moderada a grave, cuando no hay acceso a TCC, o por preferencia de la persona
Combinación TCC + fármacoLas dos cosas a la vez, coordinadas entre psicólogo y psiquiatraEfecto pre-post algo mayor que cualquiera de las dos por separado (d = 2,12) (Bandelow et al., 2015)Cuadros graves, comorbilidad con depresión, o respuesta parcial a una sola opción
Mindfulness estructurado (MBSR)Programa de 8 semanas de entrenamiento en atención plenaEn un ensayo no fue inferior a escitalopram (Hoge et al., 2023)Alternativa cuando la persona no quiere fármacos ni TCC clásica
Relajación aplicadaProtocolo de 8 a 10 semanas de relajación progresiva llevada a las situaciones realesAlternativa viable a la terapia cognitiva en TAG, menos eficaz en otros trastornos (Clark y Beck, 2010)TAG, cuando la TCC no resulta aceptable para la persona
BenzodiacepinasAnsiolíticos de efecto rápido (clonazepam, alprazolam, lorazepam)Eficaces a corto plazo pero mal toleradas frente a placebo (Slee et al., 2019); las guías no las recomiendan de rutina (Bandelow et al., 2017)Uso breve y puntual bajo indicación médica, nunca como plan principal

Un detalle sobre las cifras. Los “tamaños de efecto” comparan cuánto mejora un grupo tratado frente a uno de control. Un 0,5 se considera moderado; un 0,8, grande. Sirven para ordenar opciones, no para prometerte un resultado. Y ojo con una trampa habitual: un metaanálisis de 234 ensayos encontró efectos pre-post mayores con fármacos (d = 2,02) que con psicoterapia (d = 1,22), pero también encontró que el placebo en pastilla daba 1,29 y la lista de espera 0,20 (Bandelow et al., 2015). Tomar algo, lo que sea, ya mueve mucho la aguja. Por eso las comparaciones que importan son las directas, y de esas hablamos ahora.

¿Terapia o pastillas? Lo que dicen las comparaciones cara a cara

Cuando se enfrentan en el mismo ensayo, la psicoterapia y los antidepresivos empatan. Un metaanálisis de 67 ensayos con comparaciones directas, 27 de ellos en trastornos de ansiedad, encontró una diferencia global de g = 0,02 entre ambos, o sea, ninguna (Cuijpers et al., 2013). La psicoterapia sí fue superior a los antidepresivos tricíclicos (los antiguos), y el fármaco superior al counseling sin estructura. Traducido: una TCC bien hecha y un ISRS bien indicado rinden parecido al terminar.

El mismo empate apareció en un ensayo reciente con otro tipo de terapia. Un programa de mindfulness de 8 semanas no fue inferior a escitalopram en adultos con trastorno de ansiedad diagnosticado, con una diferencia de apenas 0,07 puntos en la escala de gravedad (Hoge et al., 2023). No significa que cualquier meditación reemplace un fármaco; significa que un programa estructurado, con instructor y 8 semanas de práctica, puede rendir igual.

Entonces, ¿cómo se elige? Las guías de la Federación Mundial de Sociedades de Psiquiatría Biológica, elaboradas por 33 expertos de 22 países tras revisar más de mil ensayos, ponen a los ISRS e IRSN como fármacos de primera línea y a la TCC como psicoterapia de primera línea, y dejan la decisión entre uno, otro o ambos a la evaluación clínica y a la preferencia de la persona (Bandelow et al., 2023). Los autores del metaanálisis de 2015 dicen lo mismo con otras palabras: la elección debe quedar en manos del paciente, porque los fármacos tienen efectos adversos, interacciones y contraindicaciones que la terapia no tiene (Bandelow et al., 2015).

En la práctica, algunos criterios ayudan a inclinar la balanza:

  • Si tu ansiedad gira en torno a evitar (lugares, conversaciones, sensaciones del cuerpo), la terapia es difícil de reemplazar: el fármaco baja el malestar, pero no te enseña a volver a lo que dejaste de hacer.
  • Si la intensidad no te deja ni empezar (no duermes, no puedes concentrarte en una sesión, hay depresión encima), el fármaco puede abrir la puerta para que la terapia sea posible.
  • Si ya hiciste una TCC completa y volvió, o al revés, ya tomaste un ISRS y al dejarlo recaíste, la combinación pasa a ser la opción lógica.
  • Si tienes claro que no quieres tomar medicamentos, la evidencia te respalda para empezar por la terapia. Lo mismo al revés, si no puedes costear o sostener sesiones semanales.

Una nota sobre el estrés, porque mucha gente busca una terapia para el estrés y la ansiedad como si fueran lo mismo. Se parecen en el cuerpo (tensión, insomnio, irritabilidad), pero el estrés responde a una carga real que está ahí (trabajo, plata, cuidados) y la ansiedad sigue sonando cuando la carga ya pasó o nunca llegó. La TCC sirve para las dos con énfasis distintos: en el estrés pesa más resolver problemas y ordenar la carga; en la ansiedad, la exposición. En el sitio hay una guía sobre cómo manejar el estrés con lo que tiene respaldo.

Hay un artículo aparte sobre cómo es la terapia cognitivo conductual para la ansiedad sesión a sesión, y otro sobre qué funciona para controlar la ansiedad sin medicamentos. Aquí nos quedamos con la decisión de fondo.

Cómo es la terapia para la ansiedad por dentro

Lo que hace que una terapia para la ansiedad funcione es bastante concreto: cambiar la manera en que tu mente calcula el peligro y dejar de hacer las cosas que mantienen ese cálculo inflado. Clark y Beck (2010), autores del manual de referencia de la terapia cognitiva de la ansiedad, lo plantean así: la ansiedad persistente nace de valoraciones sesgadas de amenaza (sobreestimas la probabilidad y la gravedad de lo que temes, subestimas tu capacidad de manejarlo y no registras las señales de seguridad), y el tratamiento consiste en “apagar” ese programa de miedo cambiando cómo piensas y cómo respondes (pp. 184 y 197).

Una TCC típica sigue una secuencia reconocible. Tolin (2024) la describe en su manual: evaluar el problema, construir con la persona una explicación de por qué se mantiene, acordar metas explícitas y también la duración y frecuencia del tratamiento, intervenir, revisar el progreso en cada sesión y, cuando la meta se acerca, trabajar la prevención de recaídas y cerrar con la puerta abierta a volver (pp. 16-17). No es una conversación abierta cada semana; es un plan.

Dentro de ese plan hay tres ingredientes que aparecen en casi todos los protocolos con evidencia:

  1. Entender tu propia ansiedad. Las primeras sesiones se dedican a que entiendas el modelo con tus propios ejemplos, no con una clase teórica, porque el resto del tratamiento depende de que esa explicación te haga sentido (Clark y Beck, 2010, p. 197). Aprendes a registrar los pensamientos automáticos que aparecen cuando la ansiedad sube.
  2. Revisar las interpretaciones de amenaza. Se reúne evidencia a favor y en contra de lo que temes, se calcula de nuevo la probabilidad real, se piensa el peor escenario hasta el final y se arma un plan para el resultado más probable (Clark y Beck, 2010, pp. 205-209). El objetivo es pasar de “siento ansiedad, así que debe haber peligro” a una lectura basada en hechos.
  3. Exposición. Es el corazón del tratamiento y el ingrediente mejor estudiado de todos. Consiste en acercarte de forma planificada, repetida y gradual a lo que evitas (situaciones, pensamientos o sensaciones del cuerpo) para que tu sistema de miedo reciba la información que lo desconfirma (Clark y Beck, 2010, pp. 246-247). El manual español de técnicas cognitivo conductuales la describe como un componente central de cualquier intervención eficaz para la ansiedad, con más de sesenta años de estudios detrás (Ruiz, Díaz y Villalobos, 2012, p. 194). En el metaanálisis de ensayos con placebo, los protocolos centrados en exposición mostraron efectos mayores que los puramente cognitivos (Carpenter et al., 2018).

Hay un cuarto elemento menos visible pero decisivo: las conductas de seguridad. Llevar siempre el ansiolítico en el bolsillo, ir acompañado, revisar el pulso, tener la salida ubicada. Alivian en el momento y mantienen el problema, porque le enseñan a tu mente que sobreviviste gracias a la muleta y no porque el peligro no era tal. Clark y Beck (2010) recomiendan retirarlas de forma gradual durante todo el tratamiento (p. 190), y Tolin (2024) advierte algo que conviene saber si combinas terapia con medicación: un fármaco “a demanda” que corta la ansiedad de inmediato, usado durante la exposición, puede enseñar una lección de seguridad condicional que socava lo que la exposición intenta construir (p. 284). No es un argumento contra los medicamentos; es un argumento para coordinar cómo se usan.

¿Y la relajación, la respiración, el mindfulness? Tienen su lugar como complemento. La relajación progresiva sirve para que alguien con ansiedad muy alta pueda empezar a exponerse, siempre que no se convierta en otra forma de evitar (Clark y Beck, 2010, p. 264). Y la respiración controlada, tan repetida en internet, tiene menos respaldo del que parece: la investigación cuestiona su papel terapéutico, sobre todo en el pánico (Clark y Beck, 2010, p. 266). Si te interesa, en el sitio hay una guía de técnicas de relajación para la ansiedad y otra de respiración diafragmática con lo que la evidencia sostiene y lo que no.

¿Cuánto dura el tratamiento de la ansiedad?

Menos de lo que la mayoría teme, y más de lo que promete la publicidad. Una TCC para la ansiedad se cuenta en semanas de sesiones, con la mayor parte de la mejoría en los primeros dos o tres meses; un tratamiento con antidepresivos se cuenta en meses, porque después de mejorar se mantiene entre 6 y 12 meses más. Nadie sale “curado” en tres sesiones, y nadie debería estar tres años en terapia sin un plan.

Sobre las sesiones, una revisión sistemática de 26 estudios sobre terapias en contextos reales encontró que la relación entre número de sesiones y mejoría no es lineal: las primeras aportan mucho y las últimas cada vez menos, con dosis óptimas entre 4 y 26 sesiones según el problema, y con un detalle práctico: ir cada semana acelera la mejoría frente a ir cada dos o tres (Robinson, Delgadillo y Kellett, 2020). Los programas estructurados que se comparan con fármacos en los ensayos duran en ese orden: el de mindfulness de Hoge et al. (2023), por ejemplo, 8 semanas.

Sobre los fármacos, la recomendación es clara: después de la remisión, el antidepresivo debe mantenerse entre 6 y 12 meses antes de plantearse la retirada, y esa retirada se hace de forma gradual y con el médico (Bandelow, Michaelis y Wedekind, 2017). Sumando las semanas iniciales hasta notar efecto, el tratamiento completo rara vez baja del año.

Así se ve una línea de tiempo razonable:

MomentoQué esperar en terapiaQué esperar con fármaco
Semanas 1 a 4Evaluación, explicación del modelo, registro de pensamientos, primeras tareas. La ansiedad no baja todavía y a veces sube al empezar a mirarlaInicio de dosis baja; posibles efectos secundarios los primeros días; el efecto sobre la ansiedad tarda semanas en aparecer
Semanas 4 a 12Exposición en marcha, retirada de conductas de seguridad. Aquí ocurre la mayor parte de la mejoríaAjuste de dosis si hace falta; evaluación de la respuesta con el médico
Meses 3 a 6Consolidación, sesiones más espaciadas, prevención de recaídas, cierreMantenimiento con la dosis eficaz
Meses 6 a 12Alta, con posibilidad de sesiones de refuerzo si algo reapareceSigue el mantenimiento; hacia el año se conversa la retirada gradual

Dos advertencias sobre la tabla. La primera: es orientativa, y una ansiedad con depresión encima, con consumo de alcohol o con años de evolución necesita más tiempo. La segunda: si a las 12 semanas de un tratamiento bien hecho no hay ningún cambio, eso es información, no fracaso personal. Más abajo hay una sección sobre qué hacer en ese caso.

Medicamentos para la ansiedad: cuáles son de primera línea y por qué las benzodiacepinas no

En el tratamiento farmacológico de la ansiedad, los fármacos con mejor evidencia son antidepresivos, no ansiolíticos. Suena contradictorio, pero es así: los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de serotonina y noradrenalina (IRSN) son la primera línea en todas las guías, y las benzodiacepinas quedaron relegadas a un uso breve y puntual. La prescripción concreta, la dosis y los ajustes son del médico; lo que sigue es para que entiendas la lógica de lo que te recete.

El mayor metaanálisis en red sobre fármacos para el trastorno de ansiedad generalizada, con 89 ensayos y más de 25.000 pacientes, ordenó 22 medicamentos según eficacia y tolerabilidad. Duloxetina, pregabalina, venlafaxina y escitalopram resultaron más eficaces que placebo con buena aceptabilidad; sertralina, fluoxetina y otros también fueron eficaces aunque con muestras más pequeñas. Quetiapina tuvo el mayor efecto pero fue mal tolerada, y paroxetina y las benzodiacepinas fueron eficaces pero también mal toleradas frente a placebo (Slee et al., 2019). Una conclusión del mismo estudio vale la pena subrayarla: que el primer fármaco falle no es motivo para abandonar la vía farmacológica, porque hay varias alternativas.

¿Por qué las benzodiacepinas no son el plan? Funcionan rápido y eso las hace tentadoras, pero la revisión de guías de Bandelow, Michaelis y Wedekind (2017) las deja fuera del uso rutinario por su perfil de tolerancia y dependencia, y las guías internacionales de 2023 mantienen esa posición (Bandelow et al., 2023). Desde la terapia hay una razón adicional: un ansiolítico que corta la ansiedad al instante se convierte fácilmente en conducta de seguridad y compite con la exposición (Tolin, 2024, p. 284). Si ya las tomas, no las dejes por tu cuenta: la retirada tiene su método. En el sitio hay una guía sobre benzodiacepinas con lo que conviene saber.

Y un dato que rara vez se conversa antes de empezar: qué pasa al dejar el antidepresivo. Un metaanálisis de 28 ensayos de prevención de recaídas encontró que, entre personas con trastorno de ansiedad que habían respondido al fármaco, suspenderlo triplicaba la probabilidad de recaer en el año siguiente: recayó el 36,4 % de quienes pasaron a placebo frente al 16,4 % de quienes siguieron (Batelaan et al., 2017). Los autores son cuidadosos: no hay datos más allá del año, y eso no debe leerse ni como “hay que tomarlo para siempre” ni como “se puede dejar al año”. Lo que sí dice es que la decisión de retirar se planifica, se hace despacio y, si es posible, con una terapia que haya dejado herramientas para cuando el fármaco no esté.

¿Psicólogo o psiquiatra para la ansiedad?

Depende de la gravedad y del camino que elijas, y muchas veces la respuesta es los dos. El psicólogo hace la psicoterapia; el psiquiatra (o un médico general con formación) receta y controla la medicación. Ninguno reemplaza al otro, y en los cuadros moderados a graves lo habitual es que trabajen coordinados.

Como orientación general:

  • Empieza por un psicólogo que haga terapia de ansiedad con base en TCC si tu ansiedad es de leve a moderada, si tienes claro que prefieres no medicarte, o si el problema central es la evitación. La TCC es tratamiento de primera línea por sí sola.
  • Consulta también a un psiquiatra si la ansiedad es intensa y sostenida, si hay depresión asociada, si no duermes, si ya intentaste una terapia completa sin resultado, o si necesitas alivio rápido para poder funcionar mientras la terapia hace efecto. El médico evalúa además que no haya una causa física (tiroides, anemia, efectos de otros fármacos o sustancias) detrás de los síntomas.
  • Busca a los dos desde el inicio si hay ideas de muerte, si el cuadro te tiene sin poder trabajar o estudiar, o si los ataques de pánico son frecuentes y ya cambiaste tu vida para evitarlos.

En cualquiera de los tres casos conviene un diagnóstico antes que un tratamiento. “Ansiedad” es un síntoma; el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y la ansiedad social se tratan con la misma caja de herramientas pero con protocolos distintos, y saber cuál es el tuyo cambia el plan. Si aún no lo tienes claro, el test de ansiedad y depresión con GAD-7 y PHQ-9 del sitio es un primer filtro (no un diagnóstico), y los artículos sobre el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y la ansiedad social describen cada cuadro.

¿El trastorno de ansiedad se cura?

La respuesta honesta es que la mayoría mejora mucho y una parte importante mantiene la mejoría años después, pero “curar” en el sentido de no volver a sentir ansiedad nunca no es una meta realista ni deseable. La ansiedad es una respuesta normal del organismo; lo que se trata es el exceso y la evitación que lo acompaña. Y como los trastornos de ansiedad tienden a la cronicidad, el tratamiento se piensa a largo plazo desde el principio (Batelaan et al., 2017).

Lo que dura, dura. Un metaanálisis de 69 ensayos con seguimiento encontró que la ventaja de la TCC sobre los grupos de control se mantenía hasta 12 meses después de terminar la terapia en el TAG, el pánico, la ansiedad social y las fobias, y que más allá del año seguía siendo significativa en el TAG y la ansiedad social (van Dis et al., 2020). Las tasas de recaída reportadas en los pocos ensayos que las midieron iban del 0 % al 14 %. Esa es la gran ventaja de la terapia: lo aprendido se queda cuando las sesiones terminan.

Con el fármaco pasa lo contrario: protege mientras se toma, y por eso la recaída al suspenderlo es el problema a resolver (Batelaan et al., 2017). De ahí que la combinación tenga sentido en los cuadros más graves y que, incluso quien elige medicarse, se beneficie de una terapia que le deje herramientas propias.

Por eso las buenas terapias terminan con un módulo de prevención de recaídas. Tolin (2024) lo resume en cinco tareas: identificar las situaciones de alto riesgo y ensayar cómo manejarlas, recordar que sostener la mejoría depende de usar las habilidades y no de la fuerza de voluntad, desmontar los mitos que quedaron (por ejemplo, que preocuparse sirve para resolver problemas), tener un plan escrito para los lapsos, y no confundir un mal día con volver a cero (p. 183). Un lapso es una ansiedad que reaparece un tiempo; una recaída es dejar que vuelva la evitación. La diferencia está en lo que haces esa semana.

¿Qué hacer si el tratamiento no funciona?

Primero, revisar si el tratamiento fue de verdad el tratamiento. Muchas “terapias que no sirvieron” fueron conversaciones de apoyo sin exposición ni tareas, y muchos “antidepresivos que no hicieron nada” se tomaron tres semanas a dosis de inicio. Con eso descartado, la evidencia ofrece varios pasos siguientes.

  • Si hiciste terapia y no mejoraste: pregunta qué tipo de terapia fue. Si no incluía exposición ni un plan con metas, no era TCC para la ansiedad, aunque se llamara así. Un metaanálisis en red sobre el formato de la TCC en el TAG encontró que la TCC individual y presencial rindió mejor que la remota, el tratamiento habitual y la lista de espera, y que la versión remota no superó a la lista de espera (Liu et al., 2025). El dato pide un matiz: el estudio es solo de TAG y “remota” agrupa formatos a distancia de distinto tipo, así que no equivale a decir que la videollamada con un psicólogo no sirva; lo que sí muestra es que tener un terapeuta delante, sesión a sesión, rinde más que un programa a distancia sin ese seguimiento. Si tu terapia fue una app o un curso autoguiado, todavía no probaste la de verdad.
  • Si tomaste un fármaco y no mejoraste: hay más de una alternativa dentro de la misma familia y en otras, y el metaanálisis de Slee et al. (2019) fue explícito en que fallar con el primero no es razón para abandonar la vía. Eso lo decide el psiquiatra, con tiempo suficiente en cada intento.
  • Si probaste una sola cosa: suma la otra. La combinación es la recomendación habitual para la respuesta parcial y para los cuadros con comorbilidad (Bandelow et al., 2015; Bandelow et al., 2023).
  • Si nada de lo anterior aplica: vale la pena revisar el diagnóstico. Una ansiedad que no responde a veces es un trastorno obsesivo compulsivo, un trauma no tratado, un consumo de alcohol o cannabis que la mantiene, o un problema médico. Todos tienen tratamiento, pero no el mismo.

Lo que no conviene es rotar de terapeuta cada mes ni dejar los fármacos de golpe porque “no hacen nada”. La ansiedad se alimenta de la urgencia; el tratamiento funciona con constancia.

Cómo acceder al tratamiento de la ansiedad en Chile

Aquí hay que ser claros porque circula mucha información equivocada: los trastornos de ansiedad no están cubiertos por el GES. La depresión sí (para personas de 15 años y más), pero la ansiedad como diagnóstico principal no tiene garantía explícita. Puedes revisar la ficha oficial de la Superintendencia de Salud sobre la depresión GES para comparar. Esto importa por una razón práctica: si tu ansiedad viene con una depresión, el diagnóstico de depresión sí abre la puerta a un tratamiento garantizado que incluye evaluación, fármacos y psicoterapia.

Fuera del GES, las opciones son las de siempre:

  • Atención primaria (CESFAM): con inscripción en Fonasa, el consultorio puede evaluar, iniciar tratamiento farmacológico y derivar a psicólogo o a psiquiatría según la gravedad. Los tiempos de espera varían mucho entre comunas.
  • Consulta particular con bonificación: Fonasa e isapres bonifican una parte de la consulta de psicólogo y de psiquiatra según el plan; la cobertura concreta hay que confirmarla con tu seguro antes de agendar.
  • Orientación telefónica: Salud Responde (600 360 7777) atiende las 24 horas y tiene psicólogos en su equipo para orientación y contención. No es un tratamiento, pero sirve para saber a dónde ir y qué hacer en una crisis.
  • Terapia online: para la ansiedad, la videollamada con un psicólogo permite el mismo protocolo de TCC, incluida la exposición, con la ventaja de practicar en tu entorno real. Si buscas esa modalidad, puedes agendar una consulta aquí.

Sea cual sea la puerta de entrada, dos preguntas te ahorran meses: “¿qué tipo de terapia hace usted para la ansiedad?” y “¿cuánto suele durar?”. Un profesional que trabaja con evidencia responde las dos sin rodeos.

Preguntas frecuentes sobre el tratamiento de la ansiedad

¿Cuál es el mejor tratamiento para la ansiedad?

Los dos tratamientos de primera línea son la terapia cognitivo conductual con exposición y los antidepresivos ISRS o IRSN. En las comparaciones directas rinden parecido al terminar (Cuijpers et al., 2013), y la terapia mantiene mejor los resultados después del alta. En cuadros graves o con depresión, combinarlos es lo más eficaz. La elección depende de la gravedad y de tu preferencia.

¿Cuánto dura una terapia para la ansiedad?

Se cuenta en semanas, no en años. Las revisiones sobre dosis de psicoterapia sitúan las dosis óptimas entre 4 y 26 sesiones según el problema, con la mayor parte de la mejoría en las primeras, y muestran que ir cada semana acelera el cambio (Robinson, Delgadillo y Kellett, 2020). Los programas estructurados de los ensayos, como el de mindfulness de Hoge et al. (2023), duran unas 8 semanas.

¿La ansiedad se puede tratar sin medicamentos?

Sí. La terapia cognitivo conductual es tratamiento de primera línea por sí sola y, en comparaciones directas, iguala a los antidepresivos (Cuijpers et al., 2013). Un programa estructurado de mindfulness de 8 semanas tampoco fue inferior a escitalopram en un ensayo (Hoge et al., 2023). Si la ansiedad es grave o hay depresión, conviene al menos evaluar la opción farmacológica con un médico.

¿Cuánto tiempo hay que tomar medicamentos para la ansiedad?

Las guías recomiendan mantener el antidepresivo entre 6 y 12 meses después de la remisión antes de plantear la retirada, que se hace de forma gradual (Bandelow, Michaelis y Wedekind, 2017). Suspenderlo antes triplica el riesgo de recaída en el año siguiente (Batelaan et al., 2017). La duración exacta la decide el médico tratante según tu evolución.

¿Es mejor ir al psicólogo o al psiquiatra por ansiedad?

Para una ansiedad leve o moderada, o si prefieres no medicarte, empieza por un psicólogo que haga TCC. Si la ansiedad es intensa, hay depresión, no duermes o ya hiciste una terapia sin resultado, suma un psiquiatra. En los cuadros graves lo habitual es que ambos trabajen coordinados; no compiten, se complementan.

¿El trastorno de ansiedad tiene cura?

La mayoría de las personas mejora de forma sustancial, y con la TCC la mejoría se mantiene al menos un año después de terminar, con recaídas entre el 0 % y el 14 % en los ensayos que las midieron (van Dis et al., 2020). La meta es que la ansiedad deje de mandar en tus decisiones; que desaparezca para siempre no es una meta realista. La primera se logra.

¿La ansiedad está cubierta por el GES en Chile?

No. Los trastornos de ansiedad no tienen garantía GES como diagnóstico principal. La depresión en personas de 15 años y más sí está cubierta, así que si tu ansiedad viene acompañada de depresión, ese diagnóstico abre la garantía. Fuera del GES quedan la atención primaria, la bonificación de Fonasa o isapre en consulta particular y la orientación de Salud Responde.

Cuándo consultar (y por qué ahora conviene más que después)

Si la ansiedad lleva más de un mes limitando lo que haces, si ya evitas lugares, personas o sensaciones, si duermes mal la mayoría de las noches o si notas que el alcohol o las pastillas se volvieron tu forma de bajarla, es momento de consultar. No hace falta estar en crisis. Los trastornos de ansiedad tienden a volverse crónicos si no se tratan (Batelaan et al., 2017), y los tratamientos funcionan mejor cuando la evitación todavía no ocupa media vida.

Si prefieres empezar por conversar con un psicólogo que trabaje con terapia cognitivo conductual, puedes agendar una consulta online. En la primera sesión se evalúa qué tipo de ansiedad tienes, se conversa con franqueza si hace falta apoyo médico y se acuerda un plan con metas y un plazo. Que sepas desde el principio a dónde vas es parte del tratamiento.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

  • Alonso, J., Liu, Z., Evans-Lacko, S., Sadikova, E., Sampson, N., Chatterji, S., Abdulmalik, J., Aguilar-Gaxiola, S., Al-Hamzawi, A., Andrade, L. H., Bruffaerts, R., Cardoso, G., Cia, A., Florescu, S., de Girolamo, G., Gureje, O., Haro, J. M., He, Y., de Jonge, P., Karam, E. G., Kawakami, N., Kovess-Masfety, V., Lee, S., Levinson, D., Medina-Mora, M. E., Navarro-Mateu, F., Pennell, B. E., Piazza, M., Posada-Villa, J., ten Have, M., Zarkov, Z., Kessler, R. C., Thornicroft, G., & WHO World Mental Health Survey Collaborators. (2018). Treatment gap for anxiety disorders is global: Results of the World Mental Health Surveys in 21 countries. Depression and Anxiety, 35(3), 195-208. https://doi.org/10.1002/da.22711
  • Bandelow, B., Allgulander, C., Baldwin, D. S., Costa, D. L. da C., Denys, D., Dilbaz, N., Domschke, K., Eriksson, E., Fineberg, N. A., Hättenschwiler, J., Hollander, E., Kaiya, H., Karavaeva, T., Kasper, S., Katzman, M., Kim, Y. K., Inoue, T., Lim, L., Masdrakis, V., Menchón, J. M., Miguel, E. C., Möller, H. J., Nardi, A. E., Pallanti, S., Perna, G., Rujescu, D., Starcevic, V., Stein, D. J., Tsai, S. J., Van Ameringen, M., Vasileva, A., Wang, Z., & Zohar, J. (2023). World Federation of Societies of Biological Psychiatry (WFSBP) guidelines for treatment of anxiety, obsessive-compulsive and posttraumatic stress disorders. Version 3. Part I: Anxiety disorders. The World Journal of Biological Psychiatry, 24(2), 79-117. https://doi.org/10.1080/15622975.2022.2086295
  • Bandelow, B., Michaelis, S., & Wedekind, D. (2017). Treatment of anxiety disorders. Dialogues in Clinical Neuroscience, 19(2), 93-107. https://doi.org/10.31887/DCNS.2017.19.2/bbandelow
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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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