¿Por qué las personas son infieles? Lo que dice la psicología

Pintura impresionista de un sendero de otoño que se bifurca, ilustración de por qué las personas son infieles

Cuando te enteras de una infidelidad, la primera pregunta suele ser “¿por qué?”, mucho antes que “¿qué hago ahora?”. Y si fuiste tú quien engañó, aparece la misma pregunta con otro tono: “¿por qué lo hice si no quería perder a mi pareja?”. Este artículo recorre lo que la investigación ha encontrado sobre por qué las personas son infieles, cuánto pesa cada causa y qué no se puede concluir todavía. Al final hay una parte práctica para quien necesita decidir qué hacer con la respuesta.

Respuesta corta: casi nunca hay una sola causa. La investigación muestra una mezcla de insatisfacción o desconexión en la pareja, rasgos de la persona (apego inseguro, personalidad sexual, haber sido infiel antes) y oportunidad. Ningún factor, por sí solo, predice con precisión quién engañará. Y entender el motivo no vuelve inocente la decisión.

¿Por qué las personas son infieles? Un mapa de las causas

A la infidelidad se llega por varios caminos, y ninguno basta por sí solo. Una revisión sistemática de 82 estudios cuantitativos (Haseli et al., 2019) ordenó los factores asociados en niveles: la persona, la pareja, el entorno cercano y la cultura. Lo que más consistentemente se asoció con la infidelidad fueron las variables de la propia relación, y la incompatibilidad entre las personas pareció pesar más que los rasgos de cada una por separado. Los autores no pudieron calcular tamaños de efecto porque los estudios medían la infidelidad de formas muy distintas.

Un texto clásico de ciencia de las relaciones (Bradbury & Karney, 2019) resume el cuadro con tres capas que se suman, siguiendo el modelo de Allen y colegas (2005):

  • Vulnerabilidades de la persona: mayor disposición al sexo sin compromiso, apego inseguro, haber sido infiel antes.
  • Condiciones de la relación: bajo compromiso, insatisfacción, desconexión sexual, comunicación negativa desde el comienzo.
  • Oportunidad: tiempo a solas fuera de la pareja, viajes de trabajo, compañeros de trabajo cercanos, alcohol.

Ninguna capa, por sí sola, explica a una persona concreta. Por eso las listas de “las 8 razones” que circulan en los medios sirven para ordenar ideas, pero describen más el menú de motivos que se declaran que una causa demostrada.

¿Qué tan común es la infidelidad?

Depende de cómo se defina y a quién se le pregunte, y eso explica por qué circulan cifras tan distintas. Las que siguen vienen de estudios en Estados Unidos y Portugal, porque en la evidencia revisada para este artículo no apareció un dato chileno comparable.

  • En encuestas nacionales de EE. UU. entre 2000 y 2016, la prevalencia de sexo extramarital a lo largo de la vida entre personas alguna vez casadas fue de 17,8 % en 2000 y de 16,3 % en 2016. La prevalencia en el último año se mantuvo en 3,0 %. Los hombres reportaron más que las mujeres (Labrecque & Whisman, 2017).
  • En 506 hombres y 412 mujeres en pareja monógama, el 23,2 % de los hombres y el 19,2 % de las mujeres dijo haber “engañado” en la relación actual, con una definición más amplia que incluía interacciones sexuales que podían dañar la relación (Mark et al., 2011).
  • En parejas de noviazgo jóvenes de Portugal, el 23,4 % de los hombres y el 15,5 % de las mujeres reportó infidelidad física o sexual cara a cara, y el 15,3 % y el 4,6 % respectivamente infidelidad sexual online (Martins et al., 2016).

Otro dato que desarma una creencia: según las mismas encuestas de EE. UU., el 53,5 % de quienes reportaron sexo extramarital lo tuvo con un amigo cercano, y el 29,4 % con un vecino, colega o conocido de larga data. Es decir, la infidelidad suele ocurrir con alguien que ya forma parte del círculo de la persona, más que con un desconocido.

Los motivos que las personas declaran

Cuando se les pregunta a quienes tuvieron una aventura por qué la tuvieron, las respuestas se agrupan en dos grandes familias. Un estudio con 495 personas (Selterman et al., 2021) comparó ambas:

Tipo de motivoEjemplosQué se asoció a él
Motivos de pareja (“diádicos”)Rabia con la pareja, falta de amorAventuras más largas, más citas públicas con la otra persona, más disolución de la pareja principal
Motivos situacionalesEstrés, intoxicaciónAventuras más cortas, menos revelación, menos disolución
Intimidad y autoestimaSoledad, sentirse desatendido, necesitar sentirse queridoMás frecuentes en apego temeroso o preocupado (Allen & Baucom, 2004)
Autonomía y distanciaQuerer espacio, sentirse asfixiadoMás frecuentes en apego evitativo (Allen & Baucom, 2004)

La tabla tiene una lectura clínica útil: no todas las infidelidades significan lo mismo sobre la relación. Una aventura impulsada por la rabia o el desamor suele ser el síntoma de una pareja que ya se estaba rompiendo. Una aventura situacional, tras una fiesta o en un viaje, apunta más a la ocasión que al vínculo. Eso no la hace menos dolorosa, pero cambia lo que hay que conversar después.

Insatisfacción en la pareja: el factor mejor respaldado

Si hubiera que elegir el factor con mejor sostén empírico, sería la calidad de la relación. Un estudio que siguió durante 20 meses a 933 personas de 18 a 35 años en parejas no casadas (Maddox Shaw et al., 2013) encontró que predijeron una infidelidad sexual futura la menor satisfacción con la relación, la comunicación negativa, la agresión, el menor compromiso, la ausencia de planes de casarse y la sospecha de que la pareja también había sido infiel. Lo que no la predijo fue la frecuencia sexual, la insatisfacción sexual ni vivir juntos. Y entre los datos demográficos, ni el género, la edad, la educación, la religiosidad ni tener hijos mostraron relación.

Otro trabajo con aprendizaje automático sobre 1.295 personas (Vowels et al., 2022) llegó a una conclusión parecida: la infidelidad fue “algo predecible”, y los mejores predictores fueron interpersonales, sobre todo la satisfacción con la relación, el amor, el deseo y cuánto llevaba la pareja junta.

Hay una versión más fina de la misma idea. En 109 estudiantes con pareja, cuanto menos cubría la relación sus necesidades de intimidad, compañía, sexo, seguridad e implicación emocional, y cuanto menos crecimiento personal aportaba, mayor era su susceptibilidad autoinformada a la infidelidad (Lewandowski & Ackerman, 2006). Es la idea de la “autoexpansión”: las personas buscamos que la pareja nos amplíe, y cuando la relación se estanca algunas miran hacia otro lado. La muestra es pequeña y mide susceptibilidad, no conducta, así que conviene leerla como una pista y no como una prueba.

Dos límites importantes. Primero, casi todos estos estudios son correlacionales: la insatisfacción puede empujar a la infidelidad, pero la infidelidad (o su sospecha) también deteriora la relación. Segundo, la insatisfacción es un factor entre varios, y hay personas que engañan estando bien con su pareja. Esther Perel (2006) ha insistido en ese punto desde la clínica: el deseo de transgresión, de intensidad o de reencontrarse con partes olvidadas de uno mismo puede aparecer en matrimonios que la propia persona describe como buenos.

El apego: por qué los motivos cambian según la persona

Un metaanálisis de 17 estudios y 13.666 participantes (Ghiasi et al., 2024) encontró que más ansiedad y más evitación en el apego se asociaban a más infidelidad (r = 0,18). Separando por estilo, el apego evitativo mostró una asociación pequeña (r = 0,07), el temeroso una algo mayor (r = 0,19) y el preocupado ninguna. Son efectos pequeños y correlacionales: el apego inseguro aumenta la probabilidad, no la determina.

Lo más interesante es que el apego cambia el motivo. En un estudio con universitarios y adultos de la comunidad con infidelidad previa (Allen & Baucom, 2004), quienes tenían un estilo temeroso o preocupado informaron más motivos de intimidad (necesitar sentirse queridos), y los evitativos más motivos de autonomía (necesitar espacio). Los evitativos no tuvieron aventuras más “casuales” por ser evitativos, otro matiz que la divulgación suele perder. La teoría del apego adulto (Mikulincer & Shaver, 2007) lo explica así: la persona ansiosa busca asegurarse de que la quieren, y la evitativa busca recuperar la distancia que siente perdida.

Si quieres entender mejor cómo funcionan estos estilos, puedes leer sobre cómo superar el apego ansioso y sobre el apego evitativo y cómo superarlo.

Personalidad sexual e historia previa

Más allá de la relación, algunas diferencias individuales pesan. En el estudio de Mark y colegas (2011), en los hombres predijeron la infidelidad una mayor propensión a la excitación sexual, distintas formas de inhibición sexual y una tendencia a conductas sexuales de las que luego se arrepienten en estados de ánimo negativos. En las mujeres pesaron patrones parecidos de inhibición sexual, y además la baja felicidad en la pareja y la baja compatibilidad en actitudes sexuales. En ambos casos contaron más estas características que la religiosidad o el estado civil. Aun así, los modelos explicaron solo entre el 17 % y el 21 % de la variación: queda mucho sin explicar.

La historia previa también cuenta. Siguiendo a 484 adultos a través de dos relaciones consecutivas, quienes habían tenido sexo extradiádico en la primera tenían tres veces más probabilidades de repetirlo en la siguiente (Knopp et al., 2017). Quienes supieron que su pareja anterior los había engañado tenían el doble de probabilidades de vivirlo de nuevo, y quienes lo sospecharon, cuatro veces más probabilidades de volver a sospechar. Que haya un patrón no significa que “quien fue infiel una vez lo será siempre”: significa que el riesgo sube, y que lo que sube puede trabajarse.

¿Por qué algunas personas son infieles y otras no?

Con todo lo anterior, la respuesta honesta es que las personas que tienden a ser infieles no forman un tipo único: son personas en quienes se juntaron varias condiciones. Quien tiene apego seguro, está comprometido con su relación, se siente conectado y no tiene oportunidades constantes tiene menos probabilidades. Quien tiene apego inseguro, una pareja insatisfecha o desconectada y mucha oportunidad tiene más, sin que ninguna combinación sea una sentencia.

Esto también explica por qué predecir es tan difícil. Los modelos estadísticos mejoran el azar, pero explican una fracción modesta de la variación, y la mayoría de los estudios miran hacia atrás (preguntan a quienes ya fueron infieles qué les pasó) en vez de seguir a las personas hacia adelante. Casi todo lo que sabemos, por tanto, son asociaciones. La única excepción son estudios como el de 20 meses de Maddox Shaw y colegas (2013), y aun ellos se hicieron con parejas no casadas en EE. UU.

¿Las personas son infieles por naturaleza?

La idea de que “las personas son infieles por naturaleza” tiene un origen serio y un uso muy poco serio. El origen es la psicología evolucionista: Buss y Schmitt (1993) propusieron que la desigual inversión biológica de hombres y mujeres en la descendencia moldeó estrategias de apareamiento distintas, y que esas estrategias incluyen conductas extradiádicas. Es una teoría influyente y también muy discutida. Eagly y Wood (1999) sostienen que gran parte de las diferencias entre hombres y mujeres en este terreno proviene de los roles sociales y de la desigualdad entre los géneros, más que de una programación biológica. Hoy la discusión sigue abierta.

La biología sí aparece en los datos, pero con un tamaño modesto y con dos advertencias:

  • En más de 1.600 pares de gemelas del Reino Unido, aproximadamente el 41 % de la variación en la infidelidad autoinformada se asociaba a factores genéticos. Las actitudes hacia la infidelidad, en cambio, dependían del entorno y no de los genes. Los autores buscaron una variante del gen del receptor de vasopresina (AVPR1A) y no la asociaron con la infidelidad (Cherkas et al., 2004).
  • En 181 adultos jóvenes, quienes tenían una variante concreta del gen del receptor de dopamina D4 (DRD4 7R+) reportaban más de un 50 % más de episodios de infidelidad (Garcia et al., 2010). La muestra es chica y no se ha usado para predecir a nadie.

Y una aclaración que suele perderse: que un rasgo sea “heredable en un 41 %” describe cuánto de las diferencias entre personas de una población se asocia a los genes, no cuánto de la conducta de una persona está “escrita”. Natural, en el sentido de que existe en todas las sociedades, no quiere decir inevitable ni justificado. Esta conclusión también la sostiene la práctica clínica: las personas con las mismas predisposiciones deciden de forma distinta, y esa decisión tiene consecuencias que son suyas.

Infidelidad emocional y online

La definición de infidelidad cambia de una persona a otra. Hay quien traza la línea en el contacto sexual y quien la traza en la intimidad emocional o en los mensajes. La revisión narrativa de Rokach y Chan (2023) cubre las formas de infidelidad, los factores que la favorecen y las reacciones al descubrimiento, y destaca que el daño no depende solo del acto físico. En un instrumento validado en 674 colombianos, la infidelidad se separó en motivos, tendencia, creencias y consecuencias, lo que refuerza que el término no significa lo mismo para todos (Riveros Munévar et al., 2021).

En el estudio portugués de Martins y colegas (2016), actitudes más favorables hacia la infidelidad, menor satisfacción, menor compromiso y mejores alternativas se asociaron a la infidelidad tanto en hombres como en mujeres, y las mujeres con estudios superiores tuvieron más probabilidad de infidelidad sexual online. Por eso, en una conversación de pareja conviene acordar primero qué cuenta como infidelidad para cada uno, antes de discutir si ocurrió.

Entender no es justificar

Este es el punto en el que más se equivocan las explicaciones psicológicas mal usadas. Los motivos explican cómo se llegó ahí, no quitan la responsabilidad de haber elegido mentir. Christensen, Doss y Jacobson (2014), tres referentes de la terapia de pareja, lo dicen sin rodeos: los problemas de la relación forman el contexto, pero la infidelidad es una solución unilateral que la persona elige, y por eso la responsabilidad es suya. Bradbury y Karney (2019) añaden que quien engañó tiende a protegerse con sesgos de autojustificación: minimizar el daño o poner el peso en los defectos de la pareja.

Esto importa en dos direcciones. Si te engañaron, que existan factores de la relación no significa que tú hayas causado la infidelidad. Si engañaste, entender tus motivos es útil para no repetir el patrón, pero una explicación que suena a excusa suele cerrar la conversación en vez de abrirla.

¿Y ahora qué? Cómo usar esta información

  • Si te engañaron y estás en el impacto: no necesitas tener claro el porqué para decidir los próximos pasos. Los motivos se pueden revisar con más calma después, con apoyo si lo necesitas. Dos artículos del sitio pueden ayudarte: cómo superar una infidelidad y cómo reparar la confianza después de una infidelidad.
  • Si fuiste tú: una buena pregunta de partida es qué necesitabas y no estabas pidiendo, qué lugar tenían la rabia, el estrés o el alcohol, y qué patrón se repite si ya había ocurrido antes. Puede ser útil hacerlo con un profesional, sin la presión de decidir todo de inmediato.
  • Si sospechas o te inquietan los celos: los celos intensos sin pruebas son otro tema, que se trata aparte: celos normales o celotipia.
  • Si ambos quieren intentarlo: la terapia de pareja específica para infidelidad puede ayudar a bajar el malestar, aunque no siempre recupera la satisfacción con la relación al mismo ritmo. En un ensayo con 89 parejas que habían revelado una infidelidad en los 6 meses previos, la ansiedad mejoró con efecto grande en ambos miembros, y la depresión solo en quien fue infiel (Kröger et al., 2012). Cerca de la mitad de las parejas abandonó el tratamiento. Hay más sobre cuándo conviene la terapia de pareja.

¿Cuándo consultar a un profesional?

Consulta si el impacto de la infidelidad (propia o de tu pareja) te impide dormir, concentrarte o trabajar durante semanas, si aparecen ideas de hacerte daño o de hacerle daño a otra persona, si la relación se ha vuelto un ciclo de acusaciones sin salida, o si descubres que la infidelidad se repite y no sabes por qué. Pedir ayuda no obliga a seguir en la relación ni a terminarla: sirve para decidir con más claridad.

Si quieres conversarlo, puedes agendar una consulta. Este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación individual.

Preguntas frecuentes

¿Por qué las personas son infieles aunque quieran a su pareja?

Porque querer a alguien y desear algo distinto no se excluyen. Los motivos declarados incluyen buscar novedad, sentirse deseado, rabia acumulada o una ocasión en un contexto de estrés o alcohol. Algunas aventuras tienen que ver con la relación y otras con la situación o con la persona. En estudios como el de Selterman y colegas (2021), los motivos situacionales se asociaron con aventuras más cortas y menos rupturas.

¿Por qué algunas personas son infieles y otras no?

Se juntan varios factores. Los más estudiados son el apego inseguro, la insatisfacción y la desconexión en la pareja, el bajo compromiso, haber sido infiel antes y la oportunidad. Quien tiene pocos de esos factores tiene menos probabilidad, pero ninguno es determinante. Los modelos estadísticos explican solo una parte de la variación, así que no se puede señalar de antemano quién engañará.

¿Las personas son infieles por naturaleza?

No hay evidencia de que la infidelidad sea inevitable. La psicología evolucionista propone estrategias de apareamiento que la favorecerían, y los estudios de gemelos asocian cerca del 41 % de la variación en infidelidad femenina a factores genéticos (Cherkas et al., 2004). Pero esas cifras describen poblaciones, no destinos, y los roles sociales también influyen. Que algo sea frecuente o heredable no lo justifica.

¿Una persona que fue infiel una vez lo será siempre?

No siempre, pero el riesgo sube. En un estudio de 484 adultos seguidos durante dos relaciones, quienes habían sido infieles en la primera tenían tres veces más probabilidades de serlo en la siguiente (Knopp et al., 2017). La conducta pasada es un factor de riesgo, no una condena. Entender qué la motivó y trabajarlo con ayuda profesional cambia las probabilidades.

¿La infidelidad siempre significa que la relación estaba mal?

No. La insatisfacción es el factor mejor respaldado, pero hay personas que engañan estando contentas con su pareja, y hay parejas con problemas serios sin infidelidad. Los motivos de rabia o desamor suelen apuntar a la relación, mientras que los situacionales o personales apuntan menos a ella. Por eso conviene mirar el caso concreto, no aplicar una regla general.

¿Qué hago si no sé por qué fui infiel?

Es más común de lo que parece, y no tienes que tenerlo claro de inmediato. Un buen comienzo es anotar qué estaba pasando antes de la infidelidad (en tu estado de ánimo, en tu pareja, en tu contexto) y qué necesitabas. Una consulta con un psicólogo puede ayudarte a ordenarlo, sin que eso implique justificarte ni castigarte.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

Allen, E. S., & Baucom, D. H. (2004). Adult attachment and patterns of extradyadic involvement. Family Process, 43(4), 467-488. https://doi.org/10.1111/j.1545-5300.2004.00035.x

Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (1993). Sexual strategies theory: An evolutionary perspective on human mating. Psychological Review, 100(2), 204-232. https://doi.org/10.1037/0033-295x.100.2.204

Cherkas, L. F., Oelsner, E. C., Mak, Y. T., Valdes, A., & Spector, T. D. (2004). Genetic influences on female infidelity and number of sexual partners in humans: A linkage and association study of the role of the vasopressin receptor gene (AVPR1A). Twin Research, 7(6), 649-658. https://doi.org/10.1375/1369052042663922

Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). The Guilford Press.

Eagly, A. H., & Wood, W. (1999). The origins of sex differences in human behavior: Evolved dispositions versus social roles. American Psychologist, 54(6), 408-423. https://doi.org/10.1037/0003-066x.54.6.408

Garcia, J. R., MacKillop, J., Aller, E. L., Merriwether, A. M., Wilson, D. S., & Lum, J. K. (2010). Associations between dopamine D4 receptor gene variation with both infidelity and sexual promiscuity. PLoS ONE, 5(11), e14162. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0014162

Ghiasi, N., Rasoal, D., Haseli, A., & Feli, R. (2024). The interplay of attachment styles and marital infidelity: A systematic review and meta-analysis. Heliyon, 10(1), e23261. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2023.e23261

Haseli, A., Shariati, M., Nazari, A. M., Keramat, A., & Emamian, M. H. (2019). Infidelity and its associated factors: A systematic review. The Journal of Sexual Medicine, 16(8), 1155-1169. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2019.04.011

Knopp, K., Scott, S., Ritchie, L., Rhoades, G. K., Markman, H. J., & Stanley, S. M. (2017). Once a cheater, always a cheater? Serial infidelity across subsequent relationships. Archives of Sexual Behavior, 46(8), 2301-2311. https://doi.org/10.1007/s10508-017-1018-1

Kröger, C., Reißner, T., Vasterling, I., Schütz, K., & Kliem, S. (2012). Therapy for couples after an affair: A randomized-controlled trial. Behaviour Research and Therapy, 50(12), 786-796. https://doi.org/10.1016/j.brat.2012.09.006

Labrecque, L. T., & Whisman, M. A. (2017). Attitudes toward and prevalence of extramarital sex and descriptions of extramarital partners in the 21st century. Journal of Family Psychology, 31(7), 952-957. https://doi.org/10.1037/fam0000280

Lewandowski, G. W., & Ackerman, R. A. (2006). Something’s missing: Need fulfillment and self-expansion as predictors of susceptibility to infidelity. The Journal of Social Psychology, 146(4), 389-403. https://doi.org/10.3200/socp.146.4.389-403

Maddox Shaw, A. M., Rhoades, G. K., Allen, E. S., Stanley, S. M., & Markman, H. J. (2013). Predictors of extradyadic sexual involvement in unmarried opposite-sex relationships. The Journal of Sex Research, 50(6), 598-610. https://doi.org/10.1080/00224499.2012.666816

Mark, K. P., Janssen, E., & Milhausen, R. R. (2011). Infidelity in heterosexual couples: Demographic, interpersonal, and personality-related predictors of extradyadic sex. Archives of Sexual Behavior, 40(5), 971-982. https://doi.org/10.1007/s10508-011-9771-z

Martins, A., Pereira, M., Andrade, R., Dattilio, F. M., Narciso, I., & Canavarro, M. C. (2016). Infidelity in dating relationships: Gender-specific correlates of face-to-face and online extradyadic involvement. Archives of Sexual Behavior, 45(1), 193-205. https://doi.org/10.1007/s10508-015-0576-3

Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. The Guilford Press.

Perel, E. (2006). Mating in captivity: Reconciling the erotic and the domestic. Harper.

Riveros Munévar, F., Prieto Patiño, L. E., Marroquín Ortegón, L., Cardona Rodríguez, M., Delgado Zapata, C., & Rodríguez Niño, Y. (2021). Validación del Inventario Multidimensional de Infidelidad (IMIN) en población colombiana. International Journal of Psychological Research, 14(1), 33-47. https://doi.org/10.21500/20112084.4710

Rokach, A., & Chan, S. H. (2023). Love and infidelity: Causes and consequences. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(5), 3904. https://doi.org/10.3390/ijerph20053904

Selterman, D., Garcia, J. R., & Tsapelas, I. (2021). What do people do, say, and feel when they have affairs? Associations between extradyadic infidelity motives with behavioral, emotional, and sexual outcomes. Journal of Sex & Marital Therapy, 47(3), 238-252. https://doi.org/10.1080/0092623x.2020.1856987

Vowels, L. M., Vowels, M. J., & Mark, K. P. (2022). Is infidelity predictable? Using explainable machine learning to identify the most important predictors of infidelity. The Journal of Sex Research, 59(2), 224-237. https://doi.org/10.1080/00224499.2021.1967846

Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

Conocer más · Agendar una consulta