Cómo Superar una Infidelidad: Reconstruir o Terminar

Pintura impresionista de dos personas en una mesa con una vela entre ambas, sobre cómo superar una infidelidad

Descubrir una infidelidad tira abajo algo más grande que la confianza: tira abajo la versión de tu vida que dabas por segura. Los recuerdos se releen, las fechas se revisan, y de golpe no sabes qué parte de los últimos años fue real. Si estás ahí, lo primero que conviene saber es que lo que sientes no es exageración ni debilidad. Tiene un nombre en la literatura clínica y tiene un curso conocido.

Esta guía recorre lo que se sabe de verdad sobre cómo superar una infidelidad: qué se rompe exactamente, por qué duele con esa intensidad física, qué logra y qué no logra la terapia de pareja según los estudios que la midieron, cómo se decide entre reconstruir y terminar, y en qué situaciones la recomendación clínica es no intentar reconstruir nada.

La respuesta corta

Superar una infidelidad y sanar de ella es posible, pero no significa volver al punto anterior. La reparación real pasa por tres cosas: que quien fue infiel asuma la responsabilidad con hechos y no solo con disculpas, que quien fue herido pueda expresar el dolor sin que eso destruya la conversación, y que ambos acepten que la relación que sigue es una nueva, no la vieja restaurada. La evidencia sobre terapia de pareja tras una aventura es más modesta de lo que suele prometerse: ayuda bastante con la angustia individual y bastante menos con la satisfacción de la relación.

¿Qué se rompe exactamente cuando hay una infidelidad?

La teoría del apego tiene un término preciso para esto: herida de apego (attachment injury). Es el daño que se produce cuando la pareja falla justo en el momento de mayor necesidad o vulnerabilidad, y opera igual que un trauma relacional, distinto de una pelea grande (Johnson, Makinen y Millikin, 2001).

Esa distinción no es académica. Una pelea se resuelve conversando mejor. Una herida de apego no, y por eso tantas parejas quedan atascadas después de meses de conversar: la persona herida mantiene activadas sus defensas y su hipervigilancia, y las técnicas habituales de comunicación rebotan contra eso (Mikulincer y Shaver, 2007). Hasta que la herida se aborda como lo que es, cada conversación sobre otro tema termina volviendo al mismo lugar.

La intensidad tampoco es un invento. En la literatura sobre apego adulto, la ruptura del vínculo de pareja desencadena una respuesta afectiva que llega a equipararse con el duelo por una muerte: volatilidad emocional, angustia, rabia, sensación de vacío y dudas sobre el propio valor para ser querido (Weiss, 1975; Marrone, 2001).

¿Por qué a cada persona le duele de una manera distinta?

Dos personas pueden recibir la misma noticia y reaccionar de forma opuesta. La diferencia suele estar en el estilo de apego, que también predice cómo cada quien intenta arreglarlo o lo empeora.

Quienes tienen un apego seguro sienten el dolor completo, sin quedar desorganizados, y tienden a hablar abiertamente de la decepción con su pareja (Jang, Smith y Levine, 2002). Quienes tienen un apego ansioso entran en hiperactivación: rumiación obsesiva sobre los detalles, protestas con rabia, y una atracción persistente hacia la misma persona que los hirió, lo que los expone a duelos crónicos y a ciclos de ruptura y reconciliación repetidos (Davis, Shaver y Vernon, 2003; Kirkpatrick y Hazan, 1994). Quienes tienen un apego evitativo hacen lo contrario: suprimen la emoción, se distancian, minimizan la importancia del episodio y atraviesan el proceso en soledad (Mikulincer y Shaver, 2007).

Hay un detalle que conviene subrayar, porque explica muchas conversaciones imposibles. La forma en que reacciona quien fue infiel también depende de su apego: la persona segura siente culpa y actúa para reparar; la ansiosa se derrumba en vergüenza y desesperación, con la atención puesta en su propio malestar antes que en el daño causado; y la evitativa responde con resentimiento y hostilidad, rechazando asumir la responsabilidad (Mikulincer y Shaver, 2007). Si te encontraste consolando a quien te engañó, o chocando contra un muro de molestia cuando pediste explicaciones, eso tiene una lógica descrita.

Si te reconoces en alguno de esos patrones, saber qué estilo de apego tienes ayuda a entender por qué reaccionas así, porque ese trabajo de fondo es distinto del que pide la infidelidad en sí.

¿Se puede superar una infidelidad? Lo que muestran los estudios

Sí, y conviene mirar los números reales antes de prometer nada. El único ensayo clínico aleatorizado sobre terapia de pareja tras una aventura reciente siguió a 89 parejas que habían revelado una infidelidad en los seis meses previos. Los resultados fueron desparejos: la ansiedad bajó con un efecto grande en ambos miembros, la depresión mejoró solo en quien había sido infiel y con efecto moderado, y la satisfacción con la relación no mejoró lo suficiente para ninguno de los dos. Cerca de la mitad de las parejas abandonó el tratamiento, muchas porque la aventura seguía en curso o porque se separaron (Kröger et al., 2012).

Leído sin adornos, eso dice algo útil: la terapia sirve bastante para dejar de sentirte destrozado y bastante menos para que la relación vuelva a ser satisfactoria en pocos meses. Son dos objetivos distintos y no llegan juntos.

Hay un segundo hallazgo en la misma dirección. En un ensayo con 662 parejas asignadas al azar a un programa estructurado de habilidades de pareja o a un grupo control, el 23,4% arrastraba una historia de infidelidad. Ese antecedente cambió el resultado: esas parejas aprendieron a comunicarse igual de bien que las demás, pero no alcanzaron los mismos niveles de satisfacción conyugal (Allen et al., 2012). Comunicarse mejor y estar mejor no son lo mismo, y la infidelidad separa esas dos cosas.

Vale la pena decir también lo que la investigación todavía no resuelve. La reacción a una infidelidad puede ser francamente traumática y hoy no encaja limpiamente en ninguna categoría diagnóstica, lo que deja a mucha gente sin un marco donde ubicar lo que le pasa (Rokach y Chan, 2023). Si le pusiste palabras raras a tu propio estado, no es porque estés exagerando: es porque el vocabulario clínico va atrasado.

Cómo superar una infidelidad, paso a paso

No hay atajos ni un plazo garantizado. Lo que sí hay es una secuencia que la literatura sobre reparación de heridas de apego describe con bastante consistencia.

Primero, frenar el daño en curso. Nada de lo que sigue funciona si el contacto con la tercera persona continúa. En el ensayo de Kröger, la aventura en curso fue una de las causas principales de abandono del tratamiento. Esto es una condición de entrada, no un paso más.

Segundo, dejar que el dolor se exprese sin que destruya la conversación. La condición que describe la literatura es exigente y bastante concreta: la persona herida necesita poder expresar su dolor y su vulnerabilidad sin caer en la protesta con rabia coercitiva ni en el cierre frío (Mikulincer y Shaver, 2007). Es difícil, y es justo la parte donde un tercero ayuda.

Tercero, responsabilidad con hechos. Disculparse es barato. Lo que la evidencia asocia a la reparación es la conducta reparadora sostenida: responder preguntas sin irritarse, aceptar transparencia durante un tiempo, no exigir que el otro “ya lo supere”. Cuando quien cometió la falta reacciona con hostilidad o exige perdón rápido, la reparación se estanca.

Cuarto, reconstruir una relación nueva, no restaurar la vieja. Este es el punto que más cuesta y el que más determina el resultado. La confianza después de una infidelidad no se repone; se construye otra vez desde cero, con acuerdos explícitos que antes eran implícitos.

En terapia de pareja, el trabajo sobre heridas de apego se apoya en que el terapeuta funcione como base segura, para que ambos puedan meterse en las emociones difíciles sin que la sesión degenere en ataque o en retirada, y en ayudar a la persona herida a expresar sus necesidades de forma directa para que la otra pueda responder (Johnson, 1996; Mikulincer y Shaver, 2007).

Perdonar una infidelidad no es olvidarla, y son dos perdones distintos

Aquí hay una confusión que hace mucho daño. Perdonar no es borrar el episodio de la memoria. En la literatura sobre apego, las personas que se recuperan bien no funcionan por represión ni por olvido defensivo: procesan el hecho y lo integran, de modo que deja de mantener encendida la hostilidad (Bonanno, 2004; Mikulincer y Shaver, 2007). Seguir recordando no es señal de que no perdonaste.

Además, el perdón tiene dos dimensiones que no van al mismo ritmo. El perdón decisional es la decisión de no cobrarse la deuda, y puede tomarse relativamente pronto. El perdón emocional es que el rencor efectivamente ceda, y llega mucho después. Una revisión de 30 estudios encontró que ambos se asocian a mayor bienestar, y que el perdón emocional es el que más se vincula al bienestar social, incluida la satisfacción de pareja (Cowden et al., 2025). Los autores advierten que la mayoría de esos estudios son transversales, así que no permiten afirmar qué causa qué.

La consecuencia práctica es directa: podés haber decidido perdonar y seguir sintiendo rabia durante meses, sin que eso signifique que la decisión fue falsa. Son dos procesos y el segundo no se apura por voluntad.

Lo que sí facilita el proceso, según la investigación sobre perdón interpersonal, es poder inhibir el impulso de devolver el golpe y hacer atribuciones más generosas sobre lo ocurrido (McCullough, 2000; Fincham, 2000). Eso no equivale a justificar, y no se le puede pedir a alguien en las primeras semanas.

¿Reconstruir o terminar? Una guía para decidir sin puntaje

No existe un test validado que responda esta pregunta por ti, y desconfía de cualquiera que te ofrezca un puntaje para decidirlo. Lo que sí se puede hacer es observar señales concretas durante algunas semanas, con honestidad.

Señales que hacen viable reconstruir:

  • El contacto con la tercera persona terminó de verdad, y verificarlo no desató una crisis.
  • Quien fue infiel responde preguntas sin irritarse ni acusarte de estar obsesionado.
  • Hay conducta reparadora sostenida, no solo un período intenso de arrepentimiento que se apagó a las dos semanas.
  • Ambos pueden hablar del tema sin que la conversación termine siempre igual.
  • Aparecen días buenos, aunque sean intercalados con días pésimos.

Señales de que la reconstrucción no está avanzando:

  • Se te pide que “des vuelta la página” antes de que puedas hablar de lo que pasó.
  • Aparecen versiones nuevas cada vez que preguntas algo.
  • Meses después, la única conversación posible sigue siendo la misma, sin ningún movimiento.
  • Descubres que sostienes la relación por miedo a quedarte solo, más que por querer estar ahí.

Ese último punto merece atención aparte. La frontera entre querer reparar el vínculo y la dependencia emocional es la distancia entre querer y necesitar: el afecto sano mantiene la autonomía y la dignidad propias, mientras que en la dependencia la persona se aferra para llenar un vacío y está dispuesta a renunciar a sus derechos con tal de no enfrentar la ruptura (Castelló Blasco, 2005). Si te reconoces ahí, el tema de fondo no es la infidelidad, y conviene revisar las señales con un test de dependencia emocional.

Cuándo no se debe intentar reconstruir

Esta sección no admite matices. Hay situaciones donde intentar salvar la relación agrava el daño, y donde la terapia de pareja conjunta está contraindicada.

Cuando hay violencia física, maltrato psicológico grave o control coercitivo, mantener o reconstruir la relación perpetúa el daño y expone a la persona a un riesgo que escala con el tiempo (Sarasua et al., 2007; Walker, 1984). La distinción clínica relevante es entre un conflicto de pareja, donde ambos conservan su capacidad de decidir, y el control coercitivo, donde la relación es de dominación y subordinación: en el segundo caso el abordaje conjunto está contraindicado (Muñoz, 2013).

La terapia de pareja tampoco es planteable cuando la otra persona es hostil o explotadora y no acepta renunciar a su posición de dominio. En esos casos el trabajo conjunto no solo es inútil, es perjudicial (Castelló Blasco, 2005).

Si algo de esto describe tu situación, revisar las señales de una relación dañina es un mejor punto de partida que esta guía. En Chile, el Fono Orientación en Violencia Contra la Mujer 1455 atiende las 24 horas, y la Organización Mundial de la Salud mantiene información sobre violencia de pareja y recursos de ayuda.

¿Cuándo conviene buscar terapia o ayuda profesional por una infidelidad?

Hay un argumento adicional para no dejar esto corriendo por meses. Un metaanálisis de 126 estudios con más de 72.000 personas encontró que la calidad de la relación de pareja se asocia a la salud física con efectos pequeños pero consistentes, incluido un menor riesgo de mortalidad y menor reactividad cardiovascular durante el conflicto (Robles et al., 2014). Los autores aclaran que los diseños no permiten inferir causalidad y que parte de los resultados mostró sesgo de publicación, así que el dato no dice que una crisis de pareja te vaya a enfermar. Dice que esto no es solo un asunto sentimental.

Conviene consultar cuando el malestar interfiere con dormir, comer o trabajar durante semanas; cuando la rumiación sobre los detalles no cede; cuando aparecen síntomas de tipo postraumático como imágenes intrusivas o hipervigilancia; cuando la conversación de pareja está atascada en el mismo punto sin ningún movimiento; o cuando no logras decidir y esa indecisión ya se volvió su propio problema.

Superar la infidelidad en pareja y recuperarte tú son dos trabajos distintos, y por eso la terapia individual y la de pareja responden preguntas distintas. La individual atiende tu recuperación, decidas lo que decidas, y sirve igual si la relación ya terminó. La de pareja trabaja el vínculo y necesita que ambos estén dispuestos; es el método con más respaldo para reducir el malestar de la relación, y los distintos modelos convergen más de lo que se suele decir, así que importa más el ajuste con la pareja concreta que la etiqueta del enfoque (Lebow y Snyder, 2022).

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo se tarda en superar una infidelidad?

No hay un plazo respaldado por evidencia sólida, y las cifras que circulan (seis meses, dos años) son estimaciones clínicas, no resultados de estudios. Lo que sí se observa es que el proceso no es lineal: hay recaídas después de semanas buenas. La velocidad depende del estilo de apego, de si el contacto con la tercera persona terminó y de la conducta reparadora sostenida.

¿Es posible perdonar y olvidar una infidelidad?

Perdonar sí, olvidar no, y no hace falta. Las personas que se recuperan bien no reprimen ni borran el episodio: lo procesan e integran hasta que deja de mantener encendida la hostilidad (Mikulincer y Shaver, 2007). Seguir recordando lo que pasó no significa que el perdón sea falso ni incompleto.

¿La terapia de pareja funciona para superar una infidelidad?

Ayuda, con expectativas realistas. El único ensayo aleatorizado del tema encontró mejoras grandes en ansiedad para ambos miembros, mejora moderada en depresión solo para quien fue infiel, y sin mejora suficiente en la satisfacción de la relación en ese plazo (Kröger et al., 2012). Cerca de la mitad de las parejas abandonó el tratamiento.

¿Qué hago si fui yo quien fue infiel y quiero reparar?

Corta el contacto de verdad, no exijas perdón en un plazo, y sostené la conducta reparadora aunque la otra persona siga con rabia. La literatura describe que responder con resentimiento u hostilidad ante el reclamo bloquea la reparación, mientras que la culpa que se traduce en acciones concretas la facilita (Mikulincer y Shaver, 2007).

¿Cuándo es mejor terminar la relación?

Cuando hay violencia, control coercitivo o una pareja que no renuncia a su posición de dominio, la recomendación clínica es no intentar reconstruir (Castelló Blasco, 2005; Muñoz, 2013). Fuera de esos casos, la señal más útil es la ausencia de movimiento: meses de la misma conversación sin ningún cambio, por encima de lo grave que haya sido el hecho en sí.

Para cerrar

Superar una infidelidad exige decidir, con la información puesta sobre la mesa, si quieres construir algo nuevo con esta persona o construirlo sin ella, porque volver a lo de antes ya no es una opción. Las dos salidas son legítimas y ninguna se toma bien en la primera semana.

Si estás atascado en esa decisión, o si el malestar ya está afectando tu sueño, tu trabajo o tu forma de estar con los demás, conversarlo con un psicólogo ordena bastante las ideas. Puedes agendar una sesión de terapia online y empezar por lo tuyo, estés o no estés todavía en la relación.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

Allen, E. S., Rhoades, G. K., Stanley, S. M., Loew, B., & Markman, H. J. (2012). The effects of marriage education for army couples with a history of infidelity. Journal of Family Psychology, 26(1), 26-35. https://doi.org/10.1037/a0026742

Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20-28. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.1.20

Castelló Blasco, J. (2005). Dependencia emocional: Características y tratamiento. Alianza Editorial.

Cowden, R. G., Worthington, E. L., Chung, C. A., & Chen, Z. J. (2025). Differential effects of decisional and emotional forgiveness on psychological, spiritual, social, volitional, and physical well-being: A scoping review. Healthcare, 13(9), 992. https://doi.org/10.3390/healthcare13090992

Davis, D., Shaver, P. R., & Vernon, M. L. (2003). Physical, emotional, and behavioral reactions to breaking up: The roles of gender, age, emotional involvement, and attachment style. Personality and Social Psychology Bulletin, 29(7), 871-884. https://doi.org/10.1177/0146167203029007006

Fincham, F. D. (2000). The kiss of the porcupines: From attributing responsibility to forgiving. Personal Relationships, 7(1), 1-23. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.2000.tb00001.x

Jang, S. A., Smith, S. W., & Levine, T. R. (2002). To stay or to leave? The role of attachment styles in communication patterns and potential termination of romantic relationships following discovery of deception. Communication Monographs, 69(3), 236-252. https://doi.org/10.1080/03637750216543

Johnson, S. M. (1996). The practice of emotionally focused marital therapy: Creating connections. Brunner/Mazel.

Johnson, S. M., Makinen, J. A., & Millikin, J. W. (2001). Attachment injuries in couple relationships: A new perspective on impasses in couples therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 27(2), 145-155. https://doi.org/10.1111/j.1752-0606.2001.tb01152.x

Kirkpatrick, L. A., & Hazan, C. (1994). Attachment styles and close relationships: A four-year prospective study. Personal Relationships, 1(2), 123-142. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.1994.tb00058.x

Kröger, C., Reißner, T., Vasterling, I., Schütz, K., & Kliem, S. (2012). Therapy for couples after an affair: A randomized-controlled trial. Behaviour Research and Therapy, 50(12), 786-796. https://doi.org/10.1016/j.brat.2012.09.006

Lebow, J., & Snyder, D. K. (2022). Couple therapy in the 2020s: Current status and emerging developments. Family Process, 61(4), 1359-1385. https://doi.org/10.1111/famp.12824

Marrone, M. (2001). La teoría del apego: Un enfoque actual. Psimática.

McCullough, M. E. (2000). Forgiveness as human strength: Theory, measurement, and links to well-being. Journal of Social and Clinical Psychology, 19(1), 43-55. https://doi.org/10.1521/jscp.2000.19.1.43

Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. The Guilford Press.

Muñoz, J. M. (2013). La evaluación psicológica forense del daño psíquico: Propuesta de un protocolo de actuación pericial. Anuario de Psicología Jurídica, 23, 61-69.

Robles, T. F., Slatcher, R. B., Trombello, J. M., & McGinn, M. M. (2014). Marital quality and health: A meta-analytic review. Psychological Bulletin, 140(1), 140-187. https://doi.org/10.1037/a0031859

Rokach, A., & Chan, S. H. (2023). Love and infidelity: Causes and consequences. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(5), 3904. https://doi.org/10.3390/ijerph20053904

Sarasua, B., Zubizarreta, I., Echeburúa, E., & de Corral, P. (2007). Perfil psicopatológico diferencial de las víctimas de violencia de pareja en función de la edad. Psicothema, 19(3), 459-466.

Walker, L. E. (1984). The battered woman syndrome. Springer Publishing.

Weiss, R. S. (1975). Marital separation. Basic Books.

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.