Si un mensaje sin respuesta te arruina la tarde, si evitas proponer un plan por si te dicen que no o si le das vueltas durante días a un comentario que alguien soltó sin pensar, probablemente te preguntes de dónde viene ese miedo al rechazo y si se puede cambiar. Esta guía explica qué es, de dónde viene según la investigación, con qué se asocia y cómo se trabaja en terapia, incluido lo que hoy se sabe y lo que no se sabe sobre qué funciona.
En breve: el miedo al rechazo es una reacción humana común. Cuando es intenso y persistente se estudia como sensibilidad al rechazo, es decir, la tendencia a esperar el rechazo, detectarlo con rapidez y reaccionar con fuerza. Se asocia de forma moderada con ansiedad, depresión y soledad. Entre sus orígenes posibles están las experiencias tempranas de rechazo, sobre todo el abuso emocional, y los estilos de apego ansioso, aunque ninguna causa explica por sí sola el miedo. En terapia se trabaja sobre todo con las técnicas de la terapia cognitivo-conductual (TCC) que se usan en ansiedad social. Faltan ensayos que prueben una terapia hecha para la sensibilidad al rechazo en sí.
¿Qué es el miedo al rechazo?
El miedo al rechazo es la anticipación angustiosa de que otras personas te excluyan, te critiquen o te retiren su afecto. Todo el mundo lo siente alguna vez. Se vuelve un problema cuando es desproporcionado, dura en el tiempo y te hace evitar relaciones, oportunidades o conversaciones que te importan.
La psicología lo estudia bajo el nombre de sensibilidad al rechazo. Downey y Feldman (1996) propusieron el modelo que aún se usa: quien tiene esta disposición espera con ansiedad que lo rechacen, percibe con facilidad señales de rechazo (un gesto, un silencio, un tono) y reacciona con intensidad a ellas. Una revisión de 2017 la describe como una disposición de personalidad caracterizada por una sensibilidad excesiva al rechazo social (Gao et al., 2017).
Conviene aclarar un término que circula mucho en redes: la “disforia sensible al rechazo” (RSD, por su sigla en inglés), asociada sobre todo al TDAH. Es una etiqueta de uso divulgativo y clínico informal. No figura como diagnóstico en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). Si te identificas con ella, lo útil es describir qué te pasa y con qué intensidad, más que buscar un nombre que decida por ti.
¿Por qué duele tanto el rechazo?
Porque el cerebro procesa el rechazo con parte de la misma maquinaria que usa para el dolor físico. En un estudio con resonancia magnética, personas que habían vivido una ruptura no deseada miraron la foto de su ex mientras pensaban en el rechazo. Se activaron zonas que participan en el componente sensorial del dolor físico, y no solo en el emocional (Kross et al., 2011).
Eso explica que se hable de “dolor” al hablar de un rechazo, y también que dé tanta urgencia evitarlo. Describe lo que ocurre en el cerebro durante un rechazo muy intenso en una situación de laboratorio. No prueba que quien le teme al rechazo tenga un cerebro “defectuoso”.
¿De dónde viene el miedo al rechazo?
Las causas son varias. Lo que la investigación sostiene sobre los orígenes tiene dos vertientes, con distinto nivel de respaldo.
Experiencias tempranas de rechazo y maltrato emocional
Un metaanálisis de 16 estudios con 5.335 participantes encontró que haber vivido maltrato en la infancia se asocia con mayor sensibilidad al rechazo en la adultez, con una correlación positiva pero pequeña (r = 0,23). La asociación fue más fuerte con el abuso emocional (r = 0,28) que con el abuso físico (r = 0,16), y no cambió según la edad, el sexo ni si la muestra era clínica o de la comunidad (Gao et al., 2024). Los autores concluyen que el maltrato infantil es un factor de riesgo y que las intervenciones deberían tener en cuenta el trauma previo.
Otra revisión sistemática con metaanálisis llegó a una conclusión parecida con más cautela: los estudios que miran directamente el rechazo en la infancia son pocos, pero el abuso emocional y la negligencia parecen estar ligados a la sensibilidad al rechazo adulta. También advierte que casi todas las muestras eran occidentales, con mucha proporción de mujeres, y que el rechazo infantil se midió preguntando por el pasado, con los sesgos de memoria que eso implica (Foxhall et al., 2019).
Una correlación de 0,23 es un efecto pequeño: el maltrato explica solo una parte reducida de las diferencias entre personas en esta sensibilidad. La infancia importa, pero no cuenta toda la historia.
El apego ansioso
En la literatura sobre apego adulto, el apego ansioso se define por el temor al rechazo, a la pérdida y al abandono. Mikulincer y Shaver (2007) describen su origen en cuidadores cuya disponibilidad era impredecible: a veces cálidos, a veces ausentes o insensibles. En ese esquema de refuerzo intermitente, el niño aprende que insistir a veces funciona, y esa estrategia de protesta se consolida.
En la adultez, esa historia se traduce en lo que los mismos autores llaman hiperactivación del sistema de apego: estado de alerta ante cualquier señal de distancia, necesidad de que la pareja confirme el propio valor, y lectura minuciosa de los cambios en el tono o la disponibilidad del otro (Mikulincer y Shaver, 2007).
Es una explicación teórica muy usada en la clínica, pero las fuentes de esta guía no incluyen un metaanálisis que mida directamente la relación entre apego ansioso y sensibilidad al rechazo, así que conviene tomarla como marco para entender la historia de una persona y no como una causa demostrada. Si quieres ver cómo funciona en pareja, puedes revisar la guía sobre cómo superar el apego ansioso.
¿Cómo se manifiesta el miedo al rechazo por dentro?
El miedo al rechazo se mantiene en un ciclo. Primero llega la expectativa (“seguro me van a decir que no”). Después viene la detección de señales, y se interpreta como rechazo lo que es ambiguo (un mensaje corto, un saludo frío). Después, la reacción emocional intensa y la conducta que la acompaña: evitar, retirarse, buscar tranquilización una y otra vez o reclamar con rabia. Esa conducta suele generar justo la distancia temida, lo que confirma la expectativa inicial.
Mikulincer y Shaver (2007) describen esa paradoja para el apego ansioso: las exigencias, el control y la rabia buscan asegurar el vínculo y con frecuencia producen el conflicto y el agotamiento que alejan a la otra persona.
La mente, además, rumia. Un metaanálisis de 21 estudios con 6.868 participantes encontró una asociación moderada (r = 0,43) entre rumiación y sensibilidad al rechazo, sin diferencias por edad, sexo ni tipo de rumiación. Los autores concluyen que se superponen bastante pero son constructos distintos (Stewart et al., 2026). Si te descubres repasando una conversación durante horas, la guía sobre cómo dejar de pensar demasiado trata ese componente con detalle.
Síntomas y señales del miedo al rechazo
No existe una lista oficial de síntomas de la sensibilidad al rechazo. Lo que sí está bien descrito es el temor a la evaluación negativa en la ansiedad social, y los manuales de TCC lo ordenan en cuatro planos (Caballo, 2015; Clark y Beck, 2010). Te dan un mapa para reconocer lo que te pasa, aunque tu miedo no se limite a las situaciones sociales.
- En los pensamientos: predicciones como “me voy a quedar en blanco” o “si me conocen de verdad, me rechazarán”. También leer como desaprobación un gesto ambiguo, por ejemplo que alguien mire su teléfono o bostece (Caballo, 2015; Clark y Beck, 2010).
- En la atención: te observas desde fuera, pendiente de tu voz, tu rubor o tu temblor, y buscas en los rostros señales de crítica mientras pasas por alto las de aprobación (Clark y Beck, 2010).
- En el cuerpo: palpitaciones, sudor, temblor, rubor o sensación de mente en blanco cuando sientes que te miran o te evalúan (Clark y Beck, 2010).
- En la conducta: cancelar planes, no hablar en reuniones o rechazar oportunidades para no exponerte. También las conductas de seguridad, como ensayar cada frase, evitar la mirada o hablar muy bajo (Caballo, 2015; Tolin, 2024). A eso se suma pedir tranquilización una y otra vez (“¿lo hice bien?”, “¿se notó que estaba nervioso?”).
- Después de la situación: repasar la conversación al detalle, quedarte con los momentos más incómodos y concluir que quedaste mal, lo que aumenta la ansiedad ante el próximo encuentro (Clark y Beck, 2010).
En la pareja, estas señales pueden verse como distancia y reserva. Un seguimiento de 101 jóvenes los observó entre los 23 y los 28 años. Quienes tenían más sensibilidad al rechazo a los 23 tendieron a mantenerse a distancia y a ocultarse de su pareja. También reportaron menos certeza y más tensión en sus relaciones posteriores (Shulman y Yonatan-Leus, 2023).
Sentir alguna de estas señales de vez en cuando forma parte de la vida social. Pesa más cuántas aparecen juntas, cuánto duran y cuánto te limitan. Más abajo se explica cuándo conviene consultar.
¿Con qué problemas se asocia el miedo al rechazo?
Un metaanálisis de 75 estudios analizó la relación entre sensibilidad al rechazo y cinco resultados de salud mental. Todas las asociaciones fueron moderadas (Gao et al., 2017):
| Resultado | Correlación (r) |
|---|---|
| Depresión | 0,33 |
| Ansiedad | 0,41 |
| Soledad | 0,39 |
| Trastorno límite de la personalidad | 0,41 |
| Dismorfia corporal | 0,43 |
Las asociaciones con depresión, ansiedad y soledad se mantuvieron estables en el tiempo, y las de depresión, ansiedad y trastorno límite fueron parecidas en muestras clínicas y de la comunidad.
Son correlaciones. Indican que estas condiciones suelen aparecer juntas, no que la sensibilidad al rechazo las cause ni que las explique por completo. Tampoco significa que tengas alguno de estos cuadros por sentir este miedo.
¿Cuándo es normal y cuándo conviene consultar?
Temer el rechazo es parte de ser una persona social. Conviene prestar atención cuando el miedo es persistente y desproporcionado a lo que ocurre, te hace evitar situaciones que valoras (hablar en una reunión, iniciar una amistad, pedir lo que necesitas), te hace sufrir durante días por un hecho menor o desgasta tus vínculos.
Cuando el miedo al rechazo se concentra en situaciones sociales (lo que a veces se llama miedo al rechazo social), el cuadro puede ser un trastorno de ansiedad social. Esa condición afecta a cerca de 13 % de los adultos a lo largo de la vida (Szuhany y Simon, 2022) y suele comenzar en la adolescencia (American Psychiatric Association, 2022). Puedes ampliar el tema en la guía de ansiedad social.
Con otros perfiles hay que mirar más de cerca. En el trastorno límite de la personalidad la sensibilidad al rechazo es marcada: una revisión halló una asociación de r = 0,33 en conjunto y de r = 0,66 al comparar muestras clínicas con grupos de control (Foxhall et al., 2019), y otro metaanálisis de 39 estudios encontró una diferencia grande en las expectativas de rechazo entre personas con ese diagnóstico y sin él (Cavicchioli y Maffei, 2020). Sentir miedo al rechazo no equivale a tener ese trastorno: la sensibilidad al rechazo es frecuente fuera de él, y el diagnóstico exige una evaluación completa. Para saber cómo se hace, está la guía de cómo se evalúa el TLP.
Consulta pronto si el miedo te impide trabajar, estudiar o relacionarte, si lo acompañan una tristeza persistente o un malestar que no cede, o si ya hay conductas de riesgo. Si aparecen pensamientos de hacerte daño o sientes que no puedes mantenerte a salvo, busca ayuda inmediata: desde un celular puedes llamar gratis a la línea *4141 del MINSAL, o ir a un servicio de urgencia.
¿Cómo se trabaja el miedo al rechazo en terapia?
Aquí conviene ser honesto con lo que se sabe. No existen, en las fuentes revisadas para esta guía, ensayos clínicos ni metaanálisis que prueben una terapia diseñada específicamente para la sensibilidad al rechazo como rasgo. Lo que hay son tres cosas: tratamientos con buen respaldo para la ansiedad social (donde el miedo a la evaluación negativa es central), técnicas que los manuales de TCC proponen para este tipo de miedo y estudios pequeños con mindfulness y otras intervenciones breves. Varias guías de divulgación afirman que la sensibilidad al rechazo “responde eficazmente” a un tratamiento concreto, y esa afirmación se apoya en la extrapolación desde la ansiedad social.
| Qué se usa | Qué respaldo tiene |
|---|---|
| TCC para ansiedad social (exposición, experimentos conductuales, reestructuración) | Es el tratamiento de primera línea en ansiedad social, con ensayos aleatorizados y metaanálisis. No se probó en la sensibilidad al rechazo como rasgo. |
| Mindfulness | Estudios pequeños: un piloto en jóvenes con maltrato infantil y un experimento de laboratorio. En ansiedad social rinde menos que la TCC. |
| Intervención digital breve para el miedo a la evaluación negativa | Un ensayo piloto con estudiantes, con resultados a corto plazo en confianza para participar. |
| Trabajo sobre apego y experiencias tempranas, mentalización | Propuestas razonables desde la teoría y la clínica, sin ensayos que las pongan a prueba en este problema. |
La TCC para ansiedad social
Es lo mejor respaldado. La TCC es el tratamiento psicológico de primera línea para el trastorno de ansiedad social, con tasas de respuesta de entre 50 % y 65 % en ensayos de buena calidad, frente a 7 %-15 % en lista de espera (Leichsenring y Leweke, 2017). Una guía clínica NICE recomienda una TCC individual diseñada para este trastorno. Un metaanálisis en red de 92 estudios encontró que el protocolo de Clark y Wells tuvo la mayor eficacia entre los tratamientos comparados, con la TCC por internet también bien ubicada (Sun et al., 2025).
Los manuales de TCC describen cómo se trabaja el miedo a la evaluación negativa con tres herramientas.
- Experimentos conductuales. La predicción (“si hablo se van a dar cuenta de que tiemblo y no querrán hablar conmigo”) se trata como una hipótesis que se prueba en la práctica. Tolin (2024) propone incluso provocar de manera voluntaria el síntoma temido, por ejemplo mostrarse sudoroso o tartamudear a propósito, para ver si la audiencia reacciona como se anticipaba. Beck y Freeman (2003) describen, para el rechazo, experimentos de pequeños rechazos deliberados (pedir algo que probablemente se niegue) que permiten comprobar que se puede tolerar en dosis controladas.
- Exposición. Se arma una jerarquía de situaciones temidas, de menos a más difíciles, y se las enfrenta de forma gradual, retirando las conductas de seguridad (no ensayar mentalmente cada frase, no mirar al suelo, no usar el maquillaje para ocultar el rubor), que impiden aprender que la situación no es peligrosa (Tolin, 2024). Caballo (2015) incluye un “entrenamiento en rechazo”, en que la persona practica sus habilidades asertivas ante respuestas frías o negativas.
- Reestructuración cognitiva. Se examinan las evidencias a favor y en contra del pensamiento (“piensan que soy un fracaso”) y se debaten las exigencias absolutistas, como la creencia de que se debe caer bien a todo el mundo siempre (Caballo, 2015; Tolin, 2024).
Mindfulness
Hay indicios, con las limitaciones de una muestra mínima. En un estudio piloto con 16 adultos jóvenes con maltrato infantil leve a moderado, una intervención basada en mindfulness redujo la sensibilidad al rechazo en cerca de 23 % frente a una lista de espera de 18 personas (Joss et al., 2020). En un experimento de laboratorio con 118 adultos con rasgos altos de personalidad límite, diez minutos de respiración consciente antes de un rechazo social simulado aceleraron la recuperación del malestar y de la sensación de rechazo, sin cambiar la reacción inmediata (Keng y Tan, 2018). Son hallazgos preliminares, que invitan a investigar más y no alcanzan para recomendarla como tratamiento.
Cuando se compara con la TCC en ansiedad social, el mindfulness muestra efecto pero rinde menos (por ejemplo, 39 % de respuesta frente a 67 % para la TCC en una comparación directa; Leichsenring y Leweke, 2017).
Otras vías con menos respaldo
Un programa digital de una sola sesión para el miedo a la evaluación negativa, probado en 282 estudiantes universitarios, aumentó la confianza para participar en discusiones de grupo pequeño y de toda la clase frente a un grupo control, aunque no en la interacción uno a uno con el docente. Se midió justo después de la intervención y no sigue a las personas en el tiempo (Ghosh et al., 2023).
Para quienes tienen historia de maltrato o apego ansioso, la terapia suele incorporar ese trabajo, lo que coincide con la recomendación de considerar el trauma previo (Gao et al., 2024). También se ha propuesto la mentalización como posible blanco terapéutico, aunque los propios autores lo plantean como una idea que requiere más investigación (Foxhall et al., 2019).
¿Cómo manejar el miedo al rechazo mientras tanto?
Estas ideas adaptan técnicas de la TCC al día a día. No hay ensayos que midan si funcionan por su cuenta para la sensibilidad al rechazo, así que son un punto de partida y no reemplazan una evaluación si el miedo te limita bastante.
- Escribe la predicción y trátala como hipótesis. Imagina que le escribes a alguien y tarda horas en contestar. La predicción puede ser “ya no quiere hablar conmigo”. Anótala, anota qué evidencia hay a favor y en contra, y busca explicaciones alternativas (estaba ocupado, no vio el mensaje). Es la lógica del registro de pensamientos que describe Tolin (2024).
- Prueba un rechazo pequeño a propósito. Pide algo con una probabilidad real de que digan que no (un descuento, un cambio de turno) y observa qué pasa contigo después. Es una versión doméstica del experimento de rechazo que describen Beck y Freeman (2003).
- Baja las conductas de seguridad. Si necesitas ensayar cada frase, pedir confirmación varias veces o revisar el teléfono sin parar, prueba a hacerlo un poco menos y comprueba qué ocurre. Las conductas de seguridad impiden aprender que la situación no era peligrosa (Tolin, 2024).
- Nota la rumiación. Cuando empieces a repasar una conversación, ponle nombre (“estoy rumiando”) y cambia de actividad durante unos minutos. La rumiación y la sensibilidad al rechazo suelen ir juntas (Stewart et al., 2026).
- Cuida el entorno. Hablar con alguien de confianza sobre lo que sientes puede aliviar, siempre que la conversación no se convierta en una búsqueda constante de tranquilización.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el miedo al rechazo? No tiene una causa única. Las experiencias tempranas de rechazo, sobre todo el abuso emocional, se asocian con mayor sensibilidad al rechazo en la adultez, aunque con un efecto pequeño: explican solo una parte de las diferencias. El apego ansioso es otra explicación teórica muy usada.
¿Es normal tener miedo al rechazo? Sí. Es una reacción humana común. Se vuelve un problema cuando es intenso y persistente, te hace evitar lo que valoras o te hace sufrir durante días por un hecho menor.
¿El miedo al rechazo es ansiedad social? Pueden coincidir, pero no son lo mismo. La ansiedad social es un trastorno que se centra en el miedo a ser evaluado negativamente en situaciones sociales. El miedo al rechazo no se limita a situaciones sociales: también puede aparecer en la pareja, la amistad y el trabajo, y se asocia con ansiedad y depresión.
¿Qué terapia sirve para el miedo al rechazo? La TCC para ansiedad social es la mejor respaldada cuando el miedo se concentra en situaciones sociales. No hay ensayos que prueben una terapia específica para la sensibilidad al rechazo como rasgo, así que el tratamiento suele combinar técnicas de TCC con trabajo sobre la historia y los vínculos de la persona.
¿El miedo al rechazo se puede superar? Hay tratamientos eficaces para la ansiedad social, y las técnicas de TCC buscan que el miedo se vuelva manejable y deje de decidir por ti. Eliminarlo del todo no es el objetivo, porque cierta sensibilidad a lo que piensan los demás es normal.
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
Qué hacer ahora
Si el miedo al rechazo te frena en tus relaciones o en tu trabajo, lo más útil es empezar por entender cómo se mantiene en tu caso concreto y armar un plan graduado con práctica regular. Para conversar tu situación y ver qué opciones tienes, escríbeme desde la página de contacto.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.
- Beck, A. T., & Freeman, A. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.
- Caballo, V. E. (Dir.). (2015). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 1: Trastornos por ansiedad, sexuales, afectivos y psicóticos. Siglo XXI de España Editores.
- Cavicchioli, M., & Maffei, C. (2020). Rejection sensitivity in borderline personality disorder and the cognitive-affective personality system: A meta-analytic review. Personality Disorders: Theory, Research, and Treatment, 11(1), 1-12. https://doi.org/10.1037/per0000359
- Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.
- Downey, G., & Feldman, S. I. (1996). Implications of rejection sensitivity for intimate relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 70(6), 1327-1343. https://doi.org/10.1037/0022-3514.70.6.1327
- Foxhall, M., Hamilton-Giachritsis, C., & Button, K. (2019). The link between rejection sensitivity and borderline personality disorder: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Clinical Psychology, 58(3), 289-326. https://doi.org/10.1111/bjc.12216
- Gao, S., Assink, M., Bi, C., & Chan, K. L. (2024). Child maltreatment as a risk factor for rejection sensitivity: A three-level meta-analytic review. Trauma, Violence, & Abuse, 25(1), 680-690. https://doi.org/10.1177/15248380231162979
- Gao, S., Assink, M., Cipriani, A., & Lin, K. (2017). Associations between rejection sensitivity and mental health outcomes: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 57, 59-74. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.08.007
- Ghosh, A., Cohen, K. A., Jans, L., Busch, C. A., McDanal, R., Yang, Y., Cooper, K. M., & Schleider, J. L. (2023). A digital single-session intervention (Project Engage) to address fear of negative evaluation among college students: Pilot randomized controlled trial. JMIR Mental Health, 10, Artículo e48926. https://doi.org/10.2196/48926
- Joss, D., Lazar, S. W., & Teicher, M. H. (2020). Nonattachment predicts empathy, rejection sensitivity, and symptom reduction after a mindfulness-based intervention among young adults with a history of childhood maltreatment. Mindfulness, 11(4), 975-990. https://doi.org/10.1007/s12671-020-01322-9
- Keng, S.-L., & Tan, H. H. (2018). Effects of brief mindfulness and loving-kindness meditation inductions on emotional and behavioral responses to social rejection among individuals with high borderline personality traits. Behaviour Research and Therapy, 100, 44-53. https://doi.org/10.1016/j.brat.2017.11.005
- Kross, E., Berman, M. G., Mischel, W., Smith, E. E., & Wager, T. D. (2011). Social rejection shares somatosensory representations with physical pain. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(15), 6270-6275. https://doi.org/10.1073/pnas.1102693108
- Leichsenring, F., & Leweke, F. (2017). Social anxiety disorder. New England Journal of Medicine, 376(23), 2255-2264. https://doi.org/10.1056/NEJMcp1614701
- Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. Guilford Press.
- Shulman, S., & Yonatan-Leus, R. (2023). The long arm of rejection sensitivity and young adults’ romantic relationships: An extension and a replication. Journal of Adolescence, 96(1), 167-176. https://doi.org/10.1002/jad.12266
- Stewart, L. C., Sorid, S. D., & Olino, T. M. (2026). Rumination and rejection sensitivity: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 82(7), 1016-1029. https://doi.org/10.1002/jclp.70136
- Sun, L., Dai, X., Zhu, S., Liu, Z., & Zhongming, Z. (2025). Psychotherapies for social anxiety disorder in adults: A systematic review and Bayesian network meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 378, 301-319. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.02.092
- Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744
- Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
- National Institute for Health and Care Excellence. (2013). Social anxiety disorder: Recognition, assessment and treatment (Clinical guideline CG159). https://www.nice.org.uk/guidance/cg159
