El rol del espectador en el bullying

Pintura impresionista de un niño que se sienta junto a una niña sola en un banco del patio, ilustración del rol del espectador en el bullying

Estabas en el patio cuando le quitaron la mochila a un compañero y todos se rieron. O tu hijo te contó en la cena que en el recreo «le hicieron el vacío» a una niña y él se quedó mirando. Ahora queda una incomodidad que no se va: ¿debió hacer algo?, ¿cuenta como cómplice?, ¿qué se hace la próxima vez? Esa es la pregunta por el rol del espectador en el bullying. Una cifra chilena ayuda a dimensionarla: en una muestra nacional de más de 36.000 estudiantes, el 47,3 % solo había presenciado el bullying (Gaete et al., 2017), más del doble que quienes eran solo víctimas (21,2 %).

Esa mitad del curso (los testigos de bullying, o bystanders en inglés) no suele salir en las conversaciones sobre acoso escolar, y lo que hace pesa más de lo que parece. En esta guía vas a ver qué tipos de testigos de bullying existen, por qué la mayoría no interviene (el llamado efecto espectador o bystander effect), qué se sabe de quienes sí defienden, cómo les afecta presenciar el acoso y qué pueden hacer estudiantes, madres, padres y docentes. Al final hay una sección sobre lo que dice la ley chilena.

La respuesta corta

Un espectador es cualquier estudiante que presencia bullying sin ser el agresor ni la víctima. Su reacción cambia la dinámica: en un estudio con 6.764 niños de 385 cursos, donde más compañeros defendían a la víctima había menos bullying, y donde más reforzaban al agresor había más (Salmivalli et al., 2011). Actuar no exige enfrentarse a nadie: apoyar a la víctima en privado, negarse a reír o reenviar y avisar a un adulto también cuentan.

Un matiz antes de seguir: casi todos los estudios sobre espectadores son observacionales, así que describen asociaciones, no demuestran que cambiar la conducta de un testigo baste para frenar el acoso. Donde hay ensayos con programas escolares, el efecto es real pero pequeño, y más abajo se detalla.

¿Cuál es el rol del espectador en el bullying y qué tipos hay?

Dentro de la dinámica que explica qué es el bullying, el modelo más usado es el «círculo del bullying» de Dan Olweus, que Barbara Coloroso reproduce y adapta (Coloroso, 2008, pp. 64-66; Olweus, 1993). Además del agresor y la víctima, distingue seis posiciones según cuánto apoyan al agresor o a la víctima:

RolQué haceCómo se ve en un curso
SeguidoresParticipan en la agresión, pero no la inicianEmpujan, esconden cosas o excluyen cuando el líder lo pide
PartidariosApoyan abiertamente el acoso sin atacarSe ríen, animan, graban
Partidarios pasivosLes gusta o lo aprueban, sin mostrarloSonríen por dentro y callan
Observadores desconectadosMiran de lejos, sin tomar partido«No es mi problema»
Posibles defensoresLes molesta y piensan que deberían ayudarSienten el impulso, pero no llegan a actuar
DefensoresRechazan el acoso y ayudan, consuelan o protegenSe sientan con la víctima, le dicen al agresor que pare, avisan

Coloroso agrupa esas posiciones en dos tipos de conducta. Los actos de comisión son los de quien anima, se burla o se suma al grupo que acosa. Los actos de omisión son los de quien se queda al margen, mira hacia otro lado, guarda silencio o se va (Coloroso, 2008). Su propuesta es convertir al espectador pasivo en un testigo en el sentido moral de la palabra: alguien que presta atención, se involucra y no mira hacia otro lado.

Estas categorías describen lo que una persona hace en una situación concreta. Un mismo niño puede mirar callado un lunes y defender a un compañero el jueves, según quiénes estén presentes y qué se espere de él.

¿Por qué lo que hacen los testigos importa tanto?

Porque el bullying ocurre frente a un público, y ese público le da (o le quita) lo que el agresor busca. Según el modelo de Olweus, quien acosa suele buscar estatus y reconocimiento entre sus pares (Olweus, 1993). Cada risa, cada silencio por miedo y cada «dale» le dicen al agresor que va bien. Si los compañeros se niegan a reír y alguien defiende a la víctima, el agresor pierde parte de ese premio.

El estudio finlandés de Salmivalli, Voeten y Poskiparta (2011) mide justo eso. Los niños de 9 a 11 años respondieron cuestionarios sobre cómo reaccionan los compañeros, y los autores compararon cursos. Defender a la víctima se asoció a menos bullying en el aula, y reforzar al agresor se asoció a más, con un efecto fuerte. Los autores concluyen que las respuestas de los testigos son un blanco posible para los programas antibullying. Es una asociación entre cursos y no permite afirmar causa.

¿Qué es el efecto espectador y por qué muchos no intervienen?

El efecto espectador describe un hallazgo clásico de la psicología social: cuando hay otras personas presentes, cada una tiene menos probabilidad de ayudar. Un metaanálisis con más de 7.700 participantes y 105 tamaños de efecto lo confirmó en emergencias de todo tipo (g = -0,35), con un matiz útil: el efecto se atenúa cuando la situación se percibe como peligrosa, cuando el agresor está presente y cuando los testigos no son desconocidos entre sí (Fischer et al., 2011). Un curso es un grupo de personas que se conocen, y eso juega a favor de la ayuda.

En el bullying se suman razones propias. Coloroso (2008, pp. 66-70) agrupa en cuatro los miedos que frenan a un testigo:

  • Miedo a que le hagan daño físico.
  • Miedo a convertirse en el siguiente blanco.
  • Miedo a empeorar las cosas, por ejemplo con un castigo para todo el curso.
  • Falta de habilidades: no saber qué decir ni a quién avisar.

A eso se agregan justificaciones que ayudan a convivir con la inacción: «es mi amigo», «no es mi problema», «ella se lo buscó», «nadie quiere un soplón», «el curso me va a dejar de hablar». Los investigadores llaman a este mecanismo desconexión moral. En una encuesta a 347 adolescentes, la desconexión moral se relacionó con más conducta a favor del agresor y menos conducta de defensor, y lo que separaba a quien miraba de quien defendía era la confianza en la propia capacidad para intervenir (Thornberg y Jungert, 2013). Un metaanálisis de 47 muestras encontró la misma dirección: más desconexión moral, menos defensa de la víctima (r = -0,11; Killer et al., 2019).

¿Qué hace que un estudiante defienda a otro?

Hay cuatro factores con respaldo, y casi todos se pueden enseñar:

  1. Empatía. Un metaanálisis de 27 trabajos (35 estudios, 25.012 adolescentes) halló que la empatía se asocia a defender, y que la empatía afectiva (sentir lo que siente el otro, r = 0,27) pesa algo más que la cognitiva (entender lo que siente, r = 0,22; Deng et al., 2021).
  2. Creer que uno puede hacerlo. En un seguimiento de 4.209 escolares finlandeses de 4.º a 6.º, la empatía afectiva y la autoeficacia predijeron la conducta de defensor con el tiempo, la empatía cognitiva no, y quienes defendían ganaron popularidad entre sus compañeros (van der Ploeg et al., 2017).
  3. La norma del curso. Entre 462 adolescentes italianos, la presión percibida de los compañeros para intervenir se asoció a ayudar más y a quedarse pasivo menos (Pozzoli y Gini, 2010), y con 1.825 estudiantes un análisis multinivel mostró que las actitudes y las normas de cada curso explican parte de quién defiende (Pozzoli et al., 2012).
  4. Apoyo cercano. En una muestra de 5.752 jóvenes de zonas rurales, diversa en origen étnico, el apoyo de amigos y profesores se asoció a más probabilidad de ayudar (Evans y Smokowski, 2015).

También cuenta cómo se vive la escena en el cuerpo. En un estudio de laboratorio con 79 niños que veían videos de bullying, los que mostraron aceleración cardíaca y mucha emoción negativa (43 %) tuvieron más probabilidad, según sus compañeros, de frenar a un agresor que quienes reaccionaron con desaceleración y poca emoción (Barhight et al., 2013). Sentir malestar ante lo que ocurre es, en este estudio, un buen punto de partida.

¿Qué le pasa al estudiante que presencia bullying?

Ver cómo humillan a un compañero deja huella en quien mira, y la investigación empieza a medirla. Tres estudios lo muestran, todos transversales (una foto en el tiempo, que no permite saber qué fue primero):

Los textos de referencia sobre el tema describen en quien presencia acoso de manera repetida miedo, culpa e impotencia por no haber intervenido, y advierten que acostumbrarse a mirar sin consecuencias puede apagar la empatía (Olweus, 1993; Coloroso, 2008). Por eso conviene hablar con el testigo y no solo con la víctima y el agresor.

Qué hacer si ves bullying

La seguridad va primero. Nadie debería meterse en una pelea física ni arriesgarse a quedar como el nuevo blanco. Coloroso (2008) propone una escala de acciones, de menos a más riesgo, y cualquiera de ellas sirve:

  1. Reconocer. Poner nombre a lo que ves: una burla repetida, un grupo que excluye a alguien a propósito, un rumor que se esparce.
  2. Rechazar. No reírte, no repetir el apodo, no reenviar el meme ni la captura, no sumarte al vacío. Rechazar es una acción, aunque no se note desde afuera.
  3. Apoyar a la víctima. En el momento o después, en privado: sentarte con esa persona en el almuerzo, caminar juntos al bus, incluirla en un juego, decirle «lo que pasó estuvo mal y no te lo merecías».
  4. Frenar al agresor, solo si es seguro. Frases cortas funcionan: «déjalo tranquilo», «eso no tiene gracia». La idea es quitarle la aprobación del grupo.
  5. Avisar a un adulto. Coloroso lo llama reportar y lo diferencia de acusar: se avisa para sacar a alguien de un problema, y se acusa para meterlo en uno. Avisar con ese propósito es cuidar.

En el bullying digital la lógica es la misma: no reaccionar con risas ni emojis, no reenviar, guardar una captura y avisar a un adulto o al canal del colegio. Un metaanálisis de 49 estudios sobre intervenciones con espectadores incluyó contextos presenciales y en línea y encontró que lo que más pesó fue subir el conocimiento, la autoeficacia y las habilidades de afrontamiento (Chen et al., 2025). Para el celular, la guía de ciberbullying paso a paso detalla cómo guardar pruebas y reportar.

Qué pueden hacer madres, padres y docentes

Lo primero es la conversación después de que el niño cuenta que vio algo. La pregunta «¿y tú por qué no hiciste nada?» cierra la puerta y suma culpa a un niño que ya se sentía mal. Funcionan mejor las preguntas que Coloroso (2008) propone para ejercitar la toma de perspectiva: «¿cómo te sentiste?», «¿cómo crees que se sintió él?», «¿qué podrías hacer la próxima vez?». Después, ayudarlo a elegir una acción de la escala anterior que le resulte posible.

Otras prácticas que Coloroso (2008) recomienda para enseñar este rol:

  • Distinguir avisar de acusar. Aclarar con ejemplos que decirle a un adulto que alguien está herido o amenazado es un acto de cuidado.
  • Dar el ejemplo. Los niños copian lo que ven: intervenir ante una burla en la casa o en la sala de clases enseña más que un sermón.
  • Crear oportunidades cotidianas de ayudar. Cooperar, acompañar a un compañero nuevo, participar en tareas comunitarias.
  • Poner límites firmes y flexibles en casa, con consecuencias reparadoras y no humillantes, porque ese estilo fortalece la autonomía moral del niño.

Si tu hijo es el que acosa, el espectador sigue importando: tiene público. El artículo sobre qué hacer si tu hijo hace bullying trabaja esa parte. Y si sospechas que alguien de tu familia lo está sufriendo, la guía para reconocer las señales de bullying por edad ayuda a mirarlo con calma.

¿Funcionan los programas que trabajan con los espectadores?

Con efectos modestos. El metaanálisis ya citado de Chen et al. (2025) (49 estudios) estimó un efecto de d = 0,25 en las conductas de los espectadores, con diferencias grandes entre programas. En Chile hay un ensayo aleatorizado por conglomerados: en 39 colegios vulnerables de Santiago, con 5.923 estudiantes de 5.º y 6.º básico en la línea base, el programa finlandés KiVa sin el juego en línea redujo la victimización (ES = -0,13) y el hecho de ser testigo (ES = -0,18), sin efecto sobre quien acosa, y la versión con el juego no mostró efecto (Valenzuela et al., 2022). En un ensayo previo con 78 escuelas finlandesas, el programa redujo el bullying y la victimización en 7 de 11 medidas (Kärnä et al., 2011). Los resultados son prometedores, y también dicen que ningún taller de una tarde cambia la cultura de un curso.

Qué dice la ley en Chile

Desde el 1 de julio de 2026 rige la Ley 21.809 de Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas, que reescribió las reglas sobre acoso escolar de la Ley General de Educación. Tres puntos tocan a los testigos:

  • La definición de acoso escolar (artículo 16 B) incluye como ejemplos expresos «el aislamiento injustificado de una o un estudiante» y «el ignorar deliberadamente a una o un estudiante de forma colectiva». Sumarse al vacío colectivo entra en lo que la ley describe como acoso, aunque nadie toque a la persona.
  • Los colegios deben tener un canal seguro y confidencial para recibir denuncias, con reserva de identidad (artículo 16 E, letra e). Un estudiante que vio algo puede avisar sin quedar expuesto.
  • El deber legal de informar al equipo directivo cualquier hecho que pueda ser acoso recae en el personal y los adultos de la comunidad escolar (artículo 16 E, letra f). Si eres docente o parte del personal y un niño te cuenta lo que vio, ese aviso te corresponde.

Si el colegio no activa su protocolo, la Superintendencia de Educación recibe denuncias en atencionsie.supereduc.cl y en el 600 3600 390. La guía sobre qué hacer cuando el colegio no hace nada recorre el procedimiento artículo por artículo.

Cuándo buscar ayuda profesional

Un testigo puede necesitar apoyo aunque nunca lo hayan tocado. Conviene consultar si, después de presenciar bullying, el niño o adolescente:

  • Evita ir al colegio, a un recreo o a un lugar concreto.
  • Duerme mal o tiene dolores de estómago o de cabeza sin causa médica.
  • Se muestra muy ansioso, irritable o triste durante varias semanas.
  • Se culpa de manera persistente por no haber hecho algo.
  • Además fue o es víctima del mismo grupo.

Si un adolescente habla de hacerse daño o de no querer seguir viviendo, no esperes a una hora disponible: en Chile funciona la línea *4141 de prevención del suicidio y Salud Responde, 600 360 7777, las 24 horas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el efecto espectador (bystander effect) en el bullying? Es la tendencia de cada testigo a no actuar cuando hay más gente mirando, porque cada uno supone que otro lo hará o teme quedar expuesto. En un curso se suma el miedo a convertirse en el siguiente blanco. Se reduce cuando hay normas de grupo que valoran ayudar y cuando el niño sabe qué hacer.

¿Quedarme callado me hace cómplice? Reírse, animar, grabar o compartir refuerza al agresor y se asocia a más bullying. Callar por miedo es una reacción frecuente y entendible, que se puede cambiar con acciones de bajo riesgo: apoyar a la víctima en privado, no reenviar y avisar a un adulto de confianza.

¿Qué hago si tengo miedo de intervenir? Elige la acción más segura que puedas sostener. No hace falta enfrentar al agresor: acercarte después a la víctima, sentarte con ella o contarle a un profesor o al encargado de convivencia ya cambia la situación. Si el colegio ofrece un canal confidencial, puedes usarlo sin dar tu nombre.

¿Avisar a un adulto es ser soplón? Avisar para que alguien deje de ser herido es cuidar a un compañero. Acusar para meterlo en problemas es otra cosa. Coloroso propone enseñar esa diferencia desde pequeños, porque el código de silencio es uno de los motivos que más protege al agresor.

¿Qué hago si mi hijo vio bullying y no hizo nada? Pregúntale cómo se sintió, sin reproches, y ayúdalo a ponerse en el lugar de la víctima. Después, planeen una acción posible para la próxima vez, por pequeña que sea. Si lleva semanas con culpa, ansiedad o ganas de no ir al colegio, conviene consultar con un psicólogo.

¿Puede un espectador sufrir daño psicológico? Sí. Hay estudios que asocian haber presenciado bullying con más ansiedad, síntomas depresivos y desesperanza, incluso sin haber sido víctima. Son estudios transversales, así que no prueban causa, pero justifican preguntarle al niño testigo cómo está.

Si tu hijo presenció bullying y no logra sacárselo de la cabeza

Un niño que vio algo y no supo cómo actuar suele cargar con culpa, miedo o rabia que no cuenta. En terapia se trabaja el malestar, las herramientas para actuar la próxima vez y, si corresponde, el vínculo con el resto del curso. Puedes escribirnos desde la página de contacto y coordinar una primera conversación.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

  • Barhight, L. R., Hubbard, J. A., & Hyde, C. T. (2013). Children’s physiological and emotional reactions to witnessing bullying predict bystander intervention. Child Development, 84(1), 375-390. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2012.01839.x
  • Chen, Q., Lin, W., Wu, Q., & Chan, K. L. (2025). The effectiveness of interventions on bullying and cyberbullying bystander: A meta-analysis. Trauma, Violence, & Abuse, 26(5), 938-954. https://doi.org/10.1177/15248380241297362
  • Coloroso, B. (2008). The bully, the bullied, and the bystander: From preschool to high school, how parents and teachers can help break the cycle of violence (ed. actualizada). Collins Living.
  • Deng, X., Yang, J., & Wu, Y. (2021). Adolescent empathy influences bystander defending in school bullying: A three-level meta-analysis. Frontiers in Psychology, 12, Artículo 690898. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.690898
  • Evans, C. B. R., & Smokowski, P. R. (2015). Prosocial bystander behavior in bullying dynamics: Assessing the impact of social capital. Journal of Youth and Adolescence, 44(12), 2289-2307. https://doi.org/10.1007/s10964-015-0338-5
  • Fischer, P., Krueger, J. I., Greitemeyer, T., Vogrincic, C., Kastenmüller, A., Frey, D., Heene, M., Wicher, M., & Kainbacher, M. (2011). The bystander-effect: A meta-analytic review on bystander intervention in dangerous and non-dangerous emergencies. Psychological Bulletin, 137(4), 517-537. https://doi.org/10.1037/a0023304
  • Gaete, J., Tornero, B., Valenzuela, D., Rojas-Barahona, C. A., Salmivalli, C., Valenzuela, E., & Araya, R. (2017). Substance use among adolescents involved in bullying: A cross-sectional multilevel study. Frontiers in Psychology, 8, Artículo 1056. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01056
  • Kärnä, A., Voeten, M., Little, T. D., Poskiparta, E., Kaljonen, A., & Salmivalli, C. (2011). A large-scale evaluation of the KiVa antibullying program: Grades 4-6. Child Development, 82(1), 311-330. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2010.01557.x
  • Killer, B., Bussey, K., Hawes, D. J., & Hunt, C. (2019). A meta-analysis of the relationship between moral disengagement and bullying roles in youth. Aggressive Behavior, 45(4), 450-462. https://doi.org/10.1002/ab.21833
  • Lambe, L. J., Hudson, C. C., Craig, W. M., & Pepler, D. J. (2017). Does defending come with a cost? Examining the psychosocial correlates of defending behaviour among bystanders of bullying in a Canadian sample. Child Abuse & Neglect, 65, 112-123. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2017.01.012
  • Ley 21.809. (2026). De convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas. Diario Oficial de la República de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1222799
  • Midgett, A., & Doumas, D. M. (2019). Witnessing bullying at school: The association between being a bystander and anxiety and depressive symptoms. School Mental Health, 11(3), 454-463. https://doi.org/10.1007/s12310-019-09312-6
  • Olweus, D. (1993). Bullying at school: What we know and what we can do. Blackwell.
  • Pozzoli, T., & Gini, G. (2010). Active defending and passive bystanding behavior in bullying: The role of personal characteristics and perceived peer pressure. Journal of Abnormal Child Psychology, 38(6), 815-827. https://doi.org/10.1007/s10802-010-9399-9
  • Pozzoli, T., Gini, G., & Vieno, A. (2012). The role of individual correlates and class norms in defending and passive bystanding behavior in bullying: A multilevel analysis. Child Development, 83(6), 1917-1931. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2012.01831.x
  • Rivers, I., & Noret, N. (2013). Potential suicide ideation and its association with observing bullying at school. Journal of Adolescent Health, 53(1, Suppl.), S32-S36. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2012.10.279
  • Salmivalli, C., Voeten, M., & Poskiparta, E. (2011). Bystanders matter: Associations between reinforcing, defending, and the frequency of bullying behavior in classrooms. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 40(5), 668-676. https://doi.org/10.1080/15374416.2011.597090
  • Thornberg, R., & Jungert, T. (2013). Bystander behavior in bullying situations: Basic moral sensitivity, moral disengagement and defender self-efficacy. Journal of Adolescence, 36(3), 475-483. https://doi.org/10.1016/j.adolescence.2013.02.003
  • Valenzuela, D., Turunen, T., Gana, S., Rojas-Barahona, C. A., Araya, R., Salmivalli, C., & Gaete, J. (2022). Effectiveness of the KiVa antibullying program with and without the online game in Chile: A three-arm cluster randomized controlled trial. Prevention Science, 23(8), 1470-1482. https://doi.org/10.1007/s11121-022-01379-z
  • van der Ploeg, R., Kretschmer, T., Salmivalli, C., & Veenstra, R. (2017). Defending victims: What does it take to intervene in bullying and how is it rewarded by peers? Journal of School Psychology, 65, 1-10. https://doi.org/10.1016/j.jsp.2017.06.002