Bullying por orientación sexual o identidad de género

Pintura impresionista de un adulto y un adolescente en un porche al atardecer, sobre bullying por orientación sexual

Tu hijo llega del colegio con la mochila rota, o con un apodo que no quiere repetir, y a la tercera pregunta responde «es que me dicen gay». Quizás sea verdad, quizás nunca lo ha hablado contigo, quizás ni él lo sabe todavía. Esa duda cambia lo primero que conviene hacer, y por eso el bullying por orientación sexual o por identidad de género pide un manejo distinto del resto del acoso escolar. En esta guía vas a ver qué es el bullying homofóbico, cuánto más lo sufren los jóvenes LGBTQ+, qué consecuencias tiene, qué puedes hacer como madre, padre o docente, qué ayuda de verdad en el colegio y qué dice la ley chilena.

La respuesta corta

El bullying por orientación sexual o identidad de género es el acoso repetido dirigido a un estudiante por ser (o parecer) gay, lesbiana, bisexual, trans o de género no conforme. Los jóvenes de minorías sexuales sufren en promedio más victimización escolar que sus pares heterosexuales (Toomey y Russell, 2016), y ese acoso se asocia con más síntomas depresivos y menos sensación de pertenecer al colegio. Lo que más protege es un colegio con reglas claras y adultos de confianza, y una familia que escuche sin interrogar.

Un matiz antes de seguir: casi todos los estudios son de Estados Unidos, Europa y Australia, y la mayoría es observacional. Describen asociaciones fuertes y consistentes, pero no prueban por sí solos que el acoso cause cada problema que se le asocia.

¿Qué es el bullying homofóbico y transfóbico?

Es el acoso escolar cuyo blanco es la orientación sexual o la identidad y expresión de género, real o supuesta. Sirve igual para el acoso escolar por ser gay que para el que recibe una niña por «parecer marimacho» o un niño trans al que nadie respeta el nombre. La definición que usa la investigación incluye tanto a quienes ya se identifican como LGBTQ+ como a quienes los compañeros perciben así, sea cierto o no (Collier et al., 2013).

Barbara Coloroso lo ubica entre las cinco grandes áreas de prejuicio que los agresores usan para elegir a su víctima, junto con la orientación sexual y la identidad y expresión de género (Coloroso, 2008). Cada una funciona igual: señala a alguien como «distinto» y convierte esa diferencia en excusa para el desprecio.

En la práctica se ve así:

  • Insultos con palabras como «maricón», «torta» o «travesti», dichos a gritos o susurrados en el pasillo.
  • Burlas a un varón porque se ve «poco masculino» y a una mujer por rumores sobre su vida sexual (Coloroso, 2008).
  • Exclusión: nadie quiere ir con él en el grupo, nadie se sienta al lado, el curso entero «le hace el vacío».
  • Agresiones físicas, esconder o romper sus cosas, y ciberacoso en grupos de WhatsApp o redes.
  • Humillaciones a una persona trans: usar el nombre antiguo a propósito, burlarse en el baño o la ropa de educación física.

La guía sobre qué es el bullying explica cómo distinguirlo de un conflicto puntual. Aquí la diferencia está en el motivo, y en lo que ese motivo le impide hacer a la víctima.

¿Cuánto más bullying por orientación sexual sufren los jóvenes LGBTQ+?

Bastante más que sus pares heterosexuales, aunque el tamaño del efecto es moderado. Un metaanálisis de 18 estudios y 56.752 participantes encontró que los jóvenes de minoría sexual sufren más victimización escolar que los heterosexuales (d = 0,33, un efecto moderado). La diferencia crecía con los años y era mayor en los estudios con más varones (Toomey y Russell, 2016).

Otro metaanálisis, de Williams et al. (2021), estudió a jóvenes LGBTQ+ de 12 a 25 años que ya habían tenido conductas de autolesión o suicidio. En ese grupo, la victimización aparecía como factor de riesgo en el 36 % (prevalencia agrupada de 0,36), y era mucho más frecuente que entre sus pares cisgénero y heterosexuales con las mismas experiencias (OR 3,74). Ojo con la lectura: el estudio describe qué había en la historia de quienes ya estaban mal, no mide qué porcentaje de víctimas acaba haciéndose daño.

No encontré una cifra chilena comparable con respaldo suficiente para citarla aquí. Que en Chile exista el mismo patrón es razonable, y los colegios chilenos tienen que atenderlo igual, pero conviene decir que esas cifras vienen de otros países.

¿Qué consecuencias tiene?

Una revisión sistemática de 39 estudios de 12 países encontró evidencia bastante sólida de que el acoso por orientación sexual o identidad y expresión de género se asocia con menos sentido de pertenencia a la escuela y más síntomas depresivos. Con el estrés traumático, las trayectorias educativas interrumpidas y el consumo de alcohol y drogas también hay asociaciones. Con las conductas suicidas los resultados fueron más mixtos (Collier et al., 2013).

Entre adolescentes y jóvenes trans, un metaanálisis de 29 estudios y casi un millón de participantes halló mucha más ideación suicida que en sus pares cisgénero (alrededor de 50 % en varones y mujeres trans, frente a 18 % y 22 % en varones y mujeres cisgénero). Los autores advierten alta heterogeneidad y posible sesgo de publicación, así que las cifras exactas deben tomarse con cautela (Hassan et al., 2026).

Hay otro mecanismo que los estudios describen y que pasa desapercibido. Cuando un joven escucha todo el día que ser como es resulta vergonzoso, puede empezar a creerlo. Una revisión con metaanálisis mostró que la homofobia internalizada se asocia con más síntomas depresivos (correlaciones de 0,19 a 0,24 en el análisis más uniforme), aunque con ideación y conducta suicida la relación fue más débil e incierta (Williams et al., 2023).

Todo esto describe riesgos poblacionales. No significa que tu hijo o hija vaya a desarrollar una depresión, y menos que su orientación o identidad sea el problema: el factor de riesgo es el trato que recibe.

¿Por qué este acoso es distinto de otros tipos de bullying?

Tres rasgos lo hacen más difícil de detectar y de manejar.

Se calla más. Un niño acosado por su peso o por sus notas puede contarlo en casa. Uno acosado por ser gay, o por sospecharlo, a menudo guarda silencio por miedo: a que lo juzguen, a tener que explicar algo que aún no entiende o a que la familia reaccione mal. Coloroso describe que los acosados rara vez cuentan que lo son, y aquí el motivo agrega una razón más para callar (Coloroso, 2008).

A veces los adultos del colegio son parte del problema. Una revisión sobre bullying de estudiantes LGBTQ+ en escuelas describe formas físicas, verbales y sociales de agresión, y subraya que en algunos contextos el propio personal del colegio participa en esas conductas (Stańczykiewicz y Senczyszyn, 2024). Es una revisión centrada en Polonia, pero describe un riesgo que cualquier familia puede revisar en su propio colegio.

La familia no siempre es un refugio seguro. En terapia infantil el trabajo con los padres suele ser central. Cuando el joven teme que en casa lo rechacen, Tolin (2024) recomienda no forzar ninguna revelación y centrar el tratamiento en lo que sí está al alcance: regular la emoción, tolerar el malestar y construir apoyos afirmativos fuera del entorno hostil.

¿Qué hacer si tu hijo sufre acoso escolar por ser gay, lesbiana, trans o por parecerlo?

Estos pasos combinan lo que recomienda Coloroso para cualquier acoso con las particularidades de este motivo.

  1. Escucha primero, pregunta después. Una frase como «cuéntame» sirve más que un interrogatorio de quién, cuándo y dónde. Coloroso insiste en atender primero el dolor y dejar los datos para más tarde (Coloroso, 2008).
  2. No le preguntes si es gay. Ahora lo urgente es el acoso. Su orientación o su identidad la cuenta cuando quiere, y presionar puede cerrarlo del todo. Si lo cuenta él, agradécelo y dile que lo quieres igual.
  3. Dile que la responsabilidad es del que agrede. Evita preguntas como «¿qué hiciste para que te digan eso?» y las frases de «solo son bromas» o «cosas de chicos» (Coloroso, 2008).
  4. No le pidas que se esconda ni que cambie. Sugerir que cambie de pasillo, que se cuide de «no parecer» o que evite al grupo traslada la culpa a la víctima y le confirma al agresor que funcionó (Coloroso, 2008).
  5. No enfrentes tú al agresor ni a sus padres. Suele endurecer posiciones. Es mejor canalizarlo por el colegio.
  6. Escribe el relato. Fechas, qué pasó, quiénes estaban, cómo le afecta. Eso será la base de la denuncia formal.
  7. Haz la denuncia por escrito al encargado de convivencia y a la dirección, y pide medidas de protección y respuesta con plazos. La guía de qué hacer cuando el colegio no hace nada recorre el procedimiento completo.
  8. Observa su ánimo con atención. Cambios de sueño, aislamiento, bajón de notas, desesperanza o frases sobre hacerse daño piden consultar pronto. Más abajo están las señales y los teléfonos.

Para detectar el acoso antes de que te lo cuente, sirve la guía de señales de bullying por edad. Si el hostigamiento viaja por redes, está también qué hacer ante el ciberbullying.

¿Qué debe hacer el colegio y qué funciona de verdad?

La evidencia sobre intervenciones específicas es escasa, pero apunta en una dirección clara. Una revisión realista de 17 estudios encontró pocas intervenciones escolares para esta población y concluyó que, para funcionar, deben involucrar a toda la escuela y no solo al estudiante afectado. Identificó ocho componentes necesarios (McDermott et al., 2024):

  • Señales visibles de que el colegio es un espacio afirmativo.
  • Derivación a apoyo externo especializado.
  • Una charla o actividad puntual.
  • Grupos de apoyo en el colegio.
  • Contenidos en la clase.
  • Formación del personal.
  • Políticas de inclusión.
  • Un adulto de confianza.

Esa lista coincide con otros hallazgos. En escuelas con un clima más positivo, los estudiantes LGBTQ tenían menos riesgo de suicidalidad y menos síntomas depresivos, según una revisión sistemática de seis estudios (Ancheta et al., 2021). Y una revisión de 64 artículos sobre factores protectores nombró las políticas inclusivas, el apoyo de familia, escuela y comunidad, y sentirse conectado con el colegio (Fernandes et al., 2023).

Coloroso agrega un criterio práctico para evaluar la respuesta de un colegio: debe sancionar de forma explícita el acoso por homofobia o transfobia, capacitar a los adultos para actuar al instante y evitar las soluciones que castigan a la víctima, como cambiarla de curso (Coloroso, 2008).

También hay un dato útil sobre lo que no funciona. En un ensayo con 13 equipos juveniles de rugby, una charla breve de jugadores profesionales no redujo el lenguaje homofóbico (Denison et al., 2023). Antes de la intervención, la mitad de los jóvenes decía haber usado ese lenguaje en las dos semanas previas. Los autores sugieren probar educación entre pares y normas aplicadas por los entrenadores. La lección vale para un colegio: una charla única, sola, rara vez cambia el clima.

Las redes de apoyo también cuentan. Un metaanálisis de 253 estudios halló que el apoyo social (de la familia, los pares o la escuela) se asocia con menos síntomas depresivos y ansiosos en personas de minorías sexuales y de género (r = -0,26), y que el efecto era similar sin importar la fuente (Katz et al., 2026). Es una asociación, no una prueba de causa, pero respalda algo que sirve a cualquier madre o padre: que tu hijo tenga al menos un adulto y un amigo que lo acepten ya importa.

¿Y si el acoso en el colegio es por identidad de género?

El acoso por identidad de género en el colegio, el que sufren niños, niñas y adolescentes trans o de género no conforme, sigue los mismos pasos que el resto, con una capa adicional: el trato cotidiano. Usar el nombre y los pronombres que la persona pide, respetar el uso del baño y del uniforme, y no exponerla frente al curso son parte de la prevención, y su ausencia puede ser en sí misma un acto de hostigamiento.

En Chile, la Superintendencia de Educación publicó una circular actualizada en diciembre de 2021 sobre el trato a estudiantes trans, que incluye el uso del nombre social. Si tu hijo o hija es trans y el colegio se niega a respetarlo, pide por escrito el protocolo y consulta con la Superintendencia (más abajo).

¿Qué dice la ley en Chile?

Desde el 1 de julio de 2026 rige la Ley 21.809 de Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas, que reescribió las reglas sobre acoso escolar de la Ley General de Educación. Tres puntos son útiles en este caso:

  • El artículo 16 B define el acoso escolar como toda acción u omisión de agresión u hostigamiento reiterado contra otro estudiante, dentro o fuera del colegio y por cualquier medio, incluido el digital. La definición no exige un motivo particular, así que el acoso por orientación sexual o identidad de género entra igual.
  • Los colegios deben tener un canal seguro y confidencial para recibir denuncias, con reserva de identidad (artículo 16 E, letra e). Un estudiante o un apoderado pueden denunciar sin exponerse.
  • El colegio debe adoptar medidas de protección inmediatas para el estudiante afectado (artículo 16 E, letra j). Cuando denuncies, pide por escrito cuáles son.

Si el colegio no activa su protocolo, la Superintendencia de Educación recibe denuncias en atencionsie.supereduc.cl y en el 600 3600 390.

Cuándo buscar ayuda profesional

Conviene consultar si, después de semanas de acoso, tu hijo o hija:

  • Evita ir al colegio o a lugares concretos del colegio.
  • Duerme mal, tiene dolores de estómago o de cabeza sin causa médica.
  • Está muy triste, irritable o ansioso la mayor parte del día.
  • Se aísla de amigos y de la familia, o baja de pronto el rendimiento.
  • Habla de que no vale nada o de que no tiene salida.

Si hay ideas de hacerse daño o de no seguir viviendo, no esperes una hora disponible. En Chile funciona la línea *4141 de prevención del suicidio y Salud Responde, 600 360 7777, las 24 horas. La organización Todo Mejora tiene material para madres, padres y docentes sobre prevención del suicidio en adolescentes LGBT y bullying.

Cómo es una terapia afirmativa

Las guías de la American Psychological Association (2021) para la práctica con personas de minorías sexuales piden una atención afirmativa y no patologizante, y rechazan los intentos de cambiar la orientación sexual (las llamadas terapias de conversión) por falta de respaldo científico y por el daño que causan. Tolin (2024) llega a la misma conclusión desde la terapia cognitivo-conductual: no debe usarse nunca para cambiar la orientación o la identidad de una persona.

En la práctica, eso cambia el encuadre. En lugar de preguntar si el malestar viene de pensamientos distorsionados, la terapia afirmativa entiende la ansiedad o la tristeza como una respuesta comprensible al estigma y a la discriminación. De ahí salen tareas concretas: poner en palabras lo que el acoso le enseñó sobre sí mismo, fortalecer redes que lo acepten y reconocer sus recursos (Tolin, 2024). El ritmo de contárselo a la familia lo decide el joven.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el bullying homofóbico? Es el acoso escolar repetido dirigido a un estudiante por ser o parecer gay, lesbiana, bisexual o de género no conforme. Incluye insultos, burlas, exclusión, agresiones físicas y ciberacoso. También lo reciben estudiantes heterosexuales a quienes los compañeros perciben «distintos».

¿Mi hijo es gay si le dicen que lo es? No se puede saber por eso. Los apodos y los insultos homofóbicos se usan contra estudiantes de cualquier orientación, sobre todo contra quienes no encajan en el molde de género del curso. Lo útil es escuchar, proteger del acoso y dejar que sea él quien hable de su identidad cuando quiera.

¿Cómo sé si el acoso es por orientación sexual o identidad de género? Fíjate en el contenido de los insultos y en cuándo empezaron. Si las burlas usan palabras homofóbicas o transfóbicas, aluden a su «masculinidad» o «feminidad», o empezaron cuando alguien sospechó o supo algo sobre su identidad, ese es el motivo, aunque el niño no lo diga.

¿Qué hago si el colegio minimiza el acoso porque «son cosas de chicos»? Denuncia por escrito al encargado de convivencia y a la dirección, cita el artículo 16 B y pide medidas de protección inmediatas y plazos. Si no activan el protocolo, la Superintendencia de Educación recibe denuncias. Guarda copia de todo lo que envíes y recibas.

¿Una charla sobre diversidad en el colegio alcanza para frenar el bullying? Sola, rara vez. Las revisiones indican que lo que funciona es un enfoque de toda la escuela: políticas claras, formación del personal, un adulto de confianza y grupos de apoyo. Un ensayo con una charla breve sobre lenguaje homofóbico en equipos juveniles no mostró reducción.

¿Qué puede hacer una terapia por el acoso por orientación sexual? Ayuda a procesar lo vivido, bajar la ansiedad o la tristeza, recuperar la autoestima y armar redes de apoyo, con un enfoque afirmativo que respeta la identidad de la persona. No busca cambiar la orientación ni la identidad. El ritmo para contarlo en casa lo decide el joven.

Si tu hijo o hija está pasando por esto

Un adolescente acosado por quién es suele cargar solo con la vergüenza y el miedo, y a veces con la duda sobre si vale la pena contarlo. En terapia se trabaja el malestar, las herramientas para protegerse en el colegio y, si corresponde, cómo acompañar a la familia sin presionar. Puedes escribirnos desde la página de contacto y coordinar una primera conversación.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

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