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  • Duelo por un padre ausente

    Duelo por un padre ausente

    Si buscaste «duelo por un padre ausente», lo más probable es que algo te haya movido por dentro: tu papá murió y no sabes qué sentir, o sigue vivo y llevas años echando de menos a alguien que nunca estuvo. A veces pasan las dos cosas a la vez, y con la duda de si tienes derecho a llamarlo duelo.

    Lo tienes. Esta guía reúne lo que dicen los libros de referencia sobre el duelo y los estudios disponibles sobre la ausencia del padre. Conviene avisar desde el inicio que no encontramos ningún estudio que mida el duelo específico por un padre ausente, así que lo que sigue combina piezas de áreas vecinas y dice en cada caso hasta dónde llegan.

    Respuesta corta: sí, se puede hacer duelo por un padre que no estuvo. Lo que se llora es la persona y también la relación que no existió y que ya no podrá existir. Es habitual que aparezcan a la vez rabia, culpa, alivio y vacío, y que el entorno no lo entienda. Si pasan los meses y el dolor te paraliza, consultar tiene sentido.

    ¿Se puede hacer duelo por un padre que nunca estuvo?

    Sí. El duelo responde a lo que se pierde, y con un padre ausente se pierde bastante: la persona real, pero también la posibilidad de una relación, de una disculpa o de una explicación. Worden (2013) lo describe como el duelo por lo que nunca existió, y Neimeyer (2019) cuestiona la idea de que solo se sufre por quienes se amó de cerca.

    Cuando el padre sigue vivo, Boss (2025) habla de pérdida ambigua: una pérdida incompleta, sin certificado de defunción ni ritos de cierre, en la que no queda claro si la persona está dentro o fuera de tu vida. Hay más sobre este concepto en la guía de pérdida ambigua.

    Y cuando murió, la muerte cierra de golpe la esperanza de que algún día llegara el abrazo, la disculpa o el interés que se esperaba. Desde entonces ya no queda a quién esperar.

    ¿Qué se llora en el duelo por un padre ausente?

    Según lo que describen Worden (2013) y Neimeyer (2019), en este duelo se mezclan varias pérdidas distintas:

    • El padre real, con lo poco o lo mucho que fue, incluso si compartieron más ausencia que recuerdos.
    • El padre que habrías querido tener, el que preguntaba, aparecía y se interesaba.
    • La oportunidad de arreglar algo: una conversación pendiente, una explicación, una disculpa.
    • Una parte de tu historia, porque la identidad puede haberse construido buscando una respuesta o una validación de ese padre.

    Neimeyer (2019) añade que esa muerte puede abrir preguntas sobre quién eres ahora («¿quién soy yo, siendo hijo o hija de este padre que no estuvo?»). Por eso a veces el golpe es mayor de lo que la persona esperaba, y la confunde.

    Murió mi padre con el que no tenía relación: ¿por qué siento tanto, o tan poco?

    Porque no hay una reacción típica, y lo que aparece depende de la historia concreta. Worden (2013) describe rabia intensa por el abandono o la decepción, culpa por no haber hecho algo (o por sentir alivio) y, en algunos casos, evitación o idealización del fallecido para no tocar lo doloroso. Si la rabia no se reconoce, tiende a dirigirse hacia uno mismo.

    Neimeyer (2019) habla de ambigüedad afectiva: oscilar entre dolor, resentimiento y frialdad, con culpa por cada una de esas emociones. Sentir poco también puede pasar.

    Una idea muy repetida es que la ambivalencia hacia el fallecido vuelve el duelo más difícil. La investigación la matiza. En dos muestras de pacientes psiquiátricos ambulatorios (138 y 139 personas), la ambivalencia se asoció de forma inversa con la gravedad de los síntomas de duelo, mientras que la afiliación y la dependencia se asociaron de forma directa (Piper et al., 2001).

    Son pacientes psiquiátricos, así que es una pista y no una regla general.

    Otros estudios apuntan en la misma línea. En 157 adultos jóvenes en duelo, fueron la profundidad de la relación y la dependencia las que se asociaron con el duelo complicado (Mash et al., 2014). Fue un estudio transversal y de tamaño pequeño.

    En 385 universitarios en duelo, el mayor riesgo de duelo intenso apareció en quienes tenían un estilo de apego preocupado (mucha ansiedad, poca evitación) y una relación a la vez muy cercana y muy conflictiva (Smigelsky et al., 2020). Era una muestra con mucha familia extensa y datos recordados, así que se lee con cautela.

    Un metaanálisis de 120 estudios y más de 61.000 personas encontró que los factores con mayor asociación con el duelo prolongado fueron los síntomas de duelo previos a la pérdida (r = 0,39) y la depresión (r = 0,30) (Buur et al., 2024). El resumen del estudio no menciona una relación difícil entre los factores más fuertes.

    Una relación difícil no basta para predecir un duelo más grave. Lo que suele cambiar es la forma, con más mezcla de emociones.

    Padre ausente: heridas que deja y qué dice la investigación

    Aquí hay más literatura, aunque casi toda estudia a niños y adolescentes cuyo padre dejó el hogar, y no el duelo posterior. Sirve para entender qué pesa en la historia, siempre con la cautela de que son resultados de grupo y no un destino individual.

    Una revisión de estudios con diseños que intentan separar la causa del efecto concluyó que la ausencia del padre sigue mostrando efectos negativos, de menor tamaño que los de los estudios simples. La evidencia es más sólida para el ajuste emocional y social en la infancia y para la salud mental en la adultez (McLanahan et al., 2013).

    En una cohorte británica de hasta 8.409 personas, la ausencia del padre biológico en la primera infancia se asoció con más probabilidad de depresión y más síntomas depresivos a los 24 años, algo que no ocurrió con la ausencia en la infancia media (Culpin et al., 2022). Los autores advierten sobre pérdida de participantes y confusión residual.

    Un análisis anterior de la misma cohorte, con 5.631 niños, encontró más síntomas depresivos a los 14 años cuando el padre se fue en los primeros cinco años, con una asociación más fuerte en niñas (Culpin et al., 2013).

    Hay además un problema de definición. Una revisión crítica señala que «ausencia paterna» es un término poco definido y que gran parte de la literatura no distingue entre la muerte del padre, el conflicto de la pareja y otras causas (East et al., 2006).

    Bowlby (1980) planteó que la pérdida o ausencia prolongada de un progenitor en la infancia puede llevar al niño a arreglárselas solo y, en la adultez, a defenderse con una independencia que evita pedir apoyo. Es una tendencia y no un destino. Si te interesa ese terreno, está la guía sobre apego evitativo.

    ¿Y si tu padre sigue vivo pero ausente?

    También se puede hacer duelo por alguien que vive. Boss (2025) distingue dos formas de pérdida ambigua que encajan con un padre ausente:

    • Ausente en el cuerpo, presente en la mente: el padre se fue, se separó o dejó de verte, pero sigue ocupando tus preguntas y expectativas.
    • Presente en el cuerpo, ausente en lo emocional: vive contigo o cerca, pero el trabajo, una adicción o su forma de ser le impiden conectar contigo.

    Para ese caso, Boss (2025) propone seis pautas: dar sentido (empezando por ponerle nombre a lo que pasa), ajustar la necesidad de control, reconstruir la identidad, normalizar la ambivalencia, revisar el apego y descubrir nuevas esperanzas. La meta es aprender a vivir con una pérdida sin cierre.

    ¿Es raro el distanciamiento entre padres e hijos adultos? Según una encuesta nacional de Estados Unidos (8.119 hijos adultos respondieron sobre su padre), el 26 % reportó un periodo de distanciamiento de su padre, con una edad media de 23 años para el primero, y el 69 % de ellos se reconcilió en olas posteriores (Reczek et al., 2023). Son datos de EE. UU., sin equivalente chileno.

    Esa cifra tiene una lectura práctica: el vínculo con un padre ausente no siempre está cerrado, y decidir si buscarlo o no es una decisión tuya que no tiene una respuesta única.

    Si el distanciamiento duele, hay un dato prometedor y modesto. En 263 personas distanciadas de un familiar que asistieron a grupos de apoyo de seis sesiones, el malestar bajó de moderado a leve y dijeron sentirse menos solas y con menos vergüenza (Blake et al., 2022). No hubo grupo de comparación y la muestra era autoseleccionada.

    ¿Por qué cuesta tanto que los demás lo entiendan?

    Porque este duelo suele quedar desautorizado, un concepto de Doka: el entorno no valida el dolor y la propia persona tampoco se da permiso. Se oyen frases como «¿por qué te afecta si apenas lo veías?» o «si no estuvo, no tienes por qué estar mal».

    La sociedad tiende a presuponer que el sufrimiento es proporcional a la cercanía. Robson y Walter (2013) matizan además que las normas sobre qué duelos son legítimos siguen una jerarquía en la que ciertos vínculos pesan más que otros, y que el valor clínico del concepto de duelo desautorizado puede ser limitado.

    Por eso Worden (2013) subraya que quien está en este duelo necesita recibir, o darse a sí mismo, permiso para sentir tristeza, rabia, culpa o alivio, sin importar qué tan distante fuera el vínculo. Para conocer más sobre las dificultades para llorar, hay una guía sobre no poder llorar.

    ¿Qué puede ayudar en el duelo por un padre ausente?

    Los libros de referencia describen varias herramientas. Conviene saber que son recomendaciones de la práctica clínica y que no existen ensayos que las hayan probado específicamente en duelo por un padre ausente. Se pueden probar con calma, de a una:

    1. Ponerle nombre y darte permiso. Decirte «estoy en duelo por lo que no fue» ya reduce la sensación de estar fallando (Worden, 2013; Boss, 2025).
    2. Hacer dos listas: lo que echas de menos y lo que no. Incluir las decepciones y los arrepentimientos ayuda a no idealizar ni a borrar al padre (Worden, 2013; Neimeyer, 2019).
    3. Escribirle una carta que no vas a enviar. Permite decir la rabia, las preguntas y las confesiones sin temer la respuesta (Neimeyer, 2019).
    4. Probar la silla vacía con un terapeuta. Se describe como una técnica de terapia para dirigirse en primera persona al padre y confrontar lo pendiente (Worden, 2013; Neimeyer, 2019).
    5. Crear un pequeño ritual propio. Algo simbólico y privado que marque la pérdida, porque en la pérdida ambigua faltan los ritos de cierre (Neimeyer, 2019; Boss, 2025).
    6. Alternar el dolor con lo práctico. El modelo del proceso dual describe un duelo sano que oscila entre mirar la pérdida y ocuparse de la vida, con descansos de ambas cosas (Stroebe y Schut, 1999).

    También conviene decidir qué vínculo conservar. Una revisión sistemática de métodos mixtos halló que los vínculos continuos con el fallecido traen consuelo y malestar, y que la literatura no ha podido confirmar si conservarlos ayuda más que soltarlos (Hewson et al., 2024). En tu caso, esto puede significar recordar lo bueno si lo hubo sin forzarte a perdonar ni a idealizar.

    Para ver tiempos y etapas, la guía sobre cómo superar un duelo y la guía madre de duelo cubren el tema desde el comienzo.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta si, pasados varios meses, el dolor sigue intenso e impide trabajar, estudiar o cuidar de otros, si hay una culpa desproporcionada y constante, si la rabia está dañando tus relaciones, si recurres al alcohol u otras sustancias para anestesiar el dolor o si sientes que estás atrapado en el sufrimiento sin ver salida. Son señales que Worden (2013) y Neimeyer (2019) describen como motivo de evaluación.

    Un diagnóstico de duelo prolongado exige anhelo o preocupación persistentes por la persona fallecida y un deterioro importante, durante al menos seis meses según la CIE-11 y doce según el DSM-5-TR en adultos (Organización Mundial de la Salud, 2024, para la CIE-11). Los criterios miran los síntomas y el deterioro, y no qué tan cercana era la relación. Puedes ver si te corresponde con el test de duelo prolongado.

    Si aparecen ideas de morir o de hacerte daño, no esperes: cuéntaselo a alguien hoy mismo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, todos los días) o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no sentir nada cuando muere un padre ausente?

    Sí puede ocurrir. No hay una reacción típica, y algunas personas sienten poco, otras rabia y otras alivio. Un estudio con pacientes psiquiátricos encontró que la ambivalencia hacia el fallecido se asoció con menos síntomas de duelo (Piper et al., 2001). Si pasan meses y algo te inquieta, consulta.

    ¿Puedo hacer duelo por un padre que me abandonó y sigue vivo?

    Sí. Boss (2025) lo describe como pérdida ambigua: el padre está ausente en el cuerpo pero presente en la mente. No hay certificado ni funeral que marque el cierre, y aun así el dolor es real. Las pautas de Boss apuntan a vivir con esa ambigüedad y no a forzar un final.

    ¿Es raro sentir alivio cuando muere un padre con el que no tenía relación?

    No. Worden (2013) describe la culpa por sentir alivio como una experiencia frecuente en duelos con relaciones difíciles. Sentir alivio y tristeza a la vez es parte de la ambigüedad afectiva que Neimeyer (2019) describe. Puede ayudar escribirlo o conversarlo con alguien de confianza.

    ¿Por qué me duele más de lo que esperaba?

    Porque la muerte cierra para siempre la posibilidad de recibir la disculpa, la explicación o el afecto que se esperaba (Worden, 2013; Neimeyer, 2019). Además, una historia construida buscando a ese padre puede quedar sin sentido de golpe. Si el dolor te paraliza, un psicólogo puede acompañarte.

    ¿La ausencia del padre causa depresión?

    En estudios de cohorte, la ausencia del padre en la primera infancia se asoció con más depresión en la adultez joven (Culpin et al., 2022). Es una asociación de grupo, con limitaciones, y los efectos son menores en estudios con diseños más rigurosos (McLanahan et al., 2013). No determina lo que le pasará a cada persona.

    ¿Cuánto dura el duelo por un padre ausente?

    No hay un plazo correcto ni estudios específicos de este duelo. El diagnóstico de duelo prolongado exige al menos seis meses en la CIE-11 y doce en el DSM-5-TR, con deterioro importante (Organización Mundial de la Salud, 2024).

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Cargar solo con un duelo que otros no reconocen pesa, y a veces lo difícil es empezar. Si murió tu padre ausente, o sigue vivo y la ausencia aún duele, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas saber qué decir: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder.
    • Blake, L., Bland, B., & Gilbert, H. (2022). The efficacy of a facilitated support group intervention to reduce the psychological distress of individuals experiencing family estrangement. Evaluation and Program Planning, 95, 102168. https://doi.org/10.1016/j.evalprogplan.2022.102168
    • Bowlby, J. (1980). Attachment and loss: Vol. 3. Loss: Sadness and depression. Basic Books.
    • Buur, C., Zachariae, R., Komischke-Konnerup, K. B., Marello, M. M., Schierff, L. H., & O’Connor, M. (2024). Risk factors for prolonged grief symptoms: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 107, 102375. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2023.102375
    • Culpin, I., Heron, J., Araya, R., Melotti, R., & Joinson, C. (2013). Father absence and depressive symptoms in adolescence: Findings from a UK cohort. Psychological Medicine, 43(12), 2615-2626. https://doi.org/10.1017/s0033291713000603
    • Culpin, I., Heuvelman, H., Rai, D., Pearson, R. M., Joinson, C., Heron, J., Evans, J., & Kwong, A. S. F. (2022). Father absence and trajectories of offspring mental health across adolescence and young adulthood: Findings from a UK-birth cohort. Journal of Affective Disorders, 314, 150-159. https://doi.org/10.1016/j.jad.2022.07.016
    • East, L., Jackson, D., & O’Brien, L. (2006). Father absence and adolescent development: A review of the literature. Journal of Child Health Care, 10(4), 283-295. https://doi.org/10.1177/1367493506067869
    • Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2024). The impact of continuing bonds following bereavement: A systematic review. Death Studies, 48(10), 1001-1014. https://doi.org/10.1080/07481187.2023.2223593
    • Mash, H. B. H., Fullerton, C. S., Shear, M. K., & Ursano, R. J. (2014). Complicated grief and depression in young adults: Personality and relationship quality. The Journal of Nervous and Mental Disease, 202(7), 539-543. https://doi.org/10.1097/nmd.0000000000000155
    • McLanahan, S., Tach, L., & Schneider, D. (2013). The causal effects of father absence. Annual Review of Sociology, 39, 399-427. https://doi.org/10.1146/annurev-soc-071312-145704
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Piper, W. E., Ogrodniczuk, J. S., Joyce, A. S., McCallum, M., Weideman, R., & Azim, H. F. (2001). Ambivalence and other relationship predictors of grief in psychiatric outpatients. The Journal of Nervous and Mental Disease, 189(11), 781-787. https://doi.org/10.1097/00005053-200111000-00008
    • Reczek, R., Stacey, L., & Thomeer, M. B. (2023). Parent-adult child estrangement in the United States by gender, race/ethnicity, and sexuality. Journal of Marriage and Family, 85(2), 494-517. https://doi.org/10.1111/jomf.12898
    • Robson, P., & Walter, T. (2013). Hierarchies of loss: A critique of disenfranchised grief. OMEGA: Journal of Death and Dying, 66(2), 97-119. https://doi.org/10.2190/om.66.2.a
    • Smigelsky, M. A., Bottomley, J. S., Relyea, G., & Neimeyer, R. A. (2020). Investigating risk for grief severity: Attachment to the deceased and relationship quality. Death Studies, 44(7), 402-411. https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1548539
    • Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197-224. https://doi.org/10.1080/074811899201046
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Duelo por Alzheimer y demencia: cómo vivirlo

    Duelo por Alzheimer y demencia: cómo vivirlo

    Tu mamá te mira desde la silla de siempre, sonríe con cortesía y te pregunta si eres el hijo de la vecina. O tu marido sigue a tu lado en el sillón, pero hace meses que ya no conversan como antes. Nadie ha muerto, nadie te manda flores, y aun así algo se está yendo.

    Si buscaste «duelo por Alzheimer» o «duelo por demencia», probablemente acompañas a alguien con demencia y sientes una pena que no sabes dónde poner. Esta guía explica qué es ese duelo, cuánta gente lo vive, qué se ha estudiado sobre él y qué ayuda a sobrellevarlo. Se apoya en estudios publicados, en los libros de Boss, Worden y Neimeyer y en manuales de neuropsicología.

    Respuesta corta: el duelo por Alzheimer es la pena por perder poco a poco a la persona que conocías mientras su cuerpo sigue contigo. Es una reacción frecuente y comprensible, no una señal de que la quieras menos. Ayuda ponerle nombre, hablarlo con otros, despedirte de a poco sin dejar de estar presente y pedir apoyo profesional cuando la pena te desborde.

    ¿Qué es el duelo por Alzheimer o demencia (duelo anticipado)?

    Es el dolor ante la pérdida gradual de la memoria, el carácter y la forma de relacionarse de alguien a quien quieres. En la literatura científica se llama duelo previo a la muerte (pre-death grief) o duelo anticipado, y en la conversación cotidiana a veces «duelo blanco». Ninguno de esos nombres es un diagnóstico clínico: describen una vivencia, no un trastorno.

    La psicóloga Pauline Boss (2025) lo ubica dentro de la pérdida ambigua de tipo 2: la persona está físicamente presente y psicológicamente ausente. El Alzheimer es su ejemplo más claro, y la paradoja que lo define es tener que despedirse de alguien que todavía no se ha ido. En la guía sobre pérdida ambigua está el concepto completo.

    Un análisis conceptual de 49 artículos concluyó que el duelo previo a la muerte en cuidadores de personas con demencia es un concepto con sentido, pero todavía en construcción, y que se asocia con depresión, sobrecarga y formas poco adaptativas de afrontar (Lindauer y Harvath, 2014).

    El modelo teórico del duelo por demencia lo plantea como un proceso que se repite en tres estados: separación, un espacio intermedio llamado liminalidad y reemergencia (Blandin y Pepin, 2017). Son estados por los que se pasa una y otra vez.

    ¿Es normal sentir duelo por un familiar con Alzheimer que sigue vivo?

    Sí. El duelo de un cuidador de Alzheimer es más común de lo que se dice. En un metaanálisis de 18 estudios con 5.470 cuidadores de personas con enfermedades que amenazan la vida (no solo demencia), cerca de uno de cada cuatro (24,78 %) presentaba duelo anticipado (Kustanti et al., 2024).

    Una revisión sistemática de 55 estudios sobre familiares de personas con demencia encontró más duelo previo a la muerte en cónyuges, en personas con menos educación y en quienes cuidaban a alguien con demencia avanzada, con más sobrecarga y con más depresión (Crawley et al., 2023).

    En un estudio con 123 familiares de residentes de hogares de larga estadía con demencia avanzada, los síntomas más marcados antes de la muerte fueron la sensación de separación y el anhelo (Givens et al., 2011).

    El contexto ayuda a dimensionarlo. La OMS calcula que en 2021 vivían 57 millones de personas con demencia en el mundo y que el Alzheimer explica entre el 60 % y el 70 % de los casos.

    Cerca de la mitad del costo económico de la demencia corresponde a cuidados informales de familiares y amigos, que dedican en promedio unas 5 horas diarias. Las mujeres aportan el 70 % de las horas de cuidado.

    ¿Por qué este duelo duele distinto a uno por muerte?

    Porque le faltan las cosas que ayudan a cerrar un duelo. Boss (2025) señala cuatro rasgos de esta situación:

    • No hay certificado de defunción, funeral ni ceremonia que la comunidad reconozca.
    • La mente oscila entre la esperanza de una mejoría y la desesperación por el deterioro, como una montaña rusa.
    • Los roles se desdibujan. Surgen preguntas como «¿sigo siendo su esposa si ya no sabe quién soy?» o «¿sigo siendo su hijo?».
    • El entorno suele no reconocer la pérdida porque la persona sigue viva, y el cuidador se queda aislado y agotado.

    Worden (2013), apoyándose en Doka, llama a esto duelo desautorizado: la sociedad no reconoce el dolor del cuidador porque la persona «físicamente sigue viva», y así la familia se queda sin apoyo ni rituales que la contengan.

    Una revisión mixta de 93 artículos describió seis ámbitos del entorno social que agravan o alivian este duelo, entre ellos la propia persona con demencia, la relación de pareja o familiar, la familia extensa, los servicios de salud y el lugar de cuidado. Los amigos, la comunidad y las normas culturales influyen mucho y se han estudiado poco (Ng et al., 2025).

    Boss subraya que lo que detiene el duelo es la falta de certezas de la situación, un obstáculo externo a quien lo vive.

    ¿Qué se va perdiendo en cada etapa, y qué se conserva?

    La enfermedad avanza de forma distinta en cada persona, pero los manuales de neuropsicología describen un recorrido general (Lezak et al., 2012; Werhane et al., 2021). Cada etapa trae pérdidas que se viven como pequeños duelos:

    • Etapa inicial. Cuesta aprender y recordar información nueva. Es frecuente la apatía, y también la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad. Los nombres de personas recién conocidas se olvidan, pero el rostro de la gente cercana todavía se reconoce.
    • Etapa moderada. El lenguaje se llena de rodeos, cuesta usar objetos o vestirse y fallan el juicio y la planificación. Puede haber agitación, desorientación y suspicacia, por ejemplo acusar a la familia de robar cosas. Aparece la dificultad para reconocer rostros conocidos, y a veces se confunde a un hijo con un familiar del pasado.
    • Etapa avanzada. El lenguaje se reduce casi por completo, hay dependencia para los movimientos básicos y ya no se reconoce a los seres queridos.

    Hay capacidades que resisten más. La memoria de procedimientos (cómo se hacen las cosas) se mantiene relativamente intacta hasta fases avanzadas. También perduran la sensibilidad al tono emocional de la voz, el contacto afectuoso y las canciones de la juventud, a menudo mucho después de que se pierden los nombres y las fechas.

    Los manuales citan casos de amnesia profunda en que el cuerpo sigue respondiendo ante el rostro de un familiar: la huella emocional puede quedar sin recuerdo consciente.

    Eso no cambia el diagnóstico, pero sí la forma de estar juntos. Si quieres conocer las primeras señales o cómo se evalúa, hay guías sobre los primeros síntomas del Alzheimer y sobre la evaluación y el diagnóstico de la demencia.

    ¿Por qué se enoja, me acusa o dice que no le pasa nada?

    Muchas veces la persona con demencia no reconoce que está enferma. Se llama anosognosia y los manuales de neuropsicología la describen como un síntoma del daño cerebral que afecta las redes encargadas de monitorear el propio rendimiento. Es distinta de la negación psicológica, que es una defensa para evitar el dolor.

    Por eso insiste en conducir, cocinar o manejar sus remedios. Si no percibe sus fallos, vive la supervisión como una intromisión y puede responder con enojo, rechazo a ayudas y, en la etapa moderada, ideas de que le roban o le mienten.

    Entender que esas conductas salen de la enfermedad no quita el dolor, pero ayuda a no tomarlas como un rechazo hacia ti. También explica por qué cuesta tanto este duelo: la persona que te discute hoy ya no es la que se habría comportado así.

    ¿Por qué un cuidador de Alzheimer siente tristeza, rabia, culpa y alivio a la vez?

    Porque la situación mezcla amor, pérdida y desgaste. Boss (2025) describe como parte del cuadro las emociones contradictorias: cariño y rabia, pena y deseo de descansar, ganas de cuidar y ganas de huir. Sentir una no borra la otra, y ninguna prueba que quieras poco.

    Esa mezcla pesa en la salud. En un seguimiento de 183 cuidadores durante dos años y medio, el duelo y la sobrecarga se reforzaron mutuamente: un duelo alto amplificaba el efecto de la sobrecarga sobre la depresión, y ambos predijeron depresión a los 2,5 años (Liew et al., 2019).

    Otro estudio con 80 cuidadores halló que el duelo anticipado se asociaba con la sobrecarga del cuidado, más allá de los problemas de conducta de la persona y de los síntomas depresivos del cuidador (Holley y Mast, 2009).

    Los autores del seguimiento de 2,5 años lo plantean como una oportunidad: hay una fase en la que el duelo ya está presente y la depresión todavía no, y ahí conviene actuar. Si además estás agotado, la guía sobre el síndrome del cuidador puede ayudarte a distinguir el cansancio del duelo.

    ¿Sufrir por adelantado prepara para la muerte?

    Se suele creer que llorar antes alivia después. La evidencia no lo confirma. Una revisión sistemática de estudios con cuidadores encontró que los niveles altos de duelo durante el cuidado y los niveles bajos de preparación se asociaban con más duelo complicado tras la muerte, mientras que una preparación alta sí se asociaba con mejores resultados (Nielsen et al., 2016).

    Preparación significa información, conversaciones y apoyo, no sufrimiento anticipado. En el estudio REACH, con 222 cuidadores en duelo, el 23 % no estaba preparado para la muerte y tuvo más depresión, ansiedad y síntomas de duelo complicado (Hebert et al., 2006).

    Un estudio de 150 cuidadores puso a prueba qué factores de preparación se relacionan con menos duelo previo: solo el menor apoyo social se asoció con más duelo, y saber más sobre la demencia se asoció con menos «tristeza sentida» (Moore et al., 2020). Es un estudio transversal, así que muestra asociación y no causa.

    ¿Qué ayuda a vivir el duelo por Alzheimer?

    Estas ideas salen de Boss (2025), Worden (2013) y Neimeyer (2019). Ninguna promete que el dolor desaparezca. Buscan que ocupe menos espacio y que puedas estar con tu familiar sin quedarte detenido.

    1. Ponle nombre

    Para Boss todo parte de saber que lo que sientes se llama pérdida ambigua y que la confusión es una reacción normal a una situación sin certezas. Muchas personas sienten alivio solo con eso, porque deja de verse como un fallo personal.

    2. Sostén dos ideas a la vez

    Boss propone el pensamiento dialéctico: «mi madre está presente y ausente a la vez», o «perdí a la persona que conocía y sigo cuidando a la que está». La contradicción queda abierta, y lo que cambia es que dejas de exigirte resolverla.

    3. Despídete de a poco y busca lo que sigue disponible

    La despedida gradual consiste en nombrar lo que ya se perdió y aprovechar lo que permanece: una mirada, una canción, un abrazo, la mano que sigue buscando la tuya.

    Boss describe dos extremos que conviene evitar: actuar como si nada hubiera cambiado o tratar a la persona como un mueble. Worden (2013) añade el riesgo del retraimiento emocional prematuro: alejarte o tratar con frialdad a quien aún está porque duele demasiado, algo que suele dejar culpa.

    4. Habla con la familia

    Una reunión familiar sirve para repartir tareas, acordar quién decide qué y reconocer que cada uno vive la situación a su modo. Admitir en voz alta «no sé qué va a pasar» suele ser más sano que el silencio. Esos acuerdos también aclaran los roles nuevos, por ejemplo pasar de pareja a cuidador sin culpa.

    5. Ordena lo pendiente mientras se pueda conversar

    Worden (2013) recomienda usar el tiempo previo para agradecer, pedir perdón y aclarar desacuerdos mientras la comunicación es posible.

    En lo práctico, conversar sobre los deseos de la persona ayuda. Un ensayo con 309 adultos de 80 años o más hospitalizados (no solo con demencia) mostró que la planificación anticipada del cuidado hizo que se conocieran y respetaran sus deseos (86 % frente a 30 %) y que sus familiares tuvieran menos estrés, ansiedad y depresión (Detering et al., 2010).

    Decidir por otro pesa. Una revisión de 40 estudios halló que al menos un tercio de quienes decidieron por un familiar sufrió una carga emocional negativa, a veces durante años, y que conocer las preferencias del paciente la reducía (Wendler y Rid, 2011).

    6. Crea rituales propios

    Al no haber funeral, puedes inventar gestos que hagan de despedida. Neimeyer (2019) propone escribir cartas que no se envían para «completar la conversación» y armar álbumes de fotos y recuerdos que guarden la biografía familiar.

    7. Alterna la pena con el descanso

    Neimeyer (2019) describe un vaivén sano entre sentir la pérdida y ocuparse de lo práctico o de descansar. Distraerte un rato, salir a caminar o dejar el tema para mañana es una forma de dosificar el dolor. Neimeyer propone además reconstruir quién eres más allá del cuidado, porque las pérdidas de la demencia también cambian tu identidad.

    8. Busca a otros que lo vivan y pide respiro

    El apoyo social fue el factor que más se asoció con menos duelo en el estudio de Moore et al. (2020). Un grupo de cuidadores, una amistad que escuche sin apurarte o un turno de relevo de la familia cuentan como cuidado. Boss recomienda además permitirte descansos sin culpa.

    ¿Qué dice la investigación sobre terapias para este duelo?

    Hay menos de lo que uno querría, y conviene decirlo con claridad.

    Una revisión sistemática de 2017 halló solo tres estudios, todos en Estados Unidos y con 327 cuidadores. Un programa llamado «Easing the Way» logró un beneficio moderado sobre el duelo anticipado (tamaño de efecto -0,43) (Wilson et al., 2017).

    Un ensayo aleatorizado con 273 cuidadores probó una terapia cognitivo-conductual de 12 sesiones en seis meses, con un módulo específico de duelo. La carga del duelo previo a la muerte bajó en el grupo con terapia a los seis meses de seguimiento (d = -0,36), y no en el grupo control (Meichsner y Wilz, 2018). Sobre ese enfoque hay una guía de terapia cognitivo-conductual.

    La revisión más reciente, un metaanálisis de 11 estudios, no halló efectos significativos de las intervenciones psicosociales sobre el duelo anticipado a corto ni a mediano plazo, y sí una mejoría a largo plazo en solo dos estudios. Los propios autores califican la certeza de la evidencia como baja o muy baja (Fu et al., 2026).

    En la práctica: no hay un tratamiento probado que garantice resultados, pero acompañarse con un profesional ayuda a ordenar las emociones y reducir la carga, y hay indicios de beneficio.

    ¿Qué pasa con el duelo cuando la persona fallece?

    El duelo previo no se apaga con la muerte. En el estudio de Givens et al. (2011), tener más duelo antes de la muerte y haber vivido con el residente antes de que ingresara a la residencia fueron los únicos factores independientes asociados con más duelo siete meses después.

    La revisión de Crawley et al. (2023) encontró que el duelo y la depresión previos a la muerte influyen en el duelo posterior, y que entre el 6 % y el 26 % de los participantes cumplía criterios de duelo complicado después del fallecimiento (cuatro estudios).

    Eso sirve para saber a quién prestar atención y no debería asustarte. Cuando llegue la muerte, la guía sobre cómo superar un duelo y la página sobre el duelo cubren qué es esperable y cuándo un duelo se considera prolongado.

    ¿Dónde buscar apoyo en Chile?

    Chile cuenta con un Plan Nacional de Demencias que el Ministerio de Salud presentó en octubre de 2017. Como parte de ese plan se inauguró en marzo de 2018 una Unidad de Memoria piloto en la Región Metropolitana, ligada a la Universidad de Chile y al Hospital Salvador, que según la ministra de la época incluye a los cuidadores en su atención.

    Para orientarte hoy, puedes consultar en tu CESFAM o llamar a Salud Responde (600 360 7777). Si tu familiar ya tiene diagnóstico, pregunta por programas de apoyo para cuidadores en tu comuna.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional por este duelo?

    Un duelo que sube y baja es parte de acompañar una demencia. Conviene consultar cuando:

    • La pena, la rabia o la culpa te ocupan la mayor parte del día o te quitan el sueño de forma repetida.
    • Sientes un embotamiento que no se va, como estar congelado o incapaz de sentir cariño o alegría.
    • Evitas visitar a tu familiar, hablar de la enfermedad o ver a la familia porque te desborda.
    • Te cuesta cumplir con el trabajo, la casa o tu propio cuidado.
    • Aparecen síntomas de depresión o ansiedad (llanto frecuente, desesperanza, pánico, somatizaciones).
    • Consumes más alcohol o fármacos para aguantar.
    • Piensas que no vale la pena seguir o en hacerte daño. En ese caso pide ayuda de inmediato.

    El diagnóstico de trastorno de duelo prolongado solo se plantea después de la muerte de la persona; antes, lo que corresponde es evaluar si hay depresión, ansiedad o sobrecarga.

    Cuéntaselo hoy a alguien cercano y no te quedes solo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal sentir duelo si mi mamá con Alzheimer sigue viva?

    Sí. Se llama duelo previo a la muerte o pérdida ambigua, y lo viven muchos familiares. Aparece porque pierdes poco a poco a la persona que conocías (su memoria, su carácter, su forma de relacionarse) mientras su cuerpo sigue contigo. Sentirlo no significa que la quieras menos ni que te rindas.

    ¿Qué es el duelo blanco?

    Es un nombre informal para el duelo por alguien que sigue vivo, como ocurre en el Alzheimer. Se trata de un término informal, sin valor diagnóstico. En la literatura se usan pérdida ambigua (Boss) y duelo previo a la muerte. Lo importante es que nombra una experiencia real y que se puede acompañar.

    ¿El duelo por Alzheimer es lo mismo que una depresión?

    No son lo mismo, pero pueden coexistir y se influyen. El duelo es pena por lo perdido y suele ir y venir. La depresión implica ánimo bajo persistente, pérdida de interés y desesperanza que se mantienen. En cuidadores, un duelo alto amplifica el efecto de la sobrecarga sobre la depresión (Liew et al., 2019).

    ¿Es normal sentir alivio o rabia hacia la persona enferma?

    Sí. Boss describe las emociones contradictorias como parte de este duelo: se puede querer mucho a alguien y sentir rabia, cansancio o deseo de descansar. Ninguna emoción invalida a la otra. Conviene hablarlas con alguien de confianza o con un profesional antes de que se conviertan en culpa.

    ¿Cómo sigo conectando con alguien que ya no me reconoce?

    Apoyándote en lo que se conserva: el tono de voz, el contacto físico, la música de su juventud y las rutinas aprendidas. Los manuales de neuropsicología indican que la sensibilidad emocional persiste mucho después de perder los nombres. Estar presente, con calma y cariño, sigue importando aunque no lo recuerde después.

    ¿Cuándo debo buscar ayuda por mi duelo?

    Cuando la pena te ocupa casi todo el día, te cuesta funcionar, te aíslas o aparecen síntomas de depresión o ansiedad. Si tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato. Pedir apoyo temprano es útil porque, en cuidadores, el duelo y la sobrecarga pueden sumarse con el tiempo.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Perder a alguien que sigue contigo es un dolor sin ritual y sin fecha, y suele aliviarse al compartirlo con quien sabe acompañarlo. Si quieres ordenar lo que sientes, entender qué parte es duelo y qué parte cansancio, o pensar cómo seguir cerca de tu familiar, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Blandin, K., & Pepin, R. (2017). Dementia grief: A theoretical model of a unique grief experience. Dementia, 16(1), 67-78. https://doi.org/10.1177/1471301215581081
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Crawley, S., Sampson, E. L., Moore, K. J., Kupeli, N., & West, E. (2023). Grief in family carers of people living with dementia: A systematic review. International Psychogeriatrics, 35(9), 477-508. https://doi.org/10.1017/s1041610221002787
    • Detering, K. M., Hancock, A. D., Reade, M. C., & Silvester, W. (2010). The impact of advance care planning on end of life care in elderly patients: Randomised controlled trial. BMJ, 340, c1345. https://doi.org/10.1136/bmj.c1345
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    • Givens, J. L., Prigerson, H. G., Kiely, D. K., Shaffer, M. L., & Mitchell, S. L. (2011). Grief among family members of nursing home residents with advanced dementia. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 19(6), 543-550. https://doi.org/10.1097/jgp.0b013e31820dcbe0
    • Hebert, R. S., Dang, Q., & Schulz, R. (2006). Preparedness for the death of a loved one and mental health in bereaved caregivers of patients with dementia: Findings from the REACH study. Journal of Palliative Medicine, 9(3), 683-693. https://doi.org/10.1089/jpm.2006.9.683
    • Holley, C. K., & Mast, B. T. (2009). The impact of anticipatory grief on caregiver burden in dementia caregivers. The Gerontologist, 49(3), 388-396. https://doi.org/10.1093/geront/gnp061
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    • Lezak, M. D., Howieson, D. B., Bigler, E. D., & Tranel, D. (2012). Neuropsychological assessment (5.ª ed.). Oxford University Press.
    • Liew, T. M., Tai, B. C., Yap, P., & Koh, G. C.-H. (2019). Comparing the effects of grief and burden on caregiver depression in dementia caregiving: A longitudinal path analysis over 2.5 years. Journal of the American Medical Directors Association, 20(8), 977-983.e4. https://doi.org/10.1016/j.jamda.2018.11.016
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    • Wilson, S., Toye, C., Aoun, S., Slatyer, S., Moyle, W., & Beattie, E. (2017). Effectiveness of psychosocial interventions in reducing grief experienced by family carers of people with dementia: A systematic review. JBI Database of Systematic Reviews and Implementation Reports, 15(3), 809-839. https://doi.org/10.11124/jbisrir-2016-003017
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Pérdida ambigua: qué es y cómo vivir con ella

    Pérdida ambigua: qué es y cómo vivir con ella

    Hay personas que no están y que tampoco se han ido del todo: un hijo del que no se sabe nada, una pareja que un día dejó de contestar, una madre que sigue en casa pero ya no te reconoce. La pérdida ambigua nombra ese dolor, el de perder a alguien sin la certeza ni el ritual que acompañan a una muerte.

    Esta guía explica qué es, cuáles son los dos tipos que describió Pauline Boss, qué ejemplos cotidianos y extremos existen, qué dice la investigación sobre su efecto en la salud mental y qué puede ayudar. También responde qué hacer cuando alguien se fue sin despedirse.

    Respuesta corta: la pérdida ambigua es un duelo sin muerte confirmada o sin cierre posible. Describe una situación que se puede atravesar con apoyo, y el malestar que produce es una reacción comprensible. En una muestra de refugiados, los síntomas de duelo prolongado fueron más intensos ante un familiar desaparecido que ante uno fallecido. Conviene consultar cuando la incertidumbre te bloquea la vida diaria.

    ¿Qué es la pérdida ambigua? Definición según Pauline Boss

    Pauline Boss, en su libro La pérdida ambigua, la define como una pérdida incompleta, incierta o indeterminada dentro de una relación importante (Boss, 2025). Falta justo lo que una muerte confirmada sí trae: un certificado, un cuerpo, un funeral y una comunidad que te da el pésame. Sin esas señales, el duelo no consigue empezar ni terminar.

    Boss llama a ese estado duelo congelado. Su idea central es que el sufrimiento viene de una situación externa que sigue sin resolverse, y que no demuestra un defecto de la persona que sufre (Boss, 2025).

    Por eso la pérdida ambigua es una experiencia relacional y no un diagnóstico. Se vive como un vaivén entre la esperanza de que algo cambie y la desesperanza de que no cambie nunca.

    ¿Cuáles son los dos tipos de pérdida ambigua según Pauline Boss?

    Boss, terapeuta familiar que empezó a describir el fenómeno con familias de soldados desaparecidos en combate, distingue dos formas (Boss, 2025). Lo que las une es una discrepancia entre quién está en el cuerpo y quién está en la mente.

    Pérdida ambigua tipo 1: ausencia física, presencia psicológica

    La persona no está a tu alcance, pero sigue muy presente en tus pensamientos, tus emociones y tus decisiones. No sabes si volverá, si está viva o si vas a recibir una explicación. Boss incluye aquí a los desaparecidos, los secuestrados, el progenitor que se fue tras un divorcio, la madre biológica de un niño dado en adopción y las personas que emigran (Boss, 2025).

    Pérdida ambigua tipo 2: presencia física, ausencia psicológica

    La persona está a tu lado, pero su mente o su vínculo emocional no. Boss menciona el Alzheimer y otras demencias, los daños cerebrales graves, las adicciones, las enfermedades mentales crónicas y también a quien está tan absorbido por el trabajo que es inalcanzable para su familia (Boss, 2025).

    Ejemplos de pérdida ambigua: de lo extremo a lo cotidiano

    El concepto nació con las desapariciones, pero la literatura científica lo usa hoy para muchas situaciones. Estos son los ejemplos con más estudios.

    Hay también una forma colectiva. Tras la toma masiva de rehenes en Israel, un estudio con 740 personas halló que la incertidumbre compartida se asociaba con más malestar psicológico general, incluso entre quienes no conocían a ningún rehén (Yehene et al., 2024). Es un contexto de guerra, así que no conviene extrapolarlo sin más.

    ¿Y si alguien se fue sin despedirse? Ghosting, abandono y rupturas

    Boss dedica un capítulo, «Marcharse sin decir adiós», a las personas que se van sin explicación: divorcios, abandonos, distanciamientos familiares (Boss, 2025). Según ella, la falta de causa clara lleva a buscar explicaciones dentro de uno mismo y a pensar que la marcha fue por culpa propia.

    Boss no habla de ghosting. Aun así, el patrón encaja con su tipo 1: la persona se fue y sigue ocupando tu cabeza. Aplicar el concepto a un mensaje que nadie contesta es una extensión razonable, pero es una extensión, no un hallazgo.

    La investigación sobre ghosting es más cauta de lo que se lee en redes. En 626 adultos de 18 a 40 años, haber sido ghosteado no se relacionó por sí solo con menos satisfacción vital, más soledad ni más indefensión. Sí se relacionó el breadcrumbing, que es dar migajas de atención sin compromiso (Navarro et al., 2020).

    Es un estudio transversal y preliminar: no prueba que el ghosting no duela, solo que en esa muestra no se distinguió.

    Otra investigación cambia un poco la lectura. En experimentos con distintos escenarios, quienes hacían ghosting decían preocuparse por el bienestar de la otra persona más de lo que ella creía, en parte porque quien es ignorado subestima los motivos de cuidado del otro (Park y Klein, 2024). No quita el dolor del silencio, pero puede ayudar a no leerlo como prueba de que no valías.

    Si la relación era larga o central en tu vida, la pérdida se parece más a una ruptura. Para ese caso, mira cómo superar una ruptura amorosa.

    ¿Por qué duele distinto que un duelo por una muerte?

    Hay varias razones que la investigación va describiendo.

    Los límites de la familia se vuelven borrosos. Boss usa el término ambigüedad de límites para la confusión sobre quién está dentro o fuera de la familia y qué rol tiene cada uno: «¿sigo casada si mi marido está desaparecido?», «¿tengo o no un padre si se fue?» (Boss, 2025).

    En 47 refugiados sirios con síntomas postraumáticos, tener un familiar cercano desaparecido y más ambigüedad de límites se asociaron con un duelo prolongado más intenso, y la ambigüedad de límites también con más depresión (Renner et al., 2021).

    La mente sigue buscando. En 64 cuidadores de personas con trastornos de conciencia, la ambigüedad de límites mediaba la relación entre la necesidad de cierre, la frecuencia de visitas y la sensación de que el paciente seguía presente, por un lado, y el duelo, por otro. Las autoras interpretan que esa ambigüedad dificulta integrar la pérdida (Zaksh et al., 2019).

    Falta el reconocimiento. Sin funeral y sin pésame, el duelo queda «sin reconocer». Una revisión de la literatura sobre personas desaparecidas señala que, a diferencia de la muerte, aquí la esperanza forma parte de la experiencia porque la persona podría volver, y que falta investigación sobre su papel (Wayland et al., 2016).

    Puede ser más intenso que el duelo por una muerte. En 87 refugiados en Alemania, quienes tenían un familiar desaparecido (33) mostraron más síntomas de duelo prolongado que quienes tenían un familiar fallecido (54), aunque la proporción con probable trastorno no difirió. Los autores plantean que podría ser un factor de riesgo específico (Comtesse et al., 2022).

    El papel de la rumiación y la autocompasión

    En 137 familiares de personas desaparecidas hace tiempo, más autocompasión se asoció con menos duelo prolongado, depresión y estrés postraumático. La rumiación sobre el duelo explicó parte de esa relación (Lenferink et al., 2017). Es un estudio transversal: sugiere un camino, no lo demuestra.

    ¿La pérdida ambigua es un trastorno? ¿Y el duelo prolongado?

    No. «Pérdida ambigua» describe una situación, no un diagnóstico. Y el duelo prolongado, que sí es un diagnóstico, parte de una muerte: el DSM-5-TR exige que haya pasado al menos 12 meses desde la muerte de una persona cercana (Prigerson et al., 2021), y la CIE-11 pide como requisito una historia de duelo tras el fallecimiento de alguien cercano (OMS, 2024).

    Eso significa que ante una desaparición, un abandono o una enfermedad que cambia a la persona, ese diagnóstico no aplica por definición. Lo que sí puede aparecer es depresión, ansiedad, estrés postraumático o un bloqueo para tomar decisiones, y todo eso se evalúa y se trata.

    Los investigadores igual miden síntomas de duelo prolongado en estos contextos. Hay un instrumento en desarrollo para esto, el Ambiguous Loss Inventory Plus, que tiene validez aparente y de contenido preliminar y todavía necesita evaluaciones psicométricas (Comtesse et al., 2023). Por eso esta guía no incluye un test con puntaje: no existe uno validado.

    Si tu pérdida fue una muerte, el test de duelo prolongado y la guía de duelo y sus tipos son un mejor punto de partida.

    ¿Cómo vivir con una pérdida ambigua? Las seis pautas de Boss

    Boss propone aprender a vivir con la incertidumbre en vez de esperar un cierre que quizá nunca llegue. Para ello describe seis pautas (Boss, 2025):

    1. Encontrar sentido. Nombrar lo que te pasa como pérdida ambigua quita parte del desconcierto y de la culpa. También implica sostener dos ideas a la vez: «mi ser querido se ha ido y, en otro sentido, sigue conmigo».
    2. Ajustar el control. Soltar la exigencia de una solución perfecta y poner la energía en las decisiones cotidianas que sí dependen de ti.
    3. Reconstruir la identidad. Redefinir quién eres y qué rol tienes ahora, por ejemplo como cuidadora o como madre o padre que cría solo.
    4. Normalizar la ambivalencia. Sentir amor y rabia, o querer que la persona vuelva y a la vez que la espera termine, es una respuesta comprensible ante algo sin resolver.
    5. Revisar el apego. Pasar de la cercanía física a una conexión psicológica o simbólica, de modo que el cariño no congele tu vida ni cierre la puerta a otros vínculos.
    6. Descubrir una nueva esperanza. Orientarla hacia metas realistas, la creatividad o la ayuda a otros, en vez de hacia un final perfecto.

    Boss también plantea que, sin ritos oficiales, vale la pena crear los propios para nombrar el dolor y honrar lo que se perdió y lo que permanece (Boss, 2025). Robert Neimeyer (2019) coincide en que el objetivo es reescribir la historia de vida para integrar el cambio, y no olvidar.

    Qué dice la investigación sobre lo que ayuda

    Conviene ser claros: en la búsqueda que hicimos para esta guía no apareció ningún ensayo clínico aleatorizado ni metaanálisis que compare tratamientos para la pérdida ambigua. Lo que hay es evidencia más débil.

    • Autocompasión y menos rumiación se asocian con menos síntomas en familiares de desaparecidos (Lenferink et al., 2017).
    • Esperanza y resiliencia se asocian con menos pérdida ambigua en familiares de personas con adicción (Florentin y Rice, 2026).
    • Validación emocional, comunicación abierta en la familia y apoyo psicosocial aparecieron como factores protectores en hermanos de niños con cáncer (Yuste Segarra et al., 2026).
    • Psicoeducación sobre la ambigüedad de límites en grupos de apoyo es una propuesta de los autores de un estudio con refugiados, no un tratamiento probado (Renner et al., 2021).
    • Un grupo de pares para madres de adolescentes autistas que usó el marco de la pérdida ambigua describió más comprensión, autocompasión y estrategias de afrontamiento. Es un solo caso, no una prueba de eficacia (Chase, 2022).

    Una advertencia más: casi todos estos estudios miran asociaciones. Que la esperanza acompañe a una menor pérdida ambigua no demuestra que tenerla cause alivio, porque puede ser al revés.

    Un estudio cualitativo con ocho familiares de personas desaparecidas en Italia observó que, sin hallazgo de la persona, algunos desarrollaban duelo prolongado y otros un impulso a ayudar a otros, descrito como crecimiento postraumático. También destacó que la comunidad puede ayudar o empeorar las cosas (Testoni et al., 2020).

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Boss recomienda consultar cuando la incertidumbre produce síntomas que limitan la vida (depresión profunda, ansiedad crónica, insomnio), cuando la persona o la familia no logra tomar decisiones prácticas, o cuando aparecen formas de afrontar que dañan, como el abuso de alcohol o el aislamiento extremo (Boss, 2025).

    También cuenta que muchas personas llegan a terapia por conflictos de pareja o por una tristeza «sin causa clara» y no mencionan una pérdida inconclusa de fondo, como un divorcio no digerido, el abandono de una pareja o la demencia de un progenitor. Si te suena familiar, nómbralo en la primera sesión.

    Pide ayuda con urgencia si aparecen ideas de morir o de hacerte daño. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL) y, en una emergencia, al 131. Si el trauma de la pérdida aparece como recuerdos intrusivos, revisa duelo traumático.

    Lo que todavía no se sabe

    La pérdida ambigua es un concepto clínico muy influyente, pero la base empírica es joven. Casi todos los estudios citados son transversales, cualitativos o con muestras pequeñas, y muchos vienen de contextos de guerra o desplazamiento. No hay un instrumento validado con puntos de corte ni ensayos de tratamientos específicos.

    Por eso esta guía describe lo observado y las orientaciones de Boss y Neimeyer, sin prometer una receta. Tampoco sabemos si el ghosting entre adultos jóvenes produce un duelo comparable al de una desaparición. Con lo recuperado, eso no se puede afirmar.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la pérdida ambigua en palabras simples?

    Es perder a alguien sin certeza ni despedida: la persona no está físicamente pero sigue muy presente en tu mente, o está a tu lado pero ya no es la misma por una enfermedad o una adicción. Pauline Boss la describe como un duelo sin cierre posible, que puede dejar a la persona atascada entre la esperanza y la desesperanza.

    ¿Cuáles son ejemplos de pérdida ambigua?

    Un familiar desaparecido, un hijo dado en adopción, un divorcio o un abandono sin explicación, la migración de un ser querido, la demencia o el daño cerebral de un familiar, la adicción o una enfermedad mental crónica en alguien cercano, o la hermana de un niño con cáncer que se queda sin la atención de sus padres.

    ¿Se puede vivir un duelo sin muerte?

    Sí. Aunque el diagnóstico de duelo prolongado exige una muerte, el dolor por una desaparición, un abandono o una enfermedad que cambia a la persona es real y está estudiado. En 87 refugiados, el duelo por un familiar desaparecido fue incluso más intenso, en síntomas, que por uno fallecido.

    ¿Cómo se supera una pérdida ambigua?

    Boss plantea aprender a vivir con la incertidumbre en lugar de esperar un cierre que quizás no llegue: nombrar la pérdida, ajustar el control, sostener el pensamiento «tanto lo uno como lo otro», normalizar la ambivalencia, revisar el apego y encontrar una nueva esperanza. No hay ensayos clínicos que comparen tratamientos específicos.

    ¿El ghosting es una pérdida ambigua?

    Puede parecerse, porque alguien se va sin explicación y sigue ocupando tu cabeza, pero Boss no habla de ghosting y la evidencia es limitada. En un estudio con 626 adultos, el ghosting por sí solo no se asoció con menos satisfacción vital ni más soledad. Si la relación era central en tu vida, el duelo sí puede ser real.

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo?

    Cuando la incertidumbre te impide funcionar: depresión o ansiedad que limitan tu día, insomnio persistente, dificultad para decidir, aislamiento o consumo de alcohol para tolerar el malestar. También si te cuesta entender por qué estás tan mal por una pérdida que nadie reconoce. Ante ideas de morir, llama al *4141.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Una pérdida ambigua pesa más cuando nadie la nombra. Si llevas tiempo viviendo con una espera, una ausencia o una persona que ya no es la misma, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas tener claro qué sientes para empezar: basta con contar cómo estás. Para una mirada más amplia, revisa también cómo explicarle la muerte a un niño si en tu familia hay niños viviendo la situación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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