Mi Hijo Adolescente Fuma Marihuana: Qué Hacer

Pintura impresionista de un adulto y un adolescente conversando al atardecer, sobre el consumo de marihuana adolescente

Encontraste un cogollo en la mochila, sentiste el olor en la pieza o alguien del colegio te lo dijo. “Mi hijo fuma marihuana” (o “mi hijo fuma porros”) es una frase que muchos padres escriben en el buscador la misma noche en que lo descubren, y casi siempre con dos preguntas mezcladas: qué tan grave es, y “mi hijo adolescente fuma marihuana, ¿qué hago?”. Esta guía responde las dos con datos, no con sermones. Verás qué dice el estudio más reciente de SENDA sobre cuántos escolares chilenos consumen, qué riesgos del cannabis en la adolescencia están bien demostrados y cuáles se exageran, cómo saber si tu hijo está en una etapa o en un problema (con la herramienta que usan los pediatras para eso), cómo conversar sin que se cierre, qué hacer si no quiere dejarlo y qué tratamiento funciona de verdad. También lo que dice la ley chilena, porque es una duda frecuente y casi nadie la responde bien. Si todavía no estás seguro de que consume y solo tienes sospechas, empieza por la guía de señales para saber si tu hijo consume drogas y vuelve aquí cuando lo hayas confirmado.

Respuesta corta: que tu hijo adolescente fume marihuana no es el fin del mundo, pero tampoco es “una hierba”. En Chile, uno de cada cinco escolares de 8° básico a 4° medio la consumió en el último año, y la mayoría no desarrollará un problema. El riesgo se concentra en tres cosas: empezar temprano, consumir seguido y tener una vulnerabilidad previa (ánimo bajo, TDAH, antecedentes familiares). Lo que más protege es una conversación que se mantenga abierta, saber en qué anda, y pedir ayuda profesional a tiempo si el consumo pasa de ocasional a semanal o aparecen problemas en el colegio, el ánimo o la casa.

Mi hijo fuma marihuana: ¿qué tan común es en Chile?

Más de lo que la mayoría de los padres cree, y menos de lo que fue hace diez años. Según el 15° Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar de SENDA (2023, publicado en 2025), el 19,1 % de los estudiantes de 8° básico a 4° medio declaró haber consumido marihuana en el último año. La cifra llegó a 34,2 % en 2015 y bajó desde entonces. El consumo crece con el curso y, dato que sorprende a muchos, es hoy más frecuente en mujeres (21,4 %) que en hombres (16,9 %).

Curso (ENPE 2023) Consumió marihuana en el último año
8° básico 9,8 %
1° medio 15,2 %
2° medio 20,2 %
3° medio 24,5 %
4° medio 27,4 %

Dos datos más del mismo estudio ayudan a entender el contexto de tu hijo. Al 26,3 % de los escolares le ofrecieron marihuana directamente en el último año, así que la oportunidad está a la mano. Y solo el 34,4 % cree que fumar una o dos veces por semana es de alto riesgo: dos de cada tres adolescentes piensan que el consumo frecuente no es gran cosa. Ese es el terreno en el que vas a conversar, y conviene saberlo antes de sentarte.

Que sea común significa que tu hijo no es un caso raro ni un delincuente, no que sea inofensivo, y que tu reacción tiene que estar a la altura de lo que de verdad está en juego, ni más ni menos.

Lo primero: qué no hacer cuando descubres que tu hijo fuma marihuana

La reacción del primer día suele ser la que después hay que reparar. Casi todas las familias que llegan a consulta por este motivo pasaron por alguna de estas, y ninguna funcionó.

  • Confrontarlo en caliente. Si lo pillas con olor a marihuana o intoxicado, no es el momento. No va a procesar nada de lo que digas y tú vas a decir cosas de las que te vas a arrepentir. Espera a que esté sobrio, idealmente al día siguiente.
  • El sermón de la droga. Ya sabe que es ilegal y que “hace daño”. Si abres con eso, la conversación termina antes de empezar y le confirmas que contigo no se puede hablar del tema.
  • El castigo a ciegas. Quitarle el celular por un mes como reacción automática no cambia el consumo y sí cierra la puerta que más necesitas mantener abierta. Los límites sirven, pero con reglas claras y consecuencias avisadas antes, no como venganza.
  • Registrarle todo. Revisar la mochila, el teléfono y los bolsillos todos los días convierte la casa en un control policial. La supervisión que protege es otra: la explicamos más abajo.
  • El test de drogas sorpresa. Un test de orina puede tener sentido en un tratamiento, acordado con el adolescente y un profesional. Como emboscada, rompe la confianza y no te dice lo que necesitas saber: cuánto, por qué y con qué consecuencias. Si te interesa cómo funcionan, tenemos una guía sobre los test de drogas en orina.
  • Fingir que no pasó. El extremo contrario. Descubrirlo y no decir nada le enseña que el consumo no tiene ninguna consecuencia en la casa.

La evidencia sobre familias y consumo adolescente apunta en la misma dirección: los padres influyen más cuando crean un ambiente de apoyo y dejan participar al hijo en sus propias decisiones que cuando adoptan un enfoque autoritario o punitivo (SAMHSA, 2017). Eso es elegir la herramienta que sí mueve la conducta, no permisividad.

¿Es una etapa o es un problema? Cómo saberlo

No todos los adolescentes que fuman marihuana están en el mismo lugar, y tratarlos igual es un error en las dos direcciones. Una forma práctica de ordenarlo es mirar tres cosas: frecuencia, motivo y consecuencias.

  • Experimental u ocasional: una o pocas veces, en contexto social, por curiosidad o presión del grupo, sin cambios en el colegio, el ánimo ni las rutinas. Es la situación más frecuente. Necesita conversación y límites, no tratamiento.
  • Regular: semanal o más, ya tiene “sus” momentos para fumar, cambió de amigos o gasta plata en eso. Aquí el riesgo cambia de categoría, como verás en la sección siguiente, y conviene una evaluación profesional.
  • Problemático: fuma solo, fuma para calmarse o para dormir, bajó el rendimiento, hay conflictos repetidos, se pone irritable cuando no tiene, o lo ha intentado dejar y no puede. Esto es indicación de tratamiento, no de “esperar a que madure”.

Los pediatras y los servicios de salud usan un cuestionario de seis preguntas para hacer esta distinción rápido: el CRAFFT. Cada letra es una pregunta sobre el último año. ¿Has andado en un auto (Car) manejado por alguien que había consumido? ¿Usas para relajarte (Relax)? ¿Consumes cuando estás solo (Alone)? ¿Se te olvidan (Forget) cosas que hiciste mientras consumías? ¿Familia o amigos (Friends) te han dicho que bajes? ¿Te has metido en problemas (Trouble) por consumir? Cada “sí” suma un punto. En el estudio de validación original, con 538 adolescentes de 14 a 18 años, un puntaje de 2 o más fue el mejor corte para detectar un problema con sustancias (Knight et al., 2002). Y en un seguimiento de tres años a más de 4.700 adolescentes atendidos en urgencias pediátricas, un CRAFFT de 2 o más al inicio predijo consumo problemático y trastorno por consumo un año, dos y tres después (Shenoi et al., 2019).

En atención primaria, un puntaje de 2 o más es el criterio para derivar a una evaluación especializada. Un ensayo en consultas pediátricas mostró que aplicar el CRAFFT de forma sistemática permitió identificar a los adolescentes en riesgo y ofrecerles intervención breve o derivación según el puntaje (Sterling et al., 2015). Si quieres que tu hijo lo responda, tenemos el test CRAFFT para adolescentes con su guía. Lo responde él, no tú: la idea es abrir una conversación con un resultado en la mano, no acusarlo con un puntaje. Para el cannabis en particular existe además el test CAST, de seis preguntas, pensado justamente para consumo de marihuana.

Los riesgos reales del cannabis en el cerebro adolescente (y los que se exageran)

Aquí conviene ser preciso, porque tu hijo va a detectar al instante cualquier exageración y la va a usar para descartar todo lo demás. Estos son los riesgos que la evidencia sostiene con claridad.

Adicción. Contra lo que muchos adolescentes creen, la marihuana sí genera dependencia. Un metaanálisis de 21 estudios calculó que el 22 % de las personas que consumen cannabis desarrolla un trastorno por consumo, y que entre los jóvenes que consumen de forma regular (semanal o diaria) el riesgo de dependencia sube al 33 %, uno de cada tres (Leung et al., 2020). Una revisión de 36 estudios publicada este año encontró que el riesgo de adicción es entre 3,9 y 7,2 veces mayor cuando el consumo empieza en la adolescencia que cuando empieza en la adultez (Ricci et al., 2026). El cerebro adolescente no es el de un adulto chico: sigue en construcción hasta pasados los 20, y el consumo en esa etapa puede dejar cambios duraderos en las redes que regulan la conducta, la emoción y la cognición (Steinfeld y Torregrossa, 2023).

Depresión y suicidio. Un metaanálisis de 11 estudios longitudinales con más de 23.000 personas encontró que consumir cannabis antes de los 18 aumenta las probabilidades de depresión en la adultez joven (OR 1,37), de ideación suicida (OR 1,50) y de intento de suicidio (OR 3,46), incluso después de descontar a quienes ya tenían síntomas al inicio (Gobbi et al., 2019). Una actualización de 2025 con 22 estudios confirmó la asociación con depresión (Churchill et al., 2025). El riesgo individual es moderado, pero vale como señal: si tu hijo fuma para “sentirse mejor”, el ánimo es lo primero que hay que mirar. Tenemos una guía sobre las señales de depresión en adolescentes que no parecen depresión.

Psicosis. Es el riesgo más serio y el que depende más de la dosis. Un metaanálisis con 66.816 personas mostró que los consumidores más intensos tienen casi cuatro veces más riesgo de psicosis que los no consumidores (OR 3,90), y que la relación es proporcional: a más consumo, más riesgo (Marconi et al., 2016). Un estudio en 11 ciudades de Europa y Brasil con 901 personas en su primer episodio psicótico encontró que el consumo diario triplicaba las probabilidades de trastorno psicótico, y el consumo diario de cannabis de alta potencia (más de 10 % de THC) casi las quintuplicaba (Di Forti et al., 2019). La marihuana que circula hoy es mucho más potente que la de hace 20 años, y eso cambia la conversación: no es la misma sustancia que quizás tú probaste a su edad. Si hay antecedentes de psicosis o esquizofrenia en la familia, este punto pesa el doble.

Colegio y futuro. Tres cohortes australianas y neozelandesas seguidas hasta los 30 años mostraron que quienes fumaban a diario antes de los 17 tenían muchas menos probabilidades de terminar la enseñanza media (OR 0,37) y de obtener un título universitario (OR 0,38), 18 veces más probabilidades de dependencia de cannabis y casi 8 veces más de usar otras drogas, con relación dosis-respuesta (Silins et al., 2014). Ojo con la palabra: diario. El consumo ocasional no mostró ese efecto.

Ahora, lo que se exagera. La idea de que “la marihuana te deja tonto” es más débil de lo que parece. Un metaanálisis de 69 estudios en adolescentes y jóvenes encontró que el consumo frecuente se asocia a un rendimiento cognitivo algo peor, pero el efecto es pequeño y, en los estudios que exigieron más de 72 horas sin consumir, desaparece (Scott et al., 2018). Gran parte del deterioro es el efecto residual de haber fumado hace poco, y se recupera. Y en dos cohortes de gemelos, los que consumían tuvieron un CI más bajo que los que no, pero no cayeron más que sus propios hermanos gemelos abstinentes: la diferencia venía de factores familiares previos, no de la marihuana (Jackson et al., 2016). Esto no es un argumento a favor de fumar. Es un argumento a favor de decirle la verdad a tu hijo, porque cuando le dices que va a perder puntos de CI y él ve a su amigo que fuma y le va bien, pierdes credibilidad para lo que sí importa.

Riesgo Qué muestra la evidencia Qué significa para tu hijo
Dependencia 22 % de los consumidores; 33 % de los jóvenes que consumen cada semana La frecuencia es la variable que más importa
Depresión e ideación suicida Más riesgo en la adultez joven si consume antes de los 18 Mira el ánimo, sobre todo si fuma “para sentirse mejor”
Psicosis Riesgo proporcional a la dosis; mayor con cannabis de alta potencia El consumo diario y la potencia actual son el problema
Deserción escolar Con consumo diario antes de los 17 El uso ocasional no mostró este efecto
Pérdida de CI Efecto pequeño y en gran parte reversible tras días sin consumir No lo uses como amenaza

Cómo hablar con mi hijo sobre la marihuana sin que se cierre

La conversación tiene un objetivo: que salgas sabiendo cuánto consume, desde cuándo y para qué, y que él salga sabiendo que contigo se puede hablar de esto. No que confiese ni que prometa. Con eso ya tienes más de lo que consiguen la mayoría de los padres.

Elige el momento. Sobrio, sin apuro, sin público (los hermanos no tienen que estar), y sin que sea “la reunión”. Un viaje en auto funciona mejor que una mesa con dos sillas enfrentadas.

Parte por lo que sabes, sin acusar. “Encontré esto en tu mochila. Quiero entender qué está pasando, no castigarte hoy”. Y después, la pregunta que más información da: “¿Para qué te sirve?”. Aburrimiento, encajar en el grupo, dormir, bajar la ansiedad, aguantar algo que no te ha contado. Cada respuesta abre un camino distinto, y ninguna se resuelve con la misma medida.

Escucha más de lo que hablas. La regla del programa CRAFT para familiares, que veremos más abajo, se llama comunicación positiva: frases breves, en positivo, que nombran lo que sientes y aceptan parte de la responsabilidad (Meyers y Wolfe, 2004). “Me asusté cuando lo encontré, porque te quiero y no sé cuánto de esto hay” abre; “no puedo creer que seas tan irresponsable” cierra.

Deja claras las reglas y las consecuencias, antes de que haga falta aplicarlas. No consumir en la casa. No manejar ni subirse a un auto con alguien que consumió. Avisar dónde está. Consecuencias concretas y proporcionadas si se rompe una regla, avisadas ahora y no inventadas en el momento. Un límite que se cumple vale más que diez amenazas. Si te cuesta esta parte, tenemos una guía sobre cómo poner límites sin entrar en guerra.

Supervisa de la forma que sí funciona. Un metaanálisis de 17 estudios con más de 35.000 adolescentes encontró que a mayor supervisión parental, menor consumo de marihuana, y que la relación es más fuerte cuando “supervisar” significa que los padres saben dónde está su hijo, con quién y en qué anda, más que cuando significa controlarlo (Lac y Crano, 2009). Ese conocimiento no se consigue registrando la mochila. Se consigue preguntando, estando, y conociendo a los amigos y a los papás de los amigos.

No la conviertas en una conversación única. Las fuentes de prevención insisten en que la conversación sobre drogas empieza antes de la adolescencia y se mantiene en el tiempo, como un canal que sigue abierto, no como un evento (SAMHSA, 2017). Si es la primera vez que hablan del tema y él tiene 16, vas tarde pero no demasiado tarde: lo que importa es que no sea también la última.

Que los padres entren en la ecuación cambia los resultados. En un ensayo con 315 adolescentes identificados en el colegio por consumo de alcohol y drogas, dos sesiones de intervención breve redujeron el consumo a los seis meses, y añadir una sola sesión con los padres mejoró varios resultados respecto a la versión en la que solo participaba el adolescente (Winters et al., 2012). Una sesión. No hace falta que te conviertas en terapeuta; hace falta que estés.

¿Es delito que un menor fume marihuana en Chile?

Es una de las dudas más buscadas y casi nadie la explica bien, así que va con la ley en la mano. La Ley 20.000 no tipifica el consumo en privado. Lo que sanciona, en su artículo 50, es consumir en lugares públicos o abiertos al público (calles, plazas, parques, locales) y en establecimientos educacionales, con multa, asistencia obligatoria a programas de prevención o tratamiento, o trabajo en beneficio de la comunidad. Portar pequeñas cantidades destinadas al consumo personal y próximo en el tiempo no se castiga como tráfico (artículo 4), aunque son la cantidad y las circunstancias (lugar, con quién, cómo estaba guardada) las que definen si esa versión se acepta.

Para un menor de 18, la Ley 20.084 de responsabilidad penal adolescente establece en su artículo 1 que de las faltas de la Ley 20.000 solo responden los adolescentes mayores de 16 años, y el artículo 53 de la Ley 20.000 orienta las medidas para menores hacia la rehabilitación: programas de prevención o tratamiento, sin afectar la jornada escolar. En la práctica, si a tu hijo lo sorprenden fumando en una plaza, lo más probable es que termine en un programa de prevención, no en una condena. Dile esto tal cual, sin dramatizar ni minimizar: la marihuana en la calle o en el colegio sí tiene consecuencias legales, y en la casa las consecuencias las pones tú.

¿Y si no quiere dejarla? CRAFT para padres

La escena típica: ya hablaron, él dice que “todos fuman”, que “es solo los fines de semana” y que no va a ir a ningún psicólogo. Aquí la mayoría de los padres oscila entre la guerra y la rendición. Hay una tercera vía, y es la que tiene más evidencia: cambiar lo que haces tú para que ir a tratamiento se vuelva la opción más atractiva para él.

Se llama CRAFT (Community Reinforcement and Family Training), y lo desarrolló Robert Meyers para familiares de personas que rechazan tratarse. La persona que consume no participa; entrenas tú. En una revisión sistemática, CRAFT logró el triple de ingresos a tratamiento que los grupos de apoyo tipo Al-Anon, con un 64 % a 67 % de personas que terminaron aceptando ayuda (Roozen et al., 2010). En el ensayo clásico que comparó tres estrategias, la confrontación en grupo (la “intervención” de las series) consiguió un 30 % de ingresos y CRAFT un 64 %, y las tasas fueron más altas cuando quien hacía el programa era un padre o una madre (Miller et al., 1999). Con adolescentes en particular, un estudio con 42 familias cuyos hijos rechazaban cualquier tratamiento logró que el 71 % de los padres consiguiera que su hijo entrara, y los propios padres redujeron sus síntomas de estrés y ánimo bajo (Waldron et al., 2007).

En la versión para padres, siguiendo el manual de Meyers y Wolfe (2004) y la adaptación para familias de Foote, Wilkens, Kosanke y Higgs (2014), el método se resume en cuatro movimientos.

  1. Entiende para qué consume. Antes de cada episodio hay un contexto (viernes, ciertos amigos, después de una pelea) y después hay algo que obtiene (relajo, pertenencia, dormir). Eso es el análisis funcional. Sin entenderlo, estás peleando a ciegas.
  2. Refuerza lo que no es consumo. Cuando está sobrio, presente y haciendo algo que vale, que se note: tiempo contigo, un plan que le gusta, reconocimiento concreto. La idea es que la vida sin marihuana compita con la marihuana, y que compita bien.
  3. Deja que las consecuencias naturales lleguen. Si no fue al colegio porque amaneció mal, no le escribas tú la justificación. Si gastó la mesada, no la repongas. Amortiguar es lo más humano y lo que más sostiene el consumo, porque le quita su costo. Esto no incluye nunca la seguridad: si está intoxicado y en riesgo, actúas.
  4. Aprovecha la ventana. Después de una mala experiencia, una pelea con la polola, un susto, hay 24 a 48 horas en las que está más abierto. Ten el nombre del profesional y la hora disponible para ese momento, y ofrécelo con un menú (“puede ser conmigo, puede ser solo, puede ser online”) en vez de con un ultimátum.

El método completo, con sus siete pasos y las frases que sirven, está en nuestra guía sobre CRAFT para familias. Y si lo que te preocupa es cómo se está poniendo la casa, la guía sobre cómo vivir con un familiar que consume trata el cuidado de quienes están alrededor.

Cuándo pedir ayuda profesional y qué tratamiento funciona

No hace falta esperar a que sea un desastre. Estas son las señales que justifican una evaluación con un psicólogo o en el centro de salud, sin más vueltas:

  • Consume cada semana o más, o el consumo va en aumento.
  • Fuma solo, o fuma para dormir, calmarse o aguantar el día.
  • Bajó el rendimiento, falta a clases, dejó actividades que le gustaban.
  • Cambió de grupo completo, hacia amigos que consumen.
  • Está irritable, ansioso o con insomnio cuando pasa días sin fumar.
  • Hay síntomas de ánimo bajo, ideas de muerte, o episodios de desconfianza, ideas extrañas o percepciones raras (esto último es urgente).
  • Empezó antes de los 14, o hay antecedentes familiares de adicción o psicosis.
  • Lo ha intentado dejar y no ha podido.

Sobre esto último, un dato que ayuda a entender la irritabilidad: la abstinencia de cannabis existe. Un metaanálisis de 47 estudios con más de 23.000 personas encontró que el 47 % de quienes consumen de forma regular o dependiente presenta síntomas de abstinencia al dejarlo (Bahji et al., 2020), y en un estudio con adolescentes dependientes los síntomas fueron más intensos en las dos primeras semanas y continuaron en la tercera: inquietud, cambios en el apetito, deseo intenso, irritabilidad y ánimo bajo (Milin et al., 2008). Si tu hijo intenta dejar y anda insoportable, no está “haciendo show”. Está en abstinencia, y eso también se trata.

Lo que funciona en adolescentes está bastante claro, y tiene un rasgo común: la familia forma parte del tratamiento. Un metaanálisis de 45 estudios sobre tratamiento ambulatorio de adolescentes con trastorno por consumo encontró que la terapia familiar es la que tiene la evidencia más sólida de eficacia comparativa, aunque casi todos los tratamientos redujeron el consumo (Tanner-Smith et al., 2013). La revisión de referencia sobre el nivel de evidencia clasifica los tratamientos familiares ecológicos, la terapia cognitivo-conductual individual y la grupal como “bien establecidos”, y la entrevista motivacional como “probablemente eficaz” (Hogue et al., 2018). Para el cannabis en concreto, un ensayo europeo en cinco países con adolescentes de 13 a 18 años con trastorno por consumo mostró que la terapia familiar multidimensional superó a la psicoterapia individual en retención y en reducción de la dependencia, sobre todo en los que consumían más (Rigter et al., 2013). Una revisión clínica reciente resume que los tratamientos mejor respaldados combinan trabajo con la familia y trabajo con el joven: habilidades, entrevista motivacional y manejo de contingencias, que es la forma técnica de decir recompensas concretas por no consumir (Adams et al., 2023). Una revisión de 24 ensayos clínicos coincide en que, en adolescentes, las recompensas contingentes y la implicación de la familia son lo más prometedor (Ghafouri et al., 2024).

Traducido: un buen tratamiento para tu hijo va a incluirte, va a trabajar con motivación en vez de con obligación, y va a usar cosas concretas que él quiere como refuerzo. Si te ofrecen internarlo como primera medida por un consumo de fines de semana, pide una segunda opinión. Y si quieres entender mejor qué es un trastorno por consumo y en qué se diferencia del uso, está explicado en la guía sobre qué es la adicción.

Dónde pedir ayuda en Chile. El punto de partida es el CESFAM o el COSAM de tu comuna. Si tu hijo tiene menos de 20 años y un médico confirma un consumo perjudicial o una dependencia de riesgo bajo a moderado, el tratamiento está cubierto por el GES N° 53: garantiza el inicio del tratamiento dentro de 10 días desde la confirmación, con copago 0 % en FONASA y 20 % en Isapre. Para orientación, el Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA atiende de lunes a domingo entre 8:00 y 20:00, y sirve también a quien quiere ayudar a otra persona. Y si prefieres partir por una evaluación psicológica, puedes agendar una consulta en la que veamos juntos, contigo y con él, en qué punto está el consumo y qué conviene hacer.

Preguntas frecuentes sobre un hijo que fuma marihuana

¿Es normal que un adolescente pruebe marihuana?

Es frecuente, que no es lo mismo que inofensivo. En Chile, uno de cada cinco escolares de 8° básico a 4° medio la consumió en el último año, y en 4° medio la cifra llega al 27 %. La mayoría no desarrolla un problema. El riesgo se concentra en quienes empiezan temprano, consumen cada semana o tienen una vulnerabilidad previa, como ánimo bajo o antecedentes familiares.

¿Debo hacerle un test de drogas?

Como sorpresa, no: rompe la confianza y solo te dice si hay consumo, no cuánto ni por qué. Un test de orina puede tener sentido dentro de un tratamiento, acordado con el adolescente y con un profesional, como parte de un plan de metas y refuerzos. Lo que sí sirve en casa es una conversación honesta y, si acepta, el cuestionario CRAFFT.

¿Mejor que fume en la casa que en la calle?

No es recomendable. Fumar en la casa normaliza el consumo, te convierte en cómplice frente a sus hermanos y le quita a la marihuana el costo que tiene afuera. La regla clara es no consumir en la casa, con consecuencias avisadas. Lo que sí conviene proteger es que no maneje ni se suba a un auto con alguien que consumió.

¿La marihuana es la puerta de entrada a otras drogas?

Depende de la frecuencia. En cohortes seguidas hasta los 30 años, quienes fumaban a diario antes de los 17 tenían casi 8 veces más probabilidades de usar otras drogas; el consumo ocasional no mostró ese efecto. Más que una “puerta”, el consumo diario es una señal de que hay algo que tratar, y de que el grupo de pares también consume.

¿Cuánto dura la abstinencia de marihuana en un adolescente?

Los síntomas son más intensos en las dos primeras semanas y pueden seguir en la tercera: irritabilidad, inquietud, insomnio, cambios en el apetito, ánimo bajo y deseo intenso de fumar. Cerca de la mitad de quienes consumen de forma regular los presenta. Saberlo ayuda a no interpretar el mal genio como un ataque contra ti y a apoyar en vez de discutir.

¿Y si mi hijo ya tiene 18 y sigue fumando?

Cambian dos cosas. Ya no puedes obligarlo a tratarse y, si sigue viviendo contigo, el método CRAFT es tu mejor herramienta: reforzar la sobriedad, dejar que las consecuencias lleguen y aprovechar los momentos de apertura. Y el GES N° 53 cubre a menores de 20, así que hasta los 19 la garantía de tratamiento sigue vigente.

Lo que importa de verdad

Descubrir que tu hijo fuma marihuana te pone en un cruce: la reacción del primer día puede abrir una conversación que dure años o cerrarla de golpe. La evidencia es bastante clara sobre lo que ayuda. Conversar sobrios y sin sermón. Saber para qué consume. Tener reglas y consecuencias claras, avisadas antes. Saber en qué anda y con quién. Distinguir el consumo ocasional del regular, porque el riesgo cambia de categoría con la frecuencia. Y pedir ayuda profesional cuando aparecen las señales, con un tratamiento que te incluya a ti.

Si llegaste hasta aquí con un cogollo en la mano y la cabeza llena de preguntas, ese es un buen momento para pedir una evaluación. Puedes agendar una consulta para que revisemos, contigo y con tu hijo, en qué punto está el consumo y cuál es el siguiente paso que tiene sentido para tu familia.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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