Categoría: Adicciones

  • Síndrome de Abstinencia de Benzodiacepinas: Síntomas, Duración y Cómo Se Hace la Retirada

    Síndrome de Abstinencia de Benzodiacepinas: Síntomas, Duración y Cómo Se Hace la Retirada

    Por Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    La búsqueda abstinencia benzodiacepinas síntomas suele empezar después de una dosis olvidada, un descenso que se sintió demasiado rápido o el miedo a dejar clonazepam, alprazolam, lorazepam o diazepam. Hay una idea que conviene tener clara desde el comienzo: si llevas un uso regular, no cortes el medicamento de golpe ni diseñes una pauta con porcentajes de internet.

    La dependencia física puede aparecer aunque hayas tomado el fármaco tal como fue indicado. Eso no significa automáticamente adicción. Sí significa que la retirada necesita un plan individual, supervisión y margen para frenar si aparecen síntomas.

    Respuesta corta: la abstinencia de benzodiacepinas puede causar ansiedad, insomnio, temblor, sudoración, náuseas, palpitaciones, tensión muscular, dificultad para concentrarse y sensibilidad a la luz o al ruido. Las convulsiones, el delirium, las alucinaciones y la confusión intensa son señales de urgencia. La duración varía, por eso la retirada se ajusta a la respuesta de cada persona.

    Abstinencia benzodiacepinas: síntomas físicos, emocionales y sensoriales

    Los síntomas no se limitan a sentir más ansiedad. La guía clínica conjunta sobre retirada de benzodiacepinas los agrupa en varios sistemas y advierte que la lista no es exhaustiva (Brunner et al., 2025). Una persona puede tener unos pocos síntomas leves; otra puede necesitar vigilancia estrecha.

    Los síntomas frecuentes incluyen:

    • ansiedad, irritabilidad, agitación o ataques de pánico;
    • insomnio, sueños intensos o pesadillas;
    • dolor de cabeza, sudoración y temblor;
    • tensión, dolor, debilidad o espasmos musculares;
    • náuseas, vómitos, diarrea o cólicos;
    • palpitaciones, taquicardia o dolor torácico;
    • mareos, problemas de equilibrio y coordinación;
    • dificultad para concentrarse o recordar;
    • hormigueo, adormecimiento o sensaciones extrañas en la piel;
    • tinnitus y mayor sensibilidad a la luz, los sonidos, sabores u olores;
    • despersonalización o sensación de irrealidad.

    No todas las molestias tienen la misma gravedad. La revisión clínica de Soyka describe convulsiones, delirium y alucinaciones entre las complicaciones graves, sobre todo cuando la suspensión es brusca o existe un riesgo previo alto (Soyka, 2017). Por eso una retirada farmacológica no debe manejarse como una prueba de voluntad.

    Señales que requieren atención urgente

    Busca atención de urgencia si después de reducir, suspender o quedarse sin dosis aparecen:

    • una convulsión;
    • confusión intensa, delirium o desorientación marcada;
    • alucinaciones, paranoia o pérdida de contacto con la realidad;
    • agitación extrema o conducta difícil de controlar;
    • ideas de hacerte daño o riesgo suicida;
    • dificultad para respirar, somnolencia profunda o imposibilidad de despertar bien a la persona;
    • dolor torácico intenso o síntomas físicos que podrían corresponder a otra urgencia.

    El riesgo respiratorio merece especial cuidado si hubo alcohol, opioides u otros sedantes. La FDA mantiene una advertencia reforzada para toda la clase por dependencia, abstinencia y combinaciones peligrosas (Food and Drug Administration, 2020).

    ¿Por qué aparece el síndrome de abstinencia?

    Las benzodiacepinas aumentan la acción inhibitoria del GABA en el sistema nervioso. Con el uso repetido, el organismo se adapta a esa presencia. Si la dosis baja demasiado rápido, el equilibrio cambia antes de que el sistema nervioso alcance a reajustarse. El resultado puede sentirse como una activación excesiva: alarma, temblor, insomnio, hipersensibilidad y síntomas perceptivos.

    El Manual Ashton explica esta adaptación como la base de la tolerancia y la dependencia física. También insiste en una retirada gradual, con pasos adaptados a la respuesta individual (Ashton, 2002). El material se reutilizó de la consulta documentada del notebook de benzodiacepinas realizada para el artículo #127, que contiene el manual y el protocolo chileno.

    Conviene separar tres conceptos:

    • Tolerancia: una misma dosis produce menos efecto con el tiempo.
    • Dependencia física: el organismo se ha adaptado y puede reaccionar cuando la dosis baja o se suspende.
    • Trastorno por uso o adicción: hay pérdida de control, deseo intenso, uso pese al daño u otras consecuencias conductuales. Puede coexistir con dependencia física, pero no son sinónimos.

    Una persona puede desarrollar dependencia física durante un tratamiento correctamente prescrito y no tener un trastorno por uso. Esta diferencia evita dos errores: estigmatizar a quien necesita una retirada cuidadosa y asumir que basta con fuerza de voluntad.

    ¿Es abstinencia, rebote o volvió el problema original?

    Ansiedad e insomnio pueden pertenecer a los tres cuadros. La propia guía ASAM reconoce que muchas veces es difícil distinguirlos con un solo síntoma (Brunner et al., 2025). La evaluación usa el momento de aparición, la relación con cada descenso, el fármaco, la historia previa y la presencia de síntomas nuevos.

    • Rebote: el síntoma por el que se indicó el medicamento vuelve pronto y temporalmente con más intensidad. Un ejemplo es dormir peor que antes durante los días posteriores a una reducción.
    • Recurrencia: reaparece la ansiedad, el pánico o el insomnio de base porque todavía necesita tratamiento.
    • Abstinencia: el malestar guarda relación temporal con el descenso y puede agregar manifestaciones que antes no estaban, como hipersensibilidad sensorial, tinnitus, parestesias o alteraciones perceptivas.

    Hay una pista útil, aunque no es una prueba diagnóstica: si los síntomas cambian poco después de una reducción o mejoran al pausar el descenso bajo indicación clínica, la abstinencia gana peso. Si continúan sin relación clara con la dosis, también hay que revisar el problema de base y otras causas médicas o psicológicas.

    No conviene responder a esa incertidumbre subiendo y bajando la dosis por cuenta propia. Ese vaivén dificulta leer el patrón y puede aumentar la inestabilidad.

    ¿Cuánto dura la abstinencia de benzodiacepinas?

    No hay un número de días que sirva para todos. La duración depende del medicamento, su vida media, la dosis, el tiempo de uso, la rapidez del descenso, los intentos anteriores, el metabolismo, la salud general y el consumo de otras sustancias. También importa si el síntoma es abstinencia, rebote o recurrencia.

    Con benzodiacepinas de acción corta, las molestias pueden comenzar dentro de uno o dos días tras la última dosis. Con las de acción larga, el inicio puede demorarse varios días o hasta alrededor de una semana. El Manual Merck describe esta diferencia temporal y señala que la intensidad puede fluctuar en vez de mejorar de forma perfectamente lineal (O’Malley & O’Malley, 2024).

    Eso explica por qué alguien puede sentirse mejor durante unos días y luego tener otra oleada de insomnio o ansiedad. Una fluctuación no demuestra por sí sola que el proceso fracasó, pero sí merece comentarse con el equipo tratante.

    ¿Puede durar meses?

    Sí, en una parte de las personas aparecen síntomas prolongados. La guía ASAM define como prolongados los que persisten más allá del periodo esperado de eliminación del fármaco, por ejemplo después de cuatro a seis semanas, y reconoce que en algunos casos duran meses o años. La misma guía aclara que falta investigación para predecir con precisión a quién le ocurrirá y cuánto durará (Brunner et al., 2025).

    Nombrar esta posibilidad no significa que todas las retiradas serán largas. Sirve para no invalidar síntomas persistentes y, al mismo tiempo, obliga a revisar explicaciones alternativas. Mareos, insomnio, ansiedad o problemas cognitivos también pueden tener otras causas tratables.

    ¿Qué cambia en el síndrome de abstinencia del clonazepam?

    El clonazepam tiene una vida media relativamente larga. Por eso sus síntomas pueden tardar más en aparecer que los de una benzodiacepina de acción más corta. Ese retraso puede llevar a pensar que una reducción fue bien y atribuir a otra causa el malestar que aparece varios días después.

    Si llegaste buscando «síndrome de abstinencia clonazepam», la regla central es la misma: la intensidad no se deduce solo de la vida media. Influyen la dosis total, el uso diario, cuánto tiempo se tomó, la velocidad del descenso, las condiciones de salud y los antecedentes de abstinencia.

    Tampoco conviene convertir una tabla de equivalencias en una calculadora casera. El protocolo chileno y el Manual Ashton no coinciden en algunas conversiones. Nuestra guía de benzodiacepinas y vida media explica esa discrepancia y por qué el cambio a diazepam, cuando se considera, debe ser una decisión médica.

    ¿Quién tiene más riesgo de una abstinencia grave?

    El riesgo no se puede calcular con una sola variable. La guía ASAM y la revisión de Soyka señalan varios factores que aumentan la preocupación clínica (Brunner et al., 2025; Soyka, 2017):

    • uso diario o casi diario;
    • dosis total alta;
    • tratamiento prolongado;
    • benzodiacepinas de acción rápida o vida más corta, como alprazolam;
    • reducciones rápidas o suspensión brusca;
    • antecedentes de convulsiones, delirium o abstinencia grave;
    • intentos previos difíciles;
    • consumo de alcohol, opioides u otros sedantes;
    • epilepsia, enfermedad médica inestable o problemas de salud mental complejos;
    • ausencia de seguimiento o de una red de apoyo cuando el riesgo es alto.

    La dependencia física puede desarrollarse en semanas, pero la probabilidad y la gravedad son variables. Tomar una dosis baja o llevar poco tiempo reduce algunos riesgos, no los elimina por completo. A la inversa, llevar años no permite saber de antemano que el retiro será grave.

    ¿Cómo se hace una retirada de benzodiacepinas segura?

    La retirada de benzodiacepinas empieza con una evaluación, no con un calendario descargado. La meta puede ser suspender por completo o bajar hasta una dosis en la que los riesgos ya no superen los beneficios. Ambas decisiones necesitan revisar la indicación original y las alternativas disponibles.

    La guía ASAM propone, como orientación inicial para muchas personas, reducciones de 5% a 10% de la dosis total cada dos a cuatro semanas. Por lo general recomienda no superar 25% cada dos semanas. Son rangos para que un profesional construya el plan, no instrucciones para aplicarlas sin supervisión (Brunner et al., 2025).

    Un proceso seguro suele incluir:

    1. Registrar el medicamento exacto, presentación, dosis, horarios, tiempo de uso y dosis extra.
    2. Revisar intentos anteriores, síntomas, convulsiones, caídas, embarazo, función hepática y otras condiciones médicas.
    3. Anotar alcohol, opioides, antihistamínicos sedantes, fármacos Z y cualquier otra sustancia o medicamento.
    4. Definir qué síntomas harán mantener la dosis, pausar el descenso, reducir el tamaño del siguiente paso o cambiar el nivel de atención.
    5. Tratar en paralelo la ansiedad, el pánico, el insomnio u otro problema que motivó la receta.
    6. Mantener seguimiento durante el descenso y después de la última dosis.

    El protocolo del Servicio de Salud Metropolitano Norte también propone estabilizar, acordar el retiro, reducir de manera paulatina y sumar apoyo psicológico e higiene del sueño (Servicio de Salud Metropolitano Norte & Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak, 2013). Es un documento regional de 2013, no una pauta nacional ni una receta individual. Puedes revisar su alcance en nuestra guía del protocolo de deshabituación chileno.

    ¿Siempre se cambia a diazepam?

    No. Pasar a una benzodiacepina de acción más larga puede reducir fluctuaciones y facilitar descensos pequeños en algunos casos. No es obligatorio ni adecuado para todas las personas. La edad, el embarazo, la función hepática, las interacciones y la respuesta previa cambian la decisión.

    Cuando se elige una sustitución, suele hacerse de forma gradual. Cambiar todo de una vez o usar una equivalencia como si fuera exacta puede producir sedación excesiva o síntomas de retirada.

    ¿Qué pasa si una reducción se siente demasiado rápida?

    La guía actual recomienda monitorizar los síntomas con cada descenso. Si aparecen molestias significativas, el equipo puede mantener la dosis un tiempo, ralentizar los pasos siguientes o reconsiderar el plan. Esto no es un fracaso. El objetivo es reducir daño y conservar el funcionamiento cotidiano.

    No compenses por tu cuenta con alcohol, opioides, otra benzodiacepina ni dosis irregulares. Si olvidaste dosis, te quedaste sin medicamento o ya lo suspendiste, contacta al profesional que prescribe o a un servicio de urgencia según la gravedad. Evita duplicar la siguiente dosis sin una indicación específica.

    ¿Qué ayuda a sobrellevar la retirada?

    No existe un medicamento auxiliar que funcione de forma universal. La guía ASAM señala que la evidencia farmacológica para tratar los síntomas de abstinencia es limitada. El apoyo se centra en ajustar el ritmo, tratar la condición de base y usar intervenciones compatibles con el caso.

    La revisión Cochrane sobre intervenciones psicosociales encontró que añadir terapia cognitivo-conductual a la reducción puede mejorar la discontinuación a corto plazo. La certeza sobre el beneficio sostenido es menor porque los estudios fueron pequeños y heterogéneos (Darker et al., 2015).

    En la práctica, pueden ayudar:

    • educación clara sobre síntomas esperables y señales de alarma;
    • terapia cognitivo-conductual para ansiedad, pánico o insomnio;
    • horarios regulares de sueño y una rutina menos exigente durante pasos difíciles;
    • seguimiento más frecuente después de cada reducción;
    • apoyo de alguien de confianza que conozca el plan y las señales de urgencia;
    • técnicas de respiración o relajación como apoyo para la activación, sin presentarlas como tratamiento de una convulsión o delirium.

    La psicoterapia no reemplaza al profesional que prescribe. Cumple otra función: tratar el miedo a las sensaciones, recuperar estrategias para dormir o manejar ansiedad y reducir la dependencia de una única herramienta farmacológica.

    ¿Qué conviene llevar a la consulta?

    Una consulta rinde más si llevas datos concretos. Anota el nombre del medicamento, miligramos por comprimido o gotas, dosis de cada horario, duración total, última reducción y fecha de inicio de los síntomas. Incluye todos los otros medicamentos, suplementos, alcohol y sustancias.

    También sirve registrar durante una o dos semanas:

    • hora de cada dosis;
    • calidad y duración aproximada del sueño;
    • síntomas principales y su intensidad;
    • relación temporal con el descenso;
    • café, alcohol u otras sustancias;
    • cambios importantes en estrés, salud o rutina.

    Ese registro no diagnostica por sí solo, pero ayuda a separar patrones. Si la preocupación incluye pérdida de control o consumo pese al daño, la guía sobre qué es la adicción explica cómo se diferencia un trastorno por uso de la dependencia física. Para pruebas biológicas y cuestionarios, revisa el test de benzodiacepinas y sus límites.

    Preguntas frecuentes sobre abstinencia de benzodiacepinas

    ¿Se pueden dejar las benzodiacepinas de golpe?

    No es seguro hacerlo después de un uso regular si existe dependencia física. La suspensión brusca puede provocar ansiedad intensa, insomnio, alteraciones perceptivas, convulsiones o delirium. El riesgo cambia según el fármaco, la dosis, la duración y los antecedentes. La reducción debe planificarse con el profesional que prescribe.

    ¿Cuándo empiezan los síntomas de abstinencia?

    Con medicamentos de acción corta pueden comenzar en uno o dos días. Con benzodiacepinas de acción larga pueden demorarse varios días o alrededor de una semana. Son rangos orientativos. La vida media, los metabolitos, las dosis repetidas y el metabolismo individual modifican el momento real.

    ¿Cuánto dura la abstinencia de benzodiacepinas?

    No existe una duración universal. Los síntomas pueden fluctuar durante la reducción y después de la última dosis. En algunas personas ceden en semanas; una parte presenta síntomas prolongados durante meses o más. Si persisten, hace falta revisar tanto la abstinencia como otras causas médicas y psicológicas tratables.

    ¿La abstinencia del clonazepam aparece de inmediato?

    No siempre. El clonazepam tiene una vida media relativamente larga, por lo que el malestar puede aparecer con retraso. Eso no permite predecir su intensidad. La dosis, duración, frecuencia de uso, velocidad del descenso y antecedentes personales pesan tanto como el nombre del medicamento.

    ¿La dependencia física significa adicción?

    No. La dependencia física es una adaptación del organismo y puede aparecer durante un uso prescrito. La adicción o trastorno por uso incluye pérdida de control, deseo intenso y persistencia pese al daño. Pueden coexistir, pero requieren una evaluación distinta y no deben confundirse.

    ¿Qué hago si ya suspendí y me siento mal?

    Si hay convulsiones, confusión intensa, alucinaciones, riesgo suicida, dificultad respiratoria o agitación extrema, busca atención de urgencia. Si los síntomas son leves o moderados, contacta cuanto antes al profesional que prescribe. No improvises dosis, no dupliques tomas y no uses alcohol u otros sedantes para compensar.

    La retirada se adapta a tu respuesta, no a una fecha fija

    Saber qué síntomas pueden aparecer ayuda a pedir ayuda antes y a evitar una suspensión brusca. El paso siguiente no es copiar un esquema: es revisar el medicamento, los riesgos, los intentos previos y el problema que motivó la receta.

    Si necesitas apoyo para manejar ansiedad, pánico o insomnio durante un plan indicado por tu médico, puedes agendar una consulta psicológica. La coordinación con quien prescribe sigue siendo necesaria para cualquier cambio de dosis.

    Referencias

    Ashton, C. H. (2002). Benzodiazepines: How they work and how to withdraw (The Ashton Manual). Newcastle University. https://www.benzo.org.uk/manual/

    Brunner, E., Chen, C. A., Klein, T., Maust, D., Mazer-Amirshahi, M., Mecca, M., Najera, D., Ogbonna, C., Rajneesh, K. F., Roll, E., Sanders, A. E., Snodgrass, B., VandenBerg, A., Wright, T., Boyle, M., Devoto, A., Framnes-DeBoer, S., Kleykamp, B., Norrington, J., & Lindsay, D. (2025). Joint clinical practice guideline on benzodiazepine tapering: Considerations when risks outweigh benefits. Journal of General Internal Medicine, 40(12), 2814-2859. https://doi.org/10.1007/s11606-025-09499-2

    Darker, C. D., Sweeney, B. P., Barry, J. M., Farrell, M. F., & Donnelly-Swift, E. (2015). Psychosocial interventions for benzodiazepine harmful use, abuse or dependence. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015(5), CD009652. https://doi.org/10.1002/14651858.CD009652.pub2

    Food and Drug Administration. (2020). FDA requiring Boxed Warning updated to improve safe use of benzodiazepine drug class. https://www.fda.gov/drugs/drug-safety-and-availability/fda-requiring-boxed-warning-updated-improve-safe-use-benzodiazepine-drug-class

    O’Malley, G. F., & O’Malley, R. (2024). Sedantes. Manual Merck, versión para profesionales. https://www.merckmanuals.com/es-us/professional/temas-especiales/drogas-il%C3%ADcitas-y-t%C3%B3xicas/sedantes

    Servicio de Salud Metropolitano Norte, & Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak. (2013). Protocolo de uso racional de benzodiazepinas en la Red de Salud Mental del S.S.M. Norte (Versión 01). https://www.ssmn.cl/descargas/protocolos_referencia_contrareferencia/instituto_psiquiatrico/Protocolo_Uso_Benzodiazepinas2013.pdf

    Soyka, M. (2017). Treatment of benzodiazepine dependence. New England Journal of Medicine, 376(12), 1147-1157. https://doi.org/10.1056/NEJMra1611832

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) e inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de Chile.

    Este contenido es educativo y se apoya en guías clínicas, literatura científica y documentos institucionales. Los cambios de dosis de benzodiacepinas requieren evaluación y supervisión de un profesional con atribuciones para prescribir.

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  • Diagnóstico del Abuso de Sustancias: Definición, criterios y las 4 P para la detección

    Diagnóstico del Abuso de Sustancias: Definición, criterios y las 4 P para la detección

    Por Terapia Online Chile

    ¿Cómo se diagnostica el abuso de sustancias? La respuesta actual empieza con una precisión: el DSM-5-TR ya no usa “abuso” y “dependencia” como diagnósticos separados. Un profesional evalúa si existe un trastorno por consumo de una sustancia específica, qué consecuencias produce y cuántos criterios aparecen durante 12 meses.

    La frecuencia de consumo importa, pero no decide por sí sola. Dos personas pueden usar la misma sustancia con resultados muy distintos. La entrevista revisa control, funcionamiento, riesgos, salud física, salud mental y contexto. En embarazo, cuestionarios como 4P’s Plus ayudan a detectar a quién conviene evaluar con mayor profundidad.

    Respuesta corta: el diagnóstico requiere una entrevista clínica y un patrón problemático de consumo con al menos 2 de 11 criterios DSM-5-TR en 12 meses. Los cuestionarios y análisis de orina pueden apoyar la evaluación, pero no diagnostican por sí solos. Las 4 P son un cribado prenatal, no un diagnóstico general.

    ¿Cómo se define hoy el abuso de sustancias?

    El término describe de manera informal un consumo que causa daño o problemas. En la clasificación DSM-5-TR, la categoría formal es trastorno por consumo de sustancias. Se diagnostica por cada sustancia y se gradúa como leve, moderado o grave. La CIE mantiene conceptos relacionados, como patrón de consumo perjudicial y dependencia.

    Esta diferencia no es solo de vocabulario. La palabra “abuso” puede hacer pensar que existe una frontera nítida entre una conducta aceptable y otra desviada. La evaluación clínica busca algo más preciso: un patrón de uso que causa malestar o deterioro clínicamente significativo.

    El cambio desde DSM-IV unificó abuso y dependencia en un continuo. También eliminó el criterio de problemas legales recurrentes e incorporó el craving, el deseo intenso de consumir. Según Tolin (2024) y Soto Martínez (2025), el modelo dimensional describe mejor la variación real de gravedad que dos casillas separadas.

    Por eso conviene distinguir estos conceptos:

    ConceptoQué describe¿Es un diagnóstico DSM-5-TR?
    Consumo ocasionalUso sin evidencia suficiente de deterioro o pérdida de controlNo
    Consumo perjudicialUso que ya causa daño físico o mental, término frecuente en CIE y guías clínicasNo como categoría separada del DSM-5-TR
    Dependencia físicaAdaptación con tolerancia o abstinenciaNo basta por sí sola
    AdicciónTérmino clínico común para un patrón compulsivo y persistenteEl diagnóstico formal es trastorno por consumo de sustancias
    Trastorno por consumo de sustanciasPatrón problemático que cumple criterios durante 12 mesesSí

    El MINSAL chileno explica el paso desde abuso y dependencia hacia el continuo DSM-5. Esta terminología permite hablar de gravedad sin reducir a la persona a una etiqueta.

    ¿Cómo se diagnostica el abuso de sustancias con criterios DSM-5-TR?

    El profesional identifica un patrón problemático relacionado con una sustancia concreta y revisa 11 criterios ocurridos en un periodo de 12 meses. Con 2 o 3 criterios el trastorno es leve, con 4 o 5 es moderado y con 6 o más es grave. Un episodio aislado no alcanza el umbral.

    Los criterios se agrupan en cuatro áreas:

    Pérdida de control

    1. Consumir más cantidad o durante más tiempo de lo previsto.
    2. Querer reducir el consumo y no conseguirlo.
    3. Dedicar mucho tiempo a obtener la sustancia, usarla o recuperarse.
    4. Sentir craving o un deseo intenso de consumir.

    Deterioro social

    1. Incumplir responsabilidades importantes en el hogar, estudio o trabajo.
    2. Continuar a pesar de problemas sociales o interpersonales causados o agravados por el consumo.
    3. Abandonar o reducir actividades importantes por la sustancia.

    Consumo riesgoso

    1. Usar la sustancia en situaciones físicamente peligrosas.
    2. Continuar aunque se conoce un problema físico o psicológico causado o empeorado por ella.

    Efectos farmacológicos

    1. Tolerancia, con necesidad de más cantidad para lograr el mismo efecto o una respuesta menor con la misma cantidad.
    2. Abstinencia característica o consumo para aliviarla o evitarla.

    La guía detallada de los criterios DSM-5 para trastorno por consumo de sustancias explica cada punto, los especificadores de remisión y los errores de interpretación más frecuentes.

    Hay una precaución importante. Tolerancia y abstinencia pueden aparecer durante un tratamiento correctamente indicado. Cuando ocurren únicamente por un medicamento tomado bajo supervisión médica, no se cuentan automáticamente como evidencia de adicción (American Psychiatric Association, 2022). El diagnóstico exige mirar el patrón completo.

    ¿Qué es una evaluación de abuso de sustancias?

    Es una evaluación clínica multimétodo. Reúne entrevista, historia longitudinal, consecuencias, riesgos, salud física y mental, información de terceros cuando corresponde, cuestionarios y pruebas biológicas con un propósito definido. La meta es entender qué ocurre, con qué sustancia y qué nivel de apoyo necesita la persona.

    Una evaluación completa suele revisar:

    1. Sustancias y patrón: alcohol, cannabis, cocaína, opioides, sedantes, estimulantes, nicotina y medicamentos; cantidad, frecuencia, vía y combinaciones.
    2. Historia: edad de inicio, cambios recientes, periodos sin consumo, intentos de reducir y síntomas al suspender.
    3. Función del consumo: qué ocurre antes y después, incluidos dolor, sueño, presión social, ansiedad, ánimo bajo o recuerdos traumáticos.
    4. Consecuencias: salud, estudio, trabajo, relaciones, finanzas, cuidado de niños, conducción y problemas legales.
    5. Riesgo inmediato: sobredosis, intoxicación, abstinencia grave, conducta suicida, psicosis, violencia o accidentes.
    6. Comorbilidad: depresión, ansiedad, trauma, psicosis, TDAH, dolor crónico y otros problemas médicos.
    7. Apoyos y contexto: familia, vivienda, acceso a atención, cultura, embarazo y disposición al cambio.

    Caballo (2013) plantea que la entrevista debe ir más allá de la etiqueta y formular cómo se mantiene la conducta. Esto evita el error de contar síntomas sin comprender su función. Una guía completa para evaluar adicciones muestra el proceso paso a paso, y el artículo sobre indicadores y pruebas de una evaluación profesional profundiza en entrevista, seguridad y nivel de atención.

    Cuando la persona minimiza el consumo o no tiene memoria de algunos episodios, puede ser útil contrastar datos con un familiar o pareja, siempre con criterios de confidencialidad y seguridad. Esa información complementa la entrevista. No la reemplaza.

    ¿Qué papel tienen los cuestionarios y las pruebas de laboratorio?

    Los cuestionarios detectan riesgo y ayudan a decidir si hace falta ampliar la evaluación. La orina, sangre u otras muestras pueden demostrar exposición reciente dentro de ciertos límites. Ninguno de esos resultados confirma por sí solo un trastorno, su gravedad, la pérdida de control ni la causa del consumo.

    La información de MedlinePlus sobre detección del uso de drogas distingue cuestionarios como DAST-10, TAPS y CRAFFT del diagnóstico profesional. La elección depende de edad, sustancia y contexto:

    • AUDIT: consumo de alcohol en adultos.
    • DAST-10: problemas asociados a drogas distintas del alcohol en adultos.
    • CRAFFT: alcohol y otras drogas en adolescentes y jóvenes.
    • ASSIST: riesgo por varias sustancias en atención sanitaria.
    • 4P’s Plus: riesgo de consumo durante el embarazo.

    La comparación de DAST-10 y CRAFFT ayuda a elegir por edad y objetivo. Si buscas rutas locales, la evaluación de drogas en Chile resume SENDA, GES y atención para adolescentes.

    Un resultado de orina positivo indica que un analito superó el punto de corte. No informa por sí solo cuándo se consumió, cuánto, si existía intoxicación durante la toma ni si hay adicción. Un resultado negativo tampoco descarta sustancias fuera del panel o consumo fuera de la ventana.

    ¿Cuáles son las 4 P para la detección del abuso de sustancias?

    4P’s Plus es un cuestionario prenatal. Sus cuatro áreas son Parents, Partner, Past y Pregnancy: consumo problemático en padres, consumo en la pareja, historia personal pasada y consumo alrededor del embarazo actual. Sirve para abrir una evaluación sin acusaciones. Un positivo indica ampliar la entrevista, no confirmar un diagnóstico.

    En español, las cuatro áreas pueden entenderse como:

    • Padres: antecedentes de problemas con alcohol u otras drogas en la familia de origen.
    • Pareja: consumo problemático de la pareja.
    • Pasado personal: uso de alcohol u otras sustancias antes del embarazo.
    • Embarazo actual: consumo reciente o durante la gestación.

    La cuarta P se denomina Pregnancy en la publicación original. Algunas explicaciones la traducen como “presente” porque pregunta por el periodo actual, pero el instrumento fue diseñado y validado para personas embarazadas. No es una regla general de cuatro pasos para diagnosticar adicciones.

    Tampoco corresponde copiar sus preguntas completas en una web. 4P’s Plus es un instrumento propietario y debe aplicarse según sus condiciones de uso. Aquí se explica su marco para que la persona comprenda qué evalúa.

    En el estudio de validación original, el instrumento tuvo 87% de sensibilidad y 76% de especificidad frente a una evaluación clínica. Su valor predictivo negativo fue 97%, por lo que resultó útil para no pasar por alto casos que requerían conversación adicional (Chasnoff et al., 2007).

    Una evaluación posterior en 500 embarazadas encontró alta sensibilidad y baja especificidad cuando se comparó con pruebas de orina. En términos prácticos, 4P’s Plus prioriza detectar posibles riesgos, aun a costa de señalar a algunas personas que luego no cumplen criterios (Oga et al., 2019). Por eso es cribado, no sentencia.

    ¿Cómo se pasa de una detección positiva a una decisión clínica?

    El modelo SBIRT ordena la respuesta en tres pasos: detección, intervención breve y derivación a tratamiento. El nivel de respuesta depende del riesgo, la seguridad, la sustancia y las necesidades de la persona. En embarazo, la conversación debe proteger autonomía y confidencialidad dentro del marco legal aplicable.

    Un panel de especialistas recomendó integrar el cribado universal al control prenatal. Propuso consejo breve para riesgo bajo, intervención breve con principios de entrevista motivacional para riesgo moderado y derivación especializada para riesgo alto (Wright et al., 2016).

    La necesidad de preguntar de forma consistente sigue vigente. Un estudio sobre policonsumo durante el embarazo halló que cerca del 95% había sido evaluada por alcohol y cigarrillos, pero solo 82,1% recordó preguntas sobre cannabis o drogas ilícitas (Board et al., 2023).

    Un cribado positivo lleva a preguntas más específicas sobre frecuencia, sustancia, consecuencias y criterios diagnósticos. Una comparación con entrevista MINI encontró que CRAFFT y SURP-P mostraron una capacidad modesta para identificar trastornos en embarazadas. Más del 15% de la muestra cumplió criterios, pero ningún cuestionario sustituyó la entrevista diagnóstica (Chang et al., 2019).

    El objetivo clínico es ofrecer una puerta de entrada. Un enfoque punitivo favorece el ocultamiento y puede alejar a la persona de los controles que protegen su salud y la del embarazo.

    ¿Qué diagnósticos y riesgos deben descartarse?

    El profesional diferencia el trastorno persistente de la intoxicación, la abstinencia y los síntomas inducidos por sustancias. También evalúa si depresión, ansiedad, psicosis, insomnio o problemas cognitivos existían antes del consumo, aparecen durante él o continúan después. La secuencia temporal orienta el diagnóstico diferencial.

    Una intoxicación es un estado agudo tras usar una sustancia. La abstinencia aparece al reducir o suspender un consumo sostenido y cambia según la droga. El trastorno por consumo describe un patrón más amplio. Una prueba positiva no permite distinguir esos tres escenarios.

    Busca atención de urgencia si hay respiración lenta, pérdida de conciencia, convulsiones, dolor de pecho, confusión intensa, alucinaciones, ideas suicidas o abstinencia grave. En Chile puedes acudir a un servicio de urgencia o llamar al SAMU 131. No dejes sola a una persona inconsciente y no provoques el vómito.

    Preguntas frecuentes sobre el diagnóstico del abuso de sustancias

    ¿Cuánto consumo se necesita para diagnosticar un trastorno?

    No existe una cantidad única. El diagnóstico depende del patrón, las consecuencias y los criterios cumplidos durante 12 meses. Una dosis puede causar un accidente grave sin configurar un trastorno, mientras un consumo que parece menor puede producir pérdida de control, conflictos o deterioro. Cada sustancia requiere una evaluación específica.

    ¿Una prueba de orina positiva confirma adicción?

    No. Confirma, de manera preliminar o definitiva según la técnica, que una sustancia o metabolito estaba sobre el punto de corte de la muestra. No mide control, deterioro, consecuencias ni gravedad. El resultado se interpreta junto con medicamentos, ventana de detección, entrevista clínica y criterios diagnósticos.

    ¿Se puede diagnosticar a alguien que niega el consumo?

    La negación o minimización puede dificultar la evaluación, pero no autoriza a inventar un diagnóstico. El profesional contrasta historia, observación, información colateral consentida, registros y pruebas cuando están indicadas. Mantener una conversación no punitiva suele mejorar la información y permite evaluar riesgos aunque la persona todavía no quiera cambiar.

    ¿Abuso, dependencia y adicción significan lo mismo?

    Se superponen, pero no son equivalentes. Abuso es un término histórico o informal para consumo dañino. Dependencia física describe tolerancia o abstinencia. Adicción suele referirse a consumo compulsivo. El DSM-5-TR usa trastorno por consumo de sustancias y gradúa su gravedad según los criterios presentes.

    ¿Las 4 P sirven para cualquier adulto?

    No. 4P’s Plus fue diseñado para cribado durante el embarazo. Explora padres, pareja, pasado personal y embarazo actual. Fuera de ese contexto se eligen instrumentos adecuados a edad y sustancia, como AUDIT, DAST-10, CRAFFT o ASSIST. Un profesional decide cuál aporta información útil.

    ¿Qué ocurre después de un cribado positivo?

    Se amplía la entrevista para revisar sustancia, frecuencia, consecuencias, seguridad y criterios diagnósticos. Según el nivel de riesgo puede bastar una conversación breve, indicarse seguimiento o requerirse derivación especializada. En presencia de sobredosis, abstinencia grave, psicosis o riesgo suicida, la prioridad es la atención urgente.

    Una evaluación clara permite elegir el apoyo adecuado

    Un diagnóstico útil no se reduce a preguntar cuánto consume alguien. Ordena la historia, identifica riesgos, distingue cribado de diagnóstico y conecta a la persona con el nivel de atención que necesita.

    Si el consumo está causando pérdida de control, conflictos, accidentes o preocupación familiar, puedes agendar una evaluación psicológica confidencial. La consulta permite revisar el patrón sin convertir un test o una palabra en una sentencia.

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    Contenido educativo sobre salud mental y evaluación clínica. Antes de publicar en vivo, completa la autoría profesional, las credenciales y el registro sanitario en la configuración editorial del sitio.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787

    Board, A., D’Angelo, D. V., Salvesen von Essen, B., et al. (2023). Polysubstance use during pregnancy: The importance of screening, patient education, and integrating a harm reduction perspective. Drug and Alcohol Dependence, 247, 109872. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2023.109872

    Caballo, V. E. (Dir.). (2013). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 2). Siglo XXI.

    Chang, G., Ondersma, S. J., Blake-Lamb, T., Gilstad-Hayden, K., Orav, E. J., & Yonkers, K. A. (2019). Identification of substance use disorders among pregnant women: A comparison of screeners. Drug and Alcohol Dependence, 205, 107651. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2019.107651

    Chasnoff, I. J., Wells, A. M., McGourty, R. F., & Bailey, L. K. (2007). Validation of the 4P’s Plus screen for substance use in pregnancy. Journal of Perinatology, 27(12), 744-748. https://doi.org/10.1038/sj.jp.7211823

    Oga, E. A., Peters, E. N., Mark, K., Trocin, K., & Coleman-Cowger, V. H. (2019). Prenatal substance use and perceptions of parent and partner use using the 4P’s Plus screener. Maternal and Child Health Journal, 23(2), 250-257. https://doi.org/10.1007/s10995-018-2647-2

    Soto Martínez, M. I. (2025). Uso de sustancias y tratamiento para adicciones [Presentaciones PDF].

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors (2nd ed.). The Guilford Press.

    Wright, T. E., Terplan, M., Ondersma, S. J., et al. (2016). The role of screening, brief intervention, and referral to treatment in the perinatal period. American Journal of Obstetrics and Gynecology, 215(5), 539-547. https://doi.org/10.1016/j.ajog.2016.06.038

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Criterios DSM-5 para el Trastorno por Consumo de Sustancias: Guía completa y diferencias clave

    Criterios DSM-5 para el Trastorno por Consumo de Sustancias: Guía completa y diferencias clave

    Por Terapia Online Chile

    ¿Cuáles son los criterios del DSM-5 para diagnosticar la dependencia de sustancias? La formulación actual habla de trastorno por consumo de sustancias. Se diagnostica cuando, dentro de 12 meses, aparece un patrón problemático que causa deterioro o malestar clínicamente significativo y se cumplen al menos 2 de 11 criterios. La gravedad depende de cuántos criterios están presentes.

    La lista parece sencilla hasta que se intenta aplicarla. Tolerancia no equivale automáticamente a adicción, una prueba de orina no demuestra un trastorno y un episodio aislado de intoxicación tampoco basta. El diagnóstico requiere precisar la sustancia, reconstruir la cronología y entender el efecto del consumo en la vida de la persona.

    Respuesta corta: el DSM-5-TR reúne 11 criterios en cuatro áreas: control deteriorado, deterioro social, consumo riesgoso y adaptación farmacológica. Se requieren 2 o más dentro del mismo periodo de 12 meses. Con 2 o 3 el trastorno es leve, con 4 o 5 es moderado y con 6 o más es grave (American Psychiatric Association, 2022).

    ¿Cuáles son los criterios del DSM-5 para diagnosticar la dependencia de sustancias?

    El DSM-5-TR exige un patrón problemático de consumo asociado con deterioro o malestar clínicamente significativo. Los 11 criterios se valoran para una sustancia concreta y dentro de una ventana de 12 meses. Una tabla clínica del NCBI basada en DSM-5-TR los organiza en cuatro grupos que facilitan su comprensión (McNeely et al., 2024).

    1. Control deteriorado sobre el consumo

    Estos cuatro criterios describen que el consumo empieza a ocupar más espacio del que la persona quería:

    1. Consume una cantidad mayor o durante más tiempo del previsto.
    2. Quiere reducir o dejar la sustancia, pero sus intentos no resultan.
    3. Dedica mucho tiempo a obtenerla, consumirla o recuperarse de sus efectos.
    4. Experimenta craving, es decir, un deseo intenso o urgencia por consumir.

    El craving puede aparecer ante lugares, personas, emociones o rutinas asociadas con el consumo. Tolin (2024) explica que esas señales aprendidas pueden activar respuestas fuertes incluso cuando la persona desea mantenerse abstinente. El criterio se valora por su intensidad y contexto, no por la mera aparición de un pensamiento pasajero.

    2. Deterioro social

    Los criterios 5 a 7 muestran cómo el patrón interfiere con responsabilidades y vínculos:

    1. El consumo recurrente dificulta cumplir obligaciones relevantes en el trabajo, los estudios o el hogar.
    2. La persona continúa consumiendo pese a problemas sociales o interpersonales causados o agravados por la sustancia.
    3. Reduce o abandona actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo.

    Aquí importa el cambio respecto del funcionamiento habitual. Una discusión aislada o faltar una vez a clases no establece el criterio sin contexto. La entrevista busca repetición, relación con la sustancia y consecuencias reales.

    3. Consumo riesgoso

    Los criterios 8 y 9 se centran en peligro y daño conocido:

    1. Consume repetidamente en situaciones con riesgo físico, por ejemplo, al conducir o manejar maquinaria bajo los efectos.
    2. Mantiene el consumo aun sabiendo que probablemente causa o empeora un problema físico o psicológico persistente.

    El conocimiento del daño debe estar presente. Si alguien desconoce una interacción médica o todavía no relaciona sus síntomas con la sustancia, el clínico necesita aclararlo antes de marcar el criterio.

    4. Tolerancia y abstinencia

    Los dos criterios farmacológicos describen adaptación del organismo:

    1. Tolerancia: necesita una cantidad claramente mayor para conseguir un efecto parecido, o la misma cantidad produce un efecto menor.
    2. Abstinencia: aparece el síndrome característico al reducir o suspender, o se usa la sustancia, o una parecida, para aliviarlo.

    Hay una excepción decisiva: tolerancia y abstinencia no se cuentan cuando aparecen únicamente durante un tratamiento médico indicado y seguido de forma adecuada. Una persona puede desarrollar dependencia física a un opioide recetado sin mostrar pérdida de control, deterioro social o consumo compulsivo. Eso no autoriza a etiquetarla como adicta.

    Los criterios también varían según la sustancia. No todos los síndromes de abstinencia tienen la misma forma ni el mismo riesgo. Por eso el diagnóstico completo se formula por sustancia, por ejemplo, trastorno por consumo de alcohol, cannabis, opioides o estimulantes.

    ¿Cómo se determina la gravedad del trastorno por consumo de sustancias?

    La gravedad se calcula con el número de criterios presentes dentro del mismo periodo de 12 meses. El umbral es uniforme, pero el significado clínico necesita una lectura individual.

    Criterios cumplidos Clasificación DSM-5-TR Qué significa en la práctica
    0 o 1 No alcanza el umbral de trastorno Puede existir consumo de riesgo o daño que igualmente amerite orientación
    2 o 3 Leve Hay un patrón clínicamente significativo, aunque el deterioro pueda ser acotado
    4 o 5 Moderado El patrón ocupa más áreas y suele requerir una evaluación de tratamiento más amplia
    6 o más Grave Existe una concentración alta de síntomas; el nivel de atención depende también del riesgo médico y social

    Dos criterios no significan necesariamente “adicción grave”. Sí pueden establecer un trastorno leve si el criterio general y la evaluación clínica se cumplen. A la inversa, el conteo no reemplaza la seguridad: una intoxicación peligrosa o una abstinencia con riesgo médico puede exigir atención urgente aunque todavía no se haya completado toda la entrevista.

    ¿Qué cambió entre abuso, dependencia y el DSM-5?

    El DSM-IV separaba “abuso” y “dependencia”. El DSM-5, publicado en 2013, los reunió en un solo diagnóstico dimensional. La comparación oficial del NIAAA en español muestra además que se eliminó el criterio de problemas legales y se añadió el craving.

    La decisión no fue solo terminológica. Un trabajo sobre las recomendaciones y su fundamento revisó evidencia acumulada en más de 200.000 participantes y concluyó que los síntomas de abuso y dependencia representaban mejor un continuo que dos categorías separadas (Hasin et al., 2013).

    Término Uso actual Aclaración
    Consumo Descriptivo Indica uso de una sustancia; por sí solo no implica trastorno
    Consumo perjudicial Categoría usada por la CIE y término clínico Señala un patrón que ya causa daño a la salud
    Dependencia física Concepto fisiológico Se refiere a tolerancia o abstinencia; puede aparecer con tratamiento prescrito
    Dependencia psicológica Término clínico, no diagnóstico DSM-5 independiente Suele aludir al deseo intenso, uso para regular emociones y dificultad de control
    Adicción Término clínico y coloquial Suele reservarse para patrones compulsivos o graves, pero no es el nombre formal del diagnóstico DSM-5
    Trastorno por consumo de sustancias Diagnóstico DSM-5-TR Integra síntomas conductuales, sociales, riesgosos y farmacológicos, con gravedad leve, moderada o grave

    La CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud mantiene una arquitectura distinta, con patrón perjudicial y dependencia entre sus categorías. Por eso dos informes pueden usar palabras diferentes sin describir necesariamente cuadros incompatibles.

    ¿Cómo se aplican los criterios DSM-5 en una evaluación clínica?

    El diagnóstico no consiste en leer once frases y sumar respuestas. Caballo (2013), Soto Martínez (2025) y Tolin (2024) sitúan los criterios dentro de una formulación que considera qué se consume, para qué, en qué situaciones y con qué consecuencias.

    Una evaluación suele incluir:

    • sustancia, cantidad, frecuencia, vía y fecha del último consumo;
    • intentos de reducir, periodos de abstinencia y episodios de recaída;
    • efectos en salud, ánimo, relaciones, estudio, trabajo y finanzas;
    • consumo combinado, sobredosis y riesgos durante la abstinencia;
    • síntomas de depresión, ansiedad, trauma, psicosis, TDAH u otros problemas concurrentes;
    • medicamentos prescritos y condiciones médicas;
    • cuestionarios, exámenes y fuentes colaterales cuando aportan a una pregunta clínica concreta.

    La guía completa para evaluar adicciones desarrolla este proceso paso a paso. También puedes revisar los indicadores y pruebas usados en una evaluación profesional si buscas una entrada más breve.

    Cribado, prueba biológica y diagnóstico responden preguntas distintas

    AUDIT, DAST-10, ASSIST o CRAFFT sirven para detectar riesgo y decidir si hace falta continuar la evaluación. Una revisión sistemática para la USPSTF encontró que varios cuestionarios breves tienen un rendimiento útil, pero un resultado positivo requiere evaluación diagnóstica posterior (Patnode et al., 2020).

    Una prueba de orina aporta otra clase de dato: exposición reciente a los analitos incluidos. No mide pérdida de control, deterioro ni craving. La revisión sobre interpretación clínica de pruebas urinarias advierte además sobre ventanas de detección y resultados presuntivos que pueden necesitar confirmación (Moeller et al., 2017).

    Para elegir entre instrumentos, revisa la comparación de AUDIT y DAST-10 para evaluar adicciones. Si la duda es biológica, la guía sobre test de drogas en orina explica qué detectan y qué dejan fuera.

    ¿Qué debe descartarse antes de confirmar el diagnóstico?

    El clínico diferencia un patrón persistente de estados agudos y de otros trastornos. La temporalidad suele ordenar el problema.

    • Intoxicación: cambios agudos que aparecen durante o poco después del consumo.
    • Abstinencia: síntomas tras reducir o suspender una sustancia luego de un uso sostenido.
    • Trastorno inducido por sustancias: depresión, ansiedad, psicosis u otro síndrome relacionado temporalmente con intoxicación o abstinencia.
    • Trastorno mental primario: síntomas que preceden al consumo, persisten más allá del periodo esperable o siguen un curso independiente.
    • Uso sin trastorno: existe consumo, pero no se alcanza el patrón, deterioro y umbral requeridos.

    La evaluación debe considerar cada sustancia por separado. En policonsumo, un problema puede estar ligado al alcohol, otro a estimulantes y un síntoma agudo a la interacción de ambos. Una sola etiqueta borra diferencias que cambian el manejo.

    ¿Qué significan remisión temprana, remisión sostenida y entorno controlado?

    Los especificadores describen la evolución después de que existió un trastorno. Remisión temprana significa que, durante al menos 3 meses y menos de 12, ya no se cumplen los criterios, salvo que pueda persistir craving. Remisión sostenida exige 12 meses o más en las mismas condiciones (American Psychiatric Association, 2022).

    “En un entorno controlado” se añade cuando el acceso a la sustancia está restringido, como en una unidad cerrada o una comunidad residencial. El dato modifica la interpretación: estar sin consumo en un ambiente sin acceso no ofrece la misma información que sostener el cambio en el contexto cotidiano.

    El curso tampoco es lineal. Un estudio internacional sobre transición a trastornos por drogas encontró que el riesgo y la velocidad de transición varían según la sustancia y las características de la persona (Degenhardt et al., 2019). Eso impide deducir un diagnóstico solo por los años de uso.

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional o atención urgente?

    Conviene pedir una evaluación cuando el consumo empieza a escapar del plan, hay intentos fallidos de reducir, aparece deseo intenso, se abandonan actividades o el patrón continúa pese a conflictos y daño. También vale consultar con 0 o 1 criterio si existe consumo de riesgo, embarazo, mezcla de sustancias o preocupación familiar.

    Busca atención urgente ante dificultad respiratoria, pérdida de conciencia, convulsiones, dolor torácico, agitación intensa, psicosis con riesgo, ideas suicidas actuales o sospecha de sobredosis. La suspensión brusca de alcohol o benzodiazepinas después de un consumo sostenido puede ser peligrosa y requiere valoración médica.

    En Chile, SENDA ofrece orientación sobre tratamiento. Si necesitas ordenar el patrón de consumo y sus consecuencias, una consulta psicológica puede ayudar a definir el nivel de riesgo, los próximos pasos y las derivaciones necesarias.

    Preguntas frecuentes sobre los criterios DSM-5 de sustancias

    ¿Puedo diagnosticarme sumando los 11 criterios?

    La lista puede ayudarte a reconocer señales, pero no confirma por sí sola un diagnóstico. Cada criterio necesita contexto, relación con una sustancia específica y ubicación dentro de 12 meses. También hay que distinguir uso prescrito, intoxicación, abstinencia y otros problemas de salud mental. Una entrevista profesional reduce errores de interpretación.

    ¿Cumplir dos criterios significa tener una adicción?

    Dos criterios pueden alcanzar el umbral de un trastorno por consumo de sustancias leve si existe deterioro o malestar clínicamente significativo. “Adicción” suele usarse para patrones compulsivos más intensos y no es la etiqueta formal del DSM-5. La gravedad diagnóstica comienza en leve y aumenta con el número de criterios.

    ¿Tener tolerancia significa ser dependiente de una sustancia?

    La tolerancia muestra adaptación fisiológica, pero no demuestra por sí sola un trastorno. Puede aparecer durante un tratamiento médico correcto. El DSM-5-TR indica que tolerancia y abstinencia no se cuentan si ocurren únicamente bajo supervisión médica adecuada. El diagnóstico necesita revisar el patrón completo y sus consecuencias.

    ¿Una prueba de orina puede diagnosticar dependencia?

    No. Una prueba de orina puede detectar una sustancia o metabolito dentro de una ventana limitada. No muestra cuánto control tiene la persona, si abandonó actividades o si persiste pese al daño. Los resultados inesperados de inmunoensayo pueden requerir una prueba confirmatoria antes de tomar decisiones clínicas o legales.

    ¿Los criterios deben estar presentes todos al mismo tiempo?

    No tienen que aparecer el mismo día ni mantenerse de forma continua. El diagnóstico cuenta los criterios que estuvieron presentes dentro de un mismo periodo de 12 meses. La entrevista reconstruye cuándo ocurrió cada uno, si se relacionó con la misma sustancia y qué deterioro produjo.

    ¿Cuál es la diferencia entre DSM-5 y CIE-11 en sustancias?

    El DSM-5-TR usa un trastorno por consumo de sustancias graduado como leve, moderado o grave. La CIE-11 conserva categorías como patrón perjudicial y dependencia. Ambos sistemas exigen una evaluación clínica, pero organizan el problema de manera distinta. Conviene indicar qué clasificación se está usando en cada informe.

    Entender los criterios sirve para pedir la ayuda adecuada

    Los criterios DSM-5 ordenan un patrón, pero no convierten una lista en diagnóstico automático. La pregunta útil es cómo se relacionan el control, el funcionamiento, el riesgo y la adaptación física en una historia concreta.

    Si tú o alguien cercano reconoce varias de estas señales, puedes agendar una evaluación psicológica. La consulta permite revisar el consumo sin moralizar, detectar riesgos que requieren atención médica y acordar un plan realista.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing.

    Caballo, V. E. (Dir.). (2013). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 2). Siglo XXI Editores.

    Degenhardt, L., Bharat, C., Glantz, M. D., et al. (2019). Association of cohort and individual substance use with risk of transitioning to drug use, drug use disorder, and remission from disorder. JAMA Psychiatry, 76(7), 708-720. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.0163

    Hasin, D. S., O’Brien, C. P., Auriacombe, M., et al. (2013). DSM-5 criteria for substance use disorders: Recommendations and rationale. American Journal of Psychiatry, 170(8), 834-851. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2013.12060782

    McNeely, J., Hamilton, L. K., Whitley, S. D., et al. (2024). Substance use screening, risk assessment, and use disorder diagnosis in adults. Johns Hopkins University Clinical Guidelines Program. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK565474/

    Moeller, K. E., Kissack, J. C., Atayee, R. S., & Lee, K. C. (2017). Clinical interpretation of urine drug tests: What clinicians need to know about urine drug screens. Mayo Clinic Proceedings, 92(5), 774-796. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2016.12.007

    Patnode, C. D., Perdue, L. A., Rushkin, M., et al. (2020). Screening for unhealthy drug use: Updated evidence report and systematic review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 323(22), 2310-2328. https://doi.org/10.1001/jama.2019.21381

    Soto Martínez, M. I. (2025). Uso de sustancias y tratamiento para adicciones [Presentaciones de psicología clínica].

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2nd ed.). The Guilford Press.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Cómo vivir con un familiar adicto: guía práctica para cuidarte sin abandonarlo

    Cómo vivir con un familiar adicto: guía práctica para cuidarte sin abandonarlo

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Quizás llevas meses (o años) caminando de puntillas en tu propia casa. Revisando el aliento antes de un saludo. Inventando excusas frente a amigos que ya dejaron de preguntar. Sintiendo que cada día empieza con la misma pregunta sin respuesta: ¿hoy consumió?

    Vivir con un familiar adicto es una de las experiencias más agotadoras que puede atravesar una familia. Y lo más injusto es que nadie te preparó para esto.

    Esta guía no te va a decir que todo tiene solución fácil. Lo que sí va a hacer es darte herramientas concretas, respaldadas por evidencia científica, para que puedas proteger tu bienestar sin abandonar a tu ser querido. Porque esas dos cosas no son incompatibles: puedes cuidarte y seguir presente.


    TL;DR: Vivir con un familiar adicto implica un alto costo emocional y físico para toda la familia. La ciencia muestra que confrontar, gritar o “dejar que toque fondo” es contraproducente. El enfoque más eficaz combina autocuidado real, límites con consecuencias y comunicación no confrontacional. Buscar apoyo profesional (especialmente con enfoque CRAFT) cambia el escenario para todos.


    La adicción no es falta de voluntad: lo que realmente ocurre en el cerebro de tu familiar

    Antes de hablar de qué hacer tú, conviene entender qué le está pasando a él o ella.

    El trastorno por uso de sustancias, según la OMS, no es una debilidad de carácter ni una decisión tomada con frialdad. Es una condición médica reconocida que altera los circuitos de recompensa, motivación y control de impulsos del cerebro. La persona que convive contigo no está eligiendo el consumo por encima de ti: está atrapada en un ciclo fisiológico que tiene nombre clínico.

    Y aquí viene algo que alivia y confunde a partes iguales: la ambivalencia es parte constitutiva de la adicción. Tu familiar probablemente quiere dejar de consumir y al mismo tiempo no puede imaginarse sin hacerlo. No es teatro. No es manipulación. Es la expresión conductual de un cerebro reorganizado por la sustancia.

    El craving (ese deseo intenso e irrefrenable de consumir) es un proceso fisiológico automático. No es una señal de que no te quiere. No es una elección contra ti. Entender esto no significa excusar el daño; significa dejar de interpretar cada recaída como una traición personal, lo que te ahorra un sufrimiento que no te corresponde cargar.

    [EXPERIENCIA: En consulta veo con frecuencia familias que llegan convencidas de que si el familiar “quisiera de verdad”, podría parar. Cuando entienden la neurobiología detrás del craving, el enojo no desaparece, pero sí cambia de forma: pasa de la rabia personal a algo más parecido a la tristeza, que es mucho más manejable.]

    Lo que la adicción le hace a la familia también

    La adicción no afecta solo a quien consume. Esto no es una metáfora: hay datos que lo respaldan.

    Un estudio nacional alemán publicado en Addiction encontró que el 9,5% de la población general convive actualmente con un familiar con adicción, y que esas personas tienen 2,4 veces más probabilidades de desarrollar depresión que quienes no están en esa situación (Bischof et al., 2022). No es que “lo lleves mal”: es que el contexto genera un riesgo clínico real.

    Una revisión de alcance sobre salud mental en familiares de personas con trastorno por uso de sustancias documentó estrés crónico elevado, deterioro de la salud mental y, en una muestra china, un 22,1% de familiares con síntomas psiquiátricos clínicamente relevantes (Di Sarno et al., 2021). Y la afectación no es solo psicológica: investigación reciente de 2025 mostró niveles de cortisol y proBDNF alterados en familiares de personas con adicción, junto con reducción de calidad de vida y mayor riesgo de aislamiento social (Chen et al., 2025).

    Dicho de otro modo: el sistema nervioso de la familia está pagando una factura biológica real.

    Esto no es para alarmarte. Es para que dejes de culparte por estar agotado/a, y para que entiendas que buscar ayuda para ti no es un capricho: es una necesidad médica.

    El error más común: ayudar que no ayuda

    Hay una diferencia crucial entre apoyar a alguien con adicción y habilitar su consumo (en inglés se llama enabling), y la línea es más fina de lo que parece.

    Habilitar es cuando tus acciones, aunque motivadas por el amor, eliminan las consecuencias naturales del consumo:

    • Mentir a su jefe para cubrir una ausencia
    • Pagar las deudas que contrajo bajo el efecto de la sustancia
    • Limpiar el desastre que dejó la noche anterior para que “no se note”
    • Inventar excusas frente a la familia

    Apoyar sanamente es otra cosa: preparar un desayuno cuando está sobrio, reconocer verbalmente su esfuerzo, mantener el vínculo emocional sin aprobar el consumo.

    La diferencia no está en el qué, sino en el cuándo: las atenciones se dan en los momentos de sobriedad, no en los de consumo. Esto no es castigo; es información conductual clara que el cerebro puede procesar.

    Y aquí viene algo que muchas familias viven como alivio cuando lo escuchan: el “desapego” que recomiendan los especialistas no es indiferencia. Es soltar la agonía del involucramiento obsesivo. Es dejar de ser el gestor emocional de los errores de otra persona adulta, devolviendo la responsabilidad de sus decisiones a quien le corresponde tomarlas.

    Cómo comunicarte con tu familiar adicto sin que termine en pelea

    Si en tu casa las conversaciones sobre el consumo terminan a los gritos, no es porque seas mal comunicador/a. Es porque nadie te enseñó cómo se hace esto con una persona en activo.

    La confrontación directa (ultimátums, reproches, “si me quisieras dejarías de consumir”) está documentalmente asociada a mayor resistencia al cambio, no menor. El cerebro bajo amenaza se cierra, no se abre.

    El enfoque que la investigación valida es la comunicación positiva, que en el modelo CRAFT se enseña como el estilo PYEC:

    • Positivo: habla de lo que quieres que pase, no de lo que odias que pasa
    • Yo: empieza las frases con “Yo siento / Yo necesito”, no con “Tú siempre / Tú nunca”
    • Entendimiento: reconoce su perspectiva, aunque no la compartas
    • Culpa compartida: cuando tiene sentido, asumir tu parte en la dinámica baja las defensas

    Hay momentos en que tu familiar estará más receptivo que otros. En CRAFT se llaman ventanas de oportunidad: instantes de mayor apertura, generalmente tras una consecuencia negativa del consumo o en un período de calma. Cuando detectes una de esas ventanas, conviene tener preparado el nombre de al menos un profesional o centro al que llamar. La apertura puede durar 24-48 horas; si no hay nada concreto listo, se cierra sin que pase nada.

    Cómo poner límites que de verdad se sostengan

    Un límite sin consecuencia no es un límite: es una amenaza vana. Y las amenazas vacías no solo no funcionan: refuerzan el consumo, porque confirman que no hay consecuencias reales.

    Un límite bien puesto tiene tres partes:

    1. Qué vas a hacer tú (no qué va a tener que hacer él/ella): “Si llegas consumido, yo me quedo en casa de [persona] esa noche”
    2. Que sea algo que puedas cumplir realmente, sin excepción
    3. Que no sea un castigo, sino una frontera de protección propia

    Y hay algo importante sobre el mito del “tocar fondo”: la idea de que hay que dejar que la persona pierda todo antes de que pida ayuda no tiene respaldo científico y puede ser peligrosa. El modelo CRAFT demuestra que la intervención temprana y sostenida funciona mejor que la espera pasiva. No necesitas que tu familiar toque fondo; necesitas que encuentre un suelo firme antes.

    Si hay violencia o amenaza en el hogar, el primer límite a establecer es la seguridad física. Eso tiene prioridad sobre cualquier estrategia de comunicación.

    Tu propio bienestar no es negociable

    Cuando en un avión pierden presión en la cabina, las instrucciones de seguridad son claras: primero pon tu mascarilla de oxígeno, luego ayuda a quien tienes al lado. Ayudar desde el agotamiento no es virtud: es un camino hacia el colapso propio.

    Cuidarte no es abandono. Es el requisito previo para poder seguir presente.

    En la práctica, esto significa:

    • Mantener al menos una actividad que sea solo tuya, sin negociar
    • Tener personas en tu vida que sepan lo que estás viviendo
    • No posponer indefinidamente tu propia salud mental
    • Buscar un espacio terapéutico, individual o grupal, donde puedas procesar esto sin cargar a nadie

    Un dato que pocas personas conocen: en los estudios sobre CRAFT, las tres intervenciones evaluadas (CRAFT, Al-Anon y el modelo Johnson) mostraron mejoras comparables en el bienestar del familiar dentro de los primeros seis meses (Archer et al., 2020). Esto significa que buscar apoyo para ti (en cualquier formato) produce resultados reales en tu salud emocional, independientemente de lo que decida tu familiar.

    Cuándo y cómo buscar ayuda profesional

    Esta es la parte que muchas familias dejan para último, cuando debería ser la primera.

    ¿Cuándo buscar ayuda?

    • Cuando llevas semanas sin dormir bien, sin disfrutar de nada, en modo supervivencia
    • Cuando sientes que estás reorganizando toda tu vida alrededor del consumo de otro
    • Cuando hay violencia, verbal o física, en el hogar
    • Cuando sientes que ya no sabes quién eras antes de que esto empezara

    ¿Qué tipo de ayuda buscar?

    La terapia individual te ayuda a procesar tu propio malestar, recuperar perspectiva y desarrollar recursos propios. La terapia familiar sistémica trabaja las dinámicas del sistema completo. Los grupos de apoyo como Al-Anon o Nar-Anon ofrecen contención entre pares y reducen el aislamiento.

    Y si tu objetivo es que tu familiar se involucre en tratamiento, el enfoque con mayor respaldo empírico disponible es el CRAFT (Community Reinforcement and Family Training). En el ensayo clínico de Miller, Meyers y Tonigan (1999) con 130 familiares, CRAFT logró que el 64% de las personas con adicción ingresaran a tratamiento, frente al 13% del grupo Al-Anon y el 30% del modelo de intervención Johnson. Un metaanálisis posterior en Addiction confirmó que CRAFT produce tres veces más engagement en tratamiento que Al-Anon/Nar-Anon (RR 3,25; IC 95% 2,11-5,02; NNT=2) (Roozen et al., 2010).

    CRAFT no te enseña a forzar a nadie. Te enseña a comunicarte de forma que el cambio se vuelva más probable. Y lo hace mientras cuida también de ti.

    Preguntas frecuentes sobre cómo vivir con un familiar adicto

    ¿Qué es exactamente la codependencia en familias con adicción?

    La codependencia es un patrón en el que un familiar organiza su vida entera en torno al consumo del otro: sus emociones, sus decisiones, su tiempo. Se caracteriza por dificultad para poner límites, tendencia a resolver las consecuencias del consumo ajeno y pérdida progresiva de la propia identidad. No es debilidad: es una respuesta adaptativa a un entorno caótico que, con el tiempo, deja de funcionar.

    ¿Puedo obligar a mi familiar a buscar tratamiento?

    En la mayoría de países latinoamericanos, no existe la internación involuntaria salvo riesgo vital inminente. Lo que sí puedes hacer es crear condiciones que aumenten la probabilidad de que él o ella lo elija libremente. CRAFT es el enfoque más documentado para esto, con tasas de engagement que triplican las de otros métodos.

    ¿Cómo le hablo sin que se ponga a la defensiva?

    Elige momentos de sobriedad, no de conflicto. Habla en primera persona (“yo me preocupo”, “yo te extraño así”) sin acusaciones. Evita ultimátums que no vas a cumplir. Reconoce cuando hace algo bien. La comunicación positiva baja las defensas porque no activa la respuesta de amenaza.

    ¿Y si ya intenté todo y nada funciona?

    Que no hayas podido cambiar la decisión de tu familiar no significa que hayas fallado. La adicción es una condición con sus propios tiempos. Lo que sí puedes cambiar es tu propio bienestar y los patrones relacionales que tienes con él o ella. Eso ya es mucho, y vale la pena.

    ¿Es posible recuperarse viviendo con un adicto en activo?

    Depende de qué entendamos por “recuperarse”. Que tu familiar deje de consumir depende de él. Que tú dejes de sufrir al mismo nivel que ahora, recuperes tu vida y te estabilices emocionalmente: sí, eso es posible y documentado, incluso sin que el familiar haya tomado ninguna decisión todavía.


    Cada día que pides ayuda también cuenta

    Vivir con un familiar adicto no te hace responsable de su adicción. Pero sí te hace responsable de tu propia vida.

    Cuidarte, poner límites claros, aprender a comunicarte sin confrontar y buscar apoyo profesional no son actos de abandono. Son actos de amor que empiezan por ti, y que crean un entorno donde el cambio (el de él o ella, el tuyo) se vuelve más posible.

    Si llevas tiempo pensando que deberías hablar con alguien, ese pensamiento probablemente ya lleva razón. Puedes empezar con una sola sesión, sin comprometerte a nada más.

    Escríbeme para una primera consulta aquí: da el primer paso para recuperar tu bienestar


    Nicolás Alcayaga

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Ver perfil completo


    Referencias

    Archer, M., Harwood, H., Stevelink, S., Rafferty, L., & Greenberg, N. (2020). Community reinforcement and family training and rates of treatment entry: A systematic review. Addiction, 115(6), 1052–1067. https://doi.org/10.1111/add.14901

    Bischof, G., Bischof, A., Velleman, R., et al. (2022). Prevalence and self-rated health and depression of family members affected by addictive disorders: Results of a nation-wide cross-sectional study. Addiction, 117(12), 3134–3143. https://doi.org/10.1111/add.15960

    Chen, Z. R., Zhang, N. N., Cao, W. Y., et al. (2025). Well-being and biological cost of family members affected by substance use disorder of others. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience. https://doi.org/10.1007/s00406-025-02019-7

    Di Sarno, M., De Candia, V., Rancati, F., et al. (2021). Mental and physical health in family members of substance users: A scoping review. Drug and Alcohol Dependence, 219, 108462. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2020.108439

    Meyers, R. J., Miller, W. R., Smith, J. E., & Tonigan, J. S. (2002). A randomized trial of two methods for engaging treatment-refusing drug users through concerned significant others. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 70(5), 1182–1185. https://doi.org/10.1037/0022-006X.70.5.1182

    Miller, W. R., Meyers, R. J., & Tonigan, J. S. (1999). Engaging the unmotivated in treatment for alcohol problems: A comparison of three strategies for intervention through family members. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 67(5), 688–697. https://doi.org/10.1037/0022-006X.67.5.688

    Roozen, H. G., de Waart, R., & van der Kroft, P. (2010). Community reinforcement and family training: An effective option to engage treatment-resistant substance-abusing individuals in treatment. Addiction, 105(10), 1729–1738. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2010.03016.x

    Siljeholm, O., Edvardsson, K., Bergström, M., & Hammarberg, A. (2024). Community reinforcement and family training versus counselling for parents of treatment-refusing young adults with hazardous substance use: A randomized controlled trial. Addiction, 119(5), 869–880. https://doi.org/10.1111/add.16429

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Qué es la adicción: guía completa sobre el trastorno por uso de sustancias

    Qué es la adicción: guía completa sobre el trastorno por uso de sustancias

    Por Terapia Online Chile, contenido educativo en psicología basado en fuentes científicas.

    Entender qué es la adicción ayuda a mirar el problema sin culpas ni etiquetas. Una persona puede consumir alcohol o una droga sin cumplir criterios de un trastorno. También puede tener tolerancia a un medicamento y no presentar una conducta adictiva. La señal clínica aparece cuando el consumo empieza a gobernar decisiones, tiempo y prioridades, y continúa a pesar del daño.

    Esta guía reúne lo que necesitas para reconocer ese cambio: qué significa trastorno por uso de sustancias, cómo se diagnostica, qué factores aumentan el riesgo, qué ocurre en el cerebro y qué tratamientos tienen respaldo. Al final encontrarás rutas de orientación disponibles en Chile.

    TL;DR: La adicción es un patrón de consumo con pérdida de control y persistencia pese a consecuencias relevantes. El DSM-5-TR la ubica dentro del trastorno por uso de sustancias y gradúa su severidad. Surge por la interacción entre vulnerabilidad, aprendizaje, ambiente y cambios cerebrales. Es tratable, y la ayuda debe adaptarse a la sustancia, los riesgos y las metas de cada persona.

    ¿Qué es la adicción y qué significa trastorno por uso de sustancias?

    La adicción es la forma más grave de un patrón en el que una persona pierde capacidad para regular el consumo y sigue usando una sustancia aunque ya vea consecuencias en su salud, relaciones, estudios, trabajo o seguridad. En clínica se prefiere el término trastorno por uso de sustancias, porque describe un continuo que puede ser leve, moderado o grave.

    La definición sanitaria del CDC resume tres componentes: síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos, junto con la persistencia del consumo pese a problemas importantes. La American Psychiatric Association (2022) dejó atrás la antigua separación entre abuso y dependencia del DSM-IV y reunió ambos cuadros en un solo diagnóstico dimensional.

    TérminoQué describeQué no permite concluir por sí solo
    Uso o consumoContacto ocasional o repetido con una sustancia.No demuestra pérdida de control ni trastorno.
    Consumo de riesgo o perjudicialUn patrón que aumenta el peligro o ya produce daño.No define automáticamente la severidad DSM-5-TR.
    ToleranciaNecesidad de más cantidad para obtener un efecto similar, o menor efecto con la misma dosis.Puede aparecer durante un tratamiento médico bien indicado.
    Dependencia físicaAdaptación del organismo, con síntomas si la sustancia se reduce o suspende de forma brusca.No equivale por sí misma a adicción.
    Adicción o TUS gravePérdida de control, prioridad del consumo y persistencia pese al daño.No se diagnostica con una sola conducta ni con un examen de orina.

    La distinción importa mucho con opioides, benzodiacepinas y otros fármacos. El National Institute on Drug Abuse señala que la dependencia física puede aparecer aun cuando el medicamento se use según la indicación. Suspenderlo de golpe puede ser peligroso, por lo que el retiro debe planificarse con un profesional.

    ¿Cómo se diagnostica la adicción según el DSM-5-TR?

    El diagnóstico considera un patrón de síntomas durante un periodo de 12 meses. No depende de cuánto consume otra persona ni de si una sustancia es legal. Importan la pérdida de control, el deterioro, el riesgo y la respuesta del organismo. Una evaluación revisa once criterios, que pueden entenderse en cuatro grupos.

    1. Control cada vez menor

    • Consumir más cantidad o durante más tiempo de lo previsto.
    • Querer reducir o dejar el consumo y no conseguirlo en repetidos intentos.
    • Dedicar mucho tiempo a obtener la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
    • Sentir craving: un deseo intenso o impulso por consumir.

    2. La vida cotidiana empieza a ceder espacio

    • Incumplir responsabilidades relevantes en el trabajo, los estudios o el hogar.
    • Mantener el consumo pese a conflictos sociales o interpersonales causados o empeorados por él.
    • Reducir o abandonar actividades sociales, laborales o recreativas importantes.

    3. Consumo que continúa frente al riesgo o el daño

    • Usar la sustancia repetidamente en situaciones físicamente peligrosas.
    • Seguir consumiendo aun sabiendo que existe un problema físico o psicológico relacionado.

    4. Adaptación fisiológica

    • Tolerancia.
    • Abstinencia, o consumo para aliviar o evitar sus síntomas.

    La gravedad se clasifica como leve con 2 o 3 criterios, moderada con 4 o 5 y grave con 6 o más (American Psychiatric Association, 2022). Tolerancia y abstinencia pueden no contar cuando aparecen durante un tratamiento médico correctamente supervisado. Para revisar el proceso con más detalle, consulta la guía de criterios DSM-5 para sustancias.

    Un cuestionario como AUDIT, DAST-10 o CRAFFT sirve para detectar riesgo y decidir si hace falta una evaluación completa. El diagnóstico se completa con entrevista, historia clínica, funcionamiento, riesgos actuales, otras condiciones de salud y, cuando corresponde, exámenes. La evaluación clínica de adicciones explica cómo se combinan esas fuentes.

    ¿Qué tipos de adicción a sustancias existen?

    El DSM-5-TR organiza los trastornos según la sustancia principal. La experiencia no es idéntica entre alcohol, cannabis, estimulantes o sedantes: cambian la intoxicación, la abstinencia, el riesgo de sobredosis y las opciones farmacológicas. También puede existir policonsumo, donde varias sustancias se alternan o mezclan.

    GrupoEjemplosAspectos que requieren atención
    AlcoholCerveza, vino, destiladosAbstinencia potencialmente grave, daño orgánico, accidentes y problemas sociales.
    CannabisMarihuana y productos con THCDificultades de memoria y motivación, ansiedad, deterioro funcional y abstinencia en algunos usuarios.
    EstimulantesCocaína, anfetaminas, metanfetaminaCraving intenso, alteraciones del sueño, síntomas cardiovasculares, paranoia o psicosis.
    OpioidesHeroína, fentanilo, analgésicos opioidesAlto riesgo de sobredosis y depresión respiratoria; existen medicamentos específicos para el tratamiento.
    Sedantes y ansiolíticosBenzodiacepinas y otros hipnóticosEl retiro brusco puede causar convulsiones u otras complicaciones; requiere supervisión médica.
    NicotinaCigarrillos, tabaco y otros productosDependencia frecuente, craving y recaídas; hay tratamientos conductuales y farmacológicos.
    Otras sustanciasAlucinógenos, inhalantes y sustancias desconocidasEl perfil de riesgo cambia según dosis, composición, vía y contexto.

    Si se combinan sustancias, el riesgo no es la simple suma de cada una. Alcohol con sedantes u opioides puede aumentar la depresión del sistema nervioso. La guía sobre policonsumo de drogas profundiza en las mezclas y sus señales. Para medicamentos ansiolíticos, revisa la guía clínica de benzodiacepinas.

    También se habla de adicciones conductuales. Conviene ser preciso: el DSM-5-TR reconoce el trastorno por juego de apuestas dentro de los trastornos adictivos, mientras la CIE-11 incluye además el trastorno por videojuegos. Usar mucho el teléfono, comprar o trabajar en exceso puede causar problemas, pero la palabra adicción no reemplaza una evaluación clínica.

    ¿Cuáles son las causas de la adicción?

    No existe una causa única. La adicción aparece cuando varias vulnerabilidades coinciden con exposición a una sustancia, aprendizaje de sus efectos y un entorno que facilita o mantiene el consumo. Dos personas pueden usar la misma droga y seguir trayectorias muy distintas.

    • Biología y genética: la heredabilidad aporta riesgo, pero no fija un destino. También influyen la respuesta al estrés y la sensibilidad a recompensa o castigo.
    • Edad y desarrollo: comenzar temprano amplía el tiempo de exposición y ocurre mientras maduran capacidades de planificación y control de impulsos.
    • Salud mental: depresión, trauma, bipolaridad, TDAH y otros problemas pueden coexistir. A veces la sustancia se usa para dormir, disminuir ansiedad o escapar de recuerdos, y luego empeora el cuadro.
    • Aprendizaje: el alivio rápido refuerza la repetición. Lugares, personas, horarios y emociones pueden convertirse en disparadores de craving.
    • Familia y comunidad: violencia, negligencia, presión de pares, disponibilidad, pobreza, estigma y barreras de tratamiento modifican el riesgo. Vínculos estables y acceso temprano a ayuda pueden proteger.
    • Propiedades de la sustancia: potencia, rapidez de llegada al cerebro, vía de administración, dosis y frecuencia cambian la probabilidad de intoxicación, dependencia y daño.

    Un estudio epidemiológico con 36.309 adultos de Estados Unidos encontró asociación entre el trastorno por uso de drogas y varios trastornos mentales, incluido estrés postraumático, depresión mayor, bipolaridad y algunos trastornos de personalidad (Grant et al., 2016). La asociación no dice qué apareció primero en cada caso. Sí indica que evaluar ambos lados suele ser necesario.

    ¿Qué ocurre en el cerebro durante una adicción?

    La adicción modifica sistemas de motivación, hábito, estrés y autocontrol. Eso ayuda a entender por qué el deseo puede sentirse urgente y por qué una promesa sincera de dejar el consumo no siempre basta. El cerebro conserva capacidad de cambio, pero necesita tiempo, nuevas experiencias y, con frecuencia, tratamiento.

    La revisión neurocircuital de Koob y Volkow (2016) describe un ciclo de tres etapas. No todas las personas recorren cada fase del mismo modo, y el modelo no borra la influencia de la historia personal o el ambiente. Sirve para ordenar mecanismos que se alimentan entre sí.

    EtapaQué predominaSistemas implicados
    Atracón o intoxicaciónRecompensa, saliencia y formación de hábitos.Ganglios basales, dopamina y péptidos opioides.
    Abstinencia o afecto negativoDisforia, irritabilidad, estrés y consumo para aliviar malestar.Amígdala extendida, menor función de recompensa y sistemas como CRF y dinorfina.
    Preocupación o anticipaciónCraving, atención capturada por señales y menor control ejecutivo.Corteza prefrontal, ínsula, glutamato y conexiones con los otros circuitos.

    Una revisión sobre recompensa y adicción explica una aparente paradoja: con la exposición repetida, la respuesta dopaminérgica al consumo puede atenuarse, mientras las señales asociadas a la droga siguen capturando atención y motivación (Volkow, Michaelides, & Baler, 2019). El resultado puede ser buscar con intensidad algo que ya produce menos placer.

    ¿Cuáles son las señales de que el consumo se volvió un problema?

    Una señal aislada no confirma una adicción. El patrón preocupa cuando varias conductas se repiten, aumentan o interfieren con áreas importantes. Mira el cambio respecto de la vida habitual de la persona, no una imagen estereotipada de cómo debería verse alguien con consumo problemático.

    • El consumo ocupa cada vez más tiempo mental o práctico.
    • Se necesita más cantidad, se consume antes de lo previsto o cuesta detenerse.
    • Hay intentos de reducir que duran poco o terminan en un retorno rápido al patrón anterior.
    • Aparecen ausencias, deudas, discusiones, accidentes o conductas que antes no eran habituales.
    • Se dejan hobbies, vínculos o responsabilidades para proteger el momento de consumo.
    • La sustancia se usa para aliviar abstinencia, ansiedad, insomnio, vergüenza o malestar producido por el propio consumo.
    • Se mezclan sustancias, se cambia la vía o se toman riesgos que aumentan la posibilidad de sobredosis.
    • La persona continúa aunque reconoce daño físico, emocional o interpersonal.

    Los exámenes biológicos detectan exposición dentro de una ventana, pero no muestran pérdida de control ni severidad. Los cuestionarios de cribado tampoco entregan un diagnóstico. Si quieres una primera orientación, la página de tests de adicciones gratuitos explica qué instrumento corresponde según edad y sustancia.

    ¿Qué tan frecuente es el trastorno por uso de sustancias?

    Las cifras cambian según país, sustancia, edad y definición. En Estados Unidos, Grant et al. (2016) estimaron que el trastorno por uso de drogas, sin contar alcohol ni tabaco, afectó al 3,9 % de los adultos durante el año previo y al 9,9 % alguna vez en la vida. Solo el 13,5 % de los casos del último año había recibido tratamiento.

    Los ritmos también varían. Un análisis de encuestas de salud mental en 25 países mostró que la transición hacia problemas suele concentrarse en los primeros años después del inicio, mientras la remisión puede tardar bastante más (Degenhardt et al., 2019). Por eso una señal temprana merece conversación, aunque todavía no exista un cuadro grave.

    No conviene trasladar esas cifras directamente a Chile. Para datos y acceso locales, revisa la guía de evaluación de drogas en Chile, que reúne recursos SENDA, atención para adultos y orientación para adolescentes.

    ¿Cómo se trata la adicción?

    El tratamiento se diseña según la sustancia, la gravedad, el riesgo médico, la salud mental, el apoyo disponible y las metas de la persona. No existe un programa único que funcione igual para todos. La OMS y la UNODC recomiendan atención ética, basada en evidencia y conectada con servicios de salud.

    Evaluación y seguridad primero

    La primera tarea es saber qué se consume, cuánto, con qué frecuencia y en qué combinación. También se revisan sobredosis previas, abstinencia, embarazo, enfermedades médicas, medicamentos, riesgo suicida, psicosis y red de apoyo. Alcohol, benzodiacepinas y otras sustancias pueden producir abstinencias que requieren manejo médico.

    Intervenciones psicológicas y sociales

    La entrevista motivacional ayuda a trabajar ambivalencia sin confrontación. La terapia cognitivo-conductual identifica disparadores, entrena respuestas al craving y organiza prevención de recaídas. El manejo de contingencias refuerza cambios observables. Según el caso se suman trabajo familiar, vivienda, empleo, apoyo entre pares y tratamiento de trauma u otros trastornos mentales.

    Medicamentos cuando la sustancia y el cuadro lo indican

    Existen medicamentos con respaldo para algunos trastornos, como alcohol, opioides y nicotina. No hay una pastilla general para todas las adicciones. En trastorno por consumo de alcohol, una revisión Cochrane de 21 ensayos y 4.746 participantes encontró que añadir tratamiento farmacológico a una intervención psicosocial probablemente reduce la proporción de personas con consumo intenso; la certeza fue moderada y los resultados no se aplican igual a todas las poblaciones (Minozzi et al., 2025).

    Atención ambulatoria o residencial

    Muchas personas se tratan de forma ambulatoria. La hospitalización o un programa residencial se considera cuando hay abstinencia complicada, riesgo vital, psicosis, falta de un entorno seguro o necesidades que no pueden cubrirse afuera. La intensidad puede cambiar durante el proceso. Internar por sí solo no reemplaza un plan terapéutico y de continuidad.

    ¿La recuperación significa no recaer nunca?

    La recuperación es un proceso con metas clínicas y personales: reducir riesgos, recuperar funcionamiento, mejorar salud y sostener cambios. Para algunas personas la meta es abstinencia; otras comienzan por disminuir consumo y daños mientras construyen condiciones para un cambio mayor. El plan debe ser seguro y revisarse con datos, no con castigo.

    Una recaída o un retorno puntual al consumo señala que el plan necesita ajuste. Puede requerir revisar disparadores, tratar dolor o insomnio, aumentar apoyo, cambiar medicación o elevar temporalmente el nivel de atención. El riesgo de sobredosis puede aumentar después de un periodo de abstinencia porque baja la tolerancia.

    La investigación internacional muestra que la remisión ocurre, aunque puede ser gradual (Degenhardt et al., 2019). La continuidad del tratamiento y la atención de necesidades médicas, psicológicas y sociales mejoran la posibilidad de sostener los cambios.

    ¿Cuándo pedir ayuda y dónde hacerlo en Chile?

    Conviene pedir una evaluación cuando el consumo genera dudas repetidas, intentos fallidos de reducir, síntomas de abstinencia, conflictos, deterioro del funcionamiento o conductas de riesgo. No hace falta esperar a perderlo todo. Una consulta temprana puede aclarar si existe un trastorno, qué riesgos son prioritarios y qué nivel de atención corresponde.

    1. Habla con un profesional de salud mental, médico o equipo de atención primaria. En Chile puedes consultar en tu CESFAM.
    2. Llama al Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA. Es gratuito y confidencial, funciona las 24 horas y orienta tanto a la persona que consume como a familiares.
    3. Si hay inconsciencia, respiración lenta o ausente, convulsiones, confusión extrema, dolor de pecho, conducta violenta incontrolable o riesgo suicida, llama al SAMU 131 o acude a urgencias.
    4. No dejes sola a una persona inconsciente y no provoques el vómito. Si sabes qué tomó, cuánto y cuándo, entrega esa información al equipo de emergencia.

    Si te preocupa un hijo o familiar, describe hechos concretos y evita iniciar la conversación durante la intoxicación. Pregunta, escucha y acuerda el siguiente paso. La guía sobre cómo detectar consumo de drogas en un hijo incluye señales, límites y formas de acercarse sin convertir la charla en un interrogatorio.

    Preguntas frecuentes sobre la adicción

    ¿Qué es la adicción en palabras simples?

    Es un patrón en el que consumir una sustancia adquiere prioridad y resulta difícil detenerse, incluso cuando la persona reconoce consecuencias en su salud, vínculos o responsabilidades. La clínica habla de trastorno por uso de sustancias y lo clasifica por gravedad. No es una falta de carácter ni se define por una sola recaída.

    ¿Cómo saber si es consumo o adicción?

    Observa control, consecuencias y funcionamiento. Preocupa consumir más de lo planeado, fallar repetidamente al intentar reducir, dedicar demasiado tiempo a la sustancia y continuar pese al daño. Dos o más criterios DSM-5-TR en doce meses justifican una evaluación diagnóstica. Un test online puede orientar, pero no confirmar el trastorno.

    ¿Dependencia física y adicción son lo mismo?

    No. La dependencia física es una adaptación del organismo que puede causar abstinencia al suspender una sustancia. Puede aparecer con medicamentos prescritos y bien usados. La adicción añade pérdida de control, prioridad del consumo y persistencia pese a consecuencias. Nunca suspendas alcohol, benzodiacepinas u opioides de forma brusca sin orientación médica.

    ¿La adicción se puede tratar?

    Sí. El tratamiento puede combinar psicoterapia, medicamentos para sustancias específicas, manejo médico, apoyo familiar y cambios sociales. La elección depende del riesgo y las necesidades de la persona. La recuperación puede tener avances y retrocesos; un retorno al consumo pide revisar el plan, no concluir que toda ayuda fracasó.

    ¿Qué sustancias pueden causar adicción?

    Alcohol, nicotina, cannabis, opioides, estimulantes, sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, inhalantes y otras sustancias pueden asociarse a un trastorno. El riesgo y la abstinencia cambian entre grupos. También existen adicciones conductuales reconocidas, como el juego de apuestas. Cada cuadro requiere evaluación y tratamiento específicos.

    ¿Una persona puede recuperarse sin internarse?

    Sí. Muchos tratamientos eficaces son ambulatorios y permiten mantener actividades diarias. La atención residencial u hospitalaria se reserva para necesidades que requieren más estructura o seguridad, como abstinencia complicada, riesgo médico, psicosis o falta de un entorno seguro. La decisión debe basarse en evaluación clínica, no en castigo.

    Entender el problema permite elegir el siguiente paso

    Saber qué es la adicción cambia la pregunta. En vez de discutir si alguien tiene suficiente voluntad, conviene mirar qué sustancia usa, cuánto control ha perdido, qué daños aparecen y qué apoyo necesita ahora. Ese análisis puede mostrar un consumo de riesgo, un trastorno leve que aún pasa inadvertido o una urgencia que no debe esperar.

    Si tu consumo, o el de alguien cercano, está afectando la vida diaria, puedes agendar una orientación en Terapia Online Chile. La primera meta es ordenar la situación con respeto, evaluar riesgos y definir una ruta realista de ayuda.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.

    Degenhardt, L., et al. (2019). Association of cohort and individual substance use with risk of transitioning to drug use, drug use disorder, and remission from disorder: Findings from the World Mental Health Surveys. JAMA Psychiatry, 76(7), 708-720. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.0163

    Grant, B. F., Saha, T. D., Ruan, W. J., Goldstein, R. B., Chou, S. P., Jung, J., Zhang, H., Smith, S. M., Pickering, R. P., Huang, B., & Hasin, D. S. (2016). Epidemiology of DSM-5 drug use disorder: Results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions-III. JAMA Psychiatry, 73(1), 39-47. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2015.2132

    Koob, G. F., & Volkow, N. D. (2016). Neurobiology of addiction: A neurocircuitry analysis. The Lancet Psychiatry, 3(8), 760-773. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(16)00104-8

    Minozzi, S., La Rosa, G. R. M., Salis, F., Camposeragna, A., Saulle, R., Leggio, L., & Agabio, R. (2025). Combined pharmacological and psychosocial interventions for alcohol use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2025(3), CD015673. https://doi.org/10.1002/14651858.CD015673.pub2

    United Nations Office on Drugs and Crime, & World Health Organization. (2020). International standards for the treatment of drug use disorders: Revised edition incorporating results of field-testing. World Health Organization. https://www.who.int/publications/i/item/international-standards-for-the-treatment-of-drug-use-disorders

    Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. New England Journal of Medicine, 374(4), 363-371. https://doi.org/10.1056/NEJMra1511480

    Volkow, N. D., Michaelides, M., & Baler, R. (2019). The neuroscience of drug reward and addiction. Physiological Reviews, 99(4), 2115-2140. https://doi.org/10.1152/physrev.00014.2018

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.