Estás en la cocina, en el auto o a punto de dormirte, y de pronto sientes la presencia de un ser querido fallecido: un paso conocido, un olor, la certeza de que está en la pieza de al lado. Después llega la pregunta incómoda: ¿me estoy volviendo loco o es normal?
Esta guía resume lo que la investigación sabe sobre sentir la presencia de un ser querido fallecido: qué significan, cuán frecuentes son, por qué ocurren, cuándo acompañan y cuándo conviene pedir ayuda.
Respuesta corta: sí, es una experiencia habitual del duelo. En muchos estudios con personas viudas, entre 3 y 6 de cada 10 la viven, casi siempre como un consuelo. Por sí sola no indica psicosis ni un duelo mal hecho. Merece atención si te da miedo, si viene con desesperanza o ideas de morir, o si te aleja de tu vida.
¿Es normal sentir la presencia de un ser querido fallecido?
Sí. Es una de las vivencias más estudiadas del duelo y una de las menos contadas. En el primer gran estudio, Rees entrevistó a 293 personas viudas en Gales y casi la mitad había tenido alguna experiencia de su pareja muerta: verla, oírla o sentirla cerca. Muy pocas se lo habían contado a alguien (Rees, 1971).
Medio siglo después las cifras se parecen. Una revisión crítica de estudios con personas viudas calculó que entre el 30 y el 60 % tiene este tipo de vivencias (Castelnovo et al., 2015). En una encuesta danesa a 310 adultos mayores, el 42 % las había vivido en los primeros 6 a 10 meses tras la muerte de su pareja (Kamp et al., 2023).
Una revisión de 2025 las ubica entre el 47 y el 82 % según el estudio, y señala que cerca de 7 de cada 10 personas las describen como positivas (Sabucedo Serrano, 2025). Las cifras varían porque cada investigación pregunta distinto y casi todas usan muestras pequeñas. Lo que se repite en todas es que no se trata de algo raro.
¿Cómo se siente la presencia de alguien que murió?
Rara vez es una aparición de película. Lo más común es una sensación de cercanía sin ver nada. Neimeyer (2019), al resumir estudios de seguimiento, cuenta que cerca del 60 % de las personas en duelo percibe la presencia del fallecido durante los dos primeros años. Un 20 % lo ve u oye, un 10 % siente su contacto y un 4 % percibe su olor.
Las formas que más se describen son estas:
- Presencia sentida: la certeza de que está en la habitación, a veces sentado al borde de la cama.
- Voz: oír que te llama o una frase suya.
- Imagen: verlo de reojo o en un lugar donde solía estar.
- Tacto u olor: un roce o un perfume que asocias con la persona.
- Sueños: si es lo que te pasa, revisa soñar con un familiar fallecido.
En el estudio danés, ver y oír a la pareja se vivía de forma muy parecida a los contactos cotidianos de antes de la muerte (Kamp et al., 2023).
Un estudio describió el caso de una persona que oía con regularidad la voz de su ser querido fallecido, como si viniera de fuera, sin malestar ni deterioro. Es un solo caso, pero muestra que puede ocurrir sin que nada ande mal (Vilhauer, 2025).
¿Qué significa sentir la presencia de un ser querido fallecido y por qué ocurre?
Existen varias explicaciones a la vez. J. William Worden (2009) considera la sensación de presencia como el equivalente cognitivo de la añoranza: la mente sigue buscando a la persona con la que convivía, y esa búsqueda a veces se vive como una presencia. Robert Neimeyer (2019) lo entiende desde los vínculos continuos: la muerte transforma la relación, que pasa de apoyarse en la presencia física a apoyarse en una conexión simbólica.
La revisión interdisciplinaria más completa, escrita por un grupo del Consorcio Internacional para la Investigación de Alucinaciones, concluyó que la gran mayoría de estas experiencias son benignas y que conviene entenderlas según la historia, la relación y la cultura de cada persona (Kamp et al., 2020).
¿Quiénes las viven con más frecuencia?
En un análisis de factores predisponentes con los mismos 310 adultos daneses, se asociaron a estas experiencias haber vivido algo parecido en duelos anteriores, una historia de trauma interpersonal, una relación muy cercana antes de la muerte y una visión del mundo más religiosa o espiritual. No se asociaron a diagnósticos de salud mental registrados (Kamp et al., 2022).
Rees (1971) también halló que eran más frecuentes tras un matrimonio largo y feliz.
Quien busca “siento que mi papá fallecido está conmigo” encuentra que casi toda esta evidencia viene de viudos y viudas. Hay menos estudios sobre la muerte de un padre, una madre, un hermano o un hijo adulto. Lo más probable es que la lógica sea la misma (a más cercanía, más presencia), pero hoy es una inferencia y no un dato.
¿Sentir la presencia del fallecido es una alucinación?
Los investigadores hablan de “alucinaciones del duelo” para referirse a percibir al fallecido por cualquier sentido o sentir su presencia. La palabra asusta, así que parte de la literatura prefiere “experiencias sensoriales o casi sensoriales del fallecido” (Kamp et al., 2020; Sabucedo Serrano, 2025). Lo que cuenta es el contexto: la misma percepción puede ser una vivencia normal de duelo o el síntoma de otra cosa.
Worden (2009) las incluye entre las reacciones del duelo no complicado y las describe como experiencias pasajeras de las primeras semanas, que no anuncian un duelo más difícil. Rees (1971) halló que no se relacionaban con el aislamiento social ni con la depresión conocida.
¿Cómo se distingue de una psicosis?
Con base en el manual de Caballo (2015) sobre los trastornos psicóticos, en un duelo normal suelen darse estas condiciones:
- Mantienes el juicio de realidad. Sabes que la persona murió y, pasado el primer impacto, reconoces que fue una vivencia inusual y no un hecho comprobable.
- Es breve o va y viene, en lugar de instalarse de forma continua.
- No hay ideas delirantes, es decir, creencias falsas e inamovibles, como las de persecución, de ruina o de culpa.
- No hay voces que comenten tus actos, conversen entre sí u ordenen hacer algo.
- Tu pensamiento y tu conducta siguen organizados, y tu funcionamiento general se mantiene.
La Organización Mundial de la Salud (2024) lo recoge en la CIE-11: percibir la presencia del fallecido poco después de la muerte es frecuente en varias culturas y no debe tomarse por sí solo como síntoma de psicosis ni de duelo prolongado.
¿Es una vivencia cultural o religiosa?
Depende de quién la interprete. Una revisión transcultural señala que percibir al fallecido es común en el duelo y que, según la cultura, se ve como algo deseable y normal o como algo peligroso (Sabucedo et al., 2023).
La psicología describe la experiencia y sus efectos. No puede confirmar ni descartar que el fallecido esté presente. Para muchas personas tiene un sentido espiritual o religioso, y ese sentido puede convivir con lo que explica la investigación.
En una encuesta online a 1.004 personas que habían vivido estos contactos, la mayoría dijo valorarlos y haber sentido consuelo, y solo 1 de cada 8 contó que le hizo más dolorosa la ausencia (Elsaesser et al., 2021). Respondieron voluntariamente personas que ya habían vivido o se interesaban en estas experiencias, así que la encuesta no sirve para estimar cuán común es.
¿Ayuda o hace daño sentir la presencia de un ser querido fallecido?
Para la mayoría ayuda. En un estudio con 50 personas de unos 70 años seguidas durante el primer año de viudez, la mitad sentía la presencia de su pareja y alrededor de un tercio la veía, la oía o le hablaba, y lo consideraban útil (Grimby, 1993). Neimeyer (2019) cuenta que entre el 80 y el 85 % de quienes la viven encuentra consuelo.
Hay un matiz que la investigación no esconde. En 175 personas viudas evaluadas cuatro años después, quienes tenían estas experiencias mostraban más síntomas de duelo prolongado, estrés postraumático, depresión y soledad emocional (Kamp et al., 2019). En una muestra de 51 viudas alemanas, sentir la presencia se asoció de forma moderada con más dificultades cognitivas y emocionales (Wittkowski y Scheuchenpflug, 2024).
Un seguimiento posterior ordena mejor el cuadro. Entre los 310 adultos mayores evaluados a los 6-10 y a los 18-20 meses, quienes tenían estas experiencias mostraban al inicio más síntomas, pero solo una minoría superaba los puntos de corte de malestar, y su evolución fue igual de favorable que la de quienes no las tenían.
Los autores proponen verlas como una de varias reacciones posibles al duelo, no como un indicador de complicaciones en sí (Kamp et al., 2024).
Las dos cosas pueden ser ciertas. La experiencia es habitual y reconfortante para casi todos, y en algunas personas aparece junto a más tristeza y soledad. Los estudios no muestran que la presencia cause el sufrimiento: puede ser que quien sufre más tienda a percibirla más.
¿Está bien hablarle a quien murió? Los vínculos continuos
Mucha gente se pregunta si hablar con los muertos es sano o una señal de que algo anda mal. Durante décadas se pensó que sanar era “soltar” a la persona. Worden (2009) reformuló la cuarta tarea del duelo como hallar una conexión duradera con el fallecido mientras se emprende una vida nueva. Neimeyer (2019) propone mantener esa conexión con cartas, objetos, rituales o proyectos que continúen lo que la persona valoraba.
La evidencia es más cauta. Una revisión sistemática de 79 estudios halló que estos vínculos traen a la vez consuelo y malestar, que la literatura aún no podía confirmar si conservarlos ayuda más que soltarlos y que apuntan a un potencial adaptativo (Hewson et al., 2024).
Un estudio cualitativo que siguió durante dos años a cuatro personas describió que estas experiencias sostienen el vínculo y se vuelven significativas con el tiempo (Hewson et al., 2025).
Los libros de duelo distinguen cuándo el vínculo sostiene y cuándo frena. Sostiene si te permite seguir viviendo, abrirte a otras relaciones y proyectos. Frena si congela tu vida: prometerte no volver a querer a nadie, dejar la habitación intacta para negar la muerte o decidirlo todo preguntándole al ausente (Worden, 2009; Neimeyer, 2019; Boss, 2025).
Pauline Boss (2025) describe que cuando no hubo cuerpo ni despedida, como en una desaparición (lo que se conoce como pérdida ambigua), la persona sigue psicológicamente presente porque falta la certeza que permitiría cerrar, y eso puede congelar el duelo.
Qué puedes hacer cuando sientes su presencia
Las primeras ideas vienen del trabajo clínico de Worden (2009) y Neimeyer (2019); las dos últimas son pautas generales. Ninguna reemplaza una evaluación profesional:
- No lo reprimas ni lo analices en el momento. Deja que pase como lo que es: una vivencia del duelo.
- Cuéntalo a alguien de confianza. Muchas personas se lo guardan por miedo a que las crean locas: Rees (1971) halló que pocas personas lo comentaban, y Sabucedo Serrano (2025) advierte que rara vez se menciona en consulta.
- Háblale si te hace bien. Puedes conversar en voz alta o escribirle una carta sobre lo que quedó pendiente. En terapia se usa también la técnica de la silla vacía.
- Anota cuándo aparece: fechas, lugares, estados de ánimo. A veces el patrón ayuda a entender qué necesita tu duelo.
- Dale un lugar a su recuerdo: un objeto, un álbum, una fecha para recordarlo. Son formas de vínculo continuo.
- Cuida tu rutina: dormir, comer y mantener el contacto con otras personas hace más llevadero el duelo.
Si acompañas a alguien que te cuenta que lo siente, lo que más ayuda es escuchar sin ridiculizar ni corregir. Neimeyer (2019) propone la regla del 80/20: escuchar la mayor parte del tiempo y hablar poco. Puedes preguntar “¿cómo te sientes con eso?” antes de dar tu opinión.
Si tu duelo te pesa, revisa cómo superar un duelo y sus etapas y la guía sobre el duelo y sus tipos.
¿Cuándo preocuparse por sentir la presencia de un fallecido?
La experiencia deja de ser un consuelo y pide evaluación cuando se junta con alguno de estos signos:
- Te da terror, o llega con pesadillas y escenas de la muerte que se repiten (ver duelo traumático).
- Vienen ideas de morir para reunirte con la persona, o pensamientos de hacerte daño.
- Aparecen voces que ordenan o comentan lo que haces, o creencias fijas que nadie puede mover.
- Dejas de poder trabajar, estudiar o cuidarte, o te aíslas por completo.
- El anhelo y la desesperanza son intensos casi todos los días y no ceden con los meses.
El duelo prolongado es un diagnóstico específico. Según los criterios del DSM-5-TR, exige al menos 12 meses desde la muerte en adultos, con anhelo o preocupación por la persona casi todos los días y varios síntomas más (Prigerson et al., 2021).
La CIE-11 pide más de 6 meses (OMS, 2024). Sentir la presencia no figura entre esos criterios. Si te preguntas por el tuyo, puedes revisar el test de duelo prolongado.
Niños y adolescentes que sienten la presencia de su mamá o su papá
Es muy frecuente. En el Harvard Child Bereavement Study, Worden (1996) halló que el 81 % de los niños que habían perdido a su mamá o su papá se sentía observado o acompañado por esa persona a los 4 meses, y que dos tercios seguían sintiéndolo a los 2 años. Muchos le hablaban, soñaban con ella o con él, o lo ubicaban en un lugar concreto, como el cielo.
Webb (2010) recomienda que los adultos escuchen con respeto, sin burlarse ni corregir, y que distingan el afecto de la experiencia. Si el niño la vive con calma y seguridad, se acompaña. Si le da miedo, o cree que su papá o su mamá lo vigila para castigarlo, conviene intervenir, aclarar que la muerte no fue su culpa y que lo querían.
Según las fuentes, conviene consultar con un especialista infantil si hay pesadillas o terror recurrentes, si cree que volverá físicamente y eso le impide asumir la pérdida, si cae el rendimiento escolar o aparece un aislamiento marcado, o si dice que quiere morir para estar con esa persona. Para más contexto, revisa cómo explicarle la muerte a un niño.
Lo que todavía no se sabe
Conviene ser honestos con los límites. Casi todos los estudios citados trabajan con muestras pequeñas, de conveniencia o de viudos mayores, y gran parte de la información proviene de Dinamarca, Gran Bretaña y Alemania. No existe una escala validada para medir estas experiencias, así que cada investigación pregunta distinto.
Tampoco se sabe qué intervención específica funciona mejor ni por qué algunas personas las viven y otras no. Por eso esta guía no entrega interpretaciones cerradas: describe lo observado y las señales de alerta.
¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo?
Consulta si el duelo te desborda, si la presencia te produce miedo, si hay culpa persistente o si estás pensando en hacerte daño. En Chile, ante riesgo suicida puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), y si es una emergencia, al 131.
Hablar con un profesional reparte un peso grande, y una terapia online permite hacerlo desde casa, a tu ritmo.
Preguntas frecuentes
¿Es normal sentir la presencia de un ser querido fallecido?
Sí. Los estudios con personas viudas calculan que entre el 30 y el 60 % la vive, y una revisión reciente la sitúa entre el 47 y el 82 % según el estudio. La mayoría la describe como positiva. Si a ti no te ocurre, tampoco hay nada que corregir: ninguna investigación la trata como un paso obligatorio del duelo.
¿Sentir la presencia de un fallecido es una alucinación?
Técnicamente se la llama alucinación del duelo cuando se percibe por algún sentido, pero no equivale a un trastorno psicótico. En el duelo normal conservas el juicio de realidad, la vivencia es breve y no hay delirios ni voces que ordenen. Muchos autores prefieren hablar de experiencias sensoriales del fallecido.
¿Sentir la presencia del fallecido significa que mi duelo no está resuelto?
No necesariamente. Algunos estudios hallaron más síntomas de duelo prolongado en quienes la viven, pero un seguimiento de 310 adultos mayores mostró que solo una minoría superaba los puntos de corte, y que su evolución fue igual de favorable que la de quienes no la vivían. Pesan más la intensidad del sufrimiento y cuánto interfiere con tu vida.
¿Cuánto dura sentir la presencia de alguien que murió?
Varía mucho. Rees (1971) halló que podía durar años y que era más común en la primera década de viudez. En los niños del Harvard Child Bereavement Study, dos tercios seguían sintiéndola a los 2 años. En un seguimiento cualitativo de cuatro personas, la experiencia fue cambiando de lugar y de sentido a lo largo de dos años.
¿Debo contárselo a mi psicólogo o a mi familia?
Conviene hacerlo con alguien que sepas que te va a escuchar. Los estudios señalan que muchas personas lo callan por miedo a ser juzgadas y que un profesional que lo ridiculiza o lo patologiza puede empeorar la experiencia. Un buen terapeuta lo toma como parte de tu historia de duelo y pregunta cómo la vives.
¿Cuándo debo preocuparme?
Cuando te da terror, cuando vienen ideas de morir para reunirte con la persona, cuando aparecen voces que ordenan o creencias que nadie puede mover, o cuando no puedes funcionar en tu vida diaria. Un momento aislado de presencia, aunque sea intenso, no suele ser señal de alarma.
Si necesitas hablar de lo que estás viviendo
Si esta experiencia te remueve más de lo que puedes sostener, puedes conversarla en una consulta online. No necesitas tener claro qué significa antes de pedir ayuda: se empieza por contar cómo estás. Para una mirada más amplia, revisa también el duelo por la muerte de una mascota, donde los vínculos continuos aparecen igual.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
- Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder.
- Caballo, V. E. (Dir.). (2015). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 1. Trastornos por ansiedad, sexuales, afectivos y psicóticos. Siglo XXI.
- Castelnovo, A., Cavallotti, S., Gambini, O., & D’Agostino, A. (2015). Post-bereavement hallucinatory experiences: A critical overview of population and clinical studies. Journal of Affective Disorders, 186, 266-274. https://doi.org/10.1016/j.jad.2015.07.032
- Elsaesser, E., Roe, C. A., Cooper, C. E., & Lorimer, D. (2021). The phenomenology and impact of hallucinations concerning the deceased. BJPsych Open, 7(5), e148. https://doi.org/10.1192/bjo.2021.960
- Grimby, A. (1993). Bereavement among elderly people: Grief reactions, post-bereavement hallucinations and quality of life. Acta Psychiatrica Scandinavica, 87(1), 72-80. https://doi.org/10.1111/j.1600-0447.1993.tb03332.x
- Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2024). The impact of continuing bonds following bereavement: A systematic review. Death Studies, 48(10), 1001-1014. https://doi.org/10.1080/07481187.2023.2223593
- Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2025). A longitudinal study of sensory and quasi-sensory experiences following bereavement using interpretative phenomenological analysis. Death Studies. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1080/07481187.2025.2547237
- Kamp, K. S., Moskowitz, A., Due, H., & Spindler, H. (2024). Are sensory experiences of one’s deceased spouse associated with bereavement-related distress? Omega, 89(3), 895-915. https://doi.org/10.1177/00302228221078686
- Kamp, K. S., O’Connor, M., Spindler, H., & Moskowitz, A. (2019). Bereavement hallucinations after the loss of a spouse: Associations with psychopathological measures, personality and coping style. Death Studies, 43(4), 260-269. https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1458759
- Kamp, K. S., Steffen, E. M., Alderson-Day, B., Allen, P., Austad, A., Hayes, J., Larøi, F., Ratcliffe, M., & Sabucedo, P. (2020). Sensory and quasi-sensory experiences of the deceased in bereavement: An interdisciplinary and integrative review. Schizophrenia Bulletin, 46(6), 1367-1381. https://doi.org/10.1093/schbul/sbaa113
- Kamp, K. S., Steffen, E. M., Moskowitz, A., & Spindler, H. (2022). Sensory experiences of one’s deceased spouse in older adults: An analysis of predisposing factors. Aging & Mental Health, 26(1), 140-148. https://doi.org/10.1080/13607863.2020.1839865
- Kamp, K. S., Steffen, E. M., Moskowitz, A., & Spindler, H. (2023). Prevalence and phenomenology of sensory experiences of a deceased spouse: A survey of bereaved older adults. Omega, 87(1), 103-125. https://doi.org/10.1177/00302228211016224
- Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
- Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
- Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96-106. https://doi.org/10.1002/wps.20823
- Rees, W. D. (1971). The hallucinations of widowhood. British Medical Journal, 4(5778), 37-41. https://doi.org/10.1136/bmj.4.5778.37
- Sabucedo, P., Evans, C., & Hayes, J. (2023). Perceiving those who are gone: Cultural research on post-bereavement perception or hallucination of the deceased. Transcultural Psychiatry, 60(6), 879-890. https://doi.org/10.1177/1363461520962887
- Sabucedo Serrano, P. (2025). Alucinaciones o presencias del duelo en psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 36(132), 98-104. https://doi.org/10.5944/rdp.v36i132.45682
- Vilhauer, R. P. (2025). Very present and very real: A case study of regularly hearing the voice of the deceased without distress in bereavement. Omega, 92(2), 1080-1097. https://doi.org/10.1177/00302228231195104
- Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
- Wittkowski, J., & Scheuchenpflug, R. (2024). Exploring an extended conception of grief: Sense of presence and grief reactions in German widows. Omega, 88(3), 876-888. https://doi.org/10.1177/00302228211054653
- Worden, J. W. (1996). Children and grief: When a parent dies. Guilford Press.
- Worden, J. W. (2009). Grief counseling and grief therapy: A handbook for the mental health practitioner (4.ª ed.). Springer. (Edición en español: El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia, Paidós.)

