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  • Recuperación de la anorexia: fases y recaídas

    Recuperación de la anorexia: fases y recaídas

    Llevas unas semanas en tratamiento, o acaban de dar de alta a alguien que quieres, y aparece la pregunta que casi nadie se atreve a decir en voz alta: ¿esto termina? ¿Se vuelve a vivir con normalidad, o la anorexia se queda para siempre? Al buscar la recuperación de la anorexia en internet suelen aparecer dos extremos, la promesa de que todo se arregla en unos meses y la sentencia de que casi nadie sale. Ninguno de los dos se parece a lo que muestran los estudios.

    Esta guía junta lo que se sabe sobre el tratamiento y recuperación de la anorexia: qué significa estar recuperado, qué fases tiene el tratamiento, cuánto suelen tardar el cuerpo y la mente, qué tan frecuentes son las recaídas, cómo se reconocen a tiempo y qué plan ayuda a prevenirlas. Sirve tanto para quien se está recuperando como para quien la acompaña.

    En breve: la mayoría de las personas con anorexia nerviosa mejora de forma importante, y en un seguimiento de 22 años cerca de dos tercios estaban recuperadas, aunque el proceso suele tomar años y tiene altibajos. El primer año después del alta es el de mayor riesgo de recaída. Un desliz puntual se puede corregir, y tener un plan escrito para actuar a tiempo es lo que mejor respaldo tiene para prevenir una recaída. Esta guía orienta y no reemplaza a tu equipo de salud.

    ¿Se puede recuperar totalmente una persona de la anorexia nerviosa?

    Sí. La mayoría mejora y una parte importante se recupera por completo, aunque la cifra exacta depende de cuánto tiempo se sigue a las personas y de cómo se defina “recuperado”. Por eso conviene mirar varios estudios a la vez:

    • Un seguimiento de 22 años. En un estudio con 228 mujeres, el 62,8 % de las que tenían anorexia estaba recuperado a los 22 años, frente a 31,4 % a los 9 años. Cerca de la mitad de quienes seguían enfermas a los 9 años se había recuperado al llegar a los 22 (Eddy et al., 2017). Es una sola cohorte, pero muestra que la recuperación continúa durante mucho más tiempo del que se suele suponer.
    • 415 estudios juntos. Un metaanálisis publicado en 2024 encontró que, sumando todos los trastornos alimentarios, el 46 % se recuperaba, y que ese porcentaje subía con el tiempo de seguimiento: 42 % antes de los 2 años y 67 % a los 10 años o más. Los niños y adolescentes tuvieron mejores resultados que los adultos (Solmi et al., 2024).
    • Estudios del siglo XX. Una revisión de 119 series de casos, con 5.590 pacientes, concluyó que menos de la mitad se recuperaba, alrededor de un tercio mejoraba y cerca de 20 % seguía enfermo de forma crónica (Steinhausen, 2002). Esa cifra más baja viene de décadas en que los tratamientos y los criterios eran distintos.

    Las diferencias entre estos números tienen explicación. Un estudio que mira a los dos años y otro que mira a los veinte no pueden dar el mismo resultado, y además, como resume una revisión sobre el tema, existen casi tantas definiciones de recuperación como estudios (Bardone-Cone et al., 2018). Ninguna de estas cifras dice qué le pasará a una persona en particular, pero juntas dejan una idea clara: la recuperación es lo más común a largo plazo, y casi nunca es rápida.

    También es una enfermedad seria. En un metaanálisis de 2025, la anorexia nerviosa tuvo la mayor razón de mortalidad entre los trastornos alimentarios, 5,21 veces la esperada (Krug et al., 2025). Es una razón más para tratarla con un equipo y no esperar a que “pase sola”.

    ¿Qué significa estar recuperado de la anorexia y cómo saber si lo estás?

    Estar recuperado significa que el cuerpo, la conducta y los pensamientos sobre la comida y la figura han vuelto a un funcionamiento sano de forma sostenida. Subir de peso es una parte necesaria del proceso, pero por sí sola no lo completa.

    Una definición muy usada, que recoge el Oxford Handbook of Eating Disorders (Agras & Robinson, 2018), pide tres cosas mantenidas durante meses o años:

    • Cuerpo: un peso saludable y estable para la edad y la estatura, con ciclo menstrual normal.
    • Conducta: ausencia de restricción, atracones y purgas, y también de rituales como comer extremadamente lento o desmenuzar la comida.
    • Mente: pensamientos sobre el peso y la figura que se ubican en un rango parecido al de personas sin trastorno alimentario, y que dejan de ser el eje del valor personal.

    Fairburn (2008) insiste en que quedarse a medio camino no cuenta. Con un peso parcialmente recuperado (por ejemplo, un IMC cercano a 17,5 o 18), el cerebro sigue funcionando bajo los efectos de la desnutrición: la persona hace el esfuerzo enorme de comer más y todavía no recibe el alivio mental que trae el peso saludable. Lo llama “dolor sin ganancia”, y es una de las situaciones de mayor riesgo de recaída. La guía de práctica clínica de GuiaSalud (2009) habla de alta definitiva cuando la mejoría se sostiene durante más de dos años.

    ¿Cuáles son las fases de la recuperación de la anorexia?

    No hay un calendario único, pero los dos tratamientos con más respaldo ordenan el proceso en etapas, y conocerlas ayuda a saber qué se espera en cada momento. La terapia cognitivo-conductual (CBT-E) se usa sobre todo en adultos, y la terapia basada en la familia (FBT) en niños y adolescentes. Para el detalle de cada una, la guía sobre anorexia nerviosa, síntomas y tratamiento lo desarrolla.

    CBT-E en adultos con bajo peso (Fairburn, 2008)

    En bajo peso, el protocolo se extiende por unas 40 semanas, con unas 40 sesiones en total, en cuatro etapas:

    1. Comenzar bien (semanas 1 a 4). Dos sesiones por semana para armar una explicación personal de qué mantiene el problema, entender los efectos de la desnutrición, establecer comidas regulares (tres comidas y tres colaciones) y pesarse en consulta.
    2. Revisión (semanas 5 y 6). Se evalúa el avance, se detectan los obstáculos y se decide si hace falta ampliar el tratamiento a temas como perfeccionismo, autoestima baja o problemas de relaciones.
    3. Cuerpo del tratamiento (hasta cerca de la semana 32). Recuperar el peso es la prioridad. Se trabaja también la sobrevaloración de la figura, las conductas de chequeo y evitación del cuerpo, las comidas “prohibidas” y el manejo de las emociones sin recurrir a la restricción.
    4. Terminar bien (últimas 4 a 6 semanas). Las sesiones se espacian, se escribe un plan de mantenimiento y se aprende a distinguir un desliz de una recaída. Queda además una sesión de revisión unas 20 semanas después.

    FBT en adolescentes (Lock & Le Grange, 2012)

    Son entre 18 y 20 sesiones a lo largo de unos 12 meses, en tres fases:

    1. Restaurar el peso (3 a 5 meses). Los padres asumen la planificación y supervisión de las comidas, con el apoyo del equipo. La enfermedad se trata como algo externo a la persona, lo que alivia la culpa de la familia.
    2. Devolver el control (2 a 3 meses). Empieza cuando el peso ya ronda el 90 % del esperado y las comidas transcurren con poca tensión. La autonomía sobre qué y cuánto comer vuelve al adolescente de forma gradual.
    3. Temas de la adolescencia y cierre (2 a 3 meses). Con el peso entre 95 y 100 % del esperado y la menstruación recuperada, el foco pasa a la autonomía, los amigos y la relación familiar, y la terapia termina con un plan de prevención de recaídas.

    Más allá de los manuales, quienes pasan por esto suelen describir tres movimientos que se superponen: primero el cuerpo se repone, después la mente se va poniendo al día, y por último la vida recupera otras cosas que habían quedado en segundo plano (estudios, amistades, proyectos). Fairburn lo llama “conseguir una vida”, y lo considera parte central de que el trastorno no vuelva.

    ¿Cuánto dura la recuperación de la anorexia?

    La recuperación del peso toma meses, la de los pensamientos sobre el cuerpo toma más tiempo que eso, y el proceso completo suele medirse en años. Cuánto exactamente depende de la edad, del tiempo que lleve la enfermedad y de si hay otros problemas de salud mental.

    • El peso. En tratamiento ambulatorio, la ganancia recomendada ronda los 0,5 kg por semana hasta alcanzar un IMC saludable, cercano a 19 o 20, y después hay varias semanas de mantenimiento (Fairburn, 2008).
    • La mente. La preocupación por la figura y el peso no desaparece junto con la báscula. Según Fairburn (2008), baja de forma lenta durante los 6 a 9 meses posteriores a mantener el peso, siempre que la persona siga comiendo con regularidad. Primero cambia lo que se hace con la comida, y el pensamiento va detrás.
    • El proceso completo. Treasure et al. (2007) señalan que la anorexia tratada en centros especializados dura en promedio entre 5 y 6 años. En seguimientos de 10 a 20 años, el Oxford Handbook (Agras & Robinson, 2018) recoge que cerca de la mitad se recupera por completo, alrededor de 30 % queda con síntomas residuales y cerca de 20 % evoluciona hacia la cronicidad. Cuando empieza en la adolescencia, la resolución suele llegar hacia los 20 y tantos años.
    • Adolescentes y adultos. La FBT dura unos 12 meses y la CBT-E para adultos con bajo peso unos 10, pero en adultos la enfermedad suele estar más arraigada y los resultados varían más. El metaanálisis de Solmi et al. (2024) coincide en que los jóvenes tienen mejor pronóstico.
    • Lo que empeora el pronóstico. Según Steinhausen (2002), los vómitos o purgas, la enfermedad de larga data y los rasgos obsesivo-compulsivos de personalidad se asocian a peores resultados. En un análisis de los mismos 22 años, la depresión presente al inicio fue especialmente dañina en la anorexia (Franko et al., 2018).
    • Un detalle alentador. En el estudio de 22 años, haberse recuperado de forma temprana se asoció con 10,5 veces más probabilidades de seguir recuperado (odds ratio; Eddy et al., 2017), y aun así cerca de la mitad de quienes no lo habían logrado a los 9 años llegó a recuperarse más adelante. La recuperación seguía siendo posible muchos años después del inicio.

    Cuando la enfermedad lleva muchos años, NICE (2017) propone ajustar los objetivos a reducir el daño médico, evitar hospitalizaciones repetidas y cuidar la calidad de vida. Eddy et al. (2017) sostienen que, aun así, la mayoría de las personas no debería darse por perdida.

    ¿Qué se siente al recuperar el peso?

    Gran parte de las molestias de los primeros meses son efectos esperables de revertir la desnutrición. Saberlo evita interpretarlas como una señal de que el tratamiento está fallando. Fairburn (2008) y Treasure et al. (2007) describen las más frecuentes:

    • Hinchazón y sensación de estar llena o lleno. El estómago se vacía más lento después de un período de desnutrición. La plenitud intensa suele durar entre 30 y 60 minutos tras comer, y la tendencia a hincharse baja a lo largo de varias semanas hasta dos meses de alimentación regular. Ayudan la ropa holgada en las comidas y una actividad que distraiga durante una hora o dos.
    • Un salto rápido en la báscula. En las primeras 1 o 2 semanas puede subir 1 o 2 kg, en buena parte agua. Por eso se recomienda pesarse una vez por semana y no todos los días.
    • Hambre intensa o ausencia de apetito. Las señales de hambre y saciedad tardan varios meses en normalizarse. Se pide comer por horario y no por sensaciones, y evitar compensar con ayunos o purgas.
    • “Sentirse gorda” o “sentirse gordo”. Fairburn lo describe como una etiqueta equivocada para otras cosas: calor, ropa ajustada, plenitud, aburrimiento o tristeza. Preguntarse qué se siente exactamente en ese momento ayuda a ponerle el nombre correcto.
    • Emociones que vuelven. La desnutrición adormece las emociones. Al recuperar peso pueden aparecer llanto, rabia o irritabilidad que llevaban tiempo guardados, sobre todo en los primeros meses.

    Estas descripciones son orientativas. En bajo peso importante, la realimentación necesita control médico, y los mareos, el dolor de pecho o los latidos muy lentos o irregulares son motivo de consulta inmediata.

    ¿Qué tan frecuentes son las recaídas en la anorexia nerviosa y cuándo ocurren?

    La recaída en la anorexia nerviosa es frecuente pero no inevitable, y el período de mayor riesgo es el primer año después del tratamiento. Las cifras varían bastante según cómo se defina la recaída, un problema que los propios autores destacan.

    • Una revisión sistemática de 16 estudios encontró que el 31 % de los pacientes con anorexia nerviosa recayó después del tratamiento, con el mayor riesgo durante el primer año y hasta cerca de los 2 años (Berends et al., 2018).
    • Otra revisión de 27 estudios halló tasas de recaída entre 9 % y 52 %, que suben cuanto más largo es el seguimiento (Khalsa et al., 2017).
    • Un metaanálisis de 35 estudios identificó qué predice una recaída: es más probable con comorbilidad psiquiátrica y mayor gravedad de los síntomas, y menos probable con más motivación para el cambio, mejor respuesta al tratamiento y subtipo restrictivo (Sala et al., 2023).

    En la práctica, esto significa que el alta no es la meta final. Los meses posteriores al alta merecen tanto cuidado como el tratamiento mismo.

    ¿Desliz o recaída? La diferencia importa

    Un desliz es un tropiezo puntual, como saltarse una comida o volver a restringir después de un día difícil. Una recaída es volver al punto de partida. Fairburn (2008) enfatiza que los deslices son normales en la recuperación y que lo peor que se puede hacer es llamarlos recaída, porque esa etiqueta empuja al “ya lo arruiné todo” y a abandonar el plan.

    Imagina a alguien que lleva ocho meses comiendo con regularidad. Un viernes, después de un comentario sobre su cuerpo en una reunión, se salta la cena. Si lo interpreta como un fracaso total, es probable que al día siguiente restrinja más. Si lo ve como un desliz, retoma la próxima comida planificada como si nada, anota qué lo gatilló y busca resolverlo. La segunda respuesta es la que recomienda Fairburn: “hacer lo correcto” de inmediato.

    En adolescentes, Lock y Le Grange (2012) leen un tropiezo de otra manera. Suele indicar que el control de la comida se devolvió demasiado pronto, y la respuesta es que los padres retomen una supervisión calmada y sin castigos, sin vivirlo como un fracaso.

    Señales tempranas y momentos de mayor riesgo

    La recaída casi nunca aparece de golpe. Antes suele reactivarse lo que Fairburn y Lock y Le Grange llaman la “mentalidad del trastorno alimentario”. Cada persona tiene su propia “firma de recaída”, y estas son las señales que más se describen:

    • Postergar o saltarse comidas y colaciones, o elegir solo alimentos “dietéticos”.
    • Contar calorías a escondidas o reintroducir reglas rígidas en la mesa.
    • Volver a mirarse o medirse el cuerpo a cada rato, o evitar los espejos y la ropa ajustada.
    • Pesarse todos los días, o evitar la báscula por miedo.
    • Subir la intensidad del ejercicio o sentir que “tiene” que entrenar.
    • Excusas para no comer con la familia o con amigos, y conversaciones centradas en calorías.

    Y estos son los momentos que concentran el riesgo:

    • Cambios grandes: mudarse, empezar la universidad o un trabajo nuevo, una ruptura de pareja.
    • Reiniciar una dieta de adelgazamiento. Fairburn (2013) la describe como el gatillo voluntario más potente.
    • Comentarios críticos sobre el cuerpo, un aumento de peso involuntario, o cambios corporales como el embarazo.
    • Un episodio depresivo, que deja a la persona con menos recursos para afrontar.
    • En adolescentes, el paso en que los padres traspasan la responsabilidad de las comidas, y la salida del hogar al terminar la terapia.
    • Fiestas, vacaciones y eventos donde la comida es protagonista.

    ¿Cómo se previene una recaída?

    Lo que mejor respaldo tiene es llegar al final del tratamiento con un plan escrito y practicarlo. Fairburn (2008) y Lock y Le Grange (2012) coinciden en los elementos principales:

    1. Mantener las comidas regulares, sin fecha de término. Tres comidas y dos o tres colaciones al día, sin dietas restrictivas.
    2. Pesarse una vez por semana, el mismo día y en condiciones parecidas, sin comprobaciones diarias ni evitación.
    3. Definir con el equipo un rango de peso saludable y un “peso de peligro”, por ejemplo un IMC menor a 18,5, que funcione como alarma clara. El número exacto lo fija el equipo según cada caso.
    4. Escribir la propia “firma de recaída”, con las señales de aviso de esa persona.
    5. Tener un plan de acción para los deslices: retomar el registro de comidas, volver al horario, resolver el problema que lo gatilló y no compensar con ayunos.
    6. Seguir ampliando la vida fuera del cuerpo y la comida: relaciones, estudios, trabajo, intereses.
    7. Saber cuándo pedir ayuda, algo que se detalla más abajo.

    Algunos estudios respaldan esta lógica. En un estudio no aleatorizado con 88 pacientes que ya habían recuperado el peso, un año de terapia cognitivo-conductual de mantenimiento se asoció a que 65 % no hubiera recaído al año, frente a 34 % del grupo con seguimiento habitual (Carter et al., 2009). Los autores lo consideran evidencia preliminar, precisamente por no ser un ensayo aleatorizado.

    Los medicamentos, en cambio, no han demostrado proteger contra la recaída. En un ensayo aleatorizado con 93 pacientes que ya habían recuperado peso y recibían terapia cognitivo-conductual, la fluoxetina no logró mejorar el tiempo hasta la recaída frente a placebo (Walsh et al., 2006). La parte psicológica del plan es la que más pesa.

    Si acompañas a alguien en su recuperación

    Acompañar sin vigilar es difícil, y casi todos los familiares y parejas se equivocan alguna vez. Treasure et al. (2007) describen reacciones comprensibles pero contraproducentes: desbordarse en llanto o gritos (la “medusa”) y evitar el tema (el “avestruz”) son dos de ellas. Proponen en cambio la postura del “San Bernardo”: presencia calmada, cálida y firme.

    Cuando hay un desliz, ayuda:

    • Llamarlo desliz y no recaída, y recordar los meses de avance que siguen siendo reales.
    • Validar lo difícil que es (“veo que te asustaste”) y proponer retomar la próxima comida planificada.
    • Mirar con calma qué lo gatilló, para ajustar la próxima vez.
    • Organizar planes que no giren en torno a la comida: caminar, ver una serie, salir.

    Conviene evitar:

    • Reproches como “otra vez lo estás arruinando” o “te falta fuerza de voluntad”, que aumentan la vergüenza y, con ella, la restricción.
    • Discusiones largas sobre si un alimento engorda o no, o responder una y otra vez a la misma pregunta sobre el cuerpo.
    • Comentarios sobre el peso o la figura, también los elogiosos.
    • Dar el tratamiento por perdido.

    Cuidarte tú también es parte del plan. Treasure et al. (2007) subrayan que un cuidador agotado pierde la serenidad que la recuperación necesita. Y si la persona que acompañas no encaja con la imagen típica de la anorexia, la guía sobre anorexia en hombres y la de anorexia atípica explican por qué a veces tarda en reconocerse.

    ¿Cuándo volver a pedir ayuda profesional?

    Es mejor consultar pronto que esperar a que el problema se consolide. Según el plan de mantenimiento de Fairburn (2008), conviene recontactar al equipo cuando:

    • El peso baja del “peso de peligro” acordado, o se mantiene bajo durante dos semanas seguidas.
    • Después de un desliz, la persona no logra retomar el plan en unas 2 a 4 semanas aplicándolo por sí sola.
    • Reaparece o se instala un episodio depresivo, o hay ideas de hacerse daño.
    • Las dudas o la obsesión vuelven a interferir con los estudios, el trabajo, la pareja o la vida social.

    Algunas situaciones no esperan a la próxima sesión. Acude a urgencias ante desmayos o mareos intensos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, convulsiones, deshidratación, vómitos con sangre o negativa total a comer o beber. Si hay ideas de hacerse daño o de morir, no te quedes solo ni dejes solo a otro: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    Para decidir con quién empezar, la guía de trastornos de la conducta alimentaria ofrece un mapa general y el test SCOFF es un primer cribado. Como material de consenso, hay información en MedlinePlus, en el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. y en la guía NICE NG69.

    Preguntas frecuentes

    ¿Se puede curar la anorexia nerviosa?

    Sí, muchas personas se recuperan por completo. En un seguimiento de 22 años, cerca de dos tercios de las mujeres con anorexia estaban recuperadas. Suele tomar años y tiene altibajos, y una minoría desarrolla un curso crónico. Recuperarse es lo más común a largo plazo, pero no es rápido ni lineal.

    ¿Cuánto tarda en recuperarse alguien con anorexia?

    El peso se repone en meses y los pensamientos sobre el cuerpo tardan unos 6 a 9 meses más en ajustarse. El proceso completo suele medirse en años: en centros especializados se habla de 5 a 6 años en promedio. En adolescentes con tratamiento familiar suele ser más corto que en adultos.

    ¿Es normal tener una recaída después del alta?

    Es frecuente, aunque no inevitable. Una revisión encontró que cerca de 3 de cada 10 pacientes recaen tras el tratamiento, con el mayor riesgo en el primer año. Los deslices pequeños son esperables. Actuar a tiempo, con un plan escrito y apoyo del equipo, evita que se transformen en una recaída completa.

    ¿Cuál es la diferencia entre un desliz y una recaída?

    Un desliz es un tropiezo puntual, como saltarse una comida tras un día difícil, y se corrige retomando el plan de inmediato. Una recaída es el retorno sostenido a la restricción, los atracones o las purgas, o la pérdida de peso. Llamar recaída a un desliz tiende a empeorarlo.

    ¿Subir de peso significa que ya estoy recuperada?

    No necesariamente. El peso es una parte necesaria, pero la recuperación también incluye comer sin restricción ni rituales y que la figura y el peso dejen de dominar el valor personal. Con un peso parcialmente recuperado, los pensamientos del trastorno siguen activos y el riesgo de recaer es mayor.

    ¿Qué hago si mi pareja o mi hijo recae?

    Mantén la calma, no lo culpes y llama desliz a lo que sea un tropiezo puntual. Propón retomar la próxima comida planificada y avisa al equipo tratante si el peso baja o el desliz persiste. En adolescentes, los padres suelen retomar una supervisión más cercana. Si hay riesgo médico o ideas de hacerse daño, ve a urgencias.

    ¿Quieres acompañamiento en tu recuperación?

    La recuperación de la anorexia exige un equipo: seguimiento médico, a menudo un nutricionista, y psicoterapia con experiencia en trastornos alimentarios. La terapia en línea puede ser parte de ese equipo, por ejemplo para el trabajo cognitivo-conductual y para sostener el plan de prevención de recaídas, aunque no reemplaza el control médico presencial cuando hay bajo peso. Si quieres orientación sobre cómo seguir, puedes agendar una consulta.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Agras, W. S., & Robinson, A. (Eds.). (2018). The Oxford handbook of eating disorders (2nd ed.). Oxford University Press.
    • Bardone-Cone, A. M., Hunt, R. A., & Watson, H. J. (2018). An overview of conceptualizations of eating disorder recovery, recent findings, and future directions. Current Psychiatry Reports, 20(9), Artículo 79. https://doi.org/10.1007/s11920-018-0932-9
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    • Fairburn, C. G. (2013). Overcoming binge eating (2nd ed.). Guilford Press.
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    • Treasure, J., Smith, G., & Crane, A. (2007). Skills-based learning for caring for a loved one with an eating disorder: The New Maudsley method. Routledge.
    • Walsh, B. T., Kaplan, A. S., Attia, E., Olmsted, M., Parides, M., Carter, J. C., Pike, K. M., Devlin, M. J., Woodside, B., Roberto, C. A., & Rockert, W. (2006). Fluoxetine after weight restoration in anorexia nervosa: A randomized controlled trial. JAMA, 295(22), 2605-2612. https://doi.org/10.1001/jama.295.22.2605

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Dejar de Fumar Marihuana: Qué Pasa al Dejarla, Cuánto Dura la Abstinencia y Qué Ayuda

    Dejar de Fumar Marihuana: Qué Pasa al Dejarla, Cuánto Dura la Abstinencia y Qué Ayuda

    Llevas años diciendo que la marihuana no engancha. Y en parte tienes razón: la mayoría de la gente que la prueba no termina dependiendo de ella. Pero si estás leyendo esto es porque algo cambió. Tal vez ya intentaste parar y a los tres días dormías mal, andabas irritable y volviste a fumar «solo para dormir». Tal vez te diste cuenta de que no recuerdas la última semana en que no fumaste. O simplemente quieres saber, antes de decidir, qué te espera al dejar de fumar marihuana.

    Esta guía responde eso con estudios en la mano, no con opiniones: qué le pasa al cuerpo y a la cabeza cuando dejas de fumar marihuana, cuánto dura la abstinencia y qué síntomas trae, qué beneficios están medidos de verdad (y cuáles son mito), si conviene cortar de golpe o reducir de a poco, qué tratamientos funcionan y cuándo vale la pena pedir ayuda en Chile. Está escrita para adultos. Si lo que te preocupa es tu hijo adolescente, la guía sobre qué hacer cuando un hijo fuma marihuana es la que corresponde.

    Respuesta corta: al dejar la marihuana, cerca de la mitad de quienes fumaban seguido tienen síntomas de abstinencia: irritabilidad, ansiedad, insomnio y sueños vívidos, menos apetito, ánimo bajo y ganas de fumar. Empiezan a las 24 a 72 horas, son más fuertes entre el segundo y el sexto día, y la mayoría cede en una o dos semanas (el sueño puede tardar más). A cambio, en pocas semanas mejoran la memoria, el sueño, el ánimo y la tos. Lo que más ayuda a lograrlo es la terapia cognitivo-conductual combinada con entrevista motivacional; no existe ningún fármaco aprobado para esto.

    ¿Qué pasa cuando dejas de fumar marihuana? Línea de tiempo

    Durante la primera semana el cuerpo reclama el THC que le faltaba; durante el primer mes se reacomoda; y desde ahí empiezan a notarse las ganancias. Esta tabla resume lo que describen los estudios que siguieron a personas desde el último cigarro de marihuana en adelante. No todos pasan por todo: cuanto más y más seguido fumabas, más probable es que reconozcas la primera fila.

    Momento Qué suele pasar Fuente
    Días 1 a 3 Aparecen los primeros síntomas de abstinencia: inquietud, irritabilidad, ansiedad, cuesta dormir, baja el apetito Budney et al. (2003); Connor et al. (2022)
    Días 2 a 6 El peor tramo: los síntomas alcanzan su máximo. Sueños intensos y raros, rabia por cosas pequeñas, ganas fuertes de fumar Budney et al. (2003); Connor et al. (2022)
    Días 7 a 14 La mayoría de los síntomas se apagan. Ya en la primera semana sin fumar mejora el aprendizaje verbal Budney et al. (2003); Schuster et al. (2018)
    Semanas 3 y 4 En consumidores intensos, algunos síntomas (sobre todo el sueño) pueden seguir hasta la tercera semana o más Connor et al. (2022)
    Primeros meses Menos tos y flema matinal; mejor ánimo, menos ansiedad y mejor calidad del sueño en quienes se mantienen Hancox et al. (2015); Hser et al. (2017)

    Vale la pena detenerse en un detalle de esa tabla. Lo peor pasa entre el día 2 y el día 6. Es justo el momento en que la mayoría de la gente que «intentó dejarla y no pudo» volvió a fumar. No fue falta de voluntad: fue el punto máximo de un síndrome que nadie les había explicado.

    Síntomas al dejar de fumar marihuana: el síndrome de abstinencia existe (y no es debilidad)

    Cuando una persona que fuma marihuana con regularidad deja de golpe, en cerca de la mitad de los casos aparece un síndrome de abstinencia reconocible, con criterios diagnósticos propios en el DSM-5. Durante décadas se discutió si el cannabis producía abstinencia física. La respuesta llegó con estudios que siguieron a consumidores día a día. En uno de los primeros, de 50 días de duración, Budney et al. (2003) midieron a 18 consumidores intensos durante 45 días sin fumar y a 12 exconsumidores en paralelo: apareció un patrón claro de agresividad, rabia, ansiedad, menos apetito y peso, irritabilidad, inquietud, temblor, problemas de sueño y dolor de estómago, con una magnitud comparable a la abstinencia del tabaco.

    ¿Qué tan frecuente es? Un metaanálisis de 47 estudios con 23.518 personas encontró que el 47 % de quienes consumen cannabis de forma regular o dependiente presenta síndrome de abstinencia al dejarlo; la cifra es del 17 % en muestras de población general y del 54 % en personas que ya estaban en tratamiento ambulatorio (Bahji et al., 2020). Dicho al revés: la otra mitad lo deja sin pasar por nada especial. Que a ti te pegue fuerte no dice nada de tu carácter; dice cuánto y con qué frecuencia fumabas.

    Los síntomas más frecuentes, según la revisión clínica de Connor et al. (2022) en la revista Addiction:

    • Ansiedad, irritabilidad, rabia o agresividad. Reacciones desproporcionadas a cosas chicas, discusiones que antes no pasaban.
    • Sueño alterado y sueños vívidos. Cuesta quedarse dormido y, cuando lo logras, los sueños son intensos y raros.
    • Ánimo bajo. Días grises, sin ganas, con una sensación de vacío que puede parecerse a una depresión leve.
    • Pérdida de apetito y de peso. El «hambre voraz» desaparece, y a veces cuesta comer.
    • Menos comunes, pero reales: escalofríos, dolor de cabeza, tensión muscular, sudoración y dolor de estómago.

    Hay un dato que conviene tener claro antes de empezar. Entre 469 adultos que intentaron dejarla por su cuenta, el 95,5 % reportó al menos un síntoma de abstinencia en su intento más difícil, y de quienes habían tenido un síndrome completo, el 70,4 % volvió a fumar para aliviarlo (Levin et al., 2010). Los síntomas aparecieron incluso en personas que fumaban menos de una vez por semana. Lo que hace peligrosa la abstinencia no es su intensidad: es que fumar la apaga en minutos, y esa es la trampa que hay que anticipar.

    ¿Cuánto dura la abstinencia de la marihuana?

    Los síntomas empiezan entre las 24 y las 72 horas después del último consumo, alcanzan su máximo entre el segundo y el sexto día, y la mayoría dura entre 4 y 14 días; en consumidores intensos, algunos pueden extenderse hasta la tercera semana. Esas cifras vienen del seguimiento diario de Budney et al. (2003), que las midió síntoma por síntoma, y las confirma la revisión de Connor et al. (2022), que sitúa el inicio a las 24 a 48 horas y el pico entre los días 2 y 6.

    El sueño es la excepción que más frustra. Una revisión sistemática de 36 estudios concluyó que el sueño se interrumpe con frecuencia durante la abstinencia de cannabis, aunque los estudios no logran precisar qué aspectos concretos del sueño se afectan ni por cuánto tiempo (Gates, Albertella y Copeland, 2016). En la práctica, es habitual que la persona ya se sienta bien de ánimo y de ansiedad, y siga durmiendo mal un par de semanas más. Saberlo de antemano evita la conclusión equivocada («sin marihuana no puedo dormir») que devuelve a mucha gente al consumo.

    ¿Por qué dura eso y no más? El THC se acumula en la grasa corporal y se libera lentamente, así que el cuerpo tarda días en quedarse sin él. Si además necesitas saber cuánto tiempo sigue apareciendo en un examen, la guía sobre tests de drogas en orina explica las ventanas de detección del cannabis, que son bastante más largas que las de la abstinencia.

    Beneficios de dejar de fumar marihuana: lo que está medido

    Dejar la marihuana mejora, en semanas, la memoria y el aprendizaje, la calidad del sueño, el ánimo y la ansiedad, y hace desaparecer la tos y la flema de las mañanas. No son promesas de folleto: cada uno de estos cambios tiene un estudio detrás que lo midió. También hay beneficios que se prometen mucho y que la evidencia no respalda con la misma claridad, y conviene distinguirlos.

    La memoria se recupera, y rápido

    Es la duda más frecuente: «¿me dejó tonto?». La respuesta de los estudios es tranquilizadora. En un ensayo con 88 consumidores regulares de 16 a 25 años, asignados al azar a cuatro semanas de abstinencia verificada en orina o a solo monitoreo, el grupo que dejó de fumar mejoró su memoria verbal, y la mejora se concentró en la primera semana (Schuster et al., 2018). Un metaanálisis de 69 estudios con 2.152 jóvenes apunta en la misma dirección: el consumo frecuente se asocia a un rendimiento cognitivo algo peor, pero en los estudios que exigieron más de 72 horas sin consumir esa diferencia desapareció (Scott et al., 2018). Buena parte del «me cuesta concentrarme», entonces, no es daño permanente: es el THC que todavía circula.

    Un matiz honesto: esos dos estudios son de jóvenes. En adultos de más de 25 años que fumaron durante décadas hay menos datos, y no se puede prometer lo mismo con la misma seguridad.

    ¿Dejar de fumar marihuana causa insomnio? A la larga duermes mejor y andas de mejor ánimo

    Parece contradictorio con la sección anterior, pero no lo es: el insomnio de la abstinencia es transitorio, y el sueño de fondo mejora. En un seguimiento de 302 adultos de 18 a 50 años durante 12 semanas, quienes redujeron el consumo mejoraron en ansiedad, en síntomas depresivos y en calidad del sueño, controlando el alcohol y el tabaco; lo que no cambió en ese plazo fue la calidad de vida global (Hser et al., 2017). Si tu principal razón para fumar era «para dormir» o «para bajar la ansiedad», este es el dato que importa: a mediano plazo, la marihuana estaba sosteniendo el problema que parecía resolver.

    Se te quita la tos

    La cohorte de Dunedin, en Nueva Zelanda, siguió a 1.037 personas desde los 18 hasta los 38 años. Fumar cannabis con frecuencia (52 o más veces al año) se asoció a casi el doble de tos matinal y de expectoración, y a más sibilancias, ajustando por tabaco; y reducir o dejar el consumo bajó esos síntomas hasta niveles parecidos a los de quienes nunca fumaron (Hancox et al., 2015). Es de los beneficios más rápidos y más visibles.

    Bajan riesgos que no se sienten

    Hay ganancias que no se notan en el día a día pero pesan. Entre quienes consumen cannabis, un 22 % desarrolla un trastorno por consumo, y con uso semanal o diario ese riesgo sube a un 33 % (Leung et al., 2020). Y el consumo intenso multiplica por casi cuatro el riesgo de psicosis, con una relación de dosis clara, según un metaanálisis de 10 estudios con 66.816 personas (Marconi et al., 2016). Dejar de fumar cierra las dos puertas.

    Lo que no está tan claro

    En internet abundan las listas de «20 beneficios de dejar los porros» que mezclan lo medido con lo deseado. Dos ejemplos. Que el cociente intelectual «vuelva» es dudoso porque no está claro que se haya ido: en dos cohortes de gemelos, los consumidores puntuaron más bajo en CI, pero sin relación con la dosis y sin más caída que sus hermanos gemelos abstinentes, lo que apunta a factores familiares previos, no a la marihuana en sí (Jackson et al., 2016). Y la mejora en «calidad de vida» global no apareció en las 12 semanas del estudio de Hser et al. (2017): mejoran cosas concretas (sueño, ánimo, ansiedad), y la vida en general tarda más en reacomodarse.

    ¿Dejar la marihuana de golpe o poco a poco?

    No existe un ensayo clínico que haya comparado cortar de golpe con reducir gradualmente en cannabis, así que ninguna de las dos opciones se puede llamar «la correcta»; lo que sí se sabe es que la abstinencia aparece tanto al parar de golpe como al reducir mucho, y que lo decisivo es tener un plan para los días 2 a 6. Connor et al. (2022) lo describen así: los síntomas siguen a la interrupción brusca o a una reducción importante del THC, y su manejo de primera línea es psicoeducación y consejería de apoyo, no un fármaco.

    Antes de elegir el cómo, conviene mirar el cuánto quieres. La psicología del cambio distingue etapas: hay gente que todavía no ve un problema, gente que lo ve y duda, y gente decidida a actuar. Tolin (2024) resume el principio de la entrevista motivacional para las dos primeras: las razones para cambiar convencen cuando las descubre uno mismo, no cuando las dicta otro, y en la etapa de duda lo que ayuda es poner por escrito los pros y los contras y fijar metas cortas y alcanzables, no metas grandiosas (pp. 166-167). Si estás en esa duda, hacer esa lista antes de decidir «de golpe o poco a poco» vale más que la decisión misma.

    Con eso en la mano, la decisión es práctica. Reducir de a poco tiene sentido si fumas todos los días desde hace años, si te preocupa el insomnio, o si ya fracasaste dos veces cortando en seco. Tiene un riesgo: que la reducción se estire sin fecha y el «poco a poco» se vuelva el consumo de siempre con otro nombre. Cortar de golpe funciona mejor con una fecha elegida, una semana con menos exigencias por delante y una persona avisada. En los dos casos, lo que predice el resultado es lo mismo: saber qué síntomas vienen, cuándo, y qué vas a hacer con ellos.

    Cómo dejar la marihuana: qué funciona según la evidencia

    Los tratamientos con más respaldo son la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la entrevista motivacional, sobre todo combinadas y en más de cuatro sesiones; sumar incentivos por orinas negativas mejora el resultado; y ningún medicamento ha demostrado eficacia suficiente como para estar aprobado. Así lo resume la revisión Cochrane de 23 ensayos con 4.045 adultos: quienes recibieron una intervención psicosocial consumieron casi seis días menos al mes que los controles, tuvieron 2,5 veces más probabilidad de estar abstinentes en el seguimiento y menos síntomas de dependencia; cerca de 7 de cada 10 completaron el tratamiento (Gates et al., 2016).

    Terapia cognitivo-conductual y entrevista motivacional

    La TCC para cannabis trabaja tres cosas: identificar en qué situaciones fumas (la hora, el lugar, la gente, la emoción que precede), entrenar qué hacer en esas situaciones sin fumar, y anticipar el desliz para que no se convierta en recaída. La entrevista motivacional se ocupa de lo anterior: ordenar tus propias razones para dejarla, que son las únicas que sostienen el esfuerzo cuando la abstinencia aprieta. Una revisión con metaanálisis de 15 estudios en adultos encontró que, frente a no hacer nada, la TCC combinada con enfoques motivacionales redujo la gravedad de la dependencia con un efecto de moderado a grande, aunque los autores insisten en que la evidencia sigue siendo limitada y buena parte viene de pocos estudios (Giguère et al., 2026).

    Una advertencia que la propia Cochrane deja escrita: la abstinencia total al final del seguimiento fue baja, alrededor de un cuarto de los participantes (Gates et al., 2016). Es la misma proporción que en el tabaco o el alcohol, y significa dos cosas: que el primer intento rara vez es el último, y que reducir mucho también cuenta como resultado.

    Apps y programas por internet

    Sirven, pero menos. Un metaanálisis de 30 ensayos encontró que los programas digitales de tratamiento (20 estudios, 5.195 consumidores de 16 a 40 años) redujeron el consumo con un efecto pequeño al terminar, que ya no fue significativo meses después (Boumparis et al., 2019). Como complemento a una terapia, o como puerta de entrada para quien no se anima a consultar, tienen sentido; como único apoyo, quedan cortos.

    ¿Hay pastillas para dejar la marihuana?

    No aprobadas. La revisión Cochrane más reciente, de 37 ensayos con 3.201 personas, no encontró que los preparados de THC, la N-acetilcisteína, el cannabidiol ni los anticonvulsivantes o estabilizadores del ánimo hicieran más probable la abstinencia que el placebo; con anticonvulsivantes, además, fue casi tres veces más probable abandonar por efectos adversos (Spiga et al., 2025). Su conclusión es que todos siguen siendo experimentales. Eso no impide que un médico trate un síntoma puntual (insomnio severo, náuseas) durante los peores días, pero no hay nada que «cure» la dependencia de cannabis en una receta, y desconfía de quien te lo venda.

    Guía práctica: qué hacer con cada síntoma en los primeros días

    Lo que más ayuda en la abstinencia es saber qué viene, tener el día ocupado, cuidar el sueño sin sustituir una sustancia por otra y avisar a alguien; no hay una técnica mágica, y la evidencia sobre el ejercicio es más modesta de lo que se cree. Estas son estrategias para la primera y la segunda semana, ordenadas por síntoma.

    • Ganas de fumar (craving). Duran minutos, no horas, y llegan en oleadas. Cambia de lugar, toma agua, llama a alguien, haz algo con las manos. Anota en qué momento aparecieron: ese registro es el mapa de tus situaciones de riesgo.
    • Insomnio y sueños raros. Mantén la hora de levantarte fija aunque hayas dormido mal, evita la siesta larga y la pantalla en la cama, y espera dos o tres semanas antes de concluir nada. Si el insomnio ya era un problema antes de fumar, el test de insomnio ayuda a ver si necesita tratamiento propio.
    • Irritabilidad. Avisa en casa que vienen días de mecha corta y por qué. Baja las decisiones importantes y las conversaciones difíciles esa semana.
    • Falta de apetito. Come poco y seguido, y no te pases a los dulces. Vuelve solo.
    • Ánimo bajo. Es esperable en la primera semana. Si a las tres semanas sigue igual o empeora, ya no es abstinencia: consulta.
    • Ejercicio. Ayuda al ánimo y llena el tiempo, pero no esperes que «saque» el THC ni que baje la abstinencia por sí mismo: en un ensayo hospitalario de 7 días, 35 minutos diarios de bicicleta no redujeron la abstinencia ni las ganas de fumar más que estiramientos suaves; ambos grupos mejoraron a lo largo de la semana y un tercio seguía sin consumir 28 días después (Mills et al., 2026).

    Y una trampa conocida: no cambiar una sustancia por otra. Entre adultos que dejaron la marihuana sin tratamiento, dejarla se asoció a menudo con un aumento del alcohol, el tabaco y las pastillas para dormir (Copersino et al., 2006), y en el estudio de Levin et al. (2010), el alcohol y el tabaco se usaron más que el propio cannabis para aliviar los síntomas. Si fumas tabaco, la guía sobre qué aporta la psicología para dejar de fumar es un buen plan paralelo; y si el alcohol empieza a ocupar el lugar de la marihuana, ese es un motivo de consulta por sí solo.

    Recaídas: por qué pasan y cómo evitar que un desliz lo tire todo

    La mayoría de las recaídas ocurre en situaciones que se pueden anticipar (una emoción negativa, una presión social, una tarde libre con el amigo de siempre), y lo que convierte un cigarro aislado en una recaída completa es la conclusión «ya lo arruiné, da lo mismo». Ese es el núcleo del modelo de prevención de recaídas de Marlatt, el marco cognitivo-conductual de referencia para cualquier sustancia. Según la revisión del modelo de Larimer, Palmer y Marlatt (1999), la recaída depende de determinantes inmediatos (situaciones de alto riesgo, habilidades para afrontarlas, expectativas sobre lo que la sustancia va a hacer por ti, y el llamado efecto de violación de la abstinencia) y de antecedentes de fondo, como un estilo de vida desequilibrado y el craving. Más tarde, Witkiewitz y Marlatt (2004) reformularon el modelo como un sistema dinámico: la recaída resulta de la interacción de muchos factores que cambian de un momento a otro, y no de una cadena fija de pasos.

    Tolin (2024, p. 183) resume las estrategias concretas del modelo: identificar las situaciones de alto riesgo y ensayar cómo afrontarlas; recordar que sostener el cambio depende de usar habilidades, no de «fuerza de voluntad»; desmontar los mitos sobre lo que la sustancia hace por uno; tener un plan escrito para el caso de un desliz; y reencuadrar ese desliz como un error que pide más planificación, no como la prueba de que todo se perdió.

    Lo útil de ese modelo cabe en tres movimientos. Primero, escribir tus situaciones de alto riesgo concretas (no «el estrés» sino «el viernes a las 7 cuando llego a la casa vacía»). Segundo, decidir de antemano qué vas a hacer en cada una. Tercero, tratar un desliz como un dato y no como un veredicto: si fumaste una vez, la pregunta es qué pasó antes, no qué clase de persona eres. El artículo sobre prevención de recaídas y el efecto de violación de la abstinencia lo desarrolla paso a paso.

    Y una cifra para tener paciencia con el proceso: en la encuesta nacional de EE. UU. que siguió a 43.093 adultos, la probabilidad acumulada de remitir de una dependencia de cannabis a lo largo de la vida fue del 97 %, y la mitad de los casos remitió unos seis años después de que la dependencia empezara, mucho antes que con el alcohol (14 años) o la nicotina (26) (Lopez-Quintero et al., 2011). Casi todos lo dejan; lo que cambia con ayuda es cuánto tardan y cuánto se pierde en el camino.

    Cuándo pedir ayuda profesional, y dónde en Chile

    Vale la pena consultar si ya intentaste dejarla dos o más veces y volviste, si fumas para funcionar (dormir, comer, calmar la ansiedad), si la abstinencia te desborda, o si hay otra sustancia o un problema de ánimo de fondo. En Chile la marihuana es la droga ilícita más consumida: según el 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General de SENDA, un 10,1 % de la población de 12 a 65 años la consumió en el último año (2024), la cifra más baja en una década tras el máximo de 14,5 % de 2016. Son más de un millón de personas, y con el 22 % de riesgo de trastorno por consumo que estima Leung et al. (2020), una parte importante va a necesitar más que voluntad.

    Algo barato para empezar es medir dónde estás. El test CAST de cannabis tiene seis preguntas y orienta sobre si el consumo es problemático; el DAST-10 cubre drogas en general. Ninguno diagnostica, pero los dos sirven para decidir si consultar.

    Dónde ir:

    • Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA. Orientación gratuita por teléfono y por chat en senda.gob.cl, de lunes a domingo entre 8:00 y 20:00. Sirve también a quien llama por otra persona.
    • Atención primaria (CESFAM). Es la puerta de entrada al tratamiento público. Ojo con un detalle: la garantía GES para consumo perjudicial y dependencia de alcohol y drogas cubre solo a menores de 20 años; un adulto se atiende por la vía general, con los programas de SENDA en convenio. La guía sobre el GES y el tratamiento de drogas en adultos explica el camino.
    • Psicólogo o psiquiatra. Para una TCC con entrevista motivacional, que es lo que la evidencia respalda, o para tratar la ansiedad, el insomnio o la depresión que a veces estaban debajo del consumo. MedlinePlus tiene una ficha en español sobre la marihuana y sus efectos que sirve para ordenar la conversación.

    Si además hay síntomas psicóticos (voces, ideas de persecución, confusión) durante o después del consumo, o pensamientos de hacerte daño, eso no espera: es urgencia, y el lugar es un servicio de urgencia o Salud Responde (600 360 7777).

    Preguntas frecuentes sobre dejar de fumar marihuana

    ¿La marihuana produce síndrome de abstinencia?

    Sí. Está reconocido en el DSM-5 y descrito en estudios controlados desde 2003. Aparece en cerca de la mitad de quienes fuman de forma regular o dependiente (menos en consumidores ocasionales), con irritabilidad, ansiedad, insomnio, sueños vívidos, menos apetito y ánimo bajo. Es menos peligroso físicamente que el del alcohol, pero es real y explica muchas recaídas.

    ¿Cuánto dura la abstinencia de la marihuana?

    Los síntomas empiezan entre las 24 y las 72 horas después del último consumo, son más intensos entre el día 2 y el día 6, y la mayoría cede en una o dos semanas. En consumidores intensos, algunos síntomas, sobre todo el sueño alterado, pueden durar hasta tres semanas o algo más. Las ganas de fumar pueden reaparecer por más tiempo, en oleadas cortas.

    ¿Qué le pasa al cuerpo cuando dejas de fumar marihuana?

    En la primera semana: inquietud, insomnio con sueños intensos, menos apetito, irritabilidad y a veces dolor de cabeza, sudoración o malestar de estómago. Desde la segunda: el sueño se ordena, vuelve el apetito, mejora el aprendizaje verbal. En los meses siguientes desaparecen la tos y la flema matinal, y mejoran el ánimo y la ansiedad.

    ¿Es mejor dejar la marihuana de golpe o poco a poco?

    No hay ensayos que comparen las dos formas, así que depende de tu caso. La abstinencia aparece con las dos, porque también sigue a una reducción grande. Reducir sirve si fumas a diario desde hace años o te preocupa el insomnio; cortar de golpe funciona con fecha, una semana tranquila y alguien avisado. Lo que predice el éxito es tener un plan para los días 2 a 6.

    ¿Se recupera la memoria después de dejar de fumar marihuana?

    En buena parte, sí, y rápido. Un ensayo con jóvenes que dejaron de fumar cuatro semanas mostró mejoras en la memoria verbal ya en la primera semana, y un metaanálisis encontró que las diferencias cognitivas entre consumidores y no consumidores desaparecían después de 72 horas de abstinencia. En adultos mayores de 25 con décadas de consumo hay menos datos.

    ¿Existen medicamentos para dejar la marihuana?

    No hay ninguno aprobado. La revisión Cochrane de 2025, con 37 ensayos, no encontró que el THC en preparados, la N-acetilcisteína, el cannabidiol ni los anticonvulsivantes aumentaran la abstinencia frente al placebo. Un médico puede tratar un síntoma puntual durante los peores días, pero el tratamiento con respaldo es psicológico: terapia cognitivo-conductual con entrevista motivacional.

    Dejarla es más común de lo que parece, y más fácil con un plan

    Casi todas las personas con dependencia de cannabis la dejan en algún momento de su vida. La diferencia entre quien la deja a los 25 y quien la deja a los 40 casi nunca es la fuerza de voluntad: es haber sabido que los días 2 a 6 iban a ser difíciles, que el insomnio se pasa, que un cigarro no borra el mes anterior, y haber tenido a alguien con quien revisar qué pasó.

    Si ya lo intentaste solo y no resultó, o si quieres hacerlo bien a la primera, puedes agendar una consulta. En unas pocas sesiones se arma un plan con tus situaciones de riesgo, una estrategia para la abstinencia y un seguimiento para las semanas en que más se recae. Y si hay ansiedad, insomnio o ánimo bajo detrás del consumo, se tratan a la vez, que es como de verdad se sostiene el cambio.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bahji, A., Stephenson, C., Tyo, R., Hawken, E. R., & Seitz, D. P. (2020). Prevalence of cannabis withdrawal symptoms among people with regular or dependent use of cannabinoids. JAMA Network Open, 3(4), e202370. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.2370

    Boumparis, N., Loheide-Niesmann, L., Blankers, M., Ebert, D. D., Korf, D., Schaub, M. P., Spijkerman, R., Tait, R. J., & Riper, H. (2019). Short- and long-term effects of digital prevention and treatment interventions for cannabis use reduction: A systematic review and meta-analysis. Drug and Alcohol Dependence, 200, 82-94. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2019.03.016

    Budney, A. J., Moore, B. A., Vandrey, R. G., & Hughes, J. R. (2003). The time course and significance of cannabis withdrawal. Journal of Abnormal Psychology, 112(3), 393-402. https://doi.org/10.1037/0021-843x.112.3.393

    Connor, J. P., Stjepanović, D., Budney, A. J., Le Foll, B., & Hall, W. D. (2022). Clinical management of cannabis withdrawal. Addiction, 117(7), 2075-2095. https://doi.org/10.1111/add.15743

    Copersino, M. L., Boyd, S. J., Tashkin, D. P., Huestis, M. A., Heishman, S. J., Dermand, J. C., Simmons, M. S., & Gorelick, D. A. (2006). Quitting among non-treatment-seeking marijuana users: Reasons and changes in other substance use. The American Journal on Addictions, 15(4), 297-302. https://doi.org/10.1080/10550490600754341

    Gates, P., Albertella, L., & Copeland, J. (2016). Cannabis withdrawal and sleep: A systematic review of human studies. Substance Abuse, 37(1), 255-269. https://doi.org/10.1080/08897077.2015.1023484

    Gates, P. J., Sabioni, P., Copeland, J., Le Foll, B., & Gowing, L. (2016). Psychosocial interventions for cannabis use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(5), CD005336. https://doi.org/10.1002/14651858.cd005336.pub4

    Giguère, S., Potvin, S., Beaudoin, M., Wurtele Boudreau, X., Giguère, C. É., & Dumais, A. (2026). The effectiveness of psychological interventions delivered by health professionals for adult cannabis use in community settings: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychiatry, 17, 1792228. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1792228

    Hancox, R. J., Shin, H. H., Gray, A. R., Poulton, R., & Sears, M. R. (2015). Effects of quitting cannabis on respiratory symptoms. European Respiratory Journal, 46(1), 80-87. https://doi.org/10.1183/09031936.00228914

    Hser, Y. I., Mooney, L. J., Huang, D., Zhu, Y., Tomko, R. L., McClure, E., Chou, C. P., & Gray, K. M. (2017). Reductions in cannabis use are associated with improvements in anxiety, depression, and sleep quality, but not quality of life. Journal of Substance Abuse Treatment, 81, 53-58. https://doi.org/10.1016/j.jsat.2017.07.012

    Jackson, N. J., Isen, J. D., Khoddam, R., Irons, D., Tuvblad, C., Iacono, W. G., McGue, M., Raine, A., & Baker, L. A. (2016). Impact of adolescent marijuana use on intelligence: Results from two longitudinal twin studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(5), E500-E508. https://doi.org/10.1073/pnas.1516648113

    Larimer, M. E., Palmer, R. S., & Marlatt, G. A. (1999). Relapse prevention: An overview of Marlatt’s cognitive-behavioral model. Alcohol Research & Health, 23(2), 151-160. PMID: 10890810. https://europepmc.org/article/MED/10890810

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Prevención de Recaídas: El Modelo de Marlatt y el Efecto de Violación de la Abstinencia

    Prevención de Recaídas: El Modelo de Marlatt y el Efecto de Violación de la Abstinencia

    Dejar de consumir suele costar menos que mantenerse. Cualquiera que haya pasado por un tratamiento, o que acompañe a alguien que lo pasó, sabe que el problema casi nunca es el primer mes: es el viernes de tres meses después, la discusión en la casa, la sensación de “ya estoy bien, un trago no va a pasar nada”. La prevención de recaídas en adicciones es el conjunto de herramientas diseñado justo para ese momento, y tiene un modelo detrás con cuarenta años de investigación: el de Alan Marlatt.

    En esta guía vas a encontrar cómo se produce una recaída paso a paso, qué situaciones la disparan con más frecuencia, por qué un desliz se convierte en recaída completa (el efecto de violación de la abstinencia) y cómo escribir un plan de prevención de recaídas propio. Al final hay una plantilla en PDF para imprimirla y completarla a mano, sola o con tu terapeuta.

    Respuesta directa: la prevención de recaídas es un enfoque cognitivo-conductual, formulado por Marlatt y Gordon en 1985, que enseña a identificar las situaciones de alto riesgo de cada persona, a responder a ellas con habilidades concretas y a tratar un desliz como un dato, no como un fracaso. Su pieza central es el efecto de violación de la abstinencia: la culpa y la conclusión “no tengo remedio” que convierten un consumo aislado en una recaída completa. Un plan escrito reduce ese riesgo.

    ¿Qué es la prevención de recaídas en adicciones y por qué recaer no significa volver a cero?

    La prevención de recaídas es un programa de mantenimiento: no sirve para dejar de consumir, sirve para no volver. Fue formulado por G. Alan Marlatt y Judith Gordon en 1985 (Marlatt y Gordon, 1985) y hoy está integrado en casi todas las terapias cognitivo-conductuales para el consumo de alcohol y drogas, según la revisión que el propio equipo de Marlatt publicó al cumplirse treinta años del modelo (Hendershot et al., 2011).

    La idea que cambia todo está en el vocabulario. El modelo separa dos cosas que la gente suele confundir:

    • Un desliz (lapse) es la primera violación de la meta de abstinencia: una copa, una línea, un cigarro después de semanas sin consumir.
    • Una recaída (relapse) es volver al patrón anterior de consumo o abandonar la meta por completo.

    Un desliz aumenta bastante el riesgo de recaída, pero el paso de uno a otro no es inevitable. Ese hueco entre desliz y recaída es donde trabaja el modelo (Larimer, Palmer y Marlatt, 1999). Y también es donde más daño hace la idea de “ya lo eché a perder, da lo mismo”, que veremos más abajo con nombre propio.

    Conviene tener claro también que la recaída es lo esperable, no la excepción. El trastorno por consumo de alcohol sigue en la mayoría de las personas un curso de remisiones y recaídas, como describe una revisión sistemática de 321 estudios (Sliedrecht et al., 2019). Eso no es una condena: es la razón por la que hace falta un plan.

    El modelo de Marlatt y Gordon en una página: así se produce una recaída

    Marlatt describió la recaída como una secuencia, no como un rayo que cae de repente. La versión resumida, tomada de la síntesis del modelo publicada en Alcohol Research & Health (Larimer et al., 1999), es esta:

    1. La persona entra en una situación de alto riesgo: cualquier circunstancia que amenaza su sensación de control (una emoción intensa, un conflicto, una presión social).
    2. Si tiene una respuesta de afrontamiento eficaz (irse, decir que no, llamar a alguien, hablarse a sí misma de otra forma), su autoeficacia sube. Cada situación superada la deja más fuerte para la siguiente.
    3. Si no tiene esa respuesta, la autoeficacia baja y aparecen las expectativas positivas: “un trago me va a calmar”, “me lo merezco”.
    4. Viene el desliz.
    5. Lo que decide si el desliz se queda ahí o escala a recaída es la reacción que sigue: el efecto de violación de la abstinencia.

    Detrás de esa secuencia visible hay lo que Marlatt llamó antecedentes encubiertos: un estilo de vida desequilibrado, la racionalización y las decisiones “sin importancia” que van acercando a la persona al lugar equivocado. En 2004, Witkiewitz y Marlatt reformularon el modelo como un sistema dinámico en que factores de fondo (el estrés acumulado, la depresión, el apoyo social) y factores del momento (un antojo, una pelea) interactúan y pueden cambiar de un minuto a otro (Witkiewitz y Marlatt, 2004). En la práctica, eso quiere decir que una misma fiesta puede ser inofensiva un sábado y peligrosísima el siguiente, según cómo llegue la persona.

    Las situaciones de alto riesgo más comunes (y cómo encontrar las tuyas)

    Marlatt analizó cientos de episodios de recaída en distintas conductas adictivas y los agrupó en categorías. Los estados emocionales negativos y los conflictos interpersonales, juntos, precedieron a más de la mitad de todos los episodios; la presión social explicó más de un 20 % (Larimer et al., 1999).

    Categoría Ejemplos típicos Peso aproximado
    Estados emocionales negativos Rabia, ansiedad, tristeza, frustración, aburrimiento Junto con los conflictos, más de la mitad de las recaídas
    Conflicto interpersonal Discusiones con la pareja, la familia, el jefe (ver fila anterior)
    Presión social Que te ofrezcan, estar rodeado de gente que consume, un evento Más de un 20 %
    Estados emocionales positivos Celebraciones, “hoy me lo merezco” Menos frecuente, pero real
    Señales asociadas Lugares, personas, horarios, dinero en la mano Variable
    Poner a prueba el control “Voy a ver si puedo tomar solo uno” Variable
    Craving sin causa aparente Antojo intenso que aparece sin un disparador claro Variable

    La tabla es un mapa, no un diagnóstico. El trabajo real es personal: cada persona tiene dos o tres situaciones que concentran casi todo su riesgo, y suelen ser bastante predecibles cuando se miran con calma. Tres formas de encontrarlas:

    • Reconstruir las últimas recaídas (o los últimos consumos fuertes) hacia atrás: dónde estabas, con quién, qué había pasado en las horas anteriores, qué pensaste justo antes.
    • Automonitoreo durante dos semanas: anotar cada antojo con hora, lugar, intensidad de 0 a 10 y qué pasaba alrededor.
    • La “fantasía de recaída”: imaginar con detalle cómo sería el día en que vuelvas a consumir. Suena contraintuitivo, pero es una técnica del propio modelo, y suele revelar la situación de riesgo que la persona prefería no mirar.

    La revisión de Sliedrecht y colaboradores (2019) confirma con datos lo que Marlatt observó en consulta: la comorbilidad psiquiátrica, la gravedad del consumo, el craving y el uso de otras sustancias se asocian de forma consistente con recaer. En cambio, una red de apoyo, la autoeficacia y tener un propósito en la vida protegen. Ese es el listado de lo que un plan tiene que tocar.

    ¿Qué es el efecto de violación de la abstinencia?

    El efecto de violación de la abstinencia (EVA) es la reacción emocional y cognitiva que sigue a un desliz cuando la persona se había comprometido con no consumir. Marlatt lo describió con dos componentes (Larimer et al., 1999):

    1. Disonancia y culpa. La persona se ve haciendo lo contrario de lo que había decidido ser. Esa contradicción produce culpa, vergüenza y una sensación de conflicto interno intensa.
    2. Atribución personal. La persona busca una causa para el desliz, y la que elige lo decide todo. Si la atribución es interna, estable y global (“no tengo fuerza de voluntad”, “soy un adicto y siempre lo seré”, “esto demuestra que no puedo”), lo más probable es que abandone la meta. Si la atribución es situacional y específica (“me pilló una situación para la que no tenía plan”, “no había comido ni dormido y estaba muy enojado”), el desliz se convierte en información para la próxima vez.

    El mecanismo que lleva del desliz a la recaída es un círculo corto: consumo, culpa, “ya da lo mismo”, y consumo otra vez para tapar la culpa. Quien atribuye el desliz a un fallo personal tiende a seguir consumiendo para escapar de esos sentimientos, y ahí el desliz se convierte en recaída completa.

    Hay un dato del modelo que incomoda, y conviene decirlo. Larimer y colaboradores (1999) recogen que las personas con más fe en que la adicción es una enfermedad que no controlan, y con un compromiso más rígido con la abstinencia absoluta, fueron las que más recayeron tras un desliz. No porque la abstinencia sea mala meta, sino porque un compromiso de “todo o nada” convierte cualquier grieta en derrumbe. La alternativa que propone el modelo es un compromiso firme con la meta y flexible con el tropiezo: si pasa, se contiene, se analiza y se sigue.

    Cómo cortar el EVA en el momento

    Esto se ensaya antes, no en medio de la crisis. Dos preguntas que se pueden escribir en una tarjeta y llevar en la billetera:

    • ¿Qué pasó exactamente? (Situación, hora, con quién, qué sentía, qué pensé justo antes). Obliga a mirar la situación, no el “carácter”.
    • ¿Qué habría necesitado para que no pasara? (Un plan para esa situación, no haber ido, haber llamado a alguien, haber comido). Convierte la culpa en una tarea.

    Y una frase de reemplazo para la atribución global: “Un consumo no borra las semanas anteriores. Es una situación que no tenía cubierta, y ahora sé cuál”. Suena simple, pero es justo el tipo de reestructuración cognitiva que el modelo entrena sesión tras sesión.

    Las decisiones que “no tienen importancia” y el estilo de vida desequilibrado

    Muchas recaídas no empiezan en la situación de alto riesgo, sino días antes, con una cadena de pequeñas decisiones que parecen inocentes. Marlatt las llamó decisiones aparentemente irrelevantes: comprar una botella “por si viene alguien”, aceptar la invitación a un asado “solo para saludar”, pasar por la calle de siempre “porque es más corto”. Cada una por separado se defiende bien; juntas, dejan a la persona en una situación de riesgo abrumador y con una excusa lista (Larimer et al., 1999).

    El otro antecedente encubierto es el desequilibrio del estilo de vida: cuando la vida está hecha casi solo de obligaciones (“debería”) y casi nada de cosas que uno quiere hacer (“quiero”), el estrés se acumula, el ánimo baja y aparece el deseo de compensarse. “Me merezco un trago” es la racionalización más frecuente en ese estado. Por eso el modelo incluye, al mismo nivel que las habilidades para decir que no, estrategias globales:

    • Equilibrar la agenda con actividades que antes daban placer y no involucran consumo.
    • “Adicciones positivas”: ejercicio, meditación, algo que a largo plazo mejore el ánimo y la salud y que se pueda practicar con regularidad.
    • Control de estímulos: sacar de la casa lo que recuerde al consumo y evitar, al menos al principio, los lugares condicionados.
    • Surfear la urgencia: en vez de pelear con el antojo, observarlo como una ola que sube, llega a su punto máximo y baja sola. El craving, si no se alimenta, tiene una duración limitada.

    ¿Funciona la prevención de recaídas? Lo que dice la evidencia

    Sí, y sabemos bastante sobre cuándo funciona mejor. Un metaanálisis de 26 estudios con 9.504 participantes encontró que la prevención de recaídas fue eficaz en general, sobre todo para problemas con el alcohol, y que rindió más en trastornos por alcohol o por varias sustancias y cuando se combinó con medicación (Irvin et al., 1999).

    Los datos más recientes matizan sin desmentir. Un metaanálisis de 30 ensayos aleatorizados de terapia cognitivo-conductual para alcohol y otras drogas, la familia de tratamientos a la que pertenece la prevención de recaídas, mostró un efecto moderado y consistente frente a no tratar o tratar mínimamente, tanto en cuánto se consume como en cuántas veces. Frente a otro tratamiento específico bien hecho, no hubo diferencias (Magill et al., 2019). Traducido: la prevención de recaídas funciona mucho mejor que nada, y más o menos igual que otras terapias serias. No hay un método mágico; hay métodos con estructura.

    Y hay un ensayo que responde la pregunta que más se hace la gente al salir de un tratamiento: ¿sirve de algo seguir en algo después? Bowen y colaboradores asignaron al azar a 286 personas que acababan de completar un tratamiento a tres opciones de seguimiento: prevención de recaídas cognitivo-conductual (RP), prevención de recaídas basada en mindfulness (MBRP) o el tratamiento habitual (programa de 12 pasos y psicoeducación). A los seis meses, las dos versiones de prevención de recaídas redujeron el riesgo de volver a consumir drogas y de beber en exceso frente al tratamiento habitual; la RP clásica retrasó más el primer consumo de drogas, y al año la versión con mindfulness mostró menos días de consumo y menos consumo intenso que las otras dos (Bowen et al., 2014).

    Qué predice recaer y qué protege: cinco datos para tomar en serio

    Estos hallazgos son los que más deberían pesar al escribir tu plan.

    La remisión “por mi cuenta” es frágil. En una cohorte de 461 personas con problemas de alcohol seguida durante 16 años, quienes no buscaron ayuda tuvieron menos probabilidad de estar en remisión a los tres años y más probabilidad de recaer después. Entre las que sí estaban en remisión a los tres años, recayeron más las que bebían más, veían menos su consumo como un problema, tenían menos autoeficacia y usaban más el afrontamiento evitativo (Moos y Moos, 2006).

    La depresión y la baja autoeficacia son las señales de alarma más consistentes. Un metaanálisis de 61 estudios y 18.693 personas tratadas en programas residenciales encontró que quienes recayeron tenían puntajes de depresión mucho más altos y menor autoeficacia; el apoyo de pares, una mayor duración del tratamiento y las intervenciones de adherencia se asociaron con mejores resultados (Naeem, Rasheed y Ali, 2026). Si notas que el ánimo cae, eso va al plan como situación de alto riesgo, aunque no haya ningún trago cerca.

    La autoeficacia no es una actitud: es un mecanismo. En un ensayo con 262 adultos que salían de un tratamiento ambulatorio intensivo, el seguimiento telefónico redujo el consumo de alcohol a través de la mejora en la autoeficacia para afrontar situaciones de alto riesgo (Brincks et al., 2024). Cada situación de riesgo que superas con un plan te deja, literalmente, con más probabilidades de superar la siguiente.

    El apoyo social protege, y el conflicto expone. Es uno de los resultados más estables de la revisión de Sliedrecht et al. (2019), y coincide con el peso de los conflictos interpersonales en la taxonomía de Marlatt. Si vives con alguien que consume, o la relación en la casa está muy tensa, el plan necesita una sección sobre eso. Hay una guía para familiares de personas con adicción que puede leer quien te acompaña.

    El craving se puede entrenar, aunque el efecto sea modesto. Un metaanálisis de 9 ensayos de MBRP no encontró diferencias significativas en recaída frente a otros tratamientos, pero sí efectos pequeños a favor del mindfulness en craving y en consecuencias negativas del consumo, con evidencia de baja calidad (Grant et al., 2017). Merece un lugar en el plan, no todo el plan.

    Cómo escribir tu plan de prevención de recaídas: ejercicios paso a paso

    Un plan de prevención de recaídas es un documento corto, escrito a mano o impreso, que responde de antemano a las preguntas que en el momento de crisis no se pueden pensar. Marlatt lo llamaba “mapa de ruta de la recaída”: el análisis de cada situación de riesgo con las decisiones que llevan a consumir y las que llevan a no hacerlo (Larimer et al., 1999). Estas son las siete secciones que recomiendo, y son las mismas de la plantilla descargable.

    1. Mis razones

    Tres o cuatro motivos concretos para mantenerte. No “mi salud”, sino “poder ir a buscar a mi hija al colegio sin que me mire raro”. Es lo primero que se lee en un momento de riesgo.

    2. Mis situaciones de alto riesgo

    Las tres o cuatro que concentran tu riesgo, con detalle: lugar, personas, hora, estado de ánimo. Usa la tabla de categorías de arriba como guía y las técnicas de reconstrucción y automonitoreo.

    3. Señales de que me estoy acercando

    Aquí van las decisiones aparentemente irrelevantes y los cambios de rutina que preceden a un consumo: dejar de ir al gimnasio, aislarte, discutir más, dormir mal, “pasar por casualidad” por ciertos lugares. Quien te acompaña también puede aportar señales que tú no ves.

    4. Qué voy a hacer en cada situación

    Para cada situación de la sección 2, una respuesta conductual (irme, no ir, llamar) y una cognitiva (qué me voy a decir). Ensáyala en voz alta. Un plan que solo dice “resistir” no es un plan.

    5. A quién llamo

    Dos o tres personas con nombre y teléfono, en orden. Y un recurso profesional: tu terapeuta, un centro, o la línea 1412 en Chile (más abajo).

    6. Si tengo un desliz

    Tu protocolo de las primeras 24 horas (siguiente sección) y la frase de reemplazo del EVA escrita con tus palabras.

    7. Mi estilo de vida

    Qué actividades “quiero” vas a proteger cada semana, y cuál va a ser tu “adicción positiva”. Aquí es donde entra el ejercicio, la meditación o lo que te haga bien de forma sostenida.

    Descarga la plantilla: Plan de prevención de recaídas en PDF (2 páginas, para imprimir y completar). Es un documento de trabajo, no un test: no tiene puntaje ni interpretación. Llévalo a tu próxima sesión o compártelo con la persona que te acompaña.

    Qué hacer en las primeras 24 horas después de un desliz

    El modelo incluye el manejo del desliz como una habilidad más, y propone acordarlo de antemano con el terapeuta: limitar la extensión del consumo, contactar cuanto antes y analizar la situación en vez de la persona (Larimer et al., 1999). En términos prácticos:

    1. Parar el episodio. Salir del lugar, deshacerse de lo que quede, no “terminar lo que empecé”.
    2. Avisar a alguien dentro del mismo día. La vergüenza empuja a esconderlo, y esconderlo es el atajo a la recaída.
    3. Responder las dos preguntas de la tarjeta (qué pasó exactamente, qué habría necesitado) por escrito.
    4. Volver a la rutina al día siguiente: comer, dormir, la actividad de la sección 7. La atribución situacional se demuestra con conducta, no solo con frases.
    5. Agregar la situación al plan. Un desliz es la mejor fuente de información que existe sobre tu sección 2.

    Si el desliz se repite en pocos días, o si el consumo fue de una cantidad que te asusta, eso ya no es manejo de un desliz: es momento de retomar o intensificar el tratamiento.

    Mindfulness y prevención de recaídas: surfear la urgencia

    La prevención de recaídas basada en mindfulness (MBRP) nació en el propio grupo de Marlatt y combina el modelo cognitivo-conductual con prácticas de atención plena. La lógica es que gran parte del consumo es una reacción automática a un malestar, y que entrenar la capacidad de observar el antojo o la emoción sin actuar de inmediato abre el espacio para elegir. Bowen y colaboradores (2014) atribuyen justamente a eso la ventaja de la MBRP a los 12 meses: una mayor capacidad de tolerar la incomodidad del craving y del ánimo negativo.

    Con los datos en la mano, la conclusión razonable es que el mindfulness es un complemento útil, no un sustituto de las habilidades concretas. Si te interesa empezar, hay una introducción práctica al mindfulness en este mismo sitio. Y “surfear la urgencia”, la técnica de observar el antojo como una ola, se puede practicar desde el primer día sin ninguna formación previa.

    Cuándo buscar ayuda profesional (y qué hay en Chile)

    La prevención de recaídas se aprende mejor con un terapeuta que sola, entre otras cosas porque la reestructuración del EVA y el ensayo de las respuestas de afrontamiento son difíciles de hacer con uno mismo. Conviene pedir ayuda, o retomarla, si:

    • Tuviste un desliz y no pudiste contenerlo en 24 horas, o se repitió en la misma semana.
    • Notas que el ánimo lleva semanas bajo, duermes mal o te aislaste. La depresión es el predictor de recaída más consistente en los estudios.
    • Tus situaciones de alto riesgo son inevitables (vives o trabajas con gente que consume) y no tienes respuestas ensayadas para ellas.
    • Nunca has tenido tratamiento y llevas un tiempo “controlándolo” por tu cuenta. Los datos de Moos y Moos (2006) sobre la remisión sin ayuda son claros.
    • Hay síntomas físicos al dejar de consumir (temblor, sudoración, ansiedad intensa, alucinaciones). Eso requiere evaluación médica, no solo psicológica.

    En Chile, el Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas, tanto para quien consume como para su familia. Para saber qué cubre el sistema público y cómo se accede, está la guía sobre el GES y el tratamiento de alcohol y drogas en Chile. Y si todavía no tienes claro si tu consumo es un problema, el test AUDIT de alcohol y la guía sobre qué es la adicción son un buen punto de partida. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos resume el consenso científico sobre por qué el tratamiento debe incluir estrategias de prevención de recaídas y por qué recaer no significa que el tratamiento fracasó.

    Preguntas frecuentes sobre la prevención de recaídas

    ¿Cuál es la diferencia entre un desliz y una recaída?

    Un desliz es el primer consumo después de un período de abstinencia: un episodio aislado. Una recaída es volver al patrón de consumo anterior o abandonar la meta. En el modelo de Marlatt la diferencia importa porque lo que decide si un desliz escala a recaída es la reacción que sigue, no el consumo en sí.

    ¿Qué es el efecto de violación de la abstinencia?

    Es la reacción de culpa y autoatribución que sigue a un desliz cuando la persona se había comprometido con no consumir. Si concluye “no tengo remedio” (atribución interna, estable y global), es probable que abandone la meta; si concluye “me faltó un plan para esta situación”, el desliz se convierte en aprendizaje.

    ¿Cuáles son las situaciones de alto riesgo más frecuentes?

    En los análisis de Marlatt, los estados emocionales negativos (rabia, ansiedad, tristeza, aburrimiento) y los conflictos interpersonales precedieron a más de la mitad de las recaídas, y la presión social a más de un 20 %. Cada persona tiene, además, dos o tres situaciones propias que se descubren reconstruyendo consumos anteriores.

    ¿Funciona la prevención de recaídas?

    Sí. Un metaanálisis de 26 estudios la encontró eficaz, sobre todo para el alcohol y combinada con medicación (Irvin et al., 1999). Como terapia de continuidad tras un tratamiento, redujo el riesgo de recaída a los seis meses frente al tratamiento habitual en un ensayo con 286 personas (Bowen et al., 2014).

    ¿Qué debe tener un plan de prevención de recaídas?

    Razones concretas para mantenerse, las situaciones de alto riesgo personales, las señales tempranas de acercamiento, una respuesta ensayada para cada situación, personas y recursos a quienes llamar, un protocolo para las primeras 24 horas tras un desliz y un compromiso con el estilo de vida. La plantilla de este artículo sigue esa estructura.

    ¿Sirve el mindfulness para prevenir recaídas?

    Como complemento, sí. En un ensayo, la prevención de recaídas basada en mindfulness mostró menos consumo al año que la versión clásica y el tratamiento habitual (Bowen et al., 2014), pero un metaanálisis de 9 ensayos solo encontró efectos pequeños en craving y consecuencias del consumo, sin diferencias claras en recaída (Grant et al., 2017).

    Un plan escrito hoy vale más que la fuerza de voluntad del viernes

    La recaída no es un rayo: es una secuencia con partes reconocibles, y cada parte tiene una herramienta. Identificar las situaciones de riesgo, ensayar qué hacer en ellas, cuidar el ánimo y el estilo de vida, y tener escrito de antemano cómo reaccionar a un desliz. Eso es la prevención de recaídas, y es lo que distingue a la gente que se mantiene de la que vuelve a empezar de cero cada pocos meses.

    Si quieres armar tu plan con un profesional, revisar uno que ya tienes o entender por qué las últimas recaídas se repiten en el mismo lugar, puedes agendar una consulta. Trabajamos en línea, con el modelo que acabas de leer y adaptado a tus situaciones concretas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bowen, S., Witkiewitz, K., Clifasefi, S. L., Grow, J., Chawla, N., Hsu, S. H., Carroll, H. A., Harrop, E., Collins, S. E., Lustyk, M. K., & Larimer, M. E. (2014). Relative efficacy of mindfulness-based relapse prevention, standard relapse prevention, and treatment as usual for substance use disorders: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 71(5), 547-556. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.4546

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    Grant, S., Colaiaco, B., Motala, A., Shanman, R., Booth, M., Sorbero, M., & Hempel, S. (2017). Mindfulness-based relapse prevention for substance use disorders: A systematic review and meta-analysis. Journal of Addiction Medicine, 11(5), 386-396. https://doi.org/10.1097/ADM.0000000000000338

    Hendershot, C. S., Witkiewitz, K., George, W. H., & Marlatt, G. A. (2011). Relapse prevention for addictive behaviors. Substance Abuse Treatment, Prevention, and Policy, 6, 17. https://doi.org/10.1186/1747-597X-6-17

    Irvin, J. E., Bowers, C. A., Dunn, M. E., & Wang, M. C. (1999). Efficacy of relapse prevention: A meta-analytic review. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 67(4), 563-570. https://doi.org/10.1037/0022-006X.67.4.563

    Larimer, M. E., Palmer, R. S., & Marlatt, G. A. (1999). Relapse prevention: An overview of Marlatt’s cognitive-behavioral model. Alcohol Research & Health, 23(2), 151-160. PMID: 10890810. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6760427/

    Magill, M., Ray, L., Kiluk, B., Hoadley, A., Bernstein, M., Tonigan, J. S., & Carroll, K. (2019). A meta-analysis of cognitive-behavioral therapy for alcohol or other drug use disorders: Treatment efficacy by contrast condition. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 87(12), 1093-1105. https://doi.org/10.1037/ccp0000447

    Marlatt, G. A., & Gordon, J. R. (Eds.). (1985). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. Guilford Press.

    Moos, R. H., & Moos, B. S. (2006). Rates and predictors of relapse after natural and treated remission from alcohol use disorders. Addiction, 101(2), 212-222. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2006.01310.x

    Naeem, S., Rasheed, A., & Ali, H. (2026). Risk and protective factors for relapse after residential substance use treatment: A systematic review and meta-analysis. BMC Psychiatry, 26, 676. https://doi.org/10.1186/s12888-026-08330-4

    Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol [SENDA]. (2023). 1412: Fono Drogas del SENDA atiende consultas y orienta a personas afectadas por el consumo de alcohol y otras drogas las 24 horas de manera confidencial y gratuita. https://www.senda.gob.cl/noticia/1412-fono-drogas-del-senda-atiende-consultas-y-orienta-a-personas-afectadas-por-el-consumo-de-alcohol-y-otras-drogas-las-24-horas-de-manera-confidencial-y-gratuita/

    Sliedrecht, W., de Waart, R., Witkiewitz, K., & Roozen, H. G. (2019). Alcohol use disorder relapse factors: A systematic review. Psychiatry Research, 278, 97-115. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2019.05.038

    Witkiewitz, K., & Marlatt, G. A. (2004). Relapse prevention for alcohol and drug problems: That was Zen, this is Tao. American Psychologist, 59(4), 224-235. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.4.224

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Qué es el craving y cómo se maneja

    Qué es el craving y cómo se maneja

    Imagina que llevas semanas sin beber o sin consumir, y una tarde cualquiera el cuerpo te exige la sustancia con una urgencia que parece no tener salida. Eso tiene nombre. Qué es el craving: es el deseo intenso de consumir droga o alcohol, y el DSM-5 lo incluye como uno de los criterios para diagnosticar un trastorno por consumo de sustancias (Vafaie y Kober, 2022). Sube, llega a un punto máximo y baja. Se puede aprender a atravesarlo sin consumir, y más abajo verás cómo, con lo que la investigación respalda de cada técnica y con sus límites.

    Respuesta corta: el craving es el deseo intenso y difícil de controlar de consumir, que suele dispararse ante señales asociadas al consumo (lugares, personas, emociones, el propio objeto). Predice el consumo posterior, pero no lo vuelve inevitable. Ayudan registrar cuándo aparece, cambiar el entorno, esperar antes de decidir, aprender a observar la urgencia sin obedecerla y recibir apoyo profesional.

    ¿Qué es el craving en las adicciones?

    En las adicciones, el craving es un deseo intenso, urgente y difícil de controlar de consumir una sustancia o de repetir una conducta adictiva. Combina pensamientos, emociones y sensaciones corporales, y se activa sobre todo ante señales ligadas al consumo. En el modelo cognitivo-conductual se entiende como una respuesta compleja ante esas señales, que interrumpe el pensamiento normal y activa mucho el cuerpo (Graña y Muñoz-Rivas, 2013).

    Es un concepto más difícil de medir de lo que parece. Una revisión clásica concluyó que no existe una medida perfecta del craving, que el análisis se centra en el autoinforme y que la forma de definirlo rara vez recibe suficiente atención (Sayette et al., 2000). Por eso en investigación y en consulta se complementa lo que la persona cuenta con otros datos, como el momento en que ocurre y qué lo precede.

    ¿Por qué aparece el craving?

    Hay dos mecanismos que se repiten en los manuales de terapia cognitivo-conductual (Graña y Muñoz-Rivas, 2013):

    • Aprendizaje por asociación. Los lugares donde se consumía, la gente, el dinero en la mano, cierta hora del día o emociones como la frustración y la soledad se convierten en señales. Con el tiempo, encontrarse con la señal activa el deseo casi de inmediato.
    • Alivio del malestar. Cuando la sustancia calma la ansiedad o la irritabilidad, el cerebro aprende que consumir es una salida. La próxima vez que aparece ese malestar, el deseo viene con él.

    A esto se suma lo que describe Norman Doidge (2007) sobre el “querer” y el “gustar”. Con el consumo repetido el cerebro necesita cada vez más sustancia para sentir placer, pero los circuitos del deseo se sensibilizan y se disparan con estímulos cada vez menores. Por eso una persona puede sentir un craving enorme por algo que ya casi no disfruta.

    Un estudio con diarios electrónicos en 114 personas con consumo de cocaína y heroína siguió lo que ocurría en las cinco horas previas al deseo y al consumo (Epstein et al., 2009). En ese lapso la mayoría de los doce desencadenantes registrados iba aumentando de forma gradual, y el consumo de cocaína se asoció con claridad a “ver la droga”. El craving suele tener señales que se pueden detectar antes de que llegue a su punto más alto, y eso sirve para anticiparse.

    ¿Cuánto dura un episodio de craving?

    La investigación que revisamos no entrega una cifra que se pueda prometer. Los abstracts de la investigación que revisamos no dan una duración en minutos, y las cifras que circulan en internet suelen venir de reglas prácticas, no de mediciones. Lo que sí se sabe es que el craving tiene un carácter limitado en el tiempo y que fluctúa según la persona y el entorno (Serre et al., 2015).

    En la práctica clínica se usa una imagen: el craving es como una ola que se forma, alcanza una cresta y rompe. Y hay una regla concreta, el contrato de demora, que consiste en acordar esperar al menos 20 minutos antes de actuar mientras se hace otra cosa (Graña y Muñoz-Rivas, 2013). Da un tiempo razonable para que baje la urgencia sin tomar la decisión en el peor momento, aunque no mide cuánto dura el craving.

    ¿El craving predice la recaída?

    Sí, y con bastante consistencia. Un metaanálisis de 237 estudios con más de 51.000 participantes encontró que las señales de consumo y el craving se asociaban con más consumo y recaída después (OR 2,05; IC 95 % 1,94-2,15). Tras corregir por sesgo de publicación, la asociación baja a un OR de 1,31, más modesta pero presente (Vafaie y Kober, 2022). Las asociaciones más fuertes aparecieron con el craving provocado por señales y con mediciones tomadas el mismo día.

    Una revisión de 91 estudios con registros en la vida diaria halló que el 92 % mostraba relación entre craving y consumo, y que el craving predice mejor la recaída cuanto más cerca del consumo se mide (Serre et al., 2015). Ojo con un matiz: el 73 % de esos estudios era con fumadores, así que no todo se extiende por igual a otras sustancias.

    En un estudio con 100 personas en tratamiento ambulatorio, quienes reportaron un aumento del craving tenían unas 14 veces más probabilidad de reportar una recaída en el registro siguiente (Moore et al., 2014). El mismo estudio mostró algo útil para la práctica: quienes afrontaban con distracción y desconexión tenían más riesgo cuando el craving subía, y quienes lo afrontaban con aceptación tenían menos.

    Que el craving prediga la recaída no quiere decir que la cause por sí solo. Es una señal de alarma que se puede leer a tiempo.

    ¿Cómo controlar el craving?

    Ninguna técnica promete eliminar el deseo, y varias tienen un respaldo de investigación más débil de lo que se suele contar. Esta tabla resume lo que se sabe de cada una:

    Técnica Qué haces Qué respaldo tiene
    Registro de situaciones de alto riesgo Anotas cada vez que aparece el deseo: hora, lugar, intensidad (por ejemplo de 1 a 7), estado emocional y qué lo disparó Herramienta estándar de la terapia cognitivo-conductual (Graña y Muñoz-Rivas, 2013); aquí no encontramos un ensayo que la pruebe sola
    Control de estímulos Sacas de casa el alcohol o la parafernalia, cambias rutas y, en los primeros meses, entregas el manejo del dinero a una persona de confianza Parte de los programas de prevención de recaídas (Cox et al., 2013; Graña y Muñoz-Rivas, 2013)
    Demora y respuesta alternativa Esperas 20 minutos y haces algo incompatible con consumir (caminar, llamar a alguien, cambiar de lugar) Regla de la terapia cognitivo-conductual; ojo con la distracción como única herramienta (Moore et al., 2014)
    Observar la urgencia sin obedecerla Ubicas dónde sientes el deseo en el cuerpo, lo describes con detalle y lo dejas pasar sin pelear ni ceder Se enseña dentro de la prevención de recaídas basada en mindfulness; evidencia prometedora, de calidad baja
    Ejercicio físico Una sesión breve de actividad aeróbica cuando sube el deseo Resultados mixtos, ver más abajo

    El registro y el control de estímulos

    El registro convierte un impulso que se vive como imprevisto en un mapa de vulnerabilidades. Con esa información se detectan las decisiones aparentemente inocentes que acercan al riesgo (por ejemplo, volver del trabajo por la calle donde se compraba) y se planifica cómo responder antes de estar en el pico del deseo (Graña y Muñoz-Rivas, 2013). El control de estímulos hace lo mismo sobre el entorno: reduce la exposición a las señales mientras la abstinencia se consolida.

    Esperar antes de decidir

    El contrato de demora es sencillo y exigente a la vez: te comprometes a esperar 20 minutos haciendo algo distinto, sin prometer abstinencia para siempre. Funciona porque separa el deseo de la acción. Úsalo junto con las otras herramientas, no solo. En el estudio de Moore et al. (2014), la distracción y la desconexión como único recurso se asoció con más riesgo de recaída, así que conviene acompañarla de otras estrategias como la aceptación.

    Observar el deseo sin obedecerlo (urge surfing)

    La técnica, ideada por Marlatt y Gordon (1985), consiste en tratar el deseo como una ola. Ubicas en qué parte del cuerpo lo sientes (presión en el pecho, nudo en el estómago, tensión en las manos), lo describes con detalle sin calificarlo de “insoportable” y lo acompañas mientras sube y baja. Lo que se busca es no alimentarlo con pensamientos justificadores ni pelear contra él. La terapia de aceptación y compromiso trabaja una idea parecida: dejar que el impulso esté presente mientras las manos y los pies se dirigen hacia lo que a la persona le importa (Hayes et al., 2012).

    La evidencia sobre estas prácticas es prometedora pero no concluyente:

    • En un ensayo con 286 personas después de un tratamiento por consumo, la prevención de recaídas basada en mindfulness y la cognitivo-conductual redujeron el riesgo de recaída frente al tratamiento habitual a los 6 meses, y a los 12 meses la primera tuvo menos días de consumo que las otras dos (Bowen et al., 2014).
    • Un metaanálisis de 9 ensayos no encontró diferencias en recaída (OR 0,72; IC 95 % 0,46-1,13) y sí un efecto pequeño sobre el craving (diferencia estandarizada de -0,13), con calidad de evidencia baja (Grant et al., 2017).
    • Otro metaanálisis de 17 ensayos estimó una reducción mayor del craving (diferencia estandarizada de -0,70), pero con una inconsistencia muy alta entre estudios, riesgo de sesgo elevado y calidad baja, de modo que sus autores no pueden afirmar que el efecto sea medio o grande (Demina et al., 2023).
    • En 196 adultos tratados con buprenorfina, un grupo de mindfulness no cambió el consumo de opioides frente a un grupo de apoyo, pero redujo más el craving residual (Schuman-Olivier et al., 2025).

    ¿Y el ejercicio?

    Un metaanálisis en red de 44 ensayos con 3.198 personas encontró que el ejercicio multicomponente y el aeróbico eran los que más reducían el craving frente al control, con diferencias según el tipo de sustancia (Li et al., 2026). Una revisión de 6 estudios en jóvenes de 18 a 29 años con consumo problemático de alcohol halló que una sola sesión breve se asociaba a una reducción moderada del craving, con evidencia limitada y a corto plazo (Sampedro-Piquero et al., 2026). Un ensayo hospitalario con 46 adultos que dejaban el cannabis no halló que 35 minutos diarios de bicicleta redujeran el craving más que unos estiramientos suaves (Mills et al., 2026). Sirve probarlo, y conviene no esperar que funcione igual en todos.

    ¿Qué tratamientos ayudan cuando el craving es frecuente?

    Cuando el craving es intenso o frecuente, lo habitual es combinar psicoterapia y, según la sustancia, medicación. La terapia cognitivo-conductual y la prevención de recaídas trabajan el registro, el control de estímulos y las habilidades de afrontamiento que viste arriba. Para el alcohol existen fármacos que un médico puede indicar: un metaanálisis de 64 ensayos encontró que la naltrexona tenía el mayor efecto para reducir el consumo excesivo y el craving, y el acamprosato para mantener la abstinencia (Maisel et al., 2013). Son medicamentos que requieren evaluación médica, y no sirven para lo mismo.

    Sobre las demás sustancias y sobre cuánto tarda en bajar el craving en los primeros meses de abstinencia, los estudios que revisamos no dan una respuesta que se pueda citar con seguridad.

    ¿Qué hacer si el craving aparece y consumes igual?

    Un consumo puntual no cancela el proceso. El modelo de Marlatt y Gordon (1985) describe el efecto de violación de la abstinencia: la culpa y la sensación de haber fracasado alimentan un craving todavía más fuerte y empujan a pasar del tropiezo a la recaída completa. Lo útil en ese momento es parar, anotar qué pasó y retomar el plan. Para el caso del alcohol, la guía de cómo dejar de beber alcohol ayuda a armar ese plan.

    Cuándo pedir ayuda y qué hay en Chile

    Conviene pedir ayuda cuando el craving aparece con frecuencia, cuando has intentado dejar el consumo y no lo logras, o cuando ya hubo recaídas. Si estás pensando en dejar el alcohol o las benzodiacepinas de golpe, antes conviene hablar con un médico, que puede evaluar si la suspensión necesita supervisión.

    SENDA ofrece orientación gratuita por el Fono Drogas y Alcohol 1412, que atiende de lunes a domingo de 8:00 a 20:00 horas y recibe también a familiares (SENDA). Un CESFAM o un médico general es el punto de partida para una evaluación. En menores de 20 años el GES cubre el consumo perjudicial y la dependencia de alcohol y otras drogas; para adultos no hay garantía GES para estos cuadros, y lo detallamos en GES y consumo de drogas en adultos. Si junto con el malestar aparecen ideas de hacerte daño, puedes llamar a la Línea Prevención del Suicidio (asterisco 4141 desde un celular) o al SAMU (131).

    Si acompañas a alguien que vive estos episodios, la guía del programa CRAFT para familias ordena qué decir y qué evitar. Para ver el cuadro completo del tema, está qué es la adicción. Si lo que te interesa es la práctica de observar sensaciones sin reaccionar, parte por mindfulness.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué significa craving?

    Craving es el deseo intenso, urgente y difícil de controlar de consumir una sustancia (alcohol, tabaco, drogas) o repetir una conducta adictiva. Combina pensamientos, emociones y sensaciones del cuerpo, y se dispara ante señales asociadas al consumo. El DSM-5 lo incluye entre los criterios para diagnosticar un trastorno por consumo de sustancias.

    ¿Cuánto dura un craving?

    No existe una cifra que la investigación respalde. Sí se sabe que es un episodio limitado en el tiempo, que fluctúa según la persona y las circunstancias, y que se parece a una ola: sube, llega a un pico y baja. En terapia se usa la regla de esperar al menos 20 minutos antes de actuar, haciendo otra cosa mientras tanto.

    ¿Cómo controlar el craving en el momento?

    Reconoce que es un episodio de craving, sal del lugar de riesgo si puedes, espera 20 minutos antes de decidir y haz algo incompatible con consumir, como caminar o llamar a alguien. Ubica dónde lo sientes en el cuerpo y obsérvalo sin pelear ni ceder. Después anota qué lo disparó para anticiparte la próxima vez.

    ¿El mindfulness o el ejercicio sirven contra el craving?

    Pueden ayudar, con evidencia todavía limitada. Los metaanálisis de mindfulness muestran un efecto pequeño o incierto sobre el craving, de calidad baja, y los de ejercicio muestran reducciones en varios estudios, con resultados mixtos según la sustancia. Funcionan dentro de un plan que incluya terapia y apoyo, y no reemplazan a ese plan.

    ¿Qué hago si siento craving y consumo igual?

    Un consumo puntual no equivale a una recaída total. La culpa suele empeorar el craving, así que lo que ayuda es parar, anotar qué pasó y retomar el plan con apoyo profesional. Hablar con tu terapeuta o tu médico pronto, sin esperar al próximo episodio, evita que el tropiezo se alargue.

    Un siguiente paso

    Si el craving se repite y quieres ordenar qué lo dispara, qué situaciones evitar y qué plan de apoyo te sirve, una evaluación psicológica es un buen punto de partida. Si además hay alcohol o benzodiacepinas de por medio, empieza por la consulta médica. Puedes agendar una consulta y partir por esa conversación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bowen, S., Witkiewitz, K., Clifasefi, S. L., Grow, J., Chawla, N., Hsu, S. H., Carroll, H. A., Harrop, E., Collins, S. E., Lustyk, M. K., & Larimer, M. E. (2014). Relative efficacy of mindfulness-based relapse prevention, standard relapse prevention, and treatment as usual for substance use disorders: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 71(5), 547-556. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.4546

    Cox, W. M., Calamari, J. E., & Langley, M. (2013). Habilidades de afrontamiento para la conducta de beber y asesoramiento motivacional sistemático. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 83-120). Siglo XXI de España Editores.

    Demina, A., Petit, B., Meille, V., & Trojak, B. (2023). Mindfulness interventions for craving reduction in substance use disorders and behavioral addictions: Systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. BMC Neuroscience, 24(1), 55. https://doi.org/10.1186/s12868-023-00821-4

    Doidge, N. (2007). The brain that changes itself: Stories of personal triumph from the frontiers of brain science. Viking Penguin.

    Epstein, D. H., Willner-Reid, J., Vahabzadeh, M., Mezghanni, M., Lin, J.-L., & Preston, K. L. (2009). Real-time electronic diary reports of cue exposure and mood in the hours before cocaine and heroin craving and use. Archives of General Psychiatry, 66(1), 88-94. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2008.509

    Graña Gómez, J. L., & Muñoz-Rivas, M. J. (2013). Tratamiento cognitivo-conductual de la adicción a la heroína y a la cocaína. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 161-194). Siglo XXI de España Editores.

    Grant, S., Colaiaco, B., Motala, A., Shanman, R., Booth, M., Sorbero, M., & Hempel, S. (2017). Mindfulness-based relapse prevention for substance use disorders: A systematic review and meta-analysis. Journal of Addiction Medicine, 11(5), 386-396. https://doi.org/10.1097/adm.0000000000000338

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.

    Li, H., Chen, B., Shao, S., Zhang, J., & Shi, Z. (2026). Comparative effects of different types of exercise interventions on addictive craving, negative affect, and cognitive function in substance use disorder: A substance-subgroup stratified network meta-analysis. Frontiers in Psychiatry, 17, Article 1899323. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1899323

    Maisel, N. C., Blodgett, J. C., Wilbourne, P. L., Humphreys, K., & Finney, J. W. (2013). Meta-analysis of naltrexone and acamprosate for treating alcohol use disorders: When are these medications most helpful? Addiction, 108(2), 275-293. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2012.04054.x

    Marlatt, G. A., & Gordon, J. R. (Eds.). (1985). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. Guilford Press.

    Mills, L., Rooney, K., McCartney, D., Murnion, B., Arnold, J. C., Bhardwaj, A., Haber, P. S., Arkell, T., Richards, E., McGregor, I. S., & Lintzeris, N. (2026). The effect of daily aerobic cycling exercise on cannabis withdrawal: An inpatient randomised controlled trial. Scientific Reports, 16(1), 9527. https://doi.org/10.1038/s41598-026-40468-9

    Moore, T. M., Seavey, A., Ritter, K., McNulty, J. K., Gordon, K. C., & Stuart, G. L. (2014). Ecological momentary assessment of the effects of craving and affect on risk for relapse during substance abuse treatment. Psychology of Addictive Behaviors, 28(2), 619-624. https://doi.org/10.1037/a0034127

    Sampedro-Piquero, P., Cordellat-Marzal, A., Dragotti, M., Mandolesi, L., Gigliotta, O., & Moreno-Fernández, R. D. (2026). Acute effects of brief exercise on alcohol craving among young adults with problematic alcohol use: A systematic review. European Journal of Sport Science, 26(10), e70258. https://doi.org/10.1002/ejsc.70258

    Sayette, M. A., Shiffman, S., Tiffany, S. T., Niaura, R. S., Martin, C. S., & Shadel, W. G. (2000). The measurement of drug craving. Addiction, 95(Suppl. 2), S189-S210. https://doi.org/10.1080/09652140050111762

    Schuman-Olivier, Z., Goodman, H., Rosansky, J., Fredericksen, A. K., Barria, J., Parry, G., Sokol, R., Gardiner, P., Lê Cook, B., & Weiss, R. D. (2025). Mindfulness training vs recovery support for opioid use, craving, and anxiety during buprenorphine treatment: A randomized clinical trial. JAMA Network Open, 8(1), e2454950. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2024.54950

    Serre, F., Fatseas, M., Swendsen, J., & Auriacombe, M. (2015). Ecological momentary assessment in the investigation of craving and substance use in daily life: A systematic review. Drug and Alcohol Dependence, 148, 1-20. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2014.12.024

    Vafaie, N., & Kober, H. (2022). Association of drug cues and craving with drug use and relapse: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 79(7), 641-650. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2022.1240

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y bienestar emocional. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Dejar de Fumar: Qué Aporta la Psicología (y Cuánto Sube la Tasa de Éxito)

    Dejar de Fumar: Qué Aporta la Psicología (y Cuánto Sube la Tasa de Éxito)

    Si ya intentaste dejar de fumar y volviste, estás en la mayoría. En Chile, la mitad de las personas que fuman trató de dejarlo por su cuenta en el último año, sin conseguirlo.

    Lo que casi nadie sabe es cuánto cambia la probabilidad de éxito cuando dejar de fumar se aborda con psicología: no con fuerza de voluntad, sino con un plan que trabaja el hábito, la dependencia física y las recaídas por separado.

    Aquí vas a ver las cifras reales de cada método (sin ayuda, con consejo breve, con terapia, con fármacos y combinando las dos cosas), qué hace exactamente un psicólogo en un tratamiento del tabaquismo y por qué la ansiedad de las primeras semanas es más corta de lo que parece.

    Más abajo hay un test de Fagerström interactivo, de seis preguntas, que te dice en menos de un minuto cuánta dependencia física tienes a la nicotina. Conviene leer primero qué significa ese número, porque de él depende si te basta con un plan conductual o si vale la pena sumar un tratamiento farmacológico.

    Respuesta directa: sin ningún tratamiento, solo 3 a 5 de cada 100 personas que dejan de fumar siguen sin fumar a los 6-12 meses. El apoyo psicológico (counselling conductual) sube esa probabilidad en torno a un 40-60 % en términos relativos, y combinar apoyo psicológico con fármacos casi la duplica frente al consejo breve.

    La psicología aporta el plan, el manejo de las situaciones de riesgo y la prevención de recaídas; los fármacos alivian la abstinencia física.

    ¿Por qué es tan difícil dejar de fumar por tu cuenta?

    Porque fumar sostiene dos dependencias a la vez. Una es física: la nicotina llega al cerebro en segundos y el cuerpo la reclama cuando baja. La otra es de hábito: cada cigarrillo está pegado a una situación (el café, la pausa del trabajo, el auto, la sobremesa), y esas situaciones siguen ahí cuando el cigarrillo desaparece. Un intento sin plan ataca la primera dependencia con voluntad y deja la segunda intacta.

    Lo que dicen las cifras

    Las cifras lo confirman. Una revisión de las curvas de recaída de fumadores sin tratamiento encontró que solo un 3-5 % de quienes dejan de fumar por su cuenta siguen abstinentes a los 6-12 meses, y que la mayor parte de las recaídas ocurre en los primeros 8 días (Hughes et al., 2004). Ocho días. Ese es el tramo donde la abstinencia física pega más fuerte y donde un plan hace más diferencia.

    El problema en Chile

    En Chile el problema es grande y el deseo de dejarlo también. Según el informe de consumo de tabaco de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, un 32,5 % de las personas de 15 años o más fuma (36,7 % de los hombres y 28,5 % de las mujeres), unas 4,7 millones de personas; un 22,3 % de quienes fuman tiene dependencia alta (fuma su primer cigarrillo antes de 60 minutos de despertar), y un 49,8 % intentó dejar el cigarrillo en los últimos doce meses (Ministerio de Salud de Chile, 2018).

    La mitad de los fumadores del país lo intenta cada año. Casi nadie lo logra solo.

    El abandono por etapas

    Becoña (2013) describe el abandono del tabaco como un proceso por etapas, no como una decisión de un día.

    Siguiendo el modelo transteórico de Prochaska y DiClemente, una persona pasa por precontemplación (no ve un problema), contemplación (lo piensa, busca información), preparación (piensa hacerlo el mes que viene), acción y mantenimiento; y se considera que está en mantenimiento recién a partir del sexto mes sin fumar (pp. 124-125).

    Saber en qué etapa estás cambia lo que conviene hacer: a alguien en contemplación no le sirve una fecha para dejarlo; le sirve resolver la ambivalencia.

    ¿Cuánto sube la tasa de éxito al dejar de fumar con psicología?

    Bastante, y con evidencia de la mejor calidad que hay. El overview Cochrane de 2021, que reunió 33 revisiones y 312 ensayos con más de 250.000 participantes, encontró evidencia de certeza alta de que el counselling conductual aumenta la probabilidad de estar sin fumar a los 6 meses (OR 1,44), con o sin fármacos y sin señales de daño (Hartmann-Boyce et al., 2021).

    Más contactos, más largos y durante más tiempo tienden a mejorar el resultado, aunque el intervalo de esa ganancia extra incluye la posibilidad de que no haya diferencia.

    Con apoyo individual

    Cuando el apoyo es individual y cara a cara, una revisión Cochrane de 49 ensayos encontró que el counselling individual sube la abstinencia a 6 o más meses frente al consejo breve o el material de autoayuda (RR 1,57 sin fármacos; 11.100 participantes), y que el counselling más intensivo supera al breve (RR 1,29) (Lancaster y Stead, 2017).

    Con terapia de reemplazo de nicotina de por medio, el beneficio adicional del counselling es menor (RR 1,24), pero sigue existiendo.

    Fármacos más apoyo conductual

    Y cuando se juntan las dos cosas, el salto es mayor. Una revisión Cochrane de 52 estudios con 19.488 participantes encontró que combinar farmacoterapia con apoyo conductual casi duplica la abstinencia frente a la atención habitual o el consejo breve (RR 1,83; evidencia de alta calidad).

    El apoyo típico en esos estudios fueron entre 4 y 8 sesiones con un especialista en cesación (Stead et al., 2016).

    Los programas psicológicos multicomponentes, que veremos en la sección siguiente, tienen registros propios.

    Becoña (2013) reporta que las técnicas conductuales eficaces logran entre un 60 y un 90 % de abstinencia al terminar el tratamiento y que en los buenos programas se mantiene un 40-50 % al año de seguimiento (p. 132); su propio programa, aplicado en Santiago de Compostela, obtuvo entre un 38 y un 54 % de abstinencia al año en distintos estudios, frente a 0-6 % en los grupos de control sin tratamiento (pp. 136-137).

    Método Qué dice la evidencia Fuente
    Sin ayuda 3-5 % siguen sin fumar a los 6-12 meses Hughes et al., 2004
    Consejo breve Recomendación fuerte de la guía chilena; es el piso, no el techo Corvalán et al., 2017
    Counselling conductual OR 1,44 a los 6 meses (certeza alta); individual RR 1,57 Hartmann-Boyce et al., 2021; Lancaster y Stead, 2017
    Fármacos solos Vareniclina, citisina o TRN combinada: 7-8 exfumadores más por cada 100 tratados Lindson et al., 2023
    Fármacos + apoyo conductual RR 1,83 frente a atención habitual o consejo breve Stead et al., 2016
    Programa multicomponente 40-50 % sin fumar al año en programas clínicos Becoña, 2013

    Un dato más, porque suele sorprender: los incentivos económicos (dinero o vales por mantenerse sin fumar) también funcionan. Una revisión Cochrane de 39 estudios con 18.303 participantes encontró que suben la abstinencia a 6 o más meses (RR 1,52; certeza alta) (Notley et al., 2025). No es magia: es la misma lógica del depósito monetario que los programas conductuales usan desde los años ochenta.

    ¿Qué hace un psicólogo en un tratamiento psicológico del tabaquismo?

    Arma un programa por fases y te entrena para cada una. Becoña (2013) lo divide en tres: preparación (subir la motivación y el compromiso, conocer tu propia conducta de fumar), abandono (aplicar las técnicas que dejan el cigarrillo) y mantenimiento (sostener la abstinencia y prevenir recaídas) (pp. 132-133).

    El tratamiento psicológico del tabaquismo con mejor relación costo-eficacia es este tipo de programa multicomponente, y en el modelo de Becoña dura un máximo de seis semanas, una sesión por semana, en formato individual o grupal (pp. 136-137).

    Lo que pasa dentro de esas sesiones es concreto:

    • Autorregistro. Anotas cada cigarrillo, la hora y la situación. Parece trivial y tiene dos efectos: baja el consumo por sí solo y muestra el mapa de tus situaciones de riesgo. Becoña señala que no llevar el registro, o hacerlo a saltos, predice un mal resultado (p. 127).
    • Reducción gradual de nicotina. Cambiar a una marca con un 30 % menos de nicotina cada semana, fumar un tercio menos de cada cigarrillo, no aceptar cigarrillos ofrecidos, inhalar menos profundo y llevar el cigarrillo a la boca solo para fumarlo (pp. 140-144). El cuerpo se va desacostumbrando antes del día en que dejas de fumar.
    • Control de estímulos. Elegir tres situaciones en las que ya no vas a fumar esta semana, retrasar el primer cigarrillo de la mañana al menos 15 minutos, avisar a tu gente que vas a dejarlo en los próximos 30 días (p. 144). Cada cigarrillo que despegas de su situación es una recaída menos después.
    • Manejo de la abstinencia. Agua, menos café y alcohol, ejercicio, respiraciones lentas en vez de un cigarrillo, chicle sin azúcar, algo en la mano, y hacer las cosas que venías postergando (cuadro 3.5, p. 144).
    • Autoeficacia. La convicción de que puedes hacerlo, medida al final del tratamiento, predice de forma sistemática quién sigue sin fumar a largo plazo (Bandura, 1977, citado en Becoña, 2013, p. 127). Por eso el programa avanza en pasos que se cumplen, no en promesas grandes.
    • Prevención de recaídas. Reconocer las tentaciones, saber qué hacer con ellas, y entender la diferencia entre una caída (un cigarrillo) y una recaída (volver al consumo anterior) (pp. 148-149). Lo veremos más abajo.

    Si te suena a terapia cognitivo-conductual, es porque lo es: estas técnicas nacieron en la terapia de conducta de los años sesenta y setenta y se completaron en los ochenta con la prevención de recaídas de Marlatt y Gordon (Becoña, 2013, p. 132).

    ¿Qué mide el test de Fagerström y para qué sirve?

    Mide la dependencia física a la nicotina, con seis preguntas, en un puntaje de 0 a 10.

    El Test de Fagerström de Dependencia de la Nicotina (FTND) es la versión revisada del cuestionario original de 1978: Heatherton, Kozlowski, Frecker y Fagerström (1991) compararon cada ítem con medidas bioquímicas de consumo en 254 fumadores, quitaron los dos ítems que no se relacionaban con ellas y reponderaron el tiempo hasta el primer cigarrillo y los cigarrillos al día.

    Es el instrumento de dependencia más extendido (se ha aplicado en muchos países con muestras amplias; Becoña, 2013, p. 127), es de uso libre y tiene validaciones en español (Arias-Gallegos et al., 2018).

    Becoña lo sitúa entre los instrumentos más útiles de la evaluación, junto con el autorregistro y las escalas de autoeficacia (pp. 125-127).

    ¿Para qué sirve el número? Para decidir el tratamiento. A mayor dependencia física, más síndrome de abstinencia al dejarlo y más ganancia con un fármaco que lo alivie: ya en los estudios clásicos con chicle de nicotina, quienes puntuaban más alto en el cuestionario de Fagerström eran quienes más se beneficiaban de él (Becoña, 2013, p. 127).

    Un puntaje bajo, en cambio, dice que lo que te tiene fumando es sobre todo el hábito, y ahí el peso del tratamiento cae en lo conductual.

    Ahora sí: responde pensando en una semana normal, no en tu mejor ni en tu peor día. No hay respuestas buenas o malas, solo un número que te orienta.

    Test de Fagerström: ¿cuánta dependencia física a la nicotina tienes?

    Seis preguntas sobre cómo fumas, no sobre cuánto quieres dejarlo. Responde pensando en una semana normal. Toma menos de un minuto y el resultado se calcula aquí mismo, sin enviar nada a ningún servidor.

    0 de 6 respondidas

    Instrumento: Test de Fagerström de Dependencia de la Nicotina (FTND; Heatherton, Kozlowski, Frecker y Fagerström, 1991), de uso libre, con la clasificación estándar en cinco niveles que se usa en la literatura clínica. Mide la dependencia física (cuánto necesita tu cuerpo la nicotina), no la psicológica ni el hábito. Es una orientación, no un diagnóstico: la evaluación completa la hace un profesional.

    ¿Fármacos o psicología para dejar de fumar? Las dos cosas

    La respuesta más honesta es que se necesitan una a la otra.

    Un metaanálisis en red Cochrane de 319 ensayos con 157.179 participantes ordenó los fármacos por eficacia: vareniclina (OR 2,33), citisina (OR 2,21) y los cigarrillos electrónicos con nicotina (OR 2,37) son los que más suben la abstinencia (unos 7-8 exfumadores adicionales por cada 100 personas tratadas), seguidos por la terapia de reemplazo de nicotina combinada (parche más una forma rápida, OR 1,93); el parche solo, la forma rápida sola y el bupropión añaden 2-3 por cada 100; y los efectos adversos graves fueron bajos, en torno al 3 % (Lindson et al., 2023).

    Esos fármacos los indica un médico, no un psicólogo, y en Chile hay dónde pedirlos. La Guía de Práctica Clínica para el Tratamiento del Tabaquismo recomienda con fuerza el consejo breve para toda persona que fuma, las intervenciones por celular y mensajes de texto, y la terapia de reemplazo de nicotina, el bupropión y la vareniclina para quien tiene indicación y quiere dejarlo (Corvalán et al., 2017).

    La misma guía describe el modelo de la consulta: fijar un «Día D» (el primer día sin fumar) dentro del mes siguiente e ir postergando cada cigarrillo 10 minutos hasta entonces.

    Y hay una línea gratuita, Salud Responde (600 360 7777), que es el número impreso en las cajetillas.

    El fármaco rinde más dentro de un programa

    Lo que la evidencia dice una y otra vez es que el fármaco rinde más dentro de un programa.

    Becoña (2013) lo resumía así ya en los años noventa: el tratamiento especializado de primera elección es un programa psicológico multicomponente; el chicle y el parche ayudan, pero dentro de ese programa, y el modo adecuado de usarlos es junto a un procedimiento conductual, formal o de autoayuda (p. 135).

    Dos décadas de revisiones Cochrane no han cambiado esa conclusión.

    Las políticas públicas

    Las políticas públicas también cuentan. Un estudio con datos de SENDA siguió a una pseudocohorte de 17.905 fumadores chilenos nacidos entre 1982 y 1991, entre 2002 y 2016, y encontró que cada punto adicional del índice de políticas de control del tabaco (impuestos, espacios libres de humo, advertencias, control de publicidad) se asoció a un 14 % más de tendencia a dejar de fumar (Dominguez-Cancino et al., 2024).

    Dejar de fumar es una decisión personal en un entorno que la hace más o menos fácil.

    ¿Qué pasa con la ansiedad, el ánimo y la abstinencia cuando dejas de fumar?

    Suben en las primeras dos semanas y después bajan por debajo de donde estaban. Es una de las cosas que más cuesta creer, porque mucha gente fuma «para calmarse», y el alivio que sienten es real: es el alivio de la abstinencia que el propio cigarrillo produce.

    MedlinePlus describe que los síntomas de abstinencia (irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse, hambre, sueño alterado) son más intensos en los primeros días y ceden en unas pocas semanas.

    Después de las dos primeras semanas

    Después viene lo interesante. Una revisión sistemática con metaanálisis de 26 estudios longitudinales comparó a quienes dejaron de fumar con quienes siguieron fumando, entre siete semanas y nueve años después, y encontró que la ansiedad, la depresión y el estrés bajaron en los que lo dejaron, mientras que la calidad de vida psicológica y el afecto positivo subieron; el tamaño del efecto fue igual en personas con y sin trastornos psiquiátricos, y los autores lo describen como igual o mayor al de un antidepresivo (Taylor et al., 2014).

    Dejar de fumar no te vuelve más ansioso: te lo parece durante dos semanas y luego te deja menos ansioso de lo que estabas.

    Depresión, ansiedad o enfermedad mental grave

    Esto importa especialmente si vives con depresión, ansiedad o una enfermedad mental grave, donde el tabaquismo es más frecuente y más difícil de dejar.

    En el programa de ensayos SCIMITAR del Reino Unido, una intervención de cesación hecha a medida para personas con enfermedad mental grave mantuvo tasas de abandono más altas a los 12 meses (OR 1,67) (Gilbody et al., 2021). Se puede, y el ánimo mejora al hacerlo.

    ¿Cómo evitar la recaída una vez que dejaste de fumar?

    Distinguiendo una caída de una recaída, y preparando las situaciones de riesgo antes de que lleguen. Becoña (2013) insiste en enseñar esa distinción con ejemplos, porque muchos fumadores creen que un cigarrillo lo echa todo a perder; entender que un «desliz» es un cigarrillo, y que puede quedarse ahí sin volver al consumo de antes, es lo que permite que no se convierta en recaída (p. 149).

    La recaída, además, no ocurre solo en los primeros seis meses: se ha registrado, con menos intensidad, hasta cinco años después del tratamiento, y por eso el modelo de Prochaska la considera parte esperable de un ciclo, no un fracaso (pp. 152-153).

    Ahora, un matiz que conviene saber. Una revisión Cochrane de 81 estudios con 69.094 participantes evaluó qué pasa cuando las técnicas de prevención de recaídas (reconocer situaciones de riesgo y afrontarlas) se aplican como módulo aparte a personas que ya dejaron de fumar: no encontró un beneficio claro (RR 0,98 en abstinentes que dejaron con ayuda).

    Lo que sí ayudó a sostener la abstinencia fue prolongar la vareniclina (RR 1,23) y usar terapia de reemplazo de nicotina en quienes dejaron sin ayuda (RR 1,24) (Livingstone-Banks et al., 2019).

    La lectura práctica: la prevención de recaídas rinde cuando está integrada desde el principio en el programa, con las situaciones de riesgo de cada persona, y no como un curso de repaso después.

    Situaciones de riesgo para planificar

    Las situaciones de riesgo más típicas que conviene planificar: que te ofrezcan un cigarrillo (Becoña la señala como una de las principales causas de recaída, p. 141), el alcohol, el estrés sostenido y las ganas de «probar uno» a los meses, cuando ya no te acuerdas de lo difícil que fue. Para cada una, una respuesta ensayada antes.

    ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

    Cuando ya lo intentaste solo y recaíste, cuando el test de Fagerström te dio 5 o más, o cuando fumas para manejar la ansiedad o el ánimo bajo. En cualquiera de esos casos, un intento más a pulso tiene las mismas probabilidades que el anterior, y un plan con apoyo psicológico, coordinado con tu médico para el tratamiento farmacológico, las multiplica.

    Si además el consumo de tabaco viene junto con alcohol u otras sustancias, vale la pena mirarlo en conjunto: qué es la adicción explica cómo se evalúa.

    Un psicólogo no te va a decir que dejes de fumar. Eso ya lo sabes. Lo que hace es armar contigo el programa (autorregistro, reducción gradual, control de situaciones, manejo de la abstinencia, prevención de recaídas), ajustarlo a tu puntaje de dependencia y a tu etapa de cambio, y acompañar las seis semanas donde se decide la mayor parte del resultado.

    Si quieres empezar por ahí, puedes agendar una consulta.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura la ansiedad al dejar de fumar?

    Los síntomas de abstinencia (ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse) son más intensos en los primeros días y ceden en unas pocas semanas. A mediano plazo la ansiedad baja: un metaanálisis de 26 estudios encontró menos ansiedad, depresión y estrés en quienes dejaron de fumar que en quienes siguieron fumando (Taylor et al., 2014).

    ¿Cuál es la probabilidad de dejar de fumar sin ayuda?

    Baja: entre un 3 y un 5 % de quienes lo intentan por su cuenta siguen sin fumar a los 6-12 meses, y la mayoría de las recaídas ocurre en los primeros 8 días (Hughes et al., 2004). Con apoyo conductual la probabilidad sube (OR 1,44) y con apoyo conductual más fármacos casi se duplica (RR 1,83).

    ¿Qué es el test de Fagerström y cómo se interpreta?

    Es un cuestionario de seis preguntas que mide la dependencia física a la nicotina en un puntaje de 0 a 10 (Heatherton et al., 1991). La clasificación estándar es: 0-2 muy baja, 3-4 baja, 5 moderada, 6-7 alta y 8-10 muy alta. A mayor puntaje, más útil resulta sumar un tratamiento farmacológico al plan psicológico.

    ¿Se puede dejar de fumar solo con psicólogo, sin fármacos?

    Sí, sobre todo con dependencia física baja. El counselling individual sin fármacos sube la abstinencia a 6 o más meses frente al consejo breve (RR 1,57), y los programas multicomponentes logran un 40-50 % de abstinencia al año (Lancaster y Stead, 2017; Becoña, 2013). Con dependencia alta, combinar con fármacos mejora el resultado.

    ¿Qué tratamiento es el más efectivo para dejar de fumar?

    La combinación de fármacos con apoyo conductual: casi duplica la abstinencia frente al consejo breve (RR 1,83; Stead et al., 2016). Entre los fármacos, vareniclina, citisina y la terapia de reemplazo de nicotina combinada son los que más suben la tasa de éxito, con 7-8 exfumadores adicionales por cada 100 tratados (Lindson et al., 2023).

    ¿Qué pasa si fumo un cigarrillo después de haber dejado?

    Es una caída, no una recaída. La recaída es volver al consumo de antes; un cigarrillo aislado puede quedarse en eso si tienes un plan para lo que viene después (Becoña, 2013). Lo importante es no usar ese cigarrillo como prueba de que fallaste: la mayoría de quienes dejan de fumar de forma definitiva pasaron antes por varios intentos.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arias-Gallegos, W. L., Huamani-Cahua, J. C., & Choque-Vera, R. (2018). Análisis psicométrico del test de Fagerström de dependencia a la nicotina en una muestra de estudiantes universitarios de Arequipa, Perú. Acta Médica Peruana, 35(3). https://doi.org/10.35663/amp.2018.353.618

    Becoña, E. (2013). Tratamiento del tabaquismo. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 2, pp. 123-160). Siglo XXI.

    Corvalán, M. P., Véjar, L., Bambs, C., Pavié, J., Zagolin, M., & Cerda, J. (2017). Guías de práctica clínica para el tratamiento del tabaquismo, Chile 2017. Revista Médica de Chile, 145(11), 1471-1479. https://doi.org/10.4067/s0034-98872017001101471

    Dominguez-Cancino, K. A., Martínez, P., & Nazif-Muñoz, J. I. (2024). Tobacco policies and changes in the tendency of smoking cessation in cigarette users in Chile: A longitudinal cross-sectional study. BMJ Open, 14(5), e085248. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-085248

    Gilbody, S., Peckham, E., Bailey, D., Arundel, C., Heron, P., Crosland, S., Fairhurst, C., Hewitt, C., Li, J., & members of the SCIMITAR+ collaborative. (2021). Smoking cessation in severe mental illness: Combined long-term quit rates from the UK SCIMITAR trials programme. The British Journal of Psychiatry, 218(2), 95-97. https://doi.org/10.1192/bjp.2019.192

    Hartmann-Boyce, J., Livingstone-Banks, J., Ordóñez-Mena, J. M., Fanshawe, T. R., Lindson, N., Freeman, S. C., Sutton, A. J., Theodoulou, A., & Aveyard, P. (2021). Behavioural interventions for smoking cessation: An overview and network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2021(1), CD013229. https://doi.org/10.1002/14651858.CD013229.pub2

    Heatherton, T. F., Kozlowski, L. T., Frecker, R. C., & Fagerström, K.-O. (1991). The Fagerström Test for Nicotine Dependence: A revision of the Fagerström Tolerance Questionnaire. British Journal of Addiction, 86(9), 1119-1127. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.1991.tb01879.x

    Hughes, J. R., Keely, J., & Naud, S. (2004). Shape of the relapse curve and long-term abstinence among untreated smokers. Addiction, 99(1), 29-38. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2004.00540.x

    Lancaster, T., & Stead, L. F. (2017). Individual behavioural counselling for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2017(3), CD001292. https://doi.org/10.1002/14651858.CD001292.pub3

    Lindson, N., Theodoulou, A., Ordóñez-Mena, J. M., Fanshawe, T. R., Sutton, A. J., Livingstone-Banks, J., Hajizadeh, A., Zhu, S., Aveyard, P., Freeman, S. C., Agrawal, S., & Hartmann-Boyce, J. (2023). Pharmacological and electronic cigarette interventions for smoking cessation in adults: Component network meta-analyses. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(9), CD015226. https://doi.org/10.1002/14651858.CD015226.pub2

    Livingstone-Banks, J., Norris, E., Hartmann-Boyce, J., West, R., Jarvis, M., Chubb, E., & Hajek, P. (2019). Relapse prevention interventions for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019(10), CD003999. https://doi.org/10.1002/14651858.CD003999.pub6

    Ministerio de Salud de Chile. (2018). Encuesta Nacional de Salud 2016-2017: Informe consumo de tabaco. Departamento de Epidemiología, División de Planificación Sanitaria. https://www.eligenofumar.cl/wp-content/uploads/2015/04/Informe-ENS-2016-17-Consumo-de-Tabaco.pdf

    Notley, C., Gentry, S., Livingstone-Banks, J., Bauld, L., Perera, R., Conde, M., & Hartmann-Boyce, J. (2025). Incentives for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2025(1), CD004307. https://doi.org/10.1002/14651858.CD004307.pub7

    Stead, L. F., Koilpillai, P., Fanshawe, T. R., & Lancaster, T. (2016). Combined pharmacotherapy and behavioural interventions for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(3), CD008286. https://doi.org/10.1002/14651858.CD008286.pub3

    Taylor, G., McNeill, A., Girling, A., Farley, A., Lindson-Hawley, N., & Aveyard, P. (2014). Change in mental health after smoking cessation: Systematic review and meta-analysis. BMJ, 348, g1151. https://doi.org/10.1136/bmj.g1151

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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