Anorexia en hombres: síntomas y por qué cuesta detectarla

Pintura impresionista de dos hombres lijando una tabla en un taller de carpintería, ilustración de la anorexia en hombres

Imagina a un hombre de 27 años que deja de comer pan, después el arroz, después casi todo lo que no sea pollo y verdura. Entrena seis días a la semana, se mide los brazos con una cinta y pesa la comida. Baja de peso y los amigos le dicen que está en forma. Nadie piensa en un trastorno, porque la anorexia en hombres casi no existe en la idea que la mayoría tenemos de la enfermedad: se la asocia con adolescentes mujeres, y punto.

Si llegaste aquí por un hijo, una pareja, un amigo o por ti, esta guía responde cuántos hombres la tienen, cómo se ve, por qué se escapa de la consulta, qué señales mirar y qué se sabe del tratamiento. Es un tema donde la investigación es escasa, y el texto va marcando en qué puntos.

En breve: la anorexia nerviosa existe en hombres con los mismos criterios diagnósticos que en mujeres, pero suele verse distinta: más búsqueda de músculo, ejercicio que no se suspende, dietas rígidas “limpias” y camuflaje del cuerpo. Es menos frecuente (0,2 % de los hombres a lo largo de la vida, frente a 1,4 % de las mujeres) y se detecta tarde, porque los criterios, los cuestionarios y el estereotipo se pensaron para ellas. En hombres hay poca investigación sobre tratamiento, así que se aplica lo que se sabe del resto de las personas. Consultar antes evita llegar con el cuadro ya instalado.

¿Existe la anorexia en hombres y cuántos la tienen?

Sí existe, aunque es menos frecuente. Una revisión de 2024 estima una prevalencia de por vida de 0,2 % para la anorexia nerviosa en hombres y de 1,4 % en mujeres (Halbeisen et al., 2024). Con todos los trastornos alimentarios juntos, un metaanálisis de 94 estudios dio 2,2 % de los hombres y 8,4 % de las mujeres a lo largo de la vida (Galmiche et al., 2019).

Fuera de las clínicas, las cifras se acercan. En una encuesta nacional de Estados Unidos con 9.282 personas, la anorexia a lo largo de la vida fue de 0,3 % en hombres y 0,9 % en mujeres (Hudson et al., 2007). Y un estudio con 2.122 gemelos finlandeses halló una prevalencia de 0,24 % y una incidencia de 15,7 casos por 100.000 personas al año en el tramo de mayor riesgo, entre los 10 y los 24 años. Todos los hombres con diagnóstico se habían recuperado cuando se les evaluó, pero con bastante comorbilidad psiquiátrica. Los autores concluyen que en la comunidad la anorexia masculina es más común y más transitoria de lo que se pensaba (Raevuori et al., 2009).

Lo que ninguna de estas cifras dice es cuántos casos se pierden. Una revisión narrativa señala que estudiar a los hombres es difícil por las bajas frecuencias, por los sistemas de clasificación pensados en femenino y por la falta de instrumentos adecuados (Mitchison y Mond, 2015). Cuando el termómetro está calibrado para otro cuerpo, se subestima lo que mide, y eso alcanza a todos los TCA en hombres, de los cuales la anorexia es uno.

¿Cómo se llama la anorexia en hombres?

Se llama igual: anorexia nerviosa. El DSM-5 usa los mismos criterios para ambos sexos (American Psychiatric Association, 2013): restricción de la ingesta que lleva a un peso bajo, miedo intenso a engordar o conductas que impiden ganar peso, y una vivencia alterada del propio cuerpo. El DSM-5 sacó además la exigencia de amenorrea que traía el DSM-IV, que por definición dejaba fuera a los hombres, y sus criterios son más neutros respecto del sexo (Raevuori et al., 2014).

“Manorexia” es una palabra de la prensa. No es un diagnóstico clínico y puede sugerir que se trata de otra enfermedad. Si buscas un nombre para describir lo que le pasa a alguien, el término correcto es anorexia nerviosa en hombres (o en varones), y dentro del mapa general entra en los trastornos de la conducta alimentaria. Si quieres ver el cuadro completo, sin foco en el sexo, la guía sobre anorexia nerviosa lo desarrolla.

¿Cómo se ve la anorexia en un hombre?

El núcleo del cuadro es el mismo: restricción, miedo a engordar y un cuerpo que se ve distinto de como es (Fairburn, 2008). Lo que cambia es el envoltorio. Las revisiones coinciden en que las mujeres suelen buscar delgadez y los hombres, un cuerpo muscular con poca grasa, y en que las presentaciones difieren de forma marcada (Murray et al., 2017; Halbeisen et al., 2024). Esta tabla resume cómo se traduce eso en la vida diaria (Fairburn, 2008; Wilhelm et al., 2012; Nagata et al., 2020).

Rasgo Imagen clásica Cómo suele verse en un hombre
Qué busca Bajar de peso y de volumen Poca grasa y mucha definición; el peso baja igual
Ejercicio Cardio para gastar calorías Pesas y rutinas fijas, también cardio, que no se suspenden ni lesionado ni enfermo
Comida Saltarse comidas, porciones mínimas Dietas hiperproteicas rígidas, fases de “volumen y definición”, alimentos pesados al gramo
Cuerpo Ropa holgada para tapar la delgadez Capas de ropa, medirse bíceps, pecho o abdomen, mirarse al espejo una y otra vez
Sustancias Laxantes, diuréticos Suplementos, creatina, quemadores de grasa y, a veces, esteroides anabólicos

Dos datos de la investigación matizan este retrato. Primero, no todos los síntomas difieren: una revisión no encontró diferencias entre sexos en atracones, vómitos ni uso de laxantes, aunque los hombres puntuaban más bajo en los cuestionarios de síntomas (Raevuori et al., 2014). Segundo, muchos hombres parten de un peso más alto. Esa misma revisión confirmó el antecedente de sobrepeso, y un estudio de 1.009 pacientes graves hospitalizados en París, de los cuales 23 eran hombres, halló que ellos habían tenido más sobrepeso antes de enfermar y que el cuadro empezaba más tarde (Gueguen et al., 2012). Quien baja mucho de peso desde un punto de partida alto recibe felicitaciones antes que preguntas.

¿Por qué pasa desapercibida?

Hay cuatro razones que se refuerzan entre sí.

Los cuestionarios no preguntan lo que importa. Un repaso de la evaluación en varones señala que la mayoría de los instrumentos más usados se desarrollaron y se calibraron en mujeres, y que solo recientemente aparecieron instrumentos propios para hombres (Darcy y Lin, 2012). Lo mismo advierte la revisión alemana de 2024: las herramientas de cribado habituales no recogen los síntomas más frecuentes en ellos (Halbeisen et al., 2024). El SCOFF, por ejemplo, tiene cinco preguntas y ninguna se refiere a la musculatura, al entrenamiento ni a los suplementos. Una revisión pediátrica agrega que existe ya un cuestionario validado para evaluar la alimentación orientada a la musculatura (Nagata et al., 2020), pero es poco conocido fuera de la investigación.

Muchas conductas tienen buena prensa. Entrenar a diario, comer proteína, “cortar” antes del verano, pesar la comida. En un hombre eso se lee fácil como disciplina, y por eso familia y amigos tardan en preocuparse.

El estereotipo funciona también en la consulta. En un estudio cualitativo con diez hombres jóvenes, la idea de que los trastornos alimentarios son un problema femenino llevó primero a que ellos no reconocieran sus propios síntomas. Muchos llegaron a consulta cuando las conductas ya estaban instaladas, y algunos sintieron que los profesionales tardaron en reconocerlos por ser hombres (Räisänen y Hunt, 2014). Es una muestra pequeña, pero describe un mecanismo creíble.

El estigma frena la ayuda. La revisión crítica de Murray y colaboradores concluye que a los hombres se los estigmatiza más y participan menos en el tratamiento (Murray et al., 2017). Pedir ayuda por algo que “es de mujeres” cuesta, y la demora se traduce en llegar peor.

Síntomas y señales de alarma de la anorexia en hombres, para quienes lo rodean

Una señal aislada no hace un trastorno. Lo que merece atención es el conjunto, sostenido en el tiempo y con costo para la vida de la persona. Estas son las que más se repiten en la literatura clínica (Fairburn, 2008; Wilhelm et al., 2012):

  • Baja de peso con dietas cada vez más rígidas: alimentos “prohibidos”, pesar y medir todo, comer despacio y desmenuzando.
  • Evita comer con otros, dice que “ya comió fuera” o cancela asados, cumpleaños y viajes por la comida.
  • Entrena aunque esté enfermo, lesionado o agotado, y se angustia o se siente culpable si se salta una sesión.
  • Siente que solo “se merece” comer si antes quemó calorías.
  • Se revisa el cuerpo con frecuencia (espejo, cinta métrica, pellizcos) o se tapa con varias capas de ropa incluso con calor.
  • Frío intenso, manos y pies fríos, mareo al ponerse de pie, menos fuerza.
  • Menos interés por el sexo y el contacto físico, más irritabilidad y rigidez.
  • Suplementos, creatina o sustancias que esconde.

Si te reconoces en varias de estas, vale la pena una evaluación. Y si el que se reconoce es un hijo adolescente, el siguiente paso es el mismo: consultar.

¿Es anorexia, vigorexia o simple entrenamiento intenso?

Los tres se confunden con facilidad. La vigorexia (dismorfia muscular) es el cuadro vecino: la persona se ve pequeña y débil aunque tenga mucho músculo. Fue descrita en 1993 como anorexia inversa en fisicoculturistas (Pope et al., 1993), y hoy el DSM-5 la ubica como una forma del trastorno dismórfico corporal (American Psychiatric Association, 2013). Hay una guía propia sobre vigorexia si te interesa más ese lado.

La frontera entre ambas es más porosa de lo que parece. Un estudio con 21 hombres con dismorfia muscular y 24 con anorexia encontró muchas similitudes en imagen corporal, alimentación y ejercicio, y las diferencias reflejaban los cuerpos opuestos que cada grupo busca (Murray et al., 2012). Un metaanálisis halló una asociación positiva entre dismorfia muscular y síntomas de trastorno alimentario, con una correlación de 0,36 (Badenes-Ribera et al., 2019). Y una revisión sistemática vio apoyo preliminar a la dismorfia muscular como presentación clínica válida, aunque no alcanzó para decidir si es una variante del trastorno dismórfico corporal o una condición aparte (Cooper et al., 2020).

Anorexia nerviosa Dismorfia muscular Entrenamiento intenso sin trastorno
Meta Bajar de peso o no engordar Ganar músculo y no perder volumen Rendimiento, salud o estética
Cómo se ve el cuerpo Demasiado grande, aunque esté delgado Demasiado pequeño, aunque sea fuerte Con una mirada realista
Dieta Restricción Rígida y alta en proteína, con suplementos Flexible, sin culpa
Si no puede entrenar Angustia, por las calorías Angustia, por el miedo a “perder” músculo Se frustra pero se adapta

Más que cuánto entrena, importa si puede parar. Entrenar lesionado, dejar planes y relaciones por el gimnasio o sentir pánico al saltarse una sesión son señales de que ya hay un problema, aunque el físico se vea “sano” (Wilhelm et al., 2012).

Consecuencias de la anorexia en hombres: ¿qué le hace al cuerpo?

Afecta a todos los sistemas, y en los hombres hay complicaciones que se pasan por alto.

  • Huesos. En un estudio de hombres ingresados por trastornos alimentarios, el 36 % tenía osteopenia y el 26 % osteoporosis en la columna lumbar. Los hombres con anorexia tenían una densidad ósea menor que las mujeres y la caída se asociaba con el peso más bajo alcanzado y con la duración de la enfermedad (Mehler et al., 2008). La osteoporosis se ha considerado tradicionalmente un problema femenino, y por eso conviene preguntarse por ella también en hombres.
  • Hormonas y deseo sexual. La falta de nutrición baja la testosterona, y con ella el deseo, la erección y la fertilidad (Agras y Robinson, 2018).
  • Corazón. Ritmo lento o irregular, presión baja y mareos al ponerse de pie son comunes en el cuadro avanzado (Agras y Robinson, 2018).
  • Mortalidad. Un metaanálisis de 2025 estimó que la anorexia nerviosa tiene la mayor razón de mortalidad de todos los trastornos alimentarios, 5,21 veces la esperada (Krug et al., 2025). En el estudio parisino ya citado, la mortalidad de los hombres fue alta (razón de mortalidad estandarizada de 8,08), con una muestra de solo 23 hombres y un intervalo de confianza amplio. Los tres fallecidos habían abandonado el tratamiento hospitalario (Gueguen et al., 2012).

¿Quiénes tienen más riesgo?

Ser de un grupo de riesgo no significa tener el trastorno, pero ayuda a saber dónde mirar.

  • Deportes con categoría de peso o de apariencia. Una revisión de alcance de 80 estudios halló prevalencias de trastornos alimentarios de hasta 32,5 % en deportistas varones adultos de élite, más altas que en la población general. El factor más repetido fue competir en deportes sensibles al peso. En adolescentes la prevalencia no era mayor, y no había estudios sobre pronóstico ni manejo de estos casos (Karrer et al., 2020).
  • Hombres gays y bisexuales. Una revisión de 2017 concluye que las minorías sexuales muestran más conductas alimentarias desordenadas y que la diferencia es mayor en los hombres (Calzo et al., 2017). Un metaanálisis en adolescentes vio que los varones homosexuales tenían más de cinco veces las probabilidades de purgarse y más del triple de dietar que sus pares heterosexuales (Cao et al., 2023). Esos datos miden conductas alimentarias y dejan fuera el diagnóstico de anorexia.
  • Sobrepeso previo. Aparece de forma repetida en la literatura clínica sobre hombres con anorexia (Raevuori et al., 2014; Gueguen et al., 2012).

Cuando el cuadro llega, suele acompañarse de otros problemas. En el estudio finlandés, los hombres recuperados habían tenido bastante comorbilidad psiquiátrica (Raevuori et al., 2009), y la depresión en hombres tiene sus propias formas de disfrazarse.

¿Qué tratamiento hay y funciona igual en hombres?

Aquí la evidencia es la parte más débil. Una revisión de 18 estudios con 1.129 hombres concluyó que el conocimiento sobre el resultado del tratamiento en varones es escaso, que los resultados son inconclusos y en parte contradictorios, y que no hay evidencia firme de diferencias entre sexos (Strobel et al., 2018). Por eso se aplica lo que se sabe de la anorexia en general:

  • Adolescentes. La terapia familiar tiene el mejor respaldo. En un ensayo con 121 adolescentes, no hubo diferencias en remisión al terminar entre la terapia familiar y la individual, pero a los 6 y 12 meses la familiar fue superior (Lock et al., 2010). Un metaanálisis vio lo mismo, con solo tres estudios que cumplían los criterios estrictos (Couturier et al., 2013).
  • Adultos. Un metaanálisis en red de 16 ensayos halló que ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual en peso ni en síntomas, con confianza baja a muy baja en la evidencia, y que la deserción fue menor con terapia cognitivo-conductual (Solmi et al., 2021). Eso no apunta a una terapia ganadora, y por eso pesan el equipo tratante y que la persona se quede.
  • Hospitalización. Se reserva para la inestabilidad médica; la mayor parte del tratamiento es ambulatorio (NICE, 2017). Tras el alta conviene un seguimiento cercano, sobre todo con la forma restrictiva, bajo peso o mayor edad, como recomiendan los autores del estudio parisino (Gueguen et al., 2012).

Falta, además, algo de ajuste fino. Una revisión pediátrica sostiene que las guías pueden carecer de especificidad para chicos y hombres, y que el tratamiento debería adaptarse a sus preocupaciones, como la musculatura (Nagata et al., 2020). La revisión alemana añade que no se sabe si el tratamiento debería diferir (Halbeisen et al., 2024). En la práctica significa que un clínico atento a ejercicio, suplementos y esteroides trabaja con un cuadro más completo.

¿Cuándo consultar y con quién?

Consulta pronto si hay baja de peso con restricción, ejercicio que no se puede suspender o preocupación constante por el cuerpo, y sobre todo si afecta el trabajo, los estudios o las relaciones. No esperes a que “se vea” enfermo: en un hombre, el aspecto engaña.

Ve a un servicio de urgencias si hay desmayos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, negativa total a comer o beber, o ideas de hacerse daño.

La puerta de entrada puede ser un médico general o un centro de atención primaria, que hace la primera evaluación y deriva (NICE, 2017). El tratamiento lo llevan psicólogos clínicos y psiquiatras con experiencia en trastornos alimentarios; si dudas por quién partir, la guía sobre psicólogo o psiquiatra ayuda. Si quieres una primera evaluación, puedes agendar una consulta. Si el cuadro no calza del todo con lo descrito aquí, la guía sobre anorexia atípica puede aclarar dudas, y la de diferencias entre anorexia y bulimia ordena el resto del mapa. Para información de consenso, hay material de MedlinePlus, de la Asociación Americana de Psiquiatría y del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU..

Preguntas frecuentes

¿Cómo se llama la anorexia en hombres?

Se llama anorexia nerviosa, igual que en mujeres, y se diagnostica con los mismos criterios del DSM-5. “Manorexia” es una palabra de la prensa y no un diagnóstico clínico. Lo que cambia es cómo se ve: más búsqueda de músculo, ejercicio compulsivo y dietas rígidas.

¿Cuántos hombres tienen anorexia?

Una revisión de 2024 estima una prevalencia de por vida de 0,2 % en hombres y de 1,4 % en mujeres. En estudios comunitarios las cifras son algo mayores y el cuadro suele ser más transitorio. Muchos casos se pierden porque los criterios y cuestionarios se pensaron para mujeres.

¿Cuáles son los síntomas de la anorexia en hombres adultos?

Baja de peso con dietas rígidas, evitar comer con otros, entrenar sin parar aunque esté enfermo o lesionado, revisarse el cuerpo con cinta o espejo, taparse con ropa, frío y mareo, menos deseo sexual y suplementos escondidos. El conjunto sostenido importa más que una señal aislada.

¿Por qué la anorexia en hombres se detecta tarde?

Los criterios y cuestionarios se desarrollaron con mujeres, el estereotipo la hace invisible, muchas conductas se leen como disciplina deportiva y el estigma retrasa pedir ayuda. Los hombres suelen llegar a consulta cuando el cuadro ya está instalado, según estudios cualitativos y clínicos.

¿La vigorexia y la anorexia son lo mismo?

No. La vigorexia o dismorfia muscular es la preocupación por verse pequeño y poco musculoso; la anorexia gira en torno al peso y el miedo a engordar. Comparten rasgos como el ejercicio compulsivo y la dieta rígida, se asocian entre sí y pueden coexistir.

¿Tiene tratamiento la anorexia en hombres?

Sí. Se usa lo que funciona en general: terapia familiar en adolescentes y psicoterapia en adultos, con atención médica. En hombres la investigación específica es escasa y no muestra diferencias firmes entre sexos. Un clínico que pregunte por ejercicio y suplementos trabaja mejor.

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Referencias

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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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