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  • Cómo superar la muerte de tu pareja

    Cómo superar la muerte de tu pareja

    Si llegaste buscando «cómo superar la muerte de mi esposo», «la muerte de mi esposa» o «cómo superar la muerte de mi pareja», lo primero es decirte que lo que sientes tiene sentido. Perder a la pareja cambia de golpe la casa, las rutinas, los planes y la idea de quién eres. No existe una forma correcta de atravesarlo ni un plazo que cumplir.

    Esta guía reúne lo que muestran los estudios y los libros de referencia sobre la viudez: qué es esperable sentir, cuánto puede durar, qué pasa con la salud y la soledad, qué ayuda durante el primer año y cuándo conviene pedir ayuda. También sirve si acompañas a alguien que enviudó.

    Puedes leerla entera o ir a la parte que necesites. Si en algún momento aparecen ideas de morir, salta a la sección sobre pedir ayuda.

    Respuesta corta: la muerte de un esposo o de una esposa es una de las pérdidas más estresantes de la vida adulta, y su duelo suele ser intenso y largo. Con el tiempo, la mayoría de las personas se adapta y el dolor agudo baja. Se aprende a vivir con la ausencia, sin dejar de querer ni de recordar, y si el dolor se queda fijo existen tratamientos.

    ¿Por qué perder a la pareja duele distinto?

    Worden (2013) explica que la pareja suele ser a la vez confidente, compañera sexual, socia en las decisiones y en el dinero de la casa, y la persona con quien se repartían las rutinas. Al morir se pierden todos esos papeles al mismo tiempo. Muchas personas viudas descubren meses después cuántas cosas hacía el otro, desde administrar las cuentas hasta cocinar o arreglar la casa.

    También cambia la identidad. Neimeyer (2019) habla del «mundo de presuposiciones», la idea de que la vida es más o menos predecible y justa. La muerte de la pareja la sacude. Describe además dos tareas a la vez: reaprender el mundo (dormir sola, poner un plato menos en la mesa) y reaprenderse a uno mismo, porque quien decía «nosotros» ahora tiene que decir «yo».

    Los datos van en la misma línea. En un seguimiento a 13 meses, 44 viudos, 40 hijos adultos y 36 padres que habían perdido un hijo mostraron los fenómenos centrales del duelo con más frecuencia en los padres, luego en los viudos y por último en los hijos adultos (Middleton et al., 1998).

    En registros suecos, la muerte de un familiar cercano aumentó el riesgo de reacción de estrés, depresión mayor y trastorno por consumo de alcohol, con el mayor aumento tras la muerte de un hijo y el siguiente tras la de un cónyuge (Kendler et al., 2023).

    ¿Qué es normal sentir cuando muere tu esposo o tu esposa?

    Las reacciones son muy variadas, y casi todas tienen nombre en la literatura (Worden, 2013; Neimeyer, 2019):

    • Búsqueda e incredulidad: esperar que abra la puerta al volver, palpar el lado vacío de la cama, creer ver su cara en un desconocido.
    • Rabia: con el fallecido por haberse ido, con los médicos, con Dios o con familiares que parecen «más afortunados».
    • Culpa: repasar los últimos días con frases como «debí llevarlo antes al hospital» o «debí ser más amable».
    • Alivio, sobre todo después de una enfermedad larga o de una relación difícil, y con él una culpa secundaria por sentirlo.
    • Cuerpo: opresión en el pecho, vacío en el estómago, fatiga, sueño interrumpido y poco apetito.

    Una reacción que asusta a muchos es sentir la presencia del fallecido, oír su voz o verlo un instante. En una encuesta a 310 adultos mayores daneses, el 42 % refirió experiencias sensoriales de su pareja fallecida entre 6 y 10 meses después de la muerte. La mayoría las valoró de forma positiva y a menudo las compartió con su familia (Kamp et al., 2023).

    En el seguimiento posterior del mismo grupo, quienes las tuvieron mostraron al inicio más síntomas de duelo prolongado y de soledad, pero solo una minoría superó los puntos de corte y su malestar bajó igual que el de los demás (Kamp et al., 2024).

    Sentir su presencia es una de las reacciones posibles del duelo y no indica por sí sola un trastorno. Hay más sobre esto en la guía sobre sentir la presencia de un ser querido fallecido.

    ¿Cuánto dura el duelo por la muerte de una pareja?

    El plazo varía mucho de una persona a otra. Worden (2013), al recoger estudios de seguimiento, señala que menos de la mitad de las personas viudas había vuelto a su estado previo al cumplirse el primer año, y que la estabilidad y una identidad nueva suelen consolidarse entre los 2 y los 4 años.

    El curso no es una línea recta: hay oleadas de dolor en fechas señaladas que pueden reaparecer años después (Neimeyer, 2019).

    Los estudios que siguen a cónyuges en el tiempo muestran varios caminos. En un seguimiento de 141 cónyuges mayores, un 49 % tuvo un duelo común que baja con el tiempo, un 34 % fue resiliente y un 17 % tuvo un duelo crónico. Este último grupo tuvo más muertes súbitas, menor autoestima y mayor dependencia de la pareja (Ott et al., 2007).

    En una cohorte reclutada desde registros, con 857 cónyuges en duelo, evaluados a los 2, 6 y 11 meses, el 64,4 % tuvo síntomas bajos todo el tiempo, el 20,4 % síntomas moderados y estables, el 8,4 % mejoró desde síntomas elevados y el 6,8 % mantuvo un duelo prolongado. Las proporciones fueron similares en hombres y mujeres (Lundorff et al., 2020).

    Antes de la muerte también hay pistas. En un estudio que siguió a 205 personas desde varios años antes del fallecimiento de su pareja, la resiliencia fue el patrón más frecuente y el duelo crónico se asoció a una dependencia previa de la pareja (Bonanno et al., 2002).

    Sobre el ánimo, una revisión de 22 estudios con metaanálisis estimó una prevalencia de depresión del 38,2 % en las personas viudas durante el primer mes, del 19,4 % entre los 6 y los 12 meses y del 10,5 % entre los 2 y los 5 años. Baja con el tiempo, pero sigue siendo frecuente por lo menos cinco años (Kristiansen et al., 2019).

    Son porcentajes de grupos, no pronósticos personales. Para una mirada más general, revisa la guía sobre cuánto dura un duelo.

    ¿Qué pasa con la salud al enviudar?

    El llamado «efecto viudez» está bien documentado. Un metaanálisis de 15 estudios con más de 2,2 millones de personas encontró un riesgo de muerte 1,41 veces mayor en los primeros seis meses y 1,14 veces después. El aumento fue claro en los hombres (1,23) y no alcanzó significación en las mujeres (1,04), y los autores piden estudiar los mecanismos, sobre todo en ellos (Moon et al., 2011).

    Otro metaanálisis con 123 publicaciones llegó a un riesgo medio de 1,23, también mayor en hombres (1,27) que en mujeres (1,15) (Shor et al., 2012).

    Son riesgos relativos de grupos, y la gran mayoría de las personas viudas no muere antes por eso. Lo útil es cuidarse: mantener los controles médicos, tomar los remedios de siempre y cuidar el sueño y la comida, que es lo primero que se descuida.

    Sobre la salud mental, un metaanálisis de 42 estudios encontró que la depresión afectaba al 40,6 % de las personas viudas cuando se medía con escalas de cribado y al 19,2 % con criterios diagnósticos completos (Blanner Kristiansen et al., 2019). La diferencia importa: tener síntomas elevados no equivale a tener un trastorno.

    Una revisión de alcance de intervenciones en personas mayores viudas señala que casi una de cada cuatro presenta duelo prolongado, deterioro funcional o depresión crónica (Davidow et al., 2022).

    Soledad: la que no se quita con compañía

    Worden (2013), citando a Stroebe, distingue la soledad social (faltan amigos y conocidos) de la soledad emocional (falta la persona con quien se tenía el vínculo íntimo). La compañía ayuda con la primera, pero no reemplaza a la segunda.

    Un seguimiento de 686 adultos mayores, desde 12 años antes hasta 12 años después de la viudez, encontró que más de la mitad sentía soledad emocional después de la pérdida, y que el aumento de esa soledad fue el cambio más común. Un tercio mantuvo un buen funcionamiento en todas las áreas medidas y alrededor del 12 % tuvo dificultades en todas (Szabó et al., 2020).

    En otro estudio con 328 personas de 50 años o más recién viudas, quienes tenían más apoyo, sobre todo de amigos, se sentían menos solas. Aun así, recibir apoyo no cambió la soledad a lo largo del tiempo (Utz et al., 2013).

    Worden (2013) agrega algo que se vive mucho en la práctica: el apoyo es abundante durante el funeral y baja entre los seis meses y el año, justo cuando la persona toma conciencia de lo que significa la ausencia. Si estás en ese punto, avisar que necesitas compañía ahora, y no solo en las primeras semanas, es razonable.

    Muerte repentina de tu esposo o esposa, enfermedad larga o demencia

    La forma de morir cambia la forma de vivir el duelo (Worden, 2013; Neimeyer, 2019):

    • Muerte súbita o inesperada: predominan el shock, la sensación de irrealidad, las imágenes que se repiten y la búsqueda de culpables o de «si hubiera hecho algo distinto». Si hubo violencia o un accidente, revisa la guía sobre duelo traumático.
    • Enfermedad larga: hubo tiempo de despedirse y de ensayar la separación (duelo anticipado), pero también un desgaste enorme como cuidador. Cuando la muerte llega es común sentir alivio, y con él culpa. Sentirlo no resta amor.
    • Demencia: Boss (2025) la describe como una pérdida ambigua: la persona sigue presente, pero ya no es quien era. Quien cuida queda en una especie de «duelo congelado», sin funeral ni reconocimiento. Hay más en las guías sobre pérdida ambigua y duelo congelado.

    La relación previa también pesa. Worden (2013) señala que un matrimonio con mucho afecto y también mucho conflicto sin hablar suele dejar rabia y autorreproche después de la muerte. Permitirte sentir esa rabia no anula el amor que hubo ni te vuelve una mala persona.

    Neimeyer (2019) propone cartas no enviadas al fallecido, que sirven para decir lo que quedó pendiente y no para cerrar la relación de una vez.

    Viudas y viudos: ¿se vive distinto?

    Las diferencias son de estilo para vivir el duelo. Neimeyer (2019) describe un estilo más intuitivo (llorar, hablar, buscar apoyo), más frecuente en mujeres, y otro más instrumental (resolver, hacer trámites, procesar en silencio), más frecuente en hombres. Ninguno es mejor, y muchas personas mezclan los dos.

    En un estudio con 164 personas mayores viudas, las mujeres usaron más el replanteamiento positivo, la distracción activa y la búsqueda de ayuda, y los hombres más estrategias de evitación. Intentar olvidar o calmar el dolor con alcohol aumentó los síntomas de depresión y de rabia, y el consumo de sustancias pesó más en la rabia de los hombres (Carr, 2020).

    Worden (2013) recoge además que los viudos suelen responder mejor a intervenciones que invitan a expresar lo que sienten, y las viudas a las centradas en resolver problemas prácticos: cada grupo recibe lo que su rol habitual le facilita menos.

    Hay un grupo que pasa desapercibido: las parejas no casadas o del mismo sexo. Una revisión sistemática de 13 estudios sobre personas lesbianas, gays, bisexuales y trans que perdieron a su pareja encontró el mismo dolor de perderla, más barreras como la falta de reconocimiento de la relación y problemas legales y económicos adicionales (Bristowe et al., 2016).

    Si tu relación no se conocía o no se reconocía, tu duelo es igual de legítimo, aunque el entorno no lo trate así.

    Cómo superar la muerte de mi esposo o de mi esposa: qué ayuda durante el primer año

    Hay varias líneas con respaldo en los libros y en los estudios, aunque ninguna es una receta.

    Alternar entre el dolor y la vida práctica. El modelo del proceso dual de Stroebe y Schut propone que el duelo sano oscila entre sentir la pérdida (llorar, recordar, extrañar) y ocuparse de lo cotidiano (trámites, aprender cosas nuevas, descansar del dolor). El modelo original planteó que no se trata de hundirse en la pena ni de evitarla de forma rígida (Stroebe y Schut, 1999).

    Una revisión de 22 estudios concluyó que el modelo describe bien la experiencia del duelo, y que las intervenciones basadas en él podrían funcionar mejor que la terapia tradicional, con la salvedad de que falta investigación (Fiore, 2021).

    Retomar tareas y rutinas. Worden (2013) llama adaptaciones externas a asumir los papeles que cumplía la pareja. Aprender a cocinar, a manejar las cuentas o a reparar algo en casa resuelve necesidades y devuelve la sensación de poder con la propia vida. Mantener horarios de comida y de sueño ayuda a que la casa deje de sentirse vacía y caótica.

    Postergar las decisiones irreversibles. Worden (2013) aconseja no vender la casa, no mudarse de ciudad ni regalar todas las pertenencias del fallecido durante la fase aguda del duelo. Esas decisiones suelen nacer del deseo de escapar del dolor y alejan de la red de apoyo y de los recuerdos. Ordenar sus cosas de a poco y a tu ritmo es otra cosa.

    Evitar el alcohol como anestesia. El estudio de Carr (2020) muestra que calmar el dolor con alcohol empeora la rabia y los síntomas depresivos. Si notas que bebes más o necesitas pastillas para dormir todas las noches, es una buena razón para conversarlo con un profesional.

    Buscar a otras personas viudas. Worden (2013) destaca los grupos de pares, como los programas Widow-to-Widow de Silverman, porque entregan validación y normalizan reacciones raras, como sentir la presencia del fallecido. Si tu círculo cambia de tema cuando nombras a tu esposo o esposa, esa necesidad es real.

    Escribir. Neimeyer (2019) sugiere cartas no enviadas, un relato de la pérdida en tercera persona o un cofre con objetos que den continuidad al vínculo. La revisión de Davidow et al. (2022) encontró apoyo para una terapia individual basada en escribir las emociones, con mejoras de corto plazo.

    Terapia. Esa misma revisión identificó 22 estudios de intervenciones para personas mayores viudas, con 13 ensayos aleatorizados. Hubo respaldo para técnicas de atención plena (mindfulness) en grupo, una terapia individual centrada en el sueño, la terapia de duelo complicado en grupo, una intervención de TCC por internet para duelo prolongado y el antidepresivo nortriptilina para la depresión mayor asociada al duelo.

    Los autores subrayan que hay pocos estudios metodológicamente sólidos (Davidow et al., 2022).

    Un ensayo con 110 adultos de unos 51 años probó un programa de autoayuda por internet con guía de un terapeuta. Redujo el duelo (tamaño de efecto grande, d = 0,81), la depresión y la soledad, con resultados que se mantuvieron tres meses.

    Ojo: el 77 % de los participantes estaba separado o divorciado y había pocas personas viudas (Brodbeck et al., 2019). Hay más sobre esta ruta en la guía de terapia de duelo.

    Trámites en Chile: ir por partes

    Tras una muerte llegan los papeles: el certificado de defunción, la herencia, las pensiones. No todo tiene que resolverse la primera semana, y pedir ayuda a un familiar o a un amigo de confianza para esto es una buena idea.

    Dos referencias oficiales de ChileAtiende pueden orientarte. La posesión efectiva de herencias sin testamento se puede pedir en línea en el Registro Civil con ClaveÚnica o en una oficina presencial (ChileAtiende, s.f.-b). Si hubo testamento, el procedimiento es distinto y conviene revisarlo con el detalle de ChileAtiende o con un abogado.

    La pensión de sobrevivencia del sistema de pensiones (AFP) exige, para el cónyuge, haber contraído matrimonio al menos seis meses antes del fallecimiento de quien trabajaba, o tres años antes si ya estaba pensionado (ChileAtiende, s.f.-a). La ficha indica excepciones, por ejemplo cuando hay hijos en común, y otras condiciones. Confirma los requisitos vigentes en ChileAtiende antes de dar nada por hecho.

    Si tienes hijos

    Cuando muere uno de los padres, conviven dos duelos: el tuyo y el de tus hijos. Worden (1996) describe, a partir del estudio de Harvard sobre duelo infantil, que el funcionamiento del progenitor que sobrevive es uno de los predictores más fuertes de cómo se adaptan los hijos. Por eso cuidarte también es cuidar a tus hijos.

    Algunas ideas que se desprenden de los textos de Worden (1996, 2013):

    • Díselo pronto y con palabras claras. Di «murió» y evita frases como «se durmió» o «se fue de viaje», que los niños toman al pie de la letra.
    • Asegúrales que no fue su culpa y responde a lo que les preocupa: quién los va a cuidar y qué pasará con la familia.
    • Mantén las rutinas de colegio, comidas y descanso.
    • No les des el lugar del fallecido. Frases como «ahora tú eres el hombre de la casa» les cargan un peso que bloquea su propio duelo.
    • Llora delante de ellos si te pasa, explicando que extrañas a papá o a mamá. Les enseña que las emociones se pueden sentir.

    Hay ejemplos de frases según la edad en la guía sobre cómo explicarle la muerte a un niño y en la de duelo en adolescentes.

    ¿Y volver a enamorarse?

    Muchas personas viudas sienten culpa cuando vuelven a reír, a salir o a interesarse por alguien. Neimeyer (2019) explica que esa culpa nace de pensar que disfrutar equivale a ser desleal, y que abrirse a una relación nueva no significa amar menos a quien murió. Worden (2013) habla de dar al fallecido un lugar duradero en la memoria para poder seguir viviendo.

    En un seguimiento de 249 viudas y 101 viudos, a los 25 meses de la muerte el 61 % de los hombres y el 19 % de las mujeres se había vuelto a casar o tenía una nueva relación. Ellas expresaban más sentimientos negativos hacia la idea, y el mayor bienestar psicológico se asoció a tener una pareja nueva (Schneider et al., 1996).

    Es un estudio de los años noventa y una asociación, así que no dice que una relación nueva cure el duelo.

    La advertencia de Worden (2013) va en otra dirección: buscar pareja de forma apurada solo para calmar la soledad puede interferir con elaborar el dolor. No hay una fecha correcta ni para empezar ni para esperar.

    Si estás acompañando a una persona viuda

    Ayuda más estar presente que decir lo correcto. Pregunta por su esposo o esposa por su nombre, ofrece ayuda concreta (comidas, trámites, acompañarla a una gestión) y sigue en contacto pasados los meses, porque ahí suele bajar el apoyo (Worden, 2013). La guía sobre qué decirle a alguien en duelo tiene frases que ayudan y las que conviene evitar.

    ¿Cuándo el duelo se vuelve un trastorno?

    La CIE-11 describe el trastorno de duelo prolongado como una respuesta persistente, con anhelo o preocupación constante por el fallecido, que supera las normas culturales del entorno y afecta el funcionamiento. Exige más de seis meses desde la muerte (OMS, 2024).

    El DSM-5-TR pide al menos 12 meses en adultos, síntomas casi todos los días durante el último mes y al menos tres de ocho: sentir que se perdió parte de uno mismo, incredulidad, evitación de recordatorios, dolor emocional intenso, dificultad para reintegrarse a la vida, entumecimiento, sentir que la vida no tiene sentido y soledad intensa (Prigerson et al., 2021).

    Un metaanálisis de 14 estudios estimó una prevalencia de 9,8 % en adultos, con alta variación entre estudios (Lundorff et al., 2017). Entre cónyuges, los datos de arriba van de un 6,8 % a un 17 %, según el estudio.

    Se distingue de la depresión porque el dolor, el anhelo y el aislamiento se centran en la persona fallecida, mientras que en la depresión mayor el desánimo se extiende a casi todo y suele haber una pérdida general de autoestima. Pueden coexistir.

    Para el duelo prolongado existe un tratamiento específico. Szuhany et al. (2021) describen la terapia de duelo complicado, una intervención estructurada que combina trabajo sobre la pérdida y sobre la reconstrucción de la vida. Los fármacos solos no reducen el duelo; se usan cuando hay depresión mayor, ansiedad grave o insomnio.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Consulta si pasan los meses y el dolor no se mueve, si no logras mantener tu trabajo o el cuidado de ti y de tus hijos, si bebes más de lo habitual o dependes de medicamentos para dormir, si la culpa o la rabia ocupan casi todo tu día, o si evitas por completo lugares y objetos que te recuerdan a tu pareja.

    También si el apoyo se acabó y sientes que estás sola en esto. Consultar antes de llegar a esos extremos es válido.

    Pide ayuda con urgencia si piensas en morir o en hacerte daño. Desear reunirte con tu esposo o esposa aparece en muchos duelos y se puede conversar, pero no debe quedarse guardado.

    Si los pensamientos se vuelven concretos, llama de inmediato al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, gratuita y disponible todo el día) o a Salud Responde al 600 360 7777. En una emergencia, llama al 131 o ve a urgencias.

    Más información general en la página de la APA sobre duelo y en MedlinePlus. Para ver el duelo en general, con sus tipos y señales, revisa la guía de duelo y la de cómo superar un duelo. Si perdiste a otro ser querido, mira perder un hijo o perdí a mi papá.

    Lo que todavía no se sabe

    Casi todos los estudios citados vienen de Norteamérica y Europa, y varios se centran en personas mayores. No encontramos estudios chilenos que digan cuánto dura aquí el duelo conyugal ni qué ayuda más en nuestro contexto, y las cifras son promedios de grupos distintos al tuyo.

    La mayor parte de la investigación sobre intervenciones es pequeña. Son pocos los ensayos con personas viudas que comparen terapias entre sí, y el programa de internet citado tuvo una mayoría de participantes separados o divorciados. Por eso esta guía describe lo observado y las orientaciones de Worden y Neimeyer, sin prometer plazos ni resultados.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un esposo?

    El plazo varía de una persona a otra. Los estudios muestran que menos de la mitad de las personas viudas había vuelto a su nivel previo al año, que la estabilidad suele llegar entre los 2 y los 4 años, y que una minoría, entre el 7 % y el 17 % según el estudio, mantiene un duelo prolongado. El dolor suele bajar en intensidad, y el recuerdo sigue presente.

    ¿Cómo superar la muerte de mi esposa o de mi esposo?

    Más que superarla, se aprende a vivir con la ausencia. Ayudan alternar el dolor con tareas prácticas, mantener rutinas, posponer decisiones irreversibles, hablar con otras personas viudas, escribir sobre la pérdida, evitar el alcohol como anestesia y pedir ayuda profesional si el dolor se queda fijo.

    ¿Es normal sentir la presencia o escuchar la voz de mi pareja fallecida?

    Sí. En una encuesta a 310 adultos mayores viudos, el 42 % lo había vivido entre 6 y 10 meses después de la muerte, y la mayoría lo valoró de forma positiva. Por sí sola no indica una enfermedad. Conviene consultar si se acompaña de mucho malestar, miedo o ideas de morir.

    ¿Es normal sentir alivio cuando muere mi pareja?

    Sí, sobre todo tras una enfermedad larga o una relación difícil. El alivio apunta al fin del sufrimiento y del desgaste, y convive con el amor. Suele traer culpa, que se puede conversar con alguien de confianza o con un psicólogo. Sentir alivio y dolor a la vez es habitual.

    ¿Cuándo es normal volver a salir con alguien después de enviudar?

    Cada persona tiene su ritmo. En un estudio de los años noventa, a los 25 meses el 61 % de los viudos y el 19 % de las viudas tenía una nueva relación. Lo importante es que no sea una forma de evitar el dolor y que puedas hacerlo sin sentir que traicionas el recuerdo de tu pareja.

    ¿Qué hago si tengo pensamientos de morir después de perder a mi pareja?

    Cuéntaselo a alguien hoy mismo. Desear reunirte con tu pareja es frecuente en el duelo, pero no debe quedarse guardado. En Chile puedes llamar al *4141, que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si estás en peligro inmediato, llama al 131.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Nadie debería atravesar esto en soledad. Si llevas tiempo cargando solo con el dolor, o sientes que el apoyo a tu alrededor se fue apagando, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas saber qué decir para empezar: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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