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  • Tengo miedo a que mis padres mueran: qué hacer

    Tengo miedo a que mis padres mueran: qué hacer

    Tu mamá no contesta el teléfono y en dos segundos ya la imaginas en el piso de la cocina. Tu papá menciona un mareo y la cabeza arma el resto de la película. O no pasa nada especial: solo se cumplieron años, ves que caminan más lento y te cae encima la idea de que un día ya no estarán.

    Si lo que escribiste en el buscador fue «miedo a que mis padres mueran», esta guía explica por qué aparece ese miedo a perder a tu mamá o a tu papá, qué dice la investigación (que es menos de lo que uno esperaría) y qué ayuda a vivirlo sin que te quite el tiempo que todavía tienen juntos. Se apoya en estudios publicados y en los libros de Worden, Boss, Neimeyer, Clark y Beck y Mikulincer y Shaver.

    Respuesta corta: tener miedo a que tus padres mueran es una reacción muy común y refleja cuánto los quieres. Se vuelve un problema cuando te ocupa la mayor parte del día, te lleva a chequearlos sin parar o te impide disfrutarlos. Ayudan hablar con ellos de lo pendiente, aprender a tolerar la incertidumbre y, si el miedo manda, consultar a un psicólogo.

    ¿Es normal tener miedo a que mis padres mueran?

    Sí. Llámalo miedo a perder a tu mamá, a tu papá o a los dos, o ansiedad por la muerte de tus padres: es una de las formas más frecuentes en que se siente el vínculo cuando uno crece. Cuanto más cercana la relación, más duele imaginar su ausencia. Para muchas personas el miedo aparece o se intensifica al cumplir 30, 40 o 50 años, porque los padres envejecen a la vista.

    Hay un matiz importante. Casi no existen estudios que midan este miedo concreto, el de adultos que temen la muerte futura de padres sanos o con achaques normales. Lo que hay es evidencia cercana: sobre ansiedad ante la muerte, ansiedad por separación en adultos y duelo anticipado en familiares de personas enfermas. Esta guía usa esas fuentes y avisa cuando hay que estirarlas.

    Worden (2013), uno de los autores clínicos más usados en duelo, reserva el término duelo anticipatorio para cuando existe una muerte prevista, por ejemplo tras un diagnóstico terminal. El miedo a que un padre sano muera algún día se parece más a la conciencia de la propia mortalidad y a la ansiedad de separación. Se parece al duelo en el dolor, pero llega antes y sin una muerte prevista.

    ¿Cuánta gente lo siente de forma intensa?

    Ninguna encuesta mide este miedo exacto. Lo más cercano es la ansiedad por separación en adultos, cuyo núcleo es el temor persistente a que algo le pase a las personas más queridas. Una encuesta nacional de Estados Unidos estimó una prevalencia de vida de 6,6 % para la forma adulta, y la mayoría de esos casos empezó pasada la infancia (Shear et al., 2006).

    Son cifras de una entrevista estructurada sin confirmación clínica independiente, y de otro país. Aun así sirven para dos ideas. La primera, que no eres un caso raro. La segunda, que una revisión del grupo de trabajo del DSM-5 concluyó que en adultos esta ansiedad puede ser frecuente, incapacitante y de inicio tardío, por lo que el diagnóstico ya no exige haberlo tenido de niño (Bögels et al., 2013).

    Quien quiera leer más lo encontrará en la guía sobre ansiedad por separación en adultos.

    ¿Por qué tengo miedo a que se mueran mis padres, y por qué ahora?

    Suelen intervenir varias causas a la vez. Los libros y los estudios apuntan a cuatro hilos que se entrelazan.

    El paso generacional. Worden (2013) describe que ver envejecer a los padres quita la barrera protectora de la generación anterior: el hijo adulto queda al frente y se hace consciente de que el próximo paso es la propia muerte. Parte del miedo a perderlos es miedo a lo que su muerte nos dice sobre la nuestra. Es el territorio de la ansiedad existencial y, cuando se intensifica mucho, de la tanatofobia.

    El apego. Mikulincer y Shaver (2007) muestran que en personas con apego ansioso la separación y la muerte se mezclan: en experimentos, recordar una separación activa pensamientos de muerte de inmediato. En esa lógica, la posible muerte de un padre se vive como un abandono definitivo y no solo como un hecho biológico. Si te reconoces en esto, la guía sobre apego ansioso lo desarrolla.

    El hábito de la preocupación. Clark y Beck (2010) explican que la mente ansiosa trata cada señal ambigua (una llamada sin respuesta, un malestar leve) como la antesala de una catástrofe, y exige certeza total para calmarse. Como la certeza total sobre la vida de alguien no existe, la preocupación se renueva sola.

    Una pérdida real cerca. Un diagnóstico en la familia, la muerte de un abuelo o un amigo con padres fallecidos suelen encender el miedo de golpe. A veces es la señal de que hay algo concreto que conviene conversar o planificar.

    ¿Los padres tienen tanto miedo a morir como lo tenemos sus hijos?

    Muchas veces no. En un estudio con pacientes mayores hospitalizados en una sala de geriatría, sin enfermedad terminal, los pacientes puntuaron bajo en la escala de ansiedad ante la muerte (4 de 15). Sus hijos puntuaron más alto para sí mismos (6,9) y todavía más alto cuando respondían por sus padres (8,9) (Sinoff, 2017).

    El autor concluye que los hijos proyectan su propio miedo sobre los padres, y que los mayores temen más el proceso de morir y el sufrimiento que la muerte en sí. Es un solo estudio, en un hospital, así que no vale como regla general. Pero invita a una pregunta útil antes de asumir lo que sienten: ¿les has preguntado a ellos?

    ¿Qué pasa de verdad cuando muere un padre o una madre en la adultez?

    Conviene mirar de frente lo que se teme, porque la imaginación suele ser peor que los datos. La pérdida de un progenitor en la adultez duele, y también tiene un patrón conocido.

    En un seguimiento de 8.865 adultos de Estados Unidos entre 1987 y 1993, la muerte de un padre tuvo más efectos negativos en los hijos hombres que en las hijas, y la de una madre más en las hijas que en los hijos (Marks et al., 2007). Los efectos sobre la salud física se notaron más en los hombres.

    Al mismo tiempo, un estudio longitudinal australiano comparó a 44 viudos, 40 hijos adultos y 36 padres que perdieron un hijo, durante 13 meses. Los fenómenos centrales del duelo fueron más frecuentes en los padres, luego en los viudos y menos en los hijos adultos (Middleton et al., 1998).

    En ese estudio, la de un padre o una madre fue la pérdida con menos intensidad de las tres. Eso no la vuelve fácil, pero ayuda a dimensionarla.

    Hay un factor que pesa mucho: la sorpresa. En un estudio con 77 jóvenes de 16 a 28 años que perdieron un padre por cáncer, el 65 % no esperaba la muerte cuando ocurrió y el 20 % no sabía de ella o se enteró pocas horas antes. Casi tres cuartos reportaron ansiedad de leve a grave (Lundberg et al., 2018).

    Eran voluntarios de grupos de apoyo y una sola medición, pero la idea coincide con otros estudios: lo inesperado complica el duelo.

    Un estudio cualitativo con 15 adultos de 18 a 32 años agrega un matiz humano. Quienes perdieron a un padre en la juventud describieron emociones mezcladas, desafíos propios de su etapa y, a la vez, bastante resiliencia (Porter y Claridge, 2021). Si quieres mirar con más calma cómo se vive esa etapa, están las guías de duelo y de cómo superar un duelo.

    ¿Sufrir por adelantado me prepara o me protege?

    No hay evidencia de que sufrir ahora alivie el duelo después. Una revisión sistemática de estudios con cuidadores encontró que los niveles altos de duelo durante el cuidado y los niveles bajos de preparación para la muerte se asociaban con peor duelo posterior. La idea de que «hacer el duelo antes» ayuda no se confirmó; la preparación alta sí se asoció con mejores resultados (Nielsen et al., 2016).

    Sirve distinguir entre dos cosas que se parecen. Preocuparse en bucle es dar vueltas al peor escenario sin llegar a nada. Prepararse es hacer cosas concretas: conversar, ordenar lo práctico, decir lo pendiente. La primera agota; la segunda es lo que los estudios asocian con un mejor duelo.

    La preparación importa. En 222 cuidadores de personas con demencia, el 23 % dijo no haber estado preparado para la muerte, y esas personas tuvieron más depresión, ansiedad y síntomas de duelo complicado (Hebert et al., 2006). Otro estudio con 122 personas en duelo halló que sentirse sin preparación se asociaba con duelo complicado, aunque los autores lo presentan como preliminar (Barry et al., 2002).

    Ambos trabajos son de familiares de personas enfermas, no de hijos con padres sanos. Se pueden leer como una pista: llegar con las cosas habladas parece ayudar más que llegar con la angustia ensayada.

    ¿Qué hacer con el miedo a perder a mis padres?

    Ninguna de estas ideas se ha probado en ensayos para este miedo concreto. Vienen de libros clínicos de duelo y de ansiedad y de la investigación en cuadros cercanos. Úsalas como un conjunto de pruebas razonables y no como un tratamiento.

    1. Habla con tus padres de lo pendiente

    Worden (2013) y Neimeyer (2019) coinciden en que el tiempo previo a una pérdida sirve para resolver asuntos pendientes: expresar gratitud, pedir perdón, aclarar lo que quedó sin decir. Boss (2025) advierte contra la conspiración del silencio, esa en la que todos evitan el tema para «proteger» al otro y terminan cada uno solo con su miedo.

    Puedes empezar por algo chico: preguntarles por su historia, qué les importa, cómo les gustaría que fueran las cosas si se enferman. Una pregunta abierta como «¿hay algo que te preocupe del futuro?» abre más que un anuncio solemne. Y si hay un conflicto viejo, el mejor momento para conversarlo es antes de que sea urgente.

    2. Ordena lo práctico mientras están bien

    Hablar de planes de salud suena frío y suele aliviar a todos. En un ensayo con 309 pacientes de 80 años o más en Melbourne, entre quienes fallecieron en los seis meses siguientes, los deseos al final de la vida se conocieron y respetaron mucho más en el grupo con planificación anticipada del cuidado (86 % frente a 30 %).

    Además, sus familiares presentaron menos estrés, ansiedad y depresión (Detering et al., 2010).

    Una revisión de 40 estudios sobre personas que deben decidir por un familiar incapacitado encontró que al menos un tercio sufrió una carga emocional negativa importante, a veces durante años. Saber qué habría querido el paciente reducía ese peso (Wendler y Rid, 2011). Saber qué quiere tu mamá hoy puede ahorrarte mucho peso mañana.

    3. Estar con ellos de verdad

    Boss (2025) propone el pensamiento dialéctico: sostener a la vez dos ideas que parecen opuestas, como «mi mamá está envejeciendo» y «mi mamá todavía está aquí». En vez de llorar de antemano a la persona que ya no será, la atención se pone en lo que sigue presente. Una visita sin celular, un almuerzo largo o una caminata pesan más que diez horas de preocupación.

    Neimeyer (2019) añade el trabajo de revisión de vida: armar álbumes, grabar sus anécdotas, escribir lo que te enseñaron. Es una actividad que se puede hacer juntos, que los dignifica ahora y que además deja un legado para después.

    4. Soltar el aseguramiento

    Llamar cada hora, pedir a otros que confirmen que están bien, mirar la ubicación o buscar síntomas en internet calma en el momento y enseña a la mente que sus padres están a salvo solo porque los chequeaste. Clark y Beck (2010) y Tolin (2024) llaman a esto seguridad condicional, y explican que mantiene el miedo.

    Lo que proponen para la preocupación excesiva es, por ejemplo, anotar la duda y postergarla a un momento fijo del día, y poner a prueba la predicción con un experimento: espaciar la llamada y observar qué ocurre de verdad. Un ensayo con 51 adultos con trastorno de ansiedad generalizada mostró que anotar cada preocupación y comprobar después qué pasó redujo la preocupación en 10 días (LaFreniere y Newman, 2016).

    Hay un apoyo más amplio: una revisión con metaanálisis halló que los tratamientos psicológicos del trastorno de ansiedad generalizada reducen la intolerancia a la incertidumbre y la preocupación, con tamaños de efecto grandes (Wilson et al., 2023). Son resultados de personas con ese diagnóstico, no de quienes temen específicamente por sus padres.

    5. Tolerar que la certeza no existe

    La intolerancia a la incertidumbre es el motor que describen Clark y Beck (2010) y Tolin (2024). La salida es practicar convivir con una pregunta que no tiene respuesta: no puedo saber si mis padres estarán bien hoy, y igual puedo elegir cómo pasar el día.

    Si esta dinámica te resulta familiar, la guía sobre ansiedad anticipatoria puede ayudarte, y si el foco está en la salud de otros, la de ansiedad por la salud.

    ¿Qué pasa si mis padres envejecen o ya están enfermos? El duelo anticipado

    Cuando hay una enfermedad o un deterioro, el miedo deja de ser hipotético y aparece el duelo anticipado. Una revisión integrativa de 29 artículos lo describe como una experiencia muy estresante y ambivalente: se anticipa la muerte y se pierden cosas a la vez que la persona sigue presente y necesita cuidado, por lo que la familia debe funcionar y guarda para sí sus emociones (Coelho y Barbosa, 2017).

    En un estudio de Hong Kong con 108 cuidadores de personas con demencia, la pena anticipada fue más alta en los cónyuges cuidadores de pacientes en etapa avanzada que en los hijos adultos, y a mayor pena anticipada menor bienestar (Cheung et al., 2018).

    Worden (2013) y Boss (2025) advierten de dos trampas. Una es el retraimiento emocional prematuro: alejarse, hablar en susurros o tratar al enfermo con frialdad por no soportar el dolor, lo que la persona enferma vive como abandono y a ti te deja culpa. La otra es pelear justo antes de la despedida, una forma inconsciente de hacerla menos dura.

    Boss también describe la pérdida de quien está presente pero ya no es el mismo, en la guía sobre pérdida ambigua.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Un miedo que viene y va es parte de querer a alguien. Conviene consultar cuando (criterios que resumen lo que señalan Worden, 2013, y Neimeyer, 2019):

    • El miedo te ocupa buena parte del día o te quita el sueño de forma repetida.
    • Necesitas llamar o chequear a tus padres una y otra vez para calmarte, y el alivio dura cada vez menos.
    • Evitas visitarlos, hablar de su salud o de la muerte porque te desborda.
    • Aparecen crisis de pánico, opresión en el pecho u otros síntomas físicos ligados a ese pensamiento.
    • Tu trabajo, tu pareja o tu vida cotidiana se están resintiendo.
    • El miedo se mezcla con desesperanza, o piensas en hacerte daño.

    Una revisión con metaanálisis de 15 ensayos halló que las intervenciones psicosociales reducen la ansiedad ante la muerte con un efecto de pequeño a mediano, y que la terapia cognitivo-conductual fue la más eficaz, aunque los estudios eran pocos y de calidad baja (Menzies et al., 2018).

    Otro metaanálisis encontró una correlación moderada entre ansiedad ante la muerte y síntomas de enfermedad mental, mayor en muestras clínicas (Menzies et al., 2024). Sobre la terapia cognitivo-conductual hay una guía aparte.

    Para la ansiedad por separación en adultos no encontramos en las bases revisadas ensayos amplios de tratamientos específicos, así que ahí pesa más el criterio clínico de quien te evalúe.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal tener miedo a que mis padres mueran?

    Sí. Es un miedo muy común y suele reflejar el vínculo y la conciencia de la propia mortalidad. Conviene consultar si ocupa gran parte del día, te lleva a chequear a tus padres sin parar o te impide disfrutarlos. No hay una cifra chilena de cuántas personas lo viven.

    ¿Es tanatofobia o ansiedad por separación?

    Pueden ser cosas distintas que se mezclan. La tanatofobia es un miedo intenso a la muerte, propia o ajena. La ansiedad por separación en adultos gira en torno al temor a que algo les pase a las personas queridas. Un profesional puede distinguirlas según tus síntomas, cuánto duran y cuánto te afectan.

    ¿Cómo dejo de pensar en la muerte de mis padres?

    Intentar no pensar suele empeorarlo. Ayuda anotar la preocupación y reservarle un momento del día, reducir los chequeos y el aseguramiento, y llenar el tiempo con ellos de planes concretos. Si el pensamiento sigue ocupando tu día durante semanas, una terapia cognitivo-conductual puede ayudarte.

    ¿Sufrir ahora hace más fácil el duelo después?

    La evidencia no respalda esa idea. Una revisión sistemática de estudios con cuidadores encontró que más duelo durante el cuidado se asociaba con peor duelo posterior, mientras que estar preparado se asociaba con mejores resultados. Preparar es hablar y ordenar lo práctico, más que anticipar el dolor.

    ¿Cómo hablo con mis padres de su muerte?

    Empieza por preguntas abiertas: qué les preocupa, qué les importa, cómo quieren que sea su cuidado si se enferman. Elige un momento tranquilo y no uno de crisis. No hace falta tener respuestas; el objetivo es que ellos sean escuchados y que tú dejes de adivinar.

    ¿Qué hago si el miedo se mezcla con ganas de hacerme daño?

    Cuéntaselo hoy a alguien cercano y no te quedes solo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), que atiende todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Vivir pendiente de perder a las personas que más quieres cansa, y suele mejorar cuando se trabaja con apoyo. Si quieres entender qué parte de tu miedo es amor, qué parte es hábito de preocupación y qué hacer con cada una, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Barry, L. C., Kasl, S. V., & Prigerson, H. G. (2002). Psychiatric disorders among bereaved persons: The role of perceived circumstances of death and preparedness for death. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 10(4), 447-457. https://doi.org/10.1097/00019442-200207000-00011
    • Bögels, S. M., Knappe, S., & Clark, L. A. (2013). Adult separation anxiety disorder in DSM-5. Clinical Psychology Review, 33(5), 663-674. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2013.03.006
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Cheung, D. S. K., Ho, K. H. M., Cheung, T. F., Lam, S. C., & Tse, M. M. Y. (2018). Anticipatory grief of spousal and adult children caregivers of people with dementia. BMC Palliative Care, 17(1), Artículo 124. https://doi.org/10.1186/s12904-018-0376-3
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    • Detering, K. M., Hancock, A. D., Reade, M. C., & Silvester, W. (2010). The impact of advance care planning on end of life care in elderly patients: Randomised controlled trial. BMJ, 340, c1345. https://doi.org/10.1136/bmj.c1345
    • Hebert, R. S., Dang, Q., & Schulz, R. (2006). Preparedness for the death of a loved one and mental health in bereaved caregivers of patients with dementia: Findings from the REACH study. Journal of Palliative Medicine, 9(3), 683-693. https://doi.org/10.1089/jpm.2006.9.683
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    • Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. Guilford Press.
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Nielsen, M. K., Neergaard, M. A., Jensen, A. B., Bro, F., & Guldin, M.-B. (2016). Do we need to change our understanding of anticipatory grief in caregivers? A systematic review of caregiver studies during end-of-life caregiving and bereavement. Clinical Psychology Review, 44, 75-93. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.01.002
    • Porter, N., & Claridge, A. M. (2021). Unique grief experiences: The needs of emerging adults facing the death of a parent. Death Studies, 45(3), 191-201. https://doi.org/10.1080/07481187.2019.1626939
    • Shear, K., Jin, R., Ruscio, A. M., Walters, E. E., & Kessler, R. C. (2006). Prevalence and correlates of estimated DSM-IV child and adult separation anxiety disorder in the National Comorbidity Survey Replication. American Journal of Psychiatry, 163(6), 1074-1083. https://doi.org/10.1176/ajp.2006.163.6.1074
    • Sinoff, G. (2017). Thanatophobia (death anxiety) in the elderly: The problem of the child’s inability to assess their own parent’s death anxiety state. Frontiers in Medicine, 4, Artículo 11. https://doi.org/10.3389/fmed.2017.00011
    • Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Wendler, D., & Rid, A. (2011). Systematic review: The effect on surrogates of making treatment decisions for others. Annals of Internal Medicine, 154(5), 336-346. https://doi.org/10.7326/0003-4819-154-5-201103010-00008
    • Wilson, E. J., Abbott, M. J., & Norton, A. R. (2023). The impact of psychological treatment on intolerance of uncertainty in generalized anxiety disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Anxiety Disorders, 97, Artículo 102729. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2023.102729
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Ansiedad por separación en adultos: síntomas, causas y tratamiento

    Ansiedad por separación en adultos: síntomas, causas y tratamiento

    Hay personas que se pasan la tarde mirando el teléfono porque su pareja salió a una reunión y todavía no avisa que llegó bien. Otras revisan mentalmente todos los accidentes posibles cuando su hijo adulto viaja, o cancelan un trabajo porque quedarse solas en casa les resulta insoportable. Si te reconoces en algo de eso, la ansiedad por separación en adultos existe como diagnóstico, es más frecuente de lo que se creía y tiene tratamiento, aunque la investigación sobre cuál funciona mejor todavía es corta. Este artículo recoge lo que se sabe hoy, con sus límites, y te ayuda a distinguir un apego intenso de un trastorno que merece atención.

    ¿Qué es la ansiedad por separación en adultos?

    La ansiedad por separación en adultos es un miedo o una angustia excesivos, desproporcionados para la edad, ante la separación real o imaginada de las personas a quienes uno está apegado, y que dura meses y limita la vida diaria. Desde el DSM-5 se puede diagnosticar a cualquier edad, sin necesidad de haberla tenido de niño.

    Durante décadas se creyó lo contrario. En el DSM-IV el trastorno figuraba entre los de inicio en la infancia y a un adulto solo se le diagnosticaba si los síntomas habían empezado antes de los 18 años. La revisión que se encargó para el grupo de trabajo del DSM-5 (Bögels et al., 2013) encontró que en adultos el trastorno es frecuente, suele venir acompañado de otros diagnósticos y limita la vida, y que una parte importante de los casos empieza después de la adolescencia. Por eso se eliminó el requisito de edad. Una revisión posterior (Baldwin et al., 2016) explica que ese cambio de lugar se apoyó en estudios epidemiológicos que mostraron una frecuencia en adultos mayor a la esperada.

    La CIE-10 todavía lo clasificaba como un trastorno de la infancia (F93.0). La CIE-11 (código 6B05) lo reconoce en niños, adolescentes y adultos, y describe que en los adultos el foco suele ser la pareja romántica o los hijos (transcripción de la CIE-11, 6B05). Esa precisión importa si lo que te pasa aparece sobre todo en tu relación de pareja.

    Ansiedad por separación en adultos, síntomas según el DSM-5

    El DSM-5 pide miedo o ansiedad excesivos ante la separación de las figuras de apego, con al menos tres de ocho manifestaciones, que en adultos suelen mantenerse unos seis meses o más y que causan malestar importante o afectan el trabajo, los estudios o las relaciones.

    Manifestación (DSM-5)Cómo puede verse en un adulto
    Malestar intenso al anticipar o vivir la separaciónAngustia días antes de un viaje de tu pareja o de que tus hijos se vayan de casa
    Preocupación persistente por perder a la figura de apego o por que le pase algoImaginar enfermedades, accidentes o muertes cuando no responde el teléfono
    Preocupación por un suceso que provoque la separaciónMiedo a perderte, a enfermarte o a tener un accidente que te aleje de tu pareja
    Reticencia a salir de casa o ir al trabajo por miedo a la separaciónRechazar un empleo, un curso o un viaje porque implica estar lejos
    Miedo a quedarte solo o sin la figura de apegoPedir compañía para quedarte en casa o ir a lugares
    Reticencia a dormir fuera de casa o sin estar cerca de la figura de apegoNo poder dormir si tu pareja no está
    Pesadillas repetidas sobre separacionesSoñar con abandono, pérdidas o desastres
    Síntomas físicos ante la separaciónDolor de cabeza, náuseas o malestar de estómago cuando se acerca la despedida

    ¿Cómo se ve la ansiedad por separación cuando la figura de apego es tu pareja?

    En adultos, la figura de apego más frecuente es la pareja. La frase “me da ansiedad cuando mi pareja se va” describe muy bien el cuadro, pero la intensidad es lo que lo distingue: la extrañas y además sientes una alarma interna que te empuja a comprobar, a llamar y a pedir confirmaciones.

    Los libros de apego adulto describen un mecanismo que ayuda a entender esa alarma. Según Mikulincer y Shaver (2007), cuando la figura de apego parece impredecible o poco disponible, algunas personas mantienen el sistema de apego encendido de forma permanente (hiperactivación). Eso se traduce en cuatro cosas que aparecen cuando la pareja se aleja: rumiación y catastrofización sobre el abandono, búsqueda intensa de cercanía, protesta o enojo por la distancia y necesidad de reaseguro constante. Ninguna de ellas es una enfermedad por sí sola. El problema aparece cuando se vuelven la reacción habitual y ocupan buena parte del día.

    Imagina esta escena: alguien escribe tres mensajes porque su pareja tardó cuarenta minutos en responder, recibe un “estoy bien, estoy en una reunión” y se calma diez minutos. Después viene la duda siguiente. Ese alivio breve explica por qué el ciclo se repite. Los manuales de terapia cognitivo-conductual sobre ansiedad (Clark y Beck, 2010; Tolin, 2024) describen la misma lógica: la conducta de reaseguro baja la angustia en el momento y le enseña al cerebro que la tranquilidad dependía de ese mensaje, no de que la situación fuera segura.

    La ansiedad por separación no se limita a las personas. Un estudio con 313 adultos (Dowsett et al., 2020) encontró que quienes sentían más ansiedad al separarse de su animal de compañía también puntuaban más alto en ansiedad por separación de personas, tenían más apego ansioso hacia otros humanos y percibían menos apoyo social. Estas variables explicaron el 41 % de la ansiedad por separación de las mascotas. Es un estudio correlacional: muestra qué cosas van juntas, no cuál causa a cuál.

    ¿Es ansiedad por separación o apego ansioso?

    El apego ansioso es una forma de relacionarse, y la ansiedad por separación es un trastorno con criterios y duración. Se parecen y comparten rasgos, pero tener apego ansioso no equivale a tener el trastorno.

    Así lo plantea la literatura clásica del apego (Mikulincer y Shaver, 2007): el apego ansioso se considera una dimensión continua que refleja cuánto teme alguien ser abandonado, y no una enfermedad. Como estilo, puede cambiar a lo largo de la vida, por ejemplo con una pareja disponible y receptiva o con una psicoterapia. Un trastorno de ansiedad por separación, en cambio, supone una angustia que desborda la capacidad de autorregularse y deteriora el funcionamiento.

    El apego ansioso sí se asocia con el trastorno. En 83 pacientes de una clínica de ansiedad, quienes tenían ansiedad por separación adulta puntuaron más alto en necesidad de aprobación y en preocupación por las relaciones (Manicavasagar et al., 2009) que quienes tenían pánico con agorafobia. Los autores interpretan que esa constelación de apego ansioso corresponde al grupo de ansiedad por separación y no al de pánico.

    Un estudio más reciente con 200 estudiantes universitarios de primer año (Hançer et al., 2026) apunta en la misma dirección: quienes puntuaron sobre el corte de ansiedad por separación infantil y adulta tenían menos apego seguro. Menor estabilidad emocional, menor responsabilidad y ser primogénito se asociaron de forma independiente con más síntomas. Fue una sola universidad, con cuestionarios de cribado y no con diagnóstico clínico, así que no sirve para saber qué porcentaje de jóvenes lo padece.

    Si quieres conocer tu estilo de apego, puedes hacer este test de tipo de apego o leer cómo superar el apego ansioso. Un test de apego orienta sobre tu patrón, y solo una evaluación profesional puede diagnosticar el trastorno.

    ¿Cuántas personas tienen ansiedad por separación en la adultez?

    Entre 4,8 % y 6,6 % de los adultos la tiene en algún momento de la vida, según los dos estudios poblacionales más grandes. Es más frecuente de lo que se pensaba y la mayoría de los casos adultos no recibe tratamiento para ella.

    • Estados Unidos. En la Replicación de la Encuesta Nacional de Comorbilidad (NCS-R) (Shear et al., 2006), la prevalencia de vida estimada fue de 6,6 % para la forma adulta y 4,1 % para la infantil. El 77,5 % de los casos adultos había empezado en la adultez. La mayoría de las personas con la forma adulta no recibía tratamiento, aunque muchas se atendían por otros problemas. Los autores advierten que usaron una entrevista estructurada sin validación clínica independiente.
    • 18 países. En la Encuesta Mundial de Salud Mental de la OMS (Silove et al., 2015), con 38.993 adultos, la prevalencia de vida promedió 4,8 % y el 43,1 % de los inicios ocurrió después de los 18 años. La prevalencia en los últimos doce meses fue mucho menor, 1,0 %. El deterioro grave fue más común con otro diagnóstico presente (42,4 %) que sin él (18,3 %).

    En consulta clínica los números suben, porque quienes buscan ayuda por ansiedad o depresión suelen tener más de un problema. En 508 pacientes ambulatorios (Pini et al., 2010), el 20,7 % tenía ansiedad por separación adulta sin historia infantil y el 21,7 % la tenía con historia infantil. En 100 pacientes con depresión mayor (Elbay et al., 2021), el 41 % la presentaba, y tres cuartas partes de esos casos eran de inicio adulto. En 955 personas con TOC (Franz et al., 2015), el 27,2 % la había tenido alguna vez y el 4,4 % la tenía en ese momento.

    ¿Qué causa la ansiedad por separación en adultos?

    Ninguna causa explica todos los casos. Los factores que más se repiten en los estudios son las adversidades de la infancia, los eventos traumáticos, el sexo femenino, un temperamento ansioso y las pérdidas importantes.

    El estudio de 18 países encontró que la ansiedad por separación se asociaba con haber vivido adversidades en la infancia y eventos traumáticos a lo largo de la vida, y que estos predictores eran parecidos si el trastorno empezaba en la niñez, la adolescencia o la adultez. También era más frecuente en mujeres. Entre quienes tuvieron el trastorno de niños, el 36,1 % lo mantuvo en la adultez en el estudio de Estados Unidos.

    Con respecto a la personalidad, en 520 pacientes de una clínica de ansiedad (Silove et al., 2010) quienes tenían el trastorno mostraron más neuroticismo y más discapacidad. La asociación con haber tenido ansiedad por separación de niñas apareció solo en las mujeres.

    Otra pista viene del duelo. En 205 personas en duelo (Boelen, 2013), los síntomas de duelo prolongado, de depresión y de ansiedad por separación se comportaron como tres cosas distintas, aunque relacionadas entre sí. Cuando la pérdida había sido violenta, las tres eran más graves. Si estás atravesando un duelo, puede ser útil leer sobre cómo superar un duelo.

    Un estudio con 215 universitarios con ansiedad por separación elevada (Boelen et al., 2014) probó si la intolerancia a la incertidumbre ayuda a explicar los síntomas. La encontraron relacionada, pero más débilmente que con el trastorno de ansiedad generalizada, el TOC y la ansiedad social, y al controlar el neuroticismo y el apego dejó de explicar la ansiedad por separación. La muestra era no clínica y 92 % mujeres.

    Sobre la biología, la revisión del DSM-5 concluye que la evidencia sobre factores de riesgo existe sobre todo para la forma infantil, y que los patrones familiares y genéticos son poco específicos. Cualquier explicación del tipo “es por tu infancia” o “es por tu genética” va más allá de lo que hoy se sabe.

    ¿Con qué se confunde la ansiedad por separación en adultos?

    Se confunde sobre todo con el pánico, la ansiedad generalizada, la depresión, el duelo prolongado y el TOC, y puede convivir con cualquiera de ellos. Esa convivencia puede dejarla tapada detrás de los otros diagnósticos.

    CuadroQué lo diferenciaQué dice la evidencia
    Trastorno de pánico con agorafobiaEn el pánico el miedo central es a las sensaciones del cuerpo y a no poder escapar. En la ansiedad por separación, a perder a alguien o separarse de élEntre pacientes ansiosos, el grupo con ansiedad por separación mostró más apego ansioso que el de pánico (Manicavasagar et al., 2009)
    Ansiedad generalizadaLa preocupación del TAG salta entre muchos temas. Aquí se concentra en las figuras de apegoLos manuales de TCC consultados tratan la angustia por separación en adultos casi solo como criterio de diagnóstico diferencial
    Depresión mayorLa depresión baja el ánimo y el interés. La ansiedad por separación se activa con la distancia41 % de los pacientes con depresión mayor la presentaba (Elbay et al., 2021)
    Duelo prolongadoEl duelo gira en torno a una pérdida ya ocurridaSon dimensiones distintas, aunque relacionadas (Boelen, 2013)
    TOCEn el TOC predominan obsesiones y compulsiones de varios tipos27,2 % de los pacientes con TOC la había tenido alguna vez (Franz et al., 2015)
    Dependencia emocionalNo es un diagnóstico del DSM-5 ni de la CIE-11: describe un patrón de relación de necesidad excesivaSe solapan, pero la dependencia emocional se define por el tipo de vínculo y la ansiedad por separación por el miedo a la separación

    Los celos también pueden parecerse, sobre todo cuando la ausencia de la pareja despierta sospecha. Si el tema te resuena, hay una guía para distinguir celos normales de celotipia. Y si lo que predomina son ataques de angustia, puede servirte entender la diferencia entre un ataque de ansiedad y uno de pánico.

    ¿Por qué conviene atenderla?

    Porque se asocia con deterioro real en el trabajo y las relaciones, y con peor respuesta a otros tratamientos. Que sea común no significa que sea inofensiva.

    En los 508 pacientes del estudio de Pini et al. (2010), la ansiedad por separación se asoció con deterioro grave en el trabajo y en las relaciones sociales, incluso después de controlar por otros trastornos de ansiedad. En el estudio de depresión mayor, tener ansiedad por separación se vinculó con más ansiedad y con mayor probabilidad de responder poco al tratamiento habitual de la depresión (Elbay et al., 2021). La revisión de Manicavasagar et al. (2010) señala que tenerla junto a otros trastornos de ansiedad parece anunciar mala respuesta a la TCC.

    Un estudio de 384 pacientes ambulatorios (Pini et al., 2025) encontró que la ansiedad por separación adulta se asociaba con anhedonia (pérdida de placer), y que tanto la anhedonia como la puntuación del cuestionario ASA-27 predecían pensamientos y conductas suicidas. Los grupos con y sin el trastorno no se diferenciaban en las escalas generales de ansiedad y depresión, lo que sugiere que esas escalas por sí solas no lo distinguen. Es un estudio transversal: señala una asociación, no que la ansiedad por separación provoque el suicidio.

    Tratamiento para la ansiedad por separación en adultos: ¿qué funciona?

    Hoy no existe un tratamiento con evidencia sólida específica para este trastorno en adultos. Los estudios son pequeños y de tipo piloto, y la psicoterapia que se usa en la práctica se adapta de lo que funciona en otros trastornos de ansiedad.

    Esto es lo que hay publicado, con sus tamaños:

    • Un ensayo aleatorizado piloto con un fármaco. En 24 adultos (Schneier et al., 2017), vilazodona frente a placebo durante 12 semanas no mostró diferencias significativas en la tasa de respuesta a la semana 12. Sí hubo más mejoría en algunas escalas y en calidad de vida, con tamaños de efecto grandes. Los autores lo presentan como prueba de que un ensayo es factible y no como prueba de eficacia.
    • Un estudio piloto abierto de psicoterapia. Entre 46 adultos con ansiedad que no habían respondido a tratamientos previos, 37 (80 %) tenían síntomas clínicamente significativos de ansiedad por separación. Cinco completaron 12 semanas de una psicoterapia psicodinámica enfocada en el apego (Milrod et al., 2016) y mejoraron en ansiedad por separación, ansiedad general y gravedad global. Sin grupo de comparación: es una señal que invita a estudiarlo, no una demostración.
    • Una propuesta teórica. Una revisión (Milrod et al., 2014) plantea que quienes tienen ansiedad por separación responden peor tanto a fármacos como a psicoterapia, y que las terapias centradas en las relaciones y en la separación podrían ayudar. Es una hipótesis razonable, sin ensayo que la confirme todavía.

    En la práctica, el psicólogo clínico suele combinar principios de la TCC para la ansiedad (Clark y Beck, 2010; Tolin, 2024), que son los que mejor se conocen y se aplican a muchos cuadros parecidos. Esos manuales no tratan la ansiedad por separación adulta como un capítulo propio, así que aplicarlos aquí es una adaptación con criterio clínico, no un protocolo validado. Sus piezas principales son:

    1. Identificar los pensamientos catastróficos (“si no contesta es porque le pasó algo”) y ponerlos a prueba con evidencia, calculando qué tan probable es de verdad lo que se teme.
    2. Exposición gradual a la separación: empezar por ausencias cortas y crecientes, y quedarse con la angustia sin neutralizarla.
    3. Reducir las conductas de seguridad y de reaseguro (llamar, enviar mensajes de comprobación, pedir que avise cada paso), acordadas de antemano y con un plan de reemplazo. Los manuales explican que esas conductas mantienen el problema porque impiden aprender que la situación era segura sin ellas.
    4. Practicar tolerar la incertidumbre, por ejemplo no llamar de inmediato cuando alguien se retrasa y observar qué pasa. La intolerancia a la incertidumbre no explica por sí sola la ansiedad por separación, según el estudio de Boelen et al. (2014), de modo que esta pieza se usa como apoyo, no como centro.

    Si el foco está en la relación y no solo en la persona, la terapia de pareja integrativa de Christensen, Doss y Jacobson (2014) trabaja el patrón de demanda y retirada, en el que uno presiona por cercanía y el otro se aleja. Su idea de mirar ese ciclo como un problema compartido, y no como un defecto de uno, puede bajar la defensividad de ambos.

    ¿Qué puedes hacer tú mientras tanto?

    Estas ideas vienen de los libros de apego y de pareja consultados para este artículo, y no de ensayos sobre este trastorno. Sirven de apoyo, y la evaluación profesional sigue siendo necesaria si el malestar es intenso.

    • Nombra la alarma. “Mi sistema de apego se activó” describe mejor lo que pasa que “algo malo ocurrió”. Pone una pausa entre la sensación y la conducta.
    • Cuenta los reaseguros. Durante una semana, anota cuántas veces pides confirmación a tu pareja y cuánto te dura el alivio. Ver el patrón en números ayuda a decidir qué recortar primero.
    • Pacta, en vez de vigilar. Según Bradbury y Karney (2019), en parejas con distancia geográfica ayuda usar la tecnología de forma intencional, con acuerdos claros de reconexión (por ejemplo, un mensaje al llegar y una llamada a la noche) en lugar de monitorear.
    • Cuida tu espacio propio. Esther Perel (2006) propone mantener proyectos, amistades e identidad individual para que la relación no cargue con toda la seguridad. En términos prácticos, aliviar la presión sobre tu pareja puede mejorar la relación y bajar tu propia angustia.
    • Habla desde la vulnerabilidad, no desde la exigencia. Pedir (“me ayuda saber que llegaste”) y exigir (“avísame siempre”) tienen efectos distintos en quien escucha. La primera forma respeta que el otro pueda decir que no.

    Si tu pareja es quien vive este patrón, evita convertirte en la fuente de calma permanente: responder cada consulta mantiene el ciclo. Es más útil acordar juntos un plan de contacto razonable y alentar que consulte.

    ¿Cuándo consultar a un profesional?

    Consulta cuando la angustia por separarte dure meses, te lleve a evitar trabajo, estudios o viajes, afecte tu relación o venga con tristeza persistente, pérdida de interés o ideas de hacerte daño. En el estudio de Estados Unidos, muchas personas con la forma adulta se atendían por otros problemas sin recibir tratamiento para esta (Shear et al., 2006), así que puede ayudar plantearlo desde la primera consulta.

    Si tienes pensamientos de quitarte la vida, no esperes a una cita: en Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio) o ir a la urgencia más cercana. La evaluación de ansiedad por separación en adultos suele combinar entrevista clínica y cuestionarios como el ASA-27; el diagnóstico lo hace un profesional, no un puntaje.

    Si quieres evaluar tu situación, puedes agendar una consulta. También hay un artículo hermano sobre ansiedad por separación en niños, útil si además eres madre o padre y esto se repite en tu familia, y una guía sobre terapia cognitivo-conductual para la ansiedad.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal sentir ansiedad cuando mi pareja se va?

    Sentir algo de nostalgia o inquietud al despedirse es normal. Se vuelve motivo de consulta cuando el miedo es desproporcionado, dura meses, te impide hacer tu vida o te lleva a comprobar y exigir confirmaciones de forma constante. Si “me da ansiedad cuando mi pareja se va” describe tu día a día, conviene evaluarlo.

    ¿Puede empezar la ansiedad por separación en la adultez?

    Sí. En los estudios, entre 43,1 % (18 países) y 77,5 % (Estados Unidos) de los casos adultos empezaron después de los 18 años. El DSM-5 eliminó el requisito de inicio en la infancia precisamente por esos datos.

    ¿Cuál es la diferencia entre ansiedad por separación y dependencia emocional?

    La ansiedad por separación es un diagnóstico con criterios y se define por el miedo a la separación de figuras de apego. La dependencia emocional no es un diagnóstico del DSM-5 ni de la CIE-11: describe un patrón de necesidad excesiva en el vínculo. Pueden coexistir.

    ¿La ansiedad por separación en adultos se cura sola?

    Hay casos que mejoran y otros que persisten. Entre los casos infantiles de Estados Unidos, el 36,1 % continuó en la adultez, y hay estudios que asocian la ansiedad por separación con peor respuesta a otros tratamientos. Cuando limita tu vida y dura meses, es mejor consultar que esperar a que pase.

    ¿Qué dice la CIE-10 y qué dice la CIE-11?

    La CIE-10 la clasificaba como trastorno de la infancia (F93.0). La CIE-11 la reconoce en cualquier edad (6B05) y menciona la pareja y los hijos como foco típico en adultos.

    ¿Hay medicamentos para la ansiedad por separación en adultos?

    La evidencia de fármacos específicos es mínima: el único ensayo aleatorizado piloto publicado (24 adultos, vilazodona) no mostró diferencias en la tasa de respuesta a las 12 semanas. Un psiquiatra puede tratar los cuadros que la acompañan, como la depresión o la ansiedad, y decidir con cada persona.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Baldwin, D. S., Gordon, R., Abelli, M., & Pini, S. (2016). The separation of adult separation anxiety disorder. CNS Spectrums, 21(4), 289-294. https://doi.org/10.1017/s1092852916000080

    Boelen, P. A. (2013). Symptoms of prolonged grief, depression, and adult separation anxiety: Distinctiveness and correlates. Psychiatry Research, 207(1-2), 68-72. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2012.09.021

    Boelen, P. A., Reijntjes, A., & Carleton, R. N. (2014). Intolerance of uncertainty and adult separation anxiety. Cognitive Behaviour Therapy, 43(2), 133-144. https://doi.org/10.1080/16506073.2014.888755

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    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

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    Elbay, R. Y., Görmez, A., Kılıç, A., & Avcı, S. H. (2021). Separation anxiety disorder among outpatients with major depressive disorder: Prevalence and clinical correlates. Comprehensive Psychiatry, 105, 152219. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2020.152219

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    Silove, D., Alonso, J., Bromet, E., Gruber, M., Sampson, N., Scott, K., Andrade, L., Benjet, C., Caldas de Almeida, J. M., De Girolamo, G., de Jonge, P., Demyttenaere, K., Fiestas, F., Florescu, S., Gureje, O., He, Y., Karam, E., Lepine, J.-P., Murphy, S., … Kessler, R. C. (2015). Pediatric-onset and adult-onset separation anxiety disorder across countries in the World Mental Health Survey. American Journal of Psychiatry, 172(7), 647-656. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2015.14091185

    Silove, D. M., Marnane, C. L., Wagner, R., Manicavasagar, V. L., & Rees, S. (2010). The prevalence and correlates of adult separation anxiety disorder in an anxiety clinic. BMC Psychiatry, 10, Artículo 21. https://doi.org/10.1186/1471-244x-10-21

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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