Exposición Prolongada: Cómo Es la Terapia para el TEPT Sesión a Sesión

Pintura impresionista de una persona subiendo una escalera de piedra escalon a escalon, sobre la exposicion prolongada para el TEPT

Si tienes un trastorno de estrés postraumático, lo más probable es que ya te hayan nombrado la terapia de exposición prolongada para el TEPT como tratamiento. Y lo más probable también es que la idea te asuste: “¿me van a hacer contar lo que pasó, con detalle, una y otra vez?”. Sí. Eso es exactamente lo que hace. Este artículo explica por qué se hace así, qué pasa en cada sesión desde la primera hasta la última, qué tan seguido la gente empeora antes de mejorar (con cifras, no con promesas), cuánta gente abandona y a quién le conviene y a quién todavía no. Al final vas a poder decidir con información, que es lo único que el miedo no te deja hacer.

En breve: la exposición prolongada (EP) es una terapia cognitivo conductual para el TEPT creada por Edna Foa y su equipo. Dura entre 8 y 15 sesiones de 60 a 90 minutos, una o dos por semana. Tiene cuatro componentes: psicoeducación, respiración lenta, exposición en vivo a lo que evitas y exposición imaginaria al recuerdo. Es uno de los tratamientos con más evidencia para el TEPT, con efectos grandes que se mantienen en el tiempo. Su costo real es que exige coraje y tarea entre sesiones.

Qué es la terapia de exposición prolongada para el TEPT

La terapia de exposición prolongada es un programa breve y estructurado de terapia cognitivo conductual diseñado para el trastorno de estrés postraumático. Consiste en acercarse de forma repetida, gradual y planificada a dos cosas que la persona con TEPT evita: los lugares, personas y actividades que le recuerdan el trauma (exposición en vivo) y el recuerdo mismo del hecho (exposición imaginaria). Fue desarrollada por Edna Foa en la Universidad de Pensilvania a partir de 1984 y publicada como manual en 2007 (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1).

La lógica está en algo que el manual repite desde la primera página: lo que mantiene el TEPT es la evitación. Después de un trauma casi todo el mundo tiene pesadillas, sobresaltos y recuerdos intrusivos. En la mayoría, esos síntomas bajan solos en los primeros meses, porque la vida diaria los obliga a pensar en lo ocurrido, a hablarlo y a volver a los lugares. Cuando la persona evita todo eso, el recuerdo queda sin “digerir” y los síntomas se vuelven crónicos (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1). La exposición prolongada hace a propósito, y con acompañamiento, lo que la recuperación natural hace sola.

Esa idea tiene un nombre: la teoría del procesamiento emocional de Foa y Kozak. El miedo se guarda en la memoria como una estructura que une estímulos, respuestas del cuerpo y significados. En el TEPT, esa estructura asocia peligro a un montón de cosas seguras (un olor, una calle, estar de espaldas a una puerta) y sostiene dos creencias: “el mundo entero es peligroso” y “yo no soy capaz de manejarlo”. Para modificarla hacen falta dos condiciones: activarla (sentir el miedo) y, al mismo tiempo, recibir información que la contradiga (nada malo pasa, la angustia baja, puedo con esto). La exposición cumple las dos a la vez (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1).

Si quieres entender primero qué es el TEPT y cómo se diagnostica, el artículo pilar sobre el trastorno de estrés postraumático lo cubre entero. Este se concentra en la terapia.

Los cuatro componentes de la EP

La exposición prolongada de Foa tiene cuatro procedimientos, y solo dos de ellos son “la exposición” (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1):

  • Psicoeducación sobre las reacciones comunes al trauma y sobre por qué evitar mantiene el problema. Empieza en la sesión 1 y se profundiza en la 2.
  • Reentrenamiento de la respiración: una forma de respirar lenta, con una exhalación larga y una pausa, para bajar la tensión del día a día. El manual es honesto: a algunas personas les sirve mucho, a otras nada, y no es un ingrediente crítico del resultado.
  • Exposición en vivo: acercarse de forma repetida a situaciones seguras que evitas por el trauma. Se introduce en la sesión 2 y se practica sobre todo entre sesiones.
  • Exposición imaginaria: revisitar el recuerdo del trauma en voz alta, en presente, con los ojos cerrados, durante 30 a 45 minutos, y grabarlo para escucharlo en casa. Empieza en la sesión 3 y se repite en todas las siguientes.

Un detalle que sorprende: el manual pide que no uses la respiración durante las exposiciones. La idea es que compruebes que puedes con el recuerdo y con la situación sin ningún “salvavidas” (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1).

Cuántas sesiones tiene y cuánto dura el tratamiento del TEPT con exposición prolongada

El programa estándar tiene entre 10 y 15 sesiones de unos 90 minutos, una o dos veces por semana, y suele completarse en dos o tres meses (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1). En la sesión 1 el terapeuta dice a la persona que lo habitual son 10 a 12 sesiones y que a veces hacen falta hasta 15 (cap. 3). En los ensayos más recientes el rango se ha ampliado a 8-15 sesiones según la respuesta de cada persona.

Los 90 minutos no son un dogma. Un ensayo con 160 militares en servicio activo comparó sesiones de 60 y de 90 minutos y encontró que las de 60 fueron no inferiores en eficacia al terminar, a los 3 y a los 6 meses, y también en velocidad de mejoría por sesión (Foa et al., 2022). Antes, un ensayo más pequeño con veteranos había mostrado lo mismo con sesiones de 60 minutos que incluían solo 20 de exposición imaginaria (Nacasch et al., 2015). Esto importa en la práctica porque la mayoría de las consultas trabaja con horas de 50 a 60 minutos.

La frecuencia también se ha estudiado. Un ensayo con 370 militares mostró que 10 sesiones concentradas en 2 semanas rindieron igual que 10 sesiones repartidas en 8 semanas (Foa et al., 2018). Y hay un dato que conviene tener presente: en un metaanálisis de 35 ensayos de EP, cuando las sesiones se programaron al menos dos veces por semana el abandono bajó del 34 % al 21 % (Levinson et al., 2022). Si puedes ir dos veces por semana, sobre todo al principio, la terapia avanza más y cuesta menos dejarla.

La terapia de exposición prolongada sesión a sesión

Esta es la parte que casi ningún sitio explica y la que más ansiedad genera. Lo que sigue es la estructura del manual de Foa, Hembree y Rothbaum (2007), que es el protocolo original y el que usan los ensayos clínicos.

Sesión Qué se hace Tarea para la casa
1 Explicación completa del tratamiento, entrevista sobre el trauma, respiración lenta Practicar la respiración 3 veces al día, escuchar la grabación de la sesión
2 Reacciones comunes al trauma, escala de malestar (0-100), lista jerárquica de situaciones evitadas Primeras exposiciones en vivo (las de malestar moderado)
3 Primera exposición imaginaria (45-60 min) y conversación posterior Escuchar la grabación del relato todos los días, seguir con la exposición en vivo
4 a 9 (o más) Exposición imaginaria (30-45 min), desde la sesión 5 centrada en los “puntos calientes”, revisión de las tareas Lo mismo, subiendo en la jerarquía
Final Relato completo del trauma (20-30 min), comparación de la lista de situaciones antes y después, plan para el futuro Seguir exponiéndose por cuenta propia

Sesión 1: entender por qué y conocerse

No hay exposición. El terapeuta explica el programa entero, con sus dos herramientas, y por qué la evitación mantiene el TEPT. Después hace una entrevista estructurada sobre el trauma: qué pasó, cómo has estado desde entonces, qué apoyo tienes, cuánto alcohol o drogas consumes. Si viviste varios traumas, aquí se empieza a elegir el que más te persigue hoy, que será el foco. La sesión termina enseñando la respiración lenta y grabándola en audio para que la practiques (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 3).

Una frase del manual resume el espíritu: el terapeuta te va a empujar fuera de tu zona de comodidad, nunca fuera de tu zona de seguridad (cap. 2).

Sesión 2: la escala de malestar y la lista de lo que evitas

Se revisan las reacciones comunes al trauma (pesadillas, irritabilidad, culpa, desconfianza, sensación de estar en guardia) para que veas que lo tuyo tiene nombre y no es “estar loco”. Luego se presenta la escala SUDS, de 0 a 100, donde 0 es calma total y 100 el peor momento de tu vida. Con esa escala construyen juntos una lista de 15 a 20 situaciones concretas que evitas, cada una con su puntaje. Concretas de verdad: no “salir a la calle” sino “ir al supermercado X un sábado a las 6 de la tarde, solo” (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 4).

El manual distingue tres tipos de situaciones evitadas: las que percibes como peligrosas aunque no lo son (caminar de noche en un barrio tranquilo, un estacionamiento), las que solo son recordatorios (una música, una ropa, las noticias) y las que abandonaste por desgano más que por miedo (el deporte, los amigos, las salidas). Estas últimas entran también, a modo de activación conductual, si hay depresión (cap. 4). Esa lista se retoma en la última sesión para medir el cambio. Si quieres ver cómo se arma una jerarquía de este tipo con más detalle, el artículo sobre la terapia cognitivo conductual para la ansiedad explica la lógica de la exposición gradual.

Las primeras tareas en vivo se eligen en el rango de 40-50 puntos de malestar: lo bastante difíciles como para aprender algo, lo bastante manejables como para poder hacerlas.

Sesión 3: la primera exposición imaginaria

Aquí empieza lo que la gente teme. Primero, el terapeuta explica por qué revisitar el recuerdo ayuda, con cinco razones (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 5): organiza una memoria que hoy está fragmentada; enseña a distinguir entre recordar y volver a ser traumatizado; permite que la angustia baje por sí sola (habituación); separa el trauma de las situaciones parecidas pero seguras; y devuelve una sensación de control sobre el recuerdo.

Luego viene el ejercicio. Cierras los ojos, empiezas unos minutos antes de que la situación se pusiera mal y cuentas lo que pasó en presente, como si estuviera ocurriendo ahora, con lo que veías, oías, pensabas y sentías. Cuando llegas al final, vuelves al principio, sin pausa. Cada 5 minutos el terapeuta te pide tu número en la escala de 0 a 100 y lo anota. Dura 45 a 60 minutos. El terapeuta casi no habla; a lo más, una frase de apoyo: “lo estás haciendo bien, quédate en la imagen”, “recuerda que el recuerdo no es peligroso como lo fue el trauma” (cap. 5).

Esa primera vez tú decides cuánto detalle das. El manual es explícito: en las dos primeras exposiciones la persona controla el nivel de detalle y se le da permiso de acercarse al recuerdo a su ritmo (cap. 5). Después de la exposición quedan 15 a 20 minutos para conversar sobre lo que apareció, y la sesión se planifica para que no salgas con el malestar por las nubes. La grabación de tu relato se convierte en tarea: escucharla una vez al día.

Sesiones intermedias: los “puntos calientes”

Desde la sesión 4 el esquema se repite: revisión de tareas, exposición imaginaria de 30 a 45 minutos, conversación y planificación de la exposición en vivo. Cada dos sesiones respondes cuestionarios breves de TEPT y depresión para ver el progreso con números.

Alrededor de la sesión 5 o 6, cuando el relato completo ya provoca menos angustia, se cambia de técnica: en vez de contar todo, te concentras solo en los puntos calientes, los momentos que hoy siguen siendo más dolorosos. Cada uno se repite a cámara lenta, con todo el detalle, las veces que haga falta hasta “gastarlo”, y solo entonces se pasa al siguiente (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 6). Es en esta fase donde suele aparecer material nuevo: el pensamiento que tuviste en el peor segundo, la culpa que nunca dijiste en voz alta. Con el tiempo, la exposición imaginaria se acorta a unos 30 minutos porque ya no hace falta más.

Sesión final: el relato completo y el plan

Se vuelve a contar el trauma entero, de principio a fin, ahora en 20 o 30 minutos, y se comparan las dos experiencias: la de la sesión 3 y la de hoy. Luego el terapeuta lee la lista de situaciones de la sesión 2 y te pide un puntaje nuevo para cada una, sin mostrarte el anterior. Recién después pone las dos columnas lado a lado. Casi siempre la diferencia es grande, y la pregunta que sigue es la importante: “¿qué hiciste tú para que esto cambiara?” (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 7).

La sesión cierra con un plan realista: qué situaciones siguen altas y hay que seguir practicando, y qué hacer cuando, en una época de estrés (un aniversario, un cambio de trabajo, un nacimiento), los síntomas asomen de nuevo. El manual lo plantea como práctica, no como recaída.

«Me va a hacer peor»: qué dice la evidencia sobre empeorar durante la terapia

Es el temor más común y merece una respuesta con datos. El manual avisa desde el inicio que es normal sentirse peor antes de sentirse mejor: hablar del trauma y trabajarlo emocionalmente suele aumentar la angustia por un tiempo (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 1). La pregunta es cuánta gente empeora de verdad y si eso arruina el resultado.

En el primer estudio que lo midió, con 76 mujeres con TEPT crónico, solo una minoría mostró un empeoramiento fiable de síntomas, quienes lo tuvieron se beneficiaron igual que las demás y el empeoramiento no se asoció a abandonar (Foa et al., 2002). Un análisis posterior de dos ensayos con 192 mujeres encontró que el 20 % de quienes hacían exposición prolongada tuvo un aumento transitorio de síntomas (28,6 % con terapia de procesamiento cognitivo), que ningún dato previo lo predijo, que esas personas terminaron con una mejoría clínicamente significativa de todos modos y que tampoco abandonaron más (Larsen et al., 2016).

El dato más reciente y más grande viene de la atención rutinaria del sistema de veteranos de Estados Unidos: de 25.768 personas que iniciaron exposición prolongada o procesamiento cognitivo, el 22,9 % tuvo en algún momento una subida fiable de síntomas. Los autores lo llaman “poco común, pero no raro”, y recuerdan que aún no se sabe cuánto de ese empeoramiento ocurriría igual sin tratamiento (Holder et al., 2025).

Puesto en una frase: alrededor de una de cada cinco personas pasa por un tramo peor. No es señal de que la terapia falle, y no predice que vayas a dejarla. Sí es una razón para hablarlo antes con tu terapeuta y para no hacer la exposición prolongada sin apoyo entre sesiones.

¿Funciona? Eficacia de la exposición prolongada en el TEPT

Sí, y con una base de evidencia poco común en psicoterapia. Un metaanálisis de 13 ensayos clínicos con 675 personas encontró un efecto grande de la EP frente a lista de espera o placebo psicológico (g = 1,08), que se mantuvo en el seguimiento (g = 0,68). La persona promedio tratada terminó mejor que el 86 % de las que no recibieron el tratamiento, y el efecto no cambió según el tipo de trauma ni el tiempo transcurrido (Powers et al., 2010).

Frente a otras terapias del trauma, la ventaja es pequeña o inexistente. En el ensayo comparativo más grande hasta hoy, con 916 veteranos en 17 centros, la exposición prolongada redujo más los síntomas que la terapia de procesamiento cognitivo, pero la diferencia no fue clínicamente significativa; sí hubo más probabilidad de perder el diagnóstico (OR 1,43) y de remisión (OR 1,62) con EP. Los autores concluyen que ambas funcionan y que la elección debería ser compartida con el paciente (Schnurr et al., 2022). El mismo metaanálisis de Powers no encontró diferencias entre la EP y la terapia cognitiva, el EMDR o el entrenamiento en inoculación de estrés.

¿Cuánta gente deja de tener TEPT? Un metaanálisis de 34 ensayos estimó que, en muestras civiles, entre el 65 % y el 86 % de quienes reciben una terapia centrada en el trauma pierde el diagnóstico; en militares y veteranos la cifra baja al 44-50 % para exposición prolongada y procesamiento cognitivo (Milligan et al., 2025). Vale la pena leerlo con calma: la mayoría de los estudios grandes de EP se hicieron con militares, que responden peor, así que las cifras civiles probablemente se parecen más a lo que verá una persona que consulta por un accidente, una agresión o un abuso.

Los consensos actuales van en la misma línea. Una revisión de recomendaciones de expertos de 2026 sitúa a la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma como la psicoterapia con mejor base de evidencia para el TEPT (Bandelow, 2026), y la guía de práctica clínica de la APA recomienda la exposición prolongada con fuerza.

Cuánta gente abandona y qué ayuda a terminarla

Esta es la parte incómoda, y por eso hay que decirla. El manual reconoce que entre un 20 % y un 30 % de los pacientes deja el tratamiento antes de tiempo (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 2). En los ensayos clínicos de psicoterapias para el TEPT, el abandono agrupado es del 16 %, y es mayor en las terapias centradas en el trauma (Lewis et al., 2020). En la práctica real con veteranos las cifras son mucho más altas: en el ensayo de 916 personas abandonó el 52 % de quienes hacían EP, y la diferencia con la otra terapia apareció justo después de la sesión 3, cuando empieza la exposición imaginaria (Harper et al., 2026).

Tres cosas ayudan, según los datos. Primero, la frecuencia: dos sesiones por semana se asocian a menos abandono (Levinson et al., 2022). Segundo, la dosis completada: en un metaanálisis de 73 ensayos los efectos fueron mayores cuando se completaban más sesiones y cuando el número se ajustaba a cada persona, con una tasa media de finalización del 71,8 % (Leithner et al., 2026). Tercero, la preparación: el manual sugiere dedicar una o dos sesiones previas a la motivación cuando la persona duda, con preguntas como “¿qué cosas que disfrutabas ya no puedes hacer?” y “si te sientes peor al principio, ¿cómo te lo vas a tomar?” (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 2).

Y hay un punto que el manual trata con más franqueza que muchos terapeutas: si no estás listo para enfrentar el recuerdo, es mejor parar y volver después, antes que quedarte a medias y salir creyendo que la terapia “no funciona contigo” (cap. 2).

Para quién es la exposición prolongada y para quién todavía no

La EP se recomienda a personas con TEPT (o con síntomas significativos aunque no cumplan todos los criterios) después de cualquier tipo de trauma, siempre que tengan un recuerdo suficiente del hecho como para poder contarlo con un principio, un medio y un final (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007, cap. 2). Sirve con depresión, ansiedad, rabia, vergüenza o trastornos de personalidad asociados. Y no hay que esperar años: si pasó más de un mes y los síntomas siguen, ya se puede considerar.

Lo que el manual pide atender antes de empezar (cap. 2):

  • Riesgo inminente de suicidio o de dañar a otros.
  • Autolesiones graves activas (el manual pide unos tres meses sin ellas y un compromiso de manejar los impulsos con otras herramientas).
  • Psicosis activa.
  • Estar viviendo ahora mismo en una situación de violencia (por ejemplo, con el agresor en la casa): primero la seguridad.
  • No tener un recuerdo claro del trauma. La EP no se usa para “recuperar” recuerdos, y el manual desaconseja explícitamente aplicarla a quien solo tiene una sensación vaga de haber vivido algo.

Fuera de eso, la comorbilidad no es motivo de exclusión. Una revisión de 18 ensayos clínicos encontró que la depresión, los trastornos de ansiedad, el consumo de sustancias, los trastornos de personalidad, la suicidalidad y la disociación o mejoran junto con el TEPT o no cambian durante la EP; no hay base empírica para dejar a alguien fuera por miedo a que eso empeore (van Minnen et al., 2015). Con el consumo de alcohol o drogas, el manual pide tratarlo en paralelo y vigilarlo como una forma más de evitación (cap. 2).

¿Y el TEPT complejo, el que deja el maltrato prolongado? Ahí la discusión es si conviene una fase previa de estabilización. Un metaanálisis reciente comparó intervenciones por fases contra intervenciones directas y no encontró diferencias en la mayoría de los desenlaces, aunque el número de ensayos es pequeño (Lee et al., 2026). El manual de Foa, por su parte, describe cómo adaptar la exposición cuando la persona se desconecta o se desborda: ojos abiertos, relato en pasado, más voz del terapeuta, o escribir el relato en vez de contarlo (cap. 8). La exposición no se abandona; se gradúa.

Exposición prolongada, EMDR y otras terapias: cómo elegir

Las guías internacionales recomiendan varias terapias centradas en el trauma con evidencia comparable: la exposición prolongada, la terapia de procesamiento cognitivo, la terapia cognitiva para el TEPT y el EMDR. Los metaanálisis no coronan a ninguna por encima de las otras (Powers et al., 2010; Milligan et al., 2025), y un metaanálisis de datos individuales confirma que la TCC centrada en el trauma supera claramente a no hacer nada y no se diferencia de otros tratamientos activos (Wright et al., 2025).

Entonces, ¿cómo elegir? Con tres criterios prácticos. Uno, la tolerancia: la EP pide contar el trauma en detalle y grabarlo; el procesamiento cognitivo trabaja más con los significados y menos con el relato sensorial. Dos, la disponibilidad: hay terapeutas formados en EP y otros que no; pregunta antes. Tres, la preferencia informada: el ensayo de Schnurr y colaboradores termina justamente pidiendo decisión compartida. Lo que no cambia con la elección es el ingrediente activo: acercarse al recuerdo en vez de huir de él. Si quieres saber qué es y qué no es el EMDR, y en qué se parece a la exposición, el artículo pilar sobre el TEPT tiene una sección dedicada.

¿Se puede hacer exposición prolongada online?

Sí, y está probado en ensayos clínicos, no solo en la práctica. El primer ensayo de no inferioridad, con 132 veteranos, comparó la EP por videollamada desde la casa con la EP presencial: la reducción del TEPT fue equivalente al terminar y a los 3 y 6 meses (Acierno et al., 2017). Un segundo ensayo, con 136 mujeres con TEPT por trauma sexual en el ejército, tampoco encontró diferencias ni en la cantidad de sesiones completadas ni en la mejoría; lo que sí predijo el resultado fue completar más sesiones (Acierno et al., 2021).

Hay una condición práctica: necesitas un lugar privado donde puedas hablar en voz alta del trauma sin que te escuchen, y donde puedas escuchar después la grabación. Y la exposición en vivo sigue siendo tuya, en tu ciudad; el terapeuta la planifica contigo, no la hace por ti.

Cuándo buscar ayuda profesional

Si pasó más de un mes desde el hecho y sigues con recuerdos que se meten sin permiso, pesadillas, sobresaltos, o si has ido recortando tu vida para no toparte con lo que te lo recuerda, vale la pena una evaluación. Un test de estrés postraumático puede orientarte antes de consultar, y el artículo sobre qué es el trauma psicológico y cómo se evalúa explica en qué consiste esa evaluación. Ninguna de esas dos cosas reemplaza a un profesional; sirven para llegar con más claridad.

Busca ayuda antes, sin esperar el mes, si tienes ideas de quitarte la vida, si estás usando alcohol o drogas para poder dormir o no pensar, o si sigues en la situación que te hizo daño. En Chile puedes llamar gratis a Salud Responde (600 360 7777) a cualquier hora. En MedlinePlus hay una explicación en español del TEPT pensada para pacientes y familias.

Preguntas frecuentes sobre la exposición prolongada

¿Qué es la terapia de exposición prolongada?

Es una terapia cognitivo conductual para el trastorno de estrés postraumático creada por Edna Foa. En 8 a 15 sesiones, la persona se acerca de forma gradual y repetida a las situaciones seguras que evita (exposición en vivo) y al recuerdo del trauma contado en voz alta (exposición imaginaria), hasta que dejan de provocar la angustia que hoy le impide vivir con normalidad.

¿Cuántas sesiones tiene la exposición prolongada?

El protocolo original contempla entre 10 y 15 sesiones de unos 90 minutos, una o dos por semana, y los ensayos recientes usan un rango de 8 a 15 según la respuesta. Sesiones de 60 minutos han demostrado ser igual de eficaces. El tratamiento completo suele tomar dos o tres meses.

¿En qué sesión se empieza a hablar del trauma?

En la sesión 3. La 1 se dedica a explicar el tratamiento, a una entrevista sobre lo vivido y a enseñar la respiración lenta; la 2, a las reacciones comunes al trauma y a construir la lista de situaciones evitadas. Recién en la tercera se hace la primera exposición imaginaria, y ese día la persona decide cuánto detalle da.

¿La exposición prolongada me va a hacer revivir el trauma?

Vas a recordarlo con detalle, en presente y con los ojos cerrados, pero en un lugar seguro y con alguien al lado. Justamente uno de los objetivos es aprender a distinguir entre recordar y volver a ser traumatizado. Alrededor de una de cada cinco personas nota un aumento pasajero de síntomas; esas personas mejoran igual y no abandonan más que el resto.

¿Es mejor la exposición prolongada o el EMDR?

Los metaanálisis no encuentran diferencias consistentes entre la exposición prolongada, el EMDR, la terapia de procesamiento cognitivo y la terapia cognitiva para el TEPT: todas superan con claridad a no tratarse. La elección depende de tu tolerancia al relato detallado, de qué terapeuta formado tienes disponible y de tu preferencia informada.

¿Cuánta gente abandona la exposición prolongada?

El manual estima entre un 20 % y un 30 %. En ensayos clínicos con población civil las cifras son menores; en veteranos, en cambio, pueden superar el 50 %. Hacer dos sesiones por semana, sobre todo al comienzo, y preparar la motivación antes de la sesión 3 reducen el riesgo de dejarla.

¿Se puede hacer exposición prolongada por videollamada?

Sí. Dos ensayos clínicos con más de 260 personas en total mostraron que la exposición prolongada por telemedicina desde la casa es equivalente a la presencial en reducción de síntomas, al terminar y hasta seis meses después. Hace falta un espacio privado para hablar y para escuchar las grabaciones.

Para cerrar

La exposición prolongada no es cómoda, y el manual que la creó es el primero en decirlo. Lo que ofrece a cambio está medido: efectos grandes, que duran, en 8 a 15 sesiones, y con una lógica que puedes entender antes de empezar. Si llevas meses o años organizando tu vida alrededor de lo que evitas, eso ya es un costo, y es el que esta terapia apunta a bajar.

Si quieres saber si la exposición prolongada es para ti, o prefieres empezar por una evaluación del TEPT sin comprometerte a nada, puedes agendar una primera sesión online. En esa conversación se revisa qué pasó, cómo estás hoy y qué tratamiento tiene más sentido en tu caso.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

Acierno, R., Jaffe, A. E., Gilmore, A. K., Birks, A., Denier, C., Muzzy, W., Lopez, C. M., Tuerk, P., & Grubaugh, A. L. (2021). A randomized clinical trial of in-person vs. home-based telemedicine delivery of Prolonged Exposure for PTSD in military sexual trauma survivors. Journal of Anxiety Disorders, 83, 102461. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2021.102461

Acierno, R., Knapp, R., Tuerk, P., Gilmore, A. K., Lejuez, C., Ruggiero, K., Muzzy, W., Egede, L., Hernandez-Tejada, M. A., & Foa, E. B. (2017). A non-inferiority trial of Prolonged Exposure for posttraumatic stress disorder: In person versus home-based telehealth. Behaviour Research and Therapy, 89, 57-65. https://doi.org/10.1016/j.brat.2016.11.009

Bandelow, B. (2026). Treatment of posttraumatic stress disorder (PTSD). Dialogues in Clinical Neuroscience, 28, 229-239. https://doi.org/10.1080/19585969.2026.2680838

Foa, E. B., Bredemeier, K., Acierno, R., Rosenfield, D., Muzzy, W., Tuerk, P. W., Zandberg, L. J., Hart, S., Young-McCaughan, S., Peterson, A. L., & McLean, C. P. (2022). The efficacy of 90-min versus 60-min sessions of prolonged exposure for PTSD: A randomized controlled trial in active-duty military personnel. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 90(6), 503-512. https://doi.org/10.1037/ccp0000739

Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Oxford University Press.

Foa, E. B., McLean, C. P., Zang, Y., Rosenfield, D., Yadin, E., Yarvis, J. S., Mintz, J., Young-McCaughan, S., Borah, E. V., Dondanville, K. A., Fina, B. A., Hall-Clark, B. N., Lichner, T., Litz, B. T., Roache, J., Wright, E. C., & Peterson, A. L. (2018). Effect of prolonged exposure therapy delivered over 2 weeks vs 8 weeks vs present-centered therapy on PTSD symptom severity in military personnel: A randomized clinical trial. JAMA, 319(4), 354-364. https://doi.org/10.1001/jama.2017.21242

Foa, E. B., Zoellner, L. A., Feeny, N. C., Hembree, E. A., & Alvarez-Conrad, J. (2002). Does imaginal exposure exacerbate PTSD symptoms? Journal of Consulting and Clinical Psychology, 70(4), 1022-1028. https://doi.org/10.1037/0022-006X.70.4.1022

Harper, K. L., Crow, T. M., Thompson-Hollands, J., Kearns, J. C., Mattern, A. C., Collazo, E. N., Arenson, M. B., Marx, B. P., & Schnurr, P. P. (2026). Comparing dropout from cognitive processing therapy versus prolonged exposure: Results from a randomized clinical trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 94(3), 140-150. https://doi.org/10.1037/ccp0000999

Holder, N., Batten, A., Shiner, B., Neylan, T. C., & Maguen, S. (2025). Reliable symptom worsening among veterans receiving cognitive processing therapy or prolonged exposure therapy for posttraumatic stress disorder in routine Veterans Health Administration care. Journal of Affective Disorders, 387, 119472. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.119472

Larsen, S. E., Wiltsey Stirman, S., Smith, B. N., & Resick, P. A. (2016). Symptom exacerbations in trauma-focused treatments: Associations with treatment outcome and non-completion. Behaviour Research and Therapy, 77, 68-77. https://doi.org/10.1016/j.brat.2015.12.009

Lee, Y., Park, S., & Cho, Y. E. (2026). Phase-based versus non-phase-based psychological interventions for complex PTSD: A systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 17(1), 2644112. https://doi.org/10.1080/20008066.2026.2644112

Leithner, C., Schreyer, B., Däumling, S., Semmlinger, V., & Ehring, T. (2026). The role of dosage and intensity in trauma-focused treatments for posttraumatic stress disorder: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 125, 102720. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2026.102720

Levinson, D. B., Halverson, T. F., Wilson, S. M., & Fu, R. (2022). Less dropout from prolonged exposure sessions prescribed at least twice weekly: A meta-analysis and systematic review of randomized controlled trials. Journal of Traumatic Stress, 35(4), 1047-1059. https://doi.org/10.1002/jts.22822

Lewis, C., Roberts, N. P., Gibson, S., & Bisson, J. I. (2020). Dropout from psychological therapies for post-traumatic stress disorder (PTSD) in adults: Systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 11(1), 1709709. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1709709

Milligan, T., Smolenski, D., Lara-Ruiz, J., & Kelber, M. S. (2025). Loss of PTSD diagnosis in response to evidence-based treatments: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 82(7), 718-727. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2025.0695

Nacasch, N., Huppert, J. D., Su, Y. J., Kivity, Y., Dinshtein, Y., Yeh, R., & Foa, E. B. (2015). Are 60-minute prolonged exposure sessions with 20-minute imaginal exposure to traumatic memories sufficient to successfully treat PTSD? A randomized noninferiority clinical trial. Behavior Therapy, 46(3), 328-341. https://doi.org/10.1016/j.beth.2014.12.002

Powers, M. B., Halpern, J. M., Ferenschak, M. P., Gillihan, S. J., & Foa, E. B. (2010). A meta-analytic review of prolonged exposure for posttraumatic stress disorder. Clinical Psychology Review, 30(6), 635-641. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.04.007

Schnurr, P. P., Chard, K. M., Ruzek, J. I., Chow, B. K., Resick, P. A., Foa, E. B., Marx, B. P., Friedman, M. J., Bovin, M. J., Caudle, K. L., Castillo, D., Curry, K. T., Hollifield, M., Huang, G. D., Chee, C. L., Astin, M. C., Dickstein, B., Renner, K., Clancy, C. P., … Shih, M. C. (2022). Comparison of prolonged exposure vs cognitive processing therapy for treatment of posttraumatic stress disorder among US veterans: A randomized clinical trial. JAMA Network Open, 5(1), e2136921. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2021.36921

van Minnen, A., Zoellner, L. A., Harned, M. S., & Mills, K. (2015). Changes in comorbid conditions after prolonged exposure for PTSD: A literature review. Current Psychiatry Reports, 17(3), 549. https://doi.org/10.1007/s11920-015-0549-1

Wright, S. L., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Cuijpers, P., Bisson, J. I., Papola, D., Witteveen, A. B., Back, S. E., Bichescu-Burian, D., Capezzani, L., Cloitre, M., Devilly, G. J., Elbert, T., Mello, M. F., Ford, J. D., Grasso, D., Gray, R., Haller, M., Hunt, N., … Seedat, S. (2025). Efficacy of cognitive behavioral therapies with a trauma focus for posttraumatic stress disorder: An individual participant data meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 93(6), 401-426. https://doi.org/10.1037/ccp0000942

Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Conocer más · Agendar una consulta