Le preguntas “¿cómo te sientes?” y la respuesta es un silencio, un “no sé” o un cambio de tema. No es la primera vez. Con los años empezaste a leerlo como desinterés, como que ya no le importas, o simplemente como “así es él” (o ella). Hay una explicación distinta, y más estudiada de lo que parece: la alexitimia en la pareja: la dificultad de uno de los dos para reconocer y poner en palabras las propias emociones.
Es un rasgo, no un diagnóstico psiquiátrico ni una etiqueta que defina a alguien para siempre, presente en distinto grado en cerca de 1 de cada 10 personas adultas (Salminen et al., 1999), que se cuela en la vida de pareja de formas muy concretas: menos comunicación íntima, más soledad compartida, y en quien la tiene, la sensación confusa de estar fallándole al otro sin entender bien por qué.
Aquí vas a encontrar qué dice la evidencia científica sobre la alexitimia, cómo distinguirla de “no querer hablar” o de la evitación deliberada, qué tan real es su impacto en la satisfacción de pareja, y qué estrategias de comunicación tienen respaldo clínico. Si llegaste buscando entender a tu pareja (o a ti mismo), esto te sirve para ponerle nombre a lo que pasa antes de decidir qué hacer con eso.
TL;DR: lo que necesitas saber
La alexitimia es la dificultad para identificar, diferenciar y verbalizar las propias emociones, descrita originalmente por Sifneos (1973). No es lo mismo que no querer hablar: quien la tiene de verdad no logra ponerle nombre a lo que siente, no es que se niegue a compartirlo. En la pareja se asocia con más soledad y menos comunicación íntima (Frye-Cox y Hesse, 2013), y con menor satisfacción marital (Karukivi et al., 2014; El Frenn et al., 2022). No existe una cura instantánea, pero sí técnicas de comunicación y enfoques terapéuticos con evidencia de ayudar, sobre todo cuando ambos entienden qué está pasando de verdad.
¿Qué es exactamente la alexitimia?
La palabra viene del griego (a-, “sin”; lexis, “palabra”; thymos, “emoción”) y describe, en pocas palabras, la falta de palabras para las emociones. El psiquiatra Peter Sifneos la describió en 1973 tras observar un patrón que se repetía en pacientes con enfermedades psicosomáticas: dificultad marcada para reconocer y diferenciar sus propios estados afectivos, acompañada de un estilo de pensamiento pragmático, centrado en hechos concretos y con poca vida imaginativa.
Ese trabajo original se sistematizó después en cuatro rasgos centrales, que hoy se miden con el instrumento más usado en investigación, la Escala de Alexitimia de Toronto o TAS-20 (Bagby, Parker y Taylor, 1994):
- Dificultad para identificar emociones: cuesta distinguir una emoción de una sensación corporal. La opresión en el pecho puede ser ansiedad, rabia o simple cansancio, y la persona no sabe cuál.
- Dificultad para describir sentimientos a otros: el vocabulario emocional es limitado, incluso cuando la persona sí percibe que algo pasa por dentro.
- Pensamiento orientado hacia lo externo: la atención se va a los hechos y los detalles prácticos de una situación, no a la experiencia subjetiva que provoca.
- Poca vida imaginativa: menos fantasía, menos ensoñación, menos capacidad de jugar mentalmente con escenarios emocionales.
Es importante no confundir esto con un diagnóstico binario. La alexitimia se distribuye en la población como un rasgo dimensional, de menos a más, no como algo que se tiene o no se tiene. Este artículo se enfoca en lo que significa para la vida de pareja, así que no vamos a entrar en el detalle de cómo se puntúa el TAS-20 (para eso puedes revisar qué es la alexitimia en profundidad); lo que sí importa aquí es entender que se puede tener este rasgo en distintos grados, y que el grado que interesa a una relación es el que de verdad interfiere con la comunicación emocional cotidiana.
Por qué a veces se confunde con frialdad: el vínculo con la inteligencia emocional
Daniel Goleman ubicó la alexitimia como el extremo opuesto de la inteligencia emocional, y explicó algo que ayuda a entender por qué la pareja de alguien con este rasgo suele sentirse tan sola: la autoconciencia (reconocer lo que uno siente mientras lo siente) es, según él, la base sobre la que se construye la empatía. Quien no logra leerse a sí mismo tiene, en consecuencia, mucha más dificultad para leer al otro. Goleman describe a estas personas como emocionalmente “sordas”: no ignoran a su pareja a propósito, es que las señales afectivas (el tono de voz que cambia, el silencio que pesa distinto) no logran traducirse en información utilizable.
El modelo de habilidad mental de Mayer, Salovey y Caruso (2004) llega a una conclusión parecida desde otro ángulo. Divide la inteligencia emocional en cuatro capacidades (percibir emociones, usarlas para pensar mejor, comprenderlas y regularlas), y en la alexitimia fallan las cuatro a la vez: cuesta nombrar lo que se siente, y cuesta igual usar esa información para resolver un conflicto o para calmarse cuando algo duele.
Esto significa que su cerebro no logra convertir esa sensación cruda en un pensamiento con nombre propio, no que alguien con alexitimia no sienta, y sin ese nombre, resulta casi imposible compartirlo con la pareja de forma que la otra persona lo entienda como algo suyo, no como un muro.
De dónde viene la dificultad para nombrar lo que se siente
No hay una causa única. La hipótesis original de Sifneos apuntaba a algo constitucional, presente desde temprano en el desarrollo. La investigación posterior sumó una pieza que conecta directamente con la vida de pareja: el apego. Un estudio con 102 parejas en gestación encontró que el puntaje de alexitimia (sobre todo la dificultad para identificar y describir sentimientos) se correlacionaba con mayor ansiedad y evitación en el apego hacia la pareja (Karukivi et al., 2014). Dicho de otro modo: quien de niño no tuvo demasiadas oportunidades de que un adulto le devolviera sus emociones con palabras (“veo que estás enojado porque…”) tiende, de adulto, a arrastrar tanto la dificultad para nombrar lo que siente como un estilo de apego más inseguro en su propia pareja.
Esa doble carga (poco vocabulario emocional y apego inseguro) es la que suele explicar por qué la persona no solo no habla de lo que siente, sino que además le cuesta pedir cercanía cuando más la necesita.
Alexitimia en la pareja: qué dice la evidencia sobre su impacto real
La investigación en parejas, más que hablar de “amor” en abstracto, mide variables concretas: soledad, comunicación íntima, satisfacción marital. Y ahí los datos son consistentes.
En un estudio con 155 parejas, la alexitimia se asoció con mayor soledad y menor comunicación íntima, y estas dos variables explicaron por completo su relación con la calidad marital, tanto en hombres como en mujeres (Frye-Cox y Hesse, 2013). Ahí aparece algo que vale la pena subrayar: el daño a la relación llega a través del aislamiento y el silencio que provoca la alexitimia cuando nadie lo nombra, no de la alexitimia de forma directa.
Otros estudios confirman el patrón desde ángulos distintos. En 445 adultos libaneses, la alexitimia medió la relación entre el estilo de apego y la satisfacción de pareja (El Frenn et al., 2022). En 108 parejas, junto con el apoyo social y la soledad, tuvo un efecto indirecto significativo sobre qué tan satisfechas se sentían con su relación (Panahi et al., 2018).
Ninguno de estos estudios dice que la alexitimia condene una relación. Dicen algo más específico y más útil: que el daño real viene de la soledad y la falta de comunicación que se instalan cuando el rasgo no se reconoce ni se trabaja, no del rasgo en sí mismo.
¿Es alexitimia, o simplemente no quiere hablar?
“No puedo expresar mis emociones” es la frase que muchas personas con alexitimia usan para describirse a sí mismas, y es distinta de “no quiero hablar de esto ahora”. Esta es probablemente la pregunta que más pesa cuando llevas tiempo en esta dinámica. La diferencia clínica es concreta: la evitación deliberada es una elección (“prefiero no hablar de esto ahora”), aunque sea una elección poco saludable a largo plazo. La alexitimia, en cambio, es una limitación real para acceder a la información emocional propia. No es “no quiero”, es “no encuentro las palabras, ni siquiera sé bien qué es esto que siento”.
Ayuda además distinguir entre alexitimia primaria y secundaria. La primaria es un rasgo de personalidad relativamente estable, presente desde siempre. La secundaria aparece como reacción a un cuadro clínico puntual (depresión, ansiedad, estrés postraumático, dolor crónico) y tiende a aflojar cuando ese cuadro se trata; funciona casi como un mecanismo de protección frente a un malestar que se volvió abrumador. Si tu pareja “se cerró” después de un evento estresante concreto, vale la pena considerar esta segunda posibilidad, porque el abordaje es distinto (tratar la causa de fondo, no solo la comunicación).
Un matiz que suele doler: la alexitimia no afecta solo la capacidad de hablar de las propias emociones, también dificulta leer las ajenas. La evidencia muestra correlaciones negativas entre alexitimia y empatía, y entre alexitimia y calidad de las relaciones interpersonales. Esto explica por qué, además del silencio, muchas veces se suma la sensación de que la pareja “no capta” cuando algo te afecta, aunque se lo digas directamente. No es indiferencia calculada: es que decodificar el tono de voz o la expresión del otro también depende del mismo circuito que le falla para leerse a sí mismo.
El ciclo que se instala cuando la desconexión no se nombra
Cuando la falta de sintonía emocional se sostiene en el tiempo sin que nadie la ponga sobre la mesa, suele desembocar en un patrón bien documentado en la investigación de parejas: el que popularizó John Gottman y que Goleman resume como los “cuatro jinetes” de la ruptura. La crítica personal (“siempre eres igual”) reemplaza a la queja concreta. Aparece el desprecio, que Gottman identifica como el predictor más fuerte de separación. La persona criticada se pone a la defensiva. Y finalmente uno de los dos se retira del todo, con rostro inexpresivo, en lo que se llama amurallamiento.
Vale una aclaración importante antes de seguir: la alexitimia y este ciclo de desconexión son un factor de riesgo, no una sentencia. Un metaanálisis de 17 estudios encontró niveles de alexitimia más altos que en la población general tanto en víctimas como en perpetradores de violencia de pareja (Veggi et al., 2024), pero los propios autores son claros en que se trata de una asociación estudiada entre varios factores, no de una explicación ni una justificación de la violencia. Si en tu relación hay agresión, control o miedo, eso necesita ayuda profesional específica, más allá de cualquier trabajo de comunicación emocional.
Fuera de ese escenario, lo que suele pasar es más silencioso: dos personas viviendo bajo el mismo techo, cada vez más lejos, sin que ninguna sepa nombrar por qué.
Cómo lidiar con la alexitimia en la pareja: qué ayuda de verdad cuando uno de los dos la tiene
Una revisión clínica reciente concluye que evaluar la alexitimia en terapia permite anticipar su impacto en la alianza terapéutica y orienta intervenciones específicas para desarrollar habilidades emocionales (Nunes da Silva, 2021). Traducido a la práctica cotidiana de una pareja, esto se ve en tres frentes:
Cambiar la pregunta. “¿Cómo te sientes?” es, para alguien con alexitimia, una pregunta enorme y sin puerta de entrada. Funcionan mejor las preguntas ancladas al cuerpo (“¿en qué parte del cuerpo notas la tensión ahora?”) o las preguntas de escala (“del 1 al 10, ¿qué tan incómodo estás con esto?”). Dan un punto de partida concreto donde antes no había ninguno.
Entender el lenguaje de las acciones. Cuando poner sentimientos en palabras cuesta tanto, el afecto tiende a expresarse en comportamientos prácticos: resolver un problema, estar presente, hacer algo por el otro. No reemplaza la conversación, pero vale la pena aprender a leerlo como lo que es, un intento real de cercanía, y no como indiferencia.
Buscar terapia especializada cuando el patrón no cede. Enfoques como la terapia centrada en las emociones (EFT) trabajan justamente esto: ayudar a que ambos miembros de la pareja identifiquen y compartan lo que sienten en el momento, con acompañamiento profesional. No es un proceso de un par de sesiones, y funciona mejor cuando los dos entienden el objetivo real: construir juntos un idioma emocional que antes no existía, no “arreglar” a quien tiene alexitimia.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Conviene consultar cuando el silencio ya generó distancia sostenida (no solo momentos puntuales de desconexión), cuando aparecieron los patrones de crítica, desprecio o amurallamiento descritos más arriba, cuando uno de los dos siente que lleva años cargando solo con la parte emocional de la relación, o cuando la dificultad para nombrar lo que se siente coincide con otro cuadro (depresión, ansiedad, consumo de alcohol u otras sustancias) que también necesita tratamiento propio. Un psicólogo puede ayudar a diferenciar si se trata de un rasgo de fondo, un cuadro secundario tratable, o simplemente un problema de hábitos de comunicación que nunca se conversó.
Preguntas frecuentes sobre alexitimia y pareja
¿Qué es la alexitimia y cómo se diferencia de no querer hablar de lo que se siente?
La alexitimia es la dificultad real para identificar y verbalizar las propias emociones (Sifneos, 1973), no una decisión consciente de callar. Quien evita hablar deliberadamente sí sabe lo que siente y elige no compartirlo; quien tiene alexitimia muchas veces ni siquiera logra ponerle nombre a lo que le pasa por dentro.
¿Mi pareja tiene alexitimia o simplemente es fría o evitativa?
La diferencia está en si hay incapacidad genuina para nombrar emociones (alexitimia) o si hay una elección de mantener distancia (evitación). Ambas pueden convivir, y ambas benefician de conversarlo con calma o con apoyo profesional; ninguna se resuelve solo esperando que “se le pase”.
¿La alexitimia tiene cura o tratamiento?
No existe una “cura” en el sentido de eliminar el rasgo por completo, sobre todo si es primario y estable. Sí hay enfoques con respaldo clínico, como la terapia centrada en las emociones, que ayudan a desarrollar herramientas para identificar y comunicar lo que se siente, con mejoras reales en la vida cotidiana y de pareja.
¿Cómo puedo comunicarme con una pareja que no identifica lo que siente?
Reemplaza preguntas abiertas (“¿cómo te sientes?”) por preguntas ancladas al cuerpo o a una escala numérica, dale tiempo para responder sin presionar, y aprende a reconocer sus gestos de afecto en acciones concretas, no solo en palabras. La paciencia sostenida ayuda más que insistir en que “hable de una vez”.
¿La alexitimia significa que mi pareja no me quiere o no siente nada?
No. La evidencia distingue entre sentir y poder nombrar lo que se siente: la alexitimia afecta lo segundo, no necesariamente lo primero. Muchas personas con este rasgo sienten con la misma intensidad que cualquiera, solo que no logran traducirlo en palabras ni, muchas veces, reconocerlo con claridad en sí mismas.
Qué hacer con esto ahora
Nada de esto se resuelve solo con leer un artículo. Si te reconociste en esta descripción (de cualquiera de los dos lados), lo más útil es abrir una conversación que no dependa de que el otro encuentre las palabras perfectas a la primera, y sostenerla con calma en las semanas siguientes, no en una sola charla. Un espacio terapéutico, individual o de pareja, ayuda a construir ese idioma emocional común que hoy no existe entre ustedes. Puedes agendar una consulta y empezar a trabajarlo con acompañamiento profesional.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
Bagby, R. M., Parker, J. D. A., & Taylor, G. J. (1994). The twenty-item Toronto Alexithymia Scale-I. Item selection and cross-validation of the factor structure. Journal of Psychosomatic Research, 38(1), 23-32. https://doi.org/10.1016/0022-3999(94)90005-1
El Frenn, Y., Akel, M., Hallit, S., & Obeid, S. (2022). Couple’s satisfaction among Lebanese adults: Validation of the Toronto Alexithymia Scale and Couple Satisfaction Index-4 scales, association with attachment styles and mediating role of alexithymia. BMC Psychology, 10(1), 13. https://doi.org/10.1186/s40359-022-00719-6
Frye-Cox, N. E., & Hesse, C. R. (2013). Alexithymia and marital quality: The mediating roles of loneliness and intimate communication. Journal of Family Psychology, 27(2), 203-211. https://doi.org/10.1037/a0031961
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