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  • Duelo por un padre ausente

    Duelo por un padre ausente

    Si buscaste «duelo por un padre ausente», lo más probable es que algo te haya movido por dentro: tu papá murió y no sabes qué sentir, o sigue vivo y llevas años echando de menos a alguien que nunca estuvo. A veces pasan las dos cosas a la vez, y con la duda de si tienes derecho a llamarlo duelo.

    Lo tienes. Esta guía reúne lo que dicen los libros de referencia sobre el duelo y los estudios disponibles sobre la ausencia del padre. Conviene avisar desde el inicio que no encontramos ningún estudio que mida el duelo específico por un padre ausente, así que lo que sigue combina piezas de áreas vecinas y dice en cada caso hasta dónde llegan.

    Respuesta corta: sí, se puede hacer duelo por un padre que no estuvo. Lo que se llora es la persona y también la relación que no existió y que ya no podrá existir. Es habitual que aparezcan a la vez rabia, culpa, alivio y vacío, y que el entorno no lo entienda. Si pasan los meses y el dolor te paraliza, consultar tiene sentido.

    ¿Se puede hacer duelo por un padre que nunca estuvo?

    Sí. El duelo responde a lo que se pierde, y con un padre ausente se pierde bastante: la persona real, pero también la posibilidad de una relación, de una disculpa o de una explicación. Worden (2013) lo describe como el duelo por lo que nunca existió, y Neimeyer (2019) cuestiona la idea de que solo se sufre por quienes se amó de cerca.

    Cuando el padre sigue vivo, Boss (2025) habla de pérdida ambigua: una pérdida incompleta, sin certificado de defunción ni ritos de cierre, en la que no queda claro si la persona está dentro o fuera de tu vida. Hay más sobre este concepto en la guía de pérdida ambigua.

    Y cuando murió, la muerte cierra de golpe la esperanza de que algún día llegara el abrazo, la disculpa o el interés que se esperaba. Desde entonces ya no queda a quién esperar.

    ¿Qué se llora en el duelo por un padre ausente?

    Según lo que describen Worden (2013) y Neimeyer (2019), en este duelo se mezclan varias pérdidas distintas:

    • El padre real, con lo poco o lo mucho que fue, incluso si compartieron más ausencia que recuerdos.
    • El padre que habrías querido tener, el que preguntaba, aparecía y se interesaba.
    • La oportunidad de arreglar algo: una conversación pendiente, una explicación, una disculpa.
    • Una parte de tu historia, porque la identidad puede haberse construido buscando una respuesta o una validación de ese padre.

    Neimeyer (2019) añade que esa muerte puede abrir preguntas sobre quién eres ahora («¿quién soy yo, siendo hijo o hija de este padre que no estuvo?»). Por eso a veces el golpe es mayor de lo que la persona esperaba, y la confunde.

    Murió mi padre con el que no tenía relación: ¿por qué siento tanto, o tan poco?

    Porque no hay una reacción típica, y lo que aparece depende de la historia concreta. Worden (2013) describe rabia intensa por el abandono o la decepción, culpa por no haber hecho algo (o por sentir alivio) y, en algunos casos, evitación o idealización del fallecido para no tocar lo doloroso. Si la rabia no se reconoce, tiende a dirigirse hacia uno mismo.

    Neimeyer (2019) habla de ambigüedad afectiva: oscilar entre dolor, resentimiento y frialdad, con culpa por cada una de esas emociones. Sentir poco también puede pasar.

    Una idea muy repetida es que la ambivalencia hacia el fallecido vuelve el duelo más difícil. La investigación la matiza. En dos muestras de pacientes psiquiátricos ambulatorios (138 y 139 personas), la ambivalencia se asoció de forma inversa con la gravedad de los síntomas de duelo, mientras que la afiliación y la dependencia se asociaron de forma directa (Piper et al., 2001).

    Son pacientes psiquiátricos, así que es una pista y no una regla general.

    Otros estudios apuntan en la misma línea. En 157 adultos jóvenes en duelo, fueron la profundidad de la relación y la dependencia las que se asociaron con el duelo complicado (Mash et al., 2014). Fue un estudio transversal y de tamaño pequeño.

    En 385 universitarios en duelo, el mayor riesgo de duelo intenso apareció en quienes tenían un estilo de apego preocupado (mucha ansiedad, poca evitación) y una relación a la vez muy cercana y muy conflictiva (Smigelsky et al., 2020). Era una muestra con mucha familia extensa y datos recordados, así que se lee con cautela.

    Un metaanálisis de 120 estudios y más de 61.000 personas encontró que los factores con mayor asociación con el duelo prolongado fueron los síntomas de duelo previos a la pérdida (r = 0,39) y la depresión (r = 0,30) (Buur et al., 2024). El resumen del estudio no menciona una relación difícil entre los factores más fuertes.

    Una relación difícil no basta para predecir un duelo más grave. Lo que suele cambiar es la forma, con más mezcla de emociones.

    Padre ausente: heridas que deja y qué dice la investigación

    Aquí hay más literatura, aunque casi toda estudia a niños y adolescentes cuyo padre dejó el hogar, y no el duelo posterior. Sirve para entender qué pesa en la historia, siempre con la cautela de que son resultados de grupo y no un destino individual.

    Una revisión de estudios con diseños que intentan separar la causa del efecto concluyó que la ausencia del padre sigue mostrando efectos negativos, de menor tamaño que los de los estudios simples. La evidencia es más sólida para el ajuste emocional y social en la infancia y para la salud mental en la adultez (McLanahan et al., 2013).

    En una cohorte británica de hasta 8.409 personas, la ausencia del padre biológico en la primera infancia se asoció con más probabilidad de depresión y más síntomas depresivos a los 24 años, algo que no ocurrió con la ausencia en la infancia media (Culpin et al., 2022). Los autores advierten sobre pérdida de participantes y confusión residual.

    Un análisis anterior de la misma cohorte, con 5.631 niños, encontró más síntomas depresivos a los 14 años cuando el padre se fue en los primeros cinco años, con una asociación más fuerte en niñas (Culpin et al., 2013).

    Hay además un problema de definición. Una revisión crítica señala que «ausencia paterna» es un término poco definido y que gran parte de la literatura no distingue entre la muerte del padre, el conflicto de la pareja y otras causas (East et al., 2006).

    Bowlby (1980) planteó que la pérdida o ausencia prolongada de un progenitor en la infancia puede llevar al niño a arreglárselas solo y, en la adultez, a defenderse con una independencia que evita pedir apoyo. Es una tendencia y no un destino. Si te interesa ese terreno, está la guía sobre apego evitativo.

    ¿Y si tu padre sigue vivo pero ausente?

    También se puede hacer duelo por alguien que vive. Boss (2025) distingue dos formas de pérdida ambigua que encajan con un padre ausente:

    • Ausente en el cuerpo, presente en la mente: el padre se fue, se separó o dejó de verte, pero sigue ocupando tus preguntas y expectativas.
    • Presente en el cuerpo, ausente en lo emocional: vive contigo o cerca, pero el trabajo, una adicción o su forma de ser le impiden conectar contigo.

    Para ese caso, Boss (2025) propone seis pautas: dar sentido (empezando por ponerle nombre a lo que pasa), ajustar la necesidad de control, reconstruir la identidad, normalizar la ambivalencia, revisar el apego y descubrir nuevas esperanzas. La meta es aprender a vivir con una pérdida sin cierre.

    ¿Es raro el distanciamiento entre padres e hijos adultos? Según una encuesta nacional de Estados Unidos (8.119 hijos adultos respondieron sobre su padre), el 26 % reportó un periodo de distanciamiento de su padre, con una edad media de 23 años para el primero, y el 69 % de ellos se reconcilió en olas posteriores (Reczek et al., 2023). Son datos de EE. UU., sin equivalente chileno.

    Esa cifra tiene una lectura práctica: el vínculo con un padre ausente no siempre está cerrado, y decidir si buscarlo o no es una decisión tuya que no tiene una respuesta única.

    Si el distanciamiento duele, hay un dato prometedor y modesto. En 263 personas distanciadas de un familiar que asistieron a grupos de apoyo de seis sesiones, el malestar bajó de moderado a leve y dijeron sentirse menos solas y con menos vergüenza (Blake et al., 2022). No hubo grupo de comparación y la muestra era autoseleccionada.

    ¿Por qué cuesta tanto que los demás lo entiendan?

    Porque este duelo suele quedar desautorizado, un concepto de Doka: el entorno no valida el dolor y la propia persona tampoco se da permiso. Se oyen frases como «¿por qué te afecta si apenas lo veías?» o «si no estuvo, no tienes por qué estar mal».

    La sociedad tiende a presuponer que el sufrimiento es proporcional a la cercanía. Robson y Walter (2013) matizan además que las normas sobre qué duelos son legítimos siguen una jerarquía en la que ciertos vínculos pesan más que otros, y que el valor clínico del concepto de duelo desautorizado puede ser limitado.

    Por eso Worden (2013) subraya que quien está en este duelo necesita recibir, o darse a sí mismo, permiso para sentir tristeza, rabia, culpa o alivio, sin importar qué tan distante fuera el vínculo. Para conocer más sobre las dificultades para llorar, hay una guía sobre no poder llorar.

    ¿Qué puede ayudar en el duelo por un padre ausente?

    Los libros de referencia describen varias herramientas. Conviene saber que son recomendaciones de la práctica clínica y que no existen ensayos que las hayan probado específicamente en duelo por un padre ausente. Se pueden probar con calma, de a una:

    1. Ponerle nombre y darte permiso. Decirte «estoy en duelo por lo que no fue» ya reduce la sensación de estar fallando (Worden, 2013; Boss, 2025).
    2. Hacer dos listas: lo que echas de menos y lo que no. Incluir las decepciones y los arrepentimientos ayuda a no idealizar ni a borrar al padre (Worden, 2013; Neimeyer, 2019).
    3. Escribirle una carta que no vas a enviar. Permite decir la rabia, las preguntas y las confesiones sin temer la respuesta (Neimeyer, 2019).
    4. Probar la silla vacía con un terapeuta. Se describe como una técnica de terapia para dirigirse en primera persona al padre y confrontar lo pendiente (Worden, 2013; Neimeyer, 2019).
    5. Crear un pequeño ritual propio. Algo simbólico y privado que marque la pérdida, porque en la pérdida ambigua faltan los ritos de cierre (Neimeyer, 2019; Boss, 2025).
    6. Alternar el dolor con lo práctico. El modelo del proceso dual describe un duelo sano que oscila entre mirar la pérdida y ocuparse de la vida, con descansos de ambas cosas (Stroebe y Schut, 1999).

    También conviene decidir qué vínculo conservar. Una revisión sistemática de métodos mixtos halló que los vínculos continuos con el fallecido traen consuelo y malestar, y que la literatura no ha podido confirmar si conservarlos ayuda más que soltarlos (Hewson et al., 2024). En tu caso, esto puede significar recordar lo bueno si lo hubo sin forzarte a perdonar ni a idealizar.

    Para ver tiempos y etapas, la guía sobre cómo superar un duelo y la guía madre de duelo cubren el tema desde el comienzo.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta si, pasados varios meses, el dolor sigue intenso e impide trabajar, estudiar o cuidar de otros, si hay una culpa desproporcionada y constante, si la rabia está dañando tus relaciones, si recurres al alcohol u otras sustancias para anestesiar el dolor o si sientes que estás atrapado en el sufrimiento sin ver salida. Son señales que Worden (2013) y Neimeyer (2019) describen como motivo de evaluación.

    Un diagnóstico de duelo prolongado exige anhelo o preocupación persistentes por la persona fallecida y un deterioro importante, durante al menos seis meses según la CIE-11 y doce según el DSM-5-TR en adultos (Organización Mundial de la Salud, 2024, para la CIE-11). Los criterios miran los síntomas y el deterioro, y no qué tan cercana era la relación. Puedes ver si te corresponde con el test de duelo prolongado.

    Si aparecen ideas de morir o de hacerte daño, no esperes: cuéntaselo a alguien hoy mismo. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, todos los días) o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no sentir nada cuando muere un padre ausente?

    Sí puede ocurrir. No hay una reacción típica, y algunas personas sienten poco, otras rabia y otras alivio. Un estudio con pacientes psiquiátricos encontró que la ambivalencia hacia el fallecido se asoció con menos síntomas de duelo (Piper et al., 2001). Si pasan meses y algo te inquieta, consulta.

    ¿Puedo hacer duelo por un padre que me abandonó y sigue vivo?

    Sí. Boss (2025) lo describe como pérdida ambigua: el padre está ausente en el cuerpo pero presente en la mente. No hay certificado ni funeral que marque el cierre, y aun así el dolor es real. Las pautas de Boss apuntan a vivir con esa ambigüedad y no a forzar un final.

    ¿Es raro sentir alivio cuando muere un padre con el que no tenía relación?

    No. Worden (2013) describe la culpa por sentir alivio como una experiencia frecuente en duelos con relaciones difíciles. Sentir alivio y tristeza a la vez es parte de la ambigüedad afectiva que Neimeyer (2019) describe. Puede ayudar escribirlo o conversarlo con alguien de confianza.

    ¿Por qué me duele más de lo que esperaba?

    Porque la muerte cierra para siempre la posibilidad de recibir la disculpa, la explicación o el afecto que se esperaba (Worden, 2013; Neimeyer, 2019). Además, una historia construida buscando a ese padre puede quedar sin sentido de golpe. Si el dolor te paraliza, un psicólogo puede acompañarte.

    ¿La ausencia del padre causa depresión?

    En estudios de cohorte, la ausencia del padre en la primera infancia se asoció con más depresión en la adultez joven (Culpin et al., 2022). Es una asociación de grupo, con limitaciones, y los efectos son menores en estudios con diseños más rigurosos (McLanahan et al., 2013). No determina lo que le pasará a cada persona.

    ¿Cuánto dura el duelo por un padre ausente?

    No hay un plazo correcto ni estudios específicos de este duelo. El diagnóstico de duelo prolongado exige al menos seis meses en la CIE-11 y doce en el DSM-5-TR, con deterioro importante (Organización Mundial de la Salud, 2024).

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Cargar solo con un duelo que otros no reconocen pesa, y a veces lo difícil es empezar. Si murió tu padre ausente, o sigue vivo y la ausencia aún duele, puedes conversarlo en una consulta online. No necesitas saber qué decir: basta con contar cómo estás.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder.
    • Blake, L., Bland, B., & Gilbert, H. (2022). The efficacy of a facilitated support group intervention to reduce the psychological distress of individuals experiencing family estrangement. Evaluation and Program Planning, 95, 102168. https://doi.org/10.1016/j.evalprogplan.2022.102168
    • Bowlby, J. (1980). Attachment and loss: Vol. 3. Loss: Sadness and depression. Basic Books.
    • Buur, C., Zachariae, R., Komischke-Konnerup, K. B., Marello, M. M., Schierff, L. H., & O’Connor, M. (2024). Risk factors for prolonged grief symptoms: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 107, 102375. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2023.102375
    • Culpin, I., Heron, J., Araya, R., Melotti, R., & Joinson, C. (2013). Father absence and depressive symptoms in adolescence: Findings from a UK cohort. Psychological Medicine, 43(12), 2615-2626. https://doi.org/10.1017/s0033291713000603
    • Culpin, I., Heuvelman, H., Rai, D., Pearson, R. M., Joinson, C., Heron, J., Evans, J., & Kwong, A. S. F. (2022). Father absence and trajectories of offspring mental health across adolescence and young adulthood: Findings from a UK-birth cohort. Journal of Affective Disorders, 314, 150-159. https://doi.org/10.1016/j.jad.2022.07.016
    • East, L., Jackson, D., & O’Brien, L. (2006). Father absence and adolescent development: A review of the literature. Journal of Child Health Care, 10(4), 283-295. https://doi.org/10.1177/1367493506067869
    • Hewson, H., Galbraith, N., Jones, C., & Heath, G. (2024). The impact of continuing bonds following bereavement: A systematic review. Death Studies, 48(10), 1001-1014. https://doi.org/10.1080/07481187.2023.2223593
    • Mash, H. B. H., Fullerton, C. S., Shear, M. K., & Ursano, R. J. (2014). Complicated grief and depression in young adults: Personality and relationship quality. The Journal of Nervous and Mental Disease, 202(7), 539-543. https://doi.org/10.1097/nmd.0000000000000155
    • McLanahan, S., Tach, L., & Schneider, D. (2013). The causal effects of father absence. Annual Review of Sociology, 39, 399-427. https://doi.org/10.1146/annurev-soc-071312-145704
    • Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.
    • Organización Mundial de la Salud. (2024). Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders (CDDR). https://www.who.int/publications/i/item/9789240077263
    • Piper, W. E., Ogrodniczuk, J. S., Joyce, A. S., McCallum, M., Weideman, R., & Azim, H. F. (2001). Ambivalence and other relationship predictors of grief in psychiatric outpatients. The Journal of Nervous and Mental Disease, 189(11), 781-787. https://doi.org/10.1097/00005053-200111000-00008
    • Reczek, R., Stacey, L., & Thomeer, M. B. (2023). Parent-adult child estrangement in the United States by gender, race/ethnicity, and sexuality. Journal of Marriage and Family, 85(2), 494-517. https://doi.org/10.1111/jomf.12898
    • Robson, P., & Walter, T. (2013). Hierarchies of loss: A critique of disenfranchised grief. OMEGA: Journal of Death and Dying, 66(2), 97-119. https://doi.org/10.2190/om.66.2.a
    • Smigelsky, M. A., Bottomley, J. S., Relyea, G., & Neimeyer, R. A. (2020). Investigating risk for grief severity: Attachment to the deceased and relationship quality. Death Studies, 44(7), 402-411. https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1548539
    • Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. Death Studies, 23(3), 197-224. https://doi.org/10.1080/074811899201046
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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