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  • Ansiedad en el duelo: síntomas y qué hacer

    Ansiedad en el duelo: síntomas y qué hacer

    Desde la muerte de esa persona el corazón se te acelera sin motivo, duermes a ratos y cada vez que suena el teléfono piensas lo peor. Esperabas tristeza. Nadie te avisó de esta inquietud que no te deja quieta.

    Si buscaste duelo y ansiedad porque tienes ansiedad después de la muerte de un ser querido, esta guía reúne lo que dice la investigación y los libros de Worden, Neimeyer y Boss. Explica por qué aparece, qué síntomas son esperables, cuándo hay ataques de pánico y qué puedes hacer.

    Respuesta corta: la ansiedad es una parte frecuente del duelo, porque la pérdida activa el miedo a la separación, al desamparo y a la propia mortalidad. Suele ir cediendo. Conviene consultar cuando se intensifica, aparecen crisis de pánico, evitas todo lo que recuerda a la persona o te impide funcionar.

    ¿Qué relación hay entre duelo y ansiedad?

    La ansiedad es una respuesta natural del sistema de apego a la separación de un ser querido, tanto en niños como en adultos. Una revisión sobre duelo y ansiedad la describe como un rasgo muy común del duelo y a menudo descuidado (Shear y Skritskaya, 2012).

    Esa misma revisión añade dos cosas. Enfrentarte a tu propia muerte también dispara ansiedad, y la pérdida puede desencadenar un trastorno de ansiedad que, si aparece, puede prolongar el duelo.

    Worden (2013) ubica la ansiedad en un rango amplio: desde una leve inseguridad hasta fuertes ataques de pánico. Una parte nace del desamparo (el temor de no poder cuidarte sola o solo) y otra de la conciencia de que tú y los demás también pueden morir.

    ¿Es normal sentir ansiedad después de la muerte de un ser querido?

    Sí. Es esperable y no indica que estés elaborando mal el duelo. Una revisión en The Lancet concluye que el duelo no es una enfermedad y que la mayoría de las personas se adapta sin ayuda profesional (Stroebe et al., 2007).

    Un grupo menor desarrolla complicaciones. Una revisión de curso y tratamiento estima que cerca del 10 % de las personas en duelo desarrolla duelo prolongado y que el resto va mejorando con el tiempo (Szuhany et al., 2021).

    No existe una cifra publicada de cuánto dura la ansiedad de un duelo normal, y quien da un número exacto lo está inventando. Lo que sí sirve es mirar la dirección: si con los meses baja, vas bien.

    ¿Por qué el duelo da tanta ansiedad?

    Worden (2013) explica que el duelo rompe un vínculo de apego, y la separación activa de inmediato una angustia que empuja a buscar a la persona: confundir a un desconocido con ella, decir su nombre en voz alta o esperar que entre por la puerta. Esa búsqueda disminuye a medida que el recuerdo se vuelve interno.

    Neimeyer (2019) la entiende como un golpe a tu mundo previsible. La muerte superó tu capacidad de explicar, predecir y controlar lo que pasa, y de ahí salen preguntas como «¿cómo voy a seguir viviendo sin esta persona?». Boss (2025) agrega que sin certezas (una desaparición, una demencia) la ansiedad es constante porque falta el cierre.

    Hay tres fuentes frecuentes de miedo:

    • Separación: el sobresalto cuando suena el teléfono, la cama vacía, el miedo a quedar sola o solo.
    • Desamparo: la duda de si podrás con las cuentas, las decisiones o los hijos sin esa persona.
    • Mortalidad: si ella murió, puede morir cualquiera, incluido tú.

    ¿Qué síntomas de ansiedad aparecen en el duelo?

    Los síntomas son corporales, emocionales y de pensamiento. Worden (2013), siguiendo a Lindemann, describe como normales en el duelo agudo estos signos físicos, que se parecen a los de la ansiedad:

    • Vacío en el estómago e inquietud.
    • Opresión en el pecho y en la garganta.
    • Falta de aire, respiración corta o suspiros frecuentes.
    • Hipersensibilidad al ruido.
    • Sensación de irrealidad («camino por la calle y nada parece real»).
    • Sequedad de boca, debilidad muscular y falta de energía.

    Neimeyer (2019) suma oleadas de nerviosismo, palpitaciones, náuseas y problemas digestivos. En el plano emocional aparecen miedo, irritabilidad y sobresalto. En el plano mental, pensamientos de catástrofe («nunca lo voy a superar») y preocupación por perder a otras personas.

    El sueño suele resentirse. Worden (2013) observa que el insomnio de los primeros tiempos y el miedo a la cama vacía suelen reflejar el temor a la soledad o las pesadillas.

    Si tienes dolor de pecho, palpitaciones o falta de aire intensos o nuevos, un médico debe descartar primero una causa física. Una vez descartada, saber que el cuerpo reacciona así al duelo suele bajar el miedo a las propias sensaciones.

    ¿Puede haber duelo y ataques de pánico a la vez?

    Sí. Worden (2013) menciona expresamente los ataques de pánico dentro de la ansiedad del duelo, y Neimeyer (2019) señala que ante una muerte repentina la persona puede sentirse desbordada y en pánico en los primeros momentos, como una defensa ante algo demasiado doloroso.

    Un episodio aislado de pánico en medio de un duelo reciente no basta para pensar en un trastorno. Preocupa cuando se repite, cuando temes tanto la próxima crisis que empiezas a evitar lugares o situaciones, o cuando interpretas las sensaciones como una catástrofe inminente.

    Clark y Beck (2010) describen esa interpretación como el núcleo del trastorno de pánico. Se ve así: la taquicardia y la opresión del pecho se leen como señal de un infarto o de que estás perdiendo el control, y el miedo intensifica las sensaciones. En cómo distinguir un ataque de ansiedad de uno de pánico hay más detalle.

    ¿Cuándo la ansiedad deja de ser parte del duelo?

    Cuando cambia de naturaleza. En el duelo la preocupación mira hacia atrás, a la pérdida, a la culpa y a lo que se perdió. Clark y Beck (2010) describen que en los trastornos de ansiedad el foco se desplaza al peligro futuro, a lo impredecible y a lo incontrolable.

    Los manuales de TCC citados señalan estas pistas de que la respuesta cruzó el umbral:

    • Interfiere de forma importante con el trabajo, los estudios o las relaciones.
    • Te mantiene en alerta continua, con cadenas de «¿y si…?» sobre futuras pérdidas.
    • Aparecen crisis de pánico con miedo a morir o a perder la razón.
    • Evitas con rigidez lugares, objetos, conversaciones o recuerdos del fallecido, o dependes de alcohol, fármacos o compañía permanente para tolerarlo.

    Beck y colaboradores (2024) advierten que la evitación extrema por miedo o culpa impide procesar la pérdida y puede mantener el malestar.

    La investigación muestra que ambas cosas se encuentran con frecuencia, aunque con muestras clínicas hay que interpretar con cautela:

    • En 242 adultos en duelo con un trastorno de ansiedad, el 12 % tenía síntomas de duelo complicado sobre el umbral, frente a menos del 1 % de 155 personas en duelo sin diagnóstico (Marques et al., 2013).
    • En 454 pacientes ambulatorios con trastornos del ánimo o de ansiedad, el 23 % tenía duelo complicado, y entre ellos la ansiedad por separación del adulto era más frecuente (56 % frente a 40 %) (Pini et al., 2012).
    • En 205 personas en duelo, los síntomas de duelo prolongado, depresión y ansiedad por separación se comportaron como dimensiones distintas, con correlaciones de moderadas a grandes (Boelen, 2013).

    Esa distinción importa porque cada cuadro se trata distinto. Shear y Skritskaya (2012) insisten en que los trastornos de ansiedad ligados al duelo necesitan reconocerse y tratarse.

    ¿Es ansiedad del duelo o duelo prolongado?

    Son cosas diferentes que pueden coexistir. El duelo prolongado se define por un anhelo o una preocupación persistente por la persona fallecida, junto con otros síntomas, que causa deterioro y se extiende más allá de lo esperable. La CIE-11 lo plantea a partir de 6 meses desde la muerte (OMS, 2024).

    El DSM-5-TR exige al menos 12 meses en adultos, según un estudio de validación de esos criterios (Prigerson et al., 2021). Un metaanálisis de 14 estudios con adultos tras muertes no violentas estimó una prevalencia de 9,8 % (Lundorff et al., 2017).

    La ansiedad puede acompañar al duelo prolongado, pero no siempre es lo central. Una revisión sistemática de estudios longitudinales sugiere de forma tentativa que los síntomas de duelo prolongado podrían predecir los de depresión y estrés postraumático, con mucha heterogeneidad y sin resultados claros para la ansiedad (Janshen y Eisma, 2024).

    Si quieres ver qué se hace cuando el duelo se complica, la guía de terapia de duelo lo explica.

    ¿Qué hacer con la ansiedad en el duelo?

    Lo que sigue combina propuestas de Worden (2013), Neimeyer (2019) y Boss (2025). Son medidas de autocuidado y no sustituyen una evaluación si los síntomas son intensos.

    1. Alterna sentir y descansar. Neimeyer (2019) recoge el modelo del proceso dual: hay ratos para llorar, escribir o mirar fotos, y ratos para trabajar, hacer ejercicio o estar con amigos. Esos descansos del dolor son una herramienta adaptativa y no evitación.
    2. Pon nombre a lo que pasa. Saber que las palpitaciones, el nudo en la garganta y la irrealidad son reacciones esperables del duelo baja el miedo a ellas. Boss (2025) subraya que darle nombre a la angustia reduce la culpa de «estar fallando».
    3. Escribe. Neimeyer (2019) propone un diario de 15 minutos al día durante unos 4 días, sobre los recuerdos dolorosos o los temores del futuro, y programar después un rato para salir del estado de dolor, como pasear o conversar. Worden (2013) usa cartas al fallecido para volcar pensamientos que dan vueltas de noche.
    4. Revisa los pensamientos de desastre. Ante «no puedo vivir sin esta persona», Worden (2013) sugiere recordar qué decisiones y qué recursos tenías antes de la pérdida, y dividir lo práctico en pasos pequeños.
    5. Cuida el cuerpo. Neimeyer (2019) menciona la relajación, el ejercicio y la respiración lenta. Una guía de respiración diafragmática explica cómo hacerla. Úsala para bajar la activación y no para huir de la sensación como si fuera peligrosa, porque eso refuerza el miedo (Clark y Beck, 2010).
    6. Habla con alguien de confianza. Neimeyer (2019) destaca contar con alguien a quien explicarle la angustia sin que interrumpa con su propia agenda.
    7. Protege el sueño. Worden (2013) acepta rituales temporales que reconfortan, como dormir con un objeto simbólico o con una mascota, y reserva los ansiolíticos para uso puntual en cuadros agudos, bajo indicación médica. Si el insomnio se instala, esta guía puede ayudar.

    ¿Qué tratamiento hay cuando la ansiedad se complica?

    Depende de qué predomine. Si hay un trastorno de pánico o de ansiedad generalizada, la TCC es el abordaje descrito en los manuales (Clark y Beck, 2010; Tolin, 2024). Para el pánico se usa la exposición a las sensaciones corporales temidas, para que la persona compruebe que no son peligrosas, y la eliminación de conductas de seguridad.

    Para la preocupación se usa un momento fijo del día para preocuparse y la exposición a los peores escenarios imaginados.

    Estas técnicas se hacen con un profesional. En tratamiento del trastorno de pánico se detalla qué funciona. Faltan ensayos que pongan a prueba la TCC estándar para el pánico específicamente en personas en duelo: lo que se sabe viene de los manuales y de la clínica.

    Si lo central es el duelo prolongado, hay terapias específicas. En un ensayo con 395 adultos, respondió el 82,5 % de quienes recibieron terapia del duelo complicado frente al 54,8 % de quienes recibieron placebo con seguimiento clínico (Shear et al., 2016). Agregar citalopram no mejoró los síntomas de duelo, aunque sí redujo más los depresivos.

    Otro ensayo con 80 adultos con duelo prolongado comparó TCC con exposición a los recuerdos de la muerte y TCC con apoyo. A los 6 meses, cumplía criterios de duelo prolongado el 14,8 % con exposición y el 37,9 % con TCC sola, entre quienes completaron el tratamiento (Bryant et al., 2014).

    ¿Por qué tengo miedo de que muera otra persona?

    Es un temor frecuente. Worden (2013) lo vincula a la conciencia de la propia mortalidad y a la vulnerabilidad de perder a otros seres queridos que despierta una muerte cercana. Shear y Skritskaya (2012) lo ubican entre los desencadenantes naturales de ansiedad.

    Ayuda reconocerlo como parte del duelo y no como una predicción. También ayuda mantener los contactos habituales con tus seres queridos, conversarlo con ellos y volver de a poco a las rutinas.

    Si el miedo se vuelve una vigilancia constante (llamar varias veces para comprobar que están bien, no poder separarte de ellos), es una señal para consultar. La ansiedad por separación en adultos tiene su propia guía.

    En niños, Webb (2010) describe la ansiedad por separación como miedo intenso a alejarse del progenitor que sobrevive, aferramiento y necesidad de reafirmación constante, por ejemplo a la hora de dormir o de ir al colegio.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar si la ansiedad no cede con los meses o crece, si hay crisis de pánico repetidas, si evitas todo lo que recuerda a la persona, si tu funcionamiento se deteriora o si necesitas alcohol o fármacos para aguantar. No hace falta esperar ningún plazo.

    Si hay ideas de hacerte daño, no esperes. En Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, MINSAL), todos los días, o a Salud Responde al 600 360 7777. Si hay peligro inmediato, llama al 131 o acude a urgencias.

    La guía para superar un duelo y la página sobre el duelo explican el proceso normal.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal tener ataques de pánico después de la muerte de un ser querido?

    Puede ocurrir. Worden (2013) incluye los ataques de pánico dentro del rango de la ansiedad del duelo, sobre todo en los primeros momentos. Se vuelve una señal de consulta si se repiten, si temes la siguiente crisis y empiezas a evitar situaciones, o si interpretas las sensaciones como un peligro mortal.

    ¿Cuánto dura la ansiedad en el duelo?

    Ninguna fuente fija una cifra. Lo esperable es que vaya bajando de intensidad con los meses, aunque pueda reaparecer en aniversarios o fechas especiales. Si después de 6 a 12 meses sigue igual o crece, o antes si te impide vivir, vale la pena consultar.

    ¿Puede el duelo causar un trastorno de ansiedad?

    Una pérdida puede desencadenar un trastorno de ansiedad, como el pánico, y Shear y Skritskaya (2012) advierten que puede prolongar el duelo. Los estudios disponibles son sobre todo transversales, así que muestran que las dos cosas coinciden y no cuál causa a cuál.

    ¿Qué hago si me despierto de noche con el corazón acelerado?

    Son sensaciones de un cuerpo en alerta y ceden por sí solas. Respira lento sin forzarte, evita mirar la hora y no luches por dormirte. Si pasa con frecuencia, o hay dolor de pecho o falta de aire intensos, consulta con un médico y luego con un psicólogo.

    ¿Sirven los ansiolíticos para la ansiedad del duelo?

    Son una decisión médica. Worden (2013) los reserva para cuadros agudos de ansiedad o insomnio y de forma puntual, porque no resuelven el proceso de duelo. En el ensayo de Shear et al. (2016), el citalopram no mejoró los síntomas de duelo. Si los necesitas, que sea con indicación médica.

    ¿Es normal tener miedo a que se muera otro familiar?

    Sí. Después de una muerte cercana se hace más presente que las personas queridas pueden morir. Cuando el miedo es constante, te hace controlar a los demás o te impide vivir, conviene consultarlo.

    Si necesitas conversarlo con alguien

    Distinguir entre la ansiedad esperable del duelo y un cuadro que necesita tratamiento cuesta cuando estás dentro. Si quieres ordenar lo que sientes o ver cómo sería trabajarlo por videollamada, puedes escribir a través de la página de contacto. No necesitas llegar con las palabras listas.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Boelen, P. A. (2013). Symptoms of prolonged grief, depression, and adult separation anxiety: Distinctiveness and correlates. Psychiatry Research, 207(1-2), 68-72. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2012.09.021
    • Boss, P. (2025). La pérdida ambigua: Cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Herder. (Obra original publicada en 1999 por Harvard University Press.)
    • Bryant, R. A., Kenny, L., Joscelyne, A., Rawson, N., Maccallum, F., Cahill, C., Hopwood, S., Aderka, I., & Nickerson, A. (2014). Treating prolonged grief disorder: A randomized clinical trial. JAMA Psychiatry, 71(12), 1332-1339. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2014.1600
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    • Szuhany, K. L., Malgaroli, M., Miron, C. D., & Simon, N. M. (2021). Prolonged grief disorder: Course, diagnosis, assessment, and treatment. Focus, 19(2), 161-172. https://doi.org/10.1176/appi.focus.20200052
    • Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Webb, N. B. (Ed.). (2010). Helping bereaved children: A handbook for practitioners (3.ª ed.). Guilford Press.
    • Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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