Mi hija tiene una relación tóxica: qué hacer como mamá o papá

Pintura impresionista de una pareja esperando en el porche con la luz encendida, ilustración de qué hacer si mi hija tiene una relación tóxica

Lo notas en detalles. Contesta el celular al instante cuando él escribe, ya no sale con sus amigas, se disculpa por cosas que no hizo y se apaga cuando alguien menciona la relación. Y tú estás en medio de dos miedos: que no hagas nada y empeore, o que digas algo y ella se cierre.

Si estás pensando “mi hija tiene una relación tóxica y no sé qué hacer”, esta guía ordena lo que la investigación ha medido sobre cómo acompañar a una hija adolescente o joven en esa situación: por qué no ve lo que tú ves, qué conversaciones empeoran las cosas, qué ayuda de verdad, cuándo la situación pasa a ser peligrosa y dónde pedir ayuda en Chile.

Respuesta corta: lo que más protege a una hija es seguir teniendo contigo un vínculo del que no tenga que esconderse. Criticar a su pareja, prohibir la relación o exigirle que termine suele sumar aislamiento, porque quien controla usa esa presión para alejarla de su familia. Escuchar sin juzgar, preguntarle cómo se siente y dejar claro que tu puerta sigue abierta funciona mejor, atento siempre a las señales de peligro.

¿Mi hija tiene una relación tóxica o solo una pareja difícil?

“Tóxica” no es un término clínico, pero describe algo reconocible: una relación donde una persona controla, desvaloriza o aísla a la otra de forma repetida. Importa el patrón más que la etiqueta. Una pelea fuerte es una pelea. El control sostenido, las humillaciones y el miedo a su reacción forman otra cosa.

Un estudio con dos muestras de jóvenes, una de ellas seguida durante seis meses, encontró que el número de señales de alerta y la frecuencia con que aparecían predijeron el abuso posterior (Charlot et al., 2025).

Entre las que mejor lo predijeron estaban que la pareja actuara con arrogancia, que reaccionara mal cuando ella decía “no”, que descartara su razonamiento por no coincidir con el suyo y que le molestara que cuestionaran cómo la trata. Son muestras de universitarios, así que orientan, pero no diagnostican una pareja concreta.

En la práctica, estas son las conductas que más conviene mirar:

  • Vigilancia: quiere saber dónde está, con quién y revisa su celular o le pide las contraseñas.
  • Celos que se presentan como amor y que restringen con quién puede salir.
  • Desprecio: burlas, comparaciones, críticas a su cuerpo o a su inteligencia.
  • Aislamiento: ella ve cada vez menos a su familia y a sus amistades.
  • Culpa: ella se disculpa de forma constante y cree que provoca los enojos de él.
  • Miedo: ella cuida lo que dice y hace para evitar su reacción.

Esta violencia suele empezar por lo psicológico. Una revisión de alcance sobre violencia encubierta (Saedi et al., 2026) describe que escapa a la detección por no dejar marcas físicas y que con frecuencia antecede a la violencia abierta. Si quieres ver ejemplos concretos, está la guía de violencia psicológica en la pareja, y para entender mejor el patrón, el ciclo de la violencia.

En Chile también ocurre entre jóvenes. Una encuesta a 950 universitarios de Santiago encontró alta prevalencia de violencia física y psicológica en el pololeo (Lehrer et al., 2009). El dato es de 2005 y de una sola universidad, así que muestra que ocurre, no cuánto ocurre hoy.

¿Por qué mi hija no ve lo que yo veo?

Es la pregunta que más duele, y tiene respuestas concretas.

Se lo explica de otra forma. Sarasua, Zubizarreta, Echeburúa y Del Corral (2007) describen en mujeres jóvenes víctimas de violencia de pareja sentimientos de confusión, vergüenza y culpa, y una “coraza del enamoramiento” que impide percibir el peligro. Tienden a atribuir su malestar a causas externas (estudios, estrés, discusiones normales) y no al patrón de la relación.

No siempre sabe que está en riesgo. En un estudio con 146 adolescentes de 14 a 18 años, muchas no reconocían el riesgo de las conductas de abuso, sobre todo los celos y la posesividad. Y aunque lo reconocieran, no sabían cómo responder para que esas conductas se detuvieran (Murphy y Smith, 2010).

Idealiza a su pareja. Castelló (2005) describe cómo, cuando existe dependencia emocional, la persona sobrevalora a su pareja, adopta su sistema de creencias y llega a pensar que ella es la culpable de sus enojos. Si esto te suena, está la guía de dependencia emocional.

El maltrato deteriora la capacidad de decidir. Una síntesis de 13 estudios concluyó que las consecuencias del abuso, como la depresión y el estrés postraumático, afectan la función cognitiva y la capacidad de decidir (Lausi et al., 2023). El maltrato daña justo la herramienta con la que habría que salir de él.

Decide más lento de lo que tú quisieras. En un seguimiento a 134 mujeres bolivianas durante seis meses, lo que predijo el estado final de la relación fue la intención que se había consolidado a los tres meses, y las actitudes hacia quedarse pesaron más que cualquier otro factor (Heim et al., 2018). La decisión se construye con el tiempo, y desde fuera no se puede apurar.

Todo esto es una forma de funcionar que la relación misma refuerza, y por eso las órdenes y los ultimátums casi nunca la mueven.

¿Qué conversaciones empeoran la situación?

La reacción natural es confrontar, criticar a la pareja o prohibir la relación. Casi siempre produce el efecto contrario por cuatro razones:

  1. Refuerza el aislamiento. Si los padres critican abiertamente a la pareja o exigen que termine, quien ejerce el control puede usarlo para desacreditar a la familia como hostil e intrusiva y presionar a ella para que elija (Castelló, 2005).
  2. Activa la defensa. Ante la confrontación, la persona suele defender a su pareja y evitar las conversaciones, porque lo que más teme es la ruptura y no el recordatorio del maltrato (Castelló, 2005).
  3. La lleva a ocultar. Si siente que será juzgada o regañada por estar enamorada, tiende a esconder las agresiones y el control, por miedo a una segunda victimización dentro de su propia familia (Sarasua et al., 2007).
  4. Controlar es una mala respuesta. En un metaanálisis de 51 estudios, las reacciones negativas de quienes rodean a una persona que cuenta lo que vive, sobre todo controlar, distraer y tratarla distinto, se asociaron con más síntomas psicológicos (Dworkin et al., 2019). La asociación no prueba causa, pero es una razón más para no responder con vigilancia ni con castigos.

Una revisión de la literatura sobre la revelación de la violencia de pareja a personas cercanas encontró algo parecido: las reacciones más frecuentes y más valoradas por las víctimas fueron creerles y validarlas, y las reacciones de duda o culpa se asociaron con más síntomas (Sylaska y Edwards, 2014).

Evitar la prohibición no te obliga a callar lo que ves. Puedes decir lo que observas (“te noto más apagada desde hace meses”) sin dictar una conclusión sobre él.

¿Qué hacer si mi hija tiene una relación tóxica? Cómo acompañarla sin empujarla lejos

1. Mantén la conexión antes que el diagnóstico. En una encuesta con 4.814 adolescentes latinos, el cuidado percibido de los padres fue el factor protector más importante frente a la violencia física y sexual en el noviazgo, y la comunicación con la madre y con el padre se asoció con menos violencia física (Kast et al., 2016). Es un estudio transversal, así que no demuestra que una cosa cause la otra.

Un metaanálisis de 87 estudios con casi 280.000 jóvenes encontró además asociaciones pequeñas pero significativas para el apoyo y la supervisión de los padres, de tamaño similar a las de los amigos (Hébert et al., 2019).

2. Cuida que el vínculo contigo sea seguro. En 1.227 mujeres jóvenes españolas, las víctimas de violencia de pareja tuvieron más pensamientos y más intentos de suicidio que las no víctimas. Entre quienes sufrían violencia dentro y fuera de internet, un apego alto a los padres amortiguó ese riesgo (Gracia-Leiva et al., 2020).

En otro estudio con 1.132 adolescentes, los puntajes más altos de control y violencia aparecieron con madres autoritarias (en línea) y con padres autoritarios (violencia verbal y emocional hacia las hijas), y el estilo cálido con pocas imposiciones tuvo los más bajos (Muñiz-Rivas et al., 2019). Ninguno prueba causa, pero apuntan a lo mismo: la cercanía protege y la rigidez no.

3. Habla de ella, no de él. Compara estas dos aperturas:

  • Para evitar: “Ese tipo te tiene manipulada”, “Tienes que dejarlo ya”, “Mientras vivas en esta casa no lo vas a ver”.
  • Para probar: “Te noto distinta y me importas. ¿Cómo te sientes tú en esta relación?”, “¿Hay algo que te gustaría cambiar de cómo te trata?”, “Pase lo que pase, aquí siempre tienes un lugar”.

Las preguntas sobre cómo se siente ella invitan a que sea ella quien note el deterioro, sin sentirse atacada.

4. Aguanta las idas y vueltas. Es probable que termine, vuelva y justifique. La revisión sobre barreras a la salida identificó cuatro que se repiten: las pérdidas que implica irse, el contacto que sigue habiendo con el agresor, la inseguridad económica y ser juzgada por haberse ido (Stulz et al., 2024). Si la juzgas cuando vuelve, la próxima vez te lo contará menos.

5. Ayúdala a hablar con otras personas. En un estudio con adolescentes que vivieron violencia en el noviazgo, el 60 % de las víctimas no buscó ayuda, y quienes sí lo hicieron recurrieron a amigos y familiares más que a profesionales (Ashley y Foshee, 2005). Una revisión sistemática confirma que los adolescentes recurren sobre todo a fuentes informales, con los amigos a la cabeza (Bundock et al., 2020).

Otra revisión, con jóvenes de distintos orígenes, agrega que prefieren a los padres y a los amigos, pero la desconfianza, la falta de cercanía y la vergüenza frenan la búsqueda de ayuda (Padilla-Medina et al., 2022). Tú puedes ser esa primera persona, y las amistades de ella también cuentan.

6. Ofrece ayuda profesional como algo disponible, no como castigo. Una psicoterapia individual puede trabajar su autoestima, sus creencias sobre el amor y la evaluación del riesgo.

La terapia de pareja se contraindica cuando hay control coercitivo (Christensen et al., 2014), y una revisión de seis estudios la considera viable solo en violencia situacional, con datos preliminares (Karakurt et al., 2016).

En un metaanálisis de 25 ensayos, las intervenciones psicosociales para mujeres que habían vivido violencia de pareja mejoraron la depresión, la salud general y el apoyo social, y el empoderamiento destacó entre los componentes eficaces (Karakurt et al., 2022).

¿Cambia algo si es adolescente o adulta joven?

Sí, el margen de acción cambia con la edad:

Menor de 18 años De 18 años en adelante
Tu rol Tienes más responsabilidad de protegerla y más acceso a su entorno (colegio, amistades, horarios). Eres un apoyo que ofrece. Ella decide sobre su relación.
Estilo de conversación Más presencia y límites claros sobre seguridad, siempre sin romper la comunicación. Preguntas abiertas, respeto por su privacidad y disponibilidad cuando ella lo pida.
Qué evitar Revisar su celular a escondidas, que puede costarte la confianza que más necesitas. Intervenir en sus decisiones o confrontar a su pareja sin que ella lo sepa.
Quién más puede ayudar Orientador o psicólogo del colegio, y un profesional que la vea sola. Un psicólogo que la atienda de forma individual, si ella quiere.

Para jóvenes de 18 a 29 años, las fuentes sobre adultez emergente describen la relación con los padres como un paso de la jerarquía a una relación más pareja, en la que los padres pasan a ser asesores a quienes el joven consulta cuando quiere. Esa postura de “consultor a petición” cuesta cuando ves a tu hija sufrir, pero es la que mantiene abierta la puerta.

Señales de que ya no es solo tóxica: cuándo es peligrosa

Hay situaciones que cambian el nivel de urgencia. Si ves alguna de estas, deja de pensar en “acompañar con paciencia” y pasa a proteger:

  • Amenazas de muerte, de suicidio o de hacerle daño si lo deja.
  • Golpes, empujones, ahorcamientos o armas, aunque sean “una sola vez”.
  • Violencia sexual o presión para tener relaciones.
  • Seguimiento, acoso o aparición en lugares donde ella está.
  • Escalada: las agresiones son más frecuentes o más graves que antes.
  • Ella tiene miedo explícito de lo que él pueda hacer.

También es de cuidado el momento de terminar. Una revisión de alcance de 17 estudios señala que la separación es un periodo de riesgo significativo, con escalada de la violencia en muchas familias. Los factores modificables asociados a más seguridad fueron la distancia física respecto del agresor, el uso estratégico de la tecnología, el apoyo de la red y los servicios centrados en la persona (Krella et al., 2026).

Los propios autores advierten que hay poca investigación con la seguridad como resultado principal. En mujeres jóvenes el riesgo es real. Sarasua et al. (2007) compararon 148 mujeres atendidas en un centro de violencia familiar: las más jóvenes sufrían con más frecuencia violencia física, tenían mayor riesgo para su vida y más estrés postraumático (42 % frente a 27 %).

Qué hacer si el riesgo es alto:

  1. Habla de seguridad antes que de la relación. Un lugar donde pueda ir en cualquier momento, una persona de confianza que sepa lo que pasa y un teléfono cargado.
  2. Llama tú al Fono 1455 de SernamEG para pedir orientación sobre cómo acompañar. Atiende todos los días de 8:00 a 00:00, es gratuito y también orienta a testigos. Tiene WhatsApp en el +56 9 9700 7000 (según ChileAtiende).
  3. Ante peligro inmediato, llama a Carabineros (133) o a la PDI (134).
  4. Busca acompañamiento especializado. En una revisión con metaanálisis de 29 estudios del Reino Unido, el 58,7 % de quienes recibieron acompañamiento especializado (advocacy) reportó que el abuso terminó al cierre del caso, aunque los autores advierten alto riesgo de sesgo (Carlisle et al., 2025).

En Chile la ley reconoce esta violencia. La Ley 20.066 define como violencia intrafamiliar el maltrato que afecte la integridad física o psíquica de la pareja, incluso sin convivencia (art. 5), y la Ley 21.675 incluye dentro de la violencia psicológica el control o vigilancia de conductas y el aislamiento (art. 6).

Cuidarte tú también

Acompañar a una hija así desgasta. En un estudio cualitativo con 23 adultos que apoyaban a mujeres sobrevivientes, aparecieron efectos negativos sobre su bienestar emocional y su salud física, algunos crónicos, y no había servicios pensados para ellos (Gregory et al., 2017). Buscar un espacio propio para conversarlo es parte del cuidado.

Puedes también informarte. En un estudio con 31 mujeres atendidas en servicios especializados, la revelación a un familiar o amigo llevó a ayuda especializada solo cuando esa persona tenía experiencia o conocimiento de la violencia doméstica (Evans y Feder, 2016). Llamar al 1455 para orientarte es parte del acompañamiento.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Conviene consultar si ella muestra señales de depresión o ansiedad persistentes, si hay autolesiones o ideas de muerte, si el miedo o el aislamiento aumentan, o si tú sientes que ya no puedes sostener la situación sin discutir. Un psicólogo puede atenderla a ella de forma individual y orientarte a ti sobre cómo acompañar. Si quieres conversarlo, puedes escribir desde la página de contacto.

Para una mirada más amplia de este tipo de vínculos, está la guía de relaciones de pareja dañinas y, si lo que buscas es entender cómo se sale, cómo salir de una relación tóxica. Si la que te pregunta es una amiga o un familiar, mira cómo ayudar a alguien en una relación dañina.

Preguntas frecuentes

¿Cómo hablo con mi hija sobre su relación tóxica sin que se aleje?

Elige un momento tranquilo, lejos de hermanos y de pantallas, y empieza por lo que observas en ella (“te noto más apagada”) y no por lo que hace su pareja. Pregunta cómo se siente, escucha sin interrumpir y deja claro que tu apoyo no depende de que termine la relación. Las preguntas abiertas funcionan mejor que los consejos.

¿Debo prohibirle que vea a su pareja?

En general no ayuda. Las fuentes revisadas describen que la prohibición y la crítica abierta suelen reforzar el aislamiento, llevar a la relación a esconderse y cerrar la comunicación con la familia. Con una hija menor de edad puedes poner límites de seguridad concretos, pero sin romper el vínculo con ella.

¿Qué señales indican que la relación de mi hija es tóxica?

Control de su celular y de sus salidas, celos que restringen, burlas, aislamiento de sus amistades, disculpas constantes y miedo a la reacción de su pareja. Lo importante es que el patrón se repita. Una discusión puntual no define una relación dañina.

¿Por qué mi hija defiende a su pareja aunque la trate mal?

Porque suele explicarse el malestar de otra forma, idealiza a su pareja, siente vergüenza o culpa y teme la ruptura. La relación misma refuerza esa defensa, y la crítica de los padres puede activarla más. Defenderlo no quiere decir que no vea nada. Todavía no puede sostener verlo completo.

¿Dónde puedo pedir ayuda en Chile si creo que mi hija está en peligro?

El Fono 1455 de SernamEG orienta todos los días de 8:00 a 00:00, de forma gratuita, y también a testigos. Si hay peligro inmediato, llama a Carabineros (133) o a la PDI (134). Un psicólogo puede atender a tu hija de forma individual y orientarte sobre cómo acompañarla.

¿Mi hija va a salir de esta relación?

Nadie puede asegurarlo, y el tiempo varía mucho. Las fuentes revisadas coinciden en que una red cercana y sin juicio amortigua el daño, y que la decisión de irse se consolida con el tiempo. Tu tarea es que no esté sola cuando decida.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

Ashley, O. S., & Foshee, V. A. (2005). Adolescent help-seeking for dating violence: Prevalence, sociodemographic correlates, and sources of help. Journal of Adolescent Health, 36(1), 25-31. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2003.12.014

Bundock, K., Chan, C., & Hewitt, O. (2020). Adolescents’ help-seeking behavior and intentions following adolescent dating violence: A systematic review. Trauma, Violence, & Abuse, 21(2), 350-366. https://doi.org/10.1177/1524838018770412

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Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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