Etiqueta: violencia psicológica en la pareja

  • Mi hija tiene una relación tóxica: qué hacer como mamá o papá

    Mi hija tiene una relación tóxica: qué hacer como mamá o papá

    Lo notas en detalles. Contesta el celular al instante cuando él escribe, ya no sale con sus amigas, se disculpa por cosas que no hizo y se apaga cuando alguien menciona la relación. Y tú estás en medio de dos miedos: que no hagas nada y empeore, o que digas algo y ella se cierre.

    Si estás pensando “mi hija tiene una relación tóxica y no sé qué hacer”, esta guía ordena lo que la investigación ha medido sobre cómo acompañar a una hija adolescente o joven en esa situación: por qué no ve lo que tú ves, qué conversaciones empeoran las cosas, qué ayuda de verdad, cuándo la situación pasa a ser peligrosa y dónde pedir ayuda en Chile.

    Respuesta corta: lo que más protege a una hija es seguir teniendo contigo un vínculo del que no tenga que esconderse. Criticar a su pareja, prohibir la relación o exigirle que termine suele sumar aislamiento, porque quien controla usa esa presión para alejarla de su familia. Escuchar sin juzgar, preguntarle cómo se siente y dejar claro que tu puerta sigue abierta funciona mejor, atento siempre a las señales de peligro.

    ¿Mi hija tiene una relación tóxica o solo una pareja difícil?

    “Tóxica” no es un término clínico, pero describe algo reconocible: una relación donde una persona controla, desvaloriza o aísla a la otra de forma repetida. Importa el patrón más que la etiqueta. Una pelea fuerte es una pelea. El control sostenido, las humillaciones y el miedo a su reacción forman otra cosa.

    Un estudio con dos muestras de jóvenes, una de ellas seguida durante seis meses, encontró que el número de señales de alerta y la frecuencia con que aparecían predijeron el abuso posterior (Charlot et al., 2025).

    Entre las que mejor lo predijeron estaban que la pareja actuara con arrogancia, que reaccionara mal cuando ella decía “no”, que descartara su razonamiento por no coincidir con el suyo y que le molestara que cuestionaran cómo la trata. Son muestras de universitarios, así que orientan, pero no diagnostican una pareja concreta.

    En la práctica, estas son las conductas que más conviene mirar:

    • Vigilancia: quiere saber dónde está, con quién y revisa su celular o le pide las contraseñas.
    • Celos que se presentan como amor y que restringen con quién puede salir.
    • Desprecio: burlas, comparaciones, críticas a su cuerpo o a su inteligencia.
    • Aislamiento: ella ve cada vez menos a su familia y a sus amistades.
    • Culpa: ella se disculpa de forma constante y cree que provoca los enojos de él.
    • Miedo: ella cuida lo que dice y hace para evitar su reacción.

    Esta violencia suele empezar por lo psicológico. Una revisión de alcance sobre violencia encubierta (Saedi et al., 2026) describe que escapa a la detección por no dejar marcas físicas y que con frecuencia antecede a la violencia abierta. Si quieres ver ejemplos concretos, está la guía de violencia psicológica en la pareja, y para entender mejor el patrón, el ciclo de la violencia.

    En Chile también ocurre entre jóvenes. Una encuesta a 950 universitarios de Santiago encontró alta prevalencia de violencia física y psicológica en el pololeo (Lehrer et al., 2009). El dato es de 2005 y de una sola universidad, así que muestra que ocurre, no cuánto ocurre hoy.

    ¿Por qué mi hija no ve lo que yo veo?

    Es la pregunta que más duele, y tiene respuestas concretas.

    Se lo explica de otra forma. Sarasua, Zubizarreta, Echeburúa y Del Corral (2007) describen en mujeres jóvenes víctimas de violencia de pareja sentimientos de confusión, vergüenza y culpa, y una “coraza del enamoramiento” que impide percibir el peligro. Tienden a atribuir su malestar a causas externas (estudios, estrés, discusiones normales) y no al patrón de la relación.

    No siempre sabe que está en riesgo. En un estudio con 146 adolescentes de 14 a 18 años, muchas no reconocían el riesgo de las conductas de abuso, sobre todo los celos y la posesividad. Y aunque lo reconocieran, no sabían cómo responder para que esas conductas se detuvieran (Murphy y Smith, 2010).

    Idealiza a su pareja. Castelló (2005) describe cómo, cuando existe dependencia emocional, la persona sobrevalora a su pareja, adopta su sistema de creencias y llega a pensar que ella es la culpable de sus enojos. Si esto te suena, está la guía de dependencia emocional.

    El maltrato deteriora la capacidad de decidir. Una síntesis de 13 estudios concluyó que las consecuencias del abuso, como la depresión y el estrés postraumático, afectan la función cognitiva y la capacidad de decidir (Lausi et al., 2023). El maltrato daña justo la herramienta con la que habría que salir de él.

    Decide más lento de lo que tú quisieras. En un seguimiento a 134 mujeres bolivianas durante seis meses, lo que predijo el estado final de la relación fue la intención que se había consolidado a los tres meses, y las actitudes hacia quedarse pesaron más que cualquier otro factor (Heim et al., 2018). La decisión se construye con el tiempo, y desde fuera no se puede apurar.

    Todo esto es una forma de funcionar que la relación misma refuerza, y por eso las órdenes y los ultimátums casi nunca la mueven.

    ¿Qué conversaciones empeoran la situación?

    La reacción natural es confrontar, criticar a la pareja o prohibir la relación. Casi siempre produce el efecto contrario por cuatro razones:

    1. Refuerza el aislamiento. Si los padres critican abiertamente a la pareja o exigen que termine, quien ejerce el control puede usarlo para desacreditar a la familia como hostil e intrusiva y presionar a ella para que elija (Castelló, 2005).
    2. Activa la defensa. Ante la confrontación, la persona suele defender a su pareja y evitar las conversaciones, porque lo que más teme es la ruptura y no el recordatorio del maltrato (Castelló, 2005).
    3. La lleva a ocultar. Si siente que será juzgada o regañada por estar enamorada, tiende a esconder las agresiones y el control, por miedo a una segunda victimización dentro de su propia familia (Sarasua et al., 2007).
    4. Controlar es una mala respuesta. En un metaanálisis de 51 estudios, las reacciones negativas de quienes rodean a una persona que cuenta lo que vive, sobre todo controlar, distraer y tratarla distinto, se asociaron con más síntomas psicológicos (Dworkin et al., 2019). La asociación no prueba causa, pero es una razón más para no responder con vigilancia ni con castigos.

    Una revisión de la literatura sobre la revelación de la violencia de pareja a personas cercanas encontró algo parecido: las reacciones más frecuentes y más valoradas por las víctimas fueron creerles y validarlas, y las reacciones de duda o culpa se asociaron con más síntomas (Sylaska y Edwards, 2014).

    Evitar la prohibición no te obliga a callar lo que ves. Puedes decir lo que observas (“te noto más apagada desde hace meses”) sin dictar una conclusión sobre él.

    ¿Qué hacer si mi hija tiene una relación tóxica? Cómo acompañarla sin empujarla lejos

    1. Mantén la conexión antes que el diagnóstico. En una encuesta con 4.814 adolescentes latinos, el cuidado percibido de los padres fue el factor protector más importante frente a la violencia física y sexual en el noviazgo, y la comunicación con la madre y con el padre se asoció con menos violencia física (Kast et al., 2016). Es un estudio transversal, así que no demuestra que una cosa cause la otra.

    Un metaanálisis de 87 estudios con casi 280.000 jóvenes encontró además asociaciones pequeñas pero significativas para el apoyo y la supervisión de los padres, de tamaño similar a las de los amigos (Hébert et al., 2019).

    2. Cuida que el vínculo contigo sea seguro. En 1.227 mujeres jóvenes españolas, las víctimas de violencia de pareja tuvieron más pensamientos y más intentos de suicidio que las no víctimas. Entre quienes sufrían violencia dentro y fuera de internet, un apego alto a los padres amortiguó ese riesgo (Gracia-Leiva et al., 2020).

    En otro estudio con 1.132 adolescentes, los puntajes más altos de control y violencia aparecieron con madres autoritarias (en línea) y con padres autoritarios (violencia verbal y emocional hacia las hijas), y el estilo cálido con pocas imposiciones tuvo los más bajos (Muñiz-Rivas et al., 2019). Ninguno prueba causa, pero apuntan a lo mismo: la cercanía protege y la rigidez no.

    3. Habla de ella, no de él. Compara estas dos aperturas:

    • Para evitar: “Ese tipo te tiene manipulada”, “Tienes que dejarlo ya”, “Mientras vivas en esta casa no lo vas a ver”.
    • Para probar: “Te noto distinta y me importas. ¿Cómo te sientes tú en esta relación?”, “¿Hay algo que te gustaría cambiar de cómo te trata?”, “Pase lo que pase, aquí siempre tienes un lugar”.

    Las preguntas sobre cómo se siente ella invitan a que sea ella quien note el deterioro, sin sentirse atacada.

    4. Aguanta las idas y vueltas. Es probable que termine, vuelva y justifique. La revisión sobre barreras a la salida identificó cuatro que se repiten: las pérdidas que implica irse, el contacto que sigue habiendo con el agresor, la inseguridad económica y ser juzgada por haberse ido (Stulz et al., 2024). Si la juzgas cuando vuelve, la próxima vez te lo contará menos.

    5. Ayúdala a hablar con otras personas. En un estudio con adolescentes que vivieron violencia en el noviazgo, el 60 % de las víctimas no buscó ayuda, y quienes sí lo hicieron recurrieron a amigos y familiares más que a profesionales (Ashley y Foshee, 2005). Una revisión sistemática confirma que los adolescentes recurren sobre todo a fuentes informales, con los amigos a la cabeza (Bundock et al., 2020).

    Otra revisión, con jóvenes de distintos orígenes, agrega que prefieren a los padres y a los amigos, pero la desconfianza, la falta de cercanía y la vergüenza frenan la búsqueda de ayuda (Padilla-Medina et al., 2022). Tú puedes ser esa primera persona, y las amistades de ella también cuentan.

    6. Ofrece ayuda profesional como algo disponible, no como castigo. Una psicoterapia individual puede trabajar su autoestima, sus creencias sobre el amor y la evaluación del riesgo.

    La terapia de pareja se contraindica cuando hay control coercitivo (Christensen et al., 2014), y una revisión de seis estudios la considera viable solo en violencia situacional, con datos preliminares (Karakurt et al., 2016).

    En un metaanálisis de 25 ensayos, las intervenciones psicosociales para mujeres que habían vivido violencia de pareja mejoraron la depresión, la salud general y el apoyo social, y el empoderamiento destacó entre los componentes eficaces (Karakurt et al., 2022).

    ¿Cambia algo si es adolescente o adulta joven?

    Sí, el margen de acción cambia con la edad:

    Menor de 18 años De 18 años en adelante
    Tu rol Tienes más responsabilidad de protegerla y más acceso a su entorno (colegio, amistades, horarios). Eres un apoyo que ofrece. Ella decide sobre su relación.
    Estilo de conversación Más presencia y límites claros sobre seguridad, siempre sin romper la comunicación. Preguntas abiertas, respeto por su privacidad y disponibilidad cuando ella lo pida.
    Qué evitar Revisar su celular a escondidas, que puede costarte la confianza que más necesitas. Intervenir en sus decisiones o confrontar a su pareja sin que ella lo sepa.
    Quién más puede ayudar Orientador o psicólogo del colegio, y un profesional que la vea sola. Un psicólogo que la atienda de forma individual, si ella quiere.

    Para jóvenes de 18 a 29 años, las fuentes sobre adultez emergente describen la relación con los padres como un paso de la jerarquía a una relación más pareja, en la que los padres pasan a ser asesores a quienes el joven consulta cuando quiere. Esa postura de “consultor a petición” cuesta cuando ves a tu hija sufrir, pero es la que mantiene abierta la puerta.

    Señales de que ya no es solo tóxica: cuándo es peligrosa

    Hay situaciones que cambian el nivel de urgencia. Si ves alguna de estas, deja de pensar en “acompañar con paciencia” y pasa a proteger:

    • Amenazas de muerte, de suicidio o de hacerle daño si lo deja.
    • Golpes, empujones, ahorcamientos o armas, aunque sean “una sola vez”.
    • Violencia sexual o presión para tener relaciones.
    • Seguimiento, acoso o aparición en lugares donde ella está.
    • Escalada: las agresiones son más frecuentes o más graves que antes.
    • Ella tiene miedo explícito de lo que él pueda hacer.

    También es de cuidado el momento de terminar. Una revisión de alcance de 17 estudios señala que la separación es un periodo de riesgo significativo, con escalada de la violencia en muchas familias. Los factores modificables asociados a más seguridad fueron la distancia física respecto del agresor, el uso estratégico de la tecnología, el apoyo de la red y los servicios centrados en la persona (Krella et al., 2026).

    Los propios autores advierten que hay poca investigación con la seguridad como resultado principal. En mujeres jóvenes el riesgo es real. Sarasua et al. (2007) compararon 148 mujeres atendidas en un centro de violencia familiar: las más jóvenes sufrían con más frecuencia violencia física, tenían mayor riesgo para su vida y más estrés postraumático (42 % frente a 27 %).

    Qué hacer si el riesgo es alto:

    1. Habla de seguridad antes que de la relación. Un lugar donde pueda ir en cualquier momento, una persona de confianza que sepa lo que pasa y un teléfono cargado.
    2. Llama tú al Fono 1455 de SernamEG para pedir orientación sobre cómo acompañar. Atiende todos los días de 8:00 a 00:00, es gratuito y también orienta a testigos. Tiene WhatsApp en el +56 9 9700 7000 (según ChileAtiende).
    3. Ante peligro inmediato, llama a Carabineros (133) o a la PDI (134).
    4. Busca acompañamiento especializado. En una revisión con metaanálisis de 29 estudios del Reino Unido, el 58,7 % de quienes recibieron acompañamiento especializado (advocacy) reportó que el abuso terminó al cierre del caso, aunque los autores advierten alto riesgo de sesgo (Carlisle et al., 2025).

    En Chile la ley reconoce esta violencia. La Ley 20.066 define como violencia intrafamiliar el maltrato que afecte la integridad física o psíquica de la pareja, incluso sin convivencia (art. 5), y la Ley 21.675 incluye dentro de la violencia psicológica el control o vigilancia de conductas y el aislamiento (art. 6).

    Cuidarte tú también

    Acompañar a una hija así desgasta. En un estudio cualitativo con 23 adultos que apoyaban a mujeres sobrevivientes, aparecieron efectos negativos sobre su bienestar emocional y su salud física, algunos crónicos, y no había servicios pensados para ellos (Gregory et al., 2017). Buscar un espacio propio para conversarlo es parte del cuidado.

    Puedes también informarte. En un estudio con 31 mujeres atendidas en servicios especializados, la revelación a un familiar o amigo llevó a ayuda especializada solo cuando esa persona tenía experiencia o conocimiento de la violencia doméstica (Evans y Feder, 2016). Llamar al 1455 para orientarte es parte del acompañamiento.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Conviene consultar si ella muestra señales de depresión o ansiedad persistentes, si hay autolesiones o ideas de muerte, si el miedo o el aislamiento aumentan, o si tú sientes que ya no puedes sostener la situación sin discutir. Un psicólogo puede atenderla a ella de forma individual y orientarte a ti sobre cómo acompañar. Si quieres conversarlo, puedes escribir desde la página de contacto.

    Para una mirada más amplia de este tipo de vínculos, está la guía de relaciones de pareja dañinas y, si lo que buscas es entender cómo se sale, cómo salir de una relación tóxica. Si la que te pregunta es una amiga o un familiar, mira cómo ayudar a alguien en una relación dañina.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo hablo con mi hija sobre su relación tóxica sin que se aleje?

    Elige un momento tranquilo, lejos de hermanos y de pantallas, y empieza por lo que observas en ella (“te noto más apagada”) y no por lo que hace su pareja. Pregunta cómo se siente, escucha sin interrumpir y deja claro que tu apoyo no depende de que termine la relación. Las preguntas abiertas funcionan mejor que los consejos.

    ¿Debo prohibirle que vea a su pareja?

    En general no ayuda. Las fuentes revisadas describen que la prohibición y la crítica abierta suelen reforzar el aislamiento, llevar a la relación a esconderse y cerrar la comunicación con la familia. Con una hija menor de edad puedes poner límites de seguridad concretos, pero sin romper el vínculo con ella.

    ¿Qué señales indican que la relación de mi hija es tóxica?

    Control de su celular y de sus salidas, celos que restringen, burlas, aislamiento de sus amistades, disculpas constantes y miedo a la reacción de su pareja. Lo importante es que el patrón se repita. Una discusión puntual no define una relación dañina.

    ¿Por qué mi hija defiende a su pareja aunque la trate mal?

    Porque suele explicarse el malestar de otra forma, idealiza a su pareja, siente vergüenza o culpa y teme la ruptura. La relación misma refuerza esa defensa, y la crítica de los padres puede activarla más. Defenderlo no quiere decir que no vea nada. Todavía no puede sostener verlo completo.

    ¿Dónde puedo pedir ayuda en Chile si creo que mi hija está en peligro?

    El Fono 1455 de SernamEG orienta todos los días de 8:00 a 00:00, de forma gratuita, y también a testigos. Si hay peligro inmediato, llama a Carabineros (133) o a la PDI (134). Un psicólogo puede atender a tu hija de forma individual y orientarte sobre cómo acompañarla.

    ¿Mi hija va a salir de esta relación?

    Nadie puede asegurarlo, y el tiempo varía mucho. Las fuentes revisadas coinciden en que una red cercana y sin juicio amortigua el daño, y que la decisión de irse se consolida con el tiempo. Tu tarea es que no esté sola cuando decida.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Ashley, O. S., & Foshee, V. A. (2005). Adolescent help-seeking for dating violence: Prevalence, sociodemographic correlates, and sources of help. Journal of Adolescent Health, 36(1), 25-31. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2003.12.014

    Bundock, K., Chan, C., & Hewitt, O. (2020). Adolescents’ help-seeking behavior and intentions following adolescent dating violence: A systematic review. Trauma, Violence, & Abuse, 21(2), 350-366. https://doi.org/10.1177/1524838018770412

    Carlisle, S., Bunce, A., Prina, M., McManus, S., Barbosa, E., Feder, G., & Lewis, N. V. (2025). Effectiveness of UK-based support interventions and services aimed at adults who have experienced or used domestic and sexual violence and abuse: A systematic review and meta-analysis. BMC Public Health, 25(1), 1003. https://doi.org/10.1186/s12889-025-21891-5

    Castelló Blasco, J. (2005). Dependencia emocional: Características y tratamiento. Alianza Editorial.

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2nd ed.). Guilford Press.

    Charlot, N., Joel, S., & Campbell, L. (2025). The predictive validity of intimate partner violence warning signs. Social Psychological and Personality Science, 16(2), 192-201. https://doi.org/10.1177/19485506231209076

    Dworkin, E. R., Brill, C. D., & Ullman, S. E. (2019). Social reactions to disclosure of interpersonal violence and psychopathology: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 72, 101750. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2019.101750

    Evans, M. A., & Feder, G. S. (2016). Help-seeking amongst women survivors of domestic violence: A qualitative study of pathways towards formal and informal support. Health Expectations, 19(1), 62-73. https://doi.org/10.1111/hex.12330

    Gracia-Leiva, M., Puente-Martínez, A., Ubillos-Landa, S., González-Castro, J. L., & Páez-Rovira, D. (2020). Off- and online heterosexual dating violence, perceived attachment to parents and peers and suicide risk in young women. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(9), 3174. https://doi.org/10.3390/ijerph17093174

    Gregory, A., Feder, G., Taket, A., & Williamson, E. (2017). Qualitative study to explore the health and well-being impacts on adults providing informal support to female domestic violence survivors. BMJ Open, 7(3), e014511. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2016-014511

    Heim, E., Ajzen, I., Schmidt, P., & Seddig, D. (2018). Women’s decisions to stay in or leave an abusive relationship: Results from a longitudinal study in Bolivia. Violence Against Women, 24(14), 1639-1657. https://doi.org/10.1177/1077801217741993

    Hébert, M., Daspe, M.-È., Lapierre, A., Godbout, N., Blais, M., Fernet, M., & Lavoie, F. (2019). A meta-analysis of risk and protective factors for dating violence victimization: The role of family and peer interpersonal context. Trauma, Violence, & Abuse, 20(4), 574-590. https://doi.org/10.1177/1524838017725336

    Karakurt, G., Whiting, K., van Esch, C., Bolen, S. D., & Calabrese, J. R. (2016). Couples therapy for intimate partner violence: A systematic review and meta-analysis. Journal of Marital and Family Therapy, 42(4), 567-583. https://doi.org/10.1111/jmft.12178

    Karakurt, G., Koc, E., Katta, P., Jones, N., & Bolen, S. D. (2022). Treatments for female victims of intimate partner violence: Systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychology, 13, 793021. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.793021

    Kast, N. R., Eisenberg, M. E., & Sieving, R. E. (2016). The role of parent communication and connectedness in dating violence victimization among Latino adolescents. Journal of Interpersonal Violence, 31(10), 1932-1955. https://doi.org/10.1177/0886260515570750

    Krella, K. A., Painter, F. L., Booth, A. T., Holtzworth-Munroe, A., Evans, E., Jiang, H., & McIntosh, J. E. (2025). Enhancing safety for separating families affected by domestic and family violence: A scoping review of modifiable factors. Trauma, Violence, & Abuse, 27(3), 796-811. https://doi.org/10.1177/15248380251325195

    Lausi, G., Burrai, J., Baldi, M., Ferlazzo, F., Ferracuti, S., Giannini, A. M., & Barchielli, B. (2023). Decision-making and abuse, what relationship in victims of violence? International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(10), 5879. https://doi.org/10.3390/ijerph20105879

    Lehrer, J. A., Lehrer, E. L., & Zhao, Z. (2009). Physical and psychological dating violence in young men and women in Chile: Results from a 2005 survey of university students. International Journal of Injury Control and Safety Promotion, 16(4), 205-214. https://doi.org/10.1080/17457300903307003

    Muñiz-Rivas, M., Vera, M., & Povedano-Díaz, A. (2019). Parental style, dating violence and gender. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(15), 2722. https://doi.org/10.3390/ijerph16152722

    Murphy, K. A., & Smith, D. I. (2010). Adolescent girls’ responses to warning signs of abuse in romantic relationships: Implications for youth-targeted relationship violence prevention. Journal of Interpersonal Violence, 25(4), 626-647. https://doi.org/10.1177/0886260509334392

    Padilla-Medina, D. M., Williams, J. R., Ravi, K., Ombayo, B., & Black, B. M. (2022). Teen dating violence help-seeking intentions and behaviors among ethnically and racially diverse youth: A systematic review. Trauma, Violence, & Abuse, 23(4), 1063-1078. https://doi.org/10.1177/1524838020985569

    Saedi, Z., Norouzi Aliabad, F., Taheri, E., & Azmoude, E. (2026). When screams go unheard: Covert violence, women victims, and social denial. BMC Women’s Health, 26(1), 390. https://doi.org/10.1186/s12905-026-04421-2

    Sarasua, B., Zubizarreta, I., Echeburúa, E., & Del Corral, P. (2007). Perfil psicopatológico diferencial de las víctimas de violencia de pareja según la edad. Psicothema, 19(3), 459-466. PMID: 17617986. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17617986/

    Stulz, V., Francis, L., Naidu, A., & O’Reilly, R. (2024). Women escaping domestic violence to achieve safe housing: An integrative review. BMC Women’s Health, 24(1), 321. https://doi.org/10.1186/s12905-024-03143-7

    Sylaska, K. M., & Edwards, K. M. (2014). Disclosure of intimate partner violence to informal social support network members: A review of the literature. Trauma, Violence, & Abuse, 15(1), 3-21. https://doi.org/10.1177/1524838013496335

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Violencia Psicológica en la Pareja: Ejemplos, Señales y Qué Hacer en Chile

    Violencia Psicológica en la Pareja: Ejemplos, Señales y Qué Hacer en Chile

    Si estás en peligro ahora mismo, llama al 133 (Carabineros). Para orientación en violencia de género, el 1455 atiende gratis las 24 horas, todos los días del año, también por WhatsApp al +56 9 9700 7000.

    Los ejemplos de violencia psicológica en la pareja rara vez dejan marcas visibles, y aun así dejan a una persona irreconocible. Nadie te golpeó, no hay nada que mostrarle a un médico, y sin embargo llevas meses pidiendo permiso con la mirada antes de opinar. Esa es la forma más frecuente de violencia de pareja en Chile, y también la que más cuesta nombrar.

    Acá vas a encontrar ejemplos concretos de violencia psicológica en la pareja, la diferencia real entre una pelea y un patrón de maltrato, qué le hace esto a la salud mental según la investigación disponible, y la ruta chilena paso a paso: dónde denunciar, qué dice la ley y qué ayuda de verdad.

    Respuesta directa: qué es y qué hacer

    La violencia psicológica en la pareja es un patrón sostenido de humillaciones, control, aislamiento, chantaje y amenazas que va anulando la autonomía y la autoestima de una persona. No es una discusión fuerte ni un mal día. En Chile es violencia intrafamiliar según la Ley 20.066, se puede denunciar en Carabineros, la PDI, la Fiscalía o directamente en un Tribunal de Familia, y hay orientación gratuita al 1455.

    ¿Qué es la violencia psicológica en la pareja?

    Es el maltrato continuo que se ejerce con palabras y actitudes (humillaciones, desvalorizaciones, descalificaciones, desprecio) y que ataca la dignidad, la salud mental y la autonomía de quien lo recibe. Lo decisivo es la palabra continuo: hablamos de un patrón que se repite y se instala, no de un episodio suelto.

    La Organización Mundial de la Salud incluye dentro de la violencia de pareja las conductas de control y los actos de maltrato psicológico, junto con la agresión física y sexual. Existe una idea muy extendida de que esto es “menos grave” que un golpe, y la evidencia no la sostiene. Una revisión sistemática con metaanálisis que reunió 194 estudios encontró que el subtipo psicológico de la violencia de pareja se asocia con estrés postraumático, depresión y ansiedad, y que la relación más fuerte era justamente con el estrés postraumático, aunque los autores calificaron la certeza global de la evidencia como baja (Dokkedahl et al., 2022). En la literatura forense se describe con una capacidad traumática equivalente o superior a la del maltrato físico, con deterioro severo de la autoestima, sentimientos de indefensión e inadaptación a la vida cotidiana (Muñoz, 2013).

    Hay además una versión todavía más difícil de detectar. Una revisión de alcance sobre violencia encubierta que analizó 43 fuentes describe tácticas deliberadamente camufladas (gaslighting, microinvalidaciones, control coercitivo, manipulación económica) que erosionan de forma sistemática la percepción de la realidad y el sentido de valía de la víctima, y que suelen pasar desapercibidas precisamente porque no dejan evidencia física (Saedi et al., 2026).

    ¿Cuáles son los ejemplos de violencia psicológica en la pareja?

    Los ejemplos de violencia psicológica en la pareja se agrupan en cinco familias de conductas: desvalorización, control, aislamiento, chantaje emocional y amenazas. Rara vez aparecen solas. Lo habitual es que se combinen y que empiecen de forma tan gradual que la persona se acostumbra antes de alcanzar a alarmarse.

    Desvalorización y menosprecio

    Insultos y burlas sobre el aspecto físico o la capacidad intelectual. Descalificar los logros: el ascenso fue suerte, el título no sirve para nada. Críticas hirientes hacia tu familia o tus amistades. Y la culpabilización sistemática, que es la más eficaz de todas: hacerte responsable de los problemas de la relación y también de sus propios arrebatos (“me sacaste de quicio”, “yo no sería así si tú no…”).

    Control y posesividad

    Interrogatorios sobre dónde estuviste y con quién. Revisar tu teléfono, tus mensajes, tus redes o tus cuentas. Imponer cómo vestirte, con quién juntarte, en qué gastar. Llamadas o mensajes constantes que exigen respuesta inmediata. El control económico entra aquí: pedir explicaciones por cada peso, limitar tu acceso al dinero, presionarte para que dejes de trabajar.

    Aislamiento

    Un desgaste lento de tu red. Molestias cada vez que ves a tus amigas, escenas después de cada almuerzo familiar, comentarios que instalan la idea de que tu gente “no te quiere de verdad” o “se mete donde no la llaman”. El resultado buscado es que él o ella sea tu único referente y tu única fuente de validación. Cuando ese cerco está cerrado, pedir ayuda se vuelve muchísimo más difícil.

    Chantaje emocional y manipulación

    Amenazas de ruptura o de autolesión para forzar obediencia. Promesas de cambio que no se cumplen y vuelven a aparecer en el próximo episodio. Silencios de castigo que duran días. Y la negación de la realidad, que consiste en hacerte dudar de tu propia memoria: eso no pasó, lo entendiste mal, estás exagerando, siempre lo mismo contigo.

    Amenazas e intimidación

    Gritos, golpes a objetos o paredes, portazos, manejar con rabia contigo dentro del auto. Amenazas de quitarte a los hijos, de contar algo íntimo, de dejarte sin nada. Intimidación con armas u objetos. Aquí ya no hace falta que exista una agresión física para que el miedo funcione como forma de control.

    ¿Cómo distinguir la violencia psicológica de una pelea de pareja?

    En un conflicto de pareja, incluso en uno feo, las dos personas discuten desde una posición de relativa igualdad y ambas conservan su libertad, su capacidad de decidir y su capacidad de responder. En la violencia psicológica se instala un patrón asimétrico y unidireccional de dominación y subordinación, donde una anula la autonomía de la otra (Muñoz, 2013).

    Tres criterios ayudan a diferenciarlas:

    • Simetría o asimetría. ¿Las dos partes pueden opinar, enojarse y poner condiciones, o hay una que siempre cede porque teme las consecuencias?
    • Tema puntual o escalada. El conflicto común se circunscribe a un desacuerdo concreto de la convivencia. La violencia psicológica avanza en una escalada de frecuencia e intensidad, y suele alternar episodios de agresión con fases de arrepentimiento y buen trato intermitente, lo que atrapa a la persona en un círculo del que cuesta salir.
    • Efecto sobre tu libertad. Una pelea no reduce tu mundo. El maltrato psicológico sí: menos amistades, menos decisiones propias, menos versión tuya.

    Hay un dato que conviene tener presente al evaluar el riesgo. La revisión de Saedi et al. (2026) señala que la violencia encubierta con frecuencia se cruza con la violencia física abierta y la antecede. Que hasta hoy no haya habido agresión física no significa que la situación sea estable.

    Señales de violencia psicológica en la pareja: cómo revisar tu propia relación

    Esta es una guía de autoobservación, no un test con puntaje. Y hay una razón concreta para no darte un número: una revisión internacional basada en criterios COSMIN evaluó 18 instrumentos de cribado de violencia de pareja y solo pudo recomendar cuatro de forma provisional, por limitaciones importantes de validez (Li et al., 2024). Un puntaje bajo obtenido con una escala inventada podría tranquilizarte justo cuando no corresponde.

    Léelas despacio y fíjate en cuáles reconoces:

    • Mides tus palabras antes de hablar para no desatar un problema.
    • Sientes alivio cuando tu pareja no está en la casa.
    • Pides disculpas por cosas que no hiciste, solo para terminar la discusión.
    • Dejaste de ver a personas que te importan para evitar reclamos.
    • Dudas de tu memoria o de tu percepción con frecuencia.
    • Ocultas gastos, mensajes o planes normales por miedo a la reacción.
    • Te descubres explicando o justificando ante otros conductas de tu pareja.
    • Piensas que si te esforzaras más, esto no pasaría.

    Si varias de estas frases describen tu día a día, lo que corresponde es conversarlo con alguien que sepa evaluarlo. La evaluación pericial del daño psíquico tiene un protocolo propio y la hace un profesional, no un cuestionario en internet (Muñoz, 2013). Si quieres entender cómo se comprueba, revisa nuestra guía sobre cómo se acredita el daño psicológico.

    ¿Qué efectos deja la violencia psicológica en la salud mental?

    Los efectos más documentados son depresión, ansiedad y estrés postraumático. Una revisión sistemática de 58 estudios encontró asociaciones consistentes entre la violencia de pareja y esos tres cuadros, y observó que a mayor intensidad y extensión de la exposición, mayor sintomatología (Lagdon et al., 2014). Una revisión paraguas que sintetizó 17 revisiones previas llegó a la misma conclusión y sumó el trastorno de pánico y los cuadros perinatales, aunque sus autores advierten que la calidad metodológica de las revisiones incluidas era baja o críticamente baja (Anbesu et al., 2025).

    Las cifras de cuánta gente se ve afectada varían mucho según la población estudiada. Una revisión de 18 estudios con cerca de 62.000 mujeres reportó prevalencias de depresión que iban del 20% a más del 50%, y de estrés postraumático entre aproximadamente el 30% y el 70%, sin calcular estimaciones combinadas (Deacu et al., 2026). El rango es amplio, y eso mismo dice algo útil: el daño no es proporcional a lo que se ve desde afuera.

    Un factor que conviene mirar es la historia previa. Un estudio con mujeres que vivían violencia de pareja reciente encontró que las experiencias adversas en la infancia pueden asociarse con mayor gravedad del estrés postraumático o de la depresión (Li et al., 2020). No es que la persona sea “más frágil”: es que el cuerpo ya conocía ese estado de alerta.

    ¿Por qué cuesta tanto salir de una relación así?

    Porque el maltrato psicológico no ocurre de forma continua, sino en un círculo que alterna agresión con arrepentimiento y buen trato. Esa intermitencia sostiene la esperanza de que la versión amable sea la real y la violenta, la excepción. A eso se suma el aislamiento, que deja a la persona sin contraste externo, y el desgaste de la autoestima, que va reduciendo la confianza en el propio criterio.

    Después está la barrera de contarlo. Una revisión sistemática sobre abordaje del maltrato doméstico en salud mental identificó la vergüenza, el temor a no ser creída y barreras de los propios equipos profesionales como obstáculos para la revelación, y encontró que preguntar de forma rutinaria, la alianza terapéutica y la capacitación del equipo facilitan que la persona hable (Baukaite et al., 2025). Saedi et al. (2026) agregan otras: la ausencia de evidencia física, el miedo a represalias, el estigma y los servicios fragmentados.

    Los datos chilenos muestran ese mismo silencio. Según la IV Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer, solo el 19% de los casos de violencia psicológica se denunció, una cifra que bajó respecto del 22,8% medido en 2017 (Subsecretaría de Prevención del Delito, 2021). Los motivos que más aparecen para no denunciar son “no fue algo serio”, la vergüenza, la creencia de que denunciar no sirve, y el miedo.

    Cuando el vínculo además está atravesado por dependencia emocional o por celos patológicos, la salida se complica todavía más, porque la idea de terminar se vive como una amenaza mayor que el maltrato mismo.

    ¿Qué tan común es la violencia psicológica en Chile?

    Es el tipo de violencia intrafamiliar más frecuente contra las mujeres en el país. En la IV Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer, aplicada en 2020 a mujeres de 15 a 65 años de zonas urbanas, un 38,3% declaró haber vivido violencia psicológica alguna vez en su vida y un 20,2% durante los últimos doce meses (Subsecretaría de Prevención del Delito, 2021). En la misma medición, la violencia física del último año alcanzó 3,7% y la sexual 2,8%.

    El indicador general de violencia intrafamiliar a lo largo de la vida subió de 32,6% en 2012 a 38,2% en 2017 y a 41,4% en 2020. Los propios autores plantean como hipótesis que parte de ese aumento refleja un mayor reconocimiento: hechos que antes se naturalizaban hoy se identifican como violencia.

    ¿Es delito la violencia psicológica en Chile y dónde se denuncia?

    La violencia psicológica contra la pareja constituye violencia intrafamiliar. El artículo 5 de la Ley 20.066 define como violencia intrafamiliar todo maltrato que afecte la vida o la integridad física o psíquica, la libertad o indemnidad sexual, o la subsistencia o autonomía económica de una persona, cuando quien la ejerce es su cónyuge o conviviente civil, su conviviente, su pareja sentimental o sexual sin convivencia, el padre o la madre de un hijo en común, o un pariente cercano. El pololeo, entonces, está dentro.

    No toda violencia intrafamiliar es delito penal: depende de la gravedad y de la habitualidad. El artículo 14 de la misma ley sanciona el maltrato habitual, esto es el ejercicio habitual de violencia física, sexual, psíquica o económica sobre esas personas, con pena de presidio menor en su grado mínimo a medio. Los hechos de violencia intrafamiliar que no alcanzan a ser delito son de competencia de los Juzgados de Familia, que se rigen por el procedimiento de la Ley 19.968.

    Dónde acudir en Chile:

    • 133 (Carabineros) si hay riesgo inmediato.
    • 1455, fono de orientación en violencias de género: gratuito, 24 horas, todos los días, con atención de especialistas. También por WhatsApp al +56 9 9700 7000.
    • Carabineros o PDI, para dejar la denuncia.
    • Tribunal de Familia, donde se puede presentar una demanda por violencia intrafamiliar y pedir medidas cautelares de protección.
    • Fiscalía, cuando los hechos pueden constituir delito.
    • Centros de la Mujer de SernamEG, que entregan atención psicológica, social y jurídica gratuita.

    Sobre la prueba, que es la duda más repetida: la violencia psicológica cuesta más de acreditar porque no deja lesiones visibles, pero la ley la reconoce igual. Sirven los informes de salud mental, los registros de atención, los mensajes y audios guardados, y los testimonios de personas que hayan presenciado episodios.

    ¿Qué hacer si te reconoces en esto?

    Lo primero es dejar de discutir contigo misma sobre si “es para tanto”. Después, tres movimientos concretos.

    Reconstruye la red. El aislamiento es la condición que sostiene el resto. Retomar contacto con una persona de confianza cambia el escenario más que cualquier conversación con la pareja.

    Documenta. Guarda mensajes, fechas y hechos en un lugar al que tu pareja no tenga acceso. No es para armar un caso desde ya, es para tener con qué responder si más adelante lo necesitas.

    Busca acompañamiento especializado. Un metaanálisis de intervenciones y servicios de apoyo que reunió 29 estudios encontró que, al cierre del caso, un 58,7% de quienes participaron en programas de acompañamiento especializado (advocacy) reportó cese del abuso, y un 46,2% en programas de alcance comunitario. Las intervenciones psicológicas para víctimas mostraron efectos positivos sobre la autoestima. Los autores advierten que la mayoría de los estudios tenía alto riesgo de sesgo, así que estas cifras orientan pero no prometen (Carlisle et al., 2025).

    Ese matiz importa: no hay una fórmula garantizada, pero acompañarse funciona mejor que resolverlo sola.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Conviene consultar cuando el malestar dejó de estar atado a los episodios y se volvió tu estado normal: insomnio, sobresaltos, llanto sin causa clara, dificultad para concentrarte, sensación de estar en alerta todo el tiempo. También cuando hay ideas de hacerte daño, cuando aparecieron amenazas de agresión o de muerte, cuando hay armas en la casa, o cuando la violencia empezó a ocurrir delante de los hijos.

    La consulta psicológica cumple dos funciones distintas acá. Una es tratar lo que la exposición dejó (ansiedad, depresión, estrés postraumático). La otra es ordenar la evaluación de la situación con alguien externo al vínculo, que es exactamente lo que el aislamiento vuelve imposible. Ninguna de las dos requiere que hayas decidido de antemano terminar la relación.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué se considera violencia psicológica en la pareja? Se considera violencia psicológica el patrón sostenido de conductas verbales y actitudinales que dañan la dignidad y la autonomía: insultos, humillaciones, descalificaciones, control de las actividades y de las comunicaciones, aislamiento de la familia y las amistades, chantaje emocional, negación de la realidad, y amenazas de daño, de ruptura o de quitar a los hijos.

    ¿Cómo sé si es violencia psicológica o solo una mala relación? La diferencia está en la asimetría y en la escalada. En una mala relación ambas personas discuten desde una posición similar y conservan su libertad de decidir. En la violencia psicológica una domina y la otra se subordina, los episodios aumentan en frecuencia e intensidad, y alternan con fases de arrepentimiento y buen trato que sostienen el vínculo.

    ¿La violencia psicológica es delito en Chile? Es violencia intrafamiliar según el artículo 5 de la Ley 20.066, y se convierte en delito cuando configura maltrato habitual, sancionado en el artículo 14 de esa ley con presidio menor en su grado mínimo a medio. Los hechos que no alcanzan a ser delito los conoce el Juzgado de Familia, que puede dictar medidas cautelares de protección para la víctima.

    ¿Dónde denuncio violencia psicológica en Chile? Puedes denunciar en Carabineros, en la PDI, en la Fiscalía, o presentar una demanda directamente en el Tribunal de Familia. Para orientación previa, gratuita y confidencial, está el fono 1455 de SernamEG, disponible las 24 horas todos los días del año, y también por WhatsApp al +56 9 9700 7000.

    ¿Cómo se prueba la violencia psicológica si no deja marcas? Con informes de salud mental y registros de atención profesional, con mensajes, correos y audios guardados, y con testimonios de personas que hayan presenciado los episodios. La evaluación del daño psíquico tiene además un protocolo pericial específico que aplica un profesional de la psicología forense.

    ¿Puedo denunciar si somos pololos y no vivimos juntos? Sí. El artículo 5 de la Ley 20.066 incluye expresamente a la pareja de carácter sentimental o sexual sin convivencia, así que el pololeo queda cubierto por la ley de violencia intrafamiliar aunque nunca hayan vivido juntos ni tengan hijos en común. La denuncia se hace por las mismas vías, y el 1455 orienta antes de dar el paso.

    Un último punto

    Reconocer que lo que vives tiene nombre no obliga a tomar ninguna decisión hoy. Sirve para otra cosa: para dejar de explicarte a ti misma por qué es normal. Si al leer los ejemplos de violencia psicológica en la pareja te reconociste en varios, el paso siguiente es conversarlo con alguien preparado para evaluarlo contigo, sin apuro y sin que nadie decida por ti.

    Puedes agendar una consulta psicológica online para revisar tu situación en un espacio confidencial. Y si necesitas orientación inmediata y gratuita, el 1455 está disponible ahora mismo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Anbesu, E. W., Moloro, A. H., Kase, B. F., Shibeshi, A. H., Asebe, H. A., Hussen, N. M., Mehari, M. G., Seid, A. A., Arge, K. G., Hasen, A. A., & Asgedom, D. K. (2025). Intimate partner violence and mental disorders among women: An umbrella review. BMC Psychiatry, 26(1), 13. https://doi.org/10.1186/s12888-025-07654-x

    Baukaite, E., Walker, K., & Sleath, E. (2025). Breaking the silence: Addressing domestic abuse in mental health settings: Identification, screening, and responding. Trauma, Violence, & Abuse, 26(2), 436-450. https://doi.org/10.1177/15248380241280092

    Carlisle, S., Bunce, A., Prina, M., McManus, S., Barbosa, E., Feder, G., & Lewis, N. V. (2025). Effectiveness of UK-based support interventions and services aimed at adults who have experienced or used domestic and sexual violence and abuse: A systematic review and meta-analysis. BMC Public Health, 25(1), 1003. https://doi.org/10.1186/s12889-025-21891-5

    Deacu, S., Cristian, M., Popa, S. I., Nitu, R. A., & Pricop, S. (2026). Invisible wounds: A systematic review of domestic violence against women. Healthcare, 14(4), 465. https://doi.org/10.3390/healthcare14040465

    Dokkedahl, S. B., Kirubakaran, R., Bech-Hansen, D., Kristensen, T. R., & Elklit, A. (2022). The psychological subtype of intimate partner violence and its effect on mental health: A systematic review with meta-analyses. Systematic Reviews, 11, 163. https://doi.org/10.1186/s13643-022-02025-z

    Lagdon, S., Armour, C., & Stringer, M. (2014). Adult experience of mental health outcomes as a result of intimate partner violence victimisation: A systematic review. European Journal of Psychotraumatology, 5, 24794. https://doi.org/10.3402/ejpt.v5.24794

    Ley 20.066 de 2005. Establece ley de violencia intrafamiliar. Diario Oficial de la República de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=242648

    Li, Y., Herbell, K., Bloom, T., Sharps, P., & Bullock, L. F. C. (2020). Adverse childhood experiences and mental health among women experiencing intimate partner violence. Issues in Mental Health Nursing, 41(9), 785-791. https://doi.org/10.1080/01612840.2020.1731636

    Li, Y., Wang, G., Chen, J., Xia, Q., Chen, K., Ou, S., & Tang, S. (2024). Evaluation of the measurement properties of intimate partner violence screening instruments for the general population: A COSMIN-based international systematic review. PLOS ONE, 19(9), e0310297. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0310297

    Muñoz, J. M. (2013). La evaluación psicológica forense del daño psíquico: Propuesta de un protocolo de actuación pericial. Anuario de Psicología Jurídica, 23(1), 61-69. https://doi.org/10.5093/aj2013a10

    Organización Mundial de la Salud. (2024). Violencia contra la mujer [Nota descriptiva]. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women

    Saedi, Z., Norouzi Aliabad, F., Taheri, E., & Azmoude, E. (2026). When screams go unheard: Covert violence, women victims, and social denial. BMC Women’s Health, 26(1), 390. https://doi.org/10.1186/s12905-026-04421-2

    Subsecretaría de Prevención del Delito. (2021). IV Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer en el Ámbito de Violencia Intrafamiliar y en otros Espacios (ENVIF-VCM 2020). Ministerio del Interior y Seguridad Pública, Chile.