Después de llorar mucha gente siente algo parecido al alivio, y otra se siente peor y con la cabeza pesada. De ahí nace la duda de si llorar es bueno o malo, y si “sacarlo todo” de verdad hace bien o es solo un consuelo popular. En internet circulan respuestas muy seguras: que las lágrimas eliminan toxinas, que bajan el cortisol, que aguantarlas enferma.
Si te preguntas si llorar es bueno para la salud, la investigación da una respuesta con matices. Aquí vas a ver qué ocurre con el ánimo, con el cuerpo y con la ansiedad, qué ideas populares no tienen respaldo, para quién ayuda más y cuándo el llanto merece una consulta.
Respuesta corta: llorar suele mejorar el ánimo con el paso de los minutos (en un experimento, a los 90) y favorece que otros te ayuden, sobre todo si estás acompañado y puedes poner palabras a lo que sientes. No hay evidencia de que baje el cortisol, elimine toxinas ni cure la ansiedad, y tampoco de que aguantar las lágrimas enferme. El efecto cambia según la persona y el contexto.
¿Llorar es bueno para la salud? Lo que la ciencia puede responder
Llorar no es bueno ni malo en sí mismo. La investigación muestra que su efecto depende de cómo se mida, de quién llora y de quién está alrededor. Por eso la pregunta útil es para quién y en qué condiciones ayuda, y no si “hace bien” a todo el mundo siempre.
Esa es la conclusión de una revisión clásica sobre si llorar es beneficioso. Las encuestas dicen que llorar alivia, los experimentos de laboratorio muestran a menudo más malestar y más activación, y los autores proponen que la diferencia se explica por cómo se mide, por el entorno social, por los rasgos de la persona y por su estado emocional (Rottenberg et al., 2008).
Un dato de contexto: el llanto adulto es un tema joven para la ciencia. Una revisión de práctica clínica señala que la investigación sigue siendo incipiente, aunque el llanto aparece con frecuencia en terapia y se asocia con el funcionamiento emocional y social (Bylsma et al., 2021). Y una revisión previa ya había advertido que la atención popular supera con holgura a la base científica (Vingerhoets y Bylsma, 2016). Lo que sigue se apoya solo en lo mejor documentado.
| Lo que se dice | Qué muestra la investigación |
|---|---|
| Llorar alivia al instante | Justo después de llorar el ánimo suele empeorar. Se recupera a los 20 minutos y a los 90 queda mejor que antes (estudio de laboratorio) |
| Llorar baja el cortisol | Un ensayo con 197 mujeres no halló diferencias de cortisol entre quienes lloraron y quienes no |
| Las lágrimas eliminan toxinas | Sin respaldo empírico sólido |
| Aguantar las lágrimas enferma | No hay estudios que lo demuestren |
| Llorar hace que otros te ayuden | Es lo mejor respaldado: las lágrimas aumentan la disposición a ayudar |
¿Llorar es bueno para la salud mental? Lo que muestran encuestas, diarios y laboratorio sobre el ánimo
Llorar mejora el ánimo en muchos casos, pero no de inmediato. Quienes lloran empeoran justo después, se recuperan en unos 20 minutos y, hacia los 90, se sienten mejor que antes. Cuanto más cerca del llanto se pregunta, menos gente dice que le sirvió.
Ese patrón sale de la síntesis de Ad Vingerhoets (2013) en su libro Why Only Humans Weep. Cuando se pregunta en general, más de 7 de cada 10 adultos de 37 países dicen que llorar les ayuda a sentirse mejor. Si se les pide recordar su último episodio concreto, quienes dicen haber mejorado bajan a entre 50 % y 70 %. En los estudios de diario, donde se anota el episodio el mismo día, el rango baja a entre 30 % y 50 % (Vingerhoets, 2013). Hay una explicación sencilla: la memoria retrocede hacia la creencia popular, y el registro inmediato retrata el rato difícil.
El experimento que mejor ordena estas piezas siguió a 28 personas que lloraron y 32 que no ante una película emotiva. En quienes lloraron, el ánimo negativo subió justo después, volvió a su nivel base a los 20 minutos y a los 90 minutos era mejor que antes de la película. En quienes no lloraron no hubo esa mejora final (Gračanin et al., 2015). Es una muestra pequeña, pero encaja con las encuestas: el alivio llega, solo que más tarde de lo que se cree.
Un estudio de diario con 1.004 episodios de llanto apunta en la misma dirección: el efecto sobre el ánimo depende de la persona y del contexto en que ocurre el llanto (Bylsma et al., 2011).
¿Llorar ayuda a bajar el cortisol? Lo que se midió y lo que es un mito
La evidencia disponible no apoya que llorar baje el cortisol. En el único ensayo aleatorizado que encontramos, con 197 universitarias, quienes lloraron ante un video triste no tuvieron menos cortisol que quienes no lloraron, ni aguantaron más tiempo una prueba de estrés con agua helada. Los resultados fisiológicos que sí aparecieron fueron otros.
Ese ensayo con 197 mujeres midió cortisol en saliva en cuatro momentos. Tampoco hubo diferencia en el tiempo que cada grupo soportó el estresor. Lo distinto fue que, en quienes lloraron, la respiración se mantuvo estable (en los otros grupos subió) y la frecuencia cardíaca bajó justo antes de empezar a llorar. Los autores sugieren que llorar puede ayudar a mantener el equilibrio del organismo, quizá por una respiración más regulada (Sharman et al., 2020). Son mujeres jóvenes, en laboratorio, de modo que no conviene extender el resultado a todos.
Otra línea de trabajo habla de un “rebote” del sistema nervioso parasimpático (el que calma el cuerpo) cuando termina un episodio de llanto. En un estudio con una película triste, las personas sin depresión mostraron ese aumento de la actividad vagal al resolverse el llanto y las personas con depresión no lo mostraron, lo que sugiere que este mecanismo de autorregulación está comprometido en la depresión (Rottenberg et al., 2003).
La idea de que las lágrimas “limpian la sangre” de hormonas del estrés y toxinas, popularizada en los años ochenta, no tiene respaldo empírico sólido, según la revisión de Vingerhoets (2013). Las cantidades que salen en unas gotas son insignificantes frente a las circulantes. La saliva y la orina también eliminan cortisol y no se asocian a alivio. Según esa misma revisión, las lágrimas provocadas por una cebolla, que también son lágrimas, no mejoran el ánimo.
¿Llorar ayuda a calmar la ansiedad?
Llorar puede dar un respiro emocional pasajero, pero no hay ensayos que lo prueben como tratamiento para la ansiedad. En nuestra búsqueda en la literatura científica para este artículo no apareció ninguno que compare el llanto con un tratamiento de la ansiedad, de modo que la afirmación “llorar calma la ansiedad” queda sin evaluar.
Lo que sí se sabe es parcial. Si el llanto ocurre con alguien que te consuela, el ánimo mejora más (ver más abajo). El efecto calmante del sistema parasimpático aparece cuando el llanto se va resolviendo, no mientras sollozas (Rottenberg et al., 2003), de modo que el alivio llega con retraso. Si lloras con frecuencia junto a nerviosismo, preocupación constante o ataques de pánico, la herramienta con respaldo es otra. Puedes ver qué se puede hacer para controlar la ansiedad sin medicamentos o cómo distinguir un ataque de ansiedad de un ataque de pánico.
¿Para quién y cuándo ayuda más llorar? Compañía, depresión y cultura
Llorar ayuda más cuando hay alguien cercano que responde con apoyo, cuando la persona puede ponerle nombre a lo que siente y cuando no hay un trastorno del ánimo que apague esa respuesta. Ayuda menos si ocurre en público ante gente que juzga, si se acompaña de vergüenza o si hay depresión.
El papel de los demás. Una revisión evolutiva propone que las lágrimas emocionales se desarrollaron como señal de angustia que promueve conductas prosociales, y que el efecto sobre el ánimo de quien llora dependería sobre todo de que esa señal se cumpla, es decir, de que alguien responda (Gračanin et al., 2018). Lo respaldan experimentos: en dos estudios, ver a alguien con lágrimas aumentó la disposición a ayudarle, porque se lo percibía más indefenso y se sentía más conexión con esa persona (Vingerhoets et al., 2016).
El costo social en otros entornos. Las lágrimas también tienen un lado ambiguo. En tres estudios con más de mil participantes, las personas con lágrimas se vieron más cálidas pero menos competentes, y eran más buscadas para recibir ayuda pero también más evitadas cuando el observador necesitaba apoyo en una tarea importante (van de Ven et al., 2017). Eran fotos evaluadas por desconocidos, no un estudio sobre tu jefe, pero ayuda a entender por qué llorar en el trabajo suele sentirse más costoso que llorar en casa.
La depresión. En personas con trastornos del ánimo, un piloto halló más propensión a llorar ante hechos negativos y menos mejoría del ánimo después (Rottenberg et al., 2008). A la vez, una revisión concluyó que hay poca evidencia de que la depresión aumente o anule por sí sola el llanto (Vingerhoets et al., 2007). El mensaje práctico: llorar mucho no confirma una depresión, y llorar sin alivio durante semanas junto con otros síntomas merece evaluarse.
Género y cultura. En 37 países, la gente reportó llorar más en países más ricos, democráticos, extravertidos e individualistas, y la brecha entre hombres y mujeres fue mayor en esos mismos países (van Hemert et al., 2011). Una encuesta de cinco países halló que los roles de género y las creencias sobre el llanto se relacionan con llorar o no, pero no con cuánto cambia el ánimo después (Sharman et al., 2019). Si te cuesta llorar o te lo reprochaste siempre, puede ser aprendizaje y norma más que un defecto.
¿Aguantar las lágrimas hace daño a la salud?
No hay estudios que demuestren que contener el llanto cause enfermedades físicas como úlceras o hipertensión, algo que Vingerhoets (2013) revisa y que no se sostiene con los datos longitudinales. Lo que sí se ha medido es el costo de ocultar una emoción mientras la sientes, en laboratorio y por un rato.
En experimentos con películas (de 1993 y de 1997), ocultar la expresión de una emoción no la reducía por dentro y se acompañaba de más activación del sistema simpático, el que prepara al cuerpo para el estrés (Gross y Levenson, 1993, 1997). Por su parte, James Pennebaker y Joshua Smyth (2016) sostienen que guardar de forma sostenida una experiencia dolorosa exige un esfuerzo continuo que pasa factura, y que ayuda más ponerla en palabras que simplemente “desahogarse”.
Esta distinción importa. Contener una lágrima en una reunión es una decisión normal y a veces útil. Lo que conviene vigilar es la inhibición crónica de lo que sientes, que se parece más a una carga sostenida que a un episodio puntual.
¿Qué hacer para que llorar te ayude más?
Si vas a llorar, ayuda más si lo haces en un lugar donde te sientes seguro, aceptas que el alivio puede tardar un rato y después le pones palabras a lo ocurrido. Con eso se acerca lo que la evidencia muestra como buenas condiciones, aunque ninguna de estas pautas está probada como tratamiento.
- Elige el contexto cuando puedas. Un espacio privado o con alguien de confianza facilita el consuelo, que es lo que más se asocia a sentirse mejor.
- Deja pasar el rato. En el experimento de los 90 minutos, el ánimo empeoró primero. Si te sientes peor justo después de llorar, esperar es parte del proceso.
- Ponle nombre a lo que sientes. Nombrar la emoción (“estoy triste y asustada”) la ordena. Si tienes dificultad para ello, el vocabulario emocional y la alexitimia pueden orientarte.
- Escribe en vez de solo descargar. El protocolo de escritura expresiva de Pennebaker y Smyth (2016) consiste en escribir de 15 a 20 minutos durante 3 o 4 días sobre lo más hondo de lo vivido, buscando armar una historia con sentido. No es un tratamiento, pero está mejor estudiado que el desahogo sin estructura.
- Evita dar vueltas sin salida. Preguntarte una y otra vez “¿por qué me pasa esto?” tiende a alargar el malestar. Si eso te ocurre, mira cómo dejar de pensar demasiado.
- Trátate con amabilidad. Si lloras y te criticas por llorar, se suman dos cargas. El test de autocompasión y la guía para controlar las emociones sirven de punto de partida.
¿Cuándo el llanto es señal para consultar?
Conviene consultar si el llanto es muy frecuente o incontrolable, si no alivia durante semanas, o si lo acompañan otros cambios. Un llanto que aparece sin relación con lo que sientes, sobre todo tras un daño neurológico, también merece evaluación médica.
- Lloras casi todos los días sin motivo claro y con menos sueño, menos apetito o cansancio constante.
- Sientes vacío, pérdida de interés o desesperanza durante más de dos semanas (cómo se evalúa la depresión y cómo salir de ella).
- Tienes episodios de llanto súbitos e incontrolables que no coinciden con tu ánimo. Después de un ictus, por ejemplo, un metaanálisis estimó que alrededor de 1 de cada 5 personas los presenta en la fase aguda y posaguda, y cerca de 1 de cada 8 pasados seis meses (Gillespie et al., 2016).
- Quieres llorar y no puedes, y eso viene con vacío emocional.
Si junto con las lágrimas aparecen pensamientos de hacerte daño o de que sería mejor no estar, no esperes: llama al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, en Chile) o acude a un servicio de urgencia.
Preguntas frecuentes
¿Llorar es bueno o malo?
Depende de la persona y del contexto. El llanto suele mejorar el ánimo pasados unos minutos y favorece la ayuda de otros, pero no hay evidencia de que sea un tratamiento ni de beneficios físicos medidos. Si llorar nunca alivia o se acompaña de otros síntomas durante semanas, conviene consultar (Rottenberg et al., 2008).
¿Llorar baja el cortisol?
En el ensayo más directo que encontramos, con 197 mujeres, quienes lloraron ante un video triste no tuvieron menos cortisol que quienes no lloraron (Sharman et al., 2020). La idea de que las lágrimas eliminan hormonas del estrés carece de respaldo empírico sólido (Vingerhoets, 2013).
¿Llorar ayuda a calmar la ansiedad?
Hasta donde llegó nuestra búsqueda, ningún ensayo lo ha comprobado. Llorar con alguien que te consuela puede aliviar el ánimo, pero la ansiedad persistente requiere estrategias con respaldo, como las que se trabajan en psicoterapia. Si la ansiedad interfiere con tu vida diaria, consulta con un profesional.
¿Es malo aguantarse las ganas de llorar?
Reprimir una lágrima de vez en cuando es normal y los estudios no muestran que cause enfermedades (Vingerhoets, 2013). En laboratorio, ocultar una emoción aumenta la activación del sistema simpático durante el episodio (Gross y Levenson, 1997). Merece más atención la inhibición sostenida que un episodio puntual.
¿Por qué después de llorar me siento peor?
Es habitual. En un experimento, el ánimo de quienes lloraron empeoró justo después, volvió a la normalidad a los 20 minutos y mejoró sobre el nivel inicial a los 90 (Gračanin et al., 2015). Si el malestar no cede en horas o se repite durante semanas, vale la pena consultar.
¿Es normal llorar todos los días?
Depende del contexto. Tras una pérdida o en una etapa de mucho estrés puede ocurrir sin que haya un trastorno. Si llorar casi a diario aparece sin razón clara, con insomnio, cansancio o pérdida de interés, conviene una evaluación para descartar depresión u otra causa (Vingerhoets et al., 2007).
Si llorar te alivia, o si no sabes qué hacer con tus lágrimas
Las lágrimas son una respuesta humana que cumple funciones sociales y emocionales, y no hace falta que “sirvan” para algo medible. Lo que sí vale la pena mirar es si después te sientes escuchado, si puedes ponerle palabras a lo ocurrido y si el llanto viene acompañado de vacío, insomnio o desesperanza.
Si llevas semanas llorando sin alivio, o no puedes llorar y sientes la emoción apagada, una evaluación psicológica ayuda a distinguir entre una reacción esperable, un cuadro depresivo o ansioso y otras causas, y a elegir un tratamiento con respaldo. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos desde la página de contacto.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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