Desarrollo del lenguaje bilingüe: mitos y realidad

Pintura impresionista de una abuela y una niña en un mercado, ilustración del desarrollo del lenguaje bilingüe

Tu suegra dice que si le hablas en dos idiomas “se va a confundir”. El pediatra, con buena intención, sugiere que “por ahora” elijas uno. Y tu hijo de dos años dice pocas palabras, algunas en un idioma y otras en el otro, y ya no sabes si es normal. El desarrollo del lenguaje bilingüe está lleno de consejos que suenan razonables y que casi nunca vienen con una cita detrás.

Este artículo separa lo que la investigación sostiene de lo que se repite por costumbre: si el bilingüismo retrasa el habla, qué pasa con la mezcla de idiomas, cómo se distingue un niño bilingüe en proceso normal de uno con un trastorno del lenguaje, qué se sabe cuando además hay autismo, y qué ventajas son reales y cuáles están muy exageradas.

Respuesta directa: criar a un niño en dos idiomas no causa un trastorno del lenguaje ni lo confunde. Lo que sí ocurre es que, medido idioma por idioma, un niño bilingüe suele ir algo más lento que uno monolingüe en cada lengua, mientras que sumando las dos su vocabulario es igual o mayor. Si algo te preocupa, no esperes “a que se ordene”: el niño se evalúa con sus dos lenguas, y que sea bilingüe nunca es razón para postergar una consulta.

¿El bilingüismo retrasa el habla?

El bilingüismo no causa un retraso del lenguaje, pero sí cambia lo que se ve al comparar. Los hitos más tempranos (balbuceo, primeras palabras, frases de dos palabras) aparecen a edades similares en niños que crecen con una o con varias lenguas, según la guía que publicaron la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (2024). Lo que cambia es cuánto sabe el niño en cada lengua por separado.

La revisión de Hoff y Core (2015) resume lo que la investigación básica permite concluir: aprender dos lenguas toma más tiempo que aprender una, y en comparaciones lengua por lengua los niños bilingües van, en promedio, por detrás de los monolingües. Eso es lo que a veces se interpreta como “retraso”. La misma revisión añade que el mejor indicador de la capacidad de un niño bilingüe para aprender es su vocabulario total, el de las dos lenguas juntas.

Tres estudios muestran cómo cambia el resultado según qué se cuente:

  • En niños de 1 año y 10 meses a 2 años y 6 meses, Hoff y su equipo (2012) encontraron que los bilingües iban por detrás de los monolingües en vocabulario y gramática cuando se miraba cada idioma, pero eran equivalentes en vocabulario total. Dentro del grupo bilingüe, cada medida dependía de cuánta exposición tenía el niño a esa lengua.
  • En niños del Reino Unido de 12 a 36 meses, Siow y colaboradores (2023) hallaron que el vocabulario en inglés era menor que el de los monolingües, pero que al sumar las dos lenguas los bilingües conocían más palabras, tanto al comprender como al hablar.
  • En 743 bebés y niños de 8 a 33 meses, Byers-Heinlein y su equipo (2024) mostraron que la diferencia depende de cómo se mide el vocabulario del bilingüe, como resume la tabla.
Cómo se mide el vocabulario del niño bilingüe Frente a un niño monolingüe
Palabras de una sola lengua Menor
Palabras de las dos lenguas sumadas (comprensión y producción) Mayor
Conceptos que comprende (sin contar el mismo concepto dos veces) Similar
Conceptos que dice (sin contar el mismo concepto dos veces) Menor

Para ti, como madre o padre, la conclusión práctica es esta: el niño bilingüe no es un monolingüe con la mitad de cada idioma, y evaluarlo con una prueba pensada para uno solo de sus idiomas lo hace parecer más atrasado de lo que está. Si quieres ver qué se espera de un niño según su edad, la tabla de hitos del desarrollo del lenguaje de 0 a 6 años sigue siendo la referencia. Con la salvedad de que la comprensión, los gestos y la intención de comunicarse se miran en todo el repertorio del niño, no solo en una lengua.

¿Escuchar dos idiomas confunde a los niños?

Escuchar dos idiomas no confunde a los niños. Hoff y Core (2015) incluyen entre sus conclusiones que el input en dos lenguas no confunde y que no es necesario mantener las lenguas separadas en la experiencia del niño para evitarlo. La guía de la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición agrega que mezclar de vez en cuando las reglas gramaticales es normal y que hacia los 3 años los niños multilingües pueden separar sus idiomas.

Mezclar idiomas en una misma frase (“quiero más milk“) tampoco es una alarma. En 62 niños de 5 a 7 años que hablaban español e inglés, Kapantzoglou y su equipo (2021) compararon a 24 con trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) con 38 de desarrollo típico: la frecuencia de cambios de código no difirió según el diagnóstico, y los autores concluyen que su frecuencia y su tipo no deben usarse como indicador de TDL.

Hay un matiz que conviene conocer. Gross y Kaushanskaya (2022), con 62 niños hispano-ingleses de 4 a 6 años (15 con TDL), vieron que los niños con TDL respondían en inglés con más frecuencia cuando se les hablaba en español, incluso controlando cuánto sabían de cada lengua. La mezcla dentro de una misma oración no difirió entre grupos. Los autores lo leen como una razón más para apoyar el uso de la lengua del hogar, no para quitarla.

El mito con más consecuencias: la creencia de los adultos que evalúan al niño

El mito de que “los bilingües hablan más tarde” no solo circula en la familia. También afecta a quienes controlan el desarrollo. En Suecia, Nayeb y colaboradoras (2015) preguntaron a 863 enfermeras de control infantil por la evaluación de niños bilingües de 30 a 36 meses. El 82 % creía que el lenguaje se desarrolla más lento en los bilingües, la mitad simplificaba el cribado en ellos y el 74 % postergaba las derivaciones a fonoaudiología. La creencia de que el desarrollo era más lento fue el predictor más fuerte de simplificar el cribado (RR = 2,00; IC 95 %: 1,44 a 2,77).

Es un estudio sueco, y no sabemos si en Chile ocurre en la misma proporción. Pero muestra el mecanismo: si todos esperan que el niño bilingüe “tarde un poco”, las señales reales de un trastorno se descuentan y la ayuda llega tarde. Ese es el riesgo del mito, y por eso este artículo insiste en que el bilingüismo no es una explicación para esperar.

Mi hijo bilingüe no habla: ¿cómo distinguir un proceso normal de un trastorno?

Si tu hijo bilingüe habla poco, conviene mirar cómo está su lenguaje en conjunto antes de pensar en los dos idiomas. Un niño con un proceso bilingüe normal comprende, usa gestos, intenta comunicarse y suma palabras en alguna de sus lenguas. Un trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) se ve en las dos lenguas del niño y no se explica por falta de exposición. Si quieres entender qué es el TDL y por qué hoy se llama así, lo explicamos en la diferencia entre TEL y TDL.

Dos libros en español sobre dificultades del lenguaje y del aprendizaje coinciden en un criterio práctico. Jiménez y O’Shanahan (2015), apoyándose en la hipótesis de interdependencia lingüística de Cummins, y Mendoza Lara (2016) sostienen que, para confirmar un trastorno específico del lenguaje (el nombre antiguo del TDL) o una dislexia en un niño bilingüe, las dificultades tienen que aparecer en las dos lenguas. Si ocurren solo en la segunda, se explican por el proceso de aprender ese idioma. Jiménez y O’Shanahan advierten además que la menor competencia en la segunda lengua se confunde con frecuencia con un déficit intelectual o un trastorno del aprendizaje.

La investigación reciente dice lo mismo desde otro ángulo. En 595 niños de 5 a 12 años que hablaban español e inglés (100 con TDL), Peña, Bedore y Vargas (2023) mostraron que los niños bilingües pueden ser identificados de más o de menos cuando se les evalúa con un enfoque pensado para monolingües. Cuando se usaba la mejor puntuación entre las dos lenguas, las diferencias de rendimiento ya no se asociaban a cuánta exposición había tenido el niño, sino a su capacidad lingüística. Dicho en simple: se evalúa en ambas lenguas y se mira el mejor resultado.

Existen herramientas que funcionan en niños bilingües:

  • Análisis de una muestra de lenguaje. En un metaanálisis de 35 estudios con niños de 2 a 11 años y más de 40 lenguas, Ortiz y su equipo (2024) encontraron que los niños con TDL rendían 0,78 desviaciones estándar por debajo de los de lenguaje típico, con la mayor diferencia en la exactitud gramatical. Eso respalda el uso de esta técnica en bilingües.
  • Repetición de pseudopalabras (repetir palabras inventadas). Una revisión y metaanálisis de 46 estudios (Schwob y colaboradores, 2021) concluyó que esta tarea distingue TDL tanto en monolingües como en bilingües, que mejora si se combina con otras (por ejemplo, un cuestionario a los padres) y que el material debe elegirse según el idioma del niño.

Si tu hijo tiene entre 2 y 3 años y dice muy pocas palabras, la guía sobre el niño de 2 años que no habla detalla qué se espera a cada edad y cuándo consultar. Cómo se hace el proceso completo lo cuenta la guía de evaluación del lenguaje infantil. En cualquier caso, la regla es la misma que en un niño monolingüe: no se espera a que “se le pase” por ser bilingüe.

¿Qué pasa si el niño tiene un TDL o autismo? ¿Hay que quitarle un idioma?

Con la evidencia disponible, no hay razón para quitar un idioma a un niño con TDL o con autismo solo por serlo, y es una preocupación muy frecuente que a menudo recibe consejos apresurados. Los estudios sobre autismo tienen muestras pequeñas y diseños observacionales, así que conviene leerlos como tranquilizadores, no como prueba definitiva.

  • En 353 niños con autismo de 12 a 36 meses en Estados Unidos, Hastedt y colaboradores (2023) no encontraron diferencias de lenguaje entre bilingües español-inglés y monolingües, y vieron ventaja bilingüe en socialización frente a los monolingües en inglés.
  • En 80 niños pequeños con autismo (40 bilingües), Valicenti-McDermott y su equipo (2013) vieron que los bilingües vocalizaban y usaban gestos más, sin otras diferencias de lenguaje, cognición ni rasgos autistas.
  • En 37 niños de 12 a 26 meses dentro de un ensayo de intervención, Zhou y colaboradores (2019) observaron que los de hogares bilingües (13) crecieron en lenguaje igual que los de hogares monolingües, y que el hogar bilingüe no moderó el efecto de la intervención.
  • Otro estudio, de Phillips y colaboradores (2024) con la escala Bayley-III, concluyó que los niños con autismo pueden crecer en hogares bilingües sin que se afecte su desarrollo a largo plazo.

Para el TDL, la revisión sistemática de Nair y colaboradores (2023) encontró solo 14 estudios de intervención en niños bilingües: la mayoría trabajó vocabulario, y hubo transferencia entre lenguas para vocabulario y, en algunos casos, para gramática y lectoescritura, sobre todo cuando se intervino en la lengua del hogar. La evidencia es escasa, y por eso el plan de un niño concreto lo decide el equipo que lo evalúa. Pero nada de esto respalda “quítale uno”. Si te preocupa la diferencia entre un retraso del lenguaje y el autismo, los hitos de comprensión y de gestos son los primeros que se miran, en cualquier idioma.

Lo que sí cuesta: ser bilingüe no es automático

Que el bilingüismo no cause trastornos no significa que sea garantía de dominar dos idiomas. Hoff (2018) advierte que exponer al niño a dos lenguas desde el nacimiento no asegura un bilingüismo exitoso: en familias inmigrantes, muchos niños llegan a la edad escolar con bajo nivel en las dos lenguas. Según su revisión, eso no se explica solo por el nivel socioeconómico, sino por la cantidad y la calidad de la exposición y por cuánto usa el niño cada lengua.

Jiménez y O’Shanahan (2015) describen un riesgo parecido con el nombre de “semilingüismo”: que el niño no llegue a desarrollar plenamente ni su primera ni su segunda lengua, algo que se plantea cuando se lo escolariza en una segunda lengua antes de haber afianzado la estructura de la materna. Sobre el mismo capítulo, afirman también que exponer a los niños a dos idiomas desde pequeños no genera un retraso en el lenguaje oral ni reduce la inteligencia verbal. La lección práctica coincide con lo que muestran los estudios: la lengua del hogar necesita seguir existiendo en serio.

Hablar también cuenta, no solo escuchar. En 47 niños hispano-ingleses de 30 meses seguidos hasta los 42, Ribot, Hoff y Burridge (2018) encontraron que lo que el niño decía en inglés predecía el crecimiento de su vocabulario expresivo en inglés, más allá de lo que escuchaba. Por eso no basta con que la lengua esté en el ambiente: el niño necesita ocasiones de usarla.

De esto se desprenden varias ideas útiles para la casa, que son inferencias de los hallazgos y no recetas probadas una por una:

  • Habla con tu hijo en la lengua con la que te sientas más cómodo. Si el input importa en cantidad y calidad (Hoff y Core, 2015), conviene que sea una lengua en la que puedas conversar de verdad, con vocabulario amplio.
  • No hace falta separar los idiomas por persona ni por momento. La evidencia no muestra que hacerlo sea necesario para evitar confusión.
  • Prioriza la conversación sobre la exposición pasiva. Preguntas, turnos, historias y juego compartido le dan al niño la oportunidad de hablar, que es lo que Ribot y su equipo asocian con el crecimiento del vocabulario expresivo.
  • Mantén la lengua del hogar aunque la escuela sea en otra. Hoff y Core (2015) concluyen que no se debe desaconsejar a los padres inmigrantes hablar su lengua nativa con el niño.

¿Tiene ventajas el bilingüismo infantil? Qué es real y qué está inflado

Las ventajas del bilingüismo infantil más repetidas son cognitivas, y ahí la evidencia es mucho más débil de lo que se cuenta. Es la parte del tema donde más conviene desconfiar de titulares como “los bilingües son más inteligentes”.

  • Un metaanálisis de 80 estudios (Donnelly, Brooks y Homer, 2019) halló una ventaja muy pequeña en tareas de control de interferencia (g = 0,13 en tiempo de reacción global; g = 0,11 en costo de interferencia), y la primera dejó de ser significativa al corregir por sesgo de publicación. Los autores concluyen que la evidencia de ventaja es débil.
  • Otro metaanálisis de 170 estudios (Ware, Kirkovski y Lum, 2020) halló que la ventaja depende de la tarea y de la edad, con un efecto más marcado en personas mayores de 50 años que en adultos jóvenes. Ese hallazgo habla de adultos, no de niños pequeños.
  • En 20 estudios con pruebas estandarizadas de atención auditiva en menores de 18 años, Bao y colaboradores (2024) hallaron poca diferencia entre niños monolingües y bilingües.
  • La revisión de Planckaert, Duyck y Woumans (2023) sobre inhibición y alternancia en niños hasta los 12 años señala que los efectos beneficiosos han resultado difíciles de reproducir.

Entonces, ¿para qué vale la pena? Las ventajas más seguras pertenecen a la vida diaria: poder comunicarse con la familia extensa, conservar la lengua y la cultura de origen y, según la guía de la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición, sostener la lengua del hogar junto a la del colegio. Son motivos suficientes, aunque el coeficiente intelectual no suba.

Cuándo pedir ayuda

Pide una evaluación del desarrollo si tu hijo, sea monolingüe o bilingüe, no comprende lo que le dicen, casi no usa gestos para comunicarse (señalar, mostrar, decir adiós con la mano), no responde cuando lo llaman, o perdió palabras o habilidades que antes tenía. También si, con el paso de los meses, sus palabras no aumentan en ninguna de sus lenguas.

Cuando consultes, pide que lo evalúen en las dos lenguas, o que cuenten tanto lo que dice en una como en la otra, y lleva anotadas las palabras que usa en cada idioma. Si el profesional espera “a ver” solo porque el niño es bilingüe, está aplicando justo la creencia que el estudio sueco mostró que retrasa las derivaciones. Un control del desarrollo debería mirar la comprensión y los gestos, que no dependen de cuántos idiomas escuche. Para entender qué incluye una evaluación completa, está la guía sobre cómo se evalúa el desarrollo infantil.

Preguntas frecuentes sobre el desarrollo del lenguaje bilingüe

¿El bilingüismo retrasa el habla? No causa un trastorno del lenguaje. Los hitos tempranos aparecen a edades similares, y medido por idioma el vocabulario de un niño bilingüe suele ser algo menor, pero sumando sus dos lenguas es igual o mayor al de un monolingüe. Comparar solo una de sus lenguas lo hace parecer más atrasado de lo que está.

¿Debo esperar si mi hijo bilingüe no habla? No conviene esperar solo porque es bilingüe. Si comprende poco, casi no usa gestos o no suma palabras en ninguna de sus lenguas, pide una evaluación del desarrollo. El bilingüismo no es una explicación que justifique postergar la consulta. Pide que lo evalúen considerando sus dos idiomas.

¿Mezclar idiomas es señal de confusión o de trastorno? No. Mezclar es habitual en niños bilingües y su frecuencia no sirve para detectar un trastorno del desarrollo del lenguaje. Un estudio con 62 niños de 5 a 7 años no encontró diferencias en la cantidad de cambios de código entre niños con y sin ese trastorno.

¿Qué idioma debo hablarle a mi hijo? El de la lengua con la que puedas conversar con más soltura y riqueza. La cantidad y la calidad de lo que el niño oye, y la oportunidad de usar cada lengua, son lo que más se asocia con su desarrollo. A los padres inmigrantes no se les debe desaconsejar hablar su lengua nativa en casa.

¿Un niño con autismo o TDL debe aprender un solo idioma? No hay evidencia que respalde quitar un idioma por esa razón. Los estudios en niños pequeños con autismo no muestran peores resultados de lenguaje en hogares bilingües, aunque las muestras son pequeñas. La decisión de cada familia se toma con el equipo que evalúa y acompaña al niño.

¿Los bilingües son más inteligentes? La evidencia no lo respalda. Los metaanálisis encuentran ventajas cognitivas muy pequeñas, dependientes de la tarea y la edad, o inciertas una vez corregido el sesgo de publicación. Las ventajas más seguras son comunicarse con la familia y conservar la lengua y la cultura de origen.

Si algo de esto te suena a tu hijo

Si llevas tiempo preguntándote si el idioma está pesando en cómo habla tu hijo, quizá ayude ordenar lo que observas: qué entiende, qué palabras usa en cada idioma, qué gestos hace y desde cuándo. Con esa información se puede decidir con calma si basta con esperar y estimular o si conviene pedir una evaluación. Puedes escribir por el formulario de contacto y revisamos tu caso paso a paso.

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Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

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