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  • Desarrollo del lenguaje bilingüe: mitos y realidad

    Desarrollo del lenguaje bilingüe: mitos y realidad

    Tu suegra dice que si le hablas en dos idiomas “se va a confundir”. El pediatra, con buena intención, sugiere que “por ahora” elijas uno. Y tu hijo de dos años dice pocas palabras, algunas en un idioma y otras en el otro, y ya no sabes si es normal. El desarrollo del lenguaje bilingüe está lleno de consejos que suenan razonables y que casi nunca vienen con una cita detrás.

    Este artículo separa lo que la investigación sostiene de lo que se repite por costumbre: si el bilingüismo retrasa el habla, qué pasa con la mezcla de idiomas, cómo se distingue un niño bilingüe en proceso normal de uno con un trastorno del lenguaje, qué se sabe cuando además hay autismo, y qué ventajas son reales y cuáles están muy exageradas.

    Respuesta directa: criar a un niño en dos idiomas no causa un trastorno del lenguaje ni lo confunde. Lo que sí ocurre es que, medido idioma por idioma, un niño bilingüe suele ir algo más lento que uno monolingüe en cada lengua, mientras que sumando las dos su vocabulario es igual o mayor. Si algo te preocupa, no esperes “a que se ordene”: el niño se evalúa con sus dos lenguas, y que sea bilingüe nunca es razón para postergar una consulta.

    ¿El bilingüismo retrasa el habla?

    El bilingüismo no causa un retraso del lenguaje, pero sí cambia lo que se ve al comparar. Los hitos más tempranos (balbuceo, primeras palabras, frases de dos palabras) aparecen a edades similares en niños que crecen con una o con varias lenguas, según la guía que publicaron la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (2024). Lo que cambia es cuánto sabe el niño en cada lengua por separado.

    La revisión de Hoff y Core (2015) resume lo que la investigación básica permite concluir: aprender dos lenguas toma más tiempo que aprender una, y en comparaciones lengua por lengua los niños bilingües van, en promedio, por detrás de los monolingües. Eso es lo que a veces se interpreta como “retraso”. La misma revisión añade que el mejor indicador de la capacidad de un niño bilingüe para aprender es su vocabulario total, el de las dos lenguas juntas.

    Tres estudios muestran cómo cambia el resultado según qué se cuente:

    • En niños de 1 año y 10 meses a 2 años y 6 meses, Hoff y su equipo (2012) encontraron que los bilingües iban por detrás de los monolingües en vocabulario y gramática cuando se miraba cada idioma, pero eran equivalentes en vocabulario total. Dentro del grupo bilingüe, cada medida dependía de cuánta exposición tenía el niño a esa lengua.
    • En niños del Reino Unido de 12 a 36 meses, Siow y colaboradores (2023) hallaron que el vocabulario en inglés era menor que el de los monolingües, pero que al sumar las dos lenguas los bilingües conocían más palabras, tanto al comprender como al hablar.
    • En 743 bebés y niños de 8 a 33 meses, Byers-Heinlein y su equipo (2024) mostraron que la diferencia depende de cómo se mide el vocabulario del bilingüe, como resume la tabla.
    Cómo se mide el vocabulario del niño bilingüe Frente a un niño monolingüe
    Palabras de una sola lengua Menor
    Palabras de las dos lenguas sumadas (comprensión y producción) Mayor
    Conceptos que comprende (sin contar el mismo concepto dos veces) Similar
    Conceptos que dice (sin contar el mismo concepto dos veces) Menor

    Para ti, como madre o padre, la conclusión práctica es esta: el niño bilingüe no es un monolingüe con la mitad de cada idioma, y evaluarlo con una prueba pensada para uno solo de sus idiomas lo hace parecer más atrasado de lo que está. Si quieres ver qué se espera de un niño según su edad, la tabla de hitos del desarrollo del lenguaje de 0 a 6 años sigue siendo la referencia. Con la salvedad de que la comprensión, los gestos y la intención de comunicarse se miran en todo el repertorio del niño, no solo en una lengua.

    ¿Escuchar dos idiomas confunde a los niños?

    Escuchar dos idiomas no confunde a los niños. Hoff y Core (2015) incluyen entre sus conclusiones que el input en dos lenguas no confunde y que no es necesario mantener las lenguas separadas en la experiencia del niño para evitarlo. La guía de la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición agrega que mezclar de vez en cuando las reglas gramaticales es normal y que hacia los 3 años los niños multilingües pueden separar sus idiomas.

    Mezclar idiomas en una misma frase (“quiero más milk“) tampoco es una alarma. En 62 niños de 5 a 7 años que hablaban español e inglés, Kapantzoglou y su equipo (2021) compararon a 24 con trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) con 38 de desarrollo típico: la frecuencia de cambios de código no difirió según el diagnóstico, y los autores concluyen que su frecuencia y su tipo no deben usarse como indicador de TDL.

    Hay un matiz que conviene conocer. Gross y Kaushanskaya (2022), con 62 niños hispano-ingleses de 4 a 6 años (15 con TDL), vieron que los niños con TDL respondían en inglés con más frecuencia cuando se les hablaba en español, incluso controlando cuánto sabían de cada lengua. La mezcla dentro de una misma oración no difirió entre grupos. Los autores lo leen como una razón más para apoyar el uso de la lengua del hogar, no para quitarla.

    El mito con más consecuencias: la creencia de los adultos que evalúan al niño

    El mito de que “los bilingües hablan más tarde” no solo circula en la familia. También afecta a quienes controlan el desarrollo. En Suecia, Nayeb y colaboradoras (2015) preguntaron a 863 enfermeras de control infantil por la evaluación de niños bilingües de 30 a 36 meses. El 82 % creía que el lenguaje se desarrolla más lento en los bilingües, la mitad simplificaba el cribado en ellos y el 74 % postergaba las derivaciones a fonoaudiología. La creencia de que el desarrollo era más lento fue el predictor más fuerte de simplificar el cribado (RR = 2,00; IC 95 %: 1,44 a 2,77).

    Es un estudio sueco, y no sabemos si en Chile ocurre en la misma proporción. Pero muestra el mecanismo: si todos esperan que el niño bilingüe “tarde un poco”, las señales reales de un trastorno se descuentan y la ayuda llega tarde. Ese es el riesgo del mito, y por eso este artículo insiste en que el bilingüismo no es una explicación para esperar.

    Mi hijo bilingüe no habla: ¿cómo distinguir un proceso normal de un trastorno?

    Si tu hijo bilingüe habla poco, conviene mirar cómo está su lenguaje en conjunto antes de pensar en los dos idiomas. Un niño con un proceso bilingüe normal comprende, usa gestos, intenta comunicarse y suma palabras en alguna de sus lenguas. Un trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL) se ve en las dos lenguas del niño y no se explica por falta de exposición. Si quieres entender qué es el TDL y por qué hoy se llama así, lo explicamos en la diferencia entre TEL y TDL.

    Dos libros en español sobre dificultades del lenguaje y del aprendizaje coinciden en un criterio práctico. Jiménez y O’Shanahan (2015), apoyándose en la hipótesis de interdependencia lingüística de Cummins, y Mendoza Lara (2016) sostienen que, para confirmar un trastorno específico del lenguaje (el nombre antiguo del TDL) o una dislexia en un niño bilingüe, las dificultades tienen que aparecer en las dos lenguas. Si ocurren solo en la segunda, se explican por el proceso de aprender ese idioma. Jiménez y O’Shanahan advierten además que la menor competencia en la segunda lengua se confunde con frecuencia con un déficit intelectual o un trastorno del aprendizaje.

    La investigación reciente dice lo mismo desde otro ángulo. En 595 niños de 5 a 12 años que hablaban español e inglés (100 con TDL), Peña, Bedore y Vargas (2023) mostraron que los niños bilingües pueden ser identificados de más o de menos cuando se les evalúa con un enfoque pensado para monolingües. Cuando se usaba la mejor puntuación entre las dos lenguas, las diferencias de rendimiento ya no se asociaban a cuánta exposición había tenido el niño, sino a su capacidad lingüística. Dicho en simple: se evalúa en ambas lenguas y se mira el mejor resultado.

    Existen herramientas que funcionan en niños bilingües:

    • Análisis de una muestra de lenguaje. En un metaanálisis de 35 estudios con niños de 2 a 11 años y más de 40 lenguas, Ortiz y su equipo (2024) encontraron que los niños con TDL rendían 0,78 desviaciones estándar por debajo de los de lenguaje típico, con la mayor diferencia en la exactitud gramatical. Eso respalda el uso de esta técnica en bilingües.
    • Repetición de pseudopalabras (repetir palabras inventadas). Una revisión y metaanálisis de 46 estudios (Schwob y colaboradores, 2021) concluyó que esta tarea distingue TDL tanto en monolingües como en bilingües, que mejora si se combina con otras (por ejemplo, un cuestionario a los padres) y que el material debe elegirse según el idioma del niño.

    Si tu hijo tiene entre 2 y 3 años y dice muy pocas palabras, la guía sobre el niño de 2 años que no habla detalla qué se espera a cada edad y cuándo consultar. Cómo se hace el proceso completo lo cuenta la guía de evaluación del lenguaje infantil. En cualquier caso, la regla es la misma que en un niño monolingüe: no se espera a que “se le pase” por ser bilingüe.

    ¿Qué pasa si el niño tiene un TDL o autismo? ¿Hay que quitarle un idioma?

    Con la evidencia disponible, no hay razón para quitar un idioma a un niño con TDL o con autismo solo por serlo, y es una preocupación muy frecuente que a menudo recibe consejos apresurados. Los estudios sobre autismo tienen muestras pequeñas y diseños observacionales, así que conviene leerlos como tranquilizadores, no como prueba definitiva.

    • En 353 niños con autismo de 12 a 36 meses en Estados Unidos, Hastedt y colaboradores (2023) no encontraron diferencias de lenguaje entre bilingües español-inglés y monolingües, y vieron ventaja bilingüe en socialización frente a los monolingües en inglés.
    • En 80 niños pequeños con autismo (40 bilingües), Valicenti-McDermott y su equipo (2013) vieron que los bilingües vocalizaban y usaban gestos más, sin otras diferencias de lenguaje, cognición ni rasgos autistas.
    • En 37 niños de 12 a 26 meses dentro de un ensayo de intervención, Zhou y colaboradores (2019) observaron que los de hogares bilingües (13) crecieron en lenguaje igual que los de hogares monolingües, y que el hogar bilingüe no moderó el efecto de la intervención.
    • Otro estudio, de Phillips y colaboradores (2024) con la escala Bayley-III, concluyó que los niños con autismo pueden crecer en hogares bilingües sin que se afecte su desarrollo a largo plazo.

    Para el TDL, la revisión sistemática de Nair y colaboradores (2023) encontró solo 14 estudios de intervención en niños bilingües: la mayoría trabajó vocabulario, y hubo transferencia entre lenguas para vocabulario y, en algunos casos, para gramática y lectoescritura, sobre todo cuando se intervino en la lengua del hogar. La evidencia es escasa, y por eso el plan de un niño concreto lo decide el equipo que lo evalúa. Pero nada de esto respalda “quítale uno”. Si te preocupa la diferencia entre un retraso del lenguaje y el autismo, los hitos de comprensión y de gestos son los primeros que se miran, en cualquier idioma.

    Lo que sí cuesta: ser bilingüe no es automático

    Que el bilingüismo no cause trastornos no significa que sea garantía de dominar dos idiomas. Hoff (2018) advierte que exponer al niño a dos lenguas desde el nacimiento no asegura un bilingüismo exitoso: en familias inmigrantes, muchos niños llegan a la edad escolar con bajo nivel en las dos lenguas. Según su revisión, eso no se explica solo por el nivel socioeconómico, sino por la cantidad y la calidad de la exposición y por cuánto usa el niño cada lengua.

    Jiménez y O’Shanahan (2015) describen un riesgo parecido con el nombre de “semilingüismo”: que el niño no llegue a desarrollar plenamente ni su primera ni su segunda lengua, algo que se plantea cuando se lo escolariza en una segunda lengua antes de haber afianzado la estructura de la materna. Sobre el mismo capítulo, afirman también que exponer a los niños a dos idiomas desde pequeños no genera un retraso en el lenguaje oral ni reduce la inteligencia verbal. La lección práctica coincide con lo que muestran los estudios: la lengua del hogar necesita seguir existiendo en serio.

    Hablar también cuenta, no solo escuchar. En 47 niños hispano-ingleses de 30 meses seguidos hasta los 42, Ribot, Hoff y Burridge (2018) encontraron que lo que el niño decía en inglés predecía el crecimiento de su vocabulario expresivo en inglés, más allá de lo que escuchaba. Por eso no basta con que la lengua esté en el ambiente: el niño necesita ocasiones de usarla.

    De esto se desprenden varias ideas útiles para la casa, que son inferencias de los hallazgos y no recetas probadas una por una:

    • Habla con tu hijo en la lengua con la que te sientas más cómodo. Si el input importa en cantidad y calidad (Hoff y Core, 2015), conviene que sea una lengua en la que puedas conversar de verdad, con vocabulario amplio.
    • No hace falta separar los idiomas por persona ni por momento. La evidencia no muestra que hacerlo sea necesario para evitar confusión.
    • Prioriza la conversación sobre la exposición pasiva. Preguntas, turnos, historias y juego compartido le dan al niño la oportunidad de hablar, que es lo que Ribot y su equipo asocian con el crecimiento del vocabulario expresivo.
    • Mantén la lengua del hogar aunque la escuela sea en otra. Hoff y Core (2015) concluyen que no se debe desaconsejar a los padres inmigrantes hablar su lengua nativa con el niño.

    ¿Tiene ventajas el bilingüismo infantil? Qué es real y qué está inflado

    Las ventajas del bilingüismo infantil más repetidas son cognitivas, y ahí la evidencia es mucho más débil de lo que se cuenta. Es la parte del tema donde más conviene desconfiar de titulares como “los bilingües son más inteligentes”.

    • Un metaanálisis de 80 estudios (Donnelly, Brooks y Homer, 2019) halló una ventaja muy pequeña en tareas de control de interferencia (g = 0,13 en tiempo de reacción global; g = 0,11 en costo de interferencia), y la primera dejó de ser significativa al corregir por sesgo de publicación. Los autores concluyen que la evidencia de ventaja es débil.
    • Otro metaanálisis de 170 estudios (Ware, Kirkovski y Lum, 2020) halló que la ventaja depende de la tarea y de la edad, con un efecto más marcado en personas mayores de 50 años que en adultos jóvenes. Ese hallazgo habla de adultos, no de niños pequeños.
    • En 20 estudios con pruebas estandarizadas de atención auditiva en menores de 18 años, Bao y colaboradores (2024) hallaron poca diferencia entre niños monolingües y bilingües.
    • La revisión de Planckaert, Duyck y Woumans (2023) sobre inhibición y alternancia en niños hasta los 12 años señala que los efectos beneficiosos han resultado difíciles de reproducir.

    Entonces, ¿para qué vale la pena? Las ventajas más seguras pertenecen a la vida diaria: poder comunicarse con la familia extensa, conservar la lengua y la cultura de origen y, según la guía de la Academia Estadounidense de Pediatría y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición, sostener la lengua del hogar junto a la del colegio. Son motivos suficientes, aunque el coeficiente intelectual no suba.

    Cuándo pedir ayuda

    Pide una evaluación del desarrollo si tu hijo, sea monolingüe o bilingüe, no comprende lo que le dicen, casi no usa gestos para comunicarse (señalar, mostrar, decir adiós con la mano), no responde cuando lo llaman, o perdió palabras o habilidades que antes tenía. También si, con el paso de los meses, sus palabras no aumentan en ninguna de sus lenguas.

    Cuando consultes, pide que lo evalúen en las dos lenguas, o que cuenten tanto lo que dice en una como en la otra, y lleva anotadas las palabras que usa en cada idioma. Si el profesional espera “a ver” solo porque el niño es bilingüe, está aplicando justo la creencia que el estudio sueco mostró que retrasa las derivaciones. Un control del desarrollo debería mirar la comprensión y los gestos, que no dependen de cuántos idiomas escuche. Para entender qué incluye una evaluación completa, está la guía sobre cómo se evalúa el desarrollo infantil.

    Preguntas frecuentes sobre el desarrollo del lenguaje bilingüe

    ¿El bilingüismo retrasa el habla? No causa un trastorno del lenguaje. Los hitos tempranos aparecen a edades similares, y medido por idioma el vocabulario de un niño bilingüe suele ser algo menor, pero sumando sus dos lenguas es igual o mayor al de un monolingüe. Comparar solo una de sus lenguas lo hace parecer más atrasado de lo que está.

    ¿Debo esperar si mi hijo bilingüe no habla? No conviene esperar solo porque es bilingüe. Si comprende poco, casi no usa gestos o no suma palabras en ninguna de sus lenguas, pide una evaluación del desarrollo. El bilingüismo no es una explicación que justifique postergar la consulta. Pide que lo evalúen considerando sus dos idiomas.

    ¿Mezclar idiomas es señal de confusión o de trastorno? No. Mezclar es habitual en niños bilingües y su frecuencia no sirve para detectar un trastorno del desarrollo del lenguaje. Un estudio con 62 niños de 5 a 7 años no encontró diferencias en la cantidad de cambios de código entre niños con y sin ese trastorno.

    ¿Qué idioma debo hablarle a mi hijo? El de la lengua con la que puedas conversar con más soltura y riqueza. La cantidad y la calidad de lo que el niño oye, y la oportunidad de usar cada lengua, son lo que más se asocia con su desarrollo. A los padres inmigrantes no se les debe desaconsejar hablar su lengua nativa en casa.

    ¿Un niño con autismo o TDL debe aprender un solo idioma? No hay evidencia que respalde quitar un idioma por esa razón. Los estudios en niños pequeños con autismo no muestran peores resultados de lenguaje en hogares bilingües, aunque las muestras son pequeñas. La decisión de cada familia se toma con el equipo que evalúa y acompaña al niño.

    ¿Los bilingües son más inteligentes? La evidencia no lo respalda. Los metaanálisis encuentran ventajas cognitivas muy pequeñas, dependientes de la tarea y la edad, o inciertas una vez corregido el sesgo de publicación. Las ventajas más seguras son comunicarse con la familia y conservar la lengua y la cultura de origen.

    Si algo de esto te suena a tu hijo

    Si llevas tiempo preguntándote si el idioma está pesando en cómo habla tu hijo, quizá ayude ordenar lo que observas: qué entiende, qué palabras usa en cada idioma, qué gestos hace y desde cuándo. Con esa información se puede decidir con calma si basta con esperar y estimular o si conviene pedir una evaluación. Puedes escribir por el formulario de contacto y revisamos tu caso paso a paso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    • American Academy of Pediatrics, & American Speech-Language-Hearing Association. (2024). Niños pequeños que aprenden varios idiomas: preguntas frecuentes para padres. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/gradeschool/school/Paginas/7-myths-facts-bilingual-children-learning-language.aspx
    • Bao, W., Alain, C., Thaut, M., & Molnar, M. (2024). Is there a bilingual advantage in auditory attention among children? A systematic review and meta-analysis of standardized auditory attention tests. PLOS ONE, 19(5), Artículo e0299393. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0299393
    • Byers-Heinlein, K., Gonzalez-Barrero, A. M., Schott, E., & Killam, H. (2024). Sometimes larger, sometimes smaller: Measuring vocabulary in monolingual and bilingual infants and toddlers. First Language, 44(1), 74-95. https://doi.org/10.1177/01427237231204167
    • Donnelly, S., Brooks, P. J., & Homer, B. D. (2019). Is there a bilingual advantage on interference-control tasks? A multiverse meta-analysis of global reaction time and interference cost. Psychonomic Bulletin & Review, 26(4), 1122-1147. https://doi.org/10.3758/s13423-019-01567-z
    • Gross, M. C., & Kaushanskaya, M. (2022). Language control and code-switching in bilingual children with developmental language disorder. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 65(3), 1104-1127. https://doi.org/10.1044/2021_JSLHR-21-00332
    • Hastedt, I., Eisenhower, A., Sheldrick, R. C., & Carter, A. S. (2023). Bilingual and monolingual autistic toddlers: Language and social communication skills. Journal of Autism and Developmental Disorders, 53(6), 2185-2202. https://doi.org/10.1007/s10803-022-05504-3
    • Hoff, E. (2018). Bilingual development in children of immigrant families. Child Development Perspectives, 12(2), 80-86. https://doi.org/10.1111/cdep.12262
    • Hoff, E., & Core, C. (2015). What clinicians need to know about bilingual development. Seminars in Speech and Language, 36(2), 89-99. https://doi.org/10.1055/s-0035-1549104
    • Hoff, E., Core, C., Place, S., Rumiche, R., Señor, M., & Parra, M. (2012). Dual language exposure and early bilingual development. Journal of Child Language, 39(1), 1-27. https://doi.org/10.1017/S0305000910000759
    • Jiménez, J. E., & O’Shanahan, I. (2015). Dislexia y bilingüismo. En J. E. Jiménez (Coord.), Dislexia en español: Prevalencia e indicadores cognitivos, culturales, familiares y biológicos (cap. 8). Pirámide.
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    • Mendoza Lara, E. (2016). Trastorno específico del lenguaje (TEL): Avances en el estudio de un trastorno invisible. Pirámide.
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    • Phillips, S., Yanchik, A., Jung, H., Vietze, P., & Lax, L. E. (2024). Effects of bilingual language exposure on toddlers with autism spectrum disorder. Frontiers in Psychology, 15, Artículo 1412339. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1412339
    • Planckaert, N., Duyck, W., & Woumans, E. (2023). Is there a cognitive advantage in inhibition and switching for bilingual children? A systematic review. Frontiers in Psychology, 14, Artículo 1191816. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1191816
    • Ribot, K. M., Hoff, E., & Burridge, A. (2018). Language use contributes to expressive language growth: Evidence from bilingual children. Child Development, 89(3), 929-940. https://doi.org/10.1111/cdev.12770
    • Schwob, S., Eddé, L., Jacquin, L., Leboulanger, M., Picard, M., Oliveira, P. R., & Skoruppa, K. (2021). Using nonword repetition to identify developmental language disorder in monolingual and bilingual children: A systematic review and meta-analysis. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 64(9), 3578-3593. https://doi.org/10.1044/2021_JSLHR-20-00552
    • Siow, S., Gillen, N. A., Lepădatu, I., & Plunkett, K. (2023). Double it up: Vocabulary size comparisons between UK bilingual and monolingual toddlers. Infancy, 28(6), 1030-1051. https://doi.org/10.1111/infa.12562
    • Valicenti-McDermott, M., Tarshis, N., Schouls, M., Galdston, M., Hottinger, K., Seijo, R., Shulman, L., & Shinnar, S. (2013). Language differences between monolingual English and bilingual English-Spanish young children with autism spectrum disorders. Journal of Child Neurology, 28(7), 945-948. https://doi.org/10.1177/0883073812453204
    • Ware, A. T., Kirkovski, M., & Lum, J. A. G. (2020). Meta-analysis reveals a bilingual advantage that is dependent on task and age. Frontiers in Psychology, 11, Artículo 1458. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.01458
    • Zhou, V., Munson, J. A., Greenson, J., Hou, Y., Rogers, S., & Estes, A. M. (2019). An exploratory longitudinal study of social and language outcomes in children with autism in bilingual homes. Autism, 23(2), 394-404. https://doi.org/10.1177/1362361317743251

  • Hitos del Desarrollo del Lenguaje por Edad: Tabla de 0 a 6 Años y Señales de Alerta

    Hitos del Desarrollo del Lenguaje por Edad: Tabla de 0 a 6 Años y Señales de Alerta

    «¿Cuántas palabras debería decir a esta edad?» es de las preguntas que más se repiten en los controles de niño sano, y la respuesta corta que suele recibir una madre o un padre («cada niño tiene su ritmo») es verdad a medias.

    Es cierto que hay un margen amplio. También es cierto que ese margen tiene bordes, y que conocer los hitos del desarrollo del lenguaje evita dos errores igual de caros: angustiarse por un niño que va bien y esperar de más con uno que necesita ayuda.

    Este sitio ya tiene una tabla de hitos de todos los dominios de 0 a 12 años; esta página se queda solo con el lenguaje, que es donde más dudas hay.

    Aquí tienes los hitos del desarrollo del lenguaje de 0 a 6 años en una sola tabla, con las dos fuentes que de verdad se usan para vigilar el desarrollo: las listas revisadas de CDC/AAP 2022 y la norma técnica de control sano del Ministerio de Salud de Chile.

    Después viene lo que esas tablas no dicen (por qué el orden de los hitos es fijo aunque la velocidad no, cuándo se le entiende todo a un niño, qué pasa con los bilingües y con los que «se traban») y, para el lector con prisa, un selector interactivo: eliges la edad de tu hijo y ves qué se espera y qué señales justifican consultar sin esperar al próximo control.

    En breve

    • La mayoría de los niños balbucea con sílabas hacia los 9 meses, dice sus primeras palabras con intención entre los 11 y los 15.
    • Combina dos palabras hacia los 2 años, conversa y hace preguntas a los 3, y cuenta un hecho de su día con oraciones de cuatro palabras a los 4.
    • Un desconocido entiende casi todo lo que dice recién entre los 4 y los 6 años.
    • Un solo hito atrasado rara vez es un problema; una señal de alerta (perder habilidades, no señalar, no entender instrucciones simples, ninguna palabra a los 18 meses) se consulta ahora.

    ¿Qué son los hitos del desarrollo del lenguaje y cómo leerlos sin angustiarse?

    Un hito es una habilidad concreta y observable (decir «adiós» con la mano, juntar dos palabras) y la edad a la que la mayoría de los niños ya la tiene. La palabra importante es mayoría: las listas de CDC/AAP se revisaron en 2022 para fijar cada hito en la edad a la que el 75 % o más de los niños ya lo hace, y no en la edad promedio, justamente para que una madre no se quede «esperando a ver» con un niño que va por detrás (Zubler et al., 2022).

    Leído al revés: cuando tu hijo no hace algo de su lista, todavía comparte esa situación con 1 de cada 4 niños sanos. Cuando le faltan varios, o uno de los que marcamos como alerta, la cosa cambia.

    Hay un segundo dato que ayuda a leer cualquier tabla. En dos estudios holandeses con niños de 1 a 6 años, 26 hitos de vocabulario, gramática y comunicación se ordenaron en una sola escala que vale para todos los niños: el orden en que aparecen es el mismo, lo que cambia de un niño a otro es la velocidad (Visser-Bochane, Reijneveld, Krijnen, van der Schans y Luinge, 2020). El trabajo anterior del mismo grupo, con 14 hitos y 527 niños, había encontrado lo mismo (Luinge, Post, Wit y Goorhuis-Brouwer, 2006).

    Primero se entiende, después se dice; primero las palabras sueltas, después las frases; primero las frases, después los cuentos. Las etapas del desarrollo del lenguaje se recorren en el mismo orden: un niño no se las salta, y eso permite saber en qué escalón está aunque vaya más lento.

    La comprensión va antes que las palabras

    El tercer dato es el que más tranquiliza y el que más ayuda a detectar: la comprensión va por delante de la expresión, siempre. La norma chilena lo escribe tal cual para el niño de 12 a 14 meses: «su lenguaje comprensivo está más avanzado que su lenguaje expresivo verbal» (Ministerio de Salud, 2021, p. 354).

    Por eso un niño de 18 meses que dice cinco palabras pero sigue instrucciones sin gesto, señala lo que quiere y te trae cosas para mostrártelas va por buen camino. Y por eso la comprensión baja pesa más que las palabras que faltan.

    Tabla: hitos del desarrollo del lenguaje por edad (0 a 6 años)

    La columna CDC/AAP viene de la lista revisada de 2022 (percentil 75): si tu hijo lo hace, está con la mayoría. La columna MINSAL es lo que mira el control de niño sano en Chile, sacado de las tablas de la norma técnica de 2021 (pp. 314, 337, 354 y 368) y de la pauta breve que se aplica a los 12, 15, 21 y 24 meses (p. 481).

    Las dos columnas no siempre dicen lo mismo, y eso también es información: las cifras chilenas de vocabulario a los 2 y 3 años son más exigentes que las estadounidenses.

    Edad Lo que la mayoría ya hace (CDC/AAP 2022, percentil 75) Lo que mira el control sano en Chile (MINSAL 2021)
    2 meses Hace sonidos distintos del llanto; reacciona a sonidos fuertes Sonrisa social; vocaliza «ah», «eh»; llantos distintos según hambre, malestar o cansancio
    4 meses Gorjea («oooo», «aahh»); responde con sonidos cuando le hablas; gira la cabeza hacia tu voz Se gira al cascabel y a la voz; «agú», gorgojeo y sonidos labiales; a los 5 meses, «rrr»
    6 meses Toma turnos de sonidos contigo; hace «pedorretas»; chilla Balbucea y vocaliza; reconoce su nombre; se gira a la voz
    9 meses Dice «mamamama», «babababa»; levanta los brazos para que lo tomen Disílabos inespecíficos (da-da, pa-pa); imita sonidos; hace adiós con la mano y aplaude
    12 meses Hace adiós con la mano; llama «mamá» o «papá»; entiende «no» Primera palabra con intención (11 meses); obedece órdenes con gesto; señala con el índice. Pauta breve: dice al menos 2 palabras con sentido
    15 meses Intenta 1 o 2 palabras además de mamá y papá; mira un objeto conocido cuando lo nombras; sigue instrucciones con gesto y palabra; señala para pedir Órdenes simples sin gesto; 3 a 5 palabras con sentido; reconoce una parte del cuerpo. Pauta breve: imita tres palabras
    18 meses Intenta 3 o más palabras además de mamá y papá; sigue instrucciones de un paso sin gesto 10 a 15 palabras con sentido; reconoce 4 partes del cuerpo; entiende «mío»; disfruta cuentos cortos
    2 años Señala cosas en un libro cuando preguntas; dice 2 palabras juntas («más leche»); señala 2 partes del cuerpo; usa más gestos (beso volado, asentir) Nombra y apunta 5 partes del cuerpo; usa 50 palabras y frases de dos palabras; sabe su nombre; se le entiende un 50 %. Pauta breve: nombra 2 de 4 objetos
    2 años y medio Dice unas 50 palabras; junta 2 palabras con un verbo («perro corre»); nombra cosas de un libro; dice «yo», «mí», «nosotros» Frases de 3 a 4 palabras; entiende dos verbos; recita parte de un cuento o canta parte de una canción
    3 años Conversa con 2 intercambios de ida y vuelta; pregunta quién, qué, dónde, por qué; dice qué acción pasa en una imagen; dice su nombre; se le entiende la mayor parte del tiempo Más de 200 palabras y pronombres; se le entiende un 75 %; conversa con 2 o 3 frases seguidas; nombra dos colores; usa el plural. A los 36 meses se aplica el TEPSI
    4 años Oraciones de 4 o más palabras; dice palabras de una canción o cuento; cuenta algo que le pasó en el día; responde «¿para qué sirve un abrigo?» 300 a 1.000 palabras; se le entiende todo; nombra cuatro colores; entiende preposiciones; define cinco palabras; habla en pasado y futuro
    5 años Cuenta una historia con 2 eventos; responde preguntas sobre un cuento; mantiene una conversación de más de 3 intercambios; usa o reconoce rimas La norma no desglosa hitos de lenguaje de 5 a 9 años: mira rendimiento escolar, juego con reglas y vida social
    6 años (Las listas CDC/AAP terminan a los 5 años) Plurales, opuestos, oraciones con «porque» y pasado: el 85 % de los niños los domina entre los 4 y los 6 (Visser-Bochane et al., 2020); los errores de pronunciación siguen bajando hasta los 6 (Pavez et al., 2009)

    ¿Notaste que la tabla de MINSAL dice «50 palabras a los 2 años» y la de CDC/AAP pone las 50 palabras a los 30 meses? No es un error de ninguna: la lista estadounidense se corrió a propósito hacia la edad a la que el 75 % ya lo hace, y la chilena describe lo esperable, más cerca del promedio.

    Con esa diferencia en mente: si tu hijo cumple la columna MINSAL va holgado; si cumple la de CDC/AAP va con la mayoría; si no cumple ninguna de las dos en varias filas seguidas, es momento de mirar más de cerca.

    Y ahora sí, el atajo. Elige la edad de tu hijo y verás las dos listas juntas más las señales que, a esa edad, justifican consultar sin esperar. No es un test: no puntúa ni diagnostica, ordena lo que acabas de leer.

    ¿Qué se espera del lenguaje a la edad de tu hijo o hija?

    Elige la edad y verás lo que la mayoría de los niños ya hace (listas CDC/AAP 2022, percentil 75) junto a lo que espera el control sano chileno (MINSAL 2021), y las señales que justifican consultar sin esperar. Es orientación, no un test ni un diagnóstico.



    Fuentes: Zubler et al. (2022), listas CDC/AAP revisadas al percentil 75; MINSAL (2021), Norma Técnica para la Supervisión de Salud Integral de Niños y Niñas de 0 a 9 años, tablas III-4 a III-6, II-17 y anexo 4; Lipkin y Macias (2020); Hustad et al. (2021); Visser-Bochane et al. (2020). Un hito al percentil 75 significa que 1 de cada 4 niños sanos todavía no lo hace a esa edad. Si algo te preocupa, consulta: la preocupación de los padres es motivo suficiente.

    Hitos del lenguaje del primer año: del balbuceo a la primera palabra

    Antes de la primera palabra hay un año entero de lenguaje. Hacia los 4 meses el bebé responde con sonidos cuando le hablas y gira la cabeza hacia tu voz; hacia los 6 toma turnos contigo (tú haces un sonido, él contesta, tú vuelves) y ahí está el esqueleto de toda conversación futura.

    Entre los 8 y los 9 meses aparece el balbuceo con sílabas repetidas («ba-ba», «da-da»), que la norma chilena llama disílabos inespecíficos y cuya ausencia entre los 9 y los 11 meses figura como señal de alerta (Ministerio de Salud, 2021, pp. 86 y 337).

    Los gestos importan tanto como los sonidos. Un seguimiento de diez niños mostró que muchas de las palabras que un niño primero «dice» señalando pasan después a su vocabulario hablado, y que los que antes combinan un gesto con una palabra (señalar al pájaro y decir «duerme») son los primeros en combinar dos palabras (Iverson y Goldin-Meadow, 2005).

    Por eso, a los 12 meses, hacer adiós con la mano, señalar con el índice y traer cosas para mostrarlas cuentan como lenguaje aunque no suene ninguna palabra.

    La primera palabra con intención (no el «mamamama» que sale mientras juega, sino «mamá» mirándote a ti) aparece hacia los 11 meses según la norma chilena, y la pauta breve de los 12 meses pregunta por «al menos 2 palabras con sentido».

    Que a esa edad no diga ninguna todavía no es alarma; que no señale, no responda a su nombre ni se gire hacia los sonidos, sí, y lo primero que hay que descartar es que no oiga bien. La propia norma lista, por edad, las conductas cuya ausencia hace sospechar hipoacusia: sobresaltarse con ruidos fuertes y calmarse con la voz de la madre en los primeros meses, disílabos a los 8 o 9, responder al nombre y al «no» al año (Ministerio de Salud, 2021, p. 157).

    Desarrollo del lenguaje de 1 a 2 años: primeras palabras, explosión de vocabulario y frases de dos palabras

    Este es el tramo que más consultas genera, y con razón: entre los 12 y los 24 meses el vocabulario pasa de una o dos palabras a decenas, y luego a las primeras combinaciones. La norma chilena espera de 3 a 5 palabras con sentido entre los 15 y los 17 meses y de 10 a 15 entre los 18 y los 23 (Ministerio de Salud, 2021, p. 354); las listas CDC/AAP piden intentar 3 o más palabras a los 18 meses y juntar dos («más leche») a los 24.

    Hacia los 2 años la mayoría dice unas 50 palabras (MINSAL lo pone a los 24 meses; CDC/AAP, al percentil 75, a los 30). Los manuales describen el salto como una explosión léxica: según García Sánchez (2014, p. 168), el niño usa unas 50 palabras antes del año y medio y a partir de ahí el vocabulario se dispara (100 palabras a los 21 meses, 200 a 300 a los 24 y alrededor de 1.000 a los 3 años). Son promedios de la literatura, no umbrales: sirven para ver la forma de la curva, no para contar palabras con angustia.

    Ese umbral de las 50 palabras no es decorativo. Tener menos de 50 palabras o no combinarlas a los 24 meses es la definición clásica de hablante tardío, y es más frecuente de lo que parece: en una cohorte canadiense de 1.023 niños, el 12,6 % cumplía esa definición entre los 24 y los 30 meses, con más riesgo en varones y cuando había historia familiar de retraso del lenguaje (Collisson et al., 2016).

    Cerca de la mitad se pone al día sin tratamiento; la otra mitad no, y a los 2 años no hay forma clínica de saber quién es quién. El estudio de 8.386 gemelos ingleses que siguió a los niños con vocabulario bajo el percentil 10 a los 2 años encontró que el 44,1 % seguía con dificultades a los 3 y el 40,2 % a los 4 (Dale, Price, Bishop y Plomin, 2003).

    Lo que sí ayuda a orientarse es mirar más allá de la cuenta de palabras. Un metaanálisis de 20 muestras y 2.134 niños encontró que lo que predice cómo le irá a un hablante tardío es el tamaño de su vocabulario, su comprensión y el nivel socioeconómico; el sexo, la historia familiar y que combine o no palabras no predijeron el resultado (Fisher, 2017). Y en 50 niños seguidos de los 2 a los 4 años, el retraso en comprender frases a los 28 meses fue lo que separó a los que tuvieron un trastorno del lenguaje a los 4 de los que se recuperaron (Chilosi et al., 2019).

    Traducido: un niño de 2 años con pocas palabras pero que entiende todo, señala, imita y juega a «como si» tiene mejor pronóstico que uno con las mismas palabras y comprensión pobre. Ese tramo (qué hacer si a los 2 años no habla, con la lista de señales y lo que ayuda en casa) tiene su propia guía en este sitio.

    De 3 a 6 años: frases, historias y ¿cuándo se le entiende todo?

    A los 3 años el lenguaje deja de ser una lista de palabras y se vuelve conversación: preguntas con quién, qué, dónde y por qué; dos o tres frases seguidas sobre lo mismo; decir su nombre; contar qué está pasando en un dibujo.

    A los 4, oraciones de cuatro o más palabras, contar algo que le pasó en el día, responder para qué sirve un abrigo, hablar en pasado y en futuro. A los 5, contar una historia con principio y final y jugar con rimas (gato-pato), que es el puente hacia la lectura.

    ¿Por qué a veces no se le entiende?

    La pregunta que más se hace en este tramo es otra: «¿por qué no le entiendo?». La regla que circula en pediatría (se le entiende la mitad a los 2, tres cuartos a los 3 y todo a los 4) aparece tal cual en la norma chilena. Los estudios que miden esto con oyentes que no conocen al niño son menos generosos.

    En 538 niños con desarrollo típico de 2 años y medio a 10 años, la mitad de las palabras sueltas se entendía a los 31 meses en el niño mediano y recién a los 47 en el percentil 5; el 75 % se alcanzaba entre los 49 y los 87 meses, y el 90 % entre los 83 y más de 120. Los autores dejan una regla práctica: a los 48 meses un niño debería ser al menos 50 % inteligible para un desconocido, y para los que van por la mediana o por debajo la inteligibilidad sigue creciendo hasta los 9 años (Hustad, Mahr, Natzke y Rathouz, 2021). En un estudio previo del mismo grupo con 164 niños de 30 a 47 meses, niños y niñas no se diferenciaron, y muy pocos llegaban al 100 % a los 4 años (Hustad, Mahr, Natzke y Rathouz, 2020).

    ¿Contradice eso a la norma chilena? Más bien la matiza: «se le entiende todo» a los 4 años describe a la familia y a la educadora que lo conocen, no al vecino que lo escucha por primera vez.

    Lo que hay detrás es la pronunciación, y en Chile tenemos datos propios: en 360 niños chilenos con desarrollo típico de 3 a 6 años, los procesos de simplificación fonológica (decir «tes» por «tres», «pato» por «plato») bajaron de forma significativa año a año hasta los 6, con diferencias por nivel socioeconómico y ninguna por sexo (Pavez, Maggiolo, Peñaloza y Coloma, 2009). Los manuales fijan los 4 años como la edad límite para articular todos los fonemas de la lengua materna (Perelló et al., 1973, citado en García Sánchez, 2014, p. 159), y el mismo texto admite simplificaciones residuales hasta los 5 o 6 en los sonidos más difíciles, como la /r/ y la /rr/.

    Un niño de 4 que todavía dice «pedo» por «perro» está dentro de lo esperable; uno de 4 al que un desconocido no le entiende ni la mitad, no.

    Los últimos hitos de la escala holandesa (plurales, opuestos, oraciones con «porque» y el pasado) recién los domina el 85 % de los niños entre los 4 y los 6 años (Visser-Bochane et al., 2020). Si tu hijo de 4 dice «cabió» en vez de «cupo», está haciendo exactamente lo que se espera: aplicar una regla que todavía no aprendió a romper.

    Repeticiones y «trabones»: ¿cuándo preocuparse?

    Un capítulo aparte son las repeticiones y los «trabones» entre los 2 y los 5 años. Una revisión de la epidemiología de la tartamudez concluye que casi todo el riesgo de empezar a tartamudear se concentra antes de los 5 años, que la proporción de niños que pasa por un episodio así es probablemente mayor que el 5 % que se citaba y que los estudios de seguimiento muestran tasas altas de recuperación natural (Yairi y Ambrose, 2013).

    Repetir sílabas o palabras enteras mientras el lenguaje crece más rápido que la boca es habitual y suele pasar solo. Lo que no se espera es el esfuerzo visible (bloqueos, tensión en la cara, evitar hablar), o que dure más de unos meses: ahí se consulta a fonoaudiología sin esperar a ver.

    Mi hijo no habla pero entiende todo: ¿es normal?

    Es la frase más repetida en la consulta de lenguaje infantil, y si es tu caso, la duda tiene sentido: no es contradictorio que entienda todo y no hable. La respuesta tiene dos partes.

    La primera: sí, que la comprensión vaya por delante es lo normal a cualquier edad, y un niño de 2 años que entiende instrucciones sin gesto, señala para mostrar, imita y juega a hacer como si tiene, de entrada, un pronóstico mejor.

    La segunda: «entiende todo» hay que comprobarlo, porque los niños se ayudan de la rutina, del gesto y del contexto. ¿Le pediste algo fuera de la rutina y sin señalar («trae el zapato de papá»)? Eso es lo que separa entender de verdad de completar la escena conocida.

    También conviene separar tres situaciones que se parecen por fuera. En el retraso simple del lenguaje (hablante tardío) solo faltan las palabras: comprende, se comunica con gestos y con la mirada, busca a los demás. En el trastorno del espectro autista lo que falla primero es la comunicación social: no responder al nombre, no señalar para compartir, no seguir la mirada, poco juego de «como si».

    Y el vocabulario, por sí solo, no distingue un cuadro del otro: con el mismo número de palabras, niños de 30 meses con autismo y hablantes tardíos de 25 usaban categorías de palabras muy parecidas y combinaban en proporciones similares (Ellis Weismer et al., 2011). La tercera es la hipoacusia, que se descarta siempre, aunque «escuche perfecto»: la norma chilena pide que ante un retraso del lenguaje se descarte la pérdida auditiva y no se asuma falta de estimulación ni sobreprotección (Ministerio de Salud, 2021, p. 158).

    Niños bilingües: ¿hablan más tarde?

    No, si se cuenta bien. Comparados idioma por idioma, los niños bilingües parecen ir atrás; sumadas sus dos lenguas, no. En un estudio con niños de 1 año y 10 meses a 2 años y medio, los monolingües iban por delante en vocabulario y gramática dentro de cada idioma, pero los dos grupos eran equivalentes en vocabulario total, y dentro de los bilingües cada medida dependía de cuánta exposición recibía el niño en esa lengua (Hoff, Core, Place, Rumiche, Señor y Parra, 2012).

    Un estudio británico con niños de 12 a 36 meses fue más lejos: sumando las dos lenguas, los bilingües conocían más palabras que los monolingües, tanto en comprensión como en producción, y la brecha en inglés desaparecía al contar conceptos en vez de palabras (Siow, Gillen, Lepădatu y Plunkett, 2023).

    La consecuencia práctica: si tu hijo crece con dos lenguas, la tabla de arriba se lee sumando lo que dice en las dos, y una palabra que sabe en ambas cuenta una vez. Las señales de alerta, en cambio, no cambian: no señalar, no entender instrucciones simples en la lengua de la casa o perder habilidades se consultan igual.

    Señales de alerta por edad: cuándo consultar sin esperar al próximo control

    Las señales de alerta del lenguaje infantil cambian con la edad, pero la regla general la fija la Academia Americana de Pediatría: cualquier preocupación de los padres o del clínico justifica derivar a evaluación de inmediato, sin esperar a «cumplir años» del próximo control, porque las listas de hitos sirven para vigilar, no para diagnosticar, y su función es disparar el siguiente paso (Lipkin y Macias, 2020).

    Con ese marco, estas son las señales que justifican consultar ahora:

    • A cualquier edad: pierde palabras, sonidos o gestos que ya tenía. La regresión se evalúa de inmediato, siempre.
    • Primer año: llanto y vocalización monótonos en los primeros 3 meses; boca abierta y sin sonidos con los labios a los 4; sin balbuceo con sílabas entre los 9 y los 11 meses; no se sobresalta con ruidos ni se gira a la voz (Ministerio de Salud, 2021, pp. 86 y 157).
    • 12 a 15 meses: ninguna palabra con intención; no señala, no hace adiós ni muestra cosas; no responde a su nombre.
    • 18 meses: menos de 3 palabras; no sigue una instrucción simple sin gesto; no señala para compartir.
    • 24 meses: menos de 50 palabras o sin frases de dos palabras (hablante tardío); no entiende instrucciones simples.
    • 3 años: habla ininteligible para extraños; no sigue instrucciones de dos pasos; no hace frases ni preguntas; no juega a «como si» ni busca a otros niños.
    • 4 años: un desconocido entiende menos de la mitad de lo que dice; no arma oraciones de cuatro palabras; se traba con esfuerzo, bloqueos o evita hablar.
    • 5 y 6 años: cuesta entenderle fuera de casa; no logra contar una historia corta; dificultad marcada con rimas y sonidos de las palabras al empezar a leer.

    Una nota sobre el cribado. En Estados Unidos, la AAP recomienda cribado universal del desarrollo a los 9, 18 y 30 meses, mientras que el grupo de tareas de servicios preventivos (USPSTF) considera insuficiente la evidencia para cribar habla y lenguaje en niños asintomáticos menores de 5 años; una revisión para médicos de familia recoge esa discrepancia y, aun así, fija como preocupantes a los 24 meses o más hablar menos de 50 palabras o un habla incomprensible, y recomienda derivar a fonoaudiología y audiología a todo niño con esa sospecha (Rupert, Hughes y Schoenherr, 2023). Lo que ninguna de las dos posturas discute es que, ante una preocupación concreta, se evalúa.

    Y a la entrada al colegio, un estudio poblacional con 7.267 niños encontró que el 7,58 % tenía un trastorno del lenguaje sin otra causa que lo explique: unos dos por sala de 30 (Norbury et al., 2016). No es raro, y se detecta antes si alguien mira.

    Qué ayuda a que el lenguaje avance (y qué no)

    Lo que más evidencia tiene, con diferencia, es enseñar a los padres a estimular el lenguaje en la vida diaria. Un metaanálisis de 76 estudios y 5.848 niños encontró que entrenar a los padres mejora la comunicación y el lenguaje del niño (efecto pequeño a moderado en la población general) y que en niños con trastorno del lenguaje el efecto fue grande, tanto en comprensión como en expresión (Roberts, Curtis, Sone y Hampton, 2019).

    Estimular no es hacerle repetir: es hablarle de lo que está mirando, ampliar lo que dice («auto»: «sí, el auto rojo»), esperar su turno, leer todos los días.

    Las pautas chilenas de estimulación van en la misma línea y son concretas: al año, darle una orden verbal sin acompañarla de gesto («dame la botella») y celebrar cuando la cumple; a los 2, mostrarle objetos de la casa y preguntar «¿qué es esto?» para que use el nombre y no la seña; a los 3, láminas de animales y objetos para nombrar (pidiendo «perro» en vez de «guau guau») y juego de roles; a los 4, conversar a diario, responder sus preguntas e integrarlo a la conversación familiar, hablándole claro y sin «hablar en chiquitito» (Ministerio de Salud, 2004, Anexos 1, 2 y 9). En la cohorte canadiense, el juego informal y que le leyeran o le mostraran libros a diario protegían frente al retraso (Collisson et al., 2016).

    Las pantallas y el «esperar a ver»

    Las pantallas juegan en contra, con matices. Un metaanálisis de 42 estudios y 18.905 niños encontró que más horas de pantalla se asocian a peor lenguaje, igual que la televisión de fondo, mientras que los programas educativos, ver acompañado y empezar más tarde se asocian a mejor lenguaje (Madigan, McArthur, Anhorn, Eirich y Christakis, 2020). Las asociaciones son pequeñas y no prueban causa, pero apuntan todas en la misma dirección: la pantalla encendida quita conversación, y la conversación es lo que enseña a hablar.

    Y lo que no ayuda: esperar a ver. Una revisión sobre hablantes tardíos lo dice en el título: el enfoque «wait and see» está desactualizado, porque los que persisten no deben pasarse por alto y la intervención mediada por los padres reduce riesgos sin costo para los que se iban a recuperar solos (Capone Singleton, 2018).

    La ruta en Chile: control sano, pauta breve, EEDP, TEPSI y fonoaudiología

    En Chile el lenguaje se vigila dentro del control de salud infantil (el mismo que registra Chile Crece Contigo), y conviene saber qué se aplica cuándo, para pedirlo si no ocurre. La norma técnica de 2021 fija la pauta breve de desarrollo psicomotor a los 4, 12, 15, 21 y 24 meses (con un solo ítem no logrado se considera alterada y se cita en 15 días), la EEDP de 0 a 2 años y el TEPSI de 2 a 5, aplicados en los controles de los 8, 18 y 36 meses (Ministerio de Salud, 2021, pp. 90-91).

    El TEPSI (Haeussler y Marchant, 1985) tiene un subtest de lenguaje propio de 24 ítems (nombrar objetos y animales, definir palabras, entender preposiciones, usar plurales, describir una escena), y el EEDP (Rodríguez, Arancibia y Undurraga, 1976) puntúa el área de lenguaje y lenguaje social con ítems directos y preguntas a la madre.

    Los dos se leen igual: normal dentro de una desviación estándar, riesgo entre una y dos por debajo (puntaje T de 30 a 39 en el TEPSI; coeficiente de desarrollo de 0,70 a 0,84 en el EEDP) y retraso más allá de dos (T de 29 o menos; coeficiente de 0,69 o menos), según la norma de estimulación y evaluación del desarrollo psicomotor (Ministerio de Salud, 2004). Esa misma norma distingue el rezago (el niño no alcanza el hito por falta de oportunidades y responde rápido a la estimulación) del riesgo y del retraso, que son cifras.

    Un déficit en el subtest de lenguaje abre un ciclo de consultas de estimulación, con reevaluación, y si el riesgo persiste o hay retraso, la derivación a médico y fonoaudiología; la norma de 2004 describe incluso una consulta grupal de lenguaje en la que se revisan con las madres los ítems fallados y se enseñan actividades para la casa (Ministerio de Salud, 2004, Anexo 9). Aquí explicamos qué mide el TEPSI y cómo se interpretan sus resultados, y cómo es una evaluación del lenguaje infantil completa.

    Ante señales de comunicación social (no responder al nombre, no señalar para compartir), el protocolo de autismo del MINSAL indica aplicar el M-CHAT-R/F entre los 16 y los 30 meses a todo niño con alerta en lenguaje o interacción (Ministerio de Salud, 2024).

    Y si a los 3 o 4 años se confirma un trastorno del desarrollo del lenguaje, existen las escuelas especiales de lenguaje, reguladas por el Decreto 1300 (Ministerio de Educación, 2002), que atienden desde los 3 años con fonoaudiólogo y educadora diferencial. El nombre de ese diagnóstico cambió hace poco y la diferencia entre TEL y TDL la explicamos en otro artículo.

    ¿Y el psicólogo infantil dónde entra? Cuando el lenguaje viene acompañado: rabietas que no ceden porque el niño no puede decir lo que quiere, retraimiento en el jardín, dudas sobre autismo, o padres que llevan meses angustiados y necesitan ordenar la información antes de decidir. Mirar al niño completo, no solo sus palabras, es justamente lo que hace útil una evaluación del desarrollo infantil completa.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuántas palabras debe decir un niño de 2 años?

    La norma chilena espera unas 50 palabras y frases de dos palabras a los 24 meses; la lista CDC/AAP 2022 pone las 50 palabras a los 30 meses, porque fija cada hito en la edad a la que el 75 % ya lo hace. Menos de 50 palabras o sin combinar a los 24 meses define al hablante tardío y justifica evaluar.

    ¿A qué edad dice un bebé su primera palabra?

    La primera palabra con intención (decir «mamá» mirando a la madre, no como balbuceo) aparece hacia los 11 meses según la norma MINSAL 2021, y la pauta breve de los 12 meses pregunta por al menos 2 palabras con sentido. Que no aparezca ninguna palabra con intención entre los 12 y los 15 meses es una señal de alerta oficial.

    Mi hijo de 3 años habla pero no se le entiende, ¿es normal?

    A los 3 años se espera que se le entienda la mayor parte del tiempo, pero los estudios con oyentes desconocidos muestran mucha variación: la mitad de las palabras sueltas se entiende entre los 31 y los 47 meses según el niño. La regla práctica de Hustad et al. (2021): a los 4 años, al menos la mitad para un desconocido. Si no, fonoaudiología.

    Mi hijo no habla pero entiende todo, ¿debo preocuparme?

    Que la comprensión vaya por delante es lo normal, y un buen signo. Comprueba que entienda sin gesto ni rutina («trae el zapato de papá»), que señale para mostrar y que juegue a «como si». Si a los 24 meses dice menos de 50 palabras o no combina dos, pide evaluación igual: la mitad de los hablantes tardíos no se pone al día sola.

    ¿Los niños bilingües hablan más tarde?

    No cuando se suman sus dos lenguas. Los estudios muestran que van atrás en cada idioma por separado, pero igualan o superan a los monolingües en vocabulario total, y que cada lengua avanza según cuánta exposición recibe. Las señales de alerta (no señalar, no entender, perder habilidades) se consultan igual en un niño bilingüe.

    ¿Es normal que un niño de 3 años tartamudee?

    Repetir sílabas o palabras entre los 2 y los 5 años es frecuente y la mayoría se recupera de forma natural, según la revisión de Yairi y Ambrose (2013). Se consulta a fonoaudiología cuando hay esfuerzo visible (bloqueos, tensión, evitar hablar), cuando dura más de unos meses o cuando al niño le afecta.

    ¿Cuándo llevar a mi hijo al fonoaudiólogo?

    Ante cualquier señal de alerta de su edad (ninguna palabra con intención a los 15 meses, menos de 3 a los 18, sin frases a los 24, ininteligible a los 3, menos de la mitad entendible a los 4) o si pierde habilidades. En Chile, la vía es el CESFAM: pauta breve, EEDP o TEPSI y derivación. Si te preocupa, no esperes al próximo control.

    Lo que conviene recordar antes de cerrar

    Las tablas de hitos del lenguaje de 0 a 6 años no están hechas para asustar ni para tranquilizar: están hechas para mirar. El desarrollo del lenguaje en niños sigue una secuencia conocida, y por eso se puede vigilar. El orden de los hitos es el mismo en todos los niños y la velocidad varía, así que lo útil es saber en qué escalón está tu hijo y si avanza.

    La comprensión, los gestos y el juego pesan tanto como el número de palabras. Y ante una señal de alerta, o simplemente ante tu propia preocupación, la evaluación no espera al próximo control.

    Si te quedaste con dudas sobre el desarrollo de tu hijo, o si al lenguaje se le suman rabietas, retraimiento o dudas sobre autismo, conversemos en una primera sesión. Ordenar la información y decidir el siguiente paso es, muchas veces, lo que más alivia.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Capone Singleton, N. (2018). Late talkers: Why the wait-and-see approach is outdated. Pediatric Clinics of North America, 65(1), 13-29. https://doi.org/10.1016/j.pcl.2017.08.018
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    • Ministerio de Salud de Chile. (2021). Norma técnica para la supervisión de salud integral de niños y niñas de 0 a 9 años en la Atención Primaria de Salud (versión 2). MINSAL. https://diprece.minsal.cl/wp-content/uploads/2022/03/Norma-Tecnica-para-la-Supervision-de-Salud-de-Ninos-y-Ninas-de-0-a-9-anos-en-la-APS-V2.pdf
    • Ministerio de Salud de Chile. (2024). Protocolo para el abordaje integral en salud de personas con trastorno del espectro autista: Lineamientos en el marco de la Ley 21.545. MINSAL. https://diprece.minsal.cl/wp-content/uploads/2024/10/2024.10.14_PROTOCOLO-LINEAMIENTOS-AUTISMO.pdf
    • Norbury, C. F., Gooch, D., Wray, C., Baird, G., Charman, T., Simonoff, E., Vamvakas, G., & Pickles, A. (2016). The impact of nonverbal ability on prevalence and clinical presentation of language disorder: Evidence from a population study. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 57(11), 1247-1257. https://doi.org/10.1111/jcpp.12573
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Mi Hijo de 2 Años No Habla: Cuándo Preocuparse

    Mi Hijo de 2 Años No Habla: Cuándo Preocuparse

    Tiene dos años, entiende todo lo que le dices, señala lo que quiere y se ríe con sus primos. Pero no habla. Dice “mamá”, “agua”, quizás “no”, y de ahí no pasa.

    La abuela dice que su tío también habló tarde y salió igual de bien. La educadora del jardín te sugirió “mirar el tema”. Y tú escribes “mi hijo de 2 años no habla” en el teléfono a medianoche y encuentras dos bandos: los que dicen que es normal y los que dicen que corras al fonoaudiólogo.

    Este artículo ordena lo que se sabe de verdad: qué se espera a los 24 meses, qué proporción de estos niños se pone al día sola, qué señales a esta edad predicen que el retraso va a durar, cómo se distingue de un problema de audición o del autismo, y a quién ir en Chile.

    Más abajo hay una lista de señales para revisar en dos minutos, que te dice si conviene consultar ahora, en el próximo control, o simplemente estimular y observar.

    Respuesta corta:

    • A los 2 años se espera que un niño junte al menos dos palabras (“más leche”), señale dibujos de un libro cuando le preguntas, muestre dos partes del cuerpo y use gestos como soplar besos.
    • Si no lo hace, las listas actuales de la Academia Americana de Pediatría dicen “no espere”: consulta. Muchos hablantes tardíos alcanzan a sus pares, pero cerca de 4 de cada 10 siguen con dificultades a los 3 y 4 años, y con los datos de los 2 años nadie puede predecir con certeza quién será quién.
    • Tres señales justifican consultar sin esperar al siguiente control: perder palabras que ya decía, no señalar ni usar gestos para comunicarse, y no responder cuando lo llamas.

    ¿Qué se espera que hable un niño de 2 años?

    Menos de lo que muchas tablas de internet prometen, y más de lo que a veces se tolera con un “ya hablará”. Las listas de indicadores que usan los pediatras en Estados Unidos, revisadas en 2022 por los CDC y la Academia Americana de Pediatría, fijan cada hito en la edad a la que el 75 % o más de los niños ya lo hace.

    Se diseñaron así, según explica el grupo de trabajo que las revisó, para desalentar el “esperar a ver” (Zubler et al., 2022). Para el lenguaje y la comunicación, a los 24 meses esperan cuatro cosas:

    • Dice al menos dos palabras juntas, como “más leche”.
    • Señala las cosas que aparecen en los libros cuando le preguntas (“¿dónde está el osito?”).
    • Señala al menos dos partes del cuerpo cuando le pides que te las muestre.
    • Usa más gestos que solo saludar con la mano o señalar: sopla besos, dice que sí con la cabeza.

    Fíjate en que no hay una cifra de palabras. La cuenta de “unas 50 palabras” aparece recién en la lista de los 30 meses, junto con nombrar las cosas de un libro y decir “yo” o “mí”.

    Y a los 18 meses lo esperado era intentar decir tres palabras o más (además de mamá y papá) y seguir una instrucción de un paso sin gestos, como entregar un juguete cuando le dices “dámelo”.

    En Chile la referencia oficial es la norma técnica de supervisión de salud de MINSAL, que a los 36 meses espera frases de 4 a 5 palabras, un vocabulario de alrededor de 1.000 palabras y que los extraños le entiendan casi todo lo que dice (Ministerio de Salud, 2021).

    Entre los 2 y los 3 años pasa muchísimo. Por eso mismo importa mirar bien los 24 meses: es la edad en que un retraso se puede ver y todavía hay tiempo de sobra para actuar.

    Mi hijo de 2 años no habla pero entiende todo: ¿es un hablante tardío?

    Probablemente sí, y ese término tiene una definición precisa. En la literatura, “hablante tardío” (late talker) es el niño que a los 2 años tiene un retraso de vocabulario sin una causa reconocida: sin sordera, sin problema neurológico o cognitivo, sin autismo.

    Elvira Mendoza Lara, en su manual sobre el trastorno específico del lenguaje, recoge el criterio clásico de Rescorla: entre los 24 y los 31 meses, un vocabulario expresivo de menos de 50 palabras o ninguna combinación de dos palabras (Mendoza Lara, 2016, p. 98).

    Es un grupo grande: en torno al 13-15 % de los niños cumple ese criterio a los 2 años (Mendoza Lara, 2016, p. 97). Una cohorte canadiense de 1.023 niños seguidos desde el embarazo encontró un 12,6 % de hablantes tardíos entre los 24 y los 30 meses (Collisson et al., 2016).

    En cualquier sala de jardín con 20 niños de dos años hay dos o tres en esta situación. Un retraso del lenguaje a los 2 años es frecuente, y no es culpa de nadie. ¿Sientes que es culpa tuya? No lo es.

    Lo que sí cambia las cosas es la comprensión. “Entiende todo” es la frase que más tranquiliza a los padres, y con razón, pero conviene ponerla a prueba con cuidado.

    Un niño de dos años entiende muchísimo por el contexto: si tomas las llaves y dices “vamos”, va a la puerta aunque no haya procesado la palabra. Comprender de verdad es seguir una instrucción sin gestos ni pistas (“trae el zapato” cuando el zapato no está a la vista), señalar dibujos que nombras, mostrar partes del cuerpo.

    Mendoza Lara resume la evidencia así: una parte importante de los niños con inicio tardío del lenguaje expresivo también tiene problemas de comprensión, y los “comprendedores tardíos” avanzan más lento en vocabulario que los que solo producen tarde (Mendoza Lara, 2016, p. 99).

    Esta distinción va a reaparecer en cada sección de este artículo, porque es la que más pesa.

    ¿Se le pasará solo? Lo que dicen los estudios que siguieron a estos niños

    A muchos sí. A bastantes no. Y lo incómodo es que a los 2 años no se puede saber con certeza en qué grupo está tu hijo.

    El estudio más grande sobre esto siguió a 8.386 gemelos ingleses evaluados a los 2 años: los que tenían el vocabulario bajo el percentil 10 fueron reevaluados a los 3 y 4 años.

    El 44,1 % seguía con dificultades de lenguaje a los 3 años y el 40,2 % a los 4, contra 7-8 % en el resto de los niños (Dale, Price, Bishop y Plomin, 2003). Visto al revés: unos 6 de cada 10 se habían puesto al día.

    Los autores añaden dos cosas que vale la pena leer despacio. Primera, la predicción a partir de los datos de los 2 años fue “demasiado imprecisa para ser clínicamente útil”.

    Segunda, los niños que siguieron con problemas no eran necesariamente los que peor estaban al principio.

    Qué pasa a largo plazo

    ¿Y a largo plazo? Leslie Rescorla, que acuñó buena parte de este campo, siguió a un grupo de hablantes tardíos identificados entre los 24 y 31 meses hasta los 17 años. A esa edad rendían dentro del rango promedio en todas las pruebas de lenguaje y lectura, pero con puntajes de vocabulario, gramática y memoria verbal más bajos que sus pares del mismo nivel socioeconómico (Rescorla, 2009).

    Su revisión de 2011 lo resume: la mayoría de los hablantes tardíos alcanza puntajes promedio hacia los 5, 6 o 7 años, pero como grupo quedan un escalón por debajo hasta la adolescencia (Rescorla, 2011).

    Mendoza Lara lo llama “debilidad subclínica”, y recoge una regla aproximada que sale de juntar varios estudios: un tercio sigue con problemas, un tercio avanza a medias y un tercio alcanza el rango normal (Mendoza Lara, 2016, pp. 99 y 108).

    Hay un dato tranquilizador que también viene de una cohorte grande. En Australia Occidental siguieron a 142 hablantes tardíos y 1.245 controles desde los 2 hasta los 17 años.

    A los 2 años los hablantes tardíos tenían más problemas de conducta, lo que tiene sentido si no puedes decir lo que quieres. Pero a los 5, 8, 10, 14 y 17 años no había ninguna diferencia en problemas emocionales o de conducta una vez ajustado por las variables familiares (Whitehouse, Robinson y Zubrick, 2011).

    Hablar tarde, por sí solo, no marca el carácter.

    Entonces, ¿esperar? La respuesta de la literatura actual es que no. Una revisión pediátrica de 2018 lleva el argumento en el título: el enfoque de “esperar a ver” está desactualizado, porque los que persisten no deben pasarse por alto, hablar tarde afecta la socialización y la preparación escolar, y la intervención guiada por los padres reduce el riesgo (Capone Singleton, 2018).

    No se trata de alarmar: se trata de que “esperar” y “estimular con orientación mientras se observa” cuestan lo mismo y solo la segunda opción mejora el pronóstico.

    Qué señales a los 2 años predicen que el retraso va a durar

    Ningún dato aislado lo predice bien. Pero hay cuatro que, sumados, orientan bastante.

    1. La comprensión. Es el predictor más repetido. Un metaanálisis de 20 muestras con 2.134 hablantes tardíos encontró que lo que predecía el lenguaje expresivo en edad preescolar era el tamaño del vocabulario a los 2 años, el lenguaje receptivo y el nivel socioeconómico; el sexo, la historia familiar y que combinara o no frases no predijeron el resultado en ese análisis (Fisher, 2017).

    Un estudio italiano que siguió a 50 hablantes tardíos entre los 2 y los 4 años lo afinó: el 61 % tenía además retraso en la comprensión de oraciones simples a los 2 años, y ese retraso de comprensión a los 28 meses fue lo que separó a los que a los 4 años tenían un trastorno del lenguaje de los que se recuperaron (Chilosi et al., 2019).

    2. Los gestos y la intención de comunicarse. Antes de las palabras vienen los gestos: señalar para mostrar, extender los brazos, negar con la cabeza, llevar a la mamá de la mano hasta lo que quiere.

    Una revisión de 37 estudios sobre predictores tempranos del trastorno del desarrollo del lenguaje encontró que el retraso en la producción de gestos, en el vocabulario receptivo y expresivo, en la comprensión sintáctica o en la combinación de palabras hasta los 30 meses son los indicadores más consistentes (Sansavini et al., 2021).

    Mendoza Lara señala que los hablantes tardíos que usan pocos gestos son, sobre todo, los que también tienen problemas de comprensión (Mendoza Lara, 2016, p. 101).

    Un niño de dos años que no habla y solo señala o hace sonidos, pero te muestra cosas y te arrastra a la cocina para pedir galletas, está comunicando muchísimo; el que no hace nada de eso preocupa más aunque diga las mismas cinco palabras.

    3. La combinación de dos palabras. Es la señal de alarma de los 24 meses que más se repite en las guías.

    Una revisión sistemática de 54 estudios sobre señales de alerta del neurodesarrollo las resume en tres para el lenguaje: no balbucear a los 9-12 meses, no decir palabras a los 15-18 meses y no combinar dos palabras a los 24 meses (Araújo, 2026).

    Mendoza Lara cita un estudio que comparó ambos criterios y encontró que no combinar palabras a los 24 meses predecía mejor un trastorno del lenguaje que no haber dicho las primeras palabras a los 15 (Mendoza Lara, 2016, pp. 106-107).

    4. La historia familiar. Aquí los estudios discrepan, y conviene decirlo. En el metaanálisis de Fisher (2017) no predijo el resultado, pero en la revisión de Sansavini y colaboradores (2021) aparece como el mayor factor de riesgo.

    Mendoza Lara recoge que entre el 18 % y el 48 % de los hijos de padres con problemas de lenguaje también los presentan (Mendoza Lara, 2016, p. 104).

    Que el tío haya hablado tarde “y saliera bien” es una anécdota; que en la familia haya varios con dificultades de lenguaje, dislexia o problemas escolares es un antecedente que hay que contar en la consulta.

    Guárdate estas cuatro: comprensión, gestos, dos palabras juntas, historia familiar. Son las que revisa la lista de más abajo.

    Retraso del lenguaje, TDL o autismo: cómo se distinguen

    Esta es la duda que más angustia, y la que menos se resuelve por internet. Con calma:

    Retraso simple del lenguaje (hablante tardío). Es lo que describimos arriba. Comprende, se comunica con gestos y con la mirada, juega a imitar (le da de comer a la muñeca, habla por un teléfono de juguete), busca a los adultos y a otros niños; solo le faltan las palabras.

    Cuando este cuadro persiste y se confirma más adelante, pasa a llamarse trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL), el término que el consenso internacional CATALISE adoptó en 2017 en lugar del antiguo TEL (Bishop, Snowling, Thompson y Greenhalgh, 2017). Si te interesa esa historia, la contamos en qué diferencia hay entre TEL y TDL.

    El TDL es más frecuente de lo que se cree: un estudio poblacional inglés al entrar al colegio encontró un 7,58 % de niños con trastorno del lenguaje de origen desconocido: unos dos por cada sala de 30 (Norbury et al., 2016).

    Y buena parte no llega a diagnosticarse: un análisis de registros clínicos estimó que casi tres cuartos de los niños con dificultades de lenguaje no reciben diagnóstico ni tratamiento adecuados (Nitin et al., 2022).

    Trastorno del espectro autista (TEA). Aquí lo que falla primero no son las palabras: es la comunicación social.

    A los 2 años preocupa que no responda a su nombre, que no señale para mostrarte algo (no para pedir, para compartir), que no siga tu mirada, que no imite, que use tu mano como herramienta para alcanzar cosas, que tenga poco juego de “hacer como si”.

    Un dato que ayuda a entender por qué el vocabulario no sirve para distinguir: cuando se compararon niños de 30 meses con autismo y hablantes tardíos de 25 meses con el mismo número de palabras, las categorías de palabras que usaban y la proporción que combinaba palabras eran muy parecidas (Ellis Weismer et al., 2011).

    La diferencia está en para qué usa el lenguaje y los gestos, no en cuántas palabras tiene.

    Para cribarlo existe el M-CHAT-R/F, un cuestionario de 20 preguntas para padres: un metaanálisis de 50 estudios le atribuye una sensibilidad de 0,83 y una especificidad de 0,94, mejores cuando se aplica con su entrevista de seguimiento (Wieckowski et al., 2023).

    En Chile, el protocolo de MINSAL de 2024 indica aplicarlo entre los 16 y los 30 meses a todo niño con una señal de alerta de TEA o con una alteración del desarrollo en el área del lenguaje o social (Ministerio de Salud, 2024). Un puntaje positivo no es un diagnóstico; es una razón para una evaluación completa.

    Hipoacusia. Es lo primero que hay que descartar, siempre, aunque “escuche perfecto”. Los niños con pérdida auditiva leve o de un oído se las arreglan sorprendentemente bien en casa y fallan justo en el lenguaje.

    La norma de MINSAL lo dice sin rodeos: ante un retraso del lenguaje hay que descartar hipoacusia y no asumir falta de estimulación ni sobreprotección (Ministerio de Salud, 2021).

    Sobre las otitis repetidas, que muchos padres señalan como causa, un metaanálisis de 14 estudios prospectivos encontró asociaciones nulas o muy pequeñas con el lenguaje posterior en niños por lo demás sanos (Roberts, Rosenfeld y Zeisel, 2004).

    O sea: pídele al pediatra una audiometría o un examen de audición, y no le atribuyas el retraso a las otitis sin más.

    Otras causas. Retraso global del desarrollo (cuando también van atrasadas la motricidad y el juego), problemas motores del habla (entiende, quiere hablar y no le sale el sonido), deprivación severa. Todas se sospechan por lo que acompaña a la falta de palabras, y ninguna se diagnostica con un test de internet. La guía sobre cómo se evalúa el lenguaje de un niño explica qué mira un fonoaudiólogo en esa evaluación.

    Cuándo preocuparse si un niño no habla: señales para consultar sin esperar

    La Academia Americana de Pediatría cambió hace años su regla para las familias: ante cualquier preocupación de los padres o del pediatra, la derivación a evaluación se indica de inmediato, sin esperar al siguiente control, porque las listas de hitos no diagnostican, solo disparan el siguiente paso (Lipkin y Macias, 2020).

    Con esa lógica, estas son las situaciones en las que conviene consultar ahora, no “en el control de los 3”:

    • Perdió palabras o habilidades que ya tenía. La regresión es señal de alarma a cualquier edad, sin excepciones.
    • No señala, no muestra, no usa gestos para comunicarse, ni siquiera para pedir.
    • No responde a su nombre ni busca tu mirada cuando le hablas.
    • No entiende instrucciones simples sin gestos (“dame el zapato”, “ven”).
    • Tienes dudas sobre si escucha bien, o tuvo otitis a repetición, o nació prematuro.
    • A los 24 meses no junta dos palabras ni cumple uno o más de los otros indicadores de su edad.
    • Hay historia familiar de retraso del lenguaje, dislexia o dificultades escolares.

    Si no marca ninguna de estas, y solo tiene pocas palabras pero se comunica, comprende y juega, la recomendación razonable es estimular con las estrategias de más abajo y volver a mirar en el control de los 30 meses.

    Los cribados de lenguaje, además, empiezan a rendir recién a esa edad: una revisión por edades concluyó que antes de los 2 años no tienen sensibilidad suficiente y que a los 2 años y medio varios instrumentos ya superan el 70-80 % de sensibilidad y especificidad (Park y Chang, 2025).

    Eso no contradice el “no espere”: significa que si hay señales, se consulta ya, y si no las hay, la próxima ventana buena para revisar es cerca de los 30 meses.

    La lista que sigue junta las dos cosas. Marca lo que ves en tu hijo y te devuelve una orientación: consultar ahora, no esperar al próximo control, o estimular y observar. No calcula un puntaje ni diagnostica nada.

    Lista de señales a los 2 años: ¿consultar ahora, no esperar al control, o estimular y observar?

    Para niños de 24 a 30 meses. Marca lo que ves en tu hijo. No calcula un puntaje ni diagnostica nada: aplica las reglas publicadas (listas CDC/AAP 2022, el «no espere» de la Academia Americana de Pediatría, la norma MINSAL 2021 y el protocolo chileno de autismo 2024) y te dice qué paso corresponde.

    Lo que hace tu hijo (indicadores de los 24 meses)
    Señales que cambian la urgencia

    Orientación para padres, no un instrumento de diagnóstico. Los indicadores son los de las listas CDC/AAP 2022 (lo que hace el 75 % o más de los niños a los 24 meses); las señales de alarma siguen a Lipkin y Macias (2020), Araújo (2026), la norma MINSAL (2021) y el protocolo MINSAL de TEA (2024). Cualquier preocupación de los padres es, por sí sola, motivo suficiente para consultar.

    Qué ayuda de verdad (y qué no) cuando tu hijo de 2 años habla poco

    Lo que más evidencia tiene es, por suerte, lo más barato: que los padres aprendan a estimular el lenguaje en la rutina diaria.

    Un metaanálisis de 76 ensayos con 5.848 niños encontró que entrenar a los padres en estrategias de lenguaje se asoció a mejoras moderadas en la comunicación y el lenguaje de los niños, y en los que tenían un trastorno del desarrollo del lenguaje el efecto fue grande, tanto en comprensión como en expresión (Roberts, Curtis, Sone y Hampton, 2019).

    El metaanálisis anterior del mismo grupo, con 18 estudios en niños de 18 a 60 meses, ya había mostrado efectos positivos en lenguaje receptivo y expresivo, con y sin discapacidad intelectual (Roberts y Kaiser, 2011).

    Y una revisión sistemática de 34 estudios de intervención con hablantes tardíos de 18 a 42 meses encontró que el 93 % reportó mejoras en vocabulario expresivo, y que todos los enfoques indirectos e híbridos incluían entrenamiento a los padres (Carson, Baker y Munro, 2022).

    Mendoza Lara lo pone en una frase: la estimulación focalizada aplicada por los padres consigue efectos medianos a grandes, porque atiende al niño en su ambiente natural y multiplica sus oportunidades de comunicarse (Mendoza Lara, 2016, p. 111).

    ¿Qué es “estimulación focalizada” en la práctica? Estas estrategias son las que enseñan esos programas, y se pueden empezar hoy:

    • Ponte a su altura y espera. Después de decir algo, cuenta hasta cinco en silencio mirándolo. Los niños que hablan poco necesitan más tiempo para armar la respuesta, y los adultos solemos llenar ese silencio.
    • Sigue su interés, no el tuyo. Nombra lo que él está mirando o tocando, no lo que tú quieres enseñarle. “Auto. El auto va rápido. Auto rojo.”
    • Interpreta y expande. Si dice “agua”, responde “quieres agua”, “agua fría”. Una palabra más que la suya, no una frase de diez.
    • Elige 5-10 palabras objetivo de cosas que le importan (galleta, pelota, arriba, más, chao) y repítelas muchas veces al día en distintos contextos, sin exigirle que las diga.
    • Dale opciones en vez de adivinar. “¿Quieres la manzana o el plátano?” mientras muestras los dos. Hasta señalar es una respuesta.
    • Lee con él todos los días, aunque sean dos minutos, y deja que él dé vuelta las páginas y señale. En la cohorte canadiense, que les leyeran o mostraran libros a diario fue uno de los factores que más protegía de hablar tarde (Collisson et al., 2016).
    • Cantar, jugar a imitar sonidos de animales, hacer como si. El juego simbólico y el lenguaje crecen juntos.

    Y dos cosas que no ayudan. La primera es corregirlo o pedirle “di agua” antes de darle el agua: convierte cada intercambio en un examen y el niño se cierra. Modela, no exijas.

    La segunda son las pantallas como “estimulación”. Un metaanálisis de 42 estudios con 18.905 niños encontró que más horas de pantalla se asocian a peor lenguaje, la televisión de fondo también, mientras que los contenidos educativos vistos junto con un adulto y empezar más tarde con las pantallas se asocian a mejor lenguaje (Madigan et al., 2020).

    El lenguaje se aprende en la ida y vuelta con una persona; un video no responde.

    Lo que puedes hacer en casa no reemplaza al fonoaudiólogo cuando hay señales de alarma. Las dos cosas van juntas: la terapia enseña justamente estas estrategias, y las adapta a tu hijo.

    A quién ir en Chile: el control de los 2 años, el fonoaudiólogo y las escuelas de lenguaje

    La primera puerta es el control de salud infantil del CESFAM o de tu pediatra. La norma técnica de MINSAL contempla a los 24 meses una pauta breve de desarrollo (tomada de la EEDP); si un solo ítem no está logrado, el niño debe citarse dentro de 15 días para la escala completa.

    A los 3 años se aplica el TEPSI, que evalúa por separado coordinación, lenguaje y motricidad y puede marcar “rezago” en el área de lenguaje aunque el puntaje global sea normal (Ministerio de Salud, 2021).

    Desde el control se deriva a médico para continuar el diagnóstico y, en paralelo, a las Modalidades de Apoyo al Desarrollo Infantil (MADI: salas de estimulación, servicio itinerante o atención domiciliaria) de Chile Crece Contigo. La confirmación diagnóstica y el manejo fonoaudiológico corresponden al nivel secundario.

    Si tu hijo aún no cumple dos años, la guía del desarrollo de 0 a 12 años te sirve para ubicar el resto de los hitos; y sobre el TEPSI hay un artículo aparte.

    No dejes que el calendario decida por ti. Puedes pedir hora con el pediatra o el médico del CESFAM entre controles, y llevar dos cosas: una lista de las palabras que dice (todas, incluidas las mal pronunciadas y las onomatopeyas) y un video corto de cómo se comunica en casa.

    Pide explícitamente tres cosas: un examen de audición, la aplicación del M-CHAT-R/F si ves cualquier señal social, y la derivación a fonoaudiología.

    Si el sistema público va lento, un fonoaudiólogo infantil particular puede hacer la evaluación en una o dos sesiones.

    Y hay una tercera puerta que muchos padres no conocen: las escuelas de lenguaje, establecimientos gratuitos de educación especial regulados por el Decreto Exento 1300 de 2002 de MINEDUC, que atienden a niños mayores de 3 años con trastorno específico del lenguaje diagnosticado por un fonoaudiólogo, en jornadas de nivel medio mayor a segundo nivel de transición (texto en LeyChile).

    Una advertencia honesta al respecto: un estudio sobre las matrículas en 66 escuelas de lenguaje del Maule plantea que a los 3 años el diagnóstico de TEL es complejo de establecer y que existe el riesgo de incorporar a niños con un retraso transitorio (Granada-Azcárraga, Cáceres-Zúñiga, Pomés-Correa e Ibáñez-Córdova, 2023).

    Es una razón más para que la evaluación sea completa, con comprensión y no solo con conteo de palabras, y para que se reevalúe cada año, como la misma norma exige.

    Si lo que sospechas es autismo, desde 2023 la Ley 21.545 obliga al sistema de salud a ofrecer detección de señales de alerta y evaluación diagnóstica integral; el protocolo de MINSAL de 2024 fija la ruta: M-CHAT-R/F entre los 16 y los 30 meses, derivación a evaluación interdisciplinaria si sale alterado y confirmación por médico (Ministerio de Salud, 2024).

    Preguntas frecuentes: niño de 2 años no habla

    ¿Es normal que un niño de 2 años no hable?

    Es frecuente, que no es lo mismo que normal. Entre el 12 y el 15 % de los niños de 2 años son hablantes tardíos: tienen menos de 50 palabras o no juntan dos.

    Más de la mitad se pone al día sola, pero cerca de 4 de cada 10 sigue con dificultades a los 3 y 4 años, y no se puede saber de antemano cuáles. Por eso se recomienda consultar, no esperar.

    ¿Cuántas palabras debe decir un niño de 2 años?

    Las listas actuales de los CDC y la Academia Americana de Pediatría no fijan un número a los 24 meses: piden que junte dos palabras (“más leche”), señale dibujos y partes del cuerpo y use gestos. La cifra de unas 50 palabras corresponde a los 30 meses. El criterio clásico de hablante tardío es menos de 50 palabras o ninguna combinación entre los 24 y 31 meses.

    Mi hijo de 2 años no habla pero entiende todo, ¿es autismo?

    Que entienda, señale para mostrarte cosas, responda a su nombre, te mire y juegue a imitar va en contra del autismo, no a favor. En el TEA lo que falla primero es la comunicación social, no el número de palabras: niños con autismo y hablantes tardíos con el mismo vocabulario usan palabras muy parecidas.

    Si tienes cualquier duda, pide el M-CHAT-R/F en el CESFAM; se aplica entre los 16 y 30 meses.

    ¿Las pantallas hacen que hable más tarde?

    Se asocian a peor lenguaje cuando son muchas horas y cuando la televisión queda de fondo, según un metaanálisis de 42 estudios. Ver contenidos educativos junto con un adulto y empezar más tarde con las pantallas se asociaron a mejor lenguaje. El lenguaje se aprende conversando con una persona que responde; reemplaza pantalla por libro, canción o juego de imitación siempre que puedas.

    ¿Es mejor esperar hasta los 3 años para ir al fonoaudiólogo?

    No. Si hay señales de alarma (perdió palabras, no señala ni usa gestos, no responde a su nombre, no entiende sin gestos, no junta dos palabras a los 24 meses), la recomendación es consultar ahora. Entrenar a los padres en estimulación del lenguaje tiene efectos moderados a grandes y se puede empezar de inmediato. Si no hay señales, estimula y revisa cerca de los 30 meses.

    ¿Los niños hablan más tarde que las niñas?

    Ser niño es un factor de riesgo para hablar tarde: en una cohorte canadiense el sexo masculino y la historia familiar fueron los dos factores de riesgo, y los trastornos del lenguaje son más frecuentes en varones. Pero el sexo no predijo cómo evolucionaban después los hablantes tardíos en el metaanálisis de Fisher (2017).

    “Es niño” explica por qué hay más varones con retraso; no explica por qué a tu hijo se le va a pasar.

    Lo que conviene llevarse de esta guía

    A los 2 años se espera que junte dos palabras, señale lo que le nombras y use gestos; a los 30 meses, unas 50 palabras. Uno de cada ocho niños es hablante tardío, y aunque más de la mitad se pone al día, cuatro de cada diez no, y nadie puede decirte hoy en cuál de los dos grupos está tu hijo.

    Lo que sí se sabe es que comprender bien, usar gestos y juntar palabras son buenas señales, que perder habilidades o no comunicarse con gestos son motivo de consulta inmediata, y que la audición se descarta siempre.

    Y que estimular con las estrategias de arriba, mientras esperas la evaluación, es lo que más evidencia tiene.

    ¿Te quedó una duda concreta al revisar la lista de señales? No la guardes hasta el control de los 3 años. Coméntala con su pediatra o agenda una consulta para ordenar lo que observas, decidir qué evaluación corresponde y salir con un plan de estimulación para la casa. Una preocupación de los padres es, por sí sola, razón suficiente para mirar más de cerca.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Araújo, L. A. (2026). Warning signs for identifying neurodevelopmental disorders: A systematic literature review. Jornal de Pediatria, 102(Supl. 1), 101478. https://doi.org/10.1016/j.jped.2025.101478

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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