Primeros auxilios psicológicos: qué son

Pintura impresionista de un gesto de apoyo con una manta, ilustracion de los primeros auxilios psicologicos

Acabas de vivir (o acompañar a alguien que acaba de vivir) un accidente, una catástrofe, un asalto, un incendio o cualquier evento que te dejó con el cuerpo acelerado y la cabeza dando vueltas. No sabes si lo que sientes es normal, si deberías “hablar de lo que pasó” ahora mismo o mejor callarte, ni en qué momento esto deja de ser una reacción esperable y se convierte en algo que necesita tratamiento. Para ese tramo exacto existen los primeros auxilios psicológicos: lo que haces (o lo que alguien hace por ti) en las próximas horas puede ayudar a que el malestar baje solo, o puede, sin querer, entorpecer esa recuperación.

Los primeros auxilios psicológicos (PAP), también llamados apoyo psicológico de emergencia, son la respuesta pensada exactamente para ese tramo. No son terapia ni un diagnóstico: son un conjunto breve de acciones, con respaldo en la literatura científica, para dar seguridad y contención en las primeras horas y días después de un suceso traumático. Aquí va qué son, qué dice la evidencia sobre si funcionan, qué hacer en concreto y qué conviene evitar, aunque la intención sea buena.

¿Qué son los primeros auxilios psicológicos (PAP)?

Los primeros auxilios psicológicos son una forma de apoyo humano y práctico, no clínico, dirigida a cualquier persona que acaba de atravesar un evento potencialmente traumático. La guía oficial de la Organización Mundial de la Salud los define como una respuesta inicial para personas que sufren un malestar grave tras un suceso así, orientada a reducir el sufrimiento inicial y favorecer el afrontamiento a corto y mediano plazo (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011).

La psicóloga Judith Herman, en su trabajo clásico sobre recuperación del trauma, ordena el proceso completo en tres etapas: primero la seguridad, después el recuerdo y el duelo por lo perdido, y por último la reconexión con la vida y la comunidad (Herman, 2015). Los PAP viven enteros dentro de esa primera etapa. No tocan el relato del trauma ni intentan “procesarlo”: solo buscan devolverle a la persona una base mínima de seguridad, control y conexión con otros, que es justamente lo que el trauma le quitó.

En una frase: los PAP son el puente entre el momento del impacto y la recuperación natural que, en la mayoría de las personas, ya viene en camino.

Qué NO son

  • No son psicoterapia ni sustituyen una evaluación clínica.
  • No obligan a contar lo que pasó en detalle.
  • No diagnostican nada ni ponen una etiqueta.
  • No son exclusivos de psicólogos: cualquier persona entrenada (un profesor, un bombero, un familiar informado) puede aplicarlos.

¿Qué es normal sentir en las primeras horas?

Antes de actuar conviene saber qué está pasando en el cuerpo y en la mente, porque buena parte de lo que asusta después de un trauma es, en realidad, esperable. Según el marco de Edna Foa y sus colaboradoras sobre el procesamiento del trauma, la descarga de adrenalina inmediata y la activación del sistema de alerta producen una oleada de reacciones que casi todos los sobrevivientes atraviesan, y que en la mayoría tiende a bajar sola en las semanas siguientes a través de lo que llaman recuperación natural (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).

Tres planos donde suele notarse:

  • En el cuerpo: taquicardia, temblores, sudoración, falta de aire, problemas para dormir o la necesidad de dejar la luz prendida, y a veces una especie de anestesia física en la que no se registra el hambre ni el cansancio.
  • En las emociones: miedo intenso, sensación de estar “aturdido” o desconectado (lo que en clínica se llama embotamiento afectivo), olas de tristeza, irritabilidad, culpa o vergüenza por cómo se reaccionó.
  • En la mente: imágenes o recuerdos que aparecen sin avisar, dificultad para concentrarse, sensación de estar “fuera de sí” (desrealización) o de mirar la escena desde afuera (despersonalización).

Nada de esto, por sí solo, significa trastorno de estrés agudo ni estrés postraumático: esos diagnósticos exigen que el malestar persista más allá de un mes y que interfiera de forma significativa con la vida diaria (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007). De hecho, el trastorno de estrés agudo aparece con bastante frecuencia tras un suceso traumático: un metaanálisis de 70 estudios con más de 20.000 personas encontró tasas de entre el 14 % y el 36 % según el tipo de trauma, siendo el de origen interpersonal el que deja más casos, y no todas las personas que lo presentan terminan con estrés postraumático a largo plazo. La reacción inicial, por intensa que sea, no determina por sí sola el pronóstico: la evidencia disponible sobre el trastorno de estrés agudo describe cuatro trayectorias posibles tras un trauma (resiliente, de empeoramiento, de recuperación progresiva o de malestar crónico), y el cuadro inicial no determina cuál de ellas sigue cada persona (Bryant, 2018).

Primeros auxilios psicológicos según la OMS: observar, escuchar, conectar

La guía de la OMS para trabajadores de campo resume la acción en tres verbos, pensados justo para los primeros auxilios psicológicos (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011):

  • Observar: revisar que el entorno sea seguro, identificar quién tiene necesidades básicas urgentes (agua, abrigo, atención médica) y quién muestra señales de angustia severa.
  • Escuchar: acercarse a quien lo necesite, preguntar qué le preocupa y qué necesita, y prestar atención sin interrumpir ni presionar para que hable más de lo que quiere.
  • Conectar: ayudar a resolver necesidades prácticas, dar información clara y realista, y poner a la persona en contacto con sus seres queridos y con las redes de apoyo disponibles.

El Ministerio de Salud de Chile (Minsal) adoptó un esquema equivalente para equipos y voluntarios que trabajan tras un terremoto, un incendio forestal o cualquier otra catástrofe, con el mismo foco en estabilizar antes de intervenir. Y un protocolo chileno probado en cinco urgencias del país, pensado específicamente para servicios de urgencia, ordena la acción en cinco pasos, el llamado modelo ABCDE: escucha activa, reentrenamiento de la respiración, categorización de necesidades, derivación a servicios de apoyo y psicoeducación (Figueroa et al., 2022). Son formas distintas de llegar al mismo lugar: seguridad primero, información clara después, conexión social siempre.

Qué hacer después de un accidente o una catástrofe: primeros auxilios psicológicos paso a paso

  1. Garantiza la seguridad física antes que cualquier otra cosa. Aleja a la persona de la fuente de peligro, busca un espacio tranquilo y asegúrate de que tenga agua, abrigo y atención médica si la necesita. La sensación de estar a salvo es la base sobre la que se apoya todo lo demás (Herman, 2015).
  2. Pregunta qué necesita, no decidas por ella. El trauma le quita a la persona la sensación de control sobre su propia vida; devolvérsela en detalles pequeños (qué comer, dónde sentarse, a quién llamar primero) ya es parte de la ayuda (Herman, 2015).
  3. Ofrece presencia, no interrogatorio. Si quiere hablar, escucha sin apurar ni completar sus frases. Si prefiere el silencio, respétalo. La sola presencia de alguien de confianza transmite calma al sistema nervioso (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
  4. Conecta con su red de apoyo cuanto antes. Familiares, amigos, vecinos: facilitar ese contacto reduce el aislamiento, que es uno de los factores que más entorpece la recuperación (Herman, 2015).
  5. Explica, sin dramatizar, que lo que siente es esperable. Nombrar el insomnio, las imágenes intrusivas o el llanto repentino como reacciones normales ante algo anormal ayuda a que la persona no le tenga miedo a su propia reacción, y es justamente lo que recomienda la psicoeducación temprana (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
  6. Dale tiempo. No hay una fecha exacta para “estar mejor”. Lo que sí ayuda es recuperar rutinas básicas (dormir, comer, moverse) a su propio ritmo.

Qué evitar, aunque la intención sea ayudar

  • No fuerces el relato completo del evento. Pedirle a alguien que cuente los detalles poco después de vivirlos, como ocurre en el llamado debriefing psicológico de sesión única, no reduce el malestar ni previene el estrés postraumático: una revisión Cochrane de 11 ensayos clínicos encontró incluso más riesgo de desarrollar el trastorno a un año en quienes lo recibieron, y concluyó que esa práctica obligatoria debería dejar de aplicarse (Rose et al., 2002). Forzar la narrativa cuando el sistema nervioso sigue desbordado interrumpe el procesamiento natural en vez de ayudarlo (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
  • No minimices ni compares. Frases como “no fue tan grave” o “pudo ser peor” invalidan lo que la persona siente y la empujan a guardarse el malestar.
  • No cuestiones cómo reaccionó. Quedarse paralizado, someterse o huir son respuestas automáticas, no decisiones; preguntar “por qué no hiciste tal cosa” siembra culpa donde no corresponde (Herman, 2015).
  • No le quites el control. Tomar decisiones por la persona sin preguntarle, aunque sea con buena intención, repite la sensación de indefensión que el trauma ya provocó.

¿De verdad funcionan los primeros auxilios psicológicos?

Aquí conviene ser honesto con los límites de la evidencia. Una revisión sistemática reciente que cribó más de 9.000 estudios encontró que solo 12 habían medido resultados reales en salud mental, y de esos, uno solo era un ensayo controlado. Todos apuntaban en la misma dirección (menos ansiedad, menos síntomas depresivos y postraumáticos, más sensación de seguridad), pero el riesgo de sesgo era alto: la evidencia dura todavía no alcanza al respaldo popular que tienen los PAP (Hermosilla et al., 2023).

El dato más sólido que existe hasta ahora viene de Chile. Un ensayo clínico aleatorizado con 221 adultos atendidos en cinco urgencias del país, que habían sufrido un trauma no intencional en las 72 horas previas, comparó el protocolo PAP-ABCDE con psicoeducación sola. Quienes recibieron PAP-ABCDE sintieron más alivio inmediato tras la intervención y reportaron menos síntomas de estrés postraumático al mes siguiente. Pero la frecuencia de personas que terminó cumpliendo criterios de estrés postraumático al mes fue prácticamente la misma en ambos grupos (30,3 % contra 24,0 %), y a los seis meses la diferencia en síntomas ya no era medible (Figueroa et al., 2022).

La lectura práctica: los primeros auxilios psicológicos alivian el momento y pueden suavizar los síntomas en las primeras semanas, pero no son una vacuna contra el estrés postraumático. Esto coincide con lo que encuentran los metaanálisis de intervenciones tempranas más estructuradas: en personas que todavía no muestran síntomas significativos, ninguna intervención psicológica temprana supera a la atención habitual; el beneficio claro aparece en quienes ya presentan síntomas marcados de estrés traumático, y ahí la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma es la que tiene más respaldo (Roberts et al., 2019). Los PAP no reemplazan ese tratamiento: lo que hacen es sostener a la persona hasta que, si lo necesita, llegue a él.

Cuándo buscar ayuda profesional

La mayoría de las personas mejora sola en las semanas siguientes al evento, apoyada en su rutina y su red cercana. Pero hay señales que conviene tomar en serio y que justifican adelantar la consulta con un profesional en vez de esperar:

  • Síntomas disociativos intensos (sentir que todo es irreal, o verse “desde afuera”) durante o después del evento.
  • Trauma infantil previo o adversidades acumuladas, que hacen más probable que el malestar se cronifique (Herman, 2015).
  • Falta de apoyo social, o un entorno que minimiza o juzga lo ocurrido.
  • Ideas de hacerse daño, autolesiones, o un entorno de peligro físico activo (como violencia dentro del hogar): esto necesita atención inmediata, no espera.
  • Consumo de alcohol u otras sustancias como forma de evitar pensar en lo ocurrido.
  • Síntomas que, pasado un mes, siguen tan intensos como el primer día y empiezan a afectar el trabajo, el sueño o las relaciones.

Una cohorte chilena con mujeres atendidas por depresión grave tras el terremoto del 27F encontró que más de la mitad de quienes tuvieron estrés agudo en el primer mes desarrolló estrés postraumático a los seis meses, y que el riesgo era mayor en quienes ya tenían antecedentes de trauma en la infancia (Vitriol et al., 2013). Si alguna de esas señales está presente, no hace falta esperar a que pase solo.

Preguntas frecuentes

¿Cualquiera puede dar primeros auxilios psicológicos, o hace falta ser psicólogo? No hace falta ser profesional de salud mental. Personal de emergencia, profesores, voluntarios o cualquier adulto con una guía breve pueden aplicarlos; lo importante es seguir los principios de seguridad, escucha y conexión, sin forzar nada (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011).

¿Los primeros auxilios psicológicos son lo mismo que el debriefing? No, y la diferencia importa. El debriefing clásico busca que la persona relate el evento en detalle poco después de vivirlo, y la evidencia muestra que eso no ayuda y en algunos casos aumenta el riesgo de estrés postraumático (Rose et al., 2002). Los PAP, en cambio, no exigen ningún relato: se trata de dar seguridad y contención, sin indagar en los detalles.

¿Cuánto tiempo después de un trauma sirven los primeros auxilios psicológicos? Se aplican sobre todo en las primeras 72 horas, aunque pueden extenderse mientras la persona siga en la fase aguda de impacto. Pasado ese tramo, si el malestar continúa, lo que corresponde es una evaluación profesional, no repetir los PAP.

¿Qué hago si no sé qué decirle a alguien que acaba de vivir algo traumático? No necesitas decir nada especial. Acompañar en silencio, estar disponible y preguntar qué necesita (en vez de decidir por la persona) suele ayudar más que cualquier frase preparada. Evita minimizar lo ocurrido o apurarla a “seguir adelante”.

¿Los primeros auxilios psicológicos previenen el estrés postraumático? La evidencia disponible no respalda esa promesa. Alivian el malestar inmediato y pueden reducir los síntomas en las primeras semanas, pero el ensayo clínico chileno con PAP-ABCDE no encontró diferencias en la frecuencia de estrés postraumático al mes frente a la psicoeducación sola (Figueroa et al., 2022).

Si después de un evento traumático el malestar no cede, si aparecen señales de riesgo o simplemente necesitas un espacio para procesar lo que pasó, una consulta con un psicólogo clínico puede ayudarte a entender qué está pasando y a decidir los siguientes pasos con calma, sin apuro y a tu propio ritmo.

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Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

Bryant, R. A. (2018). The current evidence for acute stress disorder. Current Psychiatry Reports, 20(12), 111. https://doi.org/10.1007/s11920-018-0976-x

Figueroa, R. A., Cortés, P. F., Marín, H., Vergés, Á., Gillibrand, R., & Repetto, P. (2022). The ABCDE psychological first aid intervention decreases early PTSD symptoms but does not prevent it: results of a randomized-controlled trial. European Journal of Psychotraumatology, 13(1). https://doi.org/10.1080/20008198.2022.2031829

Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences, therapist guide. Oxford University Press.

Geoffrion, S., Goncalves, J., Robichaud, I., Sader, J., Giguère, C. É., Fortin, M., Lamothe, J., Bernard, P., & Guay, S. (2022). Systematic review and meta-analysis on acute stress disorder: Rates following different types of traumatic events. Trauma, Violence, & Abuse, 23(1), 213-223. https://doi.org/10.1177/1524838020933844

Herman, J. (2015). Trauma y recuperación: Cómo superar las consecuencias de la violencia. Capitán Swing.

Hermosilla, S., Forthal, S., Sadowska, K., Magill, E. B., Watson, P., & Pike, K. M. (2023). We need to build the evidence: A systematic review of psychological first aid on mental health and well-being. Journal of Traumatic Stress, 36(1), 5-16. https://doi.org/10.1002/jts.22888

Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Cápsulas de autoaprendizaje sobre los cuidados de la salud mental en la gestión de riesgos de desastres. https://diprece.minsal.cl/capsulas-de-autoaprendizaje-sobre-los-cuidados-de-la-salud-mental-en-la-gestion-de-riesgos-de-desastres

Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional. (2011). Primeros auxilios psicológicos: Guía para trabajadores de campo. OMS. https://www.who.int/publications/i/item/9789241548205

Roberts, N. P., Kitchiner, N. J., Kenardy, J., Lewis, C. E., & Bisson, J. I. (2019). Early psychological intervention following recent trauma: A systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), 1695486. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1695486

Rose, S., Bisson, J., Churchill, R., & Wessely, S. (2002). Psychological debriefing for preventing post traumatic stress disorder (PTSD). Cochrane Database of Systematic Reviews, (2), CD000560. https://doi.org/10.1002/14651858.CD000560

Vitriol, V., Cancino, A., Riquelme, P., & Reyes, I. (2013). Terremoto en Chile: estrés agudo y estrés post traumático en mujeres en tratamiento por depresión grave. Revista Médica de Chile, 141(3), 338-344. https://doi.org/10.4067/S0034-98872013000300009