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  • Primeros auxilios psicológicos: qué son

    Primeros auxilios psicológicos: qué son

    Acabas de vivir (o acompañar a alguien que acaba de vivir) un accidente, una catástrofe, un asalto, un incendio o cualquier evento que te dejó con el cuerpo acelerado y la cabeza dando vueltas. No sabes si lo que sientes es normal, si deberías “hablar de lo que pasó” ahora mismo o mejor callarte, ni en qué momento esto deja de ser una reacción esperable y se convierte en algo que necesita tratamiento. Para ese tramo exacto existen los primeros auxilios psicológicos: lo que haces (o lo que alguien hace por ti) en las próximas horas puede ayudar a que el malestar baje solo, o puede, sin querer, entorpecer esa recuperación.

    Los primeros auxilios psicológicos (PAP), también llamados apoyo psicológico de emergencia, son la respuesta pensada exactamente para ese tramo. No son terapia ni un diagnóstico: son un conjunto breve de acciones, con respaldo en la literatura científica, para dar seguridad y contención en las primeras horas y días después de un suceso traumático. Aquí va qué son, qué dice la evidencia sobre si funcionan, qué hacer en concreto y qué conviene evitar, aunque la intención sea buena.

    ¿Qué son los primeros auxilios psicológicos (PAP)?

    Los primeros auxilios psicológicos son una forma de apoyo humano y práctico, no clínico, dirigida a cualquier persona que acaba de atravesar un evento potencialmente traumático. La guía oficial de la Organización Mundial de la Salud los define como una respuesta inicial para personas que sufren un malestar grave tras un suceso así, orientada a reducir el sufrimiento inicial y favorecer el afrontamiento a corto y mediano plazo (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011).

    La psicóloga Judith Herman, en su trabajo clásico sobre recuperación del trauma, ordena el proceso completo en tres etapas: primero la seguridad, después el recuerdo y el duelo por lo perdido, y por último la reconexión con la vida y la comunidad (Herman, 2015). Los PAP viven enteros dentro de esa primera etapa. No tocan el relato del trauma ni intentan “procesarlo”: solo buscan devolverle a la persona una base mínima de seguridad, control y conexión con otros, que es justamente lo que el trauma le quitó.

    En una frase: los PAP son el puente entre el momento del impacto y la recuperación natural que, en la mayoría de las personas, ya viene en camino.

    Qué NO son

    • No son psicoterapia ni sustituyen una evaluación clínica.
    • No obligan a contar lo que pasó en detalle.
    • No diagnostican nada ni ponen una etiqueta.
    • No son exclusivos de psicólogos: cualquier persona entrenada (un profesor, un bombero, un familiar informado) puede aplicarlos.

    ¿Qué es normal sentir en las primeras horas?

    Antes de actuar conviene saber qué está pasando en el cuerpo y en la mente, porque buena parte de lo que asusta después de un trauma es, en realidad, esperable. Según el marco de Edna Foa y sus colaboradoras sobre el procesamiento del trauma, la descarga de adrenalina inmediata y la activación del sistema de alerta producen una oleada de reacciones que casi todos los sobrevivientes atraviesan, y que en la mayoría tiende a bajar sola en las semanas siguientes a través de lo que llaman recuperación natural (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).

    Tres planos donde suele notarse:

    • En el cuerpo: taquicardia, temblores, sudoración, falta de aire, problemas para dormir o la necesidad de dejar la luz prendida, y a veces una especie de anestesia física en la que no se registra el hambre ni el cansancio.
    • En las emociones: miedo intenso, sensación de estar “aturdido” o desconectado (lo que en clínica se llama embotamiento afectivo), olas de tristeza, irritabilidad, culpa o vergüenza por cómo se reaccionó.
    • En la mente: imágenes o recuerdos que aparecen sin avisar, dificultad para concentrarse, sensación de estar “fuera de sí” (desrealización) o de mirar la escena desde afuera (despersonalización).

    Nada de esto, por sí solo, significa trastorno de estrés agudo ni estrés postraumático: esos diagnósticos exigen que el malestar persista más allá de un mes y que interfiera de forma significativa con la vida diaria (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007). De hecho, el trastorno de estrés agudo aparece con bastante frecuencia tras un suceso traumático: un metaanálisis de 70 estudios con más de 20.000 personas encontró tasas de entre el 14 % y el 36 % según el tipo de trauma, siendo el de origen interpersonal el que deja más casos, y no todas las personas que lo presentan terminan con estrés postraumático a largo plazo. La reacción inicial, por intensa que sea, no determina por sí sola el pronóstico: la evidencia disponible sobre el trastorno de estrés agudo describe cuatro trayectorias posibles tras un trauma (resiliente, de empeoramiento, de recuperación progresiva o de malestar crónico), y el cuadro inicial no determina cuál de ellas sigue cada persona (Bryant, 2018).

    Primeros auxilios psicológicos según la OMS: observar, escuchar, conectar

    La guía de la OMS para trabajadores de campo resume la acción en tres verbos, pensados justo para los primeros auxilios psicológicos (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011):

    • Observar: revisar que el entorno sea seguro, identificar quién tiene necesidades básicas urgentes (agua, abrigo, atención médica) y quién muestra señales de angustia severa.
    • Escuchar: acercarse a quien lo necesite, preguntar qué le preocupa y qué necesita, y prestar atención sin interrumpir ni presionar para que hable más de lo que quiere.
    • Conectar: ayudar a resolver necesidades prácticas, dar información clara y realista, y poner a la persona en contacto con sus seres queridos y con las redes de apoyo disponibles.

    El Ministerio de Salud de Chile (Minsal) adoptó un esquema equivalente para equipos y voluntarios que trabajan tras un terremoto, un incendio forestal o cualquier otra catástrofe, con el mismo foco en estabilizar antes de intervenir. Y un protocolo chileno probado en cinco urgencias del país, pensado específicamente para servicios de urgencia, ordena la acción en cinco pasos, el llamado modelo ABCDE: escucha activa, reentrenamiento de la respiración, categorización de necesidades, derivación a servicios de apoyo y psicoeducación (Figueroa et al., 2022). Son formas distintas de llegar al mismo lugar: seguridad primero, información clara después, conexión social siempre.

    Qué hacer después de un accidente o una catástrofe: primeros auxilios psicológicos paso a paso

    1. Garantiza la seguridad física antes que cualquier otra cosa. Aleja a la persona de la fuente de peligro, busca un espacio tranquilo y asegúrate de que tenga agua, abrigo y atención médica si la necesita. La sensación de estar a salvo es la base sobre la que se apoya todo lo demás (Herman, 2015).
    2. Pregunta qué necesita, no decidas por ella. El trauma le quita a la persona la sensación de control sobre su propia vida; devolvérsela en detalles pequeños (qué comer, dónde sentarse, a quién llamar primero) ya es parte de la ayuda (Herman, 2015).
    3. Ofrece presencia, no interrogatorio. Si quiere hablar, escucha sin apurar ni completar sus frases. Si prefiere el silencio, respétalo. La sola presencia de alguien de confianza transmite calma al sistema nervioso (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
    4. Conecta con su red de apoyo cuanto antes. Familiares, amigos, vecinos: facilitar ese contacto reduce el aislamiento, que es uno de los factores que más entorpece la recuperación (Herman, 2015).
    5. Explica, sin dramatizar, que lo que siente es esperable. Nombrar el insomnio, las imágenes intrusivas o el llanto repentino como reacciones normales ante algo anormal ayuda a que la persona no le tenga miedo a su propia reacción, y es justamente lo que recomienda la psicoeducación temprana (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
    6. Dale tiempo. No hay una fecha exacta para “estar mejor”. Lo que sí ayuda es recuperar rutinas básicas (dormir, comer, moverse) a su propio ritmo.

    Qué evitar, aunque la intención sea ayudar

    • No fuerces el relato completo del evento. Pedirle a alguien que cuente los detalles poco después de vivirlos, como ocurre en el llamado debriefing psicológico de sesión única, no reduce el malestar ni previene el estrés postraumático: una revisión Cochrane de 11 ensayos clínicos encontró incluso más riesgo de desarrollar el trastorno a un año en quienes lo recibieron, y concluyó que esa práctica obligatoria debería dejar de aplicarse (Rose et al., 2002). Forzar la narrativa cuando el sistema nervioso sigue desbordado interrumpe el procesamiento natural en vez de ayudarlo (Foa, Hembree y Rothbaum, 2007).
    • No minimices ni compares. Frases como “no fue tan grave” o “pudo ser peor” invalidan lo que la persona siente y la empujan a guardarse el malestar.
    • No cuestiones cómo reaccionó. Quedarse paralizado, someterse o huir son respuestas automáticas, no decisiones; preguntar “por qué no hiciste tal cosa” siembra culpa donde no corresponde (Herman, 2015).
    • No le quites el control. Tomar decisiones por la persona sin preguntarle, aunque sea con buena intención, repite la sensación de indefensión que el trauma ya provocó.

    ¿De verdad funcionan los primeros auxilios psicológicos?

    Aquí conviene ser honesto con los límites de la evidencia. Una revisión sistemática reciente que cribó más de 9.000 estudios encontró que solo 12 habían medido resultados reales en salud mental, y de esos, uno solo era un ensayo controlado. Todos apuntaban en la misma dirección (menos ansiedad, menos síntomas depresivos y postraumáticos, más sensación de seguridad), pero el riesgo de sesgo era alto: la evidencia dura todavía no alcanza al respaldo popular que tienen los PAP (Hermosilla et al., 2023).

    El dato más sólido que existe hasta ahora viene de Chile. Un ensayo clínico aleatorizado con 221 adultos atendidos en cinco urgencias del país, que habían sufrido un trauma no intencional en las 72 horas previas, comparó el protocolo PAP-ABCDE con psicoeducación sola. Quienes recibieron PAP-ABCDE sintieron más alivio inmediato tras la intervención y reportaron menos síntomas de estrés postraumático al mes siguiente. Pero la frecuencia de personas que terminó cumpliendo criterios de estrés postraumático al mes fue prácticamente la misma en ambos grupos (30,3 % contra 24,0 %), y a los seis meses la diferencia en síntomas ya no era medible (Figueroa et al., 2022).

    La lectura práctica: los primeros auxilios psicológicos alivian el momento y pueden suavizar los síntomas en las primeras semanas, pero no son una vacuna contra el estrés postraumático. Esto coincide con lo que encuentran los metaanálisis de intervenciones tempranas más estructuradas: en personas que todavía no muestran síntomas significativos, ninguna intervención psicológica temprana supera a la atención habitual; el beneficio claro aparece en quienes ya presentan síntomas marcados de estrés traumático, y ahí la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma es la que tiene más respaldo (Roberts et al., 2019). Los PAP no reemplazan ese tratamiento: lo que hacen es sostener a la persona hasta que, si lo necesita, llegue a él.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    La mayoría de las personas mejora sola en las semanas siguientes al evento, apoyada en su rutina y su red cercana. Pero hay señales que conviene tomar en serio y que justifican adelantar la consulta con un profesional en vez de esperar:

    • Síntomas disociativos intensos (sentir que todo es irreal, o verse “desde afuera”) durante o después del evento.
    • Trauma infantil previo o adversidades acumuladas, que hacen más probable que el malestar se cronifique (Herman, 2015).
    • Falta de apoyo social, o un entorno que minimiza o juzga lo ocurrido.
    • Ideas de hacerse daño, autolesiones, o un entorno de peligro físico activo (como violencia dentro del hogar): esto necesita atención inmediata, no espera.
    • Consumo de alcohol u otras sustancias como forma de evitar pensar en lo ocurrido.
    • Síntomas que, pasado un mes, siguen tan intensos como el primer día y empiezan a afectar el trabajo, el sueño o las relaciones.

    Una cohorte chilena con mujeres atendidas por depresión grave tras el terremoto del 27F encontró que más de la mitad de quienes tuvieron estrés agudo en el primer mes desarrolló estrés postraumático a los seis meses, y que el riesgo era mayor en quienes ya tenían antecedentes de trauma en la infancia (Vitriol et al., 2013). Si alguna de esas señales está presente, no hace falta esperar a que pase solo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cualquiera puede dar primeros auxilios psicológicos, o hace falta ser psicólogo? No hace falta ser profesional de salud mental. Personal de emergencia, profesores, voluntarios o cualquier adulto con una guía breve pueden aplicarlos; lo importante es seguir los principios de seguridad, escucha y conexión, sin forzar nada (Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional, 2011).

    ¿Los primeros auxilios psicológicos son lo mismo que el debriefing? No, y la diferencia importa. El debriefing clásico busca que la persona relate el evento en detalle poco después de vivirlo, y la evidencia muestra que eso no ayuda y en algunos casos aumenta el riesgo de estrés postraumático (Rose et al., 2002). Los PAP, en cambio, no exigen ningún relato: se trata de dar seguridad y contención, sin indagar en los detalles.

    ¿Cuánto tiempo después de un trauma sirven los primeros auxilios psicológicos? Se aplican sobre todo en las primeras 72 horas, aunque pueden extenderse mientras la persona siga en la fase aguda de impacto. Pasado ese tramo, si el malestar continúa, lo que corresponde es una evaluación profesional, no repetir los PAP.

    ¿Qué hago si no sé qué decirle a alguien que acaba de vivir algo traumático? No necesitas decir nada especial. Acompañar en silencio, estar disponible y preguntar qué necesita (en vez de decidir por la persona) suele ayudar más que cualquier frase preparada. Evita minimizar lo ocurrido o apurarla a “seguir adelante”.

    ¿Los primeros auxilios psicológicos previenen el estrés postraumático? La evidencia disponible no respalda esa promesa. Alivian el malestar inmediato y pueden reducir los síntomas en las primeras semanas, pero el ensayo clínico chileno con PAP-ABCDE no encontró diferencias en la frecuencia de estrés postraumático al mes frente a la psicoeducación sola (Figueroa et al., 2022).

    Si después de un evento traumático el malestar no cede, si aparecen señales de riesgo o simplemente necesitas un espacio para procesar lo que pasó, una consulta con un psicólogo clínico puede ayudarte a entender qué está pasando y a decidir los siguientes pasos con calma, sin apuro y a tu propio ritmo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

    Bryant, R. A. (2018). The current evidence for acute stress disorder. Current Psychiatry Reports, 20(12), 111. https://doi.org/10.1007/s11920-018-0976-x

    Figueroa, R. A., Cortés, P. F., Marín, H., Vergés, Á., Gillibrand, R., & Repetto, P. (2022). The ABCDE psychological first aid intervention decreases early PTSD symptoms but does not prevent it: results of a randomized-controlled trial. European Journal of Psychotraumatology, 13(1). https://doi.org/10.1080/20008198.2022.2031829

    Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences, therapist guide. Oxford University Press.

    Geoffrion, S., Goncalves, J., Robichaud, I., Sader, J., Giguère, C. É., Fortin, M., Lamothe, J., Bernard, P., & Guay, S. (2022). Systematic review and meta-analysis on acute stress disorder: Rates following different types of traumatic events. Trauma, Violence, & Abuse, 23(1), 213-223. https://doi.org/10.1177/1524838020933844

    Herman, J. (2015). Trauma y recuperación: Cómo superar las consecuencias de la violencia. Capitán Swing.

    Hermosilla, S., Forthal, S., Sadowska, K., Magill, E. B., Watson, P., & Pike, K. M. (2023). We need to build the evidence: A systematic review of psychological first aid on mental health and well-being. Journal of Traumatic Stress, 36(1), 5-16. https://doi.org/10.1002/jts.22888

    Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Cápsulas de autoaprendizaje sobre los cuidados de la salud mental en la gestión de riesgos de desastres. https://diprece.minsal.cl/capsulas-de-autoaprendizaje-sobre-los-cuidados-de-la-salud-mental-en-la-gestion-de-riesgos-de-desastres

    Organización Mundial de la Salud, Fundación de Trauma de Guerra y Visión Mundial Internacional. (2011). Primeros auxilios psicológicos: Guía para trabajadores de campo. OMS. https://www.who.int/publications/i/item/9789241548205

    Roberts, N. P., Kitchiner, N. J., Kenardy, J., Lewis, C. E., & Bisson, J. I. (2019). Early psychological intervention following recent trauma: A systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), 1695486. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1695486

    Rose, S., Bisson, J., Churchill, R., & Wessely, S. (2002). Psychological debriefing for preventing post traumatic stress disorder (PTSD). Cochrane Database of Systematic Reviews, (2), CD000560. https://doi.org/10.1002/14651858.CD000560

    Vitriol, V., Cancino, A., Riquelme, P., & Reyes, I. (2013). Terremoto en Chile: estrés agudo y estrés post traumático en mujeres en tratamiento por depresión grave. Revista Médica de Chile, 141(3), 338-344. https://doi.org/10.4067/S0034-98872013000300009

  • Cómo Ayudar a Alguien con Ideas Suicidas: Qué Decir, Qué No y a Dónde Llamar en Chile

    Cómo Ayudar a Alguien con Ideas Suicidas: Qué Decir, Qué No y a Dónde Llamar en Chile

    Si la persona está en peligro ahora mismo (tiene un plan, un medio a mano o ya se hizo daño), no sigas leyendo: llama al 131 (SAMU) o llévala a la urgencia más cercana, y no la dejes sola. Si necesitas orientación en este momento, marca el *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, gratuita, 24 horas) o el 600 360 7777, opción 2 (Salud Responde).

    Alguien que quieres te dijo «no quiero seguir viviendo», o lo escribió, o lo insinuó de una forma que te dejó helado. Puede ser tu pareja, tu hijo, tu madre, o un amigo que dice que se quiere morir y no sabes si va en serio. Y ahora estás buscando cómo ayudar a una persona con ideas suicidas sin empeorarlo. Esta guía responde eso en orden: qué preguntar (y por qué preguntar no empeora nada), qué decir, qué callar, cómo saber si el riesgo es inminente, a dónde llamar en Chile, y qué hacer después, cuando la urgencia pasó y queda la vida de todos los días.

    Respuesta corta. Pregunta directamente si está pensando en quitarse la vida: la evidencia muestra que preguntar no induce la idea. Escucha sin discutir ni minimizar, no prometas guardar el secreto, retira del alcance medicamentos y otros medios, y acompáñala a pedir ayuda. Si hay plan, medio o intención de actuar pronto, es una emergencia: 131 o urgencias. Para orientación 24 horas en Chile: *4141 y 600 360 7777.

    Cómo ayudar a una persona con ideas suicidas: primero, pregunta de frente

    Preguntarle a alguien si está pensando en suicidarse no siembra la idea ni la empeora, y ese mito es la primera barrera que hay que cruzar. Esa es la conclusión de una revisión de los estudios publicados en adultos y adolescentes, en población general y en personas de riesgo: ninguno encontró un aumento significativo de la ideación suicida entre quienes fueron preguntados, y los autores sugieren que hablar del tema puede incluso reducirla en quienes buscan tratamiento (Dazzi et al., 2014).

    Callar, en cambio, sí tiene un costo: la Organización Mundial de la Salud describe el tabú que impide hablar del suicidio como uno de los obstáculos para que la gente pida ayuda (OMS, 2025). El Ministerio de Salud de Chile dice lo mismo en su guía de prevención: hablar abiertamente de las ideas suicidas, sin temor, y preguntar por los motivos (MINSAL, s.f.).

    Así que la pregunta se hace, y se hace con palabras claras. No «¿no estarás pensando en hacer una tontera?» sino algo como esto:

    • «Te he notado muy mal estos días. ¿Has pensado en quitarte la vida?»
    • «Cuando dices que no quieres seguir, ¿estás pensando en morir?»
    • «¿Has llegado a pensar cómo lo harías?»

    La última pregunta importa, y más abajo verás por qué: la respuesta es lo que te dice si hay que actuar hoy o si hay tiempo para organizar la ayuda.

    Qué decir a alguien que quiere morir: frases que sí ayudan

    Lo que más ayuda no es una frase brillante, es que la persona sienta que puede contarte lo peor sin que te asustes, la juzgues o la corrijas. La guía del MINSAL lo resume en no juzgar ni reprochar, tomar en serio lo que dice, usar frases amables («Estoy aquí para ti y quisiera ayudarte») y no dejarla sola (MINSAL, s.f.).

    Algunas frases que abren la conversación en vez de cerrarla:

    Sí ayuda Por qué
    «Gracias por contármelo. Me importa lo que te pasa.» Reconoce el esfuerzo que le costó decirlo.
    «No tienes que explicarme por qué. Cuéntame cómo es para ti.» Pide la experiencia, no una justificación.
    «Me quedo contigo. Vamos a buscar ayuda juntos.» Compromiso concreto, sin promesas imposibles.
    «¿Qué te ha ayudado a aguantar hasta ahora?» Busca lo que todavía la sostiene.
    «Esto no lo vamos a resolver solos; ¿a quién más podemos llamar?» Amplía la red sin quitarle el control.

    Y escucha. De verdad: silencios incluidos. Una persona que dice que quiere morir casi siempre está diciendo, además, que no aguanta más el dolor que tiene ahora. Esa parte (el dolor) es la que puedes acompañar, y es la que la lleva a pedir ayuda.

    Qué no decir (aunque salga con buena intención)

    Casi todo lo que sale mal en estas conversaciones sale de la angustia del que escucha, que quiere que el problema desaparezca rápido. El MINSAL pide evitar la crítica, el sarcasmo y la minimización, y considerar las amenazas con seriedad (MINSAL, s.f.). En concreto, evita:

    • Minimizar: «Anímate», «no es para tanto», «tienes tanto por qué vivir». La persona ya sabe eso; si no le sirve, siente que no la entendiste.
    • Discutir o moralizar: «Piensa en tus hijos», «eso es egoísta», «cómo se te ocurre». Suma culpa a alguien que ya se siente una carga.
    • Interrogar como policía: una batería de «¿por qué?» pone a la persona a la defensiva. Pregunta por cómo se siente, no por qué.
    • Prometer secreto: «No le voy a contar a nadie». Si la vida corre peligro, esa promesa se rompe, y es mejor decirlo desde el principio: «No puedo guardarme esto si hay riesgo, porque te quiero vivo».
    • Dejarla sola «para que se calme» si hay riesgo inminente.
    • Dramatizar o entrar en pánico delante de ella. Tu calma es parte de su seguridad.
    • Describir métodos o hablar de casos ajenos con detalle. Más abajo verás por qué eso importa incluso fuera de la conversación.

    Si algo de esto ya lo dijiste, no lo conviertas en otro problema. Vuelve: «Antes te respondí mal porque me asusté. Ahora quiero escucharte».

    Cómo saber si el riesgo es inminente

    La conducta suicida va en un continuo. En el Manual de psicopatología de Belloch, Sandín y Ramos (2020) se describe desde las ideas de hacerse daño o de morir, pasando por el deseo de muerte sin un plan, la elaboración de un plan, la tentativa, y el suicidio consumado (García-Soriano, Arnáez y Roncero, 2020, p. 335). Por cada muerte por suicidio se estima que unas 20 personas lo han intentado (García-Soriano et al., 2020). Saber en qué punto de ese continuo está la persona es lo que decide qué hacer hoy.

    Tres preguntas, hechas con calma y en este orden, te dan esa información:

    1. ¿Has pensado cómo lo harías? (¿hay un plan?)
    2. ¿Tienes acceso a eso? (¿hay un medio a mano?)
    3. ¿Has pensado cuándo? (¿hay una fecha o una sensación de «pronto»?)

    Cuantas más respuestas afirmativas, más urgente. Un «sí» a las tres es una emergencia. A eso se suman las señales de alerta que lista el MINSAL (s.f.): buscar formas de herirse o amenazar con hacerlo, desesperanza, sentirse una carga, aumento del consumo de alcohol u otras drogas, cambios grandes en el sueño, aislamiento, regalar cosas queridas, despedirse o hablar como si ya no fuera a estar, sentirse atrapado o con un dolor insoportable.

    Hay condiciones que elevan el riesgo de base, y conviene tenerlas en cuenta: los trastornos mentales, en especial la depresión, el trastorno bipolar, los del espectro de la esquizofrenia y el trastorno límite de la personalidad, y en menor medida el consumo de sustancias (García-Soriano et al., 2020). Si la persona tiene depresión o un problema de consumo, las ideas suicidas no son «parte del carácter»: son una señal de que el tratamiento necesita ajustarse ahora.

    Qué hacer ahora, según lo que te respondió

    Si tiene ideas pero no plan ni intención de actuar: no es para relajarse, pero sí hay tiempo de organizar. Queda en contacto diario, pide hora con un profesional de salud mental esta semana (no «cuando pueda»), arma con ella el plan de seguridad que viene más abajo y retira del alcance lo que pueda usarse para hacerse daño.

    Si tiene un plan, o acceso a un medio, o la sensación de que va a pasar pronto: es hoy. No la dejes sola, saca del alcance el medio, y llévala a la urgencia del hospital o al SAPU/SAR más cercano. Si no puedes moverla o hay riesgo vital, llama al 131. Avisa a otra persona de confianza para no cargar esto solo.

    Si ya se hizo daño o tomó algo: 131 de inmediato, aunque «parezca poco» o ella diga que está bien. Eso lo evalúa un equipo de urgencia, no tú.

    En cualquiera de los tres casos, si no sabes cómo seguir, marca el *4141: es una línea para personas en crisis, pero también orienta a quien está acompañando.

    A dónde llamar en Chile

    Los números que siguen se verificaron en las fuentes oficiales antes de publicar esta guía. Guárdalos en el teléfono, y guárdalos también en el de la persona.

    Número Qué es Cuándo usarlo
    *4141 Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud. Gratuita y confidencial, 24 horas todos los días, atendida por psicólogas y psicólogos. Desde celulares y fijos. Crisis o emergencia de salud mental asociada al suicidio. Sirve para quien tiene las ideas y para quien la acompaña.
    600 360 7777, opción 2 Salud Responde, la línea telefónica del MINSAL. Orientación en salud mental y prevención del suicidio, 24 horas. Orientación, dudas sobre a dónde acudir, o si el *4141 no conecta.
    131 SAMU, ambulancia. Riesgo vital inmediato: ya se hizo daño, tomó algo, o va a actuar y no puedes contenerla.
    Urgencia hospitalaria / SAPU / SAR Atención presencial de urgencia. Cuando hay plan y medio, para evaluación y contención en el momento.

    Si la persona es sorda, el sitio de Salud Responde permite agendar atención en lengua de señas chilena (Ventanilla Única Social, s.f.). Si vives fuera de Chile, busca la línea de crisis de tu país; en la mayoría existe.

    Retira del alcance lo que pueda usar para hacerse daño

    Es la medida con más respaldo de todas y la más incómoda de proponer, porque suena a desconfianza. No lo es: es lo mismo que guardar el auto de alguien que bebió. Una revisión sistemática de diez años de estrategias de prevención concluyó que la evidencia sobre restringir el acceso a los medios letales es la que más se ha reforzado desde 2005, y que ninguna estrategia sola sobresale: lo que funciona es combinarlas (Zalsman et al., 2016). Una revisión paraguas de 12 revisiones sistemáticas llegó a la misma conclusión: la mayoría encontró que las medidas de restricción de medios fueron eficaces para prevenir suicidios, y recomienda priorizar los métodos más frecuentes en cada lugar (Nevarez-Flores et al., 2025).

    En la práctica, en una casa, eso significa lo que el propio MINSAL recomienda: retirar medicamentos, sustancias tóxicas y cualquier material que pueda usarse con esa finalidad (MINSAL, s.f.). Guarda con llave o saca de la casa los medicamentos (incluidos los «de todos los días», y los que ella misma toma: que otra persona administre la dosis diaria), el alcohol y, si hubiera, armas. Hazlo con ella si es posible, explicando por qué: las crisis más intensas suelen ser breves, y poner distancia entre el impulso y el medio es exactamente lo que da tiempo.

    La OMS lo incluye entre sus intervenciones prioritarias: restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse, como plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos (OMS, 2025).

    Armen juntos un plan de seguridad

    Un plan de seguridad es una hoja escrita, hecha con la persona (no para ella), que dice qué hacer cuando la crisis vuelva. Es una de las intervenciones mejor estudiadas: un metaanálisis de seis estudios con 3.536 participantes encontró que quienes recibieron una intervención de este tipo tuvieron un 43% menos de conducta suicida que los controles (riesgo relativo 0,57; una persona menos con conducta suicida por cada 16 tratadas). No cambió la intensidad de las ideas, y los autores lo dicen: para eso hacen falta otras intervenciones (Nuij et al., 2021). En terapia cognitivo-conductual, la seguridad de la persona es la primera prioridad del tratamiento, antes que cualquier otro objetivo, y establecer el plan de seguridad es parte de esa evaluación inicial (Tolin, 2024, p. 542).

    Un plan de seguridad, de puño y letra de la persona, suele tener estas partes:

    1. Mis señales de alarma. Pensamientos, situaciones o sensaciones que le avisan que viene una crisis («cuando dejo de contestar mensajes», «cuando pienso que soy una carga»).
    2. Lo que puedo hacer sola para bajar la intensidad. Cosas concretas y a mano: salir a caminar, ducharse, una serie, una técnica que ya le funcione.
    3. Personas y lugares que me distraen. No para hablar del problema, solo para no estar sola: un familiar, un café, una plaza.
    4. A quién le puedo pedir ayuda. Dos o tres nombres con teléfono, y que esas personas sepan que están en la lista.
    5. Profesionales y urgencias. Su psicólogo o psiquiatra, el *4141, el 600 360 7777, el 131 y la urgencia más cercana, con dirección.
    6. Cómo dejo mi entorno seguro. Qué se guardó, quién lo tiene, qué queda por hacer.

    Ojalá lo haga con un profesional; si todavía no lo tiene, empezarlo contigo es mucho mejor que nada. Una foto en el celular y una copia en la cocina.

    Y después de urgencias: el seguimiento es parte del tratamiento

    Salir de urgencias o del hospital no es el final de la crisis. El riesgo sigue alto en las semanas siguientes, y ahí es donde el acompañamiento pesa. Un metaanálisis de 60 ensayos clínicos con 22.654 personas atendidas tras una autolesión encontró algo importante para las familias: ninguna intervención iniciada en el primer mes redujo de forma significativa la repetición de autolesiones, pero la terapia de resolución de problemas se asoció a menos muertes por suicidio entre los 6 y 12 meses (OR 0,45), y las intervenciones breves con contacto de seguimiento a menos muertes después del año (OR 0,34) (Roncete et al., 2026). Traducido: lo que salva vidas no es la intervención heroica de un día, es que alguien siga en contacto.

    El MINSAL lo pone en términos concretos para quien acompaña a alguien tras un intento: mantener el tratamiento después de la hospitalización y pedir indicaciones claras al equipo antes del alta (MINSAL, s.f.). Pregunta ahí mismo: ¿quién la va a ver, cuándo, qué hacemos si vuelve a pasar en la noche?

    El tratamiento existe y funciona: ayúdala a llegar

    La psicoterapia dirigida a la suicidalidad reduce los intentos. Un metaanálisis de 56 ensayos clínicos desarmó las terapias en componentes para ver cuáles pesan: los que más se asociaron a menos intentos fueron el entrenamiento en eficacia interpersonal (RR 0,47) y en regulación emocional (RR 0,58), y el manejo de crisis con plan de seguridad estaba en dos de cada tres tratamientos eficaces (van Eijk et al., 2026). Si la persona tiene depresión, tratarla bien es en sí una medida preventiva (Zalsman et al., 2016); en cómo salir de la depresión revisamos qué tratamientos tienen respaldo.

    Tu tarea no es hacer la terapia: es que llegue. Ofrécete a buscar la hora, a acompañarla a la primera sesión, a recordarle la siguiente. Si la primera consulta no fue buena, ayúdala a cambiar de profesional en vez de abandonar.

    Si quieres prepararte mejor para acompañar, existen formaciones breves para no profesionales (los llamados «guardianes» o gatekeepers). Un metaanálisis de 16 ensayos encontró que mejoran los conocimientos y la confianza para actuar con un efecto moderado, que el beneficio decae con el tiempo si no se refresca, y que las versiones en línea funcionan (Liu et al., 2025).

    Cuídate tú también: acompañar cansa

    Vivir con alguien con ideas suicidas ocupa la cabeza entera. Una revisión sistemática de 11 estudios cualitativos con familiares describe seis temas que se repiten: el trabajo duro de manejar el riesgo, contribuir a que el familiar sobreviva, pelear con la atención profesional, estar en una posición solitaria, la presión sobre las relaciones y el deterioro del propio bienestar. La preocupación constante y la vigilancia permanente bajan el bienestar del cuidador, y los profesionales suelen pasar por alto a las familias (Hennipman-Herweijer et al., 2024). Otra revisión de 21 estudios encontró que los cuidadores informales (familia, amigos, pareja) reportan con frecuencia síntomas de depresión y ansiedad para los que reciben poca ayuda, y piden participar más en la atención (Lavers et al., 2022).

    Eso tiene dos consecuencias prácticas. Una: pide estar en el tratamiento. Que el equipo te diga qué mirar, qué hacer de noche, cuándo llamar. Dos: reparte la carga. Avisa a otras personas de confianza (la persona lo va a agradecer más de lo que teme), túrnense, y si notas que tú también te estás hundiendo, pide tu propia hora. Si el problema de fondo es un consumo, en cómo vivir con un familiar adicto hay una guía para cuidarte sin abandonarlo.

    Si hablas de esto con otros (o en redes), hazlo con cuidado

    Cómo se habla del suicidio tiene efecto sobre otras personas vulnerables que escuchan. Un metaanálisis publicado en el BMJ encontró que, tras la cobertura mediática del suicidio de una celebridad, los suicidios aumentaron un 13% en el mes siguiente y, cuando se describía el método, las muertes por ese mismo método subieron un 30%; la cobertura general del suicidio, sin esos elementos, no se asoció a más muertes (Niederkrotenthaler et al., 2020). La OMS incluye por eso educar a los medios para informar con responsabilidad entre sus intervenciones prioritarias (OMS, 2025).

    Para ti, que no eres periodista, la regla es simple: no describas métodos ni detalles, no presentes el suicidio como una solución ni como algo inexplicable, y cuando compartas algo, comparte los números de ayuda. Ese mismo cuidado vale en la conversación con la persona.

    Por qué esto importa en Chile

    En Chile, entre 2010 y 2019, el suicidio tuvo una tasa observada de 11,17 por 100.000 habitantes mayores de cinco años, y la mortalidad es cerca de cuatro veces mayor en hombres que en mujeres (MINSAL, s.f.). Entre 2000 y 2017 hubo 6.292 suicidios de adolescentes y jóvenes; la tasa en el grupo de 10 a 24 años se mantuvo en 8,5 por 100.000 sin cambios entre los dos periodos estudiados, con riesgo mayor en hombres (3,5 veces) y en las regiones de Aysén, Los Lagos, Magallanes y Los Ríos, según un estudio poblacional con registros de defunción (Araneda et al., 2021). En el mundo, más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año y es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años (OMS, 2025).

    Detrás de cada una de esas cifras hay una conversación que alguien tuvo, o no tuvo. Si llegaste hasta aquí es porque tú la vas a tener. Si la persona es un adolescente, en cómo ayudar a una persona con depresión hay más sobre cómo hablar sin que se cierre.

    Preguntas frecuentes

    ¿Preguntarle a alguien si piensa en suicidarse puede darle la idea?

    No. Una revisión de los estudios publicados en adultos y adolescentes no encontró en ninguno un aumento de la ideación suicida por preguntar, y sugiere que hablar del tema puede reducirla (Dazzi et al., 2014). Preguntar de frente, con palabras claras, es lo que abre la conversación.

    ¿Qué le digo a alguien que me dice que se quiere morir?

    Agradece que te lo contó, dile que te importa y pregunta cómo es para él o ella, sin discutir ni minimizar. Luego pregunta si tiene un plan, acceso a un medio y cuándo. Ofrece acompañarlo a pedir ayuda y dale los números: *4141 y 600 360 7777 en Chile.

    ¿Debo guardar el secreto si me lo pide?

    No cuando hay riesgo para su vida. Dilo con cariño y desde el principio: «no puedo guardarme esto si estás en peligro». Avisar a otra persona de confianza o a un profesional no es traicionarla; es parte de mantenerla viva, y la mayoría lo agradece después.

    ¿Cuándo hay que ir a urgencias o llamar al 131?

    Cuando hay un plan concreto, acceso al medio o intención de actuar pronto, cuando ya se hizo daño o tomó algo, o cuando no puedes contenerla y quedarte con ella. Ante la duda, marca el *4141 y pide orientación: la línea también atiende a quien acompaña.

    ¿Qué hago con los medicamentos que hay en la casa?

    Guárdalos con llave o sácalos de la casa, incluidos los de uso diario y los que la persona toma; que otra persona administre la dosis. Lo mismo con el alcohol y con cualquier arma. Restringir el acceso a los medios es la medida de prevención con más respaldo (Zalsman et al., 2016; Nevarez-Flores et al., 2025).

    La persona ya pasó la crisis. ¿Puedo bajar la guardia?

    No del todo. Las semanas posteriores a una crisis o a un alta siguen siendo de riesgo, y el contacto sostenido en el tiempo se asocia a menos muertes por suicidio a largo plazo (Roncete et al., 2026). Mantén el tratamiento, el plan de seguridad y las visitas, y cuida también tu propio descanso.

    Un cierre honesto

    No vas a poder controlar lo que otra persona hace con su vida, y eso duele. Lo que sí está en tus manos es lo que dice esta guía: preguntar, escuchar, retirar los medios, llamar, acompañar y seguir ahí. Cada una de esas cosas tiene respaldo, y juntas es la diferencia que de verdad puedes hacer.

    Si la persona que te preocupa está dispuesta a hablar con un profesional, o si eres tú quien necesita apoyo para sostener esto, puedes agendar una consulta. Y si estás leyendo esto porque las ideas son tuyas: el *4141 atiende ahora, y lo que sientes tiene tratamiento.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Araneda, N., Sanhueza, P., Pacheco, G., & Sanhueza, A. (2021). Suicidio en adolescentes y jóvenes en Chile: Riesgos relativos, tendencias y desigualdades. Revista Panamericana de Salud Pública, 45, e4. https://doi.org/10.26633/rpsp.2021.4

    Dazzi, T., Gribble, R., Wessely, S., & Fear, N. T. (2014). Does asking about suicide and related behaviours induce suicidal ideation? What is the evidence? Psychological Medicine, 44(16), 3361-3363. https://doi.org/10.1017/s0033291714001299

    García-Soriano, G., Arnáez, S., & Roncero, M. (2020). Psicopatología del comportamiento y la conducta motora. En A. Belloch, B. Sandín & F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología (3.ª ed., Vol. 1, pp. 321-347). McGraw-Hill.

    Hennipman-Herweijer, C., Amerongen-Meeuse, J. v. N., Schaap-Jonker, H., & Boonstra, N. (2024). The experiences of living with a suicidal family member, and the impact on daily life: A systematic review and meta-aggregation. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 31(5), 883-903. https://doi.org/10.1111/jpm.13045

    Lavers, G., Andriessen, K., & Krysinska, K. (2022). A systematic review of the experiences and support needs of informal caregivers for people who have attempted suicide or experienced suicidal ideation. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(9), 5181. https://doi.org/10.3390/ijerph19095181

    Liu, H., Zheng, C., Cao, Y., Zeng, F., Chen, H., & Gao, W. (2025). Gatekeeper training for suicide prevention: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. BMC Public Health, 25(1), 1206. https://doi.org/10.1186/s12889-025-21736-1

    Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Prevención del suicidio. División de Prevención y Control de Enfermedades (DIPRECE). https://diprece.minsal.cl/prevencion-del-suicidio/

    Nevarez-Flores, A. G., Pandey, V., Angelucci, A. P., Neil, A. L., McDermott, B., & Castle, D. (2025). Means restriction for suicide prevention: An umbrella review. Acta Psychiatrica Scandinavica, 151(6), 653-667. https://doi.org/10.1111/acps.13783

    Niederkrotenthaler, T., Braun, M., Pirkis, J., Till, B., Stack, S., Sinyor, M., Tran, U. S., Voracek, M., Cheng, Q., Arendt, F., Scherr, S., Yip, P. S. F., & Spittal, M. J. (2020). Association between suicide reporting in the media and suicide: Systematic review and meta-analysis. BMJ, 368, m575. https://doi.org/10.1136/bmj.m575

    Nuij, C., van Ballegooijen, W., de Beurs, D., Juniar, D., Erlangsen, A., Portzky, G., O’Connor, R. C., Smit, J. H., Kerkhof, A., & Riper, H. (2021). Safety planning-type interventions for suicide prevention: Meta-analysis. The British Journal of Psychiatry, 219(2), 419-426. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.50

    Organización Mundial de la Salud. (2025, 25 de marzo). Suicidio [Nota descriptiva]. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

    Roncete, G. P., Farhat, L. C., Beiram, L., Damiano, B. B. F., Bryan, C. J., Ramirez, K. L., Miguel, E. C., & Damiano, R. F. (2026). Acute-phase interventions after self-harm for preventing suicide and recurrence: A systematic review and meta-analysis. Acta Psychiatrica Scandinavica, 153(6), 610-626. https://doi.org/10.1111/acps.70085

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    van Eijk, N., Creemers, D., Marchand, A., de Winter, R., Schweren, L., Gilissen, R., & van Ballegooijen, W. (2026). Identifying (effective) elements in the psychological treatment of suicidality: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 407, 121806. https://doi.org/10.1016/j.jad.2026.121806

    Ventanilla Única Social. (s.f.). Línea de Prevención del Suicidio *4141. Gobierno de Chile. https://www.ventanillaunicasocial.gob.cl/ficha/310/fono-prevencion-suicidio

    Zalsman, G., Hawton, K., Wasserman, D., van Heeringen, K., Arensman, E., Sarchiapone, M., Carli, V., Höschl, C., Barzilay, R., Balazs, J., Purebl, G., Kahn, J. P., Sáiz, P. A., Lipsicas, C. B., Bobes, J., Cozman, D., Hegerl, U., & Zohar, J. (2016). Suicide prevention strategies revisited: 10-year systematic review. The Lancet Psychiatry, 3(7), 646-659. https://doi.org/10.1016/s2215-0366(16)30030-x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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