Tu hija de 14 años se cambia tres veces de ropa antes de salir y vuelve a casa diciendo que “se ve horrible”. Tu hijo de 15 empezó a ir al gimnasio y ahora cuenta las proteínas del día. Y tú te preguntas si esto es la adolescencia de siempre o algo que merece atención. Esta guía sobre imagen corporal en adolescentes junta lo que la investigación muestra sobre el papel de la familia y lo traduce en cosas que se pueden decir y hacer en casa. Sirve si buscaste “imagen corporal en la adolescencia”, “cómo hablar de peso con mi hijo” o “cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia”.
Vas a ver qué es normal en esta etapa, qué frases de los padres ayudan y cuáles empeoran las cosas aunque nazcan del cariño, cómo responder cuando tu hijo dice que se ve gordo o feo, qué se puede hacer desde la infancia y cuándo conviene consultar.
En breve: preocuparse por el cuerpo es frecuente entre los 10 y los 16 años, y en las chicas suele ser cuando más baja la satisfacción corporal. Los comentarios sobre el peso, las burlas dentro de la familia y las dietas de los padres se asocian con más insatisfacción y más conductas alimentarias de riesgo, incluso cuando se dicen para ayudar. Lo que protege es una casa donde el cuerpo se acepta sin condiciones, donde se habla menos de kilos y más de hábitos, y donde hay comidas compartidas y tranquilas. Conviene consultar si tu hijo piensa en su cuerpo o en la comida más de una hora al día, restringe o esconde la comida, hace ejercicio de forma rígida o deja de hacer cosas por vergüenza.
¿Es normal la preocupación por la imagen corporal en adolescentes?
Sí. La imagen corporal en la adolescencia suele pasar por su etapa más difícil, sobre todo en las chicas. Un metaanálisis longitudinal de 142 muestras y 128.254 personas encontró que en niñas y mujeres la imagen corporal empeora entre los 10 y los 16 años y mejora entre los 16 y los 24, con el mayor cambio entre los 10 y los 14. En niños y hombres las fluctuaciones son menores y el balance de los 10 a los 24 años es de mejoría (Lacroix et al., 2023).
También cambia lo que cada uno desea. Un metaanálisis de tendencias mostró que ellas puntúan más alto en insatisfacción orientada a la delgadez y ellos en la orientada a la musculatura (Karazsia et al., 2017). En Chile, un estudio con 337 adolescentes de 12 a 18 años encontró el mismo patrón: las chicas tenían más insatisfacción corporal; los chicos reportaban más presión, desde todas las fuentes, para ganar músculo y más presión de sus pares para bajar de peso (Mellor et al., 2008). Un dato útil para las familias de aquí: en esa muestra no hubo diferencia entre chicos y chicas en la presión percibida de los adultos de la casa para bajar de peso. Los padres también presionan a los hijos varones, aunque sea sin querer.
Entonces, ¿cuándo deja de ser normal? En 1.666 estudiantes de 12 a 18 años, lo que más se asociaba con malestar psicológico y conductas alimentarias de riesgo en las chicas era la preocupación excesiva por el peso y la figura, es decir, pensar mucho en ello, más que el simple descontento con el cuerpo. En los chicos pesaban parecido la sobrevaloración, la insatisfacción y la preocupación (Mitchison et al., 2017). Más abajo verás las señales concretas para reconocerlo. Si quieres entender la base del tema, el artículo sobre qué es la imagen corporal explica cómo se forma.
¿Cómo influyen los padres en la imagen corporal de un adolescente?
Mucho más por lo que dicen que por lo que hacen. Una revisión de la literatura concluyó que los mensajes verbales y el estímulo activo de los padres (comentar el peso, animar a hacer dieta) pesan más sobre las preocupaciones corporales de los hijos que el simple modelado, y que tanto madres como padres son fuentes de influencia (Rodgers y Chabrol, 2009). La investigación más sólida viene del proyecto EAT, un programa de estudios en Minnesota (Estados Unidos) liderado por Neumark-Sztainer:
| Hallazgo | Qué encontraron | Ojo con |
|---|---|---|
| Hablar de peso en casa | En 356 chicas de unos 16 años, el 45 % dijo que su madre la animaba a hacer dieta y el 58 % reportó burlas por el peso de parte de familiares. Las burlas se asociaron con más insatisfacción corporal, conductas extremas de control de peso y atracones, y las conversaciones de peso de los padres, sobre todo de la madre, con varias conductas alimentarias de riesgo. En ningún caso se asociaron con mejores resultados (Neumark-Sztainer et al., 2010) | Estudio transversal en chicas con riesgo de problemas de peso: muestra asociación, no prueba causa |
| Comentarios directos sobre el peso de la hija | En 218 parejas madre-hija: entre las hijas cuyos padres nunca comentaban su peso, el 4,2 % usaba conductas extremas de control de peso; entre las de padres que lo hacían con frecuencia, el 23,2 %. Cuando la madre hablaba de su propio cuerpo, las hijas reportaron menor autovalía y más síntomas depresivos (Bauer et al., 2013) | 218 parejas madre-hija, datos de la madre, transversal |
| Conversar de peso o de alimentación saludable | En casi 2.800 adolescentes, tanto madres como padres que hablaban del peso o la talla tenían hijos con más dieta, más conductas de control de peso no saludables y más atracones. En adolescentes con sobrepeso, las madres que hablaban solo de alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013) | Transversal; no se puede saber si los padres hablan más porque los hijos ya tienen el problema |
| Burlas durante la adolescencia | Un seguimiento de 15 años con 1.830 personas mostró que las burlas por el peso en la adolescencia, de pares y de familia, predijeron en las mujeres más atracones, más conductas de control de peso no saludables y peor imagen corporal en la adultez. En los hombres hubo menos asociaciones, y en el peso corporal solo las burlas de los pares (Puhl et al., 2017) | Muestra de Minnesota; el efecto fue más marcado en mujeres |
Dos matices para que no te lleves culpa que no corresponde. Primero, estos estudios miden asociaciones y casi todos son estadounidenses, así que no demuestran que un comentario provoque un trastorno. Los trastornos alimentarios tienen varias causas. Segundo, que lo digan los padres “para ayudar” cambia poco el efecto: los propios autores de EAT señalan que comentarios que se hacen con buena intención pueden tener consecuencias dañinas sin que nadie lo note (Neumark-Sztainer et al., 2010). Lo bueno es que son cosas que se pueden cambiar hoy.
Un metaanálisis sobre burlas encontró que las que tratan del peso y la apariencia se asociaron con insatisfacción corporal (r = 0,39 las de peso), restricción alimentaria (r = 0,35) y conductas bulímicas (r = 0,36) (Menzel et al., 2010). Y en 375 niños de 10 a 15 años, los que escuchaban comentarios negativos sobre el peso en la familia “a menudo” tenían una internalización del estigma del peso un 48 % mayor que los que nunca los escuchaban (Rancaño et al., 2024). Si en tu casa hay hermanos, ojo con los apodos y las “bromas”: la bibliografía clínica del campo describe las burlas de hermanos como una fuente frecuente y duradera de insatisfacción corporal (Cash y Smolak, 2011).
¿Cómo hablar de peso con mi hijo adolescente? Qué decir y qué evitar
La regla que mejor resume la evidencia es hablar menos de peso y más de hábitos y de la persona. Si tu hijo tiene un problema de salud, eso lo ve el pediatra. En casa, las conversaciones sobre cuerpo, kilos y dietas se asociaron con más conductas alimentarias de riesgo, mientras que las que giraban en torno a cómo come y se mueve la familia entera no mostraron ese efecto (Berge et al., 2013).
| En vez de decir… | Prueba con… | Por qué |
|---|---|---|
| “Estás subiendo de peso, cuídate” | Nada sobre su peso. Si hay un tema de salud, que lo vea el pediatra y las metas sean de la familia (“esta semana caminemos juntos”) | Los comentarios sobre peso se asociaron con más dieta y atracones (Berge et al., 2013; Neumark-Sztainer et al., 2010) |
| “Qué flaca estás, qué linda” o “qué grande te estás poniendo” | “Me gusta verte tan metida en tu banda” o “qué bien tocas” | Los elogios centrados en la apariencia refuerzan la vigilancia corporal; se recomienda elogiar cualidades internas y logros (Tylka y Piran, 2019) |
| “Tengo que bajar los kilos de las fiestas” o “me veo gordísima” | Evitar el “fat talk” en voz alta, tuyo y de los demás | Los hijos aprenden a mirar el cuerpo mirando cómo lo miran los adultos (Tylka y Piran, 2019); lo que la madre dice de su propio cuerpo se asoció con menor autovalía en las hijas (Bauer et al., 2013) |
| “Ya no te sirvas más, que engordas” | Ofrecer comida variada a ciertas horas y dejar que decida cuánto comer | Controlar o restringir porciones en la infancia aumenta el riesgo de conductas alteradas más tarde, según los manuales (Cash y Smolak, 2011) |
| Apodos y bromas (“gordito”, “palito”) | Cero bromas, de los padres y de los hermanos | Las burlas familiares predicen insatisfacción y conductas de riesgo (Menzel et al., 2010; Puhl et al., 2017) |
Una cosa más: dentro de lo posible, que las reglas de la casa valgan para todos. Si no quieres que tu hijo tome bebidas azucaradas todos los días, que no las compre nadie en esa casa, en lugar de una regla solo para él. Esta es una recomendación de sentido común y de consenso de las guías para familias, y no hay estudios que midan esa regla por separado.
Si tu hijo dice “me veo gordo” o “soy feo”
Es el momento en que casi todos los padres reaccionan igual: “¡Pero qué dices, si estás hermosa!”. Nace del cariño y no ayuda. Los manuales clínicos coinciden en que tranquilizar sobre el aspecto da un alivio de unos minutos, mantiene la duda y enseña a depender de la respuesta ajena (Treasure et al., 2007; Phillips, 2005). Discutir con argumentos o corregir con detalles (“tus piernas son delgadas”) tampoco funciona: fija la atención en el cuerpo como el problema y puede abrir nuevas partes para mirarse (Wilhelm et al., 2012).
Lo que sí recomiendan esos mismos manuales:
- Escucha primero. Pregúntale qué quiere decir con “gordo” o “feo” y cuándo empezó a sentirse así. Sin corregir.
- Responde a la emoción de fondo. “Suena a que hoy te sientes muy mal con tu cuerpo. Debe ser agotador” mueve la conversación desde el espejo hacia lo que le pasa por dentro (Treasure et al., 2007).
- Nombra el pensamiento como un pensamiento. “Ese pensamiento aparece cuando estás angustiado” ayuda a separar a tu hijo de su autocrítica sin discutir sobre su cuerpo.
- Refuerza el vínculo. Dile que tu cariño no depende de cómo se ve hoy.
- No entres en el ciclo de tranquilizar. Si pregunta una y otra vez “¿me veo mal?”, responde una vez con calma y cambia de tema, o ayúdalo a notar la pregunta como parte de la angustia (Wilhelm et al., 2012).
Si lo que te cuenta tiene que ver con burlas en el colegio o en redes, el artículo sobre bullying por apariencia física tiene pasos concretos. Y si el malestar con el cuerpo viene con tristeza o encierro, mira depresión en adolescentes.
Cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia
La prevención empieza antes de la adolescencia, y la evidencia directa de qué hacer con niños pequeños es más escasa que la de los adolescentes. Estas son las ideas mejor respaldadas:
- Aceptación incondicional del cuerpo. Según los capítulos del manual de Tylka y Piran (2019), que el niño perciba que su familia acepta su cuerpo como es, sin pedirle cambios, es uno de los factores protectores más sólidos de una imagen corporal positiva. Se traduce en minimizar los comentarios sobre apariencia (también los elogios) y valorar la amabilidad, la creatividad, la perseverancia.
- Hablar de lo que el cuerpo hace. Los programas que entrenan a poner el foco en la funcionalidad del cuerpo (lo que permite hacer, sentir y expresar) mejoraron la satisfacción y redujeron la autoobjetivación en un ensayo con 81 mujeres adultas (Alleva et al., 2015). No se ha medido en niños de la misma manera, pero conversaciones como “mira todo lo que pueden hacer tus piernas” van en esa línea y son baratas de probar.
- Comidas en familia, tranquilas. En 2.516 adolescentes seguidos cinco años, las chicas que cenaban en familia cinco o más veces por semana tuvieron menos conductas extremas de control de peso después (OR = 0,71); en los chicos no se vio ese efecto (Neumark-Sztainer et al., 2008). La mesa funciona cuando no se habla de dietas ni de cuerpos, y cuando nadie vigila el plato.
- Reparto de roles en la comida. Los manuales de alimentación infantil proponen que los adultos decidan qué se ofrece, cuándo y dónde, y que el niño decida cuánto comer según su hambre. No obligar a terminar el plato ni usar la comida como premio o castigo son parte del mismo enfoque (Cash y Smolak, 2011).
- Ver los medios con ojo crítico. Conversar con tu hijo sobre cómo se editan las imágenes y por qué las marcas muestran ciertos cuerpos puede ayudarle a cuestionar lo que ve. Las intervenciones de alfabetización mediática redujeron las preocupaciones por el peso y la figura en un metaanálisis de 112 estudios de prevención de trastornos alimentarios (Le et al., 2017).
Hay además un programa para padres con ensayo clínico: Confident Body, Confident Child, para padres de niños de 2 a 6 años. En un ensayo aleatorizado, el material (con o sin taller) redujo las intenciones de los padres de usar conductas que aumentan el riesgo de mala imagen corporal, y los mejores resultados fueron con taller (Hart et al., 2016). En un seguimiento exploratorio con 89 niños a los 18 meses, los hijos de los padres del programa reportaron mayor autoestima corporal (Hill et al., 2020). Es una buena señal, y todavía son pocos estudios y con niños pequeños.
Para el trabajo con los propios adolescentes, los programas de disonancia cognitiva (como el “Body Project”) y los de estilo de vida saludable son los que tienen mejor respaldo. Un metaanálisis de 15 estudios con 5.080 participantes, de 14,5 a 22,3 años de edad media, encontró que ambos tipos de programa, dirigidos a jóvenes con algún factor de riesgo, redujeron la aparición de trastornos alimentarios a futuro (Stice et al., 2021). Si tu colegio ofrece algo así, vale la pena preguntar.
Chicos, adolescentes con más peso y pubertad: ¿cambia algo?
Sí, y por eso la misma conversación no sirve igual para todos.
Los chicos y el músculo. El ideal masculino dominante es el cuerpo magro y musculoso (Karazsia et al., 2017). Si tu hijo entrena mucho, cuenta proteínas, usa suplementos o se ve “pequeño” aunque no lo sea, conviene mirar la rigidez más que el gimnasio en sí: entrenar con culpa si se salta una sesión, seguir entrenando lesionado, dietas inflexibles y ropa holgada en capas para parecer más grande son señales que los manuales asocian con la dismorfia muscular (Wilhelm et al., 2012; Phillips, 2005). Tienes más información en el artículo sobre vigorexia y dismorfia muscular y en el de ejercicio compulsivo. Entre 1.153 adolescentes de unos 14 años, el uso de Instagram y Snapchat se asociaba a más insatisfacción en los chicos solo cuando además tenían muy internalizado el ideal muscular (Vuong et al., 2021). También se subestiman los trastornos alimentarios en varones: el de la anorexia en hombres explica por qué cuesta detectarlos.
Adolescentes con más peso. Cargan el doble: los ideales de delgadez y el estigma del peso. Los estudios muestran más insatisfacción corporal en personas con obesidad que en las de peso normal (d = 0,89 en cuestionarios) (Weinberger et al., 2016), y las burlas, incluso las familiares, empeoran las conductas alimentarias y la imagen corporal (Puhl et al., 2017). Lo que protege es lo mismo que para todos, aplicado con más cuidado: hábitos de toda la familia, ningún comentario sobre su cuerpo, y las decisiones sobre su salud con el pediatra y sin culpa. En los adolescentes con sobrepeso, las conversaciones de las madres centradas solo en la alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013).
Pubertad más temprana o más tardía. Las bibliografías clínicas describen que las chicas que maduran antes se alejan antes del ideal infantil de delgadez y tienen más riesgo de insatisfacción, y que los chicos que maduran más tarde se sienten pequeños frente a sus pares y se exponen más al uso de suplementos (Cash y Smolak, 2011). No ocurre siempre, pero sirve para estar atento: un cambio de cuerpo muy distinto al del grupo merece una conversación sobre cómo lo está viviendo.
Redes sociales e imagen corporal en adolescentes: qué conviene hacer en casa
Las redes entran por la comparación. En 543 chicas estadounidenses de unos 15 años, la presión de las redes contribuía tanto al deseo de ser delgada como al de ser musculosa (Roberts et al., 2022). Las horas de uso explican poco por sí solas (el uso de tecnología digital explica como máximo el 0,4 % de la variación del bienestar adolescente, según Orben y Przybylski, 2019); importa más lo que se ve y cómo se interpreta. Ayuda hablar de cómo se producen las imágenes (luz, ángulo, edición, filtros), revisar con tu hijo qué cuentas le hacen sentir peor y silenciarlas sin dramatizar, y fijar acuerdos de uso que valgan también para los adultos.
Problemas de imagen corporal en adolescentes: señales de alarma y cuándo conviene consultar
Compararse y sentirse incómodo de vez en cuando es esperable. Estas señales, tomadas de los manuales y de las guías clínicas (Wilhelm et al., 2012; Phillips, 2005; Cash y Smolak, 2011; NICE sobre trastornos de la conducta alimentaria y NICE sobre trastorno dismórfico corporal), indican que el tema ya pasó de lo habitual:
| Señal | Qué puede estar pasando |
|---|---|
| Piensa en su cuerpo, en un “defecto” o en la comida más de una hora al día | Preocupación que ya interfiere; posible trastorno dismórfico o alimentario |
| Se salta comidas, clasifica la comida en “buena” y “mala” con rigidez, rechaza comer en familia | Restricción; posible trastorno de la conducta alimentaria |
| Va al baño justo después de comer, hay comida escondida, envoltorios o laxantes | Atracones o conductas de compensación |
| Se pesa, se mide o se pellizca muchas veces al día, o evita todos los espejos | Control corporal; puede ir con miedo a engordar o pesarse todos los días |
| Pregunta una y otra vez “¿me veo mal?” y no se queda tranquilo | Búsqueda de tranquilización |
| Pierde peso rápido, no sube como esperaba para su edad, mareos, frío constante, ciclo menstrual que se retrasa o se corta | Posible compromiso físico: necesita evaluación médica |
| Entrena de forma rígida, con culpa o lesionado; usa suplementos o sustancias para cambiar el cuerpo | Posible dismorfia muscular o ejercicio compulsivo |
| Deja de salir, de ir a la piscina, de sacarse fotos o de ir al colegio por vergüenza al cuerpo | Evitación que ya limita su vida |
El cribado SCOFF, de cinco preguntas, es un primer filtro que puedes conocer en el artículo sobre el test de trastornos alimenticios SCOFF; sirve para orientar y solo un profesional diagnostica.
Cómo proponerle ayuda sin pelear
Los manuales clínicos coinciden en cuatro cosas (Treasure et al., 2007; Wilhelm et al., 2012):
- Elige un momento tranquilo, no justo después de una discusión en la mesa ni de un episodio de angustia frente al espejo.
- Habla de lo que ves en el ánimo y en el sufrimiento (“te veo triste y tenso últimamente y me preocupa”), no de la comida ni del peso.
- Usa frases en primera persona (“me preocupa verte agotado”) en lugar de juicios (“estás obsesionado”).
- Si rechaza al psicólogo, propón primero un control con el pediatra o médico de familia, que es menos amenazante y puede hacer la evaluación física y derivar.
El papel de los padres en el tratamiento
Si hay un trastorno alimentario, los padres son parte de la solución. El tratamiento de referencia para adolescentes con anorexia, la terapia basada en la familia (FBT, también llamada método Maudsley), no busca culpables y pone a los padres a cargo de la renutrición en casa durante la primera fase, con el terapeuta como guía (Lock y Le Grange, 2012). Un metaanálisis encontró que, al final del tratamiento, la FBT no superó a la terapia individual, pero a los 6 a 12 meses de seguimiento sí fue superior (Couturier et al., 2013), aunque solo tres estudios cumplieron los criterios. Si quieres saber cómo acompañar en casa, el artículo sobre cómo ayudar a alguien con anorexia o bulimia y el de anorexia nerviosa lo detallan. Para el resto de los tratamientos de la imagen corporal, MedlinePlus y el NIMH tienen guías de información de consenso. Y si lo que ves es una baja de autoestima más general, el de cómo mejorar la autoestima y el de ansiedad en adolescentes complementan esta guía.
¿Cuándo consultar con un psicólogo?
Consulta con un psicólogo clínico si tu hijo muestra varias de las señales de la tabla, si lleva semanas sin recuperarse de un malestar con su cuerpo que le quita ánimo o le hace evitar cosas, o si tú sientes que ya no puedes hablar del tema en casa sin que se convierta en pelea. Un profesional puede evaluar si hay un trastorno alimentario o dismórfico de fondo y entrenar a la familia para acompañar sin empeorar las cosas. Si hay pérdida de peso rápida, mareos, desmayos, vómitos, laxantes o se niega a comer, pide además una evaluación médica pronto; y si se niega por completo a comer o beber, o aparecen desmayos, ve a urgencias.
Si aparecen ideas de hacerse daño o de morir, no lo dejes pasar: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi hijo adolescente se preocupe por su cuerpo?
Sí. En las chicas la imagen corporal empeora entre los 10 y los 16 años, y los chicos suelen buscar más músculo. Es una etapa de cambios y comparaciones. Pasa a ser un problema si lo domina todo el día, cambia cómo come o entrena, o lo hace evitar cosas (Lacroix et al., 2023; Mitchison et al., 2017).
¿Debo hablar de peso con mi hijo?
Evítalo, salvo que su pediatra lo indique. Las conversaciones sobre peso y tamaño se asociaron con más dieta, conductas de control de peso no saludables y atracones en adolescentes; hablar de hábitos de toda la familia (qué comemos, cómo nos movemos) no tuvo ese efecto y en adolescentes con sobrepeso se asoció con menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013).
¿Qué hago si mi hijo dice que se ve gordo?
Escucha sin discutir ni tranquilizar con “no es verdad”. Pregunta qué quiere decir, valida cómo se siente y reafirma que lo quieres tal como es. Los manuales clínicos advierten que contradecirlo o dar tranquilización repetida mantiene la duda (Treasure et al., 2007; Wilhelm et al., 2012).
¿Cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia?
Acepta su cuerpo sin condiciones, elogia lo que hace y no solo cómo se ve, evita el “fat talk” y las dietas frente a los niños, comparte comidas tranquilas y conversa sobre cómo se editan las imágenes de los medios (Tylka y Piran, 2019; Neumark-Sztainer et al., 2008; Le et al., 2017). Hay un programa para padres de niños de 2 a 6 años con ensayo clínico (Hart et al., 2016).
¿Qué señales indican que podría ser un trastorno alimentario o dismórfico?
Pensar en el cuerpo o la comida más de una hora al día, restringir o esconder comida, ir al baño tras comer, pesarse o chequearse a todas horas, entrenar con rigidez y culpa, perder peso rápido o dejar de hacer cosas por vergüenza (Wilhelm et al., 2012; NICE, 2017). Si ves varias, consulta primero con el pediatra o un psicólogo.
¿Cómo apoyar a un hijo con sobrepeso sin dañar su imagen corporal?
Evita comentar su cuerpo y las burlas, incluso las de la familia, que predicen más conductas de riesgo años después (Puhl et al., 2017). Cambia los hábitos de toda la casa, sin reglas solo para él, y deja las decisiones de salud al pediatra. Las conversaciones centradas solo en alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo en adolescentes con sobrepeso (Berge et al., 2013).
¿Quieres orientación para acompañar a tu hijo?
Si te reconociste en esta guía y no sabes cómo seguir, puedes trabajarlo con un psicólogo clínico, ya sea con tu hijo, contigo o con la familia, a partir de lo que más te preocupa. Si lo prefieres, agenda una consulta y partimos por entender qué está pasando en tu caso.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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