Etiqueta: trastornos alimentarios

  • Imagen corporal en adolescentes: guía para padres

    Imagen corporal en adolescentes: guía para padres

    Tu hija de 14 años se cambia tres veces de ropa antes de salir y vuelve a casa diciendo que “se ve horrible”. Tu hijo de 15 empezó a ir al gimnasio y ahora cuenta las proteínas del día. Y tú te preguntas si esto es la adolescencia de siempre o algo que merece atención. Esta guía sobre imagen corporal en adolescentes junta lo que la investigación muestra sobre el papel de la familia y lo traduce en cosas que se pueden decir y hacer en casa. Sirve si buscaste “imagen corporal en la adolescencia”, “cómo hablar de peso con mi hijo” o “cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia”.

    Vas a ver qué es normal en esta etapa, qué frases de los padres ayudan y cuáles empeoran las cosas aunque nazcan del cariño, cómo responder cuando tu hijo dice que se ve gordo o feo, qué se puede hacer desde la infancia y cuándo conviene consultar.

    En breve: preocuparse por el cuerpo es frecuente entre los 10 y los 16 años, y en las chicas suele ser cuando más baja la satisfacción corporal. Los comentarios sobre el peso, las burlas dentro de la familia y las dietas de los padres se asocian con más insatisfacción y más conductas alimentarias de riesgo, incluso cuando se dicen para ayudar. Lo que protege es una casa donde el cuerpo se acepta sin condiciones, donde se habla menos de kilos y más de hábitos, y donde hay comidas compartidas y tranquilas. Conviene consultar si tu hijo piensa en su cuerpo o en la comida más de una hora al día, restringe o esconde la comida, hace ejercicio de forma rígida o deja de hacer cosas por vergüenza.

    ¿Es normal la preocupación por la imagen corporal en adolescentes?

    Sí. La imagen corporal en la adolescencia suele pasar por su etapa más difícil, sobre todo en las chicas. Un metaanálisis longitudinal de 142 muestras y 128.254 personas encontró que en niñas y mujeres la imagen corporal empeora entre los 10 y los 16 años y mejora entre los 16 y los 24, con el mayor cambio entre los 10 y los 14. En niños y hombres las fluctuaciones son menores y el balance de los 10 a los 24 años es de mejoría (Lacroix et al., 2023).

    También cambia lo que cada uno desea. Un metaanálisis de tendencias mostró que ellas puntúan más alto en insatisfacción orientada a la delgadez y ellos en la orientada a la musculatura (Karazsia et al., 2017). En Chile, un estudio con 337 adolescentes de 12 a 18 años encontró el mismo patrón: las chicas tenían más insatisfacción corporal; los chicos reportaban más presión, desde todas las fuentes, para ganar músculo y más presión de sus pares para bajar de peso (Mellor et al., 2008). Un dato útil para las familias de aquí: en esa muestra no hubo diferencia entre chicos y chicas en la presión percibida de los adultos de la casa para bajar de peso. Los padres también presionan a los hijos varones, aunque sea sin querer.

    Entonces, ¿cuándo deja de ser normal? En 1.666 estudiantes de 12 a 18 años, lo que más se asociaba con malestar psicológico y conductas alimentarias de riesgo en las chicas era la preocupación excesiva por el peso y la figura, es decir, pensar mucho en ello, más que el simple descontento con el cuerpo. En los chicos pesaban parecido la sobrevaloración, la insatisfacción y la preocupación (Mitchison et al., 2017). Más abajo verás las señales concretas para reconocerlo. Si quieres entender la base del tema, el artículo sobre qué es la imagen corporal explica cómo se forma.

    ¿Cómo influyen los padres en la imagen corporal de un adolescente?

    Mucho más por lo que dicen que por lo que hacen. Una revisión de la literatura concluyó que los mensajes verbales y el estímulo activo de los padres (comentar el peso, animar a hacer dieta) pesan más sobre las preocupaciones corporales de los hijos que el simple modelado, y que tanto madres como padres son fuentes de influencia (Rodgers y Chabrol, 2009). La investigación más sólida viene del proyecto EAT, un programa de estudios en Minnesota (Estados Unidos) liderado por Neumark-Sztainer:

    HallazgoQué encontraronOjo con
    Hablar de peso en casaEn 356 chicas de unos 16 años, el 45 % dijo que su madre la animaba a hacer dieta y el 58 % reportó burlas por el peso de parte de familiares. Las burlas se asociaron con más insatisfacción corporal, conductas extremas de control de peso y atracones, y las conversaciones de peso de los padres, sobre todo de la madre, con varias conductas alimentarias de riesgo. En ningún caso se asociaron con mejores resultados (Neumark-Sztainer et al., 2010)Estudio transversal en chicas con riesgo de problemas de peso: muestra asociación, no prueba causa
    Comentarios directos sobre el peso de la hijaEn 218 parejas madre-hija: entre las hijas cuyos padres nunca comentaban su peso, el 4,2 % usaba conductas extremas de control de peso; entre las de padres que lo hacían con frecuencia, el 23,2 %. Cuando la madre hablaba de su propio cuerpo, las hijas reportaron menor autovalía y más síntomas depresivos (Bauer et al., 2013)218 parejas madre-hija, datos de la madre, transversal
    Conversar de peso o de alimentación saludableEn casi 2.800 adolescentes, tanto madres como padres que hablaban del peso o la talla tenían hijos con más dieta, más conductas de control de peso no saludables y más atracones. En adolescentes con sobrepeso, las madres que hablaban solo de alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013)Transversal; no se puede saber si los padres hablan más porque los hijos ya tienen el problema
    Burlas durante la adolescenciaUn seguimiento de 15 años con 1.830 personas mostró que las burlas por el peso en la adolescencia, de pares y de familia, predijeron en las mujeres más atracones, más conductas de control de peso no saludables y peor imagen corporal en la adultez. En los hombres hubo menos asociaciones, y en el peso corporal solo las burlas de los pares (Puhl et al., 2017)Muestra de Minnesota; el efecto fue más marcado en mujeres

    Dos matices para que no te lleves culpa que no corresponde. Primero, estos estudios miden asociaciones y casi todos son estadounidenses, así que no demuestran que un comentario provoque un trastorno. Los trastornos alimentarios tienen varias causas. Segundo, que lo digan los padres “para ayudar” cambia poco el efecto: los propios autores de EAT señalan que comentarios que se hacen con buena intención pueden tener consecuencias dañinas sin que nadie lo note (Neumark-Sztainer et al., 2010). Lo bueno es que son cosas que se pueden cambiar hoy.

    Un metaanálisis sobre burlas encontró que las que tratan del peso y la apariencia se asociaron con insatisfacción corporal (r = 0,39 las de peso), restricción alimentaria (r = 0,35) y conductas bulímicas (r = 0,36) (Menzel et al., 2010). Y en 375 niños de 10 a 15 años, los que escuchaban comentarios negativos sobre el peso en la familia “a menudo” tenían una internalización del estigma del peso un 48 % mayor que los que nunca los escuchaban (Rancaño et al., 2024). Si en tu casa hay hermanos, ojo con los apodos y las “bromas”: la bibliografía clínica del campo describe las burlas de hermanos como una fuente frecuente y duradera de insatisfacción corporal (Cash y Smolak, 2011).

    ¿Cómo hablar de peso con mi hijo adolescente? Qué decir y qué evitar

    La regla que mejor resume la evidencia es hablar menos de peso y más de hábitos y de la persona. Si tu hijo tiene un problema de salud, eso lo ve el pediatra. En casa, las conversaciones sobre cuerpo, kilos y dietas se asociaron con más conductas alimentarias de riesgo, mientras que las que giraban en torno a cómo come y se mueve la familia entera no mostraron ese efecto (Berge et al., 2013).

    En vez de decir…Prueba con…Por qué
    “Estás subiendo de peso, cuídate”Nada sobre su peso. Si hay un tema de salud, que lo vea el pediatra y las metas sean de la familia (“esta semana caminemos juntos”)Los comentarios sobre peso se asociaron con más dieta y atracones (Berge et al., 2013; Neumark-Sztainer et al., 2010)
    “Qué flaca estás, qué linda” o “qué grande te estás poniendo”“Me gusta verte tan metida en tu banda” o “qué bien tocas”Los elogios centrados en la apariencia refuerzan la vigilancia corporal; se recomienda elogiar cualidades internas y logros (Tylka y Piran, 2019)
    “Tengo que bajar los kilos de las fiestas” o “me veo gordísima”Evitar el “fat talk” en voz alta, tuyo y de los demásLos hijos aprenden a mirar el cuerpo mirando cómo lo miran los adultos (Tylka y Piran, 2019); lo que la madre dice de su propio cuerpo se asoció con menor autovalía en las hijas (Bauer et al., 2013)
    “Ya no te sirvas más, que engordas”Ofrecer comida variada a ciertas horas y dejar que decida cuánto comerControlar o restringir porciones en la infancia aumenta el riesgo de conductas alteradas más tarde, según los manuales (Cash y Smolak, 2011)
    Apodos y bromas (“gordito”, “palito”)Cero bromas, de los padres y de los hermanosLas burlas familiares predicen insatisfacción y conductas de riesgo (Menzel et al., 2010; Puhl et al., 2017)

    Una cosa más: dentro de lo posible, que las reglas de la casa valgan para todos. Si no quieres que tu hijo tome bebidas azucaradas todos los días, que no las compre nadie en esa casa, en lugar de una regla solo para él. Esta es una recomendación de sentido común y de consenso de las guías para familias, y no hay estudios que midan esa regla por separado.

    Si tu hijo dice “me veo gordo” o “soy feo”

    Es el momento en que casi todos los padres reaccionan igual: “¡Pero qué dices, si estás hermosa!”. Nace del cariño y no ayuda. Los manuales clínicos coinciden en que tranquilizar sobre el aspecto da un alivio de unos minutos, mantiene la duda y enseña a depender de la respuesta ajena (Treasure et al., 2007; Phillips, 2005). Discutir con argumentos o corregir con detalles (“tus piernas son delgadas”) tampoco funciona: fija la atención en el cuerpo como el problema y puede abrir nuevas partes para mirarse (Wilhelm et al., 2012).

    Lo que sí recomiendan esos mismos manuales:

    1. Escucha primero. Pregúntale qué quiere decir con “gordo” o “feo” y cuándo empezó a sentirse así. Sin corregir.
    2. Responde a la emoción de fondo. “Suena a que hoy te sientes muy mal con tu cuerpo. Debe ser agotador” mueve la conversación desde el espejo hacia lo que le pasa por dentro (Treasure et al., 2007).
    3. Nombra el pensamiento como un pensamiento. “Ese pensamiento aparece cuando estás angustiado” ayuda a separar a tu hijo de su autocrítica sin discutir sobre su cuerpo.
    4. Refuerza el vínculo. Dile que tu cariño no depende de cómo se ve hoy.
    5. No entres en el ciclo de tranquilizar. Si pregunta una y otra vez “¿me veo mal?”, responde una vez con calma y cambia de tema, o ayúdalo a notar la pregunta como parte de la angustia (Wilhelm et al., 2012).

    Si lo que te cuenta tiene que ver con burlas en el colegio o en redes, el artículo sobre bullying por apariencia física tiene pasos concretos. Y si el malestar con el cuerpo viene con tristeza o encierro, mira depresión en adolescentes.

    Cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia

    La prevención empieza antes de la adolescencia, y la evidencia directa de qué hacer con niños pequeños es más escasa que la de los adolescentes. Estas son las ideas mejor respaldadas:

    • Aceptación incondicional del cuerpo. Según los capítulos del manual de Tylka y Piran (2019), que el niño perciba que su familia acepta su cuerpo como es, sin pedirle cambios, es uno de los factores protectores más sólidos de una imagen corporal positiva. Se traduce en minimizar los comentarios sobre apariencia (también los elogios) y valorar la amabilidad, la creatividad, la perseverancia.
    • Hablar de lo que el cuerpo hace. Los programas que entrenan a poner el foco en la funcionalidad del cuerpo (lo que permite hacer, sentir y expresar) mejoraron la satisfacción y redujeron la autoobjetivación en un ensayo con 81 mujeres adultas (Alleva et al., 2015). No se ha medido en niños de la misma manera, pero conversaciones como “mira todo lo que pueden hacer tus piernas” van en esa línea y son baratas de probar.
    • Comidas en familia, tranquilas. En 2.516 adolescentes seguidos cinco años, las chicas que cenaban en familia cinco o más veces por semana tuvieron menos conductas extremas de control de peso después (OR = 0,71); en los chicos no se vio ese efecto (Neumark-Sztainer et al., 2008). La mesa funciona cuando no se habla de dietas ni de cuerpos, y cuando nadie vigila el plato.
    • Reparto de roles en la comida. Los manuales de alimentación infantil proponen que los adultos decidan qué se ofrece, cuándo y dónde, y que el niño decida cuánto comer según su hambre. No obligar a terminar el plato ni usar la comida como premio o castigo son parte del mismo enfoque (Cash y Smolak, 2011).
    • Ver los medios con ojo crítico. Conversar con tu hijo sobre cómo se editan las imágenes y por qué las marcas muestran ciertos cuerpos puede ayudarle a cuestionar lo que ve. Las intervenciones de alfabetización mediática redujeron las preocupaciones por el peso y la figura en un metaanálisis de 112 estudios de prevención de trastornos alimentarios (Le et al., 2017).

    Hay además un programa para padres con ensayo clínico: Confident Body, Confident Child, para padres de niños de 2 a 6 años. En un ensayo aleatorizado, el material (con o sin taller) redujo las intenciones de los padres de usar conductas que aumentan el riesgo de mala imagen corporal, y los mejores resultados fueron con taller (Hart et al., 2016). En un seguimiento exploratorio con 89 niños a los 18 meses, los hijos de los padres del programa reportaron mayor autoestima corporal (Hill et al., 2020). Es una buena señal, y todavía son pocos estudios y con niños pequeños.

    Para el trabajo con los propios adolescentes, los programas de disonancia cognitiva (como el “Body Project”) y los de estilo de vida saludable son los que tienen mejor respaldo. Un metaanálisis de 15 estudios con 5.080 participantes, de 14,5 a 22,3 años de edad media, encontró que ambos tipos de programa, dirigidos a jóvenes con algún factor de riesgo, redujeron la aparición de trastornos alimentarios a futuro (Stice et al., 2021). Si tu colegio ofrece algo así, vale la pena preguntar.

    Chicos, adolescentes con más peso y pubertad: ¿cambia algo?

    Sí, y por eso la misma conversación no sirve igual para todos.

    Los chicos y el músculo. El ideal masculino dominante es el cuerpo magro y musculoso (Karazsia et al., 2017). Si tu hijo entrena mucho, cuenta proteínas, usa suplementos o se ve “pequeño” aunque no lo sea, conviene mirar la rigidez más que el gimnasio en sí: entrenar con culpa si se salta una sesión, seguir entrenando lesionado, dietas inflexibles y ropa holgada en capas para parecer más grande son señales que los manuales asocian con la dismorfia muscular (Wilhelm et al., 2012; Phillips, 2005). Tienes más información en el artículo sobre vigorexia y dismorfia muscular y en el de ejercicio compulsivo. Entre 1.153 adolescentes de unos 14 años, el uso de Instagram y Snapchat se asociaba a más insatisfacción en los chicos solo cuando además tenían muy internalizado el ideal muscular (Vuong et al., 2021). También se subestiman los trastornos alimentarios en varones: el de la anorexia en hombres explica por qué cuesta detectarlos.

    Adolescentes con más peso. Cargan el doble: los ideales de delgadez y el estigma del peso. Los estudios muestran más insatisfacción corporal en personas con obesidad que en las de peso normal (d = 0,89 en cuestionarios) (Weinberger et al., 2016), y las burlas, incluso las familiares, empeoran las conductas alimentarias y la imagen corporal (Puhl et al., 2017). Lo que protege es lo mismo que para todos, aplicado con más cuidado: hábitos de toda la familia, ningún comentario sobre su cuerpo, y las decisiones sobre su salud con el pediatra y sin culpa. En los adolescentes con sobrepeso, las conversaciones de las madres centradas solo en la alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013).

    Pubertad más temprana o más tardía. Las bibliografías clínicas describen que las chicas que maduran antes se alejan antes del ideal infantil de delgadez y tienen más riesgo de insatisfacción, y que los chicos que maduran más tarde se sienten pequeños frente a sus pares y se exponen más al uso de suplementos (Cash y Smolak, 2011). No ocurre siempre, pero sirve para estar atento: un cambio de cuerpo muy distinto al del grupo merece una conversación sobre cómo lo está viviendo.

    Redes sociales e imagen corporal en adolescentes: qué conviene hacer en casa

    Las redes entran por la comparación. En 543 chicas estadounidenses de unos 15 años, la presión de las redes contribuía tanto al deseo de ser delgada como al de ser musculosa (Roberts et al., 2022). Las horas de uso explican poco por sí solas (el uso de tecnología digital explica como máximo el 0,4 % de la variación del bienestar adolescente, según Orben y Przybylski, 2019); importa más lo que se ve y cómo se interpreta. Ayuda hablar de cómo se producen las imágenes (luz, ángulo, edición, filtros), revisar con tu hijo qué cuentas le hacen sentir peor y silenciarlas sin dramatizar, y fijar acuerdos de uso que valgan también para los adultos.

    Problemas de imagen corporal en adolescentes: señales de alarma y cuándo conviene consultar

    Compararse y sentirse incómodo de vez en cuando es esperable. Estas señales, tomadas de los manuales y de las guías clínicas (Wilhelm et al., 2012; Phillips, 2005; Cash y Smolak, 2011; NICE sobre trastornos de la conducta alimentaria y NICE sobre trastorno dismórfico corporal), indican que el tema ya pasó de lo habitual:

    SeñalQué puede estar pasando
    Piensa en su cuerpo, en un “defecto” o en la comida más de una hora al díaPreocupación que ya interfiere; posible trastorno dismórfico o alimentario
    Se salta comidas, clasifica la comida en “buena” y “mala” con rigidez, rechaza comer en familiaRestricción; posible trastorno de la conducta alimentaria
    Va al baño justo después de comer, hay comida escondida, envoltorios o laxantesAtracones o conductas de compensación
    Se pesa, se mide o se pellizca muchas veces al día, o evita todos los espejosControl corporal; puede ir con miedo a engordar o pesarse todos los días
    Pregunta una y otra vez “¿me veo mal?” y no se queda tranquiloBúsqueda de tranquilización
    Pierde peso rápido, no sube como esperaba para su edad, mareos, frío constante, ciclo menstrual que se retrasa o se cortaPosible compromiso físico: necesita evaluación médica
    Entrena de forma rígida, con culpa o lesionado; usa suplementos o sustancias para cambiar el cuerpoPosible dismorfia muscular o ejercicio compulsivo
    Deja de salir, de ir a la piscina, de sacarse fotos o de ir al colegio por vergüenza al cuerpoEvitación que ya limita su vida

    El cribado SCOFF, de cinco preguntas, es un primer filtro que puedes conocer en el artículo sobre el test de trastornos alimenticios SCOFF; sirve para orientar y solo un profesional diagnostica.

    Cómo proponerle ayuda sin pelear

    Los manuales clínicos coinciden en cuatro cosas (Treasure et al., 2007; Wilhelm et al., 2012):

    • Elige un momento tranquilo, no justo después de una discusión en la mesa ni de un episodio de angustia frente al espejo.
    • Habla de lo que ves en el ánimo y en el sufrimiento (“te veo triste y tenso últimamente y me preocupa”), no de la comida ni del peso.
    • Usa frases en primera persona (“me preocupa verte agotado”) en lugar de juicios (“estás obsesionado”).
    • Si rechaza al psicólogo, propón primero un control con el pediatra o médico de familia, que es menos amenazante y puede hacer la evaluación física y derivar.

    El papel de los padres en el tratamiento

    Si hay un trastorno alimentario, los padres son parte de la solución. El tratamiento de referencia para adolescentes con anorexia, la terapia basada en la familia (FBT, también llamada método Maudsley), no busca culpables y pone a los padres a cargo de la renutrición en casa durante la primera fase, con el terapeuta como guía (Lock y Le Grange, 2012). Un metaanálisis encontró que, al final del tratamiento, la FBT no superó a la terapia individual, pero a los 6 a 12 meses de seguimiento sí fue superior (Couturier et al., 2013), aunque solo tres estudios cumplieron los criterios. Si quieres saber cómo acompañar en casa, el artículo sobre cómo ayudar a alguien con anorexia o bulimia y el de anorexia nerviosa lo detallan. Para el resto de los tratamientos de la imagen corporal, MedlinePlus y el NIMH tienen guías de información de consenso. Y si lo que ves es una baja de autoestima más general, el de cómo mejorar la autoestima y el de ansiedad en adolescentes complementan esta guía.

    ¿Cuándo consultar con un psicólogo?

    Consulta con un psicólogo clínico si tu hijo muestra varias de las señales de la tabla, si lleva semanas sin recuperarse de un malestar con su cuerpo que le quita ánimo o le hace evitar cosas, o si tú sientes que ya no puedes hablar del tema en casa sin que se convierta en pelea. Un profesional puede evaluar si hay un trastorno alimentario o dismórfico de fondo y entrenar a la familia para acompañar sin empeorar las cosas. Si hay pérdida de peso rápida, mareos, desmayos, vómitos, laxantes o se niega a comer, pide además una evaluación médica pronto; y si se niega por completo a comer o beber, o aparecen desmayos, ve a urgencias.

    Si aparecen ideas de hacerse daño o de morir, no lo dejes pasar: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que mi hijo adolescente se preocupe por su cuerpo?

    Sí. En las chicas la imagen corporal empeora entre los 10 y los 16 años, y los chicos suelen buscar más músculo. Es una etapa de cambios y comparaciones. Pasa a ser un problema si lo domina todo el día, cambia cómo come o entrena, o lo hace evitar cosas (Lacroix et al., 2023; Mitchison et al., 2017).

    ¿Debo hablar de peso con mi hijo?

    Evítalo, salvo que su pediatra lo indique. Las conversaciones sobre peso y tamaño se asociaron con más dieta, conductas de control de peso no saludables y atracones en adolescentes; hablar de hábitos de toda la familia (qué comemos, cómo nos movemos) no tuvo ese efecto y en adolescentes con sobrepeso se asoció con menos conductas de riesgo (Berge et al., 2013).

    ¿Qué hago si mi hijo dice que se ve gordo?

    Escucha sin discutir ni tranquilizar con “no es verdad”. Pregunta qué quiere decir, valida cómo se siente y reafirma que lo quieres tal como es. Los manuales clínicos advierten que contradecirlo o dar tranquilización repetida mantiene la duda (Treasure et al., 2007; Wilhelm et al., 2012).

    ¿Cómo promover una imagen corporal positiva desde la infancia?

    Acepta su cuerpo sin condiciones, elogia lo que hace y no solo cómo se ve, evita el “fat talk” y las dietas frente a los niños, comparte comidas tranquilas y conversa sobre cómo se editan las imágenes de los medios (Tylka y Piran, 2019; Neumark-Sztainer et al., 2008; Le et al., 2017). Hay un programa para padres de niños de 2 a 6 años con ensayo clínico (Hart et al., 2016).

    ¿Qué señales indican que podría ser un trastorno alimentario o dismórfico?

    Pensar en el cuerpo o la comida más de una hora al día, restringir o esconder comida, ir al baño tras comer, pesarse o chequearse a todas horas, entrenar con rigidez y culpa, perder peso rápido o dejar de hacer cosas por vergüenza (Wilhelm et al., 2012; NICE, 2017). Si ves varias, consulta primero con el pediatra o un psicólogo.

    ¿Cómo apoyar a un hijo con sobrepeso sin dañar su imagen corporal?

    Evita comentar su cuerpo y las burlas, incluso las de la familia, que predicen más conductas de riesgo años después (Puhl et al., 2017). Cambia los hábitos de toda la casa, sin reglas solo para él, y deja las decisiones de salud al pediatra. Las conversaciones centradas solo en alimentación saludable se asociaron con menos dieta y menos conductas de riesgo en adolescentes con sobrepeso (Berge et al., 2013).

    ¿Quieres orientación para acompañar a tu hijo?

    Si te reconociste en esta guía y no sabes cómo seguir, puedes trabajarlo con un psicólogo clínico, ya sea con tu hijo, contigo o con la familia, a partir de lo que más te preocupa. Si lo prefieres, agenda una consulta y partimos por entender qué está pasando en tu caso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Alleva, J. M., Martijn, C., Van Breukelen, G. J. P., Jansen, A., & Karos, K. (2015). Expand Your Horizon: A programme that improves body image and reduces self-objectification by training women to focus on body functionality. Body Image, 15, 81-89. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2015.07.001
    • Bauer, K. W., Bucchianeri, M. M., & Neumark-Sztainer, D. (2013). Mother-reported parental weight talk and adolescent girls’ emotional health, weight control attempts, and disordered eating behaviors. Journal of Eating Disorders, 1(1), Artículo 45. https://doi.org/10.1186/2050-2974-1-45
    • Berge, J. M., MacLehose, R., Loth, K. A., Eisenberg, M., Bucchianeri, M. M., & Neumark-Sztainer, D. (2013). Parent conversations about healthful eating and weight: Associations with adolescent disordered eating behaviors. JAMA Pediatrics, 167(8), 746-753. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2013.78
    • Cash, T. F., & Smolak, L. (Eds.). (2011). Body image: A handbook of science, practice, and prevention (2.ª ed.). The Guilford Press.
    • Couturier, J., Kimber, M., & Szatmari, P. (2013). Efficacy of family-based treatment for adolescents with eating disorders: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Eating Disorders, 46(1), 3-11. https://doi.org/10.1002/eat.22042
    • Hart, L. M., Damiano, S. R., & Paxton, S. J. (2016). Confident body, confident child: A randomized controlled trial evaluation of a parenting resource for promoting healthy body image and eating patterns in 2- to 6-year old children. International Journal of Eating Disorders, 49(5), 458-472. https://doi.org/10.1002/eat.22494
    • Hill, K. E., Hart, L. M., & Paxton, S. J. (2020). Confident Body, Confident Child: Outcomes for children of parents receiving a universal parenting program to promote healthful eating patterns and positive body image in their pre-schoolers: An exploratory RCT extension. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(3), 891. https://doi.org/10.3390/ijerph17030891
    • Karazsia, B. T., Murnen, S. K., & Tylka, T. L. (2017). Is body dissatisfaction changing across time? A cross-temporal meta-analysis. Psychological Bulletin, 143(3), 293-320. https://doi.org/10.1037/bul0000081
    • Lacroix, E., Smith, A. J., Husain, I. A., Orth, U., & von Ranson, K. M. (2023). Normative body image development: A longitudinal meta-analysis of mean-level change. Body Image, 45, 238-264. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2023.03.003
    • Le, L. K.-D., Barendregt, J. J., Hay, P., & Mihalopoulos, C. (2017). Prevention of eating disorders: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 53, 46-58. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.02.001
    • Lock, J., & Le Grange, D. (2012). Treatment manual for anorexia nervosa: A family-based approach (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Mellor, D., McCabe, M., Ricciardelli, L., & Merino, M. E. (2008). Body dissatisfaction and body change behaviors in Chile: The role of sociocultural factors. Body Image, 5(2), 205-215. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2008.01.004
    • Menzel, J. E., Schaefer, L. M., Burke, N. L., Mayhew, L. L., Brannick, M. T., & Thompson, J. K. (2010). Appearance-related teasing, body dissatisfaction, and disordered eating: A meta-analysis. Body Image, 7(4), 261-270. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2010.05.004
    • Mitchison, D., Hay, P., Griffiths, S., Murray, S. B., Bentley, C., Gratwick-Sarll, K., Harrison, C., & Mond, J. (2017). Disentangling body image: The relative associations of overvaluation, dissatisfaction, and preoccupation with psychological distress and eating disorder behaviors in male and female adolescents. International Journal of Eating Disorders, 50(2), 118-126. https://doi.org/10.1002/eat.22592
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2005). Obsessive-compulsive disorder and body dysmorphic disorder: Treatment (Clinical guideline CG31). https://www.nice.org.uk/guidance/cg31
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
    • Neumark-Sztainer, D., Bauer, K. W., Friend, S., Hannan, P. J., Story, M., & Berge, J. M. (2010). Family weight talk and dieting: How much do they matter for body dissatisfaction and disordered eating behaviors in adolescent girls? Journal of Adolescent Health, 47(3), 270-276. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2010.02.001
    • Neumark-Sztainer, D., Eisenberg, M. E., Fulkerson, J. A., Story, M., & Larson, N. I. (2008). Family meals and disordered eating in adolescents: Longitudinal findings from Project EAT. Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, 162(1), 17-22. https://doi.org/10.1001/archpediatrics.2007.9
    • Orben, A., & Przybylski, A. K. (2019). The association between adolescent well-being and digital technology use. Nature Human Behaviour, 3(2), 173-182. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0506-1
    • Phillips, K. A. (2005). The broken mirror: Understanding and treating body dysmorphic disorder (ed. rev. y ampliada). Oxford University Press.
    • Puhl, R. M., Wall, M. M., Chen, C., Bryn Austin, S., Eisenberg, M. E., & Neumark-Sztainer, D. (2017). Experiences of weight teasing in adolescence and weight-related outcomes in adulthood: A 15-year longitudinal study. Preventive Medicine, 100, 173-179. https://doi.org/10.1016/j.ypmed.2017.04.023
    • Rancaño, K. M., Puhl, R., Skeer, M., Eliasziw, M., & Must, A. (2024). Negative familial weight talk and weight bias internalization in a US sample of children and adolescents. Pediatric Obesity, 19(5), Artículo e13108. https://doi.org/10.1111/ijpo.13108
    • Rodgers, R., & Chabrol, H. (2009). Parental attitudes, body image disturbance and disordered eating amongst adolescents and young adults: A review. European Eating Disorders Review, 17(2), 137-151. https://doi.org/10.1002/erv.907
    • Roberts, S. R., Maheux, A. J., Hunt, R. A., Ladd, B. A., & Choukas-Bradley, S. (2022). Incorporating social media and muscular ideal internalization into the tripartite influence model of body image: Towards a modern understanding of adolescent girls’ body dissatisfaction. Body Image, 41, 239-247. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2022.03.002
    • Stice, E., Onipede, Z. A., & Marti, C. N. (2021). A meta-analytic review of trials that tested whether eating disorder prevention programs prevent eating disorder onset. Clinical Psychology Review, 87, Artículo 102046. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2021.102046
    • Treasure, J., Smith, G., & Crane, A. (2007). Skills-based learning for caring for a loved one with an eating disorder: The new Maudsley method. Routledge.
    • Tylka, T. L., & Piran, N. (Eds.). (2019). Handbook of positive body image and embodiment: Constructs, protective factors, and interventions. Oxford University Press.
    • Vuong, A. T., Jarman, H. K., Doley, J. R., & McLean, S. A. (2021). Social media use and body dissatisfaction in adolescents: The moderating role of thin- and muscular-ideal internalisation. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(24), 13222. https://doi.org/10.3390/ijerph182413222
    • Weinberger, N. A., Kersting, A., Riedel-Heller, S. G., & Luck-Sikorski, C. (2016). Body dissatisfaction in individuals with obesity compared to normal-weight individuals: A systematic review and meta-analysis. Obesity Facts, 9(6), 424-441. https://doi.org/10.1159/000454837
    • Wilhelm, S., Phillips, K. A., & Steketee, G. (2012). Cognitive-behavioral therapy for body dysmorphic disorder: A treatment manual. The Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Me veo gorda pero estoy delgada: qué es la distorsión de la imagen corporal

    Me veo gorda pero estoy delgada: qué es la distorsión de la imagen corporal

    Te pruebas unos jeans que siempre te quedaron bien, o te miras en el espejo de un probador, y la conclusión llega sola: estás gorda. Sin embargo, la talla es la misma, la balanza no se movió y quienes te rodean te ven delgada. Si buscaste “me veo gorda pero estoy delgada”, “me veo gorda y no lo estoy” o “me veo gordo pero estoy flaco”, lo que describes tiene nombre (se llama distorsión de la imagen corporal) y tiene explicaciones bastante precisas.

    Esta guía separa dos cosas que suelen mezclarse (cómo estimas el tamaño de tu cuerpo y cómo te sientes con él), explica por qué “sentirse gorda” cambia de un momento a otro, resume lo que dice la investigación (con datos de Chile), te ayuda a distinguir una incomodidad común de una señal que conviene consultar y propone qué hacer. Si llegaste buscando un test de distorsión de la imagen corporal, más abajo explico por qué no existe uno que puedas hacerte solo y qué opciones sí sirven.

    En breve: en muchas personas lo que se altera es la lectura emocional del cuerpo, y la vista sigue funcionando. “Gorda” no es una emoción, es una descripción física, y la mente la usa para nombrar otras cosas: tristeza, hinchazón, ropa apretada, culpa. Solo en algunos trastornos alimentarios y en el trastorno dismórfico corporal se distorsiona además la estimación del tamaño. Conviene consultar si piensas en tu cuerpo una hora o más al día, si controlas tu peso o tu cuerpo de forma repetida, si restringes comida o si esto limita tu vida.

    ¿Por qué me veo gorda pero estoy delgada?

    Porque “verse” de cierto tamaño tiene dos partes que no siempre coinciden: la estimación del tamaño real del cuerpo y la valoración emocional de ese cuerpo. Con frecuencia lo que se altera es la segunda. “Sentirse gorda” suele ser una emoción o una sensación (tristeza, hinchazón, ropa ajustada) que la mente traduce como “estoy gorda”. Solo en algunos trastornos falla también la estimación del tamaño.

    La distinción importa porque cada parte tiene una causa distinta y un camino distinto para cambiarla. Vamos con la primera.

    Dos cosas distintas: medir el cuerpo y valorarlo

    Los manuales de imagen corporal separan dos componentes (Cash y Smolak, 2011):

    Componente perceptivoComponente actitudinal
    Qué esCuánto espacio calculas que ocupa tu cuerpoQué piensas y sientes sobre tu cuerpo
    EjemploElegir en una imagen un cuerpo más ancho que el tuyoPensar “estoy enorme” aunque conozcas tu talla y tu peso
    Qué lo mueveCómo procesas la imagen y qué crees de tiCuánto pesa la apariencia en tu valor personal, tu ánimo, las comparaciones
    Cómo se evalúaTareas con imágenes o medidas, sobre todo en investigación y consultaCuestionarios y entrevista clínica

    Con técnicas de laboratorio que separan la sensibilidad visual del criterio para responder, Gardner (2011) resume que las personas con anorexia no distinguen peor los tamaños. Cuando hay duda, tienden a juzgar su propio cuerpo como “demasiado ancho”. Es un sesgo de juicio guiado por creencias, y la vista funciona bien.

    Cash y Smolak (2011) describen la parte actitudinal con dos ideas. La primera es la evaluación: cuán satisfecha o insatisfecha estás con tu cuerpo. La segunda es la inversión: cuánto de tu valor como persona depende de cómo te ves. Mientras más peso tiene la apariencia en tu idea de ti misma, más fácil es que un malestar cualquiera se traduzca en “estoy gorda”.

    “Sentirse gorda” no mide tu cuerpo, nombra otra cosa

    Fairburn (2008) lo plantea con claridad: “gordo” no es una emoción, es un estado físico. Por eso, cuando alguien dice “me siento gorda”, muchas veces está nombrando otra experiencia. La grasa corporal no cambia en unas horas, pero la sensación de ser gorda puede subir y bajar varias veces en un mismo día. Si el cuerpo está igual y la sensación cambia, la sensación está hablando de otra cosa.

    Según los manuales de Fairburn (2008) y Cash (2008), lo que suele disparar ese “me siento gorda” cae en tres grupos:

    • Estados de ánimo: tristeza, soledad, aburrimiento, culpa, estrés o cansancio.
    • Sensaciones del cuerpo: estómago lleno o hinchado, retención de líquidos antes de la menstruación, calor, la ropa que aprieta.
    • Cosas que haces: mirarte de muy cerca, pellizcarte, compararte con alguien más delgada o comer algo que consideras “prohibido”.

    La investigación apunta en la misma dirección. En entrevistas con 16 mujeres con anorexia, 15 que hacían dieta y 17 que no, sentirse gorda fue frecuente en los tres grupos y venía acompañado de malestar, emociones negativas, sensaciones corporales, imágenes mentales y creencias negativas sobre una misma. En las mujeres con anorexia, además, se sentía con más intensidad y se vinculaba a restringir la comida (Cooper et al., 2007). Entre 168 personas con trastorno alimentario, la depresión predijo sentirse gorda por encima de otras emociones (Levinson et al., 2020). Dicho de otro modo, un estado de ánimo bajo puede vestirse de “estoy gorda”.

    Eso no le quita gravedad al síntoma. En 123 personas con anorexia y 51 con bulimia, sentirse gorda predijo más restricción y más preocupación por la comida, incluso descontando la sobrevaloración del peso y la figura y los síntomas depresivos (Linardon et al., 2018). Sentirse gorda es un síntoma que merece atención y no una opinión sobre tu cuerpo.

    ¿Se puede sobreestimar de verdad el tamaño del cuerpo?

    Sí, y está bien medido en los trastornos alimentarios. Un metaanálisis de 42 estudios, con 926 personas con anorexia, 536 con bulimia y 1.920 controles, encontró que quienes tienen anorexia o bulimia sobreestiman el tamaño de su cuerpo más que los controles (tamaño del efecto de 0,63). La diferencia fue mayor con métodos métricos, que miden el cuerpo con medidas espaciales directas o indirectas, que con métodos que piden evaluar imágenes distorsionadas, y mayor en bulimia que en anorexia (Mölbert et al., 2017).

    En personas sin trastorno alimentario la evidencia es menos unánime. Los manuales describen sobreestimaciones frecuentes en la población general (Gardner, 2011). En cambio, un estudio con avatares 3D de 15 mujeres con síntomas de anorexia y 15 controles halló que las controles estimaban su tamaño con precisión sin importar su IMC, mientras que las mujeres en tratamiento por anorexia sobreestimaban, y más mientras mayor era su IMC (Cornelissen et al., 2017). Son muestras muy pequeñas. En una muestra mucho mayor y de otro tipo, 514 adultos de Brasil de 33 a 79 años, el 82,6 % de las mujeres y el 58,6 % de los hombres sobreestimaron el tamaño de su cuerpo al elegir una silueta, y cerca de una de cada tres mujeres (32,6 %) que estaba insatisfecha por exceso de peso no tenía exceso de adiposidad medida con DXA (Cabral et al., 2024). Es un estudio transversal, con una escala de siluetas propia de Brasil, pero muestra que sobreestimarse y querer pesar menos es muy común fuera de los trastornos alimentarios.

    Con esto se puede decir qué es lo habitual en los trastornos, pero no cuánto de tu “me veo gorda” es percepción y cuánto es emoción. Esa pregunta solo se contesta evaluándote con un profesional, y por eso no hay un test casero confiable para distinguirlo. Para orientarte sobre trastornos alimentarios hay un cuestionario breve de cribado, que puedes revisar en la guía del test SCOFF.

    ¿Qué tan común es y qué pasa en Chile?

    El malestar con el cuerpo es muy frecuente. En una muestra de 1.438 estudiantes de 14 a 25 años de tres regiones de Chile, el 65 % dijo que le gustaría pesar menos, y las mujeres mostraron más preocupación por la apariencia y el peso y más obsesión por la delgadez que los hombres (Cruzat-Mandich et al., 2016).

    Verse distinto de lo que se es tiene otra cara en el país. Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, con 5.483 personas, encontró poca concordancia entre el peso que las personas creían tener y el que indicaba su IMC, y entre las personas con distorsión predominó la subestimación del peso (Vidal et al., 2022). Dicho simple, en Chile mucha gente con exceso de peso se ve más delgada de lo que es. Lo que tú describes es la dirección contraria, y ambas son distorsiones de la imagen corporal.

    Sentirse incómoda con el cuerpo no equivale a tener un trastorno alimentario. En población general, una revisión de 33 estudios estimó que la anorexia afecta a un 0,16 % de las personas a lo largo de la vida, la bulimia a un 0,63 % y el trastorno por atracón a un 1,53 %, con la advertencia de que podrían estar subestimados (Qian et al., 2022). Eso explica que verse gorda sin estarlo sea mucho más común que tener anorexia.

    En la adolescencia pesa más lo que uno cree de su cuerpo que el cuerpo mismo. En una encuesta con 1.923 niños de 9 y 10 años y 3.841 de 12 y 13 años de Róterdam, entre los de 12 y 13 la percepción del propio peso se asoció con los indicadores de salud mental mejor que el peso medido (Jansen et al., 2008). Sentirse con sobrepeso importaba más que tenerlo.

    ¿Y si eres hombre y te ves flaco o pequeño?

    Les pasa igual, aunque suele tomar otra forma. En un metaanálisis transtemporal, las mujeres puntuaron más alto en insatisfacción orientada a la delgadez y los hombres, en insatisfacción orientada a la musculatura (Karazsia et al., 2017). El manual de Cash y Smolak (2011) explica que mientras las mujeres se socializan bajo el ideal de delgadez, los hombres lo hacen bajo el ideal de un cuerpo magro y musculoso. Por eso un hombre puede verse “flaco” o “chico” aunque tenga un cuerpo promedio o más desarrollado. Cuando esa preocupación se vuelve obsesiva y dirige la vida, se llama dismorfia muscular, y la guía de vigorexia la explica en detalle.

    ¿Incomodidad común o señal de un trastorno?

    Verse gorda de vez en cuando, sobre todo en un mal día, es una experiencia común. Cash y Smolak (2011) hablan de un “descontento normativo” con el cuerpo, tan extendido que por sí solo no es un trastorno. Esta tabla resume en qué momento la cosa cambia, según Fairburn (2008), Wilhelm et al. (2012) y las guías NICE:

    AspectoIncomodidad comúnConviene consultar
    TiempoPasa en un rato y la olvidasEl cuerpo, la comida o la apariencia ocupan una hora o más al día de tus pensamientos
    ComidaComes con normalidad aunque ese día te sientas malSaltas comidas, recortas porciones, eliminas grupos de alimentos, hay atracones, vómitos, laxantes o ejercicio para “compensar”
    ChequeoTe miras para arreglarte y siguesTe miras muy de cerca, te pellizcas, te mides con cinta o te pesas varias veces al día (o no te pesas nunca por pánico)
    Camuflaje y evitaciónEliges ropa que te acomodaTe vistes en capas o con ropa muy holgada, evitas playas, fotos y reuniones
    CuerpoSin cambiosPérdida de peso rápida, pérdida de la menstruación, frío constante, mareos, caída de pelo
    Vida diariaSin efectoAfecta estudios, trabajo, amistades o pareja

    Tres aclaraciones sobre la tabla:

    • “Estoy delgada” no descarta un trastorno alimentario. Existe la anorexia atípica, con todos los síntomas de la anorexia sin que el peso esté bajo. Lo que define el problema es la relación con la comida y el cuerpo.
    • Si el malestar se centra en una parte del cuerpo, un defecto que casi nadie nota, puede tratarse de un trastorno dismórfico corporal. Una revisión sistemática estimó que afecta al 1,9 % de los adultos de la comunidad y al 2,2 % de los adolescentes y que se identifica poco (Veale et al., 2016). En el trastorno dismórfico, la guía NICE CG31 (2005) considera excesivo dedicar más de una hora al día a la apariencia.
    • Si ya hay señales de la columna derecha, la guía de trastornos de la conducta alimentaria y la de miedo a engordar ayudan a ubicarte.

    Para información de consenso, puedes revisar la guía NICE NG69 sobre trastornos alimentarios, la guía NICE CG31 sobre trastorno dismórfico corporal y la página de MedlinePlus sobre trastornos de la alimentación.

    Qué hacer cuando te ves más grande de lo que eres

    Estas ideas vienen de los programas cognitivo-conductuales de Fairburn (2008, 2013) y Cash (2008), y buscan cambiar lo que haces con el pensamiento “estoy gorda”.

    1. Ponle otro nombre. Cuando aparezca “me siento gorda”, pregúntate qué estás sintiendo de verdad en ese momento: ¿tristeza?, ¿culpa?, ¿el estómago lleno?, ¿ropa apretada? Después reemplaza la frase: “no engordé, estoy estresada” o “comí con fibra y estoy hinchada” (Fairburn, 2008).
    2. Anota los momentos. Registra hora, lugar y qué pasaba cuando apareció la sensación. En pocos días suele verse el patrón (después de comer, de una discusión, de revisar redes) y queda claro que sube y baja sin que tu cuerpo cambie.
    3. Reduce los chequeos. El espejo, para peinarte, maquillarte o vestirte, y nada más. Fuera los pellizcos, la cinta métrica y el espejo a pocos centímetros, porque quien busca defectos con lupa los encuentra (Fairburn, 2008; Wilhelm et al., 2012).
    4. No pidas tranquilización. Preguntar “¿me veo gorda?” alivia unos minutos y mantiene la duda. Los manuales recomiendan dejar de preguntar (Wilhelm et al., 2012; Treasure et al., 2007).
    5. Ordena el pesaje. Pesarte varias veces al día o evitar la balanza por completo alimentan lo mismo. Fairburn (2013) propone pesarse una vez por semana, siempre el mismo día, y entender que el número cambia por hidratación y digestión. La guía sobre pesarse todos los días lo desarrolla.
    6. Cuida lo que miras y con quién te comparas. Deja de seguir cuentas que te hagan sentir peor. Y si te comparas, hazlo con justicia: Fairburn (2008) y Cash (2008) piden mirar a las personas de tu edad y género que pasan por la calle, sin elegir solo a las más delgadas. Más sobre esto en la guía de comparación social en redes.
    7. Mírate completa y sin adjetivos. Describir el cuerpo a una distancia normal, de la cabeza a los pies, con palabras neutras (medidas, formas, colores), es el ejercicio que recomiendan Cash (2008) y Wilhelm et al. (2012).
    8. Háblate como a una amiga. Una revisión de 59 estudios halló que las intervenciones de autocompasión mejoraron la imagen corporal más que los grupos control (Turk y Waller, 2020). Si quieres una base más amplia, la guía de cómo mejorar la autoestima da pasos prácticos.

    Si estás restringiendo la comida cada vez que te sientes gorda, ese es el momento de consultar, no de aguantar. Y si lo que más te pesa es el cuerpo en general, la guía de imagen corporal da más contexto.

    Si alguien cercano te dice “me veo gorda”

    Quien tiene a una hija, pareja o amiga que repite esto suele responder con un “¡pero si estás flaquísima!”. Nace del cariño y no ayuda. Los manuales del método Maudsley describen que tranquilizar una y otra vez da un alivio breve, no cambia la percepción y alimenta la dependencia de la respuesta ajena (Treasure et al., 2007). Los elogios a la apariencia, además, refuerzan la idea de que el valor personal depende de cómo se ve el cuerpo.

    Los experimentos matizan el panorama. En 191 mujeres de 18 a 40 años que recordaron o imaginaron haber dicho algo despectivo sobre su cuerpo, ignorar el comentario dejó la menor satisfacción corporal, el menor apoyo percibido y la mayor vergüenza, y cuestionarlo dio mejores resultados de apoyo y vergüenza (Mills et al., 2019). En otro experimento con 160 universitarias, las respuestas que combinaban negar el comentario con tranquilizar y las que lo cuestionaban fueron las mejores para ellas y para la amistad, aunque tras ignorarlo fue donde menos dijeron que repetirían el comentario (Sebastian et al., 2023). Son estudios de un solo momento, con comentarios recordados o escuchados en una grabación, y no miden qué pasa cuando la frase se repite durante semanas ni en alguien con un trastorno alimentario. La conclusión práctica es responder, no callar: reconocer que se siente mal, decir con calidez lo que ves y no entrar en un ciclo de preguntas y respuestas sobre el cuerpo. En parejas, un estudio con 61 mujeres con preocupación por el cuerpo y la comida, sin diagnóstico de trastorno alimentario encontró que los cónyuges daban sobre todo mensajes de tranquilidad, que aparecían comparaciones sociales cuando el cónyuge era ambivalente (apoyaba y no apoyaba a la vez) y que una relación de apoyo puede proteger, aunque no bastó para algunas mujeres (Birmingham et al., 2021).

    Lo que sí ayuda, según esos manuales:

    • Escuchar lo de fondo. “Me veo gorda” muchas veces significa “estoy agobiada”. Una pregunta como “te noto abrumada hoy, ¿qué te está pasando por dentro?” lleva la conversación a donde está el problema.
    • No discutir con pruebas. Mostrar la balanza o la talla rara vez convence y suele producir pelea.
    • Poner un límite amable. “Sé que hoy te angustia tu cuerpo, pero si respondo a eso lo alimento. Te acompaño si quieres hacer otra cosa.”
    • Evitar comentarios sobre peso y dietas en casa. En un estudio con 356 adolescentes en riesgo, las burlas de la familia por el peso se asociaron con más insatisfacción corporal, conductas extremas de control del peso y atracones (Neumark-Sztainer et al., 2010). Es un estudio transversal y no prueba la causa.

    Más ideas en la guía de cómo ayudar a alguien con anorexia o bulimia y, si se trata de un adolescente, en la de trastornos alimentarios en adolescentes.

    ¿Qué tratamientos funcionan?

    Depende de lo que haya detrás:

    Si buscas dónde atenderte, la guía de tratamiento de los TCA en Chile explica qué cubre el sistema.

    ¿Cuándo consultar con un psicólogo?

    Consulta si te reconoces en la columna derecha de la tabla: si piensas en tu cuerpo una hora o más al día, si te chequeas, te pesas o te comparas de forma repetida, si recortas comida cuando te sientes gorda, si evitas situaciones por cómo te ves o si esto te afecta en los estudios, el trabajo o los vínculos. Si, además, hay mareos, desmayos, pérdida del periodo o una baja de peso rápida, pide también una evaluación médica pronto. Los trastornos alimentarios pueden alterar el ritmo del corazón, los electrolitos y las hormonas reproductivas, aunque el peso no se vea bajo (Attia y Walsh, 2025).

    Si aparecen ideas de hacerte daño o de morir, no te quedes sola o solo: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué me veo gorda si estoy delgada?

    Porque la sensación de “verse gorda” combina cómo estimas tu tamaño con cómo te sientes con tu cuerpo, y con frecuencia pesa más lo segundo. “Gorda” suele nombrar tristeza, hinchazón, ropa apretada o culpa (Fairburn, 2008). En los trastornos alimentarios, además, puede sobreestimarse el tamaño real (Mölbert et al., 2017).

    ¿Es normal verse gorda siendo delgada?

    Es frecuente en forma ocasional. En una muestra de jóvenes chilenos, el 65 % dijo que querría pesar menos (Cruzat-Mandich et al., 2016). Pasa a ser señal de consulta cuando ocupa una hora o más de tu día, hay chequeo, pesaje repetido o restricción de comida, o limita tu vida.

    ¿Qué es la distorsión de la imagen corporal?

    Es una alteración en la forma de percibir, valorar o sentir el propio cuerpo. Tiene un componente perceptivo (cuánto crees que mide o pesa tu cuerpo) y uno actitudinal (qué piensas y sientes de él) (Cash y Smolak, 2011). Aparece en los trastornos alimentarios y en el trastorno dismórfico corporal, y también de forma leve en mucha gente sin ellos.

    ¿Existe un test de distorsión de la imagen corporal?

    Existen pruebas de laboratorio y cuestionarios clínicos, pero se usan con un profesional y ninguno diagnostica por sí solo. Un test online no puede distinguir si lo que falla es la percepción o la emoción. Para orientarte sobre trastornos alimentarios hay un cribado breve, el SCOFF, que no reemplaza una evaluación.

    ¿Un hombre puede verse gordo o flaco sin serlo?

    Sí. En los hombres suele orientarse a la musculatura: verse “chico” o “flaco” aunque el cuerpo sea promedio o fuerte (Karazsia et al., 2017). Si se vuelve una obsesión que ordena la rutina, se trata de dismorfia muscular y conviene consultar.

    ¿Cómo dejo de verme gorda?

    Se trabaja con pasos concretos: nombrar la emoción detrás de “me siento gorda”, reducir chequeos y comparaciones, no pedir tranquilización y ordenar el pesaje (Fairburn, 2008; Cash, 2008). Si esto no baja o hay restricción de comida, la terapia cognitivo-conductual tiene programas específicos.

    ¿Quieres trabajar la relación con tu cuerpo con acompañamiento?

    Si te reconociste en esta guía y la sensación de verte gorda viene con chequeos, restricción o vergüenza, puedes avanzar con un psicólogo clínico en un plan ajustado a lo que más te pesa. Si lo prefieres, agenda una consulta y partimos por entender qué pasa en los momentos en que aparece esa sensación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Alleva, J. M., Sheeran, P., Webb, T. L., Martijn, C., & Miles, E. (2015). A meta-analytic review of stand-alone interventions to improve body image. PLOS ONE, 10(9), e0139177. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0139177
    • Attia, E., & Walsh, B. T. (2025). Eating disorders: A review. JAMA, 333(14), 1242-1252. https://doi.org/10.1001/jama.2025.0132
    • Atwood, M. E., & Friedman, A. (2020). A systematic review of enhanced cognitive behavioral therapy (CBT-E) for eating disorders. International Journal of Eating Disorders, 53(3), 311-330. https://doi.org/10.1002/eat.23206
    • Birmingham, W. C., Cavallini, A. Q., & Sgro, J. (2021). Spousal influence: A study of women with eating and body image concerns. Journal of Health Psychology, 26(9), 1339-1352. https://doi.org/10.1177/1359105319873946
    • Cabral, M. C., Coelho, G. M. O., Oliveira, N., Canella, D. S., Brasil, R. L. O., Campos, T. A. M., Faerstein, E., & Bezerra, F. F. (2024). Association of body image perception and (dis)satisfaction with adiposity in adults: The Pró-Saúde study. PLOS ONE, 19(6), e0304987. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0304987
    • Calugi, S., El Ghoch, M., Conti, M., & Dalle Grave, R. (2018). Preoccupation with shape or weight, fear of weight gain, feeling fat and treatment outcomes in patients with anorexia nervosa: A longitudinal study. Behaviour Research and Therapy, 105, 63-68. https://doi.org/10.1016/j.brat.2018.04.001
    • Cash, T. F. (2008). The body image workbook: An eight-step program for learning to like your looks (2.ª ed.). New Harbinger Publications.
    • Cash, T. F., & Smolak, L. (Eds.). (2011). Body image: A handbook of science, practice, and prevention (2.ª ed.). The Guilford Press.
    • Cooper, M. J., Deepak, K., Grocutt, E., & Bailey, E. (2007). The experience of “feeling fat” in women with anorexia nervosa, dieting and non-dieting women: An exploratory study. European Eating Disorders Review, 15(5), 366-372. https://doi.org/10.1002/erv.785
    • Cornelissen, K. K., McCarty, K., Cornelissen, P. L., & Tovée, M. J. (2017). Body size estimation in women with anorexia nervosa and healthy controls using 3D avatars. Scientific Reports, 7(1), Artículo 15773. https://doi.org/10.1038/s41598-017-15339-z
    • Cruzat-Mandich, C., Díaz-Castrillón, F., Lizana-Calderón, P., & Castro, A. (2016). Comparación por sexo en imagen corporal, síntomas psicopatológicos y conductas alimentarias en jóvenes entre 14 y 25 años. Revista Médica de Chile, 144(6), 743-750. https://doi.org/10.4067/s0034-98872016000600008
    • de Jong, M., Spinhoven, P., Korrelboom, K., Deen, M., van der Meer, I., Danner, U. N., van der Schuur, S., Schoorl, M., & Hoek, H. W. (2020). Effectiveness of enhanced cognitive behavior therapy for eating disorders: A randomized controlled trial. International Journal of Eating Disorders, 53(5), 717-727. https://doi.org/10.1002/eat.23239
    • Delinsky, S. S., & Wilson, G. T. (2006). Mirror exposure for the treatment of body image disturbance. International Journal of Eating Disorders, 39(2), 108-116. https://doi.org/10.1002/eat.20207
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. The Guilford Press.
    • Fairburn, C. G. (2013). Overcoming binge eating (2.ª ed.). The Guilford Press.
    • Gardner, R. M. (2011). Perceptual measures of body image for adolescents and adults. En T. F. Cash & L. Smolak (Eds.), Body image: A handbook of science, practice, and prevention (2.ª ed., pp. 146-153). The Guilford Press.
    • Gutiérrez-Cabrero, A., & González-García, M. (2025). (Re)connecting mind and body: Efficacy of mindfulness and self-compassion interventions for enhancing body image. A systematic review of randomized trials. Body Image, 55, Artículo 101974. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2025.101974
    • Jansen, W., van de Looij-Jansen, P. M., de Wilde, E. J., & Brug, J. (2008). Feeling fat rather than being fat may be associated with psychological well-being in young Dutch adolescents. Journal of Adolescent Health, 42(2), 128-136. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2007.07.015
    • Karazsia, B. T., Murnen, S. K., & Tylka, T. L. (2017). Is body dissatisfaction changing across time? A cross-temporal meta-analysis. Psychological Bulletin, 143(3), 293-320. https://doi.org/10.1037/bul0000081
    • Klimek, P., Wei, B., & Blashill, A. J. (2022). Exploring moderators of mirror exposure on pre- to post changes in body image outcomes: Systematic review and meta-analysis. Eating Disorders, 30(1), 77-98. https://doi.org/10.1080/10640266.2020.1791665
    • Levinson, C. A., Williams, B. M., & Christian, C. (2020). What are the emotions underlying feeling fat and fear of weight gain? Journal of Affective Disorders, 277, 146-152. https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.08.012
    • Linardon, J., Phillipou, A., Castle, D., Newton, R., Harrison, P., Cistullo, L. L., Griffiths, S., Hindle, A., & Brennan, L. (2018). Feeling fat in eating disorders: Testing the unique relationships between feeling fat and measures of disordered eating in anorexia nervosa and bulimia nervosa. Body Image, 25, 163-167. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2018.04.001
    • Lock, J., Le Grange, D., Agras, W. S., Moye, A., Bryson, S. W., & Jo, B. (2010). Randomized clinical trial comparing family-based treatment with adolescent-focused individual therapy for adolescents with anorexia nervosa. Archives of General Psychiatry, 67(10), 1025-1032. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2010.128
    • Mills, J., Mort, O., & Trawley, S. (2019). The impact of different responses to fat talk on body image and socioemotional outcomes. Body Image, 29, 149-155. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2019.03.009
    • Mölbert, S. C., Klein, L., Thaler, A., Mohler, B. J., Brozzo, C., Martus, P., Karnath, H.-O., Zipfel, S., & Giel, K. E. (2017). Depictive and metric body size estimation in anorexia nervosa and bulimia nervosa: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 57, 21-31. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.08.005
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2005). Obsessive-compulsive disorder and body dysmorphic disorder: Treatment (Clinical guideline CG31). https://www.nice.org.uk/guidance/cg31
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NICE guideline NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
    • Neumark-Sztainer, D., Bauer, K. W., Friend, S., Hannan, P. J., Story, M., & Berge, J. M. (2010). Family weight talk and dieting: How much do they matter for body dissatisfaction and disordered eating behaviors in adolescent girls? Journal of Adolescent Health, 47(3), 270-276. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2010.02.001
    • Qian, J., Wu, Y., Liu, F., Zhu, Y., Jin, H., Zhang, H., Wan, Y., Li, C., & Yu, D. (2022). An update on the prevalence of eating disorders in the general population: A systematic review and meta-analysis. Eating and Weight Disorders, 27(2), 415-428. https://doi.org/10.1007/s40519-021-01162-z
    • Rück, C., Mataix-Cols, D., Feusner, J. D., Shavitt, R. G., Veale, D., Krebs, G., & Fernández de la Cruz, L. (2024). Body dysmorphic disorder. Nature Reviews Disease Primers, 10, Artículo 92. https://doi.org/10.1038/s41572-024-00577-z
    • Sebastian, R. M., Serier, K. N., Pacheco, C. R., VanderJagt, H., Mullins, C. R., Jackson, T. A., & Smith, J. E. (2023). Examining the individual and relational impacts of varying responses to negative body talk within college women’s female friendships. Body Image, 45, 192-200. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2023.02.010
    • Toole, A. M., LoParo, D., & Craighead, L. W. (2021). Self-compassion and dissonance-based interventions for body image distress in young adult women. Body Image, 38, 191-200. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2021.04.001
    • Treasure, J., Smith, G., & Crane, A. (2007). Skills-based learning for caring for a loved one with an eating disorder: The new Maudsley method. Routledge.
    • Turk, F., Kellett, S., & Waller, G. (2022). Comparing self-compassion versus body exposure for adult women with moderate to severe body dissatisfaction: A feasibility and pilot trial. Clinical Psychology & Psychotherapy, 29(4), 1475-1480. https://doi.org/10.1002/cpp.2724
    • Turk, F., & Waller, G. (2020). Is self-compassion relevant to the pathology and treatment of eating and body image concerns? A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 79, Artículo 101856. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101856
    • Veale, D., Gledhill, L. J., Christodoulou, P., & Hodsoll, J. (2016). Body dysmorphic disorder in different settings: A systematic review and estimated weighted prevalence. Body Image, 18, 168-186. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2016.07.003
    • Vidal, C., Crisosto Jara, C., Olivares-Keller, D., & Caro, P. (2022). Agreement between self-perception of body image and nutritional status in a Chilean population. Nutrición Hospitalaria, 39(6), 1298-1305. https://doi.org/10.20960/nh.04073
    • Wilhelm, S., Phillips, K. A., & Steketee, G. (2012). Cognitive-behavioral therapy for body dysmorphic disorder: A treatment manual. The Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta