Te subes a la pesa al despertar, y otra vez después de ir al baño, y quizás una tercera antes de acostarte. Si el número baja, el día parte bien; si sube, se arruina, aunque ayer comiste lo mismo que siempre. Si buscaste si pesarse todos los días es malo, probablemente quieres saber dos cosas: si te está ayudando y si ya se pasó de la raya.
La respuesta de la investigación es menos simple que “sí” o “no”, y esta guía la desarma con estudios publicados y con el trabajo clínico de Fairburn y de Cash, dos referentes en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) e imagen corporal. Verás para quién ayuda, para quién hace daño, por qué el peso cambia de un día a otro, cómo reconocer una obsesión con el peso y qué hacer si quieres soltar la pesa.
En breve: pesarse todos los días no es malo en sí mismo. En adultos que están en un programa para bajar o mantener peso, varios estudios no encuentran daño psicológico. En adolescentes, mujeres jóvenes y personas con un trastorno alimentario, la relación con el malestar es mucho más frecuente. Lo que decide si es un problema es lo que el número hace contigo: si manda sobre tu ánimo, lo que comes o lo que haces, conviene ordenarlo con un profesional, sea cual sea la frecuencia. Esta guía orienta y no reemplaza una evaluación.
¿Pesarse todos los días es malo?
Depende de quién se pesa y de lo que pasa después de ver el número. Una revisión con metaanálisis de 29 pruebas sobre el efecto psicológico de pesarse no encontró relación entre pesarse y el estado de ánimo, la actitud hacia el cuerpo o la conducta alimentaria, y sí una asociación pequeña con peor funcionamiento psicológico. Edad, peso corporal y tipo de estudio cambiaban los resultados (Benn et al., 2016).
Otra revisión de 20 estudios llegó a algo parecido por otro camino: la mayoría encontraba un vínculo negativo en mujeres y personas más jóvenes, y ninguno o uno positivo en personas con sobrepeso que buscaban tratamiento (Pacanowski et al., 2015). Dicho en simple, la misma pesa puede ser una herramienta de control para una persona y un detonante de ansiedad para otra.
¿Por qué el peso cambia de un día para otro?
El número de la pesa no mide solo grasa. Según Fairburn (2008), el peso varía de un día a otro, e incluso de una hora a otra, por la hidratación, el contenido del tubo digestivo y la vejiga, el consumo de sodio y, en mujeres, la fase del ciclo menstrual. En su libro de autoayuda para atracones, Fairburn (2013) agrega que alrededor del 60 % del peso de un adulto es agua, y que las oscilaciones de 0,5 a 1,5 kg dentro del mismo día o entre un día y otro son normales.
De ahí sale su regla más citada: una sola lectura no se puede interpretar (Fairburn, 2008). Lo que importa es la tendencia, y para verla hacen falta al menos tres o cuatro semanas de datos, mejor en un gráfico con una línea que atraviese los puntos. Si ayer pesabas 61,2 kg y hoy 62,4, lo más probable es que haya cambiado el agua y no el cuerpo.
Este es el punto donde el pesaje diario se complica. Con 30 lecturas al mes tienes mucho más ruido que señal, y cada punto del ruido pide una interpretación.
¿Es bueno pesarse todos los días? Cuándo ayuda
Ayuda, o al menos no parece dañar, cuando hay un objetivo de control de peso y un programa que lo acompaña. Una revisión sistemática de 17 estudios en adultos que buscaban bajar de peso encontró que pesarse con regularidad se asociaba con más pérdida y no con efectos psicológicos adversos como depresión o ansiedad (Zheng et al., 2015). En un ensayo con 91 adultos con sobrepeso, seis meses de pesaje diario no produjeron resultados psicológicos negativos (Steinberg et al., 2014). Y en un estudio con 314 personas que habían bajado de peso y fueron seguidas durante 18 meses, pesarse más seguido se asoció con mantener el peso, sin señales de daño (Wing et al., 2007).
Hay también datos en jóvenes. En un ensayo con 599 adultos jóvenes, con peso normal o sobrepeso, las intervenciones no aumentaron los síntomas depresivos ni las conductas compensatorias en dos años, y pesarse más seguido tampoco tuvo efectos negativos, aunque sí se asoció con más restricción dietaria (Gorin et al., 2019). Y en un estudio con 178 adultos en un programa de estilo de vida, cambiar la frecuencia del pesaje no se relacionó con cambios en los síntomas de alimentación desordenada (LaRose et al., 2014).
Dos matices importan antes de sacar conclusiones. Primero, son estudios de programas de control de peso, con participantes que sabían para qué se pesaban y recibían acompañamiento, y no de personas con un trastorno alimentario. Segundo, pesarse más seguido no resultó ser mejor por sí mismo. En un metaanálisis de ensayos aleatorizados, pesarse como única estrategia no mostró un efecto claro (con un solo estudio que lo midiera así), agregarlo a un programa de dieta y actividad sí ayudó (diferencia promedio de 3,4 kg frente a un grupo con apoyo mínimo), y no hubo diferencia significativa entre pesarse a diario o una vez por semana (Madigan et al., 2015). Eso sugiere que, si pesarte cada mañana te angustia, pasar a una vez por semana te quita muy poco en términos de control de peso.
¿Cuándo pesarse todos los días puede hacer daño?
Cuando la persona es joven, mujer o ya tiene una relación tensa con su cuerpo, la balanza cambia. En el seguimiento de 2.516 adolescentes durante cinco años, pesarse con frecuencia predijo más conductas alimentarias desordenadas (control de peso poco saludable y atracones) en mujeres, y no en hombres (Neumark-Sztainer et al., 2006). En 356 adolescentes, pesarse seguido se asoció con menor satisfacción corporal y más conductas de control de peso, aunque no cambió el peso con el tiempo, y los autores concluyeron que no debería animarse a las adolescentes a pesarse con frecuencia (Friend et al., 2012).
En adultos jóvenes ocurre algo parecido. En una muestra de 2.287 personas, pesarse varias veces por semana o más lo reportaba el 18 % de las mujeres y el 12 % de los hombres, y en ellas se asoció con más atracones, más síntomas depresivos y menor autoestima; en ellos, con menor satisfacción corporal (Quick et al., 2012). En 268 universitarios, las mujeres que se pesaban más tenían más preocupación por la figura, mientras que en los hombres la relación iba en sentido contrario, hacia más satisfacción corporal (Klos et al., 2012).
Todos esos datos son asociaciones y no prueban que la pesa cause el problema: puede ser que quien ya está inquieta con su cuerpo se pese más. Por eso sirve el único ensayo aleatorizado en mujeres jóvenes que hay en este tema, con 69 universitarias de 18 a 22 años. Durante dos semanas, quienes se pesaron a diario tuvieron más altibajos en su ánimo negativo, más estrés por el peso y menos satisfacción con su cuerpo que quienes se tomaban la temperatura como control. Los autores recomiendan cautela al sugerir pesarse a mujeres jóvenes (Pacanowski et al., 2023).
Otro estudio, con 1.719 adultos jóvenes, mostró quiénes sienten el efecto: el 53 % de las mujeres dijo que pesarse afectaba su ánimo, frente al 27 % de los hombres, y la frecuencia era mayor en quienes tenían un TCA o intentaban bajar de peso (Hahn et al., 2021). Y en 902 universitarios, pesarse más seguido y contar calorías predijeron más síntomas de TCA, mientras que comer de forma intuitiva se asoció con menos (Romano et al., 2018). Es un estudio transversal, así que no permite saber qué viene primero.
¿Qué pasa si ya tienes un trastorno alimentario?
En un TCA, la pesa casi nunca es neutra. Un análisis de 758 personas con anorexia, bulimia o trastorno por atracón mostró que se pesaban más seguido las personas con anorexia, seguidas de las de bulimia y las de atracón, y que reaccionaban de forma moderadamente negativa a un pesaje semanal prescrito. En anorexia, pesarse más se asoció con más restricción y más preocupación por el peso y la figura, aunque no con el IMC (Pacanowski et al., 2016).
El manejo clínico es consistente en eso. En la terapia cognitivo-conductual mejorada (CBT-E), Fairburn (2008) pesa a la persona una vez por semana al inicio de la sesión, de forma colaborativa, con ropa ligera, se dice el número con calma y se anota en un gráfico que se mira juntos. En personas con bajo peso se pesa en cada sesión por seguridad médica. A la vez se pide no pesarse en casa entre sesiones, y si hay una pesa en el hogar, guardarla en un lugar difícil o taparle la pantalla. La guía clínica española (GuiaSalud, 2009) indica además, para el seguimiento ambulatorio de la anorexia, que la persona no se pese en casa y que el peso se registre una vez por semana en la consulta.
La razón la explica Fairburn (2008) con el círculo que mantiene el problema. Cuando te pesas mucho, cualquier resultado lleva a la misma conclusión: si el número sube, concluyes que engordaste y restringes; si se mantiene, que tu esfuerzo no funciona y restringes más; si baja, que la restricción funciona y la sigues. La cifra nunca te tranquiliza.
El extremo contrario tampoco ayuda. Según Fairburn (2008), evitar la pesa mantiene el problema porque impide ver datos reales: quedas a merced de tus peores suposiciones (“seguro engordé 10 kilos”) y de la sensación de sentirte gorda o gordo, que cambia con el ánimo. Por eso en terapia no se elimina el pesaje, se lo ordena.
Un matiz que la ciencia aún discute es si pesar a ciegas ayuda. En una entrevista a 41 mujeres con anorexia o bulimia, la mayoría prefirió no ver su peso al comienzo del tratamiento, porque bajaba su ansiedad y las ayudaba a tolerar no saber la cifra, y ver el número más adelante, cuando estaban más avanzadas. Los propios autores aclaran que falta un ensayo que compare ambas formas (Froreich et al., 2020).
¿Cuándo pesarse se convierte en una obsesión con el peso?
Cuando la pesa deja de informar y empieza a mandar. Cash (2008) incluye el pesaje compulsivo (subirse varias veces al día o después de cada comida para comprobar variaciones mínimas) entre las conductas de chequeo corporal, junto con mirarse al espejo, pellizcarse pliegues o medirse la cintura. Según Cash, funcionan como un alivio de corta duración: la duda “¿habré engordado?” sube la ansiedad, el chequeo la calma un rato, y el ciclo se repite cada vez con más frecuencia.
| Pesarse como herramienta | Pesarse como obsesión |
|---|---|
| Una vez por semana, o a diario con calma | Varias veces al día, o después de comer o de ir al baño |
| El número se anota y se sigue con el día | El número decide tu ánimo y lo que comes ese día |
| Un cambio de 1 kg no te altera | Cada fluctuación pide una explicación y un castigo |
| Si no hay pesa a mano, no pasa nada | Si no te puedes pesar, sientes ansiedad intensa |
| No cambias lo que comes por el número | Restringes, compensas o entrenas de más según la cifra |
| Evitas pesarte solo cuando es un descanso elegido | Evitas la pesa por pánico y te guías por cómo “te sientes” |
Las filas de la derecha orientan y no dan un diagnóstico. Si varias te describen, conviene conversarlo con un profesional, sobre todo si hay pérdida de peso, atracones, purgas o ejercicio compulsivo. Y si buscas un test de obsesión con el peso, lo que existe como cribado breve es el SCOFF, que explora los TCA en general y no la pesa en particular (más abajo).
¿Cada cuánto conviene pesarse?
Si no tienes un TCA y quieres seguir tu peso, una vez por semana ordena bien el seguimiento. Fairburn (2013) lo recomienda para quienes tienen atracones: un día fijo, en la mañana, preferentemente entre lunes y viernes, porque los fines de semana hay más tiempo libre para darle vueltas a cualquier variación. Con ropa liviana de casa, sin desnudarte, y con la pesa común del hogar.
Una vez a la semana, el valor se anota y se mira como parte de una línea, no como un hecho aislado. Con tres o cuatro semanas de registro se ve si el peso sube, baja o se mantiene (Fairburn, 2013). Si una semana el número sube 0,8 kg, esa lectura sola todavía no dice nada; si en un mes la línea sube de forma sostenida, ya es información.
Hay un caso en que la mejor frecuencia puede ser ninguna. Si no existe una indicación médica de seguir tu peso y pesarte te deja mal de manera constante, dejar de hacerlo por un tiempo es una opción razonable. Con un TCA activo el cuadro cambia, porque evitar la pesa también mantiene el problema, y esa decisión conviene tomarla con un terapeuta.
¿Cómo dejar de pesarse todos los días?
Cash (2008) propone un camino gradual en su programa de imagen corporal, y Fairburn (2013) lo complementa con pasos concretos para quienes se pesan seguido:
- Registra durante dos días. Anota cada vez que te pesas: hora, qué sentías antes, qué pensaste después y qué hiciste. Un día de trabajo y uno libre bastan. Verlo escrito rompe el piloto automático (Cash, 2008).
- Separa lo que hay que soltar de lo que se puede ordenar. Pesarte tras cada comida o varias veces al día es de lo primero; un pesaje semanal es de lo segundo (Cash, 2008).
- Pon un obstáculo físico. Guarda la pesa en un armario alto, fuera del baño, o tápale la pantalla con cinta. Un trámite extra es suficiente para que el impulso pase a ser una decisión (Cash, 2008; Fairburn, 2013).
- Posterga el impulso. Cuando aparezca “necesito pesarme”, espera 10, 15 o 30 minutos antes de actuar. Muchas veces la urgencia baja sola y eso te enseña que no necesitabas el número (Cash, 2008).
- Baja el número de veces de a poco. Si hoy te pesas cinco veces al día, pasa a tres, luego a una, luego a un día fijo de la semana. Cash lo llama racionamiento: fijar un tope diario y bajarlo.
- Espera el aumento de ansiedad. Al reducir el chequeo, la ansiedad sube un tiempo. Es parte del proceso y no una señal de que lo estás haciendo mal (Cash, 2008).
Si en tu caso hay restricción, atracones, purgas o ejercicio compulsivo, estos pasos se hacen mejor acompañado. Cash (2008) advierte que en cuadros graves la autoayuda pura no basta y conviene un terapeuta especializado.
¿Cuándo consultar por la obsesión con el peso?
Conviene consultar si pesarte ocupa buena parte de tu día, si el número cambia lo que comes o haces, si ya intentaste soltarlo por tu cuenta y no pudiste, o si la pesa se mezcla con pérdida de peso rápida, atracones, vómitos o ejercicio compulsivo. Según GuiaSalud (2009) y NICE (2017), también son motivos de evaluación las alteraciones menstruales y la pérdida de peso injustificada, y el peso o el IMC por sí solos no miden el riesgo.
El cuestionario SCOFF es un tamizaje breve que se usa en atención primaria; con dos o más respuestas afirmativas conviene una evaluación, y NICE (2017) advierte que estos cuestionarios no confirman ni descartan un diagnóstico por sí solos. Puedes ver sus preguntas en el test de trastornos alimenticios SCOFF.
Para ver el conjunto, revisa la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria, la de miedo a engordar y la de pensar todo el día en comida. Si hay atracones, te servirá la guía del trastorno por atracón, y si es una hija o un hijo quien se pesa de forma compulsiva, la de trastornos alimentarios en adolescentes y la de cómo ayudar a alguien con anorexia o bulimia. Para saber cómo acceder a atención, está la de tratamiento de los TCA en Chile, y si lo que pesa es la autoestima, la de cómo mejorarla.
Acude a urgencias ante desmayos o mareos intensos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, vómitos con sangre o negativa total a comer o beber. Si aparecen ideas de hacerte daño o de morir, no te quedes sola o solo: llama a la línea de prevención del suicidio del Ministerio de Salud, *4141 (gratuita, 24 horas), o ve a urgencias de inmediato.
Como material de consenso, hay información en MedlinePlus, en el Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. y en la guía NICE NG69.
Preguntas frecuentes
¿Es malo pesarse todos los días?
No necesariamente. En adultos que están en un programa de control de peso, los estudios no muestran daño psicológico (Zheng et al., 2015). En adolescentes, mujeres jóvenes y personas con trastorno alimentario sí se asocia con más malestar. Pesa más lo que el número hace con tu ánimo y tu conducta que la cantidad de veces.
¿Cada cuánto conviene pesarse?
Para seguir el peso sin ansiedad, una vez por semana, el mismo día y a la misma hora, suele bastar. En un metaanálisis de programas de peso no hubo diferencia significativa entre pesarse a diario o semanalmente (Madigan et al., 2015). Una sola lectura no se interpreta; sirve mirar la tendencia de tres o cuatro semanas.
¿Por qué mi peso cambia de un día a otro?
Porque la pesa mide agua, contenido digestivo y sodio, además de grasa. Fairburn (2008) lo atribuye a la hidratación, al volumen del tubo digestivo y de la vejiga, al sodio y al ciclo menstrual. Variaciones de medio a un kilo y medio en el día son normales y no son ganancia de grasa (Fairburn, 2013).
¿Pesarme todos los días significa que tengo un trastorno alimentario?
No por sí solo. Mucha gente se pesa a diario sin consecuencias, sobre todo en programas de control de peso. La señal de alerta es lo que viene después: restringir, compensar o angustiarse según la cifra. En personas con anorexia, pesarse más seguido se asoció con más preocupación por el peso (Pacanowski et al., 2016).
¿Existe un test de obsesión con el peso?
No hay un test breve validado con ese nombre que puedas usar para diagnosticarte. Un cribado breve que se usa en atención primaria es el SCOFF, de cinco preguntas, que explora el riesgo de un trastorno alimentario en general, y NICE (2017) advierte que ningún cuestionario confirma o descarta un diagnóstico por sí solo. Si varias señales de la tabla te describen, lo adecuado es una evaluación profesional.
¿Cómo dejo de pesarme todos los días?
De forma gradual: registra cuántas veces te pesas, guarda la pesa o tápale la pantalla, posterga el impulso 10 a 30 minutos y baja el número de pesadas por etapas hasta llegar a un día fijo de la semana (Cash, 2008; Fairburn, 2013). Si hay un trastorno alimentario, hazlo con un terapeuta.
¿Quieres que la pesa deje de decidir tu día?
Soltar la pesa a fuerza de voluntad suele fallar, porque el impulso viene de una ansiedad real que el número calma un rato. La terapia cognitivo-conductual trabaja justo esos mecanismos: el chequeo del cuerpo, las reglas de comida, la forma en que interpretas la cifra y el peso que le das al cuerpo en tu autoestima. La terapia en línea puede ser parte de ese camino, aunque no reemplaza el control médico presencial si hay bajo peso, vómitos frecuentes u otras señales físicas. Si quieres orientación sobre cómo seguir, puedes agendar una consulta.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
- Benn, Y., Webb, T. L., Chang, B. P. I., & Harkin, B. (2016). What is the psychological impact of self-weighing? A meta-analysis. Health Psychology Review, 10(2), 187-203. https://doi.org/10.1080/17437199.2016.1138871
- Cash, T. F. (2008). The body image workbook: An eight-step program for learning to like your looks (2nd ed.). New Harbinger Publications.
- Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
- Fairburn, C. G. (2013). Overcoming binge eating: The proven program to learn why you binge and how you can stop (2nd ed.). Guilford Press.
- Friend, S., Bauer, K. W., Madden, T. C., & Neumark-Sztainer, D. (2012). Self-weighing among adolescents: Associations with body mass index, body satisfaction, weight control behaviors, and binge eating. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 112(1), 99-103. https://doi.org/10.1016/j.jada.2011.08.036
- Froreich, F. V., Ratcliffe, S. E., & Vartanian, L. R. (2020). Blind versus open weighing from an eating disorder patient perspective. Journal of Eating Disorders, 8, Artículo 39. https://doi.org/10.1186/s40337-020-00316-1
- Gorin, A. A., Gokee LaRose, J., Espeland, M. A., Tate, D. F., Jelalian, E., Robichaud, E., Coward, P., Hatley, K. E., Garcia, K. R., Lang, W., Bahnson, J., Lewis, C. E., & Wing, R. R. (2019). Eating pathology and psychological outcomes in young adults in self-regulation interventions using daily self-weighing. Health Psychology, 38(2), 143-150. https://doi.org/10.1037/hea0000689
- Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. (2009). Guía de práctica clínica sobre trastornos de la conducta alimentaria. Ministerio de Sanidad y Consumo.
- Hahn, S. L., Pacanowski, C. R., Loth, K. A., Miller, J., Eisenberg, M. E., & Neumark-Sztainer, D. (2021). Self-weighing among young adults: Who weighs themselves and for whom does weighing affect mood? A cross-sectional study of a population-based sample. Journal of Eating Disorders, 9, Artículo 37. https://doi.org/10.1186/s40337-021-00391-y
- Klos, L. A., Esser, V. E., & Kessler, M. M. (2012). To weigh or not to weigh: The relationship between self-weighing behavior and body image among adults. Body Image, 9(4), 551-554. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2012.07.004
- LaRose, J. G., Fava, J. L., Steeves, E. A., Hecht, J., Wing, R. R., & Raynor, H. A. (2014). Daily self-weighing within a lifestyle intervention: Impact on disordered eating symptoms. Health Psychology, 33(3), 297-300. https://doi.org/10.1037/a0034218
- Madigan, C. D., Daley, A. J., Lewis, A. L., Aveyard, P., & Jolly, K. (2015). Is self-weighing an effective tool for weight loss: A systematic literature review and meta-analysis. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 12, Artículo 104. https://doi.org/10.1186/s12966-015-0267-4
- National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NICE guideline NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
- Neumark-Sztainer, D., van den Berg, P., Hannan, P. J., & Story, M. (2006). Self-weighing in adolescents: Helpful or harmful? Longitudinal associations with body weight changes and disordered eating. Journal of Adolescent Health, 39(6), 811-818. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2006.07.002
- Pacanowski, C. R., Dominick, G., Crosby, R. D., Engel, S. G., Cao, L., & Linde, J. A. (2023). Daily self-weighing compared with an active control causes greater negative affective lability in emerging adult women: A randomized trial. Applied Psychology: Health and Well-Being, 15(4), 1695-1713. https://doi.org/10.1111/aphw.12463
- Pacanowski, C. R., Linde, J. A., & Neumark-Sztainer, D. (2015). Self-weighing: Helpful or harmful for psychological well-being? A review of the literature. Current Obesity Reports, 4(1), 65-72. https://doi.org/10.1007/s13679-015-0142-2
- Pacanowski, C. R., Pisetsky, E. M., Berg, K. C., Crosby, R. D., Crow, S. J., Linde, J. A., Mitchell, J. E., Engel, S. G., Klein, M. H., Smith, T. L., Le Grange, D., Wonderlich, S. A., & Peterson, C. B. (2016). Self-weighing behavior in individuals with eating disorders. International Journal of Eating Disorders, 49(8), 817-821. https://doi.org/10.1002/eat.22537
- Quick, V., Larson, N., Eisenberg, M. E., Hannan, P. J., & Neumark-Sztainer, D. (2012). Self-weighing behaviors in young adults: Tipping the scale toward unhealthy eating behaviors? Journal of Adolescent Health, 51(5), 468-474. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2012.02.008
- Romano, K. A., Swanbrow Becker, M. A., Colgary, C. D., & Magnuson, A. (2018). Helpful or harmful? The comparative value of self-weighing and calorie counting versus intuitive eating on the eating disorder symptomology of college students. Eating and Weight Disorders, 23(6), 841-848. https://doi.org/10.1007/s40519-018-0562-6
- Steinberg, D. M., Tate, D. F., Bennett, G. G., Ennett, S., Samuel-Hodge, C., & Ward, D. S. (2014). Daily self-weighing and adverse psychological outcomes: A randomized controlled trial. American Journal of Preventive Medicine, 46(1), 24-29. https://doi.org/10.1016/j.amepre.2013.08.006
- Wing, R. R., Tate, D. F., Gorin, A. A., Raynor, H. A., Fava, J. L., & Machan, J. (2007). “STOP regain”: Are there negative effects of daily weighing? Journal of Consulting and Clinical Psychology, 75(4), 652-656. https://doi.org/10.1037/0022-006x.75.4.652
- Zheng, Y., Klem, M. L., Sereika, S. M., Danford, C. A., Ewing, L. J., & Burke, L. E. (2015). Self-weighing in weight management: A systematic literature review. Obesity, 23(2), 256-265. https://doi.org/10.1002/oby.20946
