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  • Evaluación psicolaboral en Carabineros y PDI: qué miden y cómo se vive el proceso

    Evaluación psicolaboral en Carabineros y PDI: qué miden y cómo se vive el proceso

    Quien postula a una institución policial termina buscando «evaluación psicolaboral Carabineros», «evaluación psicolaboral PDI», «evaluación psicológica Carabineros» o «evaluación psicológica PDI», y se encuentra con PDF de origen dudoso, videos de TikTok y hilos de foros que se contradicen. Con una etapa excluyente de por medio, la duda es razonable: ¿qué hay de cierto?

    Este artículo ordena lo que las propias instituciones publican, explica qué dice la investigación sobre las pruebas que suele haber detrás y señala lo que ningún documento oficial aclara. También reúne formas de llegar con la cabeza más tranquila sin falsear nada.

    Respuesta corta: en Carabineros, la evaluación psicolaboral es la primera etapa tras revisar tus antecedentes y se resuelve como Apto o No Apto, con pruebas psicométricas y una entrevista online. En la PDI son dos etapas excluyentes: una prueba cognitiva y una entrevista psicológica individual. Ninguna institución publica las pruebas exactas ni el puntaje de corte.

    Evaluación psicolaboral Carabineros: cómo funciona la etapa

    El instructivo de admisión al Curso de Formación de Carabineros de Orden y Seguridad (Departamento de Reclutamiento y Selección P.6, 2026) describe la evaluación psicolaboral como la primera evaluación que rinden los postulantes, con carácter excluyente: el resultado es Apto o No Apto.

    Tiene dos partes:

    • Evaluación psicométrica: pruebas estandarizadas que miden rasgos de personalidad, aptitudes cognitivas y competencias.
    • Entrevista psicolaboral: una conversación online con psicólogos del Departamento P.6. Llega un correo con la fecha y la hora, y el enlace de conexión se envía minutos antes de comenzar. El resultado también se informa por correo.

    Hay dos reglas que conviene tener claras. El postulante tiene dos oportunidades para rendir la evaluación, y si no se presenta la segunda vez queda eliminado. Y un resultado No Apto pone fin al proceso de selección.

    Quien resulta Apto sigue con el formulario curricular, la evaluación de salud y una etapa presencial que pondera el promedio de notas de enseñanza media (25 %), la prueba física (25 %) y una entrevista personal (50 %). Esa entrevista personal es otra instancia y la conduce una comisión evaluadora.

    Para el camino de oficiales (Escuela de Carabineros), el calendario de admisión 2027 que publicó 24 Horas ubica entre el 2 de noviembre y el 1 de diciembre de 2026 las evaluaciones psicológica, médica y dental, la entrevista personal y la evaluación de inglés. El medio no separa una fecha para la parte psicológica, y conviene confirmarla en el sitio oficial.

    Evaluación psicolaboral PDI: cómo es la evaluación psicológica

    El proceso para ser Investigador Policial en la Escuela de Investigaciones Policiales parte distinto. Según la página oficial de etapas de admisión, la parte psicológica se divide en dos:

    • Etapa psicotécnica: el Test de Habilidades Cognitivas, que se rinde de forma presencial. Mide atención, memoria, pensamiento lógico, percepción y razonamiento, entre otras capacidades. Es excluyente y aporta el 20 % del puntaje final.
    • Etapa psicológica: una entrevista individual con psicólogos para ver el grado de ajuste al Perfil de Ingreso (conocimientos, habilidades, actitudes y valores). Es excluyente y no suma puntaje.

    Más adelante vienen la evaluación médico-dental, una entrevista policial grupal, la declaración de historial personal, la prueba física, la evaluación de inglés y el NEM con la PAES. La ponderación final reparte el 20 % entre psicotécnica, física, entrevista, inglés y NEM.

    La etapa psicotécnica pesa mucho en el embudo. Un reportaje de 24 Horas con datos que entregó la PDI, sobre un proceso anterior, contó que cerca del 70 % de los postulantes quedaba fuera en esa prueba: de 7.166 inscritos, unos 2.200 pasaron a la siguiente. La jefatura de admisión citada dijo que los postulantes no tienen que estudiar un temario. La cifra corresponde a otro año, así que vale como orden de magnitud y deja fuera cualquier pronóstico.

    Aspecto Carabineros (Orden y Seguridad) PDI (Investigador Policial)
    Nombre de la etapa Evaluación psicolaboral Etapa psicotécnica y etapa psicológica
    Qué incluye Pruebas psicométricas y entrevista online Test de habilidades cognitivas y entrevista individual
    Quién entrevista Psicólogos del Departamento P.6 Psicólogos
    Carácter Excluyente (Apto o No Apto) Excluyentes las dos
    Suma al puntaje No figura en la ponderación (NEM 25 %, física 25 %, entrevista 50 %) Psicotécnica 20 %; la psicológica no suma
    Si no te presentas Dos oportunidades; la segunda ausencia elimina No se informa; fecha y lugar llegan por correo

    ¿Qué miden de verdad las pruebas psicológicas de Carabineros y PDI?

    Los documentos oficiales usan categorías amplias. Carabineros habla de rasgos de personalidad, aptitudes cognitivas y competencias. La PDI habla de habilidades cognitivas y ajuste a un perfil. Lo que sigue es lo que la investigación dice sobre esos tres tipos de herramientas en general, con un aviso: las instituciones no publican qué instrumentos concretos usan.

    Aptitudes cognitivas

    Las pruebas de aptitud cognitiva (razonamiento, atención, memoria) fueron durante décadas el predictor estrella de la selección. La revisión clásica de Schmidt y Hunter (1998) estimaba su validez en torno a .51 para el desempeño laboral. Un reanálisis posterior que corrige la sobrecorrección por restricción de rango bajó esa cifra y puso a la entrevista estructurada en primer lugar (Sackett et al., 2022).

    El mensaje práctico: una prueba cognitiva mide una parte de lo que importa para el cargo, nunca todo. Por eso las evaluaciones serias combinan varias fuentes.

    Personalidad

    Para la selección policial existe investigación propia. Un metaanálisis sobre pruebas de personalidad en selección de oficiales (Varela et al., 2004) encontró una relación modesta, pero estadísticamente significativa, entre los puntajes y el desempeño. La predicción fue más fuerte para el California Psychological Inventory que para el MMPI y el Inwald, y mayor para el desempeño actual que para el futuro.

    Otro estudio siguió a 291 policías varones y vio que ciertas escalas del MMPI-2 aplicado antes de la contratación predecían faltas de conducta (Sellbom et al., 2007), como quejas ante asuntos internos o despido. Los autores ajustaron por restricción de rango, y los puntos de corte más exigentes (T = 60 y, en algunos casos, 55) fueron los que mejor anticiparon la mala conducta.

    Qué instrumentos usa Chile no está publicado. Estos estudios muestran cómo suele funcionar la lógica de selección policial en el mundo: los inventarios de personalidad ayudan, pero no deciden solos.

    La entrevista con psicólogos

    La entrevista cumple dos funciones. Sirve para contrastar lo que salió en las pruebas y para ver cómo respondes ante situaciones concretas. Es también donde más pesan los nervios. Un metaanálisis de la ansiedad ante entrevistas halló una relación negativa de -0,19 entre ansiedad y desempeño (Powell et al., 2018). Es un efecto de tamaño mediano en esta área: la ansiedad resta algo, sin ser destino.

    ¿Qué no dicen los documentos oficiales?

    Hay vacíos que conviene reconocer, porque muchas respuestas de internet los rellenan con seguridad inventada:

    • Qué pruebas exactas se usan. Carabineros habla de «pruebas estandarizadas» y la PDI de un «Test de Habilidades Cognitivas». Los nombres comerciales no figuran en ninguna fuente oficial revisada.
    • Cuánto dura. No aparece la duración de ninguna etapa psicológica.
    • El puntaje de corte. Ninguna institución lo informa.
    • Qué lleva a un No Apto. No se detallan los criterios.
    • Cómo se trata la historia de salud mental. Los documentos revisados exigen salud compatible con el cargo, y no establecen que haber ido a terapia excluya a alguien. Tampoco lo descartan. La consulta puntual se hace directo al departamento de admisión.

    Un manual de evaluación psicolaboral de Carabineros existe y fue aprobado por la Orden General N° 3313 (09/09/2025), según cita el propio instructivo. Su contenido no está disponible públicamente.

    Los PDF con «los tests más comunes» que circulan en Scribd y otros sitios carecen de respaldo oficial, y nadie puede asegurar que correspondan al proceso de este año.

    ¿Se puede preparar la evaluación?

    Sí, con matices. Lo que sirve es la familiaridad con el tipo de tarea, no memorizar respuestas.

    En un estudio con 4.726 candidatos a cargos policiales, quienes repitieron pruebas de habilidades cognitivas y de comunicación oral subieron su puntaje entre la primera y la segunda aplicación, y otra vez entre la segunda y la tercera (Hausknecht et al., 2002). La práctica con el formato reduce la sorpresa. La PDI permite postular hasta tres veces.

    Con las entrevistas pasa algo parecido. En 213 candidatos a ascenso en cuerpos de policía y bomberos, asistir a una sesión de preparación se asoció con mejor desempeño en la entrevista (Maurer et al., 2001). El mecanismo fue que prepararse llevó a organizar mejor las respuestas.

    Para practicar el tipo de tarea, el sitio tiene una guía de razonamiento lógico en pruebas laborales y otra de entrevista por competencias. Para ver cómo se arma una evaluación de este tipo fuera del ámbito policial, está la guía de evaluación psicolaboral en Chile.

    Cómo prepararte sin falsear nada

    Intentar «quedar perfecto» juega en contra. Los cuestionarios de personalidad usados en selección se diseñan sabiendo que quien responde quiere dar buena impresión. Un metaanálisis de 34 comparaciones halló que las advertencias sobre escalas de detección reducen la distorsión (d = 0,31), aunque menos en muestras reales de reclutamiento (Moon et al., 2025). Una revisión crítica concluye que la distorsión baja la validez, pero que los cuestionarios conservan utilidad predictiva (Dunlop et al., 2025).

    Esas escalas de detección existen para señalar patrones de respuesta poco creíbles. Estas pautas ayudan sin pedirte que finjas:

    1. Responde con sinceridad. Un relato verdadero es más fácil de sostener durante una entrevista que uno construido.
    2. Duerme bien la noche anterior y llega con tiempo. Los apuros suman tensión justo cuando menos conviene.
    3. Revisa la logística de la entrevista online. En Carabineros llega un enlace minutos antes. Prueba cámara, micrófono e internet, y busca un lugar tranquilo.
    4. Practica el formato de las pruebas de razonamiento. Basta con familiarizarte con cómo se plantean.
    5. Prepara ejemplos reales de tu vida. Una entrevista psicológica pide situaciones concretas: cómo reaccionaste ante un conflicto, un error o una presión.
    6. No memorices respuestas ideales. Un relato aprendido suena a libreto.

    Si los nervios te bloquean, la respiración diafragmática es una herramienta simple para los minutos previos, y la guía sobre ansiedad ante los exámenes sirve para la preparación de los días anteriores.

    ¿Y si el resultado es No Apto?

    El instructivo de Carabineros indica que un No Apto termina la participación en el proceso. No describe un mecanismo de reclamo, así que la consulta va directo al Departamento P.6.

    La PDI sí lo explicita en su sitio. Quien no apruebe una etapa puede pedir los motivos al Departamento de Admisión de la Escuela, y quien no queda seleccionado puede consultar por PDI Transparente, que la institución define como el único canal oficial. Se puede postular hasta tres veces.

    Un resultado negativo describe cómo rendiste un día concreto ante unas pruebas concretas. Informa sobre ese proceso y deja intactos tu salud mental y tu valor como persona.

    ¿Qué pasa con tus datos y tus derechos?

    Los estándares profesionales de evaluación señalan que el consentimiento informado incluye saber que los resultados pueden no favorecerte y que pueden compartirse con quien contrata, como condición de la evaluación. Así lo recogen las guías de la American Psychological Association (2020).

    En Carabineros, el instructivo establece que, terminado el proceso de postulación, los datos sensibles de los postulantes se eliminan de forma inmediata, conforme a los artículos 6 y 9 de la Ley N° 19.628 sobre protección de la vida privada. Y sanciona la falsedad en los datos o documentos presentados con la eliminación del proceso.

    Si los nervios te están ganando

    Un proceso de selección policial concentra mucha presión: la etapa es excluyente, el resultado llega por correo y a menudo hay un proyecto de vida detrás. Sentir tensión antes de la evaluación es esperable.

    Si la ansiedad es intensa, te cuesta dormir los días previos o la idea de la entrevista te bloquea, trabajarlo con un psicólogo es una decisión legítima: se practican técnicas de manejo de ansiedad y se ordena cómo contar tu historia con claridad. Puedes escribir desde la página de contacto y coordinar una hora.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura la evaluación psicolaboral de Carabineros?

    Las fuentes oficiales revisadas no informan la duración. Sí indican que la entrevista es online, con psicólogos del Departamento P.6, y que se avisa por correo la fecha, la hora y las instrucciones. El enlace de conexión llega minutos antes de comenzar.

    ¿Qué pasa si no me presento a la evaluación psicolaboral de Carabineros?

    El instructivo da dos oportunidades para rendirla. Si no te presentas la segunda vez, quedas eliminado del proceso. Los plazos son obligatorios y el documento advierte que no hay excepciones para rendir exámenes o entrevistas en fechas distintas a las fijadas.

    ¿Qué miden las pruebas de la PDI?

    La etapa psicotécnica usa el Test de Habilidades Cognitivas, que evalúa atención, memoria, pensamiento lógico, percepción y razonamiento. La etapa psicológica es una entrevista individual con psicólogos para valorar el ajuste al Perfil de Ingreso. Ambas son excluyentes.

    ¿Existe un test psicológico de postulación a Carabineros que pueda practicar?

    Carabineros habla de pruebas estandarizadas de personalidad, aptitudes y competencias, sin nombrar instrumentos. Lo que sí puedes practicar es el tipo de tarea, como el razonamiento lógico o la lectura comprensiva. Los documentos «oficiales» de tests que circulan en internet no lo son.

    ¿Puedo postular si he ido a terapia o tomo medicamentos?

    Los documentos oficiales revisados piden salud compatible con el cargo y no establecen que haber ido a terapia sea causal de exclusión. Tampoco aclaran el caso. Como cada situación es distinta, la consulta concreta conviene hacerla al departamento de admisión de la institución.

    ¿Me entregan el informe psicológico?

    El instructivo de Carabineros dice que el resultado se informa por correo como Apto o No Apto, y no menciona la entrega de un informe. En la PDI, quien no aprueba una etapa puede pedir los motivos al Departamento de Admisión.

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    Referencias

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Tolerancia a la frustración como competencia laboral: qué evalúan y cómo demostrarla

    Tolerancia a la frustración como competencia laboral: qué evalúan y cómo demostrarla

    Lees una oferta de trabajo y entre los requisitos aparece “tolerancia a la frustración”. Nadie explica qué significa, y en la entrevista seguramente te preguntarán por ella con otras palabras.

    La tolerancia a la frustración como competencia laboral es la capacidad de seguir trabajando con criterio cuando algo sale mal: un objetivo se bloquea, llega una crítica dura o el plan cambia a último minuto. Lo que se evalúa es lo que haces con esa frustración, y se puede preparar.

    Este artículo explica qué mira realmente quien selecciona personal, con qué herramientas lo mide y qué evidencia hay detrás. También encontrarás cómo contar tu experiencia sin caer en las dos respuestas que más desconfianza generan.

    Respuesta corta: qué es y qué se espera de ti

    En selección de personal, la tolerancia a la frustración se lee como una conducta observable: persistir ante un obstáculo, recibir una crítica sin ponerse a la defensiva y recuperarse rápido de un revés. Se espera que la frustración no te paralice, que no la descargues en otros y que busques una salida.

    Esa distinción importa porque define cómo preparar la entrevista. Quien intenta aparentar que nada lo frustra suele sonar poco creíble. Quien cuenta con detalle qué sintió, qué decidió y qué cambió después suele sonar competente.

    ¿Qué es la tolerancia a la frustración como competencia laboral?

    La tolerancia a la frustración como competencia laboral es el repertorio de conductas que permite mantener el rendimiento y la relación con los demás cuando el trabajo no sale como se esperaba. Se parece más a un hábito que a un rasgo de carácter, y por eso se puede mostrar, observar y entrenar.

    Para entender el término conviene separar dos cosas. Frustrarse es una reacción emocional normal cuando algo bloquea una meta.

    La intolerancia a la frustración, en cambio, es una creencia: la idea rígida de que la molestia “no debería existir” y de que no se puede aguantar. El psicólogo Albert Ellis la describió dentro de la terapia racional emotiva conductual, y Neil Harrington la midió en adultos con la Frustration Discomfort Scale, que distingue cuatro tipos de creencia: intolerancia al malestar, derechos o injusticia, intolerancia emocional y logro.

    Del lado de la psicología del trabajo, Arnold et al. (2012) definen una competencia como el conjunto de patrones de comportamiento que una persona necesita mostrar para desempeñar bien un rol. Chiavenato (2010) la describe como un repertorio de conductas que integra conocimientos, habilidades y actitudes. Bajo esas definiciones, la tolerancia a la frustración encaja como competencia porque se expresa en lo que haces, no en lo que sientes por dentro.

    Si te interesa la parte clínica del concepto, la revisamos en baja tolerancia a la frustración en adultos y en la guía de instrumentos para evaluarla.

    ¿Qué conductas observan quienes seleccionan personal?

    Las guías de preguntas para entrevistas coinciden en que detrás de la tolerancia a la frustración se miran unas pocas conductas concretas: cómo reconoces tu reacción, cómo manejas el estrés, cómo resuelves el problema y cómo te recuperas del revés. La tabla resume qué se busca y qué suele encender una alerta.

    Conducta observadaPregunta típicaSeñal favorableSeñal de alerta
    Autoconciencia“¿Qué te frustra en el trabajo?”Nombra detonantes reales y cómo los manejaDice que nada lo frustra
    Persistencia“Cuéntame de una meta que tardó más de lo previsto”Ajusta el plan sin abandonar el objetivoCulpa a otros o se rinde
    Recepción de feedback“¿Cuándo recibiste una crítica que te costó?”Distingue lo útil y cambia algo concretoSe justifica o minimiza
    Recuperación“¿Cómo reaccionaste a un revés importante?”Cuenta cuánto tardó y qué hizoRelata el conflicto sin salida
    Manejo de otros“¿Qué haces cuando un compañero te frena?”Conversa y busca acuerdoEvita o confronta con agresividad

    Las fuentes de comportamiento organizacional describen también lo que ocurre cuando esas conductas fallan. Ante metas bloqueadas o críticas continuas, algunos trabajadores caen en reacciones defensivas, reducen su esfuerzo de forma deliberada o se vuelven cínicos con clientes y compañeros (Arnold et al., 2012). Eso explica por qué una competencia que parece blanda pesa tanto en una contratación: el costo de un revés mal manejado lo paga el equipo.

    ¿Cómo se evalúa en una entrevista y en un proceso de selección?

    La herramienta más usada es la entrevista, y la más sólida es la entrevista estructurada: las mismas preguntas, derivadas del puesto, para todos los candidatos, con criterios de calificación definidos de antemano. Hay dos formatos.

    La entrevista conductual pide relatar situaciones pasadas (“cuéntame de una vez en que…”). La situacional plantea un escenario hipotético y pregunta qué harías.

    La evidencia respalda ese cuidado. Un metaanálisis de 245 coeficientes y 86.311 personas encontró que las entrevistas estructuradas predicen mejor el desempeño que las no estructuradas, y que las situacionales rindieron más que las basadas en rasgos psicológicos.

    Una síntesis de 85 años de investigación halló que combinar una prueba de capacidad cognitiva con una entrevista estructurada figuraba entre las combinaciones de mayor validez.

    Una revisión más reciente corrigió a la baja muchas de esas estimaciones (entre 0,10 y 0,20 puntos) y aun así ubicó a la entrevista estructurada como el procedimiento mejor clasificado para predecir el desempeño.

    Otros métodos aparecen en procesos más grandes:

    • Centro de evaluación (assessment center): simulaciones como el ejercicio de bandeja de entrada, juegos de rol y dinámicas de grupo, observadas por varios evaluadores entrenados. Arnold et al. (2012) recogen un metaanálisis con correlación de 0,28 con el desempeño que califican los supervisores.
    • Pruebas de personalidad: miden rasgos asociados a la competencia, sobre todo la estabilidad emocional. Aquí la evidencia es más modesta de lo que se suele pensar. Un metaanálisis de 274 correlaciones encontró que la estabilidad emocional se relacionaba con el desempeño laboral con una correlación de 0,19, y otro clásico sobre los cinco grandes rasgos mostró que la responsabilidad fue el único rasgo con relación consistente en todos los grupos de ocupaciones.
    • Evaluación del desempeño: una vez dentro, se observa cómo reaccionas a metas exigentes y a retroalimentación. Este punto es sensible, porque un metaanálisis de 607 efectos mostró que más de un tercio de las intervenciones de feedback empeoraron el rendimiento, sobre todo cuando la atención se desplaza de la tarea hacia la persona.

    Fuera de estos formatos, algunos procesos usan pruebas de razonamiento o simulaciones. Si te enfrentarás a ellas, te servirá la guía de razonamiento lógico en entrevistas de trabajo.

    ¿Existe un test de tolerancia a la frustración para selección?

    Existen escalas para investigación y clínica, pero no un test estándar de selección con puntos de corte para decidir una contratación. La Frustration Discomfort Scale de Harrington tiene 28 ítems y se usa para estudiar las creencias de intolerancia, pero no tiene puntos de corte publicados (Harrington, 2005). Un puntaje aislado no dice si alguien rendirá bien en un puesto.

    Lo que sí se usa en la práctica son las conductas observadas en entrevista, las simulaciones y las referencias laborales. Por eso preparar buenos ejemplos rinde más que memorizar respuestas.

    ¿Cómo demostrar tolerancia a la frustración en una entrevista?

    Se demuestra contando una historia real con estructura. El método STAR (situación, tarea, acción y resultado) sirve porque ordena el relato, y a los evaluadores les interesa sobre todo la parte de la acción. Tres ingredientes hacen la diferencia: qué pasó realmente, qué hiciste tú y qué cambió después.

    Un ejemplo ficticio de buena respuesta: “En mi último trabajo, un cliente rechazó la propuesta tras tres semanas de preparación. Me molestó mucho. Esa tarde anoté qué me había incomodado, y al día siguiente le pedí una reunión de veinte minutos para entender sus objeciones. Ajustamos el alcance, presentamos una segunda versión y la aceptó. Desde entonces, pido una revisión intermedia antes de entregar propuestas grandes.”

    Esa respuesta contiene una emoción reconocida, una acción concreta, un resultado y un aprendizaje.

    Para preparar tus propias historias, ayuda seguir este orden:

    1. Elige dos o tres situaciones reales en que algo salió mal o tardó más de lo previsto.
    2. Para cada una, anota qué sentiste, qué hiciste y en cuánto tiempo volviste a avanzar.
    3. Cierra con lo que cambió en tu forma de trabajar.
    4. Ensaya en voz alta, con una duración de uno a dos minutos.

    Y evita estos errores frecuentes:

    • Afirmar que nunca te frustras, porque suena a evasiva.
    • Relatar un conflicto en que el culpable es siempre otro.
    • Contar la historia sin resultado ni aprendizaje.
    • Elegir un ejemplo tan leve que no muestre ninguna dificultad real.

    Si el cargo implica atender público, vender o trabajar bajo plazos, conviene sumar un ejemplo con rechazo repetido o con presión externa. Y si lo que más temes es la crítica, repasa también cómo se ve la baja tolerancia a la frustración en el trabajo.

    ¿Se puede entrenar la tolerancia a la frustración?

    Sí, y hay evidencia en adultos.

    La terapia racional emotiva conductual (TREC) es el marco más estudiado. Un metaanálisis de 84 artículos encontró que tuvo un efecto medio frente a otras intervenciones, con un d de 0,58 en resultados y de 0,70 en creencias irracionales.

    En un cuasiexperimento con 54 profesores, un programa grupal de seis semanas redujo el malestar por frustración, y el efecto se mantuvo a los 3 y a los 7 meses. Es un grupo pequeño y no aleatorizado, así que es una señal prometedora y todavía no una prueba definitiva.

    Los ejercicios que usa la TREC se pueden aplicar por cuenta propia:

    • Registro ABC: anotar la situación, la creencia (“no lo soporto”) y la consecuencia, y después reescribir la creencia en una versión más ajustada (“es incómodo, pero puedo tolerarlo para lograr mi objetivo”).
    • Incomodidad deliberada: hacer a propósito una tarea aburrida o incómoda sin escapar rápido, para comprobar que se puede sostener.
    • Pausa antes de responder: esperar unos minutos antes de contestar un correo o un comentario que te molestó.

    En el ámbito laboral, la intolerancia a la frustración tiene costos medibles.

    En 630 universitarios, se asoció con menor rendimiento a través del agotamiento y de un menor compromiso (son estudiantes, no trabajadores, así que hay que leerlo con cautela). Cherniss y Goleman (2001) sostienen que la agitación emocional sin gestionar entorpece la concentración y la toma de decisiones, y que las competencias emocionales se aprenden con práctica repetida, no con una charla.

    Una revisión Cochrane con 11.119 trabajadores de la salud mostró que las intervenciones individuales centradas en el estrés redujeron síntomas a corto plazo, con certeza baja.

    Para la parte emocional, puedes revisar inteligencia emocional en el trabajo.

    Si eres tú quien contrata: cómo evaluarla con más criterio

    Desde el lado de quien selecciona, tres decisiones mejoran la calidad de la evaluación. Primero, usar las mismas preguntas y la misma pauta de calificación para todos los candidatos. Segundo, pedir ejemplos concretos y repreguntar “¿qué hiciste exactamente?”. Tercero, definir antes qué conductas cuentan como señal favorable y cuáles como alerta, para no decidir por simpatía.

    Un cuidado más: la tolerancia a la frustración se ve distinta según el puesto. Un cargo con trato directo al público exige recuperarse rápido del rechazo. Uno técnico con ciclos largos exige persistir sin retroalimentación inmediata. Describir esa diferencia en la oferta ayuda a que las personas se autoevalúen mejor.

    ¿Cuándo la frustración laboral ya es un tema de salud?

    La frustración ocasional es parte del trabajo. Conviene consultar cuando se vuelve constante: si llevas semanas con irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza, miedo a cada correo, desgano profundo o ganas de renunciar sin saber por qué. La OMS define el síndrome de desgaste profesional (burnout) como un fenómeno ocupacional que resulta del estrés crónico del trabajo cuando no se ha gestionado con éxito, y precisa que no se clasifica como condición médica.

    Si te reconoces ahí, la guía para recuperarse del burnout detalla fases y tiempos. Una evaluación psicológica puede aclarar si lo que sientes es cansancio pasajero, un problema del contexto laboral o algo que merece tratamiento. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos.

    Preguntas frecuentes

    ¿La tolerancia a la frustración es una competencia blanda?

    Sí, se clasifica entre las competencias socioemocionales o blandas, porque se expresa en la forma de relacionarse y de reaccionar más que en conocimientos técnicos. Aun así se evalúa con rigor en entrevistas estructuradas y simulaciones, y suele pesar tanto como las habilidades técnicas para cargos con presión, trato al público o ciclos largos de trabajo.

    ¿Cómo respondo “cómo manejas la frustración” en una entrevista?

    Cuenta una situación real con estructura: qué ocurrió, qué sentiste, qué hiciste y qué resultado tuvo. Reconocer la emoción suma credibilidad. Cierra con un aprendizaje concreto que cambió tu forma de trabajar. Evita decir que nunca te frustras o que el problema siempre fue de otros.

    ¿Qué pongo en el currículum para mostrar tolerancia a la frustración?

    Resultados que implicaron obstáculos superados: un proyecto que se reformuló y se entregó, metas que se alcanzaron tras varios intentos o una experiencia con clientes difíciles. Un listado de adjetivos como “resiliente” aporta poco sin un hecho que lo respalde. Un logro concreto con cifras o plazos pesa más.

    ¿Se puede medir con un test?

    Hay escalas de investigación, como la Frustration Discomfort Scale, pero no tienen puntos de corte publicados y no se usan para decidir una contratación (Harrington, 2005). En selección se evalúa mediante la conducta relatada en entrevista, simulaciones y referencias laborales.

    ¿Tener baja tolerancia a la frustración me descalifica para un trabajo?

    No necesariamente. Las creencias de intolerancia se pueden trabajar, y hay programas que muestran mejoras duraderas en adultos. Lo que pesa en un proceso es que tengas ejemplos de cómo te has recuperado de situaciones difíciles y qué ajustes haces. Si sientes que te limita de forma constante, una evaluación psicológica puede orientarte.

    ¿Cómo evalúo esta competencia si soy jefe o reclutador?

    Con preguntas estructuradas iguales para todos, ejemplos concretos y una pauta que defina antes qué es una buena respuesta. Una entrevista conductual sobre situaciones pasadas, combinada con una simulación breve del puesto, entrega más información que una conversación libre.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnold, J., Randall, R., Patterson, F., Silvester, J., Robertson, I. T., Cooper, C. L., Swailes, S., Harris, D., Axtell, C., & Den Hartog, D. (2012). Psicología del trabajo: Comportamiento humano en el ámbito laboral (5.ª ed.). Pearson Educación.

    Barrick, M. R., & Mount, M. K. (1991). The Big Five personality dimensions and job performance: A meta-analysis. Personnel Psychology, 44(1), 1-26. https://doi.org/10.1111/j.1744-6570.1991.tb00688.x

    Cherniss, C., & Goleman, D. (Eds.). (2001). The emotionally intelligent workplace: How to select for, measure, and improve emotional intelligence in individuals, groups, and organizations. Jossey-Bass.

    Chiavenato, I. (2010). Gestión del talento humano (3.ª ed.). McGraw-Hill.

    David, D., Cotet, C., Matu, S., Mogoase, C., & Stefan, S. (2018). 50 years of rational-emotive and cognitive-behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 74(3), 304-318. https://doi.org/10.1002/jclp.22514

    Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465

    Judge, T. A., & Bono, J. E. (2001). Relationship of core self-evaluations traits (self-esteem, generalized self-efficacy, locus of control, and emotional stability) with job satisfaction and job performance: A meta-analysis. Journal of Applied Psychology, 86(1), 80-92. https://doi.org/10.1037/0021-9010.86.1.80

    Kluger, A. N., & DeNisi, A. (1996). The effects of feedback interventions on performance: A historical review, a meta-analysis, and a preliminary feedback intervention theory. Psychological Bulletin, 119(2), 254-284. https://doi.org/10.1037/0033-2909.119.2.254

    Lupuleac, C., Faur, D., & Sava, F. A. (2025). Frustrated teachers: An REBT intervention to reduce frustration discomfort in middle school teachers: A quasi-experimental study. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 15(4), 57. https://doi.org/10.3390/ejihpe15040057

    McDaniel, M. A., Whetzel, D. L., Schmidt, F. L., & Maurer, S. D. (1994). The validity of employment interviews: A comprehensive review and meta-analysis. Journal of Applied Psychology, 79(4), 599-616. https://doi.org/10.1037/0021-9010.79.4.599

    Organización Mundial de la Salud. (2019, 28 de mayo). Burn-out an “occupational phenomenon”: International Classification of Diseases. https://www.who.int/news/item/28-05-2019-burn-out-an-occupational-phenomenon-international-classification-of-diseases

    Ruiz-Ortega, A. M., & Berrios-Martos, M. P. (2025). The role of emotional intelligence and frustration intolerance in the academic performance of university students: A structural equation model. Journal of Intelligence, 13(8), 101. https://doi.org/10.3390/jintelligence13080101

    Sackett, P. R., Zhang, C., Berry, C. M., & Lievens, F. (2022). Revisiting meta-analytic estimates of validity in personnel selection: Addressing systematic overcorrection for restriction of range. Journal of Applied Psychology, 107(11), 2040-2068. https://doi.org/10.1037/apl0000994

    Schmidt, F. L., & Hunter, J. E. (1998). The validity and utility of selection methods in personnel psychology: Practical and theoretical implications of 85 years of research findings. Psychological Bulletin, 124(2), 262-274. https://doi.org/10.1037/0033-2909.124.2.262

    Tamminga, S. J., Emal, L. M., Boschman, J. S., Levasseur, A., Thota, A., Ruotsalainen, J. H., Schelvis, R. M., Nieuwenhuijsen, K., & van der Molen, H. F. (2023). Individual-level interventions for reducing occupational stress in healthcare workers. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(5), CD002892. https://doi.org/10.1002/14651858.cd002892.pub6

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Presentismo laboral: qué es y por qué es un problema

    Presentismo laboral: qué es y por qué es un problema

    Es lunes, amaneciste con fiebre baja y la garganta cerrada, pero hay una entrega el miércoles y tu equipo ya está justo de gente. Te tomas un paracetamol, te conectas y avanzas a medias. Nadie te lo pidió, y aun así sentiste que no tenías opción. Esa decisión, repetida en miles de oficinas, tiene nombre: presentismo laboral.

    En esta guía vas a ver qué es el presentismo laboral (el término se usa de dos maneras distintas), por qué tanta gente trabaja enferma, qué dicen los estudios sobre sus consecuencias en la salud física y mental, y qué se puede hacer desde el lugar del trabajador y desde el de quien dirige un equipo.

    Respuesta rápida: el presentismo laboral es ir a trabajar estando enfermo, agotado o sin condiciones para rendir, de modo que la persona está en su puesto pero con un desempeño menor. Se asocia con mala salud, presión por no faltar, inseguridad laboral y exceso de demandas. Las revisiones más sólidas lo vinculan con más ausencias por enfermedad a futuro y con peor salud percibida, aunque no siempre es perjudicial en el corto plazo.

    ¿Qué es el presentismo laboral?

    El presentismo laboral es la situación en que una persona está presente en el trabajo pero rinde menos de lo que podría, ya sea por un problema de salud física o psicológica, o por bajo compromiso y poca motivación. Así lo definen Arnold y colaboradores (2012), apoyándose en trabajos de Hoel y de Brun y Lamarche, en su manual de psicología del trabajo.

    Ojo con un detalle: en español la palabra se usa de dos formas.

    • Presentismo por enfermedad (sickness presenteeism): ir a trabajar a pesar de estar enfermo. Es el sentido que más estudia la investigación en salud, y el que sirve para esta guía.
    • Presentismo como cultura de la presencia: quedarse horas en la oficina para “que te vean”, sin que eso mejore lo que produces. Es un fenómeno cercano, que suele aparecer en la misma empresa que el primero.

    La diferencia con el ausentismo está en dónde está el cuerpo. Chiavenato (2010) define el ausentismo como el tiempo de trabajo que se pierde cuando las personas no se presentan, y eso queda en los registros de asistencia y de licencias. El presentismo no deja rastro en ninguna planilla, y por eso cuesta tanto medirlo.

    Hay otra advertencia que conviene tener presente. Un estudio con datos de la Encuesta Española de Riesgos Psicosociales de 2016 mostró que la cifra de presentismo cambia según a quién se mide, qué punto de corte se use y qué razones se consideren (Navarro et al., 2019). Dos estudios pueden decir porcentajes muy distintos y estar midiendo cosas diferentes.

    ¿Qué tan común es ir a trabajar enfermo?

    Muy común, aunque no hay una cifra única. En una encuesta a 2.533 trabajadores de Noruega y Suecia, el 56 % había ido a trabajar enfermo al menos una vez en el último año (Johansen et al., 2014). La tasa de respuesta fue baja (33 %), así que el dato se toma con cautela, pero la imagen general coincide con otras revisiones.

    Una revisión narrativa en el British Medical Bulletin señala que el presentismo por enfermedad aumenta mientras el ausentismo baja, y que el personal de salud está entre los grupos de mayor riesgo (Kinman, 2019).

    Sobre Chile, en la búsqueda que respalda esta guía no apareció una cifra nacional comparable de presentismo. El dato más cercano es la aplicación nacional del cuestionario CEAL-SM/SUSESO, que mide carga de trabajo y vulnerabilidad en los centros de trabajo, dos factores que, como verás más abajo, empujan a la gente a no faltar.

    ¿Por qué la gente trabaja enferma?

    La razón más repetida es el miedo a perjudicar a otros. En el estudio nórdico, las razones más frecuentes fueron no cargar a los compañeros (43 %), disfrutar del trabajo (37 %) y sentirse indispensable (35 %). Las mujeres y los trabajadores jóvenes elegían más a menudo la primera razón, y las jefaturas, la tercera (Johansen et al., 2014).

    Un metaanálisis de 109 muestras (175.965 personas) ordenó los factores asociados al presentismo (Miraglia y Johns, 2016):

    • Mala salud general, como es de esperar.
    • Restricciones para faltar: políticas de ausencia estrictas e inseguridad laboral.
    • Demandas altas y estrés, junto con pocos recursos en el trabajo (poco apoyo) y en la persona (poco optimismo).
    • Experiencias relacionales negativas, como la discriminación percibida.
    • Actitudes positivas: satisfacción, engagement y compromiso.

    Este último punto sorprende. Sentirse comprometido con el trabajo también empuja a ir enfermo, de modo que el presentismo no siempre es “falta de límites” en un sentido negativo. Miraglia y Johns encontraron que las demandas y los recursos explican más del presentismo que del ausentismo, y que operan por dos caminos: el deterioro de la salud y la motivación.

    Los textos de psicología del trabajo consultados describen el mismo cuadro con otras palabras. Arnold y colaboradores (2012) explican que la cultura de la sobreexigencia laboral, con largas jornadas, induce la creencia de que ausentarse por salud es un signo de debilidad o de poco compromiso. El manual del cuestionario CEAL-SM/SUSESO incluye en la dimensión de vulnerabilidad el miedo a ser despedido y la sensación de ser fácilmente reemplazable, y en la de carga de trabajo, la falta de personal y la acumulación de tareas, que hacen que enfermarse equivalga a volver a un atraso imposible (SUSESO, 2022).

    ¿Qué consecuencias tiene para la salud?

    Aquí conviene separar lo que está bien establecido de lo que no.

    Lo que más respaldo tiene: el presentismo se asocia con problemas de salud posteriores. Una revisión sistemática de 12 estudios longitudinales encontró que, en la mayoría, el presentismo inicial era un factor de riesgo de ausencias por enfermedad futuras y de peor salud autopercibida (Skagen y Collins, 2016). Una cohorte representativa de la población trabajadora sueca llegó a algo parecido: quienes habían trabajado enfermos más de 7 días en el año tenían más riesgo de salud suboptima al seguimiento (OR ajustado 1,64; IC 95 % 1,30-2,06) y de más ausencias por enfermedad (Taloyan et al., 2012).

    Lo que sigue en discusión: si el daño pasa por la salud física o por la mental. En ese estudio sueco, cuando se tuvo en cuenta el agotamiento emocional, la asociación dejó de ser significativa, lo que sugiere que buena parte del efecto circula por la salud mental. Pero la revisión de Skagen y Collins advierte que aún no hay consenso, en gran parte porque los estudios definen y miden el presentismo de formas distintas.

    Lo que dicen los modelos de burnout: Maslach y Leiter (1997) sostienen que los problemas de salud perpetúan el agotamiento cuando se sigue trabajando pese a sentirse enfermo, y que el origen del burnout está sobre todo en el puesto y la organización más que en la persona. Si te interesa esa línea, la guía sobre qué es el burnout la desarrolla.

    Presentismo, depresión y estrés

    El vínculo con la salud mental también va en la otra dirección: sentirse mal por dentro baja el rendimiento aunque el cuerpo esté en su puesto.

    En una muestra de 4.953 trabajadores, a mayor gravedad de los síntomas depresivos (medidos con el PHQ-9), peor era el desempeño por presentismo y más días de licencia por salud mental. Los síntomas que más pesaban en la ausencia eran más conductuales, y los que más pesaban en el presentismo, más cognitivos, como la concentración (Johnston et al., 2019).

    Hay una consecuencia económica que suele usarse para convencer a las empresas. Un estudio en ocho países, entre ellos Brasil y México, estimó que el costo anual del presentismo por depresión fue de US$ 5.524 por persona en Estados Unidos y de US$ 5.788 en Brasil, y que tendía a ser entre 5 y 10 veces el del ausentismo (Evans-Lacko y Knapp, 2016). Es una estimación para depresión, no una regla para cualquier enfermedad.

    ¿Ir a trabajar enfermo es siempre un error?

    No siempre, y conviene decirlo. Kinman (2019) señala que el presentismo puede facilitar la rehabilitación y la recuperación. Y no toda molestia leve impide rendir con normalidad.

    El problema aparece cuando se vuelve un hábito, cuando la persona va enferma porque no se siente libre de faltar, o cuando trabajar mal ocurre en un puesto donde un error cuesta caro (salud, transporte, seguridad). En esos casos Kinman propone tratarlo como una conducta de riesgo, que se mide y se gestiona, y no como una muestra de dedicación.

    Qué puedes hacer si eres trabajador

    Ninguna de estas ideas sale de un ensayo clínico sobre presentismo, así que tómalas como criterios de sentido común apoyados en lo que se sabe de los factores de riesgo:

    1. Pregúntate por qué vas. Si la razón es “no quiero dejar sola a mi gente” o “me van a mirar mal”, ya tienes información sobre el clima de tu trabajo, más que sobre tu salud.
    2. Mira si el malestar mejora o empeora mientras sigues. Si llevas varios días mal, o los síntomas crecen al seguir trabajando, es motivo para consultar a un médico y no para aguantar.
    3. Prueba pedir lo mínimo viable. Cambiar una entrega, trabajar medio día o delegar una tarea es más fácil de conseguir que una licencia, y deja a la jefatura una señal clara.
    4. Si el problema se repite, consúltalo. Si llevas semanas yendo agotado, la conversación pasa a ser clínica: un médico puede evaluar si corresponde una licencia, y sobre ese trámite hay una guía sobre licencia médica por salud mental en Chile.

    Qué puede hacer quien dirige un equipo

    Una revisión sistemática de programas de promoción de la salud en el trabajo (14 estudios aceptados) encontró evidencia preliminar de que algunos mejoran el presentismo. Los que funcionaban compartían liderazgo organizacional, tamizaje de riesgos de salud, programas adaptados a cada persona y una cultura de apoyo (Cancelliere et al., 2011). La misma revisión pide cautela: el 70 % de los estudios revisados quedó fuera por problemas de sesgo.

    Los textos de psicología del trabajo consultados apuntan en la misma dirección y agregan medidas de organización del trabajo: ajustar la dotación de personal cuando sube la demanda, eliminar tareas burocráticas, respetar horarios de salida y de desconexión, y evaluar a las jefaturas por el clima y el ausentismo además de por las metas (Arnold et al., 2012; SUSESO, 2022). Arnold y colaboradores mencionan también que las jefaturas actúen como modelo, saliendo a su hora y faltando cuando están enfermas. Para entender cómo se evalúa todo esto en una empresa, mira la guía de riesgos psicosociales laborales.

    Si trabajas en un lugar donde el presentismo convive con el desgano, también puede interesarte qué es el quiet quitting, que se parece por fuera (estar sin estar) y es distinto en el origen.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Conviene consultar a un médico o a un psicólogo si llevas varias semanas con alguno de estos signos:

    • Agotamiento que no mejora con el fin de semana ni con las vacaciones.
    • Dificultad para concentrarte o rendir que antes no tenías.
    • Insomnio, irritabilidad o ánimo bajo casi todos los días.
    • Ansiedad antes de ir al trabajo o dolores físicos que empeoran durante la semana laboral.
    • Sensación de no valer nada, o pensamientos de hacerte daño.

    Si aparece lo último, no esperes: puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, gratuita y disponible las 24 horas) o acudir a un servicio de urgencia.

    Una evaluación psicológica ayuda a separar qué parte del desgaste viene del puesto y qué parte de cómo lo estás viviendo, y a descartar una depresión o un trastorno de ansiedad que necesiten tratamiento. Si quieres hacerlo, puedes agendar una consulta.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el presentismo laboral?

    Es ir a trabajar estando enfermo, agotado o sin condiciones para rendir, de modo que la persona está en su puesto pero con un desempeño menor. En español también se usa para describir la cultura de quedarse horas en la oficina por aparentar dedicación, aunque la investigación en salud se centra en el primer sentido.

    ¿Cuál es la diferencia entre presentismo y ausentismo?

    En el ausentismo la persona no está en el trabajo, y queda registrado en la asistencia y las licencias. En el presentismo la persona está, pero rinde menos por salud, estrés o desmotivación, y eso casi nunca queda anotado. Por eso el presentismo es más difícil de medir y de gestionar.

    ¿Por qué la gente va a trabajar enferma?

    Los estudios mencionan no querer cargar a los compañeros, sentirse indispensable, disfrutar del trabajo, miedo a perder el empleo, políticas estrictas de ausencia y exceso de demandas. Un metaanálisis de 109 muestras encontró además que el compromiso y la satisfacción laboral se asocian con más presentismo.

    ¿Qué consecuencias tiene ir a trabajar enfermo?

    La mayoría de los estudios longitudinales revisados lo asocian con más ausencias por enfermedad y peor salud percibida a futuro. Aún no hay consenso sobre su efecto específico en la salud física y mental. Cuando se vuelve un hábito, se asocia con peor salud percibida a futuro.

    ¿Cómo puede reducirse el presentismo en una empresa?

    Con liderazgo que dé el ejemplo, programas de salud ajustados a cada persona, dotación suficiente, horarios respetados y una cultura donde faltar enfermo no tenga castigo. La evidencia sobre programas concretos es todavía preliminar, así que conviene medir tanto el ausentismo como el presentismo antes y después.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnold, J., Randall, R., Patterson, F., Silvester, J., Robertson, I. T., Cooper, C. L., Swailes, S., Harris, D., Axtell, C., & Den Hartog, D. (2012). Psicología del trabajo: Comportamiento humano en el ámbito laboral (5.ª ed.). Pearson Educación.

    Cancelliere, C., Cassidy, J. D., Ammendolia, C., & Côté, P. (2011). Are workplace health promotion programs effective at improving presenteeism in workers? A systematic review and best evidence synthesis of the literature. BMC Public Health, 11, 395. https://doi.org/10.1186/1471-2458-11-395

    Chiavenato, I. (2010). Gestión del talento humano (3.ª ed.). McGraw-Hill.

    Evans-Lacko, S., & Knapp, M. (2016). Global patterns of workplace productivity for people with depression: Absenteeism and presenteeism costs across eight diverse countries. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 51(11), 1525-1537. https://doi.org/10.1007/s00127-016-1278-4

    Johansen, V., Aronsson, G., & Marklund, S. (2014). Positive and negative reasons for sickness presenteeism in Norway and Sweden: A cross-sectional survey. BMJ Open, 4(2), e004123. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2013-004123

    Johnston, D. A., Harvey, S. B., Glozier, N., Calvo, R. A., Christensen, H., & Deady, M. (2019). The relationship between depression symptoms, absenteeism and presenteeism. Journal of Affective Disorders, 256, 536-540. https://doi.org/10.1016/j.jad.2019.06.041

    Kinman, G. (2019). Sickness presenteeism at work: Prevalence, costs and management. British Medical Bulletin, 129(1), 69-78. https://doi.org/10.1093/bmb/ldy043

    Maslach, C., & Leiter, M. P. (1997). The truth about burnout: How organizations cause personal stress and what to do about it. Jossey-Bass.

    Miraglia, M., & Johns, G. (2016). Going to work ill: A meta-analysis of the correlates of presenteeism and a dual-path model. Journal of Occupational Health Psychology, 21(3), 261-283. https://doi.org/10.1037/ocp0000015

    Navarro, A., Salas-Nicás, S., Llorens, C., Moncada, S., Molinero-Ruíz, E., & Moriña, D. (2019). Sickness presenteeism: Are we sure about what we are studying? A research based on a literature review and an empirical illustration. American Journal of Industrial Medicine, 62(7), 580-589. https://doi.org/10.1002/ajim.22982

    Skagen, K., & Collins, A. M. (2016). The consequences of sickness presenteeism on health and wellbeing over time: A systematic review. Social Science & Medicine, 161, 169-177. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2016.06.005

    Superintendencia de Seguridad Social [SUSESO]. (2022). Manual del método del Cuestionario de Evaluación del Ambiente Laboral – Salud Mental (CEAL-SM/SUSESO). Gobierno de Chile. https://cealsm.suseso.cl/Manual_Metodo_Cuestionario_CEAL_vigente.pdf

    Taloyan, M., Aronsson, G., Leineweber, C., Magnusson Hanson, L., Alexanderson, K., & Westerlund, H. (2012). Sickness presenteeism predicts suboptimal self-rated health and sickness absence: A nationally representative study of the Swedish working population. PLoS ONE, 7(9), e44721. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0044721

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental, crianza y trabajo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Salario emocional: qué es

    Salario emocional: qué es

    Te ofrecen un trabajo. El sueldo es parecido al que tienes, pero en la entrevista te hablan de “buen ambiente”, “flexibilidad” y “salario emocional”. O al revés: llevas años en un puesto donde el sueldo llega a tiempo y aun así vuelves a casa con la sensación de que nadie ve lo que haces. Esa distancia entre lo que se paga y lo que se siente es justo lo que intenta nombrar el salario emocional.

    En esta guía vas a ver qué es el salario emocional, qué incluye de verdad (más allá de la lista de beneficios de un aviso de empleo), qué dicen los estudios sobre su efecto en la salud mental y en las ganas de quedarse en un trabajo, y por qué no puede reemplazar al sueldo.

    Respuesta rápida: el salario emocional es el conjunto de retribuciones no monetarias que una persona recibe por su trabajo: reconocimiento, autonomía, flexibilidad, posibilidades de crecer, trato justo y apoyo de jefaturas y compañeros. Es un término de gestión de personas, no de la psicología; los textos académicos lo llaman recompensas no financieras. La evidencia sugiere que importan, sobre todo el reconocimiento y la percepción de justicia, y los estudios encontrados los tratan como complemento del sueldo, nunca como su reemplazo.

    Salario emocional: qué es y cómo lo definen los autores

    El salario emocional es todo lo que recibes de tu trabajo que no llega en la liquidación de sueldo: que reconozcan tu aporte, que puedas decidir cómo hacer tus tareas, que tu jefatura te escuche, que tengas horarios con algo de margen o que veas hacia dónde puedes crecer.

    Un dato que casi nunca se dice: la expresión “salario emocional” no aparece en los textos clásicos de la psicología del trabajo que consultamos para esta guía (Chiavenato, Arnold y colaboradores, Schein ni los documentos de la SUSESO). Es un nombre popular de recursos humanos. Lo que esos textos describen, con otros nombres, es lo mismo:

    • Chiavenato (2010) separa la remuneración en un componente básico (el sueldo), incentivos (bonos, comisiones) y prestaciones y servicios sociales, y llama recompensas no financieras a las que no se pagan en dinero: oportunidades de desarrollo, reconocimiento, autoestima, seguridad en el empleo, calidad de vida en el trabajo, orgullo por la empresa, libertad y autonomía.
    • Arnold y colaboradores (2012) las ordenan en tres grupos: las del contexto social (una oficina más cómoda, actividades de la empresa), las relacionadas con el trabajo (horarios flexibles, más responsabilidad, autonomía, teletrabajo, rotación de puestos) y las personales e interpersonales (un agradecimiento verbal, una felicitación escrita, que te pidan tu opinión).

    Entonces, cuando una empresa dice “salario emocional”, está hablando de recompensas no financieras. La diferencia es que bajo ese nombre suele entrar de todo, desde un día libre de cumpleaños hasta algo tan serio como que te traten con respeto.

    Ejemplos de salario emocional: qué incluye

    Los ejemplos se entienden mejor ordenados por lo que cubren, no como una lista suelta:

    • Reconocimiento: que alguien nombre tu aporte, ya sea tu jefatura o tus pares. Es el ingrediente más estudiado.
    • Autonomía y control: decidir cómo y cuándo haces una parte de tu trabajo.
    • Flexibilidad: horarios con margen, trabajo parcialmente remoto, permisos para trámites.
    • Desarrollo: capacitación, un camino de crecimiento visible, tareas que te hagan aprender.
    • Trato justo y apoyo: que las reglas valgan igual para todos, que los conflictos se resuelvan y que tu jefatura te escuche cuando algo no funciona.
    • Seguridad: saber que tu puesto no depende del humor de nadie.

    Un regalo de cumpleaños o una sala de descanso pueden sumar, pero pesan menos que cualquiera de los puntos anteriores. Y hay un detalle que cambia la lectura: si una empresa ofrece mucho de la parte decorativa y poco de la parte de fondo (reconocimiento, justicia, apoyo), el “salario emocional” queda vacío.

    ¿Es lo mismo que un beneficio laboral?

    Casi, pero no del todo. Los beneficios no monetarios del trabajo son la parte más visible del salario emocional, y Chiavenato (2010) clasifica los beneficios según si la ley los exige (vacaciones, gratificaciones) o si la empresa los entrega por voluntad propia (seguros, convenios, becas), y según si se pagan en dinero o en forma de servicio (casino, gimnasio, horarios flexibles). El salario emocional se parece más a lo segundo, pero incluye cosas que no son un beneficio que se pueda contratar, como el trato que recibes.

    Aquí hay un hallazgo útil. Un metaanálisis de 134 estudios con más de 260.000 trabajadores encontró que lo que se relaciona con el compromiso con la empresa, la intención de irse, la satisfacción laboral y el bienestar es que los beneficios estén disponibles y que la persona los valore. Usarlos aportó poco por encima de eso, y la valoración subjetiva pesó más que la mera disponibilidad (Hong et al., 2024). Otro estudio con más de 13.000 trabajadores apuntó en la misma dirección: importó más la calidad de los beneficios que su cantidad (Valmori et al., 2025).

    En la práctica, diez beneficios que nadie valora rinden menos que dos que de verdad le sirven a quien los recibe.

    ¿Puede el salario emocional reemplazar al sueldo?

    No, y los modelos clásicos explican por qué. Herzberg (1966), en la lectura que hacen Chiavenato y Arnold y colaboradores, distingue dos tipos de factores: los higiénicos (sueldo, condiciones físicas, seguridad, políticas de la empresa) y los motivadores (autonomía, trabajo desafiante, reconocimiento, desarrollo). Cuando los higiénicos fallan, aparece la insatisfacción. Cuando están bien, solo evitan esa insatisfacción. Para que haya motivación hacen falta los otros. Por eso el reconocimiento no compensa un sueldo que no alcanza, y un buen sueldo no arregla un trabajo sin sentido ni trato.

    Hay un matiz más sobre el dinero. En un metaanálisis clásico, Deci, Koestner y Ryan (1999) mostraron que las recompensas externas pueden dañar la motivación intrínseca cuando se viven como un intento de controlar la conducta, y no como información sobre lo bien que uno trabaja. Arnold y colaboradores (2012) lo resumen así: el salario funciona mejor cuando se percibe como un indicador justo de competencia.

    El modelo de desequilibrio entre esfuerzo y recompensa de Siegrist también deja claro que el dinero es una de varias monedas. Según lo describe Marulanda Ruiz (2007), el trabajo es un intercambio en el que el esfuerzo se compensa con tres tipos de recompensa: dinero, estima (reconocimiento y respeto) y estatus o seguridad laboral. El malestar aparece cuando se da mucho y se recibe poco en el conjunto, y para ese modelo faltar en una moneda no se arregla pagando en otra.

    Qué dice la evidencia sobre sus efectos en la salud mental

    Hay que ir por partes, porque “salario emocional” no es un solo ingrediente.

    Reconocimiento

    Es la pieza con más estudios. En dos estudios con empleados (328 y 220 personas), tanto el reconocimiento de la jefatura como el de los compañeros se asoció con menos burnout, y cada tipo de reconocimiento apuntó a una dimensión distinta: el respeto se vinculó con menos agotamiento emocional, el cuidado con menos despersonalización y la estima con más sensación de logro (Renger et al., 2020). Son estudios transversales: muestran asociación en un momento dado, y no prueban que el reconocimiento cause el cambio.

    En una muestra de 1.831 trabajadores, el reconocimiento se relacionó con más bienestar a través de los recursos psicológicos de la persona, y el efecto del reconocimiento entre compañeros fue el doble que el de la jefatura (.39 frente a .20; Merino y Privado, 2015). Y en un seguimiento a 5.048 trabajadores mayores de 50 años en Europa, quienes recibían reconocimiento por su trabajo reportaron mejor calidad de vida y menor riesgo de hipertensión después, aunque con un tamaño de efecto pequeño (Weziak-Bialowolska y Bialowolski, 2022).

    Sentir que la empresa te valora

    Una revisión de más de 70 estudios (Rhoades y Eisenberger, 2002) mostró que la creencia de que la organización valora tu aporte y se preocupa por tu bienestar (el “apoyo organizacional percibido”) se construye con tres cosas: justicia, apoyo de la jefatura y recompensas con buenas condiciones de trabajo. A su vez, esa creencia se relacionó con más satisfacción, mejor ánimo, más compromiso afectivo y menos conductas de retiro.

    Flexibilidad

    Una revisión sistemática de 16 estudios concluyó que el trabajo flexible puede tener efectos pequeños y favorables sobre la salud mental: tener poco control sobre el propio horario se asoció con más síntomas depresivos, distrés y burnout, y trabajar parte de la semana desde casa mostró beneficios pequeños. Los propios autores piden ensayos controlados para saber cuánto de eso es causal (Shiri et al., 2022). Un metaanálisis de 85 estudios agrega que el apoyo específico para conciliar trabajo y familia se relaciona más con el conflicto trabajo-familia que el apoyo general (Kossek et al., 2011). Eso sugiere que la flexibilidad rinde más cuando viene con el respaldo explícito de la jefatura.

    Cuando faltan las recompensas

    La otra cara también tiene datos. Un metaanálisis de ocho estudios de seguimiento con casi 85.000 trabajadores encontró que quienes vivían un desequilibrio entre esfuerzo y recompensa tenían más riesgo de desarrollar un trastorno depresivo después (estimación combinada de 1,49; Rugulies et al., 2017). Una revisión de 51 informes sumó que el sobrecompromiso (esforzarse más allá de lo razonable por necesidad de aprobación) también explica por sí solo parte de la salud de los trabajadores (Siegrist y Li, 2016).

    Maslach y Leiter (1997) llegan a la misma idea desde el burnout: la recompensa insuficiente, la pérdida de comunidad y la falta de equidad son tres de los seis desajustes entre la persona y su puesto que, según ellos, causan el agotamiento. Es una explicación coherente con lo anterior, y conviene mirarla junto con qué es el burnout y cómo se trata.

    El salario emocional en Chile: lo que mide la SUSESO

    Chile no tiene una definición legal de “salario emocional”. Lo que sí existe es la forma de medir sus ingredientes más importantes. El protocolo de vigilancia de riesgos psicosociales de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO, 2022a) usa el cuestionario CEAL-SM/SUSESO, que evalúa 12 dimensiones del ambiente laboral. Varias son, en la práctica, salario emocional:

    • Reconocimiento y claridad de rol: si tu trabajo es valorado por tus superiores, si te tratan con respeto y con justicia, y si tus responsabilidades están claras.
    • Confianza y justicia organizacional: si los conflictos se resuelven de manera justa, si las cargas se reparten con equidad y si se valora a quien hizo bien su trabajo.
    • Desarrollo profesional: si hay oportunidades de aplicar tu experiencia y aprender cosas nuevas.
    • Calidad del liderazgo y compañerismo: el apoyo social que recibes de tu jefatura y de tus pares.

    El manual del método (SUSESO, 2022b) asocia niveles desfavorables en estas dimensiones con peor salud mental medida con el GHQ-12. Y con la Ley 21.643 (Ley Karin), el trato respetuoso dejó de ser una cortesía: el Código del Trabajo exige ahora relaciones laborales libres de violencia y compatibles con la dignidad de la persona. Para ver cómo se evalúan estos riesgos en un lugar de trabajo, está la guía sobre riesgos psicosociales laborales.

    ¿Cómo saber si a tu trabajo le falta salario emocional?

    No existe un test validado de “salario emocional”, así que no vas a encontrar un puntaje aquí. Lo que sí sirve es preguntarse, con calma, por cada una de las monedas que vimos:

    1. ¿La última vez que hiciste algo bien, alguien lo notó y te lo dijo?
    2. ¿Tienes alguna decisión propia sobre cómo haces tu trabajo?
    3. ¿Si surge un conflicto, sabes que se resuelve con criterios parejos?
    4. ¿Ves algo que puedas aprender o alcanzar aquí en el próximo año?
    5. ¿Puedes pedir ayuda o decir que no llegas sin que eso tenga costo?
    6. ¿Tu esfuerzo y lo que recibes (en dinero, trato y estabilidad) se sienten más o menos parejos?

    Si respondes “no” a varias, probablemente hay un desajuste entre lo que das y lo que recibes. Para Maslach y Leiter, ese desajuste se explica sobre todo por el puesto y la organización, y menos por una falla personal. Compartirlo con tu jefatura de forma concreta (“me ayudaría tener una conversación mensual sobre mis prioridades”) suele ser más productivo que un “me siento poco valorado”.

    Y si eres quien dirige un equipo, la lección de los estudios es que el reconocimiento entre pares, la justicia y el apoyo de la jefatura rinden más que sumar beneficios nuevos. Para ver cómo se vive la motivación del otro lado, está también la guía sobre engagement laboral, y para el caso de quien ya se desconectó, qué es el quiet quitting.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Un trabajo sin reconocimiento es incómodo; el problema empieza cuando ese desgaste se instala. Conviene consultar a un psicólogo o a un médico si llevas semanas con alguno de estos signos:

    • Agotamiento que no se recupera con el fin de semana o las vacaciones.
    • Insomnio, irritabilidad o ánimo bajo casi todos los días.
    • Ansiedad antes de ir al trabajo o dolores físicos que empeoran en la semana laboral.
    • Sensación de no valer nada, o pensamientos de hacerte daño.

    Si esto último aparece, no esperes: puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, gratuita y disponible las 24 horas) o acudir a un servicio de urgencia.

    Una evaluación psicológica ayuda a separar qué parte del malestar viene del puesto y qué parte de cómo lo estás procesando, y a descartar una depresión o una ansiedad que necesiten tratamiento. Si quieres hacerlo, puedes agendar una consulta.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el salario emocional?

    Es el conjunto de retribuciones no monetarias que recibes por tu trabajo: reconocimiento, autonomía, flexibilidad, posibilidades de desarrollo, trato justo y apoyo de jefaturas y compañeros. En los textos académicos se llama recompensas no financieras (Chiavenato, 2010; Arnold et al., 2012).

    ¿El salario emocional reemplaza al sueldo?

    No. Según la teoría de los dos factores de Herzberg, el sueldo es un factor higiénico: si falla, genera insatisfacción, y si está bien, solo la evita. Las recompensas no financieras motivan, pero no compensan un sueldo insuficiente. Ambos se necesitan.

    ¿Cuáles son ejemplos de salario emocional?

    Reconocimiento de la jefatura y de los pares, autonomía en las tareas, horarios flexibles, trabajo remoto parcial, capacitación, un camino de crecimiento y un trato justo. Los regalos o las salas de descanso suman, pero pesan menos que estos puntos.

    ¿Tiene efectos en la salud mental?

    Los estudios encontrados asocian el reconocimiento, la justicia y el apoyo con menos burnout y mejor bienestar, y el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa con más riesgo de depresión (Renger et al., 2020; Rugulies et al., 2017). Son asociaciones, no prueban causa por sí solas.

    ¿Cómo se mide el salario emocional en Chile?

    Lo más cercano es el cuestionario CEAL-SM/SUSESO, que mide dimensiones que lo componen, como el reconocimiento y la claridad de rol, la justicia organizacional, el desarrollo profesional y el liderazgo (SUSESO, 2022a, 2022b).

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnold, J., Randall, R., Patterson, F., Silvester, J., Robertson, I. T., Cooper, C. L., Swailes, S., Harris, D., Axtell, C., & Den Hartog, D. (2012). Psicología del trabajo: Comportamiento humano en el ámbito laboral (5.ª ed.). Pearson Educación.

    Chiavenato, I. (2010). Gestión del talento humano (3.ª ed.). McGraw-Hill.

    Deci, E. L., Koestner, R., & Ryan, R. M. (1999). A meta-analytic review of experiments examining the effects of extrinsic rewards on intrinsic motivation. Psychological Bulletin, 125(6), 627-668. https://doi.org/10.1037/0033-2909.125.6.627

    Herzberg, F. (1966). Work and the nature of man. World Publishing.

    Hong, Y.-H., Ford, M. T., & Jong, J. (2024). Employee benefit availability, use, and subjective evaluation: A meta-analysis of relationships with perceived organizational support, affective organizational commitment, withdrawal, job satisfaction, and well-being. Journal of Applied Psychology, 109(12), 1921-1947. https://doi.org/10.1037/apl0001202

    Kossek, E. E., Pichler, S., Bodner, T., & Hammer, L. B. (2011). Workplace social support and work-family conflict: A meta-analysis clarifying the influence of general and work-family-specific supervisor and organizational support. Personnel Psychology, 64(2), 289-313. https://doi.org/10.1111/j.1744-6570.2011.01211.x

    Marulanda Ruiz, I. C. (2007). Estrés laboral: Enemigo silencioso de la salud mental y la satisfacción con la vida. Universidad de los Andes.

    Maslach, C., & Leiter, M. P. (1997). The truth about burnout: How organizations cause personal stress and what to do about it. Jossey-Bass.

    Merino, M. D., & Privado, J. (2015). Does employee recognition affect positive psychological functioning and well-being? The Spanish Journal of Psychology, 18, E64. https://doi.org/10.1017/sjp.2015.67

    Renger, D., Miché, M., & Casini, A. (2020). Professional recognition at work: The protective role of esteem, respect, and care for burnout among employees. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 62(3), 202-209. https://doi.org/10.1097/jom.0000000000001782

    Rhoades, L., & Eisenberger, R. (2002). Perceived organizational support: A review of the literature. Journal of Applied Psychology, 87(4), 698-714. https://doi.org/10.1037/0021-9010.87.4.698

    Rugulies, R., Aust, B., & Madsen, I. E. H. (2017). Effort-reward imbalance at work and risk of depressive disorders: A systematic review and meta-analysis of prospective cohort studies. Scandinavian Journal of Work, Environment & Health, 43(4), 294-306. https://doi.org/10.5271/sjweh.3632

    Shiri, R., Turunen, J., Kausto, J., Leino-Arjas, P., Varje, P., Väänänen, A., & Ervasti, J. (2022). The effect of employee-oriented flexible work on mental health: A systematic review. Healthcare, 10(5), 883. https://doi.org/10.3390/healthcare10050883

    Siegrist, J., & Li, J. (2016). Associations of extrinsic and intrinsic components of work stress with health: A systematic review of evidence on the effort-reward imbalance model. International Journal of Environmental Research and Public Health, 13(4), 432. https://doi.org/10.3390/ijerph13040432

    Ministerio del Trabajo y Previsión Social. (2024). Ley 21.643: Modifica el Código del Trabajo en materia de prevención, investigación y sanción del acoso laboral, sexual o de violencia en el trabajo. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1200096

    Superintendencia de Seguridad Social [SUSESO]. (2022a). Circular N° 3709: Protocolo de vigilancia de riesgos psicosociales en el trabajo. Gobierno de Chile.

    Superintendencia de Seguridad Social [SUSESO]. (2022b). Manual del método del Cuestionario de Evaluación del Ambiente Laboral – Salud Mental (CEAL-SM/SUSESO). Gobierno de Chile. https://cealsm.suseso.cl/Manual_Metodo_Cuestionario_CEAL_vigente.pdf

    Valmori, A., Reverberi, E., & Manzi, C. (2025). One size does not fit all: Nurturing identity needs and job satisfaction through employee benefits across gender and age. PLOS ONE, 20(12), e0336808. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0336808

    Weziak-Bialowolska, D., & Bialowolski, P. (2022). Associations of recognition at work with subsequent health and quality of life among older working adults. International Archives of Occupational and Environmental Health, 95(4), 835-847. https://doi.org/10.1007/s00420-021-01804-w

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental, crianza y trabajo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Baja tolerancia a la frustración en el trabajo

    Baja tolerancia a la frustración en el trabajo

    Tu jefa te devuelve un informe con tres comentarios en rojo y sientes que se te cierra el pecho. Un compañero cambia sin avisarte algo de tu parte del proyecto y te pasas la tarde rumiando la respuesta. Una frase del tipo “esto podría mejorar” te llega como si dijeran “no sirves”. Si piensas “no tolero las críticas en el trabajo” o “me frustro fácil con mis compañeros”, conviene entender qué está pasando antes de decidir que el problema eres tú, o que es solo tu entorno.

    La baja tolerancia a la frustración en el trabajo es la dificultad para soportar contratiempos, correcciones y obstáculos sin reaccionar de forma desproporcionada, o sin huir de ellos. En este artículo vas a ver qué dice la investigación sobre por qué el feedback se vive como amenaza, en qué momento el peso lo tiene el clima laboral y no tu reacción, y qué ayuda de verdad. Los datos salen de metaanálisis, revisiones sistemáticas, libros de psicología laboral y fuentes chilenas sobre riesgos psicosociales.

    La respuesta corta

    La baja tolerancia a la frustración describe un patrón de creencias y reacciones (“esto no debería pasar”, “no soporto que me corrijan”) que se agrava cuando la crítica se interpreta como un juicio sobre quien eres. En el trabajo influyen dos cosas a la vez: cómo procesas tú el feedback y cómo se da en tu organización. Ambas se pueden trabajar, y la primera es un buen lugar para empezar con un psicólogo.

    ¿Qué es la baja tolerancia a la frustración en el trabajo y cómo se ve en una oficina?

    Albert Ellis, creador de la terapia racional emotivo conductual (TREC), definió la baja tolerancia a la frustración como la exigencia rígida de que la realidad se ajuste a lo que uno quiere, sumada a la convicción de que “no puedo soportarlo” cuando eso no ocurre. Es una creencia, y por eso se puede revisar. Si quieres ver cómo se identifican esas ideas, tenemos una guía sobre las creencias irracionales de Ellis.

    Neil Harrington, en su Frustration Discomfort Scale (Harrington, 2005), mostró que el constructo tiene cuatro caras, y las cuatro tienen su versión laboral:

    • Intolerancia emocional: creer que sentirse mal por una corrección es insoportable y debe terminar ya.
    • Derecho o exigencia: creer que las cosas deben salir como yo las pienso y que los demás no deberían contradecirme ni interponerse.
    • Intolerancia al malestar: exigir que el trabajo sea fácil, sin tareas tediosas ni esfuerzo extra.
    • Logro: no soportar que algo quede imperfecto o no alcance el estándar propio.

    En la práctica, esto puede tomar la forma de contestar a la defensiva un correo, postergar la tarea que más cuesta, irritarse en reuniones cuando alguien discrepa o quedarse una semana pensando en un comentario de dos líneas. La guía general para adultos está en baja tolerancia a la frustración en adultos, y los instrumentos con que se evalúa se explican en la guía de evaluación de la tolerancia a la frustración.

    ¿Por qué el feedback se siente como un ataque?

    Hay varias razones que se suman.

    Casi todos nos vemos por encima del promedio. Arnold y colaboradores (2012), en su manual de psicología del trabajo, describen la evaluación del desempeño como un evento interpersonal que genera ansiedad y estrés tanto en quien la recibe como en quien la da. Como la mayoría tiende a percibir su rendimiento sobre la media, recibir una opinión inferior a la esperada se vive como una amenaza directa a la autoestima. Ese mismo texto cita investigación según la cual quien recibe feedback desfavorable reacciona primero de forma defensiva o con molestia, y necesita un período de asimilación, a veces de meses, para procesarlo, siempre que la fuente sea creíble y haya apoyo después.

    Cuando la crítica salta de la tarea a la persona, empeora. El metaanálisis de Kluger y DeNisi (1996) reunió 607 tamaños de efecto y 23.663 observaciones sobre intervenciones de feedback. En promedio mejoraron el desempeño (d = 0,41), pero más de un tercio de ellas lo empeoró. Los autores observaron que la eficacia cae a medida que la atención se aleja de la tarea y se acerca a la persona. Dicho de otro modo, “este informe tiene un error en la tabla 3” y “tú siempre descuidas los detalles” son mensajes distintos, y el segundo activa defensa en lugar de aprendizaje.

    La autoestima cambia cómo se vive una crítica. En un estudio con 46 personas que recibieron feedback social mientras se les medía la actividad cerebral, quienes tenían menor autoestima informaron peor ánimo, sobre todo cuando la crítica recibida no les parecía aplicable a sí mismas (van Schie et al., 2018). Es un estudio de laboratorio con muestra pequeña, pero ayuda a ver que dos personas pueden oír el mismo comentario y vivirlo de forma muy distinta.

    La vergüenza recluta ira, ansiedad y ganas de huir. En las fuentes que usamos como base sobre vergüenza y regulación emocional, la crítica aparece como una amenaza al lugar que uno cree ocupar ante los demás. Matos y Pinto-Gouveia (2010) describieron cómo experiencias tempranas de humillación pueden quedar guardadas con características de recuerdo traumático, y reactivarse cuando la persona adulta recibe una corrección. Eso ayuda a explicar por qué una frase aparentemente menor produce una reacción tan grande: el cuerpo responde a una historia, no solo a la frase. Si quieres distinguir lo que se siente cuando falla algo concreto de lo que se siente cuando uno se considera defectuoso, está la guía sobre culpa y vergüenza.

    Hay personas más sensibles al rechazo. Un metaanálisis de 75 estudios encontró asociaciones moderadas entre la sensibilidad al rechazo (anticiparlo, percibirlo con rapidez y reaccionar con intensidad) y depresión (r = 0,33) y ansiedad (r = 0,41), tanto en muestras clínicas como en población general (Gao et al., 2017). No mide el trabajo en particular, pero describe un rasgo que puede amplificar cualquier comentario de una jefatura.

    El perfeccionismo pone la vara muy alta. La dimensión de logro de la escala de Harrington reúne las exigencias que impiden tolerar un trabajo imperfecto. Si te reconoces ahí, la guía sobre perfeccionismo puede servirte.

    Un matiz importante: no todo feedback negativo hace daño. En un estudio con 258 empleados de instituciones educativas de Pakistán, la retroalimentación negativa de los supervisores se asoció con mayor desempeño en la tarea, en parte a través de la vergüenza (Zada et al., 2022). Los datos se recogieron en tres momentos pero siguen siendo de autoinforme y de un solo país, de modo que son una pista y nada más.

    ¿Y si pesa más el lugar donde trabajas que tu reacción?

    Esta pregunta merece más espacio del que suele recibir. Schein (1988), en su libro sobre cultura empresarial y liderazgo, plantea que los “datos disconformes” (una crítica, un llamado de atención) producen de forma natural mortificación emocional y ansiedad, y que para escucharlos sin ponerse a la defensiva hace falta seguridad psicológica: la certeza de que corregir tu trabajo no pone en riesgo tu permanencia ni tu dignidad. Si esa seguridad no existe, la reacción es de lucha o huida.

    Chiavenato (2020) agrega que, cuando el trabajador percibe los comentarios como injustos o tendenciosos, aparecen resentimiento y resistencia, y que en climas autoritarios, donde la motivación se apoya en el miedo y la información sube con desconfianza, cualquier comentario negativo se lee como el anticipo de una sanción.

    En Chile, la Superintendencia de Seguridad Social instaló en 2022 el cuestionario CEAL-SM/SUSESO como instrumento oficial del protocolo de vigilancia de riesgos psicosociales (SUSESO, 2022). Entre sus dimensiones hay varias que hablan directamente de este tema:

    • Calidad del liderazgo: si la jefatura planifica, escucha los problemas y ayuda.
    • Vulnerabilidad: el temor a tratos injustos, discriminatorios o autoritarios, y a ser considerado fácilmente reemplazable.
    • Reconocimiento y claridad de rol: si el trabajo es valorado y el trato es respetuoso.
    • Confianza y justicia organizacional: si se valora a las personas cuando hacen bien su trabajo.

    Si en tu empleo esas condiciones fallan, es esperable que cualquier feedback se sienta como ataque, y trabajar solo tu tolerancia no resuelve lo que le toca a la organización. Para situaciones más graves, Piñuel (2014) describe cómo la hipercrítica sostenida puede ser una forma de hostigamiento que busca desplazar el mensaje desde “cometí un error” hacia “yo soy el error”. En ese caso ya no corresponde hablar de baja tolerancia a la frustración. Conviene revisar la guía sobre mobbing vertical y horizontal, la de riesgos psicosociales y la de denuncia por acoso laboral bajo la Ley Karin.

    Una forma simple de distinguir las dos situaciones es preguntarte si el feedback duro se repite con distintas personas y en distintos lugares (más probable que pese tu reacción) o si viene de una sola fuente, con descalificaciones, burlas o castigo por hablar claro (más probable que pese el entorno). Puede haber las dos cosas a la vez.

    Cuando la frustración se acumula: agotamiento y rumiación

    La frustración laboral no siempre llega en forma de crítica. En un estudio de diario de cinco días con 91 trabajadores, las interrupciones por el celular personal durante el horario laboral aumentaron la frustración de forma indirecta, porque dejaban la sensación de haber avanzado menos, y esa frustración después predecía rumiación nocturna (Derks et al., 2025). Aquí la frustración viene de no terminar lo que se empezó.

    La acumulación también tiene un costo. En un modelo con 630 universitarios, la intolerancia a la frustración se asoció con peor rendimiento a través del agotamiento y del menor compromiso (Ruiz-Ortega y Berrios-Martos, 2025). Son estudiantes, y aun así ilustran una ruta posible. En médicos, una revisión sistemática halló una relación entre la regulación emocional y el burnout, y asoció el uso de habilidades de regulación o de mindfulness con una reducción del burnout (Jackson-Koku y Grime, 2019). Si el agotamiento ya es parte del cuadro, la guía de burnout te ayuda a distinguirlo.

    ¿Cómo mejorar la tolerancia a la frustración en el trabajo y manejar la frustración laboral?

    Conviene separar lo que tiene respaldo de lo que es sentido común clínico. Ningún ensayo probó un “método” específico para tolerar mejor las críticas del trabajo, y lo que sigue se apoya en estudios de estrés laboral y de TREC en general.

    Revisar la creencia detrás de la reacción. La TREC trabaja con un esquema A-B-C: el hecho (A, el comentario), la creencia sobre el hecho (B, “no puedo soportar que me corrijan”) y la consecuencia (C, rabia, evitación, rumiación). Se cuestiona la creencia con tres preguntas: qué evidencia hay de que no podrías soportarlo, si de que algo sea incómodo se deduce que sea insoportable, y qué frase alternativa sería más útil, del tipo “es incómodo y puedo con eso”. Un metaanálisis de 84 artículos encontró que la TREC tuvo un efecto medio frente a otras intervenciones, tanto en resultados (d = 0,58) como en creencias irracionales (d = 0,70) (David et al., 2018). Más cerca del trabajo, en un estudio con 54 profesores divididos en dos grupos, un programa grupal semanal de seis semanas basado en la TREC redujo el malestar por frustración, y el efecto se mantuvo a los tres y siete meses (Lupuleac et al., 2025). La muestra es pequeña y los grupos se armaron por conveniencia, así que es una señal alentadora y no una prueba definitiva.

    Reevaluar antes de responder. Cutuli (2014), en una revisión sobre regulación emocional, describe la reevaluación cognitiva como una estrategia que reinterpreta el significado de un evento antes de que la emoción se dispare del todo, y la distingue de la supresión, que oculta la emoción por fuera pero mantiene la activación interna. Aplicado a una crítica, significa preguntarte “¿qué dato útil hay aquí, aunque la forma me incomode?” antes de contestar.

    Tratarte con la misma firmeza y amabilidad con que tratarías a un colega. Neff (2003) propuso que la autocompasión tiene tres partes: amabilidad hacia uno mismo en vez de autojuicio, reconocer que equivocarse es una experiencia humana compartida y no una tara personal, y mirar el dolor con equilibrio sin dejarse arrastrar por él. Matos y Pinto-Gouveia (2010) plantean que esa actitud ayuda a desactivar las respuestas defensivas ante la vergüenza. Mantiene la exigencia y retira el ataque a uno mismo.

    Bajar la carga general de estrés. Una revisión Cochrane de 117 ensayos con 11.119 trabajadores de salud mostró que las intervenciones individuales centradas en la experiencia del estrés pueden reducir los síntomas a corto plazo (diferencia estandarizada de -0,37), lo que equivale a unos 4,6 puntos menos en la escala de agotamiento emocional del Maslach Burnout Inventory (de 0 a 54), y las intervenciones combinadas mostraron un efecto algo mayor (Tamminga et al., 2023). La certeza de la evidencia es baja y la población es de salud, de modo que se trata de una referencia general sobre qué puede ayudar.

    En el momento de recibir feedback, algunos pasos prácticos que no tienen ensayo propio pero que encajan con lo anterior:

    1. Respira lento y deja pasar unos segundos antes de contestar.
    2. Resume lo que entendiste (“si te entiendo bien, el problema es X”) para separar el contenido del tono.
    3. Pide un ejemplo concreto y qué cambio esperan, así la crítica vuelve a la tarea.
    4. Si te desbordas, pide tiempo (“déjame revisarlo y te respondo mañana”). Es una petición razonable en casi cualquier lugar.
    5. Anota después qué parte era información útil y qué parte te dolió por otra razón.

    Cuando el entorno es parte del problema, el trabajo individual no basta. Puede ayudar pedir expectativas más claras, conversar con la jefatura sobre cómo prefieres recibir correcciones, o poner límites. La guía sobre cómo poner límites en el trabajo parte de los derechos que tienes y de cómo ejercerlos sin poner en riesgo tu puesto.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Muchas veces la frustración en el trabajo se resuelve con experiencia, mejor comunicación y descanso. Conviene consultar cuando:

    • Las reacciones (enojo, llanto, portazos, evitación) son desproporcionadas y se repiten, y ya dañaron relaciones o pusieron en riesgo el empleo.
    • La anticipación de una evaluación o de una reunión te produce ansiedad intensa, insomnio o malestar físico.
    • Rumias comentarios durante días y eso invade tu descanso.
    • Aparecen señales de agotamiento (cansancio sostenido, cinismo, sensación de ineficacia).
    • Te sientes ansioso o con ánimo bajo de forma persistente, o la ira te asusta.
    • Sospechas que el trato que recibes es hostil o injusto de manera sistemática. En ese caso, además de apoyo psicológico, conviene informarte sobre tus derechos laborales.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué no tolero las críticas en el trabajo?

    Suele deberse a varias causas a la vez: creer que la crítica juzga tu valor como persona, tener una historia de humillación, ser más sensible al rechazo o trabajar en un clima donde corregir se parece a sancionar. Distinguir cuál pesa más en tu caso es lo que orienta el trabajo.

    ¿La baja tolerancia a la frustración es lo mismo que ser sensible?

    No. La baja tolerancia a la frustración describe la dificultad para soportar contratiempos y que las cosas no salgan como uno quiere. La sensibilidad al rechazo se centra en anticipar y reaccionar con intensidad ante el desprecio de otros. Pueden coexistir y se alimentan entre sí, pero no son idénticas.

    ¿Cómo manejo la frustración laboral en el momento?

    Haz una pausa antes de responder, respira lento, resume lo que entendiste y pide un ejemplo concreto. Si sigues muy alterado, pide tiempo para contestar al día siguiente. Después, anota qué parte del comentario era información útil y cuál te dolió por otra razón.

    ¿Cómo saber si es mi reacción o el trato que recibo?

    Mira el patrón. Si el feedback duro aparece con distintas personas y lugares, pesa más tu reacción. Si viene de una sola fuente con descalificaciones, burlas o castigo por hablar claro, pesa más el entorno. Pueden darse ambas cosas. Un psicólogo puede ayudarte a separarlas.

    ¿La baja tolerancia a la frustración tiene tratamiento?

    Sí. La terapia racional emotivo conductual y otros enfoques cognitivo conductuales trabajan las creencias que sostienen la reacción, y suman habilidades de regulación emocional. Hay evidencia moderada de eficacia, incluyendo un estudio en profesores, aunque falta investigación específica en el trabajo.

    Qué hacer con todo esto

    Si lo que leíste te sonó familiar, una tarea concreta es registrar durante una semana tres situaciones de trabajo que te frustraron: qué pasó, qué pensaste y qué hiciste después. Verlo escrito suele mostrar si el patrón viene de tu forma de interpretar, del ambiente o de las dos cosas. Si las reacciones te están costando relaciones, descanso o el empleo, o sospechas que el trato es hostil, conversarlo con un psicólogo acorta el camino. Puedes agendar una consulta y revisar juntos qué hacer. Para trabajar la parte emocional, también te puede servir la guía sobre cómo controlar las emociones. Sobre el agotamiento como fenómeno laboral, la Organización Mundial de la Salud tiene una descripción oficial del síndrome de burnout.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnold, J., Randall, R., Patterson, F., Silvester, J., Robertson, I., Cooper, C., Burnes, B., Swailes, S., Harris, D., Axtell, C., & Den Hartog, D. (2012). Psicología del trabajo: Comportamiento humano en el ámbito laboral (5.ª ed.). Pearson Educación.

    Chiavenato, I. (2020). Comportamiento organizacional: La dinámica del éxito en las organizaciones (4.ª ed.). McGraw-Hill Interamericana.

    Cutuli, D. (2014). Cognitive reappraisal and expressive suppression strategies role in the emotion regulation: An overview on their modulatory effects and neural correlates. Frontiers in Systems Neuroscience, 8, 175. https://doi.org/10.3389/fnsys.2014.00175

    David, D., Cotet, C., Matu, S., Mogoase, C., & Stefan, S. (2018). 50 years of rational-emotive and cognitive-behavioral therapy: A systematic review and meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 74(3), 304-318. https://doi.org/10.1002/jclp.22514

    Derks, D., van Mierlo, H., & Kühner, C. (2025). Unfinished tasks and unsettled minds: A diary study on personal smartphone interruptions, frustration, and rumination. Behavioral Sciences, 15(7), 871. https://doi.org/10.3390/bs15070871

    Gao, S., Assink, M., Cipriani, A., & Lin, K. (2017). Associations between rejection sensitivity and mental health outcomes: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 57, 59-74. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.08.007

    Harrington, N. (2005). The Frustration Discomfort Scale: Development and psychometric properties. Clinical Psychology & Psychotherapy, 12(5), 374-387. https://doi.org/10.1002/cpp.465

    Jackson-Koku, G., & Grime, P. (2019). Emotion regulation and burnout in doctors: A systematic review. Occupational Medicine, 69(1), 9-21. https://doi.org/10.1093/occmed/kqz004

    Kluger, A. N., & DeNisi, A. (1996). The effects of feedback interventions on performance: A historical review, a meta-analysis, and a preliminary feedback intervention theory. Psychological Bulletin, 119(2), 254-284. https://doi.org/10.1037/0033-2909.119.2.254

    Lupuleac, C., Faur, D., & Sava, F. A. (2025). Frustrated teachers: An REBT intervention to reduce frustration discomfort in middle school teachers: A quasi-experimental study. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 15(4), 57. https://doi.org/10.3390/ejihpe15040057

    Matos, M., & Pinto-Gouveia, J. (2010). Shame as a traumatic memory. Clinical Psychology & Psychotherapy, 17(4), 299-312. https://doi.org/10.1002/cpp.659

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    Piñuel, I. (2014). Mobbing: Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo (ed. rev.). Sal Terrae.

    Ruiz-Ortega, A. M., & Berrios-Martos, M. P. (2025). The role of emotional intelligence and frustration intolerance in the academic performance of university students: A structural equation model. Journal of Intelligence, 13(8), 101. https://doi.org/10.3390/jintelligence13080101

    Schein, E. H. (1988). La cultura empresarial y el liderazgo: Una visión dinámica. Plaza & Janés.

    Superintendencia de Seguridad Social. (2022). Circular N° 3709: Protocolo de vigilancia de riesgos psicosociales en el trabajo (9 de noviembre de 2022).

    Tamminga, S. J., Emal, L. M., Boschman, J. S., Levasseur, A., Thota, A., Ruotsalainen, J. H., Schelvis, R. M., Nieuwenhuijsen, K., & van der Molen, H. F. (2023). Individual-level interventions for reducing occupational stress in healthcare workers. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(5), CD002892. https://doi.org/10.1002/14651858.cd002892.pub6

    van Schie, C. C., Chiu, C.-D., Rombouts, S. A. R. B., Heiser, W. J., & Elzinga, B. M. (2018). When compliments do not hit but critiques do: An fMRI study into self-esteem and self-knowledge in processing social feedback. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 13(4), 404-417. https://doi.org/10.1093/scan/nsy014

    Zada, S., Khan, J., Saeed, I., Wu, H., Zhang, Y., & Mohamed, A. (2022). Shame: Does it fit in the workplace? Examining supervisor negative feedback effect on task performance. Psychology Research and Behavior Management, 15, 2461-2475. https://doi.org/10.2147/prbm.s370043

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Feedback laboral: cómo darlo y recibirlo

    Feedback laboral: cómo darlo y recibirlo

    Es viernes a las 17:40 y revisaste el informe de tu compañera. Hay errores en tres tablas. Sabes que hay que decírselo, y sabes también que si lo dices mal, el lunes cada uno trabajará con la puerta cerrada. O al revés: tu jefa te pide cinco minutos y anuncia “tengo un feedback para ti”, y antes de que diga una palabra el estómago ya se te apretó.

    Aprender cómo dar feedback laboral, y cómo recibirlo sin ponerte a la defensiva, es una habilidad que se puede entrenar. Pero la investigación deja una advertencia que casi nadie menciona: el feedback no mejora el desempeño de forma automática, y a veces lo empeora.

    En esta guía vas a ver por qué sale mal, qué pasos lo vuelven útil cuando eres tú quien lo da, qué hacer cuando lo recibes, cómo pesa el ambiente del equipo y en qué momento una crítica deja de ser feedback.

    Respuesta rápida: el feedback laboral funciona mejor cuando habla de un hecho concreto y no del carácter de la persona, llega pronto y en privado, trae una salida posible y deja espacio para que el otro responda. Al recibirlo, ayuda notar el impulso de defenderse, escuchar sin interrumpir, repetir lo entendido con tus palabras y pedir una pausa si te desbordas. Ninguna fórmula garantiza que el otro cambie, porque pesa mucho la confianza que haya en el equipo.

    ¿Por qué el feedback laboral a veces sale mal?

    El feedback sale mal cuando la persona lo siente como un juicio sobre ella y no como información sobre su trabajo. Un metaanálisis clásico de Kluger y DeNisi reunió 607 tamaños de efecto y 23.663 observaciones: en promedio el feedback mejoró el desempeño (d = 0,41), pero más de un tercio de las intervenciones lo empeoró. Los autores propusieron que el efecto se debilita a medida que la atención se aleja de la tarea y se acerca a la persona misma.

    Dicho en simple: “la tabla 3 tiene un error de suma” mantiene la atención en el trabajo. “Eres descuidada” la mueve hacia la identidad, y ahí la mente se dedica a defenderse en vez de a corregir. Arnold y colaboradores (2012) recogen el mismo hallazgo y advierten que, mal administrada, la evaluación puede desmotivar a la gente.

    Goleman (2009) describe el error más común de las jefaturas: convertir una queja sobre un hecho en un ataque contra el carácter (“siempre lo arruinas”, “eres un incompetente”). Ese tipo de crítica genera desmoralización, rabia y respuestas de evasión o de distanciamiento. Y suele venir de otro error previo, que es callar los pequeños fallos hasta que la molestia se acumula y estalla con sarcasmo.

    Cómo dar feedback laboral paso a paso

    Estos pasos para dar un buen feedback constructivo juntan lo que coinciden en señalar los manuales de psicología del trabajo y la literatura de revisión. Ninguno es una receta probada en ensayos con cada paso por separado (más abajo se explica qué respalda y qué no), pero todos apuntan a la misma idea: mantener el foco en la tarea.

    1. Habla de un hecho, no de cómo es la persona

    Elige un episodio concreto y descríbelo como lo describiría una cámara. Goleman (2009) recoge una fórmula simple: cuando hiciste X, ocurrió Y, y prefiero que hagas Z. Por ejemplo: “Cuando enviaste el informe sin revisar las tablas 2 y 4, el cliente recibió cifras que no cuadraban. Prefiero que las revises antes de enviarlo”.

    Evita los absolutos (“siempre”, “nunca”) y los rótulos (“desordenado”, “poco comprometido”). Un rótulo no se puede corregir el lunes por la mañana, y un hecho sí.

    2. Dilo pronto y en persona

    La retroalimentación que propone Chiavenato (2010) es constante y cotidiana, no un ritual anual que toma a la gente por sorpresa. Goleman (2009), por su parte, pide que la crítica se entregue en persona y en privado, porque un correo es impersonal y le quita al otro la posibilidad de responder o pedir aclaraciones.

    La frecuencia también cuenta. Un metaanálisis sobre feedback frecuente y reacciones a la evaluación encontró que conocer de antemano los estándares y recibir feedback con regularidad favorece la aceptación, aunque el efecto depende del contexto (Pichler et al., 2020). Si la persona sabe qué se espera de ella, el comentario cae sobre un terreno conocido.

    3. Ofrece una salida y haz una pregunta

    Una crítica sin salida deja a la persona desmotivada y frustrada, según la descripción de Goleman. Añade qué esperas distinto la próxima vez, y si puedes, qué ayuda sería útil.

    Después pregunta: “¿Cómo lo ves tú?”. Para Arnold y colaboradores (2012, pp. 184-186), el núcleo de la evaluación es un diálogo reflexivo en dos sentidos, que además aumenta en el empleado la sensación de control sobre el proceso. Chiavenato (2010) lo plantea igual: bilateral, con espacio para que el otro aclare y proponga.

    4. Revisa tus propios sesgos antes de hablar

    El que da el feedback también se equivoca. Arnold y colaboradores (2012) y Chiavenato (2010) listan sesgos frecuentes en quien evalúa:

    • Halo y cuernos: una sola impresión, buena o mala, tiñe todo el juicio.
    • Primacía y recencia: pesan demasiado lo primero que pasó o lo último que pasó.
    • Error atribucional: se explica el mal resultado por el carácter de la persona y se ignora lo que la situación aportó (herramientas fallidas, falta de apoyo, plazos imposibles).
    • Efecto “se parece a mí”: se califica mejor a quien piensa como uno.

    Antes de la conversación conviene preguntarse si lo que vas a decir sigue siendo cierto después de contar la parte que le tocó a la situación.

    5. No mezcles desarrollo con recompensas

    Arnold y colaboradores (2012, p. 185) señalan, citando a Fletcher (2008), que cuando la misma conversación sirve para mejorar y para decidir el sueldo o el bono, las personas se vuelven poco dispuestas a admitir lo que les cuesta. Si puedes, separa la conversación sobre cómo mejorar de la que define remuneración.

    Cómo recibir críticas en el trabajo sin ponerte a la defensiva

    Recibir una crítica activa el cuerpo antes que la razón. Goleman describe que cuando el mensaje llega en forma dura, la agitación puede desbordar a la persona y dejarla sin capacidad de pensar con claridad. Por eso las respuestas típicas son excusarse, culpar a otro o retirarse de la conversación.

    Hay un dato que alivia. En un estudio que citan Arnold y colaboradores (2012, p. 191), líderes que recibieron feedback desfavorable reaccionaron al principio de forma negativa o defensiva, pero seis meses después se habían puesto más metas de mejora que quienes recibieron comentarios más favorables (Smither et al., 2005). Reaccionar mal en el momento no cierra el camino. Asimilar toma tiempo.

    Los manuales de entrenamiento en habilidades sociales dividen la respuesta en pasos que se pueden practicar. El de Bellack et al. (2004) está pensado para personas con esquizofrenia, pero el procedimiento para escuchar y responder a una queja sirve de base general:

    1. Nota el impulso. Goleman (2009) habla de monitorear la urgencia automática de excusarte o contraatacar. Ponerle nombre (“esto que siento es rabia”) ya crea un poco de distancia.
    2. Escucha sin interrumpir. Mira a la persona y deja que termine.
    3. Repite lo que entendiste con tus palabras. “Entonces lo que te preocupa es que las cifras llegaron mal al cliente, ¿es así?”. Confirma que escuchaste y evita malentendidos.
    4. Pide un ejemplo o una sugerencia si el comentario es vago. “¿Qué habrías esperado que hiciera distinto?”
    5. Asume la parte que te corresponde, si hay una. Una frase breve (“tienes razón, lo reviso”) evita una discusión que desgasta.
    6. Pide una pausa si te desbordas. “Quiero pensarlo con calma, ¿podemos retomarlo mañana?”. Goleman la recomienda cuando la activación es muy alta.
    7. Decide después qué hacer con eso. Puedes aceptar lo útil y dejar fuera lo que fue un descalificativo y no información.

    Practicar antes ayuda

    En el entrenamiento de habilidades sociales esto no se aprende leyendo: se practica con modelado (alguien lo hace frente a ti), ensayo en una escena simulada, corrección amable y un segundo ensayo (Bellack et al., 2004). Puedes hacer una versión casera con alguien de confianza, ensayando la frase con la que respondes cuando te dicen algo que te duele.

    Y pedir feedback también cuenta

    Pedir feedback es una forma de recibirlo con más control. Un metaanálisis de la conducta de búsqueda de feedback halló que se asocia con una mayor autoestima, con una relación de calidad y con un estilo de liderazgo transformacional, mientras que su relación con el desempeño fue pequeña (Anseel et al., 2015). Ayuda poco como atajo para rendir más, pero cambia tu posición: la crítica deja de ser una sorpresa y pasa a ser una conversación que elegiste.

    El mismo comentario, dos oficinas distintas

    La misma frase (“esto no quedó bien”) se oye distinto según el clima del equipo. Schein (1988) explica que en culturas basadas en la desconfianza el feedback se interpreta como una amenaza, y que para recibir datos incómodos sin armar defensas hace falta seguridad psicológica: saber que se puede ser corregido sin perder la pertenencia ni la estima del grupo. Chiavenato (2020) describe lo mismo con los climas autoritarios, donde la información se ve como un instrumento de control.

    La seguridad psicológica tiene respaldo en la investigación: un metaanálisis de 136 muestras con más de 22.000 personas analizó sus antecedentes y resultados en el trabajo, incluido el desempeño de tareas (Frazier et al., 2017).

    Una revisión sistemática reciente concluye que el feedback positivo mejora el desempeño de manera consistente, mientras que el negativo necesita condiciones adicionales o una relación de calidad entre jefatura y persona para funcionar (Heine et al., 2026). La consecuencia práctica es incómoda: la calidad de tu redacción importa menos que la confianza previa. Si en tu equipo todo comentario se vive como castigo, el problema no está en cómo lo dices.

    Qué dice la evidencia y qué no dice

    Conviene tener claros los límites:

    • Los efectos suelen ser modestos. Un metaanálisis de 24 estudios sobre feedback de varias fuentes (jefaturas, pares, subordinados) halló que las mejoras posteriores son en general pequeñas. El cambio es más probable cuando la persona ve que debe cambiar, lo cree posible, se fija metas y actúa (Smither et al., 2005).
    • Faltan pruebas sobre las fórmulas. En la búsqueda que respalda esta guía no aparecieron ensayos que comparen una estructura de frases contra otra (por ejemplo “hecho, efecto, petición” frente a otras). Lo que respalda esta guía es el efecto del foco en la tarea, de la frecuencia, de la relación y del clima. Ninguna frase exacta tiene respaldo propio.
    • Casi todo viene de contextos organizacionales anglosajones y europeos. No hay datos chilenos comparables en la búsqueda que respalda este artículo.

    Cuándo una crítica deja de ser feedback

    Si los comentarios son gritos, humillaciones frente a otros o descalificaciones repetidas, ya no se trata de feedback. Puede tratarse de acoso laboral, que en Chile regula la Ley 21.643 (Ley Karin). Si es tu caso, la guía sobre riesgos psicosociales laborales explica qué se mide y qué se puede exigir.

    También conviene consultar si el miedo a la crítica te ocupa mucho espacio: si das vueltas durante días a un comentario de dos frases (la guía de rumiación puede ayudar), si evitas pedir ayuda por temor a quedar mal, o si el malestar se parece a lo que describe la ansiedad social. Con la comunicación asertiva se trabaja justo el punto de equilibrio entre callar y atacar, y si el desgaste del trabajo ya es general, mira la guía de burnout.

    Si quieres trabajar estas conversaciones en terapia (cómo decir lo que piensas, cómo responder a una crítica sin quedar en blanco), puedes agendar una consulta. Se parte de una situación real de tu trabajo y se ensaya.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo dar retroalimentación sin ofender?

    Describe un hecho concreto y no un rasgo de la persona, hazlo pronto y en privado, explica qué esperas distinto y pregunta cómo lo ve el otro. La evidencia indica que el feedback pierde efecto cuando la atención se desplaza de la tarea a la identidad (Kluger y DeNisi, 1996), así que ahí está lo que hay que cuidar.

    ¿Qué es el feedback constructivo?

    Es información sobre el trabajo, específica y orientada al futuro, que incluye una salida posible y admite respuesta. Chiavenato (2010) lo describe como constante, bilateral y basado en objetivos medibles. Goleman (2009) añade que debe ser específico, ofrecer una solución, darse en persona y con sensibilidad hacia el impacto emocional.

    ¿Cómo recibir críticas del jefe sin tomarlas personal?

    Nota el impulso de defenderte, escucha sin interrumpir, repite lo que entendiste y pide un ejemplo concreto. Si te desbordas, pide una pausa y retoma después. Puedes separar lo útil de lo hiriente: aceptar lo primero y dejar fuera el descalificativo, que no es información sobre tu trabajo.

    ¿Cada cuánto conviene dar feedback?

    Con regularidad, y no solo al cierre del año. Chiavenato (2010) propone una retroalimentación constante, y un metaanálisis sobre su frecuencia encontró que, junto con conocer los estándares, favorece la aceptación de la evaluación, aunque depende del contexto (Pichler et al., 2020). Ninguna frecuencia exacta tiene respaldo propio.

    ¿Se puede dar feedback por correo o chat?

    Para comentarios menores, sí. Para una crítica importante conviene hacerlo en persona o en videollamada, porque Goleman (2009) advierte que un mensaje escrito es impersonal y no permite al otro responder ni pedir aclaraciones al instante. Si ya lo dijiste por escrito, ofrece conversarlo después.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Anseel, F., Beatty, A. S., Shen, W., Lievens, F., & Sackett, P. R. (2015). How are we doing after 30 years? A meta-analytic review of the antecedents and outcomes of feedback-seeking behavior. Journal of Management, 41(1), 318-348. https://doi.org/10.1177/0149206313484521

    Arnold, J., Randall, R., Patterson, F., Silvester, J., Robertson, I. T., Cooper, C. L., Swailes, S., Harris, D., Axtell, C., & Den Hartog, D. (2012). Psicología del trabajo: Comportamiento humano en el ámbito laboral (5.ª ed.). Pearson Educación.

    Bellack, A. S., Mueser, K. T., Gingerich, S., & Agresta, J. (2004). Social skills training for schizophrenia: A step-by-step guide (2.ª ed.). Guilford Press.

    Chiavenato, I. (2010). Gestión del talento humano (3.ª ed.). McGraw-Hill.

    Chiavenato, I. (2020). Comportamiento organizacional: La dinámica del éxito en las organizaciones (4.ª ed.). McGraw-Hill.

    Frazier, M. L., Fainshmidt, S., Klinger, R. L., Pezeshkan, A., & Vracheva, V. (2017). Psychological safety: A meta-analytic review and extension. Personnel Psychology, 70(1), 113-165. https://doi.org/10.1111/peps.12183

    Goleman, D. (2009). Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ. Bloomsbury Publishing. (Obra original publicada en 1995)

    Heine, E. C. E., Stouten, J., & Liden, R. C. (2026). Performance feedback: A critical systematic review. Journal of Organizational Behavior, 47(2), 312-361. https://doi.org/10.1002/job.70033

    Kluger, A. N., & DeNisi, A. (1996). The effects of feedback interventions on performance: A historical review, a meta-analysis, and a preliminary feedback intervention theory. Psychological Bulletin, 119(2), 254-284. https://doi.org/10.1037/0033-2909.119.2.254

    Pichler, S., Beenen, G., & Wood, S. (2020). Feedback frequency and appraisal reactions: A meta-analytic test of moderators. The International Journal of Human Resource Management, 31(17), 2238-2263. https://doi.org/10.1080/09585192.2018.1443961

    Schein, E. H. (1988). La cultura empresarial y el liderazgo: Una visión dinámica. Plaza & Janés.

    Smither, J. W., London, M., & Reilly, R. R. (2005). Does performance improve following multisource feedback? A theoretical model, meta-analysis, and review of empirical findings. Personnel Psychology, 58(1), 33-66. https://doi.org/10.1111/j.1744-6570.2005.514_1.x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental, crianza y trabajo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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