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  • Relación abierta: qué es, diferencia con el poliamor y qué dice la investigación

    Relación abierta: qué es, diferencia con el poliamor y qué dice la investigación

    Quizá tu pareja te dijo hace poco que le gustaría abrir la relación, o te lo estás planteando tú, o simplemente llegaste hasta aquí con curiosidad. En cualquiera de los tres casos conviene empezar por lo básico: una relación abierta de pareja es un acuerdo en que las dos personas aceptan, de manera explícita, que cada una pueda tener encuentros sexuales con otras. Eso la separa de la infidelidad y también de otras formas de relación no monógama, como el poliamor. Abajo está la diferencia entre relación abierta o poliamor, lo que se sabe sobre si funcionan y una guía para conversarlo sin que se convierta en una pelea.

    Respuesta corta: una relación abierta es una forma de no monogamia consensuada en la que la pareja principal acuerda abrirse a vínculos sexuales con terceros, y se distingue del poliamor porque este admite además vínculos amorosos con varias personas. Los estudios, casi todos de Estados Unidos y Canadá, muestran una satisfacción de pareja parecida a la de las relaciones monógamas cuando hay consentimiento, buena comunicación y un motivo propio. Cuando uno presiona y el otro cede por miedo, los resultados empeoran.

    ¿Qué es una relación abierta de pareja? Significado y términos

    El significado de relación abierta es simple: dos personas con un vínculo de pareja acuerdan que cualquiera de las dos puede tener relaciones sexuales con otras, con el conocimiento y el consentimiento de ambas. La palabra que importa es consentimiento. Si una de las partes no sabe o no aceptó, lo que hay es una infidelidad.

    En la investigación se usa el término no monogamia consensuada (en inglés, consensual non-monogamy o CNM) como paraguas para todas las formas de este tipo de acuerdos. Scoats y Campbell (2022), en una revisión publicada en Current Opinion in Psychology, la describen justamente así: un abanico de prácticas en las que se tiene más de una pareja con el conocimiento de todas las personas involucradas. Quien busca relación abierta significado suele encontrar etiquetas mezcladas, así que conviene separarlas.

    Relación abierta y poliamor: diferencias

    La diferencia principal entre una relación abierta y el poliamor es el tipo de vínculo que se abre: en la relación abierta se abre lo sexual y se mantiene el proyecto afectivo en la pareja inicial, y en el poliamor se admiten además vínculos románticos con más de una persona. Las relaciones de intercambio de parejas (swinging) son una tercera forma.

    Forma Qué se abre Cómo suele funcionar
    Relación abierta Lo sexual La pareja principal sigue siendo el vínculo afectivo central y acuerda reglas para los encuentros con otras personas
    Poliamor Lo sexual y lo romántico Se mantienen varios vínculos amorosos a la vez, con o sin jerarquía entre “pareja primaria” y “secundarias”
    Swinging (intercambio de parejas) Lo sexual, en pareja Los encuentros con terceros suelen darse en pareja y se evita el desarrollo de lazos emocionales con ellos
    Infidelidad Nada acordado Una parte tiene vínculos fuera de la pareja sin que la otra lo sepa o lo haya aceptado

    Quien busca relación abierta y poliamor diferencias suele encontrar definiciones que se pisan entre sí; la tabla las ordena, pero tiene bordes borrosos. Scoats y Campbell (2022) advierten que las etiquetas se interpretan con cautela porque en la práctica hay muchísima variedad de arreglos, y que una pareja puede empezar con una forma y moverse a otra con los años. Por eso, cuando alguien dice “relación abierta” conviene preguntarle qué quiere decir exactamente con eso, igual que si dijera “poliamor”. Dos personas pueden usar la misma palabra y estar imaginando cosas muy distintas.

    Una distinción más ayuda a ordenar el cuadro. Hangen, Crasta y Rogge (2020) estudiaron a 1.658 personas y encontraron cinco perfiles de relación. Dos eran monógamos (68%), uno era de no monogamia consensuada con altos niveles de consentimiento mutuo, comunicación y comodidad (7,7%), uno era “parcialmente abierto” con acuerdos mixtos y menos consenso (13%) y otro correspondía a relaciones en que una parte quería monogamia mientras la otra tenía encuentros fuera de la pareja (11%). Los dos últimos grupos tuvieron peor funcionamiento. Es decir, lo que separa una relación abierta que funciona de una que lastima es el consentimiento, la comunicación y la comodidad con que se vive, más que la apertura en sí.

    ¿Qué tan común es una relación abierta?

    Es más frecuente de lo que se supone, aunque la mayoría de las personas sigue en relaciones monógamas. Los datos disponibles son de Estados Unidos y Canadá, y no encontré cifras chilenas, así que hay que leerlos como una referencia y no como un retrato local.

    • En una encuesta nacional con muestra probabilística (n = 2.270), Levine y colaboradores (2018) encontraron que el 89% reportaba monogamia, el 4% una relación abierta y el 8% una no monogamia sin consentimiento (infidelidad).
    • Haupert y colaboradores (2017), con dos muestras nacionales de personas solteras (n = 3.905 y 4.813), hallaron que más de una de cada cinco (21,9% y 21,2%) decía haber tenido alguna vez una relación no monógama consensuada. Era más frecuente en hombres y en personas gays, lesbianas y bisexuales.
    • Scoats y Campbell (2022) resumen que al menos un 5% de la población norteamericana está hoy en alguna forma de no monogamia consensuada.

    Las tres cifras no se contradicen: “alguna vez en la vida” mide mucho más que “hoy”. Y el dato de Levine tiene un detalle útil para quien se pregunta por la infidelidad: en esa muestra había el doble de personas con no monogamia sin consentimiento que con relación abierta.

    ¿Funcionan las relaciones abiertas? Lo que dice la investigación

    En conjunto, los estudios encuentran un bienestar y una calidad de relación parecidos a los de las personas monógamas, con matices importantes según el tipo de acuerdo. La evidencia es observacional, y eso limita lo que se puede afirmar.

    Rubel y Bogaert (2015) revisaron la investigación sobre swinging, relaciones abiertas y poliamor y concluyeron que las tendencias generales muestran un bienestar psicológico y una calidad de relación similares a los de las personas monógamas. Conley y colaboradores (2017) llegaron a algo parecido con una revisión más un estudio propio: pocas diferencias de funcionamiento entre unas y otras. En una revisión narrativa, Rodrigues (2024) añade que las parejas de ambos tipos tienen funcionamiento comparable y se enfrentan a problemas parecidos.

    Hay dos hallazgos que complican esa imagen:

    1. No todas las formas rinden igual. En la muestra de Levine (2018), quienes estaban en una relación abierta reportaron una satisfacción de pareja menor que los monógamos. Conley y Piemonte (2021), en cinco estudios, vieron que las personas en poliamor o swinging tenían mayor satisfacción y otros resultados (como la confianza y el amor pasional) que las de relaciones abiertas. Por eso no se puede resumir todo como “funciona igual que la monogamia”.
    2. La muestra suele ser autoseleccionada. Quienes responden estos estudios ya eligieron este formato y siguen en él. Nadie sabe cuántas parejas lo intentan y se separan. Cox y colaboradores (2021) compararon a 4.062 personas no monógamas con la población general de Estados Unidos y las encontraron igual de sanas y felices, a veces más. Es un dato interesante, pero viene de una encuesta voluntaria en línea.

    Ninguno de estos estudios asigna al azar a las parejas a “abrir” o “no abrir” la relación, así que ninguno puede decir que abrirla cause más o menos satisfacción. Lo que sí muestran es que la relación abierta no es, por sí sola, una señal de pareja dañada.

    ¿Qué hace que una relación abierta funcione mejor o peor?

    Los factores que más se repiten son el consentimiento real de las dos partes, la forma de comunicarse y que la decisión nazca de un deseo propio y no de la presión. Tres líneas de investigación apuntan a eso.

    La diferencia entre las relaciones abiertas y las poliamorosas casi desaparece al considerar cómo se vive el acuerdo. Conley y Piemonte (2021) vieron que la brecha de satisfacción entre estilos se disipó al tomar en cuenta cuatro cosas: cómo se comunica la pareja, si la motivación es intrínseca o extrínseca, cuánto se adhiere la persona a creencias pro-monogamia y cuánto contacto hay con las otras parejas de su pareja. El resumen de los autores es que la dinámica propia de cada acuerdo, más que la etiqueta, se asocia al ajuste de pareja.

    Sentirse incómodo con el propio acuerdo pesa. Moors y colaboradores (2021), con 339 personas en relaciones no monógamas, encontraron que la incomodidad personal con el estilo de relación (querer cambiarlo, verlo como antinatural) se asociaba a menor satisfacción con los acuerdos, menor satisfacción global y menor compromiso. El estudio no incluyó a quienes aceptaron a regañadientes una propuesta ajena, así que extrapolarlo a ese caso es una hipótesis razonable y no un resultado. Aun así, apunta en la misma dirección que lo que sigue.

    Sin un consentimiento claro, los resultados empeoran. En el trabajo de Hangen y colaboradores (2020), las relaciones donde una persona quería monogamia y la otra tenía encuentros fuera de la pareja con poco consenso, comodidad y comunicación fueron de las que peor funcionaban.

    ¿Por qué hay personas que eligen una relación abierta o poliamor?

    Los motivos que describen las personas son variados y rara vez tienen que ver con “arreglar” una pareja que anda mal. Wood y colaboradores (2021) analizaron las respuestas abiertas de 540 personas en relaciones no monógamas y las ordenaron en seis temas: autonomía, creencias y valores, necesidades de relación, sexualidad, crecimiento y expansión personal, y razones prácticas. Los resultados contradicen el estereotipo de que se elige este formato por problemas en la pareja.

    En el poliamor, además, las relaciones suelen vivirse como bastante independientes entre sí. En 1.093 personas poliamorosas, Mitchell y colaboradores (2014) encontraron niveles altos de necesidades cubiertas y de satisfacción en dos relaciones simultáneas, y una influencia muy pequeña de una sobre la otra.

    Desde la clínica, Perel (2006) sostiene que la fidelidad puede entenderse como un acuerdo deliberado que se revisa a lo largo de la vida de la pareja, en vez de una norma que se da por supuesta. Bradbury y Karney (2019) reconocen, por su parte, que suponer que toda pareja puede sostener la monogamia de por vida es poco realista para muchas personas, y que la exclusividad sexual funciona para la mayoría como un acuerdo que da seguridad. Son dos formas de decir lo mismo: lo importante es que el acuerdo sea explícito y elegido por ambos.

    Celos, compersión y salud sexual

    Los celos no desaparecen en las relaciones abiertas. Según las fuentes clínicas consultadas, lo que cambia es cómo se piensan: como una emoción que se conversa y se regula y no como la prueba de que algo se rompió. La evidencia empírica sobre esto es más limitada que sobre la satisfacción.

    Mogilski y colaboradores (2019) compararon a 529 personas monógamas con 159 no monógamas imaginando que su pareja se vinculaba con otra persona. Las monógamas reportaron más malestar emocional ante esa idea y más confianza en que su pareja nunca les sería infiel. Las no monógamas pensaban con más frecuencia en las otras relaciones de su pareja. Hay una emoción que se conoce como compersión: alegría por la relación de tu pareja con otra persona. Flicker y colaboradores (2021) construyeron una escala para medirla y la describieron en tres componentes (felicidad por esa relación, entusiasmo por nuevas conexiones y excitación sexual). No todas las personas la sienten, y no hay que fingirla.

    Sobre salud sexual, el mito dice que abrir la relación sube el riesgo. Lo que hay es más matizado. Lehmiller (2015), con 556 personas, encontró que las no monógamas tenían más parejas sexuales a lo largo de la vida, pero también usaban más condón (con la pareja principal y con terceros) y se habían hecho más pruebas de infecciones de transmisión sexual. Cerca de una cuarta parte de las personas monógamas había tenido sexo fuera de la pareja, casi siempre sin que esta lo supiera. Conley y colaboradores (2012) vieron que quienes fueron infieles usaban menos medidas de sexo más seguro que quienes tenían un acuerdo de no monogamia negociada. El riesgo, entonces, depende más de si hay acuerdo y de si se cumplen las medidas pactadas que de la exclusividad.

    Mi pareja quiere una relación abierta: qué conversar

    Si tu pareja quiere una relación abierta, tienes derecho a no responder de inmediato, a preguntar qué hay detrás y a decir que no. La propuesta no tiene que resolverse en una noche, y ninguna de las dos respuestas, sí o no, es una traición.

    Las fuentes clínicas que revisé coinciden en algunos puntos. Lehmiller (2018) y McCarthy y McCarthy (2019) advierten contra presionar, amenazar o culpar a la otra persona para que acepte: sin poder decir “no”, el “sí” no es una elección. Y Nagoski (2024) advierte que abrir la relación para resolver una falta de deseo o un conflicto previo suma complejidad en lugar de resolver nada; Hall y Binik (2020) lo señalan igual desde la terapia sexual. Fantasear con algo, a su vez, no equivale a querer vivirlo, y conviene averiguar en qué punto de esa distancia está cada uno.

    Estas preguntas ayudan a ordenar la conversación:

    1. ¿Qué es exactamente lo que propone: encuentros sexuales ocasionales, un vínculo amoroso o algo que aún no sabe definir?
    2. ¿Qué necesita que hoy no encuentra en la relación: novedad, deseo, autonomía, sentirse deseado o vivir su sexualidad de otra forma?
    3. ¿Esto surge porque la relación va bien y quiere ampliarla, o porque algo está fallando y busca una salida?
    4. ¿Qué reglas harían tolerable el acuerdo para la persona que no lo propuso (lo que se puede, lo que no, qué se cuenta, cómo se cuida la salud sexual)?
    5. ¿Cómo se revisará el acuerdo, y qué pasa si una de las dos personas quiere parar?
    6. ¿Estamos hablando de un experimento con fecha de revisión o de un cambio permanente?

    Si deciden probarlo, las fuentes sugieren acordar límites explícitos (incluidas las medidas de salud sexual), mantener reuniones periódicas para revisar cómo se sienten ambos y probar primero acuerdos temporales en lugar de definitivos (Lehmiller, 2018; Scoats y Campbell, 2022). El modelo de las tres C de Hangen y colaboradores (2020), consentimiento mutuo, comunicación y comodidad, sirve de lista de chequeo: si falla una de las tres, vale la pena detenerse antes de seguir.

    Si no quieres una relación abierta: cómo decir que no

    Decir que no es una respuesta legítima, y no te convierte en una persona cerrada ni en el problema de la pareja. Un deseo no cumplido por parte de quien propone tampoco lo convierte en alguien egoísta.

    Cuando uno propone y el otro no quiere, la conversación suele entrar en un ciclo de persecución y distancia: quien propone insiste y quien rechaza se aleja. Nagoski (2024) y McCarthy y McCarthy (2019) recomiendan, en ese caso, sacar el tema de la mesa por un período acordado (semanas o meses) para bajar la tensión y reconectar. Otra opción es redirigir la búsqueda de novedad hacia algo que ambos acepten dentro de la pareja (juegos, fantasías compartidas, actividades nuevas), siempre que quien propuso sienta que eso responde de verdad a lo que buscaba.

    Hay un punto que a veces se evita. Puede que las dos posiciones sean incompatibles y que eso tenga que decirse con claridad. Si la conversación lleva semanas sin avanzar, o si uno acepta solo para no perder al otro, conviene recordar el hallazgo de Moors y colaboradores (2021) sobre la incomodidad personal. En ese caso puede ayudarte leer sobre cómo saber si tu relación de pareja es sana o las preguntas para decidir entre separarse o seguir intentando.

    Y si la apertura ya ocurrió sin acuerdo, eso es infidelidad, y se trabaja distinto. Para ese caso están por qué las personas son infieles y cómo superar una infidelidad.

    Estigma, mononormatividad y terapia

    Las personas en relaciones no monógamas enfrentan juicios sociales que se asocian a más malestar, y algunos profesionales de la salud no están preparados para atenderlas. Aquí los datos son consistentes, aunque observacionales.

    Mahar y colaboradores (2024) identificaron cuatro formas de estigma (incomodidad o rechazo, pérdida de recursos o amenazas, devaluación del carácter y devaluación de la relación) y vieron que el estigma vivido se asociaba a más malestar psicológico, en parte por el estigma que la persona anticipa e internaliza. Vaughan y colaboradores (2019), con grupos focales, describieron falta de conocimiento de los profesionales, tamizajes preventivos inadecuados y conductas estigmatizantes.

    En terapia, Schechinger, Sakaluk y Moors (2018) estudiaron a 249 personas y vieron que las prácticas afirmativas y las inadecuadas del terapeuta predecían qué tan útil resultaba la terapia y si la persona la abandonaba. Lo que más ayudó fue que el terapeuta conociera este tipo de relaciones y no juzgara. Para quien pide ayuda profesional, eso se traduce en preguntar de entrada cómo trabaja el terapeuta con relaciones no monógamas, sea cual sea la decisión que la pareja tome.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

    Conviene pedir ayuda cuando la conversación se vuelve un ultimátum, cuando una de las dos personas acepta por miedo, cuando aparecen celos o ansiedad que desbordan o cuando la pareja no logra hablar del tema sin pelear. Una terapia no decide por ustedes: ordena la conversación.

    Si estás viendo la posibilidad de una terapia, esto es lo que se puede esperar en una primera sesión y aquí se explica cuándo ir y si funciona. Si prefieres conversarlo de forma individual o en pareja, puedes agendar una consulta.

    Qué no sabemos todavía

    La evidencia sobre relaciones abiertas es útil, pero tiene límites claros que conviene tener presentes antes de sacar conclusiones.

    • No encontré estudios con población chilena ni latinoamericana: casi todo viene de Estados Unidos, Canadá y Europa.
    • Casi todos los estudios son transversales, cualitativos o de escenarios imaginados, con muestras de conveniencia en línea. No permiten afirmar causalidad.
    • Faltan estudios de seguimiento a largo plazo y sobre qué pasa cuando una persona propone abrir la relación y la otra no quiere. Lo más cercano es el trabajo de Hangen y colaboradores (2020) y el de Conley y Piemonte (2021).
    • El estigma también alcanza a la investigación: Conley y colaboradores (2017) mostraron que los investigadores que presentaban datos favorables al poliamor eran percibidos como más sesgados que quienes presentaban datos favorables a la monogamia.

    Por eso este artículo no recomienda abrir ni cerrar tu relación. Describe lo que se sabe y propone una forma de conversarlo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es una relación abierta?

    Una relación abierta es una pareja en la que ambas personas acuerdan, de manera explícita, que cada una puede tener encuentros sexuales con otras personas. Se mantiene el vínculo afectivo principal en la pareja inicial y se pactan reglas. Lo que la define es el consentimiento de las dos partes, y eso la separa de la infidelidad.

    ¿Cuál es la diferencia entre relación abierta y poliamor?

    En la relación abierta se abre lo sexual y el vínculo afectivo principal sigue siendo la pareja. En el poliamor se admiten además vínculos amorosos y románticos con más de una persona, con o sin jerarquía entre ellas (Scoats y Campbell, 2022). Muchas parejas usan ambas palabras con significados distintos, así que conviene preguntar qué entiende cada uno.

    ¿Una relación abierta es lo mismo que una infidelidad?

    No. En una relación abierta todas las partes saben y consienten, mientras que en la infidelidad una persona oculta o rompe un acuerdo de exclusividad. Hangen y colaboradores (2020) vieron que las relaciones en que una persona quería monogamia y la otra tenía encuentros fuera de la pareja sin consenso funcionaban peor.

    ¿Las relaciones abiertas funcionan?

    La investigación, casi toda de Estados Unidos y Canadá, encuentra una satisfacción y un bienestar parecidos a los de las relaciones monógamas, pero con diferencias entre estilos: Levine y colaboradores (2018) vieron menor satisfacción en las relaciones abiertas, y Conley y Piemonte (2021) la relacionaron con la comunicación y la motivación. Son estudios observacionales, no prueban causa.

    ¿Qué hago si mi pareja quiere una relación abierta y yo no?

    Puedes pedir tiempo, preguntar qué necesita detrás de la propuesta y decir que no sin culpa. Las fuentes clínicas recomiendan no ceder por presión y, si la tensión sube, sacar el tema de la mesa por un período acordado. Si la diferencia persiste, vale la pena conversarla con un profesional que no juzgue ninguna de las dos posturas.

    ¿Abrir la relación sirve para salvar una pareja en crisis?

    Las fuentes clínicas consultadas lo desaconsejan: abrir la relación para resolver un conflicto o una falta de deseo añade complejidad (Nagoski, 2024; Hall y Binik, 2020). Los estudios muestran mejores resultados cuando la motivación es propia y no una salida a un problema. Si hay crisis, conviene trabajar primero la crisis.

    Un último punto

    Hablar de una relación abierta de pareja no obliga a nadie a abrirla ni a descartarla. Lo que ayuda es poder decir qué se desea y qué no sin que eso se lea como una amenaza. La investigación apunta a que lo que mejor predice cómo resulta un acuerdo, sea cual sea su forma, es que las dos personas lo hayan elegido, lo conversen con claridad y se sientan cómodas con él.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Referencias

    • Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton.
    • Conley, T. D., & Piemonte, J. L. (2021). Are there “Better” and “Worse” Ways to be Consensually Non-Monogamous (CNM)?: CNM Types and CNM-Specific Predictors of Dyadic Adjustment. Archives of Sexual Behavior, 50(4), 1273-1286. https://doi.org/10.1007/s10508-021-02027-3
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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