Llevas años diciendo que la marihuana no engancha. Y en parte tienes razón: la mayoría de la gente que la prueba no termina dependiendo de ella. Pero si estás leyendo esto es porque algo cambió. Tal vez ya intentaste parar y a los tres días dormías mal, andabas irritable y volviste a fumar «solo para dormir». Tal vez te diste cuenta de que no recuerdas la última semana en que no fumaste. O simplemente quieres saber, antes de decidir, qué te espera al dejar de fumar marihuana.
Esta guía responde eso con estudios en la mano, no con opiniones: qué le pasa al cuerpo y a la cabeza cuando dejas de fumar marihuana, cuánto dura la abstinencia y qué síntomas trae, qué beneficios están medidos de verdad (y cuáles son mito), si conviene cortar de golpe o reducir de a poco, qué tratamientos funcionan y cuándo vale la pena pedir ayuda en Chile. Está escrita para adultos. Si lo que te preocupa es tu hijo adolescente, la guía sobre qué hacer cuando un hijo fuma marihuana es la que corresponde.
Respuesta corta: al dejar la marihuana, cerca de la mitad de quienes fumaban seguido tienen síntomas de abstinencia: irritabilidad, ansiedad, insomnio y sueños vívidos, menos apetito, ánimo bajo y ganas de fumar. Empiezan a las 24 a 72 horas, son más fuertes entre el segundo y el sexto día, y la mayoría cede en una o dos semanas (el sueño puede tardar más). A cambio, en pocas semanas mejoran la memoria, el sueño, el ánimo y la tos. Lo que más ayuda a lograrlo es la terapia cognitivo-conductual combinada con entrevista motivacional; no existe ningún fármaco aprobado para esto.
¿Qué pasa cuando dejas de fumar marihuana? Línea de tiempo
Durante la primera semana el cuerpo reclama el THC que le faltaba; durante el primer mes se reacomoda; y desde ahí empiezan a notarse las ganancias. Esta tabla resume lo que describen los estudios que siguieron a personas desde el último cigarro de marihuana en adelante. No todos pasan por todo: cuanto más y más seguido fumabas, más probable es que reconozcas la primera fila.
| Momento | Qué suele pasar | Fuente |
|---|---|---|
| Días 1 a 3 | Aparecen los primeros síntomas de abstinencia: inquietud, irritabilidad, ansiedad, cuesta dormir, baja el apetito | Budney et al. (2003); Connor et al. (2022) |
| Días 2 a 6 | El peor tramo: los síntomas alcanzan su máximo. Sueños intensos y raros, rabia por cosas pequeñas, ganas fuertes de fumar | Budney et al. (2003); Connor et al. (2022) |
| Días 7 a 14 | La mayoría de los síntomas se apagan. Ya en la primera semana sin fumar mejora el aprendizaje verbal | Budney et al. (2003); Schuster et al. (2018) |
| Semanas 3 y 4 | En consumidores intensos, algunos síntomas (sobre todo el sueño) pueden seguir hasta la tercera semana o más | Connor et al. (2022) |
| Primeros meses | Menos tos y flema matinal; mejor ánimo, menos ansiedad y mejor calidad del sueño en quienes se mantienen | Hancox et al. (2015); Hser et al. (2017) |
Vale la pena detenerse en un detalle de esa tabla. Lo peor pasa entre el día 2 y el día 6. Es justo el momento en que la mayoría de la gente que «intentó dejarla y no pudo» volvió a fumar. No fue falta de voluntad: fue el punto máximo de un síndrome que nadie les había explicado.
Síntomas al dejar de fumar marihuana: el síndrome de abstinencia existe (y no es debilidad)
Cuando una persona que fuma marihuana con regularidad deja de golpe, en cerca de la mitad de los casos aparece un síndrome de abstinencia reconocible, con criterios diagnósticos propios en el DSM-5. Durante décadas se discutió si el cannabis producía abstinencia física. La respuesta llegó con estudios que siguieron a consumidores día a día. En uno de los primeros, de 50 días de duración, Budney et al. (2003) midieron a 18 consumidores intensos durante 45 días sin fumar y a 12 exconsumidores en paralelo: apareció un patrón claro de agresividad, rabia, ansiedad, menos apetito y peso, irritabilidad, inquietud, temblor, problemas de sueño y dolor de estómago, con una magnitud comparable a la abstinencia del tabaco.
¿Qué tan frecuente es? Un metaanálisis de 47 estudios con 23.518 personas encontró que el 47 % de quienes consumen cannabis de forma regular o dependiente presenta síndrome de abstinencia al dejarlo; la cifra es del 17 % en muestras de población general y del 54 % en personas que ya estaban en tratamiento ambulatorio (Bahji et al., 2020). Dicho al revés: la otra mitad lo deja sin pasar por nada especial. Que a ti te pegue fuerte no dice nada de tu carácter; dice cuánto y con qué frecuencia fumabas.
Los síntomas más frecuentes, según la revisión clínica de Connor et al. (2022) en la revista Addiction:
- Ansiedad, irritabilidad, rabia o agresividad. Reacciones desproporcionadas a cosas chicas, discusiones que antes no pasaban.
- Sueño alterado y sueños vívidos. Cuesta quedarse dormido y, cuando lo logras, los sueños son intensos y raros.
- Ánimo bajo. Días grises, sin ganas, con una sensación de vacío que puede parecerse a una depresión leve.
- Pérdida de apetito y de peso. El «hambre voraz» desaparece, y a veces cuesta comer.
- Menos comunes, pero reales: escalofríos, dolor de cabeza, tensión muscular, sudoración y dolor de estómago.
Hay un dato que conviene tener claro antes de empezar. Entre 469 adultos que intentaron dejarla por su cuenta, el 95,5 % reportó al menos un síntoma de abstinencia en su intento más difícil, y de quienes habían tenido un síndrome completo, el 70,4 % volvió a fumar para aliviarlo (Levin et al., 2010). Los síntomas aparecieron incluso en personas que fumaban menos de una vez por semana. Lo que hace peligrosa la abstinencia no es su intensidad: es que fumar la apaga en minutos, y esa es la trampa que hay que anticipar.
¿Cuánto dura la abstinencia de la marihuana?
Los síntomas empiezan entre las 24 y las 72 horas después del último consumo, alcanzan su máximo entre el segundo y el sexto día, y la mayoría dura entre 4 y 14 días; en consumidores intensos, algunos pueden extenderse hasta la tercera semana. Esas cifras vienen del seguimiento diario de Budney et al. (2003), que las midió síntoma por síntoma, y las confirma la revisión de Connor et al. (2022), que sitúa el inicio a las 24 a 48 horas y el pico entre los días 2 y 6.
El sueño es la excepción que más frustra. Una revisión sistemática de 36 estudios concluyó que el sueño se interrumpe con frecuencia durante la abstinencia de cannabis, aunque los estudios no logran precisar qué aspectos concretos del sueño se afectan ni por cuánto tiempo (Gates, Albertella y Copeland, 2016). En la práctica, es habitual que la persona ya se sienta bien de ánimo y de ansiedad, y siga durmiendo mal un par de semanas más. Saberlo de antemano evita la conclusión equivocada («sin marihuana no puedo dormir») que devuelve a mucha gente al consumo.
¿Por qué dura eso y no más? El THC se acumula en la grasa corporal y se libera lentamente, así que el cuerpo tarda días en quedarse sin él. Si además necesitas saber cuánto tiempo sigue apareciendo en un examen, la guía sobre tests de drogas en orina explica las ventanas de detección del cannabis, que son bastante más largas que las de la abstinencia.
Beneficios de dejar de fumar marihuana: lo que está medido
Dejar la marihuana mejora, en semanas, la memoria y el aprendizaje, la calidad del sueño, el ánimo y la ansiedad, y hace desaparecer la tos y la flema de las mañanas. No son promesas de folleto: cada uno de estos cambios tiene un estudio detrás que lo midió. También hay beneficios que se prometen mucho y que la evidencia no respalda con la misma claridad, y conviene distinguirlos.
La memoria se recupera, y rápido
Es la duda más frecuente: «¿me dejó tonto?». La respuesta de los estudios es tranquilizadora. En un ensayo con 88 consumidores regulares de 16 a 25 años, asignados al azar a cuatro semanas de abstinencia verificada en orina o a solo monitoreo, el grupo que dejó de fumar mejoró su memoria verbal, y la mejora se concentró en la primera semana (Schuster et al., 2018). Un metaanálisis de 69 estudios con 2.152 jóvenes apunta en la misma dirección: el consumo frecuente se asocia a un rendimiento cognitivo algo peor, pero en los estudios que exigieron más de 72 horas sin consumir esa diferencia desapareció (Scott et al., 2018). Buena parte del «me cuesta concentrarme», entonces, no es daño permanente: es el THC que todavía circula.
Un matiz honesto: esos dos estudios son de jóvenes. En adultos de más de 25 años que fumaron durante décadas hay menos datos, y no se puede prometer lo mismo con la misma seguridad.
¿Dejar de fumar marihuana causa insomnio? A la larga duermes mejor y andas de mejor ánimo
Parece contradictorio con la sección anterior, pero no lo es: el insomnio de la abstinencia es transitorio, y el sueño de fondo mejora. En un seguimiento de 302 adultos de 18 a 50 años durante 12 semanas, quienes redujeron el consumo mejoraron en ansiedad, en síntomas depresivos y en calidad del sueño, controlando el alcohol y el tabaco; lo que no cambió en ese plazo fue la calidad de vida global (Hser et al., 2017). Si tu principal razón para fumar era «para dormir» o «para bajar la ansiedad», este es el dato que importa: a mediano plazo, la marihuana estaba sosteniendo el problema que parecía resolver.
Se te quita la tos
La cohorte de Dunedin, en Nueva Zelanda, siguió a 1.037 personas desde los 18 hasta los 38 años. Fumar cannabis con frecuencia (52 o más veces al año) se asoció a casi el doble de tos matinal y de expectoración, y a más sibilancias, ajustando por tabaco; y reducir o dejar el consumo bajó esos síntomas hasta niveles parecidos a los de quienes nunca fumaron (Hancox et al., 2015). Es de los beneficios más rápidos y más visibles.
Bajan riesgos que no se sienten
Hay ganancias que no se notan en el día a día pero pesan. Entre quienes consumen cannabis, un 22 % desarrolla un trastorno por consumo, y con uso semanal o diario ese riesgo sube a un 33 % (Leung et al., 2020). Y el consumo intenso multiplica por casi cuatro el riesgo de psicosis, con una relación de dosis clara, según un metaanálisis de 10 estudios con 66.816 personas (Marconi et al., 2016). Dejar de fumar cierra las dos puertas.
Lo que no está tan claro
En internet abundan las listas de «20 beneficios de dejar los porros» que mezclan lo medido con lo deseado. Dos ejemplos. Que el cociente intelectual «vuelva» es dudoso porque no está claro que se haya ido: en dos cohortes de gemelos, los consumidores puntuaron más bajo en CI, pero sin relación con la dosis y sin más caída que sus hermanos gemelos abstinentes, lo que apunta a factores familiares previos, no a la marihuana en sí (Jackson et al., 2016). Y la mejora en «calidad de vida» global no apareció en las 12 semanas del estudio de Hser et al. (2017): mejoran cosas concretas (sueño, ánimo, ansiedad), y la vida en general tarda más en reacomodarse.
¿Dejar la marihuana de golpe o poco a poco?
No existe un ensayo clínico que haya comparado cortar de golpe con reducir gradualmente en cannabis, así que ninguna de las dos opciones se puede llamar «la correcta»; lo que sí se sabe es que la abstinencia aparece tanto al parar de golpe como al reducir mucho, y que lo decisivo es tener un plan para los días 2 a 6. Connor et al. (2022) lo describen así: los síntomas siguen a la interrupción brusca o a una reducción importante del THC, y su manejo de primera línea es psicoeducación y consejería de apoyo, no un fármaco.
Antes de elegir el cómo, conviene mirar el cuánto quieres. La psicología del cambio distingue etapas: hay gente que todavía no ve un problema, gente que lo ve y duda, y gente decidida a actuar. Tolin (2024) resume el principio de la entrevista motivacional para las dos primeras: las razones para cambiar convencen cuando las descubre uno mismo, no cuando las dicta otro, y en la etapa de duda lo que ayuda es poner por escrito los pros y los contras y fijar metas cortas y alcanzables, no metas grandiosas (pp. 166-167). Si estás en esa duda, hacer esa lista antes de decidir «de golpe o poco a poco» vale más que la decisión misma.
Con eso en la mano, la decisión es práctica. Reducir de a poco tiene sentido si fumas todos los días desde hace años, si te preocupa el insomnio, o si ya fracasaste dos veces cortando en seco. Tiene un riesgo: que la reducción se estire sin fecha y el «poco a poco» se vuelva el consumo de siempre con otro nombre. Cortar de golpe funciona mejor con una fecha elegida, una semana con menos exigencias por delante y una persona avisada. En los dos casos, lo que predice el resultado es lo mismo: saber qué síntomas vienen, cuándo, y qué vas a hacer con ellos.
Cómo dejar la marihuana: qué funciona según la evidencia
Los tratamientos con más respaldo son la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la entrevista motivacional, sobre todo combinadas y en más de cuatro sesiones; sumar incentivos por orinas negativas mejora el resultado; y ningún medicamento ha demostrado eficacia suficiente como para estar aprobado. Así lo resume la revisión Cochrane de 23 ensayos con 4.045 adultos: quienes recibieron una intervención psicosocial consumieron casi seis días menos al mes que los controles, tuvieron 2,5 veces más probabilidad de estar abstinentes en el seguimiento y menos síntomas de dependencia; cerca de 7 de cada 10 completaron el tratamiento (Gates et al., 2016).
Terapia cognitivo-conductual y entrevista motivacional
La TCC para cannabis trabaja tres cosas: identificar en qué situaciones fumas (la hora, el lugar, la gente, la emoción que precede), entrenar qué hacer en esas situaciones sin fumar, y anticipar el desliz para que no se convierta en recaída. La entrevista motivacional se ocupa de lo anterior: ordenar tus propias razones para dejarla, que son las únicas que sostienen el esfuerzo cuando la abstinencia aprieta. Una revisión con metaanálisis de 15 estudios en adultos encontró que, frente a no hacer nada, la TCC combinada con enfoques motivacionales redujo la gravedad de la dependencia con un efecto de moderado a grande, aunque los autores insisten en que la evidencia sigue siendo limitada y buena parte viene de pocos estudios (Giguère et al., 2026).
Una advertencia que la propia Cochrane deja escrita: la abstinencia total al final del seguimiento fue baja, alrededor de un cuarto de los participantes (Gates et al., 2016). Es la misma proporción que en el tabaco o el alcohol, y significa dos cosas: que el primer intento rara vez es el último, y que reducir mucho también cuenta como resultado.
Apps y programas por internet
Sirven, pero menos. Un metaanálisis de 30 ensayos encontró que los programas digitales de tratamiento (20 estudios, 5.195 consumidores de 16 a 40 años) redujeron el consumo con un efecto pequeño al terminar, que ya no fue significativo meses después (Boumparis et al., 2019). Como complemento a una terapia, o como puerta de entrada para quien no se anima a consultar, tienen sentido; como único apoyo, quedan cortos.
¿Hay pastillas para dejar la marihuana?
No aprobadas. La revisión Cochrane más reciente, de 37 ensayos con 3.201 personas, no encontró que los preparados de THC, la N-acetilcisteína, el cannabidiol ni los anticonvulsivantes o estabilizadores del ánimo hicieran más probable la abstinencia que el placebo; con anticonvulsivantes, además, fue casi tres veces más probable abandonar por efectos adversos (Spiga et al., 2025). Su conclusión es que todos siguen siendo experimentales. Eso no impide que un médico trate un síntoma puntual (insomnio severo, náuseas) durante los peores días, pero no hay nada que «cure» la dependencia de cannabis en una receta, y desconfía de quien te lo venda.
Guía práctica: qué hacer con cada síntoma en los primeros días
Lo que más ayuda en la abstinencia es saber qué viene, tener el día ocupado, cuidar el sueño sin sustituir una sustancia por otra y avisar a alguien; no hay una técnica mágica, y la evidencia sobre el ejercicio es más modesta de lo que se cree. Estas son estrategias para la primera y la segunda semana, ordenadas por síntoma.
- Ganas de fumar (craving). Duran minutos, no horas, y llegan en oleadas. Cambia de lugar, toma agua, llama a alguien, haz algo con las manos. Anota en qué momento aparecieron: ese registro es el mapa de tus situaciones de riesgo.
- Insomnio y sueños raros. Mantén la hora de levantarte fija aunque hayas dormido mal, evita la siesta larga y la pantalla en la cama, y espera dos o tres semanas antes de concluir nada. Si el insomnio ya era un problema antes de fumar, el test de insomnio ayuda a ver si necesita tratamiento propio.
- Irritabilidad. Avisa en casa que vienen días de mecha corta y por qué. Baja las decisiones importantes y las conversaciones difíciles esa semana.
- Falta de apetito. Come poco y seguido, y no te pases a los dulces. Vuelve solo.
- Ánimo bajo. Es esperable en la primera semana. Si a las tres semanas sigue igual o empeora, ya no es abstinencia: consulta.
- Ejercicio. Ayuda al ánimo y llena el tiempo, pero no esperes que «saque» el THC ni que baje la abstinencia por sí mismo: en un ensayo hospitalario de 7 días, 35 minutos diarios de bicicleta no redujeron la abstinencia ni las ganas de fumar más que estiramientos suaves; ambos grupos mejoraron a lo largo de la semana y un tercio seguía sin consumir 28 días después (Mills et al., 2026).
Y una trampa conocida: no cambiar una sustancia por otra. Entre adultos que dejaron la marihuana sin tratamiento, dejarla se asoció a menudo con un aumento del alcohol, el tabaco y las pastillas para dormir (Copersino et al., 2006), y en el estudio de Levin et al. (2010), el alcohol y el tabaco se usaron más que el propio cannabis para aliviar los síntomas. Si fumas tabaco, la guía sobre qué aporta la psicología para dejar de fumar es un buen plan paralelo; y si el alcohol empieza a ocupar el lugar de la marihuana, ese es un motivo de consulta por sí solo.
Recaídas: por qué pasan y cómo evitar que un desliz lo tire todo
La mayoría de las recaídas ocurre en situaciones que se pueden anticipar (una emoción negativa, una presión social, una tarde libre con el amigo de siempre), y lo que convierte un cigarro aislado en una recaída completa es la conclusión «ya lo arruiné, da lo mismo». Ese es el núcleo del modelo de prevención de recaídas de Marlatt, el marco cognitivo-conductual de referencia para cualquier sustancia. Según la revisión del modelo de Larimer, Palmer y Marlatt (1999), la recaída depende de determinantes inmediatos (situaciones de alto riesgo, habilidades para afrontarlas, expectativas sobre lo que la sustancia va a hacer por ti, y el llamado efecto de violación de la abstinencia) y de antecedentes de fondo, como un estilo de vida desequilibrado y el craving. Más tarde, Witkiewitz y Marlatt (2004) reformularon el modelo como un sistema dinámico: la recaída resulta de la interacción de muchos factores que cambian de un momento a otro, y no de una cadena fija de pasos.
Tolin (2024, p. 183) resume las estrategias concretas del modelo: identificar las situaciones de alto riesgo y ensayar cómo afrontarlas; recordar que sostener el cambio depende de usar habilidades, no de «fuerza de voluntad»; desmontar los mitos sobre lo que la sustancia hace por uno; tener un plan escrito para el caso de un desliz; y reencuadrar ese desliz como un error que pide más planificación, no como la prueba de que todo se perdió.
Lo útil de ese modelo cabe en tres movimientos. Primero, escribir tus situaciones de alto riesgo concretas (no «el estrés» sino «el viernes a las 7 cuando llego a la casa vacía»). Segundo, decidir de antemano qué vas a hacer en cada una. Tercero, tratar un desliz como un dato y no como un veredicto: si fumaste una vez, la pregunta es qué pasó antes, no qué clase de persona eres. El artículo sobre prevención de recaídas y el efecto de violación de la abstinencia lo desarrolla paso a paso.
Y una cifra para tener paciencia con el proceso: en la encuesta nacional de EE. UU. que siguió a 43.093 adultos, la probabilidad acumulada de remitir de una dependencia de cannabis a lo largo de la vida fue del 97 %, y la mitad de los casos remitió unos seis años después de que la dependencia empezara, mucho antes que con el alcohol (14 años) o la nicotina (26) (Lopez-Quintero et al., 2011). Casi todos lo dejan; lo que cambia con ayuda es cuánto tardan y cuánto se pierde en el camino.
Cuándo pedir ayuda profesional, y dónde en Chile
Vale la pena consultar si ya intentaste dejarla dos o más veces y volviste, si fumas para funcionar (dormir, comer, calmar la ansiedad), si la abstinencia te desborda, o si hay otra sustancia o un problema de ánimo de fondo. En Chile la marihuana es la droga ilícita más consumida: según el 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General de SENDA, un 10,1 % de la población de 12 a 65 años la consumió en el último año (2024), la cifra más baja en una década tras el máximo de 14,5 % de 2016. Son más de un millón de personas, y con el 22 % de riesgo de trastorno por consumo que estima Leung et al. (2020), una parte importante va a necesitar más que voluntad.
Algo barato para empezar es medir dónde estás. El test CAST de cannabis tiene seis preguntas y orienta sobre si el consumo es problemático; el DAST-10 cubre drogas en general. Ninguno diagnostica, pero los dos sirven para decidir si consultar.
Dónde ir:
- Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA. Orientación gratuita por teléfono y por chat en senda.gob.cl, de lunes a domingo entre 8:00 y 20:00. Sirve también a quien llama por otra persona.
- Atención primaria (CESFAM). Es la puerta de entrada al tratamiento público. Ojo con un detalle: la garantía GES para consumo perjudicial y dependencia de alcohol y drogas cubre solo a menores de 20 años; un adulto se atiende por la vía general, con los programas de SENDA en convenio. La guía sobre el GES y el tratamiento de drogas en adultos explica el camino.
- Psicólogo o psiquiatra. Para una TCC con entrevista motivacional, que es lo que la evidencia respalda, o para tratar la ansiedad, el insomnio o la depresión que a veces estaban debajo del consumo. MedlinePlus tiene una ficha en español sobre la marihuana y sus efectos que sirve para ordenar la conversación.
Si además hay síntomas psicóticos (voces, ideas de persecución, confusión) durante o después del consumo, o pensamientos de hacerte daño, eso no espera: es urgencia, y el lugar es un servicio de urgencia o Salud Responde (600 360 7777).
Preguntas frecuentes sobre dejar de fumar marihuana
¿La marihuana produce síndrome de abstinencia?
Sí. Está reconocido en el DSM-5 y descrito en estudios controlados desde 2003. Aparece en cerca de la mitad de quienes fuman de forma regular o dependiente (menos en consumidores ocasionales), con irritabilidad, ansiedad, insomnio, sueños vívidos, menos apetito y ánimo bajo. Es menos peligroso físicamente que el del alcohol, pero es real y explica muchas recaídas.
¿Cuánto dura la abstinencia de la marihuana?
Los síntomas empiezan entre las 24 y las 72 horas después del último consumo, son más intensos entre el día 2 y el día 6, y la mayoría cede en una o dos semanas. En consumidores intensos, algunos síntomas, sobre todo el sueño alterado, pueden durar hasta tres semanas o algo más. Las ganas de fumar pueden reaparecer por más tiempo, en oleadas cortas.
¿Qué le pasa al cuerpo cuando dejas de fumar marihuana?
En la primera semana: inquietud, insomnio con sueños intensos, menos apetito, irritabilidad y a veces dolor de cabeza, sudoración o malestar de estómago. Desde la segunda: el sueño se ordena, vuelve el apetito, mejora el aprendizaje verbal. En los meses siguientes desaparecen la tos y la flema matinal, y mejoran el ánimo y la ansiedad.
¿Es mejor dejar la marihuana de golpe o poco a poco?
No hay ensayos que comparen las dos formas, así que depende de tu caso. La abstinencia aparece con las dos, porque también sigue a una reducción grande. Reducir sirve si fumas a diario desde hace años o te preocupa el insomnio; cortar de golpe funciona con fecha, una semana tranquila y alguien avisado. Lo que predice el éxito es tener un plan para los días 2 a 6.
¿Se recupera la memoria después de dejar de fumar marihuana?
En buena parte, sí, y rápido. Un ensayo con jóvenes que dejaron de fumar cuatro semanas mostró mejoras en la memoria verbal ya en la primera semana, y un metaanálisis encontró que las diferencias cognitivas entre consumidores y no consumidores desaparecían después de 72 horas de abstinencia. En adultos mayores de 25 con décadas de consumo hay menos datos.
¿Existen medicamentos para dejar la marihuana?
No hay ninguno aprobado. La revisión Cochrane de 2025, con 37 ensayos, no encontró que el THC en preparados, la N-acetilcisteína, el cannabidiol ni los anticonvulsivantes aumentaran la abstinencia frente al placebo. Un médico puede tratar un síntoma puntual durante los peores días, pero el tratamiento con respaldo es psicológico: terapia cognitivo-conductual con entrevista motivacional.
Dejarla es más común de lo que parece, y más fácil con un plan
Casi todas las personas con dependencia de cannabis la dejan en algún momento de su vida. La diferencia entre quien la deja a los 25 y quien la deja a los 40 casi nunca es la fuerza de voluntad: es haber sabido que los días 2 a 6 iban a ser difíciles, que el insomnio se pasa, que un cigarro no borra el mes anterior, y haber tenido a alguien con quien revisar qué pasó.
Si ya lo intentaste solo y no resultó, o si quieres hacerlo bien a la primera, puedes agendar una consulta. En unas pocas sesiones se arma un plan con tus situaciones de riesgo, una estrategia para la abstinencia y un seguimiento para las semanas en que más se recae. Y si hay ansiedad, insomnio o ánimo bajo detrás del consumo, se tratan a la vez, que es como de verdad se sostiene el cambio.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
Bahji, A., Stephenson, C., Tyo, R., Hawken, E. R., & Seitz, D. P. (2020). Prevalence of cannabis withdrawal symptoms among people with regular or dependent use of cannabinoids. JAMA Network Open, 3(4), e202370. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2020.2370
Boumparis, N., Loheide-Niesmann, L., Blankers, M., Ebert, D. D., Korf, D., Schaub, M. P., Spijkerman, R., Tait, R. J., & Riper, H. (2019). Short- and long-term effects of digital prevention and treatment interventions for cannabis use reduction: A systematic review and meta-analysis. Drug and Alcohol Dependence, 200, 82-94. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2019.03.016
Budney, A. J., Moore, B. A., Vandrey, R. G., & Hughes, J. R. (2003). The time course and significance of cannabis withdrawal. Journal of Abnormal Psychology, 112(3), 393-402. https://doi.org/10.1037/0021-843x.112.3.393
Connor, J. P., Stjepanović, D., Budney, A. J., Le Foll, B., & Hall, W. D. (2022). Clinical management of cannabis withdrawal. Addiction, 117(7), 2075-2095. https://doi.org/10.1111/add.15743
Copersino, M. L., Boyd, S. J., Tashkin, D. P., Huestis, M. A., Heishman, S. J., Dermand, J. C., Simmons, M. S., & Gorelick, D. A. (2006). Quitting among non-treatment-seeking marijuana users: Reasons and changes in other substance use. The American Journal on Addictions, 15(4), 297-302. https://doi.org/10.1080/10550490600754341
Gates, P., Albertella, L., & Copeland, J. (2016). Cannabis withdrawal and sleep: A systematic review of human studies. Substance Abuse, 37(1), 255-269. https://doi.org/10.1080/08897077.2015.1023484
Gates, P. J., Sabioni, P., Copeland, J., Le Foll, B., & Gowing, L. (2016). Psychosocial interventions for cannabis use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(5), CD005336. https://doi.org/10.1002/14651858.cd005336.pub4
Giguère, S., Potvin, S., Beaudoin, M., Wurtele Boudreau, X., Giguère, C. É., & Dumais, A. (2026). The effectiveness of psychological interventions delivered by health professionals for adult cannabis use in community settings: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychiatry, 17, 1792228. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1792228
Hancox, R. J., Shin, H. H., Gray, A. R., Poulton, R., & Sears, M. R. (2015). Effects of quitting cannabis on respiratory symptoms. European Respiratory Journal, 46(1), 80-87. https://doi.org/10.1183/09031936.00228914
Hser, Y. I., Mooney, L. J., Huang, D., Zhu, Y., Tomko, R. L., McClure, E., Chou, C. P., & Gray, K. M. (2017). Reductions in cannabis use are associated with improvements in anxiety, depression, and sleep quality, but not quality of life. Journal of Substance Abuse Treatment, 81, 53-58. https://doi.org/10.1016/j.jsat.2017.07.012
Jackson, N. J., Isen, J. D., Khoddam, R., Irons, D., Tuvblad, C., Iacono, W. G., McGue, M., Raine, A., & Baker, L. A. (2016). Impact of adolescent marijuana use on intelligence: Results from two longitudinal twin studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(5), E500-E508. https://doi.org/10.1073/pnas.1516648113
Larimer, M. E., Palmer, R. S., & Marlatt, G. A. (1999). Relapse prevention: An overview of Marlatt’s cognitive-behavioral model. Alcohol Research & Health, 23(2), 151-160. PMID: 10890810. https://europepmc.org/article/MED/10890810
Leung, J., Chan, G. C. K., Hides, L., & Hall, W. D. (2020). What is the prevalence and risk of cannabis use disorders among people who use cannabis? A systematic review and meta-analysis. Addictive Behaviors, 109, 106479. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2020.106479
Levin, K. H., Copersino, M. L., Heishman, S. J., Liu, F., Kelly, D. L., Boggs, D. L., & Gorelick, D. A. (2010). Cannabis withdrawal symptoms in non-treatment-seeking adult cannabis smokers. Drug and Alcohol Dependence, 111(1-2), 120-127. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2010.04.010
Lopez-Quintero, C., Hasin, D. S., de los Cobos, J. P., Pines, A., Wang, S., Grant, B. F., & Blanco, C. (2011). Probability and predictors of remission from life-time nicotine, alcohol, cannabis or cocaine dependence: Results from the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions. Addiction, 106(3), 657-669. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2010.03194.x
Marconi, A., Di Forti, M., Lewis, C. M., Murray, R. M., & Vassos, E. (2016). Meta-analysis of the association between the level of cannabis use and risk of psychosis. Schizophrenia Bulletin, 42(5), 1262-1269. https://doi.org/10.1093/schbul/sbw003
Mills, L., Rooney, K., McCartney, D., Murnion, B., Arnold, J. C., Bhardwaj, A., Haber, P. S., Arkell, T., Richards, E., McGregor, I. S., & Lintzeris, N. (2026). The effect of daily aerobic cycling exercise on cannabis withdrawal: An inpatient randomised controlled trial. Scientific Reports, 16(1), 9527. https://doi.org/10.1038/s41598-026-40468-9
Schuster, R. M., Gilman, J., Schoenfeld, D., Evenden, J., Hareli, M., Ulysse, C., Nip, E., Hanly, A., Zhang, H., & Evins, A. E. (2018). One month of cannabis abstinence in adolescents and young adults is associated with improved memory. The Journal of Clinical Psychiatry, 79(6), 17m11977. https://doi.org/10.4088/jcp.17m11977
Scott, J. C., Slomiak, S. T., Jones, J. D., Rosen, A. F. G., Moore, T. M., & Gur, R. C. (2018). Association of cannabis with cognitive functioning in adolescents and young adults: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 75(6), 585-595. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2018.0335
Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol [SENDA]. (2025). Consumo de alcohol alcanza su nivel más bajo en 30 años y marihuana en adolescentes llega a mínimo histórico: resultados del 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General 2024. Gobierno de Chile. https://www.senda.gob.cl/noticia/consumo-alcohol-alcanza-nivel-bajo-en-30-anos-marihuana-adolescentes-llega-minimo-historico/
Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.
Spiga, F., Parkhouse, T., Tang, V. M., Savović, J., Le Foll, B., & Nielsen, S. (2025). Pharmacotherapies for cannabis use disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2025(9), CD008940. https://doi.org/10.1002/14651858.cd008940.pub4
Witkiewitz, K., & Marlatt, G. A. (2004). Relapse prevention for alcohol and drug problems: That was Zen, this is Tao. American Psychologist, 59(4), 224-235. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.4.224

