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  • Ensoñación desadaptativa: síntomas, tratamiento y test

    Ensoñación desadaptativa: síntomas, tratamiento y test

    Si te pasas horas en una historia que solo existe en tu cabeza, con personajes, escenas y una trama que sigues día tras día, y te cuesta frenarla cuando tienes que trabajar o estudiar, quizás te preguntes si lo tuyo es ensoñación desadaptativa (también llamada ensoñación excesiva). La respuesta corta: es un patrón de fantasía inmersiva y difícil de controlar que causa malestar y le quita espacio a la vida real, y que quienes la estudian ya proponen reconocer como un trastorno propio (Soffer-Dudek et al., 2025). Más abajo hay un ensoñación desadaptativa test gratis en español, la MDS-16, con dieciséis preguntas que tardas unos cinco minutos en responder.

    Antes de hacerlo conviene entender qué mide y qué no. Es un cuestionario de autoinforme y su resultado orienta, no diagnostica. En las secciones siguientes están los síntomas, cuánta gente la tiene, cómo se puntúa el test, en qué se diferencia del TDAH y del TOC, y qué tratamiento tiene respaldo.

    Ensoñación desadaptativa: qué es y en qué se diferencia de soñar despierto

    Soñar despierto es una actividad mental corriente. Casi todas las personas lo hacen, suele durar poco y da un descanso o un alivio temporal. La ensoñación desadaptativa (también llamada ensoñación excesiva o inadaptada, y maladaptive daydreaming en inglés) es otra cosa por su intensidad y por sus consecuencias: la fantasía se vuelve persistente, vívida y compulsiva, y empieza a desplazar la vida cotidiana (Soffer-Dudek et al., 2025).

    Los autores del documento de posición de 2025 la describen como un síndrome en que el síntoma central es fantasear de forma excesiva, con una inmersión que incluye imágenes, voces y emociones, y que causa malestar y deterioro en lo académico, lo laboral y lo social. A diferencia del soñar despierto normal, es persistente, compulsiva y perjudicial. La persona conserva el juicio de realidad: sabe que la historia es una producción propia, aunque la viva con intensidad.

    Un primer estudio con 340 personas que se identificaban con el problema y 107 controles, de 45 países, encontró que se distinguían del soñar despierto común en cantidad, contenido, experiencia, control, malestar e interferencia con la vida (Bigelsen et al., 2016).

    Síntomas de la ensoñación desadaptativa

    Los criterios que proponen Soffer-Dudek y su equipo piden una fantasía persistente, vívida y detallada, con una absorción intensa, más al menos dos de cinco rasgos (Soffer-Dudek et al., 2025):

    RasgoCómo se ve en la práctica
    Preferir la fantasía a la vida realLa historia interna te atrae más que lo que ocurre afuera, o sientes por ella una emoción que la realidad no te da
    Movimientos y gestosCaminar de un lado a otro, balancearte, sacudir las manos, hacer gestos con la cara o susurrar los diálogos
    Alivio de emociones difícilesLa fantasía calma por un rato el estrés, la ansiedad, la culpa, la vergüenza, la baja autoestima o la soledad
    Molestia al interrumpirlaIrritación cuando no puedes soñar despierto o cuando algo corta la escena
    Intentos fallidos de controlarlaTe propones reducirla y no lo logras

    A eso se suma un criterio de tiempo: al menos 30 minutos por episodio y al menos una hora al día, la mayoría de los días de los últimos seis meses, con malestar o deterioro que no se explique mejor por otro problema. Quien cumple todo salvo la duración puede recibir el rótulo de ensoñación desadaptativa “especificada de otro modo”. Esta es la razón por la que un cuestionario no alcanza para diagnosticar: no mide cuánto tiempo pasas dentro de la fantasía.

    Las personas que la viven suelen mencionar además la música como detonante, la dificultad para concentrarse en tareas importantes sin escaparse a la historia, y el deseo de volver a ella apenas despiertan. Esas son, de hecho, varias de las preguntas del test que viene a continuación.

    ¿Cuánta gente tiene ensoñación desadaptativa?

    La mejor estimación viene de un estudio con cuatro muestras israelíes y 1.023 participantes, en dos de las cuales se hicieron entrevistas clínicas estructuradas (Soffer-Dudek y Theodor-Katz, 2022):

    • En una muestra que representaba a la población adulta general (383 personas), el 4,2 % superó el punto de corte del cuestionario, y en las muestras de estudiantes lo superó entre el 5,5 y el 8,0 %.
    • Entre los adultos de 18 a 30 años de la muestra general, el 8,5 % lo superó. Los grupos de más edad tuvieron porcentajes mucho menores.
    • De quienes superaron el corte y aceptaron la entrevista, 9 de 15 (el 60 %) cumplían los criterios. Con ese ajuste, los autores estimaron una prevalencia puntual de 2,5 % en la población israelí.

    Dos precauciones. Primera: las cifras vienen de Israel y no hay estimaciones chilenas en las fuentes revisadas. Segunda: superar el corte de un cuestionario es una cosa, y cumplir los criterios clínicos, otra. Por eso el 4,2 % del autoinforme baja al 2,5 % cuando un profesional entrevista.

    Test de ensoñación excesiva (MDS-16): responde 16 preguntas

    Esta es la versión en español de la Escala de ensoñaciones desadaptativas de 16 ítems (MDS-16), el cuestionario más usado en investigación sobre este tema. Fue desarrollada por Eli Somer y colaboradores, y quienes la mantienen la ofrecen gratis para uso clínico y de investigación (Consorcio Internacional para la Investigación de la Ensoñación Desadaptativa). Piensa en tu último mes, no en un día excepcional. Cada pregunta se responde con un porcentaje de 0 a 100 en saltos de 10. Responde todas, con calma y sin buscar la respuesta que quedaría mejor. Tus respuestas no se guardan.

    Test de ensoñación desadaptativa (MDS-16): 16 preguntas sobre tus ensoñaciones del último mes

    Tarda unos cinco minutos. No guarda tus respuestas: se quedan en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. La MDS-16 es un cuestionario de autoinforme que indica si tus ensoñaciones se parecen a las de las personas con ensoñación desadaptativa. No mide cuántas horas al día pasas soñando despierto/a, que es parte de los criterios clínicos, ni reemplaza una entrevista con un profesional. Piensa en tu último mes. Para cada pregunta elige un porcentaje de 0 a 100 en saltos de 10, donde 0 es el extremo más bajo y 100 el más alto.
    1 de 16 La música puede activar tus ensoñaciones. ¿En qué medida lo hace?
    0% = Nunca100% = Muy a menudo
    2 de 16 Cuando algo del mundo real interrumpe una ensoñación, ¿qué tan fuerte es tu deseo de volver a soñar despierto/a lo antes posible?
    0% = Ningún deseo100% = Deseo extremo
    3 de 16 ¿Con qué frecuencia tus ensoñaciones van acompañadas de ruidos con la voz o de expresiones faciales (por ejemplo, reír, hablar o mover los labios como si pronunciaras palabras)?
    0% = Nunca100% = Extremadamente frecuente
    4 de 16 Si pasas un período sin poder soñar despierto/a tanto como de costumbre por tus obligaciones, ¿cuánta angustia sientes por no encontrar tiempo para hacerlo?
    0% = Ninguna angustia100% = Angustia extrema
    5 de 16 ¿Cuánto interfieren tus ensoñaciones con tu capacidad de hacer las tareas básicas?
    0% = Ninguna interferencia100% = Interferencia extrema
    6 de 16 ¿Cuánta angustia o preocupación sientes ahora por la cantidad de tiempo que pasas soñando despierto/a?
    0% = Ninguna angustia100% = Angustia extrema
    7 de 16 Cuando tienes que prestar atención o terminar algo importante o complicado, ¿qué tan difícil te resulta concentrarte en la tarea y cumplir el objetivo sin soñar despierto/a?
    0% = Ninguna dificultad100% = Dificultad extrema
    8 de 16 ¿Cuánto crees que soñar despierto/a interfiere con alcanzar tus metas generales en la vida?
    0% = Ninguna interferencia100% = Interferencia extrema
    9 de 16 ¿Cuánta dificultad tienes para mantener tus ensoñaciones bajo control o para limitarlas?
    0% = Ninguna dificultad100% = Dificultad extrema
    10 de 16 Cuando el mundo real interrumpe una de tus ensoñaciones, ¿cuánta irritación sientes en promedio?
    0% = Ninguna irritación100% = Irritación extrema
    11 de 16 ¿Cuánto sientes que tus ensoñaciones interfieren con tu éxito académico o laboral, o con tus logros personales?
    0% = Ninguna interferencia100% = Interferencia extrema
    12 de 16 ¿En qué medida prefieres soñar despierto/a antes que conectar con otras personas o participar en actividades sociales o hobbies?
    0% = Nada en absoluto100% = Al máximo
    13 de 16 Cuando despiertas por la mañana, ¿qué tan fuerte es tu deseo de empezar de inmediato a soñar despierto/a?
    0% = Ningún deseo100% = Deseo extremo
    14 de 16 ¿Con qué frecuencia tus ensoñaciones van acompañadas de actividad física, como caminar de un lado a otro, balancearte o sacudir las manos?
    0% = Nunca100% = Muy a menudo
    15 de 16 Cuando sueñas despierto/a, ¿en qué medida lo encuentras reconfortante o agradable?
    0% = Nada en absoluto100% = Muy reconfortante
    16 de 16 ¿En qué medida tus ensoñaciones dependen de que estés escuchando música?
    0% = Nada en absoluto100% = Totalmente dependientes
    Tu puntaje (promedio de las 16 respuestas)
    / 100
    Punto de corte de sospecha: 40
    Zona en que cae tu puntaje

    Basado en la Escala de ensoñaciones desadaptativas de 16 ítems (MDS-16) de Somer, Bigelsen, Lehrfeld y Jopp, de uso libre y gratuito para investigación y clínica, según el consorcio internacional que la mantiene (International Consortium for Maladaptive Daydreaming Research). Las preguntas son una adaptación al tuteo de la versión en español de la web de Eli Somer, y en las preguntas 15 y 16 los extremos de la escala se alinearon con los de la versión original en inglés; la adaptación carece de validación formal en Chile. El puntaje es el promedio de las 16 respuestas, de 0 a 100, y desde 40 hay sospecha de ensoñación desadaptativa a nivel clínico (Soffer-Dudek y Theodor-Katz, 2022). Es un punto de corte de tamizaje: en ese estudio, 6 de cada 10 personas que lo superaron y aceptaron una entrevista cumplían criterios de diagnóstico. El corte puede variar según la muestra y el idioma, y los propios autores aclaran que la MDS-16 no es una herramienta de diagnóstico. Si lo que viste te deja preguntas, puedes escribirme para agendar una consulta.

    Si el resultado te dejó pensando, sigue leyendo: abajo está cómo se puntúa, qué tan confiable es y qué hacer con el número.

    ¿Cómo se puntúa la MDS-16 y qué significa tu resultado?

    El puntaje es el promedio de las dieciséis respuestas, así que va de 0 a 100. Un promedio de 40 o más indica sospecha de ensoñación desadaptativa a nivel clínico (Soffer-Dudek y Theodor-Katz, 2022). Estos son los datos que ayudan a leerlo:

    DatoQué se sabe
    Distribución en población generalEn las cuatro muestras, más de 9 de cada 10 personas puntuaron por debajo de 40
    FiabilidadAlfa de Cronbach entre 0,90 y 0,93 en las cuatro muestras
    Qué pasa al superar el corte6 de cada 10 personas entrevistadas cumplían criterios; las otras 4 tenían fantasía inmersiva sin malestar ni deterioro, rumiación o divagación mental
    Otro corteEn una muestra italiana, un valor de 51 separó mejor a quienes se identificaban con el problema de quienes no (Schimmenti et al., 2020)

    Que el corte cambie según la muestra y el idioma es una buena razón para mirar el número como una orientación. La escala original se desarrolló con 447 personas de 45 países y discrimina bien entre quienes se identifican con el problema y quienes no (Somer et al., 2016). Lo que no puede hacer es confirmar el diagnóstico, y los propios autores lo aclaran.

    Hay un caso en que el cuestionario se equivoca con más facilidad: cuando la persona tiene TDAH. Un estudio con 156 adultos en cuatro grupos (TDAH, ensoñación desadaptativa, ambos y controles) mostró que el cribado de ensoñación desadaptativa pierde fiabilidad frente al TDAH, y que medir además el patrón de ensoñación inmersiva mejora la identificación correcta (Theodor-Katz y Soffer-Dudek, 2025).

    ¿Es ensoñación desadaptativa, TDAH, TOC o ansiedad?

    Las personas con ensoñación desadaptativa rara vez llegan con un solo problema. En una evaluación con entrevista estructurada a 39 personas que cumplían criterios, el 74,4 % cumplía además criterios de más de tres trastornos. Los más frecuentes eran TDAH (76,9 %), trastornos de ansiedad (71,8 %), depresivos (66,7 %) y del espectro obsesivo-compulsivo (53,9 %), y el 28,2 % había intentado suicidarse alguna vez (Somer et al., 2017). Un metaanálisis de 40 estudios y 24.977 personas confirmó asociaciones con depresión, ansiedad, disociación, TOC, TDAH, síntomas psicóticos, autismo y experiencias traumáticas (Somer et al., 2025).

    Que coexistan no los vuelve equivalentes. Estas son las diferencias con cada uno:

    • TDAH. En la ensoñación desadaptativa también falla la atención, pero lo que distrae es una fantasía emocional y estructurada, no una mente que salta de un tema a otro. En 83 adultos con TDAH, solo el 20,5 % cumplía los criterios de ensoñación desadaptativa, y quienes los cumplían tenían más depresión, más soledad y menor autoestima (Theodor-Katz et al., 2022). Si te reconoces en la parte de la atención, tienes un test de TDAH y una guía sobre el diagnóstico y tratamiento del TDAH en adultos.
    • TOC. Hay relación, y la ensoñación desadaptativa puede sentirse compulsiva, pero meterse en la historia resulta placentero a corto plazo, mientras que las obsesiones y compulsiones del trastorno obsesivo compulsivo producen angustia (Soffer-Dudek et al., 2025).
    • Adicciones conductuales. Se comporta como una conducta adictiva, porque desplaza otras formas de afrontar y fracasan los intentos de frenarla. Aun así, ningún diagnóstico de adicción actual se ajusta a su cuadro. Un caso clínico lo describió como una estrategia para lidiar con el malestar que terminó en absorción incontrolable, aislamiento y descuido de la vida diaria (Pietkiewicz et al., 2018). Para entender esa lógica, puedes leer qué es la adicción.
    • Psicosis. No hay delirios ni alucinaciones: la persona sabe que la historia es suya (Soffer-Dudek et al., 2025).
    • Disociación. Es la categoría donde los autores proponen ubicarla. En 100 pacientes hospitalizados por trastornos disociativos, 49 cumplían criterios de ensoñación desadaptativa (Ross et al., 2020). Si quieres revisar ese terreno, tienes un test de disociación.

    Causas de la ensoñación desadaptativa: ¿por qué ocurre y qué la mantiene?

    Según la revisión de los autores, la fantasía suele ofrecer alivio a corto plazo frente a sentimientos aversivos como la culpa, la vergüenza, la baja autoestima o la soledad. El problema es que a la larga los perpetúa: cada rato dedicado a la historia deja menos tiempo para lo que da sentido a la vida real, y la sensación de no poder parar suma culpa y vergüenza (Soffer-Dudek et al., 2025).

    Tampoco parece algo pasajero. El mismo documento recoge un estudio de seguimiento de un año en que la ensoñación desadaptativa se mantuvo estable y anticipó más ansiedad y depresión, y señala que no suele desaparecer sola. Por eso conviene dejar de tratarla como una rareza inofensiva cuando ya hay malestar.

    Tratamiento de la ensoñación desadaptativa

    Quien busca ensoñación desadaptativa tratamiento se encuentra con evidencia reciente y todavía escasa. Dos cosas se pueden afirmar con base. La primera: según los autores, muchas personas que consultan por esto sienten que no las ayudaron, y la terapia inespecífica resulta ineficaz (Soffer-Dudek et al., 2025). La segunda: hay un primer ensayo controlado que probó un programa breve y específico.

    Ese ensayo asignó al azar a 557 personas y comparó un programa por internet de ocho sesiones, con psicoeducación, motivación para el cambio, mindfulness y automonitoreo, contra una versión sin automonitoreo y contra una lista de espera. Completaron el estudio 353 personas. Las dos versiones del programa mejoraron la ensoñación, la frecuencia de ensoñar y el funcionamiento, con efectos grandes, mientras que la lista de espera no mejoró. Con automonitoreo la mejoría fue mayor al principio y a largo plazo ambas versiones rindieron igual. La mejoría clínicamente significativa alcanzó al 24 % de quienes hicieron el programa completo y la mejoría confiable al 39 %, y se mantuvo a los seis meses (Herscu et al., 2023).

    Traducido a lo práctico: lo que hasta ahora tiene respaldo es un trabajo dirigido a este problema, que combine entender cómo funciona el ciclo, registrar cuándo y por qué aparece la fantasía y practicar atención al momento presente. Ningún dato permite prometer una cifra de curación, y no hay estudios con población chilena.

    ¿La ensoñación desadaptativa es un diagnóstico oficial?

    Todavía no. No figura como trastorno en el DSM ni en la CIE. En 2025, un grupo de 29 especialistas en disociación publicó un documento de posición que propone incluirla en los manuales psiquiátricos dentro de los trastornos disociativos, con los criterios de la tabla de arriba. Sus argumentos son que se reconoce de forma consistente, se distingue de otros cuadros, tiene instrumentos específicos y muestra estabilidad en el tiempo (Soffer-Dudek et al., 2025). Es una propuesta de especialistas y sigue en discusión. Una revisión de alcance de 89 estudios encontró que la mayoría eran transversales y en línea, con participantes jóvenes y mayoritariamente mujeres, y pidió más investigación en muestras clínicas (Mansuklal et al., 2025).

    Cuándo consultar a un profesional

    Conviene pedir ayuda si pasa alguna de estas cosas:

    • Las ensoñaciones ocupan horas cada día y no logras reducirlas aunque lo hayas intentado.
    • Ya afectan los estudios, el trabajo, la pareja o las amistades.
    • Te generan culpa, vergüenza o la sensación de llevar una vida secreta.
    • Aparecen junto con tristeza persistente, ansiedad intensa o ideas de hacerte daño.

    Si tienes pensamientos de hacerte daño, no esperes: en Chile puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio) o acudir a urgencias. Para lo demás, una evaluación ayuda a distinguir si es ensoñación desadaptativa, TDAH, ansiedad, depresión o una combinación, porque cada una pide un abordaje distinto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la ensoñación desadaptativa?

    Es un patrón de fantasía inmersiva, vívida y difícil de controlar que consume horas al día y causa malestar o deterioro. A diferencia de soñar despierto de forma ocasional, desplaza las tareas, los estudios y las relaciones. Se propone reconocerla como un trastorno disociativo, pero aún no figura en el DSM ni en la CIE.

    ¿La ensoñación desadaptativa es lo mismo que el TDAH?

    No. Muchas personas con ensoñación desadaptativa tienen también TDAH, pero en un estudio con adultos con TDAH solo el 20,5 % cumplía los criterios de ensoñación desadaptativa. Lo que distrae en cada caso es distinto: una historia inmersiva y estructurada, frente a una atención que salta entre estímulos.

    ¿Cuál es el punto de corte del test de ensoñación desadaptativa?

    En la MDS-16 el puntaje es el promedio de las 16 respuestas, de 0 a 100, y un promedio de 40 o más indica sospecha a nivel clínico. En un estudio, 6 de cada 10 personas que superaron ese corte cumplían criterios en la entrevista. Es un tamizaje y no confirma el diagnóstico.

    ¿La ensoñación desadaptativa tiene cura?

    Se puede reducir. Un ensayo con 557 personas mostró que un programa breve de mindfulness con automonitoreo disminuyó los síntomas, con mejoría confiable en el 39 % de quienes lo hicieron y resultados que se mantuvieron a los seis meses. No hay datos para prometer una remisión completa, y la terapia inespecífica suele no alcanzar.

    ¿Soñar despierto mucho es malo?

    Depende de cuánto ocupe y qué cause. Soñar despierto es común y puede servir de descanso. Pasa a ser un problema cuando se vuelve compulsivo, ocupa horas, cuesta frenarlo y empieza a interferir con tus tareas o tus vínculos, o te genera angustia. Ese malestar y esa interferencia son lo que separa la ensoñación desadaptativa de la fantasía corriente.

    ¿Cuánta gente tiene ensoñación desadaptativa?

    Una estimación basada en entrevistas clínicas la sitúa en 2,5 % de la población israelí, más alta entre adultos jóvenes. Con el cuestionario solo, entre el 4,2 y el 8 % supera el corte, pero únicamente 6 de cada 10 de ellos cumplen criterios al ser entrevistados. No hay cifras chilenas publicadas en las fuentes revisadas.

    Qué hacer con tu resultado

    Si el puntaje quedó por debajo de 40 y las ensoñaciones no te generan problemas, no hay nada que corregir. Si lo superó, o aunque no lo haga sientes que la fantasía te quita tiempo, vale la pena conversarlo con un profesional que pueda revisar el cuadro completo, cuánto tiempo ocupa, qué función cumple y qué otras explicaciones hay. Puedes escribirme desde la página de contacto para agendar una consulta.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bigelsen, J., Lehrfeld, J. M., Jopp, D. S., & Somer, E. (2016). Maladaptive daydreaming: Evidence for an under-researched mental health disorder. Consciousness and Cognition, 42, 254-266. https://doi.org/10.1016/j.concog.2016.03.017

    Herscu, O., Somer, E., Federman, A., & Soffer-Dudek, N. (2023). Mindfulness meditation and self-monitoring reduced maladaptive daydreaming symptoms: A randomized controlled trial of a brief self-guided web-based program. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 91(5), 285-300. https://doi.org/10.1037/ccp0000790

    Mansuklal, S. A., Pascoal, P. M., Somer, E., Costa, I. B., & Andersson, G. (2025). What is known about maladaptive daydreaming? A scoping review. Clinical Psychology & Psychotherapy, 32(4), e70104. https://doi.org/10.1002/cpp.70104

    Pietkiewicz, I. J., Nęcki, S., Bańbura, A., & Tomalski, R. (2018). Maladaptive daydreaming as a new form of behavioral addiction. Journal of Behavioral Addictions, 7(3), 838-843. https://doi.org/10.1556/2006.7.2018.95

    Ross, C. A., Ridgway, J., & George, N. (2020). Maladaptive daydreaming, dissociation, and the dissociative disorders. Psychiatric Research and Clinical Practice, 2(2), 53-61. https://doi.org/10.1176/appi.prcp.20190050

    Schimmenti, A., Sideli, L., La Marca, L., Gori, A., & Terrone, G. (2020). Reliability, validity, and factor structure of the Maladaptive Daydreaming Scale (MDS-16) in an Italian sample. Journal of Personality Assessment, 102(5), 689-701. https://doi.org/10.1080/00223891.2019.1594240

    Soffer-Dudek, N., Somer, E., Spiegel, D., Chefetz, R., O'Neil, J., Dorahy, M. J., Cardeña, E., Mamah, D., Schimmenti, A., Musetti, A., Boon, S., van Dijke, A., Ross, C., Nijenhuis, E., Krause-Utz, A., Dell, P., Gold, S. N., Pietkiewicz, I., Silberg, J., . . . Middleton, W. (2025). Maladaptive daydreaming should be included as a dissociative disorder in psychiatric manuals: Position paper. The British Journal of Psychiatry, 226(4), 238-242. https://doi.org/10.1192/bjp.2024.279

    Soffer-Dudek, N., & Theodor-Katz, N. (2022). Maladaptive daydreaming: Epidemiological data on a newly identified syndrome. Frontiers in Psychiatry, 13, Artículo 871041. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.871041

    Somer, E., Herscu, O., Samara, M., & Abu-Rayya, H. M. (2025). Maladaptive daydreaming and psychopathology: A meta-analysis. International Journal of Psychology, 60(2), Artículo e70027. https://doi.org/10.1002/ijop.70027

    Somer, E., Lehrfeld, J., Bigelsen, J., & Jopp, D. S. (2016). Development and validation of the Maladaptive Daydreaming Scale (MDS). Consciousness and Cognition, 39, 77-91. https://doi.org/10.1016/j.concog.2015.12.001

    Somer, E., Soffer-Dudek, N., & Ross, C. A. (2017). The comorbidity of daydreaming disorder (maladaptive daydreaming). The Journal of Nervous and Mental Disease, 205(7), 525-530. https://doi.org/10.1097/nmd.0000000000000685

    Theodor-Katz, N., Somer, E., Hesseg, R. M., & Soffer-Dudek, N. (2022). Could immersive daydreaming underlie a deficit in attention? The prevalence and characteristics of maladaptive daydreaming in individuals with attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Clinical Psychology, 78(11), 2309-2328. https://doi.org/10.1002/jclp.23355

    Theodor-Katz, N., & Soffer-Dudek, N. (2025). Differential diagnosis between maladaptive daydreaming and ADHD: Immersive daydreaming is not simply inattention. International Journal of Clinical and Health Psychology, 25(3), Artículo 100616. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2025.100616

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Disociación: Qué Es, Síntomas y Test DES-II Gratis

    Disociación: Qué Es, Síntomas y Test DES-II Gratis

    Sentir por momentos que el mundo es extraño, mirarte como desde fuera o descubrir una laguna de memoria puede ser difícil de explicar. La palabra disociación reúne experiencias distintas en las que se altera la integración habitual de la conciencia, la memoria, la identidad, la percepción o la sensación de estar dentro del propio cuerpo.

    En esta guía puedes responder el test de disociación DES-II de 28 ítems y obtener el promedio al instante. El resultado de esta Escala de Experiencias Disociativas es orientativo. No confirma un trastorno ni permite averiguar la causa de lo que te ocurre.

    En breve: la disociación puede sentirse como desconexión de ti, del entorno o de una parte de tus recuerdos. La DES-II estima con qué frecuencia aparecen esas experiencias. Un resultado de 30 o más es una señal histórica para evaluar con mayor profundidad, no un diagnóstico. También conviene consultar con un puntaje menor si hay angustia, lagunas importantes o interferencia en tu vida.

    ¿Qué es la disociación?

    Disociar significa que procesos que normalmente funcionan coordinados dejan de sentirse integrados. Puedes seguir despierto y, sin embargo, experimentar que tu cuerpo no se siente propio, que el entorno parece irreal o que no logras recuperar una parte importante de lo que hiciste.

    No toda desconexión cotidiana implica un trastorno. Quedarte absorto en una película o llegar a un lugar conocido con poca memoria del trayecto puede ocurrir sin enfermedad. La evaluación cobra importancia cuando las experiencias son intensas, repetidas, involuntarias, generan sufrimiento, crean riesgos o interfieren con el estudio, el trabajo, las relaciones o el autocuidado.

    La disociación tampoco pertenece a un único diagnóstico. Un metaanálisis con 216 estudios y 15.219 participantes encontró puntuaciones elevadas en varios cuadros de salud mental, con promedios especialmente altos en trastornos disociativos y también aumentados en TEPT, trastorno límite y trastornos conversivos (Lyssenko et al., 2018). Por eso, un test alto no dice por sí solo qué explicación es correcta.

    Si quieres entender el contexto más amplio, esta guía explica qué es el trauma psicológico y cómo se evalúa. Trauma y disociación se relacionan con frecuencia, pero no son sinónimos y no corresponde asumir una historia traumática solo a partir de un cuestionario.

    Síntomas de disociación: no todos se sienten igual

    La expresión “me desconecté” puede referirse a experiencias muy diferentes. Estas son las más frecuentes que conviene distinguir.

    Despersonalización

    Es una sensación de distancia respecto de ti. Podrías sentirte como observador de tus pensamientos, emociones o movimientos, notar tu cuerpo extraño o actuar de forma automática. La experiencia puede asustar, pero sentir irrealidad no significa necesariamente perder el contacto con la realidad: muchas personas reconocen que la sensación es interna, aunque resulte muy convincente.

    Desrealización

    Aquí lo extraño parece estar fuera. El entorno puede verse plano, lejano, artificial, borroso o parecido a un sueño. Las voces pueden sonar distantes y los espacios conocidos pueden sentirse desconocidos.

    Una revisión sistemática estimó que el trastorno de despersonalización y desrealización afecta aproximadamente al 1% de la población general, con cifras mayores en muestras clínicas (Yang et al., 2023). Ese dato se refiere al trastorno completo, no a cualquier episodio ocasional de extrañeza.

    Lagunas de memoria

    La amnesia disociativa no equivale a un olvido corriente. Puede implicar no poder recuperar información autobiográfica relevante, encontrar pruebas de acciones que no recuerdas o perder segmentos de tiempo. Si una laguna aparece de forma brusca, se repite o compromete tu seguridad, merece evaluación clínica y médica.

    Absorción intensa

    Algunas personas se concentran tanto en una película, una fantasía o sus propios pensamientos que dejan de registrar lo que ocurre alrededor y pierden la noción del tiempo. Esta dimensión aparece en la DES-II, pero por sí sola puede ser una experiencia común y no necesariamente patológica.

    Confusión de identidad

    Puede sentirse como una dificultad marcada para reconocer qué pensamientos, emociones, preferencias o acciones se perciben como propios. Esto no debe confundirse con cambiar de opinión, comportarte distinto según el contexto o definir tu identidad. Para distinguirlo se necesita una entrevista cuidadosa, no una puntuación aislada.

    ¿Por qué puede ocurrir?

    La disociación se estudia con frecuencia en relación con experiencias traumáticas y con el trastorno de estrés postraumático. Aun así, también puede aparecer junto con ataques de pánico, depresión, trastornos de personalidad, privación de sueño, dolor, estrés intenso y otros problemas.

    Hay causas que requieren descartarse. El consumo de alcohol u otras sustancias, algunos medicamentos, crisis epilépticas, migraña y diversas condiciones neurológicas pueden producir experiencias que se parecen a la despersonalización, la desrealización o las lagunas. Primero interesa saber qué ocurre, desde cuándo, con qué frecuencia, en qué contexto y con qué consecuencias. La etiqueta viene después, si corresponde.

    Conviene anotar si los episodios coinciden con falta de sueño, consumo de sustancias, crisis de ansiedad, recuerdos intrusivos, dolor, un cambio de medicación o síntomas neurológicos. Ese registro aporta más a una evaluación que repetir muchas veces el test.

    Test de disociación DES-II: cómo responder

    La Escala de Experiencias Disociativas, segunda versión, es un cuestionario de 28 ítems para personas adultas. Pregunta por la frecuencia de experiencias relacionadas con memoria, percepción, identidad y absorción. Cada respuesta va de 0%, “nunca”, a 100%, “siempre”, y el puntaje total es el promedio de los 28 porcentajes.

    Las instrucciones originales de Carlson y Putnam autorizan su reproducción y dejan claro que es una medida de cribado. La redacción utilizada aquí se basa en la versión española publicada por Icarán, Colom y Orengo García, que informó una consistencia interna alta en su muestra española.

    Antes de empezar:

    1. Responde pensando en cuánto tiempo te ocurre cada experiencia.
    2. No cuentes momentos en que estabas bajo los efectos del alcohol o las drogas.
    3. Si una experiencia no te ocurre, elige 0%.
    4. Si el contenido te altera, puedes detenerte y buscar apoyo. Terminar el cuestionario no es más importante que sentirte seguro.

    Test de disociación DES-II

    Indica qué porcentaje del tiempo te ocurre cada experiencia. Responde pensando en situaciones en que no estabas bajo los efectos del alcohol o las drogas.

    Importante: este test es para personas adultas y sirve solo como orientación. No diagnostica un trastorno disociativo ni explica por qué ocurre un síntoma. Si una pregunta te activa o te hace sentir inestable, puedes detenerte.
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    Pregunta 28 de 28

    Cálculo: suma de los 28 porcentajes dividida por 28. Versión española basada en Icarán, Colom y Orengo García (1996). DES-II de dominio público según Carlson y Putnam.

    ¿Qué significa el resultado del test de disociación DES-II?

    El cálculo es sencillo: se suman los 28 porcentajes y se divide el total por 28. El resultado puede ir de 0 a 100. No es un porcentaje de “cuánta disociación tienes” ni la probabilidad de tener un trastorno.

    Menos de 30 puntos

    Queda bajo el umbral histórico de cribado. Eso hace menos probable el diagnóstico que investigó el estudio original, pero no descarta otros problemas disociativos ni explica síntomas concretos. Consulta si hay episodios peligrosos, lagunas autobiográficas, mucha angustia o interferencia, aunque el promedio sea menor.

    30 puntos o más

    Indica que una evaluación profesional más profunda puede ser útil. En el estudio multicéntrico original, 30 ofreció sensibilidad y especificidad cercanas al 76% en el conjunto de la muestra. Pero el dato más importante para interpretar con honestidad es otro: solo el 17% de quienes superaron el corte tenía el diagnóstico que ese estudio buscaba detectar (Carlson et al., 1993).

    En otras palabras, muchas personas pueden puntuar 30 o más sin tener ese trastorno. El resultado pide preguntas adicionales. No entrega una conclusión.

    La validación meta-analítica de la escala encontró buena convergencia con otras medidas y capacidad para diferenciar algunos grupos clínicos, pero advirtió que la validez discriminante estaba menos establecida (van IJzendoorn y Schuengel, 1996). Además, los propios autores señalaron que los puntos de corte pueden comportarse de manera distinta entre culturas.

    ¿Sirven las subescalas de amnesia, absorción y despersonalización?

    Es común encontrar calculadoras que separan esos tres resultados. Aquí no lo hacemos. El artículo de actualización de la DES-II advierte que las estructuras factoriales variaron entre estudios y que esas subescalas podían ser inestables. La lectura más prudente es usar el promedio total y revisar cada experiencia durante una entrevista, sin convertir tres grupos de ítems en diagnósticos.

    Un test no reemplaza una evaluación

    Una evaluación adecuada combina más información que el puntaje:

    • qué experiencias aparecen y cómo las describes con tus propias palabras;
    • cuándo comenzaron y si ocurren por episodios o de forma continua;
    • cuánto afectan tu funcionamiento y seguridad;
    • antecedentes de ansiedad, pánico, depresión, trauma y problemas de sueño;
    • consumo de sustancias y medicamentos;
    • posibles explicaciones médicas o neurológicas;
    • una entrevista diagnóstica y, cuando corresponde, otros instrumentos validados.

    Esto también ayuda a evitar dos errores opuestos: minimizar experiencias importantes porque el resultado fue bajo o concluir que existe un trastorno grave porque fue alto.

    Si tus síntomas se relacionan con recuerdos traumáticos, puedes complementar la información con este test de estrés postraumático para adultos. Ambos cuestionarios orientan preguntas distintas y ninguno sustituye una evaluación clínica.

    Qué hacer si te sientes desconectado ahora

    Estas medidas no tratan la causa, pero pueden ayudarte a recuperar orientación durante un episodio leve:

    1. Ubica el momento: di en voz alta tu nombre, la fecha aproximada y el lugar donde estás.
    2. Usa los sentidos: nombra cinco cosas que ves, cuatro que sientes con el tacto y tres que escuchas.
    3. Busca una sensación estable: apoya ambos pies en el suelo, nota el respaldo de la silla o sostén un objeto con textura.
    4. Reduce riesgos: no conduzcas ni uses maquinaria si estás desorientado o tienes una laguna.
    5. Contacta a alguien confiable: una frase simple, como “me siento desconectado y necesito compañía”, puede bastar.

    No fuerces recuerdos ni uses técnicas intensas de exposición por tu cuenta mientras estás desorientado. Si una estrategia sensorial empeora la sensación, deténla y prueba algo más simple, como describir el lugar o hablar con una persona segura.

    ¿La disociación impide tratar el trauma?

    No necesariamente. Un metaanálisis de 21 ensayos no encontró que una mayor disociación antes del tratamiento predijera peores resultados generales de psicoterapia para TEPT, aunque la heterogeneidad y la calidad de los estudios obligan a interpretar el hallazgo con cautela (Hoeboer et al., 2020). Tener síntomas disociativos no significa automáticamente que una terapia centrada en trauma esté contraindicada.

    Tampoco conviene prometer que cualquier tratamiento para trauma reducirá la disociación. Un metaanálisis reciente encontró una reducción pequeña de síntomas disociativos, pero la mayoría de los estudios los midió como resultado secundario y la ventaja frente a controles activos fue incierta (Akoral et al., 2026). El plan debe adaptarse a tus síntomas, estabilidad, preferencias, riesgos y objetivos.

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Considera solicitar una evaluación si:

    • pierdes períodos de tiempo o encuentras pruebas de acciones que no recuerdas;
    • la irrealidad o desconexión es frecuente, prolongada o angustiante;
    • los episodios afectan tu trabajo, estudio, relaciones o autocuidado;
    • aparecen recuerdos intrusivos, pesadillas, evitación o alerta intensa;
    • necesitas alcohol u otras sustancias para manejar lo que sientes;
    • alguien nota cambios preocupantes que tú no recuerdas;
    • el resultado del DES-II es alto o te deja con preguntas difíciles.

    Busca atención urgente si la desorientación apareció de forma súbita, se acompaña de desmayo, convulsiones, debilidad, dificultad para hablar, una lesión en la cabeza o intoxicación. También es urgente si existe riesgo de hacerte daño, dañar a otra persona o no puedes mantenerte a salvo. En esos casos, acude al servicio de urgencias más cercano o contacta los servicios de emergencia de tu zona.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo saber si estoy disociando?

    Puede haber sensación de irrealidad, distancia del cuerpo, funcionamiento automático, lagunas de memoria o desconexión del entorno. Como esos síntomas también aparecen en otras condiciones, la forma de saber qué significan es evaluar su patrón, contexto, duración e impacto.

    ¿Un resultado de 30 confirma un trastorno disociativo?

    No. Es un umbral de cribado que indica la conveniencia de investigar más. El estudio original mostró muchos resultados positivos que no correspondían al diagnóstico buscado. La entrevista clínica es indispensable.

    ¿Un puntaje bajo significa que no tengo ningún problema?

    Tampoco. Un promedio puede ocultar uno o dos síntomas muy relevantes. Una laguna de memoria peligrosa merece atención aunque el total quede bajo 30.

    ¿La despersonalización es lo mismo que una psicosis?

    No necesariamente. En la despersonalización o desrealización suele conservarse la idea de que la sensación de extrañeza no describe literalmente la realidad. Si no puedes distinguir la experiencia interna de lo que ocurre fuera, oyes voces que ordenan hacerte daño o hay cambios bruscos de conducta, busca una evaluación pronta.

    ¿La ansiedad puede causar sensación de irrealidad?

    Sí, algunas personas experimentan desrealización o despersonalización durante ansiedad intensa o ataques de pánico. Eso no permite asumir que siempre sea ansiedad. Importan el contexto, los demás síntomas y las causas que deben descartarse.

    ¿Puedo responder el DES-II más de una vez?

    Puedes repetirlo, pero hacerlo con frecuencia para calmar una duda puede aumentar la vigilancia y la ansiedad. Si el resultado o los síntomas te preocupan, es más útil registrar ejemplos concretos y conversar con un profesional.

    ¿El DES-II sirve para menores de 18 años?

    Esta versión se diseñó para adultos. En niños y adolescentes se necesitan instrumentos apropiados para su edad y una evaluación que considere el desarrollo y el contexto familiar.

    Qué puedes hacer con este resultado

    Guarda la puntuación junto con dos o tres ejemplos de cuándo aparece la desconexión, cuánto dura y qué estaba ocurriendo antes. Esa información convierte un número aislado en una conversación clínica más útil.

    Si quieres revisar tus síntomas y posibles explicaciones con calma, puedes agendar una consulta online. La meta es entender qué te está pasando y decidir qué apoyo tiene sentido para ti, sin convertir el test en una etiqueta.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Akoral, M., Hauenstein-Swan, A., Rizeq, J., & Gumley, A. I. (2026). Trauma-focused psychological interventions for dissociative symptoms: A systematic review and meta-analysis. Journal of Trauma & Dissociation. Publicación anticipada. https://doi.org/10.1080/15299732.2026.2641635
    • Carlson, E. B., & Putnam, F. W. (1993). An update on the Dissociative Experiences Scale. Dissociation, 6(1), 16-27. https://scholarsbank.uoregon.edu/bitstreams/a0b8b97b-0231-46c5-a8a8-68534d63f48b/download
    • Carlson, E. B., Putnam, F. W., Ross, C. A., Torem, M. S., Coons, P. M., Dill, D. L., Loewenstein, R. J., & Braun, B. G. (1993). Validity of the Dissociative Experiences Scale in screening for multiple personality disorder: A multicenter study. American Journal of Psychiatry, 150(7), 1030-1036. https://doi.org/10.1176/ajp.150.7.1030
    • Hoeboer, C. M., De Kleine, R. A., Molendijk, M. L., Schoorl, M., Oprel, D. A. C., Mouthaan, J., Van der Does, W., & Van Minnen, A. (2020). Impact of dissociation on the effectiveness of psychotherapy for post-traumatic stress disorder: Meta-analysis. BJPsych Open, 6(3), e53. https://doi.org/10.1192/bjo.2020.30
    • Icarán, E., Colom, R., & Orengo García, F. (1996). Experiencias disociativas: Una escala de medida. Anuario de Psicología, 70, 69-84. https://revistes.ub.edu/index.php/Anuario-psicologia/article/view/9060
    • Lyssenko, L., Schmahl, C., Bockhacker, L., Vonderlin, R., Bohus, M., & Kleindienst, N. (2018). Dissociation in psychiatric disorders: A meta-analysis of studies using the Dissociative Experiences Scale. American Journal of Psychiatry, 175(1), 37-46. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2017.17010025
    • van IJzendoorn, M. H., & Schuengel, C. (1996). The measurement of dissociation in normal and clinical populations: Meta-analytic validation of the Dissociative Experiences Scale (DES). Clinical Psychology Review, 16(5), 365-382. https://doi.org/10.1016/0272-7358(96)00006-2
    • Yang, J., Millman, L. S. M., David, A. S., & Hunter, E. C. M. (2023). The prevalence of depersonalization-derealization disorder: A systematic review. Journal of Trauma & Dissociation, 24(1), 8-41. https://doi.org/10.1080/15299732.2022.2079796

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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  • Apego Desorganizado en Adultos: Señales y Cómo Se Trabaja

    Apego Desorganizado en Adultos: Señales y Cómo Se Trabaja

    Quieres a alguien y, cuando por fin se acerca, algo dentro tuyo se cierra o sale corriendo. Después lo extrañas, vuelves, y el ciclo empieza otra vez. Si te reconoces ahí, es probable que estés leyendo sobre el apego desorganizado en adultos buscando una explicación que no te haga sentir defectuoso. La hay, y viene de treinta años de investigación.

    Esta guía explica qué es el apego desorganizado (también llamado apego temeroso evitativo), de dónde sale, cómo se ve en la vida adulta y en la pareja, qué relación tiene con la disociación y el trastorno límite, y cómo se trabaja en terapia con evidencia real de cambio. Sin promesas de curas rápidas y sin etiquetas: el apego no es una sentencia, es una historia que se puede reescribir.

    En corto: el apego desorganizado en adultos es el patrón que combina un deseo intenso de cercanía con miedo a esa misma cercanía. Nace, casi siempre, de una infancia donde la persona que debía proteger era también la que asustaba. En adultos se ve como relaciones en montaña rusa, desconfianza, oscilación entre aferrarse y huir y, bajo estrés, desconexión o «apagones» emocionales. Cambia con psicoterapia orientada al apego y al trauma, y con vínculos seguros sostenidos en el tiempo.

    ¿Qué es el apego desorganizado en adultos?

    El apego desorganizado en adultos es la forma más inestable de apego inseguro. En los otros dos estilos inseguros la persona tiene una estrategia coherente: el ansioso persigue la cercanía, el evitativo la esquiva. En el desorganizado las dos estrategias fallan a la vez, y la persona queda atrapada entre acercarse y huir (Mikulincer y Shaver, 2007, cap. 2). Es lo que en los cuestionarios de adultos aparece como apego temeroso evitativo: alta ansiedad y alta evitación al mismo tiempo.

    La idea central se llama «miedo sin solución» (Main y Hesse, 1990, citados en Marrone, 2001, cap. 16, y en Lecannelier, 2009, cap. 3). Cuando un niño tiene miedo, su sistema de apego lo empuja hacia su cuidador. Pero si ese cuidador es justo la fuente del miedo (por maltrato, imprevisibilidad, o porque él mismo está aterrado o disociado), el niño queda en una trampa biológica: acercarse aumenta el peligro, alejarse lo deja sin protección. No hay conducta que resuelva el dilema. El sistema colapsa, y la disociación aparece como el único recurso para sobrevivir a la paradoja.

    En la adultez esa trampa se traduce en un dilema emocional que la persona conoce demasiado bien: necesita el vínculo y le teme. Mikulincer y Shaver (2007, cap. 2, pp. 41-42) lo describen como una vacilación caótica entre intentos abortados de acercamiento, huida impulsiva y, a veces, parálisis. A diferencia del evitativo desdeñoso, que niega necesitar a nadie, la persona temerosa desea profundamente amor y consuelo. A diferencia del ansioso, no persigue: se distancia porque cree, con base en su historia, que depender de alguien termina en rechazo, traición o daño.

    Tres nombres para una misma herida

    Hay tres formas de medir esto y conviene distinguirlas, porque no son intercambiables (Marrone, 2001, cap. 6; Lecannelier, 2009, cap. 5):

    • Apego desorganizado infantil (categoría D). Se observa en bebés de 12 a 18 meses en la Situación Extraña: congelarse, quedarse aturdido, acercarse al cuidador mirando a la pared, mostrar miedo ante quien debería calmarlo (Main y Solomon, 1990, citados en Lecannelier, 2009, cap. 3).
    • Estado mental «no resuelto» en la Entrevista de Apego Adulto (AAI). No mide cómo te relacionas hoy, sino lapsos en el razonamiento o el discurso cuando hablas de pérdidas o abusos: confusiones de tiempo, hablar de un muerto como si estuviera vivo, frases incoherentes justo en esos temas. Un análisis reciente de más de mil entrevistas encontró que los indicadores más potentes de ese estado son la incredulidad y las afirmaciones psicológicamente confusas sobre la pérdida (Bakkum et al., 2023).
    • Apego temeroso evitativo por autoinforme. Es lo que miden los cuestionarios que puedes responder tú mismo, como el que usamos en nuestro test de apego evitativo y desorganizado. Viene del modelo de cuatro categorías de Bartholomew y Horowitz (1991): el estilo temeroso combina una imagen negativa de uno mismo (no merezco amor) con una imagen negativa de los demás (no se puede confiar).

    Mikulincer y Shaver (2007, cap. 2, p. 42) hacen una advertencia que vale la pena tomar en serio: la evitación temerosa en un cuestionario solo equivale a la desorganización infantil cuando el malestar es extremo y viene de historias familiares con traumatización grave. Puntuar alto en un test online significa que hoy tu forma de vincularte tiene esa marca, no que hayas tenido apego desorganizado de bebé, y eso ya es suficiente motivo para entenderla.

    Desde 2015 existe además una escala específica, la Adult Disorganized Attachment Scale (ADA). Sus autores la crearon como medida dimensional de la desorganización en adultos y mostraron que predice síntomas internalizantes y conductas externalizantes parecidos a los que se ven en niños y adolescentes desorganizados (Paetzold et al., 2015). Su versión alemana de nueve ítems se validó en más de mil personas (Flemming et al., 2023).

    ¿Qué tan común es?

    La cifra más sólida viene de un metaanálisis de más de 10.500 Entrevistas de Apego Adulto: en madres norteamericanas sin diagnóstico, el 58 % resultó seguro, el 23 % evitativo (dismissing), el 19 % preocupado, y un 18 % adicional recibió la clasificación de «no resuelto» por pérdida o trauma. Esa distribución fue casi igual en distintos países e idiomas y no mostró diferencias por sexo. En muestras clínicas la distribución cambia: los adultos con historia de abuso o con TEPT fueron en su mayoría no resueltos, y los trastornos con dimensión internalizante, como el trastorno límite, se asociaron a más apego preocupado y no resuelto (Bakermans-Kranenburg y van IJzendoorn, 2009).

    Dicho en lenguaje llano: casi una de cada cinco personas sin ningún diagnóstico carga con alguna pérdida o trauma que no ha terminado de integrar, y esa proporción sube mucho en quienes consultan por salud mental.

    ¿De dónde sale el apego desorganizado?

    Respuesta corta: del maltrato, pero no solo del maltrato. La desorganización aparece cuando el cuidador asusta, está asustado, o se comunica de forma tan contradictoria que el niño no logra predecirlo. La acumulación de adversidad social pesa casi tanto como el abuso directo, y una parte importante se transmite de una generación a la siguiente.

    Un metaanálisis de 55 estudios y 4.792 niños midió el peso de cada factor. Los niños maltratados fueron muchísimo más desorganizados que otros niños en riesgo (una diferencia enorme, d = 2,19). Pero hubo un hallazgo menos esperado: los niños expuestos a cinco riesgos socioeconómicos acumulados no fueron significativamente menos desorganizados que los maltratados (Cyr et al., 2010). El caos ambiental sostenido daña el apego casi tanto como el golpe.

    Lyons-Ruth y su equipo mostraron que la desorganización no exige abuso físico: basta con errores de comunicación repetidos del cuidador. Señales contradictorias (llamar al niño y luego apartarlo), desorientación, intrusión, inversión de roles (el niño consolando al padre) o un cuidador que se muestra asustado frente a su propio hijo (Lyons-Ruth et al., 1999 y 2004, citados en Lecannelier, 2009, cap. 3, pp. 89-90 y 115-117). De ahí nace lo que ella llama el modelo diádico hostil-desamparado: un adulto que oscila entre un rol punitivo y controlador y un rol pasivo, deprimido, incapaz de responder al estrés.

    Se hereda, aunque nadie quiera

    Un metaanálisis de 12 estudios y 851 familias confirmó la cadena: el estado no resuelto del padre o la madre se asocia con conducta parental anómala (r = 0,26) y con apego desorganizado en el bebé (r = 0,21), pero la conducta observable explica solo una fracción pequeña de la transmisión (Madigan et al., 2006). Hay algo más que se pasa de una generación a otra y que las cámaras todavía no captan bien.

    La síntesis más grande sobre transmisión intergeneracional, con 95 muestras y 4.819 díadas, encontró que la transmisión del estado no resuelto (r = 0,21) es más débil que la del apego seguro (r = 0,31), y que ambas son menores de lo que se pensaba hace dos décadas (Verhage et al., 2016). Es una buena noticia disfrazada de estadística: la herencia existe, pero es una tendencia, no un destino.

    ¿Se puede interrumpir? Un metaanálisis de 15 programas preventivos con 842 familias mostró que las intervenciones enfocadas en la sensibilidad parental redujeron la desorganización infantil (d = 0,24), mientras que las que se centraban en apoyo general o en las representaciones de los padres no lo hicieron (Bakermans-Kranenburg et al., 2005). Lo que cambia la cadena es enseñar a leer y responder al niño, no solo hablar del pasado de los padres.

    Síntomas y señales del apego desorganizado en adultos

    Estas son las señales y características del apego desorganizado en adultos que la literatura describe con más consistencia (Mikulincer y Shaver, 2007, caps. 2 y 10; Lecannelier, 2009, cap. 11; Marrone, 2001, cap. 16). Ninguna sola te define; el patrón es lo que cuenta.

    • Oscilación entre acercarse y huir. Buscas intimidad y, cuando la consigues, te invade la sensación de peligro y te retiras. Después vuelves.
    • Deseo de amor con miedo al amor. Quieres que te quieran, pero depender de alguien te parece una trampa; no es indiferencia.
    • Desconfianza e hipervigilancia. Lees intenciones amenazantes en gestos neutros de tu pareja, rumias sobre su lealtad y sobre tu capacidad de inspirar amor.
    • Conductas contradictorias. Puedes pedir cercanía y castigar cuando llega, o alejarte y luego reclamar abandono.
    • Explosiones y coerción en el conflicto. Tácticas de presión, insultos o amenazas cuando sientes que el otro se va (Mikulincer y Shaver, 2007, cap. 10, pp. 315-316).
    • «Apagones» emocionales. Bajo estrés relacional intenso aparecen lapsos de desconexión, sensación de irrealidad, parálisis mental o no recordar bien una discusión (Marrone, 2001, cap. 16, pp. 298-310).
    • Dificultad para mentalizar en caliente. Cuando la emoción sube, te cuesta pensar qué siente el otro y qué sientes tú (Lecannelier, 2009, cap. 11, pp. 204-207).
    • Sentido del yo inestable. No saber bien quién eres fuera de la relación, o sentirte una persona distinta según con quién estés.
    • Historias de relaciones caóticas o con alguna forma de abuso, como víctima o como quien lo ejerce, a veces las dos.

    Un estudio con 318 adultos jóvenes ayudó a separar estas señales de la simple ansiedad o evitación: el apego desorganizado explicó la relación entre maltrato infantil y dificultades para regular las emociones más allá de lo que captan las dimensiones ansiosa y evitativa (Whittington, 2024). La desorganización no es «mucho de las dos cosas»: es algo distinto, con miedo, desconfianza y conductas desorientadas propias.

    Apego desorganizado en la pareja: el ciclo de acercarse y huir

    Respuesta corta: en la pareja, el apego desorganizado produce un patrón de empujar y perseguir. La persona pide cercanía con tanta urgencia que el otro se retira, y ante la retirada responde con rabia o con desconexión. Suele elegir parejas que repiten el daño conocido, y la relación se vive como una montaña rusa que nadie logra frenar.

    El apego desorganizado en la pareja activa dos alarmas incompatibles en el mismo momento: el miedo al abandono (que empuja a aferrarse) y el miedo al control o al daño (que empuja a huir o a defenderse). Mikulincer y Shaver (2007, cap. 10, pp. 293 y 315) describen cómo las demandas desesperadas de cercanía pueden ser tan intrusivas que provocan la retirada de la pareja; y si la pareja se retira, la persona temerosa responde con furia coercitiva para forzar una respuesta. Es el ciclo demanda-retirada llevado al extremo.

    Qué pasa en una discusión

    Peter Fonagy describe un fenómeno que muchas parejas reconocen sin tener nombre para él: el modo de equivalencia psíquica (Lecannelier, 2009, cap. 11, pp. 229-230). Cuando la persona pierde la capacidad de mentalizar, lo que piensa se vuelve realidad física. Un «necesito un rato para calmarme» de la pareja no se vive como una pausa, sino como un abandono real e irreparable. Y a un abandono real se reacciona con pánico, con ataques o con conductas impulsivas graves.

    De ahí que las discusiones no escalen por el tema en disputa, sino por lo que el tema significa. Se pelea por los platos y se está peleando por «te vas a ir».

    A quién suele elegir

    Marrone (2001, cap. 15, p. 282) y Lecannelier (2009, caps. 6 y 11) describen dos patrones de elección de pareja. El primero es la complementariedad traumática: elegir, sin darse cuenta, a alguien inestable, controlador o abusivo, con lo que se vuelve a poner en escena el desamparo infantil. El segundo es lo contrario: emparejarse con alguien muy sumiso, sobre quien se ejerce control para asegurarse de que nunca se irá.

    Ninguno de los dos es una elección consciente ni una «culpa». Son intentos de resolver hoy un problema que quedó abierto hace décadas. Si quieres revisar señales concretas de una relación dañina, nuestro test de relación tóxica puede ayudarte a ponerle nombre.

    Violencia en la pareja: lo que la evidencia dice y lo que no

    Hay que ser cuidadoso aquí. Los libros describen con claridad la vulnerabilidad de las personas con apego desorganizado a relaciones violentas, como víctimas y como agresoras (Lecannelier, 2009, cap. 11, pp. 208-211). Pero una revisión sistemática de 113 estudios sobre violencia de pareja y apego concluyó que una parte de los estudios no encontró asociación significativa entre apego inseguro y violencia, ni como víctima ni como perpetrador (Velotti et al., 2018). El apego inseguro es un factor de riesgo, no un predictor automático. Si hay violencia en tu relación, el apego explica parte del contexto y ninguna parte de la responsabilidad.

    Apego desorganizado, disociación y trastorno límite

    Respuesta corta: el apego desorganizado es la ruta más estudiada desde el trauma temprano hacia la disociación en la vida adulta, y es el patrón de apego más característico del trastorno límite de la personalidad. Tener apego desorganizado no significa tener un trastorno; significa compartir una parte del recorrido.

    La ruta hacia la disociación

    Los estudios longitudinales son los que más pesan aquí, porque siguen a las mismas personas durante décadas. En el estudio de Minnesota con 157 participantes, la desorganización observada en la infancia se correlacionó con problemas de conducta en la escuela y con psicopatología y disociación en la adolescencia; los modelos sugieren que la desorganización es el puente entre la experiencia temprana y esos resultados (Carlson, 1998).

    Otro seguimiento, de la infancia a los 19 años, encontró algo que sorprende: la disociación en la adultez joven fue predicha sobre todo por la falta de respuesta parental observada en la infancia, y entre todos los tipos de trauma, solo el abuso verbal sumó poder predictivo (Dutra et al., 2009). La ausencia emocional de quien cuida deja una huella disociativa que a veces pesa más que el golpe.

    A los 20 años el mismo grupo de investigación midió el apego desorganizado con entrevista y con observación de la interacción con la madre: la desorganización en la interacción adulta explicó en parte la relación entre la severidad del abuso infantil y la disociación (Byun et al., 2016). Y en una muestra comunitaria de 624 adultos, el apego desorganizado medido por cuestionario también hizo de puente entre el abuso infantil y la disociación; las personas con menor claridad sobre quiénes son disociaban más (Paetzold y Rholes, 2021).

    La revisión sistemática más reciente, con 13 estudios y 2.096 participantes, resume el estado del arte: el apego desorganizado se asoció de forma consistente con la disociación, y la disociación con oír voces y paranoia, sobre todo en muestras clínicas (Puckett et al., 2024). En la misma línea, en 546 adultos jóvenes el apego temeroso explicó la relación entre trauma infantil y experiencias de tipo psicótico (Sheinbaum et al., 2014). Si sospechas que te desconectas con frecuencia, en nuestra guía de evaluación del trauma psicológico explicamos cómo se mide.

    Hay incluso una pista biológica, con las reservas que exige una muestra pequeña: en 18 adultos seguidos desde bebés durante 30 años, la desorganización a los 18 meses predijo un mayor volumen de la amígdala izquierda a los 29 años, y ese volumen se asoció con disociación en la adultez (Lyons-Ruth et al., 2016). Los dos primeros años de vida podrían ser un periodo sensible para el desarrollo de la estructura cerebral que procesa el miedo.

    La relación con el trastorno límite

    Una revisión de 13 estudios con pacientes límite llegó a una conclusión unánime: en todos había una fuerte asociación entre trastorno límite y apego inseguro, y los tipos más característicos fueron el no resuelto, el preocupado y el temeroso. En los tres, la persona anhela intimidad y al mismo tiempo teme la dependencia y el rechazo (Agrawal et al., 2004).

    Un estudio observacional más reciente lo cuantificó: en adultos jóvenes con trastorno límite, la probabilidad de mostrar interacciones desorganizadas con la madre fue casi ocho veces mayor que en personas sin el diagnóstico (Khoury et al., 2020). Y un análisis de clases latentes en 273 adultos encontró dos tipos distintos de desorganización: una «oscilante», con conductas contradictorias y preocupación, que mostró la mayor severidad de trastorno de personalidad, más rasgos límite y la perturbación de identidad más grave; y otra «empobrecida», más distante, con más rasgos evitativos y esquizoides (Beeney et al., 2017).

    Fonagy explica el mecanismo con la idea del alien self o sí-mismo alienado (Lecannelier, 2009, cap. 11, pp. 206-207 y 228). El niño que no recibió un reflejo sensible de sus estados internaliza, en cambio, las reacciones aterrorizantes o caóticas del cuidador como si fueran parte de sí. Ya adulto, no tolera esa parte y necesita externalizarla: la proyecta en la pareja mediante control, provocación o agresión, como si al atacar al otro destruyera lo que lleva dentro. Es una de las explicaciones más claras de por qué ciertas relaciones se vuelven tan intensas y tan dañinas.

    Importa repetirlo: apego desorganizado y trastorno límite no son sinónimos. Mucha gente con este patrón de apego no cumple criterios de ningún trastorno de personalidad. Si quieres una descripción clínica del trastorno límite, MedlinePlus ofrece una ficha en español confiable.

    Apego temeroso evitativo, evitativo y ansioso: un matiz que ordena

    Mucha gente llega a este tema confundida entre tres etiquetas. La diferencia está en qué hace cada estilo con la necesidad de cercanía (Bartholomew y Horowitz, 1991; Mikulincer y Shaver, 2007, cap. 2):

    • Ansioso (preocupado): imagen negativa de sí, positiva de los demás. Persigue, exige, teme el abandono. Su estrategia es hiperactivar el sistema de apego.
    • Evitativo desdeñoso: imagen positiva de sí, negativa de los demás. Se basta solo, minimiza, se distancia. Su estrategia es desactivar el sistema.
    • Apego temeroso evitativo (desorganizado): imagen negativa de sí y de los demás. Quiere y teme. Ninguna estrategia le funciona, así que alterna entre las dos o se paraliza.

    Por eso el desorganizado se parece, según el día, al ansioso o al evitativo. Lo que lo distingue es que no logra sostener ninguna de las dos posturas: cuando persigue, se asusta de lo que persigue; cuando huye, se desespera por lo que dejó. Si quieres ubicar tu estilo con un instrumento validado, el test de estilo de apego es un buen punto de partida.

    ¿El apego desorganizado se puede cambiar?

    Respuesta corta: sí. La correspondencia entre el apego de la infancia y el de la adultez ronda los dos tercios, lo que significa que una de cada tres o cuatro personas cambia de patrón a lo largo de la vida. La seguridad se puede adquirir con vínculos estables y con psicoterapia, y los ensayos clínicos muestran que el estado mental de apego se mueve incluso en las historias más difíciles.

    Lecannelier (2009, p. 188) resume los estudios longitudinales: entre un 68 % y un 75 % de las personas mantienen su clasificación de apego de la infancia a la adultez. El resto cambia. Y una parte de quienes cambian lo hacen hacia la seguridad, a pesar de una infancia dura: es lo que la investigación llama seguridad adquirida (Marrone, 2001, cap. 6, pp. 116-119). El adulto con seguridad adquirida puede describir una historia dolorosa de forma coherente, sin idealizarla ni ahogarse en ella.

    Un seguimiento de 23 años puso a prueba el concepto: las personas definidas prospectivamente como «seguras adquiridas» (inseguras de bebés, seguras de adultas) sí tuvieron éxito en sus relaciones cercanas, y muchas sin niveles altos de malestar internalizante en la adultez (Roisman et al., 2002). El cambio hacia la seguridad existe y se puede medir.

    ¿Qué lo facilita? Las fuentes coinciden en tres vías (Marrone, 2001, cap. 6; Lecannelier, 2009, cap. 11): figuras de apego alternativas en la infancia o juventud (abuelos, maestros, mentores) que dieron estabilidad; una relación adulta con alguien seguro que desconfirma, día tras día, la expectativa de traición; y psicoterapia orientada al apego, que aumenta la capacidad de mentalizar.

    La evidencia de terapia respalda ese optimismo con cifras. Un metaanálisis de 36 estudios y 3.158 pacientes mostró que las mejoras en seguridad de apego durante la terapia coinciden con un mejor resultado clínico, y que quienes entran con baja seguridad parecen beneficiarse más de terapias que trabajan las relaciones cercanas (Levy et al., 2018). Una revisión sistemática de estudios con entrevista y con autoinforme encontró que la seguridad aumenta y la ansiedad de apego baja tras la psicoterapia, en distintos enfoques y poblaciones (Taylor et al., 2015).

    Tratamiento del apego desorganizado: cómo se trabaja en terapia

    Respuesta corta: con un tratamiento en fases. Primero seguridad, regulación y capacidad de pensar sobre lo que uno siente; solo después, el procesamiento del trauma. Las terapias con más respaldo son la basada en la mentalización, la focalizada en la transferencia, la focalizada en las emociones y los enfoques de apego, todas con la relación terapéutica como instrumento principal.

    Primero seguridad, después el trauma

    Marrone (2001) y Lecannelier (2009) coinciden en que el tratamiento de la desorganización no puede empezar por «hablar del trauma». Revisar recuerdos traumáticos sin un marco previo de autorregulación desborda el sistema de apego y empeora la disociación. Por eso la primera fase es la estabilización: construir el encuadre, desarrollar la capacidad de calmarse, regular el afecto en el presente y entrenar procesos reflexivos básicos. Solo cuando hay una base segura consolidada se pasa al procesamiento e integración de lo vivido.

    Esto tiene una consecuencia práctica para ti: si una terapia te empuja a revivir el pasado en las primeras sesiones y sales de cada una peor que como entraste, es que el orden está invertido, no que «no estés preparado».

    El terapeuta como base segura, y lo que eso exige

    Bowlby propuso que la condición del cambio es que el terapeuta funcione como base segura y refugio: alguien estable, disponible y sintonizado desde donde mirar lo doloroso (Mikulincer y Shaver, 2007, cap. 14, pp. 406-408; Marrone, 2001, cap. 9). Con un paciente desorganizado eso se pone a prueba de forma particular. La cercanía del terapeuta puede vivirse como amenaza de control; la persona oscila entre idealización y huida; en sesión se reactúa el patrón hostil-desamparado, a veces probando si el terapeuta reaccionará con rechazo, miedo o agresión, como lo hicieron los cuidadores. Y ante mucha activación pueden aparecer lapsos disociativos, habla vaga o parálisis (Marrone, 2001, cap. 16).

    Un buen terapeuta espera todo eso, no lo toma como ataque personal y lo usa como material. Las rupturas de la alianza, bien reparadas, son parte del tratamiento, no su fracaso.

    Terapia basada en la mentalización (MBT)

    Desarrollada por Fonagy y Bateman, se centra en recuperar la capacidad de pensar en los estados mentales propios y ajenos justo cuando la emoción sube. Sus herramientas son concretas (Lecannelier, 2009, cap. 11, pp. 230-236): una postura de «no saber», colaborativa y transparente; pequeñas interpretaciones, breves y centradas en el aquí y ahora, en lugar de metáforas profundas o excavaciones del pasado que desorienten; y mantener la «cercanía mental» con el estado emocional presente antes de entrar en cualquier narrativa. La transferencia no se interpreta al inicio: hacerlo prematuramente desorganiza más al paciente.

    El ensayo aleatorizado de referencia, con 134 pacientes con trastorno límite tratados durante 18 meses, comparó MBT ambulatoria con un manejo clínico estructurado: ambos grupos mejoraron en todo, pero los pacientes en MBT mostraron una caída más pronunciada de los intentos de suicidio, las hospitalizaciones y los problemas clínicamente significativos (Bateman y Fonagy, 2009).

    Terapia focalizada en la transferencia (TFP)

    Es el único enfoque que ha medido el cambio del apego con la Entrevista de Apego Adulto en un ensayo aleatorizado. En 90 pacientes con trastorno límite asignados a un año de TFP, terapia dialéctico-conductual o psicoterapia de apoyo, solo el grupo de TFP aumentó de forma significativa el número de personas clasificadas como seguras, y mejoró su coherencia narrativa y su función reflexiva. Un dato honesto del mismo estudio: en ningún tratamiento cambió la resolución de pérdidas o traumas en un año (Levy et al., 2006). El estado de apego se mueve; el duelo no integrado necesita más tiempo o un trabajo más específico.

    EFT y enfoques de apego

    La terapia focalizada en las emociones de Sue Johnson trata los síntomas desorganizados como respuestas a «heridas de apego» no resueltas, y crea una matriz relacional segura, individual o de pareja, desde la cual acceder a las necesidades primarias de protección y desactivar los ciclos de persecución y distanciamiento (Mikulincer y Shaver, 2007, cap. 14, pp. 412-420). Los enfoques de apego en general comparten el mismo principio: la relación terapéutica es la intervención.

    Hay una herramienta más, de laboratorio pero prometedora: el priming de seguridad, que consiste en activar representaciones de seguridad (recuerdos, imágenes o palabras de personas que te han cuidado bien). Un metaanálisis de 120 estudios encontró un efecto global grande y, en resultados conductuales con activación subliminal, un efecto mayor en las personas con más ansiedad y más evitación de apego, justo el perfil desorganizado (Gillath et al., 2022). No sustituye a la terapia, pero muestra que el sistema de apego responde a la seguridad cuando se le ofrece.

    Qué puedes hacer tú (y tu pareja) mientras tanto

    Nada de esto reemplaza un proceso terapéutico, pero hay cosas que ayudan desde ya, y que salen de la misma literatura (Mikulincer y Shaver, 2007, caps. 10 y 14; Lecannelier, 2009, cap. 11).

    • Ponle nombre al patrón, en voz alta. «Me alejo cuando me asusto; no es por ti» pone a tu pareja de tu lado en vez de enfrente. Decirlo antes de la crisis funciona mejor que después.
    • Separa la pausa del abandono. Acuerden una señal para los momentos de sobrecarga y un tiempo fijo para volver. Un «vuelvo en 40 minutos» cumplido es una desconfirmación concreta de la expectativa de que el otro se va para siempre.
    • Regula el cuerpo antes que la conversación. Cuando el sistema de apego está en alarma, no hay mentalización posible. Respiración lenta, moverse, agua fría, salir a caminar: primero bajar la activación, después hablar. Si quieres medir cómo regulas tus emociones, tenemos una guía sobre regulación emocional.
    • Espera antes de las decisiones grandes. El impulso de terminar la relación en medio de una activación es parte del patrón. Veinticuatro horas de espera cambian muchas decisiones.
    • Cuida a quién eliges. Si tus relaciones repiten el mismo guion de intensidad y daño, no es mala suerte. Reconocer la complementariedad traumática sirve para no volver a firmarla.

    Y para la pareja de alguien con apego desorganizado, la evidencia y los libros sugieren tres cosas. Entender que las explosiones, los celos o los apagones son maniobras defensivas ante el pánico, no ataques personales. Ofrecer una presencia estable y predecible, sin contraatacar ni entrar en pánico, respetando las sobrecargas sin abandonar. Y mantener límites firmes frente a cualquier conducta destructiva o violenta: someterse pasivamente a la agresión, o reaccionar con terror, confirma la fantasía de que la parte dañada va a destruir la relación. Una pareja segura no es una pareja que aguanta todo; es una que no se va y tampoco se deja dañar.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Conviene consultar a un psicólogo cuando el patrón te cuesta relaciones que valoras, cuando tus reacciones te asustan a ti mismo, o cuando reconoces varias de estas señales:

    • Episodios de desconexión, sensación de irrealidad o lagunas de memoria durante o después de conflictos.
    • Relaciones que se repiten con la misma intensidad y el mismo daño, aunque cambie la persona.
    • Explosiones de rabia, conductas de control o celos que después no reconoces como propios.
    • Autolesiones, ideas de muerte o impulsos de hacerte daño en momentos de abandono percibido.
    • Un pasado de maltrato, negligencia o pérdidas que nunca has podido contar de forma ordenada.

    Si hay ideas de suicidio, no esperes a la terapia: en Chile puedes llamar a Salud Responde al 600 360 7777, las 24 horas.

    Si además tienes síntomas de reexperimentación, evitación e hiperalerta, revisa nuestra guía sobre el trastorno de estrés postraumático: el apego desorganizado y el trauma suelen tratarse juntos. Y si tu duda es más general sobre tu estilo de vinculación, el test de apego emocional te orienta en diez minutos.

    Preguntas frecuentes sobre el apego desorganizado en adultos

    ¿Qué es el apego desorganizado en adultos?

    Es el patrón de apego que combina un deseo intenso de cercanía con miedo a esa cercanía. En los cuestionarios de adultos se llama apego temeroso evitativo: alta ansiedad y alta evitación a la vez. Nace de una infancia en la que el cuidador era fuente de protección y de miedo al mismo tiempo, y se ve como oscilación entre acercarse y huir.

    ¿Apego desorganizado y apego temeroso evitativo son lo mismo?

    Casi. «Desorganizado» viene de la observación de bebés y de la Entrevista de Apego Adulto; «temeroso evitativo» es el nombre del mismo cuadrante en los cuestionarios de autoinforme de Bartholomew y Horowitz. Mikulincer y Shaver advierten que solo equivalen del todo cuando el malestar es extremo y hay historia de trauma grave.

    ¿Qué tan común es el apego desorganizado en adultos?

    En un metaanálisis de más de 10.500 Entrevistas de Apego Adulto, un 18 % de las madres sin diagnóstico recibió la clasificación de «no resuelto» por pérdida o trauma. En personas con historia de abuso, TEPT o trastorno límite, la proporción es mucho mayor. Es un patrón frecuente, no una rareza.

    ¿El apego desorganizado en adultos se puede curar?

    Se puede cambiar. Entre un 25 % y un 32 % de las personas cambia de patrón de apego entre la infancia y la adultez, y una parte lo hace hacia la seguridad. Ensayos clínicos con terapia focalizada en la transferencia mostraron un aumento de pacientes clasificados como seguros tras un año, y los metaanálisis confirman que la seguridad de apego aumenta con psicoterapia.

    ¿Cómo se comporta una persona con apego desorganizado en la pareja?

    Pide cercanía y la castiga cuando llega; se aleja y luego reclama abandono. En los conflictos activa a la vez el miedo al abandono y el miedo al control, lo que produce explosiones, coerción o desconexión. Tiende a elegir parejas que repiten el daño conocido o parejas muy sumisas a las que controla.

    ¿Qué relación tiene el apego desorganizado con el trastorno límite?

    Una revisión de 13 estudios encontró que los apegos más característicos del trastorno límite son el no resuelto, el preocupado y el temeroso. En un estudio observacional, las personas con el diagnóstico tuvieron casi ocho veces más probabilidad de interacciones desorganizadas. Pero no son sinónimos: muchas personas con apego desorganizado no tienen ningún trastorno.

    ¿Qué terapia funciona mejor para el apego desorganizado?

    Las que tienen más respaldo son la terapia basada en la mentalización, la focalizada en la transferencia, la focalizada en las emociones y los enfoques de apego. Todas trabajan en fases (seguridad y regulación primero, trauma después) y usan la relación terapéutica como instrumento principal. Lo decisivo es que el terapeuta funcione como base segura.

    Para cerrar

    Si llegaste aquí escribiendo «apego desorganizado adultos» en el buscador y esperabas una etiqueta, ojalá te lleves otra cosa: una explicación para usar. Explica por qué la cercanía te asusta justo cuando la tienes, por qué tus discusiones escalan más rápido que las de otros y por qué a veces te desconectas en el peor momento. Y explica, sobre todo, que nada de eso es un defecto de fábrica: es una estrategia de supervivencia que un niño construyó frente a un dilema sin salida.

    La salida existe ahora. Se llama seguridad adquirida y se construye con vínculos estables, con una pareja que no se va y tampoco se deja dañar, y con una terapia que empiece por donde corresponde: por hacerte sentir seguro. Si quieres empezar con un psicólogo que trabaja desde el apego y el trauma, puedes agendar una consulta online y empezamos por ahí, sin apuro.

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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