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    Trastorno de pánico con o sin agorafobia: la diferencia

    Si te dijeron que tienes «pánico con agorafobia», o buscas en Google la diferencia entre ambas cosas, es normal que parezcan lo mismo. Las dos incluyen miedo intenso, las dos pueden hacer que dejes de salir y a menudo aparecen juntas. Sin embargo, desde 2013 el DSM-5 las trata como diagnósticos separados, y detrás de ese cambio hay una discusión científica que sigue abierta.

    Esta guía del trastorno de pánico con o sin agorafobia explica qué es cada una, por qué se separaron, qué dicen los estudios sobre si la agorafobia nace siempre del pánico (la respuesta es menos obvia de lo que se enseñó durante décadas), cuántas personas tienen cada cuadro y si se tratan distinto.

    ¿Son lo mismo el trastorno de pánico y la agorafobia? La respuesta corta

    El trastorno de pánico y la agorafobia no son lo mismo. El primero se define por ataques de pánico inesperados y por el miedo a que se repitan. La segunda se define por un miedo marcado a situaciones de las que escapar sería difícil o donde no habría ayuda. Desde el DSM-5 (2013) son dos diagnósticos independientes, y una persona puede tener uno, el otro o ambos (Asmundson et al., 2014).

    Aun así, conviven con mucha frecuencia. Por eso en la práctica se sigue hablando de «pánico con agorafobia», y por eso muchos estudios modernos mantienen la expresión «con o sin agorafobia» en el título.

    ¿Qué es cada uno?

    El trastorno de pánico consiste en ataques de pánico recurrentes e inesperados: una oleada de miedo que sube en minutos, con palpitaciones, falta de aire, mareo, sensación de irrealidad o de que algo grave está pasando. Lo que sostiene el trastorno es la anticipación: tras un ataque, la persona vive pendiente de que vuelva y empieza a vigilar su cuerpo. Si buscas qué hacer durante una crisis, está en qué hacer en un ataque de ansiedad, y si dudas entre ansiedad y pánico, en cómo distinguir un ataque de ansiedad de uno de pánico.

    La agorafobia es otra cosa. Aunque el nombre viene de «miedo a la plaza», hoy se entiende como miedo o ansiedad marcados en situaciones donde sería difícil escapar o conseguir ayuda si te sintieras mal, y la persona las evita, las soporta con mucho malestar o necesita compañía para enfrentarlas. Hay una guía propia sobre agorafobia, síntomas y tratamiento.

    Trastorno de pánico Agorafobia
    Qué la define Ataques de pánico recurrentes e inesperados, más el miedo a que se repitan Miedo o ansiedad marcados en situaciones donde escapar o recibir ayuda sería difícil
    Dónde está el miedo En las sensaciones del cuerpo y en el ataque mismo En lo que podría pasar en esas situaciones (un malestar, no poder salir, quedar expuesto)
    Qué hace la persona Vigila el cuerpo, evita lo que dispara sensaciones, busca urgencias Evita transporte, multitudes o salir sola, o solo va acompañada
    Diagnóstico en el DSM-5 Propio Propio, con duración mínima de 6 meses

    ¿Qué cambió en el DSM-5 y por qué los separó?

    Hasta el DSM-IV, la agorafobia colgaba del pánico: existían «trastorno de pánico con agorafobia», «trastorno de pánico sin agorafobia» y «agorafobia sin historia de pánico». El DSM-5 separó el trastorno de pánico y la agorafobia en diagnósticos distintos, añadió criterios para distinguir la agorafobia de la fobia específica, exigió una duración de 6 meses y convirtió el ataque de pánico en un especificador que puede acompañar a cualquier otro diagnóstico (Asmundson et al., 2014).

    Para diagnosticar agorafobia, el DSM-5 pide miedo marcado en al menos dos de cinco tipos de situaciones: usar transporte público, estar en espacios abiertos, estar en lugares cerrados, hacer fila o estar entre una multitud, y estar fuera de casa solo (American Psychiatric Association, 2013). Pedir dos grupos y no uno busca separar la agorafobia de una fobia específica, como el miedo a volar o a los ascensores, donde el temor está en un solo estímulo (ver fobia específica).

    Según esa misma revisión, varios cambios del capítulo pueden mejorar el acceso a tratamiento basado en evidencia, y algunos parecen justificados porque se apoyan en evidencia convergente de distintas fuentes. Otros, en cambio, parecen cuestionables con la información que publicó el propio DSM-5, y los autores piden más investigación (Asmundson et al., 2014).

    Tampoco es un cambio sin costos. En un estudio con 151 jóvenes con ansiedad, una cuarta parte de quienes cumplían la definición antigua de agorafobia dejó de cumplir la nueva, aunque su gravedad y su deterioro eran comparables (Cornacchio et al., 2015). Sus autores advierten que eso puede dejar a esas personas sin un diagnóstico de ansiedad específico, con consecuencias para acceder o cubrir un tratamiento.

    ¿La agorafobia nace siempre del pánico?

    Durante décadas se enseñó que sí: primero el ataque de pánico, después el miedo a volver a tenerlo en ciertos lugares, y de ahí la evitación. Ese orden es real en muchas personas, y es el que se observa sobre todo en quienes llegan a consulta. Clark y Beck (2010) recogen que cerca del 95 % de las personas con agorafobia que llegan a tratamiento reportan ataques de pánico previos o actuales, y que la agorafobia sin historia de pánico es un diagnóstico clínicamente poco frecuente.

    Pero cuando se mira a la población general y no solo a quien consulta, el cuadro cambia:

    • Cohortes comunitarias. En un seguimiento de 10 años a 3.021 jóvenes de 14 a 24 años en Alemania, el pánico primario solo elevó de forma moderada el riesgo de agorafobia posterior, y la agorafobia primaria tuvo un riesgo aún menor de derivar en pánico (Wittchen et al., 2008). La mayoría de las personas con agorafobia de esa muestra nunca había tenido un ataque de pánico, y los autores concluyen que la agorafobia existe como condición fóbica clínicamente significativa, independiente del pánico.
    • La relación va en las dos direcciones. En 1.920 adultos de Baltimore seguidos unos 14 años, el trastorno de pánico predijo la aparición posterior de agorafobia (OR = 12), pero la agorafobia sin ataques espontáneos también predijo trastorno de pánico posterior (OR = 3,9; Bienvenu et al., 2006). Los autores consideran incorrecta la relación causal en un solo sentido que suponía el DSM-IV.
    • Una advertencia sobre los números. Estas cifras tienen un contrapunto importante. En el estudio epidemiológico estadounidense ECA, el 68 % de 961 personas con «agorafobia» no tenía historia de pánico, pero al reentrevistar a ciegas a 22 de ellas años después, 19 resultaron tener fobias simples y no agorafobia (Horwath et al., 1993). La muestra es pequeña, pero muestra que las encuestas con entrevistadores no clínicos pudieron sobreestimar la agorafobia sin pánico. En la cohorte alemana más antigua, la prevalencia de agorafobia bajó de 8,5 % a 3,5 % tras la revisión clínica, y aun así la mayoría de los casos confirmados no tenía pánico previo (Wittchen et al., 1998).

    ¿Cómo se concilian ambos datos? Una revisión sobre el tema propone que la agorafobia sin pánico es rara en consulta pero frecuente en encuestas, en parte porque quien no tiene ataques suele pedir ayuda menos, y que la sensibilidad a la ansiedad (la tendencia a temer las sensaciones del cuerpo) podría explicar la evitación en personas que nunca tuvieron un ataque (Hayward y Wilson, 2007). Es una hipótesis con evidencia preliminar, no un hecho cerrado.

    Lo que queda claro es esto: la agorafobia suele venir después del pánico cuando consultas, pero no depende siempre de él. Por eso la separación del DSM-5 tiene fundamento, aunque los límites entre agorafobia y fobia específica sigan debatiéndose.

    ¿Qué tipos de trastorno de pánico y combinaciones con agorafobia existen?

    Con el DSM-5, estas son las combinaciones que puedes encontrar. La frecuencia viene de un estudio nacional de Estados Unidos (n = 9.282) que usó criterios del DSM-IV, así que los nombres de la segunda columna son la traducción actual y no los de ese estudio:

    Situación Cómo se nombra hoy Frecuencia en la vida (EE. UU.)
    Ataques de pánico aislados, sin agorafobia ni trastorno de pánico Ataque de pánico como especificador, no es un trastorno por sí solo 22,7 %
    Trastorno de pánico sin agorafobia Trastorno de pánico 3,7 %
    Trastorno de pánico con agorafobia Dos diagnósticos: trastorno de pánico y agorafobia 1,1 %
    Ataques de pánico con agorafobia, sin llegar a trastorno de pánico Agorafobia, con especificador de ataques de pánico 0,8 %

    Esta tabla no incluye la agorafobia sin ningún ataque de pánico, que es el grupo donde más discuten los investigadores (ver más arriba).

    Dos hallazgos de ese mismo estudio ayudan a entender por qué importa separar los cuadros. Primero, la gravedad aumenta con la agorafobia: el 86,3 % del grupo con pánico y agorafobia tenía síntomas moderados o graves en la escala de gravedad del pánico, frente al 6,7 % de quienes solo tuvieron ataques aislados. Segundo, aunque el 96,1 % del grupo con pánico y agorafobia había recibido algún tratamiento en su vida, solo el 54,9 % recibió en el último año uno acorde a las guías (Kessler et al., 2006; metodología y cifras completas).

    ¿Cuánta gente tiene cada cuadro?

    Las cifras dependen del manual que se use, del país y de cómo se entrevista. Con eso en mente:

    • Trastorno de pánico: afecta al 5,2 % de las personas a lo largo de la vida, según una revisión en JAMA (Szuhany y Simon, 2022). Una revisión de estudios epidemiológicos europeos estimó un 1,8 % en los últimos 12 meses, y un 1,3 % para la agorafobia sin historia de pánico (Goodwin et al., 2005).
    • Agorafobia con criterios DSM-5: en encuestas de la OMS en 27 países (136.357 adultos), 1,5 % en la vida y 1,0 % en el último año, una cifra parecida a la del DSM-IV (1,4 % y 0,9 %). Pero no son las mismas personas: de quienes cumplían criterios en algún sistema, 57,1 % cumplía ambos, 24,2 % solo el DSM-5 y 18,8 % solo el DSM-IV. Quienes cumplían ambos tenían más deterioro grave (44,0 % frente a 30,4 %) y más comorbilidad (92,9 % frente a 78,7 %; Roest et al., 2019).
    • En Chile: el estudio nacional de prevalencia psiquiátrica (2.978 personas de 15 años o más) encontró agorafobia en 11,1 % de las personas a lo largo de la vida, la más alta de los trastornos que midió (Vicente et al., 2006). Esa cifra usó criterios antiguos (DSM-III-R) y, por lo que muestran los estudios de arriba, probablemente incluye fobias específicas. No se puede comparar con el 1,5 % del DSM-5, y no hay todavía una medición chilena con los criterios actuales.

    ¿Se trata distinto el trastorno de pánico con o sin agorafobia?

    En lo central, el tratamiento de ambos cuadros se parece: terapia cognitivo-conductual (TCC), a veces con medicación. Lo que cambia es el énfasis, y aquí hay que ser cuidadoso con lo que realmente se ha estudiado.

    Terapia. Un metaanálisis en red de 136 ensayos sobre psicoterapias para el pánico con o sin agorafobia ubicó a la TCC entre las opciones de primera línea (Papola et al., 2022). Cuando hay agorafobia, el centro de la TCC es la exposición en vivo: ir acercándose de forma planificada y repetida a los lugares evitados, ordenados de menor a mayor dificultad, y soltar las conductas de seguridad (llevar siempre el ansiolítico, ir acompañado, sentarse junto a la salida). Clark y Beck (2010) y Tolin (2024) las describen como lo que mantiene el problema, porque le enseñan a la persona que sobrevivió «gracias a» la muleta, y no que el lugar era seguro. Si quieres ver cómo se arma ese plan, está en la guía de exposición gradual y jerarquía de miedos.

    Cuando hay también pánico, se suele sumar exposición a las sensaciones del cuerpo (provocarse mareo o agitación en consulta para comprobar que no son peligrosas; Clark y Beck, 2010). Para el detalle del tratamiento del pánico, puedes ver el tratamiento del trastorno de pánico.

    Qué predice peor pronóstico. Una revisión sistemática de 52 estudios sobre TCC en pánico y agorafobia encontró que la evitación agorafóbica fue el predictor más consistente de menor mejoría, seguida de baja expectativa de cambio, mayor deterioro funcional y rasgos de personalidad del grupo C (Porter y Chambless, 2015). Es una buena razón para no dejar la evitación sin tratar, aunque los ataques ya hayan cedido.

    Agorafobia sin pánico. Aquí la evidencia es escasa. Un seguimiento a 20 años de 38 pacientes tratados en hospital con exposición y terapia psicodinámica encontró que quienes tenían agorafobia sin pánico mejoraron menos que quienes tenían pánico con agorafobia, lo que los autores leen como apoyo a que son cuadros distintos (Hoffart et al., 2016). Es una muestra pequeña y sin grupo de comparación, así que vale como indicio y no como regla. No conocemos ensayos que comparen tratamientos específicos para agorafobia sin pánico frente a agorafobia con pánico.

    Terapia online y medicación. La TCC por internet para pánico con o sin agorafobia mostró en un metaanálisis efectos grandes frente a lista de espera (g = 1,22 en pánico y g = 0,91 en agorafobia), con calidad variable y mucha heterogeneidad; los efectos sobre agorafobia fueron algo menores que sobre el pánico (Stech et al., 2020). En fármacos, un metaanálisis en red de 87 ensayos halló que los ISRS lograron más remisión que el placebo con buen equilibrio entre eficacia y efectos adversos, y que casi todos los estudios tenían algún riesgo de sesgo (Chawla et al., 2022). La decisión sobre medicación es siempre médica.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Conviene pedir una evaluación si te reconoces en alguna de estas situaciones:

    • Tuviste ataques de pánico y ahora evitas lugares, trayectos o actividades por miedo a que vuelvan.
    • Dejaste de salir solo, de usar transporte o de ir a lugares con gente, o solo lo haces si alguien te acompaña.
    • Tu mundo se achica: renunciaste a trabajar, estudiar o ver a otras personas por esa evitación.
    • Dependes del ansiolítico «por si acaso» o vas a urgencias seguido sin hallazgos médicos.
    • Hace más de unas semanas que el miedo marca tu rutina, sin que haya habido un ataque.

    Un buen punto de partida es descartar causas médicas con un control general, porque algunos problemas del corazón, de la tiroides o del equilibrio pueden parecerse a un ataque. Después, una evaluación psicológica distingue si lo que predomina es el pánico, la evitación o ambos, y eso orienta el plan. Si el malestar es muy intenso o aparecen ideas de hacerte daño, puedes llamar al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del Minsal).

    Preguntas frecuentes

    ¿El pánico y la agorafobia son lo mismo?

    No. El trastorno de pánico se define por ataques inesperados y el miedo a que se repitan. La agorafobia se define por miedo marcado a situaciones donde escapar o conseguir ayuda sería difícil. Frecuentemente aparecen juntos, pero el DSM-5 los diagnostica por separado desde 2013.

    ¿Por qué el DSM-5 separó el trastorno de pánico y la agorafobia?

    Porque la evidencia mostró que la agorafobia puede existir sin ataques de pánico y que la relación entre ambos va en las dos direcciones. Estudios en población general encontraron que muchas personas con agorafobia nunca habían tenido un ataque. Hay quienes critican algunos cambios del capítulo, y la discusión sigue.

    ¿Se puede tener agorafobia sin ataques de pánico?

    Sí, aunque es poco frecuente entre quienes consultan. En encuestas poblacionales aparece más, pero parte de esos casos pueden ser fobias específicas mal clasificadas. En muestras clínicas, cerca del 95 % de las personas con agorafobia reporta ataques de pánico previos o actuales.

    ¿Puedo tener trastorno de pánico sin agorafobia?

    Sí. En el estudio nacional de Estados Unidos, el trastorno de pánico sin agorafobia (3,7 % en la vida) fue más común que el pánico con agorafobia (1,1 %). Eso sí, cuando hay agorafobia el cuadro tiende a ser más grave y de peor pronóstico.

    ¿La agorafobia es miedo a salir de casa?

    Puede serlo, pero la definición es más amplia: miedo a situaciones donde sería difícil escapar o conseguir ayuda, como transporte público, multitudes, filas o lugares cerrados. Para el diagnóstico se piden al menos dos de cinco tipos de situaciones y una duración de 6 meses.

    ¿Se trata distinto el pánico con agorafobia?

    La base es la misma, la terapia cognitivo-conductual. Con agorafobia, el centro es la exposición gradual en vivo a los lugares evitados y el abandono de las conductas de seguridad. Hay menos estudios específicos sobre agorafobia sin pánico, así que su tratamiento se apoya en lo que funciona en los otros cuadros.

    Para cerrar

    Ponerle el nombre correcto a lo que te pasa ayuda a elegir qué trabajar primero: los ataques, la evitación o ambos. Si quieres revisar tu caso con un profesional, puedes agendar una consulta, o recorrer otros temas en la sección Explorar. Para una visión general del cuadro, está la guía del trastorno de pánico.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Asmundson, G. J. G., Taylor, S., & Smits, J. A. J. (2014). Panic disorder and agoraphobia: An overview and commentary on DSM-5 changes. Depression and Anxiety, 31(6), 480-486. https://doi.org/10.1002/da.22277

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    Chawla, N., Anothaisintawee, T., Charoenrungrueangchai, K., Thaipisuttikul, P., McKay, G. J., Attia, J., & Thakkinstian, A. (2022). Drug treatment for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ, 376, Article e066084. https://doi.org/10.1136/bmj-2021-066084

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    Cornacchio, D., Chou, T., Sacks, H., Pincus, D., & Comer, J. (2015). Clinical consequences of the revised DSM-5 definition of agoraphobia in treatment-seeking anxious youth. Depression and Anxiety, 32(7), 502-508. https://doi.org/10.1002/da.22361

    Goodwin, R. D., Faravelli, C., Rosi, S., Cosci, F., Truglia, E., de Graaf, R., & Wittchen, H. U. (2005). The epidemiology of panic disorder and agoraphobia in Europe. European Neuropsychopharmacology, 15(4), 435-443. https://doi.org/10.1016/j.euroneuro.2005.04.006

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    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

    Porter, E., & Chambless, D. L. (2015). A systematic review of predictors and moderators of improvement in cognitive-behavioral therapy for panic disorder and agoraphobia. Clinical Psychology Review, 42, 179-192. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2015.09.004

    Roest, A. M., de Vries, Y. A., Lim, C. C. W., Wittchen, H.-U., Stein, D. J., Adamowski, T., Al-Hamzawi, A., Bromet, E. J., Viana, M. C., de Girolamo, G., Demyttenaere, K., Florescu, S., Gureje, O., Haro, J. M., Hu, C., Karam, E. G., Caldas-de-Almeida, J. M., Kawakami, N., Lépine, J. P., … WHO World Mental Health Survey Collaborators. (2019). A comparison of DSM-5 and DSM-IV agoraphobia in the World Mental Health Surveys. Depression and Anxiety, 36(6), 499-510. https://doi.org/10.1002/da.22885

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    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    Vicente, B., Kohn, R., Rioseco, P., Saldivia, S., Levav, I., & Torres, S. (2006). Lifetime and 12-month prevalence of DSM-III-R disorders in the Chile Psychiatric Prevalence Study. American Journal of Psychiatry, 163(8), 1362-1370. https://doi.org/10.1176/ajp.2006.163.8.1362

    Wittchen, H.-U., Nocon, A., Beesdo, K., Pine, D. S., Höfler, M., Lieb, R., & Gloster, A. T. (2008). Agoraphobia and panic: Prospective-longitudinal relations suggest a rethinking of diagnostic concepts. Psychotherapy and Psychosomatics, 77(3), 147-157. https://doi.org/10.1159/000116608

    Wittchen, H.-U., Reed, V., & Kessler, R. C. (1998). The relationship of agoraphobia and panic in a community sample of adolescents and young adults. Archives of General Psychiatry, 55(11), 1017-1024. https://doi.org/10.1001/archpsyc.55.11.1017

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y crianza. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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