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  • Depresión en Adolescentes: Las Señales que No Parecen Depresión

    Depresión en Adolescentes: Las Señales que No Parecen Depresión

    Un adolescente con depresión no siempre parece triste. Puede estar irritable, discutir por todo, bajar sus notas, encerrarse en su pieza o consultar varias veces por dolor de cabeza o de estómago. Por eso, la depresión en adolescentes a veces se interpreta como flojera, desafío, exceso de pantalla o una etapa que ya pasará.

    La señal más útil suele ser un cambio que se mantiene: dura dos semanas o más, aparece la mayor parte de los días, afecta el estudio, la familia o las amistades, y el adolescente ya no vuelve a ser él mismo después de descansar o hacer algo que antes disfrutaba.

    Esta guía está pensada para madres, padres y cuidadores. Ayuda a reconocer patrones de alerta, conversar sin juzgar, preguntar de forma directa por el suicidio y decidir cuándo buscar ayuda. No reemplaza una evaluación profesional ni permite diagnosticar a partir de una lista.

    Depresión en adolescentes: por qué puede verse como otra cosa

    En la adolescencia hay cambios normales de humor, necesidad de privacidad y conflictos por la autonomía. La depresión se distingue porque el cambio es más persistente, intenso y amplio: no queda limitado a una discusión o a un mal día, sino que alcanza varias áreas de la vida.

    Además, en niños y adolescentes el ánimo deprimido puede expresarse como irritabilidad. También pueden aparecer cansancio, quejas físicas, pérdida de interés, aislamiento y deterioro escolar. La guía para familias de la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente destaca precisamente que el enojo y los dolores de cabeza o estómago pueden ser parte del cuadro.

    La depresión tampoco es una falta de carácter. Es un problema de salud en el que intervienen vulnerabilidades personales, antecedentes familiares y experiencias como estrés sostenido, acoso o enfermedad crónica. Una revisión clínica sobre la depresión en jóvenes de Thapar y colaboradores subraya que el riesgo aumenta por la combinación de factores, no por una causa única ni por culpa de la familia.

    Qué tan común es la depresión en adolescentes

    La respuesta cambia según lo que se mida. Un metaanálisis de 72 estudios (Shorey et al., 2021) estimó que alrededor de 8 % de los adolescentes tenía un trastorno depresivo mayor en un año. Cerca de 19 % lo había tenido alguna vez en la vida.

    La cifra que más circula es otra: 34 % mostraba síntomas depresivos elevados en cuestionarios de autorreporte. Ese porcentaje mide cuántos superan el punto de corte de una escala. Sirve para detectar a quienes necesitan una evaluación, y no equivale a un diagnóstico.

    Los mismos autores observaron que los síntomas elevados pasaron de 24 % entre 2001 y 2010 a 37 % entre 2011 y 2020. La revisión clínica de Thapar et al. (2022) describe el mismo aumento en la última década, sobre todo en mujeres.

    Qué cambia con la edad y entre mujeres y hombres

    La adolescencia es la etapa en que aparece la brecha entre sexos. Un metaanálisis con datos nacionales de más de 90 países (Salk et al., 2017) encontró que la diferencia en los diagnósticos ya se veía a los 12 años, con un odds ratio de 2,37. Alcanzaba su máximo entre los 13 y los 15 años, con un odds ratio de 3,02.

    En los síntomas, la diferencia llegó a su punto más alto a los 16 años. Después bajó y se mantuvo estable en la adultez.

    En la práctica, una adolescente que se irrita y se aísla tiene más probabilidad estadística de estar deprimida que un varón de su edad. Aun así, la depresión en hombres también se pasa por alto, como advierten los autores. Más que la edad exacta, importa el cambio respecto de cómo era antes, que se describe más abajo.

    Causas y factores de riesgo de la depresión en adolescentes

    No existe una causa única. Según la revisión de Thapar et al. (2022), el riesgo es especialmente alto en estos casos:

    • Antecedentes familiares de depresión.
    • Estrés social: acoso, relaciones conflictivas o acontecimientos vitales estresantes.
    • Un problema de salud física crónico o ser parte de una minoría sexual.

    Los mismos autores incluyen entre los antecedentes clínicos los síntomas depresivos, la ansiedad y la irritabilidad. Por eso la irritabilidad sostenida merece atención aunque no haya tristeza visible.

    Estos factores aumentan la probabilidad de depresión, pero ninguno la determina ni señala a un integrante de la familia como culpable. Sirven para decidir cuándo estar más atento: la evidencia favorece intervenir en quienes ya tienen factores de riesgo o síntomas, por sobre las medidas dirigidas a todos por igual.

    7 síntomas de depresión en adolescentes que suelen confundirse

    1. Irritabilidad que ocupa casi todo

    Puede haber respuestas cortantes, peleas frecuentes, impaciencia o explosiones por asuntos pequeños. Lo importante es comparar con la forma habitual de ser del adolescente. Una discusión puntual no basta; preocupa un cambio sostenido, difícil de regular y acompañado por otros signos.

    En vez de concluir «está manipulando» o «se volvió insoportable», conviene preguntarse qué hay detrás del enojo: agotamiento, culpa, desesperanza, ansiedad, vergüenza o la sensación de que nada puede mejorar.

    2. Bajas notas, atrasos o ausencias

    La depresión puede afectar la concentración, la memoria de trabajo, la motivación y el sueño. Desde fuera parece desinterés o flojera; desde dentro, leer una página, levantarse a tiempo o comenzar una tarea puede sentirse abrumador.

    Una caída brusca del rendimiento, la pérdida de trabajos, faltar a clases o dejar de participar merecen atención, sobre todo si antes funcionaba de otra manera. Antes de castigar el resultado, hace falta entender qué cambió.

    3. Encerrarse y dejar de ver a sus amistades

    Buscar privacidad es normal. La alerta aparece cuando el adolescente abandona de forma sostenida a las personas y actividades que antes le importaban, rechaza todos los planes o pasa el tiempo aislado sin obtener alivio.

    No siempre dirá «estoy solo». Puede decir que todos le molestan, que salir no vale la pena o que prefiere dormir. También puede seguir conectado por mensajes y, aun así, sentirse desconectado de los demás.

    4. Dolores de cabeza, de estómago o cansancio sin explicación clara

    Los síntomas físicos son reales, aunque una evaluación médica no encuentre una causa suficiente para explicar su frecuencia o intensidad. Cefaleas, molestias digestivas, tensión corporal y falta de energía pueden acompañar la depresión.

    Primero corresponde descartar problemas médicos. Si los dolores reaparecen junto con irritabilidad, sueño alterado, aislamiento o pérdida de interés, la evaluación también debería considerar la salud mental.

    5. Cambios en el sueño, el apetito o el autocuidado

    Dormir mucho, no poder dormir, invertir el horario, comer bastante más o menos, dejar de ducharse o usar siempre la misma ropa pueden reflejar que el funcionamiento cotidiano se está deteriorando. Ningún cambio por separado demuestra depresión, pero el conjunto importa.

    También conviene observar si el fin de semana permite recuperarse. Cuando ni el descanso ni una actividad antes agradable producen un cambio claro, la señal pesa más.

    6. Conductas de riesgo, consumo o autolesiones

    Conducir de forma temeraria, exponerse a situaciones peligrosas, aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias o hacerse cortes puede ser una forma de escapar del malestar, sentir algo o pedir ayuda sin palabras.

    Las autolesiones no significan siempre que exista intención de morir, pero sí indican sufrimiento y aumentan la necesidad de una evaluación pronta. No se castigan ni se convierten en un interrogatorio. Se responden con calma, seguridad y ayuda profesional.

    7. Un uso del teléfono que parece imposible de interrumpir

    El número total de horas no explica por sí solo la depresión. Un estudio longitudinal de Xiao y colaboradores encontró que las trayectorias de uso adictivo de redes sociales, teléfono y videojuegos se asociaban con peores resultados de salud mental, mientras que el tiempo de pantalla de base no mostraba la misma relación.

    Esto no permite afirmar que el teléfono haya causado la depresión. La señal útil es el patrón: pérdida de control, uso para escapar, conflicto al intentar parar y desplazamiento del sueño, el estudio, el movimiento o los vínculos. Quitar el dispositivo como único castigo puede aumentar el aislamiento sin tratar lo que ocurre debajo.

    ¿Adolescencia normal o depresión? Mira el patrón, no una señal

    Aspecto Cambio frecuente en la adolescencia Señal que merece evaluación
    Duración Horas o algunos días, ligada a una situación Dos semanas o más, la mayor parte de los días
    Punto de partida Sigue siendo reconocible dentro de su forma habitual Hay un cambio claro respecto de cómo era antes
    Placer Se irrita, pero todavía disfruta algunas cosas Casi nada le interesa o le produce alivio
    Alcance El conflicto queda en un área Se afectan estudio, familia, amistades o autocuidado
    Recuperación Mejora con descanso, apoyo o una actividad agradable El malestar persiste aunque cambie el contexto
    Seguridad No hay ideas de muerte ni autolesiones Habla de desaparecer, morir, ser una carga o se hace daño

    El umbral de dos semanas orienta, pero no hay que esperar si existe riesgo suicida, autolesiones, pérdida marcada de funcionamiento, síntomas psicóticos o una conducta peligrosa.

    Para ubicar estas señales dentro de un panorama más amplio, puede revisar la guía sobre trastornos psicológicos en la adolescencia.

    Mi hijo adolescente está deprimido: cómo abrir la conversación

    Elija un momento sin apuro y describa hechos observables. Una entrada posible es:

    «Te he visto más irritable, estás durmiendo poco y dejaste de juntarte con tus amigos. No estás en problemas. Me preocupa cómo te has estado sintiendo y quiero entenderte. ¿Qué ha sido lo más difícil estas semanas?»

    Después, haga espacio para la respuesta. Puede ayudar:

    • Escuchar antes de ofrecer soluciones.
    • Validar la emoción sin tener que estar de acuerdo con todas sus conclusiones: «entiendo que te sientas sobrepasado».
    • Preguntar qué necesita hoy: compañía, ayuda con una tarea, dormir, hablar con alguien o una consulta.
    • Ofrecer opciones acotadas: médico, psicólogo, orientador del colegio o una persona adulta de confianza.
    • Retomar la conversación si al principio responde «no sé» o «déjame». Un intento que sale mal no cierra la puerta.

    Si pide privacidad, se puede respetar parte de ella, pero no guardar en secreto un riesgo de daño. La seguridad tiene prioridad.

    Cómo ayudar a un adolescente con depresión: qué no decir y qué sí ayuda

    Evita Prueba con
    «No tienes motivos para estar mal» «No necesito entenderlo todo para tomarte en serio»
    «Pon de tu parte» «¿Qué es lo más difícil de hacer hoy?»
    «Todos pasamos por eso» «Lo que te pasa merece atención»
    «Con todo lo que tienes, deberías agradecer» «Veo que estás sufriendo, aunque desde fuera tu vida parezca estar bien»
    «Si sigues encerrado, te quito el teléfono y tus amigos» «Vamos a recuperar rutinas sin dejarte solo ni cortar tus apoyos»
    «Prométeme que no harás ninguna tontería» «¿Has pensado en hacerte daño o en morir?»

    La guía de la AACAP recomienda reducir la crítica, el sarcasmo y la culpa, bajar temporalmente las exigencias cuando sea necesario y evitar retirar amistades o actividades saludables como castigo. Acompañar no significa eliminar todos los límites; significa que los límites no sustituyen la evaluación ni el tratamiento.

    Cómo preguntar por ideas de muerte o suicidio

    Preguntar de forma directa no pone la idea en la cabeza ni aumenta el riesgo. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos recomienda hablar del tema con claridad.

    Puede preguntar, en este orden:

    1. «¿Has pensado que preferirías no despertar o estar muerto?»
    2. «¿Has pensado en hacerte daño o quitarte la vida?»
    3. Si responde que sí: «¿Has pensado cómo, cuándo o dónde?» y «¿Tienes acceso a algo que podrías usar?»

    Escuche sin discutir ni reaccionar con enojo. No prometa guardar el secreto. Si hay intención actual, un plan, acceso a medios, una tentativa reciente o la persona no puede mantenerse segura:

    • No la deje sola.
    • Retire medicamentos, armas u otros medios peligrosos si puede hacerlo sin exponerse.
    • Llame a la línea *4141, No estás solo, no estás sola, servicio gratuito del Ministerio de Salud atendido por psicólogos las 24 horas desde teléfonos móviles.
    • Acuda a un servicio de urgencia o llame al número local de emergencias si el peligro es inmediato.

    El *4141 es un apoyo de crisis, no reemplaza la atención presencial cuando existe peligro inminente.

    Cuándo consultar por síntomas de depresión en adolescentes

    Solicite una evaluación en los próximos días si el cambio dura dos semanas o más, afecta las clases, las relaciones o el autocuidado, o si el adolescente dice que ya no puede con lo que siente. También corresponde consultar antes si el deterioro avanza con rapidez.

    Busque ayuda urgente si aparece cualquiera de estas situaciones:

    • Ideas actuales de suicidio, un plan o acceso a medios.
    • Una tentativa, autolesiones que requieren atención o intoxicación.
    • Alucinaciones, ideas delirantes, desorganización o pérdida de contacto con la realidad.
    • Varios días con muy poca necesidad de dormir, energía inusual, verborrea o conductas de alto riesgo, porque podría haber un episodio maníaco y no una depresión unipolar.
    • Incapacidad para comer, beber, levantarse o mantenerse a salvo.

    No hace falta tener la certeza de que es depresión para pedir ayuda. La consulta sirve precisamente para distinguir entre depresión, ansiedad, problemas de sueño, consumo, acoso, duelo, una condición médica u otra dificultad.

    Tratamiento de la depresión en adolescentes: cómo se evalúa y cómo se trata

    La evaluación no consiste en un solo test. Las recomendaciones GLAD-PC para atención primaria, reafirmadas por la Academia Estadounidense de Pediatría en 2025, indican combinar entrevista clínica, información del adolescente y su cuidador, criterios diagnósticos y herramientas validadas. Parte de la entrevista debería hacerse a solas con el adolescente para facilitar respuestas honestas.

    El profesional preguntará por duración, intensidad, funcionamiento, autolesiones, suicidio, consumo, trauma, acoso, antecedentes familiares y episodios de energía anormalmente alta. También valorará causas médicas y otros diagnósticos posibles. El CDI o escalas semejantes pueden apoyar la evaluación, pero no reemplazan el diagnóstico clínico.

    El tratamiento depende de la gravedad, la edad, las preferencias y el riesgo. Puede incluir apoyo familiar, ajustes escolares, psicoterapia y, en algunos casos, medicamentos indicados y vigilados por un médico. Un metaanálisis amplio encontró un efecto beneficioso de la terapia cognitivo-conductual en niños y adolescentes con depresión, aunque el tamaño del efecto fue menor que en adultos (Cuijpers et al., 2023).

    Para depresión moderada o grave, la evidencia comparativa sugiere que la fluoxetina, sola o combinada con terapia cognitivo-conductual, se encuentra entre las opciones con mejor respaldo, pero la certeza de varias comparaciones es baja y la decisión debe individualizarse (Zhou et al., 2020). Las guías GLAD-PC de tratamiento recomiendan seguimiento estrecho de síntomas, funcionamiento, efectos adversos y riesgo suicida.

    La recuperación es posible, pero no siempre es lineal. Mantener controles, involucrar al adolescente en las decisiones y contar con un plan de seguridad reduce el riesgo de abandonar el tratamiento justo cuando más se necesita.

    Depresión adolescente en Chile: dónde pedir ayuda

    Puede comenzar en el CESFAM, con pediatría o medicina general, con un profesional de salud mental o con el equipo de convivencia u orientación del establecimiento educacional. Si ya existe atención, avise al profesional ante cualquier empeoramiento o señal de riesgo.

    Para personas de 15 años y más, la depresión está incluida en el GES. La Superintendencia de Salud informa que el tratamiento debe comenzar de inmediato tras la confirmación diagnóstica y que la consulta con especialista, cuando corresponde, tiene un plazo máximo de 30 días.

    En menores de 15 años, el GES específico cubre el tratamiento hospitalario de la depresión grave, refractaria o psicótica con riesgo suicida. Esto no significa que un menor con síntomas menos graves deba esperar: puede ser evaluado en la red de salud aunque no cumpla ese problema GES.

    Si necesita orientación para acompañar a otra persona, también puede revisar cómo ayudar a alguien con depresión y la guía general sobre depresión.

    Preguntas frecuentes

    ¿La irritabilidad puede ser depresión en un adolescente?

    Sí. En adolescentes, la depresión puede presentarse con ánimo irritable en lugar de tristeza visible. Preocupa más cuando el enojo marca un cambio respecto de su forma habitual, dura dos semanas o más y aparece junto con pérdida de interés, problemas de sueño, aislamiento, cansancio o deterioro escolar.

    ¿Cuánto tiempo debo esperar antes de consultar?

    Si los síntomas se mantienen la mayor parte de los días durante dos semanas, afectan el funcionamiento o van empeorando, conviene pedir una evaluación. No espere dos semanas si hay autolesiones, ideas suicidas, psicosis, conducta peligrosa o incapacidad para mantenerse a salvo.

    ¿Qué hago si mi hijo no quiere ir al psicólogo?

    Empiece por escuchar qué rechaza: miedo, vergüenza, una mala experiencia o sentir que otros decidirán por él. Ofrézcale elegir entre profesionales o comenzar con un médico de confianza. Usted puede consultar primero para recibir orientación. Si existe riesgo inmediato, la seguridad prevalece aunque no quiera asistir.

    ¿Preguntar por suicidio puede darle la idea?

    No. Preguntar con calma y de forma directa no provoca pensamientos suicidas ni aumenta el riesgo. Puede abrir una vía para pedir ayuda. Si responde que sí, pregunte por intención, plan y acceso a medios, no lo deje solo y busque apoyo urgente.

    ¿El teléfono o las redes sociales causan depresión?

    No se puede concluir eso a partir de una sola conducta. Importa más el patrón de uso compulsivo, la pérdida de control y si desplaza el sueño, el estudio, la actividad física o los vínculos. El uso problemático puede ser una señal, una forma de escape o un factor que mantenga el malestar.

    ¿La depresión en adolescentes se puede tratar?

    Sí. La psicoterapia, el apoyo familiar y escolar y, cuando está indicado, el tratamiento médico pueden ayudar. La opción adecuada depende de la gravedad y el riesgo. El seguimiento es importante porque la mejoría puede tomar tiempo y los síntomas pueden reaparecer.

    Para llevar

    No busque una cara triste como única prueba. Mire el cambio respecto de su forma habitual, cuánto dura, cuántas áreas afecta y si perdió la capacidad de disfrutar. Describa lo que observa, escuche sin minimizar y pregunte directamente por la seguridad.

    Si quiere orientación profesional, puede agendar una consulta. Si hay riesgo inmediato, no espere una hora programada: acompañe al adolescente y acuda a urgencias.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. (2018). Depression: Parents’ Medication Guide. https://www.aacap.org/App_Themes/AACAP/docs/resource_centers/resources/med_guides/DepressionGuide-web.pdf

    Cheung, A. H., Zuckerbrot, R. A., Jensen, P. S., Laraque, D., Stein, R. E. K., & GLAD-PC Steering Group. (2018). Guidelines for Adolescent Depression in Primary Care (GLAD-PC): Part II. Treatment and ongoing management. Pediatrics, 141(3), e20174082. https://doi.org/10.1542/peds.2017-4082

    Cuijpers, P., Miguel, C., Harrer, M., Plessen, C. Y., Ciharova, M., Ebert, D., & Karyotaki, E. (2023). Cognitive behavior therapy vs. control conditions, other psychotherapies, pharmacotherapies and combined treatment for depression: A comprehensive meta-analysis including 409 trials with 52,702 patients. World Psychiatry, 22(1), 105-115. https://doi.org/10.1002/wps.21069

    Instituto Nacional de Salud Mental. (s. f.). Preguntas frecuentes sobre el suicidio. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/preguntas-frecuentes-sobre-el-suicidio

    Ministerio de Salud de Chile. (s. f.). Línea de atención *4141: No estás solo, no estás sola. https://www.minsal.cl/linea-de-atencion-4141-no-estas-solo-no-estas-sola/

    Salk, R. H., Hyde, J. S., & Abramson, L. Y. (2017). Gender differences in depression in representative national samples: Meta-analyses of diagnoses and symptoms. Psychological Bulletin, 143(8), 783-822. https://doi.org/10.1037/bul0000102

    Shorey, S., Ng, E. D., & Wong, C. H. J. (2021). Global prevalence of depression and elevated depressive symptoms among adolescents: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Clinical Psychology, 61(2), 287-305. https://doi.org/10.1111/bjc.12333

    Superintendencia de Salud. (s. f.). Depresión en personas de 15 años y más. https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/depresion-en-personas-de-15-anos-y-mas/

    Superintendencia de Salud. (s. f.). Tratamiento hospitalario para personas menores de 15 años con depresión grave, refractaria o psicótica con riesgo suicida. https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/tratamiento-hospitalario-para-personas-menores-de-15-anos-con-depresion-grave-refractaria-o-psicotica-con-riesgo-suicida/

    Thapar, A., Eyre, O., Patel, V., & Brent, D. (2022). Depression in young people. The Lancet, 400(10352), 617-631. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)01012-1

    Xiao, Y., Meng, Y., Brown, T. T., Keyes, K. M., & Mann, J. J. (2025). Addictive screen use trajectories and suicidal behaviors, suicidal ideation, and mental health in US youths. JAMA, 334(3), 219-228. https://doi.org/10.1001/jama.2025.7829

    Zhou, X., Teng, T., Zhang, Y., Del Giovane, C., Furukawa, T. A., Weisz, J. R., Li, X., Cuijpers, P., Coghill, D., Xiang, Y., Hetrick, S. E., Leucht, S., Qin, M., Barth, J., Ravindran, A. V., Yang, L., Curry, J., Fan, L., Silva, S. G., … Xie, P. (2020). Comparative efficacy and acceptability of antidepressants, psychotherapies, and their combination for acute treatment of children and adolescents with depressive disorder: A systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 7(7), 581-601. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(20)30137-1

    Zuckerbrot, R. A., Cheung, A., Jensen, P. S., Stein, R. E. K., Laraque, D., & GLAD-PC Steering Group. (2018). Guidelines for Adolescent Depression in Primary Care (GLAD-PC): Part I. Practice preparation, identification, assessment, and initial management. Pediatrics, 141(3), e20174081. https://doi.org/10.1542/peds.2017-4081

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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  • Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para Adolescentes: Qué Es, Para Qué Sirve y Qué Dice la Evidencia

    Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para Adolescentes: Qué Es, Para Qué Sirve y Qué Dice la Evidencia

    Si llegaste buscando terapia de aceptación y compromiso para adolescentes, lo más probable es que alguien te la haya nombrado: un psicólogo, un profesor, una amiga cuyo hijo «mejoró harto con ACT». Y te quedaste con la duda de si eso funciona con un adolescente que no quiere hablar de sus emociones, que dice que está bien y que se encierra en la pieza.

    La duda tiene sentido. A los 15 años nadie quiere que le «reestructuren los pensamientos». Y ahí está justamente la gracia de la ACT: no discute con lo que el adolescente piensa ni le pide que se sienta distinto. Le enseña a hacer lo que le importa aunque la cabeza le diga otra cosa.

    Esta guía explica qué es la ACT adaptada a la adolescencia, para qué problemas tiene estudios (y cuánto ayuda), en qué se diferencia de la terapia cognitivo-conductual clásica, cómo es una sesión, qué hacen los padres y cuándo no debería ser la primera opción.

    Respuesta corta: la terapia de aceptación y compromiso (ACT) es una terapia conductual que enseña al adolescente a dejar de pelear contra sus pensamientos y emociones difíciles y a actuar según lo que valora. En adolescentes con ansiedad y depresión funciona mejor que no hacer nada y de forma comparable a la terapia cognitivo-conductual (TCC), según dos metaanálisis de 2025. También tiene evidencia preliminar en estrés, dolor crónico y enfermedades físicas de larga duración. No es la primera opción cuando hay riesgo suicida activo o un cuadro que requiere estabilización médica.

    ¿Qué es la terapia de aceptación y compromiso para adolescentes?

    La ACT (se pronuncia «act», como la palabra inglesa «actuar») es una terapia de la familia conductual creada por Steven Hayes y sus colegas. Su punto de partida es distinto al de la mayoría de las terapias: no asume que el problema sean los pensamientos negativos o la ansiedad en sí, sino la lucha contra ellos. Hayes, Strosahl y Wilson (2015) llaman a eso rigidez psicológica, y a su contrario, flexibilidad psicológica: la capacidad de estar en contacto con lo que uno piensa y siente en el momento presente y, aun así, actuar en la dirección de lo que le importa.

    Ese modelo tiene seis procesos (aceptación, defusión, contacto con el presente, yo como contexto, valores y acción comprometida), que en el gremio se conocen como el «hexaflex» (Hayes, Strosahl y Wilson, 2015, pp. 86-87). Si quieres el detalle de cada uno, está en la guía sobre qué es la terapia de aceptación y compromiso. Acá interesa otra cosa: por qué esto le calza a un adolescente.

    Un adolescente vive rodeado de reglas verbales que le dicen cómo debería sentirse. «Tienes que tener más confianza», «no te pongas nervioso», «piensa positivo». Wilson y Luciano (2002, pp. 38-39) describen exactamente esa escena: al adolescente tímido se le dice que la falta de confianza es lo que le impide actuar, y con eso aprende que primero hay que sentirse bien para poder hacer algo. Es una trampa. En ACT la orden es al revés: haz lo que importa y deja que la confianza llegue después, si llega.

    La otra razón es más simple. La ACT trabaja con metáforas, ejercicios y experiencias, no con largas explicaciones. Eso encaja con un joven que se aburre a los tres minutos de psicoeducación y desconfía de cualquier adulto que quiera «arreglarle la cabeza».

    Para qué problemas sirve la ACT en adolescentes (y cuánto ayuda)

    La ACT para niños y adolescentes tiene ya un cuerpo de ensayos clínicos propio, no solo evidencia extrapolada de adultos. Lo que se sabe hasta ahora, por problema:

    Problema Qué dice la evidencia en menores de 18 Fuerza de la evidencia
    Ansiedad y depresión Mejor que lista de espera en todos los desenlaces; comparable a la TCC; la mejora en flexibilidad psicológica predice la reducción de síntomas Metaanálisis de 27 ECA (López-Pinar, Lara-Merín y Macías, 2025)
    Depresión Reducción significativa de síntomas; superior a lista de espera, no al tratamiento habitual ni a otros tratamientos activos; el formato grupal rindió más que el individual y el presencial más que el online Metaanálisis de 25 estudios (Yu et al., 2025)
    Estrés Efecto pequeño pero significativo frente a controles (g = -0,20), en programas escolares y clínicos Metaanálisis de 8 ECA (Binder, Mehl, Resch, Kaess y Koenig, 2024)
    Dolor crónico y enfermedades físicas de larga duración Apoyo preliminar en la mayoría de los desenlaces psicosociales; buena aceptabilidad; estudios pequeños con alto riesgo de sesgo Revisión sistemática de 16 estudios (Batchelor, Cogings, McCormack y Hotton, 2026)
    Ira, irritabilidad y agresividad Resultados mixtos; alguna señal a favor de la ACT grupal; sin conclusiones firmes Revisión sistemática de 7 estudios (Byrne y Cullen, 2024)

    Vamos por partes, porque no todas esas filas pesan lo mismo.

    ACT para la ansiedad y la depresión en adolescentes

    Es donde hay más y mejores estudios. Un metaanálisis de 27 ensayos clínicos con 2.860 adolescentes encontró que la ACT reduce los síntomas de ansiedad y depresión más que los controles inactivos en todos los desenlaces, y más que otros controles activos (como el tratamiento habitual) en depresión. Y la mejora en flexibilidad psicológica predijo la reducción de síntomas: es decir, el mecanismo que la terapia dice trabajar es el que explica el cambio (López-Pinar, Lara-Merín y Macías, 2025).

    Con la depresión adolescente en concreto, otro metaanálisis de 25 estudios con 2.352 participantes llegó a lo mismo y añadió tres detalles útiles para decidir formato: la ACT presencial funcionó mejor que la versión por internet, el formato grupal mejor que el individual, y no hubo diferencias entre muestras clínicas y no clínicas (Yu et al., 2025).

    Ojo con una cosa que los propios autores advierten: los ensayos tenían alto riesgo de sesgo (medidas autoinformadas, poca información sobre cómo se aleatorizó y sobre si la terapia se aplicó como estaba escrita). Que el resultado sea consistente entre 27 estudios da confianza; que sean estudios imperfectos obliga a no venderlo como milagro.

    ACT para el estrés en adolescentes

    Aquí el efecto es real pero chico. El metaanálisis de Binder y su equipo, con 8 ensayos y 976 participantes de hasta 18 años, encontró que los programas basados en ACT reducen el estrés más que los controles, con un tamaño de efecto pequeño (g de Hedges = -0,20) y con muestras pequeñas y señales de sesgo de publicación (Binder, Mehl, Resch, Kaess y Koenig, 2024).

    Pero cuando se apunta a los adolescentes que de verdad están estresados, el efecto crece. El mismo grupo probó después un programa grupal de 8 sesiones para adolescentes de 13 a 18 años con estrés elevado: frente a lista de espera, la reducción del estrés percibido fue de tamaño medio a grande (d = 0,77), y también bajaron el burnout escolar y los síntomas físicos asociados al estrés (Binder, Koenig, Resch y Kaess, 2024). Un programa breve por internet y celular en población general (Youth COMPASS, 5 semanas) dio un efecto pequeño (d = 0,22) que fue mayor entre los más estresados (Puolakanaho et al., 2019).

    La lectura práctica: la ACT como prevención universal en el colegio ayuda poco; como intervención dirigida a quien lo necesita, ayuda bastante.

    ACT para el dolor crónico y las enfermedades de larga duración

    El primer ensayo clínico de ACT en dolor pediátrico persistente es de 2009: 32 niños y adolescentes con dolor de larga duración recibieron unas 10 sesiones semanales de ACT (basadas en exposición y aceptación) o un tratamiento multidisciplinario con amitriptilina. Con los seguimientos incluidos, la ACT fue mejor en capacidad funcional, intensidad y malestar por dolor; y al terminar, también en kinesiofobia (miedo a moverse), interferencia del dolor y calidad de vida (Wicksell, Melin, Lekander y Olsson, 2009).

    Desde entonces se han sumado estudios en diabetes, cáncer, obesidad y discapacidad visual. La revisión sistemática de 2026 que los reúne (16 estudios, 777 participantes) habla de apoyo preliminar y de buena aceptabilidad, pero casi todos los estudios tenían riesgo de sesgo alto (Batchelor, Cogings, McCormack y Hotton, 2026). Si tu hijo tiene una enfermedad crónica y el problema es cómo la lleva más que la enfermedad en sí, la ACT es una opción razonable; el foco del tratamiento es recuperar la vida que la enfermedad fue estrechando, no eliminar el síntoma.

    ACT para la ira y la agresividad

    Este es el eslabón débil. Una revisión sistemática de 2024 encontró solo 7 estudios (305 participantes en total), de baja calidad y con resultados mixtos: algo de evidencia de que la ACT grupal reduce la ira autoinformada, pero nada firme (Byrne y Cullen, 2024). Si el motivo de consulta es un adolescente que explota, pega o rompe cosas (y no una terapia para adolescentes con ansiedad, donde la ACT sí tiene respaldo), hoy conviene mirar primero las intervenciones con más respaldo para problemas de conducta y usar la ACT como complemento, no como eje.

    ACT vs TCC en adolescentes: ¿cuál es mejor?

    Ninguna de las dos gana. Esa es la respuesta honesta y la que dan los estudios que las compararon cara a cara.

    El ensayo más citado tomó a 193 niños y adolescentes de Sídney (promedio 11 años) con un trastorno de ansiedad diagnosticado y los asignó al azar a 10 semanas de ACT grupal, 10 semanas de TCC grupal o lista de espera. Las dos terapias superaron a la lista de espera con diferencias clínicamente significativas que se mantuvieron a los 3 meses, y produjeron resultados similares entre sí. Hubo alguna ventaja de la ACT en calidad de vida, pero no en otros desenlaces (Hancock et al., 2018). Los propios autores fueron cuidadosos: el estudio no demuestra que la ACT sea equivalente a la TCC ni que deba reemplazarla; demuestra que es otra opción con apoyo empírico.

    Los metaanálisis posteriores confirman ese patrón. En adolescentes, la ACT no superó a la TCC pero sí a los controles inactivos y, en depresión, también al tratamiento habitual (López-Pinar, Lara-Merín y Macías, 2025). Los autores concluyen que es comparable en eficacia y, por lo tanto, una alternativa legítima a los enfoques cognitivo-conductuales clásicos.

    Entonces, ¿cómo elegir? La diferencia no está en cuánto ayudan sino en cómo trabajan con los pensamientos. La TCC clásica identifica el pensamiento distorsionado («voy a hacer el ridículo») y lo somete a prueba para reemplazarlo por uno más realista. La ACT hace algo distinto: enseña a notar el pensamiento como pensamiento («estoy teniendo el pensamiento de que voy a hacer el ridículo») sin cambiar su contenido, para que pierda el mando sobre la conducta. Hayes, Strosahl y Wilson (2015, pp. 291-292) lo llaman defusión: separar al que escucha (la persona) del que habla (la mente). El objetivo es cambiar la función del pensamiento, no su forma.

    En la práctica, muchos adolescentes se llevan mejor con la segunda opción. Discutir con un joven de 16 sobre si su pensamiento es «racional» suele terminar en un debate que él gana. Pedirle que lo mire como un pasajero pesado que va sentado atrás en el bus, y que igual siga manejando, es otra conversación. En la guía de terapia cognitivo-conductual para la ansiedad puedes ver cómo trabaja el otro enfoque y compararlos.

    Cómo es una sesión de ACT con un adolescente

    Una sesión de ACT con un adolescente se parece poco a la imagen clásica de terapia. Hay menos «cuéntame cómo te sientes» y más ejercicios, dibujos, metáforas y tareas concretas para la semana. Estos son los componentes que casi siempre aparecen.

    La desesperanza creativa: revisar qué ha funcionado y qué no

    Suele ser por donde se empieza. El terapeuta y el adolescente hacen juntos el inventario de todo lo que ha intentado para dejar de sentirse así: no ir al colegio, quedarse en el celular hasta las 3, discutir consigo mismo, prometerse que mañana será distinto. Y miran, sin juzgar, si algo de eso lo acercó a la vida que quiere. Wilson y Luciano (2002, p. 128) usan aquí la metáfora del hombre en el hoyo: alguien cayó en un hoyo con una pala en la mano y lleva años cavando para salir. Cavar es lo único que sabe hacer, y el hoyo está cada vez más hondo. El adolescente no hizo nada mal: su estrategia (evitar, controlar, luchar) simplemente no está funcionando, y vale la pena probar otra.

    Aceptación: hacer espacio en vez de pelear

    Aceptar en ACT no es resignarse ni «aguantar». Twohig y Hayes (2020, pp. 15-17) lo definen como un acto: admitir activamente los pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas mientras están ocurriendo, sin intentar atenuarlos ni cambiarlos. Con un adolescente ansioso se practica en sesión: se invita a la ansiedad a aparecer (imaginando la exposición oral, por ejemplo) y se observa qué hace el cuerpo, qué dice la mente, y si se puede quedar ahí un rato sin salir corriendo. El resultado se parece al de la exposición de la TCC, con una meta distinta: que el joven aprenda que puede tener ansiedad y seguir, baje o no.

    Defusión: mirar los pensamientos, no mirar desde ellos

    Es la parte que mejor suele funcionar con adolescentes porque es casi un juego. Ponerle voz de personaje al pensamiento crítico, cantarlo con la melodía del cumpleaños feliz, escribirlo en una tarjeta y llevarla en el bolsillo, agradecerle a la mente por el aporte. La metáfora de los pasajeros del bus (Hayes, Strosahl y Wilson, 2015, pp. 299-300; Wilson y Luciano, 2002, p. 170) es la más usada: los pensamientos y emociones son pasajeros que amenazan y gritan desde atrás; el adolescente es el chofer, y puede seguir manejando hacia donde eligió aunque los pasajeros no se callen. Con práctica, el adolescente aprende a decir «ahí está otra vez el pasajero» y a seguir con lo suyo.

    Valores: para qué vale la pena pasarlo mal

    Este es el motor de la terapia y también lo que más engancha a un adolescente, porque por una vez alguien le pregunta qué le importa a él, no qué tiene que hacer. Los valores son direcciones («ser alguien en quien mis amigos confían», «aprender cosas que me interesan»), a diferencia de las metas («subir el promedio»), que se cumplen y se acaban. Wilson y Luciano (2002, p. 174) proponen usar la propia metáfora del hoyo como brújula: antes de cada decisión, preguntarse si dar ese paso es cavar o salir. La diana de valores (una hoja con áreas de vida donde el joven marca qué tan cerca está de lo que le importa) funciona bien a esta edad porque es visual y no exige explicarse.

    Acción comprometida: el paso de esta semana

    Cada sesión termina con algo que hacer, chico y concreto, en la dirección de un valor: mandarle un mensaje al amigo que dejó de ver, ir al entrenamiento aunque tenga ganas de faltar, hacer la exposición oral con la voz temblando. Y en la sesión siguiente se revisa qué apareció (los pasajeros) y qué hizo el chofer.

    El modelo DNA-V: la ACT traducida al lenguaje adolescente

    Louise Hayes y Joseph Ciarrochi (2015) diseñaron una adaptación de la ACT específica para adolescentes, el modelo DNA-V, que reemplaza los seis procesos por tres «personajes» más fáciles de recordar: el Descubridor (D, el que prueba cosas nuevas y aprende de la experiencia), el Observador (N, de noticer, el que nota lo que pasa en el cuerpo y en las emociones) y el Consejero (A, de advisor, la voz interna que da reglas y predicciones), todos al servicio de los Valores (V). La idea es que el adolescente aprenda a saber cuál está al mando en cada momento y a cambiar de uno a otro con flexibilidad.

    El DNA-V tiene ya algún ensayo propio. En un estudio con 139 estudiantes de octavo básico de Pekín, asignados al azar a DNA-V presencial, DNA-V por internet o un control activo, el grupo presencial redujo la ansiedad a los dos meses (d = 0,56) y también la fusión cognitiva (d = 0,51) respecto a su línea base (Shao et al., 2024). Es un estudio en aulas, no en pacientes: respalda el modelo como prevención; su eficacia en adolescentes con un trastorno diagnosticado no está medida por separado todavía.

    Qué hacen los padres mientras tanto

    Depende de la edad y de lo que el adolescente quiera, pero rara vez los padres quedan fuera. Lo habitual es que participen en algunas sesiones (la primera, alguna intermedia y la de cierre) y que aprendan dos cosas.

    La primera es dejar de ser un pasajero más del bus. Un padre que dice «no te pongas nervioso, no es para tanto» está pidiendo justo lo que la terapia enseña a no pedir: que el adolescente cambie lo que siente antes de actuar. Los padres aprenden a validar («entiendo que te dé miedo») y a apoyar la acción («¿y qué harías si igual fueras?») en vez de a discutir la emoción.

    La segunda es reforzar valores, no síntomas. En casa se puede preguntar qué le importó del día, qué hizo que le costara, qué pasajero apareció. Y evitar la pregunta «¿cómo estás de la ansiedad?» como saludo diario, que convierte el síntoma en el centro de la casa.

    Sobre el papel de los padres en ACT con adolescentes con ansiedad o depresión hay poca investigación específica; los ensayos de ACT «parental» que existen están hechos sobre todo con padres de niños con autismo, parálisis cerebral o enfermedades crónicas. Lo anterior es práctica clínica coherente con el modelo, no un hallazgo de ensayo. Si además el padre o la madre tiene su propia ansiedad sin tratar, conviene que la mire aparte: el modelo no puede funcionar en un joven si en casa se le enseña lo contrario todos los días.

    ¿Cuánto dura y cómo saber si está funcionando?

    No hay una cifra oficial de sesiones. En los ensayos con adolescentes los protocolos van de programas breves de 5 semanas por internet (Puolakanaho et al., 2019) a 8 sesiones grupales (Binder, Koenig, Resch y Kaess, 2024) y 10 sesiones semanales individuales o grupales (Hancock et al., 2018; Wicksell, Melin, Lekander y Olsson, 2009). Fuera de los ensayos, la duración se acuerda con el terapeuta según el problema y la persona, y conviene fijar desde el inicio un punto de revisión (por ejemplo, a la sexta u octava sesión) para decidir si seguir, ajustar o cerrar.

    Lo que sí se puede decir es en qué se nota que va bien, y no es «ya no tiene ansiedad». Las señales que importan en ACT son conductuales:

    • Vuelve a hacer cosas que había dejado (salir, ir al colegio, entrenar, hablar en clases), aunque siga sintiéndose nervioso al hacerlas.
    • Habla de sus pensamientos como pensamientos: «me apareció la idea de que no sirvo», en vez de «no sirvo».
    • Tolera mejor la incomodidad: se queda en una situación difícil unos minutos más que antes.
    • Puede decir qué le importa, en sus palabras, y toma alguna decisión chica basada en eso.
    • Discute menos con sus propias emociones y con los adultos que se las señalan.

    Si a las 6 u 8 sesiones no aparece ninguna de estas señales, es momento de revisar el plan con el terapeuta, no de esperar a que «haga efecto».

    Cuándo la ACT no es la primera opción

    La ACT es una terapia para aprender a vivir con malestar en la dirección de lo que importa. Hay situaciones en las que antes hay que asegurar otra cosa.

    • Riesgo suicida activo o autolesiones frecuentes. Lo primero es un plan de seguridad y, si hace falta, evaluación psiquiátrica. Hay algún estudio de ACT en autolesión no suicida, pero es retrospectivo y sin asignación al azar; no alcanza para tomarlo como tratamiento de primera línea.
    • Depresión moderada a grave con deterioro marcado. En Chile, la depresión en personas de 15 años y más es una garantía GES, con acceso a tratamiento (incluida evaluación de medicación) en plazos definidos. Los trastornos de ansiedad no tienen garantía GES.
    • Trastorno de conducta o agresividad como problema principal. Como vimos, la evidencia de ACT ahí es mixta y débil; hay intervenciones con más respaldo.
    • Consumo de sustancias grave, psicosis o trastorno alimentario con riesgo médico. Necesitan un tratamiento especializado; la ACT puede ser parte, no el eje.
    • El adolescente no quiere ir. No es una contraindicación, pero cambia el plan: se empieza con los padres o con una o dos sesiones de «solo conocerse», sin compromiso de continuar.

    Si no tienes claro si lo que le pasa a tu hijo es ansiedad normal de la edad, un trastorno o algo más, la guía sobre trastornos psicológicos en la adolescencia ayuda a ubicarse antes de consultar. Y el test gratuito de ansiedad y depresión da una primera orientación, sin reemplazar la evaluación.

    Cómo encontrar terapia ACT para adolescentes en Chile

    Si buscas un psicólogo ACT en Chile, ten en cuenta que no existe una acreditación oficial «ACT» que puedas exigir. Lo que sí puedes hacer es preguntar. Estas preguntas ayudan a saber si el psicólogo trabaja de verdad con este modelo:

    1. ¿Con qué enfoque trabaja con adolescentes? Si la respuesta es «ecléctico» o «integrativo» sin más, pide que te explique qué hace en una sesión típica.
    2. ¿Qué formación tiene en ACT? Cursos, supervisión, pertenencia a la Association for Contextual Behavioral Science (ACBS), que es la sociedad científica del modelo y mantiene un directorio de terapeutas.
    3. ¿Cómo incluye a los padres? Una respuesta clara (cuántas sesiones, para qué) es buena señal.
    4. ¿Cómo mide si está funcionando? Debería hablar de conductas y de flexibilidad, no solo de «que se sienta mejor».
    5. ¿Trabaja online? El metaanálisis de depresión adolescente encontró que la ACT presencial rindió mejor que la ACT por internet (Yu et al., 2025), pero «por internet» mezcla formatos muy distintos: un programa autoaplicado en una app no es lo mismo que una sesión por videollamada con un psicólogo. Para un adolescente de región, o que no quiere ir a una consulta, la terapia ACT para jóvenes por videollamada con terapeuta sigue siendo una opción válida.

    Sobre cobertura: la depresión desde los 15 años entra en el GES; la ansiedad no. Para el resto, revisa qué cubre tu plan de isapre o Fonasa antes de empezar. Y si necesitas orientación más general sobre salud mental adolescente, la ficha de la OMS y la página de MedlinePlus sobre salud mental del adolescente son buenos puntos de partida.

    Preguntas frecuentes

    ¿La ACT es lo mismo que mindfulness?

    No, aunque lo incluye. El mindfulness (atención al momento presente sin juicio) es uno de los seis procesos de la ACT. La diferencia es que la ACT además trabaja valores y acción comprometida: observar la ansiedad es la mitad; la otra mitad es hacer lo que importa mientras la ansiedad está ahí. Un programa solo de mindfulness no es ACT.

    ¿Sirve la ACT si mi hijo adolescente no quiere ir a terapia?

    Puede servir, con un plan distinto. Se empieza con los padres, o se ofrece al adolescente una o dos sesiones sin compromiso, centradas en lo que a él le importa y no en «arreglarlo». La ACT tiene la ventaja de no exigirle que quiera cambiar lo que siente; solo le pide que pruebe si hay otra forma de vivir con eso.

    ¿Cuántas sesiones de ACT necesita un adolescente?

    No hay un número fijo. En los ensayos clínicos los programas van de 5 a 10 sesiones; fuera de ellos, la duración se acuerda con el terapeuta y se revisa por el camino. La duración la marcan las señales de flexibilidad, más que el calendario: volver a hacer lo que había dejado, hablar de los pensamientos como pensamientos, tolerar mejor la incomodidad.

    ¿La ACT funciona para la ansiedad en adolescentes?

    Sí. Un metaanálisis de 27 ensayos clínicos con 2.860 adolescentes encontró que la ACT reduce la ansiedad y la depresión más que no hacer nada y de forma comparable a la terapia cognitivo-conductual. En el ensayo que las comparó directamente en niños con trastorno de ansiedad, ambas superaron a la lista de espera con mejoras que se mantuvieron a los tres meses.

    ¿Qué es mejor para un adolescente, ACT o TCC?

    Las dos tienen evidencia y ninguna es claramente superior en síntomas. La TCC clásica trabaja cambiando el contenido de los pensamientos; la ACT cambia la relación con ellos sin discutirlos. Muchos adolescentes toleran mejor la segunda porque no sienten que les están corrigiendo la forma de pensar. Lo razonable es elegir según el joven y el terapeuta disponible, no por una supuesta jerarquía.

    ¿La ACT online funciona con adolescentes?

    Los programas de ACT por internet tienen efectos pequeños en estrés y rindieron menos que la ACT presencial en depresión adolescente. Pero «por internet» agrupa formatos muy distintos. Una sesión por videollamada con un psicólogo mantiene la relación terapéutica, los ejercicios y las tareas; un programa autoaplicado no. Para adolescentes de regiones o que se niegan a ir a una consulta, es una opción válida.

    ¿Qué es el modelo DNA-V?

    Es la adaptación de la ACT para adolescentes creada por Louise Hayes y Joseph Ciarrochi. Resume los procesos de la terapia en tres «personajes» (Descubridor, Observador y Consejero) al servicio de los Valores, para que el joven aprenda cuál está al mando en cada momento y cambie con flexibilidad. Tiene evidencia como programa de prevención en colegios; su eficacia clínica en adolescentes diagnosticados aún no se ha medido por separado.

    Un adolescente no necesita dejar de sentir para empezar a vivir

    Eso es, en una frase, lo que la terapia de aceptación y compromiso para adolescentes ofrece: permiso para tener miedo, rabia o tristeza y, aun así, ir al colegio, mandar el mensaje, presentarse a la prueba. La evidencia dice que funciona tan bien como la TCC para la ansiedad y la depresión en esta edad, que ayuda en el estrés cuando se dirige a quien lo necesita y que tiene apoyo preliminar en dolor y enfermedad crónica. No es magia y no es para todo, pero para un joven que ya está cansado de pelear con su propia cabeza suele ser la conversación correcta.

    Si crees que tu hijo o tu hija podría beneficiarse de este enfoque, o si eres tú el adolescente que llegó hasta aquí, puedes agendar una primera consulta online para evaluar qué está pasando y qué tipo de terapia conviene. Una sesión de evaluación no compromete a nada; sirve para decidir con información.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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