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  • Trauma generacional: cómo se transmite y cómo se corta el ciclo

    Trauma generacional: cómo se transmite y cómo se corta el ciclo

    Tu abuela creció con miedo, tu madre aprendió a no hablar de lo que dolía y tú, sin saber bien por qué, te sobresaltas cuando alguien levanta la voz. Quien busca “trauma generacional: cómo se transmite” suele tener una escena así: algo que se repite en la familia y que nadie eligió. La pregunta de fondo es cómo se transmite el trauma generacional, y la respuesta de la investigación es más concreta (y menos fatalista) que lo que circula en redes.

    Más abajo vas a ver qué tan fuerte es la asociación entre lo que vivieron los padres y lo que viven los hijos, por qué canales pasa (crianza, apego, silencio familiar, biología del embarazo), qué se sabe de la epigenética y qué todavía no, y qué ayuda a cortar el ciclo. Es un tema donde las cifras importan, porque ponen el miedo en su tamaño real.

    En dos líneas: el trauma generacional es la asociación observada entre lo que vivió una generación y la salud mental de la siguiente. La evidencia muestra un vínculo real pero modesto, que pasa sobre todo por la crianza, el apego y el clima emocional de la familia, y que no es un destino: hay factores que lo frenan y tratamientos que ayudan.

    ¿Qué es el trauma generacional o transgeneracional y existe en la ciencia?

    El trauma generacional (también llamado trauma intergeneracional o trauma transgeneracional) describe cómo las consecuencias de una experiencia traumática, como una guerra, un abuso, la violencia en el hogar o una pérdida devastadora, aparecen en los hijos y nietos de quienes la vivieron. Es un campo de investigación con nombre popular y no figura entre los diagnósticos.

    Ese campo existe y es serio. Una revisión reciente lo resume así: la transmisión del trauma ocurre dentro de contextos biológicos, psicológicos y socioculturales a la vez, y por eso se estudia mejor con modelos que combinan varios niveles que con una sola explicación (Beeghly, 2024). Esa idea ordena todo lo que sigue: hay varios mecanismos y se suman entre sí.

    Si el trauma que te interesa es el propio, tienes un artículo sobre qué es el trauma psicológico y cómo se evalúa. Aquí el foco está en lo que pasa de una generación a la otra.

    ¿Cuánto afecta el trauma de los padres a los hijos? Lo que dicen las cifras

    Una revisión sistemática con metaanálisis de 52 estudios encontró que las experiencias adversas en la infancia de los padres se asocian con más problemas de salud mental en los hijos, con una correlación de 0,17 (Racine et al., 2025). Para los problemas externalizantes (conducta, rabia, impulsividad) la correlación fue de 0,20, y para los internalizantes (ansiedad, tristeza) de 0,17. Esa asociación no cambió según la edad o el sexo del niño ni según el nivel de ingresos de la familia. Y la evidencia preliminar sugiere que no se asocia con el desarrollo cognitivo ni del lenguaje.

    Otro metaanálisis de 12 estudios prospectivos midió lo mismo en un caso más específico, el maltrato que sufrió la madre en su infancia, y halló un efecto pequeño pero significativo sobre la depresión y los problemas internalizantes de sus hijos (r = 0,14; Su et al., 2022). Los estudios variaban bastante entre sí.

    ¿Cómo se lee una correlación de 0,15 o 0,20? Como una asociación real y modesta. En promedio el riesgo de los hijos sube, y cada hijo tiene su propio recorrido. Esa es la diferencia entre un factor de riesgo y una sentencia.

    Otros hallazgos ayudan a poner matices:

    • En hijos de veteranos de guerra, la revisión de Dekel y Goldblatt (2008) se preguntó qué padres transmiten más su malestar, qué se transmite y a qué niños afecta más, y concluyó que se sabe poco sobre la resiliencia y los factores que protegen.
    • En descendientes de sobrevivientes del Holocausto, una revisión de 23 estudios encontró que la salud mental de los padres, la crianza percibida y la calidad del apego influían en el bienestar de los hijos, y que tener dos padres sobrevivientes se asociaba con más problemas que tener uno (Dashorst et al., 2019).

    Trauma generacional: ¿cómo se transmite de una generación a la siguiente?

    La investigación identifica varios caminos. Ninguno funciona como un contagio automático.

    La crianza

    Una revisión sistemática de 97 estudios sobre cómo crían los adultos que sufrieron maltrato en su infancia mostró varios patrones (Greene et al., 2020):

    • Quienes vivieron o presenciaron violencia física en casa tienen más riesgo de reportar crianza abusiva o negligente.
    • El riesgo aumenta con la acumulación: varios tipos de maltrato o repetidos pesan más que un episodio aislado.
    • Aparecen más inversión de roles (el hijo cuida al adulto), rechazo y retraimiento hacia los hijos.
    • Parte del efecto pasa por la violencia de pareja en la adultez y por la salud mental de la madre. Es decir, el trauma antiguo se transmite en buena medida a través de un presente difícil.

    Los autores advierten que la mayoría de estos estudios depende de lo que los propios adultos cuentan sobre su infancia y su crianza, y que hay pocos estudios prospectivos.

    Judith Herman, en su libro de referencia sobre trauma complejo, describe además un mecanismo cotidiano: los eventos normales del desarrollo infantil, como una rabieta o un juego brusco, pueden reactivar los síntomas del estrés postraumático en un padre o madre, que responde con irritabilidad y luego con culpa y miedo de haber “contagiado” al hijo (Herman, 1997). También describe la oscilación entre el retraimiento y la sobreprotección ansiosa. Herman subraya que la gran mayoría de los sobrevivientes no maltrata activamente a sus hijos, y que muchos sienten un deseo intenso de protegerlos de lo que ellos vivieron.

    Un seguimiento de 23 años a niñas con abuso sexual probado y a un grupo de comparación lo muestra con matices. Los hijos de las mujeres abusadas tenían mayor riesgo de maltrato y de problemas de desarrollo, junto con una variabilidad enorme dentro del grupo (Trickett et al., 2011). Hay riesgo, y también hay muchas historias que no se repiten.

    El apego

    El apego es el vínculo de seguridad que el bebé construye con quien lo cuida. Un metaanálisis clásico mostró que la forma en que un adulto habla de su propia infancia predice con bastante precisión (cerca de 75 % de coincidencia) si su bebé desarrollará un apego seguro (van IJzendoorn, 1995). Ese mismo trabajo habló de una “brecha de transmisión”: la sensibilidad de los padres no explicaba toda la coincidencia.

    Una síntesis posterior de 95 muestras confirmó la transmisión del apego (r = 0,31 para el apego seguro y r = 0,21 para el no resuelto) y encontró que era menor que hace dos décadas, y que la sensibilidad parental sigue sin explicarla por completo (Verhage et al., 2016). Un estudio con datos individuales de 4.396 díadas halló que la transmisión era más débil en condiciones de riesgo social (Verhage et al., 2018). El contexto pesa.

    El apego más ligado al trauma es el desorganizado, en que el bebé necesita a quien cuida y a la vez le teme. Un metaanálisis vinculó el duelo o trauma no resuelto del cuidador con conductas parentales anómalas (r = 0,26) y con apego desorganizado del bebé (r = 0,21), aunque esas conductas explicaban solo una parte pequeña de la transmisión (Madigan et al., 2006). Si quieres ver cómo se vive eso de adulto, tienes el artículo sobre apego desorganizado en adultos, y para la primera infancia el de apego y desarrollo infantil temprano.

    Un dato más ilustra lo temprano que puede empezar: en un seguimiento de 56 familias de alto riesgo, la retirada afectiva de la madre a los 18 meses predijo síntomas límite y autolesión o conducta suicida a los 20 años, de forma independiente a la gravedad del abuso sufrido (Lyons-Ruth et al., 2013). Es una muestra pequeña y de riesgo, así que sirve para entender el mecanismo, no para estimar cuántas personas lo viven.

    El silencio y el rol de los hijos

    Herman describe familias donde se impone una regla de silencio: lo que pasó no se nombra, y la vergüenza no dicha viaja a la siguiente generación (Herman, 1997). Si ese tema te toca, el artículo sobre la diferencia entre culpa y vergüenza ayuda a ponerle nombre a lo que sientes.

    Otro rol descrito es el del hijo que cuida a los padres. La parentificación ocurre cuando un niño asume responsabilidades de adulto antes de tiempo, ya sea tareas o la contención emocional de sus padres. Una revisión de 95 estudios encontró que algunos jóvenes salen con aprendizajes positivos, y que los resultados negativos más comunes fueron problemas internalizantes, externalizantes y de salud física, con diferencias según el apoyo recibido y cómo vivió el joven esa carga (Dariotis et al., 2023).

    El embarazo y la biología

    El trauma de la madre puede influir antes del nacimiento. Una revisión de 2024 describe que la violencia sufrida por la madre y su psicopatología se asocian con alteraciones del desarrollo y problemas emocionales en los hijos, y que parte de la transmisión puede darse por procesos fetales y perinatales, efectos genéticos y epigenéticos, y la interacción posterior con los padres (Graf y Schechter, 2024). El matiz está en “parte”: la biología se suma a la crianza.

    ¿Se hereda el trauma en el ADN? Lo que se sabe de la epigenética

    La epigenética estudia marcas químicas que regulan cuánto se activa un gen sin cambiar su secuencia. Es el argumento favorito de las notas de divulgación sobre trauma generacional, y conviene separar lo observado de lo que se le atribuye.

    Lo observado: en un estudio con 80 adultos hijos de sobrevivientes del Holocausto y 15 comparaciones, el equipo de Rachel Yehuda midió en sangre la metilación de un gen que regula la respuesta al estrés (el receptor de glucocorticoides). Encontró que la metilación cambiaba según si el padre, la madre o ambos tenían estrés postraumático, y que se asociaba con la respuesta de cortisol (Yehuda et al., 2014). Los autores lo presentaron como el primer estudio en mostrar esa relación.

    Lo que se le atribuye: la propia Yehuda y su equipo escribieron después que atribuir un mecanismo epigenético específico a los efectos del trauma de los padres es prematuro con los datos actuales en humanos. Piden evitar tanto las versiones sensacionalistas como el determinismo biológico, y advierten que estas noticias pueden leerse como “daño permanente” cuando la investigación apunta también a la capacidad de adaptación y cambio (Yehuda et al., 2018).

    Un estudio más reciente con 371 personas, entre ellas 186 nietos y bisnietos de sobrevivientes mostró patrones de metilación ligados a mayor reactividad al estrés y, a la vez, patrones ligados al sistema de la oxitocina (vínculo y regulación social). Los descendientes mostraron menos evitación en el apego y no tenían más psicopatología que los demás (Oren et al., 2025). Los autores lo leen como una mezcla de vulnerabilidad y resiliencia.

    El balance honesto: hay señales biológicas en los descendientes, y todavía no está probado que esas marcas causen los síntomas ni que se hereden como un rasgo fijo. Tampoco existe un “gen del trauma”. La herencia emocional pasa, sobre todo, por lo que ocurre en casa.

    Trauma colectivo: guerras, genocidios y violencia política

    Cuando el trauma es de toda una comunidad, la pregunta cambia de escala. Una revisión de 36 estudios sobre genocidios mostró que el estilo de crianza, el apego entre padres e hijos y el funcionamiento familiar aparecen como vías de transmisión parecidas en países y culturas muy distintas (Kim y Jordan, 2026). También señaló un límite: faltan diseños que midan a la vez la exposición al trauma y sus efectos en los descendientes, y los valores de crianza y el funcionamiento familiar son propios de cada cultura.

    Si tu familia cargó con una guerra, un exilio, una persecución o una pérdida colectiva, los mecanismos que más se repiten son la crianza, el apego y el funcionamiento familiar, es decir, la manera en que la familia aprendió a protegerse (silencio, alerta, control).

    ¿Todo lo que se repite en una familia es trauma generacional?

    No. Antes de atribuir algo a una herencia traumática, vale revisar explicaciones más cercanas:

    • Estrés actual. La revisión sobre descendientes del Holocausto incluyó el estrés adicional y los eventos de vida como parte de lo que influye en los hijos (Dashorst et al., 2019), y la de Greene mostró que la depresión de la madre y la violencia de pareja explican parte del vínculo.
    • Aprendizaje por modelado. Un hijo imita cómo su familia grita, calla o evita, sin que nadie haya vivido un trauma.
    • Otros trastornos. La depresión, la ansiedad o el consumo de sustancias de los padres afectan a los hijos por sí mismos.

    Atribuirlo todo al trauma tiene un costo: puede ocultar causas actuales y más tratables, y puede dar la sensación de que “estás roto de fábrica”. Es justo lo que la propia Yehuda quería evitar al pedir cuidado con cómo se cuenta esta historia.

    Un caso aparte son las llamadas constelaciones familiares, un método grupal muy asociado a este tema. Una revisión sistemática de 12 estudios (568 participantes) encontró en cinco estudios un efecto moderado sobre síntomas generales (g = 0,53), y concluyó que la cantidad y la calidad de la evidencia son bajas. De los siete estudios que midieron efectos negativos, cuatro los reportaron en una proporción pequeña de participantes (5 a 8 %) (Konkolÿ Thege et al., 2021). Es un método con respaldo débil, no una terapia con eficacia demostrada para el trauma.

    Señales de que podría haber trauma generacional o herencia emocional familiar

    Esta lista no sirve para autodiagnosticarte. Reúne patrones que la investigación describe y que pueden ser un motivo para conversarlo con un profesional:

    • Un tema grande de la historia familiar que nadie nombra, y que cuando aparece cambia el ambiente (regla de silencio).
    • Haber sentido desde niño que tu trabajo era cuidar el ánimo de tus padres (parentificación).
    • Vivir tu infancia con adultos que alternaban entre estar muy lejos y encima tuyo, o con reacciones impredecibles ante cosas pequeñas.
    • Reaccionar con un miedo o una rabia desproporcionados ante situaciones que, para otros, son menores, y no saber de dónde viene.
    • Notar con tus propios hijos que alternas entre retraerte y sobreprotegerlos, o que ciertas conductas de ellos te disparan una reacción muy intensa.

    Si varias te resuenan, puedes revisar si hay síntomas de estrés postraumático con el test de TEPT, que orienta y no diagnostica, o leer el artículo sobre TEPT complejo, que se da cuando el trauma fue repetido y en la infancia.

    ¿Se puede cortar el ciclo? Lo que ayuda según la evidencia

    La buena noticia de este campo es que el vínculo entre generaciones es probabilístico y se puede intervenir. Esto es lo que respaldan los estudios.

    Tratar el trauma propio. Quien se recupera protege a la siguiente generación. Herman describe que, al integrar su historia, muchos sobrevivientes pueden contarla a sus hijos de forma medida y no invasiva, y que esa historia deja de ser un secreto que asusta. El tratamiento del trauma tiene su propio recorrido: puedes ver cómo funciona la terapia de exposición y qué dice la evidencia sobre EMDR.

    Trabajar el vínculo cuando los hijos son pequeños. En un ensayo con 75 díadas madre-hijo de 3 a 5 años, la psicoterapia niño-padres mejoró la conducta de los niños y el malestar de las madres frente a un manejo de caso con derivación, y las mejoras se mantuvieron a los 6 meses en quienes completaron el tratamiento; en el análisis por intención de tratar, la mejoría del malestar materno no fue significativa (Lieberman et al., 2006). Otra intervención para niños y familias tras la revelación de un abuso, evaluada en 640 díadas, redujo también los síntomas de estrés postraumático de los cuidadores: 62 % de los que partían con síntomas clínicos tuvo una mejoría clínicamente relevante (Hahn et al., 2019). Tratar al hijo, en esos casos, alivió al adulto.

    Afinar la sensibilidad parental, con expectativas realistas. Un metaanálisis de 15 intervenciones para prevenir el apego desorganizado encontró un efecto global nulo, y un efecto de 0,24 en las que se centraban solo en la sensibilidad de los padres (Bakermans-Kranenburg et al., 2005). Es decir, funcionaron mejor las intervenciones que trabajan cómo leer y responder a las señales del bebé que las centradas en el apoyo general o en las representaciones de los padres.

    Construir lo que la teoría del apego llama seguridad ganada. Quienes tuvieron una infancia difícil y logran armar un relato coherente y reflexivo de ella pueden criar con la misma sensibilidad cotidiana que quienes tuvieron una infancia segura, según lo que recogen los textos de apego (Phelps et al., 1998). Se construye con tiempo y acompañamiento: suele pasar con una relación significativa o con una psicoterapia que ofrezca una base segura.

    Buscar apoyo que reconozca la carga. En la revisión sobre parentificación, los resultados dependían en parte del apoyo que recibió el joven y de si su esfuerzo fue reconocido (Dariotis et al., 2023). Una familia, una pareja o un terapeuta que nombran lo que pasó cambian el desenlace.

    Si eres madre o padre y viviste trauma

    No necesitas esperar a estar “sanado” para cuidar mejor. Lo que sí conviene es conocer tus disparadores: las situaciones con tus hijos que te desbordan (llantos, rabietas, desobediencia) suelen decir algo de tu historia. Reconocerlos de antemano permite planear qué hacer en esos momentos, idealmente con apoyo profesional. Cuenta lo necesario a su edad, sin cargarlos con detalles; Herman llama a esto compartir la historia de forma discreta y como fuente de aprendizaje, no de miedo (Herman, 1997).

    Sobre la culpa: Herman la describe como parte de la experiencia de estos padres, que temen haber “contagiado” a sus hijos, y se puede trabajar en terapia. También puede ayudarte el artículo sobre duelo traumático si hubo una pérdida en el centro de la historia.

    ¿Cuándo consultar?

    Considera pedir una evaluación si hay recuerdos o pesadillas intrusivas, evitación de temas o lugares, hipervigilancia o reacciones muy intensas que se repiten, si sientes que tu historia afecta cómo criaste o cómo te vinculas con tus hijos o tu pareja, o si el tema familiar te genera ansiedad, tristeza o rabia que no logras manejar. Un psicólogo clínico puede evaluar si hay estrés postraumático, ordenar qué viene de tu historia y qué del presente, y planificar un tratamiento. La terapia online permite hacerlo desde casa.

    Si junto con esto aparecen ideas de no querer seguir viviendo, llama al *4141 (Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud) o acude a una urgencia. Si hay violencia en tu casa hoy, ese es el primer problema a resolver, antes que cualquier trabajo con la historia familiar.

    Como orientación general sobre el estrés postraumático, la Organización Mundial de la Salud, MedlinePlus y la American Psychological Association tienen información de consenso.

    Preguntas frecuentes

    ¿El trauma generacional existe de verdad?

    Existe como fenómeno investigado: los metaanálisis encuentran que las experiencias adversas de los padres se asocian con más problemas de salud mental en sus hijos, con una correlación modesta de alrededor de 0,17 (Racine et al., 2025). No es un diagnóstico, y la asociación no es un destino.

    ¿El trauma se hereda por los genes?

    El trauma no funciona como el color de ojos: no existe un gen que lo codifique. Se han medido marcas epigenéticas distintas en hijos de sobrevivientes, pero los propios investigadores consideran prematuro atribuirles el origen de los síntomas (Yehuda et al., 2018). Lo mejor documentado es la transmisión por crianza, apego y entorno.

    ¿Cómo sé si lo que me pasa es trauma generacional?

    Con una lista no se puede saber. Hace falta una evaluación que separe lo que viene de tu historia familiar de lo que tiene causas actuales, como depresión, estrés o violencia presente. Un test de estrés postraumático da una orientación inicial, y un psicólogo clínico lo confirma o lo descarta.

    ¿Puedo transmitir mi trauma a mis hijos aunque nunca se lo cuente?

    El riesgo depende menos de si lo cuentas que de cómo respondes a tus hijos, del clima emocional de la casa y de lo que se calla. Herman describe el silencio como parte del problema. Contar lo necesario según la edad, sin detalles que los asusten, y tratar tus propios síntomas reduce el riesgo.

    ¿Las constelaciones familiares sirven para sanar el trauma generacional?

    La evidencia es escasa y de baja calidad. Una revisión de 12 estudios encontró beneficios moderados en síntomas generales, y también efectos negativos leves o moderados en 5 a 8 % de los participantes en estudios que los midieron (Konkolÿ Thege et al., 2021). Si hay síntomas de trauma, conviene una evaluación y una psicoterapia centrada en el trauma.

    ¿Los nietos también se ven afectados?

    Hay estudios en terceras y cuartas generaciones de sobrevivientes del Holocausto. Encontraron huellas biológicas ligadas al estrés, junto con menos evitación en el apego y sin más psicopatología que en la población comparada (Oren et al., 2025). En esas generaciones conviven las huellas del estrés y los recursos.

    Qué hacer esta semana

    Escribe tres preguntas para ti: qué se calla en tu familia, qué rol te tocó de niño y qué conducta tuya o de tus hijos te dispara una reacción desproporcionada. No hace falta tener las respuestas; ponerlas en palabras ya ordena el panorama. Si al hacerlo aparecen recuerdos que te desbordan o síntomas que llevan semanas, agenda una evaluación. Escribe desde la página de contacto y partimos desde ahí.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bakermans-Kranenburg, M. J., van IJzendoorn, M. H., & Juffer, F. (2005). Disorganized infant attachment and preventive interventions: A review and meta-analysis. Infant Mental Health Journal, 26(3), 191-216. https://doi.org/10.1002/imhj.20046

    Beeghly, M. (2024). Toward a multi-level approach to the study of the intergenerational transmission of trauma: Current findings and future directions. Development and Psychopathology, 36(5), 2433-2438. https://doi.org/10.1017/s0954579424000555

    Dariotis, J. K., Chen, F. R., Park, Y. R., Nowak, M. K., French, K. M., & Codamon, A. M. (2023). Parentification vulnerability, reactivity, resilience, and thriving: A mixed methods systematic literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(13), 6197. https://doi.org/10.3390/ijerph20136197

    Dashorst, P., Mooren, T. M., Kleber, R. J., de Jong, P. J., & Huntjens, R. J. C. (2019). Intergenerational consequences of the Holocaust on offspring mental health: A systematic review of associated factors and mechanisms. European Journal of Psychotraumatology, 10(1), 1654065. https://doi.org/10.1080/20008198.2019.1654065

    Dekel, R., & Goldblatt, H. (2008). Is there intergenerational transmission of trauma? The case of combat veterans’ children. American Journal of Orthopsychiatry, 78(3), 281-289. https://doi.org/10.1037/a0013955

    Graf, S., & Schechter, D. S. (2024). The impact of maternal interpersonal violent trauma and related psychopathology on child outcomes and intergenerational transmission. Current Psychiatry Reports, 26(4), 166-175. https://doi.org/10.1007/s11920-024-01491-7

    Greene, C. A., Haisley, L., Wallace, C., & Ford, J. D. (2020). Intergenerational effects of childhood maltreatment: A systematic review of the parenting practices of adult survivors of childhood abuse, neglect, and violence. Clinical Psychology Review, 80, 101891. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101891

    Hahn, H., Putnam, K., Epstein, C., Marans, S., & Putnam, F. (2019). Child and family traumatic stress intervention (CFTSI) reduces parental posttraumatic stress symptoms: A multi-site meta-analysis (MSMA). Child Abuse & Neglect, 92, 106-115. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2019.03.010

    Herman, J. L. (1997). Trauma and recovery: The aftermath of violence, from domestic abuse to political terror. Basic Books. (Obra original publicada en 1992).

    Kim, T., & Jordan, L. P. (2026). A systematic review on intergenerational transmission of genocide-related trauma. Trauma, Violence, & Abuse, 27(4), 1816-1831. https://doi.org/10.1177/15248380251361043

    Konkolÿ Thege, B., Petroll, C., Rivas, C., & Scholtens, S. (2021). The effectiveness of family constellation therapy in improving mental health: A systematic review. Family Process, 60(2), 409-423. https://doi.org/10.1111/famp.12636

    Lieberman, A. F., Ghosh Ippen, C., & Van Horn, P. (2006). Child-parent psychotherapy: 6-month follow-up of a randomized controlled trial. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 45(8), 913-918. https://doi.org/10.1097/01.chi.0000222784.03735.92

    Lyons-Ruth, K., Bureau, J.-F., Holmes, B., Easterbrooks, A., & Brooks, N. H. (2013). Borderline symptoms and suicidality/self-injury in late adolescence: Prospectively observed relationship correlates in infancy and childhood. Psychiatry Research, 206(2-3), 273-281. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2012.09.030

    Madigan, S., Bakermans-Kranenburg, M. J., van IJzendoorn, M. H., Moran, G., Pederson, D. R., & Benoit, D. (2006). Unresolved states of mind, anomalous parental behavior, and disorganized attachment: A review and meta-analysis of a transmission gap. Attachment & Human Development, 8(2), 89-111. https://doi.org/10.1080/14616730600774458

    Oren, G., Shoshani, A., Samra, N. N., Verbeke, W. J. M. I., Vrticka, P., Aisnberg-Shafran, D., & Ein-Dor, T. (2025). From trauma to resilience: Psychological and epigenetic adaptations in the third generation of Holocaust survivors. Scientific Reports, 15(1), 26193. https://doi.org/10.1038/s41598-025-12085-5

    Organización Mundial de la Salud. (s.f.). Trastorno de estrés postraumático. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/post-traumatic-stress-disorder

    Phelps, J. L., Belsky, J., & Crnic, K. (1998). Earned security, daily stress, and parenting: A comparison of five alternative models. Development and Psychopathology, 10(1), 21-38. https://doi.org/10.1017/s0954579498001515

    Racine, N., Deneault, A.-A., Thiemann, R., Turgeon, J., Zhu, J., Cooke, J., & Madigan, S. (2025). Intergenerational transmission of parent adverse childhood experiences to child outcomes: A systematic review and meta-analysis. Child Abuse & Neglect, 168, 106479. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2023.106479

    Su, Y., D’Arcy, C., & Meng, X. (2022). Intergenerational effect of maternal childhood maltreatment on next generation’s vulnerability to psychopathology: A systematic review with meta-analysis. Trauma, Violence, & Abuse, 23(1), 152-162. https://doi.org/10.1177/1524838020933870

    Trickett, P. K., Noll, J. G., & Putnam, F. W. (2011). The impact of sexual abuse on female development: Lessons from a multigenerational, longitudinal research study. Development and Psychopathology, 23(2), 453-476. https://doi.org/10.1017/s0954579411000174

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    Verhage, M. L., Fearon, R. M. P., Schuengel, C., van IJzendoorn, M. H., Bakermans-Kranenburg, M. J., Madigan, S., Roisman, G. I., Oosterman, M., Behrens, K. Y., Wong, M. S., Mangelsdorf, S., Priddis, L. E., Brisch, K.-H., & the Collaboration on Attachment Transmission Synthesis. (2018). Examining ecological constraints on the intergenerational transmission of attachment via individual participant data meta-analysis. Child Development, 89(6), 2023-2037. https://doi.org/10.1111/cdev.13085

    Verhage, M. L., Schuengel, C., Madigan, S., Fearon, R. M. P., Oosterman, M., Cassibba, R., Bakermans-Kranenburg, M. J., & van IJzendoorn, M. H. (2016). Narrowing the transmission gap: A synthesis of three decades of research on intergenerational transmission of attachment. Psychological Bulletin, 142(4), 337-366. https://doi.org/10.1037/bul0000038

    Yehuda, R., Daskalakis, N. P., Lehrner, A., Desarnaud, F., Bader, H. N., Makotkine, I., Flory, J. D., Bierer, L. M., & Meaney, M. J. (2014). Influences of maternal and paternal PTSD on epigenetic regulation of the glucocorticoid receptor gene in Holocaust survivor offspring. American Journal of Psychiatry, 171(8), 872-880. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2014.13121571

    Yehuda, R., Lehrner, A., & Bierer, L. M. (2018). The public reception of putative epigenetic mechanisms in the transgenerational effects of trauma. Environmental Epigenetics, 4(2), dvy018. https://doi.org/10.1093/eep/dvy018

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    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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