Tu hijo se olvida de la tercera instrucción, pierde el hilo a mitad de una cuenta o vuelve a su pieza sin lo que fue a buscar. Entonces buscas ejercicios de memoria de trabajo para niños y encuentras decenas de listas de juegos, casi todas sin un solo estudio detrás.
Aquí tienes actividades concretas por edad y, junto a ellas, lo que la investigación dice de verdad sobre entrenar esta función. Los juegos sirven para practicar. Lo que más cambia el día a día de un niño con poca memoria de trabajo es pedirle que recuerde menos cosas a la vez.
Respuesta corta: los ejercicios de memoria de trabajo mejoran la tarea que se practica y, según los metaanálisis más amplios, casi nada fuera de ella (lectura, cálculo o inteligencia). Lo que sí ayuda en la vida diaria es dar instrucciones cortas, apoyarse en listas y notas a la vista, cuidar el sueño y mover el cuerpo con juegos que exijan pensar.
¿Qué es la memoria de trabajo y cuánto se espera según la edad?
La memoria de trabajo es el espacio mental donde un niño sostiene información unos segundos mientras la usa. Por ejemplo, los números de una suma mientras la resuelve o los pasos de una instrucción mientras los ejecuta. Madura despacio con la edad y pesa mucho en el aprendizaje. Si quieres el detalle del modelo y de cómo se evalúa, está en la guía sobre memoria de trabajo.
En un estudio con niños de 4 a 15 años, el rendimiento creció de forma aproximadamente lineal con la edad en todas las medidas, y la estructura básica del sistema ya estaba presente desde los 6 años (Gathercole et al., 2004).
Importa porque predice el aprendizaje. La memoria de trabajo de los niños a los 5 años fue el mejor predictor de su lectoescritura y aritmética seis años después, por encima del CI (Alloway y Alloway, 2010). Un metaanálisis de 197 estudios halló una relación moderada con la lectura (r = 0,29) (Peng et al., 2018).
Para tener una idea de lo esperable, las tablas de la ENI-2 (una batería neuropsicológica infantil con muestras de niños colombianos y mexicanos) ubican el promedio en torno a 3 o 4 dígitos repetidos en el mismo orden a los 5 años y unos 6 hacia los 11 y 12.
En orden inverso, que obliga a manipular los números, el promedio parte en 2 dígitos a los 5 años y llega a 4 o 5 a los 12 (Matute et al., 2013).
Son rangos para entender el desarrollo. No sirven para evaluar a tu hijo en casa: un resultado suelto no dice nada, y la evaluación la hace un profesional con la prueba completa.
¿Sirven los ejercicios y juegos de memoria de trabajo para niños?
Sirven para mejorar la tarea que se practica. Que ese avance llegue a la lectura, al cálculo o a las notas es lo que casi ningún metaanálisis logra mostrar. Por eso conviene tomarlos como práctica y como un rato compartido, y no esperar de ellos un efecto sobre el rendimiento escolar.
En niños con desarrollo típico, un metaanálisis de 41 estudios con 2.375 niños encontró efectos de pequeños a medianos en tareas de memoria parecidas a la entrenada. En inteligencia, matemáticas y lenguaje no hubo cambios cuando el grupo de comparación también hacía una actividad (Sala y Gobet, 2020).
Una revisión de 87 publicaciones llegó a la misma conclusión: mejoras inmediatas en tareas cercanas y ninguna transferencia lejana convincente frente a grupos de comparación activos (Melby-Lervåg et al., 2016).
Niños con TDAH
En 16 ensayos con 759 niños con TDAH, el entrenamiento cognitivo mejoró la memoria de trabajo en pruebas de laboratorio. Con evaluadores que no sabían qué grupo recibió el entrenamiento, los síntomas casi no cambiaron, y tampoco hubo efecto en el rendimiento académico (Cortese et al., 2015).
Una actualización con 36 ensayos y resultados ciegos y objetivos no encontró efecto sobre los síntomas totales de TDAH (Westwood et al., 2023).
La guía clínica española de TDAH resume los metaanálisis en el mismo sentido: ganancias grandes e inmediatas en tareas parecidas a las entrenadas, ningún beneficio destacable en otras capacidades y sin evidencia de que los efectos duren.
Aun así recomienda (grado B) incluir intervenciones escolares dentro del tratamiento, y entre ellas nombra el entrenamiento de la memoria operativa (Grupo de Trabajo de la GPC sobre las Intervenciones Terapéuticas en el TDAH, 2017).
Niños con memoria de trabajo baja o dificultades de aprendizaje
Aquí los resultados son algo más favorables, aunque con pocos datos. En niños con memoria de trabajo baja, un programa adaptativo (que sube la dificultad hasta el límite del niño) se asoció a ganancias sostenidas, con niveles propios de la edad en la mayoría, y a mejor matemática a los 6 meses (Holmes et al., 2009).
Un metaanálisis de 13 ensayos con 307 niños con dificultades de aprendizaje halló mejoras en memoria de trabajo y en lectura de palabras (tamaños de efecto entre 0,36 y 0,63) que se mantuvieron hasta 8 meses (Peijnenborgh et al., 2016).
Son pocos niños, y estos resultados chocan con los metaanálisis amplios de más arriba. Si tu hijo ya usa un programa, no hace falta que lo abandones por esto, pero tampoco esperes que reemplace las adaptaciones que verás más abajo.
Ejercicios de memoria de trabajo para niños por edad
Ninguna de estas actividades tiene un estudio propio que pruebe que mejore la memoria de trabajo fuera del juego. Son juegos de uso corriente que obligan al niño a retener y manipular información. Los programas que sí mostraron efectos en funciones ejecutivas compartían dos rasgos: práctica repetida y un desafío que sube de a poco (Diamond y Lee, 2011). Por eso cada actividad trae su forma de subir la dificultad.
| Edad orientativa | Actividad | Cómo se juega | Para subir la dificultad |
|---|---|---|---|
| 4 a 6 años | Recados | Le pides «trae tu gorro y ponlo sobre la mesa». | Pasa a tres pasos o añade un orden («primero…, después…») |
| 4 a 6 años | Parejas | Cartas boca abajo; da vuelta dos por turno hasta juntar los pares. | Más pares, o cartas muy parecidas entre sí |
| 4 a 6 años | ¿Qué falta? | Pones cuatro objetos en una bandeja, los miran diez segundos, cierra los ojos y sacas uno. | Más objetos y menos segundos |
| 6 a 9 años | En mi maleta puse… | Cada jugador repite lo anterior y agrega un objeto. | Pedir que los repita en orden o agruparlos por categoría |
| 6 a 9 años | Simón dice con secuencia | «Toca la nariz, salta dos veces y siéntate». | Alargar la secuencia |
| 6 a 9 años | Números al derecho y al revés | Tú dices tres dígitos y él los repite; después, al revés. | Un dígito más cuando le sale varias veces sin error |
| 9 a 12 años | Cálculo mental encadenado | «Parte de 7, suma 5, resta 3 y multiplica por 2». | Más pasos o menos tiempo |
| 9 a 12 años | Receta o plan sin mirar | Lee los pasos de una receta, los repite y los hace sin releer. | Más pasos, o decirlos en voz baja antes de empezar |
| 9 a 12 años | Recontar | Lee un párrafo y cuenta lo que pasó sin volver a mirarlo. | Párrafos más largos, o contarlo desde otro personaje |
El repaso espontáneo (repetirse algo en voz baja para no olvidarlo) aparece hacia los 6 o 7 años y se consolida entre los 8 y los 10. Agrupar por categorías surge hacia los 7 u 8 años y se afianza entre los 10 y los 12 (Matute et al., 2013; Miller, 2012).
Antes de esas edades el niño ya conoce las categorías, pero no las activa solo. Cuando un adulto le enseña a juntar lo que se parece, el rendimiento mejora de forma notoria. Por eso vale la pena nombrar la estrategia mientras juegan: «repítelo en voz baja» o «junta las cosas que se parecen».
Algunas pautas para usarlas, que son criterio práctico y no una dosis demostrada:
- Integra el juego a lo cotidiano (camino al colegio, cocina, hora de la cena) y mantenlo corto.
- Sube un nivel cuando le sale varias veces seguidas sin error. Bájalo si se frustra.
- Detente si se cansa. Sostener el esfuerzo con una memoria de trabajo limitada agota rápido (Lezak et al., 2012).
- Si el juego se vuelve una pelea, déjalo para otro día: nada en la evidencia justifica insistir.
¿Qué ayuda más en la vida diaria? Bajar la carga de memoria de trabajo
Cuando un niño tiene poca memoria de trabajo, lo más eficaz suele ser pedirle que retenga menos a la vez: instrucciones cortas, información a la vista, pasos pequeños y listas. Es lo que proponen los manuales de neuropsicología escolar y la guía clínica española de TDAH.
Una revisión para profesionales concluye que las dificultades de aprendizaje que acompañan a una memoria de trabajo baja pueden reducirse con métodos de apoyo adecuados (Gathercole y Alloway, 2006).
- Una instrucción a la vez, mirándolo a los ojos. La guía para padres de la UNAM sugiere ponerse frente al niño, decir su nombre, usar frases breves, dar una sola indicación y pedirle que la repita para confirmar que la entendió. En vez de «ordena tu pieza»: «tiende la cama», «guarda los juguetes», «la ropa sucia al cesto» (Delgado Villegas y Esparza Meza, s. f.).
- Trozos pequeños y más de un canal. Miller (2012) recomienda presentar explicaciones y consignas en trozos pequeños, combinar lo que se dice con lo que se ve y se hace, y evitar el doble sentido y el sarcasmo.
- La información a la vista. Mantener a mano el enunciado, los datos o los pasos (en el cuaderno, la pizarra o una nota) evita que el niño los cargue en la cabeza mientras calcula o escribe (Aguilera Jiménez, 2004; Luque Parra y Rodríguez Infante, 2006).
- Listas, agenda y mochila revisada. La guía clínica española resume ensayos en que enseñar a anotar tareas y fechas, usar listas de comprobación de materiales y dividir las tareas en pasos mejoró la organización de niños con TDAH, y lo recoge como recomendación de grado B (Grupo de Trabajo de la GPC sobre las Intervenciones Terapéuticas en el TDAH, 2017).
- Automatizar lo básico. Cuando decodificar letras o recordar las tablas ya no cuesta, queda espacio mental para comprender y razonar. Practicar eso hasta que sea automático libera memoria de trabajo (Aguilera Jiménez, 2004; Luque Parra y Rodríguez Infante, 2006).
- Hablarse a sí mismo. Enseñarle a decir en voz alta pasos como «¿qué me piden?», «¿cuál es mi plan?» y «revisa» lo ayuda a guiar la tarea sin saturarse (Luque Parra y Rodríguez Infante, 2006).
- Más tiempo y apoyo que se retira de a poco. Miller (2012) propone dar tiempo extra, y los manuales de dificultades de aprendizaje recomiendan empezar con mucha ayuda del adulto e ir retirándola mientras el niño gana autonomía.
Si lo que te preocupa es cómo organiza el estudio y las tareas, la guía de funciones ejecutivas y rendimiento escolar amplía este punto, y la de qué son las funciones ejecutivas explica el marco general.
Moverse y dormir también cuentan
Una revisión de 23 ensayos con 2.857 niños y adolescentes encontró que la actividad física con elementos cognitivos (es decir, que exige pensar y también moverse) mejoró las funciones ejecutivas (SMD = 0,32), incluida la memoria de trabajo (SMD = 0,34). Rindieron más los programas de más de 6 semanas, con sesiones de más de 20 minutos y más de dos veces por semana (Mao et al., 2024).
En niños de 4 a 12 años, otro metaanálisis de 11 ensayos con 2.053 niños que usó baloncesto y floorball halló un efecto menor sobre las funciones ejecutivas en conjunto (SMD = 0,21) (Song et al., 2022).
Una revisión sobre intervenciones en niños de 4 a 12 años también incluye juegos sin computador, ejercicio aeróbico, artes marciales, yoga y mindfulness entre lo que mejora las funciones ejecutivas, y señala que los niños con peores funciones ejecutivas son quienes más se benefician (Diamond y Lee, 2011).
El sueño también pesa. En 1.749 niños de primero básico (7 años en promedio), dormir peor, tener horarios irregulares y dormir menos se asociaron con peor memoria de trabajo verbal (Cho et al., 2015). Es un estudio de un solo momento, así que no prueba que el sueño la cause. Ordenar la hora de acostarse cuesta poco y tiene sentido por otras razones.
Si el sueño es un problema en tu casa, mira la guía sobre insomnio infantil o la de TDAH y problemas de sueño en niños.
¿Es memoria de trabajo, falta de atención o falta de ganas?
Un niño con poca memoria de trabajo suele atender al comienzo y seguir instrucciones cortas, pero se pierde cuando la tarea suma pasos o datos. Con un problema de atención, el niño se dispersa desde el inicio. Y lo que parece desgano a veces es evitación de una tarea que lo agota (Miller, 2012).
Según Miller (2012), estas señales se repiten en un niño con memoria de trabajo baja:
- Se pierde a mitad de una cuenta o “olvida” los pasos del procedimiento.
- Pide una y otra vez que le repitan las instrucciones.
- Falla cuando la indicación tiene varios pasos seguidos.
- Se desorienta a mitad de un ejercicio y necesita que le recuerden qué debía hacer.
- Le cuesta resumir o escribir manteniendo la idea central.
- Olvida lo que iba a hacer o a decir en medio de una acción o una conversación.
Hay una pista que puedes probar en casa. Si al dividir la tarea en pasos simples y dejarle apoyos a la vista el niño logra resolverla, el obstáculo era la carga y no las ganas (Lezak et al., 2012; Miller, 2012). Es una orientación, no un diagnóstico.
La memoria de trabajo también baja por otras razones. Una revisión de 34 metaanálisis sobre el perfil cognitivo del TDAH la ubicó entre los dominios con mayor diferencia respecto del grupo de comparación (efecto de 0,54) (Pievsky y McGrath, 2018). Y un metaanálisis de 177 muestras asoció la ansiedad con peor rendimiento en medidas de memoria de trabajo (g = -0,334) (Moran, 2016).
Para distinguir entre estos caminos, las guías sobre por qué un niño no se concentra, dificultad de aprendizaje o TDAH y TDAH y ansiedad en niños ordenan las señales.
¿Cuándo consultar a un profesional?
Conviene consultar cuando los olvidos y la pérdida del hilo se repiten en casa y en el colegio durante meses, cuando afectan la lectura, las matemáticas o el ánimo (frustración, rechazo a las tareas), o si ves un cambio brusco respecto de cómo era antes.
Empieza por el pediatra, para descartar causas físicas. Después, una evaluación neuropsicológica infantil puede medir la memoria de trabajo con pruebas estandarizadas y separarla de la atención y del lenguaje. En esta guía puedes ver qué esperar de la primera sesión. Si el rendimiento en el colegio ya se resiente, también te puede servir la guía de bajo rendimiento escolar.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se puede mejorar la memoria de trabajo de un niño?
La práctica mejora la tarea entrenada y poco más. Lo que más ayuda es reducir la carga: una instrucción a la vez, información a la vista, listas, buen sueño y actividad física con juegos que exijan pensar. Si hay TDAH o dificultades de aprendizaje, conviene sumar apoyos del colegio y una evaluación profesional.
¿Qué actividades de memoria de trabajo puedo hacer en casa?
Recados de dos o tres pasos, parejas de cartas, «¿qué falta?» con objetos en una bandeja, «en mi maleta puse…», repetir números al derecho y al revés, y recontar un texto sin releerlo. Elige una, sube la dificultad cuando le salga sin errores y detente si se frustra.
¿Sirven las apps y los juegos del celular?
Mejoran la tarea que entrenan. En los metaanálisis, la transferencia a lectura, cálculo o inteligencia casi no aparece (Sala y Gobet, 2020; Melby-Lervåg et al., 2016), y en TDAH tampoco movió los síntomas con evaluadores ciegos (Westwood et al., 2023). Si tu hijo los usa, que sean un complemento y no el centro del apoyo.
¿A qué edad se puede empezar a trabajar la memoria de trabajo?
Desde los 4 o 5 años con juegos cortos de recados y parejas. A esa edad el niño aún no repasa en voz baja por su cuenta, algo que aparece hacia los 6 o 7 años, así que hay que enseñarle la estrategia mientras juegan (Matute et al., 2013).
¿Cuántos minutos al día hay que practicar?
Ningún estudio ha probado una dosis para juegos caseros. El programa computarizado Cogmed, que estudiaron los ensayos que resume la guía clínica española, duraba 5 semanas con ejercicios de unos 30 a 45 minutos, pero eso no se traslada a un juego en casa. Mejor ratos cortos dentro de la rutina que terminen bien.
¿Memoria de trabajo y memoria a corto plazo son lo mismo?
Se parecen, pero no son iguales. La memoria a corto plazo guarda información unos segundos, como al repetir dígitos en el mismo orden. La memoria de trabajo también la manipula, como al repetirlos al revés o al sumarlos. Las pruebas infantiles miden ambas por separado (Matute et al., 2013).
Si quieres conversarlo con alguien
Entender cuánta carga puede sostener tu hijo ayuda a ajustar lo que le pides y a elegir en qué apoyarlo. Si algo de lo que viste en esta guía te hace dudar, puedes escribir desde la página de contacto para revisar el caso con calma.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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Cortese, S., Ferrin, M., Brandeis, D., Buitelaar, J., Daley, D., Dittmann, R. W., Holtmann, M., Santosh, P., Stevenson, J., Stringaris, A., Zuddas, A., & Sonuga-Barke, E. J. S. (2015). Cognitive training for attention-deficit/hyperactivity disorder: Meta-analysis of clinical and neuropsychological outcomes from randomized controlled trials. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 54(3), 164-174. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2014.12.010
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