Evaluación neuropsicológica infantil: qué esperar

Pintura impresionista de una niña armando una torre de bloques mientras una profesional la observa, guía de evaluación neuropsicológica infantil

Si tu hijo tiene una evaluación neuropsicológica infantil agendada, lo más probable es que la primera sesión ni siquiera sea con él. Muchas familias llegan con la imagen de un examen largo, con el niño sentado horas frente a un escritorio, y se llevan una sorpresa: la parte más importante del inicio es una conversación con los adultos. En esta guía vas a ver cómo es la evaluación neuropsicológica de un niño de principio a fin, cuánto dura, cómo preparar a tu hijo para una evaluación y qué pasa cuando termina, con lo que dicen los manuales clínicos y los estudios que le preguntaron a otras familias cómo les fue.

Respuesta corta: una evaluación neuropsicológica infantil tiene tres etapas: una entrevista inicial con los padres, dos o tres sesiones de pruebas con el niño (entre 2 y 4 horas en total de pruebas directas) y una sesión de devolución con el informe. Las pruebas son tareas con lápiz, bloques, láminas y preguntas, adaptadas a la edad. No hay procedimientos médicos y el niño no recibe resultados mientras trabaja.

¿Cómo es la evaluación neuropsicológica de un niño, de principio a fin?

La evaluación neuropsicológica de un niño sigue un recorrido en tres tiempos: entrevista con los padres, aplicación de pruebas y devolución de resultados. En la práctica clínica infantil suele organizarse en 2 o 3 sesiones directas con el niño, más una sesión inicial de entrevista y una final de devolución (Miller, 2012; Matute et al., 2013).

Cada etapa tiene su función:

  1. Entrevista inicial. El clínico entiende qué preocupa, desde cuándo y en qué situaciones, y reúne la historia del niño.
  2. Sesiones de pruebas. Se evalúan atención, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas y habilidades visuoespaciales, entre otras áreas, con tareas ajustadas a la edad.
  3. Devolución. Se calculan los puntajes, se integran con la historia y las observaciones, y se entrega un informe con recomendaciones para la casa y el colegio.

Qué mide cada área y cuándo conviene pedir el estudio lo explicamos en la guía de evaluación neuropsicológica infantil. Aquí el foco es otro: lo que vas a vivir tú como madre, padre o cuidador.

¿Qué pasa en la primera sesión de una evaluación neuropsicológica infantil?

La primera sesión de una evaluación neuropsicológica infantil suele ser una entrevista presencial con los padres o tutores, que son la fuente principal sobre la historia del niño. Sirve para aclarar el motivo de consulta, definir qué pregunta debe responder la evaluación, y crear un clima de confianza (Matute et al., 2013; Hebben y Milberg, 2011).

Imagina a un niño de 8 años al que el colegio describe como distraído y lento para copiar de la pizarra. En esa primera cita, el clínico probablemente no le pida nada al niño. Le preguntará a la familia cuándo empezó, qué cambió y qué se ha intentado antes.

Las áreas que se recorren en la entrevista son, según la ENI-2 y los manuales de neuropsicología escolar (Matute et al., 2013; Miller, 2012):

  • Motivo de consulta: quién pidió la evaluación (colegio, pediatra, neurólogo o la propia familia), qué se observa, cuándo empezó y en qué situaciones aparece.
  • Embarazo, parto y primeros años: semanas de gestación, peso al nacer, complicaciones y la edad en que caminó, habló o dejó los pañales.
  • Salud: traumatismos de cráneo, convulsiones, infecciones graves, cirugías, medicamentos actuales, visión y audición.
  • Colegio: curso actual, repeticiones, cambios de colegio, ausencias prolongadas y lo que dicen los profesores sobre lectura, escritura y cálculo.
  • Familia y contexto: quiénes viven en casa, idioma que se habla, antecedentes de dificultades de aprendizaje, TDAH u otras condiciones, y cambios recientes como mudanzas o duelos.
  • Carácter y conducta: temperamento, tolerancia a la frustración, relación con otros niños, intereses.

Un detalle útil: el clínico también revisa informes previos de pediatría, fonoaudiología, terapia ocupacional o psicopedagogía, y los boletines de notas del colegio (Miller, 2012). Conviene llevarlos a la primera cita. Si hay un cuestionario para padres antes de la sesión, completarlo con calma ahorra tiempo de consulta.

¿Cuánto dura una evaluación neuropsicológica infantil?

Una evaluación neuropsicológica infantil completa requiere entre 2 y 4 horas de pruebas directas con el niño, repartidas en 2 o 3 sesiones, y a eso se suman la entrevista con los padres y la devolución (Miller, 2012; Matute et al., 2013). En la ENI-2, por ejemplo, la aplicación completa toma en promedio unas 3 horas, que se pueden dividir en 1 o 2 sesiones de 1 a 1,5 horas (Matute et al., 2013).

El largo de cada sesión depende de la edad del niño (Miller, 2012; Hebben y Milberg, 2011):

  • Preescolares (3 a 5 años): sesiones de 30 a 45 minutos.
  • Escolares (6 a 11 o 12 años): sesiones de 1 a 1,5 horas.
  • Adolescentes (13 años o más): pueden sostener 1,5 a 2 horas.

Dentro de cada sesión hay pausas de 5 a 15 minutos entre pruebas terminadas, nunca a mitad de una tarea. El cansancio es una de las principales razones por las que un niño rinde menos de lo que puede, y un puntaje bajo al final de una sesión agotadora no se interpreta como un problema cognitivo real. Si una pausa no alcanza, el clínico termina la sesión y agenda otra (Hebben y Milberg, 2011). Por eso la mañana suele ser el mejor horario: los niños rinden mejor en las tareas exigentes cuando están más descansados (Miller, 2012).

El tiempo total hasta tener el informe cambia según el centro y su agenda, así que conviene preguntarlo al agendar.

¿Cómo preparar a mi hijo para una evaluación neuropsicológica?

Preparar a tu hijo es decirle la verdad en versión simple: va a hacer actividades variadas para que el clínico entienda cómo piensa y aprende. Los manuales recomiendan explicarlo como juegos y desafíos (acertijos, bloques, dibujos, recordar palabras, mirar figuras), sin hablar de examen ni de notas (Hebben y Milberg, 2011; Miller, 2012).

Lo que sí conviene decirle:

  • Que va a hacer cosas distintas, algunas fáciles y otras difíciles a propósito, y que ningún niño de su edad responde todo bien.
  • Que lo único que se le pide es que se esfuerce, no que lo sepa todo.
  • Que habrá descansos para estirarse, tomar agua o ir al baño, y cuánto va a durar más o menos.

Lo que conviene evitar:

  • Decirle que es un examen, una prueba del colegio o un test de inteligencia. Genera miedo a fallar y actitud defensiva.
  • Prometerle que será corto cuando no lo será (“solo vas a jugar un ratito”). Si descubre que no es cierto, pierde la confianza en el evaluador y se cansa antes.
  • Anticiparle que van a averiguar qué problema tiene en el cerebro. Genera ansiedad por rendir, que ensucia los resultados.

Si tu hijo hace preguntas y no sabes qué responder, “vamos a conocer mejor cómo aprendes, para ayudarte” es una frase honesta y suficiente. Para el caso de un niño que ya tiene un diagnóstico, la guía cómo explicarle a tu hijo que tiene TDAH desarrolla cómo hablarlo según la edad.

¿Qué hacer el día de la evaluación?

El día de la evaluación, lo que más le sirve a tu hijo es llegar descansado, alimentado y con sus ayudas sensoriales. Cuatro cosas concretas, según los manuales (Hebben y Milberg, 2011; Miller, 2012; Matute et al., 2013):

  • Sueño: una noche reparadora. La falta de sueño altera la atención sostenida y la velocidad de procesamiento, y puede hacer parecer un déficit donde no lo hay.
  • Desayuno: que haya comido bien. Lleva una colación liviana y agua para las pausas.
  • Anteojos o audífonos: si los usa, deben ir con él. Sin ellos se invalidan las tareas visuales y de lectura.
  • Medicamentos: salvo que el médico que lo derivó pida expresamente evaluarlo sin fármaco, el niño toma su dosis habitual. Avisa antes al clínico y anota la hora de la toma, porque el informe debe dejarla registrada.

Avísale también al clínico si el niño durmió mal, está resfriado o tuvo un día difícil. Eso se anota y se tiene en cuenta al interpretar.

¿Puedo estar en la sala? ¿Por qué mi hijo no recibe resultados al terminar cada prueba?

En las pruebas formales, los padres no entran a la sala, porque los tests se estandarizaron con una aplicación individual entre el evaluador y el niño, y la presencia de un tercero puede distraer o cambiar la forma en que responde (Hebben y Milberg, 2011). Hay excepciones por edad (Matute et al., 2013; Hebben y Milberg, 2011):

  • 2 a 3 años: puede quedarse un adulto al inicio, en silencio y sin dar pistas, hasta que el niño se acostumbre.
  • Desde los 4 años: la mayoría entra sola tras un breve período de adaptación, y si cuesta separarse, se hace de a poco.
  • Adolescentes (15 años o más): se les atiende de forma más independiente, porque tratarlos como niños pequeños genera rechazo.

El niño tampoco escucha si acertó o se equivocó. Hay una razón técnica: corregir o dar pistas rompe el procedimiento con el que se baremó la prueba, y decirle que falló le baja la motivación para las tareas siguientes. En su lugar, se elogia el esfuerzo (“trabajaste muy concentrado”). Además, un puntaje suelto no dice nada hasta que se transforma en percentil para su edad y se integra con su historia (Hebben y Milberg, 2011).

Mientras trabaja, el clínico mira algo más que los aciertos: si se distrae, si se autocorrige, cómo reacciona ante lo difícil, cómo toma el lápiz, si se cansa. Esa observación ayuda a distinguir un problema cognitivo de uno de ansiedad, cansancio o poca motivación (Matute et al., 2013; Miller, 2012).

¿Y si mi hijo llora, se niega a entrar o no se queda quieto?

Es una situación prevista y tiene protocolo. Si el niño llora o se niega, no se le obliga a entrar: se permite que el adulto pase al inicio, se parte con actividades informales y se retira de a poco. Si persiste, la primera sesión puede dedicarse solo a construir confianza y las pruebas se posponen (Matute et al., 2013; Hebben y Milberg, 2011).

Cuando el niño es muy inquieto, como ocurre en muchos casos de TDAH, el evaluador adapta el formato en lugar de forzarlo (Hebben y Milberg, 2011; Miller, 2012):

  • Sesiones más cortas y repartidas en 2 o 3 citas.
  • Pausas activas entre pruebas, para caminar o estirarse.
  • Un consultorio sin distractores y con el material guardado fuera de la vista.
  • Alternar tareas exigentes con otras más manipulativas, que sirven de descanso.
  • Anotar las conductas (moverse en el asiento, responder antes de escuchar la consigna) como parte del perfil.

Si el niño no cooperó o estaba muy angustiado, el clínico lo deja anotado en el informe y repite lo necesario otro día. Que una sesión salga mal no arruina la evaluación.

¿Qué pasa después? Devolución, informe y lo que dicen otras familias

La devolución es una cita aparte en la que el clínico explica los resultados en lenguaje claro y entrega el informe escrito. Se suele partir por las fortalezas del niño antes de las áreas que necesitan apoyo, y se entregan pautas concretas para la casa y el colegio (Matute et al., 2013). El informe incluye el motivo de consulta, los antecedentes, las pruebas aplicadas, las observaciones de conducta, los resultados por área, las impresiones diagnósticas y las recomendaciones (Miller, 2012).

¿Sirve de algo todo este proceso? Los estudios con familias dan una respuesta matizada:

  • Una revisión de 12 estudios sobre la mirada de los padres encontró alta satisfacción: la devolución les ayudó a entender las fortalezas y debilidades de su hijo y a conseguir apoyos. Pero valoraron menos su utilidad para producir cambios que su satisfacción general (Spano et al., 2021).
  • Otra revisión sistemática de 26 registros y 974 niños vio que los padres reportaron empatía del clínico y más conocimiento sobre su hijo, aunque con menos frecuencia dijeron haber recibido ayuda concreta (Fisher et al., 2022).
  • Al seguir a 363 familias antes de la evaluación y a 99 después del informe, las que llegaban por primera vez partían con menos conocimiento y confianza en su capacidad de ayudar, y subieron de forma significativa al final (Austin et al., 2019).
  • En 51 familias, los padres reportaron meses después menos problemas académicos y en general, y más participación del niño en la casa y el colegio. Es un estudio observacional, así que no demuestra que la evaluación lo causó (Combs et al., 2020).
  • En un hospital canadiense, la mayoría de los padres dijo que la evaluación les ayudó a entender el perfil cognitivo de su hijo y a apoyarlo, y los clínicos que derivan valoraron sobre todo el diagnóstico o impresión y las recomendaciones del informe (Ostojic-Aitkens et al., 2022).

El eslabón débil aparece después. En un seguimiento de 55 familias, a los 4 a 6 meses se había aplicado el 52 % de las recomendaciones: más las escolares (62 %) y de casa y comunidad (53 %) que las médicas (40 %). Las razones para no aplicarlas fueron falta de tiempo y recursos, dudas sobre si hacían falta, no saber cómo hacerlas y resistencia en los colegios (Elias et al., 2021). Por eso conviene salir de la devolución con dos o tres recomendaciones prioritarias y claras, y preguntar quién las lleva al colegio.

¿La evaluación entrega un diagnóstico?

A veces confirma o descarta una sospecha, pero ningún test aislado diagnostica. El diagnóstico sale de integrar los puntajes con la historia, la observación y los informes del colegio. Si la duda es TDAH, la guía sobre evaluación neuropsicológica para TDAH explica qué aporta y qué no. Si lo que preocupa es el rendimiento escolar, la guía de evaluación de dificultades de aprendizaje ayuda a situar el problema. Y para ver cómo se relaciona este estudio con el de adultos, está la guía general de evaluación neuropsicológica.

Para entender qué es una evaluación de este tipo en palabras simples, el Child Mind Institute la describe como una herramienta para identificar las fortalezas y debilidades de aprendizaje de un niño.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura una evaluación neuropsicológica infantil?

Entre 2 y 4 horas de pruebas directas, repartidas en 2 o 3 sesiones, más una entrevista inicial con los padres y una sesión de devolución. Cada sesión dura de 30 a 45 minutos en preescolares, de 1 a 1,5 horas en escolares y hasta 2 horas en adolescentes, con pausas intermedias.

¿Cómo preparo a mi hijo para la evaluación?

Cuéntale que hará juegos y desafíos para conocer cómo piensa y aprende, que algunos serán difíciles a propósito y que solo se le pide esfuerzo. Evita las palabras examen o test de inteligencia. El día anterior, que duerma bien. Ese día, que desayune y lleve sus anteojos.

¿Puedo entrar a la sala con mi hijo?

En las pruebas formales, por lo general no. Si el niño tiene entre 2 y 3 años o le cuesta separarse, el clínico puede permitir que un adulto lo acompañe al inicio, en silencio, y lo retirará de a poco. Los adolescentes se atienden de forma más independiente.

¿Mi hijo debe tomar su medicamento el día de la evaluación?

Salvo que el médico que lo derivó indique lo contrario, sí: se evalúa con su dosis habitual. Avisa antes al clínico y anota la hora de la toma, porque el informe debe registrar qué fármaco tomó y cuándo.

¿Me dirán el diagnóstico el mismo día?

No. Los puntajes de las pruebas necesitan transformarse en percentiles para la edad del niño e integrarse con su historia y su conducta durante las sesiones. Los resultados se explican en la devolución, en una cita aparte, y se entregan por escrito en el informe.

¿Qué documentos debo llevar a la primera sesión?

Informes previos de pediatría, neurología, fonoaudiología, terapia ocupacional o psicopedagogía, los boletines de notas, y la lista de medicamentos que toma. Si el colegio hizo observaciones por escrito, también sirven. Mientras más completa la historia, más precisa es la interpretación.

Qué hacer ahora

Antes de la primera cita, junta los informes y boletines que tengas, anota con fechas lo que has visto en tu hijo y qué pregunta quieres que responda la evaluación. Prepara a tu hijo con la versión simple que describimos y no lo cambies de rutina el día anterior. Y al salir de la devolución, pide dos o tres recomendaciones prioritarias, porque lo que se aplica en la casa y en el colegio es lo que cambia algo.

En Terapia Online Chile puedes conversar tu caso con un psicólogo clínico antes de decidir si conviene la evaluación. Escríbenos desde la página de contacto y vemos cómo ayudarte.

¿Te gustaría conversarlo con alguien?

Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

Agenda una hora

Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

Referencias

Austin, C. A., Gerstle, M., Baum, K. T., Bradley, A., LeJeune, B., Peugh, J., & Beebe, D. W. (2019). Evolution of parental knowledge and efficacy across the pediatric neuropsychological evaluation process. The Clinical Neuropsychologist, 33(4), 743-759. https://doi.org/10.1080/13854046.2018.1497206

Combs, T., Beebe, D. W., Austin, C. A., Gerstle, M., & Peugh, J. (2020). Changes in child functioning pre-to post-neuropsychological evaluation. Child Neuropsychology, 26(5), 711-720. https://doi.org/10.1080/09297049.2019.1702155

Elias, J., Zimak, E., Sherwood, A., MacDonald, B., Lozano, N., Long, J., & Larsen, A. D. (2021). Do parents implement pediatric neuropsychological report recommendations? The Clinical Neuropsychologist, 35(6), 1117-1133. https://doi.org/10.1080/13854046.2020.1720298

Fisher, E. L., Zimak, E., Sherwood, A. R., & Elias, J. (2022). Outcomes of pediatric neuropsychological services: A systematic review. The Clinical Neuropsychologist, 36(6), 1265-1289. https://doi.org/10.1080/13854046.2020.1853812

Hebben, N., & Milberg, W. (2011). Fundamentos para la evaluación neuropsicológica. Editorial El Manual Moderno.

Matute, E., Rosselli, M., Ardila, A., & Ostrosky, F. (2013). Evaluación neuropsicológica infantil (ENI-2) (2.ª ed.). Editorial El Manual Moderno.

Miller, D. C. (2012). Essentials of school neuropsychological assessment (2.ª ed.). John Wiley & Sons.

Ostojic-Aitkens, D., Ford, M. K., Cunningham, T., Gold, A., Janzen, L. A., Sinopoli, K. J., Westmacott, R., & Williams, T. S. (2022). Examining parent and clinician views of a hospital-based pediatric neuropsychological service: A Canadian perspective. Child Neuropsychology, 28(1), 61-81. https://doi.org/10.1080/09297049.2021.1945567

Spano, P., Katz, N., DeLuco, T., Martin, C. O., Tam, H., Montalto, D., & Stein, C. R. (2021). Parent perceptions of pediatric neuropsychological evaluations: A systematic review. Child Neuropsychology, 27(7), 922-948. https://doi.org/10.1080/09297049.2021.1908980

Sobre el autor

Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo infantil. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

Conocer más · Agendar una consulta