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  • Ataque de Ansiedad: Qué Hacer en el Momento y Después

    Ataque de Ansiedad: Qué Hacer en el Momento y Después

    El corazón se acelera, falta el aire y aparece una certeza brutal: “algo grave está pasando”. La búsqueda ataque de ansiedad qué hacer suele nacer justo en ese momento. Tal vez escribiste “qué hacer en una crisis de ansiedad” o “cómo calmar un ataque de ansiedad”. Necesitas instrucciones simples, no una explicación interminable. Primero ponte a salvo de riesgos físicos. Después deja de pelear con cada sensación, evita forzar la respiración y orienta la atención hacia lo que tienes delante.

    Estas pautas sirven para atravesar el episodio. No sustituyen una evaluación médica ni prometen detenerlo de inmediato.

    Respuesta breve: qué hacer durante un ataque de ansiedad

    Si reconoces un ataque ya evaluado, detén cualquier actividad riesgosa, permanece en un lugar seguro y nombra lo que ocurre. Deja que el aire entre sin bocanadas forzadas, dirige la atención a tres detalles del entorno y espera que la intensidad cambie. Si es el primer episodio o hay signos atípicos, busca atención médica.

    Tarjeta de 5 pasos para leer ahora

    1. Ponte a salvo. Si conduces, cocinas, estás en altura o manejas maquinaria, detente y pide ayuda para salir del riesgo inmediato.
    2. Nombra la experiencia. Di: “Estoy notando una alarma intensa y tengo el pensamiento de que ocurrirá una catástrofe”. Un pensamiento no confirma un diagnóstico médico.
    3. No fuerces el aire. Afloja mandíbula y hombros. Permite una respiración suave y cómoda, sin llenar los pulmones al máximo ni aguantar el aire.
    4. Mira hacia afuera. Describe tres cosas que ves, dos sonidos y el contacto de tus pies con el suelo. El objetivo es orientarte, no obligarte a sentir calma.
    5. Revisa las banderas de urgencia. Llama al 131 si hay pérdida de conciencia, dificultad marcada para respirar, dolor de pecho nuevo o persistente, debilidad de un lado, habla alterada, confusión, lesión o sospecha de intoxicación.

    Guarda esta tarjeta en el teléfono cuando estés tranquilo. En pleno pico cuesta leer y tomar decisiones.

    Ataque de ansiedad: qué hacer paso a paso

    La prioridad es atravesar la oleada sin añadir más peligro ni una lucha desesperada contra el cuerpo. Clark y Beck (2010) describen un circuito en el que una sensación física se interpreta como catástrofe, aumenta la alarma y parece confirmar el miedo. Cada paso siguiente intenta cortar esa escalada de interpretación, no apagar el cuerpo por la fuerza.

    1. Detén el riesgo físico, no tu vida entera

    Muévete solo lo necesario para estar seguro. Si vas manejando, señaliza y detente donde corresponda. Si estás en una escalera, cerca del fuego o en el agua, pide apoyo. En un lugar seguro puedes sentarte si lo necesitas, aunque no es obligatorio adoptar una postura especial.

    Si el ataque ocurre en un espacio que no es peligroso, salir corriendo puede dar alivio rápido, pero también enseñar que escapar era indispensable. La evitación suele mantener el miedo a largo plazo (Clark & Beck, 2010; Tolin, 2024). No conviertas esto en una orden rígida: nadie debe forzarte a quedarte donde hay un riesgo real o donde no das consentimiento.

    2. Ponle un nombre provisional

    Una frase útil es: “Esto se parece a un ataque de pánico y mi cuerpo está en modo alarma”. El lenguaje provisional importa. Decir “se parece” reconoce el patrón sin afirmar que todo síntoma físico es ansiedad.

    También puedes añadir: “Estoy teniendo el pensamiento de que me voy a desmayar, perder el control o morir”. Esta forma de hablar crea un poco de distancia entre la sensación, la predicción y los hechos. En ACT se llama desfusión: observar el pensamiento como un evento mental, sin discutir con él ni obedecerlo automáticamente (Hayes et al., 2012).

    3. Permite una respiración suave, sin bocanadas

    El consejo habitual de “respira muy profundo” puede salir mal. Cuando ya respiras rápido o en exceso, tomar bocanadas grandes puede aumentar el mareo, el hormigueo y la opresión. Prueba algo menos ambicioso: afloja el esfuerzo, deja que la inhalación sea cómoda y permite que el aire salga sin empujarlo.

    La literatura no respalda una pauta única capaz de cortar un ataque espontáneo. Una https://doi.org/10.3390/brainsci13020256“>revisión de 16 estudios clínicos sobre respiración encontró mejorías de ansiedad con distintas prácticas, pero también resultados contradictorios en torno a la hiperventilación (Banushi et al., 2023). Es evidencia sobre intervenciones y entrenamiento, no una garantía para este minuto.

    El Servicio Nacional de Salud británico recomienda respirar de forma lenta y profunda durante un ataque. Para evitar convertirlo en una competencia por llenar los pulmones, aquí usamos una instrucción más prudente: suave, regular y sin forzar. Si enfocarte en la respiración te asusta más, déjala en paz y pasa al entorno.

    No respires dentro de una bolsa de papel. Puede ser peligroso si los síntomas tienen otra causa médica.

    4. Orienta la atención a lo que está ocurriendo ahora

    El pánico estrecha la atención. El pulso, el pecho o el mareo ocupan todo el campo mental. Una orientación breve al entorno puede devolver contexto:

    • menciona tres objetos y describe su color o forma;
    • nota dos sonidos sin decidir si son agradables;
    • siente el contacto de ambos pies con el suelo;
    • identifica dónde estás y qué acción segura estás haciendo;
    • si hay alguien contigo, escucha una frase corta a la vez.

    Esto se suele llamar grounding. No hace falta completar una secuencia perfecta de cinco sentidos. Forsyth y Eifert (2016) proponen usar los sentidos para volver al presente, con una cautela: si lo haces como ritual obligatorio para eliminar la ansiedad, puede transformarse en otra forma de evitación. Úsalo para orientarte y elegir, aunque el malestar siga ahí.

    5. Deja que la intensidad se mueva

    Un ataque de pánico aparece de forma abrupta y alcanza gran intensidad en minutos. MedlinePlus señala que suele llegar al máximo en 10 a 20 minutos, aunque algunos síntomas pueden continuar más tiempo. La información del NIMH sobre trastorno de pánico también advierte que la duración varía.

    Mira los cambios, no busques un apagado instantáneo. Tal vez el corazón siga rápido mientras baja el mareo, o quizá la sensación de irrealidad tarde más. El objetivo inmediato es mantener la seguridad y tolerar la curva. Mirar el reloj cada pocos segundos o comprobar el pulso de manera repetida puede alimentar la vigilancia corporal.

    ¿Ataque de ansiedad y ataque de pánico son lo mismo?

    “Ataque de ansiedad” es una expresión cotidiana, no una categoría diagnóstica formal. Puede referirse a una subida gradual de ansiedad, una crisis ligada a un problema concreto o un ataque de pánico. Este último tiene inicio brusco y una combinación reconocible de síntomas físicos y cognitivos.

    La distinción no se resuelve solo por lo intenso que se siente. Si quieres ordenar esa diferencia con más detalle, revisa ataque de ansiedad o ataque de pánico. Para una guía completa de síntomas corporales y posibles causas está el artículo sobre síntomas físicos de un ataque de pánico.

    Tener un ataque tampoco equivale a tener un trastorno de pánico. Ese diagnóstico considera ataques inesperados y recurrentes, más al menos un mes de miedo persistente, preocupación por sus consecuencias o cambios conductuales relacionados. La página pilar sobre trastorno de pánico explica criterios, diagnóstico y tratamiento.

    Qué no hacer en una crisis de ansiedad

    Varias respuestas intuitivas pueden aumentar el malestar o dejar una asociación poco útil para el futuro.

    • No fuerces respiraciones grandes ni rápidas. Más aire no siempre significa respirar mejor.
    • No uses una bolsa de papel. No puedes asumir que la causa es hiperventilación.
    • No te automediques. Usa un medicamento solo como fue indicado por el profesional que conoce tu caso. No aumentes dosis ni tomes fármacos de otra persona.
    • No bebas alcohol ni consumas cannabis para apagar la crisis. Pueden empeorar síntomas, interactuar con medicamentos y dificultar saber qué está ocurriendo.
    • No compruebes el pulso o internet de forma compulsiva. Una revisión razonable de seguridad es distinta de vigilar cada cambio corporal.
    • No te obligues a “pensar positivo”. Una frase de afrontamiento reconoce el miedo; no necesita prometer que todo está perfecto.
    • No improvises exposición interoceptiva. Provocar mareo, hiperventilar o correr para acelerar el corazón pertenece a un tratamiento planificado, después de revisar la salud física.

    La https://doi.org/10.1037/bul0000464“>exposición interoceptiva induce sensaciones de manera intencional y controlada para poner a prueba la creencia de que son dañinas (Farris et al., 2025). Fue desarrollada para el tratamiento del pánico. Leer eso no convierte una crisis en el momento apropiado para hacer ejercicios por cuenta propia.

    Cómo ayudar a alguien con un ataque de ansiedad

    Tu función es reducir riesgos, prestar una presencia estable y preguntarle a la persona qué necesita. No tienes que convencerla con un discurso largo.

    Cinco frases que sí ayudan

    • “Estoy aquí. ¿Quieres que me quede contigo?”
    • “¿Prefieres sentarte aquí o ir a un lugar con menos ruido?”
    • “No tienes que respirar profundo. Podemos dejar que el aire vaya suave.”
    • “Miremos tres cosas que hay en esta habitación, si te sirve.”
    • “¿Esto se parece a episodios que ya te evaluaron o es la primera vez?”

    La guía de cuidado de salud mental del MINSAL recomienda hablar con voz tranquila, permanecer en un lugar seguro, acompañar mientras la persona recupera calma y ayudarla a contactar el entorno cuando hay sensación de irrealidad. Kaiser Permanente añade una pauta muy concreta: preguntar qué necesita en vez de hacer suposiciones.

    Cinco cosas que conviene evitar

    • No digas “cálmate”, “no es para tanto” o “todo está en tu cabeza”.
    • No abraces, sujetes ni toques sin preguntar.
    • No rodees a la persona con varias voces dando instrucciones.
    • No garantices que “no es nada médico” si no puedes saberlo.
    • No obligues a permanecer en el lugar como si estuvieras haciendo terapia de exposición.

    Mantén las frases cortas. Si la persona tiene un plan preparado con su terapeuta, pregúntale si quiere seguirlo. Si lleva un medicamento indicado para estas situaciones, no decidas por ella ni cambies la dosis: ayúdala a consultar su pauta.

    Después del episodio, apoyar no significa organizar la vida alrededor del miedo. Hacer todas las compras, acompañar cada salida o facilitar que evite indefinidamente puede reducir su autonomía. La retirada de esas ayudas se trabaja de forma gradual y acordada, idealmente dentro de terapia, no durante el pico (Ruiz et al., 2012; Tolin, 2024).

    Cuándo un ataque de ansiedad requiere urgencias

    Los síntomas del pánico pueden parecerse a problemas cardíacos, respiratorios, neurológicos, endocrinos o relacionados con sustancias. Una https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744“>revisión clínica en JAMA señala que palpitaciones, falta de aire y mareo son frecuentes en los trastornos de ansiedad, pero el diagnóstico exige considerar el contexto médico y las comorbilidades (Szuhany & Simon, 2022).

    Llama al SAMU 131 o acude a urgencias si aparece cualquiera de estas situaciones:

    • pérdida de conciencia o desmayo verdadero;
    • dolor de pecho nuevo, intenso o persistente;
    • dificultad marcada para respirar que no mejora o coloración azulada;
    • debilidad de un lado, habla arrastrada, confusión o convulsión;
    • lesión, caída o síntomas durante una actividad de riesgo;
    • sospecha de sobredosis, intoxicación o abstinencia;
    • una presentación muy distinta de los episodios ya evaluados;
    • dudas razonables de que pueda ser una emergencia médica.

    En Chile, el SAMU gestiona las llamadas al 131 en todas las regiones. Si no parece una emergencia pero necesitas orientación sanitaria, Salud Responde atiende en el 600 360 7777.

    Si hay pensamientos suicidas, intención de hacerse daño o imposibilidad de mantenerse a salvo, no dejes sola a la persona y busca ayuda inmediata. La línea *4141 del MINSAL es gratuita desde celulares y funciona las 24 horas. Ante riesgo inminente, llama al 131 o acude al servicio de urgencia más cercano.

    ¿Y si es la primera vez?

    El primer episodio merece una evaluación médica, sobre todo cuando hay dolor torácico, falta de aire intensa, embarazo, una enfermedad cardiopulmonar, inicio después de los 45 años o consumo reciente de estimulantes u otras sustancias. Clark y Beck (2010) señalan como hallazgos atípicos la pérdida de conciencia, la incontinencia, el vértigo intenso y el habla alterada.

    No necesitas decidir por tu cuenta si fue pánico, una arritmia, hipoglucemia, asma, hipertiroidismo u otra causa. Ese es precisamente el trabajo de la evaluación.

    Qué hacer después de un ataque de ansiedad

    Cuando baje la intensidad, el cuerpo puede quedar cansado y la mente querrá reconstruir cada segundo. Date un momento para recuperarte, hidratarte con normalidad y retomar una actividad segura. Luego registra datos breves:

    • dónde estabas y qué ocurría antes;
    • si el inicio fue brusco o gradual;
    • qué sensaciones aparecieron;
    • qué pensaste que iba a pasar;
    • qué hiciste para protegerte o escapar;
    • cuánto tardó la intensidad en cambiar;
    • qué síntomas fueron nuevos o diferentes.

    Este registro no es para vigilarte todo el día. Sirve para una consulta y para encontrar el ciclo entre sensaciones, interpretaciones y conductas.

    Evita tomar decisiones grandes mientras sigues activado. Tampoco declares ese lugar “prohibido” para siempre. Si la situación era segura, volver gradualmente puede impedir que una sola experiencia expanda la evitación. Cuando el miedo ya limita varias áreas, planifica ese regreso con apoyo profesional.

    Cuándo pedir ayuda psicológica aunque no sea una urgencia

    Consulta si los ataques se repiten, aparece miedo constante a otro episodio, dejas de conducir, ejercitarte, usar transporte o salir sin compañía, o visitas urgencias repetidamente por sensaciones ya estudiadas. También conviene evaluar si el miedo afecta sueño, trabajo, estudios, relaciones o consumo de alcohol y medicamentos.

    La TCC tiene el respaldo más consistente para el trastorno de pánico. Un https://doi.org/10.1017/S0033291722003683“>metaanálisis en red de 74 ensayos y 6.699 adultos encontró que la TCC individual, grupal y de autoayuda guiada superó al tratamiento habitual; la autoayuda sin guía no mostró esa ventaja (Papola et al., 2023). La confianza no fue alta para ningún formato, un límite que importa al interpretar los resultados.

    La TCC suele trabajar psicoeducación, interpretaciones catastróficas, exposición gradual, exposición interoceptiva y reducción de conductas de seguridad. Una https://doi.org/10.1002/14651858.CD011004.pub2“>revisión Cochrane respalda las terapias psicológicas como opciones de primera línea, aunque no pudo establecer con claridad que una modalidad fuera superior a todas las demás (Pompoli et al., 2016).

    Los medicamentos pueden formar parte del tratamiento, pero la decisión corresponde a un médico. No inicies, suspendas ni cambies un ansiolítico o antidepresivo por lo leído aquí.

    Si los episodios están achicando tu vida, puedes consultar por atención psicológica online. Llevar el registro de uno o dos ataques ayuda a que la primera entrevista parta de datos concretos.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura un ataque de ansiedad?

    Un ataque de pánico suele alcanzar su máxima intensidad en minutos y con frecuencia baja dentro de 10 a 20 minutos. Algunas sensaciones, como cansancio, tensión o hipervigilancia, pueden continuar más tiempo. Una escalada gradual de ansiedad puede durar horas. La duración por sí sola no permite descartar una causa médica.

    ¿Cómo calmar un ataque de ansiedad rápido?

    No existe una técnica garantizada para cortarlo al instante. Prioriza seguridad física, respiración suave sin bocanadas, una frase que nombre el patrón y orientación breve al entorno. Observa cómo cambia la intensidad. Si el episodio es nuevo, distinto o incluye banderas médicas, busca evaluación en vez de asumir que es ansiedad.

    ¿Respirar profundo ayuda o empeora?

    Depende de qué signifique “profundo”. Forzar inhalaciones grandes cuando ya hay hiperventilación puede aumentar mareo, hormigueo y opresión. Una respiración suave y regular puede resultar útil para algunas personas. La evidencia apoya distintos entrenamientos respiratorios, pero no una pauta universal que detenga un ataque espontáneo.

    ¿Es peligroso un ataque de pánico?

    Un ataque de pánico ya evaluado puede sentirse extremo sin causar la catástrofe temida. Aun así, un acompañante o lector no debe atribuir automáticamente dolor de pecho, desmayo o falta de aire a ansiedad. El primer episodio, los síntomas atípicos o un cambio del patrón requieren valoración médica.

    ¿Qué hago si el ataque ocurre mientras manejo?

    No intentes seguir conduciendo mientras tu atención, visión o control estén comprometidos. Señaliza, disminuye la velocidad y detente en un lugar permitido y seguro. Pide ayuda si no puedes continuar. Retomar la conducción después puede requerir un plan gradual si aparece evitación, pero la seguridad vial manda durante el episodio.

    ¿Cómo ayudar a alguien con un ataque de ansiedad?

    Quédate disponible, habla despacio y pregunta qué necesita. Ofrece un lugar seguro con menos estímulos y una orientación simple al entorno. No minimices, no fuerces contacto físico o respiraciones grandes y no prometas que descartaste una urgencia médica. Si hay señales de alarma, llama al 131.

    Referencias

    Banushi, B., Brendle, M., Ragnhildstveit, A., Murphy, T., Moore, C., Egberts, J., & Robison, R. (2023). Breathwork interventions for adults with clinically diagnosed anxiety disorders: A scoping review. Brain Sciences, 13(2), 256. https://doi.org/10.3390/brainsci13020256

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. Guilford Press.

    Farris, S. G., Derby, L., & Kibbey, M. M. (2025). Getting comfortable with physical discomfort: A scoping review of interoceptive exposure in physical and mental health conditions. Psychological Bulletin, 151(2), 131-191. https://doi.org/10.1037/bul0000464

    Forsyth, J. P., & Eifert, G. H. (2016). The mindfulness and acceptance workbook for anxiety: A guide to breaking free from anxiety, phobias, and worry using acceptance and commitment therapy (2nd ed.). New Harbinger Publications.

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., et al. (2023). CBT treatment delivery formats for panic disorder: A systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. Psychological Medicine, 53(3), 614-624. https://doi.org/10.1017/S0033291722003683

    Pompoli, A., Furukawa, T. A., Imai, H., Tajika, A., Efthimiou, O., & Salanti, G. (2016). Psychological therapies for panic disorder with or without agoraphobia in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, (4), CD011004. https://doi.org/10.1002/14651858.CD011004.pub2

    Ruiz Fernández, M. A., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo-conductuales. Desclée de Brouwer.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2nd ed.). Guilford Press.

    Sobre Terapia Online Chile

    Contenido educativo sobre salud mental en Chile, elaborado a partir de literatura científica revisada por pares, manuales clínicos y fuentes sanitarias oficiales. Este borrador requiere revisión profesional y completar la autoría, las credenciales y el registro sanitario antes de publicarse en vivo.

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

  • Ataque de Ansiedad o Ataque de Pánico: Cómo Distinguirlos

    Ataque de Ansiedad o Ataque de Pánico: Cómo Distinguirlos

    Por el equipo editorial de Terapia Online Chile

    Estabas en la fila del supermercado, o manejando, o viendo tele en tu casa. De pronto el corazón se disparó, te faltó el aire y pensaste con toda seriedad que te estabas muriendo. Pasó, pero quedaste con la pregunta dando vueltas: ¿eso fue un ataque de pánico, o fue un ataque de ansiedad?

    La diferencia entre ataque de ansiedad y ataque de pánico no es un detalle de vocabulario. Cambia lo que conviene hacer después. Y hay algo que casi ningún artículo dice de entrada: de los dos términos, solo uno existe formalmente en los manuales diagnósticos.

    Acá vas a encontrar en qué se distinguen de verdad, cuáles son los 13 síntomas que definen el pánico, qué señales apuntan a que hay que descartar antes una causa médica, y una guía interactiva (toma un minuto) para comparar tu propio episodio con los criterios clínicos. Conviene leer lo que viene antes de usarla: sin entender los dos criterios que mandan, el resultado se lee mal.

    La respuesta corta

    Un ataque de pánico aparece de golpe, llega a su punto máximo en menos de 10 minutos e incluye al menos 4 de 13 síntomas físicos y mentales definidos por el DSM-5-TR. Lo que la gente llama ataque de ansiedad sube de a poco, se sostiene más tiempo y no tiene una definición diagnóstica formal. El pánico es una alarma que estalla; la ansiedad es una marea que sube.

    ¿Cuál es la diferencia entre un ataque de ansiedad y un ataque de pánico?

    La distinción clínica se juega en dos cosas concretas: la curva del tiempo y la ubicación del peligro.

    El ataque de pánico es una respuesta de alarma inmediata. Clark y Beck (2010) lo describen como una oleada brusca de miedo intenso acompañada de hiperactivación fisiológica, donde la persona interpreta que una catástrofe (un infarto, un desmayo, volverse loca) está a punto de ocurrir en cuestión de segundos. El peligro se siente ahora.

    La ansiedad funciona al revés. Es una emoción orientada al futuro: preocupación sostenida por algo que podría pasar mañana, la semana que viene o nunca. Genera tensión, insomnio y desgaste, pero no estalla en una alarma súbita salvo que aparezca esa lectura catastrófica del cuerpo.

    Ese es el punto que ordena todo lo demás. Según el modelo de Clark (1986) sobre el origen cognitivo del pánico90011-2), el estrés acumulado no se convierte en pánico por sí solo. Hace falta un paso más: que la persona interprete una sensación corporal común (una taquicardia, una opresión en el pecho, un mareo al pararse rápido) como la señal de una catástrofe inminente. Esa interpretación dispara más síntomas, que confirman la sospecha, que disparan más síntomas. El círculo se cierra en minutos.

    La tabla que resume las diferencias

    Ataque de pánico“Ataque de ansiedad”
    Cómo empiezaDe golpe, muchas veces sin aviso ni motivo visibleVa subiendo de a poco: minutos, horas o días
    Cuánto tarda en llegar a lo peorMenos de 10 minutosSin pico definido; puede sostenerse horas
    Cuánto duraSuele ceder entre 5 y 20 minutosPuede durar todo el día o instalarse por semanas
    Dónde está el peligroAquí y ahora, dentro del cuerpoEn el futuro, en lo que podría pasar
    Qué se temeMorir, desmayarse, perder el controlQue algo salga mal, no dar abasto, fallar
    IntensidadMáxima, arrolladoraVariable, de leve a muy alta
    ¿Está en el DSM-5-TR?Sí, con criterios operativosNo es una categoría diagnóstica formal

    ¿Es lo mismo un ataque de ansiedad y de pánico?

    No, y la asimetría entre los dos términos explica buena parte de la confusión. El ataque de pánico está definido con precisión en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022): inicio abrupto, pico en minutos y un umbral de 4 síntomas sobre 13. El ataque de ansiedad no aparece en ese manual. Es una expresión del lenguaje cotidiano, útil para describir cómo se siente algo, pero imprecisa para decidir qué hacer.

    Cuando alguien dice “me dio un ataque de ansiedad”, clínicamente suele estar describiendo una de estas cuatro cosas:

    • Un episodio de ansiedad aguda: un alza brusca de aprensión y tensión que no llega al umbral del pánico.
    • Un ataque de síntomas limitados (paucisintomático): el mismo fenómeno del pánico, con la misma curva súbita, pero con 1 a 3 síntomas en vez de 4 o más.
    • Una escalada de aprensión ansiosa: preocupación rumiante que se acumula hasta un pico agudo de malestar.
    • Una expresión cultural del malestar, como el “ataque de nervios” descrito en poblaciones latinas, que se parece al pánico pero puede incluir llanto, gritos o caídas.

    Que el término no sea diagnóstico no significa que la experiencia sea menos real. Significa que “ataque de ansiedad” describe un grupo de fenómenos distintos, y cada uno se aborda distinto.

    Los 13 síntomas que definen un ataque de pánico

    El DSM-5-TR fija una lista cerrada. Para hablar de ataque de pánico se necesitan 4 o más de estos, con inicio brusco y máximo en menos de 10 minutos:

    1. Palpitaciones o corazón acelerado
    2. Sudoración
    3. Temblores o sacudidas
    4. Sensación de falta de aire o de ahogo
    5. Sensación de atragantarse
    6. Dolor u opresión en el pecho
    7. Náuseas o malestar abdominal
    8. Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo
    9. Escalofríos o sensación de calor
    10. Hormigueo o entumecimiento
    11. Sensación de irrealidad o de estar separado del propio cuerpo
    12. Miedo a perder el control o a volverse loco
    13. Miedo a morir

    Buena parte de esta lista se explica por un mecanismo bastante prosaico: la hiperventilación. Al respirar más rápido de lo necesario se elimina demasiado dióxido de carbono, y esa caída de CO2 produce por sí sola mareo, hormigueo, opresión en el pecho y debilidad. El detalle cruel es que también genera sensación de asfixia, lo que hace respirar todavía más rápido. Muchos de los síntomas que la persona lee como prueba de que se está muriendo son, en realidad, la consecuencia de cómo está respirando.

    Si marcaste menos de 4 síntomas, no quedas fuera de nada. Clark y Beck (2010) advierten que fijarse solo en las crisis completas oculta el malestar real de quien las vive: las crisis paucisintomáticas funcionan igual y se intercalan con las completas.

    Compara tu episodio con los criterios clínicos

    Ya tienes los dos criterios que mandan: cómo empezó y cuánto tardó en llegar a lo peor. Esta guía las cruza con los 13 síntomas y con las señales que obligan a mirar primero al cuerpo. No entrega un puntaje ni un diagnóstico. Responde con calma, pensando en el episodio más reciente, y no hay respuestas trampa.

    ¿Fue un ataque de pánico o una escalada de ansiedad?

    Esta guía compara lo que viviste con los criterios del ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). Toma un minuto. No entrega un puntaje ni un diagnóstico: solo te dice a cuál de los dos cuadros se parece tu episodio.

    1. ¿Cómo empezó?
    2. ¿Cuánto tardó en llegar a lo peor?
    3. ¿Cuáles de estos sentiste durante el episodio?

    Marca todos los que reconozcas. Son los 13 síntomas que define el DSM-5-TR.

    4. ¿Ocurrió alguna de estas cosas?

    Si marcas alguna, lo primero es descartar una causa médica. Si no ocurrió ninguna, deja todo sin marcar.

    5. ¿Es la primera vez?

    Falta responder las preguntas 1, 2 y 5 para poder comparar.

    Orientación educativa basada en los criterios de ataque de pánico del DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022). No es un diagnóstico ni reemplaza una evaluación profesional: el diagnóstico de trastorno de pánico lo hace un clínico en entrevista, descartando antes causas médicas.

    ¿Y si no fue ninguno de los dos?

    Acá hay algo que los artículos de comparación suelen saltarse, y es lo más importante de todo el texto. Varias condiciones médicas producen episodios que se parecen mucho a un ataque de pánico. El DSM-5-TR nombra explícitamente el hipertiroidismo, el hiperparatiroidismo, el feocromocitoma, los trastornos vestibulares, las crisis convulsivas y los cuadros cardiopulmonares como arritmias, taquicardia supraventricular, asma y EPOC.

    Una revisión sobre trastornos de ansiedad publicada en JAMA señala que síntomas como palpitaciones, molestias torácicas, falta de aire o mareo pueden requerir examen físico y electrocardiograma para descartar asma, arritmias e hipertiroidismo antes de atribuirlos a la ansiedad (Szuhany & Simon, 2022).

    Hay señales que inclinan la balanza hacia una causa médica y que conviene mencionarle al médico tal cual:

    • El primer episodio aparece después de los 45 años
    • Vértigo real, la sensación de que todo gira
    • Pérdida de conciencia
    • Pérdida del control de esfínteres
    • Habla trabada o arrastrada
    • No recordar parte de lo ocurrido

    Ninguna de esas cosas es típica de un ataque de pánico. Si alguna ocurrió, el orden correcto se invierte: primero la evaluación médica, después la conversación sobre ansiedad.

    Tener una crisis no es tener un trastorno

    Esta confusión hace sufrir a mucha gente sin necesidad. Las crisis de pánico aisladas son bastante comunes en población general: más de un tercio de los adultos jóvenes sin diagnóstico psiquiátrico vive al menos un ataque de pánico en el curso de un año (Clark & Beck, 2010).

    El trastorno de pánico es otra cosa y exige criterios bastante más estrictos: al menos dos ataques inesperados, seguidos de un mes o más en que la persona vive preocupada por que se repitan, teme sus consecuencias, o cambia su conducta para evitarlos.

    Fíjate en dónde está el corte. No lo define la cantidad de crisis ni lo espantosas que sean, sino el mes de miedo a que vuelvan. Ese es el momento en que la crisis deja de ser un episodio y se convierte en un problema que se sostiene solo.

    El mecanismo que lo sostiene tiene nombre: las conductas de seguridad. Cargar siempre un ansiolítico, tomarse el pulso, sentarse apenas se nota un latido fuerte, no salir sin compañía. Alivian en el momento, y ese alivio es justamente la trampa: la persona termina atribuyendo el no haberse muerto a la maniobra que hizo, y nunca llega a comprobar que esas sensaciones eran inofensivas por su cuenta. La creencia de peligro queda intacta. Algo parecido pasa con la evitación: dejar de ir al metro, al mall o al supermercado protege hoy y encoge la vida a mediano plazo, que es como se abre la puerta a la agorafobia y al trastorno de pánico propiamente tal.

    Qué hacer mientras estás en medio de una crisis

    Lo que la evidencia respalda va bastante a contramano de la intuición.

    Deja de pelear con las sensaciones. Suena raro, pero apurar que se vayan es lo que las alarga. Permitirles estar ahí funciona mejor. Son extremadamente incómodas y no son peligrosas: no van a causar un infarto ni locura, por muy convincente que se sienta lo contrario.

    No escapes si puedes evitarlo. Si la crisis te agarra en una situación cotidiana, quedarte es lo que enseña a tu sistema que el lugar no era el problema. Si el malestar es insoportable y necesitas salir, sal, pero quédate cerca y vuelve apenas puedas.

    Suelta las muletas. Revisar el pulso, buscar que alguien te confirme que estás bien, salir corriendo al servicio de urgencia por un episodio ya conocido. Cada una de esas maniobras compra calma inmediata y refuerza la idea de que sin ellas algo terrible habría pasado.

    Saca el foco de adentro. Durante el pánico la atención se pega a las señales del cuerpo y las amplifica. Devolverla al entorno, con suavidad y sin exigirte, corta esa lupa.

    Sobre la respiración vale un matiz que rara vez se menciona. Respirar lento ayuda a bajar la activación, pero si se transforma en la técnica que usas para escapar del miedo, pasa a ser una conducta de seguridad más y sabotea el aprendizaje. Úsala como una herramienta más, no como el salvavidas del que dependes.

    ¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

    Cuatro señales bastan para justificar una consulta, sin esperar a que la cosa empeore:

    • Interfiere con tu vida. El miedo anticipatorio o la evitación empiezan a afectar tu trabajo, tus estudios o tus relaciones.
    • Se sostiene en el tiempo. La preocupación se mantiene la mayor parte de los días y cuesta controlarla.
    • Las falsas alarmas se repiten. Tienes crisis inesperadas con frecuencia, sin amenaza real a la vista.
    • Cambiaste tu rutina. Dejaste de hacer cosas que antes hacías sin problema para no arriesgarte a otra crisis.

    La noticia buena es concreta. Un metaanálisis en red de 136 ensayos clínicos publicado en el British Journal of Psychiatry ubicó a la terapia cognitivo-conductual como una de las opciones de primera línea más razonables para el trastorno de pánico, con una diferencia media estandarizada de -0,67 frente al tratamiento habitual (Papola et al., 2022). Cuando se requiere apoyo farmacológico, una revisión Cochrane de tratamientos farmacológicos para el pánico respalda a los antidepresivos ISRS como opción de primera línea (Guaiana et al., 2023).

    Vale la pena decir por qué insistir con esto. Una guía clínica sobre ansiedad generalizada y trastorno de pánico en adultos consigna que buena parte de las personas con trastornos de ansiedad no recibe diagnóstico correcto, y una proporción importante nunca llega a tratarse (DeGeorge et al., 2022). No es que no haya tratamiento. Es que muchos no llegan a él.

    El tratamiento del pánico, además, es específico. Se trabaja sobre la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales, con exposición interoceptiva: provocar a propósito taquicardia o mareo en un contexto seguro para comprobar que no pasa nada. Eso es distinto de lo que se hace en trastorno de ansiedad generalizada, donde el foco está en la preocupación y en las creencias sobre preocuparse. Por eso importa saber cuál de los dos tienes enfrente.

    Preguntas frecuentes

    ¿Un ataque de ansiedad y una crisis de angustia son lo mismo?

    “Crisis de angustia” es la traducción clásica al español de panic attack, y en textos clínicos equivale a ataque de pánico, no a ataque de ansiedad. En el habla cotidiana los tres términos se mezclan. Si quieres precisión, fíjate en la curva: inicio brusco con pico en minutos apunta a pánico.

    ¿Cuánto dura un ataque de pánico?

    Suele alcanzar su punto máximo en menos de 10 minutos y ceder entre 5 y 20 minutos. El malestar general, el cansancio y la sensación de estar “raro” pueden prolongarse bastante después de que la crisis pasó. Si un episodio intenso dura horas sin bajar, probablemente no sea un ataque de pánico.

    ¿Un ataque de pánico puede matarme o hacerme perder la razón?

    No. Es la pregunta más frecuente y la respuesta es clara: los síntomas son consecuencia de una activación de alarma y de la hiperventilación, no de una falla cardíaca ni de un quiebre psicótico. Se siente como una emergencia médica sin serlo, y esa contradicción es justamente lo que lo hace tan aterrador.

    ¿Puedo tener un ataque de pánico mientras duermo?

    Sí. Los ataques nocturnos despiertan a la persona desde el sueño con la misma oleada de síntomas físicos, sin que exista ningún pensamiento previo. Suelen asustar más porque no hay ningún desencadenante a la vista. Siguen la misma lógica y responden al mismo tratamiento.

    ¿Qué pasa si tuve solo un ataque de pánico en mi vida?

    Un episodio aislado es más común de lo que parece y por sí solo no configura ningún trastorno. Más de un tercio de los adultos jóvenes vive uno en el curso de un año. Lo que marca la diferencia es lo que viene después: si aparece un mes de miedo a que se repita, conviene consultar.

    ¿Cómo sé si tengo que ir a urgencias?

    Si es tu primera crisis, si empezó después de los 45 años, o si hubo desmayo, vértigo intenso, habla trabada o pérdida de memoria, hazte revisar. Ante dolor de pecho por primera vez, la consulta médica es lo prudente. Con crisis ya evaluadas y conocidas, ir a urgencias cada vez suele funcionar como conducta de seguridad.

    Con qué quedarte

    Si tu episodio arrancó de golpe y llegó a su peor momento en minutos, con el cuerpo gritando que algo terrible estaba pasando, eso se parece a un ataque de pánico. Si fue una marea que subió durante horas o días de tensión, se parece más a lo que llamamos ataque de ansiedad. Y si aparecieron desmayos, vértigo o lagunas de memoria, lo primero es descartar una causa médica.

    En los tres casos hay algo que hacer, y ninguno mejora solo por aguantar más tiempo. Si las crisis se están repitiendo, o si ya cambiaste tu rutina para que no vuelvan a pasar, ese es el momento de pedir hora. El trastorno de pánico es de los cuadros que mejor responden a tratamiento cuando se aborda con las herramientas correctas.

    Agenda una primera sesión y conversemos sobre lo que estás viviendo.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., texto revisado). American Psychiatric Publishing.

    Clark, D. A., & Beck, A. T. (2010). Cognitive therapy of anxiety disorders: Science and practice. The Guilford Press.

    Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461-470. https://doi.org/10.1016/0005-7967(86)90011-2

    DeGeorge, K. C., Grover, M., & Streeter, G. S. (2022). Generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. American Family Physician, 106(2), 157-164. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35977134/

    Guaiana, G., Meader, N., Barbui, C., Davies, S. J., Furukawa, T. A., Imai, H., Dias, S., Caldwell, D. M., Koesters, M., Kikkawa, T., Bighelli, I., Cipriani, A., & Cowen, P. J. (2023). Pharmacological treatments in panic disorder in adults: A network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(11), CD012729. https://doi.org/10.1002/14651858.CD012729.pub3

    Papola, D., Ostuzzi, G., Tedeschi, F., Gastaldon, C., Purgato, M., Del Giovane, C., Pompoli, A., Pauley, D., Karyotaki, E., Sijbrandij, M., Furukawa, T. A., Cuijpers, P., & Barbui, C. (2022). Comparative efficacy and acceptability of psychotherapies for panic disorder with or without agoraphobia: Systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The British Journal of Psychiatry, 221(3), 507-519. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.148

    Ruiz, M. Á., Díaz, M. I., & Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.

    Szuhany, K. L., & Simon, N. M. (2022). Anxiety disorders: A review. JAMA, 328(24), 2431-2445. https://doi.org/10.1001/jama.2022.22744

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Sobre este contenido

    Revisado por el equipo clínico de Terapia Online Chile, psicólogos clínicos con práctica en atención de adultos. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación clínica individual. Los criterios diagnósticos citados provienen del DSM-5-TR y toda afirmación clínica está referenciada a su fuente en el apartado de Referencias. Última actualización: septiembre de 2026.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.