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  • Anorexia en hombres: síntomas y por qué cuesta detectarla

    Anorexia en hombres: síntomas y por qué cuesta detectarla

    Imagina a un hombre de 27 años que deja de comer pan, después el arroz, después casi todo lo que no sea pollo y verdura. Entrena seis días a la semana, se mide los brazos con una cinta y pesa la comida. Baja de peso y los amigos le dicen que está en forma. Nadie piensa en un trastorno, porque la anorexia en hombres casi no existe en la idea que la mayoría tenemos de la enfermedad: se la asocia con adolescentes mujeres, y punto.

    Si llegaste aquí por un hijo, una pareja, un amigo o por ti, esta guía responde cuántos hombres la tienen, cómo se ve, por qué se escapa de la consulta, qué señales mirar y qué se sabe del tratamiento. Es un tema donde la investigación es escasa, y el texto va marcando en qué puntos.

    En breve: la anorexia nerviosa existe en hombres con los mismos criterios diagnósticos que en mujeres, pero suele verse distinta: más búsqueda de músculo, ejercicio que no se suspende, dietas rígidas “limpias” y camuflaje del cuerpo. Es menos frecuente (0,2 % de los hombres a lo largo de la vida, frente a 1,4 % de las mujeres) y se detecta tarde, porque los criterios, los cuestionarios y el estereotipo se pensaron para ellas. En hombres hay poca investigación sobre tratamiento, así que se aplica lo que se sabe del resto de las personas. Consultar antes evita llegar con el cuadro ya instalado.

    ¿Existe la anorexia en hombres y cuántos la tienen?

    Sí existe, aunque es menos frecuente. Una revisión de 2024 estima una prevalencia de por vida de 0,2 % para la anorexia nerviosa en hombres y de 1,4 % en mujeres (Halbeisen et al., 2024). Con todos los trastornos alimentarios juntos, un metaanálisis de 94 estudios dio 2,2 % de los hombres y 8,4 % de las mujeres a lo largo de la vida (Galmiche et al., 2019).

    Fuera de las clínicas, las cifras se acercan. En una encuesta nacional de Estados Unidos con 9.282 personas, la anorexia a lo largo de la vida fue de 0,3 % en hombres y 0,9 % en mujeres (Hudson et al., 2007). Y un estudio con 2.122 gemelos finlandeses halló una prevalencia de 0,24 % y una incidencia de 15,7 casos por 100.000 personas al año en el tramo de mayor riesgo, entre los 10 y los 24 años. Todos los hombres con diagnóstico se habían recuperado cuando se les evaluó, pero con bastante comorbilidad psiquiátrica. Los autores concluyen que en la comunidad la anorexia masculina es más común y más transitoria de lo que se pensaba (Raevuori et al., 2009).

    Lo que ninguna de estas cifras dice es cuántos casos se pierden. Una revisión narrativa señala que estudiar a los hombres es difícil por las bajas frecuencias, por los sistemas de clasificación pensados en femenino y por la falta de instrumentos adecuados (Mitchison y Mond, 2015). Cuando el termómetro está calibrado para otro cuerpo, se subestima lo que mide, y eso alcanza a todos los TCA en hombres, de los cuales la anorexia es uno.

    ¿Cómo se llama la anorexia en hombres?

    Se llama igual: anorexia nerviosa. El DSM-5 usa los mismos criterios para ambos sexos (American Psychiatric Association, 2013): restricción de la ingesta que lleva a un peso bajo, miedo intenso a engordar o conductas que impiden ganar peso, y una vivencia alterada del propio cuerpo. El DSM-5 sacó además la exigencia de amenorrea que traía el DSM-IV, que por definición dejaba fuera a los hombres, y sus criterios son más neutros respecto del sexo (Raevuori et al., 2014).

    “Manorexia” es una palabra de la prensa. No es un diagnóstico clínico y puede sugerir que se trata de otra enfermedad. Si buscas un nombre para describir lo que le pasa a alguien, el término correcto es anorexia nerviosa en hombres (o en varones), y dentro del mapa general entra en los trastornos de la conducta alimentaria. Si quieres ver el cuadro completo, sin foco en el sexo, la guía sobre anorexia nerviosa lo desarrolla.

    ¿Cómo se ve la anorexia en un hombre?

    El núcleo del cuadro es el mismo: restricción, miedo a engordar y un cuerpo que se ve distinto de como es (Fairburn, 2008). Lo que cambia es el envoltorio. Las revisiones coinciden en que las mujeres suelen buscar delgadez y los hombres, un cuerpo muscular con poca grasa, y en que las presentaciones difieren de forma marcada (Murray et al., 2017; Halbeisen et al., 2024). Esta tabla resume cómo se traduce eso en la vida diaria (Fairburn, 2008; Wilhelm et al., 2012; Nagata et al., 2020).

    Rasgo Imagen clásica Cómo suele verse en un hombre
    Qué busca Bajar de peso y de volumen Poca grasa y mucha definición; el peso baja igual
    Ejercicio Cardio para gastar calorías Pesas y rutinas fijas, también cardio, que no se suspenden ni lesionado ni enfermo
    Comida Saltarse comidas, porciones mínimas Dietas hiperproteicas rígidas, fases de “volumen y definición”, alimentos pesados al gramo
    Cuerpo Ropa holgada para tapar la delgadez Capas de ropa, medirse bíceps, pecho o abdomen, mirarse al espejo una y otra vez
    Sustancias Laxantes, diuréticos Suplementos, creatina, quemadores de grasa y, a veces, esteroides anabólicos

    Dos datos de la investigación matizan este retrato. Primero, no todos los síntomas difieren: una revisión no encontró diferencias entre sexos en atracones, vómitos ni uso de laxantes, aunque los hombres puntuaban más bajo en los cuestionarios de síntomas (Raevuori et al., 2014). Segundo, muchos hombres parten de un peso más alto. Esa misma revisión confirmó el antecedente de sobrepeso, y un estudio de 1.009 pacientes graves hospitalizados en París, de los cuales 23 eran hombres, halló que ellos habían tenido más sobrepeso antes de enfermar y que el cuadro empezaba más tarde (Gueguen et al., 2012). Quien baja mucho de peso desde un punto de partida alto recibe felicitaciones antes que preguntas.

    ¿Por qué pasa desapercibida?

    Hay cuatro razones que se refuerzan entre sí.

    Los cuestionarios no preguntan lo que importa. Un repaso de la evaluación en varones señala que la mayoría de los instrumentos más usados se desarrollaron y se calibraron en mujeres, y que solo recientemente aparecieron instrumentos propios para hombres (Darcy y Lin, 2012). Lo mismo advierte la revisión alemana de 2024: las herramientas de cribado habituales no recogen los síntomas más frecuentes en ellos (Halbeisen et al., 2024). El SCOFF, por ejemplo, tiene cinco preguntas y ninguna se refiere a la musculatura, al entrenamiento ni a los suplementos. Una revisión pediátrica agrega que existe ya un cuestionario validado para evaluar la alimentación orientada a la musculatura (Nagata et al., 2020), pero es poco conocido fuera de la investigación.

    Muchas conductas tienen buena prensa. Entrenar a diario, comer proteína, “cortar” antes del verano, pesar la comida. En un hombre eso se lee fácil como disciplina, y por eso familia y amigos tardan en preocuparse.

    El estereotipo funciona también en la consulta. En un estudio cualitativo con diez hombres jóvenes, la idea de que los trastornos alimentarios son un problema femenino llevó primero a que ellos no reconocieran sus propios síntomas. Muchos llegaron a consulta cuando las conductas ya estaban instaladas, y algunos sintieron que los profesionales tardaron en reconocerlos por ser hombres (Räisänen y Hunt, 2014). Es una muestra pequeña, pero describe un mecanismo creíble.

    El estigma frena la ayuda. La revisión crítica de Murray y colaboradores concluye que a los hombres se los estigmatiza más y participan menos en el tratamiento (Murray et al., 2017). Pedir ayuda por algo que “es de mujeres” cuesta, y la demora se traduce en llegar peor.

    Síntomas y señales de alarma de la anorexia en hombres, para quienes lo rodean

    Una señal aislada no hace un trastorno. Lo que merece atención es el conjunto, sostenido en el tiempo y con costo para la vida de la persona. Estas son las que más se repiten en la literatura clínica (Fairburn, 2008; Wilhelm et al., 2012):

    • Baja de peso con dietas cada vez más rígidas: alimentos “prohibidos”, pesar y medir todo, comer despacio y desmenuzando.
    • Evita comer con otros, dice que “ya comió fuera” o cancela asados, cumpleaños y viajes por la comida.
    • Entrena aunque esté enfermo, lesionado o agotado, y se angustia o se siente culpable si se salta una sesión.
    • Siente que solo “se merece” comer si antes quemó calorías.
    • Se revisa el cuerpo con frecuencia (espejo, cinta métrica, pellizcos) o se tapa con varias capas de ropa incluso con calor.
    • Frío intenso, manos y pies fríos, mareo al ponerse de pie, menos fuerza.
    • Menos interés por el sexo y el contacto físico, más irritabilidad y rigidez.
    • Suplementos, creatina o sustancias que esconde.

    Si te reconoces en varias de estas, vale la pena una evaluación. Y si el que se reconoce es un hijo adolescente, el siguiente paso es el mismo: consultar.

    ¿Es anorexia, vigorexia o simple entrenamiento intenso?

    Los tres se confunden con facilidad. La vigorexia (dismorfia muscular) es el cuadro vecino: la persona se ve pequeña y débil aunque tenga mucho músculo. Fue descrita en 1993 como anorexia inversa en fisicoculturistas (Pope et al., 1993), y hoy el DSM-5 la ubica como una forma del trastorno dismórfico corporal (American Psychiatric Association, 2013). Hay una guía propia sobre vigorexia si te interesa más ese lado.

    La frontera entre ambas es más porosa de lo que parece. Un estudio con 21 hombres con dismorfia muscular y 24 con anorexia encontró muchas similitudes en imagen corporal, alimentación y ejercicio, y las diferencias reflejaban los cuerpos opuestos que cada grupo busca (Murray et al., 2012). Un metaanálisis halló una asociación positiva entre dismorfia muscular y síntomas de trastorno alimentario, con una correlación de 0,36 (Badenes-Ribera et al., 2019). Y una revisión sistemática vio apoyo preliminar a la dismorfia muscular como presentación clínica válida, aunque no alcanzó para decidir si es una variante del trastorno dismórfico corporal o una condición aparte (Cooper et al., 2020).

    Anorexia nerviosa Dismorfia muscular Entrenamiento intenso sin trastorno
    Meta Bajar de peso o no engordar Ganar músculo y no perder volumen Rendimiento, salud o estética
    Cómo se ve el cuerpo Demasiado grande, aunque esté delgado Demasiado pequeño, aunque sea fuerte Con una mirada realista
    Dieta Restricción Rígida y alta en proteína, con suplementos Flexible, sin culpa
    Si no puede entrenar Angustia, por las calorías Angustia, por el miedo a “perder” músculo Se frustra pero se adapta

    Más que cuánto entrena, importa si puede parar. Entrenar lesionado, dejar planes y relaciones por el gimnasio o sentir pánico al saltarse una sesión son señales de que ya hay un problema, aunque el físico se vea “sano” (Wilhelm et al., 2012).

    Consecuencias de la anorexia en hombres: ¿qué le hace al cuerpo?

    Afecta a todos los sistemas, y en los hombres hay complicaciones que se pasan por alto.

    • Huesos. En un estudio de hombres ingresados por trastornos alimentarios, el 36 % tenía osteopenia y el 26 % osteoporosis en la columna lumbar. Los hombres con anorexia tenían una densidad ósea menor que las mujeres y la caída se asociaba con el peso más bajo alcanzado y con la duración de la enfermedad (Mehler et al., 2008). La osteoporosis se ha considerado tradicionalmente un problema femenino, y por eso conviene preguntarse por ella también en hombres.
    • Hormonas y deseo sexual. La falta de nutrición baja la testosterona, y con ella el deseo, la erección y la fertilidad (Agras y Robinson, 2018).
    • Corazón. Ritmo lento o irregular, presión baja y mareos al ponerse de pie son comunes en el cuadro avanzado (Agras y Robinson, 2018).
    • Mortalidad. Un metaanálisis de 2025 estimó que la anorexia nerviosa tiene la mayor razón de mortalidad de todos los trastornos alimentarios, 5,21 veces la esperada (Krug et al., 2025). En el estudio parisino ya citado, la mortalidad de los hombres fue alta (razón de mortalidad estandarizada de 8,08), con una muestra de solo 23 hombres y un intervalo de confianza amplio. Los tres fallecidos habían abandonado el tratamiento hospitalario (Gueguen et al., 2012).

    ¿Quiénes tienen más riesgo?

    Ser de un grupo de riesgo no significa tener el trastorno, pero ayuda a saber dónde mirar.

    • Deportes con categoría de peso o de apariencia. Una revisión de alcance de 80 estudios halló prevalencias de trastornos alimentarios de hasta 32,5 % en deportistas varones adultos de élite, más altas que en la población general. El factor más repetido fue competir en deportes sensibles al peso. En adolescentes la prevalencia no era mayor, y no había estudios sobre pronóstico ni manejo de estos casos (Karrer et al., 2020).
    • Hombres gays y bisexuales. Una revisión de 2017 concluye que las minorías sexuales muestran más conductas alimentarias desordenadas y que la diferencia es mayor en los hombres (Calzo et al., 2017). Un metaanálisis en adolescentes vio que los varones homosexuales tenían más de cinco veces las probabilidades de purgarse y más del triple de dietar que sus pares heterosexuales (Cao et al., 2023). Esos datos miden conductas alimentarias y dejan fuera el diagnóstico de anorexia.
    • Sobrepeso previo. Aparece de forma repetida en la literatura clínica sobre hombres con anorexia (Raevuori et al., 2014; Gueguen et al., 2012).

    Cuando el cuadro llega, suele acompañarse de otros problemas. En el estudio finlandés, los hombres recuperados habían tenido bastante comorbilidad psiquiátrica (Raevuori et al., 2009), y la depresión en hombres tiene sus propias formas de disfrazarse.

    ¿Qué tratamiento hay y funciona igual en hombres?

    Aquí la evidencia es la parte más débil. Una revisión de 18 estudios con 1.129 hombres concluyó que el conocimiento sobre el resultado del tratamiento en varones es escaso, que los resultados son inconclusos y en parte contradictorios, y que no hay evidencia firme de diferencias entre sexos (Strobel et al., 2018). Por eso se aplica lo que se sabe de la anorexia en general:

    • Adolescentes. La terapia familiar tiene el mejor respaldo. En un ensayo con 121 adolescentes, no hubo diferencias en remisión al terminar entre la terapia familiar y la individual, pero a los 6 y 12 meses la familiar fue superior (Lock et al., 2010). Un metaanálisis vio lo mismo, con solo tres estudios que cumplían los criterios estrictos (Couturier et al., 2013).
    • Adultos. Un metaanálisis en red de 16 ensayos halló que ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual en peso ni en síntomas, con confianza baja a muy baja en la evidencia, y que la deserción fue menor con terapia cognitivo-conductual (Solmi et al., 2021). Eso no apunta a una terapia ganadora, y por eso pesan el equipo tratante y que la persona se quede.
    • Hospitalización. Se reserva para la inestabilidad médica; la mayor parte del tratamiento es ambulatorio (NICE, 2017). Tras el alta conviene un seguimiento cercano, sobre todo con la forma restrictiva, bajo peso o mayor edad, como recomiendan los autores del estudio parisino (Gueguen et al., 2012).

    Falta, además, algo de ajuste fino. Una revisión pediátrica sostiene que las guías pueden carecer de especificidad para chicos y hombres, y que el tratamiento debería adaptarse a sus preocupaciones, como la musculatura (Nagata et al., 2020). La revisión alemana añade que no se sabe si el tratamiento debería diferir (Halbeisen et al., 2024). En la práctica significa que un clínico atento a ejercicio, suplementos y esteroides trabaja con un cuadro más completo.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta pronto si hay baja de peso con restricción, ejercicio que no se puede suspender o preocupación constante por el cuerpo, y sobre todo si afecta el trabajo, los estudios o las relaciones. No esperes a que “se vea” enfermo: en un hombre, el aspecto engaña.

    Ve a un servicio de urgencias si hay desmayos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, negativa total a comer o beber, o ideas de hacerse daño.

    La puerta de entrada puede ser un médico general o un centro de atención primaria, que hace la primera evaluación y deriva (NICE, 2017). El tratamiento lo llevan psicólogos clínicos y psiquiatras con experiencia en trastornos alimentarios; si dudas por quién partir, la guía sobre psicólogo o psiquiatra ayuda. Si quieres una primera evaluación, puedes agendar una consulta. Si el cuadro no calza del todo con lo descrito aquí, la guía sobre anorexia atípica puede aclarar dudas, y la de diferencias entre anorexia y bulimia ordena el resto del mapa. Para información de consenso, hay material de MedlinePlus, de la Asociación Americana de Psiquiatría y del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU..

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo se llama la anorexia en hombres?

    Se llama anorexia nerviosa, igual que en mujeres, y se diagnostica con los mismos criterios del DSM-5. “Manorexia” es una palabra de la prensa y no un diagnóstico clínico. Lo que cambia es cómo se ve: más búsqueda de músculo, ejercicio compulsivo y dietas rígidas.

    ¿Cuántos hombres tienen anorexia?

    Una revisión de 2024 estima una prevalencia de por vida de 0,2 % en hombres y de 1,4 % en mujeres. En estudios comunitarios las cifras son algo mayores y el cuadro suele ser más transitorio. Muchos casos se pierden porque los criterios y cuestionarios se pensaron para mujeres.

    ¿Cuáles son los síntomas de la anorexia en hombres adultos?

    Baja de peso con dietas rígidas, evitar comer con otros, entrenar sin parar aunque esté enfermo o lesionado, revisarse el cuerpo con cinta o espejo, taparse con ropa, frío y mareo, menos deseo sexual y suplementos escondidos. El conjunto sostenido importa más que una señal aislada.

    ¿Por qué la anorexia en hombres se detecta tarde?

    Los criterios y cuestionarios se desarrollaron con mujeres, el estereotipo la hace invisible, muchas conductas se leen como disciplina deportiva y el estigma retrasa pedir ayuda. Los hombres suelen llegar a consulta cuando el cuadro ya está instalado, según estudios cualitativos y clínicos.

    ¿La vigorexia y la anorexia son lo mismo?

    No. La vigorexia o dismorfia muscular es la preocupación por verse pequeño y poco musculoso; la anorexia gira en torno al peso y el miedo a engordar. Comparten rasgos como el ejercicio compulsivo y la dieta rígida, se asocian entre sí y pueden coexistir.

    ¿Tiene tratamiento la anorexia en hombres?

    Sí. Se usa lo que funciona en general: terapia familiar en adolescentes y psicoterapia en adultos, con atención médica. En hombres la investigación específica es escasa y no muestra diferencias firmes entre sexos. Un clínico que pregunte por ejercicio y suplementos trabaja mejor.

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    Referencias

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    • Wilhelm, S., Phillips, K. A., & Steketee, G. (2012). Cognitive-behavioral therapy for body dysmorphic disorder: A treatment manual. Guilford Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Él no llora. No dice que está triste. Lo que hay es un mal genio que antes no tenía, dos o tres cervezas más de las que solía tomar, horas de más en el trabajo y un «estoy bien, déjame tranquilo» cada vez que alguien pregunta. Nadie en la casa le pone el nombre de depresión, y él menos que nadie. Si algo de esto te suena, sea porque lo ves en tu pareja, en tu papá, en un amigo, o porque te describe a ti, esta guía sobre depresión en hombres es para eso.

    Aquí vas a encontrar cómo se ve la depresión en hombres cuando no se parece a la depresión de los folletos, por qué la mitad de los casos se queda sin diagnóstico, qué dicen las cifras chilenas de consulta y de suicidio, y cómo hablarle a un hombre que no quiere hablar. Todo con la evidencia a la vista.

    Respuesta corta: la depresión masculina existe con la misma frecuencia con que se diagnostica menos. Muchos hombres no la sienten como tristeza sino como irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo o dolores sin causa. Cuando esos síntomas se cuentan, la brecha entre hombres y mujeres casi desaparece. En Chile, los hombres consultan menos y mueren por suicidio unas cuatro veces más que las mujeres. Se trata, y se trata bien, pero primero hay que verla.

    Depresión en hombres vs. mujeres: ¿por qué en ellos pasa desapercibida?

    La depresión se diagnostica el doble en mujeres que en hombres. Eso es real y está medido: dos metaanálisis con datos de más de 90 países encontraron que las mujeres tienen casi el doble de probabilidad de recibir un diagnóstico de depresión mayor (Salk et al., 2017). La brecha aparece a los 12 años, llega a su máximo en la adolescencia y después se mantiene toda la vida adulta. Beck, Rush, Shaw y Emery (2024, pp. 26-27) recogen el mismo dato en su manual de terapia cognitiva de la depresión y anotan que esa diferencia no existe en el trastorno bipolar.

    Los mismos autores del metaanálisis cierran con una frase que vale la pena leer dos veces: la magnitud de la diferencia indica que la depresión en los hombres no debe pasarse por alto. Que sea menos frecuente no la hace rara. Y hay razones para pensar que ni siquiera es tan menos frecuente.

    Los criterios diagnósticos de la depresión (ánimo bajo, pérdida de interés, llanto, culpa, cambios de sueño y apetito) describen bien cómo la viven muchas personas, pero dejan fuera una parte de cómo la viven muchos hombres. Un análisis de una encuesta nacional de Estados Unidos lo puso a prueba: cuando se midieron solo los síntomas «de tipo masculino» (ataques de ira, agresividad, abuso de sustancias, conductas de riesgo), más hombres que mujeres cumplían criterios de depresión, 26,3 % frente a 21,9 %. Cuando se combinaron los síntomas clásicos con los alternativos, la diferencia por sexo desapareció: 30,6 % de hombres y 33,3 % de mujeres (Martin et al., 2013).

    Dicho en simple: si preguntas por tristeza, encuentras más mujeres deprimidas. Si además preguntas por rabia, alcohol y riesgo, encuentras a los hombres que la primera pregunta se saltó.

    En Chile la brecha de diagnóstico es todavía más grande que la internacional. Según el análisis de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, la prevalencia de depresión fue de 10,1 % en mujeres y 2,1 % en hombres, y la sospecha de depresión medida con un cuestionario de síntomas fue de 21,7 % frente a 10,0 % (Nazar et al., 2021). Una diferencia de cinco veces en el diagnóstico y de dos veces en los síntomas. Ese hueco entre las dos cifras es, en buena parte, depresión masculina que no llega a ninguna consulta.

    Un grupo de investigadores propuso una hipótesis para explicar la paradoja: las mujeres reportarían más la depresión leve y moderada, y los hombres aparecerían más en el extremo grave y en el suicidio, por dos vías: un estilo de afrontamiento que no expresa emociones ni pide ayuda, y una forma distinta de sintomatizar (Shi et al., 2021). Es una hipótesis, no un hecho comprobado, pero encaja con casi todo lo que sigue.

    Síntomas de depresión en hombres: los que no parecen depresión

    Los síntomas de depresión en hombres incluyen los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés) y además un conjunto que casi nunca se reconoce como depresión: irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo y quejas físicas. Los profesionales los llaman síntomas externalizantes, porque en vez de volcarse hacia adentro (tristeza, llanto) se descargan hacia afuera.

    Esto no es una impresión clínica suelta. Una revisión sistemática con metaanálisis de 32 estudios y más de 108.000 participantes con depresión encontró que los hombres deprimidos reportan con más frecuencia e intensidad abuso de alcohol o drogas y conductas de riesgo o mal control de impulsos, mientras que las mujeres deprimidas reportan más los síntomas que figuran en los manuales: ánimo deprimido, cambios de apetito y alteraciones del sueño (Cavanagh et al., 2017). Los autores recomiendan algo muy concreto: al evaluar depresión en un hombre, preguntar por consumo, riesgo e impulsividad.

    La escala de riesgo de depresión masculina más estudiada, la MDRS-22, agrupa esos síntomas en seis dominios: supresión emocional, consumo de drogas, consumo de alcohol, ira y agresividad, síntomas somáticos y conductas de riesgo (Rice et al., 2013). Es un buen mapa de lo que hay que mirar:

    Lo que se ve desde afuera Lo que puede haber debajo
    Se enoja por cualquier cosa, contesta mal, «anda insoportable» Irritabilidad e ira como forma de expresar el malestar
    Toma más que antes, o empezó a tomar solo Alcohol para apagar el ánimo o poder dormir
    Llega tarde del trabajo, se queda en el gimnasio, no para nunca Sobreactividad para no quedarse a solas con lo que siente
    Maneja más rápido, apuesta, gasta de más, se mete en peleas Conductas de riesgo y mal control de impulsos
    Dolor de espalda, de cabeza, problemas digestivos, insomnio, menos deseo sexual Síntomas somáticos de la depresión
    «Estoy bien», se encierra, deja de responder mensajes Supresión emocional y aislamiento

    Ninguna de estas señales, sola, es depresión. Todas juntas, sostenidas durante semanas y con un cambio claro respecto a cómo era él antes, sí obligan a preguntarse.

    En un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos que habían pasado por una depresión, los entrevistados describieron constelaciones de síntomas que no coincidían con los manuales diagnósticos, y sus historias se agruparon en tres tipos de relato: frustración, quiebre e inseguridad (Aguayo, 2022). No era gente que «no supiera» que estaba mal. Era gente que no encontraba, en la palabra depresión, algo que se pareciera a lo suyo.

    Irritabilidad y «mal genio»: ¿depresión masculina o carácter?

    La irritabilidad es el síntoma que más confunde, porque se lee como un problema de carácter o de pareja y no como un problema de salud. Beck y sus colaboradores (2024, p. 31) señalan que las personas deprimidas sienten con frecuencia irritabilidad, sobre todo hacia las personas más cercanas, y que encima sienten vergüenza por sentirla. O sea: él se enoja contigo, después se siente peor por haberse enojado, y ese círculo alimenta la depresión.

    La pista para distinguir el mal genio de la depresión es el cambio. Un hombre que siempre fue de pocas pulgas no está deprimido por serlo. Uno que era tranquilo y desde hace dos meses salta por todo, duerme mal y dejó de disfrutar lo que le gustaba, probablemente sí.

    Alcohol, trabajo y otras formas de no sentir

    El alcohol merece un párrafo aparte, porque es a la vez síntoma, anestesia y agravante. En el metaanálisis de Cavanagh y colaboradores (2017) el consumo de alcohol y drogas fue una de las dos diferencias más claras entre hombres y mujeres deprimidos. Y el alcohol empeora el sueño, el ánimo y el control de impulsos, así que la depresión que intenta tapar termina más grande.

    Si ves que el consumo subió al mismo tiempo que el ánimo bajó, vale la pena mirarlo con un instrumento serio. El test AUDIT de consumo de alcohol tarda tres minutos y da una idea honesta de en qué punto está.

    El exceso de trabajo es la versión socialmente aplaudida del mismo mecanismo. Nadie le dice a un hombre que trabaja doce horas que consulte a un psicólogo; le dicen que es responsable. Pero cuando el trabajo (o el deporte, o las pantallas) se usa para no estar nunca en silencio, funciona igual que la copa: posterga el momento de mirar lo que pasa.

    La brecha de consulta: por qué no pide ayuda

    Los hombres consultan menos por depresión, y el motivo principal no es biológico, es aprendido. Una revisión sistemática de 37 estudios encontró que apegarse a las normas masculinas tradicionales (ser fuerte, no mostrar debilidad, arreglárselas solo) tiene un efecto triple en los hombres con depresión: cambia cómo se expresan los síntomas, reduce la intención y la conducta real de pedir ayuda, y afecta cómo manejan lo que sienten (Seidler et al., 2016). Una revisión más reciente de 47 estudios llegó al mismo lugar: esas normas disuaden de buscar apoyo en salud mental, y los servicios necesitan adaptarse a eso en vez de esperar que el hombre se adapte a ellos (Mokhwelepa & Sumbane, 2025).

    En la práctica, eso significa que el hombre deprimido rara vez llega diciendo «estoy deprimido». Llega al médico por el dolor de espalda, por el insomnio, por la presión alta, o lo trae la pareja porque «ya no se le aguanta». El diagnóstico depende de que alguien, en ese punto, haga la pregunta correcta.

    Depresión masculina y suicidio en Chile: la cifra que obliga a mirar

    La razón por la que este tema no es un detalle académico es el suicidio. En Chile, según el Ministerio de Salud, la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres que en mujeres. Con datos oficiales del DEIS, una revisión publicada en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría reporta una tasa de 17,3 muertes por suicidio por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, con el 70 % de las muertes en hombres, y tasas todavía más altas en los hombres mayores de 80 años (Estadella-Guerra et al., 2023). El patrón no es chileno: a nivel internacional los hombres tienen una mortalidad por suicidio entre dos y cuatro veces mayor que las mujeres, y piden menos ayuda (Shi et al., 2026).

    Junta las dos cosas: se diagnostica cinco veces menos depresión en hombres, y mueren cuatro veces más por suicidio. Esa distancia es el costo de los síntomas que se disfrazan.

    Hay señales de alarma que conviene conocer, más allá de las de la depresión en general: regalar cosas que valoraba, despedirse de manera rara, poner papeles en orden sin motivo, hablar de ser una carga o de que «los demás estarían mejor», un aumento brusco del consumo, o una calma repentina después de semanas de estar mal. Cualquiera de ellas amerita preguntar directamente, con calma y sin rodeos, si ha pensado en quitarse la vida, y buscar ayuda profesional ese mismo día.

    Si necesitas orientación ahora, Salud Responde del MINSAL atiende las 24 horas en el 600 360 7777, y la línea *4141 (Hospital Digital) es gratuita para ideación suicida y funciona a toda hora. Si el riesgo es inmediato, urgencias del hospital o CESFAM más cercano.

    Lo alentador es que los sistemas de salud sí pueden mover esa cifra. Una revisión sistemática de intervenciones en atención primaria encontró que los programas comunitarios que incluyen formación de los médicos generales para detectar depresión y riesgo en hombres se asociaron a reducciones de la mortalidad masculina por suicidio frente a regiones sin el programa, y que las intervenciones sobre consumo de alcohol en el consultorio redujeron el consumo dañino (Ahmed et al., 2025). La detección en el primer contacto salva vidas; por eso importa tanto que la depresión masculina se reconozca donde él sí llega.

    ¿Existe un test de depresión para hombres?

    Existen escalas diseñadas para los síntomas masculinos, pero ninguna tiene todavía un punto de corte validado en población hispanohablante, así que aquí no vas a encontrar un test con puntaje que te diga «depresión masculina sí o no». Sería inventar un resultado.

    Lo que sí hay: la Escala de Depresión Masculina de Gotland, la MDRS-22 y su versión breve MDRS-7, y la GSDS-26. Una revisión de 2026 sobre estas herramientas concluye que captan dominios que las escalas tradicionales no miden (supresión emocional, ira, riesgo, consumo, quejas somáticas) y que pueden servir como cribado complementario, pero que la evidencia se apoya sobre todo en muestras no clínicas y falta validación a largo plazo y en otras culturas (Jabłonka et al., 2026).

    Mientras tanto, dos herramientas validadas y gratuitas sirven de punto de partida: el test PHQ-9 de depresión, que mide los síntomas clásicos y es uno de los más usados en atención primaria, y el test AUDIT de alcohol, que cubre la parte que el PHQ-9 no ve. Si el PHQ-9 sale bajo pero la lista de la tabla de arriba te suena entera, eso también es información: es exactamente el perfil que los cuestionarios clásicos se saltan, y motivo suficiente para una evaluación profesional.

    «Mi pareja está deprimido»: cómo hablar con él

    Si buscaste mi pareja está deprimido y llegaste hasta aquí, probablemente ya intentaste hablar y no funcionó. Lo más frecuente es que la conversación haya ido por el camino de «tienes que hablar de lo que sientes», y que él haya respondido con la puerta cerrada. No es que no le importe; es que le pediste el idioma que menos maneja.

    La literatura sobre cómo enganchar a los hombres en tratamiento psicológico da pistas que sirven igual en la casa. Una revisión de 46 artículos con recomendaciones clínicas destaca que con los hombres funcionan mejor los enfoques colaborativos, transparentes, orientados a la acción y centrados en metas, y microhabilidades como normalizar (dejar claro que lo que le pasa es común y tiene arreglo) y adaptar el lenguaje a lo que a él le hace sentido (Seidler et al., 2018). Son recomendaciones de expertos, no un ensayo clínico, pero apuntan todas en la misma dirección.

    Traducido a una conversación real:

    • Habla de lo que ves, no de lo que sientes tú por él. «Te noto más irritable y durmiendo mal desde hace dos meses» abre más puertas que «me tienes preocupada».
    • Ponle un nombre concreto y con salida. «Esto que te pasa tiene nombre, es muy común y se trata» funciona mejor que «creo que estás deprimido», que suena a etiqueta.
    • Propón una acción, no una emoción. Ir al médico por el sueño o por el cansancio cuesta menos que «ir a terapia a hablar de tus cosas». Desde ahí el profesional puede hacer el resto.
    • Ofrece acompañar, no supervisar. «Te pido la hora y te acompaño» reduce la fricción; «¿ya pediste la hora?» todos los días la aumenta.
    • No lo conviertas en pelea. Si responde con rabia, lo más probable es que la rabia sea el síntoma. Retírate y vuelve en otro momento, sin dejar de volver.
    • Si aparece cualquier señal de alarma de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día, con él o sin su permiso. Ahí ya no es una conversación de pareja, es una emergencia de salud.

    Y cuídate tú. Vivir con una persona deprimida agota, y eso no es egoísmo ni deslealtad. Tenemos una guía más amplia sobre cómo ayudar a una persona con depresión y qué evitar decirle que complementa este apartado.

    Qué funciona: tratamiento de la depresión en hombres

    La depresión masculina se trata con lo mismo que cualquier otra depresión, y funciona. La terapia cognitivo-conductual tiene un efecto grande frente a no tratarse, sostenido a los seis y doce meses de seguimiento, según un metaanálisis de 409 ensayos con más de 52.000 pacientes (Cuijpers et al., 2023). En ese mismo metaanálisis, la terapia cognitivo-conductual rindió igual que los antidepresivos a corto plazo y algo mejor a los seis y doce meses, y combinar ambos fue más eficaz que los fármacos solos. Los antidepresivos los indica y controla un médico; en la práctica, muchos hombres llegan primero a esa puerta. Tenemos el detalle en qué funciona para salir de la depresión según la evidencia.

    Con los hombres, lo que hay que cuidar es la forma de llegar y de quedarse en el tratamiento. La misma revisión de Seidler y colaboradores (2018) recomienda que el terapeuta tenga en cuenta cómo la socialización masculina influye en la consulta, use metas claras y un estilo activo, y trabaje con las fortalezas que él ya tiene. La terapia cognitiva le cae bien a ese perfil: es estructurada, tiene tareas concretas y mide el avance. Beck y colaboradores (2024, p. 131) describen el caso de un paciente deprimido, ansioso e irritable que no lograba plantarse ante su esposa porque creía que «no debes encontrarle defectos a la gente o te castigarán»: la terapia consistió en poner esa regla a prueba con experimentos concretos, no en hablar de sentimientos durante meses.

    En Chile, la depresión en personas de 15 años y más está cubierta por el GES, con tratamiento desde la confirmación diagnóstica y acceso a especialista si el cuadro es grave. El punto de entrada es el CESFAM o el médico de cabecera. Que la puerta esté abierta no significa que él la vaya a cruzar solo; por eso importa todo lo anterior.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Consulta (o pídele que consulte) si los cambios llevan más de dos semanas y hay varios de estos a la vez: irritabilidad nueva, consumo en aumento, insomnio, dolores sin explicación médica, pérdida de interés en lo que le gustaba, aislamiento, o rendimiento en el trabajo que cae mientras las horas suben.

    Consulta hoy, sin esperar, si hay ideas de muerte o de hacerse daño, si aparece alguna de las señales de alarma de la sección de suicidio, o si el consumo de alcohol se volvió diario o descontrolado. En esos casos la evaluación no es «para ver si es depresión»: es para proteger.

    Y si el que lee esto eres tú, y la tabla de arriba te describió mejor de lo que esperabas: consultar no requiere sentirte triste ni saber explicar qué te pasa. Basta con contar lo que cambió. Del resto se encarga la evaluación.

    Preguntas frecuentes sobre la depresión en hombres

    ¿Cuáles son los síntomas de la depresión en hombres?

    Además de los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés), en los hombres son frecuentes la irritabilidad y la ira, el aumento del consumo de alcohol, el exceso de trabajo o de actividad, las conductas de riesgo y las quejas físicas como dolores o problemas digestivos. Un metaanálisis de 32 estudios confirmó esas diferencias (Cavanagh et al., 2017).

    ¿Por qué la depresión masculina se diagnostica menos?

    Porque los criterios diagnósticos describen sobre todo síntomas de tristeza y llanto, y muchos hombres la expresan como rabia, consumo o riesgo. Cuando se cuentan esos síntomas alternativos junto con los clásicos, la diferencia entre hombres y mujeres desaparece (Martin et al., 2013). A eso se suma que los hombres consultan menos por normas de masculinidad aprendidas.

    ¿Cuántos hombres tienen depresión en Chile?

    Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 2,1 % de los hombres chilenos tenía depresión diagnosticable frente al 10,1 % de las mujeres, y el 10,0 % presentaba sospecha de depresión por síntomas frente al 21,7 % de ellas (Nazar et al., 2021). La distancia entre síntomas y diagnóstico sugiere una parte importante sin detectar.

    ¿Es cierto que los hombres se suicidan más que las mujeres?

    Sí. En Chile la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres, según el Ministerio de Salud. Con datos del DEIS, la tasa fue de 17,3 por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, y el 70 % de las muertes por suicidio ocurrieron en hombres (Estadella-Guerra et al., 2023). Es el motivo central para detectar la depresión masculina a tiempo.

    ¿Hay un test de depresión específico para hombres?

    Existen escalas como la de Gotland y la MDRS-22, que miden ira, consumo, riesgo y supresión emocional, pero no tienen punto de corte validado en español y la evidencia viene de muestras no clínicas (Jabłonka et al., 2026). Mientras tanto, el PHQ-9 y el test AUDIT de alcohol son un buen punto de partida, y la evaluación profesional lo confirma.

    ¿Cómo ayudo a mi pareja si está deprimido y no quiere hablar?

    Describe lo que ves en vez de pedirle que hable de sentimientos, propón una acción concreta (una hora médica por el sueño o el cansancio), ofrece acompañar y no supervisar, y no conviertas su irritabilidad en pelea. Si hay señales de riesgo de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día. Los enfoques orientados a la acción son los que mejor enganchan a los hombres (Seidler et al., 2018).

    Verla es la mitad del tratamiento

    La depresión en hombres no es más leve ni más rara; es más difícil de ver, y por eso llega más tarde y más grave. La rabia, el alcohol, las horas de más y el «estoy bien» son, muchas veces, la depresión hablando en el único idioma que aprendió. Cuando alguien la reconoce y la nombra sin juicio, el tratamiento funciona igual de bien que en cualquier persona.

    Si te reconociste en estas líneas, o reconociste a alguien que quieres, agenda una consulta. No hace falta llegar con las palabras listas. Basta con contar qué cambió.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Aguayo, F. (2022). La depresión masculina y sus síntomas: Un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos. Salud Colectiva, 18, e3942. https://doi.org/10.18294/sc.2022.3942

    Ahmed, A. E., Magfouri, M. K., Alamer, A. S., Alqurqush, N. A., Alzayedi, T. H., Alshehri, R. A., Al Marar, F. H., Alyabis, H. A., Neazy, F. A., & Alahmari, M. A. (2025). Primary care interventions in male mental health and suicide prevention: A systematic review. Cureus, 17(10), e94944. https://doi.org/10.7759/cureus.94944

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Cavanagh, A., Wilson, C. J., Kavanagh, D. J., & Caputi, P. (2017). Differences in the expression of symptoms in men versus women with depression: A systematic review and meta-analysis. Harvard Review of Psychiatry, 25(1), 29-38. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000128

    Cuijpers, P., Miguel, C., Harrer, M., Plessen, C. Y., Ciharova, M., Ebert, D., & Karyotaki, E. (2023). Cognitive behavior therapy vs. control conditions, other psychotherapies, pharmacotherapies and combined treatment for depression: A comprehensive meta-analysis including 409 trials with 52,702 patients. World Psychiatry, 22(1), 105-115. https://doi.org/10.1002/wps.21069

    Estadella-Guerra, C., Medina-Elgueta, C., & Toro-Silva, C. (2023). Muertes por suicidio en personas mayores y género masculino en Chile: Una reflexión pendiente. Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría, 61(4), 393-401. https://doi.org/10.4067/s0717-92272023000400393

    Jabłonka, D., Łądkowska, M., Kossak, N., Modzelewski, S., & Waszkiewicz, N. (2026). Gender-sensitive depression scales: A review of male-specific assessment tools. Diagnostics, 16(6), 925. https://doi.org/10.3390/diagnostics16060925

    Martin, L. A., Neighbors, H. W., & Griffith, D. M. (2013). The experience of symptoms of depression in men vs women: Analysis of the National Comorbidity Survey Replication. JAMA Psychiatry, 70(10), 1100-1106. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.1985

    Ministerio de Salud de Chile, División de Prevención y Control de Enfermedades. (s.f.). Prevención del suicidio. https://diprece.minsal.cl/prevencion-del-suicidio/

    Mokhwelepa, L. W., & Sumbane, G. O. (2025). Men’s mental health matters: The impact of traditional masculinity norms on men’s willingness to seek mental health support. American Journal of Men’s Health, 19, 15579883251321670. https://doi.org/10.1177/15579883251321670

    Nazar, G., Gatica-Saavedra, M., Provoste, A., Leiva, A. M., Martorell, M., Ulloa, N., Petermann-Rocha, F., Troncoso-Pantoja, C., & Celis-Morales, C. (2021). Factores asociados a depresión en población chilena. Resultados Encuesta Nacional de Salud 2016-2017. Revista Médica de Chile, 149(10), 1430-1439. https://doi.org/10.4067/s0034-98872021001001430

    Rice, S. M., Fallon, B. J., Aucote, H. M., & Möller-Leimkühler, A. M. (2013). Development and preliminary validation of the male depression risk scale: Furthering the assessment of depression in men. Journal of Affective Disorders, 151(3), 950-958. https://doi.org/10.1016/j.jad.2013.08.013

    Salk, R. H., Hyde, J. S., & Abramson, L. Y. (2017). Gender differences in depression in representative national samples: Meta-analyses of diagnoses and symptoms. Psychological Bulletin, 143(8), 783-822. https://doi.org/10.1037/bul0000102

    Seidler, Z. E., Dawes, A. J., Rice, S. M., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2016). The role of masculinity in men’s help-seeking for depression: A systematic review. Clinical Psychology Review, 49, 106-118. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.09.002

    Seidler, Z. E., Rice, S. M., Ogrodniczuk, J. S., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2018). Engaging men in psychological treatment: A scoping review. American Journal of Men’s Health, 12(6), 1882-1900. https://doi.org/10.1177/1557988318792157

    Shi, L., Sutori, S., Lögdberg, U., Carli, V., & Eliasson, E. T. (2026). Effectiveness and gender-tailoring of suicide prevention interventions for men: A systematic review. BMC Public Health, 26(1), 2129. https://doi.org/10.1186/s12889-026-28269-1

    Shi, P., Yang, A., Zhao, Q., Chen, Z., Ren, X., & Dai, Q. (2021). A hypothesis of gender differences in self-reporting symptom of depression: Implications to solve under-diagnosis and under-treatment of depression in males. Frontiers in Psychiatry, 12, 589687. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.589687

    Superintendencia de Salud de Chile. (s.f.). Depresión en personas de 15 años y más (Garantías Explícitas en Salud). https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/depresion-en-personas-de-15-anos-y-mas/

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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