“No me da ganas”, “después lo hago”, “para qué sirve esto”. Si tu hijo, un adolescente desmotivado con el colegio, contesta así cada vez que sale el tema, y cada conversación termina con los dos más tensos que al principio, no eres el único padre al que le pasa.
Muchos llegan a esta pregunta en un punto muy concreto: mi hijo adolescente no quiere ir al colegio y ya no sé qué más intentar. La buena noticia es que hay bastante investigación sobre qué funciona para revertir esto y, sobre todo, sobre qué NO funciona (aunque parezca lógico intentarlo).
Aquí vas a encontrar por qué la motivación escolar cae justo en la adolescencia, qué dice la evidencia sobre premios, castigos y control parental, y cómo hablarle del colegio sin que cada charla se convierta en una pelea.
En breve: qué hacer antes de leer todo
- La motivación por el colegio baja de forma esperable en la adolescencia, porque el chico empieza a necesitar sentirse autor de sus propias decisiones, y la dinámica escolar suele chocar justo con eso.
- Presionar con premios, castigos o control estricto tiende a empeorar el problema.
- Apoyar su autonomía, elogiar el esfuerzo en privado y evitar las luchas de poder es lo que la evidencia asocia con mejor motivación y menos conflicto.
- Hay señales concretas que indican cuándo esto deja de ser “desmotivación normal” y conviene pedir ayuda profesional.
¿Por qué justo ahora le cuesta tanto el colegio?
La motivación escolar no es un interruptor que se apaga de un día para otro: es un proceso que cambia con la edad, y el cambio más fuerte ocurre justo al entrar a la adolescencia. En primaria, el chico suele tener un profesor de referencia, cercano, que lo conoce. En secundaria eso se diluye en un “desfile” de profesores por materia, con menos cercanía y más exigencia (Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
La necesidad de sentirse dueño de sus decisiones
Al mismo tiempo, algo cambia por dentro: la necesidad de sentirse dueño de sus propias decisiones pasa a ser prioridad número uno. Richard de Charms lo llamó “sentirse origen” de la propia conducta, y Edward Deci y Richard Ryan lo desarrollaron después en la teoría de la autodeterminación (De Charms, 1976; Ryan y Deci, 2000, como se citó en Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
El problema es que la rutina escolar suele vivirse como algo impuesto desde afuera, sin que el adolescente entienda para qué le sirve a él. Cuando eso pasa, aparece lo que los propios autores describen como un “sentimiento de marioneta”: alguien más decide todo, y la respuesta natural es apagarse o directamente resistirse (Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Los amigos, la comparación y el miedo a fallar
Súmale el peso del grupo de pares (a esta edad, lo que opinan sus amigos pesa tanto o más que las notas) y un sistema que evalúa comparando a unos con otros. Carol Dweck mostró que, alrededor de los 10 años, muchos chicos empiezan a pensar la inteligencia como algo fijo, un “don” que se tiene o no se tiene (Dweck y Elliot, 1983, como se citó en Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Y Martin Covington describió algo que explica por qué algunos adolescentes dejan de esforzarse del todo: si la escuela premia el esfuerzo pero en el fondo prestigia la “capacidad”, fallar después de esforzarse mucho es la peor señal posible, porque parece confirmar que no se tiene esa capacidad. Para proteger la autoestima, muchos optan por ni intentarlo (Covington, 1984, 2000, como se citó en Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Lo que dicen los estudios: es lo esperable
Hay un dato que conviene tener a mano para bajarle la ansiedad al asunto: en 107 estudios que siguieron a estudiantes durante años, la motivación escolar bajó en casi todos ellos a medida que avanzaba la escolaridad, con las caídas más grandes justo en la motivación intrínseca (Scherrer y Preckel, 2019).
El “antes le encantaba ir al colegio y ahora no quiere ni verlo” no es una señal de que algo se rompió en tu hijo en particular. Es, hasta cierto punto, la norma, y los mismos factores que explican esta caída son los que terminan pesando en el rendimiento académico en general.
Si lo tuyo es más puntual (rechaza específicamente hacer las tareas o estudiar en casa, aunque sí vaya al colegio), conviene revisar también por qué un hijo no quiere estudiar y qué hacer según su edad, que profundiza ese ángulo puntual con más detalle.
El error más común: premios, castigos y amenazas
Es tentador. El celular si saca buenas notas, sin salidas si reprueba. El problema es que la evidencia sobre esto es bastante clara y va en contra de la intuición.
Un metaanálisis con 344 muestras y más de 223.000 estudiantes encontró que la motivación que viene de premios o castigos externos no se asocia ni a mejor rendimiento ni a que el estudiante persista en el tiempo, y sí se asocia a menor bienestar (Howard et al., 2021). Lo que sí predice persistencia es que el chico le encuentre un valor personal a lo que estudia, no que tema una sanción si no lo hace.
Esto no significa que haya que soltar todo control. Un metaanálisis de 308 estudios encontró que el control conductual (reglas claras, supervisión razonable) sigue asociado a mejor rendimiento.
Lo que empeora las cosas es el control psicológico duro: la culpa, el chantaje afectivo, el retiro del cariño como forma de presión (Pinquart, 2016).
Y ese tipo de control tiene un costo medible: en un metaanálisis de 37 estudios con más de 27.000 adolescentes de 18 países, incluida Latinoamérica, el control psicológico de los padres se asoció con más síntomas de ansiedad y depresión, y la asociación fue más fuerte justo en la adolescencia que en la niñez (Salaam y Kyere, 2025).
Tampoco ayuda meterse de más en las tareas. En un metaanálisis con 28 estudios y casi 380.000 participantes, la implicación parental conjunta (estar encima, en general) se asoció levemente a PEOR rendimiento. La única forma de implicarse que sí se asoció a mejor rendimiento fue el apoyo a la autonomía: ayudar a que el adolescente resuelva, no resolver por él (Xu et al., 2024).
Qué sí funciona: apoyar la autonomía sin soltarlo todo
El dato más consistente en toda esta evidencia es el mismo, repetido de distintas formas: el apoyo a la autonomía rinde, el control no. Un metaanálisis de 36 estudios encontró que el apoyo parental a la autonomía se relaciona con mejor rendimiento, más motivación propia, mejor salud psicológica y una actitud más positiva hacia el colegio, con el efecto más fuerte justo en la salud psicológica del adolescente (Vasquez et al., 2016).
¿Cómo se ve esto en la práctica, en la casa, no en el aula? Alonso Tapia y Montero (2000/2015) desarrollan un modelo con seis frentes de acción, pensado originalmente para docentes, pero que funciona igual de bien para un padre o una madre:
- La tarea: en vez de imponer el orden (“empieza por matemáticas”), dejar que el adolescente elija por dónde partir, y ayudarlo a dividir un trabajo grande en pasos más chicos.
- Quién manda: pasar de dar órdenes a preguntar “¿qué necesitas para resolver esto?” y ceder el control de a poco, a medida que demuestra que puede.
- Cómo se reconoce el esfuerzo: elogiar el proceso (“qué bien organizaste el horario de estudio”) y no la supuesta capacidad innata (“qué inteligente eres”), y hacerlo en privado, nunca delante de hermanos o visitas.
- El clima en casa: eliminar las comparaciones con hermanos o compañeros, que es de las cosas que más rápido destruyen la motivación.
- Cómo se evalúa el avance: hablar de qué aprendió y qué mejoró, no solo de la nota del boletín.
- El tiempo: acordar bloques de estudio razonables (30 a 45 minutos con descansos), en vez de imponer horarios rígidos que generan roce todos los días. Si además de la desmotivación hay desorganización crónica (olvida materiales, pierde plazos, todo a última hora), una estructura de organización pensada para adolescentes puede ayudar más que insistir en la fuerza de voluntad.
Un intercambio verbal en casa que invite al adolescente a anticipar, inferir y pensar más allá del momento presente se asocia con mejor desarrollo del pensamiento autónomo que necesita para resolver tareas escolares solo (Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Cómo hablar del colegio sin que termine en pelea
Si cada conversación sobre notas o tareas se convierte en gritos, hay un patrón detrás que vale la pena nombrar: la lucha de poder. Cuando un padre exige sumisión (“lo haces porque lo digo yo”), lo más común es que el adolescente responda con un estilo pasivo e inseguro, o directamente con rebeldía (Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Algunas pautas concretas que bajan el conflicto sin renunciar a acompañar:
- Corregir la conducta puntual, nunca la persona: “este trabajo quedó incompleto” en vez de “eres un irresponsable”.
- Evitar los ultimátums y la fiscalización constante: revisar la mochila o preguntar por la tarea cada media hora eleva el conflicto y no mejora el resultado.
- Guardar el reconocimiento y también la crítica para un momento privado, sin público (hermanos, otros familiares) delante.
- Si supervisar las tareas se volvió una fuente diaria de peleas, considerar delegar el apoyo académico puntual en un profesor particular o una academia, y reservar el rol de los padres para la contención emocional. A veces ese “efecto respiro” cuida más el vínculo que insistir en hacerlo todo en casa (Alonso Tapia y Montero, 2000/2015).
Esto conecta con algo que ya vimos en la evidencia: mayor implicación educativa de los padres se asocia con menos síntomas depresivos en el adolescente, pero solo cuando esa implicación es de apoyo, no de control (Liu et al., 2024). El mensaje de fondo es el mismo desde ángulos distintos: participar sí, mandar no.
Adolescente desmotivado con el colegio: cuándo es algo más que “flojera”
No toda desmotivación escolar es igual, y confundirlas tiene un costo. La desmotivación “normal” de la adolescencia suele quedarse dentro del colegio: el chico sigue viendo a sus amigos, disfrutando de sus hobbies, durmiendo y comiendo con normalidad. Responde, más tarde o más temprano, a mejores rutinas y a las pautas de este artículo (Rivas Torres y López Gómez, 2015).
Hay otra desmotivación que es distinta: la que viene de un problema emocional de fondo (depresión, ansiedad), de un problema de atención de base (vale la pena revisar si le cuesta concentrarse en general, no solo con el colegio) o de una situación de acoso escolar. Ahí, ningún incentivo en casa va a funcionar, porque el problema no es de voluntad. Conviene prestar atención si aparece, además del rechazo al colegio:
- Dolores de cabeza o de estómago frecuentes, sobre todo las mañanas antes de ir a clases, sin causa médica.
- Pérdida de interés también en cosas que antes le gustaban, no solo en el colegio.
- Cambios fuertes en el sueño o el apetito.
- Aislamiento: deja de ver amigos, se encierra en su cuarto, se desconecta de la familia.
- Un cambio brusco e inexplicable en el rendimiento, sobre todo si antes era estable, junto con miedo o pánico a ir al colegio específicamente (una señal típica de acoso escolar, no solo de desmotivación).
- Comentarios de desesperanza, de que “nada va a cambiar”, o cualquier mención directa o indirecta a hacerse daño.
Hay un dato que respalda tomarse en serio esta distinción: en 26 estudios con niños y adolescentes, los problemas emocionales predijeron peor rendimiento escolar más adelante, con una relación más consistente para la depresión que para la ansiedad (Riglin et al., 2014).
A veces el orden de los hechos es justo al revés de lo que parece: no es que “no le importa el colegio”, es que algo más profundo está apagando todo lo demás, y el colegio es apenas donde se nota primero. ¿Tu hijo dejó también de hacer lo que antes disfrutaba?
Cuándo buscar ayuda profesional
Si los síntomas de arriba persisten por semanas, aparecen en más de un ambiente (casa, colegio, amigos) o hay cualquier señal de autolesión o ideas de muerte, no esperes a que se resuelva solo: conviene una evaluación con un psicólogo.
Lo mismo si, después de meses probando las estrategias de este artículo con constancia, la desmotivación sigue exactamente igual: puede haber algo de fondo que un ajuste de rutinas en casa no va a tocar.
La OMS señala que buena parte de los trastornos de salud mental en la vida adulta comienza antes de los 14 años, y que detectarlos a tiempo en la adolescencia cambia mucho el pronóstico. Si en Chile necesitas orientación inmediata, la Línea de Prevención del Suicidio *4141 del MINSAL atiende gratis las 24 horas.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi hijo adolescente pierda el interés por el colegio?
Sí, en buena medida. La motivación escolar tiende a bajar en casi todos los adolescentes, según estudios que siguieron a los mismos estudiantes por años, y las caídas más grandes ocurren justo en la motivación intrínseca. No significa que no haya nada que hacer, pero sí que no es una señal de alarma por sí sola.
¿Debo quitarle el celular o dar premios para que estudie?
La evidencia dice que no es lo más efectivo. Los premios y castigos externos no se asocian a mejor rendimiento ni a que el estudiante persista en el tiempo, y sí a menor bienestar. Funciona mejor ayudarlo a encontrarle un sentido personal a lo que estudia y apoyar su autonomía en vez de controlar con incentivos.
¿Ayuda sentarme con él a hacer las tareas?
Depende de cómo. Estar encima de las tareas en general se asocia levemente a peor rendimiento. Lo que sí ayuda es el apoyo a la autonomía: estar disponible para resolver dudas puntuales, sin resolver la tarea por él ni supervisar cada paso.
¿Cómo sé si la desmotivación es depresión y no solo flojera?
La diferencia está en el alcance. Si el desinterés se limita al colegio y el resto de su vida sigue normal (amigos, hobbies, sueño), suele ser desmotivación adolescente común. Si además hay cambios en el sueño o el apetito, aislamiento, pérdida de interés generalizada o desesperanza, conviene una evaluación profesional.
¿Qué hago si la conversación sobre el colegio siempre termina en pelea?
Suele ser una lucha de poder instalada. Ayuda corregir la conducta puntual sin descalificar a la persona, evitar la fiscalización constante y guardar tanto el reconocimiento como la crítica para momentos privados. Si la tensión diaria por las tareas está dañando el vínculo, considera delegar el apoyo académico en un profesor particular.
¿Cuándo debo buscar ayuda de un psicólogo?
Cuando los síntomas de alarma (cambios de sueño o apetito, aislamiento, desesperanza, señales de acoso escolar) persisten por semanas, afectan más de un ámbito de su vida, o cuando las estrategias en casa no muestran ningún cambio después de intentarlas con constancia.
Antes de terminar
Si después de leer esto notas que tu situación en casa se parece más a una lucha de poder diaria que a una desmotivación pasajera, no hace falta que lo resuelvan solos. Puedes agendar una consulta para trabajar, con apoyo profesional, qué hay detrás de la desmotivación de tu hijo y cómo acompañarlo sin que cada conversación termine mal.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
Alonso Tapia, J., & Montero García-Celay, I. (2000/2015). Orientación motivacional y estrategias motivadoras en el aprendizaje escolar. En C. Coll, J. Palacios, & Á. Marchesi (Comps.), Desarrollo psicológico y educación. 2. Psicología de la educación escolar (2.ª ed., pp. 259-283). Alianza Editorial.
Howard, J. L., Bureau, J., Guay, F., Chong, J. X. Y., & Ryan, R. M. (2021). Student motivation and associated outcomes: A meta-analysis from self-determination theory. Perspectives on Psychological Science, 16(6), 1300-1323. https://doi.org/10.1177/1745691620966789
Liu, Y., Song, Y., Wu, Y., Lu, H., Gao, Y., Tang, J., & Zheng, X. (2024). Association between parental educational involvement and adolescent depressive symptoms: A systematic review and meta-analysis. BMC Psychology, 12(1), 538. https://doi.org/10.1186/s40359-024-02039-3
Pinquart, M. (2016). Associations of parenting styles and dimensions with academic achievement in children and adolescents: A meta-analysis. Educational Psychology Review, 28(3), 475-493. https://doi.org/10.1007/s10648-015-9338-y
Riglin, L., Petrides, K. V., Frederickson, N., & Rice, F. (2014). The relationship between emotional problems and subsequent school attainment: A meta-analysis. Journal of Adolescence, 37(4), 335-346. https://doi.org/10.1016/j.adolescence.2014.02.010
Rivas Torres, R. M., & López Gómez, S. (2015). Dificultades en el desarrollo y del aprendizaje. Pearson Educación / UNED.
Salaam, B., & Kyere, E. (2025). Parental psychological control and youths’ internalizing symptoms in majority world contexts: A meta-analysis. Journal of Family Psychology, 39(5), 561-581. https://doi.org/10.1037/fam0001315
Scherrer, V., & Preckel, F. (2019). Development of motivational variables and self-esteem during the school career: A meta-analysis of longitudinal studies. Review of Educational Research, 89(2), 211-258. https://doi.org/10.3102/0034654318819127
Vasquez, A. C., Patall, E. A., Fong, C. J., Corrigan, A. S., & Pine, L. (2016). Parent autonomy support, academic achievement, and psychosocial functioning: A meta-analysis of research. Educational Psychology Review, 28(3), 605-644. https://doi.org/10.1007/s10648-015-9329-z
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