Diferencia entre TDA y TDAH: Conceptos Clave y Presentaciones del Trastorno

Pintura impresionista de un aula con un nino quieto y otro en movimiento bajo la misma luz, diferencia entre TDA y TDAH

por Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Buscaste “TDA” y te aparecieron resultados de “TDAH”. Buscaste “TDAH” y alguien te corrigió diciendo que lo tuyo es “TDA, sin hiperactividad”. Y en el informe del colegio de tu hijo aparece una tercera versión: “déficit atencional”. Tres nombres para algo que quizás sea lo mismo, o quizás no.

No estás confundido por tonto. La confusión es real y tiene una fecha de origen bastante precisa: 1980. Lo que sigue aclara qué significa hoy cada sigla, por qué una de ellas dejó de existir oficialmente hace décadas y sigue viva en el habla de todos los días, y qué hay detrás de cada una de las tres formas en que se manifiesta el trastorno. Más abajo vas a encontrar un comparador interactivo que traduce cada término antiguo a su equivalente actual, con el código diagnóstico que le corresponde. Toma menos de un minuto, y va a tener mucho más sentido cuando entiendas de dónde salió cada nombre.

Respuesta directa: ¿son lo mismo?

Sí, en la práctica. El TDA (Trastorno por Déficit de Atención) no existe como diagnóstico separado desde hace más de treinta años. Lo que hoy se llama TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) incluye tres presentaciones posibles, y una de ellas (la predominantemente inatenta) es exactamente lo que la gente sigue llamando “TDA”. El nombre cambió; el cuadro clínico que describía, no.

¿Qué son el TDA y el TDAH?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo definido por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad que empieza en la infancia, aparece en más de un contexto y deteriora el funcionamiento de la persona. El TDA es un nombre antiguo para una de sus formas: aquella en la que la inatención domina y la hiperactividad casi no se ve.

La palabra clave ahí es persistente. Cualquiera se distrae en una reunión aburrida, y cualquier niño de seis años se mueve mucho. El diagnóstico no depende de que existan esos comportamientos, sino de que sean intensos, sostenidos en el tiempo y suficientes para complicarle la vida a la persona en la escuela, el trabajo o sus relaciones.

Los números ayudan a dimensionarlo. Una revisión “umbrella” que reunió 13 metaanálisis previos con más de 3,2 millones de participantes estimó la prevalencia global en niños y adolescentes en 8,0% (IC95% 6,0-10%), con el doble de frecuencia en varones (10%) que en mujeres (5%) (Ayano et al., 2023). Otra estimación clásica, recogida por el consenso publicado en The Lancet33004-1), la sitúa en 5,29% cuando se homogeniza la metodología diagnóstica entre países (Posner et al., 2020). No es raro. En un curso de treinta niños es esperable que haya uno o dos.

Y ahora el dato que suele sorprender: en esa misma revisión umbrella, la presentación inatenta resultó ser la más frecuente de las tres, por delante de la hiperactiva-impulsiva y de la combinada (Ayano et al., 2023). Dicho de otro modo, la variante que perdió su nombre propio es justamente la más común.

¿Por qué dejó de usarse el término TDA?

Cápsula: El término TDA nació en el DSM-III (1980), que distinguía “déficit de atención con hiperactividad” y “sin hiperactividad”. Siete años después, el DSM-III-R fundió ambas categorías en una sola llamada TDAH. Desde entonces, “TDA” no es un diagnóstico oficial en ninguna clasificación vigente, aunque siguió usándose en el lenguaje cotidiano.

La historia corta es esta. Hasta 1980, el cuadro se conocía por su componente motor: “reacción hipercinética de la infancia”. El DSM-III cambió el eje y puso la atención en el centro, creando el “trastorno por déficit de atención” con dos variantes según hubiera o no hiperactividad. Ahí nació la sigla TDA.

Duró poco. En 1987, el DSM-III-R volvió a unificar las dos variantes bajo un solo nombre, TDAH, porque la investigación no sostenía que fueran trastornos distintos. El DSM-IV (1994) recuperó la distinción, pero ya no como diagnósticos separados sino como subtipos dentro del TDAH.

El último giro llegó con el DSM-5. Según el consenso clínico recogido en The Lancet, el manual sustituyó la palabra “subtipo” por “presentación”, y el cambio tiene consecuencias: los patrones de síntomas cambian a medida que la persona madura, así que describen un momento, no una categoría de por vida (Posner et al., 2020). Un niño diagnosticado con presentación combinada a los siete años puede encajar mejor en la presentación inatenta a los quince, sin que nada esté mal en ninguno de los dos diagnósticos.

Esa es la razón de fondo por la que insistir en “TDA versus TDAH” como si fueran dos enfermedades distintas lleva a error. No son dos puertas. Son dos formas de estar en la misma habitación, y la gente se mueve dentro de ella.

¿Cuáles son las tres presentaciones del TDAH según el DSM-5?

Cápsula: El DSM-5 reconoce tres presentaciones: predominantemente inatenta (lo que se llamaba TDA), predominantemente hiperactiva-impulsiva y combinada. Se determinan según qué grupo de síntomas cumple el umbral en los últimos seis meses, y pueden cambiar con el tiempo en la misma persona.

Para diagnosticar se exigen seis o más síntomas de un grupo en menores de diecisiete años, y cinco o más desde los diecisiete en adelante. Además, las manifestaciones deben haber estado presentes antes de los doce años y provocar deterioro en al menos dos contextos distintos, como la casa y el colegio (Posner et al., 2020).

Presentación predominantemente inatenta. Cumple el umbral en inatención, pero no en hiperactividad-impulsividad. Es el antiguo TDA. Se ve como distracción con estímulos irrelevantes, dificultad para sostener la atención en tareas largas, errores por descuido, pérdida frecuente de objetos, desorganización y evitación de todo lo que exija esfuerzo mental sostenido.

Presentación predominantemente hiperactiva-impulsiva. Cumple el umbral en hiperactividad-impulsividad, pero no en inatención. Movimiento excesivo, dificultad para permanecer sentado, hablar en exceso, responder antes de que terminen la pregunta, interrumpir, no tolerar la espera.

Presentación combinada. Cumple ambos umbrales a la vez.

Vale la pena decir algo sobre esa tercera categoría. La evidencia más reciente respalda que estas diferencias no son solo etiquetas administrativas: un estudio publicado en JAMA Psychiatry identificó biotipos de TDAH con perfiles sintomáticos distintos (predominio hiperactivo-impulsivo frente a predominio inatento) asociados a patrones específicos de conectividad cerebral (Pan et al., 2026). Hay algo real debajo de la clasificación, aunque las fronteras sean más porosas de lo que sugiere un nombre.

Ahora sí, con los tres perfiles claros, el comparador de abajo te deja ver lado a lado cómo se llama cada uno hoy, cómo se llamaba antes y qué código le corresponde en cada manual.

Comparador de términos: del nombre antiguo al actual

Elige una de las tres presentaciones del TDAH y mira cómo se llama hoy, cómo se llamaba antes y qué código le corresponde en cada manual diagnóstico.



Es una tabla de equivalencias entre manuales. No calcula ningún puntaje ni entrega un resultado personal.

Selecciona una presentación arriba para ver su ficha.

Fuentes: criterios del DSM-5 según el consenso clínico de Posner et al. (2020, The Lancet) y codificación de la CIE-11 de la OMS. Esta tabla explica terminología diagnóstica; no evalúa a la persona que la consulta ni sustituye una evaluación clínica.

¿Qué cambia en la vida diaria según la presentación?

Cápsula: La presentación hiperactiva-impulsiva molesta al entorno y por eso se detecta antes. La inatenta molesta sobre todo a quien la tiene, se confunde con desmotivación o pereza, y suele diagnosticarse años después. El deterioro puede ser igual de serio en ambas.

Un niño que se para de la silla, interrumpe la clase y no espera su turno genera una consecuencia inmediata en el mundo: la profesora llama a los padres. Una niña que se sienta al fondo, mira por la ventana y entrega la mitad de la guía sin terminar no genera ninguna. Nadie se queja de ella. Le dicen que se esfuerce más.

[EXPERIENCIA: En consulta veo seguido que las personas que llegan a evaluarse en la adultez pertenecen casi siempre al segundo grupo. Traen años de esfuerzo desproporcionado para resultados normales, y una explicación que se contaron a sí mismas para justificarlo, que casi nunca es la correcta.]

Con la edad, además, el cuadro se transforma. Una revisión sobre trayectorias sintomáticas en la adolescencia resume el patrón: la mayoría mejora, sobre todo en hiperactividad-impulsividad, mientras que los síntomas de inatención son los más persistentes (Shaw y Sudre, 2021). La hiperactividad motora franca se convierte en inquietud interna, esa sensación de no poder apagar el motor aunque el cuerpo esté quieto.

Y "menos síntomas" no significa "menos problema". Un estudio naturalístico con 750 niños y adolescentes encontró que los adolescentes presentaban síntomas nucleares de TDAH significativamente menores que los niños, pero al mismo tiempo peor funcionamiento global, más ansiedad, más síntomas depresivos, más desregulación emocional y más problemas sociales (De Rossi et al., 2023). El síntoma visible baja mientras el costo real sube.

En adultos, el impacto se concentra en lo laboral, lo financiero y lo interpersonal, con alta comorbilidad de ansiedad, depresión y consumo de sustancias, según la revisión clínica del New England Journal of Medicine (Volkow y Swanson, 2013).

¿Y qué dice la CIE-11, el manual que se usa en Chile?

Cápsula: La CIE-11 de la OMS clasifica el TDAH bajo el código 6A05 y distingue las mismas tres presentaciones que el DSM-5: inatenta (6A05.0), hiperactiva-impulsiva (6A05.1) y combinada (6A05.2). Abandonó el término "trastorno hipercinético" que usaba la CIE-10.

Este punto importa en la práctica porque el sistema de salud chileno codifica con la CIE, no con el DSM. La buena noticia es que ambos manuales convergieron: la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS exige igualmente inicio antes de los doce años y presencia en al menos dos contextos, y organiza el diagnóstico por presentación predominante.

Lo que desapareció fue el nombre de la CIE-10, "trastorno hipercinético" (F90.0), que ponía toda la carga en la hiperactividad y dejaba fuera de foco justo a la presentación más común. Otro nombre que se jubiló, por la misma razón que el TDA.

¿Por qué la presentación inatenta pasa tanto tiempo sin diagnosticar?

Ya vimos parte de la respuesta: no incomoda a nadie más que a quien la tiene. Pero hay un segundo factor, y es de método.

La detección de niños y adolescentes depende en buena parte de lo que reportan padres y profesores. La guía de práctica clínica de la Academia Americana de Pediatría establece que el diagnóstico requiere reunir información de cuidadores, docentes y personal escolar, además de descartar causas alternativas y hacer cribado sistemático de comorbilidades: ansiedad, depresión, trastornos del aprendizaje, apnea del sueño (Wolraich et al., 2019). El problema es que la conducta inatenta es, por definición, poco observable desde fuera. Un adulto no puede ver que un niño perdió el hilo de la lectura hace tres párrafos.

En adolescentes la cosa se complica más. La misma guía señala que es más difícil obtener informes docentes (son varios profesores, no uno), que los padres observan menos la conducta a esa edad, y que los propios adolescentes tienden a minimizar sus dificultades, por lo que su autoinforme discrepa del de otros observadores.

La consecuencia es previsible: la presentación que menos se ve es la que más tarde se detecta, aunque sea la más frecuente en la población.

¿Un test online sirve para saber si tengo TDA o TDAH?

Cápsula: No para diagnosticar. Los cuestionarios de cribado orientan y ayudan a decidir si vale la pena consultar, pero ninguno alcanza por sí solo la precisión necesaria para confirmar o descartar el trastorno. El diagnóstico requiere evaluación clínica con más de una fuente de información.

Conviene ser específico con esto, porque circula mucha promesa fácil. La revisión sistemática más amplia sobre herramientas diagnósticas, que analizó 231 estudios sobre escalas de padres, docentes y autoinforme, entrevistas clínicas, pruebas neuropsicológicas, EEG y neuroimagen, concluyó que ningún instrumento aislado sustituye el juicio clínico (Peterson et al., 2024).

Y en el terreno concreto del cribado, un metaanálisis de 75 estudios encontró un área bajo la curva agrupada de 0,82 para las escalas de síntomas, pero ninguna escala alcanzó los estándares mínimos de sensibilidad y especificidad cuando se usa un solo informante (Mulraney et al., 2022). Traducido: aciertan bastante, se equivocan lo suficiente como para que no puedas quedarte con ese resultado.

Tampoco resuelven la duda las pruebas cognitivas. Un estudio comparativo de rendimiento neurocognitivo entre presentaciones mostró que las diferencias frente a controles en el índice de capacidad general del WISC-IV se observan en niños pero no en adolescentes (Krieger y Amador-Campos, 2021). No hay un perfil de test que diga "esto es presentación inatenta".

Si quieres un punto de partida, aquí tienes recursos por edad: tests de TDAH para niños, adolescentes y adultos, la autoevaluación de 14 síntomas de TDAH en adultos y la guía para padres de niños de 6 a 12 años. Úsalos como lo que son: una forma ordenada de mirar, no un veredicto.

¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

Hay un criterio simple que funciona mejor que cualquier lista de síntomas: cuando el costo es desproporcionado. Si sostener el rendimiento en el colegio, el trabajo o la casa exige un esfuerzo mucho mayor que el de la gente alrededor, y aun así los resultados quedan por debajo de lo que la persona puede, eso amerita una evaluación. No importa si hay hiperactividad visible o no.

Otras señales concretas que justifican consultar:

  • Las dificultades aparecen en más de un contexto, no solo en uno.
  • Hay antecedentes de lo mismo en la infancia, aunque nunca se hayan nombrado.
  • Se acumulan consecuencias reales: repitencias, cambios de trabajo, deudas, conflictos de pareja.
  • Coexisten ansiedad o ánimo bajo que no terminan de ceder con tratamiento.

Ese último punto tiene su importancia. La guía de la AAP insiste en el cribado sistemático de comorbilidades justamente porque tratar la ansiedad de alguien cuyo TDAH nadie detectó suele dar resultados parciales (Wolraich et al., 2019). Y al revés: hay cuadros que imitan al TDAH, como los trastornos del sueño o la depresión, y solo una evaluación clínica ordenada permite separarlos.

Un diagnóstico bien hecho no es una etiqueta. Es una explicación distinta de por qué las cosas cuestan lo que cuestan, y suele cambiar bastante lo que la persona espera de sí misma.

Si te reconociste en varias partes de este texto, o si estás revisando la situación de tu hijo o tu pareja, una evaluación profesional es el paso que convierte la sospecha en información útil. Puedes agendar una hora de consulta online y conversarlo con calma, sin apuro y sin necesidad de traer un resultado de test en la mano.

Preguntas frecuentes

¿El TDA existe como diagnóstico?

No como diagnóstico independiente. El TDA fue una categoría del DSM-III (1980) que desapareció en 1987, cuando el DSM-III-R unificó todo bajo el nombre de TDAH. Hoy, lo que se llamaba TDA corresponde a la presentación predominantemente inatenta del TDAH, tanto en el DSM-5 como en la CIE-11 (código 6A05.0).

¿Se puede tener TDAH sin ser hiperactivo?

Sí, y es la situación más común. La presentación predominantemente inatenta cumple el umbral de síntomas de inatención sin cumplirlo en hiperactividad-impulsividad. Una revisión umbrella con más de 3,2 millones de participantes encontró que esta presentación es la más frecuente de las tres (Ayano et al., 2023).

¿Puede cambiar la presentación con el tiempo?

Sí. El DSM-5 cambió la palabra "subtipo" por "presentación" precisamente para reflejarlo. Lo habitual es que la hiperactividad-impulsividad disminuya con la edad mientras la inatención persiste, de modo que alguien diagnosticado con presentación combinada en la niñez puede encajar en la inatenta en la adolescencia.

¿Cuál presentación es más grave?

Ninguna lo es por definición. La hiperactiva-impulsiva se nota más y se detecta antes, pero la inatenta puede producir un deterioro académico, laboral y emocional igual de serio, con la desventaja añadida de diagnosticarse mucho más tarde. La gravedad la define el grado de deterioro funcional, no el tipo de síntoma.

¿Es lo mismo "déficit atencional" que TDAH?

En el uso corriente en Chile, sí: "déficit atencional" es la forma coloquial y escolar de referirse al TDAH, y muchas veces apunta específicamente a la presentación inatenta. No es un diagnóstico con criterios propios, así que conviene pedir siempre la precisión: qué presentación, con qué criterios y quién hizo la evaluación.

¿Un test online puede diagnosticar TDAH?

No. Las escalas de cribado orientan sobre la conveniencia de consultar, pero un metaanálisis de 75 estudios encontró que ninguna alcanza los estándares mínimos de sensibilidad y especificidad usando un solo informante (Mulraney et al., 2022). El diagnóstico exige evaluación clínica con información de varias fuentes y confirmación de síntomas antes de los doce años.

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

Referencias

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Wolraich, M. L., Hagan, J. F., Allan, C., Chan, E., Davison, D., Earls, M., Evans, S. W., Flinn, S. K., Froehlich, T., Frost, J., Holbrook, J. R., Lehmann, C. U., Lessin, H. R., Okechukwu, K., Pierce, K. L., Winner, J. D., y Zurhellen, W. (2019). Clinical practice guideline for the diagnosis, evaluation, and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children and adolescents. Pediatrics, 144(4), e20192528. https://doi.org/10.1542/peds.2019-2528