Por Terapia Online Chile
Las dos preguntas que más se buscan sobre este trastorno son «¿cuáles son los tipos de TDAH?» y «¿el TDAH se cura?». Las dos tienen respuesta, pero ninguna de las dos tiene la respuesta que la pregunta espera. Los tres tipos existen, sí, aunque desde 2013 el manual diagnóstico dejó de llamarlos «tipos» a propósito, porque cambian con la edad en la misma persona. Y el TDAH no se cura en el sentido de una infección que se va, pero el curso más frecuente tampoco es «para siempre e igual»: el seguimiento más largo que existe encontró que casi dos tercios de las personas van y vienen entre periodos buenos y periodos malos.
Este artículo responde las dos con las cifras concretas de los estudios de seguimiento, y explica por qué la forma en que están planteadas las preguntas es justamente lo que confunde.
¿Cuáles son los 3 tipos de TDAH?
El DSM-5, el manual diagnóstico que usa la mayoría de los equipos clínicos, reconoce tres formas del trastorno según qué grupo de síntomas predomina. Su nombre técnico no es «tipo» ni «subtipo», sino presentación:
1. Presentación predominante con falta de atención
Predominan los síntomas de inatención: dificultad para sostener la atención en tareas largas, parecer no escuchar cuando se le habla, no terminar lo que empieza, desorganización, perder objetos, distraerse con estímulos externos y olvidar actividades cotidianas. Es la presentación que menos llama la atención de los adultos, porque no interrumpe la clase, y por eso suele detectarse más tarde.
2. Presentación predominante hiperactiva-impulsiva
Predominan la hiperactividad y la impulsividad: moverse en el asiento, levantarse cuando se espera permanecer sentado, correr o trepar en momentos inadecuados, hablar en exceso, responder antes de que terminen la pregunta, dificultad para esperar el turno e interrumpir a otros. Es la que más rápido llega a consulta, porque es la que se ve.
3. Presentación combinada
Se cumplen a la vez los criterios de las dos anteriores. Es la presentación con la que se identificó a los participantes del estudio de seguimiento más importante que existe sobre este trastorno.
Para que una presentación se considere «predominante», el DSM-5 exige al menos 6 síntomas de ese grupo en menores de 17 años, y al menos 5 desde los 17 en adelante. A eso se suman tres condiciones que se cumplen igual en las tres presentaciones: que varios síntomas estuvieran presentes antes de los 12 años, que aparezcan en dos o más contextos (casa, colegio, trabajo) y que interfieran de verdad en el funcionamiento (revisión del consenso clínico publicada en The Lancet; Posner et al., 2020).
Si lo que buscabas era la diferencia entre «TDA» y «TDAH», esa es otra pregunta y tiene su propia respuesta: el TDA dejó de existir como diagnóstico en 1987 y lo explicamos en detalle en el artículo sobre la diferencia entre TDA y TDAH.
Por qué el manual dejó de llamarlos «tipos» y pasó a llamarlos «presentaciones»
El cambio de palabra no fue cosmético. Hasta el DSM-IV se hablaba de subtipos, un término que sugiere variedades distintas y estables de un mismo trastorno, como quien tiene los ojos de un color u otro. Los datos de seguimiento mostraron que eso no ocurre: la misma persona cambia de presentación a lo largo de su desarrollo. El DSM-5 sustituyó «subtipo» por «presentación» precisamente para reflejar que los patrones sintomáticos cambian con la maduración (Posner et al., 2020).
La Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH del Ministerio de Sanidad de España lo describe con precisión. El tipo predominantemente hiperactivo se diagnostica con mayor facilidad en niños pequeños, mientras que el de predominio inatento se identifica más tarde, a medida que aumentan las exigencias académicas. Los síntomas de hiperactividad e impulsividad disminuyen de forma evolutiva mucho más durante la infancia y la adolescencia de lo que lo hacen los de inatención, y la hiperactividad motora evidente se transforma en adolescentes y adultos en una sensación interna de inquietud. La guía de la American Academy of Pediatrics describe el mismo desplazamiento del perfil sintomático con la edad (guía de práctica clínica de la AAP; Wolraich et al., 2019). La consecuencia es aritmética: un niño «combinado» a los 8 años puede encajar en la presentación «inatenta» a los 15 sin que nada de fondo haya cambiado.
La propia guía es tan cauta con esto que sitúa la validez de los subtipos del TDAH entre las áreas prioritarias para la investigación futura. Es decir: la clasificación en tres tipos es útil para describir cómo se ve el cuadro hoy, no para etiquetar a alguien de por vida.
Explora los datos: trayectorias y presentaciones
El visor de abajo reúne los dos conjuntos de datos que responden a este artículo. No entrega puntaje y no diagnostica nada: lo explicamos más abajo.
Explorador de trayectorias del TDAH
Esto no es un test y no entrega puntaje: no hay ningún baremo validado que diga qué curso va a seguir una persona concreta. Es un visor de dos cosas que sí están medidas: los cuatro cursos que describió el seguimiento de 16 años del estudio MTA, y cómo cambia cada presentación con la edad.
1. Los cuatro cursos del TDAH a 16 años (estudio MTA, 483 niños seguidos hasta los 25 años)
Toca uno de los cuatro cursos para ver qué significa y qué caracterizó a ese grupo.
2. Cómo se ve cada presentación según la edad
Porcentajes tomados de Sibley et al. (2024), seguimiento del estudio MTA. Las descripciones por edad provienen de la Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH del Ministerio de Sanidad de España y de Shaw y Sudre (2021). Ninguna de estas categorías se diagnostica con este visor: se establecen en una evaluación clínica.
¿El TDAH se cura?
La respuesta corta, y la que dan prácticamente todos los sitios que responden esta pregunta, es «no, el TDAH no se cura, se maneja». Es correcta y es incompleta, porque deja fuera lo más útil que sabemos.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con alta carga genética, y no existe ningún tratamiento curativo. Las guías clínicas son explícitas al respecto, y también lo es el documento de consenso internacional que reunió a 80 autores de 27 países para fijar las 208 conclusiones que la evidencia sí permite sostener sobre este trastorno (declaración de consenso internacional de la World Federation of ADHD; Faraone et al., 2021). Pero de ahí no se sigue que los síntomas se mantengan estables toda la vida, que es lo que la mayoría de las personas entiende cuando lee «es crónico». Lo que muestran los seguimientos largos es un panorama bastante distinto y, en la práctica, mucho más manejable.
Los cuatro cursos del estudio MTA: 16 años de seguimiento
El Multimodal Treatment Study of ADHD (MTA) siguió a 483 niños con TDAH de presentación combinada desde una edad media de 8,5 años hasta los 25, con nueve evaluaciones a lo largo de 16 años. Cuando se analizó qué curso siguió cada uno, aparecieron cuatro grupos, y el más numeroso no era ninguno de los dos que la pregunta «¿se cura?» contempla (análisis del curso fluctuante del TDAH en el estudio MTA; Sibley et al., 2024):
- Curso fluctuante: 63,8 %. Alternaron periodos de remisión y de recaída, con una media de 3,58 alternancias a lo largo de los 16 años y una diferencia de 6 a 7 síntomas entre sus mejores y sus peores momentos.
- Remisión parcial: 15,6 %. Mejoraron de forma sostenida por debajo del umbral diagnóstico, sin quedar libres del cuadro.
- Persistente estable: 10,8 %. Mantuvieron el TDAH de forma continua durante todo el seguimiento.
- Recuperación: 9,1 %. Dejaron de cumplir criterios y se mantuvieron así.
Dos cosas de esa lista contradicen lo que suele leerse. La primera: el grupo «TDAH de por vida sin variación», que es la imagen mental por defecto, fue uno de cada diez. La segunda: la recuperación completa existe, pero también fue uno de cada diez. Entre esos dos extremos está la enorme mayoría de las personas, oscilando.
El hallazgo más contraintuitivo del estudio es cuándo aparecieron los periodos de remisión. Se dieron por primera vez, típicamente, en la adolescencia, y se asociaron a etapas de mayores exigencias del entorno, no de menores. Durante esos periodos las personas con TDAH gestionaron con éxito más demandas y más responsabilidades. Los autores extraen de ahí una recomendación clínica concreta: conviene que los profesionales anticipen esta expectativa de fluctuación y monitoricen el curso, de modo que reaparecer en consulta cuando los síntomas vuelven sea parte del plan y no una señal de fracaso.
Qué porcentaje sigue teniendo TDAH en la adolescencia y de adulto
Las cifras varían mucho según cómo se defina «seguir teniéndolo», y esa variación no es ruido: es el punto.
La Guía de Práctica Clínica española recoge que los síntomas del TDAH persisten en la adolescencia en casi el 80 % de las personas afectadas, pero que solo alrededor de un tercio cumple plenamente los criterios de trastorno. Para la edad adulta, la misma guía ofrece dos estimaciones: entre el 30 % y el 65 % mantendrán el trastorno o síntomas clínicamente significativos, y datos de una encuesta mundial más reciente sitúan en alrededor del 50 % la proporción de niños y adolescentes con TDAH que sigue cumpliendo criterios de adulto, con un rango entre países del 32,8 % al 84,1 %. La prevalencia del TDAH en la población adulta general se sitúa en torno al 4 %.
Ese rango tan ancho entre países dice más sobre los métodos diagnósticos que sobre las personas. Un metaanálisis de 103 estudios lo dejó claro al calcular la prevalencia por separado según el tipo de estudio: 1,6 % en registros administrativos, 5,0 % en encuestas, 4,2 % en estudios clínicos de una etapa y 4,8 % en los de dos etapas (revisión sistemática y metaanálisis de prevalencia del TDAH; Popit et al., 2024). Cuando alguien cita una cifra de persistencia sin decir cómo se midió, la cifra por sí sola no informa gran cosa.
Qué predice un mejor o un peor pronóstico
Aquí conviene una advertencia previa, y la hace la propia literatura: la evidencia sobre qué predice la persistencia frente a la remisión sigue siendo escasa e inconsistente, hasta el punto de que no se puede anticipar con fiabilidad el curso de una persona concreta (revisión sobre las trayectorias del TDAH a lo largo de la vida; Franke et al., 2018). Lo que sigue son asociaciones de grupo, no un pronóstico individual.
Sobre las comorbilidades, un metaanálisis de 26 estudios midió cuánto predicen la persistencia del TDAH. Las condiciones externalizantes en la infancia (trastorno de conducta, trastorno negativista desafiante) se asociaron a mayor persistencia con un tamaño de efecto de d = 0,31, que bajó a d = 0,24 al ajustar por sexo, edad y otras comorbilidades. Las condiciones internalizantes (ansiedad, depresión) partieron de d = 0,19 y dejaron de ser significativas tras el ajuste (d = 0,06). Y los trastornos del neurodesarrollo comórbidos no aumentaron la probabilidad de persistencia. Los autores añaden un detalle metodológico que conviene tener presente: la asociación con conductas externalizantes apareció solo en los estudios que usaron informes de los padres, no en los que incluyeron informes de profesores (metaanálisis sobre comorbilidad y persistencia del TDAH; You et al., 2025).
La Guía de Práctica Clínica española añade otros factores asociados a peor evolución: síntomas iniciales graves, un cociente intelectual menor en la infancia, antecedentes familiares de TDAH acompañados de conducta antisocial o abuso de sustancias, un clima familiar hostil o conflictivo, bajo nivel socioeconómico de los padres y, sobre todo, la coexistencia con trastorno disocial, que es un predictor fuerte de problemas posteriores. La misma guía subraya lo contrario con el mismo énfasis: pese a la cronicidad, muchos jóvenes con TDAH logran una excelente adaptación en la edad adulta y se mantienen libres de problemas significativos de salud mental.
Qué pasa en el cerebro de quien remite
Hay tres explicaciones que compiten, y no son excluyentes. La primera propone que la remisión es una convergencia hacia lo típico: varios estudios encuentran que los adultos que remitieron son indistinguibles de quienes nunca tuvieron TDAH en los sustratos neurales del control cognitivo, la morfología de la corteza prefrontal y la conectividad funcional. La segunda propone compensación: no es que lo atípico desaparezca, sino que se reclutan sistemas cerebrales nuevos, con patrones de conectividad distintos pero eficaces. La tercera sostiene que algunas anomalías de la infancia persisten de por vida con independencia del resultado clínico, y de hecho se observan por igual en quienes remiten y en quienes no, en regiones posteriores y estriado-talámicas (revisión sobre el «cerebro remitido» en el TDAH; Sudre et al., 2018).
Los tres modelos pueden ser ciertos a la vez en distintas regiones del cerebro. Una lectura complementaria sugiere que las anomalías subcorticales marcan el inicio del TDAH y permanecen toda la vida sin importar cómo evolucionen los síntomas, mientras que el curso clínico variable lo determina la plasticidad de la corteza cerebral (revisión sobre las trayectorias sintomáticas en la adolescencia; Shaw y Sudre, 2021).
¿Importa qué tipo de TDAH tengo a la hora de tratarlo?
Menos de lo que parece, y esta es probablemente la información más práctica de todo el artículo.
En lo farmacológico, la Guía de Práctica Clínica española es literal en su recomendación C 7.3.10.1: «Se recomiendan el metilfenidato y la atomoxetina como tratamientos farmacológicos de elección para el TDAH en niños y adolescentes independientemente del subtipo de TDAH». La presentación no cambia el fármaco de primera línea.
En lo psicológico, un análisis secundario de un ensayo aleatorizado con 80 adultos con TDAH comparó la respuesta a terapia cognitivo-conductual entre la presentación inatenta y la combinada. La terapia funcionó en las dos: el 94,5 % de los participantes alcanzó una mejoría sintomática clínicamente fiable, sostenida a los 6 meses de seguimiento. Sí apareció una diferencia, con la presentación combinada mostrando una reducción más pronunciada de síntomas nucleares, aunque los propios autores piden interpretarla con cautela por tratarse de un análisis secundario (análisis de la respuesta a TCC según la presentación del TDAH; Crespín et al., 2026).
Dicho de otro modo: saber cuál de las tres presentaciones tienes ayuda a entender qué te está costando y a poner el foco de las estrategias, pero no determina qué tratamiento corresponde. Es una descripción, no una bifurcación del camino.
¿Se puede dejar el tratamiento en algún momento?
Esta suele ser la pregunta que hay detrás de «¿se cura?», y tiene una respuesta más matizada que un sí o un no.
La Guía de Práctica Clínica española plantea el tratamiento farmacológico a largo plazo, con una duración individualizada que puede prolongarse varios años, manteniéndolo mientras siga demostrando efectividad clínica. No recomienda de forma sistemática las llamadas «vacaciones de medicación», porque los periodos de descanso rutinarios pueden provocar un empeoramiento inmediato de los síntomas y del comportamiento.
Pero sí contempla algo que casi nadie menciona: se considera práctica clínica aceptada suspender temporalmente la medicación durante periodos muy cortos, de una a dos semanas al año, con el objetivo exclusivo de evaluar si los síntomas persisten o han remitido, recogiendo información directa de padres y profesores. Ese es, en la práctica, el mecanismo por el cual alguien puede llegar a descubrir que está en el grupo que ya no necesita el fármaco. La decisión es siempre del equipo tratante, junto con la familia y la persona.
La literatura sobre suspensión intencionada de estimulantes en menores respalda ese enfoque de revisión periódica: una revisión de 35 artículos identificó que existe un subgrupo diferenciado de niños y adolescentes con TDAH que no recae ni se deteriora al retirar la medicación, aunque todavía no sabemos identificarlo de antemano ni definir la duración óptima del tratamiento (revisión sobre la discontinuación intencionada de psicoestimulantes; Lohr et al., 2021).
Por qué este artículo no incluye un test de puntaje
El visor de arriba no entrega un resultado ni una banda, y es deliberado. Un test que dijera «tu tipo de TDAH es X» contradiría lo que sostiene todo este artículo: que la presentación cambia con la edad y que su validez como categoría estable está en discusión en las propias guías. Y un test que dijera «tu pronóstico es Y» sería directamente inventar, porque no existe ningún instrumento validado que prediga el curso individual.
Si lo que necesitas es una herramienta de cribado, el sitio tiene los tests de TDAH organizados por edades, y para adultos existe el listado de síntomas de TDAH en la edad adulta con autoevaluación. Conviene recordar el límite de todos ellos: un metaanálisis de 75 estudios encontró un área bajo la curva agrupada de 0,82 para las escalas de síntomas, pero ninguna escala alcanzó los estándares mínimos de sensibilidad y especificidad con un solo informante (metaanálisis de herramientas de cribado de TDAH; Mulraney et al., 2022). Orientan; no diagnostican.
Qué hacer con toda esta información
Si te acaban de decir que tu hijo tiene TDAH y estás buscando cuánto va a durar: la respuesta honesta es que nadie puede decírtelo hoy, y que la trayectoria más probable no es una línea recta en ninguna dirección. Lo que sí está en tu mano es lo que la evidencia asocia a mejor evolución: tratar las comorbilidades externalizantes si las hay, cuidar el clima familiar y no interrumpir el seguimiento cuando las cosas van bien. En el artículo sobre TDAH en niños de 6 a 12 años están las estrategias concretas del día a día.
Si eres adulto y te preguntas si «se te pasó»: el hecho de que ya no te trepes a los muebles no significa que el TDAH remitiera. La hiperactividad motora es justamente el componente que más se atenúa, mientras la inatención es el que más persiste. Si sigues con dificultades de organización, plazos y sostenimiento de la atención, sigues teniendo el cuadro aunque tu presentación haya cambiado de nombre.
Si estás en un periodo bueno: vale la pena saber que en el estudio MTA los periodos de remisión coincidieron con etapas de mayores exigencias, y que la media fue de más de tres alternancias en 16 años. Que las cosas vuelvan a apretarse más adelante es un curso descrito y esperable, no una recaída personal.
En cualquiera de los tres casos, el diagnóstico y el plan los establece una evaluación clínica, nunca un artículo ni un cuestionario. Puedes revisar cómo es el proceso de evaluación profesional del TDAH o escribirnos a través de la página de contacto si quieres orientarte sobre por dónde empezar.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los 3 tipos de TDAH?
El DSM-5 reconoce tres presentaciones: predominante con falta de atención, predominante hiperactiva-impulsiva y combinada. Se determinan según qué grupo de síntomas predomine, con un umbral de al menos 6 síntomas en menores de 17 años y al menos 5 desde los 17. El manual las llama «presentaciones» y no «tipos» porque cambian con la edad en la misma persona.
¿El TDAH se cura?
No existe un tratamiento curativo y las guías clínicas lo describen como un trastorno crónico del neurodesarrollo. Ahora bien, en el seguimiento de 16 años del estudio MTA solo el 10,8 % siguió un curso persistente estable, un 9,1 % alcanzó recuperación completa y el 63,8 % siguió un curso fluctuante, alternando periodos de remisión y de recaída.
¿Qué porcentaje de niños con TDAH lo sigue teniendo de adulto?
Alrededor del 50 % según una encuesta mundial, con un rango entre países del 32,8 % al 84,1 %. Otras estimaciones que recogen las guías sitúan la cifra entre el 30 % y el 65 %. La prevalencia del TDAH en la población adulta general ronda el 4 %.
¿Puede cambiar mi tipo de TDAH con el tiempo?
Sí, y es lo esperable. La hiperactividad e impulsividad disminuyen de forma evolutiva mucho más que la inatención, de modo que muchas personas diagnosticadas con presentación combinada o hiperactiva en la niñez encajan en la presentación inatenta al llegar a la adolescencia o la adultez. Por esa razón el DSM-5 abandonó el término «subtipo».
¿El tratamiento cambia según el tipo de TDAH?
El tratamiento farmacológico de primera línea no cambia: la Guía de Práctica Clínica española recomienda metilfenidato y atomoxetina independientemente del subtipo. En terapia cognitivo-conductual para adultos, un ensayo encontró que funciona en ambas presentaciones, con un 94,5 % de mejoría clínicamente fiable.
¿Se puede dejar la medicación del TDAH?
Las guías plantean el tratamiento a largo plazo y desaconsejan las «vacaciones de medicación» rutinarias. Sí consideran práctica aceptada suspenderla de una a dos semanas al año, bajo indicación médica, para evaluar si los síntomas persisten o remitieron. Existe un subgrupo de menores que no recae al retirarla, aunque todavía no se sabe identificarlo por adelantado.
Sobre este artículo
Contenido informativo revisado con literatura científica indexada y guías de práctica clínica. No sustituye una evaluación diagnóstica ni una indicación de tratamiento, que solo puede realizar un profesional de la salud tras una entrevista clínica. Si tú o alguien cercano necesita orientación, consulta con un profesional acreditado.
Referencias
- Popit, S., Serod, K., Locatelli, I., & Stuhec, M. (2024). Prevalence of attention-deficit hyperactivity disorder (ADHD): systematic review and meta-analysis. European Psychiatry, 67, e68. https://doi.org/10.1192/j.eurpsy.2024.1786
- Crespín, J. J., Corrales, M., Richarte, V., Parramon-Puig, G., Querol, P., Mestres, F., … Amoretti, S. (2026). Does Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Predominant Presentation Matter? Examining Functional and Symptom Changes After Cognitive Behavioural Therapy. Clinical Psychology & Psychotherapy, 33, e70271. https://doi.org/10.1002/cpp.70271
- Faraone, S. V., Banaschewski, T., Coghill, D., Zheng, Y., Biederman, J., Bellgrove, M. A., … Wang, Y. (2021). The World Federation of ADHD International Consensus Statement: 208 Evidence-based conclusions about the disorder. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 128, 789-818. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2021.01.022
- Franke, B., Michelini, G., Asherson, P., Banaschewski, T., Bilbow, A., Buitelaar, J. K., … Reif, A. (2018). Live fast, die young? A review on the developmental trajectories of ADHD across the lifespan. European Neuropsychopharmacology, 28, 1059-1088. https://doi.org/10.1016/j.euroneuro.2018.08.001
- Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. (2010). Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de España. https://portal.guiasalud.es/gpc/tdah-ninos-adolescentes/
- Lohr, W. D., Wanta, J. W., Baker, M., Grudnikoff, E., Morgan, W., Chhabra, D., & Lee, T. (2021). Intentional Discontinuation of Psychostimulants Used to Treat ADHD in Youth: A Review and Analysis. Frontiers in Psychiatry, 12, 642798. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.642798
- Mulraney, M., Arrondo, G., Musullulu, H., Iturmendi-Sabater, I., Cortese, S., Westwood, S. J., … Coghill, D. (2022). Systematic Review and Meta-analysis: Screening Tools for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in Children and Adolescents. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 61, 982-996. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2021.11.031
- Posner, J., Polanczyk, G. V., & Sonuga-Barke, E. (2020). Attention-deficit hyperactivity disorder. The Lancet, 395, 450-462. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(19)33004-1
- Shaw, P., & Sudre, G. (2021). Adolescent Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: Understanding Teenage Symptom Trajectories. Biological Psychiatry, 89, 152-161. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2020.06.004
- Sibley, M. H., Kennedy, T. M., Swanson, J. M., Arnold, L. E., Jensen, P. S., Hechtman, L. T., … Hinshaw, S. P. (2024). Characteristics and Predictors of Fluctuating Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in the Multimodal Treatment of ADHD (MTA) Study. The Journal of Clinical Psychiatry, 85, 24m15395. https://doi.org/10.4088/jcp.24m15395
- Sudre, G., Mangalmurti, A., & Shaw, P. (2018). Growing out of attention deficit hyperactivity disorder: Insights from the «remitted» brain. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 94, 198-209. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2018.08.010
- Wolraich, M. L., Hagan, J. F., Allan, C., Chan, E., Davison, D., Earls, M., … Subcommittee on Children and Adolescents with Attention-Deficit/Hyperactive Disorder. (2019). Clinical Practice Guideline for the Diagnosis, Evaluation, and Treatment of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in Children and Adolescents. Pediatrics, 144, e20192528. https://doi.org/10.1542/peds.2019-2528
- You, Y., McAdams, T., Ahmadzadeh, Y. I., Schoeler, T., Marzecki, F., & Zavos, H. M. S. (2025). The role of comorbid childhood mental health and neurodevelopmental conditions in the persistence of ADHD symptoms: systematic review and meta-analysis. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 67, 183-201. https://doi.org/10.1111/jcpp.70028
Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
